<b>Capítulo </b><b>31 </b>
Sandra al otrodo del teléfono habló dulcemente: “Caml, les preparé una cena especial para ti y para Sergio, e invité a familiares y amigos, asegurense de regresar antes des ocho de noche, ?si?”
Las pbras de Sandra me dejaron desconcertada, no esperaba que e aún no supiera que no nos hamos casado oficialmente. Sergio no le dijo nada, pensando en cómo actuaron noche anterior, probablemente teria ser rega?ado. Al escuchar alegría y expectativa en voz de Sandra, realmente me sentia mal por tener que decirle verdad, pero el hecho de que Sergio y yo no pudiéramos casarnos era ya una realidad inamovible. No podia seguir ocultándolo, y menos en ese momento. Si e habia invitado a todos esos familiares y amigos, sería aún más vergonzoso para e.
“Se?ora, <b>La </b>mé.
ya, Les
si no te
?Esta ni?a todavía me ma ‘se?ora? Deberías marme suegr doy unapensación no cambiarás de opinión?” Bromeo Sandra.
Mi corazón, hasta ese momento indiferente, de repente se sintió pesado: “Lo siento, se?ora, es posible que nunca tenga el derecho de marte ‘suegra“.”
De hecho, durante esos diez a?os, hubo muchos momentos en los que realmente quise ma ‘suegra‘. Nunca pensé que ese deseo se quedaría sin cumplir.
“?Qué, qué quieres decir?” Sandra pareció no entenderme: “Cami, ?te ioda. cambiar y marme ‘suegra<b>‘</b><b>? </b>Si es así, no te preocupes, llámame ‘se?ora‘ si eso prefieres…”
La interrumpi: “No nos hemos casado. Y tampoco lo haremos en el futuro.”
Sandra estaba atónita: “?Qué? ?Qué pasó? ?Qué sucedió, Cami…?”
“Se?ora, hemos terminado.” Al decir eso, sentí un inesperado alivio,o si hubieral liberado una enorme carga.
Del otrodo, Sandra no dijo nada durante unrgo rato, y eso me asustó, temía que e no pudiera manejar decepción. Durante todos esos a?os, me tratóo a una hija, y sé cuánto deseaba que yo fuera realmente parte de su familia. Esa ma?ana, cuando sali, e me esperaba felizmente, pensando que maría ‘suegra‘ a mi regreso.
Tragué el nerviosismo y inquietud en mi garganta, y con cuidado le volví a decir: “Se?ora…”
“?Por qué? Dime, Cami.” La voz de Sandra era inusualmente grave.
1/22
12-23
Can 31
Pasaron por mi mente shes de confusión, hasta que finalmente dije: “Se?ora, Sergio y yo simplemente no somospatibles.”
No mencionés fas de Sergio, eso para mi no era algo de lo que debía enorgullecerme. No me enorgullecía pelear por un hombre con otra mujer, pero realidad era que perdi ante otra, y para colmo, una viuda astuta.
“?Cómo que no sonpatibles? Han estado juntos tantos a?os, se conocen intimamente, tú lo quieres, él te valora, ?cómo de repente no sonpatibles?” Sandra murmuraba, incapaz de aceptarlo, su tono incluso sonaba triste.
Escucha decir eso me hacía sentiro si un enorme peso me astara el
corazón: “Se?ora…”
“Voy a mar a Sergio, seguro que él hizo algo parastimarte.” Sandra colgó el teléfono, y senti una punzada en nariz, porque e dijo que Sergio me habíastimado. Virginia tomó mi mano, y le sonreí al mira. A través de los ojos brintes y verdes de Virginia, vi lo destrozada que era mi sonrisa. Por fuera, parecía intacta e indiferente, pero mis ojos traicionaron mi corazón.
Sandra volvió a mar, pero no contesté, porque sabía lo que quería decir, definitivamente quería que volviera a familia Vásquez. Pero no quería regresar, porque volver significaría escuchar a Sandra y Ricardo tratando de convencerme, consolándome. Mi decisión estaba tomada, así que no había razón para escuchar esos sermones. Sería un desperdicio de su energía y desgastaría mis emociones.
Capítulo <b>32 </b>
Virginia notó lo que estaba pensando: “?A dónde vamos? Te pa?o, o…”
“Ven y ayúdame a arrer mi nidito.” La Interrumpl.
E me miró sorprendida y preguntó: “?Esto lo tenías neado desde antes?”
“No exactamente desde antes, fue cosa de anteayer.” Dije se?ndo con el dedo el asiento trasero donde aún estaban los artículos de cama que no habíaprado.
“Ayer fui depras y me hallé con Zoé.” Mis pbras dejaron a Virginia con una expresión de shock, sus ojos destban puro chisme.
En el camino a mi casa, le conté todo a Virginia. E asentía furiosamente: “Hiciste bien en no casarte, Sergio es un verdadero donjuán de nueva era.”
“Donjuan es donjuán, sin importar era.” Dije riéndome también.
Virginia me miró diciendo: “Cami, no tienes que fingir que estás bien dnte de mi si estás triste.<b>” </b>
“Realmente no estoy tan triste, de verdad.” Miré hacia el camino adnte: “Quizás lo que sentía por él era tan rutinario que ya ni me afecta.”
Así erao me sentía, pero luego me di cuenta de que ese tipo de sentimientos, tan habituales que parecen insignificantes, erano el vino a?ejo que guarda una gran potencia. Así me sentía yo, y Sergio aún más. Virginia no sabía de casa de mis padres, nos conocimos después de que me mudé a familia Vásquez para estudiar.
“Esta casa no está mal, solo que está un poco lejana y vieja.” Virginia siempre <b>fue </b>directa conmigo, siempre decía verdad tal yo era.
“Si, este es el lugar donde vivía con mis padres, no quiero arruinarlo.” Dije mientras dejaba los artículos de cama en el sofá y llevaba nueva tetera avar.
Virginia dio una vuelta por su cuenta y finalmente se apoyó en el marco de puerta de cocina mirándome mientras decía: “No está mal, aunque sea un poco viejo, pero es muy acogedor. Se nota que tu familia era muy feliz aquí.”
Sí, si no fuera por ese idente. Hasta ese dia parecia que todo fue una pesadi, mis padres me llevaban a escu por ma?ana y decían que iban a cerrar un contrato. Papá incluso dijo que si el contrato se cerraba, podrían construirme un parque de diversiones. Pero nunca regresaron.
Hasta que Virginia me mó: “Cami, Cami. ?Por qué no has?”
Levanté mirada hacia e: “?Qué?”
<b>12:26 </b>
Capitulo 32
Virginia notó algo raro en mí: “?Estás bien?”
“Estoy bien, solo extra?o a mis padres.” Mi garganta se cerró.
Un sabor amargo y una sensación de opresión se levantaron dentro de mí… Aunque desde que entré a familia Vásquez sabía que Sergio sería mi novio, no fue hasta hacía tres a?os que realmente empezamos nuestra rción. Fue el aniversario de muerte de mis padres, estaba llorando en su tumba cuando él me abrazó, diciendo que él estaría ahí para mí, y frente a tumba de mis padres prometió cuidarmeo ellos lo habrían hecho. En ese momento, ingenuamente pensé que había encontrado a alguien en quien podía confiaro confiaba en mis padres.
“?Para qué los extra?as? Lo importante es lo que harás de ahora en adnte.” Virginia, viendo mi dolor, intencionalmente cambió de tema.
“Ya terminaste con Sergio, ?para qué quieres seguir viéndolo?” Preguntó Virginia.
Justo entonces<b>, </b>el agua hervía y preparé dos tazas de café instantáneo mientras le decía. “Ya envié todo lo pendiente al encargado y también redacté mi renuncia, una vez que el parque de diversiones pase inspión, renunciaré.”
“Renunciar es lo correcto, eso de seguir siendo amigos después de romper es un cuento chino, solo alejándote, los ojos que no ven, corazón que no siente.” Dijo Virginia totalmente de acuerdo conmigo.
Asentí, y para evitar que me entristeciera más, cambió de tema y miró alrededor diciendo: “Quizás también deberías actualizar algunos electrodomésticos aquí<b>, </bo unavadora automática, una cafetera y hasta un robot de limpieza.”
“Lo haré cuando regrese.” Dije, haciendo que Virginia, que estaba bebiendo café, me mirara.
“?A dónde irás?” Preguntó.
Capitulo 33
Capítulo <b>33 </b>
En Todos Santos.
Había tomado un bus de dos horas para llegar allí. Justo al caer noche. Aunque no tenia el bullicio de Sa
José del Cabo, briba con luz propia, emanando el romance de una peque?a ciudad.
Casio si lo hubiera neado, Virginia me mó: “?Ya llegaste? ?Encontraste dónde quedarte?”
No esperaba que me fuera tan de prisa. Cuando me preguntó a dónde iba, le di dirión y hasta le mencioné el horario del bus. E se preguntó si me había ido tan de repente para evitar a Sergio, por miedo a que él me persiguiera. Le dije que estaba equivocada, Sergio no haría eso. Debía estar enfadado, molesto porque le nté y no le hice caso. Yo tenía razón, desde que me cuestionó por qué no había ido a registrarnos, no me habia enviado ni un mensaje ni una mada.
itan:
Me fui allí tan apresuradamente porque siempre quise hacerlo, y había otra razón: queria evitar el acoso, pero no de Sergio, sino de Ricardo y Sandra. Seguramente irían. por mí, intentando convencerme. Pero ya había tomado mi decisión, y cualquier insistencia de su parte solo resultaría en una pérdida de energía para ellos y en agotamiento para mí. Así que, mejor me fui rápido, sin darles oportunidad alguna. Incluso activé el modo avión en mi número habitual. Virginia estaba mando a mi número secundario, que ni siquiera Sergio conocía. Ese número era de mi papá, siempre había estado en el otro slot de mi teléfono, y durante diez a?os nunca había
sonado, hasta entonces.
“Aún no busco, no hay prisa.” Respondi mientras miraba alrededor en ciudad desconocida, sintiéndome de repente más tranqu.
“?Cómo que no hay prisa? Ya es tarde, debes buscar rápido, encuentra un buen hotel, uno seguro, revisa el armario y debajo de cama antes de dormir, cierra biens ventanas, y echa ve…” Virginia me instruyó una lista de cosas.
Me reí, sintiendo un toque de tristeza porque aún tenía su cuidado: “Está bien, lo haré,
te lo prometo.”
“Y no te olvides deer algo, allí debe haber servicio a domicilio.” Dijo Virginia justo cuando un repartidor pasaba por mido.
“?Quieres que me a alguien para que te hagapa?ía?” Bromeé.
Al escuchar eso, Virginia se tranquilizó: “Cami, no importa qué, siempre debes amarte
a ti misma.”
“Si, lo sé, tú también descansa pronto, ma?ana tienes que trabajar temprano en cirugia.” Le recordé antes de colgar.
No me apresuré a buscar dónde quedarme, porque no quería quedarme en un hotel. Fui allí porque ese era mi hogar, más precisamente, el lugar donde nacieron mis padres. Mis padres no eran locales de San José del Cabo, solo eran personas <b>que </b>fueron alli tratando de hacer fortuna. Al final, no hicieron fortuna esperada, pero dejaron sus vidas allí. Yo también nací en ese peque?o pueblo, pero poco después de nacer, mis padres me llevaron lejos de allí. Aunque crecí en San José del Cabo, lo que más recordaba era a mi papá hablándome de paz, diciéndome que cuando fuera más grande, me llevaría allí para que viera dónde vivíamos antes, y también el orfanato donde crecieron. Mis padres eran huérfanos, abandonados por sus padres desde peque?os porque ambos tenían discapacidades; mi papá era sordo y mudo de nacimiento<i>, </i><i>y </i>mi mamá tenía una enfermedad cardíaca congénita. Pero luego, gracias a ayuda de unas personas generosas, ambos se sometieron a cirugías y se recuperaronpletamente.
Abri galería de mi teléfono, donde tenía dirión anotada en el diario de mi papá, y paré un taxi.
“Se?or, lléveme a Calle Mijares.” Le dije al taxista.
Al decirlo, noté que el conductor me echó un vistazo, y ese vistazo me hizo mirarlo, sorprendida. El hombre tenía un corte de cabello muy corto, con rasgos duros y una expresión seria, sumado a su piel casi color café.
Capítulo <b>34 </b>
Su aspecto era áspero y duro, hasta un poco intimidante. Los hombres con los que me habia cruzado todos esos a?os eran de piel suave y bri, vestían camisas con corbatas y trajes con abrigos. La primera Impresión que tuve de ese hombre fue quel parecia haber sido liberado recientemente de algún lugar. Instintivamente, apreté más fuerte mi moch, recordando el aerosol de pimienta y el cuchillo para defenderme que Virginia habia insistido en meter en mi bolsa antes de partir. Pero antes de que pudiera alcanzar cualquiera de esos objetos, el hombre ya había arrancado el auto, sin decir pbra alguna. ?Pero qué significaba esa mirada que menzó en ese momento? No lo entendía, pero mi corazón, apenas sanado al llegar a ciudad, empezó atir de forma caótica e irregr de nuevo. Por estar en alerta, ni siquiera pude disfrutar del paisaje de ciudad hasta que el auto se detuvo. Pagué y bajé del auto, y <i>no </i>
fue hasta verlo alejarse que pude respirar aliviada.
Ya erans diez de noche, definitivamente no era mejor hora para llegar a ese lugar. Pensé en buscar antigua casa de mis padres, pero eso podía esperar hasta el día siguiente. Como ya estaba allí, no tenía sentido preocuparse. El lugar frente a mí estaba verdaderamente deteriorado;s paredes estaban en ruinas y el suelo estaba destrozado, lleno de baches y charcos de agua. Mi maleta con ruedas era imposible de arrastrar por esas calles, así que tuve que carga con dificultad.
La dirión que dejó mi padre era Calle Mijares, 24. Buscando entre los números ens puertas des casas, finalmente encontré el lugar, hasta había un letrero que decía “se alqu“<b>. </b>?Quién en su sano juicio alquría una casa allí? Me quejaba en mi mente mientras avanzaba hacia dentro y descubría un peque?o patio con varias casas alrededor y un árbol en el centro. Aunque estaba oscuro, sabía que era un árbol de ginkgo, el mismo que él había visto crecer.
“?Vienes a visitar a alguien o a alojarte?” Una voz anciana resonó.
Miré hacia fuente de voz y vi a una a
voz y vi a una anciana con el cabello canoso, apoyándose en un bastón y observándome.
“Quiero alqur un cuarto.” Dije, se?ndo habitación más al este: “Esa de ahí.”
Mi padre solía decir que ese patio tenia tres quartos; el del centro era s principal, usada para recibir visitas y paras actividades cotidianas, eldo oeste era cocina, y el extremo este era el dormitorio. Cuando mis padres se fueron, vendieron propiedad y ya todo había sido remoddo, era imposible encontrar rastros de aquel entonces, pero quería al menos quedarme en el dormitorio donde vivieron mis padres. “Alguien ya ocupa ese cuarto, quédate en este.” Dijo anciana, se?ndo una habitación contigua a que yo quería.
No dije nada, aún queria quedarme en habitación que había elegido.
La anciana, notando ini insistencia, sugirió: “?Qué ocurre si esperas a que regrese el ocupante de esa habitación y has con él para ver si está dispuesto a cambiar?”
“Acepto.” Respondí.
Independientemente de si podía quedarme en esa habitación o no, estaba decidida a quedarme. A fin de cuentas, estaba ahí también por ese árbol de ginkgo que aún permanecía. Le pagué a anciana y tomé una jarra de agua caliente que había preparado antes de volver a mi habitación. Fue entonces cuando sono mi teléfono. Pensé que era Virginia preguntándome sobre mi alojamiento, pero me sorprendí al ver el número en panta. La persona con que <b>no </b>había tenido contacto en a?os me estaba mando, y además, a ese número que nadie había usado en una década.
Capítulo 35
“Chiqui.” La voz que habló al otrodo del teléfono tenia una textura atractiva, familiar pero a vez extra?a.
Una cara conocida cruzó por mi mente y también le mé: “Manuel.”
Pensé que cambiando mi número podría escapar de los Vásquez, pero nunca imaginé que el hermano mayor de Sergio supiera mi número, mucho menos <b>que </b>él se pondría en contacto conmigo.
“Parece que guardaste mi número, no me has olvidado.” Dijo Manuel con un tono de
broma.
Solo era dos a?os
Mayor
que Sergio, antes de irse a Espa?a, también cuidaba mucho de mi, le gustaba marme chiqui. Por un momento no supe qué responder, senti un tono de remo en sus pbras. En los primeros dos a?os después de que se fue, ocasionalmente todavía contactaba con él, preguntándole cómo le iba por allá, pero luego poco a poco dejamos de har. Manuel de por sí no era de tomar iniciativa, su contacto con familia ya era escaso, mucho más conmigo. Esa mada de repente, probablemente tenía que ver con mi fallida boda con Sergio. Aunque Manuel no tuviera mucho contacto con familia, habían ciertas cosas importantes des que aún se informan mutuamente.
“?Cómo supiste mi número?” Fui directa, no me gustaba adivinar.
“Aque vez que me pediste dinero para pagar factura del teléfono.” Respondió.
Las pbras de Manuel me hicieron suspirar, digno de un cerebrito, pagó factura del teléfono una vez y se acordó del número, incluso después de diez a?os.
Cuando mis padres tuvieron ese idente, el teléfono de papá se convirtió en algo que me dejaron, y de repente un día descubrí que estaba desactivado, asi que quise pagar factura. Pero en ese momento no tenía dinero, y me daba vergüenza pedírselo a <b>sus </b>padres, así que fui a pedirle dinero prestado a Manuel. Le preocupaba que gastara el dinero en otra cosa asi que me preguntó para qué era, le dije que para pagar factura del teléfono, pero no me creyó así que fue conmigo. Al final, él pagó factura y se acordó del número.
Olvidé devolverle el dinero que pagó por factura, así que frente a esa mada, bromeé: “?Me Mamas para cobrar deuda?<b>” </b>
“Sí, eso es.” él realmente lo admitió.
Sabía que no era así, pero sequi su juego “<b>Fators </b>
Mi mano sosteniendo el teléfono se apreto, pero no dije nada, y Manuel tampoco dijo nada de inmediato. Después de un momento, su voz agradable finalmente se
escucho
“Mis padres están muy preocupados por ti, están muy ansiosos porque no pueden. encontrarte, mi mamá incluso… se desmayó de preocupación.”
Mi corazón se apreto, sabía que sus padres estarian preocupados y enojados, pero no pensé que fuera tan grave, el sentimiento de culpa y preocupación me hicieron respirar con dificultad: “Tu mamá está bien?”
“Esta bien, solo fue presión arterial alta debido a ansiedad.” Manuel se detuvo, luego indago: “Cami, ?Sergio hizo algo malo?”
Al final no pude evitarlo, tenía que responder esa pregunta otra vez. Era de esperar que cada persona que se enterara de lo nuestro, me haría misma pregunta una y otra vez. Solo de pensarlo me daba dolor de cabeza.
Me frotés sienes hinchadas antes de decirle: “?No le preguntaste a él? ?No deberías preguntarle primero a él sobre ese tipo de cosas?”
“Le pregunté, dijo que no sabe.” La respuesta de Manuel me hizo querer reír.
“?También dijo que yo estaba haciendo un drama, que yo era problemática?” Pregunté riendo.
Manuel no respondió, en cambio, dijo: “Te gustaba tanto, estabas tan decidida a casarte con él, y de repente te retractas, ?hizo algo que testimara?”
Mi corazón se llenó de punzadas dolorosas por sus pbras, aunque Manuel se fue a Madrid por unos a?os, él sabía sobre mis sentimientos hacia Sergio mejor que Virginia. Después de todo, soliamoser juntos en misma mesa, dormir bajo el mismo techo. Los detalles de mi amor por Sergio, Manuel los había presenciado con sus propios ojos. Esos dulces que dejaba para Sergio,s alitas de pollo que guardaba,s sandías que ocultaba, y los diarios que escribía en secreto…
Capítulo 36
Nunca habia pensado en esas cosas, peros pbras de Manuel activaron el interruptor de los recuerdos y todoenzó a reproducirse en mi menteo una vieja pelic.
“?Que hizo? ?Puedes contarmelo? En mi silencio, Manuel me preguntó con caut.
Si no le decía, ellos seguirian sospechando, Sergio pensaría que estaba haciendo un drama, y en unos días, cuando regresara, Ricardo y Sandra también me preguntarian, La mejor solución era decirlo ya y así no tener que enfrentarlo más tarde, así que lo
solte de una:
“él estuvo con otra mujer.” Al decir eso, el silencio se apoderó del otrodo de linea.
Sabia que probablemente no me creeria, asi que a?adi: “Es esposa de su amigo, tus padres también saben sobre el escándalo.”
Manuel se quedó sin pbras, y yo sonreí: “Tú también lo sabías, ?verdad?”
No hay secretos que el tiempo no revele. Sergio y yo ni siquiera recogimos nuestro certificado de matrimonio, sus padres definitivamente preguntarian e investigarian, y Manuel no dejaria de preguntarle a su padre.
“Sergio te ama tanto, eso no puede ser cierto. Tal vez haya algún malentendido.” Dijo Manuel después de asegurar que amo a Sergio, y ahora afirmando que Sergio me ama. No me sorprendió que pensara así, después de todo, durante los a?os que estuvo Sergio solia marme su esposa y no permitia que ningún otro hombre se me acercara. A veces, si me veía muy cerca de Manuel, Sergio protestaba.
“Manuel,s personas cambian.” Dije justo cuando escuché pasos firmes afuera de
puerta
Levanté vista, y vi una figura imponente pasar rápidamente frente a ventana. Luego escuché voz de due?a del apartamento, Josefina, en el patio: “?Jorge, has vuelto?”
Era el inquilino con el que queria cambiar de habitación. La pregunta de anciana confirmó mis pensamientos, porque e ya había preguntado por mi. También escuché respuesta del hombre: “No cambiaré.”
Con m insonorización de esa casa, mientras escuchaba los sonidos de afuera. Manuel, al otrodo del teléfono, también los escuchaba.
“Cami, ?dónde estás? Es tarde, no es seguro que estés afuera s.” Me dijo Manuel preocupado.
Capitulo 36
Volví en mi diciéndole: “Manuel, dile a Sandra y a Ricardo que estoy bien. Aproveché mis vacaciones anuales para salir a divertirme unos días<b>, </b>y… aunque Sergio y yo no podamos casarnos, ellos seguirán siendo mi familia.”
“?Y qué hay de mi?” Manuel me preguntó sonriendo.
También sonreí, el reflejo de ventana capturó mi sonrisa: “Siempre serás mi amigo.”
“Me alegro, Cami. Entonces cuidate.” Me advirtió Manuel.
“Bien, cuando regreses a México, avísame.” Fue lo que dije sin pensar.
Pero él respondió: “Pensé que no querías que volviera.”
Confundida, dije: “?Eh?”
“Ya es tarde, descansa.” Manuel concluyó conversación y colgó.
Suspiré y dejé el teléfono, justo cuando escuché el sonido del agua corriente afuera.
“Jorge, ?por qué tevas el cabello con agua fría? Vas a resfriarte.” Josefina rega?ó.
Pensando en lo decisiva que fue negativa del hombre, me levanté y abrí puerta de habitación, solo para encontrar bajo luz tenue del patio a un hombre en una camiseta militar verdevándose el cabello. El sonido del agua corriendo y sus dedos. ágiles y definidos frotándose el cabello rápidamente eran eficientes y precisos. Cuando cerró ve del agua, el hombre se levantó. Hombros anchos, músculos definidos, cintura estrecha yrgas piernas, un cinturón café ce?ido a su cintura, emanando un aire sexy y poderoso, con un toque de salvajismo.
Estaba absorta mirándolo cuando el hombre de repente giró su cabeza. Nuestras miradas se encontraron, y su expresión sombríao noche se tensó. También me quedé paralizada. Era él. El taxista que parecía haber salido de algún lugar secreto.
Capitulo 37
Jorge, e es chica de que te haba, que quiere cambiar de habitación ?Por qué no lo discuten entre ustedes, si? Dijo Josefina, rompiendo el silencio entre el
hombre y yo
Me acerqué queriendo llegar a un acuerdo: “H, me mo Cam, ?podríamos cambiar nuestras habitaciones?
“No” Su negativa fue tan rápida y tajanteo el gesto de secarse el cabello que habia becho momentos antes.
Mi sonrisa se forzó un poco y senti cierta irritación, junto con una obstinación creciente, indagué ?Por qué no?”
El hombre me echo un vistazo, no dijo nada, se echó una toa verde sobre los hombros y pasó por mido sin más. Un escalofrío inexplicable me recorrió.
Se acercó Josefina consolándome. “No te enfades, se?orita. Ese muchacho se ma Jorge Olivera. No es muy bueno tratando cons chicas, haré con él más tarde.”
También tenía mi temperamento, así que dije en voz alta: “No importa, vivir en esa habitación no me hará más ni menos, que se quede con e.”
Tras decir eso, Josefina me tomó del brazo: “No seas tan brusca, él ha sido militar, si lo provocas, es capaz de sacarte ynzarte fuera.”
Me eché a reir, burlándome de haber pensado que el honorable soldado era un criminal,
“De verdad, no te estoy mintiendo… justo al otrodo de calle, esa viuda, Fernanda Suárez, solía molestarlo golpeando su puerta cada dos por tres. Terminó envuelta en sábanas ynzada fuera por él mismo. Todos los vecinos lo vieron.”
Otra viuda. Al parecer yo tenía que estar siempre rcionada cons viudas<b>. </b>
“?En serio? ?La viuda intentó acostarse con él? Me entró curiosidad.
“Lo intentó, pero antes de conseguirlo, ya había arrojado fuera. Fue huminte.<b>” </b>Comentó Josefina.
Forcé una sonrisa diciéndole: “No se preocupe, no me interesan los hombres que le gustan as vidas.”
Justo cuando terminé de decir eso, el hombre salió, ya no llevaba una camiseta sin mangas, sino una camiseta negra y encima una chaqueta de cuero negra. Se veia, bueno, imponente.
“?Jorge, vas a salir a esta hora?” Preguntó Josefina.
El hombre respondió con un sonido, casio si har le costara dinero.
“Entonces no vuelvas muy tarde, tengo que cerrar puerta, no queremos que entre undrón…” Josefina no había terminado de har cuando Jorge ya había desaparecido. Yo tambiénencé a caminar hacia mi habitación, cuando <b>escuché </b>a anciana decir: “Jorge es un buen hombre, muy recto. La chica que se quede con él será muy afortunada.”
?Qué tenía eso que ver conmigo? Mi corazón, aunque no estabapletamente destrozado por el amor, se sentíao una pera podrida.
“?Se?orita Cam!” Me mó Josefina cuando ya tenía un pie dentro de mi habitación.
Me giré: “?Usted necesita algo más?”
“Jorge nunca cierra con ve, ?qué tal si te llevo a ver su habitación? Si te gusta, ma?ana haré con él.” Josefina realmente se tomó en serio mientario casual.
Sonreíentando: “Eso no estaría bien.”
“No hay problema, no vamos a tomar nada, y él es un hombre, no tiene mujeres escondidas, no pasa nada.” La anciana ya se dirigía hacia habitación de Jorge. Me negué: “No, gracias, se?ora. Ya no quiero cambiar, estoy bien donde estoy.”
Josefina se detuvo y le sonreí con gratitud y calidez: “Gracias, se?orita, descansa también.”
“Yo no puedo dormir.” Fue lo último que escuché decir a anciana mientras cerraba puerta.
En realidad, yo tampoco podía dormir, aunque ese día había sido más emocionante que los últimos diez a?os. Por lógica, debería estar exhausta y querer dormir.
Capítulo 38
Sin embargo, me encontraba acostada sobre un colchón duro, mente era un torbellino de pensamientos pero sin ningún rastro de sue?o. Finalmente, tomé mi celr y abri WhatsApp, encontrándome con mensajes de Mire y de Erik.
Mire: Cami, hoy fue un dia agotador, pero ya terminé todo el trabajo que me asignaste. Ma?ana espero mis dulces de rpensa, jeh! Cami, feliz matrimonio, que sean felices para siempre.
Al leer el mensaje, esbocé una sonrisa sarcástica, sin responder.
Erik: Gámez, no te equivoques con el presidente Vásquez, por nada del mundo te metas en problemas con él, o mi culpa será enorme.
Tampoco respondí, y en su lugar, abri Instagram. Escogi una foto de mi sombra tomada en un parque de diversioneso imagen para pa?ar una publicación: ?Felices vacaciones! Después de publicar, procedí a eliminar toda información rcionada con Sergio en Instagram. Mis iones se asemejaban as de esos famosos que se divorcian o separan. Si ya no íbamos a ser pareja, ni mucho menos amantes, mejor borrar todo rastro de amor, para evitar amarguras y disgustos.
Después de revolver entre mis cosas hastas tres de madrugada, mis ojosenzaron a arder, así que dejé el celr a undo y cerré los ojos. En ese momento, escuché pasos afuera, pasando por mi puerta, seguidos por el sonido de una puerta cerrándose. Sabía que era Jorge quien había vuelto.
Me desperté temprano, pese a que quería seguir durmiendo, el ruido exterior lo hacía imposible.
Aunque mis ojos estaban pesados y costaba abrirlos, decidí no levantarme de cama. “Jorge, ?podrías regresar más temprano esta noche? Quisiera invitar a cenar a nueva inquilina. Dijo anciana, haciendo que sonriera incluso en sue?os.
La se?ora era verdaderamente amable, hasta queria invitarme a cenar. Eso me hizo sentiro en casa.
“No podré regresar, disfruten ustedes.” La voz de Jorge era tan rígidao él mismo.
Qué aburrido. Si a alguna persona le gustaba ese tipo, seguro que disfrutaba sufriendo. Me quejé internamente del hombre, definitivamente,s dos veces que nos encontramos, me dejó una m impresión. No me gustaba.
No mucho después de que Jorge se fuera, me levanté, todavía en pijama, y abrí puerta. La luz del sol se filtraba a través des hojas de los árboles de ginkgo,
Capitulo 38
esparciendo peque?as manchas doradas por el suelo.
“Ni?a, ya despertaste. Acabo de cocer unos camotes, ?quieres?” Preguntó anciana, sosteniendo un to de camotes.
Me encantaban esos peque?os ceres tan auténticos, así que no dudé: “ro.”
“Entonces ven aer.” E ya estaba sentada bajo el árbol de ginkgo.
En ese momento, casi podía ver a mis padres y a mí cuando era peque?a, y mis ojos se llenaron de lágrimas.
“Se?ora, en realidad, yo nací en este patio.” Le conté mientrasía el camote,partiendo historia de mis padres y mía.
La anciana asintió emocionada: “No puede ser, ?así que eres hija de Cecilio Gámez? Qué coincidencia. ?Por qué no lo dijiste ayer?”
Mis ojos briban con emoción: “Temía que tuvieras alguna reserva y no me dejaras quedarme.”
“?Qué dices, ni?a? Tu padre y tu madre y yo cerramos el trato limpiamente. No tengo por qué expulsarte.” Dijo anciana mirándome: “Te pareces a tu madre, preciosa.”
La imagen de mi madre ya se me estaba olvidando. Pero sí, e era hermosa.
“Cami, si estás aquí s, supongo que no tienes novio. ?Qué te parece si te arreglo una cita con Jorge?” La propuesta de anciana me dejó sin pbras.
Capitulo <b>39 </b>
No esperaba que se?ora me propusierao pareja, mi mente se inundó con imagen de Jorge, con ese rostro frio y distante. Al pensar en cómo rechazó cambiar de habitación conmigo, tan directo y frío, de repente me invadió un espiritu juguetón y respondi con alegria: “ro.
Aunque dije que si, en realidad fue más unentario al aire y no le di mayor importancia. Después del desayuno, tomé prestada una bicicleta de Josefina y me fui
pasear por el peque?o pueblo. Cuando regrese a casa, caia el atardecer y llevaba conmigo un caballete de pintura. Me encanta pintar. Antes de que mis padres murieran, me habian inscrito en ses de danza, pintura, caligrafia e incluso me habian hecho aprender a tocar el piano.
Pero todo eso se detuvo con su partida, excepto pintura, porque <b>era </b>algo muy simple, sólo necesitas un lápiz y un papel. Habia pasado el dia afuera mirando alrededor y pintando un nuevo Todos Santos. El mayor deseo de mis padres regresar alli para verlo, pero ya que ellos no podían, decidi pintar el Todos Santos de
ese momento.
“Cami, ?cómo que apenas regresas? La se?ora me vio y se acercó rápidamente, luego me gui?ó un ojo.
Estaba algo confundida: “Josefina, usted…”
“Jorge ya volvió, ya le hablé.” Dijo se?ora se?ndo hacia habitación de Jorge. Entonces recordé conversación de esa ma?ana sobre e queriendo emparejarnos, y no pude evitar reir diciéndole: “Josefina, de verdad lo hizo, yo solo estaba jugando.” “Ni?a, estas cosas no son para tomas a ligera. De todos modos, ya lo dije. Dijo se?ora muy seriamente.
“?Y qué dijo él?” Pregunté mientras dejaba bicicletao quien no quiere cosa. “Dijo que quiere har contigo personalmente.” Me dio un toquecito se?ora con una sonrisa picarona: “Hay posibilidades.”
Yo también sonrei: “Si hay posibilidades, entonces usted está invitada a boda.”
La anciana se lo tomó muy en serio: “Está dicho! Anda, ve a arrerte, voy a decirle a Jorge que se prepare tambien.”
“No hace falta, si ya nos conocemos.” Le dije realmente pensando que lo que conocimos fue lo más real de cada uno.
“Pero esto es diferente, eso una cita oficial.” Comentó anciana haciéndome reir
de verdad.
A decir verdad, estuve muy feliz alli, especialmente ese día que pude vagar libremente y pintar lo que quisiera, diciendo todo lo que me viniera en gana. Eso era libertad.
Aunque se?ora insistió, cuando entré a casa ni me peiné ni mevé cara antes de caer en cama y sacar mi teléfono. En el camino, mi WhatsApp sono varias veces, no sabía quién me había enviado mensajes<b>. </b>Podría no responder, pero igual quería ver. Era el avatar de Mire. En ese instante, senti un vacío. En el fondo aún esperaba un mensaje de Sergio, ro que no esperaba una disculpa para volver, pero… desaparecí así nada más, y él ni siquiera preguntó, haciéndome sentir un fracaso total. Aunque fuerao familia oo colega, sin amor ni cari?o, debería preocuparse un poco, preguntar. Como Manuel, que aun estando lejos, al recibir noticias, mó para preguntar. Pero Sergio no hizo nada.
Abrí los mensajes de Mire, una docena de ellos:
[Cami, ?es verdad que tú y el presidente Vásquez no se casaron? ?Qué pasó?]
[En empresa dicen que el presidente Vásquez tiene una amante, ?<b>no </b>será mujer <b>que </b>el presidente Vásquez cargaba ese día, verdad?]
[Amiga, ?dónde estás?]
[?Te fuiste de casa? Por favor, no hagas ninguna tontería, hay millones de hombres en este mundo…]
[Cam, responde algún mensaje, estoy preocupada.]
Al ver todos esos mensajes y el emoji llorando al final, decidí responder: estoy bien, no pienses ni adivines tonterías, trabaja duro, te veo cuando regrese.
Mire respondió al instante: Cami, ?qué pasa con el presidente Vásquez y tú?
Viendo ese mensaje, respondí con solo una pbra: nada.
Mientras Mire seguía escribiendo, se?ora ya me estaba mando desde afuera: “Cami, ?ya estás lista?”
<b>Capítulo </b>40
Al oir eso,ncé mi celr gritando: “?Listo!”
Después de decirlo, me quité los zapatos y, calzando unas sandalias, abrí puerta y de inmediato vi a Jorge en el patio, llenando unos cubos de agua.
Varios cubos ncos estaban alineados, y pronto se llenaron. él los levantó, y pude notar los músculos de sus hombros marcándose incluso a través de ropa. Vaya, <b>una </bbinación de músculos y fuerza.
“?Para qué tanta agua? ?Van a cortar el suministro?” Pregunté mientras me acercaba.
La anciana miró mis sandalias y menzó una mirada de reojo.
Jorge no respondió, pero anciana sí: “Por si acaso falta el agua.<b>” </b>
Luego, le dio una palmada a Jorge mientras le decía: “Esta noche les haré caldo de pescado. Ustedes dos vayan aprar algunas carpas, que sean salvajes, y también traigantro y cebollino.”
ramente, eso era más una excusa para que saliéramos juntos que una necesidad deprar víveres. Yo estaba usando esas grandes sandalias, realmente no era lo más adecuado, aunque volver a entrar a cambiarme tampoco parecía correcto.
“Cambia tus zapatos si te iodan.” Dijo Jorge.
En ese momento, ir a cambiarme parecería aún más inapropiado, así que solo sonreí diciéndole: “Tranquilo, no hace falta.”
Jorge no dijo más y avanzó hacia afuera, mientras Josefina me hacía se?as con el ojo para que lo siguiera y gritaba: “Jorge, espera a Cami!”
Salí detrás de él con mis sandalias. Aunque no eran lo más adecuado, mis pies.
estaban cómodos.
No habíamos caminado mucho cuando Jorge se detuvo de repente.
“?He oído que quieres salir conmigo?” Me preguntó.
Yo no supe qué contestar. ?Así que se?ora Josefina había dicho eso? Ese hombre definitivamente era directo.
“?Qué, tú no quieres salir conmigo?” Lo miré al preguntarle, era primera vez que realmente lo observaba detenidamente.
unos
Tenía rasgos bien definidos y ojos profundos. Susbios ni muy finos ni muy gruesos. El hombre tenía una cara bastante atractiva, definitivamente más que de Sergio, lo único menos favorable era que su piel era algo oscura y su pelo no estaba
12:27
peinado.
Dicen que no se debe juzgar un libro por su portada, pero ?quién no mira cara. primero al conocer a alguien? No eso que puedas quitarle ropa para ver más, ?verdad?
“Tengo treinta y uno, estuve ocho a?os en el ejército, ahora trabajo de…” Comenzó a presentarse, pero fue interrumpido antes de terminar.
“Jorge!” Le maron.
Era un chico de unos diecisiete a?os, quien incluso silbó y me echó un par de miradas. “?El taxi es tuyo?” Pregunté después de que el chico que interrumpió se alejara.
“No, es de un amigo.” Su respuesta me hizo entender que trabajaba con un amigo en el taxi.
“?Has estado con viuda?” Pregunté, muy abruptamente.
La mirada de Jorge se profundizó al contestar: “No.”
“?Y en el futuro?” Interrogué, sabía que había sombra en mi pregunta en el momento en que hice.
En realidad, yo era una persona muy sensible y frágil, solo que nadie lo veía.
“No.” Haba con pbras cortas.
Sonreí ligeramente presentándome: “Tengo veinticuatro, acabo de terminar una rción que casi llega al matrimonio, mis padres fallecieron, y no tengo nes de enamorarme nuevamente por el momento.”
Dejés cosas ras. Josefina me había preguntado si quería intentarlo con él, yo solo había hado sin pensar. No quería volver a enamorarme, mucho menos en una cita a ciegas con un desconocido.
Jorge bajó mirada hacia mí, sin decir una pbra. Creí que había entendido mi punto, así que estaba a punto de darme vuelta cuando de repente me dijo:
“?Entonces te casarías?”
Sus pbras me hicieron mirarlo sorprendida. Jorge se mantenía erguido, mirándome a los ojos y dijo de nuevo: “Casarnos, legalmente.”