《EI Centímetro》 EI Centímetro 1-10 Cap¨ªtulo 1 ¡°S¨¦ honesto, ?te has acostado con Cam? La voz grave del hombre atraves¨® rendija de puerta hasta entrada, causando que me detuviera en seco. A trav¨¦s de rendija, vi a Sergio V¨¢squez sentado en un lugar prominente, con losbios apretados ligeramente mientras dec¨ªa: ¡°E tom¨® iniciativa, pero no me interes¨®.¡± ¡°Sergio, no seas tan duro con e, Cam es considerada una belleza en nuestro c¨ªrculo, hay muchos que desean.¡± El que haba era Pablo Flores, el amigo intimo de Sergio y testigo de nuestra rci¨®n de diez a?os. ¡°Es demasiado familiar, ?entiendes?¡± La frente de Sergio se frunci¨® severamente. Cuando ten¨ªa catorce a?os, fui llevada a familia V¨¢squez, y esa fue primera vez que conoc¨ª a Sergio. En ese momento, todos me dijeron que Sergio ser¨ªa mi futuro esposo. Desde entonces, vivimos juntos, y as¨ª pasaron diez a?os. ¡°Es cierto, trabajan juntos en misma empresa durante el d¨ªa, se ven todo el tiempo, y pors nochesparten mesa para cenar. Probablemente saben hasta cu¨¢ntas veces va el otro al ba?o durante el d¨ªa.¡± Pablo brome¨® y luego chasque¨® lengua diciendo: ¡°Ya no estamos en tiempos donde el amor surge con el tiempo. Ahora, entre hombres y mujeres debe haber un sentido de misterio, ese deseo de tener algo que no se puede obtener, eso es lo que realmente emociona.¡± Sergio permaneci¨® en silencio, sin poder negar ni afirmars pbras de Pablo. ¡°Entonces, ?todav¨ªa piensas casarte con e?¡± La pregunta de Pablo me hizo contener respiraci¨®n. Los padres de Sergio quer¨ªan que nos cas¨¢ramos, ¨¦l no dijo que s¨ª pero tampoco dijo que no, y yo no le pregunt¨¦. Pablo, en cierto sentido, pregunt¨® por m¨ª. Sergio no dijo nada y Pablo rio pregunt¨¢ndole: ¡°?No quieres casarte?¡± ¡­No es eso.¡± ¡°Entonces es que quieres casarte, pero a rega?adientes, ?verdad?¡± Pablo y Sergio crecieron juntos, por lo que conoc¨ªan los pensamientos m¨¢s ¨ªntimos del otro. ¡°Sergio, ?has escuchado un dicho?¡± Sergio sonri¨® levemente. ¡°?Cu¨¢l?¡± ¡°Es ins¨ªpido, pero ser¨ªa un desperdicio tirarlo.¡± Sergio encendi¨® un cigarrillo, y el humo oscureci¨® el rostro que yo hab¨ªa adorado durante diez a?os. Mi coraz¨®n se apret¨®, pensando que al parecer, me hab¨ªa convertido en algo insignificante para ¨¦l. ¡°Entonces, ?al final te casar¨¢s con e o no?¡± Pablo insisti¨®. Sergio lo mir¨® con desd¨¦n: ¡°Con tanto inter¨¦s en saber, ?acaso t¨² tambi¨¦n tienes pensamientos sobre e? ?Qu¨¦ tal si te gedo?¡± Me sent¨ªo si fuera un objeto insignificante que ¨¦l pod¨ªa ceder as¨ªo as¨ª. Aunque fuera su mascota, despu¨¦s de diez a?os deber¨ªa haber alg¨²n sentimiento, no ser¨ªa tan despreocupado. Eso mostraba cu¨¢n insignificante era para ¨¦l. Y sin embargo, ¨¦l hab¨ªa sido mi mundo y mi todo durante esos diez a?os. Sus pbras me hirieron profundamente, dej¨¢ndome un sabor amargo y sdo que sub¨ªa por mi garganta¡­ Baj¨¦ mirada, viendo el libro de familia que sosten¨ªa firmemente entre mis dedos. ¡°Je.¡± Pablo solt¨® una risa sarc¨¢stica: ¡°?Qu¨¦ dices? La esposa de un amigo es intocable, yo no estoy tan desesperado.¡± Sergio ast¨® el cigarrillo en el cenicero y se levant¨® del sof¨¢ diciendo: ¡°Vete, siempre vienes a molestarme.¡± ¡°No te molesto yo, es Cam. Si realmente no tienes sentimientos por e, mejor d¨ªselo y sep¨¢rense. No tienes por qu¨¦ hacerle perder el tiempo a esa chica de que pueda buscar una buena pareja.¡± Pablo dej¨® esas pbras atr¨¢s, agarr¨® su chaqueta del sof¨¢, y se dirigi¨® hacia salida. Cuando abri¨® puerta y me vio, se sorprendi¨®, luego mostr¨® una sonrisa forzada al darse cuenta de que hab¨ªa escuchado su conversaci¨®n. Con una sonrisa tranqu dijo: ¡°?Buscas a Sergio? Est¨¢ aqu¨ª.¡± Mis dedos que sosten¨ªan el libro de familia se entumecieron, haci¨¦ndome a vez incapaz de articr pbras. Pablo le echo un vistazo a lo que ten¨ªa en mano y susbios se movieron ligeramente acerc¨¢ndose a mi: ¡°Piensa bien qu¨¦ es lo que realmente quieres.¡± Roz¨® mi hombro al pasar y se alej¨®. El libro de familia, antes ligero en mi mano, se sinti¨® pesado y calienteo un hierro ardiente. Tragu¨¦ saliva y tard¨¦ un buen rato en empujar puerta para entrar. Cap¨ªtulo 2 Sergio levant¨® vista al escuchar voz, y su mirada se pos¨® sobre mi rostro. Sin necesidad de mirarme, sab¨ªa lo p¨¢lida que estaba. ¡°?Te sientes mal?¡± Frunci¨® el ce?o. Camin¨¦ en silencio hasta su escritorio, tragando amargura en mi garganta y respondi: ¡°Si no quieres casarte conmigo, puedo volver a decirle a tu madre. Sandra.¡± La arruga entres cejas de Sergio se profundiz¨®, entend¨ªa que hab¨ªa escuchado su conversaci¨®n con Pablo. Mi garganta se sent¨ªa amarga y sda mientras le dec¨ªa: ¡°No esperabal convertirme en algo tan insignificante, Sergio¡­¡± ¡°Para todos, ya somos esposos.¡± Sergio interrumpi¨®. ?Y qu¨¦? ?El quer¨ªa casarse conmigo solo por los dem¨¢s? Lo que yo quer¨ªa era que ¨¦l me amara y deseara pasar su vida conmigo. Con un chasquido, Sergio cerr¨® su pluma, y su mirada se fij¨® en el libro de familia que sosten¨ªa mientras me dec¨ªa: ¡°El pr¨®ximo mi¨¦rcoles vamos a registrar nuestro matrimonio.¡± Eso era lo que quer¨ªa escuchar, pero en ese momento, me sent¨ªa terrible, simplemente terrible¡­ Baj¨¦ cabeza, negando con suavidad: ¡°Sergio, no tienes que forzarte, no necesito tu caridad.¡± ¡°Cam G¨¢mez.¡± m¨® mi nombrepleto con voz firme. Me estremec¨ª, alzando vista para encontrarme con sus impacientes ojos, justo cuando ¨¦l extend¨ªa su mano hacia m¨ª. SU Apret¨¦ el libro de familia en mi mano y el cerr¨® mandib orden¨¢ndome: ¡°D?melo.¡± No me mov¨ª, y el ambiente se tens¨®. Unos segundos m¨¢s tarde, se levant¨® y se par¨® frente a m¨ª, suspirando ligeramente, con un toque de resignaci¨®n: ¡°Estaba bromeando con Pablo, ?de verdad te lo creiste?¡± ?Era solo una broma? ¡°Sabes c¨®mo somos los hombres, siempre buscando salvars apariencias.¡± Su 14:10 m mano agarr¨® mi brazo, luego se desliz¨® hasta tomar mi mano, extrayendo el libro de familia. ¡°No creass cosas tan f¨¢cilmente.¡± Se giro para guardar el libro en un caj¨®n, luego tom¨® su abrigo y dijo: ¡°Tengo que salir un momento.¡± ¨²ltimamente, siempre encuentra una excusa para salir, y cuando lo hace, es por mucho tiempo. ¡°Sergio.¡± Lo m¨¦ y le pregunt¨¦: ¡°?me quieres?¡± Sergio, justo a mido, se detuvo al escuchar, y sus profundos ojos se varon en m¨ª. Despu¨¦s de un momento, sonri¨®, mostrando el hoyuelo en su meji izquierda. Sergio ten¨ªa una sonrisa encantadora, y era muy c¨¢lida. Recuerdo cuando llegu¨¦ por primera vez a familia V¨¢squez, c¨®mo se acerc¨® sonriendo y me m¨® cari?osamente. Probablemente fue esa sonrisa que le dio calidez a mi coraz¨®n, y desde entonces, no pude liberarme. Hasta ese momento, segu¨ªa adorando su sonrisa. Sent¨ª el peso de su mano sobre mi cabeza, revolvi¨¦ndome el cabello y diciendo: ¡°Por supuesto que te quiero, ?por qu¨¦ m¨¢s recorrer¨ªa media ciudad paraprarte peras al horno, enviarte rosass que te gustan en cada cumplea?os o pa?arte a vers estres fugaces? ?Y ahora¡­ casarme contigo?¡± Cada vez queenzaba a dudar, una sonrisa de Sergio y unas pocas pbras dulces eran suficientes para hacer que me rindiera. Erao a, con ¨¦l sosteniendo firmemente el otro extremo de cuerda. Dependiendo de su estado de ¨¢nimo, contrba mis altibajos. Peros pbras que escuch¨¦ antes, realmente me afectaron. Esa vez, no me tranquilic¨¦ tan f¨¢cilmenteo antes, en cambio lo mir¨¦ a los ojos pregunt¨¢ndole: ¡°?Es el tipo de cari?o que un hombre siente por una mujer?¡± Al decir eso, sent¨ª que mano en mi cabeza se deten¨ªa, y su sonrisa set desvanec¨ªa. Su mano pas¨® de mi cabeza a mi meji, toc¨¢nd suavemente: ¡°No pienses tonter¨ªas. Despu¨¦s del trabajo, volvamos a casa juntos. ?No te gusta el pescado? Ped¨ª que trajeran salm¨®n fresco, te lo preparar¨¦ para cenar.¡± Se fue,o tantas otras veces, evadiendo mis pbras. Todav¨ªa pod¨ªa oler su crema de manos en mi nariz, y el calor de su palma en mi meji, pero mi coraz¨®n se sent¨ªa fr¨ªo. ¨¦l era bueno conmigo, me cuidaba, tambi¨¦n me quer¨ªa, pero ese cari?o se sent¨ªa m¨¢so el de familiares, noo el de un hombre hacia una mujer. Y sin embargo, mi coraz¨®n solo ten¨ªa espacio para ¨¦l, am¨¢ndolo durante diez a?os. 14.10 Capitulo 2 Entonces, ?qu¨¦ deber¨ªa hacer? ?Casarme con ¨¦l y vivir una vida matrimonial c¨®moda y aburrida antes de tiempo? ?O dejarlo, para que ¨¦l pudiera encontrar su verdadero amor? Cap¨ªtulo 3 Todo el d¨ªa estuve pensando en ello, hasta que por tarde ¨¦l vino a marme y a¨²n sin tener una respuesta, lo segu¨ª. La costumbre es algo terrible, despu¨¦s de diez a?os, me hab¨ªa acostumbrado a ¨¦l, y tambi¨¦n a volver a casa de familial V¨¢squez despu¨¦s del trabajo. ¡°?Por qu¨¦ no has?¡± En el camino de regreso, Sergio probablemente sinti¨® que mi ¨¢nimo estaba bajo y tom¨® iniciativa de preguntarme.- Guard¨¦ silencio unos segundos e intent¨¦ decir: ¡°Sergio, tal vez deber¨ªamos¡­¡± No alcanc¨¦ a terminar frase cuando el tel¨¦fono de ¨¦l son¨®, el identificador de madas mostraba una serie de n¨²meros sin nombre, pero not¨¦ ramente c¨®mo mano de Sergio que sosten¨ªa el vnte se tensaba. Se puso nervioso, algo poco.¨²n ¨¦n ¨¦l. Mir¨¦ su rostro de reojo, y ¨¦l ya hab¨ªa colgado r¨¢pidamente madal para contestar por el Bluetooth: ¡°H¡­ s¨ª, ahora mismo voy para all¨¢.¡± La mada fue breve y despu¨¦s de colgar, me mir¨® dici¨¦ndome: ¡°Cami, me surgi¨® un asunto urgente, no puedo llevarte a casa.¡± En realidad, antes de que lo dijera, ya sab¨ªa que me iba a dejar, no era primera vez. Pero antes de que hara, a¨²n guardaba esperanza de que me llevara primero. Mi coraz¨®n se pinch¨® de repente, tratando de reprimir tristeza y le pregunt¨¦: ¡°?Qu¨¦ pas¨®?¡± Sergio tens¨® mand¨ªb, no respondi¨®, solo mir¨® hacia fuera del carro diciendo: ¡°B¨¢jate aqu¨ª y t¨®mate un taxi para volver.¡± No quer¨ªa darme explicaciones, y ya hab¨ªa hecho sus nes, ?qu¨¦ m¨¢s pod¨ªa decir? Preguntar, hacer un esc¨¢ndalo, ser¨ªa solo ponerme en una situaci¨®n embarazosa. ¡°Cuando llegues a casa env¨ªame un mensaje¡­¡± Sergio instruy¨® mientras giraba el vnte, ya hab¨ªa estacionado a undo de carretera. Apret¨¦ el bolso entre mis manos y sali del carro. No es que fuera sensible, pero desde el momento que n¨²mero entrante, hasta que evit¨® que escuchara mada, ya ten¨ªa un presentimiento. Solo que no pregunt¨¦, ni dije nada. Algunas cosas erano una capa de papel, eran dejadas ah¨ª para enga?arnos a nosotros mismos. ¡°?Ten cuidado en el camino!¡± Dijo apuradamente antes de irse, pero al final, aceler¨® y se fue. Me qued¨¦ ah¨ª parada, mirando diri¨®n en que se fue hasta que mis ojos se cansaron y luego baj¨¦ mirada hacia mis pies. El tel¨¦fono en mi bolsillo vibr¨® y era una mada de mi mejor amiga, Virginia de Fuente: ¡°?D¨®nde est¨¢s? ?Cenamos juntas?¡± Virginia era ginec¨®loga, no muy mayor de edad, ni siquiera ten¨ªa novio, pero era conocida por ser una excelente m¨¦dica. ¡®ro.¡± Respondi de inmediato. Desde el otrodo, Virginia se sorprendi¨® y pregunt¨®: ¡°?Qu¨¦ estre se va a caer? Normalmente, cuando te invito a cenar, siempre dices, ¡®deja preguntarle a Sergio¡®, ?qu¨¦ te pasa hoy que aceptas tan r¨¢pido?¡± Senti un nudo en el pecho, pensando que durante esos diez a?os, me hab¨ªa convertido en un esorio de Sergio, incluso para salir a cenar o ir depras con mi amiga ten¨ªa que informarle, por miedo a que ¨¦l no pudiera encontrarme. Pero aquel d¨ªa,s pbras de Sergio me hicieron darme cuenta de que me hab¨ªa convertido en una carga para ¨¦l, haci¨¦ndolo sentir cansado. ¡°?Est¨¢s en el hospital o en casa?¡± No respondi a su pregunta, sino que pregunt¨¦. Virginia me dio una diri¨®n y me dijo que fuera directamente. ¡°?Qu¨¦ pasa? ?Discutiste con tu presidente V¨¢squez?¡± Virginia not¨® algo raro en mi tan prontoo me vio. E era una de mis pocas amigas, as¨ª que no le ocult¨¦ nada. Despu¨¦s de escucharme Virginia empez¨® a maldecir: ¡°Todos los hombres son una mierda, ?ahora te encuentra ins¨ªpida? Hao si hubiese estado contigo muchas veces.¡± Sus pbras no me consron, todo lo contrario, me hicieron sentir m¨¢s inc¨®moda. Durante todo el tiempo que estuve con Sergio, nunca pas¨® nada entre nosotros. Tuvimos momentos ¨ªntimos, una vez bebi demasiado y lo provoqu¨¦, pero ¨¦l simplemente me envolvi¨® y me devolvi¨® a mi habitaci¨®n. En ese momento. pens¨¦ que Sergio me respetaba, que no quer¨ªa aprovecharse de m¨ª estando ebria, pero aquel d¨ªa me di cuenta de que simplemente no estaba interesado en m¨ª. Dicen que si un hombre realmente ama a una mujer, definitivamente querr¨ªa estar con e. Pero Sergio nunca mostr¨® deseo de hombre hacia m¨ª. ¡°Virginia, creo que quiero dejarlo ir.¡± El dilema que hab¨ªa estado rondando todo el d¨ªa, de repente encontr¨® una respuesta en ese momento. ¡°Bueno, yo te apoyo.¡± Virginia choc¨® su vaso con el mio dici¨¦ndome: ¡°Aunque no encuentres un pr¨ªncipe azul, hombresunes hay por montones, y con esal belleza tuya, ?qu¨¦ hombre no podr¨ªas tener?¡± Virginia ten¨ªa raz¨®n, a los dieciocho a?os ya hab¨ªa ganado un concurso de belleza, y si no fuera por Sergio, probablemente ya estar¨ªa en el camino hacia fama. Con mi belleza, habr¨ªa recibido innumerables admiraciones y propuestas a lorgo de los a?os, pero nunca me hab¨ªa sentido realmente atra¨ªda por alguien. El ¨²nico que quer¨ªa era Sergio. Ese pensamiento surgi¨® en mi coraz¨®n y me hizo sentir un nudo en garganta. No quer¨ªa que Virginia viera mi verdadero sentir, as¨ª que corr¨ª hacia el ba?o. Sin embargo, termin¨¦ chocando con alguien que sal¨ªa de ah¨ª, y no s¨¦ si fue por lo r¨¢pido que corr¨ªa, pero termin¨¦ cayendo encima de esa persona. Justo cuando iba a disculparme, escuch¨¦ un grito ag Cap¨ªtulo 4 Jam¨¢s en mi vida pens¨¦ que acabar¨ªa en estaci¨®n de polic¨ªa acusada de conducta indecente. El muchacho con el que hab¨ªa chocado era apenas un adolescente de diecisiete a?os, todav¨ªa menor de edad, y estaba convencido de que hab¨ªa tenido intenciones inapropiadas hacia ¨¦l. Aunque lo negu¨¦, ¨¦l insisti¨® en que lo hab¨ªa tocado. ¡°?D¨®nde te toc¨®?¡± Pregunt¨® el polic¨ªa con gran atenci¨®n.- El joven, mado Arturo Minas, me mir¨® y se?al¨® su pecho, luego baj¨® mano hacia su cintura y m¨¢s abajo¡­ diciendo: ¡°Aqu¨ª, aqu¨ª¡­ e me toc¨® aqu¨ª.¡± nis ?Qu¨¦ hombre m¨¢s imb¨¦cil! Estuve a punto de soltar un insulto. Si ni siquiera hab¨ªa tocado a Sergio, un hombre increiblemente guapo, ?por qu¨¦ iba a tocar a ese mocoso que apenas estaba creciendo? El polic¨ªa volvi¨® su mirada hacia m¨ª y, sin esperar a que preguntara, lo negu¨¦ de nuevo: ¡°No lo toqu¨¦, solo fue un idente. ¡°?Has bebido?¡± Pregunt¨® el polic¨ªa y su mirada llevaba un peso de significado profundo. En sociedad, que los hombres beban hasta perderse es normal, pero si una mujer bebe, a menudo se le juzga con severidad. Asent¨ª y le respondi: ¡°Si, bebi.¡± ¡°?Cu¨¢nto bebiste?¡± Pregunt¨® el polic¨ªa, aunque no entend¨ªa qu¨¦ ten¨ªa que ver eso con situaci¨®n. Aun as¨ª, le respond¨ª con sinceridad: ¡°Una bote de cerveza.¡± El polic¨ªa mostr¨® una mirada de incredulidad, y de inmediato pens¨¦ en mi amiga Virginia, quien podr¨ªa confirmar mi historia. Pero, justo en el momento en que Arturo y yo est¨¢bamos en el suelo, Virginia hab¨ªa recibido un mensaje para regresar al hospital a atender un parto conplicaciones. Entend¨ª lo que el polic¨ªa insinuaba y me apresur¨¦ a arar: ¡°No estaba borracha, mucho menos aprovech¨¦ el estado de ebriedad para hacerle algo a este ni?o.¡± El polic¨ªa anot¨® mis pbras y luego mir¨® de nuevo a Arturo dici¨¦ndole: ¡°?Est¨¢s seguro de que te toc¨®? Mentir y difamar tambi¨¦n son delitos.¡± ¡°Por supuesto que estoy seguro. Arturo era testarudo, y sent¨ª una fuerte urgencia de levantarme y golpearlo. 14:11 Antes de que pudiera actuar, los ojos de Arturo se iluminaron diciendo: ¡°Hermana, ?viniste?¡± Siendo menor de edad, era obvio que mar¨ªan a sus padres. Me gir¨¦ para explicarles situaci¨®n a sus familiares, pero al ver qui¨¦n hab¨ªa llegado, me qued¨¦ petrificada. Era una pareja, mujer ten¨ªa el cabellorgo, negro y liso, vestida con un vestido nco, era encarnaci¨®n perfecta de dama inmacda. E era Zo¨¦ Minas, conoc¨ªa, y el hombre que pa?aba era Sergio. ¡°Arturo, ?qu¨¦ pas¨®?¡± Zo¨¦ le pregunt¨® al joven con ansiedad. Arturo no respondi¨®, sino que puchere¨® hacia Sergio: ¡°Hermana, ?este es mi nuevo cu?ado?¡± La expresi¨®n de Sergio se endureci¨®, y su mirada hacia m¨ª cambi¨® de sorpresa a frialdad dici¨¦ndome: ¡°Cam, ?qu¨¦ pas¨®?¡± ¡°Cu?ado, ?conoces a esta mujer? Te digo, e es una rufiana, me toc¨® aqu¨ª y aqu¨ª¡­¡± Arturo continu¨® con sus mentiras, haciendo una actuaci¨®n. En ese momento, ya no ten¨ªa ¨¢nimos para explicar, solo miraba a Sergio. Nos hab¨ªamos separado hace unas horas, y ya era el cu?ado de otra persona. Y raz¨®n por cual me hab¨ªa dejado apresuradamente antes, parec¨ªa estar all¨ª. Zo¨¦, que estaba a sudo y me habl¨® con dulzura diciendo: ¡°Un gusto, se?orita, soy Zo¨¦, hermana de Arturo.¡± Me sorprendi¨® que me conociera. ro, era novia de Sergio, y era natural que conociera a gente cercana a ¨¦l. Sin embargo, nunca hab¨ªa tenido trato con Zo¨¦, sab¨ªa de e porque su esposo habia fallecido en un idente de tr¨¢fico hac¨ªa poco, y Sergio, siendo el mejor amigo de su esposo, estuvo ocupado sin parar durante tres d¨ªas. Tragu¨¦ el amargor en mi garganta y dije: ¡°Solo fue un idente, choqu¨¦ contra tu hermano sin querer y ca¨ª sobre ¨¦l, pero no hice lo que ¨¦l dice.¡± yo Zo¨¦ sonri¨® disculp¨¢ndose: ¡°Lo s¨¦, ¨¦l siempre ha sido un travieso.¡± Despu¨¦s, Zo¨¦ se acerc¨® a Arturo y le dio un par de golpes ligeros en cabeza, luego explic¨® situaci¨®n al polic¨ªa, quien revis¨®s c¨¢maras de seguridad paraprobar que no ment¨ªa, ¡°Ya que ambos se conocen, podr¨ªan llegar a un acuerdo para resolver esto, de lo contrario, este joven podr¨ªa ser retenido por hacer una falsa acusaci¨®n.¡± Dijo el polic¨ªa. Zo¨¦ inmediatamente tir¨® de Sergio, aunque el gesto fue peque?o, hab¨ªa una cercan¨ªa e intimidad evidentes. Sergio, una figura de autoridad, siempre ten¨ªa una aura de inesibilidad, y no le gustaba que gente lo tocara. La rci¨®n entre ellos ten¨ªa que ser muy cercana para que e pudiera hacerlo sin problema. En ese momento, el contacto de Zo¨¦ no le caus¨® ninguna iodidad, por lo que ramente no deb¨ªa ser primera vez. Hay cosas sobres que prefiero no profundizar demasiado. En cuanto a hacers paces, estuve pensando unos segundos y justo cuando iba a har, Sergio tom¨® pbra por mi, diciendo: ¡°Fue un malentendido, d¨¦jalo as¨ª.¡± Luego, senti un tir¨®n en mi mano, Sergio me agarr¨® y me llev¨® hacia afuera. Cap¨ªtulo 5 Mis manos dol¨ªan por el apret¨®n y era ro que ¨¦l estaba enfadado. ?Estaba celoso? Justo cuando ese pensamiento cruzaba mi mente, Sergio solt¨® mi mano, con una mirada g¨¦lida diciendo: ¡°Cam, ?as¨ª eso neas vengarte de mi por lo que dije?¡± Me qued¨¦ algo at¨®nita, no esperaba que ¨¦l pensara eso. ¡°No lo hice, yo¡­¡± No termin¨¦ de explicar cuando me interrumpi¨®. ¡°?Lo tocaste? ?Realmente lo tocaste ah¨ª?¡± La mand¨ªb de Sergio estaba tensa, y en sus ojos hab¨ªa una luz ferozo si fuera a devorar a alguien. Era raro verlo as¨ª, definitivamente estaba celoso. De repente, molestia en mi coraz¨®n se dispers¨® bastante, ya que parec¨ªa que despu¨¦s de todo ¨¦l si se preocupaba por m¨ª. s¨ª Si ¨¦l me considerara solo una hermana o una amiga, no le importar¨ªa que tocara a otros hombres. ¡°No.¡± Negu¨¦ nuevamente. Justo entonces, Arturo sali¨® de adentro, silb¨¢ndome: ¡°Mujerzu, ?c¨®mo es que est¨¢s seduciendo a mi cu?ado?¡± De una nta de espinas no se puede esperar flores, y ese dicho no podr¨ªa ser m¨¢s cierto. Viendo esa cara de sapo de Arturo, no pude evitar preguntarme en qu¨¦ vida pasada habr¨ªa forjado tal enemistad con ¨¦l. Viendo a los hermanos acerc¨¢ndose, especialmente a Zo¨¦ con esa cara p¨¢lidao luz de luna, pensando en c¨®mo e hab¨ªa tocado a Sergio, sub¨ª mi mano al brazo de Sergio. Sin embargo, senti ramente c¨®mo su m¨²sculo se tensaba. ¡°Deja de decir tonter¨ªas.¡± Zo¨¦ lleg¨® retorciendo a Arturo. E se par¨® frente a nosotros, con una cara llena de disculpas y dijo: ¡°Sergio, Cam, lo siento.¡± ¡°No es tu culpa.¡± Sergio mir¨® hacia Arturo dici¨¦ndole: ¡°Si vuelves a causar problemas, nadie vendr¨¢ a salvarte.¡± ¡°Je.¡± Arturo lo mir¨® desafiante: ¡°?Y t¨² qui¨¦n eres para decir eso? Si decides ser mil nuevo cu?ado, entonces te escuchar¨¦.¡± ¡°?Arturo!¡± Zo¨¦ lo rega?¨® y le dio otro golpe. Arturo lo esquiv¨® replicando: ¡°Hermana, ¨¦l obviamente te quiere, ?por qu¨¦ m¨¢s estar¨ªa contigo d¨ªa y noche cuid¨¢ndote?¡± 14:11 Capitulo 5 Mi mano en el brazo de Sergio se tens¨®, esos d¨ªas ¨¦l no hab¨ªa estado en casa ni de d¨ªa ni de noche, siempre saliendo de oficina porrgos periodos, todo para estar con mujer frente a m¨ª¡­ E era esposa de su amigo, este hab¨ªa muerto en un idente, y ¨¦l cuid¨¢nd no estaba mal. ?Pero necesitaba cuida todos los d¨ªas? ?Cuida hasta el punto de dejar que otros malinterpretaran sus sentimientos? ¡°Est¨¢s hando tonter¨ªas.¡± Zo¨¦ se sonroj¨® a¨²n m¨¢s y golpe¨® a Arturo con m¨¢s fuerza. El joven de diecisiete a?os, lleno de rebeld¨ªa, al ser golpeado en su desesperaci¨®n levant¨® instintivamente mano, y Zo¨¦ tropez¨®, cayendo hacia undo. Sent¨ªo si me empujaran, tambale¨¢ndome un par de pasos, casi cayendo. Cuando finalmente me estabilic¨¦, Sergio, quien me hab¨ªa empujado, ya estaba aldo de Zo¨¦, arrodido sosteni¨¦nd: ¡°Tontita, ?est¨¢s bien? ?D¨®nde te duele?¡± ¡°Mi¡­ mi est¨®mago duele, Sergi.¡± La voz de Zo¨¦ era d¨¦bil, agarrando fuertemente el bra de Sergio. ¡°No tengas miedo, te llevar¨¦ ahora al m¨¦dico, no tengas miedo.¡± La voz de Sergio temba de p¨¢nico. Yo estaba ah¨ª parada,o un tronco petrificado, hab¨ªa visto a Sergio en millones de formas, pero nunca tan desesperado y preocupado. Y era por otra mujer. Sergio carg¨® hacia el auto, m¨¢ndome con voz alta: ¡°Cam, ven a manejar.¡± Yo segu¨ªa petrificada, sin moverme. ¡°?Ap¨²rate, si le pasa algo a mi hermana, ver¨¢s c¨®mo te arreglo!¡± Arturo se acerc¨® amenazante a jrme. Cuando me toc¨®, no s¨¦ qu¨¦ me pas¨®, pero levant¨¦ mano y le solt¨¦ una bofetada: ¡°No me toques, imb¨¦cil.¡± La cara p¨¢lida de Arturo instant¨¢neamente qued¨® marcada con cinco dedos ros, los dos en el auto se quedaron at¨®nitos y Arturo a¨²n m¨¢s. Cap¨ªtulo 6 No esperaba que le diera una bofetada, pero en solo un segundo, Arturo perdi¨® cabeza, listo para golpearme: ¡°Maldita sea. ¡°?Arturo!¡± Sergio lo rega?¨® con frialdad: ¡°Si te atreves a toca, te aseguro que te volver¨¦ a meter trass rejas.¡± d a mi Esa amenaza funcion¨®. Arturo retir¨® su mano y nosnz¨® una mirada furiosa a r y a Sergio antes de marcharse con grandes pasos. ¡°?Arturo!¡± Zo¨¦ lo m¨®, pero despu¨¦s de un solo grito, se agarr¨® el est¨®mago con dolor: ¡°Ay, duele mucho, Sergi, ll¨¦vame al m¨¦dico r¨¢pido.¡± ¡°?Cam!¡± Sergio me m¨® de nuevo. Viendo el dolor de Zo¨¦, dej¨¦ dedo cualquier otro pensamiento o emoci¨®n y me apresur¨¦ a entrar al auto, dirigi¨¦ndome directo al hospital. Al llegar, Sergio, sosteniendo a Zo¨¦, le dijo apresuradamente al doctor: ¡°Doctor, e est¨¢ embarazada, acaba de caerse y ahora le duele mucho el est¨®mago.¡± ?Embarazada? Mis pasos, sigui¨¦ndolos de cerca, de repente se sintieron pesadoso llenos de plomo, siendo incapaces de moverse m¨¢s, y mi coraz¨®n se hundi¨® El esposo de Zo¨¦ ya no estaba, ?c¨®mo podr¨ªa tener un hijo? Mi mirada cay¨® sobre cara llena de p¨¢nico de Sergio y su nerviosismo¡­ ?podr¨ªa ser que¡­? Zo¨¦ fue llevada a s de emergencias, mientras Sergio y yo esper¨¢bamos afuera. No conoc¨ªa bien a Zo¨¦, no ten¨ªa un v¨ªnculo con e, as¨ª que no estaba exactamente preocupada. Pero Sergio estaba ramente angustiado. Lo observ¨¦l detenidamente por un momento, y ¨¦l se mantuvo mirando puerta de s de emergencias,o si hubiera olvidado existencia de su prometida que era yo. La amargura se acumba en mi coraz¨®n, y despu¨¦s de tragar varias veces, finalmente habl¨¦: ¡°El ni?o¡­ ?es tuyo?¡± No quer¨ªa hacer suposiciones, as¨ª que pregunt¨¦ directamente. Sergio se volte¨®, un destello de sorpresa cruz¨® sus ojos antes de que su mirada se profundizara: ¡°?De qu¨¦ has? Por supuesto que no, es el hijo p¨®stumo de Miguel Ramos.¡± Sent¨ª un alivio interno. Miguel era el esposo de Zo¨¦ y un buen amigo de Sergio desde hac¨ªa a?os. Hacia un mes, hab¨ªa muerto en un idente de auto. ¡°Solo cuido de Zo¨¦ siguiendo el ¨²ltimo deseo de Miguel.¡± Explic¨® Sergio. Recordando c¨®mo Sergio volvi¨® a casa despu¨¦s de lidiar con el idente de Miguel, con el cabello desordenado y barba cubri¨¦ndole mand¨ªb, parec¨ªa 14.11 Capitulo 6 un hombre salvaje escapado des monta?as. La profunda amistad entre ellos. hizo que cuidar de viuda de su amigo fuera lo correcto. En ese momento, incluso me sent¨ª algo culpable por los pensamientos fugaces que hab¨ªa tenido antes. Levant¨¦ mi mano y tom¨¦ suavemente el brazo de Sergio, explic¨¢ndole los eventos de esa noche: ¡°No toqu¨¦ a ese ni?o, ¨¦l solo estaba tratando de incriminarme.¡± Sergio me mir¨®, susbios se movieron ligeramente, y despu¨¦s de un momento, extendi¨® su mano y pellizc¨® mi meji dici¨¦ndome: ¡°No vuelvas a beber.¡± Quer¨ªa decir que apenas hab¨ªa bebido un poco cuando puerta de s de emergencias se abri¨®. El doctor sali¨® y se dirigi¨® naturalmente hacia Sergio diciendo: ¡°Familiar de paciente, por favor firme aqu¨ª.¡± Sergio me mir¨® antes de tomar el boligrafo del doctor, pero antes de firmar, pregunt¨®: ¡°Doctor, ?c¨®mo est¨¢ e ahora?¡± ¡°Tu esposa tiene signos de aborto espont¨¢neo. Ahora necesitamos hacer un tratamiento para intentar salvar el embarazo, pero tambi¨¦n podr¨ªa no tener ¨¦xito, as¨ª que necesitas firmar.¡± Explic¨® el doctor. ¡°Doctor, por favor, haga todo lo posible por salvarlos.¡± Dijo Sergio con urgencia. ¡°Por supuesto, pero ap¨²rate y firma.¡± Bajo insistencia del doctor, Sergio firm¨® en si¨®n de familiares de Zo¨¦. Sab¨ªa que solo firmar no significaba nada, pero nunca imagin¨¦ que mi prometido se convertir¨ªa primero en el familiar de otra persona. Cap¨ªtulo 7 Zo¨¦ tuvo un susto pero, afortunadamente, el beb¨¦ estaba bien y e regres¨® a habitaci¨®n del hospital. Su rostro estaba p¨¢lido y feo, con los ojos rojos, y con su aspecto p¨¢lidoo luz de luna, realmente se ve¨ªa fr¨¢gil y digna de l¨¢stima. ¡°No te preocupes demasiado, el ni?o est¨¢ bien. Sergio consol¨®. ¡°Sergi, tengo mucho miedo.¡± Llor¨® Zo¨¦. Sergio le pas¨® un pa?uelo, Zo¨¦ lo tom¨® y tambi¨¦n agarr¨® su mano, apoyando sul cara llena de l¨¢grimas en el dorso de su mano. Aunque e daba pena, ?eso le daba derecho a considerar al prometido de otra personao suyo? Me acerqu¨¦ y le dije: ¡°Zo¨¦, el doctor dijo que no es bueno para el beb¨¦ que una embarazada se altere tanto. Con trabajo lograste mantener al beb¨¦, si sigues llorando y hay problemas, ser¨¢ peor.¡± Dije eso mientras extend¨ªa mi mano para ayuda, disimdamente alej¨¢nd. Pero viendos l¨¢grimas que dej¨® en el dorso de mano de Sergio, todav¨ªa me sent¨ª mal,o si algo m¨ªo hubiera sido ensuciado por otra persona. Ten¨ªa un problema con limpieza, tanto en vida cotidianao en mis rciones. personales. La expresi¨®n de Zo¨¦ se tens¨® por un momento, pero r¨¢pidamente ajust¨® su estado de ¨¢nimo. ¡°Sergi, lo siento, mira lo que¡­¡± Dijo eso mientras intentaba tomar un pa?uelo para limpiarle mano a Sergio. Le bloque¨¦ el paso dici¨¦ndole: ¡°Zo¨¦, mejor no te muevas demasiado ahora.¡± La expresi¨®n de Zo¨¦ se endureci¨®, y sus ojos llorosos y suplicantes miraron hacia Sergio, ramente llenos de admiraci¨®n. ¡°?A Zo¨¦ le gustas?¡± Le pregunt¨¦ directamente a Sergio al salir de habitaci¨®n del hospital. ¡°?No!¡± Sergio lo neg¨®. ¡°?Y a ti te gusta e?¡± Si iba a preguntar, quer¨ªa dejars cosas ras. No quer¨ªa quedarme colgada. La expresi¨®n de Sergio ramente se tenso, y despu¨¦s de unos segundos, dijo en voz baja: ¡°Solo somos amigos¡­¡± ?Solo amigos? 14:11 ¡°Miguel ya no est¨¢, y en sus ¨²ltimos momentos, tom¨® mi mano, pidi¨¦ndome cuidar de e¡­¡± La voz de Sergio temba, incluso sus manos colgantes. Parece que cada vez que se menciona muerte de Miguel, se altera mucho, no era primera vez. Mi coraz¨®n se encogi¨® por suportamiento y le dije: ¡°No ten¨ªa otra intenci¨®n, es solo que vi a Zo¨¦ muy dependiente de ti.¡± ¡°E¡­ probablemente porque est¨¢ embarazada y se siente insegura estando s.¡± Sergio explic¨® por e, sus ojos se fijaron en mi rostro y me dijo: ¡°Cami, en el futuro ser¨¦ m¨¢s cuidadoso.¡± Al decir esto, ?qu¨¦ m¨¢s pod¨ªa decir yo? Pero aun as¨ª, le record¨¦: ¡°Aunque cuides de e por Miguel, recuerda que hay l¨ªmites entre hombres y mujeres.¡± No quer¨ªa ver una escenao de antes, no quer¨ªa iodarme. ¡°S¨ª, lo s¨¦¡­¡± Justo cuando termin¨® de har, escuchamos el ruido urgente des ruedas de un carrito chocando contra el suelo. Gir¨¦ cabeza para mirar, y vi a un grupo de personas empujando una cami de emergencia hacia nosotros r¨¢pidamente. Justo cuando iba a hacerme a undo, escuch¨¦ profunda voz de Sergio diciendo ¡°cuidado¡°, y luego me jal¨®, haciendo que cami pasara r¨¢pidamente por detr¨¢s de nosotros. Me qued¨¦ en sus brazos, escuchando lostidos de su coraz¨®n retumbando en mis o¨ªdos. Ese sonido me hizo recordar cuando reci¨¦n llegu¨¦ a familia V¨¢squez, una vez que particip¨¦ en una actividad escr y identalmente ca¨ª desde una altura. En ese momento, Sergio corri¨® hacia mi, me abraz¨® y me dijo que no tuviera miedo, luego me llev¨® corriendo al consultorio m¨¦dico. Fue primera vez que escuch¨¦ lostidos de su coraz¨®n, tan r¨¢pidos, tan fren¨¦ticos¡­ Mi verdadera atri¨®n por ¨¦lenz¨® en ese momento tambi¨¦n¡­ En este momento, su coraz¨®n a¨²nt¨ªa: r¨¢pido, r¨¢pido y segu¨ªa siendo por mi. Cerr¨¦ los ojos, tratando de no pensar en otras cosas y apoy¨¦ mi cara m¨¢s en el pecho de Sergio: ¡°Vamos a casa, estoy cansada.¡± ¡°Est¨¢ bien, le dir¨¦ a Zo¨¦. Dijo Sergio, solt¨¢ndome y besando mi frente. No entr¨¦ a habitaci¨®n del hospital, sino que esper¨¦ en puerta. No escuch¨¦ lo que Sergio le dijo a Zo¨¦, pero cuando ¨¦l sali¨®, escuch¨¦ su sollozo. Cuando Sergio y yo regresamos a casa, sus padres todav¨ªa estaban despiertos, sentados en el sof¨¢ viendo televisi¨®n, sin har el uno al otro. Normalmente, casi no haban entre ellos. Le pregunt¨¦ a Sandra y me dijo que, despu¨¦s de tantos a?os de matrimonio, cuando uno est¨¢ acostumbrado a ver al otro todo el tiempo, ?qu¨¦ m¨¢s queda por decir? Cap¨ªtulo 8 Sergio me hab¨ªa contado que su amor de juventud tambi¨¦n fue apasionado, pero al final se convirti¨® en algo rutinario. Quiz¨¢s, as¨ª erao terminaba siendo el amor. ¡°?Pap¨¢, mam¨¢!¡± ¡°?Se?ores!¡± Sergio y yo saludamos a cada uno respectivamente. ¡°?Ya cenaron? Si no, todav¨ªa hayida guardada para ustedes.¡± Sandra habl¨® con una dulzura. ¡°Ya cenamos.¡± Respondi¨® Sergio mir¨¢ndome: ¡°?Tienes hambre todav¨ªa, quiereser algo m¨¢s?¡± Casi no hab¨ªaido en cena, pero en ese momento no sent¨ªa ni un poco de hambre, por lo que dije: ¡°No, gracias.¡± ¡°Entonces suban a descansar, en un rato empleada les subir¨¢ leche.¡± Dijo Sandra con una sonrisa. No s¨¦ si fue mi imaginaci¨®n, pero esa sonrisa me pareci¨® un poco extra?a, sin embargo, sub¨ª sin darle muchas vueltas, hasta que al abrir puerta me qued¨¦ parada, girando cabeza hacia Sergio. ¨¦l, parado en entrada, tambi¨¦n me mir¨®. Antes de que pudiera bajar, Sandra ya hab¨ªa subido: ¡°Cami, olvid¨¦ decirte que vamos a arrer el cuarto de Sergio su habitaci¨®n de matrimonio, por ahora. ¨¦l se quedar¨¢ en tu cuarto.¡± ¡°Mam¨¢, Cami y yo neamos mudarnos despu¨¦s de casarnos, ?para qu¨¦ arrer una habitaci¨®n de matrimonio aqu¨ª?¡± Pregunt¨® Sergio. ¡°Aunque se muden, no significa que no vayan a quedarse aqu¨ª de vez en cuando, en fiestas o si se hace tarde.¡± Sandra lo rega?o con mirada, llev¨¢ndolo a puerta de mi cuarto y dici¨¦ndole: ¡°Ustedes dos est¨¢n a punto de casarse, no hay problema en quepartan cuarto.¡± ¡°Cami, ?t¨² qu¨¦ opinas?¡± Sandra me pregunto. Las pbras que Sergio hab¨ªa dicho a Pablo resonaron en mi cabeza, dej¨¢ndome sin saber qu¨¦ responder. ¡°No hay problema.¡± Sergio respondi¨® por mi. Levant¨¦ vista hacia ¨¦l y en el siguiente segundo, su mano rode¨® mi hombro y entramos al cuarto. ¡°Mam¨¢, ?buenas noches!¡± Con eso, Sergio cerr¨® puerta del cuarto. Ni Sergio ni yo hamos, el ambiente estaba un poco tenso, y tambi¨¦n algo cargado. Sobre todo porque cama estabapletamente decorada,o si esa fuera nuestra noche de bodas. ?? Mi rostro se calent¨® y le dije: ¡°Eh¡­ voy a cambiarme¡­¡± Me solt¨¦ de Sergio, pero ¨¦l me agarr¨® de nuevo, mir¨¢ndome con esos ojos profundos. Mi coraz¨®nt¨ªa descontrdamente, y mi respiraci¨®n se hac¨ªa pesada. La garganta de Sergio se movi¨®, se acerc¨® un paso hacia m¨ª, haciendo que todos mis nervios se tensaran. Se acercaba m¨¢s y m¨¢s, su mano subia lentamente por mi brazo, hasta llegar a mi hombro, luego a mi nuca, y su rostro se inclinaba hacia el mio. Mis manos, nerviosas, tambi¨¦n lo agarraron y le dije: ¡°Serg¡­¡± Mis pbras fueron interrumpidas por susbios, su beso era feroz y ardiente, algo que nunca hab¨ªa experimentado antes. A lorgo de los a?os que estuvimos juntos, ro que hubo besos. Pero siempre eran ligeros, nunca hab¨ªa explorado m¨¢s all¨¢ de misbios, pero esa noche era diferente, sus besos eran intensos. Y yo, nerviosa, incluso temba, impidi¨¦ndole profundizar m¨¢s. Sergio no continu¨®, sino que me susurr¨® al o¨ªdo: ¡°Rel¨¢jate un poco.¡± Tras decir eso, sent¨ª mi cuerpo aligerarse, ¨¦l me levant¨® y me coloc¨® en cama. Cuando sus dedosenzaron a desabrochar mi camisa, mis dedos de los pies. se curvaron de nerviosismo¡­ Pod¨ªa vers venas de su frente resaltar, y su garganta moverse intensamente. Aunque nunca hab¨ªa experimentado el acto entre un hombre y una mujer, siempre hab¨ªa escuchado historias, sab¨ªa que ¨¦l en ese momento se sent¨ªa igual que yo, emocionado¡­ Quiz¨¢s, lo que dec¨ªa de no estar interesado, era solo porque no lo hab¨ªa intentado. ?No hay un dicho que ha sobre saborear esencia de algo? Cerr¨¦ los ojos, esperando el inicio de nuestro viaje ¨ªntimo. Justo cuando mi ropa empezaba a deslizarse y susbios apenas tocaban mi cuello¡­ El celr de Sergio son¨®. Me estremeci, agarrando sy brazo por instinto y encogi¨¦ndome: ¡°Sergio¡­¡± Capitulo 9 Cap¨ªtulo 9 Aunque no me encontrabapletamente enamorada hasta perder el sentido, el hecho de que ¨¦l tomara una mada o se marchara en ese momento, ser¨ªa una humici¨®n para m¨ª. Movi¨® su garganta, agarr¨® el tel¨¦fono y directamente lo colg¨®, continuando con sus besos en mi cuello, mi v¨ªc¡­ Sin embargo, al segundo siguiente el tel¨¦fono son¨® de nuevo, sab¨ªa que si no atend¨ªamos esa mada, ni Sergio ni yo tendr¨ªamos paz. Gir¨¦ mi rostro hacia undo y le dije: ¡°Contesta.¡± Una sombra de inquietud cruz¨® el rostro de Sergio, tom¨® una manta que estabal cerca para cubrirme y se llev¨® el tel¨¦fono hacia el balc¨®n. Aunque cerr¨® puerta corrediza del balc¨®n, su profunda voz a¨²n llegaba hasta m¨ª. ¡°No puedo ir, deja que enfermera te ayude.¡± ¡°No he dicho que no me importe¡­ s¨¦ que es mi culpa¡­ est¨¢ bien, no llores m¨¢s, ir¨¦, ahora mismo voy¡­¡± Despu¨¦s de eso, no escuch¨¦ m¨¢s pbras, solo el sonido de un encendedor encendi¨¦ndose. Sergio estaba fumando. Por primera vez, estaba fumando en casa. Pasaron casi diez minutos antes de que Sergio regresara, el aire se llen¨® con el aroma del tabaco. Mir¨® hacia mi con ojos inseguros y dijo: ¡°Eso¡­ tengo que salir un momento, es Zo¨¦, est¨¢ s en el hospital y se siente insegura¡­¡± Inusualmente, no intent¨® enga?arme ni ocult¨¢rmelo. Mi cuerpo bajos mantas se enfri¨® y le pregunt¨¦: ¡°?Un hombre casi casado cuidando de e, eso est¨¢ bien?¡± ¡°Yo¡­ ¡­ yo voy a buscarle una enfermera.¡± Sergio dijo mientras empezaba a arrer su ropa desordenada por mi. Sab¨ªa que no pod¨ªa detenerlo, verg¨¹enza y tristeza se agolpaban en mi pecho: ¡°Sergio.¡± ¡°?Si?¡± Levant¨® cabeza para mirarme, con inseguridad en sus ojos. Probablemente tem¨ªa que yo lo s a m¨ª y no le permitiera ir. Sergio tambi¨¦n era un magnate de los negocios en Los Cabos, ?cu¨¢ndo hab¨ªa temido algo? En aquel momento, frente a mi, estaba nervioso de una manera que 14:11 Capitulo 9 parec¨ªa desconocida. Las pbras se atoraron en mi garganta y no pude decir m¨¢s, solo forc¨¦ una amarga sonrisa: ¡°Ten cuidado en el camino.¡± Dicho esto, me hundi a¨²n m¨¢s ens mantas y cerr¨¦ los ojos. Un momento. despu¨¦s, escuch¨¦ los pasos de Sergio acerc¨¢ndose, y con su aliento cerca, algo c¨¢lido toc¨® mi frente. Al alejarse, susurr¨®: ¡°Lo siento¡­¡± ¨¦l sab¨ªa que eso mestimar¨ªa, pero aun as¨ª lo hizo. ¦§ Tal vez mi constante tolerancia le hizo pensar questimarme una o dos veces no importar¨ªa. Sergio se fue, pero el fuego que hab¨ªa encendido dentro de m¨ª a¨²n no se apagaba, as¨ª que me sumerg¨ª en ba?era. Virginia me m¨®, y cualquier rastro de afecto que tuviera desapareci¨®, all¨ª estaba, tumbada en ba?era, distra¨ªda. ¡°?Qu¨¦ hace Sergio en nuestro departamento de ginecolog¨ªa? ?Qu¨¦ es esa tal Zo¨¦ para ¨¦l?? No me sorprendi¨® que Virginia lo supiera, tampoco le ocult¨¦ nada y le cont¨¦ todo. Virginia se enfureci¨® al instante y dijo: ¡°?Un hombre que estaba a punto de casarse cuidando de una viuda? ?Se volvi¨® loco? ?No sabe que eso solo trae problemas, y aun as¨ª quiere meterse en ese lio?¡± Incluso Virginia pensaba que no era adecuado, siendo e una amiga tan cercana que podr¨ªamospartir misma ropa, no me import¨® exponer mi propia verg¨¹enza y dije: ¡°?Qu¨¦ pensar¨ªas si te dijera que ¨¦l se levant¨® de encima de mi para irse?¡± Virginia se qued¨® cada unos segundos: ¡°No me digas, ustedes estaban haciendo¡­ eso?¡± ¡°No, pero nos hab¨ªamos quitado mitad de ropa.¡± Al decirlo, incluso yo me sent¨ªo una broma. ¡°?Carajo!¡± Virginia, siempre tan elegante y refinada, de repente solt¨® un improperio, ¡°Si Sergio pudo frenar en seco incluso con los pantalones bajados, o no puede, o es que¡­¡± Cap¨ªtulo 10 Virginia se contuvo. No lo dijo, pero entend que quer¨ªa decir que Sergio no me amaba lo suficiente. Si me amara, no podr¨ªa haberme dejado s en esa situaci¨®n, si realmente me amara, no estar¨ªa con otra mujer a altas horas de noche. La difunta esposa de su mejor amigo era digna de l¨¢stima, y no estaba mal que ¨¦l cuidara de e, pero cruz¨® un l¨ªmite, ¡°Me dijiste que neabas rendirte, entonces, adi¨®s, que el siguiente sea mejor.¡± Me anim¨® Virginia. No dije nada, renunciar a Sergio era f¨¢cil, ?pero qu¨¦ pasaba con familia V¨¢squez? En aquel momento, familia V¨¢squez era mi hogar, Ricardo y Sandra me tratabano si fuera su propia hija. Durante todos esos a?os, ellos me criaron, especialmente Sandra, quien fueo una madre para m¨ª, ense?¨¢ndome qu¨¦ hacer cuando tuve mi primer per¨ªodo yvando mi ropa sucia. Virginia entendi¨® algo de mi silencio: ¡°Cam, a lo mejor estamos pensando mal, piensa en lo bueno que Sergio ha sido contigo todos estos a?os, siempre diciendo que eres su esposa. Ahora, cuidar de una viuda debe ser simplemente su gran coraz¨®n. De todas formas, no creo que ¨¦l tenga algo con una viuda, especialmente) una embarazada, no creer¨ªa que quiere cargar con el hijo de otro.¡± Pensando en c¨®mo Zo¨¦ miraba a Sergio pregunt¨¦: ¡°?Y si flor cae intencionadamente, pero corriente recibe con gusto?¡± ¡°?Qu¨¦?¡± Virginia estuvo sorprendida unos segundos y luego suspir¨®: ¡°No es imposible, tu Sergio es el marido ideal para miles de mujeres, ni har de una viuda.¡± ¡°Es en estos momentos cuando Sergio m¨¢s debe mantener distancia con e. Cuando una mujer est¨¢ vulnerable, cualquier muestra de cari?o puede convertirse en un salvavidas al que se aferrar¨ªa.¡± Virginia se detuvo un momento: ¡°Esta noche te cubro, no pasar¨¢ nada.¡± Reci¨¦n ah¨ª record¨¦ que Virginia solo iba a trabajar horas extras temporalmente y le dije: ¡°No te preocupes, termina tu trabajo y ve a descansar. Este tipo de cosas, tal vez puedas prevenir algo ahora, pero no siempre, si realmente pasa algo entre ellos, me temo que¡­¡± Me detuve, pensando en elportamiento inusual de Sergio ¨²ltimamente y termin¨¦ frase: ¡°Me temo que ya habr¨ªa pasado.¡± 14 15 Capitulo 10 Virginia resopl¨® y me dijo: ¡°Tienes raz¨®n, pero Cami, no te obsesiones. Si Sergio realmente te traiciona, corta por lo sano y sigue tu camino. Despu¨¦s de todo, sigues siendo virgen, puedes encontrar f¨¢cilmente a un hombre guapo.¡± ¡°Je.¡± Me re¨ª, ?deb¨ªa estar agradecida de que en todos esos a?os, lo m¨ªo con Sergio nunca hubiera de cari?o a algo m¨¢s? Fingi un bostezo y termin¨¦ mada con Virginia. En una noche as¨ª, definitivamente no pod¨ªa dormir, y Sergio no regres¨® hasta que casi amanec¨ªa. Ten¨ªa que trabajar fuera ese d¨ªa, as¨ª que me levant¨¦ temprano y sal¨ª antes de que Ricardo y Sandra se despertaran, en parte porque tem¨ªa que preguntaran. Si, era cierto que habitaci¨®n de Sergio estaba siendo remodda, pero el prop¨®sito de Sandra era darnos oportunidad a Sergio y a m¨ª de hacer ¡®lo inevitable¡®. Pero sus esperanzas fueron en vano, y eso tambi¨¦n fue embarazoso para m¨ª. No poder hacer que un hombre se desviva por ti, a veces se sienteo un fracaso. Alrededor des ocho, justo cuando llegaba con el socio, me entr¨® una mada de Sergio. Mir¨¦ el n¨²mero, vacil¨¦ unos segundos, pero no contest¨¦. EI Centímetro 11-20 Cap¨ªtulo 11 ¡°Cami, el presidente V¨¢squez te busca.¡± Mire Mart¨ªnez, quien me pa?aba, me extendi¨® el tel¨¦fono. Realmente hab¨ªa subestimado persistencia de Sergio. En esa situaci¨®n, no tuve m¨¢s remedio que tomar el tel¨¦fono y con un tono muy formal, dije: ¡°Presidente V¨¢squez, ?en qu¨¦ puedo ayudarle?¡± ¡°Cami.¡± La voz de Sergio era ronca, cargada de una culpa evidente: ¡°?Por qu¨¦ te fuiste tan temprano hoy? Llegu¨¦ a casa y no te encontr¨¦.¡± Al darme cuenta de que no quer¨ªa har de asuntos de trabajo, me alej¨¦ un poco y dije: ¡°Sali a desayunar.¡± ¡°Lo siento, yo, anoche¡­ realmente no pude irme, por eso no regres¨¦.¡± Sent¨ª un fr¨ªo en el coraz¨®n y una sonrisa sarc¨¢stica se dibuj¨® en misbios pregunt¨¢ndole: ¡°?Y eso por qu¨¦?¡± Sergio no supo qu¨¦ decirme. Contuve respiraci¨®n, d¨¢ndole una salida: ¡°?Fue porque no encontraste a alguien que cuidara?¡± ¡°Eso es¡­¡± No dije m¨¢s, y Sergio volvi¨® a har: ¡°Cami, ?cu¨¢ndo terminas all¨ª? Ir¨¦ a recogerte, ?almorzamos juntos?¡± Hac¨ªa mucho que no¨ªamos juntos y, seg¨²n lo que Arturo dijo anoche, ¨¦l hab¨ªa estado pa?ando a Zo¨¦. ?La invitaci¨®n a almorzar de ese d¨ªa era parapensar lo de anoche o de repente tuvo un remordimiento? No lo sab¨ªa, y no quer¨ªa gastar neuronas adivin¨¢ndolo. Le respondi con indiferencia: ¡°No estoy segura de cu¨¢ndo terminar¨¦, quiz¨¢s ni siquiera pueda terminar para el mediod¨ªa, y adem¨¢s, ?no tienes cosas que hacer todos los d¨ªas a esa hora?¡± ¡°Cami.¡± Sergio probablemente detect¨® mi sarcasmo y me m¨® con firmeza, luego guard¨® silencio por dos segundos y me dijo: ¡°No pienses demasiado.¡± Despu¨¦s de lo de anoche, ?qu¨¦ m¨¢s podr¨ªa pensar? Est¨¢bamos en horarioboral, y no quer¨ªa discutir asuntos personales as¨ª que le dije: ¡°Estoy ocupada ahora, si no es nada m¨¢s, colgar¨¦.¡± No dijo nada, y colgu¨¦ el tel¨¦fono. El trabajo de campo de ese d¨ªa inclu¨ªa discusi¨®n con los socios y inspi¨®n en el lugar, Terminamos discusi¨®n a Despu¨¦s de dar una vuelta, no solo me dolian los pies, sino que tambi¨¦n sent¨ªa dolor en los dedos. Encontr¨¦ un lugar para sentarme y descansar. Mire not¨® que algo no iba bien y me dijo: ¡°Cami, ?te sientes mal?¡± ¡°S¨ª, me duelen los pies.¡± No ocult¨¦ mi iodidad. Si no estuviera en el campo, habr¨ªa querido quitarme los zapatos y darles un descanso a mis pies. ¡°Oh.¡± Mire mir¨® mi cara y agreg¨®: ¡°Cami, te sientes mal por algo m¨¢s que no sea por los pies?¡± Me qued¨¦ perpleja por un momento antes de que Mire se?ra su propia cara: ¡°Te ves p¨¢lida, Cami.¡± No hab¨ªa dormido bien toda noche, era de esperar que me viera mal. Adem¨¢s, cuando una mujer est¨¢ de mal humor, no importa cu¨¢n bien se maquille, no sirve de nada. ¡°Probablemente es mi periodo.¡± Busqu¨¦ una excusa y saqu¨¦ mi tel¨¦fono fingiendo que revisaba mensajes. Mire era una chica muy hadora, temia que siguiera preguntando y ya no pudiera inventar m¨¢s mentiras. De repente, una sombra cubri¨® mi vista. Pens¨¦ que era Mire y no le di importancia, hasta que sent¨ª un calor en mi tobillo y vi una mano familiar. Sergio me hab¨ªa quitado los zapatos y coloc¨® mi pie sobre su rodi, masaje¨¢ndolo: ¡°?Es que los zapatos te quedan apretados?¡± No dije nada, con un nudo en garganta. Levant¨® vista hacia m¨ª, su voz era un susurro bajo: ¡°?Todav¨ªa est¨¢s enojada?¡± ¡°No.¡± Dije, tratando de retirar mi pie. Pero Sergio no me solt¨® y continu¨® masaje¨¢ndolo mientras dec¨ªa: ¡°Esto no volver¨¢ a pasar.¡± Aquel d¨ªa Sergio llevaba un traje azul zafiro con una camisa nca debajo. Los botones personalizados de camisa briban bajo el sol, tantoo ¨¦l mismo. Cap¨ªtulo 12 ¨¦l me masaje¨® primero el pie izquierdo y luego el derecho, sin importarle gente que iba y ven¨ªa por eldo. Ya hab¨ªa chicas que nos miraban con envidia, murmurando que finalmente hab¨ªan visto a un hombre guapo y cari?oso con su novia en vida real. Tengo que admitir que yo tambi me senti conmovida en aquel momento, y cualquier peque?a preocupaci¨®n que tuviera desde noche. anterior se disip¨® mientras ¨¦l masajeaba mis pies. ¡°?Chica, qu¨¦ suerte tienes!¡± Mire me dijo desde no muy lejos, formandos pbras con su boca. Si Sergio hab¨ªa llegado a ese punto, aferrarme a lo que hab¨ªa pasado noche. anterior solo me har¨ªa parecer mezquina, supe que hab¨ªa reservado el lugar con anticipaci¨®n. Trajeron el pescado al horno, el foie. gras, y tambi¨¦n mi postre favorito. Esaida ramente ten¨ªa un toque especial. Tom¨¦ una foto y publiqu¨¦ en Instagram,ida deliciosa, flores frescas, yst manos de Sergio,rgas y bien formadas. Todos mis colegas de oficina dieron ¡®me gusta¡® de inmediato, Mire envi¨® un emoji de bu con un mensaje que dec¨ªa ¡®?Por qu¨¦ no me invitan a m¨ª?¡®. Cuando llegamos, Sergio le hab¨ªa dicho a e que se arrera por su cuenta, que luego pod¨ªa pedir el reembolso. Virginia tambi¨¦n lo vio, pero en lugar de dar ¡®me gusta¡®, me envi¨® un mensaje privado: ¡°Viendo el esfuerzo, se nota que sabe que se equivoc¨®, no est¨¢ tan mal. Adem¨¢s, pregunt¨¦ a enfermera de guardia anoche, y ¨¦l estuvo en habitaci¨®n todo el tiempo, pero no pas¨® nada.¡± Yo no supe qu¨¦ decir. ¡°Deja el tel¨¦fono ye.¡± Me dijo Sergio mientras cortaba el foie gras y lo pon¨ªa frente a m¨ª. Tom¨¦ el tenedor, justo cuando estaba a punto de llevarme un trozo a boca, una figura familiar capt¨® mi atenci¨®n. Zo¨¦ tambi¨¦n me vio y se acerc¨® sonriendo: ¡°Se?orita G¨¢mez.¡± Luego, gir¨® su cabeza hacia Sergio dici¨¦ndole: ¡°?Sergi, t¨² tambi¨¦n est¨¢s aqu¨ª?¡± Esa forma de har¡­ ?Acaso mi prometido no deber¨ªa estar alli? ¡°Qu¨¦ coincidencia, se?orita Minas, ?c¨®mo es que viniste por aqu¨ª?¡± Pregunt¨¦ directamente. ¡°Fui a visitar tumba de Miguel, pas¨¦ por aqu¨ª y el aroma del foie gras me atrajo.¡± Dijo Zo¨¦, mientras su voz era suaveo seda. ¡°?Vienes s?¡± Pregunt¨® Sergio. ¡°S¨ª, as¨ª que si no les molesta, ?puedo unirme Cap¨ªtulo 13 ¡°?ro que s¨ª,amos juntos!¡± Sergio no pregunt¨® mi opini¨®n antes de aceptar. Zo¨¦ se sent¨®, mir¨® los tos frente a e y mostr¨® un anhelo diciendo: ¡°Pescado asado, justo lo que quer¨ªaer ¨²ltimamente.¡± ¡°?Qu¨¦ tal si te pido tambi¨¦n un poco de pat¨¦ de higado?¡± Sergio pregunt¨® de manera muy natural. ¡°Agreguemos un postre, quiero hdo de yogur con salsa de fresa, de bebida tomar¨¦ jugo de naranja.¡± Dijo Zo¨¦ y luego me mir¨® diciendo: ¡°Cam, ?quieres tambi¨¦n un poco de jugo de naranja?¡± ¡°No, gracias, tomar¨¦ agua.¡± Respond¨ª, y puse un trozo de pat¨¦ de h¨ªgado en mil boca. Suave y delicado, con un ligero toque de crema¡­ ¡°Sergi, ?el pat¨¦ de h¨ªgado que me trajistes ¨²ltimas veces tambi¨¦n era de aqu¨ª?¡± La pregunta ta de Zo¨¦ me hizo detener i¨®n de masticar. Lo mir¨¦, y vi su expresi¨®n ligeramente inc¨®moda mientras respond¨ªa con cierta timidez: ¡°¡­Si.¡± No era de extra?ar que supiera que el pat¨¦ de h¨ªgado de all¨ª era bueno, resulta que lo hab¨ªaprado varias veces para otra, y ese d¨ªa era mi primera vez. Solo que en aquel momento, erao unapensaci¨®n por sentirse culpable. De repente, el pat¨¦ de h¨ªgado en mi boca cambi¨® de sabor e incluso me result¨® dif¨ªcil tragarlo. ¡°No es de extra?ar que al pasar por aqu¨ª, el olor del pat¨¦ de h¨ªgado me parecieral tan familiar.¡± Zo¨¦ mir¨® a Sergio con una mirada suave y c¨¢lidao una red, haci¨¦ndome sentir de repente sofocada, sin poder respirar. Luego me mir¨® y dijo: ¡°Cam, Sergi seguramente te ha tra¨ªdo aer aqu¨ª a menudo, por eso sabe que el pat¨¦ de h¨ªgado es bueno y me lo trajo.¡± Como si no fuera suficiente var un cuchillo en mi coraz¨®n, tambi¨¦n ten¨ªa que girarlo dos veces, en aquel momentoprend¨ªapletamente ese sentimiento. Tambi¨¦n mir¨¦ a Sergio y luego dije: ¡°No, es primera vez, no tengo tanta suerteo t¨², Zo¨¦. La sonrisa de Zo¨¦ se congel¨® por un momento, luego baj¨® mirada, y con voz Capitulo 13 temblorosa dijo: ¡°Miguel me dej¨®¡­ y se fue con¡­ el ni?o, ?qu¨¦ suerte puedo tener?¡± Al decir eso, sus l¨¢grimas empezaron a caer. Me qued¨¦ at¨®nita, ?c¨®mo era que lloraba con una s frase? ¡°?Cam!¡± Sergio me m¨® con firmeza, luego le pas¨® una servilleta a Zo¨¦ y le dijo: ¡°No pienses demasiado, no deber¨ªas llorar ahora, no es bueno para el beb¨¦.¡± ¡°Si Miguel estuviera aqu¨ª, no estar¨ªa cenando s.¡± Dijo Zo¨¦ tomando servilleta que Sergio le ofreci¨® y sec¨¢ndoses l¨¢grimas mientras dec¨ªa: ¡°Lo siento, estoy embarazada y mi estado de ¨¢nimo es inestable, mejor me voy¡­¡± Se levant¨® para irse, pero Sergio detuvo y le dijo: ¡°Est¨¢s pensando demasiado, y adem¨¢s, ya pedimos cena, prueba este pescado asado, es muy bueno.¡± Sergio solt¨® su mano para servirle un trozo de pescado en su to, pero entonces dije: ¡°Sergio, ?c¨®mo vas a usar tus propios cubiertos para servirle a Zo¨¦? Deber¨ªas usar los cubiertosunes.¡± Mis pbras dejaron a Sergio con el trozo de pescado en el aire, creando un ambiente tenso por un momento. Zo¨¦ mir¨® a Sergio, y con consideraci¨®n dijo: ¡°Sergi, no te preocupes por m¨ª, yo misma puedo hacerlo.¡± Sergio coloc¨® el pescado en su propio to, pero luego tom¨® el m¨ªo, sirvi¨® un trozo de pescado y cuidadosamente retir¨®s espinas antes de d¨¢rmelo. Desde que una vez me atragant¨¦ con una espina de pescado, siempre que Sergio est¨¢ presente, ¨¦l se encarga de quitarmes espinas. Sergio siempre era as¨ª, despu¨¦s de darme una bofetada me ofrec¨ªa un dulce. ¡°Cam, Sergi es muy bueno contigo.¡± Se?al¨® Zo¨¦. ¡°Si no es bueno conmigo, ?con qui¨¦n va a serlo?¡± Tom¨¦ un trozo de pescado y lo puse en mi boca, luego continu¨¦ diciendo: Si fuera igual de bueno con otras personas, eso estar¨ªa mal, ?verdad, Zo¨¦?¡± Cap¨ªtulo 14 Zo¨¦ ech¨® otro vistazo a Sergio y con una voz quejumbrosa dijo: ¡°Si, es cierto.¡± Esa mirada que transmit¨ªa mil pbras, a menos que estuviera ciega para no ver lo obvio. ¡°Zo¨¦, ?de cu¨¢ntos meses est¨¢ tu beb¨¦?¡± Cambi¨¦ el tema. Pero apenas termin¨¦ de habl¨¢r, Sergio me interrumpi¨®: ¡°Cami, si no tees ya ese pat¨¦, se va a enfriar y ya no sabr¨¢ igual¡± No era tonta, me di cuenta que intentaba evitar que le preguntara a Zo¨¦ sobre eso. Pero si ¨¦l mismo dijo que el ni?o no era suyo, ?por qu¨¦ no pod¨ªa preguntar? O hab¨ªa alg¨²n secreto inconfesable con ese ni?o, o ¨¦l estaba demasiado preocupado por esa mujer. Pero yo era su prometida. ¡°Ahora ya no tiene buen sabor de todas formas.¡± Despu¨¦s de escucharlo ofrecerle el pat¨¦ a Zo¨¦, perd¨ª el apetito porpleto. Sergio not¨® mi tono de voz molesto y me mir¨®, tambi¨¦n lo mir¨¦, y nos enfrentamos en silencio. Ya no quedaba nada de calidez y felicidad que sentimos al entrar al restaurante. En verdad, el mundo de dos personas no tiene espacio para una tercera. Justo en ese momento, tambi¨¦n llegaron el pat¨¦ y el jugo que hab¨ªa pedido Zo¨¦, el mesero coloc¨® todo y pregunt¨® cort¨¦smente: ¡°?Le corto el pat¨¦?¡± ¡°No hace falta.¡± Lo rechaz¨® Zo¨¦ y luego mir¨® a Sergio dici¨¦ndole: ¡°Sergi, c¨®rtalo t¨² por m¨ª, siempre lo has hecho justo al tama?o perfecto.¡± ¡°Zo¨¦.¡± Volv¨ª a har: ¡°El restaurante ofrece servicio de corte, mejor no molestar a Sergi, despu¨¦s de todo, a¨²n tiene que ayudarme a desespinar mi pescado, no va al poder con todo.¡± Zo¨¦ de repente mordi¨® subio y me dijo: ¡°Lo siento, Cam, no pens¨¦ bien, yo misma lo cortar¨¦.¡± ¡°?Cam!¡± Sergio me m¨® con m¨¢s fuerza y era tercera vez. ¡°Zo¨¦ no conf¨ªa enida que ha sido tocada por otros, ahora que est¨¢ embarazada tiene que tener mucho cuidado.¡± ¡°Ja.¡± Me rei de inmediato y le pregunt¨¦: ¡°?Y cu¨¢l de todos esos alimentos no ha sido tocado por otros?¡± 14120 Capitulo 14 Sergio de repente se qued¨® sin pbras. Zo¨¦ mostr¨® una expresi¨®n de angustia y disculpa: ¡°Lo siento, es mi culpa, Sergi, no te enojes con Cam, mejor me voy.¡± E dijo e intent¨® levantarse, pero Sergio nuevamente detuvo mientras dec¨ªa: ¡°No le hagas caso, est¨¢ en sus d¨ªas, su humor no es el mejor, y adem¨¢s siempre ha as¨ª.¡± Sergio realmente sab¨ªa c¨®mo har, justo cuando termin¨® de decir eso, sent¨ª una de calor. Lo mir¨¦ y le dije: ¡°Tienes raz¨®n, justo me lleg¨® menstruaci¨®n, pero no traje toas sanitarias, ?puedesprarme un paquete?¡± Sergio frunci¨® el ce?o ligeramente: ¡°Sabes que est¨¢s en esos d¨ªas, ?c¨®mo es que no llevas siempre contigo?¡± ¡°?No es que te tengo a ti, mi prometido que hasta recuerda mi ciclo?¡± Le dije sonriendo, pero mi sonrisa no llegaba a los ojos. Aunque Sergio parec¨ªa molesto, se levant¨® y dijo: ¡°Ustedesan, yo vuelvo en un momento.¡± En mesa solo quedamos Zo¨¦ y yo, pero ninguna des dosi¨®, solo permanecimos en silencio. Unos segundos despu¨¦s, Zo¨¦ rompi¨® el silencio dici¨¦ndome: ¡°Cam, realmente me detestas, ?verdad?¡± Al menos era consciente de si misma. No me hice dif¨ªcil y dije: ¡°No dir¨ªa detestarte, pero definitivamente me has hecho sentir inc¨®moda.¡± Frunc¨ª losbios, vi¨¦nd con su aspecto de v¨ªctima: ¡°Sergio es mi prometido, estamos a punto de casarnos, y t¨² siempre lo buscas, incluso en mitad de noche, ?no crees que est¨¢s cruzando l¨ªnea? ?Te gustar¨ªa estar en mi lugar?¡± Cap¨ªtulo 15 La cara de Zo¨¦ se volvi¨® visiblemente m¨¢s fea, su rostro ya de por s¨ª p¨¢lido se torn¨® a¨²n m¨¢s nco. Sosteniendo su jugo, sus manos temban mientras me dec¨ªa: ¡°Lo siento, no lo hice a prop¨®sito.¡± E parec¨ªa tan fr¨¢gil ystimable, casio si yo hubiera dicho algo que no deb¨ªa y hubiera herido. Pero no me detuve, ya que lo hab¨ªa dicho era mejor ararlo: ¡°Quiz¨¢s no lo hiciste a prop¨®sito, pero nos afect¨®, Zo¨¦. Si fue sin querer, solo ten m¨¢s cuidado en el futuro, no es necesario pedir disculpas.¡± ¡°Si Miguel estuviera aqu¨ª, nunca habr¨ªa molestado a Sergi.¡± Dijo Zo¨¦ mientrass l¨¢grimasenzaban a caer nuevamente. Dicen ques mujeres sono el agua, y e era prueba viviente. E dijo eso con mucha astucia y no ten¨ªa mucho qu¨¦ responder. ¡°Cam.¡± Zo¨¦ me mir¨® con sus ojos brindo y dijo: ¡°Busqu¨¦ a Sergi tambi¨¦n porque Miguel me lo pidi¨® antes de morir, y Sergi acept¨®.¡± No dejaba de acariciar su vaso: ¡°Si no fuera por eso, no lo habr¨ªa buscado.¡± Estaba tratando de justificarse, y tambi¨¦n de insinuar algo sobre m¨ª. Ambas ¨¦ramos adultas, ?qui¨¦n no ten¨ªa sus artima?as? ¡°Zo¨¦, Sergi prometi¨® cuidarte, pero aun as¨ª, debe haber l¨ªmites. Despu¨¦s de todo, ahora est¨¢s s, y si gente ve que ustedes dos est¨¢n juntos todo el tiempo, empezar¨¢n a har y a chismear.¡± Continue con un breve alto. ¡°Zo¨¦, puede que a Sergi no le importe lo que digan, pero a una mujero t¨² pueden juzgar, y si esos chismes llegan a oidos de los ni?os en el futuro, eso no estar¨ªa bien, ?verdad?¡± E sab¨ªa c¨®mo jugar el papel de damis en apuros, pero yo tambi¨¦n pod¨ªa hacer de santa. El rostro de Zo¨¦ se ensombreci¨® a¨²n m¨¢s y dijo: ¡°Cam, despu¨¦s de todo lo que has dicho, ?solo te molesta que Sergi me cuide? ?Eso significa que no conf¨ªas en ¨¦l o es que no tienes confienza en ti misma?¡± Su pregunta incisiva ibapletamente en contra de imagen que intentaba proyectar. La mir¨¦ y solt¨¦ una risa sarc¨¢stica. As¨ª que peque?a conejita finalmente mostraba sus dientes, ?ya no se escondia? 14-12 Antes de que pudiera decir algo m¨¢s,s l¨¢grimas de Zo¨¦enzaron a caer de nuevo diciendo: ¡°Cam, soy yo quien te debe disculpas. Si todav¨ªa est¨¢s molesta, puedes golpearme o insultarme, pero por favor, no hables mal de mi hijo.¡± ?Eh? ?Acaso hab¨ªa mencionado a su hijo? Zo¨¦ se levant¨®, sosteniendo su vientre, ramente embarazada, y se dispuso a irse. Sergio r¨¢pidamente se acerc¨® y detuvo, esa era tercera vez que intentaba retene esa noche. Sus oscuros ojos me miraban furiosos y framente me dijo: ¡°Cam, ?qu¨¦ has hecho?¡± En ese momentoprend¨ª por qu¨¦ Zo¨¦ de repente mencion¨® a su hijo, estabal usando una t¨¢ctica tan gastada que nis telenovs usan para esa fecha. ¡°?Qu¨¦ he hecho?¡± Viendo el fr¨ªo en los ojos de Sergio, sent¨ª un fr¨ªo en el coraz¨®n. ¨¦l ni siquiera pregunt¨® y me confront¨® directamente, despu¨¦s de diez a?os juntos, resulta que no pod¨ªapetir con un peque?o truco de Zo¨¦. ¡°Sergi, no peleen.¡± Zo¨¦ lo detuvo: ¡°Soy yo culpable, s¨¦ que siempre te molesto y tomo de tu tiempo, es mi error¡­¡± Eso no era asumir culpa ni mediar paz, era echar m¨¢s le?a al fuego. ¡°Sergi, lo siento, soy yo quien los ha interrumpido.¡± Zo¨¦ solt¨® mano de Sergio y corri¨® hacia fuera. ¡°?Zo¨¦!¡± Sergio m¨®, listo para segui. ¡°Sergio.¡± Lo detuve: ¡°Me ensuci¨¦ ropa.¡± Al escuchar mis pbras, ¨¦l mir¨® hacia su otra mano,o si reci¨¦n recordara que estaba en mis d¨ªas. Al siguiente segundo, dej¨® una toa sanitaria sobre mesa, luego se quit¨® el abrigo y dijo: ¡°Cami, Zo¨¦ est¨¢ embarazada, su estado emocional es muy inestable, no puede pasarle nada.¡± Despu¨¦s de decir eso, menz¨® su abrigo y se dispuso a irse. ¡°Sergio, si vas tras e, entonces terminamos aqu¨ª y ahora.¡± Mis pbras lo detuvieron en seco. Cap¨ªtulo 16 Al girar cabeza, Sergio me mir¨® con esos ojos profundos que temban de sorpresa, seguido r¨¢pidamente por una irritaci¨®n furiosa: ¡°Cam, ser caprichosa tiene su momento, Zo¨¦ e¡­¡± ¡°Soy tu prometida.¡± Lo interrumpi. Eso me hizo sentir tan insignificante. Antes, cuando ve¨ªa ese tipo de escenas en televisi¨®n, siempre pensaba que protagonista era demasiado d¨¦bil, que no val¨ªa pena gastar pbras en ese tipo de hombres. En aquel momento que era yo que est¨¢ en esa situaci¨®n, entend¨ªa amargura que se sent¨ªa. ¡°Zo¨¦ est¨¢ embarazada, ?no puede pasarle nada!¡± Sergio dijo antes de retroceder. Despu¨¦s de unos pasos, se dio vuelta y corri¨® hacia afuera. Al final, entre Zo¨¦ y yo, eligi¨® a e. Sentada all¨ª, lo vi ramente alcanzando a Zo¨¦, vi c¨®mo ¨¦l y Zo¨¦ se forcejeaban, hasta que finalmente Zo¨¦, agarrando su ropa, se derrumb¨® en sus brazos¡­ Baj¨¦ mirada, ya no pod¨ªa seguir viendo. Independientemente de lo que tuvieran entre ellos, eli¨®n que hizo aquel d¨ªa finalmente me dio una respuesta. Al final, casi no toqu¨¦ el to, pero pagu¨¦ seis mil pesos por Cap¨ªtulo 17 Su rostro se tens¨® ligeramente y me dijo: ¡°Dada situaci¨®n de anoche, solo quer¨ªa evitar que e tuviera alg¨²n problema, sabes que Miguel es el ¨²nico hijo de sus padres, y ahora el beb¨¦ en el vientre de Zo¨¦ es toda esperanza de familia Ramos, si algo llegara a pasar¡­¡± No termin¨® frase, pero yo entendia. ¡°As¨ª que de ahora en adnte, cualquier cosa rcionada con e ser¨¢ tu prioridad, ?verdad?¡± Pregunt¨¦ fr¨ªamente. Sergio guard¨® silencio por unos segundos y luego dijo: ¡°Todo mejorar¨¢ cuando nazca el ni?o.¡± Me rei.. Al girarme, el sol que acababa de salir me pic¨® los ojos. Lo mir¨¦ dici¨¦ndole: ¡°Sergio, cuando nazca el ni?o habr¨¢ nuevos problemas, puede enfermarse o tener identes, y mientras utilices a este ni?oo excusa, t¨² y Zo¨¦ siempre estar¨¢n conectados, y yo siempre ser¨¦ que dejaste atr¨¢s.¡± Sergio qued¨® silenciado por mis pbras. Tambi¨¦n dej¨¦ ros mis pensamientos: ¡°Sergio, si nos casamos, no quiero un esposo que tenga que cuidar de otra mujer cada dos d¨ªas.¡± ¡°Cam, dame algo de tiempo, resolver¨¦ esto.¡± La indecisi¨®n brill¨® en lo profundo de sus ojos. ¡°?Qu¨¦ necesitas resolver exactamente? E es esposa de otro hombre, ni siquiera necesitas cuida de esa manera, adem¨¢s¡­¡± Me detuve un momento: ¡°No eras el ¨²nico amigo de Miguel, tambi¨¦n est¨¢ Pablo y algunos m¨¢s, ?por qu¨¦ solo te preocupas t¨²?¡± El rostro de Sergio tembl¨® intensamente y dijo: ¡°Porque yo era ¨²nica persona a sudo cuando Miguel tuvo el idente.¡± Al escuchar el dolor en su voz y pensar en su culpa y remordimiento despu¨¦s de muerte de Miguel, le dije: ¡°Sergio, ?hiciste algo por lo que te sientes culpable con Miguel?¡± ¡°Cam.¡± Sergio me m¨® fr¨ªamente: ¡°?Realmente necesitas sacar este tema?¡± ¡°S¨ª, porque ya me est¨¢ afectando.¡± Apret¨¦ losbios y le dije: ¡°Sergio, si valoras tanto fraternidad que quieres cuidar 14 17 amigo, entonces terminemos, as¨ª no tendr¨¢s que estar entre Zo¨¦ y yo, y adem¨¢s¡­ tampoco est¨¢s interesado en mi, as¨ª que, ?por qu¨¦plicarte vida?¡± No fue hasta que pronunci¨¦ esas pbras que me di cuenta de cu¨¢nto me hab¨ªa dolido lo que Sergio hab¨ªa dicho ese d¨ªa. ¡°?Cam!¡± La ira de Sergio alcanz¨® su l¨ªmite, Un momento despu¨¦s, pregunt¨® fr¨ªamente: ¡°?Quieres terminar? ?Est¨¢s segura?¡± ¡°S¨ª, segura. Respond¨ª sin vacr. ¡°Bien, que no te arrepientas.¡± Dicho eso, Sergio se gir¨® ynz¨®s rosas ncas que llevaba en mano al bote de basura. Se fue, y yo mir¨¦s rosas desechadas, sintiendo un dolor insoportable en los ojos. ¡°No te arrepientas¡°, esas pbras revbah lo que pensaba en el fondo, probablemente cre¨ªa que nunca podr¨ªa dejarlo. As¨ª que, esa deb¨ªa ser raz¨®n por que se sent¨ªa con derecho astimarme una y otra vez. Aunque Sergio y yo nos hab¨ªamos peleado, todav¨ªa era su asistente y ten¨ªa que seguir trabajando, solo que en aquel momento mi trabajo inclu¨ªa una tarea adicional, transici¨®n. No present¨¦ mi renuncia de inmediato porque quer¨ªa terminar el proyecto en el que estaba trabajando, especialmente el proyecto del parque de diversiones. Fue una iniciativa que propuse y ese proyecto tambi¨¦n ten¨ªa un significado personal para m¨ª. Antes de que mis padres fallecieran, era una ni?a muy feliz, ambos me adoraban y me llevaban a parques de diversiones cada a?o. Mi padre incluso dijo que alg¨²n d¨ªa construir¨ªa un parque de diversiones para m¨ª,mentablemente, luego ¨¦l y mi madre tuvieron un idente automovil¨ªstico, y me qued¨¦ hu¨¦rfana. Hace un a?o, Sergio adquiri¨® un terreno, y cuando pregunt¨® sobre el uso del terreno, suger¨ª construir un parque de diversiones. Para mi sorpresa, estuvo de acuerdo y me dej¨® a cargo de todo. Estaba agradecida con ¨¦l por eso, me permiti¨® cumplir el deseo de mi padre. Incluso hab¨ªa pensado que, el d¨ªa de inauguraci¨®n del parque, me gustar¨ªa subirme a rueda de fortuna con Sergio y decirles a mis padres que no ten¨ªan que preocuparse por m¨ª en el cielo, que estaba bien, que alguien me amaba y me cuidaba. En aquel momento, al parecer ese deseo nunca se cumplir¨ªa. Cap¨ªtulo 18 Sin embargo, el parque de atriones estaba a punto de concluir, y yo no quer¨ªa irme en ese momento. Al mediod¨ªa, mientras organizaba mis pendientes, Mire se acerc¨® con aire de misterio: ¡°Cami, ?acaso te lleg¨® re anoche?¡± La mir¨¦ fijamente y pregunt¨¦: ¡°?Y qu¨¦ si me lleg¨®?¡± ¡°No es eso, no es eso.¡± Mire negaba con cabezao si fuera un tamborileo: ¡°Me preguntaba por qu¨¦ el presidente V¨¢squez estaba de tan mal humor hoy, debe ser que est¨¢ frustrado.¡± Me qued¨¦ sorprendida un momento, pero luego entend¨ª a qu¨¦ se refer¨ªa. Golpe¨¦ su cabeza con un bol¨ªgrafo y le dije: ¡°Estamos en horario de trabajo, conc¨¦ntrate en eso y deja de imaginar cosas.¡± Mire solt¨® una risita y me entreg¨® el informe del sitio que hab¨ªamos visitado juntas el d¨ªa anterior diciendo: ¡°No es que me lo imagine, es que todos est¨¢n asustados por c¨®mo el presidente V¨¢squez ha estado rega?¨¢ndolos hoy, nadie que entr¨® a su oficina sali¨® sonriendo.¡± Record¨¦ escena de esa ma?ana cuando Sergio, furioso, tir¨® un ramo de rosas, pregunt¨¢ndome si su mal humor de aquel d¨ªa se deb¨ªa a que no lo hab¨ªa calmadoo usualmente hago, o a ruptura que sugeri. ¡°Cami, ?no habr¨¢s discutido con el presidente V¨¢squez, verdad?¡± Mire chismeaba. Volv¨ª en m¨ª y solo dije: ¡°Conc¨¦ntrate en tu trabajo, o pr¨®xima en llorar ser¨¢s t¨².¡± Despu¨¦s de que Mire se fuera, me qued¨¦ pensando un rato para luego seguir con mis tareas y revisar el informe de Mire antes de enviarlo a Sergio. ¨¦l no respondi¨®, y yo tampoco pregunt¨¦. As tres de tarde, fui a s de descanso por agua y me encontr¨¦ de frente con Sergio. Su rostro estaba tan nudoo Mire hab¨ªa dicho, y al verme se volvi¨® a¨²n m¨¢s sombr¨ªo. Aun as¨ª, lo salud¨¦: ¡°Presidente V¨¢squez, por favor revise el informe que envi¨¦, si est¨¢ todo bien, necesito responderles a nuestros socios.¡± Pero ¨¦l no me prest¨® atenci¨®n y simplemente se alej¨®. No le di mayor importancia. Justo cuando regresaba a mi oficina, sono mi tel¨¦fono, era un n¨²mero desconocido: ¡°H, ?qui¨¦n ha?¡± ¡°Cam, soy yo.¡± La voz de Zo¨¦ sonaba al otrodo del tel¨¦fono. No sab¨ªa por qu¨¦ Zo¨¦ me buscaba, antes de que pudiera preguntar, escuch¨¦ a Zo¨¦ decir: ¡°Estoy en cafeter¨ªa debajo de tu oficina, ?podemos vernos?¡± ?Pero si acab¨¢bamos de vernos noche anterior? ¡°Estoy en horarioboral, si es algo, d¨ªmelo por tel¨¦fono.¡± La rechac¨¦. ¡°Entonces te esperar¨¦ a que salgas del trabajo.¡± Realmente hab¨ªa subestimado obstinaci¨®n de esa mujer. Pero sab¨ªa que era solo una t¨¢ctica para forzarme a ve, as¨ª que no le segu¨ª el juego y solo dije: ¡°Est¨¢ bien, entonces espera.¡± Y asi hice, segu¨ª con lo m¨ªo. Hasta que sal¨ª del trabajo, cuando todos ya se hab¨ªan ido, fui a cafeter¨ªa, pero no esperaba que Zo¨¦ realmente estuviera ah¨ª esper¨¢ndome. Me acerqu¨¦, pero no hab¨ªa dado muchos pasos cuando escuch¨¦ pasos familiares detr¨¢s de mi, y entonces vi a Sergio avanzar r¨¢pidamente hacia Zo¨¦. ¡°?Sergi!¡± Zo¨¦, al verlo, se emocion¨® y a vez parec¨ªa nerviosa. ¡°?Qu¨¦ haces aqu¨ª?¡± Sergio todav¨ªa ten¨ªa una cara de pocos amigos. Yo tambi¨¦n me acerqu¨¦, no pod¨ªa simplemente darme vuelta y marcharme: ¡°E vino a buscarme.¡± El rostro de Sergio se torn¨® a¨²n m¨¢s fr¨ªo, y Zo¨¦ se apresur¨® a explicar: ¡°Sergi, no te confundas, vine a explicarle a Cam lo de ayer, no quiero que ustedes dos tengan un malentendido por mi culpa.¡± No pude evitar sonre¨ªr para mis adentros. Zo¨¦ realmente ten¨ªa muchas intenciones ocultas, noche anterior se hab¨ªa ido a prop¨®sito para arruinar mi cita con Sergio, y al d¨ªa anterior iba a hacerse buena persona. ¡°Lo que pase entre e y yo no es asunto tuyo, si realmente no quieres que pase nada entre nosotros, deber¨ªas quedarte tranqu en casa y no salir corriendo por ah¨ª.¡± Sergio rega?¨® a Zo¨¦ sin contemciones, algo que me tom¨® por sorpresa. Cap¨ªtulo 19 El rostro de Zo¨¦ se puso p¨¢lido al instante,s l¨¢grimas en sus ojos giraban sin caer, d¨¢ndole un aire especialmentestimoso. ¡°Sergi, ?ya te cans¨¦, verdad?¡± Las l¨¢grimas de Zo¨¦ tambi¨¦n cayeron al terminar su frase. Sergio no dijo nada, envuelto en una atm¨®sfera de des¨¢nimo. ¡°Pero si Miguel estuviera bien, no te molestar¨ªa¡­¡± La voz de Zo¨¦ zumbaba, pero sus pbras llevaban un peso abrumador. ¡°Puedes molestarme a m¨ª, pero no molestes a e. La ¡®e¡® en boca de Sergio era yo. Parec¨ªa que iban a empezar a discutir, y yo no sab¨ªa si quedarme ah¨ª o irme. ¡°Ya lo s¨¦, no te molestar¨¦ m¨¢s, mucho menos interrumpir¨¦ nada entre ustedes.¡± Dijo Zo¨¦ dando vuelta y saliendo a grandes pasos. Esta vez Sergio no sigui¨®, sino que me mir¨® a m¨ª, baj¨¦ cabeza ligeramente yenc¨¦ a caminar hacia fuera. Sergio me sigui¨® de cerca, y justo cuando sal¨ªamos del caf¨¦, escuchamos el chirrido de unos frenos. Al levantar vista, vimos a Zo¨¦ siendo atropeda por un auto que sal¨ªa del estacionamiento. ¡°?Zo¨¦!¡± Sergio grit¨® y corri¨® r¨¢pidamente hacia e. Me qued¨¦ paralizada unos segundos y luego me apresur¨¦ a seguirlos. ¡°Sergi, el beb¨¦¡­¡± Zo¨¦, p¨¢lida, se agarraba el vientre con una mano y con otra sujetaba fuertemente el brazo de Sergio. ?No hab¨ªa dicho que no lo molestar¨ªa m¨¢s? En aquel momento, al verlo, parec¨ªa haber encontrado su salvaci¨®n. Realmente era una l¨¢stima que Zo¨¦ no fuera actriz. En ese momento, el conductor tambi¨¦n se apresur¨® a explicar: ¡°Presidente V¨¢squez, fue e, que corri¨® de repente hacia aqu¨ª.¡± Qu¨¦ coincidencia, el conductor era un empleado de empresa. ¡°L¨¢rgate!¡± Sergio grit¨® furioso, y luego carg¨® a Zo¨¦ y corri¨® hacia su auto. Justo en hora de salida, todos los empleados entraban y sal¨ªan, y esa escena fue presenciada por todos, incluso algunos yaenzaban a murmurar. ¡°El presidente V¨¢squez parece muy preocupado por esa mujer, ?qui¨¦n es e?¡± ¡°Eso no es lo importante, lo importante es que mujer mencion¨® un beb¨¦¡­¡± Capitulo 19 ¡°Dios, ?ser¨¢ que el presidente V¨¢squez embaraz¨® a una mujer fuera y e vino a remar?¡± ¡°Silencio, ha m¨¢s bajo, cuidado si primera dama lo escucha.¡± Justo cuando terminaron de har, yo pase por ah¨ª, ys muchachas, al verme a mi, ¡®primera dama¡®, se asustaron y r¨¢pidamente se fueron. No les hice nada, ya que era normal que gente hara a tus espaldas, y que te criticaran tambi¨¦n. Sergio era el gran jefe de empresa, era normal que todos haran de ¨¦l. Me acerqu¨¦ al empleado que hab¨ªa atropedo a Zo¨¦, todav¨ªa ten¨ªa colgado el distintivo de practicante y le pregunt¨¦: ¡°?Qu¨¦ pas¨® aqu¨ª?¡± Al verme, el practicante, p¨¢lido de miedo, explic¨® tembloroso: ¡°Se?orita G¨¢mez, fue e misma que corri¨® hacia aqu¨ª¡­¡± Hab¨ªa visto el estado emocional de Zo¨¦ hac¨ªa un momento y lo consol¨¦: ¡°No es tu culpa, hay c¨¢maras por todosdos, as¨ª que no te preocupes demasiado.¡± Todos en empresa sab¨ªan que yo era asistente de Sergio, y tambi¨¦n su prometida. Con mis pbras, el color del rostro del practicante mejor¨® un poco y me dijo: ¡°?Gracias, se?orita G¨¢mez!¡± ¡°Vuelve por ahora, cualquier cosa se tratar¨¢ probablemente ma?ana.¡± Dije y luego me fui. m¨¦ a Virginia para informarle sobre situaci¨®n de Zo¨¦, y al final le dije: ¡°Cualquier cosa sobre su estado, h¨¢zmelo saber.¡± ¡°Si ni siquiera fuiste t¨² quien atropell¨®, ?por qu¨¦ te preocupas tanto por e?¡± Virginia no entend¨ªa. Guard¨¦ silencio por dos segundos y luego le dije: ¡°El que atropell¨® es un empleado de empresa, no quiero que se vea involucrado.¡± Cap¨ªtulo 20 Virginia se dio cuenta de que no le estaba diciendo toda verdad, pero no insisti¨®, en cambio simplementeent¨®: ¡°Est¨¢ bien, cualquier novedad me avisas. ?A d¨®nde vas hoy? Si no quieres volver a casa de los V¨¢squez, puedes quedarte en mi lugar.¡± Esa noche Virginia ten¨ªa turno de noche, as¨ª que ir a su casa era lo m¨¢s conveniente. Realmente no quer¨ªa volver a a casa de los V¨¢squez, especialmente en aquel momento que Sergio y yopart¨ªamos habitaci¨®n. Pero tampoco eral correcto quedarme permanentemente en casa de mi mejor amiga, a pesar de que e no ten¨ªa novio, nadie querr¨ªa que invadieran su espacio personal todo el tiempo. ¡°De acuerdo.¡± No rechac¨¦ su oferta. Al menos hasta que encontrara un lugar donde vivir, quedarme en su casa era mejor que hospedarme en un hotel. Aunque ya ten¨ªa resuelto d¨®nde pasar noche, no fui directamente all¨¢, sino que -conduje hacia Zacatal. Ese lugar ya era considerado parte del viejo barrio, pero a¨²n viv¨ªa mucha gente all¨ª, mayor¨ªa inquilinos, atra¨ªdos por el bajo costo del alquiler. Fui all¨ª porque esa era mi casa, antes de que mis padres fallecieran, los tres viv¨ªamos all¨ª. En aquel entonces, ese lugar no era considerado un viejo barrio y ten¨ªa una econom¨ªa pr¨®spera y buena conectividad. Pero en diez a?os, hab¨ªa perdido su antiguo esplendor. La mayor¨ªa des casas en nuestroplejo residencial estaban alqudas, pero nuestra no; se hab¨ªa conservado tal cual, incluso ropa y los zapatos de mis padres segu¨ªan en su lugar, sin haber sido tocados. Siempre que los extra?aba, pod¨ªa ir a visitar, aunque esos ¨²ltimos a?os mis visitas se hab¨ªan vuelto menos frecuentes. Al final, ellos tambi¨¦nenzaron a desvanecerse de mi memoria y mi vida. Conduje media hora para llegar, saqu¨¦s ves del guantera y sub¨ª a abrir puerta. Al entrar, el olor a polvo acumdo me recibi¨®, y una capa de polvo cubr¨ªa los muebles, se?al de que nadie hab¨ªa vivido all¨ª por mucho tiempo y que electricidad estaba cortada. Por suerte, ten¨ªa el n¨²mero de cuenta de electricidad, as¨ª que pagu¨¦ factura en el momento y pronto lleg¨® luz. Cons luces encendidas, fecorri cada habitaci¨®n hasta llegar a mi dormitorio. Al ver s¨¢bana rosa sobre cama, tom¨¦ una decisi¨®n de repente. No necesitaba ir a ning¨²n otro lugar, me quedar¨ªa a vivir alli, Aunque era un viaje de media hora en auto, no estaba tan lejos; despu¨¦s de todo, me llevaba el mismo tiempo ir de casa de los V¨¢squez a oficina. Con esa idea en mente,enc¨¦ a limpiar de Capitulo 20 Inmediato y segui haci¨¦ndolo hastas diez de noche, hasta que finalmente. puse casa en orden. Sin embargo, mi telefono no son¨® en toda noche y solo. recib¨ª un mensaje de Virginia: ¡°Esa mujer y el ni?o est¨¢n bien.¡± Me alegr¨® saber que estaban bien; as¨ª el becario no ser¨ªa despedido. Esa noche, dorm¨ª en casa de mis padres y, sorprendentemente, no sent¨ª miedo en absoluto, sino todo lo contrario, dorm¨ª muy a gusto. Al d¨ªa siguiente, no fui a oficina sino al parque de diversiones. Mientras revisaba un informe el d¨ªa anterior, not¨¦ un detalle que difer¨ªa del dise?o original y quer¨ªa verificarlo en persona. Como sospechaba, hab¨ªa discrepancias con el dise?o, as¨ª que m¨¦ al encargado paral discutir c¨®mo modificarlo. Para cuando terminamos, ya erans doce del mediod¨ªa. Pensando ens cosas que necesitabaprar para casa, fui al centroercial, donde me encontr¨¦ con Zo¨¦. Parec¨ªa que realmente estaba bien, pero su p¨¢nico del d¨ªa anterior hab¨ªa sido bastante aterrador. En ese momento entendi que todo hab¨ªa sido una actuaci¨®n para Sergio, para hacerlo sentir preocupado, y hab¨ªa funcionado. Sergio negaba tener algo m¨¢s que amistad con e, pero en aquel momento, pens¨¢ndolo bien, suportamiento hacia Zo¨¦ era definitivamente anormal. Zo¨¦ estaba hando con una vendedora sobre lo que buscaba: ¡°Nada demasiado mativo, algo maduro y sobrio, preferiblemente con un toque austero.¡± ¡°?Es para tu novio?¡± La vendedora pregunto. Zo¨¦ solo sonri¨® sin responder. ?Novio? Aunque me pareci¨® extra?o, decid¨ª no acercarme y en su lugar fui a otra parte a elegir ropa de cama. Pero, parec¨ªa que era inevitable encontrarnos. Mientras vendedora me ayudaba a pagar, Zo¨¦ tambi¨¦n se acerc¨® a caja, y cuando sac¨® su tarjeta para pagar, me qued¨¦ de piedra. Era una tarjeta adicional de Sergio.. EI Centímetro 21-30 Cap¨ªtulo 21 ¡°Cam, no te confundas.¡± Cuando Zo¨¦ dijo eso, casi me da por re¨ªr. Recordando lo que hab¨ªa dicho cuando estaba escogiendos s¨¢banas, resulta que su ¡°novio¡± predeterminado era Sergio. ¡°?Esto es para Sergio?¡± Le pregunt¨¦, mirandos s¨¢banas que hab¨ªa elegido, de un color azul gris¨¢ceo, definitivamente el tipo de color que a Sergio le gustaba. Pero eso era antes, ya que en aquel momento, bajo mi influencia, sus gustos en colores se hab¨ªan vuelto mucho m¨¢s vivos. Zo¨¦ se mordi¨® elbio, dudando unos segundos antes de negar con cabeza: ¡°¡­No, no es para ¨¦l, no te confundas, es para mi hermano.¡± Ese tipo de juegos, ni siquiera me molestaba discutirlos con e, as¨ª que le pregunt¨¦ directamente: ¡°?As¨ª que Sergio va a vivir contigo?¡± ¨¦l hab¨ªa dicho que no pod¨ªa dejar que el ni?o de Zo¨¦ corrieran peligro, estar con ellos 24 horas del d¨ªa era lo m¨¢s adecuado. ¡°Cam, ?c¨®mo puedes decir algo as¨ª?¡± Zo¨¦ mostr¨® su indignaci¨®n. ¡°T¨² est¨¢sprando hasta ropa de cama para ¨¦l, ?c¨®mo no voy a decirlo?¡± Le respondi con sarcasmo. ¡°Cam, est¨¢s siendo demasiado celosa, as¨ª Sergi no te va a querer.¡± Las pbras de Zo¨¦ me hicieron re¨ªr. ¡°?De qu¨¦ te r¨ªes?¡± Me mir¨® con inocencia y alerta. Me od¨¦ el cabello que ca¨ªa por mi meji y le dije: ¡°Por mucho que a Sergio le guste, no puede resistirs tentaciones de otras.¡± ¡°Cam, no hables as¨ª de feo.¡± Zo¨¦ se enfad¨® y su rostro se ti?¨® de rojo. ¡°?Acaso no es verdad? Se?orita Zo¨¦, ayer fuiste a empresa bajo el pretexto de explicarme algo, pero en realidad quer¨ªas ver a Sergio, ?no es as¨ª?¡± Aunque dorm¨ª bien esa noche, fue en el momento de despertar al amanecer cuando todo cobr¨® sentido. Zo¨¦ hab¨ªa aparecido en empresa el d¨ªa anterior, e incluso ses arregl¨® para ser atropeda justo cuando ¨¦l sal¨ªa en su auto, permitiendo que Sergio, en p¨²blico, tomara en sus brazos con preocupaci¨®n. Todo hab¨ªa sido un n suyo. Zo¨¦ fingi¨® sorpresa, negando con cabeza: ¡°?C¨®mo puedes pensar eso de mi?¡± Capitulo 21 ¡°Entonces expl¨ªcame, ?por qu¨¦ Sergio apareci¨® ayer en cafeter¨ªa?¡± La confront¨¦. Zo¨¦ se qued¨® sin pbras y una mirada de verg¨¹enza cruz¨® sus ojos al ser descubierta. ¡°Zo¨¦, si quieres estar con Sergio, usa tu propio m¨¦rito, no trates de pisotearme para lograrlo, y¡­¡± Me detuve un momento: ¡°¨¦l y yo ya terminamos.¡± ¡°?Qu¨¦?¡± Zo¨¦ pareci¨® sorprendida. Lenc¨¦ otra dici¨¦ndole: ¡°Gracias a ti.¡± ¡°Ah, y sobre cena del otro d¨ªa, cuandoimos el foie gras, yo pagu¨¦. Si vamos a dividir, me debes un tercio, o si quieres, puedes pagar tambi¨¦n parte de Sergio.¡± Le extend¨ª mi cuenta de banco. Zo¨¦ ten¨ªa una expresi¨®n de amargura y dijo: ¡°No tengo dinero.¡± No le cre¨ª, pero me sorprendi¨® su respuesta. ¡°Cam, desde el incidente con Miguel, nadie me ha dado dinero, de lo contrario, no habr¨ªa usado tarjeta de Sergi.¡± Zo¨¦ dijo eso con cierta tristeza. Aunque no sab¨ªa si era verdad o no, insistir en que me pagara me har¨ªa parecer muy insensible. ¡°Entonces olvidalo.¡± Retir¨¦ mi mano con cuenta bancaria. Pero Zo¨¦ me detuvo y me dijo: ¡°Espera, mejor te agrego a WhatsApp y m¨¢s tarde te transfiero.¡± ¡°No es necesario.¡± ¡°No importa.¡± Zo¨¦ insisti¨®, sacando su tel¨¦fono y abriendo aplicaci¨®n para agregarme. Viendo su determinaci¨®n, pens¨¦ en algo y tambi¨¦n saqu¨¦ mi tel¨¦fono para que me agregara. Cuando e termin¨® de agregarme en los contactos, dije: ¡°Zo¨¦, si quieres agregarme a WhatsApp, ?ser¨¢ para mandarme cosas y molestarme?¡± Zo¨¦ me mir¨®, su mirada brill¨® por un momento antes de apagarse y decir: ¡°Cam, no pienses tan mal des personas.¡± ¡°Entonces espero que no hagas realidad mi ¡®mal pensamiento¡°,¡± guard¨¦ mi tel¨¦fono, me di vuelta y me alej¨¦. Cap¨ªtulo 22 Aunquepra me disgust¨® bastante por Zo¨¦, eso no afect¨® mi apetito, me¨ª un gran to de tacos de tripa antes de volver a empresa. Justo al llegar, recib¨ª una amada de Sandra, mam¨¢ de Sergio. Ya hac¨ªa dos d¨ªas que no volv¨ªa a casa, as¨ª que era normal que e me mara: ¡°Se?ora.¡± ¡°Cami, no te quedes siempre en casa de tu amiga, ven a casa hoy, hice empanadas de carne.¡± Las pbras de Sandra me hicieron sonre¨ªr. Al parecer Sergio ya hab¨ªa encontrado una excusa por mi ausencia. Ya hab¨ªa decidido mudarme de nuevo a casa de mis padres, as¨ª que naturalmente ten¨ªa que regresar a familia V¨¢squez a recoger mis cosas y no dije nada m¨¢s, solo respondi: ¡°Si, tranqu, esta noche regresar¨¦.¡± Al finalizar jornada, Mire se acerc¨® y me dijo: ¡°Cami, ?est¨¢s bien?¡± ¡°?Qu¨¦ pas¨®?¡± Pregunt¨¦ con confusi¨®n. ¡°La gente de empresa ama los chismes, no les hagas caso. Ya sabes cu¨¢nto te adora el presidente V¨¢squez, yo lo he visto con mis propios ojos.¡± Las pbras de Mire me hicieron extenderle mano. E entendi¨® y escondi¨® su tel¨¦fono detr¨¢s de e, luego dije con seriedad: ¡°D¨¢melo.¡± Bajo mi presi¨®n, Mire me lo dio y abri¨® su grupo privado de chismes. El contenido era simr al des conversaciones de los empleados del d¨ªa anterior, pero tambi¨¦n sacaron a luz algunos antecedentes entre Zo¨¦ y Sergio. Resulta que eranpa?eros de universidad, incluyendo al difunto esposo de Zo¨¦, Miguel, y dec¨ªan que desde universidad ya exist¨ªa un tri¨¢ngulo amoroso. Yo realmente no sab¨ªa nada de eso y aunque fueran chismes, no aparec¨ªan de nada. Le devolv¨ª el tel¨¦fono a Mire y me fui conduciendo, pero no regres¨¦ a casa de los V¨¢squez, sino que fui a buscar a Pablo. ¨¦l ten¨ªa un sal¨®n de entretenimientos, y cuando llegu¨¦ estaba jugando bir, al verme me invit¨®: ¡°?Cam? ?Qu¨¦ onda? ?Jugamos unas partidas?¡± Hab¨ªa ido antes con Sergio, y fue ¨¦l quien me ense?¨® a jugar bir. Me quit¨¦ el abrigo, tom¨¦ un taco y empec¨¦ a jugar con Pablo. ¡°No est¨¢ nada mal, es cierto lo que dicen, detr¨¢s de un gran maestro, hay un gran alumno. Eso fue un elogio para Sergio. ¡°Pablo, ?estudiaste en universidad con Sergio?¡± Pregunt¨¦ mientras.jugaba. 14:13 ¡°S¨ª, ?por qu¨¦ preguntas eso? No ser¨¢ que est¨¢s buscando alg¨²n chisme de sus tiempos universitarios.¡± Pablo era astuto. ¡°?Paso algo entre ¨¦l y Zo¨¦ en universidad?¡± Pregunt¨¦ directamente. Pablo dej¨® de jugar y me mir¨®, luego sonrel ligeramente dici¨¦ndole: ¡°S¨¦ que no me mentir¨¢s.¡± ¡°Nada.¡± Pablo hizo su jugada y b entro en el agujero mientras me dec¨ªa: ¡°Te lo prometo.¡± Luego¨Cme mir¨® y pregunt¨®: ¡°?Por qu¨¦ de repente preguntas eso?¡± ¡°Por curiosidad.¡± Respond¨ª con dos pbra, y tambi¨¦n empec¨¦ a jugar cons bs. ¡°Ma?ana ustedes se casan, ya que han decidido estar juntos deben confiar el uno en el otro.¡± Pablo termin¨® con una bendici¨®n: ¡°Felicitaciones por adntado por su matrimonio.¡± ¡°Gracias, pero ya hemos terminado.¡± Mis pbras hicieron que Pablo titubeara con su taco. Despu¨¦s de un momento asinti¨®: ¡°Bueno¡­ verdad es que no esperaba eso. Pero mejor separarse ahora que divorciarse m¨¢s tarde. No te desanimes, Cami.¡± ¨¦l realmente era muy directo, pensando en su advertencia ese d¨ªa le dije: ¡°Gracias, Pablo.¡± No dije m¨¢s y me fui directamente a familia V¨¢squez, al entrar vi que el auto de Sergio ya estaba estacionado dentro. Camin¨¦ hacia adentro, y justo al llegar a puerta escuch¨¦ los gritos de Ricardo: ¡°Cam es tu prometida, ?y t¨² estabas abrazando a otra mujer en empresa? Sergio, puedes ser descarado, pero debes dejarle algo de dignidad a Cam. Al parecer los chismes de empresa ya hab¨ªan llegado a familia V¨¢squez, y en aquel momento sab¨ªa por qu¨¦ me hab¨ªan pedido regresar. ¡°Sergio, si ma?ana no te casas con Cam Cap¨ªtulo 23 Mi coraz¨®n se conmov¨ªa. Aunque fui acogida en esa familia, los padres de Sergio me brindaron el mismo cuidado y amor que mis propios padres. Me tratabanpletamenteo a su propia hija, todav¨ªa recuerdo una vez que Manuel V¨¢squez, el hermano mayor de Sergio, brome¨® diciendo que desde que llegu¨¦ a familia, ¨¦l y su hermano hab¨ªan perdido favoritismo. Virginia ten¨ªa raz¨®n, podr¨ªa cortarzos con Sergio, pero no con familia V¨¢squez. Tom¨¦ una profunda respiraci¨®n y entr¨¦. Todos dirigieron su mirada hacia m¨ª, y entonces Sandra se levant¨® y se acerc¨® dici¨¦ndome: ¡°Cami, ya regresaste, te est¨¢bamos esperando para cenar.¡± ¡°Se?ores.¡± Los salud¨¦, mientras Sergio tambi¨¦n se levantaba tras recibir un empuj¨®n de Ricardo. Tom¨® mi bolsa de y pregunt¨®: ¡°?Por qu¨¦ regresaste tan tarde?¡± man ¡°Estuve jugando bir.¡± Sab¨ªa que Pablo definitivamente le contar¨ªa sobre nuestro encuentro, as¨ª que no hab¨ªa nada que ocultar. Sergio frunci¨® el ce?o y luego dijo: ¡°La pr¨®xima vez, ll¨¢mame para ir contigo.¡± No le gustaba que participara en ese tipo de actividades, especialmente sin ¨¦l, y por supuesto, tampoco quer¨ªa que tuviera contacto con su amigo a ss. Pero ¨¦l estaba siempre junto a viuda de su amigo, e incluso le hab¨ªa dado una tarjeta adicional que nunca me hab¨ªa dado a mi. No le respondi, sino que me dirig¨ª hacia el ba?o y Sergio me sigui¨® pregunt¨¢ndome ¡°?Qu¨¦ te pasa?¡± ¡°Nada, estoy bien.¡± Mevabas manos y aun as¨ª le sonre¨ª a trav¨¦s del espejo. ¡°Cam, ya te expliqu¨¦, ya basta con tus juegos. Las pbras de Sergio me hicieron bajar mirada. Frotaba mis dedos, el ¨ªndice de mi mano izquierda ten¨ªa una peque?a marca, era una herida de hac¨ªa cuatro a?os cuando Sergio, borracho, peleaba y yo intent¨¦ detenerlo. La herida san¨®, pero dej¨® una peque?a depresi¨®n. Sergio dijo que llenar¨ªa con el diamante m¨¢s grande, pero a¨²n estaba esperando ese diamante. ¡°Hoy vi a Zo¨¦, estaba usando tu tarjeta adicional paraprar. Dije, mientras el sonido del agua corr¨ªa. Sergio pareci¨® tenso y explic¨®: ¡°No te confundas, es porque su familia pol¨ªtica culp¨® por lo de Miguel y le cortaron todas sus tarjetas, e necesita vivir, por eso se di.¡± 213 Copitulo 23 Cerr¨¦ el grifo y me gir¨¦ para mirarlo dici¨¦ndole: ¡°Sergio, ?le debes algo a Zo¨¦ o a Miguel?* Pude ver c¨®mo temban los ojos de Sergio y c¨®mo se marcabans venas de su frente mientras me preguntaba: ¡°?Qu¨¦ est¨¢s insinuando?¡± ¡°Si no es as¨ª, ?por qu¨¦ tratas a Zo¨¦ de manera tan especial, o quiz¨¢s¡­¡± Pens¨¦ en los rumores que hab¨ªa escuchado y le dije: ¡°?Tuviste algo con Zo¨¦ cuando estabas en universidad?¡± ¡°?Cam!¡± Sergio me m¨® con frialdad: ¡°?Est¨¢s investig¨¢ndome?¡± Su enojo era evidente en su rostro y le sonre¨ª ligeramente diciendo: ¡°El video tuyo abraz¨¢nd en empresa ya es conocido hasta por tus padres, ?crees que eso no afecta tu imagen? Hoy en d¨ªa con lo avanzado que est¨¢ inte, ?qu¨¦ tan dif¨ªcil es encontrar informaci¨®n?¡± Mis pbras lo dejaron en silencio y mir¨¢ndolo as¨ª, dije: ¡°Parece que realmente tienes algo con Zo¨¦.¡± ¡°No, definitivamente no hubo nada en ese entonces.¡± Sergio lo neg¨®. Escuchaba sus pbras con atenci¨®n y pregunt¨¦: ¡°?Entonces est¨¢s diciendo que ahora s¨ª hay algo?¡± La desesperaci¨®n era evidente en los ojos de Sergio, me tom¨® de mano, a¨²n h¨²meda y dijo: ¡°Cam, deja de imaginar cosas, ?puedes? Te prometo que una vez ver con e.¡± que e d¨¦ a luz, no tendr¨¦ nada que Guard¨¦ silencio, y ¨¦l continu¨®: ¡°Est¨¢ bien, le conseguir¨¦ una enfermera y una ni?era, no tendr¨¦ contacto con e en privado, si necesita algo, que busque a mi secretario Erik Baz¨¢n, ?te parece?¡± , mejor no vuelvas a entrar a esta casa.¡± Ricardo V¨¢squez grit¨® de nuevo. Capitulo 24 Cap¨ªtulo 24 Segu¨ª sin har, baj¨® mirada y pregunt¨®: ¡°Cam, ?qu¨¦ quieres que haga? Dimelo, por favor.¡± Sus pbras sonaban sin fuerza, resignadas, incluso algo derrotadas. Era raro verlo asi. ¡°Sergio, ya terminamos, no tienes por qu¨¦plicarte, puedes cuidar a Zo¨¦o quieras.¡± Expres¨¦ lo que pensaba. Neg¨® con cabeza y se acerc¨® m¨¢s a ml, atrap¨¢ndome entre elvamanos y su pecho, me dijo: ¡°Ni lo pienses, ma?ana mismo vamos a registrar nuestro matrimonio.¡± Las pbras de aquel d¨ªa entre ¨¦l y Pablo resonaban en mis odos, y le dije directamente: ¡°Sergio, realmente quieres casarte conmigo? Nos conocemos demasiado, tanto que ni siquiera te interesa acostarte conmigo, ?no es asi?¡± Sergioenz¨® a explicarme: ¡°Cam, te dije que eso era una broma, esa noche lo viste, yo tengo¡­¡± Lo interrumpi, realmente no queria har de esa noche: ¡°Sergio! Esa noche es una sombra en mi vida que nunca podr¨¦ borrar, ?entiendes?¡± Sus ojos se contrajeron intensamente, y luego, confundido, pregunt¨®: ¡°?Qu¨¦ necesito hacer para que me perdones y no hablemos de separamos?¡± Ya le habia dicho, y ¨¦l segu¨ªa preguntando, pero yo ya no queria seguir hando. Lo empuj¨¦: ¡°D¨¦jame pasar, tengo hambre y quiero ir aer algo.¡± ¡°Est¨¢ bien, ya no volver¨¦ a contactar a Zo¨¦ Dijo sacando su celr, luego abri¨® WhatsApp y el directorio para bloquear a Zo¨¦: ¡°?Ahora si est¨¢ bien?¡± Al escuchar su tono irritado, sonre¨ª amargamente al decirle: ¡°Sergio, ?tienes miedo de que si le digo a tus padres sobre nuestra separaci¨®n te rega?en? Puedo no decirles por ahora ¡°Cam, no es eso, realmente quiero casarme contigo.¡± Sergio hizo una pausa: ¡°Aunque no hemos registrado nuestro matrimonio, no hemos tenido una boda, ni siquiera hemos consumado rci¨®n, pero en mi coraz¨®n, t¨² ya eres¡­ mij esposa.¡± Mi coraz¨®n tembl¨® por pbra esposa¡®. Cuando mis padres estaban vivos, pap¨¢ nunca maba a mam¨¢ ¡®mi mujer en p¨²blico, siempre presentabao su ¡®esposa. Pap¨¢ dec¨ªa que ma ¡®esposa¡® era el reconocimiento m¨¢s alto y formal, diferente de novia, mujer o se?ora, Si Sergio dec¨ªa que ya me considera su esposa, era porque realmente lo sentia. Mi coraz¨®n endurecidoenz¨® a fisurarse¡­ Sandra sac¨® el tema en mesa: ¡°Cami, ya sabemos lo que pas¨® ayer en empresa, ya le dijimos a Sergi, ¨¦l sabe que se equivoc¨®.¡± ¡°No es nada, se?ora, no me lo tom¨¦ a pecho.¡± Le dije y aunque en mi coraz¨®n los veiao a mis verdaderos padres, todav¨ªa no podia actuar frente a elloso una hija mimada. Ricardo tambi¨¦n intent¨® consrme: ¡°Cami es una chica sensata, e y Sergi se conocen desde hace a?os, conocen bien sus sentimientos mutuos.¡± ¡°Por eso, con una chica tan buenao Cami, realmente temo que alguien m¨¢s se lleve, tenemos que hacer que Sergi se apure en casarse con e.¡± Sandra, muy h?bilmente, llev¨® conversaci¨®n hacia el registro de matrimonio del dia siguiente. En ese momento, Sergio tambi¨¦n me mir¨®, ramente algo nervioso. Lo mir¨¦ dici¨¦ndole: ¡°Sergio, dnte de tus padres, confirma tus sentimientos una vez m¨¢s, realmente quieres casarte conmigo?¡± ¡°?Qu¨¦ dices, ni?a? Sergi, di algo ya!¡± Interrumpi¨® Sandra. Sergio continu¨® mir¨¢ndome, sus ojos oscuros reflejaban emociones que no podia entender, hasta que finalmente dijo: ¡°Cam, quiero que seas mi esposa, por favor no me rechaces.¡± Al terminar, todos me miraban. Esperando mi respuesta. Cap¨ªtulo 25 Bajos miradas expectantes de Ricardo y Sandra, finalmente asenti con cabeza. Pero en lo m¨¢s profundo de mi, me dej¨¦ una nota mental: si Sergio vuelve a tener el m¨¢s minimo vinculo con Zo¨¦ Minas, incluso despu¨¦s de casamos, lo dejar?. Todos en mesa respiraron aliviados ¨¤l escuchar mi respuesta, y el ambiente se volvi¨® m¨¢s ligero y c¨¢lido. Despu¨¦s de cenar, era obvio que no podia irme. Al volver a habitaci¨®n, tanto Sergioo yo nos sentimos algo inc¨®modos, m¨¢s que ¨²ltima vez. ¡°Ve a ba?arte.¡± Fue Sergio quien rompi¨® el silencio. Justo en ese momento, sono mi tel¨¦fono: Era Virginia. Mir¨¦ a Sergio y le dije: ¡°T¨² ve primero, yo contestar¨¦ estamada.¡± Sergio entr¨® al ba?o, y entonces contest¨¦. Las preguntas de Virginia llegaron directamente: ¡°Cami, ayer no regresaste a dormir a mi casa y hoy tampoco viniste, ?no me dir¨¢s que has vuelto con familia V¨¢squez?¡± Mirando hacia cama grande en medio de habitaci¨®n, solte un suspiro apenas audible. ¡°?Te has reconciliado con Sergio?¡± Virginia se mostr¨® sorprendida. Mordi¨¦ndome elbio, respondi: ¡°Ma?ana nos casamos.¡± Virginia se qued¨® en silencio un buen rato antes de preguntar: ?Lo has pensado bien?¡± Me acerqu¨¦ a ventana, mirando luna semi redonda en el cielo, le dije: ¡°Incluso luna tiene sus fases, ?qu¨¦ m¨¢s se puede esperar des personas? ¨¦l bloqueo a Zo¨¦ de su tel¨¦fono y dijo que no volver¨ªa a contacta. Quiero darle otra oportunidad.¡± Hice una pausa: ¡°La ¨²ltima.¡± Conociendo mi temperamento, Virginia sabia que no habia mucho m¨¢s que decir. Solo a?adi¨®: ¡°Cami, solo recuerda que buscas un hombre para sentirte segura y feliz.¡± ¡°Entendido.¡± Afirm¨¦ y colgu¨¦ el tel¨¦fono qued¨¢ndome pensativa, con mente y el coraz¨®n vacios. Sergio se acerc¨® por detr¨¢s y me abraz¨®. No llevaba camiseta, solo unos pantalones de dormir, y sus brazos todav¨ªa goteaban agua. Salvaje y seductor. Susbios encontraron mi cuello, mordisqueando suavemente, enviando. escalofrios por todo mi cuerpo. Sab¨ªa lo que quer¨ªa, pero detuve su mano: ¡°Mejor esperemos a ma?ana.¡± Al otro dia estariamos oficialmente casados, no hab¨ªa prisa. Sergio se qued¨® inm¨®vil por un momento, luego apret¨® su abrazo pero sin forzarme. Simplemente beso mi meji seguido de: ¡°Ve a ba?arte. Vamos a dormir temprano. Ma?ana temprano iremos a formalizarlo, intentaremos ser los primeros.¡± Sonabao si tuviera prisa. Sonret: ¡°?Hay premio por ser el primero?* Se qued¨® pensativo un momento y dijo: ¡°¡­si.¡± Decidi que era mejor dejarlo en paz y me dirigi al ba?o. Me qued¨¦ alli casi una hora, saliendo solo cuando pens¨¦ que ¨¦l ya estaria dormido. Probablemente para evitar que me sintiera inc¨®moda, Sergio realmente estaba durmiendo, su -tel¨¦fono reposaba en mesi de noche, todo estaba tranquilo. Aunque esa noche no pasara nada entre nosotros, sombra de ¨²ltima vez todav¨ªa me preocupaba, temiendo que el tel¨¦fono sonara en cualquier momento. No dormi bien esa noche, llena de sue?os inquietantes. So?¨¦ que Sergio condujo a ori de un r¨ªo, so?¨¦ que estaba bebiendo en una cueva, puerta de su auto estaba abierta y ha una serpiente que entraba y salia, al final serpiente se convertia en un mono que saltaba de undo a otro. Cuando despert¨¦, todav¨ªa no hab¨ªa amanecido, y Sergio dormia profundamente. Me gir¨¦ suavemente para mirarlo. Con su nariz recta, pesta?asrgas, y esosbios ligeramente gruesos que seg¨²n decian traian suerte y pasi¨®n. Estaba tan absorta en mi observaci¨®n que Sergio de repente abri¨® los ojos, sorprendi¨¦ndomepletamente. A pesar de nuestra cercania, mi coraz¨®nti¨® m¨¢s r¨¢pido y mis mejis se sonrojaron: ¡°¡­Buenos d¨ªas. Le dije. ¡°Buenos dias, se?ora V¨¢squez.¡± Su voz era ronca por el suel Me sonroj¨¦ a¨²n m¨¢s, me movi hacia atr¨¢s r¨¢pidamente y ba estaba en d¨¢ndom habitaci¨®n. Escogi un vestido camisero nco d¨¢ndome un aire especialmente radiante. Capitulo 25 ¡°Buenos dias, se?ora V¨¢squez. Su voz era ronca por el sue?o Me sonroj¨¦ a¨²n m¨¢s, me m¨°v¨ª hacia atr¨¢s r¨¢pidamente y baje de cama hacia el ba?o. Cuando sall, Sergio ya no estaba en habitaci¨®n. Escogi un vestido camisero nco del armario y le puse encima un abrigo amarillo ro, d¨¢ndome un aire especialmente radiante. Cap¨ªtulo 26 Mir¨¢ndome en el espejo, me esforzaba por dibujar una sonrisa en mi rostro, dici¨¦ndome a mi misma que ese dia tenia que ser feliz, que a partir de ese entonces cada dia deber¨ªa estar colmado de felicidad. Cuando baj¨¦, Ricardo y Sandra ya hab¨ªan preparado el desayuno, y hasta han cambiado los manteles y los cubiertos por aquellos festivos que solo us¨¢bamos para A?o Nuevo. ¡°Cami, cuando ustedes terminen de registrar su matrimonio, vuelvan aqu¨ª para celebrar de verdad y luego podemos. har de los detalles de boda.¡± Sandra parec¨ªa incluso m¨¢s emocionada que yo. ¡°Por supuesto!¡± Contest¨¦. Sandra me mir¨® yent¨®: ¡°Te ves muy bien hoy, aunque habr¨ªas lucido a¨²n mejor de rojo.¡± ¡°El rojo es demasiado mativo.¡± Expliqu¨¦. ¡°No te preocupes por eso, los tiempos han cambiado desde nuestra ¨¦poca, ya nadie se viste todo de rojo o morado. Cami, t¨² viste lo que te guste, no le hagas caso a lo que diga Sandra, Ricardo hasta cambi¨® su tono de voz al harme. Sonrei, sinti¨¦ndome c¨¢lida por dentro, Sandra me llev¨® a sentarme a mesa del desayuno, que, adem¨¢s de ser tan abundanteo siempre, incluia un par de huevos y una salchicha, dispuestos de una manera que me hizo sonrojar. Antes de que pudiera preguntar, Sandra se inclino hacia mi y susumo: ¡°Esto es un secreto que viene de tu abu, simboliza esperanza de tener hijos pronto. No es que prefiere a los varones, solo quiere que t¨² y Sergi tengan un beb¨¦ pronto, ya sea ni?o o ni?a.¡± Mi rostro se calent¨®, mirando los huevos y salchicha en el to, sin saber c¨®mo empezar ¡°Basta con que prueben un poco simb¨®licamente.¡± Me dijo Sandra pas¨¢ndome un huevo que ya habia pdo. Era su expectativa, no pod¨ªa rechaza. As¨ª que, sonrojada, mordi un pedazo y luego me concentr¨¦ en mi sopa de avena. Justo cuando estaba terminando, me di cuenta de que Sergio no estaba, pregunt¨¦: ¡°Sandra, ?d¨®nde est¨¢ Sergi?¡± ¡°No ha bajado,¡± Dijo Sandra, y justo entonces escuchamos pasos en escalera. Sergio estaba bajando. No s¨¦ si fue mi imaginaci¨®n, pero pude notar una seriedad inusual en su mirada. Mi coraz¨®n se hundi¨® de repente, mientras observaba acercarse. ¡°Cami, consult¨¦ con el padre Ciro Torres sobre el horario, y dijo que lo mejor ser¨ªa hacerlo as diez cincuenta y ocho del mediodia, asi que no tenemos que ir tan temprano.¡± Me dijo al llegar a mido. ¡°Est¨¢ bien,¡± respondi superficialmente, alegria que sentia desapareci¨® sin dejar rastro. Conocia al padre Ciro, seg¨²n Sandra, era el sacerdote que ofici¨® el bautizo de Sergio y tambi¨¦n era su maestro. Sandra y Ricardo r¨¢pidamente estuvieron de acuerdo: ¡°Hay que hacerle caso al padre Ciro.¡± Sergio se sent¨® a desayunar, terminando r¨¢pidamente a pesar de noer de manera desesperada, pero s¨ª m¨¢s r¨¢pido de lo habitual. Sandra le pas¨® los huevos y salchicha que yo hab¨ªa dejado, y ¨¦l losi¨® sin preguntar ¡°Cami, qu¨¦date aqui, yo tengo que preparar unas cosas.¡± Dijo de manera enigm¨¢tica. Sandra me gui?¨® el ojo, insinuando que era un regalo para mi Pensando en su promesa de una sorpresa, lo vi salir y luego sub¨ª a mi habitaci¨®n. Pero apenas me hab¨ªa quitado el abrigo, sono mi tel¨¦fono, era Erik mando: ¡°Buenos d¨ªas, se?orita G¨¢mez.¡± Parecia que Erik tambi¨¦n sabia que Sergio y yo ibamos a registrar nuestro matrimonio ese d¨ªa. Sonrei ligeramente al contestarle ¡°Buenos dias, Enk, ?qu¨¦ ocurre?¡± 1.ve ¡°Se?orita G¨¢mez, te voy a enviar una diri¨®n, ve ahora, te espero alli. El presidente V¨¢squez tiene un regalo para ti.¡± Dijo Erik, envuelto en misterio. ¡°Entendido!¡± Respondi, colgando el tel¨¦fono. La diri¨®n que Erik envi¨® era en una calle cerca de La Jo, Manej¨¦ hasta alli, donde Erik ya me esperaba. Sin decir pbra, me pas¨® un juego de ves, y entoncesprendi que el regalo de Sergio era una casa. ¨¦l me conoc¨ªa bien, 6 sabia que por m¨¢s c¨®moda que estuviera en familia V¨¢squez, deseaba tener ml propio espacio independiente. Mi coraz¨®n se llen¨® de una mez de emociones, dulces y c¨¢lidas,o si un enjambre de peque?as mariposas revoloteara dentro de mi. Con alegr¨ªa, tom¨¦s ves y abri puerta, siendo recibida por luminosa vista de habitaci¨®n. Avanc¨¦, y justo al cruzar el umbral, una figura familiar emergi¨® del dormitorio. Al ver a Zo¨¦, vestida con pijama, me qued¨¦ petrificada en el lugar. Cap¨ªtulo 27 ¡°?Zo¨¦, t¨² qu¨¦ haces aqui?¡± Erik, igual de sorprendido que yo, le pregunt¨® a Zo¨¦. Zo¨¦ se ajust¨® bata de dormir diciendo: ¡°Vivo aqui.¡± Su mirada cay¨® ens ves que yo tenia en mano y pregunt¨®: ¡°?Acaso no tocan antes de entrar a casa de alguien?¡± Erik dio un paso adnte mientras decia: ¡°No, es que¡­ esta casa fue preparada por el presidente V¨¢squez para se?orita G¨¢mez.¡± Mientras haba, Erik sac¨® su tel¨¦fono de manera torpe y marc¨® el n¨²mero de Sergio, probablemente por el nerviosismo, activ¨® el altavoz sin querer. Cuando Erick contest¨®, Sergio r¨¢pidamenteenz¨® a decir: ¡°Presidente V¨¢squez, casa en La Jo¡­¡± Sin dejar que Erik terminara, Sergio lo interrumpi¨®: ¡°Esa casa se regal¨¦ a Zo¨¦.¡± La sonrisa en cara de Zo¨¦ se ampli¨® ante mis ojos¡­ ¡°Entonces, ?y se?orita G¨¢mez¡­?¡± Erik intent¨® preguntar de nuevo, pero Sergio cort¨® diciendo: ¡°Le dar¨¦ algo diferente a Cam, y¡­ no le digan nada a Cam sobre esto.¡± Erik, entre iodidad y verg¨¹enza, me mir¨®o si el culpable no fuera Sergio, sino ¨¦l. No se atrevi¨® a decir m¨¢s, al final, consider¨® que hab¨ªa sido imprudente de su parte llevarme alli sin antes consultar a Sergio. Pero ya era tarde para cualquier cosa. No desenmascar¨¦ situaci¨®n, de lo contrario, Erik definitivamente perder¨ªa su trabajo. Ent esos tiempos de crisis econ¨®mica, muchas empresas estaban despidiendo personal, y encontrar un trabajo bien, remunerado era dificil. Adem¨¢s, Erik apenas habia empezado a salir con una chica el mes anterior, si lo despedian, probablemente ni siquiera podria seguir con esa rci¨®n. En un momento as¨ª, ni me enfad¨¦ ni me desesper¨¦, hasta yo misma me admiraba por mi paciencia. Erik colg¨® el tel¨¦fono, mir¨¢ndome con una cara de culpa: ¡°Se?orita G¨¢mez¡­¡± ¡°No es tuul Dije, haciendo una pausa: ¡°Erik, ve a sentarte un rato y toma un caf¨¦, quiero har con Zo¨¦ a ss.¡± No envi¨¦ a Erik lejos porque no quisiera que Zo? jugara de nuevo alguna escena de desmayo o dolor de est¨®mago. Solo frente a e no podr¨ªa arars cosas. Despu¨¦s de tranquilizar a Erik, ech¨¦ un vistazo a Zo¨¦. E me miraba con una mez de alerta, defensa y decisi¨®n,o prepar¨¢ndose para una gran pelea. Pero no le di el gusto. De hecho, ni siquiera me dirigi a e, sino que observ¨¦ el amplio apartamento. Por lo que vi, ten¨ªa m¨¢s de 200 metros cuadrados, decorado de manera senci pero con atenci¨®n al detalle, especialmente un sof¨¢ frente a un gran ventanal que daba al mar, con una peque?a mesa de caf¨¦ aldo, muy parecido ¨¤ un dibujo que alguna vez hice. En ese momento, los rayos del amanecer se filtraban perezosamente a trav¨¦s del cristal, realmente ralentizando el apuro en el fondo de mi coraz¨®n, Ese apartamento estaba en mejor ubicaci¨®n de todo San Jose del Cabo, con una vista inmejorable. A izquierda estaba Mega Comercial Mexicana, desde alli pod¨ªa verse el Edificio del Grupo V¨¢squez, y a derecha, el vasto mar con s y bandadas de gaviotas vndo libremente. Era casa de mis sue?os! Erik dijo que Sergio quer¨ªa regrm, parec¨ªa que si hab¨ªa puesto su coraz¨®n en eso. Solo que, ese cari?o se habia desviado. Despu¨¦s de mirar s, examin¨¦ tambi¨¦ns otras habitaciones: el dormitorio, el ba?o, cocina de estilo abierto. Todo estaba dispuesto seg¨²n aquel dibujo m¨ªo. Sin decir una pbra, solo mir¨¢ndo, hice ques dos personas en habitaci¨®n se sintieran inc¨®modas. Especialmente Zo¨¦, cual me dijo: ¡°Cam, deberias haber escuchado bien ro. Ahora esta casa es mia, por favor, sal, necesito descansar¡± Retir¨¦ mi mirada exploradora y dirigihacia e, pensando en ropa de cama que e hab¨ªa elegido noche anterior, le pregunt¨¦: Sergio durmi¨® aqu¨ª?¡± Zo¨¦ apret¨® losbios, y sonrei ligeramente dici¨¦ndole: ¡°?Quieres que haga mi pregunta m¨¢s directa? ?Ustedes dos¡­ han dormido juntos?¡± ¡°Cam, ?por qu¨¦ has asi?¡± La palidez en el rostro de Zo¨¦ se mezba con un pretendido aire de dignidad. ¡°?No lo hicieron?¡± Insisti y mi mirada cay¨® sobre su est¨®m Cap¨ªtulo 28 Con solo un par de frases, hice que el rostro de Zo¨¦ se pusiera rojo y luego p¨¢lido. En realidad, su rol en todo eso era realmentementable. Si iba a ser otra, al menos podr¨ªa haberlo hecho con cabeza en alto, especialmente porque Sergio le hab¨ªa dado casa que iba a ser para ml. Ten¨ªa todass de ganar. Pero e no lo hac¨ªa as¨ª. A pesar de hacer algo tan vergonzoso, todavia quer¨ªa parecer Inocente. Era el colmo de querer aparentar ser una santa siendo todo lo contrario. ¡°Cam, con esa actitud, Sergi nunca va a quererte.¡± Dijo Zo¨¦, tratando de har sobre eso conmigo. No pude evitar re¨ªrme. Si todav¨ªa esperaba que ¨¦l me quisiera, realmente esta loca. ¡°Mejor guardalo para ti misma.¡± Le respondi, acabando con e de nuevo, Los ojos de Zo¨¦ se llenaron de l¨¢grimas de inmediato, y supe que ha hecho lo correcto al dejar a Erik fuera de eso, de lo contrario, con e llorando asi, seria imposible explicarse. ¡°Cam, ?a qu¨¦ te refieres? ?No iban a casarse hoy?¡± Pregunto Zo¨¦, con una luz de esperanza en sus ojos. Era evidente su ambici¨®n. De pronto, decid¨ª no dejar que consiguiera lo que quer¨ªa y le dije: ¡°ro que si, vamos a hacerlo en un rato. Sergio consult¨® a un padre para elegir hora, dijo que cas¨¢ndonos sobres once, tendr¨ªamos un matrimonio duradero, hasta viejitos, y una familia numerosa. Al escuchar eso, alegria en los ojos de Zo¨¦ se desvaneci¨® porpleto. Disfrutando de su decepci¨®n, le di otro golpe: ¡°Despu¨¦s de casamos, vamos a celebrar, aseg¨²rate de traer un regalo.¡± Zo¨¦ casi pierde el equilibrio,o si fuera a caer, record¨¢ndome su acto anterior. ¡°Sergio no est¨¢ aqui para atraparte si caes.¡± Le dije. Dej¨¦ a Zo¨¦ sin pbras, simplemente mordi¨¦ndose elbio, una vista que realmente podria despertar el deseo de proteger en un hombre. Quiz¨¢s, as¨ª fueo captur¨® a Sergio, Pero ya no importaba. Desde ese d¨ªa, Sergio era solo una persona m¨¢s en mi vida. Curiosamente, enfrentarme a esa escena no me hizo sentir tan mal. El coraz¨®n de una persona no se enfria en un dia, y hay verdad en eso. Despu¨¦s de ser herida una y otra vez por Sergio, lo de ese d¨ªa no me doli¨® tanto. ¡°Vamos, Erik¡± m¨¦ a Erik para imos. *Se?orita G¨¢mez, esto podr¨ªa ser un malentendido. Voy a har con el presidente V¨¢squez para que te explique.¡± Dijo Erik al salir, casi suplicando. Probablemente sab¨ªa qu¨¦ decisi¨®n toma al encontrarme con esa situaci¨®n. ¡°Si fueras t¨², ?creerias en su explicaci¨®n?¡± Mi pregunta dej¨® a Erik sin pbras. ¡°No le digas a Sergio lo de hoy.¡± Le dije y con eso, me fui. Llegu¨¦ a empresa y todos se sorprendieron al verme: ¡°G¨¢mez, ?no es hoy tu gran dia de boda con el presidente V¨¢squez? ?Qu¨¦ haces aqu¨ª?¡± ¡°De repente record¨¦ que tenia algunas tareas pendientes importantes.¡± Mi respuesta dej¨® a todos boquiabiertos. Siempre he sido responsable y diligente en el trabajo, nunca dej¨¢ndome llevar por ser futura se?ora del jefe ¡°La se?ora del jefe nos est¨¢ presionando con el ejemplo.¡± Dijo Mire, enviando un mensaje burl¨®n con un emoji divertido. No respondi, sino que me apresur¨¦ a terminar mi trabajo. As diez, recibi una mada de Sergio: ¡°Cami, ?d¨®nde est¨¢s? ¡°En empresa.¡± Contest¨¦, Hubo una pausa antes de que Sergio respondiera: ¡°?Qu¨¦ haces ahi? Voy por ti ahora mismo.¡± ¡°No es necesario, ?nos vemos en el registro civil? Yo voy para all¨¢, esp¨¦rame.¡± Colgu¨¦ despu¨¦s de decir eso. 14:14 010 Despu¨¦s de un momento de silencio, tom¨¦ mi bolso, pero deje unos documentos en el caj¨®n. Capitulo 20 Cap¨ªtulo 29 Cuando volv¨ªa recibir una mada de Sergio, estaba en iglesia de San Lucas Evangelista escuchando misa. ¡°Cami, ya casi sons once, ?c¨®mo es que a¨²n no llegas?¡± Sergio me pregunt¨® con cierta urgencia en su voz. ¡°Ya casi llego, espera un poco m¨¢s.¡± Lodje adrede. Lo am¨¦ durante diez a?os, perdi cuenta de cu¨¢ntas veces lo esper¨¦. Ese d¨ªa, que ¨¦l me esperara por una vez,o unapensaci¨®n por los diez a?os de mi Juventud y amor. ¡°Entonces ap¨²rate, no queremos perder hora auspiciosa que dijo el maestro.¡± Sergio me apur¨® de nuevo. En ese momento, estaba sentada frente a Ciro, quien no mencion¨® nada sobre mi matrimonio. Obviamente, no sab¨ªa que ese d¨ªa iba a registrar mi matrimonio con Sergio, mucho menos calcr una hora auspiciosa. Con un suspiro muy suave calgu¨¦ el tel¨¦fono y lo apagu¨¦, luego segu¨ª escuchando a Ciro har. Sergio se convirti¨® en devoto por haber sobrevivido una enfermedad grave de ni?o, despu¨¦s de que Sandra orara por ¨¦l durante tres d¨ªas en una iglesia. Desde entonces, Sandra se volvi¨® devota y hasta hizo que Sergio se convirtiera en un discipulo cristiano bajo Ciroo su maestro. Como esorio¡± de Sergio, naturalmente, me uni a ellos, y el maestro Incluso nos at¨® un cord¨®n de destino juntos. Lamentablemente, conexi¨®n entre Sergio y yo se rompi¨®. No sali de iglesias de San Lucas hastas tres de tarde, y no encendi mi tel¨¦fono, pero conduje directamente al registro civil. Sergio ya no estaba alli. No me sorprendi¨® en lo m¨¢s minimo, aunque no sabia cu¨¢nto tiempo habia esperado por mi, definitivamente no fue tantoo yo habia esperado por ¨¦l en el pasado. Aparqu¨¦ el auto y luego encendi mi tel¨¦fono, innumerables mensajes y madas inundaron mi tel¨¦fonoo locos, mayoria de Sergio. Cincuenta y tres madas perdidas y siete mensajes. [Cami, ?ya llegaste? ?Por qu¨¦ apagaste tu tel¨¦fono?) [Cami, ya es hora, si no vienes pronto, perderemos hora auspiciosa.] [Cam, ?qu¨¦ pasa contigo?] [Cam, responde mis mensajes, devuelve mismadas.] [Cam, en veinte minutos cierra el registro civil, ya no podremos obtener el certificado.] [Cam, ?me est¨¢s jugando una broma, verdad?] [Cam, realmente lo hiciste¡­] Al leer los mensajes, podia imaginarme a Sergio pasando de urgencia a frustraci¨®n, hasta finalmente desesperarse. El ¨²ltimo mensaje fue as once y cincuenta y cinco, as¨ª que su paciencia conmigo no dur¨® ni una hora. Mirandos cincuenta y tres madas perdidas, le devolvi mada. Pero solo son¨® una vez antes de que colgara. ramente estaba enfadado, enfadado porque le nt¨¦ y porque no contest¨¦ su mada. No volv¨ª a mar, sino que le envi¨¦ un mensaje a Virginia, porque Sergio tambi¨¦n habia contactado busc¨¢ndome, y e tambi¨¦n me estaba preguntando d¨®nde estaba. No escribi un mensaje de texto, sino que le envi¨¦ un mensaje de voz: ¡°No te preocupes por mi, estoy bien, solo fui a encender una v.¡± Virginia me m¨® de inmediato por video y pregunt¨®: ¡°?Qu¨¦ pas¨®?¡± Mordi mibio y dije: ¡°Es unarga historia.¡± Virginia sugiri¨®: ¡°Entonces ha corta.¡± Sonrei ligeramente, justo cuando iba har, Sergio, quien hab¨ªa colgado mi mada, volvi¨® a mar. Decidi no contestar, ya hab¨ªa perdido toda esperanza en ¨¦l y no actuariao antes, d¨¢ndole prioridad a sus madas sin importar con qui¨¦n estuviera hando o en videomada. Virginia escuch¨® que mi tel¨¦fono sonaba, entendi¨® de inmediato: ¡°?Es Sergio?¡± ¡°SI.¡± Afirm¨¦. ¡°Contesta su mada, te ha estado buscandoo loco.¡± Medijo Virginia. Cap¨ªtulo 30 Me mof¨¦ligeramente de situaci¨®n, pero Virginia not¨® que algo andaba mal: ¡°Cam, ?no ser¨¢ que ¨¦l y esa astuta vluda tienen algo y t¨² lo descubriste?¡± C¨®mo buena amiga que era, sab¨ªa d¨®nde estaban mis l¨ªmites. ¡°Le regal¨® a Zo¨¦ una casa, una casa que originalmente era para m¨ª.¡± Expliqu¨¦ lo m¨¢s brevemente posible. Virginia guard¨® silencio un momento antes de decir: ¡°T¨¹¡­¡± No termin¨® frase, pero entendi lo que quer¨ªa decir, as¨ª que le dije: ¡°No le dar¨¦ otra oportunidad.¡± ¡°Ese desgraciado, si lo perdonas ahora, volver¨¢ a hacerlo!¡± Virginia mi visi¨®n del amor. ¡°Lo s¨¦. Contest¨¦. ¡°Bueno, tenemos que pensar bien los pr¨®ximos pasos. Por ahora, contesta su mada, escucha qu¨¦ m¨¢s tiene que decir, luego ven a verme.¡± Virginia hizo una pausa: ¡°Me camr¨¦ de turno con alguien.¡± Quise decirle que no era necesario, pero ya hab¨ªa colgado. El tel¨¦fono de Sergio segu¨ªa sonando insistentemente. Contest¨¦: ¡°H¡­¡± ¡°Cam, ?qu¨¦ diablos est¨¢s haciendo? ?Qu¨¦ significa todo esto?¡± El grito de Sergio casi rompe mis timpanos. Alej¨¦ el tel¨¦fono un poco, esperando a que se calmara antes de volver a acercarmelo para contestarle: ¡°Sergio, ayer frente a tus padres te di una ¨²ltima oportunidad, tanto para ti para mi.¡± ¡°Deja de decir tonter¨ªas, ?d¨®nde est¨¢s? ?Por qu¨¦ juegas a desaparecer?¡± Pregunt¨® furioso. Parece que ni Erik ni Zo¨¦ le habian mencionado mi visita a esa casa, asi que no mencion¨¦ nada al respecto, solo respondi a su pregunta: ¡°Fui a San Lucas, a rezar un poco con Ciro.¡± Eso lo dej¨® sin pbras. Sabia que su mentira habia sido descubierta. ¡°Cam, d¨¦jame explicarte¡­¡± Intent¨® har. Lo interrumpi: ¡°No hay nada que explicar, y ya estoy harta de tus explicaciones. Estoy cansada.¡± Hice una pausa: ¡°Sergio, deber¨ªamos terminar aqu¨ª¡± ¡°?Cam!¡± Grit¨® ¨¦l ¡°Por cierto, ya orden¨¦ todo el trabajo pendiente, envi¨¦ correos a todos los responsables, incluy¨¦ndote a ti¡­¡± No me dej¨® terminar, grit¨®: ¡°Cam, qu¨¦ pretendes hacer!¡± ¡°Me voy de vacaciones.¡± Contest¨¦ ¡°?Lo hiciste a prop¨®sito, verdad? Sergio solt¨® una risa fria. No dije nada, pero pude escuchar vagamente el sonido de Sergio ajust¨¢ndose corbata cuando haba: ¡°Est¨¢ bien, ¨²ltimamente te has vuelto muy rebelde, entonces contin¨²a as Colg¨® el tel¨¦fono. Sonrelligeramente y mir¨¦ hacia el cielo, justo cuando un p¨¢jaro vba libremente. Yo tambi¨¦n puedo ser libre, alejarme de Sergio, alejarme de familia V¨¢squez, vivir mi propia vidao Cam G¨¢mez. Aunque familia V¨¢squez me proporcion¨® todo lo necesario, me sentia un p¨¢jaro en una ja, con muchos mundos por conocer y sin alcanzar por miedo. Desde ese d¨ªa, pod¨ªa salir yvr hacia el mundo que tanto habia anhdo. Conduje a ver a Virginia, amiga que hab¨ªa dejado su turno por mi, ten¨ªa que asegurarme de que me viera, solo asi estaria tranqu E sabia cuanto amaba a Sergio, aunque habl¨¦ con ligereza, seguramente temia que tomara una decisi¨®n precipitada. ¡°Llegaste r¨¢pido, ?no me dir¨¢s que te saltaste todos los sem¨¢foros en rojo?¡± Virginia brome¨® al verme ¡°Si, pero lo vales.¡± Mis pbras dejaron a Virginia sin ha, luego me abraz¨® Cerr¨¦ los ojos y repos¨¦ mi cabeza en su hombro dici¨¦ndole: ¡°No soy tan fr¨¢gil de verdad¡­¡± 1414 Capitulo 30 Y era verdad. Mi coraz¨®n no dolia, no estaba amargado, no estaba sofocado¡­ Realmente no sent¨ªa nada, si solo hubiera perdido un contrato. Virginia se quit¨® su bata nca, tom¨® su bolso y subi¨® al auto conmigo, pero mi tel¨¦fono sono, era una mada de familia V¨¢squez. Virginia lo vio y simplemente dijo: ¡°Si no quieres contestar, no lo hagas.¡± Pens¨¦ por dos segundos: ¡°Tengo que enfrentarlo tarde o temprano.¡± Suspir¨¦ y contest¨¦ el tel¨¦fono¡­ EI Centímetro 31 -40 Cap¨ªtulo 31 Sandra al otrodo del tel¨¦fono habl¨® dulcemente: ¡°Caml, les prepar¨¦ una cena especial para ti y para Sergio, e invit¨¦ a familiares y amigos, asegurense de regresar antes des ocho de noche, ?si?¡± Las pbras de Sandra me dejaron desconcertada, no esperaba que e a¨²n no supiera que no nos hamos casado oficialmente. Sergio no le dijo nada, pensando en c¨®mo actuaron noche anterior, probablemente teria ser rega?ado. Al escuchar alegr¨ªa y expectativa en voz de Sandra, realmente me sentia mal por tener que decirle verdad, pero el hecho de que Sergio y yo no pudi¨¦ramos casarnos era ya una realidad inamovible. No podia seguir ocult¨¢ndolo, y menos en ese momento. Si e habia invitado a todos esos familiares y amigos, ser¨ªa a¨²n m¨¢s vergonzoso para e. ¡°Se?ora, La m¨¦. ya, Les si no te ?Esta ni?a todav¨ªa me ma ¡®se?ora? Deber¨ªas marme suegr doy unapensaci¨®n no cambiar¨¢s de opini¨®n?¡± Bromeo Sandra. Mi coraz¨®n, hasta ese momento indiferente, de repente se sinti¨® pesado: ¡°Lo siento, se?ora, es posible que nunca tenga el derecho de marte ¡®suegra¡°.¡± De hecho, durante esos diez a?os, hubo muchos momentos en los que realmente quise ma ¡®suegra¡®. Nunca pens¨¦ que ese deseo se quedar¨ªa sin cumplir. ¡°?Qu¨¦, qu¨¦ quieres decir?¡± Sandra pareci¨® no entenderme: ¡°Cami, ?te ioda. cambiar y marme ¡®suegra¡®? Si es as¨ª, no te preocupes, ll¨¢mame ¡®se?ora¡® si eso prefieres¡­¡± La interrumpi: ¡°No nos hemos casado. Y tampoco lo haremos en el futuro.¡± Sandra estaba at¨®nita: ¡°?Qu¨¦? ?Qu¨¦ pas¨®? ?Qu¨¦ sucedi¨®, Cami¡­?¡± ¡°Se?ora, hemos terminado.¡± Al decir eso, sent¨ª un inesperado alivio,o si hubieral liberado una enorme carga. Del otrodo, Sandra no dijo nada durante unrgo rato, y eso me asust¨®, tem¨ªa que e no pudiera manejar decepci¨®n. Durante todos esos a?os, me trat¨®o a una hija, y s¨¦ cu¨¢nto deseaba que yo fuera realmente parte de su familia. Esa ma?ana, cuando sali, e me esperaba felizmente, pensando que mar¨ªa ¡®suegra¡® a mi regreso. Tragu¨¦ el nerviosismo y inquietud en mi garganta, y con cuidado le volv¨ª a decir: ¡°Se?ora¡­¡± ¡°?Por qu¨¦? Dime, Cami.¡± La voz de Sandra era inusualmente grave. 1/22 12-23 Can 31 Pasaron por mi mente shes de confusi¨®n, hasta que finalmente dije: ¡°Se?ora, Sergio y yo simplemente no somospatibles.¡± No mencion¨¦s fas de Sergio, eso para mi no era algo de lo que deb¨ªa enorgullecerme. No me enorgullec¨ªa pelear por un hombre con otra mujer, pero realidad era que perdi ante otra, y para colmo, una viuda astuta. ¡°?C¨®mo que no sonpatibles? Han estado juntos tantos a?os, se conocen intimamente, t¨² lo quieres, ¨¦l te valora, ?c¨®mo de repente no sonpatibles?¡± Sandra murmuraba, incapaz de aceptarlo, su tono incluso sonaba triste. Escucha decir eso me hac¨ªa sentiro si un enorme peso me astara el coraz¨®n: ¡°Se?ora¡­¡± ¡°Voy a mar a Sergio, seguro que ¨¦l hizo algo parastimarte.¡± Sandra colg¨® el tel¨¦fono, y senti una punzada en nariz, porque e dijo que Sergio me hab¨ªastimado. Virginia tom¨® mi mano, y le sonre¨ª al mira. A trav¨¦s de los ojos brintes y verdes de Virginia, vi lo destrozada que era mi sonrisa. Por fuera, parec¨ªa intacta e indiferente, pero mis ojos traicionaron mi coraz¨®n. Sandra volvi¨® a mar, pero no contest¨¦, porque sab¨ªa lo que quer¨ªa decir, definitivamente quer¨ªa que volviera a familia V¨¢squez. Pero no quer¨ªa regresar, porque volver significar¨ªa escuchar a Sandra y Ricardo tratando de convencerme, consol¨¢ndome. Mi decisi¨®n estaba tomada, as¨ª que no hab¨ªa raz¨®n para escuchar esos sermones. Ser¨ªa un desperdicio de su energ¨ªa y desgastar¨ªa mis emociones. Cap¨ªtulo 32 Virginia not¨® lo que estaba pensando: ¡°?A d¨®nde vamos? Te pa?o, o¡­¡± ¡°Ven y ay¨²dame a arrer mi nidito.¡± La Interrumpl. E me mir¨® sorprendida y pregunt¨®: ¡°?Esto lo ten¨ªas neado desde antes?¡± ¡°No exactamente desde antes, fue cosa de anteayer.¡± Dije se?ndo con el dedo el asiento trasero donde a¨²n estaban los art¨ªculos de cama que no hab¨ªaprado. ¡°Ayer fui depras y me hall¨¦ con Zo¨¦.¡± Mis pbras dejaron a Virginia con una expresi¨®n de shock, sus ojos destban puro chisme. En el camino a mi casa, le cont¨¦ todo a Virginia. E asent¨ªa furiosamente: ¡°Hiciste bien en no casarte, Sergio es un verdadero donju¨¢n de nueva era.¡± ¡°Donjuan es donju¨¢n, sin importar era.¡± Dije ri¨¦ndome tambi¨¦n. Virginia me mir¨® diciendo: ¡°Cami, no tienes que fingir que est¨¢s bien dnte de mi si est¨¢s triste.¡± ¡°Realmente no estoy tan triste, de verdad.¡± Mir¨¦ hacia el camino adnte: ¡°Quiz¨¢s lo que sent¨ªa por ¨¦l era tan rutinario que ya ni me afecta.¡± As¨ª erao me sent¨ªa, pero luego me di cuenta de que ese tipo de sentimientos, tan habituales que parecen insignificantes, erano el vino a?ejo que guarda una gran potencia. As¨ª me sent¨ªa yo, y Sergio a¨²n m¨¢s. Virginia no sab¨ªa de casa de mis padres, nos conocimos despu¨¦s de que me mud¨¦ a familia V¨¢squez para estudiar. ¡°Esta casa no est¨¢ mal, solo que est¨¢ un poco lejana y vieja.¡± Virginia siempre fue directa conmigo, siempre dec¨ªa verdad tal yo era. ¡°Si, este es el lugar donde viv¨ªa con mis padres, no quiero arruinarlo.¡± Dije mientras dejaba los art¨ªculos de cama en el sof¨¢ y llevaba nueva tetera avar. Virginia dio una vuelta por su cuenta y finalmente se apoy¨® en el marco de puerta de cocina mir¨¢ndome mientras dec¨ªa: ¡°No est¨¢ mal, aunque sea un poco viejo, pero es muy acogedor. Se nota que tu familia era muy feliz aqu¨ª.¡± S¨ª, si no fuera por ese idente. Hasta ese dia parecia que todo fue una pesadi, mis padres me llevaban a escu por ma?ana y dec¨ªan que iban a cerrar un contrato. Pap¨¢ incluso dijo que si el contrato se cerraba, podr¨ªan construirme un parque de diversiones. Pero nunca regresaron. Hasta que Virginia me m¨®: ¡°Cami, Cami. ?Por qu¨¦ no has?¡± Levant¨¦ mirada hacia e: ¡°?Qu¨¦?¡± 12:26 Capitulo 32 Virginia not¨® algo raro en m¨ª: ¡°?Est¨¢s bien?¡± ¡°Estoy bien, solo extra?o a mis padres.¡± Mi garganta se cerr¨®. Un sabor amargo y una sensaci¨®n de opresi¨®n se levantaron dentro de m¨ª¡­ Aunque desde que entr¨¦ a familia V¨¢squez sab¨ªa que Sergio ser¨ªa mi novio, no fue hasta hac¨ªa tres a?os que realmente empezamos nuestra rci¨®n. Fue el aniversario de muerte de mis padres, estaba llorando en su tumba cuando ¨¦l me abraz¨®, diciendo que ¨¦l estar¨ªa ah¨ª para m¨ª, y frente a tumba de mis padres prometi¨® cuidarmeo ellos lo habr¨ªan hecho. En ese momento, ingenuamente pens¨¦ que hab¨ªa encontrado a alguien en quien pod¨ªa confiaro confiaba en mis padres. ¡°?Para qu¨¦ los extra?as? Lo importante es lo que har¨¢s de ahora en adnte.¡± Virginia, viendo mi dolor, intencionalmente cambi¨® de tema. ¡°Ya terminaste con Sergio, ?para qu¨¦ quieres seguir vi¨¦ndolo?¡± Pregunt¨® Virginia. Justo entonces, el agua herv¨ªa y prepar¨¦ dos tazas de caf¨¦ instant¨¢neo mientras le dec¨ªa. ¡°Ya envi¨¦ todo lo pendiente al encargado y tambi¨¦n redact¨¦ mi renuncia, una vez que el parque de diversiones pase inspi¨®n, renunciar¨¦.¡± ¡°Renunciar es lo correcto, eso de seguir siendo amigos despu¨¦s de romper es un cuento chino, solo alej¨¢ndote, los ojos que no ven, coraz¨®n que no siente.¡± Dijo Virginia totalmente de acuerdo conmigo. Asent¨ª, y para evitar que me entristeciera m¨¢s, cambi¨® de tema y mir¨® alrededor diciendo: ¡°Quiz¨¢s tambi¨¦n deber¨ªas actualizar algunos electrodom¨¦sticos aqu¨ª, 33 En Todos Santos. Hab¨ªa tomado un bus de dos horas para llegar all¨ª. Justo al caer noche. Aunque no tenia el bullicio de Sa Jos¨¦ del Cabo, briba con luz propia, emanando el romance de una peque?a ciudad. Casio si lo hubiera neado, Virginia me m¨®: ¡°?Ya llegaste? ?Encontraste d¨®nde quedarte?¡± No esperaba que me fuera tan de prisa. Cuando me pregunt¨® a d¨®nde iba, le di diri¨®n y hasta le mencion¨¦ el horario del bus. E se pregunt¨® si me hab¨ªa ido tan de repente para evitar a Sergio, por miedo a que ¨¦l me persiguiera. Le dije que estaba equivocada, Sergio no har¨ªa eso. Deb¨ªa estar enfadado, molesto porque le nt¨¦ y no le hice caso. Yo ten¨ªa raz¨®n, desde que me cuestion¨® por qu¨¦ no hab¨ªa ido a registrarnos, no me habia enviado ni un mensaje ni una mada. itan: Me fui all¨ª tan apresuradamente porque siempre quise hacerlo, y hab¨ªa otra raz¨®n: queria evitar el acoso, pero no de Sergio, sino de Ricardo y Sandra. Seguramente ir¨ªan. por m¨ª, intentando convencerme. Pero ya hab¨ªa tomado mi decisi¨®n, y cualquier insistencia de su parte solo resultar¨ªa en una p¨¦rdida de energ¨ªa para ellos y en agotamiento para m¨ª. As¨ª que, mejor me fui r¨¢pido, sin darles oportunidad alguna. Incluso activ¨¦ el modo avi¨®n en mi n¨²mero habitual. Virginia estaba mando a mi n¨²mero secundario, que ni siquiera Sergio conoc¨ªa. Ese n¨²mero era de mi pap¨¢, siempre hab¨ªa estado en el otro slot de mi tel¨¦fono, y durante diez a?os nunca hab¨ªa sonado, hasta entonces. ¡°A¨²n no busco, no hay prisa.¡± Respondi mientras miraba alrededor en ciudad desconocida, sinti¨¦ndome de repente m¨¢s tranqu. ¡°?C¨®mo que no hay prisa? Ya es tarde, debes buscar r¨¢pido, encuentra un buen hotel, uno seguro, revisa el armario y debajo de cama antes de dormir, cierra biens ventanas, y echa ve¡­¡± Virginia me instruy¨® una lista de cosas. Me re¨ª, sintiendo un toque de tristeza porque a¨²n ten¨ªa su cuidado: ¡°Est¨¢ bien, lo har¨¦, te lo prometo.¡± ¡°Y no te olvides deer algo, all¨ª debe haber servicio a domicilio.¡± Dijo Virginia justo cuando un repartidor pasaba por mido. ¡°?Quieres que me a alguien para que te hagapa?¨ªa?¡± Brome¨¦. Al escuchar eso, Virginia se tranquiliz¨®: ¡°Cami, no importa qu¨¦, siempre debes amarte a ti misma.¡± ¡°Si, lo s¨¦, t¨² tambi¨¦n descansa pronto, ma?ana tienes que trabajar temprano en cirugia.¡± Le record¨¦ antes de colgar. No me apresur¨¦ a buscar d¨®nde quedarme, porque no quer¨ªa quedarme en un hotel. Fui all¨ª porque ese era mi hogar, m¨¢s precisamente, el lugar donde nacieron mis padres. Mis padres no eran locales de San Jos¨¦ del Cabo, solo eran personas que fueron alli tratando de hacer fortuna. Al final, no hicieron fortuna esperada, pero dejaron sus vidas all¨ª. Yo tambi¨¦n nac¨ª en ese peque?o pueblo, pero poco despu¨¦s de nacer, mis padres me llevaron lejos de all¨ª. Aunque crec¨ª en San Jos¨¦ del Cabo, lo que m¨¢s recordaba era a mi pap¨¢ habl¨¢ndome de paz, dici¨¦ndome que cuando fuera m¨¢s grande, me llevar¨ªa all¨ª para que viera d¨®nde viv¨ªamos antes, y tambi¨¦n el orfanato donde crecieron. Mis padres eran hu¨¦rfanos, abandonados por sus padres desde peque?os porque ambos ten¨ªan discapacidades; mi pap¨¢ era sordo y mudo de nacimiento, y mi mam¨¢ ten¨ªa una enfermedad card¨ªaca cong¨¦nita. Pero luego, gracias a ayuda de unas personas generosas, ambos se sometieron a cirug¨ªas y se recuperaronpletamente. Abri galer¨ªa de mi tel¨¦fono, donde ten¨ªa diri¨®n anotada en el diario de mi pap¨¢, y par¨¦ un taxi. ¡°Se?or, ll¨¦veme a Calle Mijares.¡± Le dije al taxista. Al decirlo, not¨¦ que el conductor me ech¨® un vistazo, y ese vistazo me hizo mirarlo, sorprendida. El hombre ten¨ªa un corte de cabello muy corto, con rasgos duros y una expresi¨®n seria, sumado a su piel casi color caf¨¦. Cap¨ªtulo 34 Su aspecto era ¨¢spero y duro, hasta un poco intimidante. Los hombres con los que me habia cruzado todos esos a?os eran de piel suave y bri, vest¨ªan camisas con corbatas y trajes con abrigos. La primera Impresi¨®n que tuve de ese hombre fue quel parecia haber sido liberado recientemente de alg¨²n lugar. Instintivamente, apret¨¦ m¨¢s fuerte mi moch, recordando el aerosol de pimienta y el cuchillo para defenderme que Virginia habia insistido en meter en mi bolsa antes de partir. Pero antes de que pudiera alcanzar cualquiera de esos objetos, el hombre ya hab¨ªa arrancado el auto, sin decir pbra alguna. ?Pero qu¨¦ significaba esa mirada que menz¨® en ese momento? No lo entend¨ªa, pero mi coraz¨®n, apenas sanado al llegar a ciudad, empez¨® atir de forma ca¨®tica e irregr de nuevo. Por estar en alerta, ni siquiera pude disfrutar del paisaje de ciudad hasta que el auto se detuvo. Pagu¨¦ y baj¨¦ del auto, y no fue hasta verlo alejarse que pude respirar aliviada. Ya erans diez de noche, definitivamente no era mejor hora para llegar a ese lugar. Pens¨¦ en buscar antigua casa de mis padres, pero eso pod¨ªa esperar hasta el d¨ªa siguiente. Como ya estaba all¨ª, no ten¨ªa sentido preocuparse. El lugar frente a m¨ª estaba verdaderamente deteriorado;s paredes estaban en ruinas y el suelo estaba destrozado, lleno de baches y charcos de agua. Mi maleta con ruedas era imposible de arrastrar por esas calles, as¨ª que tuve que carga con dificultad. La diri¨®n que dej¨® mi padre era Calle Mijares, 24. Buscando entre los n¨²meros ens puertas des casas, finalmente encontr¨¦ el lugar, hasta hab¨ªa un letrero que dec¨ªa ¡°se alqu¡°. ?Qui¨¦n en su sano juicio alqur¨ªa una casa all¨ª? Me quejaba en mi mente mientras avanzaba hacia dentro y descubr¨ªa un peque?o patio con varias casas alrededor y un ¨¢rbol en el centro. Aunque estaba oscuro, sab¨ªa que era un ¨¢rbol de ginkgo, el mismo que ¨¦l hab¨ªa visto crecer. ¡°?Vienes a visitar a alguien o a alojarte?¡± Una voz anciana reson¨®. Mir¨¦ hacia fuente de voz y vi a una a voz y vi a una anciana con el cabello canoso, apoy¨¢ndose en un bast¨®n y observ¨¢ndome. ¡°Quiero alqur un cuarto.¡± Dije, se?ndo habitaci¨®n m¨¢s al este: ¡°Esa de ah¨ª.¡± Mi padre sol¨ªa decir que ese patio tenia tres quartos; el del centro era s principal, usada para recibir visitas y paras actividades cotidianas, eldo oeste era cocina, y el extremo este era el dormitorio. Cuando mis padres se fueron, vendieron propiedad y ya todo hab¨ªa sido remoddo, era imposible encontrar rastros de aquel entonces, pero quer¨ªa al menos quedarme en el dormitorio donde vivieron mis padres. ¡°Alguien ya ocupa ese cuarto, qu¨¦date en este.¡± Dijo anciana, se?ndo una habitaci¨®n contigua a que yo quer¨ªa. No dije nada, a¨²n queria quedarme en habitaci¨®n que hab¨ªa elegido. La anciana, notando ini insistencia, sugiri¨®: ¡°?Qu¨¦ ocurre si esperas a que regrese el ocupante de esa habitaci¨®n y has con ¨¦l para ver si est¨¢ dispuesto a cambiar?¡± ¡°Acepto.¡± Respond¨ª. Independientemente de si pod¨ªa quedarme en esa habitaci¨®n o no, estaba decidida a quedarme. A fin de cuentas, estaba ah¨ª tambi¨¦n por ese ¨¢rbol de ginkgo que a¨²n permanec¨ªa. Le pagu¨¦ a anciana y tom¨¦ una jarra de agua caliente que hab¨ªa preparado antes de volver a mi habitaci¨®n. Fue entonces cuando sono mi tel¨¦fono. Pens¨¦ que era Virginia pregunt¨¢ndome sobre mi alojamiento, pero me sorprend¨ª al ver el n¨²mero en panta. La persona con que no hab¨ªa tenido contacto en a?os me estaba mando, y adem¨¢s, a ese n¨²mero que nadie hab¨ªa usado en una d¨¦cada. Cap¨ªtulo 35 ¡°Chiqui.¡± La voz que habl¨® al otrodo del tel¨¦fono tenia una textura atractiva, familiar pero a vez extra?a. Una cara conocida cruz¨® por mi mente y tambi¨¦n le m¨¦: ¡°Manuel.¡± Pens¨¦ que cambiando mi n¨²mero podr¨ªa escapar de los V¨¢squez, pero nunca imagin¨¦ que el hermano mayor de Sergio supiera mi n¨²mero, mucho menos que ¨¦l se pondr¨ªa en contacto conmigo. ¡°Parece que guardaste mi n¨²mero, no me has olvidado.¡± Dijo Manuel con un tono de broma. Solo era dos a?os Mayor que Sergio, antes de irse a Espa?a, tambi¨¦n cuidaba mucho de mi, le gustaba marme chiqui. Por un momento no supe qu¨¦ responder, senti un tono de remo en sus pbras. En los primeros dos a?os despu¨¦s de que se fue, ocasionalmente todav¨ªa contactaba con ¨¦l, pregunt¨¢ndole c¨®mo le iba por all¨¢, pero luego poco a poco dejamos de har. Manuel de por s¨ª no era de tomar iniciativa, su contacto con familia ya era escaso, mucho m¨¢s conmigo. Esa mada de repente, probablemente ten¨ªa que ver con mi fallida boda con Sergio. Aunque Manuel no tuviera mucho contacto con familia, hab¨ªan ciertas cosas importantes des que a¨²n se informan mutuamente. ¡°?C¨®mo supiste mi n¨²mero?¡± Fui directa, no me gustaba adivinar. ¡°Aque vez que me pediste dinero para pagar factura del tel¨¦fono.¡± Respondi¨®. Las pbras de Manuel me hicieron suspirar, digno de un cerebrito, pag¨® factura del tel¨¦fono una vez y se acord¨® del n¨²mero, incluso despu¨¦s de diez a?os. Cuando mis padres tuvieron ese idente, el tel¨¦fono de pap¨¢ se convirti¨® en algo que me dejaron, y de repente un d¨ªa descubr¨ª que estaba desactivado, asi que quise pagar factura. Pero en ese momento no ten¨ªa dinero, y me daba verg¨¹enza ped¨ªrselo a sus padres, as¨ª que fui a pedirle dinero prestado a Manuel. Le preocupaba que gastara el dinero en otra cosa asi que me pregunt¨® para qu¨¦ era, le dije que para pagar factura del tel¨¦fono, pero no me crey¨® as¨ª que fue conmigo. Al final, ¨¦l pag¨® factura y se acord¨® del n¨²mero. Olvid¨¦ devolverle el dinero que pag¨® por factura, as¨ª que frente a esa mada, brome¨¦: ¡°?Me Mamas para cobrar deuda?¡± ¡°S¨ª, eso es.¡± ¨¦l realmente lo admiti¨®. Sab¨ªa que no era as¨ª, pero sequi su juego ¡°Fators Mi mano sosteniendo el tel¨¦fono se apreto, pero no dije nada, y Manuel tampoco dijo nada de inmediato. Despu¨¦s de un momento, su voz agradable finalmente se escucho ¡°Mis padres est¨¢n muy preocupados por ti, est¨¢n muy ansiosos porque no pueden. encontrarte, mi mam¨¢ incluso¡­ se desmay¨® de preocupaci¨®n.¡± Mi coraz¨®n se apreto, sab¨ªa que sus padres estarian preocupados y enojados, pero no pens¨¦ que fuera tan grave, el sentimiento de culpa y preocupaci¨®n me hicieron respirar con dificultad: ¡°Tu mam¨¢ est¨¢ bien?¡± ¡°Esta bien, solo fue presi¨®n arterial alta debido a ansiedad.¡± Manuel se detuvo, luego indago: ¡°Cami, ?Sergio hizo algo malo?¡± Al final no pude evitarlo, ten¨ªa que responder esa pregunta otra vez. Era de esperar que cada persona que se enterara de lo nuestro, me har¨ªa misma pregunta una y otra vez. Solo de pensarlo me daba dolor de cabeza. Me frot¨¦s sienes hinchadas antes de decirle: ¡°?No le preguntaste a ¨¦l? ?No deber¨ªas preguntarle primero a ¨¦l sobre ese tipo de cosas?¡± ¡°Le pregunt¨¦, dijo que no sabe.¡± La respuesta de Manuel me hizo querer re¨ªr. ¡°?Tambi¨¦n dijo que yo estaba haciendo un drama, que yo era problem¨¢tica?¡± Pregunt¨¦ riendo. Manuel no respondi¨®, en cambio, dijo: ¡°Te gustaba tanto, estabas tan decidida a casarte con ¨¦l, y de repente te retractas, ?hizo algo que testimara?¡± Mi coraz¨®n se llen¨® de punzadas dolorosas por sus pbras, aunque Manuel se fue a Madrid por unos a?os, ¨¦l sab¨ªa sobre mis sentimientos hacia Sergio mejor que Virginia. Despu¨¦s de todo, soliamoser juntos en misma mesa, dormir bajo el mismo techo. Los detalles de mi amor por Sergio, Manuel los hab¨ªa presenciado con sus propios ojos. Esos dulces que dejaba para Sergio,s alitas de pollo que guardaba,s sand¨ªas que ocultaba, y los diarios que escrib¨ªa en secreto¡­ Cap¨ªtulo 36 Nunca habia pensado en esas cosas, peros pbras de Manuel activaron el interruptor de los recuerdos y todoenz¨® a reproducirse en mi menteo una vieja pelic. ¡°?Que hizo? ?Puedes contarmelo? En mi silencio, Manuel me pregunt¨® con caut. Si no le dec¨ªa, ellos seguirian sospechando, Sergio pensar¨ªa que estaba haciendo un drama, y en unos d¨ªas, cuando regresara, Ricardo y Sandra tambi¨¦n me preguntarian, La mejor soluci¨®n era decirlo ya y as¨ª no tener que enfrentarlo m¨¢s tarde, as¨ª que lo solte de una: ¡°¨¦l estuvo con otra mujer.¡± Al decir eso, el silencio se apoder¨® del otrodo de linea. Sabia que probablemente no me creeria, asi que a?adi: ¡°Es esposa de su amigo, tus padres tambi¨¦n saben sobre el esc¨¢ndalo.¡± Manuel se qued¨® sin pbras, y yo sonre¨ª: ¡°T¨² tambi¨¦n lo sab¨ªas, ?verdad?¡± No hay secretos que el tiempo no revele. Sergio y yo ni siquiera recogimos nuestro certificado de matrimonio, sus padres definitivamente preguntarian e investigarian, y Manuel no dejaria de preguntarle a su padre. ¡°Sergio te ama tanto, eso no puede ser cierto. Tal vez haya alg¨²n malentendido.¡± Dijo Manuel despu¨¦s de asegurar que amo a Sergio, y ahora afirmando que Sergio me ama. No me sorprendi¨® que pensara as¨ª, despu¨¦s de todo, durante los a?os que estuvo Sergio solia marme su esposa y no permitia que ning¨²n otro hombre se me acercara. A veces, si me ve¨ªa muy cerca de Manuel, Sergio protestaba. ¡°Manuel,s personas cambian.¡± Dije justo cuando escuch¨¦ pasos firmes afuera de puerta Levant¨¦ vista, y vi una figura imponente pasar r¨¢pidamente frente a ventana. Luego escuch¨¦ voz de due?a del apartamento, Josefina, en el patio: ¡°?Jorge, has vuelto?¡± Era el inquilino con el que queria cambiar de habitaci¨®n. La pregunta de anciana confirm¨® mis pensamientos, porque e ya hab¨ªa preguntado por mi. Tambi¨¦n escuch¨¦ respuesta del hombre: ¡°No cambiar¨¦.¡± Con m insonorizaci¨®n de esa casa, mientras escuchaba los sonidos de afuera. Manuel, al otrodo del tel¨¦fono, tambi¨¦n los escuchaba. ¡°Cami, ?d¨®nde est¨¢s? Es tarde, no es seguro que est¨¦s afuera s.¡± Me dijo Manuel preocupado. Capitulo 36 Volv¨ª en mi dici¨¦ndole: ¡°Manuel, dile a Sandra y a Ricardo que estoy bien. Aprovech¨¦ mis vacaciones anuales para salir a divertirme unos d¨ªas, y¡­ aunque Sergio y yo no podamos casarnos, ellos seguir¨¢n siendo mi familia.¡± ¡°?Y qu¨¦ hay de mi?¡± Manuel me pregunt¨® sonriendo. Tambi¨¦n sonre¨ª, el reflejo de ventana captur¨® mi sonrisa: ¡°Siempre ser¨¢s mi amigo.¡± ¡°Me alegro, Cami. Entonces cuidate.¡± Me advirti¨® Manuel. ¡°Bien, cuando regreses a M¨¦xico, av¨ªsame.¡± Fue lo que dije sin pensar. Pero ¨¦l respondi¨®: ¡°Pens¨¦ que no quer¨ªas que volviera.¡± Confundida, dije: ¡°?Eh?¡± ¡°Ya es tarde, descansa.¡± Manuel concluy¨® conversaci¨®n y colg¨®. Suspir¨¦ y dej¨¦ el tel¨¦fono, justo cuando escuch¨¦ el sonido del agua corriente afuera. ¡°Jorge, ?por qu¨¦ tevas el cabello con agua fr¨ªa? Vas a resfriarte.¡± Josefina rega?¨®. Pensando en lo decisiva que fue negativa del hombre, me levant¨¦ y abr¨ª puerta de habitaci¨®n, solo para encontrar bajo luz tenue del patio a un hombre en una camiseta militar verdev¨¢ndose el cabello. El sonido del agua corriendo y sus dedos. ¨¢giles y definidos frot¨¢ndose el cabello r¨¢pidamente eran eficientes y precisos. Cuando cerr¨® ve del agua, el hombre se levant¨®. Hombros anchos, m¨²sculos definidos, cintura estrecha yrgas piernas, un cintur¨®n caf¨¦ ce?ido a su cintura, emanando un aire sexy y poderoso, con un toque de salvajismo. Estaba absorta mir¨¢ndolo cuando el hombre de repente gir¨® su cabeza. Nuestras miradas se encontraron, y su expresi¨®n sombr¨ªao noche se tens¨®. Tambi¨¦n me qued¨¦ paralizada. Era ¨¦l. El taxista que parec¨ªa haber salido de alg¨²n lugar secreto. Capitulo 37 Jorge, e es chica de que te haba, que quiere cambiar de habitaci¨®n ?Por qu¨¦ no lo discuten entre ustedes, si? Dijo Josefina, rompiendo el silencio entre el hombre y yo Me acerqu¨¦ queriendo llegar a un acuerdo: ¡°H, me mo Cam, ?podr¨ªamos cambiar nuestras habitaciones? ¡°No¡± Su negativa fue tan r¨¢pida y tajanteo el gesto de secarse el cabello que habia becho momentos antes. Mi sonrisa se forz¨® un poco y senti cierta irritaci¨®n, junto con una obstinaci¨®n creciente, indagu¨¦ ?Por qu¨¦ no?¡± El hombre me echo un vistazo, no dijo nada, se ech¨® una toa verde sobre los hombros y pas¨® por mido sin m¨¢s. Un escalofr¨ªo inexplicable me recorri¨®. Se acerc¨® Josefina consol¨¢ndome. ¡°No te enfades, se?orita. Ese muchacho se ma Jorge Olivera. No es muy bueno tratando cons chicas, har¨¦ con ¨¦l m¨¢s tarde.¡± Tambi¨¦n ten¨ªa mi temperamento, as¨ª que dije en voz alta: ¡°No importa, vivir en esa habitaci¨®n no me har¨¢ m¨¢s ni menos, que se quede con e.¡± Tras decir eso, Josefina me tom¨® del brazo: ¡°No seas tan brusca, ¨¦l ha sido militar, si lo provocas, es capaz de sacarte ynzarte fuera.¡± Me ech¨¦ a reir, burl¨¢ndome de haber pensado que el honorable soldado era un criminal, ¡°De verdad, no te estoy mintiendo¡­ justo al otrodo de calle, esa viuda, Fernanda Su¨¢rez, sol¨ªa molestarlo golpeando su puerta cada dos por tres. Termin¨® envuelta en s¨¢banas ynzada fuera por ¨¦l mismo. Todos los vecinos lo vieron.¡± Otra viuda. Al parecer yo ten¨ªa que estar siempre rcionada cons viudas. ¡°?En serio? ?La viuda intent¨® acostarse con ¨¦l? Me entr¨® curiosidad. ¡°Lo intent¨®, pero antes de conseguirlo, ya hab¨ªa arrojado fuera. Fue huminte.¡± Coment¨® Josefina. Forc¨¦ una sonrisa dici¨¦ndole: ¡°No se preocupe, no me interesan los hombres que le gustan as vidas.¡± Justo cuando termin¨¦ de decir eso, el hombre sali¨®, ya no llevaba una camiseta sin mangas, sino una camiseta negra y encima una chaqueta de cuero negra. Se veia, bueno, imponente. ¡°?Jorge, vas a salir a esta hora?¡± Pregunt¨® Josefina. El hombre respondi¨® con un sonido, casio si har le costara dinero. ¡°Entonces no vuelvas muy tarde, tengo que cerrar puerta, no queremos que entre undr¨®n¡­¡± Josefina no hab¨ªa terminado de har cuando Jorge ya hab¨ªa desaparecido. Yo tambi¨¦nenc¨¦ a caminar hacia mi habitaci¨®n, cuando escuch¨¦ a anciana decir: ¡°Jorge es un buen hombre, muy recto. La chica que se quede con ¨¦l ser¨¢ muy afortunada.¡± ?Qu¨¦ ten¨ªa eso que ver conmigo? Mi coraz¨®n, aunque no estabapletamente destrozado por el amor, se sent¨ªao una pera podrida. ¡°?Se?orita Cam!¡± Me m¨® Josefina cuando ya ten¨ªa un pie dentro de mi habitaci¨®n. Me gir¨¦: ¡°?Usted necesita algo m¨¢s?¡± ¡°Jorge nunca cierra con ve, ?qu¨¦ tal si te llevo a ver su habitaci¨®n? Si te gusta, ma?ana har¨¦ con ¨¦l.¡± Josefina realmente se tom¨® en serio mientario casual. Sonre¨ªentando: ¡°Eso no estar¨ªa bien.¡± ¡°No hay problema, no vamos a tomar nada, y ¨¦l es un hombre, no tiene mujeres escondidas, no pasa nada.¡± La anciana ya se dirig¨ªa hacia habitaci¨®n de Jorge. Me negu¨¦: ¡°No, gracias, se?ora. Ya no quiero cambiar, estoy bien donde estoy.¡± Josefina se detuvo y le sonre¨ª con gratitud y calidez: ¡°Gracias, se?orita, descansa tambi¨¦n.¡± ¡°Yo no puedo dormir.¡± Fue lo ¨²ltimo que escuch¨¦ decir a anciana mientras cerraba puerta. En realidad, yo tampoco pod¨ªa dormir, aunque ese d¨ªa hab¨ªa sido m¨¢s emocionante que los ¨²ltimos diez a?os. Por l¨®gica, deber¨ªa estar exhausta y querer dormir. Cap¨ªtulo 38 Sin embargo, me encontraba acostada sobre un colch¨®n duro, mente era un torbellino de pensamientos pero sin ning¨²n rastro de sue?o. Finalmente, tom¨¦ mi celr y abri WhatsApp, encontr¨¢ndome con mensajes de Mire y de Erik. Mire: Cami, hoy fue un dia agotador, pero ya termin¨¦ todo el trabajo que me asignaste. Ma?ana espero mis dulces de rpensa, jeh! Cami, feliz matrimonio, que sean felices para siempre. Al leer el mensaje, esboc¨¦ una sonrisa sarc¨¢stica, sin responder. Erik: G¨¢mez, no te equivoques con el presidente V¨¢squez, por nada del mundo te metas en problemas con ¨¦l, o mi culpa ser¨¢ enorme. Tampoco respond¨ª, y en su lugar, abri Instagram. Escogi una foto de mi sombra tomada en un parque de diversioneso imagen para pa?ar una publicaci¨®n: ?Felices vacaciones! Despu¨¦s de publicar, proced¨ª a eliminar toda informaci¨®n rcionada con Sergio en Instagram. Mis iones se asemejaban as de esos famosos que se divorcian o separan. Si ya no ¨ªbamos a ser pareja, ni mucho menos amantes, mejor borrar todo rastro de amor, para evitar amarguras y disgustos. Despu¨¦s de revolver entre mis cosas hastas tres de madrugada, mis ojosenzaron a arder, as¨ª que dej¨¦ el celr a undo y cerr¨¦ los ojos. En ese momento, escuch¨¦ pasos afuera, pasando por mi puerta, seguidos por el sonido de una puerta cerr¨¢ndose. Sab¨ªa que era Jorge quien hab¨ªa vuelto. Me despert¨¦ temprano, pese a que quer¨ªa seguir durmiendo, el ruido exterior lo hac¨ªa imposible. Aunque mis ojos estaban pesados y costaba abrirlos, decid¨ª no levantarme de cama. ¡°Jorge, ?podr¨ªas regresar m¨¢s temprano esta noche? Quisiera invitar a cenar a nueva inquilina. Dijo anciana, haciendo que sonriera incluso en sue?os. La se?ora era verdaderamente amable, hasta queria invitarme a cenar. Eso me hizo sentiro en casa. ¡°No podr¨¦ regresar, disfruten ustedes.¡± La voz de Jorge era tan r¨ªgidao ¨¦l mismo. Qu¨¦ aburrido. Si a alguna persona le gustaba ese tipo, seguro que disfrutaba sufriendo. Me quej¨¦ internamente del hombre, definitivamente,s dos veces que nos encontramos, me dej¨® una m impresi¨®n. No me gustaba. No mucho despu¨¦s de que Jorge se fuera, me levant¨¦, todav¨ªa en pijama, y abr¨ª puerta. La luz del sol se filtraba a trav¨¦s des hojas de los ¨¢rboles de ginkgo, Capitulo 38 esparciendo peque?as manchas doradas por el suelo. ¡°Ni?a, ya despertaste. Acabo de cocer unos camotes, ?quieres?¡± Pregunt¨® anciana, sosteniendo un to de camotes. Me encantaban esos peque?os ceres tan aut¨¦nticos, as¨ª que no dud¨¦: ¡°ro.¡± ¡°Entonces ven aer.¡± E ya estaba sentada bajo el ¨¢rbol de ginkgo. En ese momento, casi pod¨ªa ver a mis padres y a m¨ª cuando era peque?a, y mis ojos se llenaron de l¨¢grimas. ¡°Se?ora, en realidad, yo nac¨ª en este patio.¡± Le cont¨¦ mientras¨ªa el camote,partiendo historia de mis padres y m¨ªa. La anciana asinti¨® emocionada: ¡°No puede ser, ?as¨ª que eres hija de Cecilio G¨¢mez? Qu¨¦ coincidencia. ?Por qu¨¦ no lo dijiste ayer?¡± Mis ojos briban con emoci¨®n: ¡°Tem¨ªa que tuvieras alguna reserva y no me dejaras quedarme.¡± ¡°?Qu¨¦ dices, ni?a? Tu padre y tu madre y yo cerramos el trato limpiamente. No tengo por qu¨¦ expulsarte.¡± Dijo anciana mir¨¢ndome: ¡°Te pareces a tu madre, preciosa.¡± La imagen de mi madre ya se me estaba olvidando. Pero s¨ª, e era hermosa. ¡°Cami, si est¨¢s aqu¨ª s, supongo que no tienes novio. ?Qu¨¦ te parece si te arreglo una cita con Jorge?¡± La propuesta de anciana me dej¨® sin pbras. Capitulo 39 No esperaba que se?ora me propusierao pareja, mi mente se inund¨® con imagen de Jorge, con ese rostro frio y distante. Al pensar en c¨®mo rechaz¨® cambiar de habitaci¨®n conmigo, tan directo y fr¨ªo, de repente me invadi¨® un espiritu juguet¨®n y respondi con alegria: ¡°ro. Aunque dije que si, en realidad fue m¨¢s unentario al aire y no le di mayor importancia. Despu¨¦s del desayuno, tom¨¦ prestada una bicicleta de Josefina y me fui pasear por el peque?o pueblo. Cuando regrese a casa, caia el atardecer y llevaba conmigo un caballete de pintura. Me encanta pintar. Antes de que mis padres murieran, me habian inscrito en ses de danza, pintura, caligrafia e incluso me habian hecho aprender a tocar el piano. Pero todo eso se detuvo con su partida, excepto pintura, porque era algo muy simple, s¨®lo necesitas un l¨¢piz y un papel. Habia pasado el dia afuera mirando alrededor y pintando un nuevo Todos Santos. El mayor deseo de mis padres regresar alli para verlo, pero ya que ellos no pod¨ªan, decidi pintar el Todos Santos de ese momento. ¡°Cami, ?c¨®mo que apenas regresas? La se?ora me vio y se acerc¨® r¨¢pidamente, luego me gui?¨® un ojo. Estaba algo confundida: ¡°Josefina, usted¡­¡± ¡°Jorge ya volvi¨®, ya le habl¨¦.¡± Dijo se?ora se?ndo hacia habitaci¨®n de Jorge. Entonces record¨¦ conversaci¨®n de esa ma?ana sobre e queriendo emparejarnos, y no pude evitar reir dici¨¦ndole: ¡°Josefina, de verdad lo hizo, yo solo estaba jugando.¡± ¡°Ni?a, estas cosas no son para tomas a ligera. De todos modos, ya lo dije. Dijo se?ora muy seriamente. ¡°?Y qu¨¦ dijo ¨¦l?¡± Pregunt¨¦ mientras dejaba bicicletao quien no quiere cosa. ¡°Dijo que quiere har contigo personalmente.¡± Me dio un toquecito se?ora con una sonrisa picarona: ¡°Hay posibilidades.¡± Yo tambi¨¦n sonrei: ¡°Si hay posibilidades, entonces usted est¨¢ invitada a boda.¡± La anciana se lo tom¨® muy en serio: ¡°Est¨¢ dicho! Anda, ve a arrerte, voy a decirle a Jorge que se prepare tambien.¡± ¡°No hace falta, si ya nos conocemos.¡± Le dije realmente pensando que lo que conocimos fue lo m¨¢s real de cada uno. ¡°Pero esto es diferente, eso una cita oficial.¡± Coment¨® anciana haci¨¦ndome reir de verdad. A decir verdad, estuve muy feliz alli, especialmente ese d¨ªa que pude vagar libremente y pintar lo que quisiera, diciendo todo lo que me viniera en gana. Eso era libertad. Aunque se?ora insisti¨®, cuando entr¨¦ a casa ni me pein¨¦ ni mev¨¦ cara antes de caer en cama y sacar mi tel¨¦fono. En el camino, mi WhatsApp sono varias veces, no sab¨ªa qui¨¦n me hab¨ªa enviado mensajes. Podr¨ªa no responder, pero igual quer¨ªa ver. Era el avatar de Mire. En ese instante, senti un vac¨ªo. En el fondo a¨²n esperaba un mensaje de Sergio, ro que no esperaba una disculpa para volver, pero¡­ desaparec¨ª as¨ª nada m¨¢s, y ¨¦l ni siquiera pregunt¨®, haci¨¦ndome sentir un fracaso total. Aunque fuerao familia oo colega, sin amor ni cari?o, deber¨ªa preocuparse un poco, preguntar. Como Manuel, que aun estando lejos, al recibir noticias, m¨® para preguntar. Pero Sergio no hizo nada. Abr¨ª los mensajes de Mire, una docena de ellos: [Cami, ?es verdad que t¨² y el presidente V¨¢squez no se casaron? ?Qu¨¦ pas¨®?] [En empresa dicen que el presidente V¨¢squez tiene una amante, ?no ser¨¢ mujer que el presidente V¨¢squez cargaba ese d¨ªa, verdad?] [Amiga, ?d¨®nde est¨¢s?] [?Te fuiste de casa? Por favor, no hagas ninguna tonter¨ªa, hay millones de hombres en este mundo¡­] [Cam, responde alg¨²n mensaje, estoy preocupada.] Al ver todos esos mensajes y el emoji llorando al final, decid¨ª responder: estoy bien, no pienses ni adivines tonter¨ªas, trabaja duro, te veo cuando regrese. Mire respondi¨® al instante: Cami, ?qu¨¦ pasa con el presidente V¨¢squez y t¨²? Viendo ese mensaje, respond¨ª con solo una pbra: nada. Mientras Mire segu¨ªa escribiendo, se?ora ya me estaba mando desde afuera: ¡°Cami, ?ya est¨¢s lista?¡± Cap¨ªtulo 40 Al oir eso,nc¨¦ mi celr gritando: ¡°?Listo!¡± Despu¨¦s de decirlo, me quit¨¦ los zapatos y, calzando unas sandalias, abr¨ª puerta y de inmediato vi a Jorge en el patio, llenando unos cubos de agua. Varios cubos ncos estaban alineados, y pronto se llenaron. ¨¦l los levant¨®, y pude notar los m¨²sculos de sus hombros marc¨¢ndose incluso a trav¨¦s de ropa. Vaya, una ¡± Luego, le dio una palmada a Jorge mientras le dec¨ªa: ¡°Esta noche les har¨¦ caldo de pescado. Ustedes dos vayan aprar algunas carpas, que sean salvajes, y tambi¨¦n traigantro y cebollino.¡± ramente, eso era m¨¢s una excusa para que sali¨¦ramos juntos que una necesidad deprar v¨ªveres. Yo estaba usando esas grandes sandalias, realmente no era lo m¨¢s adecuado, aunque volver a entrar a cambiarme tampoco parec¨ªa correcto. ¡°Cambia tus zapatos si te iodan.¡± Dijo Jorge. En ese momento, ir a cambiarme parecer¨ªa a¨²n m¨¢s inapropiado, as¨ª que solo sonre¨ª dici¨¦ndole: ¡°Tranquilo, no hace falta.¡± Jorge no dijo m¨¢s y avanz¨® hacia afuera, mientras Josefina me hac¨ªa se?as con el ojo para que lo siguiera y gritaba: ¡°Jorge, espera a Cami!¡± Sal¨ª detr¨¢s de ¨¦l con mis sandalias. Aunque no eran lo m¨¢s adecuado, mis pies. estaban c¨®modos. No hab¨ªamos caminado mucho cuando Jorge se detuvo de repente. ¡°?He o¨ªdo que quieres salir conmigo?¡± Me pregunt¨®. Yo no supe qu¨¦ contestar. ?As¨ª que se?ora Josefina hab¨ªa dicho eso? Ese hombre definitivamente era directo. ¡°?Qu¨¦, t¨² no quieres salir conmigo?¡± Lo mir¨¦ al preguntarle, era primera vez que realmente lo observaba detenidamente. unos Ten¨ªa rasgos bien definidos y ojos profundos. Susbios ni muy finos ni muy gruesos. El hombre ten¨ªa una cara bastante atractiva, definitivamente m¨¢s que de Sergio, lo ¨²nico menos favorable era que su piel era algo oscura y su pelo no estaba 12:27 peinado. Dicen que no se debe juzgar un libro por su portada, pero ?qui¨¦n no mira cara. primero al conocer a alguien? No eso que puedas quitarle ropa para ver m¨¢s, ?verdad? ¡°Tengo treinta y uno, estuve ocho a?os en el ej¨¦rcito, ahora trabajo de¡­¡± Comenz¨® a presentarse, pero fue interrumpido antes de terminar. ¡°Jorge!¡± Le maron. Era un chico de unos diecisiete a?os, quien incluso silb¨® y me ech¨® un par de miradas. ¡°?El taxi es tuyo?¡± Pregunt¨¦ despu¨¦s de que el chico que interrumpi¨® se alejara. ¡°No, es de un amigo.¡± Su respuesta me hizo entender que trabajaba con un amigo en el taxi. ¡°?Has estado con viuda?¡± Pregunt¨¦, muy abruptamente. La mirada de Jorge se profundiz¨® al contestar: ¡°No.¡± ¡°?Y en el futuro?¡± Interrogu¨¦, sab¨ªa que hab¨ªa sombra en mi pregunta en el momento en que hice. En realidad, yo era una persona muy sensible y fr¨¢gil, solo que nadie lo ve¨ªa. ¡°No.¡± Haba con pbras cortas. Sonre¨ª ligeramente present¨¢ndome: ¡°Tengo veinticuatro, acabo de terminar una rci¨®n que casi llega al matrimonio, mis padres fallecieron, y no tengo nes de enamorarme nuevamente por el momento.¡± Dej¨¦s cosas ras. Josefina me hab¨ªa preguntado si quer¨ªa intentarlo con ¨¦l, yo solo hab¨ªa hado sin pensar. No quer¨ªa volver a enamorarme, mucho menos en una cita a ciegas con un desconocido. Jorge baj¨® mirada hacia m¨ª, sin decir una pbra. Cre¨ª que hab¨ªa entendido mi punto, as¨ª que estaba a punto de darme vuelta cuando de repente me dijo: ¡°?Entonces te casar¨ªas?¡± Sus pbras me hicieron mirarlo sorprendida. Jorge se manten¨ªa erguido, mir¨¢ndome a los ojos y dijo de nuevo: ¡°Casarnos, legalmente.¡± EI Centímetro 41-50 Cap¨ªtulo 41 Nunca en mi vida pens¨¦ que un hombre al que apenas hab¨ªa visto dos veces querr¨ªa casarse conmigo. Y el hombre con quien hapartido diez a?os de mi vida, mel hab¨ªa traicionado escondiendo a otra mujer en secreto. Despu¨¦s del breve shock, sonrei con iron¨ªa: ¡°Jorge, ?no es esto demasiado precipitado? Jorge mantuvo su expresi¨®n seria alentar: ¡°El prop¨®sito de salir es para casarse, si no quieres salir entonces cas¨¦monos.¡± Eso parec¨ªa tener sentido. Sin embargo, el que lo dec¨ªa ten¨ªa un problema. ?Era normal que gente se casase con extra?os as¨ªo as¨ª? Me pareci¨® algo sacado de una nov. Curv¨¦ mis ojos y una sonrisa sarc¨¢stica se dibuj¨® en mi rostro al decirle: ¡°?Se?or Olivera, usted es siempre tan directo con todass chicas que conoce en citas a ciegas? En ese momento, el sol poniente nos ba?aba, y sombra de Jorge me envolv¨ªa. ¡°Eres primera.¡± Asegur¨® ¨¦l. Senti un cosquilleo en garganta: ¡°Nosotros¡­ no nos conocemos bien.¡± Jorge no dijo m¨¢s, y as¨ª nos quedamos parados uno frente al otro. En esa atm¨®sfera, pod¨ªa sentir c¨®mo el calor me sub¨ªa por el cuerpo, incluso me sudaba punta de nariz. Mientras jugueteaba con pared detr¨¢s de m¨ª, pensando en qu¨¦ decir, Jorge hablo: ¡°Voy aprar pescado.¡± ¡°No me gusta eltro.¡± No s¨¦ c¨®mo esa frase se me escap¨®. Jorge asinti¨® y se march¨®. Mirando su espalda, con su altura de m¨¢s de un metro ochenta, sin encorvarse ni agacharse, su postura era imponente. Bajo luz del sol poniente, realmente me daba una gran sensaci¨®n de seguridad. De repente, una audaz idea cruz¨® por mi mente, tal vez casarme de improviso con alguien as¨ª no estar¨ªa mal. Adem¨¢s, ¨¦l era militar, una persona probada por el pa¨ªs, probablemente tambi¨¦n podr¨ªa pasar prueba de vida. Cuando volv¨ª al apartamento, Josefina no estaba, de lo contrario, seguro que me habr¨ªa atrapado para preguntarme de todo, o harme de lo maravilloso que era Jorge. Al abrir puerta de mi habitaci¨®n, mi tel¨¦fono en cama zumbaba. Era una mada de Virginia. ¡°?C¨®mo te fue en tu primer dia de vacaciones? ?Alg¨²n encuentro feliz o descubrimiento?¡± La voz de Virginia sonaba cansada. No era tarea f¨¢cil ser una eminencia en medicina, a menudo pasaba de cinco o seis horas sin descanso en el quir¨®fano. Tumbada en cama, reflexionando sobre el d¨ªa, le dije a Virginia: ¡°?Cuentan los romanceso un descubrimiento?¡± ¡°?Qu¨¦? ?Eso suena emocionante!¡± Virginia pareci¨® revitalizarse al instante. Me rei entre dientes y le cont¨¦ sobre Jorge. Virginia exm¨®: ¡°?Cami, Dios es justo!, cierra una puerta pero abre una ventana.¡± ¡°No has conocido a persona, ?c¨®mo has asi? Adem¨¢s, ahora mismo eso no me interesa.¡± Las ¨²ltimas pbras salieron con un eco de frialdad en mi pecho. ¡°Un hombre que quiere casarse contigo directamente solo puede significar una cosa, se enamor¨® de ti a primera vista.¡± Virginia habl¨®o si fuera experta. Buf¨¦: ¡°?Y si solo es por lujuria lo que siente por mi?¡± Confiaba bastante en mi apariencia, despu¨¦s de todo, fui campeona de un concurso de belleza. ¡°Has dicho que es un soldado, conf¨ªa en naci¨®n.¡± Virginia coincidia con mi pensamiento. No dije nada m¨¢s, y Virginia continu¨®: ¡°Estaba preocupada por tu viaje, pensando que estar¨ªas s y triste, pero ahora con este encuentro, creo que podr¨¢s superar r¨¢pidamentes heridas que te dej¨® Sergio.¡± Al mencionar a Sergio, mi coraz¨®n se sinti¨® pesado, con un toque de injusticia y mncol¨ªa. Eso no lo hab¨ªa sentido el d¨ªa anterior. Esa sensaci¨®n incluso me daba n¨¢useas, hasta me provocaba ganas de vomitar. Siempre que me sentia nerviosa, injusticiada o inquieta por algo, me dol¨ªa el est¨®mago. ¡°Cami, si yo fuera t¨², me casar¨ªa con ese soldado de inmediato, lo llevar¨ªa a familia V¨¢squez para darle una li¨®n a Sergio, ese maldito hombre de mierda. As¨ª tambi¨¦n te ahorras discusiones con los V¨¢squez.¡± Virginia, aunque erao un ¨¢ngel, ten¨ªa una lengua bastante filosa. Capitulo 42 Suspir¨¦ ligeramente. ¡°Buena sugerencia, lo considerar¨¦¡± Tienes que pensarlo bien.¡± Dijo Virginia y luego hizo una pausa: ¡°Cami, mejor manera de olvidar a alguien y lo vivido es empezar una nueva rci¨®n lo m¨¢s r¨¢pido posible¡± ¡°Est¨¢ bien, Virginia, ya entendi.¡± Colqu¨¦ el tel¨¦fono y me qued¨¦ tumbada en cama, pensativa. Desde afuera llegaba el sonido de los pasos de Jorge, los reconoc¨ª al instante, firmes y seguros. Poco despu¨¦s, el sonido del agua corriendo, seguido por voz de Josefina murmurando: ¡°?C¨®mo que solo vienes t¨²? ?Y Cami?¡± No escuch¨¦ respuesta de Jorge, solo lo of decir: ¡°No le pongastro al caldo de pescado.¡± Al oir eso, me rei, y mientras me re¨ªa,s l¨¢grimasenzaron a brotar. Durante esos a?os en familia V¨¢squez,¨ªatro, pero cuando vivia con mis padres nunca lo hacia Hay un dicho que dice: ¡°Estando en Roma, hazo los romanos.¡± Aunque inicialmente entr¨¦ a familia V¨¢squezprometida con Sergio, Sandra siempre dec¨ªa que yo erao su hija, pero en el fondo sab¨ªa que no era una de los V¨¢squez En muchos peque?os detalles, para no parecer delicada o pretenciosa, me forzaba a mi misma. Comoertro, aunque no me gustara. Cuando Josefina me m¨® para tomar sopa, ya me hab¨ªa quedado dormida. Incluso tuve un sue?o en el que Jorge y yo ibamos a firmar nuestra licencia de matrimonio, pero me despertaron antes de poder firmar. ¡°As¨ª que no pudiste harlo con Jorge?¡± Josefina me pregunt¨® en mesa. Pensando en el sue?o interrumpido, resopl¨¦ Est¨¢bamos a punto de casarnos, pero¡­ me despertaste y no pudimos.¡± ¡°?Qu¨¦? La anciana no entendi¨®: ¡°Ustedes dos iban a casarse, as¨ª de r¨¢pido? ?No quieren conocerse unos d¨ªas m¨¢s?¡± Yo no sabia que decir. ¡°Cami, vaya que tienes buen ojo, si dejas pasar a Jorge, te vas a arrepentir. Si yo fueral cincuenta a?os m¨¢s joven, iria tras ¨¦l.¡± Asegur¨® Josefina haci¨¦ndome reir a carcajadas. ¡°No te rias, hablo en serio. Si no te mueves r¨¢pido, esa viuda lo va a atrapar.¡± Continu¨® 1227 Capitulo 42 diciendo Josefina. En ese momento, solo e y yo est¨¢bamos en mesa, no pude evitar preguntar: Josefina, ?y Jorge?¡± ¡°Unos amigos lo maron a tomar unas copas.¡± Tom¨¦ una cucharada del caldo de pescado, saboreando su delicia, luego pregunt¨¦: ¡°?No ten¨ªa que manejar hoy? ?Y aun asi bebe?¡± ¡°¨¦l solo ayuda a amigos de vez en cuando, no es su trabajo diario.¡± Respondi¨® Josefina mir¨¢ndome, despu¨¦s indag¨®: ¡°?En serio van a casarse?¡± ¡°No, estaba hando de que so?¨¦ con casarnos.¡± Mi explicaci¨®n hizo que anciana menzara una mirada reprochante. Hasta que me fui a dormir esa noche, no vi a Jorge, pero justo cuando me acostaba, escuch¨¦ que Jorge volv¨ªa y anciana murmuraba: ¡°Aseg¨²rate de cerrar puerta, hay una joven en casa.¡¯ ¡°Ya est¨¢ cerrado, vaya a dormir.¡± La voz de Jorge, intencionalmente baja, era especialmente atractiva en oscuridad de noche. Laisura de mi boca se curv¨®, justo cuando escuch¨¦ a Josefina decir: ¡°Jorge, ap¨²rate, Cami dijo que incluso sue?a con casarse contigo.¡± Me sent¨¦ bruscamente en cama. ?Yo dije eso? Esa anciana si que sab¨ªa c¨®mo har, diciendo cualquier cosa y encima tergiversaba. En ese momento s¨ª que me daba m¨¢s verg¨¹enza volver a verlo. Mientras me quejaba internamente, escuch¨¦ a Jorge responder desde afuera: ¡°Entendido, me apurar¨¦.¡± Qued¨¦ at¨®nita. Cap¨ªtulo 43 Esa noche dormi profundamente, hasta que me despertaron los ruidos del exterior. No era Jorge hando, sino una mujer con un adento local. Por voz, ramente no era una jovencita. La voz de una jovencita es suave y cristalina, mientras que de una mujer sol¨ªa ser m¨¢s gruesa y ¨¢spera. Soy buena identificando personas por sus voces, pero nunca pude darme cuenta de que el hombre al que am¨¦ por diez a?os, en realidad no valia pena. Se dice que olvidas a alguien cuando no piensas en ¨¦l todo el tiempo, y al parecer yo a¨²n no lo hab¨ªa logrado. A¨²n me encontraba pensando en Sergio involuntariamente, aunque ya no hab¨ªa amor, sino rencor, ¨¦l todav¨ªa ocupaba mis pensamientos. No me levant¨¦, simplemente me qued¨¦ escuchando los sonidos del exterior. ¡°Se?ora, ?d¨®nde est¨¢ Jorge?¡± Pregunt¨® mujer. ¡°Se fue, sali¨® temprano.¡± Contest¨® se?ora Josefina parec¨ªa estarvando algo, con el sonido del agua corriendo. ¡°Se fue, eh, pens¨¦ que a¨²n no se levantaba.¡± La voz de mujer ten¨ªa un tono de risa. ¡°Fernanda, qu¨¦ tiene que ver contigo si Jorge se levant¨® o no, ¨¦l no est¨¢ interesado en ti, as¨ª que mejor no te ilusiones.¡± La se?ora era realmente directa. La mayor¨ªa de gente no podr¨ªa soportarlo, pero viuda de afuera parec¨ªa no tomarlo a mal, incluso se rio: ¡°Se?ora, ?qu¨¦ sabe usted? A los hombres les gusta cuando se les juega dif¨ªcil.¡± Me rei para mis adentros, esa mujer si que ten¨ªa confianza en si misma. ¡°S¨ª, solo s¨¦ que te sac¨® de su casao si fueras un trapo viejo.¡± Le dijo se?ora sin pelos en lengua. ¡°No sabes nada, vieja.¡± Fernanda pareci¨® molestarse. ¡°Yo s¨¦ lo que es tener verg¨¹enza, y s¨¦ que a gente le deber¨ªa importar su dignidad.¡± La respuesta de se?ora me hizo asentir en silencio. ¡°Se?ora, somos vecinas, siempre he cuidado de usted. Si no quiere ayudarme, est¨¢ bien, pero no tiene por qu¨¦ tratarme as¨ª.¡± Fernanda intent¨® jugar carta de moral. Josefina no le sigui¨® el juego: ¡°Si, me has ayudado, pero tus intenciones son otras, solo lo haces para tener excusa de ver a Jorge m¨¢s a menudo.¡± Me rei bajos cobijas; se?ora realmente sab¨ªa c¨®mo har, dejaba sin pbras a cualquiera. 12 Capitulo 43. ¡°Bueno, ya basta de har de eso, escuch¨¦ que has acogido a una jovencita hermosa.¡± Le dijo Fernanda, de alguna manera se hab¨ªa enterado de m¨ª. ¡°S¨ª, con piel suaveo seda, tan radiante que parece que se le pudiera sacar agua, y sobre todo, una jovencita decente y pura, hasta yo encuentro encantadora.¡± La se?ora me elogi¨® de tal manera que hasta yo misma tuve que tocarme cara. De hecho, suave y radiante. ¡°?Ah si? Me gustar¨ªa ve, ?d¨®nde est¨¢?¡± Cuando Fernanda dijo eso, tambi¨¦n me levant¨¦. Al parecer hab¨ªa ido especialmente por mi, probablemente temiendo que le quitara a Jorge. Mis pies, adornados con esmalte de u?as bonito, se deslizaron dentro de mis pantus, y mi pijama de seda de color crema resaltaba a¨²n m¨¢s mi figura. Las delgadas tiras sobre mis hombros parec¨ªan tan fr¨¢giles que podr¨ªan romperse con solo tocas. pa?ado de mi cabello rizado, voluminoso y desordenado por haberme reci¨¦n levantado, definitivamente luc¨ªa seductora y delicadamente encantadora. Abr¨ª puerta, bostec¨¦ y sali diciendo: ¡°Se?ora, realmente necesitan mejorar el aimiento ac¨²stico aqu¨ª, todos los d¨ªas me despierto con ruido.¡± Mientras haba, Fernanda ya me estaba mirando, su mirada pas¨® de sorpresa a admiraci¨®n, luego a envidia y celos. La se?ora me ech¨® un vistazo respondiendo: ¡°No hay de otra, as¨ª es este lugar. De ahora en adnte cerrar¨¦ puerta para que no entren a molestarte.¡± Me re¨ª por dentro: ¡°Gracias, se?ora.¡± OEFE Dicho eso, fui a buscar mi cepillo de dientes y pasta dental que hab¨ªa dejado en el mostrador. Entonces not¨¦, aldo del mio, un portacepillos de color verde militar, indudablemente pertenec¨ªa a Jorge. El m¨ªo era de color rosa, el suyo verde, el suyo era m¨¢s grande, el m¨ªo m¨¢s peque?o, pero juntos, realmente lucian bien. Cap¨ªtulo 44 Me servi agua en el vaso para cepirme los dientes, sin mirar a Fernanda ni un segundo, pero e no me quit¨® los ojos de encima, observ¨¢ndome de arriba abajo y luego de nuevo de abajo arriba. ¡°Cami, te presento a Fernanda. Dijo Josefina sorprendi¨¦ndome con presentaci¨®n. Con boca llena de pasta de dientes, asenti hacia Fernanda. E ten¨ªa una cara redonda, aunque no estaba gorda, vestida con un vestido estampado y maquida cuidadosamente, se notaba que se hab¨ªa esmerado en su arreglo. ¡°Fernanda, esta es Cami que quer¨ªas conocer. No te menti, mira qu¨¦ joven y frescal es.¡± Coment¨® anciana mientrasvaba ropa a mano. Cuando Fernanda y yo cruzamos miradas, vi un destello de inferioridad en sus ojos, pero se neg¨® a admitirlo dici¨¦ndole: ¡°ro, es m¨¢s joven, obviamente se ver¨¢ fresca. Yo a su edad tampoco estaba mal.¡± La se?ora Josefina hizo una mueca y Fernanda lenz¨® una mirada de desd¨¦n, su peque?apetencia me pareci¨® unaedia. Cuando termin¨¦ de cepirme, Fernanda finalmente habl¨®: ¡°?La se?orita G¨¢mez vino aqu¨ª de visita o por diversi¨®n?¡± ¡°A divertirme.¡± Respond¨ª, abriendo el grifo paravar el vaso. ¡°?Vino s? ?No trajo a su novio?¡± La pregunta de Fernanda me hizo re¨ªr. ¡°?Soltera!¡± Respond¨ª, mis pbras evidentemente le cayeron mal. ¡°Jorge se fij¨® en e, incluso me pidi¨® que les hiciera de celestina. Fernanda, ?no crees que hacen buena pareja?¡± Josefina siempre ten¨ªa una buena respuesta que decir. El rictus en boca de Fernanda se contrajo, y finalmente dijo: ¡°El quiere alcanzar as estres, peros estres tambi¨¦n tienen que fijarse en ¨¦l.¡± En un raro momento de celos, admiti¨® que yo era una de esas estres. Josefina me mir¨® recordando: ¡°Cami, dijiste que ya te hab¨ªas imaginado cas¨¢ndote con Jorge, ?no es as¨ª?¡± Yo solo contest¨¦: ¡°¡­si.¡± Sin m¨¢s qu¨¦ decir, Fernanda menz¨® una mirada mez de rencor y molestia, antes. de derar: ¡°Se?orita G¨¢mez, solo para que quede ro, Jorge es mi hombre, as¨ª que no te hagas ilusiones con ¨¦l.¡± 12.28 Juguete¨¦ con un mech¨®n de cabello caldo sobre mi meji: ¡°?Ah si? ?Entonces ya estuvieron juntos?¡± El rostro de Fernanda se volvi¨® rojo en un instante, record¨¢ndomes pbras de se?ora Josefina sobre c¨®mo Jorge hab¨ªa echado. ¡°Si no han dormido juntos, no son novios, y mucho menos casados, entonces lo que ¨¦l y yo hagamos no deber¨ªa importarte.¡± Respondi sin rodeos. Fernanda se qued¨® sin pbras,nz¨¢ndome una mirada furiosa antes denzar una mirada fulminante a anciana y marcharse. ¡°Nunca hab¨ªa visto a alguien con tan poca verg¨¹enza, de verdad que nos hace quedar mal as mujeres.¡± Coment¨® Josefina con desd¨¦n mientras terminaba devar ropa para colga. ¡°Josefina, d¨¦jame ayudar.¡± Me ofrec¨ª. La ropa se colgaba en el patio, en una l¨ªnea de mbre delgada. No me hab¨ªa fijado antes, pero al colgar ropa, vi el chaleco verde de Jorge. De pronto, me vino a -mente imagen de ¨¦lv¨¢ndose el cabello con ese chaleco, los m¨²sculos tensos debajo de t. Por alguna raz¨®n, senti calor ens mejis¡­ Ese d¨ªa no vi a Jorge, y tampoco al d¨ªa siguiente. Pregunt¨¦ por ¨¦l a anciana, quien dijo que hab¨ªa vuelto pero luego se fue de nuevo. Me pareci¨® que estaba evit¨¢ndome deliberadamente, ?Mi rechazo lo hab¨ªa avergonzado? Pero, ?qu¨¦ m¨¢s daba? No le di mucha importancia. Despu¨¦s de tres d¨ªas, ya me hab¨ªa acostumbrado a vida en esa peque?a calle, especialmente pors tardes cuando los vendedores ambntes llenaban ambosdos de calle, d¨¢ndole un ambiente muy animado. Aunque no necesitaraprar nada, siempre daba una vuelta,prando algunas frutas o verduras de vez en cuando. Ese d¨ªa, los melones en el mercado se ve¨ªan bien, as¨ª quepr¨¦ uno. Pero justo cuando estaba cerca de casa, resbal¨¦ con algo. Con un dolor en el tobillo y mi cuerpo inclin¨¢ndose a undo, estaba a punto de caerme, cuando de repente unos brazos fuertes rodearon mi cintura. Cap¨ªtulo 45 Levant¨¦ mirada y vi el rostro firme y bien d¨¦finido de Jorge. No solo me sostuvo, sino que tambi¨¦n logr¨® atrapar sandia que llevaba ens manos. Una escena tan m¨¢gica,o sacada de televisi¨®n, que se estaba desarrondo realmente frente a mi. Me enderez¨® y solt¨® sus manos, pero apenas me movi, senti un dolor punzante en el tobillo Agarre su brazo de inmediato diciendo: ¡°Me duele¡­¡± Siguiendo mi mirada, vio que mi tobillo, fino y nco, ya estaba enrojecido: ¡°?Te lo torciste?¡± Jorge estaba muy cerca de mi, su voz baja era especialmente sexy y agradable. Asenti, y al siguiente segundo me pas¨® sandia y me levant¨® en brazos. Durante todos los a?os que estuve con Sergio, nunca me hab¨ªa cargado asi. Ese s¨²bito gesto de Jorge me hizo acelerar el coraz¨®n e incluso sudar punta de nariz. Asi soy yo, me sale sudor en punta de nariz cuando estoy nerviosa o emocionada. En ese momento tambi¨¦n escuch¨¦ suspiros, eran de los vecinos y de gente que pasaba por ahi. Era de suponer que ens peque?as ciudades, eseportamiento entre un hombre y una mujer todav¨ªa no era algo a lo que estuvieran acostumbrados. Como si no escuchara, Jorge me llev¨® de vuelta al patio con pasosrgos. Al entrar, vi a Fernanda, quien sostenia una esp¨¢t y me miraba con ojos mnc¨®licos. ¡°Vaya, vaya, te trajo en brazos, ?eh? Ustedes dos si que avanzan r¨¢pido.¡± Josefina nos mir¨® con los ojos brintes, bromeando. ¡°Sestimo.¡± Dijo Jorge antes de sentarme en el banco de piedra del patio, tambi¨¦n se agach¨®, me quit¨®s sandalias y tom¨® mi pie. Sus manos estaban ligeramente fr¨ªas, y cuando envolvi¨® mi pie, senti una sensaci¨®n inusual esparci¨¦ndose desde nta. ¡°No te muevas.¡± Jorge tom¨® con otra mano el ¨¢rea hinchada de mi tobillo. ¡°Ah, duele¡­¡± Murmur¨¦. Pero no solt¨®, toc¨® un poco m¨¢s fuerte en el hueso del tobillo. ¡°Aqui duele?¡± Negu¨¦ con cabeza, y ¨¦l palp¨® otros lugares, luego dijo: ¡°Parece ser solo un esguince muscr, no lleg¨® a los huesos.¡± ¡°?C¨®mo est¨¢s tan seguro?¡± Pregunt¨¦ sin pensar. Jorge menz¨® una mirada, y anciana habl¨® por ¨¦l: ¡°Porque fue soldado, lo sabe 12:24 todo.¡± Ser soldado lo convert¨ªa en un sabelotodo? Eso pas¨® por mi mente mientras Jorge ya se levantaba, diciendo. ¡°No te muevas, voy a traerte aceite de ¨¢rnica para ponerte.¡± Dicho eso, se alej¨® con grandes pasos. Fue entonces cuando not¨¦ que solo llevaba una camiseta negra ajustada y unos pantalones de trabajo en azul marino; se ve¨ªao un agente especial des pel¨ªcs. ¡°?C¨®mo te torciste?¡± La anciana aprovech¨® para preguntar. Se?al¨¦ hacia puerta contestando: ¡°Parece que hab¨ªa algo en el camino, y resbal¨¦ un poco.¡± ¡°?En qu¨¦ parte resbste?¡± La anciana pregunt¨® de nuevo. ¡°Justo frente a puerta de casa de Fernanda.¡± Dije, y anciana ya estaba saliendo. En ese momento, Jorge volvi¨® con el aceite de ¨¢rnica, se agach¨® a mido, tom¨® mi pie y lo coloc¨® sobre su rodi, sab¨ªa lo que iba a hacer, inmediatamente dije: ¡°Yo puedo hacerlo s.¡± Me mir¨® diciendo: ¡°Hay que masajearlo bien para que haga efecto, t¨² no tienes suficiente fuerza.¡± Dicho eso, verti¨® el aceite de ¨¢rnica en palma de su mano, lo frot¨® un poco y luego lo aplic¨® sobre parte hinchada de mi tobillo,enzando a masajear. El dolor se mezba con una leve sensaci¨®n de cosquilleo que se esparc¨ªa desde el lugar que ¨¦l masajeaba¡­ Cap¨ªtulo 46 Hace poco, Sergio tambi¨¦n me hab¨ªa masajeado los pies, y aunque me hab¨ªa conmovido, no senti lo mismo que en ese momento. No sab¨ªa por qu¨¦, quiz¨¢s tica era diferente Cuando Jorge estaba terminando de masajearme los pies, escuch¨¦ afuera a anciana rega?ando a alguien: ¡°Esc¨²chenme todos, el que se atreva a hacerle algo malo a los m¨ªos, que no me culpe por no ser amable. Los maldecir¨¦ hasta octava generaci¨®n¡­¡± ¡°?Qu¨¦ pasa?¡± Pregunt¨¦ con curiosidad. Jorge tom¨® mis pies de su regazo y los coloc¨® sobre otro asiento de piedra. Al levantarse, not¨¦ que su rostro estaba algo rojo. Pens¨¦ que ten¨ªa calor, pero lo que dijo a continuaci¨®n me hizo pensar lo contrario. Me dijo: ¡°De ahora en adnte, mejor no uses tanto vestido por aqu¨ª.¡± Baj¨¦ mirada hacia mi vestido, de seda azul real, muy ce?ido al cuerpo y, adem¨¢s, con una aberturateral. Sentadao estaba, abertura se hab¨ªa deszado haci arriba, dejando al descubierto parte de mi muslo. Al parecer, hab¨ªa visto algo mientras me masajeaba los pies¡­ Mi rostro se sonroj¨®, pero decidida a no mostrar debilidad, pregunt¨¦ con indiferencia: ?Acaso mi vestido te molesta?¡± La manzana de Ad¨¢n de Jorge se movi¨® r¨¢pidamente dos veces antes de que salieral apresuradamente del patio. No mucho despu¨¦s, el rega?o de anciana ces¨®. Curiosa por lo que estaba pasando afuera, salt¨¦ hacia puerta y vi a Jorge de espaldas, enfrent¨¢ndose a quien parec¨ªa ser su inter¨¦s amoroso, Fernanda. ¡°Este tipo deportamiento es intencionalmente da?ino, solo hace falta mar a polic¨ªa para que te hagan responsable legalmente.¡± Dijo Jorge, se?ndo un charco de aceite en el suelo. Ese era el lugar donde me hab¨ªa ca¨ªdo. Al parecer mi ca¨ªda no fue un idente, sino algo provocado. ¡°?Con qu¨¦ derecho dices que fui yo quien lo hizo? ?Acaso lo viste?¡± Desafio Fernanda. Josefina intervino: ¡°Ya me inform¨¦, alguien te vio derramar aceite aqu¨ª.¡± Fernanda se qued¨® sin pbras, mirando a Jorge con ojosstimeros, pero sus pbras fueron cortantes: ¡°?Qui¨¦n le pidi¨® que te sedujera?¡± ?Yo seduciendo a Jorge? Fernanda realmente sab¨ªa c¨®mo acusarme. Viendo a anciana y a Jorge defendi¨¦ndome, sent¨ª que,o involucrada, deb¨ªa hacer algo. Asi que salt¨¦ hacia ellos, apoy¨¢ndome en pared, y sin alzar voz ni hacer esc¨¢ndalo. simplemente me colgu¨¦ del brazo de Jorge y sonrel a Fernanda: ¡°Gracias. por armar todo esto, me hizo ver lo bueno que es Jorge.¡± Fernanda palideci¨®. Apret¨¦ el brazo de Jorge notando lo firme y agradable al tacto que era, algo totalmente nuevo para mi, definitivamente no era as¨ª con Sergio. Jorge me mir¨®, su mirada ramente se oscureci¨® y en un segundo, me levant¨® en brazos otra vez. Siempre levant¨¢ndome tan f¨¢cilmente,o si fuera una bolsa que pudiera cargar sin esfuerzo. ¡°Vean, vean, eso es llevar a alguien en brazos hacia casa, noo a ti que fuistenzada hacia afuera.¡± La anciana aprovech¨® para burse de Fernanda. Fernanda intent¨® hacernos una jugarreta, pero termin¨® siendo contrarrestada por nosotros tres. Jorge me llev¨® de regreso al patio, su voz fresca resonando sobre mi cabeza al decirme: ¡°?Regresamos a casa o nos quedamos afuera?¡± ¡°Afuera, aer sandia.¡± Le dije, se?ndo con mi barbi el lugar donde hab¨ªa estado sentada. Jorge me llev¨® all¨ª y al bajarme, su barbi roz¨® punta de mi nariz, haciendo cosquis¡­. Vi su manzana de Ad¨¢n moverse r¨¢pidamente y, antes de pensar, pregunt¨¦: ¡°Jorge, ?me est¨¢s seduciendo¡­?¡± Cap¨ªtulo 47 Esa fue primera vez que dije algo tan directo en mi vida. Jorge se qued¨® ligeramente sorprendido, luego respondi¨® con una frialdad: ¡°Est¨¢s pensando demasiado.¡± Se dio vuelta yenz¨® a cortar sand¨ªa poni¨¦nd en el to en piezas muy regres,o si fueran soldados esperando ser inspionados. Mirando sandia en el to, de repente tuve el impulso de explorar su habitaci¨®n de nuevo. ¡°?Por qu¨¦ noes? ?Mira te quita el antojo?¡± La anciana se acerc¨® bromeando. Me di cuenta de que esa se?ora no era cualquier persona, pod¨ªa rega?ar cons manos en cadera, pero tambi¨¦n era tierna y atenta cuando se preocupaba por alguien, e incluso pod¨ªa contar chistes picantes sin problema. ¡°Estaba esper¨¢nd a usted, gracias por defenderme hace un momento¡± Le dije juguetonamente y le pas¨¦ pieza m¨¢s grande de sand¨ªa. La anciana no se hizo de rogar, tom¨® una mordida y dijo: ¡°Est¨¢ dulce, pero tengo el az¨²car alta y no deber¨ªaer mucho.¡± Yo tambi¨¦n empec¨¦ aer sand¨ªa, pero Jorge regres¨® a su habitaci¨®n y no sali¨® de nuevo. Cuando fue hora de cenar, ¨¦l hab¨ªa salido. Realmente quer¨ªa preguntarle si no iba a cenar. Pero se fue tan r¨¢pido que ni siquiera pude abrir boca para har. La anciana murmur¨® a undo: ¡°Este Jorge es muy reservado, solo contigo seporta as¨ª.¡± ?C¨®mo seportaba poco, mi pie dej¨® de doler. pregunt¨¦, pero sus masajes definitivamente funcionaron, despu¨¦s de Al d¨ªa siguiente, cuando despert¨¦, todo estaba tan tranquilo en el patio que parec¨ªa no haber nadie. Sali vestida con un camis¨®n y me encontr¨¦ de frente con dos pares de ojos dnte de mesa de piedra. No obstante, Jorge apart¨® mirada despu¨¦s de unos segundos y vi que sus orejas se pusieron rojas. Baj¨¦ mirada hacia mi ropa y mi cara tambi¨¦n se enrojeci¨®. Me gir¨¦ r¨¢pidamente para volver a mi habitaci¨®n, pero anciana me m¨® con entusiasmo: ¡°Cami, ?por qu¨¦ vuelves a tu cuarto? Ven aqu¨ª a tomar sopa.¡± Cuando sal¨ª vestida adecuadamente, Jorge ya se hab¨ªa ido. Mir¨¦ hacia su habitaci¨®n y pregunt¨¦: ¡°?Por qu¨¦ noi¨®?¡± ¡°Te vio y se asust¨®.¡± Se acerc¨® Josefina dici¨¦ndome: ¡°Ni?ita, tienes tus trucos, ?eh?¡± La anciana gui?¨® un ojo y yo sab¨ªa a qu¨¦ se refer¨ªa, pero yo no hab¨ªa hecho nada. 12:28 ¡°Josefina, ?no estar¨¢s llenando tu cabeza de ideas equivocadas a tu edad?¡± Brome¨¦. E me mir¨®: ¡°?Qu¨¦ dijiste? ?Qu¨¦ tengo en cabeza? ?Acaso te he tratado demasiado bien estos d¨ªaso para que me insultes de esa manera?¡± Me re¨ª: ¡°No, no, te estaba hgando. A pesar de los a?os, sigues siendo astuta, nada se te escapa.¡± ¡°?Entonces t¨² y Jorge podr¨ªan llegar a algo?¡± La anciana indag¨®. Mirando mis pies p¨¢lidos, pens¨¦ en otro hombre que una vez me hab¨ªa masajeado los pies y contest¨¦: ¡°Josefina, realmente no estoy pensando en el amor ahora, eso solo trae dolor.¡± ¡°?Dolor, eh?¡± La anciana chasque¨® lengua dos veces: ¡°La mejor manera de sanar es encontrar a alguien m¨¢s.¡± La anciana realmente ten¨ªa ideas avanzadas. Apret¨¦ misbios al decirle: ¡°Ahora no quiero solo quiero estar tranqu.¡± ¡°?Ay!¡± Suspir¨® anciana: ¡°Hay gente que si pierdes, es para siempre, pero t¨² ver¨¢s.¡± Dicho eso, se levant¨® y fue avar su to, dej¨¢ndome s tomando sopa. Despu¨¦s deer, sal¨ª en bicicleta Despu¨¦s deer, sal¨ª en bicicleta y no vi si Jorge se hab¨ªa ido o simplemente no hab¨ªa salido de su habitaci¨®n. Cuando regres¨¦ por tarde, anciana estaba tarareando una melod¨ªa, aparentemente de muy buen humor. Cap¨ªtulo 48 He vivido aqui unos d¨ªas y no hab¨ªa visto a sus hijos ir a visita, pero no pregunt¨¦ mucho; despu¨¦s de todo, me parec¨ªa que e nos consideraba a mi y a Jorgeo a sus propios hijos. Una noche, mientras me dispon¨ªa a dormir, recib¨ª una mada de Virginia, pregunt¨¢ndome cu¨¢ndo volver¨ªa. Le dije que no lo hab¨ªa decidido a¨²n, que realmente estaba disfrutando mi tiempo en esa peque?a calle, ya que hab¨ªa sido el momento m¨¢s feliz desde que mis padres se fueron. Incluso estaba pensando en extender mis vacaciones un poco m¨¢s, hasta que me cansara de estar all¨ª. ¡°?Ser¨¢ que no puedes dejar a tu querido Jorge?¡± Brome¨® Virginia. Recordando los pocos pero emocionantes encuentros con Jorge, respondi: ¡°No es que no pueda dejarlo, pero definitivamente me siento m¨¢s viva cuando ¨¦l est¨¢ cerca.¡± ¡°Vaya, parece que los G¨¢mez realmente tienen una buena capacidad de recuperaci¨®n.¡± Se rio Virginia. No dije nada, y despu¨¦s de unos segundos de silencio, Virginia pregunt¨®: ¡°?Ese desgraciado de Sergio no te ha contactado? ?Ni siquiera te ha enviado un mensaje por WhatsApp?¡± Lam¨ªisura de misbios y respondi: ¡°¡­no.¡± Virginia resopl¨®: ¡°¨¦l se cree que nunca podr¨¢s dejarlo.¡± Yo estaba consciente de eso y mirando luz de luna fuera de ventana, murmur¨¦: ¡°Esta vez se lo mostrar¨¦.¡± Me qued¨¦ dormida hando con Virginia y cuando despert¨¦, a¨²n no hab¨ªa amanecido y mada hab¨ªa terminado. Virginia me dej¨® un mensaje: en este mundo, nadie est indispensable. Si, definitivamente pod¨ªa vivir sin Sergio. Esos d¨ªas lo hab¨ªan demostrado, hab¨ªaido bien y dormido bien. Sonre¨ª ligeramente, prepar¨¢ndome para cerrar los ojos y seguir durmiendo, cuando de repente sono una notificaci¨®n en mi tel¨¦fono. ?Qui¨¦n me enviar¨ªa un mensaje a esa hora? Abr¨ª los ojos y me sorprend¨ª al ver que era Sergio. [?Si ya terminaste tu escena, vuelve!] Solo unas pocas pbras, pero pod¨ªa sentir su ira a trav¨¦s de es. ?Hab¨ªa esperado hasta aquel dia para acordatse de mi? Y su tono erao si yo estuviera haciendo un berrinche, ?acaso estabapletamente inconsciente de sus errores? No respondi y apagu¨¦ el tel¨¦fono. Pero en aquel momento hab¨ªa perdido el sue?o, as¨ª que me levant¨¦, sal¨ª de habitaci¨®n y fui al peque?o patio, bajo el ¨¢rbol de ginkgo. Entonces escuch¨¦ puertal 12:29 abrirse con un chirrido. Al voltear, vi a Jorge saliendo, llevando una moch y jndo una maleta. Parec¨ªa sorprendido de verme a mitad de noche y, sin decir nada, continu¨® su camino hacia afuera. ¡°?A d¨®nde vas?¡± Pregunt¨¦ sin pensar. ¡°A otro lugar.¡± Dijo sin detenerse, y con eso, sali¨® del patio. Me qued¨¦ at¨®nita por un momento antes de volver mi mirada hacia su peque?a casa. Para mi sorpresa, puerta no estaba cerrada, as¨ª que entr¨¦. Encend¨ª luz y vi su habitaci¨®n, tal yo imaginaba pero a vez diferente. Igual, porque cama y todo en habitaci¨®n estaban perfectamente ordenados. Diferente, porque hab¨ªa muchos objetos viejos, de al menos una d¨¦cada atr¨¢s. Recordando lo que dijo pap¨¢, no pude evitar pensar que esos objetos eran los que mis padres hab¨ªan dejado atr¨¢s. La anciana me encontr¨® all¨ª, y pareciendo leer mi mente, explic¨® sin que yo preguntara: ¡°Estas cosas sons que tus padres dejaron. Originalmente, iba a arrer habitaci¨®n en que te est¨¢s quedando y cambiars cosas por otras nuevas, pero Jorg¨¦ no lo permiti¨®, dijo que estas estaban bien.¡± Acarici¨¦ esos objetos, sintiendo una amargura en mi coraz¨®n. Por tener esos objetos, quer¨ªa quedarme all¨ª a¨²n m¨¢s, incluso si Jorge se hab¨ªa ido. Pero entonces recib¨ª una mada de voz de Mire, casi llorando: ¡°Cami, hay un gran problema cons luces del parque de atriones, por favor, vuelve.¡± Cap¨ªtulo 49 ?Problema grande? ?Qu¨¦ tan grande? No me alter¨¦ y simplemente le pregunt¨¦- Cu¨¦ntame con calma. ?qu¨¦ pasa?¡± Mire explic¨® el problema, b¨¢sicamente era que iluminaci¨®n no coincidia en absoluto con los nos de dise?o, o habia un problema con calidad de iluminaci¨®n del fabricante o era un problema en instci¨®n. ¡°Si ya sabes cu¨¢les son los problemas, ve y busca as personas responsables para solucionarlos. Si yo regresara, haria exactamente eso.¡± Dije con un tono indiferente. ¡°Nena, por favor, regresa. Yo s realmente no puedo manejarlo. Estos d¨ªas, no s¨¦ qu¨¦ le pasa al presidente V¨¢squez, va al parque de diversiones todos los d¨ªas, y cada vez que regresa, hay m¨¢s problemas. Estoy a punto de volverme loca.¡± Mire casi lloraba mientras haba. Pensando en el mensaje que Sergio me habia enviado, no pude evitar preguntarme si estaba buscando problemas a prop¨®sito para forzarme a trav¨¦s de Mire. Despu¨¦s de tantos a?os juntos, ¨¦l me conoc¨ªa, sab¨ªa que ten¨ªa un coraz¨®n ndo y no me gustaba involucrar a los dem¨¢s. ¡°Manejalo t¨² por ahora.¡± Segui sin eder a regresar. No era que esa vez estuviera siendo insensible, dejando a Mire enfrentar eso s, sino que quer¨ªa que e creciera. Una persona solo puede mejorar y avanzar enfrentando desaf¨ªos y asumiendo responsabilidades continuamente. Si ten¨ªa nes de renunciar, e tendr¨ªa oportunidad de ascender, pero necesitaba tener capacidad para estar a altura. ¡°Nena, realmente no puedo manejar esto por m¨ª misma, este problema es enorme, ya sabes que iluminaci¨®n es el alma del parque de diversiones.¡± Mire continu¨® suplic¨¢ndome. Reflexion¨¦ por unos segundos y luego dije: ¡°Enviame el informe del problema. Con¨¦ctate conmigo en video cuando est¨¦s alli. Ser¨ªa mejor si enciendes todass luces por noche, as¨ª puedo ver situaci¨®n.¡± Mire tambi¨¦n percibi¨® que realmente no quer¨ªa volver, as¨ª que dijo: ¡°S¨¦ que ahora no quieres volver y enfrentarte al presidente V¨¢squez, si no fuera absolutamentel necesario, no te pediria que regresaras.¡± Despu¨¦s de decir eso, hizo una pausa y me dijo: ¡°Te apoyo.¡± Eso me dio cierta calidez en el coraz¨®n, aunque tambi¨¦n me dej¨® un poco mnc¨®lica. 12-29 Capitulo 45 ¡°Haz lo que te dije.¡± Colgu¨¦ el tel¨¦fono y luego abr¨ª mi correo electr¨®nico para ver los dise?os de iluminaci¨®n del parque de diversiones ys im¨¢genes del efecto deseado. Por noche, Mire me m¨® por video: ¡°Cathi, ya estoy aqu¨ª, todass luces est¨¢n encendidas, ?c¨®mo quieres verlo?¡± Mientras miraba el video, solo pod¨ªa ver parte de lluminaci¨®n por lo que le dije: ¡°Sube al punto m¨¢s alto del parque de diversiones, quiero ver el efecto general primero, luego haz un vuelo a¨¦reo de cada ¨¢rea del parque de diversiones, enfoc¨¢ndote en los lugares problem¨¢ticos.¡± ¡°Est¨¢ bien, espera un momento.¡± Dijo Mire y imagen del video empez¨® a temr, seguido por el sonido de su respiraci¨®n agitada al correr. Pero despu¨¦s de correr unos pasos, se detuvo abruptamente y escuch¨¦ cuando dijo: ¡°Presidente V¨¢squez, ?usted tambi¨¦n vino?¡± ¡°?Por qu¨¦ corres?¡± La familiar voz fr¨ªa de Sergio lleg¨® a trav¨¦s del tel¨¦fono. Mi mano que sosten¨ªa el tel¨¦fono se tens¨® ligeramente, y mi coraz¨®nenz¨® atir m¨¢s r¨¢pido. Aunque el coraz¨®n estuviera herido, diez a?os de sentimientos no pod¨ªan desvanecerse de noche a ma?ana. Sergio, ese hombre que e incluso su voz ten¨ªa el poder de mover mi coraz¨®n. Incluso me preguntaba, si Mire mencionaba que estaba hando conmigo, ?qu¨¦ dir¨ªa Sergio? ?Tomar¨ªa el tel¨¦fono para har conmigo? ¡°Yo, estaba buscando un lugar alto para grabar un video.¡± Mire le respondi¨® a Sergio. Sergio no dijo nada, solo despu¨¦s de unrgo rato emiti¨® un sonido afirmativo, seguido por el sonido de sus pasos alej¨¢ndose. ¡°Cami, no dije que era contigo, tem¨ªa que el presidente V¨¢squez quisiera har contigo, ?supuse que no querr¨ªas har con ¨¦l, verdad?¡± Mire me pregunt¨®, pensando en m¨ª. Me re¨ª con sarcasmo y le dije: ¡°Actuaste perfectamente.¡± ¡°Je, je, sab¨ªa que pensar¨ªas as¨ª, yo har¨ªa lo mismo.¡± Dijo Mire mientras continuaba corriendo y luego sub¨ªa a rueda de fortuna Cap¨ªtulo 50 Efectivamente, era el punto m¨¢s alto y, a trav¨¦s del video, pude ver el parque de atriones bajos luces. En general, no parec¨ªa haber problemas, pero el color de fondo des luces habia cambiadopletamenteparado con el dise?o original. En un principio, el dise?o ten¨ªa un degradado azul,o el que va de noche al amanecer sobre el mar. En aquel momento era todo azul, sin degradado, y un azul muy intenso. Aunque el color era potente, le faltaba alma. ¡°Mira, as¨ª est¨¢ situaci¨®n. No s¨¦ si el problema es de constructora o del proveedor des luces.¡± La voz de Mire lleg¨® a trav¨¦s del tel¨¦fono. ¡°?Haste con ellos? ?Qu¨¦ dicen?¡± Pregunt¨¦ ¡°La constructora dice que hicieron todo seg¨²n lo solicitado, y el proveedor afirma ques luces tambi¨¦n se produjeron conforme a nuestras especificaciones. Ninguno admite haberetido errores, as¨ª que no s¨¦ d¨®nde est¨¢ el problema.¡± Mire estaba ramente frustrada. ¡°Cami, mejor regresas. Realmente no puedo con esto y s¨¦ cu¨¢nto te importa este parque de atriones. Seguro no quieres que haya problemas.¡± Mire intent¨® convencerme de nuevo. ¡°Est¨¢ bien, volver¨¦.¡± Esa vez no dije m¨¢s. Tras colgar, reserv¨¦ un vuelo y poco despu¨¦s, Mire me envi¨® detalles a¨¦reos del sitio, revndo que los problemas eran bastante graves. Al d¨ªa siguiente, ya ten¨ªa mi equipaje listo porque mi vuelo sal¨ªa as nueve de ma?ana. ¡°Cami, ?por qu¨¦ te levantas tan temprano, qu¨¦ vas a hacer?¡± La abuelita me pregunt¨® al verme. Esos ¨²ltimos d¨ªas hab¨ªa estado practicando yoga en el jardin, y cada vez que me ve¨ªa, abuelita me recordaba tener cuidado de no romperme los brazos,s piernas o espalda. ¡°No.¡± Me acerqu¨¦ a e y le dije: ¡°Abuelita, tengo que volver.¡± La abuelita se sorprendi¨® y luego murmur¨®: ¡°No dijiste que te quedar¨ªas unos d¨ªas. m¨¢s?¡± ¡°Hay un problema con un proyecto en empresa y tengo que resolverlo. Una vez solucionado, tal vez vuelva a visitarte.¡± Solo dije tal vez. Aunque iba a dejar empresa de Sergio, seguir¨ªa trabajando. Despu¨¦s de todo, todav¨ªa necesitaba ganarme vida. Capitulo 50 ¡°Vete, vete, todos se van, solo esta vieja tiene que quedarse aqu¨ª.¡± Sus pbras me dolieron. Pero tambi¨¦n me dieron una idea atrevida: ¡°Abuelita, ?por qu¨¦ no vienes conmigo?¡± ¡°?Llevarme?¡± La abuelita se sorprendi¨®. ¡°S¨ª, para que veas grandeza de ciudad grande.¡± Dije sonriendo, emocionada por dentro. Esos d¨ªas, ya consideraba c¨®mo mi propia abuelita. Sin embargo, anciana neg¨® con cabeza y dijo: ¡°No, ya estoy muy vieja, mis piernas ya no son ¨¢giles, solo te causar¨ªa problemas.¡±¡± ¡°No ser¨¢ as¨ª, no digas eso. Vamos, ser¨¢ solo por unos d¨ªas.¡± Intent¨¦ convence, mim¨¢nd. E me mir¨® y dijo: ¡°Gracias, ni?a, por tu consideraci¨®n. Pero no ir¨¦ a ning¨²n lugar, me quedar¨¦ aqu¨ª. Si tienes tiempo y quieres, ven a visitarme.¡± Al escuchar sus pbras, sent¨ª un nudo en garganta. La abrac¨¦ y le dije: ¡°Abuelita, te extra?ar¨¦.¡± ¡°?Para qu¨¦ me vas a extra?ar? Deber¨ªas pensar en Jorge, un hombre tan bueno que termin¨® y¨¦ndose de casa por tu culpa.¡± Las pbras de abuelita me tomaron por sorpresa. ?Jorge se fue porque lo rechac¨¦, porque no me gustaba? Antes de que pudiera decir algo, abuelita me acarici¨® mano y luego dijo: ¡°Cami, Jorge es un buen hombre, pi¨¦nsalo bien.¡± ¡°?Est¨¢ bien!¡± Le promet¨ª. EI Centímetro 51-60 Cap¨ªtulo 51 En el sal¨®n de bir. Sergio V¨¢squez hizo su jugada y fall¨® todass bs. Del otrodo, Pablo Flores. sacudi¨® cabeza, mientras limpiaba su taco de bir y dec¨ªa: ¡°Cam todav¨ªa no te ha respondido ni se ha puesto en contacto contigo?¡± Sergio no dijo nada, Pablo apunt¨® hacia b en posici¨®n m¨¢splicada, y con un golpe, b dibuj¨® una hermosa curva sobre mesa, entrando en el agujero. ¡°Realmente no deber¨ªa ser as¨ª, ?por qu¨¦ e, aun escuchando lo que dijiste de e, no se lo tom¨® a pecho ni te remo? ?Qu¨¦ le habr¨¢ pasado esta vez?¡± Pablo estabal confundido. Sergio record¨® vez que Cam hab¨ªa ido aqu¨ª a jugar y le pregunt¨®: ¡°?E te pregunt¨® algo esa vez?¡± Pablo meti¨® otra b, luego se sent¨® despreocupadamente sobre mesa de bir, mir¨® hacia otra b y, con un golpe certero, envi¨® directamente al agujero. ¡°?No te lo hab¨ªa contado? Me pregunt¨® si hab¨ªa pasado algo entre t¨², Zo¨¦ Minas y Miguel Ramos en escu. Le dije verdad, que no hab¨ªa nada, as¨ª que su decisi¨®n de irse no tiene nada que ver conmigo.¡± Pablo dej¨®s cosas bien ras. ¡°No dije nada, ?por qu¨¦ te pones a defensiva?¡± Sergio habl¨® con un tono bastante molesto. Pablo mir¨® ¨²ltima b en mesa, pero no hizo el tiro de inmediato. En lugar de eso, mir¨® a Sergio preguntando: ¡°?De verdad no sabes por qu¨¦ se fue? ?Por qu¨¦ ni siquiera se llev¨® los documentos contigo?¡± ¡°No tengo idea, ser¨¢ su car¨¢cter, ?siempre he mimado demasiado!¡± Sergio dijo enfadado. Por no haberse llevado los documentos, cuando regres¨® a casa sus padres lo miraron con desd¨¦n, y en empresa todos lo sab¨ªan, incluso circban rumores de que Cam lo hab¨ªa dejado por una infidelidad. La gente simplemente ha lo que quer¨ªa. ¡°?La mimaste?¡± Pablo se rio y luego le dijo: ¡°Sergi, siendo honesto no me parece que hayas mimado mucho, m¨¢s bien t¨²¡­¡± Pablo hizo una pausa: ¡°M¨¢s bien te acostumbraste a que Cam fuera tu sombra, pensando que e no podr¨ªa vivir sin ti, por eso dijiste esas cosas sin inter¨¦s hacia e y por eso, despu¨¦s de tanto tiempo, no has buscado.¡± ¡°?Y c¨®mo busco? ?Poniendo avisos de b¨²squeda por todo el mundo?¡± Sergio segu¨ªa con esa actitud. Pablo sacudi¨® cabeza, ya no quer¨ªa seguir hando y simplemente hizo el ¨²ltimo tiro, metiendo ¨²ltima b. Una victoria limpia, mostrando habilidad del due?o del sal¨®n de bir. Sergio resopl¨®, Insatisfecho y le dijo: ¡°Vamos otra vez.¡± ¡°Sergi.¡± Pablo habl¨® de nuevo mientras Sergio preparaba su tiro: ¡°Cam te ama, pero su amor tambi¨¦n tiene dignidad. Si no hubieras hecho algo que decepcion¨® profundamente, e no se habr¨ªa ido as¨ª sin m¨¢s.¡± ¡°?Y qu¨¦ se supone que hice?¡± Sergio pregunto irritado, ¡°Eso tendr¨¢s que pregunt¨¢rtelo t¨².¡± Pablo frunci¨® el ce?o explic¨¢ndole: ¡°Algunas personas, con solo cruzarse, ya es para toda vida. Cuando tengas un momento, preg¨²ntate si realmente amas a Cam, si realmente es que ya no sientes nada por estar tan acostumbrado a e.¡± ¡°Adem¨¢s, aunque ya no sientas pasi¨®n de un hombre hacia una mujer por e, despu¨¦s de vivir juntos diez a?os, debe haber algo de cari?o fraternal, ?no? Deber¨ªas busca. Si a esa chica le pasa algo, no vivir¨¢s tranquilo por el resto de tu vida.¡± Las pbras de Pablo hicieron que Sergio errara su tiro. Simplemente arroj¨® el taco sobre mesa y sali¨® enfurecido. Ni siquiera jugar bir sal¨ªa bien. ¡°Dicen que el hijo perdido de familia Olivera hace veinte a?os fue encontrado y pronto volver¨¢.¡± Sergio escuch¨® a Pablo decir justo antes de salir. Sergio frunci¨® el ce?o y Pablo continu¨®: ¡°Dicen que este hombre es algo fuera de lo¨²n. Si quieres cooperar con familia Olivera, m¨¢s te vale apurarte, para evitar cualquier imprevisto.¡± ¡°Y sobre Cam, si no puedes deja ir, entonces deja de ser orgulloso y da el primer paso.¡± Pablo le dijo a Sergio, que ya hab¨ªa salido por puerta. Viendo que Sergio ni siquiera respondi¨® y se fue, Pablo resopl¨®: ¡°Ya te arrepentir¨¢s.¡± As tres de tarde. Cap¨ªtulo 52 Acababa de bajar del avi¨®n, ni siquiera dej¨¦ i equipaje y directamente fui al parque de diversiones. Mire Martinez tambi¨¦n estaba alli y al verme me abrazo de inmediato ¡°Por fin regresasto.¡± Le di una palmada en el hombro dici¨¦nd. Ven, primero p¨¢?ame a revisar algunos lugares.¡± Casi no ha dormido noche anterior, pensando en los posibles problemas que podrian surgir, Aunque sospechaba de constructora y el proveedor de iluminaci¨®n, pens¨¢ndolo bien, probabilidad de queetieran errores no era alta, despu¨¦s de todo, este era un gran proyecto, y si el problema era por su parte, ni har de ganar dinero, incluso tendr¨ªan que Indemnizar una fortuna. As¨ª que, despu¨¦s de mucho pensar, podr¨ªa ser otro problema, pero siendo una persona no especializada, realmente no pod¨ªa estar segura, por lo que ten¨ªa que ir al sitio a ver. Encendiendo y apagando luces, ¡°Cami, esto eso acumr fuerzas para un gran estallido en una semana.¡± Mire, exhausta, bromeaba conmigo. Hab¨ªa estado fuera una semana, ?hab¨ªa sido tanto tiempo? No ten¨ªa tiempo para pensar en eso, Mire y yo fuimos a empresa, preparando un informe sobre los problemas que hamos encontrado durante noche para contactar al constructor y al proveedor de iluminaci¨®n al d¨ªa siguiente, adem¨¢s de informarle a Sergio. ¨¦l yal sab¨ªa de esto y estaba furioso, Mire me lo hab¨ªa dicho. Mire tambi¨¦n dijo que, aunque nosotras logr¨¢bamos manejar esta situaci¨®n, al final a¨²n ser¨ªamos castigadas. Aunque Sergio no ten¨ªa mucho afecto hacia mi, siempre hab¨ªa sido muy ro en separar lo personal de loboral y muy estricto en el trabajo, as¨ª que no me sorprend¨ªa. ¡°Aunque seamos castigadas, tenemos que hacer bien lo que tenemos que hacer.¡± Yo tambi¨¦n ten¨ªa mis principios. No fue hastas seis de ma?ana que Mire y yo terminamos, e estaba tant cansada que se qued¨® dormida directamente sobre el escritorio. Mis p¨¢rpados tambi¨¦n estaban pesados, pero por alguna raz¨®n no sent¨ªa nada de sue?o, mev¨¦ cara en el ba?o r¨¢pidamente, me prepar¨¦ un caf¨¦ y continu¨¦ revisando los problemas que hab¨ªa encontrado. Si mi juicio no estaba equivocado, el problema deber¨ªa estar en calibraci¨®n de iluminaci¨®n. ¡°?G¨¢mez, has vuelto?¡± G¨¢mez, tan temprano!¡± Cuando lleg¨® hora de entrada, todos empezaron a llegar a empresa, salud¨¢ndome muy amigablemente al verme, pero sus miradas hacia mi eran ramente diferentes. Mire ya me lo hab¨ªa dicho, en aquel momento toda empresa sab¨ªa que hab¨ªa problemas con mi matrimonio con Sergio. Pero tambi¨¦n sab¨ªan que siempre hab¨ªa vivido en familia V¨¢squez, aunque Sergio y yo no nos hab¨ªamos casado oficialmente, ya ¨¦ramos marido y mujer desde hac¨ªa tiempo. Nunca me import¨® lo que dijeran los dem¨¢s, frente a sus miradas extra?as e incluso susurros a mis espaldas tan prontoos daba vuelta, simplemente actuabao si no hubiera visto nada. Todos han a tus espaldas, eso pasa con todos. Yo mi separaci¨®n de Sergio ya era un hecho, su curiosidad eraprensible. Despu¨¦s de una noche sin dormir, alrededor des diez de ma?anaenc¨¦ a sentir sue?o, por lo que fui a cocina a prepararme un caf¨¦ para despertarme. Justo cuando sal¨ªa con el caf¨¦ en mano, Sergio se acerc¨®. Mir¨¢ndome, ramente pod¨ªa sentir c¨®mo sus ojos se contra¨ªan, incluso a trav¨¦s del aire pod¨ªa verplejidad des emociones en sus ojos,o resentimiento y enfado¡­. ?Buenos d¨ªas, presidente V¨¢squez!¡± Lo salud¨¦o siempre, y luego pas¨¦ a sudo con el caf¨¦ en mano. ¡°?Ven a mi oficina!¡± Dijo Sergio con voz grave, haciendo que mi mano temra un poco con el caf¨¦. Tom¨¦ aire profundamente y le respondi: ¡°Est¨¢ bien.¡± Cap¨ªtulo 53 Sergio estaba sentado en si, vistiendo un traje negro con una camisa nca y una corbata decorada con estres. Era corbato que le ha regdo para su cumplea?os el a?o pasado. Nunca se ha puesto, probablemente porque no le gustaba. Nunca imagin¨¦ que, despu¨¦s de nuestra separaci¨®n, ¨¦lenzara a usar esa corbata. El semnte de Sergio era todo menos amigable, ten¨ªa su mirada vada en mi, destndo hostilidad. Sab¨ªa por qu¨¦ estaba enfadado, pero mantuve calma y pregunt¨¦: ¡°?Presidente V¨¢squez queria verme por alg¨²n motivo en particr?¡± ¡°?D¨®nde has estado en estos d¨ªas?¡± Su voz ofa fria. ¡°Tomando mis vacaciones anuales!¡± Contest¨¦, desviando el tema. Los dedos de Sergio sobre el escritorio se tensaron y dijo: ¡°Te pregunt¨¦ d¨®nde fuiste,¡± ¡°Todos Santos.¡± Dije sin problemas, no ten¨ªa nada que ocultar. Frunci¨® a¨²n m¨¢s el ce?o y pude ver un atisbo de confusi¨®n en sus ojos,o si no supiera d¨®nde quedaba Todos Santos. Y bueno, era de esperarse, aquel pueblito tant peque?o y desconocido, ?c¨®mo iba a saber el de su existencia? Pero si realmente le hubiese importado, podr¨ªa haberlo sabido. Al fin y al cabo, le ha mencionado que ese era el lugar donde hab¨ªa nacido, el sitio que mis padres siempre hab¨ªan querido. visitar conmigo. Sin embargo, ¨¦l lo hab¨ªa escuchado pero no lo recordaba. Porque nunca le import¨¦ lo suficienteo para prestar atenci¨®n a lo que dec¨ªa. ¡°?Fuiste de viaje a ese lugar?¡± La pregunta de Sergio casi me hace re¨ªr. De hecho, si me re¨ª, asintiendo con una sonrisa. ¡°?Y por qu¨¦ apagaste tu tel¨¦fono? ?Ni siquiera respondiste a WhatsApp?¡± Cada pbra que me dirig¨ªa era un reproche. Apret¨¦ losbios y le respond¨ª: ¡°Ese es mi derecho, presidente V¨¢squez¡°. Su rostro se torn¨® a¨²n m¨¢s sombr¨ªo mientras me dec¨ªa: ¡°S¨ª, es tu derecho. Pero empresa tiene res que dicen que ning¨²n empleado puede afectar su trabajo en ning¨²n momento.¡± ¡°?He afectado alg¨²n trabajo?¡± Pregunt¨¦, con serenidad. La garganta de Sergio se movi¨®, y por alguna raz¨®n, me record¨® a aque vez que Jorge roz¨® punta de mi nariz con su barbi, y c¨®mo se mov¨ªa su garganta. Parecia que garganta de Jorge era m¨¢s grande, y ¨¦l ten¨ªa un aire m¨¢s masculino. ¡°El asunto del parque de diversiones¡­¡± Sergio levant¨® mano apunt¨¢ndome: ¡°?Me vas a decir que eso no tuvo impacto?¡± ?No! Lo nusqu¨¦ mondamente Due tomara his vacaciones anuales o no, el problema pen the hurt bothria wwieris de todas forma Adem¨¢s, tan pronto me entere del presbiterna con le lucen, termin¨¦ mis vacaciones anticipadamente y regres¨¦ lo antes Die vacaciones eran de diez dias, pero solo tome una semana. Sergio se quedo cado por un momento y luego asinti¨® molesto: ¡°Pero este es el proyecto que t¨² est¨¢s supervisando, cualquier problema es tu responsabilidad. Boy consciente, y estoy haciendo todo to posible para solucionarlo ahora mismo. No afectar¨¢ entrega del parque de diversiones¡± Meprometi. Sergio sabia de lo que era capaz, adem¨¢s tambi¨¦n conoc¨ªa mi determinaci¨®n, por lo que asinti¨®: ¡°Est¨¢ bien, te doy tiempo. Pero si esto afecta entrega, no me culpes. No termin¨® frase, pero entendi lo que quer¨ªa decir yplet¨¦ su pensamiento: ¡°Si no se entrega a tiempo, asumir¨¦ todass consecuencias.¡± ¡°?Crees que puedes hacerlo?¡± Elev¨® voz de pronto. Mis dedos colgando a mido se tensaron y dije: ¡°S¨¦ que no puedo permitirme no hacerlo, as¨ª que no dejar¨¦ que afecte entrega.¡± Nos respondiamos uno al otro, era una conversaci¨®n que deber¨ªa haber tranquilizado a Sergio, pero ramente lo irrito m¨¢s. Sergio ya no dijo nada y solo me mir¨®. ¡°?Presidente V¨¢squez tiene algo m¨¢s que decir? Si no, me voy a trabajar.¡± Dije, empezando a girar. ¡°?Espera!¡± Lanz¨® un frio reproche. ¡°?Alguna otra instri¨®n, presidente V¨¢squez?¡± Pregunt¨¦ de manera formal. Cap¨ªtulo 54 Sergio levant¨® mano y se od¨® corbata dici¨¦ndome: ¡°Cam, ?qu¨¦ es todo esto? ?Por qu¨¦ de repente te niegas a casarte? ?Y esa desaparici¨®n?¡± Terminadass cuestiones de trabajo, se desvi¨® hacia los asuntos personales. Y ese era precisamente el motivo por el cual me ha buscado. ¡°No estoy haciendo un esc¨¢ndalo.¡± Con esas pbras, dej¨¦ ra mi postura. ¡°?C¨®mo que no es un esc¨¢ndalo? ?Sabes que se arm¨® un l¨ªo en casa? Mi madre est¨¢ tan enfadada que termin¨® en el hospital.¡± Sergio estaba furioso. Al escuchar que Sandra V¨¢squez estaba hospitalizada, me sent¨ª muy culpable, pero una cosa no ten¨ªa nada que ver con otra, mi culpa hacia Ricardo Sandra V¨¢squez no pod¨ªa borrar el da?o que Sergio me hab¨ªa hecho. ¡°Voy a busca para explicarle y disculparme ¡°Cam, ese no es el punto, ?por qu¨¦ te niegas a casarte?¡± Sergio volvi¨® a odarse el cuello de camisa. Ese hombre, despu¨¦s de haber hecho algo malo, todav¨ªa pensaba que los dem¨¢s le deb¨ªan algo. Si ese era el caso, no me importaba dejarle ro qui¨¦n le hab¨ªa fado a qui¨¦n. Baj¨¦ mirada, fij¨¢ndome en el reloj que llevaba puesto y dijo: ¡°Fui a La Jo.¡± Tan prontoo dije eso, escuch¨¦ ramente el sonido de si raspando el suelo. Sergio, sentado en si, se qued¨® r¨ªgido y su expresi¨®n cambiaba r¨¢pidamente mientras dec¨ªa: ¡°D¨¦jame explicarte¡­¡± ¡°Sergio, no hay nada que explicar, no importa c¨®mo lo expliques, el hecho de que Zo¨¦ viva all¨ª es real, y adem¨¢s¡­¡± Me detuve un momento y luego continu¨¦: ¡°Cuando fuimos aprar s¨¢banas juntas, e escogi¨® todass que a ti te gustan.¡± ¡°No es lo que t¨² crees.¡± Sergio se levant¨® de si y camin¨® hacia mi. Pero yo di un paso atr¨¢s, manteniendo distancia entre nosotros y dici¨¦ndole: ¡°Sergio, yo no soy des que se hacen ideas sin sentido, ni me gusta suponer, pero tengo ojos para ver y tengo coraz¨®n para sentir.¡± # ¡°Cami¡­¡± Sergio negaba con cabeza suavemente: ¡°Esa casa estaba preparando para ti, eleg¨ª y decor¨¦ siguiendo tus gustos, quer¨ªa d¨¢rt.¡± ¡°Pero, terminaste d¨¢ndos a alguien m¨¢s.¡± Dije en voz baja. ¡°No se di, solo le permiti quedarse temporalmente. Sabes que ahora, despu¨¦s de 12:30 muerte de Miquel, sus stiegros despreciany ni siquiera tiene d¨®nde vivir, asi que dej¨¦ quedarse alli par un tiempo.¡± Sergio exi¨® apreauradamente. Misbion se curvaron en una nondisn ir¨®nio y le pregunt¨¦: ¡°?As¨ª que esperabas que e se fuera y luegome datos a mi?¡± Sergio abri¨® boca pero no dijo nada. Pero yo ya sabin in respuesta. Un dolor agudo atraveno mi coraz¨®n y mis u?as se vaban en palma de mano mientras le dec¨ªa: ¡°Sergio, solo merezco vivir donde otros ya vivieron?¡± ¡°No es asi, Cam, puedoprarte una nueyn.¡± La voz de Sergio se volvi¨® m¨¢s baja. ¡°Ah si?¡± Me rei y dije: ¡°As¨ª puedes tener una y esconder otra.¡± ¡°?Caml¡± Sergio se enfureci¨® a¨²n m¨¢s. Pero yo lo mir¨¦ con total calma, finalmente ¨¦l asinti¨®: ¡°?Tienes que verlo asi? ?No eres siempre generosa ypasiva? ?C¨®mo es que no puedes hacerle espacio a una personao Zo¨¦? Est¨¢ pasando por una situaci¨®n muy dif¨ªcil, embarazada y sin su esposo.¡± ¡°Si, e dastima, lo s¨¦, as¨ª que con toda mi generosidad te dejo a ti, cu¨ªd todo lo que quieras, c?sate con e, s¨® el padre de su hijo si quieres.¡± Dije sonriendo. En ese segundo, Sergio extendi¨® mano y me agarr¨® del brazo dici¨¦ndome: ¡°Cam, ?qu¨¦ est¨¢s diciendo? ?Qu¨¦ creen que soy?¡± ¡°Sergio, t¨² querias que fuera generosal¡± ¡°?As¨ª que tu generosidad significa no casarta conmigo y terminar nuestra rci¨®n?¡± Sergio pregunt¨® fr¨ªamente. Mir¨¦ esa cara que ha adorado durante diez a?os y le pregunt¨¦: ¡°?Qu¨¦ m¨¢s podr¨ªal hacer,partirte con Zo¨¦?¡± ¡°Caml, ?por qu¨¦ siempre tienes que har al?¡± Sergio apretaba mi mano cada vez m¨¢s fuerte. Dol¨ªa, pero ese dolor me hac¨ªa a¨²n m¨¢s consciente. ¡°Sergio, al yo fuera que cuidara a otro hombre, ?t¨² lo aceptar¨ªas?¡± Al preguntar esto, de repente imagen de Jorge cruz¨® por mi mente. Cap¨ªtulo 55 Sergio no dijo nada y tard¨® un momento antes de asentir con sarcasmo: ¡°Si quieres armar un escandalo, adnte.¡± Hasta el momento, sequia sin pensar que hubiera hecho algo malo, incluso pensabal que era mi culpa. Ya ni siquiera queria discutir con ¨¦l y solo dije: ¡°Voy a mudarme de tu Casa ¡°Mi casa? Sergio frunci¨° el ce?o: ¡°Cam, parece que en realidad nunca consideraste ese lugaro tu hogar, qu¨¦ decepci¨®n para mis padres, que tanto te han querido.¡± Mordi mibio, ?¨¦l no sabia que lo que yo quer¨ªa no era el cari?o de sus padres, sino el suyo? Ya habia decidido separarme de ¨¦l, asi que decirlo o no, realmente no tenia importancia. ¡°Presidente V¨¢squez, tengo cosas que hacer. No mencion¨¦ lo de renunciar, porque queria terminar ese trabajo. ¡°Cam, ?de verdad quieres terminar conmigo?¡± Sergio me pregunt¨® de nuevo. Al parecer antes no hab¨ªa escuchado bien, lo mir¨¦, mir¨¦ esa cara que hab¨ªa admirado durante diez a?os, y dej¨¦ unas pbras definitivas: ¡°Si, Sergio, quiero terminar contigo, de ahora en adnte, t¨² eres t¨² y yo soy yo, cada quien por sudo.¡± ¡°Ja¡± una risa amarga se asom¨® en losbios de Sergio mientras me dec¨ªa: ¡°Est¨¢ bien, Cam, t¨² lo dijiste, no te arrepientas despu¨¦s.¡± ?Arrepentirme? Era segunda vez que lo dec¨ªa. No sab¨ªa de d¨®nde sacaba confianza para decirlo, ?quiz¨¢s fue mi adoraci¨®n ciega durante los ¨²ltimos diez a?os, sigui¨¦ndoloo una tonta, permiti¨¦ndole dejarme dedo una y otra vez, y aun asi siendo fiel a ¨¦l lo que lo tenia tan convencido? ¡°?Adi¨®s!¡± Dej¨¦ esas pbras y me gir¨¦. Sergio no intent¨® detenerme, camin¨¦ hacia puerta y justo cuando iba a salir, escuch¨¦ que tocaban. Abri puerta, y me qued¨¦ de piedra. Era Zo¨¦. Al verme, una sombra de p¨¢nico cruz¨® sus ojos, pero su cara se ilumin¨® con una sonrisa,o si fu¨¦ramos muy amigas dici¨¦ndome: ¡°?Cam, has vuelto!¡± No dije nada, rpi mirada cay¨® sobre el documento que llevaba en mano, el encabezado rojo de Chispa Global Business me dej¨® paralizada. Ese era un documento oficial de empresa, solo los empleados ten¨ªan eso, y aqu¨ª estaba Zo¨¦, sosteni¨¦ndolo. Ya era bastante sorprendente que apareciera aqu¨ª, y m¨¢s a¨²n que tuviera un documento de empresa. 12:30 No le respond, y una sombra de iodidad cruz¨® cara de Zo¨¦ mientras dec¨ªa: ¡°Vine a traerie unos documentos al¡­ presidente V¨¢squez.¡± Esa menci¨®n del presidente V¨¢squez me hizo entenderlo todo, Sergio hab¨ªa traido a ta empresa, adem¨¢s de mantene oculta. Mire no me hab¨ªa dicho nada al respecto, no s¨¦ si estaba demasiado ocupada para mencionarlo, o si quer¨ªa evitarme alg¨²n disgusto. Pero en aquel momento, eso ya no importaba, ya no me importabal que Sergio trajera a Zo¨¦ a empresa, ni siquiera si se casaba con e, ya que no ten¨ªa nada que ver conmigo. ¡°Disculpa, necesito pasar, voy a salir,¡± Finalmente habl¨¦. No era que en ese momento quisiera ser descort¨¦s con una embarazada, pero hastal en el transporte p¨²blico se respeta el orden de salir antes de entrar. Zo¨¦ se hizo a undo, y yo sal¨ª con paso firme. Justo cuando puerta se cerraba detr¨¢s de m¨ª, escuch¨¦ a Sergio preguntar: ¡°?C¨®mo es que Cam fue a La Jo y t¨² no me dijiste?¡± No me interesaba c¨®mo Zo¨¦ lo explicar¨ªa, porque ya no ten¨ªa nada que ver conmigo. Cuando regres¨¦ a oficina, Mire r¨¢pidamente se acerc¨® dici¨¦ndome: ¡°Cami, fuiste a oficina del presidente V¨¢squez, ?de qu¨¦ haron? ?Rompi¨® el hielo?¡± ¡°?Qu¨¦ crees?¡± Le respondi. Bajo mi mirada, Mire nerviosamente agarro mi brazo dici¨¦ndome: ¡°Lo siento, Cami, no fue mi intenci¨®n ocult¨¢rtelo, tem¨ªa que te doliera¡­¡± ¡°?Y tem¨ªas que afectara mi trabajo, y que t¨² tambi¨¦n te metieras en problemas, verdad?¡± Expres¨¦ lo que e pensaba. ¡°Lo siento, Cami¡­¡± 2/2 Capitulo 56 dove culpa cada que ve et tu sa ka naturaleza hummaria.* te dija vistamentin e Mirodia, y de verdad, no te tada masa Yo que nuesta rci¨®n era inas de conforas de trabajo que otra cosa, aunque un poco m¨¢s cercanas, Incluso entre hermanas de sangre, uno siempre se pone a si mo Cami Mire me sacudi¨® el brazo, intentando decir algo m¨¢s. Pero interrumpi. ¡°El presidente V¨¢squez dijo que si no resolvemos fo des luces, responsabilidad ser¨¢ nuestra. Ahora no tenemos tiempo de pensar en otra cosa, tenemos que enfocarnospletamente en solucionar este problema.¡± Mire abri¨® los ojos sorprendida mientras dec¨ªa: ¡°Pero si no es nuestra culpa, haso si nosotros hubi¨¦ramos hecho algo mal.¡± ¡°Somos responsables de este proyecto, si hay un problema, seremoss primeras responsables. No hay excusas, si no quieres enfrentarte as consecuencias, entonces soluciona el problema.¡± Le dije seriamente. Al o¨ªr esto, Mire ya no dijo m¨¢s, solo asinti¨® y se dio vuelta. La escuch¨¦ murmurar: ¡°Venganza personal.¡± Entend¨ª lo que quer¨ªa decir, Sergio estaba actuando as¨ª por su descontento personal hacia m¨ª. Suspir¨¦, ?acaso no lo sab¨ªa? Pero mientras m¨¢s me criticaba, m¨¢s quer¨ªa resolver ese problema de manera impecable, dej¨¢ndolo sin nada de qu¨¦ har. Adem¨¢s, ese parque de diversiones era mi manera de cumplir el sue?o de mi pap¨¢, no pod¨ªa permitirme ning¨²n fallo. Porque mi pap¨¢, en vida, siempre fue alguien que buscaba perfi¨®n, y quer¨ªa que supiera que su hija tambi¨¦n pudiera ser excepcional. Mire r¨¢pidamente me pas¨® los contactos de los proveedores de luces y del equipo de constri¨®n. m¨¦ y finalmente decidimos invitarlos a discutir el problema ys soluciones en el sitio. Ambas partes estuvieron de acuerdo, pero lo m¨¢s pronto que podr¨ªan llegar ser¨ªa dentro de dos d¨ªas, as¨ª que estar ansiosa esos dos d¨ªas no servir¨ªa de nada. Pensando en que Mire casi no hab¨ªa dormido noche anterior, le di el d¨ªa libre para que descansara, y decid¨ª regresar a casa de familia V¨¢squez. Con Sergio ya hab¨ªa arados cosas, pero con familia V¨¢squez todav¨ªas ten¨ªa pendientes. Justo cuando estaba recogiendo mis cosas para irme, Zo¨¦ vino a buscarme: ¡°Cam, ?podemos har?¡± ¡°No creo que tengamos nada de qu¨¦ har.¡± Acababa de revisar lista de movimientos del personal del departamento de recursos humanos y sab¨ªa que Zo¨¦ 12:46 hab¨ªa ingresado a empresa hacia tros dias, en el departamento administrative Yo trabajaba en el departamento de proyecto y no teniamos contacto directo, as¨ª que no podia estar buscandome por trabajo. Que quiere directora Minas de mi? Pregunt¨¦ de manera formal Zo¨¦ no solo habia ingresado al departamento administrativo, sino que tambi¨¦n era jefa del departamento. La jugada de Sergio erao de esos emperadores del pasado cegados por belleza. Que Zo¨¦ llegara y se convirtiera en jefa ya era suficiente para saber que habr¨ªa quejas entre los empleados. Y ¨¦l hizo esto sin considerar mis sentimientos en lo m¨¢s m¨ªnimo, sabiendo que se supon¨ªa que era su prometida, mientras que Zo¨¦ apenas hab¨ªa sido involucrada en un esc¨¢ndalo con ¨¦l. ¡°Es algo personal.¡± Dijo Zo¨¦ con una cara de iodidad. Mir¨¦ hora dici¨¦ndole: ¡°Lo siento, pero estamos en horarioboral.¡± Zo¨¦ pareci¨® a¨²n m¨¢s inc¨®moda, mordi¨¦ndose elbio y pregunt¨¢ndome: ¡°?Podr¨ªa ser despu¨¦s del trabajo?¡°¨C Se?al¨¦ bolsa que estaba recogiendo y le dije: ¡°Ahora me tengo que ir, despu¨¦s del trabajo tengo otros asuntos.¡± Eso hizo que Zo¨¦ se pusiera a¨²n m¨¢s p¨¢lida, mir¨® alrededor para asegurarse de que nadie escuchaba y finalmente habl¨®: ¡°S¨¦ que est¨¢s enfadada porque estoy viviendo en esa casa y caus¨¢ndole problemas a Sergio, puedo mudarme.¡± Re¨ª y le dije: ¡°Zo¨¦, deja de fingir. Si quisieras mudarte, no te habr¨ªas mudado ah¨ª desde el principio. Y adem¨¢s¡­¡± Hice una pausa, mir¨¢nd fijamente: ¡°Sabes perfectamente que raz¨®n por que Sergio y yo estamos as¨ª es por ti, pero aun asi vienes a ponerme cara. ?Qu¨¦ est¨¢s tratando de hacer, crees que soy ciega o tonta, que no entiendo?¡± ¡°Estoy aqu¨ª por necesidad.¡± Zo¨¦ todav¨ªa intentaba justificarse. Viendo su fachada de hipocres¨ªa, no me contuve y le dije: ¡°?Acaso este es el ¨²nico lugar en el mundo donde puedes trabajar? ?O es que sin ¨¦l no puedes vivir?¡± ¡°Cam, ?c¨®mo puedes decir eso?¡± Zo¨¦ levant¨® mano. Di un paso atr¨¢s para alejarme de e y dije: ¡°Zo¨¦, hay c¨¢maras por toda empresa, as¨ª que mejor no juegues esos jueguitos, al final que va a pasar verg¨¹enza ser¨¢s t¨² misma.¡± Capitulo 57 Los trucos de Zo¨¦ fueron desenmascarados pin piedad por mi, y su rostro se torn¨¦ extremadamente inc¨®modo. Pero aun as¨ª, se esforzaba por mantener su imagen de superioridad mientras preguntaba: ¡°?Acaso est¨¢s convencida de que hay algo entre Sergiy yo?¡± ?Necesitaba confirmaci¨®n de los dem¨¢s? No sab¨ªa lo que hab¨ªa hecho en el fondo de su coraz¨®n? Solo que mi buena educaci¨®n me impidi¨® decir algo desagradable, sin embargo, los ojos de Zo¨¦ se llenaron de l¨¢grimas mientras dec¨ªa: ¡°Nunca pens¨¦ que gente de hoy pudiera tener pensamientos tan sucios y despreciables.¡± Mira c¨®mo se presentabao si fuera tan noble. ¡°Cam, Sergi es un buen hombre, ni siquiera puedes confiar en ¨¦l, solo por eso ya no te mereces.¡± Cuando Zo¨¦ dijo eso lo entend¨ª todo. Todo su pre¨¢mbulo era para mostrar que no merec¨ªa a Sergio. As¨ª que, definitivamente ten¨ªa m¨¢s que decir. No dije mada, solo observ¨¦ actuar. Como era de esperarse, se cubri¨® los ojos fingiendo estar a punto de llorar y dijo: ¡°Cam, ?de verdad no aprecias a Sergi?¡± Esa mujer estaba tratando de tenderme una trampa. ?Pensaba que era ingenua? Me re¨ª con desd¨¦n y dije: ¡°Si digo que no lo quiero, ?dir¨¢s que t¨² s¨ª?¡± El rostro de Zo¨¦ se endureci¨® ligeramente, susbios estaban apretadoso cerezas, interpretando a perfi¨®n fragilidad y belleza. Pero no era hombre, de lo contrario, definitivamente estar¨ªa emocionada por su apariencia. ¡°Sergi merece ser apreciado.¡± Zo¨¦ tambi¨¦n revel¨® sus verdaderos pensamientos. Baj¨¦ mirada hacia su a¨²n no vientre y luego a sus zapatos de tac¨®n bajo dici¨¦ndole: ¡°Parece que realmente quieres apreciarlo, ?pero crees que eres digna?¡± El rostro de Zo¨¦ se torn¨® feo y sus manos que colgaban apretaron t de su vestido. ¡°Zo¨¦, creo que es mejor advertirte, aunque yo y Sergio no pudi¨¦ramos estar juntos, entrar a familia V¨¢squez ser¨¢ dif¨ªcil para ti, ya sabr¨¢s por qu¨¦.¡± No estaba tratando de golpea, sino de hace entrar en raz¨®n. Aunque Ricardo y Sandra ediera a que Sergio no se casara conmigo, no dejar¨¢n que una mujer embarazada de otro hombre entrara a familia V¨¢squez. A menos que, el ni?o en su vientre fuera de Sergio. La bravuconer¨ªa de Zo¨¦ se desvaneci¨® totalmente con mis pbras, y al ver que no dec¨ªa nada m¨¢s, tambi¨¦n tom¨¦ mi bolso y 12:47 ls que me pregunta omo es que ha vuclip de repente y sinty o/oude?¡± hacimientos Con tologia avanzada dele fecha, tener hyys se sticaba cuidadosamente, se decis que hacer en primavere o verano, cuando todo renace y florece, hace que los ni?os sean m¨¢s inteligentes y hermosg8 ¡®Llegu¨¦ aver, tuve que resolver algunos asuntos en el parque de diversiones, asi que no te to mencions Expliqu¨¦ mientras me quitable los zapatos y Carminabes descalza hacie et living de Virginia Adicta al trabajo Virginia, que otra adicta al trabajo, me lo reprocti¨®. Me sent¨¦ en el sof¨¢, tom¨¦ una naranja fresca de mesa, pel¨¦, le di mitad a Virginia yenc¨¦ aer otra mitad. Aunque quedarse despierto hasta tarde no era algo inusual para mi, siempre sentie que mi coraz¨®n se deshidrataba despu¨¦s,o si no pudera beber suficiente aqua G¨¢fa reponerme ¡°?Volviste s?¡± La pregunta de Virginia estaba llena de insinuaciones, Me rei y pregunt¨¦: ¡°?Qu¨¦ m¨¢s?¡± ¡°?Y tu aventura amorosa?¡± Virginia me sirvi¨® un vaso de agua. 212 Cap¨ªtulo 58 Tom¨¦ casi todo el vaso antes de decir: ¡°Ya se fue.¡± ¡°?Qu¨¦?¡± Virginia estaba sentada frente a m¨ª, cons piernas cruzadas, irradiando curiosidad. ¡°Lo rechac¨¦ y se fue, dijo que ten¨ªa que trabajar y as¨ª fue.¡± Mi confesi¨®n dej¨® a Virginia ligeramente desconcertada. ¡°?Se fue? ?Y no intent¨® insistir un poco m¨¢s? Virginia sacud¨ªa cabeza diciendo: ¡°Ese hombre no sabe luchar.¡± ¡°¨¦l sabe cu¨¢ndo retirarse, no es de los que se quedan pegados hasta molestar.¡± Dije, recordando apariencia ruda y firme de Jorge. Virginia me mir¨® inclinando cabeza: ¡°Si ¨¦l hubiera insistido un poco m¨¢s, ?t¨²¡­?¡± ¡°?No!¡± La interrump¨ª: ¡°No voy a curars heridas que otro hombre me dej¨® con alguien m¨¢s.¡± ¡°Entonces nadie puede reemzar f¨¢cilmente a Sergio.¡± Concluy¨® Virginia. Sonre¨ª d¨¦bilmente diciendo: ¡°Sergio acept¨® terminar conmigo.¡± Virginia se qued¨® paralizada mientras yo dejaba el vaso y continuaba: ¡°Vine aqu¨ª para darme una ducha y cambiarme de ropa antes de ir a casa de familia V¨¢squez, para hars cosas con Ricardo y Sandra. Lo m¨ªo con Sergio¡­ ha terminadopletamente.¡± Al decir esto, baj¨¦ mirada. No era ni nostalgia ni alivio lo que sent¨ªa, era un sentimiento indescriptible. Diez a?os, lo que estaba dejando atr¨¢s no era solo mi amor por Sergio, sino tambi¨¦n una d¨¦cada de juventud, todass hermosas expectativas y anhelos por el amor. Virginia pareci¨® percibir mi estado de ¨¢nimo, estir¨® susrgas piernas y enganch¨® suavemente mi pie dici¨¦ndome: ¡°Si termin¨®, termin¨®. Lo viejo debe irse para que llegue lo nuevo.¡± ¡°Je.¡± Me re¨ª: ¡°Es cierto, lo viejo debe irse para que llegue lo nuevo.¡± Al decir eso, tambi¨¦n me levant¨¦ y dije: ¡°Voy a tomar una ducha.¡± En el ba?o, abr¨ª ve y el aguaenz¨® a caer, cerr¨¦ mis ojos. El agua corr¨ªa, desliz¨¢ndose por mis cabellos, pasando por mi frente,s esquinas de mis ojos¡­ Cuando llegu¨¦ a casa de familia V¨¢squez, justo despu¨¦s del almuerzo, Sandra estaba arrendo unas flores. 12:47 Capitulo 58 Al verme, dej¨® inmediatamentes tijeras y dijo: ¡°Cami, has vuelto! Qu¨¦ alegr¨ªa, te he extra?ado tanto. Ni?a traviesa, hasta apagaste tu tel¨¦fono, realmente me ten¨ªas preocupada.¡± Sandra tom¨® mi mano, con una mez de enojo y alegr¨ªa en su expresi¨®n. ¡°Lo siento, te hice preocupar. Escuch¨¦ que te enfermaste.¡± Comenc¨¦ disculp¨¢ndome. ¡°No, no, no es tu culpa.¡± Sandra me arrastr¨® al sof¨¢, inst¨¢ndome aers frutas en Tom¨¦ una uva y puse en mi boca mientras le dec¨ªa: ¡°?Ya te sientes mejor?¡± ¡°Ahora que te veo, ya estoy mejor. Todo lo dem¨¢s no importa.¡± Sandra me sostuvo mano todo el tiempo. Su rostro sonriente hizo que me costara decir lo que ten¨ªa que decir. Pero sab¨ªa que tarde o temprano ten¨ªa que har, as¨ª que pregunt¨¦: ¡°?Y el se?or? ?No est¨¢ en casa?¡± ¡°¨¦st¨¢ aqu¨ª, en su estudio.¡± Dijo Sandra mientras maba: ¡°?V¨¢squez, sal! Cami ha vuelto a casa.¡± Sandra realmente sab¨ªa c¨®mo presionarme con cada pbra, y ten¨ªa sensaci¨®n de que sab¨ªa por qu¨¦ hab¨ªa vuelto, por eso actuaba as¨ª. Ricardo, con sus gafas de leer, sali¨® del estudio, al verme se quit¨®s gafas y dijo: ¡°?Yaiste? Si no, que tu suegra te prepare algo. Siempre tenemosida lista para ti.¡± Antes de irme, Ricardo me hizo mar a Sandra de esa manera, sabiendo que Sergio y yo ya ni siquiera ¨ªbamos a casarnos, aun as¨ª dec¨ªa eso, solo hab¨ªa una raz¨®n. Estaba ejerciendo presi¨®n sobre m¨ª. Sandra estaba a punto de levantarse, pero detuve, aunque sab¨ªa que lo que iba a decir a continuaci¨®n los har¨ªa sentir mal o incluso dolor. Pero tarde o temprano tendr¨ªamos que enfrentar este momento, y posponerlo solo har¨ªa que todos estuvi¨¦ramos inquietos. Respir¨¦ hondo y cuando Ricardo se acerc¨®, empec¨¦: ¡°Sandra, Ricardo, hoy vine a harles sobre lo m¨ªo con Sergio.¡± Cap¨ªtulo 59 Sandra y Ricardo se quedaron cados por un momento debido a mis pbras, no sorprendidos, pero s¨ª muy tensos. ¡°Cami, ya sabemos, no te culpamos, es culpa de ese desgraciado de Sergio, Sandra ya le dio una buena rega?ada, le dije que regresara para pedirte disculpas¡­¡± A¨²n no hab¨ªa hado, cuando Sandra ya estaba ech¨¢ndole una buena bronca a Sergio. E hac¨ªa eso, queriendo evitar que dijera algo que no quisieran escuchar. Ricardo, por otrodo, era m¨¢s racional que e e interrumpiendo a Sandra dijo: ¡°Deja que Cami hable.¡± Sandra me apret¨® mano a¨²n m¨¢s fuerte, mir¨¢ndome con unos ojos que dec¨ªan lo mismo que sus pbras. Baj¨¦ mirada, tratando de no dejarme distraer: ¡°Ricardo, Sandra, Sergio y yo terminamos.¡± Despu¨¦s de decir eso, habitaci¨®n qued¨® en un silencio total, solo Sandra me apretaba mano a¨²n m¨¢s fuerte. ¡°?Por qu¨¦?¡± La voz de Ricardo era profunda y poderosa. Sab¨ªa que ten¨ªa que darles una raz¨®n lo suficientemente buenao para que no pudieran seguir insistiendo en el tema, de lo contrario, nunca dejar¨ªan de hacerlo. As¨ª que, no hab¨ªa necesidad de decir que Sergio y yo no ¨¦ramospatibles, decirlo no cambiar¨ªa nada. Decid¨ª decir verdad: ¡°Por Zo¨¦, ¨¦l se preocupaba demasiado por e, incluso m¨¢s que por m¨ª, que soy su prometida.¡± Sandra tir¨® de mi mano hacia e pregunt¨¢ndome: ¡°?Qu¨¦ le hizo esa mujer a mi hijo otra vez? Cami, dime, ?por qu¨¦ esa mujer sigue rondando a mi hijo?¡± La cara de Ricardo se oscureci¨® a¨²n m¨¢s: ¡°Cami, no estamos muy al tanto de lo que hace fuera, cu¨¦ntanos y nosotros te apoyaremos.¡± ?Realmente no lo sab¨ªan? El d¨ªa que los rumores llegaron a sus o¨ªdos, ?no investigaron, no preguntaron? Conociendo a Ricardo, eso era imposible. En aquel momento Sergio estaba a cargo de Chispa Global, pero Ricardo fue quien fund¨® empresa y aunque hab¨ªa delegado su poder a Sergio, segu¨ªa siendo el verdadero l¨ªder. Parec¨ªa que no interven¨ªa, pero en realidad, estaba detr¨¢s de todo, porque ¨¦l estaba al tanto de todo. Sergio ten¨ªa un esc¨¢ndalo con una viuda y todo el mundo en empresa haba de ello, era imposible que Ricardo no lo supiera. Simplemente estaba fingiendo hara. confusi¨®n, esperando que yo 12:47) Capituls 50 As¨ª que decidi decirlo: ¡°Le dio a Zo¨¦ una tarjeta adicional para que usara y hasta le dio casa que estaba preparando para m¨ª, para que esa mujer viviera alli. Lo peor de todo es que estos d¨ªas ha estado vi¨¦nd a escondidas, incluso pa?¨® a sus ex¨¢menes prenatales.¡± Me enter¨¦ de los ex¨¢menes prenatales por Virginia. Sergio fue inteligente, no registr¨® a Zo¨¦ para los ex¨¢menes prenatales en el hospital de Virginia, sino en un hospital privado de lujo en San Jos¨¦ del Cabo. Pero lo que ¨¦l no sab¨ªa era que Virginia era una especialista contratada all¨ª, y el d¨ªa que Sergio y yo ¨ªbamos a legalizar nuestra rci¨®n, ¨¦l minti¨® diciendo que un maestro hab¨ªa calcdo un buen momento, posponiendo formalizaci¨®n, simplemente porque estaba pa?ando a Zo¨¦ a hacerse un examen prenatal. Justo ese d¨ªa, Virginia estaba haciendo una cirug¨ªa all¨ª y lo vio todo. E no me lo dijo de inmediato, pensando que Sergio y yo ya hab¨ªamos formalizado nuestra rci¨®n y no quer¨ªa entristecerme m¨¢s. M¨¢s tarde, cuando se enter¨® de que Sergio y yo no hab¨ªamos firmado nada, no dijo nada porque no quer¨ªa echarle m¨¢s sal a herida. Hasta aquel d¨ªa que iba a ir a visitar a los V¨¢squez, me lo cont¨® todo, agregando una raz¨®n m¨¢s para deshacerme de Sergio, ese hombre despreciable. ¡°?En serio pas¨® eso? ?Maldici¨®n!¡± Ricardo inmediatamente golpe¨® mesa con mano, visiblemente enfadado. Era aterrador. Su personalidad era generalmente calmada, raramente se enojaba. Aunque su enojo no era directamente hacia m¨ª, me sobresalt¨® de igual manera. Cap¨ªtulo 60 Sandra me agarr¨® mano temndo un podo y luego tambi¨¦n se indigno, ¡°Ese desgraciado, voy a marlo para que vuelva ahora mismo, y le preguntar¨¦ qu¨¦ demonios piensa hacer. ?No dijo que no ten¨ªa nada que ver con esa tal Minas?¡± Finalmente, Sandra solt¨® mi mano y fue a buscar su tel¨¦fono. Mov¨ª mi mano, todav¨ªa adormecida por su agarre dici¨¦ndole: ¡°Sandra, ya hab¨ªa hado con ¨¦l en oficina, y ¨¦l tambi¨¦n est¨¢ de acuerdo en terminar. Y hay m¨¢s¡­¡± Me detuve un momento: ¡°Tambi¨¦n consigui¨® que Zo¨¦ trabajara en empresa.¡± Ese d¨ªa, no importaba c¨®mo lo dijera, parec¨ªa que estaba chismeando, as¨ª que no iba a ocultar nada y contar¨ªa todo lo que Sergio hab¨ªa hecho. ¡°?Qu¨¦?¡± Esa vez, pareja frente a m¨ª estaba sorprendida. Especialmente Ricardo, que parec¨ªa enfurecido, mientras Sandra le preguntaba: ¡°No dijiste que ten¨ªas todo bajo control en Ta empresa? ?C¨®mo es que no sab¨ªas de esto?¡± Era de esperarse. Ricardo, sentado en casa, siempre estaba al tanto de lo que pasaba en empresa. Pero,s idas y venidas de gente en empresa, esos peque?os detalles, no era algo que ¨¦l, siendo el director siempre tuviera en cuenta. Ricardo no dijo nada, pero en sus ojos hab¨ªa una ira evidente. Viendo esto, Sandra dijo de inmediato: ¡°ma a Sergio para que vuelva, y pregunt¨¦mosle qu¨¦ est¨¢ pasando.¡± No los dej¨¦ mar, ya que Sergio ir¨ªa solo paraplicar m¨¢ss cosas. ¡°Se?ores, si ustedes no pueden aceptar esto, ?c¨®mo creen que me siento yo? Justo despu¨¦s de los rumores con Zo¨¦, ahora trae a empresa, ramente no me tiene en cuentao su prometida.¡± ¡°Cami, vamos a hacer que eche a esa mujer.¡± Sandra me tom¨® de mano otra vez. ¡°Sandra, el d¨ªa antes de nuestra boda, frente a m¨ª, bloque¨® todos los contactos con Zo¨¦, pero eso no le impidi¨® pa?a a su chequeo prenatal al d¨ªa siguiente. As¨ª que, despedir a Zo¨¦ no resuelve el problema. Me mord¨ª elbio. ¡°El verdadero problema es que Sergio tiene en su coraz¨®n, por e puede mentir, puede ignorarlo todo.¡± Al decir eso, mi coraz¨®n sent¨ªa amargura y tambi¨¦n estaba avergonzado. Despu¨¦s de estar tanto tiempo con Sergio, no pod¨ªa superar atri¨®n que una viuda ten¨ªa sobre ¨¦l. Al final, hab¨ªa fado. Mis pbras dejaron a Ricardo y Sandra sin nada que decir, as¨ª que tambi¨¦n solt¨¦ lo que ten¨ªa en el coraz¨®n. ¡°Solores,s cosas ya est¨¢n asi entre Sergioy yo, aunque ustedes lo presionen para que est¨¦ conmigo, su coraz¨®n no lo estard.¡± Casame con un hombre desinteresado sold mestimaria. Si de verdad me quieren. seguro no querr¨¢n que me quede en un matrimonio sin amor, llorando dia y noche, ?verdad?¡± Cami¡­ Sandra tenia los ojos llorosos: ¡°Sergio debe estar¡­ confundido. ?No podr¨ªas darle otra oportunidad, esperar un poco m¨¢s para que reflexione?¡± *?Esperar para qu¨¦?¡± En ese momento, Ricardo interrumpi¨® con severidad: ¡°¨¦l es quien le ha fado a Cami, ?por qu¨¦ Cami tendr¨ªa que esperarlo a ¨¦l?* Las pbras de Ricardo realmente me hicieron sentir su hija, y sent¨ª una punzada en nariz. ¡°Cami, Sergio no sabe apreciarte. Entonces, no deber¨ªas darle otra oportunidad. Mira, si no encuentras a alguien adecuado, yo te presentar¨¦ a alguien. Tengo algunos j¨®venes excelentes cerca.¡± Ricardo haba cada vez m¨¢so un verdadero padre defendiendo a su hija. Pero Sandra parec¨ªa impaciente,nz¨¢ndole una mirada severa: ¡°?Qu¨¦ est¨¢s diciendo? Cami solo puede ser mi nuera, no quiero que se case con alguien m¨¢s.¡± Lo que hab¨ªa sido una conversaci¨®n mnc¨®lica, se convirti¨® en algo m¨¢s animado con interi¨®n entre ellos. *?Qu¨¦, ahora quieres tener otro hijo?¡± Ricardo brome¨® con humor. Antes de que Sandra pudiera responder, una voz familiar reson¨® en entrada: ¡°Creo que eso ser¨ªa posible.¡± En aquel momento, levant¨¦ vista y de repente vi a Manuel V¨¢squez parado contra luz, vestido con ropa casual y arrastrando una maleta. Sus ojos me miraban, brindo intensamente. 212 EI Centímetro 61-70 Cap¨ªtulo 61 ?Manuel regres¨®! Jam¨¢s lo hubiera imaginado, igual que nunca pens¨¦ que todav¨ªa recordara el n¨²mero de celr de mi padre. Ricardo y Sandra tambi¨¦n quedaron sorprendidos, se quedaron mirando a Manuel sin poder decir pbra por unrgo rato. Manuel hab¨ªa estado en Madrid por cuatro a?os, y durante todo ese tiempo, nunca regres¨® ni una s vez. Su regreso tan inesperado tambi¨¦n los tom¨® por sorpresa, mezndo alegr¨ªa con asombro. ¡°?Qu¨¦ pasa, mis padres no me reciben con alegr¨ªa?¡± Manuel se acerc¨® sonriendo mientras hac¨ªa esa pregunta. Manuel siempre hab¨ªa sido muy c¨¢lido de coraz¨®n, verdaderamenteo un hermano mayor deber¨ªa ser. Durante los diez a?os que pas¨¦ con familia V¨¢squez, antes de que ¨¦l se fuera, ¨¦l fue quien m¨¢s calidez me brind¨® en ese hogar. Sin embargo, muchas veces ¨¦l prefer¨ªa actuar en vez de har, noo Sergio, que era de los que mostraba abiertamente su cari?o, algo que todos sab¨ªan. ¡°Manuel.¡± Lo salud¨¦. En ese momento, Ricardo y Sandra volvieron en s¨ª. Sandra, solt¨¢ndome, se levant¨® y fue hacia Manuel, le dio un par de golpecitos y dijo: ¡°As¨ª que todav¨ªa recuerdas que tienes padres, ?eh? Finalmente decidiste volver.¡± Ricardo tambi¨¦nent¨®: ¡°?Por qu¨¦ no avisaste antes de venir?¡± Manuel me mir¨® de reojo y sonri¨® ligeramente diciendo: ¡°Quer¨ªa darles una sorpresa.¡± Los ojos de Sandra se llenaron de l¨¢grimas y Manuel abraz¨® dici¨¦ndole: ¡°Mama.¡± Esa pbra hizo que Sandra le diera un par de besos m¨¢s, y luego lo abraz¨® fuerte, murmurando entre sollozos: ¡°Tanto tiempo sin volver, tu padre y yo pens¨¢bamos que tal vez te hab¨ªamos hecho sentir mal, que guardabas alg¨²n rencor.¡± ¡°Mam¨¢, ?qu¨¦ est¨¢s diciendo? Simplemente estuve muy ocupado en Espa?a.¡± Dijo Manuel, pero su mirada estaba fija en m¨ª. Esa mirada tan directa y ardiente hizo que mi coraz¨®n diera un vuelco. ?Acaso hab¨ªa vuelto por m¨ª? La llegada de Manuel puso fin a conversaci¨®n sobre m¨ª y Sergio, aunque ya se hab¨ªa hado lo necesario, parec¨ªa que Ricardo ya lo hab¨ªa aceptado, solo Sandra segu¨ªa dudando, pero confiaba en que con el consejo de Manuel y Ricardo, e tambi¨¦n lo aceptar¨ªa. Manuel dijo que a¨²n no hab¨ªaido y quer¨ªa probarida de sus padres. Inmediatamente, se fueron a cocina a preparar algo, insistiendo en que yo tambi¨¦niera algo. As¨ª quedamos Manuel y yo solos en s, habiendo dicho ya todo lo necesario por 12-423 t¨¦l¨¦fono, en ese momento no sab¨ªamos qu¨¦ decir. Durante ese silencio, Manuel fue el primero en romper el hielo: ¡°Pens¨¦ que ya no vendr¨ªas por aqu¨ª.¡± ¡°?Qu¨¦ dices? Este es mi hogar, puedo venir cuando quiera.¡± Al decir eso, record¨¦ que t¨¦n¨ªa otra tarea pendiente: empacar mis cosas. Viendos figuras ocupadas en cocina, supe que era el momento perfecto para empacar mis cosas y dejas en el carro, as¨ª, cuando fuera momento de irme, evitar¨ªa que Ricardo y Sandra se entristecieran o hicieran un esc¨¢ndalo al ver mi equipaje. ¡°Deja que te ayude con el equipaje.¡± Dije levant¨¢ndome para tomar sus maletas. ¡°?No hace falta!¡± Manuel rechaz¨® y extendi¨® su mano. Nuestras manos se tocaron brevemente, me estremec¨ª y r¨¢pidamente retir¨¦ m¨ªa. Manuel retra¨ªa su mano diciendo: ¡°Nunca te he hecho llevar equipaje d¨¨sde que eras peque?a, y no empezar¨¦ a hacerlo ahora.¡± Era cierto, siempre que estaba con ¨¦l, ni siquiera me dejaba llevar un papel. Aparte de enamorarme de Sergio, en esa familia nunca hubo nada ni nadie que me hiciera sentirme maltratada. ¡°Siempre has sido el mejor conmigo.¡± Le sonre¨ª con misma inocencia de hace a?os. ¡°Pens¨¦ que lo hab¨ªas olvidado.¡± Volvi¨® a decir No supe qu¨¦ responder, as¨ª que extend¨ª mi mano dici¨¦ndole: ¡°D¨¦jame ayudarte con tu moch.¡± Esta vez no se neg¨®, y juntos subimoss escaleras con su equipaje. Su habitaci¨®n estaba junto a de Sergio y m¨ªa, siendo suya m¨¢s alejada, m¨ªa en el medio, y de Sergio m¨¢s cercana a entrada. Por cuestiones de remodci¨®n, habitaci¨®n de Sergio estaba abierta y todav¨ªa se pod¨ªan ver se?ales de que no estaba terminada. Cap¨ªtulo 62 Manuel se detuvo de golpe, mir¨¢ndome con sospecha. Con una sonrisa forzada, dije: ¡°Tu mam¨¢ se encarg¨® de remodci¨®n.¡± Tras decir eso, le pas¨¦ su maleta dici¨¦ndole: Manuel, mejor odate y descansa un poco, yo tambi¨¦n voy a arrer algunas cosas.¡± ¨¦l murmur¨® un s¨ª, y yo regres¨¦ a mi habitaci¨®n. La habitaci¨®n a¨²n conservabas cosas de Sergio ys m¨ªas, evidenciando que nadie hab¨ªa vivido all¨ª desde mi partida. Al parecer Sergio no hab¨ªa vuelto ni una vez, ?d¨®nde habr¨ªa estado esos d¨ªas? ?En La Jo, donde viv¨ªa Zo¨¦? Al pensar en eso, sent¨ª un peso en el pecho, al parecer aunque hubiera arrancado a Sergio de mi coraz¨®n, herida que hab¨ªa dejado todav¨ªa necesitaba tiempo para sanar. Evitando pensar en ello, saqu¨¦ mi maleta para empacar m¨ªs cosas. Hab¨ªa practicado el minimalismo por a?os, as¨ª que incluyendo mi ropa y art¨ªculos personales, no era mucho lo que ten¨ªa y todo cab¨ªa en una maleta. Casi terminando de empacar, alguien toc¨® puerta y al abrir, me di cuenta que era Manuel. Se hab¨ªa cambiado de ropa y mirando m¨¢s all¨¢ de m¨ª hacia maleta a¨²n abierta, frunci¨® el ce?o y dijo: ¡°?Vas a mudarte de nuestra casa?¡± ¡°S¨ª, ser¨ªa inc¨®modo quedarme.¡± Dije mientras volv¨ªa a empacar. Manuel entr¨®, su mirada se pos¨® en el armario abierto con ropa de Sergio a¨²n colgada, y apret¨® los pu?os. ¡°Has estado con Sergi tanto tiempo, irte as¨ª¡­ Manuel habl¨® lentamente: ¡°?Realmente podr¨¢s?¡± ?Si pod¨ªa? ?Otra vez esa pbra? Hice una pausa y le dije: ¡°Manuel, deber¨ªas saber que soy buena dejando ir.¡± Manuel no dijo nada m¨¢s, segu¨ª empacando hasta que termin¨¦. Justo cuando iba a bajar maleta de cama, Manuel puso su mano sobre e y levant¨¦ mirada, encontr¨¢ndome con suya. Su mirada era ra, tremendamente pura, diferente a frialdad en los ojos de Sergio y a oscuridad en los de Jorge. Los ojos de Manuel erano el agua cristalina de ungo en primavera. Puros, libres de deseos y pensamientos. ¡°Cami, una vez dijiste que este era tu hogar.¡± Su voz era baja, cargada de una opresi¨®n que hac¨ªa dif¨ªcil respirar. Entend¨ª que quer¨ªa que me quedara. 12:48 ¡°Manuel, gerees que a¨²n pertenezco a nalo lilyar? Al decir esto, senaids almohadas Juntas sobre cama preguntandole: ¡°?Espolja que, despu¨¦s de romper,parta cama con feruio?¡± Algo paso por los ojos de Manuel, demasiado r¨¢pido para captarlo. Retiro lentamente su mano y con voz grave pregunto: ¡°Volver¨¢s alguna vez7¡± ¡°ro¡± Dije sonriendo. Pero sabia que, aunque volviera, ser¨ªa solo ocasionalmente, o quiz¨¢s nunca, Ese cuento de seguir siendo familia o amigos despu¨¦s de una ruptura, no s¨¦ qui¨¦n to invento, pero definitivamente no era algo que yo pudiera hacer ¡°Entonces, ?seguir¨¦ siendo tu hermano?¡± Manuel pregunt¨® con tristeza. Mi coraz¨®n se sinti¨® de repente pesado, pero me esforc¨¦ en sonre¨ªr mientras le dec¨ªa: ¡°Por supuesto, siempre ser¨¢s mi hermano.¡± Entonces ¨¦l dijo una pbra y se detuvo, mirandome con una profundidad en sus ojos,o si fueran parte m¨¢s profunda de ungo, oscuros y profundos: ¡°Entonces, ?puedo darte un abrazo?¡± Me qued¨¦ at¨®nita, sin haberle respondido a¨²n, ya me ha envuelto en sus brazos. Su aliento caliente rozaba mi cabello, esa sensaci¨®n atravesaba mi cabello, praba mi piel, y se cba en mi coraz¨®n, haci¨¦ndome temr ligeramente. 212 Cap¨ªtulo 63 ¡°Chiqui, todav¨ªa estoy aqu¨ª.¡± Cuando Manuel dijo eso, su mano grande dio una palmadita ligera en parte posterior de mi cabeza y luego solt¨®. Yo, que no hab¨ªa llorado hasta ese momento, de repente sent¨ª c¨®mos l¨¢grimas brotaban y ca¨ªan de mis ojos. Ni siquiera pude intentar detenes. Esas l¨¢grimas no deber¨ªan caer, me traicionar¨ªan. Intent¨¦ tragarms desesperadamente, pero no pude, y entre m¨¢s lo intentaba, m¨¢s l¨¢grimas flu¨ªan Solo pude girar mi cabeza para que ¨¦l no viera mi desorden. La mano grande de Manuel volvi¨® a posarse en cima de mi cabeza, masaje¨¢nd suavemente y dici¨¦ndome: ¡°Llorar dnte de m¨ª no es motivo de verg¨¹enza, ?lo olvidaste?¡± ¨¦l ya hab¨ªa dicho eso antes. Y en aquel momento lo dec¨ªa de nuevo. Pero en ese momento y bajo esas circunstancias, eso era desgarrar mi ¨²ltimo pedazo de dignidad. Me volte¨¦, d¨¢ndole espalda, y r¨¢pidamente me sequ¨¦s l¨¢grimas. Probablemente adivinando lo que pensaba, tom¨® mi maleta y dijo: ¡°Yo llevar¨¦ al auto.¡± Se fue, y yo cubr¨ª mi cara. Dejando ques l¨¢grimas corrieran libremente. Cuando baj¨¦, Ricardo y Sandra todav¨ªa estaban ocupados en cocina, su alegr¨ªa por el regreso de su hijo ramente superaba ansiedad de perdermeo nuera. No dije adi¨®s, no quer¨ªa que vieran mis ojos rojos de llorar, y tem¨ªa a¨²n m¨¢s sus intentos de retenerme. Manuel estaba esperando junto al auto, mirando hacia alguna parte,o pensando en algo. Al ver que me acercaba, una sonrisa suave apareci¨® en su rostro preguntando: ¡°?Quieres que te lleve?¡± Negu¨¦ con cabeza, forzando una peque?a sonrisa: ¡°Has estado fuera por cuatro a?os, esta ciudad ha cambiado, te perder¨ªas. Losbios de Manuel se movieron ligeramente preguntando: ¡°?De verdad?¡± Mir¨¦ punta de mis zapatos, sin mirarlo a los ojos, porque no quer¨ªa que viera mis ojos hinchados y dije: ¡°Me voy, te invitar¨¦ a cenar otro d¨ªa, hermano.¡± Manuel no dijo nada. Abr¨ª puerta del auto, me sent¨¦ y justo cuando arranqu¨¦ el auto, ¨¦l apoy¨® su mano en ventana preguntando: ¡°?D¨®nde vas a vivir? ?Puedes dec¨ªrmelo?¡± Mi mano en el vnte se tens¨®, en silencio. 12:48 ¨¦l sonrio tristemente, retirando su mano y di Me fui, y al pasar por puerta, viendo a trav¨¦ hab¨ªa sido mi hogar durante diez a?os se ale caer. Adi¨®s, mi hogar de diez a?os. Adi¨®s, mi Probablemente Manuel habl¨® con Sandra, p dej¨¦s maletas, hice una limpieza r¨¢pida y h ma?ana siguiente, y al abrir ventana y ver todo empezar¨ªa de nuevo desde ese d¨ªa. Hat que pasar¨ªa m¨¢s tiempo en el parque de dive evitar encontrarme con ¨¦l. Mire tambi¨¦n e durante un mes, ya que ese era el zo para ¡°Vamos a confirmar una vez m¨¢s hora de partes ma?ana.¡± Le dije a Mire. ¡°Cami, ya est¨¢ todo confirmado. Una parte lles dos de tarde. Los alojamientos tambi¨¦r Mire hab¨ªa cubierto todos los detalles log¨ª ¡°Reserva una habitaci¨®n m¨¢s.¡± Dije. ¡°?Viene alguien m¨¢s?¡± Pregunt¨® Mire. 212 Cap¨ªtulo 64 ¡°No es eso, nosotras dos vamos a vivir aqu¨ª, porque para ajustar iluminaci¨®n se necesita ver el efecto en noche, as¨ª que tenemos que estar preparadas para trabajar hasta tarde o toda noche, volver a casa no ser¨ªa pr¨¢ctico.¡± Le expliqu¨¦. Mire me dio un pulgar hacia arriba mientras dec¨ªa: ¡°Cami, siempre piensas en todo.¡± ¡°Si tienes novio, tambi¨¦n av¨ªsale, porque vamos a ocupar mucho de su tiempo juntos.¡± Le record¨¦. ¡°No hay problema, ser¨¢ una buena prueba para ¨¦l.¡± Dijo Mire con una sonrisa en su cara. Esa sonrisa era de felicidad, ya que era muy dulce. ¡°Entonces, a trabajar. Para ahorrar tiempo, tenemos que identificar todos los problemas, as¨ª cuando lleguen los dem¨¢s, podemos ir directo a resolverlos.¡± Organic¨¦. Mire asinti¨®, sacando los nos y dici¨¦ndome: ¡°Yo me encargo des zonas A, Dy F¡± ¡°Yo me encargo del resto.¡± Aunque era l¨ªder, en situacioneso esa, ten¨ªa que involucrarme tantoo Mire. Al d¨ªa siguiente, primero recibimos a dos personas de empresa constructora, uno mado Rodr¨ªguez y el otro Arrollo. Por tarde tambi¨¦n recibimos a gente del proveedor de luces, uno mado D¨¢v y otro Beltr¨¢n. Nosotros tres, basados en los problemas que Mire y yo hab¨ªamos identificado, discutimos primero y luego hicimos una inspi¨®n en el sitio, finalmente todos estuvimos de acuerdo en que calidad des luces no era el problema, ni constri¨®n, sino configuraci¨®n de iluminaci¨®n. Seg¨²n el contrato, configuraci¨®n de iluminaci¨®n era responsabilidad del proveedor, el gerente Beltr¨¢n contact¨® a su empresa de inmediato y luego me dio una respuesta: ¡°Nuestro equipo enviar¨¢ a dos especialistas en iluminaci¨®n ma?ana por tarde.¡± Al escuchar eso, me impacient¨¦ un poco y pregunt¨¦: ¡°?No podr¨ªan llegar m¨¢s r¨¢pido?¡± Aunque todav¨ªa ten¨ªamos un mes y ya hab¨ªamos encontrado el problema, ajustar iluminaci¨®n era un trabajo detado. Podr¨ªa ser necesario ajustar una s luz varias veces, y ese parque ten¨ªa miles de luces. Si no aceler¨¢bamos, no terminar¨ªamos a tiempo. Y adem¨¢s, necesit¨¢bamos dejar tiempo para que Sergio hiciera una inspi¨®n previa. Si no estaba satisfecho o cre¨ªa que algo no estaba bien, tendr¨ªamos que hacer ajustes. 12-18 ¡°Jorge est¨¢ fuera de ciudad, pero tambi¨¦n est¨¢ apur¨¢ndose en volver, ma?ana es lo m¨¢s r¨¢pido que puede llegar aqu¨ª.¡± Me explico Lucio Beltr¨¢n. Ya que estaban haciendo todo lo posible, no pod¨ªa decir mucho m¨¢s ni hacer mucho m¨¢s que no fuera solo esperar. ¡°?Qu¨¦ tal es Jorge ticamente?¡± Durante cena, los invit¨¦ y pregunt¨¦ casualmente. Lucio, de unos cuarenta a?os y algo corpulento, pero muy amigable, dijo: ¡°Bueno, si ¨¦l dice que es el segundo mejor en industria, nadie se atrever¨ªa a decir que es el primero.¡± ?Era tan bueno? Sonre¨ª y dije: ¡°Entonces me quedo tranqu.¡± ¡°Jorge todav¨ªa est¨¢ soltero, se?orita G¨¢mez, si aqu¨ª hay alguna chica adecuada, podr¨ªas present¨¢rs.¡± Incluso Lucio empez¨® a jugar de casamentero. ¡°ro, ?pero no temes que si encuentra a alguien aqu¨ª no querr¨¢ regresar?¡± Brome¨¦. ¡°Nuestra f¨¢brica tambi¨¦n organiza posiciones para los familiares de los empleados.* Lucio tambi¨¦n se uni¨® a broma. La cena fue muy amena, un buen descanso antes del inicio del trabajo pesado. Cuando llegu¨¦ a casa, mi tel¨¦fono son¨®, era Sergio m¨¢ndome. Tan tarde, no sab¨ªa qu¨¦ quer¨ªa, pero igual contest¨¦: ¡°Presidente V¨¢squez.¡± ¡°Cam, eres imcable, ?insistes en que tengo algo con Zo¨¦?¡± Su voz sonaba sombr¨ªa. As¨ª que ven¨ªa a ajustar cuentas, al parecer alguien ya hab¨ªa ajustado cuentas con ¨¦l. ¡°?Acaso lo que dije no es lo que hiciste?¡± Respond¨ª con tranquilidad. Sergio solt¨® una risa fr¨ªa y luego dijo: ¡°Est¨¢ bien Cam, voy a cumplir tu deseo.¡± ?Eh? No entend¨ª, pero ya hab¨ªa colgado. Despu¨¦s de arrerme para dormir, encend¨ª mi tel¨¦fono y vi que hab¨ªa muchos mensajes sin leer en un grupo mado los Amiguis. Ese era el grupo de Sergio y Pablo, entre otros amigos, y yo tambi¨¦n estaba, hab¨ªa entradoo parte de familia de Sergio. Al abrirlo, vi que todos los mensajes eran menciones hacia m¨ª. Cap¨ªtulo 65 Iv¨¢n: ¡°Guapa, ?as¨ª que t¨² y Sergi ya terminaron?¡± Daniel: ¡°Cam, dejaste a Sergio tan confundido que ni sabe d¨®nde est¨¢. No te enojes, nosotros, nos encargamos de darle una li¨®n por ti.¡± Guille: ¡°Cam, ?cu¨¢ndo tienes tiempo? Quiero invitarlos a ti y a Sergi aer.¡± Josema: ¡°Me apunto para ir, seguro que puedo hacer que Cami y Sergi se reconcilien.¡± Fabio: ¡°Dejen de meter ruido,s peleas de pareja se arren en cama, miren c¨®mo todos se unen al alboroto sin pensar.¡± Me qued¨¦ sorprendida con todos esos mensajes, ?qu¨¦ habr¨ªan escuchado para etiquetarme en el grupo? En ese grupo ¨¦ramos ocho personas, aparte de los que ya hab¨ªan hado, tambi¨¦n est¨¢bamos Sergio y yo, Pablo. Los dem¨¢s eran amigos de infancia de ambos. Y Pablo, quien no hab¨ªa dicho nada, pero era quien mejor me conoc¨ªa. As¨ª que le mand¨¦ un mensaje directo dici¨¦ndole: ¡°Pablo, ?qu¨¦ es lo que todos han escuchado?¡± ¡°?No viste lo que Sergi public¨® en Instagram?¡± Pablo respondi¨® de inmediato. Sab¨ªa que ¨¦l tambi¨¦n hab¨ªa visto los mensajes del grupo, peroo conoc¨ªa mi situaci¨®n con Sergio, decidi¨® no decir nada. Despu¨¦s de leer su respuesta, abr¨ª Instagram inmediatamente y vi foto que Sergio hab¨ªa publicado: una rosa roja reci¨¦n cortada con el pie de foto: ¡°El rojo es m¨¢s bonito.¡± A m¨ª me gustabans rosas ncas, algo que todos sab¨ªan. Al publicar eso en Instagram, estaba dici¨¦ndole a todos que ya no me quer¨ªa a m¨ª. Recordandos duras pbras que dijo por tel¨¦fono, tambi¨¦n era su manera de decirme que quer¨ªa estar con Zo¨¦. El grupo esperaba mi respuesta, as¨ª que simplemente le di ¡°me gusta¡± a publicaci¨®n de Sergio en Instagram y luego respond¨ª en el grupo: ¡°Gracias a todos por su preocupaci¨®n, mi rci¨®n con Sergio termin¨® en paz, pero se cort¨® en sentimientos, de ahora en adnte seremos solo amigos,o ustedes y yo.¡± Tan prontoo envi¨¦ ese mensaje, varios emojis de shock y miedo inundaron conversaci¨®n. Le ech¨¦ un vistazo y luego sali del grupo. Lo que dijeran ya no me interesaba. Sin embargo, esa noche dorm¨ª mal, so?ando con todos en el grupo pregunt¨¢ndome por qu¨¦ hab¨ªa terminado con Sergio. Me despert¨¦ antes del amanecer, probablemente porque hab¨ªa llorado el d¨ªa anterior y mis ojos estaban hinchados. Us¨¦ hielo para desinmarlos y me maquill¨¦. Luego, prepar¨¦ un poco de ropa para llevar al hotel, ya que a partir de ese d¨ªa me quedar¨ªa all¨ª. 12-49 Caphies Cuando Mire lleg¨® al parque de diversiones, ya estaba ocupada trabajando. E parecia sorprendida y me dijo: ¡°Cami, ?no me digas que pasaste noche aqu¨ª?¡± ¡°No, simplemente llegu¨¦ temprano.¡± Le dije mientras miraba y le preguntaba: ¡°?Ya desayunaste?¡± ¡°A¨²n no.¡± Mire era des que llegaban justo a tiempo para trabajar y luego desayunaban a escondidas. ¡°Ve a desayunar primero, despu¨¦s vienes a trabajar. Y desde ahora, si vas a trabajar conmigo, olv¨ªdate de dormir hasta tarde.¡± Le advert¨ª. Mire sac¨® lengua en se?al depromiso dici¨¦ndome: ¡°Est¨¢ bien, no dormir¨¦, pero cuando terminemos, me tienes que dar una semana de vacaciones para recuperar todo el sue?o perdido.¡± Para cuando el trabajo estuviera terminado, yo tambi¨¦n habr¨ªa renunciado. ?Todav¨ªa tendr¨ªa el privilegio de darle vacaciones? Aun as¨ª, le promet¨ª que lo har¨ªa. Para ese entonces, deber¨ªa tener suficiente influencia para hacerlo. Al mediod¨ªa, Mire y yo acab¨¢bamos de pedirida para llevar cuando Pablo vino a buscarme. ¡°Te invito aer.¡± Fue lo primero que dijo. ¡°No puedo, esta tarde tengo que recibir al tico de iluminaci¨®n.¡± Me negu¨¦. Pablo ech¨® un vistazo al parque de diversiones y dijo: ¡°Realmente te importa mucho este lugar.¡± Sonre¨ª y fui al grano: ¡°Pablo, si tienes algo que decir, dilo directamente.¡± Capitulo 66 Asinti¨® con cabeza y se dirigi¨® hacia el parque de diversiones, yo lo segui de cerca. *?Por qu¨¦ te saliste del grupo? Pregunt¨® mientras caminaba. ¡°Es que en el grupo de ustedes casi no hablo, y adem¨¢s, si estoy yo, hasta para contar chistes picantes se tienen que medir.¡± Lo que dije era pura verdad, porque ya hab¨ªa pasado, hasta que Sergio tuvo que record¨¢rselos. En ese momento, Sergio dijo: ¡°Oigan, tengan cuidado, que mi mujer todav¨ªa est¨¢ aqu¨ª.¡± Esa pbra, ¡°mi mujer¡°, lei muchas veces, sinti¨¦ndome tan felizo si tuviera el mundo entero en mis manos. ¡°Te lo has pensado bien.¡± Me sac¨® de mis pensamientos voz de Pablo. No dije nada, Pablo se detuvo frente a un carro de choque pregunt¨¢ndome ¡°?Podemos subir?¡± ?ro!¡± Despu¨¦s de decirlo, ¨¦l realmente se subi¨® y empez¨® a girar. ¡°Oye, qu¨¦ padre es esto, eh.¡± En ese momento, Pablo se transform¨® en ¡°Pablito¡°. Lo mir¨¦ jugar sin decir nada, Pablo gir¨® un par de veces antes de har: ¡°?En serio vas a dejar a Sergio?¡± Me apoy¨¦ en baranda cercana dici¨¦ndole: ¡°Tengo mis man¨ªas, ?ya no te acuerdas?¡± Pablo gir¨® una vez m¨¢s antes de har: ¡°?No crees que soltarlo as¨ª es dejarle el camino libre a otra?¡± ¡°Tranquilo, ?siempre he sido generosa!¡± Mis pbras hicieron re¨ªr a Pablo, quien presion¨® el bot¨®n de pausa para detener el carro y luego me dijo: ¡°Despu¨¦s de que te saliste del grupo ayer, ?sabes de qu¨¦ haron todos?¡± ¡°No quiero saberlo.¡± Fui directa. Pero Pablo, siendo quien era, dijo de todos modos: ¡°Dijeron que si lo dejaste ir tan f¨¢cilmente, es porque no anabas lo suficiente a Sergi.¡± Asent¨ª ligeramente: ¡°Tal vez.¡± ¡°?Y sabes cu¨¢l fue rei¨®n de Sergi en el grupo?¡± Pablo me miraba con inter¨¦s. Pens¨¦ por dos segundos y dije: ¡°¨¦l se sali¨® del grupo ¡± ?? ???? ?? ???y the unusuae ?? ?f his mar Wes necpete ja even seua raks Jeans rammind de duely ann cuan pareils de weich conside ¡°Carr, legaida a domin, vas a cover? Ma Pablo y lo invite no tienes m¨¢s que hacer puerias quedarte aquf jugando, ya voy aer algo¡± ¡°Ve, vo jugar¨¦ un rato.¡± Pablo a veces erao un ni?o, pero era el mejor amigo de Sergio. Asi que tambi¨¦n era cercano a mi, no trat¨® de convencerme de nada, solo pregunt¨® qu¨¦ pensaba y me cont¨® lo que deb¨ªa saber. ¡°Cam, realmente sabes c¨®mo exasperar a alguien.¡± Las pbras de Pablo resonaron detr¨¢s de mi. Me gir¨¦ y le pregunt¨¦: ¡°?Qu¨¦?¡± **Incluso le diste ¡®me gusta¡® a publicaci¨®n de Sergi en Instagram, eres muy astuta!¡± Pablo me hizo una se?al de aprobaci¨®n con el pulgar. Sonre¨ª ligeramente dici¨¦ndole: ¡°¨¦l me mostr¨®, ten¨ªa que dejarle saber que vi.¡± Duranteida, Mire, curiosa, me pregunt¨®: ¡°Cami, ?Pablo es el refuerzo enviado por el presidente V¨¢squez?¡± ¡°No, solo vino a char un rato, no pienses demasiado.¡± Mis pbras hicieron suspirar a Mire. *Cami, eres realmente dura, yo hubiera vacdo.¡± Sement¨® Mire. ¡°Cada uno tiene su propia personalidad, cada quien tiene lo suyo.¡± Jugueteaba conida en caja, sintiendo ganas de vomitar. Justo entonces, son¨® mi tel¨¦fono, era una mada de Lucio, diciendo que el iluminador hab¨ªa llegado. Le dije que lo dejara pasar, y luego me obligu¨¦ aer un poco m¨¢s, aunque no ten¨ªa hambre, si no¨ªa, no tendr¨ªa energ¨ªa para el trabajo. Pero antes de terminar, Lucio ya hab¨ªa tra¨ªdo a persona, levant¨¦ vista, y al ver qui¨¦n era, me qued¨¦ petrificada. Cap¨ªtulo 67 Jorge? ?No era ¨¦l quien ayudaba a sus amigos a manejar un taxi? ?C¨®mo era que se hab¨ªa convertido de repente en el Iluminador que tanto esperaba? En ese Instante, sent¨ª si estuviera alucinando. ¡°Olivera, ?esta es se?orita G¨¢mez!¡± Lucio hizo presentaci¨®n. Jorge me extendi¨® mano dici¨¦ndome: ¡°H, se?orita G¨¢mez.¡± Ese tono de voz y esa mirada, erao si nunca nos hubi¨¦ramos conocido antes. Todav¨ªa estaba sentada, desde mi ¨¢ngulo pod¨ªa ver su perfecta l¨ªnea de mand¨ªb, y eso¡­ me hizo pensar involuntariamente en su sexy nuez de Ad¨¢n, que ya hab¨ªa capturado mi atenci¨®n varias veces. Mire me dio un ligero codazo, volv¨ª en m¨ª y me levant¨¦ para estrechar su mano. Nuestros dedos se tocaron brevemente y ¨¦l habl¨® de nuevo: ¡°Primero cenaremos, se?orita G¨¢mez, voy a revisar el escenario.¡± ¡°No, ir¨¦ con ustedes.¡± Dije, lista para caminar, pero Jorge no se movi¨®. De repente, mir¨® al hombre a sudo y le dijo ¡°Beltr¨¢n, ?yaiste? Yo a¨²n no heido nada, ?hay algo paraer aqu¨ª?¡± Lucio sonri¨® y dijo: ¡°Ya¨ª.¡± Luego me mir¨® y dijo: ¡°Podemos pedir algo a domicilio.¡± Entend¨ª lo que esa mirada significaba y me dirig¨ª directamente a Mire: ¡°Mire, p¨ªdele algo a domicilio para Jorge.¡± ¡°ro.¡± Mire respondi¨® r¨¢pidamente, sacando su tel¨¦fono para hacer el pedido y preguntando: ¡°?Qu¨¦ le gustar¨ªaer a Jorge? ?Arroz, pasta o una hamburguesa?¡± Jorge levant¨® mano, se?ndo mi pedido a medio terminar: ¡°Lo mismo que e est¨¢ Lo que yo hab¨ªa pedido era un tillo picante de carne de res con pasta que Mire hab¨ªa pedido para m¨ª. Pero Jorge era de Torre¨®n, no deber¨ªa estar acostumbrado a este tipo deida. Quiz¨¢ ten¨ªa otro gusto paraer, sin embargo, ¨¦l quer¨ªa pedir lo mismo. ¡°Bien, resulta que se?orita G¨¢mez y usted, Jorge tienen gustos simres.¡± Mire murmur¨® mientras hac¨ªa el pedido. Tos¨ª ligeramente, sinti¨¦ndome algo inc¨®moda, y mir¨¦ hacia Jorge y Lucio intentando decir: ¡°Entonces, ahora¡­¡± ¡°Primero aer, con el est¨®mago lleno se trabaja mejor.¡± Dijo Jorge, dejando su moch grande en el suelo y sacando una bote de agua a medio beber de un bolsilloteral, bebiendo unos tragos. 12:49 Su nuez de Ad¨¢n se movi¨® r¨¢pidamente mientras beb¨ªa, y sin querer, me encontr¨¦ Tragando saliva tambi¨¦n. El pedido tardar¨ªa al menos veinte minutos en llegar y Jorge, sosteniendo su bote de agua, me miro y dijo: ¡°Continueiendo, se?orita G¨¢mez, nosotros Iremos a revisar por aqu¨ª.¡± Despu¨¦s de har, Jorge y Lucio se fueron, Mire me dio un toque dici¨¦ndome: ¡°Cami, este Jorge es muy guapo, muy masculino.¡± La gente siempre era visual, Mire se fij¨® en ese hombre de un vistazo. No pod¨ªa negar que Mire ten¨ªa buen gusto. ¡°?No tienes novio ya?¡± Continu¨¦iendo pasta. Mire sonri¨® picaramente: ¡°Eso no me impide buscar un poco de aventura, de todos modos, en cuanto terminen de ajustars luces, ¨¦l se ir¨¢, no pierdo nada.¡± Casi me ahogo con sus pbras, nunca imagin¨¦ que Mire, que siempre parec¨ªa tan seria y simple, tuviera tales pensamientos. ¡°?Desvergonzada!¡± Lenc¨¦ eseentario y luego advert¨ª:, ¡°Guarda esos pensamientos, no hagas tonter¨ªas.¡± ¡°No pasa nada si me divierto un poco aqu¨ª, estar¨¦ aburrida durante m¨¢s de un mes, jefa, tranqu, no cruzar¨¦ l¨ªnea.¡± Mire parec¨ªa decidida a conquistar a Jorge. Pensando en lo que Jorge me hab¨ªa dicho antes, simplemente sacud¨ª cabeza. El pedido de Jorge lleg¨® en veintid¨®s minutos, y durante esos veintid¨®s minutos, Mire habl¨® de Jorge sin parar. En el caso de Mire cre¨ª que era amor a primera vista. No pude evitar pensar, si Mire dejara a su novio actual por Jorge, me sentir¨ªa en parte culpable. Y ten¨ªa sensaci¨®n de que Jorge no se sentir¨ªa atra¨ªdo por e. Aunque Mire solo buscaba distraerse, sab¨ªa que una vez que los sentimientos se involucran, erao abrirse una herida con un cuchillo. As¨ª que, para evitar que Mire salierastimada, lo mejor era que cortara sus esperanzas desde temprano. Por lo tanto, dije: ¡°¨¦l ya tiene a alguien que le gusta.¡± ¡°?Eh?¡± Mire me mir¨® y dijo: ¡°Cami, ?c¨®mo lo sabes? ?Lo conoces?¡± Si dec¨ªa que s¨ª lo conoc¨ªa, tendr¨ªa que explicarlo todo. Cap¨ªtulo 68 Despu¨¦s, me temia que Mire agregara mucho sobre Jorge y yo, lo que nos ha sentir iodos a ambos. Adem¨¢s, actitud de Jorge hacia mi ramente pretendia aparentar que no nos conoc¨ªamos nsi que no pod¨ªa dejar que nadie suplers que hamos tenido alg¨²n tipo de rci¨®n. *No lo conozco,¡± Negu¨¦. ¡°Entonces tu¡­¡± Mire no termin¨® su frase cuando interrumpi. ¡°Lo adivine.¡± Mire apenas hab¨ªa tocado suida, aunque normalmente era que m¨¢s¨ªa, y justo ese d¨ªa hab¨ªa pedido su favorito: pollo empanizado. Frente a un hombre guapo, hastaida perd¨ªa su sabor. ¡°?Lo adivinaste?¡± Mire era des que no dejaba piedra sin levantar: ¡°?C¨®mo lo adivinaste? ?Acaso Jorge lo ten¨ªa escrito en cara?¡± No supe c¨®mo responder en ese momento, pero si no dec¨ªa algo, Mire empezar¨ªa a especr. Mientras pensaba en alguna excusa, de repente vi un peque?o adorno colgando de bolsa de Jorge. Era un conejito nco, incre¨ªblemente tierno y adorable. ¡°Eso.¡± Se?al¨¦ el adorno con un puchero: ¡°Esa era mejor prueba.¡± ¡°?Qu¨¦ prueba eso?¡± Mire a¨²n no entend¨ªa. ¡°?No te parece raro que un hombre lleve un adorno as¨ª? Es muy discordante.¡± Tom¨¦ un sorbo del refresco que Mire me hab¨ªa ordenado. ?Demasiado dulce! ¡°La pr¨®xima vez tomar¨¦ agua con lim¨®n.¡± Le record¨¦. Mire no respondi¨®, se qued¨® mirando el adorno de Jorge, murmurando para s¨ª misma: ¡°Lo que quieres decir es que su novia se lo puso,o una deraci¨®n de propiedad.¡± Viendo que hab¨ªa captado esencia, le di una palmada en el hombro y me levant¨¦, pero Mire me agarr¨® del borde de camisa dici¨¦ndome: ¡°Cami, tambi¨¦n podr¨ªa ser que simplemente le gusten los conejitos, ?no?¡± Yo no supe qu¨¦ decir. ¡°Ahora mismo se lo preguntar¨¦.¡± Dijo Mire justo cuando Jorge y Lucio regresaban. Ese hombre realmente sab¨ªa c¨®mo manejars cosas, ni siquiera tuve que marlo. ¡°Jorge, tu pedido ya est¨¢ listo.¡± Mire abri¨® con entusiasmo bolsa del pedido de 12:49 Jorge e incluso intent¨® desempacar los cubiertos. Pero Jorge detuvo: ¡°Yo mismo lo hard.¡± ¡°Yo¡­¡± Mire quer¨ªa ayudarle, pero Jorge litorrumpl¨®: ¡°Tengo man¨ªas de limpieza.¡± Casi me r¨ªo. Laida que iba aer, acaso no pasaba pors manos de otros? Si realmente tuviera man¨ªas de limpieza, no seer¨ªa. Eso era ramente una manera de frenar el entusiasmo de Mire, dej¨¢ndome ro que no ten¨ªa inter¨¦s en e. Pero Mire, ya ens nubes por dopamina, no se dio cuenta y simplemente le pas¨® los cubiertos sin desempacar. Cuando el empez¨® a abrir los cubiertos, ech¨® un vistazo a mi caja deida, pero fui inteligente, aunque no¨ª, cubr¨ª y no vio nada. Aun as¨ª, pregunt¨®: ¡°?Ya terminaron?¡± ¡°?Si!¡± ¡°?No!¡± Mire y yo dimos respuestas diferentes. Despu¨¦s de decir ¡®no¡®, Mire se sent¨® y sigui¨®iendo su pollo empanizado ya fr¨ªo. Viendo esa escena, negu¨¦ con cabeza internamente. El dicho de que el amor nuba mente erapletamente cierto. Ya no pod¨ªa seguir viendo, tom¨¦ mi caja deida prepar¨¢ndome para tira, justo cuando escuch¨¦ a Mire preguntar: ¡°Jorge, ese adorno de conejito en tu bolsa es muy bonito, ?me lo dar¨ªas?¡± Esa franqueza me hizo tambalear mientras caminaba y casi me caigo. Esa chica ¡± realmente ten¨ªa audacia. ¡°No.¡± Fue rotunda negativa de Jorge. No me sorprendi¨® en lo m¨¢s m¨ªnimo, aunque no vi cara de Mire, pod¨ªa sentir su iodidad, y hasta yo me sent¨ªa inc¨®moda. Detr¨¢s de m¨ª, voz de Jorge volvi¨® a sonar: ¡°Se lo quiero dar a mi novia.¡± 212 Cap¨ªtulo 69 ?Novia? Hacia unos dias, ¨¦ todavia estaba hando de casarse conmigo, ?y ya tenia novia? Pensando en que ¨¦l queria casarse tan pronto, al parecer realmente necesitaba una mujer a sudo. As¨ª que, cuando lo rechac¨¦, r¨¢pidamente encontr¨® a otra, Mejor as¨ª, pod¨ªa enfrentario sin preocupaciones. Levant¨¦ pierna ync¨¦ r¨¢pidamente caja deida al basurero, y me fui a esperarlo. Mire lleg¨® en menos de dos minutos, ramente no hab¨ªa terminado suida, seguramente porque el hombre que le gustaba ya estabaprometido y hab¨ªa perdido el apetito. ¡°Ah.¡± Suspir¨® Mire al acercarse: ¡± Parece que todos los hombres buenos ya tienen due?a, ni siquiera nos dejaron chance de intentarlo.¡± Eso me hizo re¨ªr y le dije: ¡°Nena, menos mal que tu mam¨¢ te tuvoo ni?a, si fueras hombre, ser¨ªas un conquistador.¡± Justo cuando termin¨¦ de har, Jorge se acercaba hac¨ªa nosotras. Llevaba una camiseta negra y pantalones de trabajo, con botas de cuero que les llegaban a los tobillos, caminando erguidoo una de hormonas en movimiento. ¡°?Guapo!¡± Exm¨® Mire: ¡°Cami, mira qu¨¦ firmeza, cuanto m¨¢s lo ves, m¨¢s encanto tiene. Si me abrazara por cintura, ser¨ªa tan agradable.¡± Le di un golpecito en cabeza con el dedo y le dije: ¡°Deja de pensar en cosas guarras.¡± ¡°Cami, ?qu¨¦ tipo de mujer crees que merece a un hombre tan guapoo ¨¦l? Estoy muy curiosa.¡± Mire parec¨ªa estarpletamente cautivada por Jorge. ¡°No lo s¨¦, podr¨ªas preguntarle a ¨¦l directamente.¡± Le dije mientras me dirig¨ªa hacia donde estaba Jorge. En aquel momento est¨¢bamos a cargo de ajustar toda iluminaci¨®n, lo que significaba que ten¨ªa que asegurarme de que nuestro cliente estuviera satisfecho; despu¨¦s de todo, si algo sal¨ªa mal, yo ser¨ªa responsable. Mire me sigui¨® r¨¢pidamente, y cuando estuvimos a un paso de Jorge, e dijo: ¡°Cami, este hombre no est¨¢ para juegos, pero acercarse a olerlo tampoco est¨¢ mal.¡± Yo me qued¨¦ at¨®nita. Mire hab¨ªa estado conmigo durante dos a?os, y nunca supe que fuera tan lujuriosa, hasta el punto de no tener l¨ªmites. Jorge, Lucio y yo llegamos al lugar, yo Lucio ya le hab¨ªa enviado un correo electr¨®nico con los detalles del problema, Jorgeenz¨® a trabajar de inmediato. Todo fue muy fluido, y r¨¢pidamente arregl¨® el primer conjunto de luces. 12.498 Capftudo 69 ¡°?Incre¨ªble! Realmente eres un gran ingeniero Audi¨® Mire, actuando una fan¨¢tica impresionada. Sin embargo, Jorge se acerc¨® a m¨ª y me pregunt¨®: ¡°?D¨®nde est¨¢ su cuarto de control el¨¦ctrico?¡± ¡°?Eh?¡± No entendi. ¡°La iluminaci¨®n se ve muy afectada por corriente el¨¦ctrica, necesito medir su flujo y revisar el cableado. Ser¨ªa mejor mar al electricista que se encarga de este lugar.¡± Me explic¨® Jorge. Despu¨¦s de escucharlo, no pregunt¨¦ m¨¢s y m¨¦ de inmediato al encargado de electricidad para que nos encontrara en el cuarto de control. Mire fue llevada por Lucio a revisar otro problema, y yo guie a Jorge hacia el cuarto de control, ambos sin decir una pbra, enpleto silencio. El ambiente era algo extra?o y bastante inc¨®modo. Al final, fui yo quien rompi¨® el silencio y le pregunt¨¦: ¡°?No dijiste que eras taxista?¡± ¡°S¨ª, eso es un trabajo secundario.¡± Respondi¨® ¨¦l, muy naturalmente. Josefina hab¨ªa dicho que era muy capaz, y en aquel momento pod¨ªa verlo. Ser un tico de iluminaci¨®n tambi¨¦n era un trabajo de ingenier¨ªa, seguro que el sueldo no era bajo, pero aun as¨ª ten¨ªa un trabajo secundario. Aparte de su capacidad, deb¨ªa haber otra raz¨®n,o falta de dinero. De lo contrario, no estar¨ªa viviendo en ese peque?o patio de anciana. Pensando en eso, ech¨¦ un vistazo a ropa que llevaba, bastante¨²n, pero le queda muy bien, d¨¢ndole un toque elegante. Dicen que ropa hace al hombre, pero Jorge parec¨ªa ser de esos que pod¨ªan hacer que cualquier trapo luciera a moda. ¡°?Hay algo mal conmigo?¡± Su pregunta me sac¨® de mis pensamientos. ¡°No, nada.¡± Negu¨¦, pero pensando en lo que Mire sent¨ªa por ¨¦l, no pude evitar advertirle: ¡°Mejor no dejes que sepan que nos conocemos.¡± ¡°?Por qu¨¦ el que nos conozcamos tiene que ser un secreto?¡± Su pregunta me dej¨® sin pbras. 212 Cap¨ªtulo 70 Me inclin¨¦ ligeramente y encontr¨¦ su mirada oscura. En ese momento, sent¨ª un atisbo de culpa. Desvi¨¦ mirada y avanc¨¦ explic¨¢ndole: ¡°No es eso, solo prefiero evitar malentendidos.¡± ¡°Ah.¡± Su ¨²nica pbra me dej¨® sin saber qu¨¦ pensar. No pregunt¨¦ m¨¢s. Despu¨¦s de todo, ¨¦ramos adultos y deber¨ªamos conocer nuestros l¨ªmites. Adem¨¢s, ¨¦l no parec¨ªa ser alguien que hara m¨¢s de cuenta. Luego, Jorge y yo nos quedamos sin har, envueltos en un silencio inc¨®modo. Finalmente, fui yo quien rompi¨® el hielo, pregunt¨¢ndole: ¡°?Cu¨¢nto tiempo tomar¨¢ ajustar todas estas luces a lo sumo?¡± Jorge dijo: ¡°Es dif¨ªcil decir.¡± Yo me qued¨¦ muda. Record¨¦ elpromiso que hice con Sergio: ¡°Veinte d¨ªas, tenemos que terminar los ajustes.¡± Jorge me mir¨®, pens¨¦ que dir¨ªa algo, pero solo escuch¨¦ un ¡°Mmm.¡± ?Eso significaba que estaba de acuerdo? Despu¨¦s de eso, no quedaba mucho de qu¨¦ har, ro que podr¨ªa haber preguntado por Josefina, pero no lo hice. Si no fuera por esa anciana, Jorge y yo no estar¨ªamos pasando por ese inc¨®modo momento, as¨ª que menciona solo har¨ªas cosas m¨¢s inc¨®modas. El camino en silencio se sinti¨®o una eternidad, e inclusoenc¨¦ a sudar ligeramente. En ese momento, tuve que admitir que me sent¨ªa algo insignificante, y me preguntaba por qu¨¦, si frente a Sergio, mi ex¨Cprometido, me sent¨ªa tranqu, ?por qu¨¦ frente a Jorge, con quien ni siquiera tuve ¨¦xito en una cita a ciegas, me sent¨ªa tan inc¨®moda? Finalmente, Jorge y yo llegamos en silencio a s de control, donde el responsable ya nos estaba esperando. Les hice una breve introdi¨®n y el encargado llev¨® a Jorge a revisar los nos el¨¦ctricos de todo el parque de atriones. Despu¨¦s de terminar, le pregunt¨¦ a Jorge: ¡°?Hay alg¨²n problema?¡± ¡°No.¡± Su respuesta me dej¨® algo desanimada. Haber revisado todo sin encontrar problemas significaba que Jorge ten¨ªa razones para creer que el suministro el¨¦ctrico afectabas luces. Me sent¨ªa confundida. Jorge mir¨® al encargado y le dijo: ¡°Vamos a ver el cuarto de 12:49 Chistida 76 distribuci¨®n.¡± El responsable no objeto y nos gulo. Jorge observaba en silencio, y yo lo segu¨ªa sin entender nada. Incluso llegu¨¦ a dudar de si Jorge sab¨ªa lo que hac¨ªa, pero recordando que era un especialista en iluminaci¨®n, descart¨¦ esa idea. ¡°?Esta linea no es de 220V, a qu¨¦ equipo suministra?¡± Pregunt¨® Jorge. El encargado mir¨® ca del generador y dijo: ¡°Es para los equipos grandes del parque.¡± ¡°Quiero los nombres de los equipos que reciben esta energ¨ªa, su ubicaci¨®n y disposici¨®n des luces.¡± Dijo Jorge mir¨¢ndome. Asent¨ª y le dije: ¡°Le pedir¨¦ a Mire que te los env¨ªe.¡± Despu¨¦s de colgar, Jorge continu¨® hando con el encargado sobre otro grupo de suministro el¨¦ctrico. Sus rasgos eran ros y, aunque no ten¨ªa un rostro delicado, sus fiones y presencia eran imponentes,plementadas por su vestimenta de trabajo, luc¨ªa muy imponente y cool. Estaba distra¨ªda observ¨¢ndolo cuando de repente Jorge levant¨® vista y me m¨®: ¡°Ven aqu¨ª.¡± No sab¨ªa para qu¨¦ me maba, as¨ª que corr¨ª hacia ¨¦l. Pero no vi un equipo sobresaliente aldo y me golpe¨¦ al pasar. Adem¨¢s del dolor, perd¨ª el equilibrio y me inclin¨¦ hacia adnte. El responsable, que estaba m¨¢s cerca, extendi¨® su mano para atraparme, pero Jorge fue m¨¢s r¨¢pido. Bloque¨® al hombre con su brazo y al mismo tiempo me rode¨® cintura con el suyo. Sus brazos eran fuertes, sus manos grandes y c¨¢lidas, haciendo que mi peque?a cintura pareciera a¨²n m¨¢s delgada en su agarre. Justo entonces, se oyeron pasos en puerta: ¡°Cami, aqu¨ª traigo¡­ ¡± La voz se detuvo, sab¨ªa que Mire hab¨ªa quedado impactada al vernos. 212 EI Centímetro 71-80 Capitulo 71 Cap¨ªtulo 71 ¡°?Cam, te ca¨ªste a prop¨®sito, verdad?¡± Jam¨¢s pens¨¦ que Mire pudiera pensar as¨ª. En ese instante, carne sobre mi cintura todav¨ªa dol¨ªa, de seguro tendr¨ªa un moret¨®n, realmente quer¨ªa levantarme camisa para mostr¨¢rselo. No era tan tontao para jugar con fuego. Lenc¨¦ una mirada de desd¨¦n, pero eso no detuvo. Continu¨® con preguntas mal intencionadas: ¡°Cam, ?c¨®mo se siente estar en los brazos de Jorge? ?Tiene los brazos muy fuertes? ?El abrazo es¡­?¡± La interrump¨ª: ¡°?Mire! ?Acaso no piensas en nada serio?¡± Viendo que realmente me hab¨ªa enojado, Mire sac¨® lengua y murmur¨® algo tan bajo que no pude escucharlo. Apretando el lugar donde me hab¨ªa golpeado, sal¨ª del cuarto de control. Fue entonces cuando record¨¦ que Jorge me hab¨ªa mado, pero no me dijo nada, encima mestim¨¦ y pas¨¦ un mal rato por su culpa. Ese hombre¡­ Al parecer ten¨ªa que mantenerme alejada de ¨¦l y verlo soloo un cliente m¨¢s. Despu¨¦s de todo, solo fue un beso, no pas¨® nada m¨¢s. Mire le entreg¨® algo a Jorge y sali¨® detr¨¢s de m¨ª, vi¨¦ndome de pie a undo me dijo: ¡°Cam, Jorge quiere que vayamos primero al sitio de ajuste, ¨¦l vendr¨¢ en un momento.¡± Asent¨ª y justo cuando estaba por irme con Mire, son¨® mi tel¨¦fono, era una mada de Pablo: ¡°?D¨®nde est¨¢s? ?C¨®mo es que me dejaste atr¨¢s y ni te preocupaste?¡± Al escuchar eso, me qued¨¦ congda. ?Hab¨ªa pasado tanto tiempo y ese hombre todav¨ªa no se hab¨ªa ido? ?Recorri¨® todo el parque de atriones? ¡°Pens¨¦ que te hab¨ªas ido.¡± Le dije verdad. ¡°No me he ido, ?d¨®nde est¨¢s?¡± Pregunto Pablo. Le di diri¨®n del sitio de ajuste y dijo que ir¨ªa a buscarme, pero llegu¨¦ casi una hora antes que ¨¦l. ¡°?Te perdiste?¡± Le pregunt¨¦ en tono de broma. Pablo jugueteaba con una pelota del parque acu¨¢tico en su mano, digno de 18:30 un ex campe¨®n de bir, siempre obsesionado con cualquier tipo de pelota. We respondi¨®: ¡°Vo, que te recorrido losberintos del mundo entero, no me perderia en este pegs Aparte de jugar al bir, a Pablo le encantaba resolverberintos. Sergio me habis contado que Pablo exploraba los Jaberintos de cada lugar al que iba, y ye casi ha recorrido todos los que conoc¨ªa, su pr¨®ximo paso era explorarberintos geol¨®gicos. Tantas personas en el mundo y todos tienen diferentes aficiones. Hay quienes amans carreras de autos, otros los p¨¢jaros, algunos aventura, y otross coliones¡­ ¡°Porplicado que sea elberinto, siempre hay un camino a casa,¡± Pablo de repente solt¨® esa frase Me qued¨¦ pensativa, pero luegoprend¨ª lo que quer¨ªa decir. Me estaba animando a que no temiera perderme, que lo importante era recordar el camino que queria seguir. Antes tambi¨¦n me hab¨ªa recordado que pensara bien lo que realmente quer¨ªa, Parec¨ªa alguien despreocupado, pero era muy consciente de realidad. Lo m¨¢s importante era que realmente se preocupaba por m¨ª, y cre¨ªa entender el prop¨®sito de su visita: venir a aconsejarme. No para convencerme de perdonar a Sergio y darle otra oportunidad, sino para animarme a dejar ir el pasado y mirar hacia el futuro Senti algo moverse dentro de m¨ª y dije: ¡°Gracias, Pablo.¡± Pablo me pas¨® pelota que ten¨ªa en mano diciendo: ¡°Me voy, cualquier cosa me mas. No importa lo que pase con Sergio, siempre estar¨¦ ah¨ª para ti,¡± ¡°Gracias.¡± Asenti mientras tomaba pelota. Acto seguido, sent¨ª un golpecito en cabeza, su mano me hab¨ªa tocado ligeramente,ent¨®: ¡°Eres una gran chica, seguro que encontrar¨¢s a alguien que realmente te valore.¡± Dicho eso, se fue, Sosteniendo pelota con que ¨¦l ha jugado, todav¨ªa pod¨ªa sentir el calor de su palma. Mirando hacia donde se hab¨ªa ido, mi coraz¨®n se sinti¨® agridulce, Pens¨¦ que al cortar con Sergio, muchas cosas se alejar¨ªan de m¨ª, 18:30 pero me di cuenta de que no era as¨ª. Algunes amistades y sentimientos llegan a tu vida junto a alguien, pero no necesariamente se van o terminan cuando esa persona se va de tudo. Capitulo 72 Capitulo 72 ¡°Se?orita Gamez De repente, se escuch¨¦ voz de Jurge R¨¢pidamente recupere el sentido y me di weta, sin saber cuando se encargado te os habia puesto detr¨¢s de mi pa?ado de Mir electric distar No s¨¦ si fue una ilusi¨®n, pero senti que Jorge estada a ue me hopensar que algo habia salido mal ¡°?Jorge, descubriste alg¨²n problema? le pregunte ¡°El problema ya lo mandamos aegir cons electricistas Dia c fria Dije ¡°aff y justo cuando iba a preguntar qu¨¦ m¨¢s habia que hacer escrit que dijo. ¡°Hoy no vamos a probars luces.¡± Eh? Me sorprendi¨®. El encargado de electricidad inmediatamente dia Es un arabiena voltaje de red que necesita ajuste All air eso frunci el ce?o y pregunt¨¦¡°Cuanto tempo tomara ¡°Deber¨ªa estar listo hoy Contest¨® el encargado Al air esa, me alive internamente, tenia que llevara d¨ªas ¡°?Hay algo m¨¢s que necesite hacer? Wire hacia Jorge indagandan ¡°No.¡± Contest¨® ¨¦. Frunc¨ª el ce?o ligeramente, pero Mir fue m¨¢s randa que yo explico *?Jarge quiere decir que no necesitamos quedamos aqu¨ª? Podenusimas m¨¢s temprano?¡° Jarge corrobar¨¢: ¡°Si, pueden ocuparse de otras coses, nas pondremos er contacto si hay alg¨²n problema.¡± Las pbras de Jarge me sorprendieron Pens¨¦ que a venire quena trabajar hasta tarde, pero result¨® que nos dia a dia lione Quera destra?o m¨¢s, pero Jorge ya se hab¨ªa ido el encargado de electricidad Capitulo 72 En ese momento me susurr¨®: ¡°Cam, noto que desde que dejaste al presidente Vasquez, atraes a mucha gente.¡± ¡°?Qu¨¦?¡± No entend¨ª lo que quer¨ªa decir. E agreg¨®: ¡°Primero fue Jorge abraz¨¢ndote y ahora esto, Cam, parece que estas en tus mejores tiempos.¡± Me hizo girar los ojos hacia el techo con suentario, le adverti: ¡°Dejalo ya, y esta es ¨²ltima vez que hamos de algo no rcionado con el trabajo durante horasborales. La pr¨®xima vez ser¨¢ un descuento del diez por ciento del bono.¡± Saqu¨¦ mi arma secreta, de lo contrario, estaba segura de que Mire har¨ªa una historia de cualquier interi¨®n que tuviera con Jorge. Mire se cubri¨® boca de inmediato, mir¨¢ndome poniendo cara de l¨¢stima. Jorge nos dijo que volvi¨¦ramos, pero ?c¨®mo iba a hacerlo? Aunque ese d¨ªa no ajust¨¢ramoss luces, cualquier peque?o problema podr¨ªa afectas. Fui a oficina de diri¨®n del parque de diversiones, me sent¨¦ y revise los nos de iluminaci¨®n y los problemas identificados una vez m¨¢s, incluso repas¨¦ algunas tomas a¨¦reas de los ¨²ltimos d¨ªas. No fue hasta que Jorge termin¨® su trabajo que regresamos juntos al hotel. ¡°?Ya est¨¢ arreda habitaci¨®n para Jorge?¡± Pregunt¨¦ a Mire. ¡°Todo listo, solo hay que registrar su identificaci¨®n en recepci¨®n.¡± Mire le hizo se?as a Jorge para que le diera ?u identificaci¨®n y para e hacerse cargo. ¡°Lo har¨¦ yo mismo.¡± Dijo Jorge y se dirigi¨® a recepci¨®n. Mire mir¨® su espaldaentando: ¡°Tan guapo y distante, su encanto solo aumenta.¡± Despu¨¦s me mir¨®, y al encontrarse con mi mirada, de inmediato dijo: ¡°Cam, ya termin¨® el horarioboral.¡± Cada quien puede admirar o amaro quiere, as¨ª que no ten¨ªa nada que reprocharle. 273 1831 Die dirigendome hacia el ascension Entonces escuch¨¦ voz de Jorge Seforita Gamez en qu¨¦ ro estes Mir r¨¢pido dia 1306 Al dir esa, Jorge le dio a recepci¨®n Por favor, organiza mirantacon frente al 306 o aldo.¡± Yo me qued¨¦ perdea Mir abri¨® los ojos de par en parmae Cami.. Camia¡­¡± La tr¨¦ de un brazo, sefal¨¢ndole que no hiciera el rid¨ªculo y aunque no me movi, qu preguntare a Jorge por qu¨¦ soicto tabiaci¨®n tan cerca d Cap¨ªtulo 73 Jorge lleg¨® r¨¢pido, observ¨® mis ojos con una naturalidad y tranquilidad: ¡°Vamonos.¡± Me dijo. pero sent¨ª que hacerlo ser¨ªa inc¨®modo. iba a explicar por qu¨¦ decidi¨® estar tan cerca de m¨ª? Quer¨ªa ¡°Jorge, ?qu¨¦ significa que te quedes tan cerca de nosotros?¡± Mire, siempre r¨¢pida para har, hizo pregunta por m¨ª. Jorge camin¨® hacia el ascensor, extendi¨® su mano para marlo, tambi¨¦n vi su tarjeta de eso, era 308, justo aldo de m¨ªa. ¡°Es pr¨¢ctico.¡± Fue todo lo que Jorge dijo. ?Pr¨¢ctico en qu¨¦ sentido? Eso definitivamente daba pie a imaginaci¨®n. Mire tambi¨¦n estaba desconcertada, me mir¨® discretamente y luego a Jorge indagando: ¡°?A qu¨¦ se refiere Jorge con pr¨¢ctico?¡± Realmente quer¨ªa darle un golpecito a Mire en cabeza, ?acaso era una ni?a curiosa? Ten¨ªa que preguntar hasta el final. El espejo del ascensor reflejaba ramente nuestras figuras, mir¨¦ a Jorge a trav¨¦s del espejo del ascensor, ¨¦l tambi¨¦n levant¨® vista hacia m¨ª. Nuestras miradas se encontraron, y yo no desvi¨¦ m¨ªa, pero ¨¦l r¨¢pidamente mir¨® hacia otrodo, respondi¨¦ndole a Mire: ¡°Todo es m¨¢s pr¨¢ctico.¡± Mire y yo nos quedamos sin saber que decir. Finalmente, Mire dej¨® de har, solo se limit¨® a agarrar el borde de mi ropa y mecerlo. Erao si astuta zorrita hubiera sido capturada por el viejo cazador. El ascensor lleg¨® r¨¢pidamente al tercer piso, salimos y cada quien regres¨® a su habitaci¨®n. Al entrar, Mire segu¨ªa siendo amable al despedirse de Jorge: ¡°Jorge, si necesitas algo, puedes marme en cualquier momento.¡± ¡°Est¨¢ bien.¡± Asinti¨® Jorge, abri¨® puerta y entr¨®. Una vez dentro, Mire se acerc¨® y dijo: ¡°Cami, ?qu¨¦ crees que signifique eso de Jorge quiera quedarse tan cerca? ?No ser¨¢ que pretende algo? ?Qu¨¦ 18:32 Cap¨ªtulo 73 tal si es un lobo con piel de cordero y nea hacernos algo¡­?¡± Era raro ver que e, normalmente tan impulsiva, tuviera ese tipo de pensamiento de autoproti¨®n. Aunque ese pensamiento podr¨ªa frenar su obsesi¨®n, tambi¨¦n tem¨ªa que pudiera llevarse los miedos al trabajo. Disip¨¦ das: ¡°?No lo es!¡± Su Mire parpade¨®: ¡°Cami, ?c¨®mo sabes que no lo es?¡± Ante su curiosidad, me arrepent¨ª de haber hado tan r¨¢pido, y decid¨ª har menos cuando estuviera con Mire en el futuro, para evitar tener que explicar demasiado. ¡°Suposici¨®n, tambi¨¦n podr¨ªa estar equivocada. ?Qu¨¦ tal si lo pruebas t¨² misma?¡± Le dije en tono de broma. Los ojos de Mire briron: ¡°?De verdad? Me gustar¨ªa¡­¡± Justo entonces, llegu¨¦ al sof¨¢, agarr¨¦ un coj¨ªn y se lonc¨¦. Mire solt¨® un gemido, y yo entr¨¦ a mi habitaci¨®n, dej¨¦ mi equipaje y me met¨ª al ba?o. Me quit¨¦ ropa para ducharme, pensando en algo, mir¨¦ hacia mi cintura y,o esperaba, vi un golpe con tonos morados. Con piel tan nca, el moret¨®n sobresaltaba. Levant¨¦ mano para tocarlo suavemente, y de repente me vino a mente el momento en que Jorge me rode¨® con sus brazos¡­ Esa imagen pas¨® fugazmente y cerr¨¦ los ojos, forz¨¢ndome a no pensar en nada m¨¢s. Todav¨ªa estaba en ducha cuando escuch¨¦ voz de Mire desde el exterior: ¡°Cami, tu celr est¨¢ sonando.¡± Cerr¨¦ ducha y le pregunt¨¦: ¡°?Qui¨¦n es?¡± ¡°No s¨¦, es un n¨²mero sin nombre.¡± Me contest¨® e. Frunc¨ª el ce?o: ¡°No te preocupes, probablemente es alg¨²n equivocado.¡± Ya fuera un cliente, un amigo, o los V¨¢squez, incluso Sergio, ten¨ªa todos los n¨²meros guardados. ¡°Est¨¢ bien.¡± Mire respondi¨®, y luego pregunt¨®: ¡°Cami, ?Qu¨¦ cantidad de az¨²car quieres en tu limonada?¡± ¡°Tres cucharadas.¡± Contest¨¦ y volv¨ª a abrir ducha. 213 18:32 Capitulo 73 Cuando ba?arme, veinte minutos despu¨¦s, Mire ya hab¨ªa entrado al ba?o. Mientras me secaba el cabello tom¨¦ mi celr y vi que el n¨²mero era de Todos Santos, inmediatamente pens¨¦ en Josefina. ?Ser¨ªa que me extra?aba o ten¨ªa algo importante que decir? Devolv¨ª mada, y despu¨¦s de unos segundos respondieron, pregunt¨¦ directo: ¡°H, ?qui¨¦n ha?¡± ¡°Soy yo, ven aqu¨ª un momento.¡± La voz de Jorge en el tel¨¦fono me tom¨® por sorpresa y me hizo darme cuenta tard¨ªamente de que deber¨ªa haber pensado que era ¨¦l. ¡°?Sucede algo?¡± Le pregunt¨¦. Capitulo 74 El era el responsable de prueba de luges, el financiador, no pod¨ªa hacer que se molestara. Asi que, me puse una chaqueta sobre mi pijama y ful a uerta, Jorge abri¨®, su mirada se pos¨® en mi cabello a¨²n h¨²medo, tooar y tras ¡°?Todavia te duele?¡± Me pregunt¨®. Esas tres pbras me dejaron at¨®nita: Eh?¡± La mirada de Jorge baj¨® hacia mi cintura, y ahi lo entendi. Por alguna raz¨®n, mi coraz¨®nti¨® m¨¢s r¨¢pido. Respondi: ¡°Oh, no es nada.¡± ¡°Espera un momento.¡± Dijo antes de darse vuelta, dej¨¢ndome s en puerta. A trav¨¦s de puerta abierta pude ver suputadora sobre el escritorio. Parec¨ªa que hab¨ªa vuelto a trabajar mientras yo me duchaba. Esa dedicaci¨®n era admirable. Jorge regres¨®, su alta figura bloqueaba todo detr¨¢s de ¨¦l. Retir¨¦ mi mirada de puerta para enfocarme en ¨¦l, llevaba misma ropa de antes, pero camiseta estaba metida dentro de sus pantalones, resaltando a¨²n m¨¢s longitud de sus piernas. Erao esos modelos de pasar. No era dif¨ªcil entender por qu¨¦ Mire estaba tan cautivada por ¨¦l, todos tienen sus debilidades, ?qui¨¦n no? ¡°Usa esto, es bueno para mejorar cii¨®n y disipar los hematomas.¡± Asegur¨® Jorge, d¨¢ndome una peque?a caja de ung¨¹ento. Lo tom¨¦: ¡°Gracias.¡± ¡°Si te duele mucho, ve al doctor.¡± Agreg¨®. M¨¢s ung¨¹ento, m¨¢s de lo mismo, ?se preocupaba por m¨ª? Justo cuando pens¨¦ eso, a?adi¨®: ¡°No quiero que nadie se retrase en el trabajo por problemas de salud.¡± Capitulo Yo me qued¨¦ boquiabierta. As¨ª que no era preocupaci¨®n, solo tem¨ªa que retrasara el proyecto. Me burl¨¦ de m¨ª misma por mis ilusiones, y sonre¨ª dici¨¦ndole: ¡°Jorge, no te preocupes, quiero terminar esto incluso m¨¢s que t¨².¡± As¨ª no tendr¨ªa que interactuar con ¨¦l y podr¨ªa entregarle el proyecto a Sergio lo antes ble, alej¨¢ndome de ¨¦l. ¡°?Gracias!¡± Dije, agitando el ung¨¹ento y me gir¨¦. De vuelta en mi cuarto,nc¨¦ el ung¨¹ento sobre cama y suspir¨¦. Por alguna raz¨®n, me sent¨ªa inusualmente agobiada. Mire sali¨® del ba?o envuelta en una toa grande, saltando sobre camao si fuera a sumergirse en una piscina. Pero al segundo siguiente grit¨®: ¡°?Qu¨¦ es esto? ?Mestim¨®!¡± Tom¨® el ung¨¹ento y lo mir¨®: ¡°?De d¨®nde sali¨® esto? ?Cami, es tuyo?¡± ¡°?Sino de qui¨¦n m¨¢s?¡± Respond¨ª, tom¨¢ndolo de vuelta. Mire pregunt¨®: ¡°Cami, ?para qu¨¦ traes esto? ?Testimaste?¡± Me dieron gracia sus pbras. E hab¨ªa visto c¨®mo me golpe¨¦, pero parec¨ªa que todo su enfoque estaba en c¨®mo Jorge me hab¨ªa abrazado, sin importarle el golpe. Jorge me hab¨ªa dado el ung¨¹ento porque definitivamente me hab¨ªastimado¡­ De repente, mi mente se sinti¨® abrumada, as¨ª que cerr¨¦ los ojos, forz¨¢ndome a no pensar en eso, y me acost¨¦ en cama para revisar mi tel¨¦fono. Hab¨ªa muchos mensajes sin leer, algunos de grupos y otros privados. Virginia: ?Qu¨¦ est¨¢s haciendo? Manuel: ?Cu¨¢ndo tienes tiempo para mostrarme esta ciudad que me har¨¢ perderme? Sergio: ha retirado un mensaje. Mir¨¦ notificaci¨®n, pregunt¨¢ndome qu¨¦ habr¨ªa retirado. ?Un error? ?O se arrepinti¨® despu¨¦s de enviarlo? ?O era otra de sus quejas? Mi mente dio 212 18:32 vueltas rapidamente, luego sali y abri conversaci¨®n con Virginia, prepar¨¢ndome para responder. Justo entonces, mi tel¨¦fono vibro con un mensaje nuevo en WhatsApp. Guarde el n¨²mero, viendo foto de perfil de ese n¨²mero me di cuenta de que era Jorge. ¡°Si. Me dijo y colg¨® el tel¨¦fono. Capitulo 75 No me sorprendi¨® que me agregara. En ese momento, ¨¦l y yo ¨¦ramos socios, y dado que habr¨ªan muchas cosas sobres cuales tendr¨ªamos queunicarnos en el futuro, tenernos en WhatsApp era muy conveniente. Sin embargo, no le dije nada al respecto, sino que le envi¨¦ un mensaje a cinia, quien no me respondi¨®, probablemente estaba ocupada de nuevo. Luego, volv¨ª a abrir el WhatsApp de Manuel y, despu¨¦s de pensar por dos segundos, le respondi: ¨²ltimamente he estado ocupada con el proyecto del parque de diversiones, cuando termine, entonces si podr¨¦ salir a pasear contigo. Despu¨¦s de enviarlo, agregue dos pbras m¨¢s: Lo siento. Manuel respondi¨® r¨¢pidamente: No te preocupes, pero aun as¨ª debes cuidarte. Estaba a punto de responderle que si, cuando Manuel envi¨® otro mensaje: Te esperar¨¦. Esas dos pbras hicieron que el ¡®si¡® que estaba a punto de enviar de repente pareciera fuera de lugar, as¨ª que le pregunt¨¦: ?Entonces, no tienes nes de volver a irte por ahora? Manuel: No, decid¨ª quedarme. Esa respuesta s¨ª que fue una sorpresa. Unos segundos despu¨¦s, le respondi: Entonces tus padres deben estar muy felices. Mientras esperaba su respuesta, vi que Manuel estaba escribiendo, pero despu¨¦s de un buen rato, no recib¨ª nada. No espere m¨¢s y abr¨ª el correo electr¨®nico para revisar mis mensajes. Ese era mi h¨¢bito de trabajo, peroo ya hab¨ªa terminado todo lo que ten¨ªa pendiente, no hab¨ªa ning¨²n correo nuevo. Viendo el indicador de ¡°O correos pendientes¡°, sent¨ª un vacio inexplicable. En ese momento, Mire se acerc¨® y me mostr¨® su tel¨¦fono diciendo: ¡°Cam, ?has visto esta serie? La he estado siguiendo ¨²ltimamente, 10.02 pareja secundaria es incre¨ªble.* Le ech¨¦ un vistazo y ambos protagonistas eran actores que me gustaban, adem¨¢s, escena que estaba viendo era bastante interesante: protagonista se hab¨ªa convertido en una gallina, y estaba furiosa con el protagonista que estaba molestando. As¨ª que dej¨¦ mi tel¨¦fono a undo yenc¨¦ a ver serie con Mire, pero el sue?o termin¨® gan¨¢ndonos y no despert¨¦ hasta ma?ana siguiente. Debido a mi reloj biol¨®gico, cespert¨¦ as cinco, mientras Mire dorm¨ªa de manera extra?a a undo, CC camis¨®n subido hasta los muslos, dejando ver su ropa interior de encaje. Le cubr¨ª con manta y tom¨¦ mi tel¨¦fono, encontrando varios mensajes nuevos. Virginia hab¨ªa respondido y hab¨ªa un mensaje no le¨ªdo de Manuel: ?Y t¨²? Al leer esas dos pbras, revis¨¦ nuestra conversaci¨®n anterior y entend¨ª que me estaba preguntando si yo estaba feliz de que ¨¦l se quedara. ?Qu¨¦ ten¨ªa eso que ver conmigo? Si se iba o se quedaba, realmente no era asunto m¨ªo. ?Pero por qu¨¦ preguntar¨ªa eso? ¨¦ramos adultos, me pareci¨® fuera de lugar, as¨ª que decid¨ª no responder. Dej¨¦ mi tel¨¦fono a undo, me alist¨¦ y mientras tomaba un vaso de agua junto a ventana, not¨¦ una ligera nie afuera. No era densa, ni siquiera afectaba visibilidad. Justo cuando estaba terminando mi agua y estaba a punto de estirarme, vi una figura que captur¨® mi atenci¨®n. Piernasrgas, grandes zancadas, ?qui¨¦n sino Jorge? Definitivamente era el se?or soldado, incluso despu¨¦s de dejar el ej¨¦rcito, segu¨ªa manteniendo su postura y disciplina, inclusive su h¨¢bito de correr. Ejemplo de un buen hombre autodisciplinado en esos tiempos. De repente record¨¦ que no hab¨ªa aceptado su solicitud de WhatsApp, as¨ª que tom¨¦ mi tel¨¦fono para hacerlo y luegoenc¨¦ a estirarme. Mientras me cambiaba, decidi aplicar crema que Jorge me hab¨ªa dado. Preparada para bajar a desayunar antes de ir al parque de diversiones, recib¨ª un mensaje de Jorge: ?Ya tienes novio? ?As¨ª que me hab¨ªa agregado en WhatsApp no por el trabajo, sino para preguntarme eso? Capitulo 76 Capitulo 76 ?Pero por qu¨¦ me pregunt¨® eso? No entend¨ªa y simplemente le respondi con un signo de interrogaci¨®n. Jorge no merespondi¨®, adem¨¢s ha desayunado temprano y ya se hab¨ªa ido al parque de diversiones. En una noche, arreron todos los circuitos del parque de diversiones, y Jorgeenz¨® a probar todass luces a fondo. Yo erao inspectora, ajustaba y yo revisaba, si algo no estaba bien, ¨¦l lo ajustaba de nuevoprendi lo que me hab¨ªa dicho noche anterior, de verdad quena evitar que por cuestiones de salud se afectara el trabajo. Casino paraba, ¨¦l erao una m¨¢quina, y yo me sent¨ªao un trompo, casi sin poder tomar ni un sorbo de agua, a veces ni me atrev¨ªa a beber, porque si bebia demasiado, terminaria yendo al ba?o a cada rato. En el tiempo que iba y venia, el podr¨ªa haber ajustado otra luz, y si yo no estaba alli para revisa, el tendr¨ªa que esperar lo que realmente afectar¨ªa el progreso del trabajo. Despu¨¦s de tres d¨ªas, me salieron aftas en boca, pero a Jorge, que tambi¨¦n evitaba beber agua, no le pas¨® nada. Al final,s mujeres siempre parecemos m¨¢s delicadas frente a los hombres. ¡°Chica, deber¨ªas beber agua, si no, vas a terminaro una viejita arrugada.¡± Me dijo Mire, epartia habitaci¨®n conmigo, as¨ª que sab¨ªa todo lo que me pasaba y se preocupaba por m¨ª. Me rei: ¡°Incluso si me deshidrato, seguir¨¦ siendo una princesa deshidratada.¡± Con eso, inclin¨¦ cabeza para beber agua, justo cuando me encontr¨¦ con mirada de Jorge, nuestros ojos se cruzaron involuntariamente, y casi me ahogo. ¡°Chica, ?por qu¨¦ bebes tan r¨¢pido?¡± Mire me palmoteaba espalda para ayudarme a respirar. En ese momento, Jorge tambi¨¦n baj¨®, tom¨® una bote de agua y empez¨® a bebe de un trago. Beb¨ªa con rapidez, y al ver c¨®mo se mov¨ªa su nuez de Ad¨¢n, me hizo tragar saliva involuntariamente. Era una rei¨®n f¨ªsica natural, lo entend¨ªa. Pero parec¨ªa que era especialmente sensible a nuez de Jorge. ¡°?Ser¨¢ que Capitulo 76 tengo debilidad por nuez de Ad¨¢n de Jorge?¡± Ese pensamiento me hizo ahogarme con el agua otra vez, y Mire tuvo que palmotearme de nuevo, me dec¨ªa: ¡°Chica, ?por qu¨¦ te ahogas tanto? ?No ser¨¢ que tambi¨¦n te salieron aftas en garganta?¡± Despu¨¦s de decir eso, Jorge me mir¨®, y r¨¢pidamente negu¨¦ con cabeza: ¡°No, solo n tragant¨¦.¡± ¡°?Tienes attas?¡± Indag¨® Jorge mir¨¢ndome fijamente, pod¨ªa sentir que estaba mirando misbios. Inconscientemente, los presion¨¦ y negu¨¦ de nuevo: ¡°No.¡± ¡°No es eso, Cami teme retrasar el progreso de Jorge, as¨ª que evita beber agua para no tener que ir al ba?o. Ahora tiene boca llena de aftas y le da miedoer cualquier cosa.¡± Mire, con su boca r¨¢pida, lo solt¨® todo. Jorge se acerc¨®, se par¨® frente a m¨ª y dijo: ¡°Abre boca.¡± Me qued¨¦ paralizada, y Mire tambi¨¦n abri¨® los ojos, sin entender. Al siguiente segundo, Jorge extendi¨® mano, me agarr¨® barbi y me forz¨® a abrir boca. Mir¨® adentro y al soltarme dijo: ¡°Tienes aftas.¡± Se gir¨® hacia Mire, cuya boca formaba una ¡®O¡®, y le orden¨®: ¡°Ve aprar una bote de spray de sand¨ªa y medicina antiinmatoria paras aftas bucales.¡± Mire asinti¨® y se dio vuelta. Luego se gir¨® de nuevo, para preguntar: ¡°Jorge, ?no eres electricista? ?C¨®mo es que tambi¨¦n sabes de medicina?¡± Yo todav¨ªa estaba recuper¨¢ndome de verg¨¹enza de que me agarrara barbi, y respond¨ª torpemente: ¡°Porque fue soldado.¡± -Al escuchar eso, Mire me mir¨®, estaba a punto de decir algo cuando Jorge intervino: ¡°?A¨²n no te has ido?¡± ¡°Yo¡­¡± Mire todav¨ªa mov¨ªa boca, pero al encontrarse con mi mirada, pareci¨® recordar algo y obedientemente se fue. Mir¨¦ hacia Jorge: ¡°De ahora en adnte¡­¡± 18:32 Capitulo 76 No hab¨ªa terminado de har cuando escuch¨¦ a Mire gritar: ¡°?H, presidente V¨¢ jez!¡± Me tense: ??Sergio?! Cap¨ªtulo 77 Al girar cabeza, efectivamente vi a Sergio, quien tambi¨¦n me miraba, pero aun as¨ª, le pregunt¨® a Mire: ¡°?A d¨®nde vas?¡± ¡°Cami tiene aftas, voy aprarle medicina.¡± Dijo Mire, y Sergio se acerc¨® r¨¢pidamente. ¡°?Ser¨¢ que no est¨¢s bebiendo suficiente agua?¡± ¨¦l me conoc¨ªa de pies a cabe me lo dijo directamente. Soy de esas personas que se ¡®calientan¡® f¨¢cilmente, as¨ª que sueloer cosas ligeras y bebo mucha agua. De lo contrario, me ¡®caliento¡®, me sangra nariz o me salen aftas en boca. Hab¨ªa pasado diez a?os conviviendo con Sergio, y ¨¦l estaba muy ro en eso. Sin embargo, en ese momento sus pbras sonaron a sarcasmo para m¨ª, haci¨¦ndome pensar en lo que le dijo a Pablo: ¡°Demasiado familiar.¡± Era tan familiar para ¨¦l que parec¨ªa haber perdido todo inter¨¦s en m¨ª, dej¨¢ndose seducir por una viuda. ¡°?El presidente V¨¢squez vino por algo en particr?¡± No respond¨ª a su pregunta, sino que le devolv¨ª pregunta de manera muy fr¨ªa y formal. Sergio, viendo mi frialdad, frunci¨® el ce?o, justo cuando iba a har, vio a Jorge a mido, y luego me dijo: ¡°Ven aqu¨ª, tengo algo que decirte.¡± Aunque no sab¨ªa qu¨¦ quer¨ªa decir, con Jorge presente no me pareci¨® apropiado quedarme, as¨ª que segu¨ª a Sergio unos pasos m¨¢s all¨¢. Pero no nos alejamos mucho cuando lo detuve dici¨¦ndole: ¡°Mi proyecto tiene un zo ajustado, presidente V¨¢squez, si usted tiene algo que decir, d¨ªgalo r¨¢pido.¡± Sergio se detuvo, su expresi¨®n ra pero ramente molesta: ¡°?Est¨¢s tratando de enfurecerme, de vengarte de m¨ª, verdad?¡± Sus pbras me dejaron confundida, no entend¨ªa a qu¨¦ ven¨ªa. ¡°Cam, si no quieres casarte, est¨¢ bien, si est¨¢s desequilibrada y quieres encontrar a otro hombre para enfurecerme, es cosa tuya, pero no te metas con conocidos, as¨ª todos dejamos de ser amigos.¡± Las pbras de Sergio eran bastante revdoras. 18-33 Pens¨¦ por dos segundos y entend¨ª lo que quer¨ªa decir, especialmente ¨²ltima parte me hizo pensar en Pablo. Al parecer alguien le le hab¨ªa informado sobre llegada de Pablo, pero no esperaba que Sergio malinterpretaras cosas con Pablo. ¨¦l era deshonesto y asum¨ªa que los dem¨¢s no eran decentes, me mole un poco, as¨ª que le dije: ¡°Sergio, ?crees que todos sono t¨²?¡± Parec¨ªa no entender mi punto, sus hermosos ojos almendrados se aron, y yo me burl¨¦: ¡°Incluso te involucraste con esposa det entre mejo igo.¡± La expresi¨®n de Sergio cambi¨® dr¨¢sticamente: ¡°Cam, ya te dije que lo Zo¨¦ y yo no es lo que t¨² piensas.¡± Ya no quer¨ªa seguir hando de ese tema, as¨ª que cort¨¦: ¡°Si tienen o no rci¨®n, eso es a¨²n menos asunto m¨ªo.¡± ¡°Cam, ?es que ya est¨¢s harta de m¨ª y por eso te agarras de cualquier cosita para no deja pasar?¡± Sergio me acus¨® de vuelta. ¡°Si as¨ª lo piensas, est¨¢ bien. ?No dijiste tambi¨¦n que estamos demasiado acostumbrados el uno al otro, hasta el punto de perder el inter¨¦s?¡± No era primera vez que mencionaba eso. Porque eso realmente me hab¨ªa dolido profundamente. Sergio, cons manos colgando,s apret¨® ligeramente en pu?os pregunt¨¢ndome: ¡°?Qu¨¦ es lo que realmente quieres?¡± ¡°Quiero que si ya terminamos, que as¨ª sea, presidente V¨¢squez. Ni lo toma ni lo dejas, me mandas mensajes y luego los retiras, hablo con cualquiera y vienes a interrogarme.¡± Fui muy directa. Sergio nunca hab¨ªa sido confrontado as¨ª por m¨ª, durante los a?os juntos, siempre fui d¨®cil yciente, perfecta esposa sumisa. Probablemente Sergio no esperaba que fuera tan tajante, su expresi¨®n se torn¨® terriblemente fea a decirme: ¡°Cam, ?piensas que no puedo vivir sin ti?¡± ¡°No, presidente V¨¢squez, eres rico y guapo, tienes un mont¨®n de mujeres tras de ti, ?c¨®mo podr¨ªa ser que no puedas vivir sin alguien?¡± Me burl¨¦. 18:33 seining is Table Sergio de un paso hacia m¨ª. ¡°Si me de guedine dijar pasar un peque?o error que Runde au con 2 y aun no creia que hab¨ªa hech momentos adtu mag convencida de que hab¨ªa tomade route. Y aut gullbrae mchicieron entender, se atrevi¨® a ser Zur perque entaba segura de mis sentimientos hacia ¨¦l, no podr Cap¨ªtulo 78 Me pareci¨® necesario hacerle saber lo que pensaba. ¡°Sero, lo que para ti es un peque?o error, para m¨ª es algo imperdonable. Des ? de todos estos a?os, deber¨ªas saber que no tolero ni m¨¢s minima falta.¡± Dije mientras daba un paso aldo, alej¨¢ndome de ¨¦l. ¡°Mi amor puede no ser espectacr, pero no permito que mi hombre tenga insinuaciones con nadie m¨¢s, ni siquiera un poco. Lo quiero todo o nada.¡± Dije, girando cabeza para ver expresi¨®n de Sergio. Pero al girar, me encontr¨¦ con mirada de Jorge, que no estaba muy lejos. Est¨¢bamos a solo unos pasos de distancia y al parecer ¨¦l tambi¨¦n hab¨ªa escuchado lo que dije. Nuestro contacto visual fue breve antes de volver a mirar a Sergio, quien mostraba en su mirada una impacienciao si yo estuviera siendo irrazonable. ¡°Cam, deber¨ªas saber que sociedad de hoy ya no cree en el amor de toda vida. No vivas en un amor ilusorio.¡± Me asegur¨®. Era cierto,s tentaciones eran muchas y ya no est¨¢bamos en esos tiempos en los que viajar era lento y se amaba a una s persona toda vida. Sonre¨ª ligeramente: ¡°Si eso no existe, entonces prefiero no tenerlo y no me conformar¨¦.¡± Sergio se qued¨® sin pbras ante mi respuesta, y le agregu¨¦: ¡°Sergio, espero que esta sea ¨²ltima vez que hablemos de nosotros. Ahora que hemos terminado, cada quien deber¨ªa ir por su camino, t¨², presidente V¨¢squez, deber¨ªas saber c¨®mo dejar ir. Sergio solt¨® una carcajada fr¨ªa: ¡°Est¨¢ bien, cada quien por sudo. Estoy deseoso de ver qu¨¦ tipo de hombre puedes encontrar, Cam.¡± Dicho eso, se dio vuelta y se fue, ramente molesto. Vi¨¦ndolo as¨ª, de repente me pareci¨® muy infantil,o un ni?o. De lo contrario, no habr¨ªa venido a buscarme despu¨¦s de haber terminado. Cuando Mire regres¨® con los medicamentos, me pregunt¨® en voz baja: ¡°?T¨² y el presidente V¨¢squez tuvieron otra pelea? Lo vi salir furioso bufando 18:33 E siempre era c¨®mica del grupo. Tom¨¦ los medicamentos que hab¨ªa traido y mientras los abr¨ªa, le dije: ¡°?C¨®mo bufa un toro? Mu¨¦strame.¡± ¡°?Cam!¡± Mire me golpe¨® ligeramente: ¡°?El presidente V¨¢squez vino a buscarte para reconciliarse? ?Por qu¨¦ no le das otra oportunidad? Seguro que todavia tra, si no, no vendr¨ªa una y otra vez¡­¡± ¡°Yo me encargo.¡± De repente, Jorge se acerc¨®, interrumpiendo a Mire. Extendi¨® su mano grande, tom¨® el medicamento de mi mano y lo abri¨®. ¡°Martinez, perd¨ª mis marcadores. Ve y tr¨¢eme dos, uno negro y uno rojo.¡± Dijo Jorge mientras abr¨ªa el medicamento, dirigi¨¦ndose a Mire. ¡°Si, ya voy.¡± Mire, que no se atrev¨ªa a descuidar ni por un momento a ese hombre que era tanto un ¨ªdoloo un benefactor, se apresur¨® a ir. Jorge termin¨® de abrir el medicamento, pero en lugar de d¨¢rmelo, lo prob¨® el mismo hacia undo y luego me mir¨® indicando: ¡°Abre boca.¡± ¡°No es necesario, yo misma puedo.¡± Sab¨ªa lo que ¨¦l quer¨ªa hacer, as¨ª que me negu¨¦ y extend¨ª mi mano para tomar el medicamento. Pero Jorge simplemente levant¨® el brazo, evitando que lo alcanzara. Al final, yo, una mujer peque?a, volv¨ª a perder ante ese hombre grande frente a m¨ª. *?Puedes ver herida en tu boca?¡± Me pregunt¨®. Me qued¨¦ sin pbras por un momento, y luego agreg¨®: ¡°Solo quiero rociarte con el medicamento para que te mejores pronto y no afecte tu trabajo, se?orita G¨¢mez. No hay necesidad de hacer tanto drama.¡± Suentario son¨® si, al negarme, tuviera algo en su contra. No tuve m¨¢s remedio que abrir boca, dejando que me aplicara el medicamento. La sensaci¨®n fr¨ªa cuando el spray toc¨® mi boca me hizo temr, acto seguido, mano grande de Jorge me sostuvo por los hombros, acerc¨¢ndome a su pecho. Mientras miraba hacia arriba, los rayos del sol me cegaban, as¨ª que cerr¨¦ los ojos ligeramente, dej¨¢ndome envolver por Jorge, quien continu¨® aplic¨¢ndome el medicamento. Con los ojos cerrados, sent¨ªo si de repenteenzara a flotar¡­ En ese momento, tambi¨¦n 18:33 Capitulo 78 pens¨¦ que, aunque no pudiera ver herida en mi boca, podr¨ªa haber usado un espejo. Pr ya era demasiado tarde para decir cualquier cosa¡­ Cap¨ªtulo 79 La medicina era algo maravilloso. Despu¨¦s de aplic¨¢rm, el ardor en mi boca disminuy¨® notablemente. Al mediod¨ªa, cuando tomaba agua, ya no era tan doloroso. Pero a¨²n no me atrev¨ªa aer algo s¨®lido, ya que los alimentos con sal y condimentos seguramente me provocar¨ªan dolor. ¡°Mira, mejoramos caldo, y de pa?amiento unos huevos con tomate o alguna verdura.¡± Sugiri¨® Mire preocup¨¢ndose por m¨ª. Sab¨ªa que e prefer¨ªa carne, as¨ª que le dije: ¡°Yo solo tomar¨¦ el caldo, t¨² pice e m¨¢s te guste.¡± Mire iba a decir algo m¨¢s cuando Jorge se acerc¨®: ¡°?Puedo unirme a ustedes para el almuerzo?¡± Era curioso ver a un hombre tan rudo hando de una manera tan suave. Pens¨¦ en rechazarlo, ya que idea de ¨¦l aplic¨¢ndome medicina me pon¨ªa inc¨®moda, a pesar de que ¨¦l actuara con naturalidad. Pero antes de que pudiera decir algo, Mire, fan n¨²mero uno, inmediatamente asinti¨®: ¡°ro, ?qu¨¦ te gustar¨ªaer, Jorge?¡± Jorge me mir¨®: ¡°Yo¡­ Igual que ustedes, se?orita G¨¢mez, tomar¨¦ caldo.¡± Mire abri¨® los ojos sorprendida: ¡°?Solo caldo? ?No vas aer nada s¨®lido?¡± ¡°Algo ligero est¨¢ bien, con poco sal y aceite.¡± Jorge se?al¨® su propia boca: ¡°No he bebido suficiente agua estos d¨ªas.¡± Era verdad. ¡°?Jorge tambi¨¦n est¨¢ indispuesto?¡± Coment¨® Mire, y luego murmur¨® para s¨ª: ¡°Parece que solo yo estoy bien, ?ser¨¢ que estoy demasiado ociosa?¡± Al final, los tres pedimos un caldo de huevo con carne magra, un to de pepinos salteados y uno de carne molida con fideos. ¡°Jorge, ?no crees que es pocaida? No queremos que te quedes con hambre.¡± Mire pregunt¨®, preocupada, despu¨¦s de haber pedido. ¡°Es suficiente.¡± Asegur¨® Jorge, expres¨¢ndose con brevedad. 18:33 Capitulo 79 Durante los ¨²ltimos d¨ªas, mientras trabaj¨¢bamos juntos, ¨¦l sol¨ªa actuar m¨¢s que har. ¡°Mira, ?y si pedimos un par de tos m¨¢s? No me parece que alguieno Jorgea tan poco.¡± Mire me consult¨®. Realmente no quer¨ªa har debido a mi malestar, as¨ª que fui directa: ¡°¨¦l est¨¢ lleno de m¨²sculos, no de hambre.¡± Al de so, record¨¦ imagen de Jorgev¨¢ndose el cabello con una camiseta sin mangas, esa musctura¡­ ¡°Mira, tambi¨¦n pienso que Jorge est¨¢ lleno de m¨²sculos, solo que nunca tuve chance de verlos bien.¡± Mire miraba a Jorgeo si quisiera desvestirlo con mirada. Frente a una amiga tan atrevida, me sent¨ªa impotente: ¡°Las oportunidades se buscan, ?por qu¨¦ no te acercas y le pides que se quite camisa? As¨ª podr¨¢s ver.¡± Mire se sonroj¨®, pens¨¦ que eso har¨ªa carse, pero entonces dijo: ¡°Mira, creo que Jorge podr¨ªa estar interesado en ti.¡± Esa afirmaci¨®n me tom¨® por sorpresa. ¡°Mira, en serio, manera en que te mira es diferente, y siempre se mete contigo de forma directa.¡± Diciendo eso, Mire hizo el gesto de agarrar mi barbio lo hac¨ªa Jorge. Le di un manotazo advirti¨¦nd: ¡°Mire, ?ya no quieres tu bonificaci¨®n?¡± ¡°Estamos en nuestro descanso paraer.¡± Se excus¨® Mire, ten¨ªa su l¨®gica. ¡°Mira, ?por qu¨¦ no lo intentas con Jorge? Eso tambi¨¦n servir¨ªa para molestar al presidente V¨¢squez, hacerle ver que eres deseada.¡± Mire soltaba una idea tras otra. Me re¨ª: ¡°?Pero no es que te gusta Jorge?¡± Mire era muy consciente de s¨ª misma: ¡°Pero ¨¦l no se fija en m¨ª. Mira, aparte de no ser un jefe tirano, Jorge le gana al presidente V¨¢squez en todos los aspectos.¡± 18:33 No podia negara ania buenos ojos para gente. ¡°Oye, si te da pena, yo puedo mediar entre ustedes.¡± Mire se volv¨ªa cada vez m¨¢s audaz Estaba a punto de reirme, antes Josefina hab¨ªa intentado juntarnos a Jorge y a mi, y en ese entonces Mire tambi¨¦n estaba ansiosa por hacer algo. ?Qu¨¦ nos ve¨ªan a Jorge y a m¨ª tanpatibles? ¡°Bueno, voy a preguntarle ahora mismo.¡± Me dijo Mire; e era des que pasaban des pbras a los hechos. La detuve de un tir¨®n: ¡°T¨² si¨¦ntate, y no se hable m¨¢s de esto, ¨¦l y yo no somos posibles.¡± *?Por qu¨¦?¡± Mire estaba confundida: ¡°?¨¦l no te gusta?¡± Para evitar que Mire hiciera un espect¨¢culo y aumentara mi iodidad con Jorge, simplemente asent¨ª. ¡°Cam, t¨² no eres tan superficial, Jorge simplemente tiene un poco menos de dinero que el presidente V¨¢squez.¡± Mire continuaba tratando de convencerme. Cap¨ªtulo 80 Le solte una frase contundente para que se diera por vencida: ¡°Lo m¨ªo es el dinero, sin ¨¦l, aunque alguien sea tan guapo un ¨¢ngel, no sirve de nada.¡± Justo en ese momento, Jorge mir¨® hacia nosotras, pareci¨® haber escuchado. No trat¨¦ de esconderme, no hab¨ªa futuro entre nosotros, as¨ª que si ¨¦l escuchaba y se daba por vencido, mejor. No era tonta, sus roces intencionales y el remedio que me aplic¨® ese d¨ªa, esos peque?os gestos me dejaron ro que ¨¦l estaba interesado en m¨ª. ¡°Cami, eres superficial, demasiado superficial.¡± Dijo Mire, ramente molesta. No respond¨ª, tampoco mir¨¦ a Jorge. El tel¨¦fono de Mire son¨®, ech¨® un vistazo al n¨²mero y dijo: ¡°Es Erik.¡± ?Erik Baz¨¢n? ¡®¡­S¨ª, aqu¨ª estoy, en zona familiar de si¨®n A del parque de diversiones, ?qu¨¦ pasa, Erik?¡­ ro, ven.¡± Mire colg¨® y me mir¨® informando: ¡°Erik viene a verte.¡± ?Erik me buscaba? No sab¨ªa por qu¨¦, esperaba que no tuviera que ver con Sergio. Pero entonces pens¨¦, acababa de decirle a Sergio esa ma?ana que dejara de molestarme, as¨ª que probablemente no era ¨¦l quien mand¨® a Erik. Pronto, Erik lleg¨®, llevando una fiambrera: ¡°G¨¢mez, esto es sopa de frijol que se?ora Sandra V¨¢squez me pidi¨® que te trajera, para bajar el calor.¡± ?Cocinado por Sandra? E no me hab¨ªa contactado, no sab¨ªa que estaba indispuesta, as¨ª que deb¨ªa haber sido Sergio quien se lo dijo. Si fue Sergio quien lo hab¨ªa enviado, podr¨ªa rechazarlo, pero si Sandra lo cocin¨® para m¨ª, no pod¨ªa hacer eso. ¡°Gracias, te lo agradezco,¡± Le dije, acept¨¢ndolo. Erik no se fue, parec¨ªa tener algo m¨¢s que decir. Sabiendo que se sent¨ªa culpable por llevarme a La Jo, le dije: ¡°Erik, no te preocupes demasiad ¡°G¨¢mez, yo¡­¡± Intents + Capitulo 80 ¡°No tiene nada que ver contigo, si decides preocuparte sin raz¨®n, ese es tu problema.¡± Le dije siendo muy ra con mis pbras. Erik no pudo tocar el tema y solo a?adio: ¡°G¨¢mez, aseg¨²rate de tomar sopa, es muy buena para bajar el calor.¡± Despu¨¦s de que se fue, Mire, siempre tan perspicaz, : ¡°Cami, esa sopa definitivamente envi¨® el presidente V¨¢squez.¡± ??Acaso yo no lo sab¨ªa!? ¡°Cami, el presidente V¨¢squez hace esto porque no quiere dejarte ir, quiere mantenerte opci¨®n.¡± Coment¨® Mire, era muy l¨²cida. Sonre¨ª amargamente, ?qu¨¦ pod¨ªa hacer si ¨¦l quer¨ªa actuar as¨ª? La que Mire hab¨ªa pedido a¨²n no llegaba, as¨ª que decid¨ª tomar sopa de frijol primero. Entonces m¨¦ a Jorge: ¡°?Quieres un poco?¡± ¡°No, gracias.¡± Respondi¨® secamente. No insist¨ª y con Mire. Antes de termina, Mire me dio un codazo diciendo: ¡°Cami, Cami, ah¨ª viene un gal¨¢n.¡± Ya me hab¨ªa acostumbrado a sus sobresaltos, pero de todos modos segu¨ª su mirada. Me sorprend¨ª al ver que era Manuel. ¨¦l me sonri¨®, esa sonrisa c¨¢lida el sol de primavera. ¡°?C¨®mo vas a solo sopa?¡± Me dijo Manuel. Con esa pregunta, vi fiambrera que tra¨ªa, me extendi¨® asegurando: ¡°Mi madre hizo estos tamales, tienen tu relleno favorito de hierbas arom¨¢ticas.¡± ¡°?C¨®mo que sopa de se?ora V¨¢squez y los tamales se entregaron por separado?¡± Pregunt¨® Mire, no solo era despistada, sino tambi¨¦n muy directa. Manuel no entendi¨®, pero yo s¨ª. La sopa de frijol que estaba bebiendo no era de Sandra, era Sergio quien le hab¨ªa pedido a Erik que mintiera. Probablemente tem¨ªa que tirara sin proba. ¡°No es nada, justo estaba antojada de tamales.¡± Dije mientras tomaba fiambrera de Manuel y abr¨ªa, el aroma de los tamales me envolvi¨®. Aunque tenia dolor en , realmente quer¨ªa . Tom¨¦ uno directamente con mano y lo puse en mi boca, el relleno picante me irrit¨® ¨²lcera, haciendo que el jugo del tamal se derramara. Manuel extendi¨® mano y suavemente limpi¨® esquina de mi boca, quitando el jugo. En ese instante, voz fr¨ªa de Jorge reson¨®: ¡°Con una herida en boca y ni siquiera te manos, ?no quieres que se cure?¡° EI Centímetro 81-100 Cap¨ªtulo 81 Novarses manos, eso me inclu¨ªa a in¨ª y tambi¨¦n a Manuel. A m¨ª me deba igual, pero Manuel ramente se sent¨ªa inc¨®modo. ¡°No hay mal que por bien no venga.¡± Dije intentando aliviar el momento. Jorge se acerc¨® con un paquete de toallitas h¨²medas en mano. Manuel intent¨® tomarlo, pero Jorge no solt¨® el paquete. Al final, fui yo quien lo tom¨® y le pas¨¦ una toallita a Manuel, mientras yo tambi¨¦n tomaba una para m¨ª. ¡°Cami, ?qui¨¦n es ¨¦l?¡± Manuel mostr¨® curiosidad por Jorge, quienramente. ten¨ªa una presencia imponente y no parec¨ªa muy amigable. ¡°Jorge, el tico de iluminaci¨®n.¡± Lo present¨¦. Jorge me mir¨® con una intensidad abrumadora, presi¨®n que me hizo presentar a Manuel tambi¨¦n: ¡°Mi¡­ amigo, Manuel.¡± ¡°Mucho gusto.¡± Dijo Manuel, extendiendo mano hacia Jorge. Sin embargo, Jorge apenas asinti¨® con cabeza, y Mire r¨¢pidamenteent¨®: ¡°Jorge es muy meticuloso con limpieza.¡± Manuel sonri¨® levemente, retirando su mano y mir¨¢ndome mientras dec¨ªa: ¡°Vamos a sentarnos aer antes de que se enfr¨ªe y ya no sepa bien.¡± Mire se rmi¨® elbio: ¡°?Puedo probar uno?¡± ¡°Por supuesto.¡± Respondi¨® Manuel, e incluso invit¨® a Jorge: ¡°Jorge, prueba uno tambi¨¦n.¡± ¡°Yo tomar¨¦ sopa.¡± Rechaz¨® Jorge rotundamente, antes de alejarse. Mire hizo una pausa mientras¨ªa su tamal, luego me mir¨® y dijo: ¡°Amiga, ?no te parece que Jorge est¨¢o si tuviera su periodo?¡± Le hice una se?al de aprobaci¨®n con una sonrisa: ¡°Tienes toda raz¨®n.¡± Manuel se rio con nuestro intercambio, y luegoent¨®: ¡°Parece que Jorge tiene un genio bastante fuerte.¡± ¡°No, es bastante agradable, aunque un poco fr¨ªo, nunca fue brusco. No s¨¦ 12 qu¨¦ le pas¨® hoy, parece que trago chiles Mire haba sin parar mientras . Por suerte,ida que hab¨ªamos pedido lleg¨®. Despu¨¦s deerme un tamal y tomar sopa de frijol, dej¨¦ que Mire y Jorge se encargaran del resto, Mire estaba feliz de ir aer con Jorge, pero ¨¦l le pidi¨® queenzara sin el mientras se ocupaba de otras cosas. ramente vi decepci¨®n en Mire, lo cual me pareci¨® muy gracioso. ¡°Pareces muy feliz, yo estaba preocupado de que estuvieras de mal humor.¡± La preocupaci¨®n de Manuel capt¨® mi atenci¨®n. ¡°?Por qu¨¦ estaria mal?¡± Comi otro tamal, dando un so Do a mi sopa agregu¨¦: ¡°No soy des que se mueren por amor. Cuando amo, esa persona lo es todo para mi. Cuando dejo de amar, se convierte en nada.¡± Manuel asinti¨®: ¡°Esa si es chica que conozco.¡± ¡°?C¨®mo est¨¢n tus padres?¡± Pregunt¨¦ con caut. Me parec¨ªa extra?o que no me hubieran mado m¨¢s, aceptando que lo m¨ªo con Sergio ya no ten¨ªa futuro. Sent¨ªa que hab¨ªa algo m¨¢s. Manuel me mir¨® con una sonrisa suave: ¡°?Crees que est¨¢n bien?¡± Me detuve con el tamal a medio camino a mi boca, y Manuel continu¨®: ¡°Todav¨ªa piensan que t¨² y Sergio no pueden estar separados, solo est¨¢n molestos por ahora, d¨¢ndoles tiempo.¡± As¨ª que era eso. La empanada en mi boca de repente perdi¨® su sabor, tragu¨¦, luego dije: ¡°Parece que voy a decepcionarlos.¡± ¡°Quiz¨¢s con el tiempo puedan aceptarlo. No te sientas mal, no te presiones.¡± Manuel me tranquiliz¨®. No me sent¨ªa presionada, solo me sent¨ªa en deuda con ellos, despu¨¦s de todo, fueron ellos quienes me criaron. ¡°Te consideran su hija, les duele pensar en el d¨ªa en que tengas que dejar casa.¡± Manuel a?adi¨® suavemente. ¡°Una hija eventualmente se casar¨¢, pero aun as¨ª puede volver a casa. Respond¨ª. Al levantar vista, me encontr¨¦ con mirada de Manuel, brindo con algo no dicho, y me sonri¨®: ¡°Pero si te casaras en nuestra familia, estar¨ªas en casa para siempre.¡± Eso ya era imposible. Cap¨ªtulo 82 Me rei al responder: ¡°En pr¨®xima vida me reencarnar¨¦o su hija y as¨ª¡­ seremos hermanos de verdad.¡± La sonrisa de Manuel se congel¨® por un momento y luego, se?ndo los tamales, dijo: ¡°Come un poco m¨¢s, mira c¨®mo has adelgazado ¨²ltimamente.¡± ¡°Est¨¢ bien.¡± Asenti y me concentr¨¦ ener los tamales. Manuel me observaba fijamente, y solo dej¨¦ deer cuando ya no pude m¨¢s, y tom¨¦ un par de tragos de caldo. ¡°Sergio todav¨ªa te cuida, prepar¨® caldo de frijoles verdes en nombre de mil mam? para ti.¡± Manuel solt¨® de repente Sonrei ir¨®nicamente: ¡°El cari?o tard¨ªo es peor que indiferencia.¡± Las heridas en mi boca todav¨ªa afectaban mi apetito, as¨ª que limpi¨¦ lo que quedaba de los tamales y el caldo. ¡°Manuel, gracias por venir hasta aqu¨ª. Tambi¨¦n dile a tus padres que los visitar¨¦ en cuanto termine este trabajo. Le dije se?ndo el parque de diversiones: ¡°Queda menos de un mes para entregarlo, ni siquiera hemos ajustados luces, estoy realmente muy ocupada.¡± ¡°Escuch¨¦ a Sergi har de eso, pero tambi¨¦n debes cuidarte.¡± Manuel me aconsej¨®. ¡°S¨ª, lo s¨¦.¡± Se?al¨¦ a Jorge, que estaba trabajando no muy lejos: ¡°Tengo que volver al trabajo.¡± ¡°Est¨¢ bien, pero ten cuidado.¡± Manuel me record¨®. Jorge termin¨® noiendo almuerzo y casi no me habl¨® durante toda tarde, lo que me hac¨ªa sentiro si estuviera enojado. Yo realmente no pod¨ªa entender qu¨¦ hab¨ªa hecho para molestarlo. Durante los siguientes d¨ªas, Jorge fue a¨²n m¨¢s fr¨ªo y silencioso que antes, dedic¨¢ndose solo a trabajar. Eso tambi¨¦n estaba bien, yo cboraba a pleno, aunque para entonces ya ten¨ªamos tiempos fijos para beber agua y descansar. No sab¨ªa si lo hac¨ªa por ¨¦l mismo o por m¨ª. Al final de semana, (bamos seg¨²n lo neado, aunque era dif¨ªcil predecir qu¨¦ pasar¨ªa despu¨¦s. Ese ritmo de trabajo era agotador. Mire se quedaba dormida sin poder terminar de ver sus series favoritas. Pero yo no pod¨ªa hacer lo mismo, cada noche ten¨ªa que revisar y resumir lo hecho durante el d¨ªa, y casi siempre me acostaba entres once y doce. Estaba verdaderamente cansada, y cuando el sue?o me venc¨ªa, mevaba cara y me sumerg¨ªa los pies en agua fr¨ªa hasta despertarmepletamente. Jorge, que casi no haba conmigo fuera del trabajo, me envi¨® un mensaje justo despu¨¦s de que mevara cara y los pies con agua fr¨ªa: ?Ya te dormiste? Si no, ven aqui, hay algunos problemas en zona de prueba para ma?ana que necesito discutir contigo. Si solo hubiera escritos primeras tres pbras, probablemente lo habr¨ªa ignorado, pero mencion¨® el trabajo, as¨ª que respond¨ª de inmediato: Vale. Afortunadamente, ya estaba algo despierta, as¨ª que tom¨¦ mi libreta y fui a tocar su puerta. Jorge llevaba una camiseta verde militar y pantalones de algod¨®n negro. No s¨¦ por qu¨¦, pero as¨ª parec¨ªa a¨²n m¨¢s alto, y yo me ve¨ªa a¨²n m¨¢s baja frente a ¨¦l. Su mirada cay¨® sobre mi rostro, sus ojos se entrecerraron brevemente, pero no dijo nada, solo se hizo a undo para dejarme entrar. Puse miputadora sobre mesa, apenas iba a abri cuando ¨¦l gir¨® suya hacia m¨ª diciendo: ¡°Mira estas ¨¢reas que marqu¨¦, ?ves alguna diferencia con los nos?¡± Jorge ten¨ªa a mano una copia impresa de los nos y tambi¨¦n una versi¨®n digital. Todo coincid¨ªa con lo m¨ªo. Me sorprendi¨® que tuviera esa duda. Despu¨¦s de revisar cuidadosamente, de hecho, encontr¨¦ un problema. Mire y yo hab¨ªamos buscado varias veces antes sin encontrar nada, afortunadamente Jorge lo hab¨ªa notado, de lo contrario, habr¨ªamos perdido tiempo durante prueba. ¡°Hay un problema, lo corregir¨¦ ahora. Te enviar¨¦s otras ¨¢reas para que sigas revisando.¡± Me dijo Jorge, dej¨® un vaso de agua junto a m¨ª yenz¨® a trabajar en lo suyo. ¡®Me concentr¨¦ enputadora, pero mis p¨¢rpados se volv¨ªan cada vez m¨¢s pesados. Realmente tuve que pellizcarme varias veces para no 13 02 dormirme. Mientras tanto, Jorge parecia lleno de energ¨ªa,o si no tuviera necesidad de dormir. Cuando ya no pude aguantar m¨¢s y estaba a punto de preguntarle si pod¨ªamos continuar al otro d¨ªa, se levant¨® y camin¨® hacia terraza. Entonces escuch¨¦ su voz hando por tel¨¦fono. Su voz era muy agradable, tan agradable que mis p¨¢rpados se volvieron a¨²n m¨¢s pesados¡­ Cap¨ªtulo 83 Cuando Jorge sali¨® al balc¨®n, me vio dormida frente aputadora, su mirada se qued¨® fija en m¨ª. Senti su presencia, pero no pod¨ªa despertar. Despu¨¦s de un rato, escuch¨¦ su voz m¨¢ndome suavemente: ¡°M¡­¡± ?M? ?Me estaba mando a mi? Si, era a m¨ª. Antes de unirme a familia V¨¢squez, me maban M, no Cami. Pero hac¨ªa mucho tiempo que nadie me maba as¨ª. ¡°Amigo, me mo M¡­¡± Vi a una ni?a con dos mo?os y una cara de mu?eca, mando dulcemente a un ni?o. El ni?o era fr¨ªo y cado. Entonces me convert¨ª en esa ni?a, y Jorge en el ni?o/montada en su espalda. ¡°Amigo, hueles bien¡­ Amigo, tienes un lunar negro detr¨¢s del cuello, d¨¦jame quit¨¢rtelo.¡± Le dec¨ªa yo. ¡°M, no pellizques, duele.¡± ¡°M, estoy cansado, ?podemos dejar de correr?¡± Protestaba ¨¦l Segu¨ª so?ando: ¡°Mam¨¢, me gusta ese ni?o, quiero casarme con ¨¦l¡­¡± ¡°Jaja¡­¡± ¡°Mam¨¢, pap¨¢, no se r¨ªan, me voy a casar con ¨¦l.¡± ¡°M, no puedes casarte con ¨¦l, ya tienes prometido¡­¡± ¡°No me voy a casar con ¨¦l, jes un cretino, un cretino!¡± Despert¨¦ de golpe del sue?o, respirando con dificultad. Incre¨ªble, ?c¨®mo pude so?ar con Jorge y conmigo, siendo tan peque?os, de apenas dos a?os? Recostada en cama, dej¨¦ mi mente y mis ojos en nco durante medio minuto antes de levantarme, pero apenas mis pies tocaron el suelo, algo no se sinti¨® bien. Ese no era mi cuarto. Mimente r¨¢pidamente regres¨® a noche anterior, y de inmediato ech¨¦ un vistazo a cama grande donde ha dormido, Jorge no estaba alli, Luego mir¨¦ ropa que llevaba, estaba intacta) Suspir¨¦ y sall, encontrando a Jorge durmiendo en el sof¨¢. T¨ªpico de un militar, Incluso durmiendo en el sof¨¢, estaba perfectamente ordenado. Mi primera rei¨®n fue preguntarme c¨®mo pod¨ªa dormir as¨ª sin iodarse. Hando sinceramente, era tan meticuloso que daba ganas de desordenarlo un poco. No hab¨ªa despertado, as¨ª que en silencio, manteniendo una distancia de unos pasos, lo observ¨¦ durante unos segundos, luego me acerqu¨¦ a miputadora, tom¨¦ el port¨¢til con cuidado y me escabull¨ª r¨¢pidamente. Haber dormido all¨ª noche anterior me parec¨ªa demasiado embarazoso. Por suerte, cuando sal¨ª noche anterior, hab¨ªa tomado tarjeta de eso, as¨ª que pude regresar sin ser vista. Mire a¨²n dorm¨ªa profundamente; de lo contrario, con lo chismosa que era, qui¨¦n sabe qu¨¦ hubiera pensado. El celr marcabas cinco de ma?ana, sab¨ªa que no podr¨ªa dormir m¨¢s, as¨ª que encend¨ªputadora para seguir trabajando en los problemas que Jorge hab¨ªa encontrado el d¨ªa anterior. Para mi sorpresa, Jorge ya hab¨ªa resuelto todos esos problemas. Mir¨¦putadora, perdida en mis pensamientos, luego mev¨¦ cara, beb¨ª agua y sal¨ª al balc¨®n a contemr el paisaje. La figura de Jorge volvi¨® a irrumpir en mi vista. ?Tambi¨¦n ¨¦l hab¨ªa despertado? Cuando sal¨ª, a¨²n dorm¨ªa, ?ser¨¢ que el ruido de puerta lo despert¨®? O tal vez ya estaba despierto y fingi¨® seguir durmiendo para no iodarme. Con todos esos pensamientos enred¨¢ndose¡­ En ese momento, no pod¨ªa negar que Jorge estaba influyendo en m¨ª, cada vez m¨¢s. [Un hombre y una mujer durmiendo bajo el mismo techo sin que pase nada, ?qu¨¦ crees que significa eso?] Le envi¨¦ ese mensaje a Virginia temprano esa ma?ana,o una peque?a provocaci¨®n. Capitulo 84 En ese momento, estaba segura de que e no responderia, asi que cerre ventana de chat y abri Instagram, donde de repente vi una serie de fotos elegantes publicadas por Pablo. No estaba el solo, habia m¨¢s gente, y imagen mostraba varios vasos chocando entre si. Reconoci una des manos, era de Sergio. Porque en su dedo llevaba un anillo barato, uno que yo le habia regdo. Al ver ese anillo, me senti tan infantil y tan avergonzada. Era un anillo de promesa, el otro lo tenia yo, lopr¨¦ por novecientos noventa y nueve pesos en mi cumplea?os n¨²mero dieciocho. Yo llevaba el de mujer y le di el de hombre para que ¨¦l lo usara, incluso entonces se burlo de mi diciendo que estaba tratando de atraparlo. Despu¨¦s de eso, nunca lo volvi¨® a usar, Lo sonde¨¦ sobre el tema una vez, y dijo que usarlo era motivo de bu. Demasiado barato. Entendi lo que queria decit, ?c¨®mo alguien de su estatus podia usar un anillo de unos cuantos cientos de pesos? Pero ese fue el primer dinero que gane dando ses particres. Desde entonces, nunca volvi a mencionar ese anillo, y ¨¦l tampoco lo uso, pero ese d¨ªa, en foto, lo llevaba puesto. ?Qu¨¦ significaba eso? ?Qu¨¦ estaba tratando de decir? No lo sabia, y tampoco queria adivinarlo. Sin embargo ese anillo realmente me doli¨®, me hizo pensar en esa versi¨®n de mi misma frente a Sergio, cuidadosa y constantemente buscando su aprobaci¨®n. El mensaje de Virginia lleg¨®, interrumpiendo mis pensamientos. [?Con quien te acostaste?] Virginia fue muy directa. No respondi a su mensaje, porque foto de Sergio con el anillo hab¨ªa desordenado todas mis emociones. [?Sergio?] Virginia envi¨® otro mensaje, pero luego sigui¨® con otro, [No puede ser el.] [Jorge?] Finalmente, Virginia adivino que era Jorge. E conoc¨ªa demasiado bien mi vida y mis sentimientos, asi que no fue dificil de adivinar. [Cuando un hombre y una mujer est¨¢n solos y no pasa nada explicaci¨®n, el hombre tiene un proble 13 derge tents un problema? the reports unlice a Jorge con su canturs Batista y sus cadence fumes, inmediatamente descarta in iden de Virginia Dehnilivamente in ata que Jorge no pudiera, tem que mi encanto nara suficients Pensando on some ne pude superar ni a una viuda con bergis, saxuili babaza, decidida a no nirar m¨¢s mensajes de Vugiran ¡°Camile, a?oshe no estabas en cama, za donde fuiste? Te envik mensajes y no respondieta¡± Mire se desperto con rma y lo primero que fazo fue preguntarme. No esperaba que a que podria dormirse a trav¨¦s de un terremoto, se hubiera despertado a mitad de noche. Me senti culpable y no me atravi a mira a los ojos, ¡°Fui a correr¡± Le dije. Mire abri¨® los ojos de par en par: ¡°Correr en medio de noche? ?Eres masoquista o simplemente tienes demasiadas hormonas y piensas mucho on los hombres?¡± Esa forma de pensar ¡°Vetel¡± Lenc¨¦ una mirada. ¡°Pero, ?para qu¨¦ corres en medio de noche?¡± Mire todav¨ªa pensaba que era increible. No le respondi m¨¢s, sino que me camble y le record¨¦ que se apresurara a bajar, diciendo que hab¨ªa descubierto un nuevo problema. E erao un beb¨¦ curioso: ¡°Cam, si trabajar horas extras solo te trae problemas, mejor no lo hagas,¡± Mire baj¨® conmigo a un bar cercano para desayunar, y justo al llegar, vimos a Jorge sentado alll desayunando, ¡°Jorge, buenos d¨ªas!¡± Mire lo salud¨® con toda energ¨ªa. Jorge asinti¨® ligeramente: ¡°Buenos d¨ªas¡± No me atrevi a mirarlo, y Jal¨¦ a Mire para ir a elegir el desayuno, pero e directamente fue por mi bolso diciendo ¡°Cami,er¨¦ lo mismo que t¨², escoge por mi, yo me quedo aqu¨ª guardando el lugar.¡± Mire me hizo se?as con mirada, ramente queriendo Capitulo 64 tiempo con su ¨ªdolo, lo que me dej¨® sin saber qu¨¦ decir. Yo realmente no quer¨ªa sentarme con Jorge. Justo cuando me dispon¨ªa a elegir algo para desayunar a rega?adientes, Jorge habl¨®: ¡°Mart¨ªnez, yo puedo guardarles el lugar, es mejor que cada quien haga lo suyo.¡± Cap¨ªtulo 85 ?Qu¨¦ verg¨¹enza! Hasta yo senti verg¨¹enza por Mire. ro que e tambi¨¦n se sinti¨® inc¨®moda, pero supo manejarlo con una risita dici¨¦ndole: ¡°Est¨¢ bien, Jorge, entonces te dejo el encargo.¡± Mire dej¨® mi bolso y r¨¢pidamente camin¨® hacia m¨ª, me roz¨® ligeramente y tirando de m¨ªenz¨® a caminar y a decir: ¡°?Ser¨¢ que Jorge est¨¢ de mal humor otra vez, c¨®mo que hoy est¨¢ un poco raro, no?¡± No dije nada, Mire not¨® su tono hostil, pero yo¡­ pens¨¦ que si ¨¦l hab¨ªa dicho eso era para no cansarme. ?Se preocupaba por m¨ª? Me sacud¨ª por esa idea y sent¨ª que estaba empezando a imaginar cosas que me hac¨ªan sentir m¨¢s vanidosa. ¡°Mejor nos sentamos por separado.¡± Le suger¨ª a Mire despu¨¦s de tomarida, pensando en noche anterior que dorm¨ª en habitaci¨®n de Jorge. Realmente no quer¨ªa enfrentarlo, ¡°?Por qu¨¦ separados? ?No es mejor juntos? As¨ª podemos har sobre los nes de hoy.¡± Mire utiliz¨® el trabajoo excusa y no supe qu¨¦ responder. Aun as¨ª, descubr¨ª: ¡°?No ser¨¢ que quieres estar mir¨¢ndole mientrase?¡± ¡°?Cami, cada vez me entiendes mejor!¡± Mire hizo una cara p¨ªcara. Sab¨ªa que no pod¨ªa negarme apartir mesa con Jorge, as¨ª que no dije m¨¢s, para evitar que Mire empezara a hacer suposiciones. Esa chica no solo ten¨ªa ideas frescas, sino que tambi¨¦n era muy inteligente. Pero justo cuando nos sentamos, alguien se acerc¨® diciendo: ¡°?Mire, eres t¨²?¡± Una chica guapa, llevando tambi¨¦n su desayuno. Mire se levant¨® de inmediato, radiante: ¡°?Amiga, t¨² aqu¨ª?¡± ¡°Estoy de viaje de negocios, hace mucho que no nos ve¨ªamos. ?Por qu¨¦ no desayunamos juntas?¡± La chica invit¨® a Mire. Mae n? m? mund a mi primero, sino que ech¨® tin vistazo a Jorge anten de mirarme y luego digo: ¡°ro, ro, Acepto y llevando su to, nos hizo un se?al a Jorge y a mi antes de irse con su antiquapa?era de se. De repente, solo quedamos Jorge y yo en mesa del desayuno, ya me sentia ho¨®moda, y al quedarnos solos a¨²n man ¡°No tienes por qu¨¦ sentirte mal, solo dormiste en mi cama, no eso si hubi¨¦ramos¡­ dormido juntos.¡± Las pbras de Jorge casi me hacen escupir el sorbo de sopa que acababa de tomar. Me cubri boca, ¨¦l me pas¨® una nervilleta. Nuestros ojos se encontraron y de repente le arranqu¨¦ servilleta de mano y lenc¨¦ una mirada furiosa, despu¨¦s de limpiarme y tratar de calmarme le susurre. ¡°?Por qu¨¦ no me despertaste anoche?¡± ¡°Te m¨¦, pero no despertaste.¡± Jorge dijoiendo su desayuno,o si fuera lo m¨¢s natural. ¡°No te creo.¡± Le dije, siempre hab¨ªa tenido el sue?o liviano, ¡°Pues no tengo otra explicaci¨®n, te me.¡± Jorge mostr¨® una expresi¨®n de ¡®creas lo que quieras¡®. Me irrit¨® tanto, al pensar que ese noche debl¨® haberme llevado a su cama, me senti a¨²n m¨¢s inc¨®moda, le reme: ¡°Aunque no despertara, podr¨ªas. haberme llevado de vuelta a mi habitaci¨®n.¡± ¡°Est¨¢ bien, pr¨®xima vez te llevar¨¦.¡± Las pbras de Jorge me dejaron sin ha. ?La pr¨®xima vez? Que iluso, eso no iba a pasar. Mordi con fuerza un panecillo de crema, y luego deer un par de bocados, le record¨¦: ¡°No le digas a Mire lo de anoche.¡± Jorge ya hab¨ªa terminado todo su desayuno, se limpi¨® boca con una servilleta para decir luego: ¡°?De qu¨¦ te preocupas? ?Temes que e piense que hay algo entre nosotros, o que afecte tu reputaci¨®n, o que tus novios lo sepan?¡± Sus pbras me dejaron at¨®nita: ¡°?Qu¨¦ dijiste?¡± ¡°Se?orita G¨¢mez, si alguien debe preocuparse, deber¨ªa ser yo.¡± Jorge dijo mientras doba servilleta en su mano en forma de cubo. ¡°?Preocuparte de qu¨¦?¡± Pregunt¨¦, yo no entend¨ªa y me enfadaba. Cap¨ªtulo 86 ¡°Se?orita G¨¢mez probablemente no sabe, pero hasta ahora, no he tenido ni una s rci¨®n amorosa,pletamente puro, noo usted cuyos amores son tan variados, entre ex prometidos y esos coqueteos ambiguos, sin mencionar a los ¡°amigos¡°.¡± Dijo Jorge, mir¨¢ndome de manera pausada. Movi boca, pero antes de que pudiera decir algo, baj¨® mirada de repente agregando: ¡°As¨ª que el que deber¨ªa preocuparse soy yo, si se corre el rumor de que anoche dormimos juntos, pensar¨¢n que ya no soy puro.¡± ¡°?Est¨¢s insinuando que manch¨¦ tu pureza?¡± Pregunt¨¦ indignada. ¡°No exactamente, anoche teportaste, no hiciste nada indebido hacia m¨ª.¡± Con ese tono, Jorge parec¨ªa v¨ªctima inocente y yo el gran aprovechado. ?Qu¨¦ tipo tan irritante! Me enfurec¨ª por dentro, pero ira no encontraba c¨®mo expresarse, solo pude desahogarme mordiendo furiosamente un bollo de crema. ¡°Si usted quiere mantener su pureza, es mejor que se mantenga alejado de m¨ª.¡± Dije finalmente, despu¨¦s de terminar mi bollo. ¡°Eso ser¨ªa dif¨ªcil, a menos que no trabajemos juntos.¡± Jorge dej¨® servilleta y se levant¨® dej¨¢ndome sin pbras. Al terminar el desayuno, Mire tambi¨¦n hab¨ªa terminado, se despidi¨® de su amiga, prometiendo mar antes de su pr¨®xima visita a San Jos¨¦ del Cabo para reunirse. Apenas su amiga se subi¨® al auto, Mire se gir¨® hacia m¨ª diciendo: ¡°Amiga, ?de qu¨¦ habas con Jorge? Vi que no paraba de har.¡± Realmente estaba sin pbras, esa chica parec¨ªa de otro mundo. Estaba con su amiga, pero sus ojos siempre estaban puestos en nosotros. ¡°No hamos de mucho.¡± Para evitar m¨¢s preguntas de Mire, fue todo lo que dije. Mire parpade¨® incr¨¦d, y a?adi: ¡°Sobre el trabajo, parece que tendremos que hacer horas extras.¡± Our? La sonrisa de Mire se convirti¨® en una cara de tristeza: ¡°Este Jorge no tiene ni un poco depasi¨®n, es realmente inhumano.¡± No dije nada y nos fuimos al parque de atriones, pero Jorge a¨²n no hab¨ªa llegado. Cuando aparcamos, Jorge acababa de llegar en su scooter el¨¦ctrico. ¡°Cami, ?Jorge viene todos los d¨ªas en scooter? No esperaba que todav¨ªa hubiera hombres que usar¨¢n eso.¡± Mire estaba sorprendida, yo tambi¨¦n. Pens¨¦ que ven¨ªa en taxi o en transporte p¨²blico, pero result¨® que usaba un scooter de alquiler. ¡°Jorge, mejor no uses eso, ven con nosotros. En el auto de Cami cabemos bien.¡± Mire realmente no se sent¨ªa en confianza, hando por m¨ª. Justo iba a decir algo, cuando Jorge me mir¨®: ¡°Est¨¢ bien, entonces ser¨¦ una molestia para G¨¢mez.¡± Realmente me hab¨ªa dejado sin pbras dos veces esa ma?ana. Solo pude desahogar mi frustraci¨®n con Mire: ¡°Mire, ?no crees que deber¨ªas preguntarme antes de ofrecer?¡± Mire not¨® mi disgusto: ¡°Cami, solo estaba pensando en ser m¨¢s eficientes y tambi¨¦n por seguridad. Jorge no conoce bien el lugar, y andar en scooter es peligroso. Si le pasa algo, ?c¨®mo vamos a cumplir con el zo? De todas formas, pr¨®xima vez te preguntar¨¦ primero.¡± Mire luego me abraz¨® y actu¨® de forma coqueta. No tuve m¨¢s opci¨®n que tocarle cabeza con el dedo dici¨¦ndole: ¡°Hoy te encargas de todos los recados.¡± ¡°ro, soy buena para eso.¡± Mire erao una cucaracha indestructible, optimista y fuerte. ¡°Entonces hoy te toca trabajar con Jorge, yo me encargar¨¦ de coordinar con Lucio el progreso de otrodo.¡± Le indiqu¨¦, ese d¨ªa yo no quer¨ªa tratar con Jorge. Pero apenas llegu¨¦ con Lucio, recib¨ª una mada de Mire: ¡°Cam, ya terminamos por hoy.¡°. Qu¨¦? Pregunt¨¦ confundida. Jorge dijo que hoy era d¨ªa de descanso. La noticia de Mire encendi¨® mi f¨²ria. Cap¨ªtulo 87 ¡°?Qu¨¦ pasa? ?Por qu¨¦ descansar?¡± Realmente llegu¨¦ corriendo donde estaba Jorge, preguntando con inquietud. ¡°Descansar dos dias a semana es un mandato nacional, y dado que tenemos mucho trabajo por hacer, descansar un d¨ªa no deber¨ªa ser un problema, ?verdad?¡± La pregunta de Jorge me dej¨® sin pbras. Hice un esfuerzo por contener mi ira: ¡°Jorge, tienes raz¨®n, pero ahora estamos contra el tiempo, ya te dije que tenemos una fecha l¨ªmite para terminar. Entonces, ?podr¨ªamos posponer los d¨ªas libres y concentrarnos en avanzar? Incluso podr¨ªa pagarte horas extras.¡± Jorge me miraba fijamente cuando me dijo: ¡°No se trata del dinero, Las personas no son m¨¢quinas; necesitan descansar adecuadamente, y el descanso tambi¨¦n sirve para trabajar mejor.¡± Esa era idea, peros circunstancias eran especiales en ese momento. Trat¨¦ de calmarme: ¡°?Jorge, realmente tienes que descansar hoy?¡± ¡°S¨ª.¡± Me respondi¨®; despu¨¦s de escuchar su respuesta, gir¨¦ para irme y entonces ¨¦l a?adi¨®: ¡°Ustedes tambi¨¦n deber¨ªan descansar hoy.¡± Eso realmente me enfureci¨®, y me voltee a mirarlo para decirle: ¡°Jorge, bastar¨ªa con que t¨² descanses bien, no tienes por qu¨¦ preocuparte por si nosotros descansamos o no.¡± Mire, que estaba a undo, se mord¨ªa losbios tratando de contener risa, mientras que Jorge se manten¨ªa sereno al decirme: ¡°Se?orita G¨¢mez, si no descansas bien, tampoco podr¨¢s trabajar. Como ayer¡­..¡± ¡°?Jorge!¡± Lo interrumpi, sintiendoo me sudabans palmas des manos. Ese tonto casi lo menciona justo despu¨¦s de que le dije que no hara sobre noche anterior. Nos miramos fijamente, y al final ced¨ª bajo su mirada insistente: ¡°Est¨¢ bien, descansaremos, todos descansaremos.¡± ¡°Mire, v¨¢monos.¡± La m¨¦. Se?orita Gamez Jorge me detuvo otra vez. Hoy necesito tu ayuda.¡± Senti una oleada de frustraci¨®n, casi a punto de explotar, apretando fuerte los dientes: ?Qu¨¦, Jorge, necesitas un masaje mientras descansas, o alguien que te d¨¦ palmadas en espalda?¡± No, eso no ser¨¢ necesario. Necesitoprar algunas cosas y necesito que se?orita G¨¢mez me sirva de gu¨ªa.¡± Dijo Jorge con toda naturalidad. Realmente estaba a punto de re¨ªr: ¡°Bien, deja que Mire te pa?e¡­¡± ¡°?Yo quiero que me pa?e se?orita G¨¢mez!¡± Jorge me interrumpi¨®. Mire, tratando de contenerse, finalmente solt¨® una carcajada. Yo tambi¨¦n me re¨ª. Eso no era el se?or soldado Jorge, sino m¨¢s bien Jorgito, actuando infantilo un ni?o peque?o. ¡°Jorge, ya no eres un ni?o, ?no crees que es demasiado¡­ Bueno, ya sabes?¡± Me quej¨¦. Jorge no mostr¨® ni un ¨¢pice de verg¨¹enza: ¡°Estoy en un lugar desconocido, ?qu¨¦ tiene de malo que se?orita G¨¢mez me ayude? Adem¨¢s, antes t¨²¡­¡± ¡°?Est¨¢ bien, ir¨¦!¡± Lo interrump¨ª otra vez, porque sab¨ªa lo que iba a decir. Si no aceptaba, ¨¦l traer¨ªa ai¨®n mi viaje a Todos Santos, y no pod¨ªa dejar que Mire supiera. ¡°?Puedo ir con ustedes?¡± Mire no iba a perderse esa oportunidad. ¡°?ro!¡± ¡°?No es necesario!¡± Jorge y yo respondimos al mismo tiempo, yo estaba de acuerdo, ¨¦l se negaba. Mire me mir¨® y luego a ¨¦l. Jorge dijo directamente: ¡°No ser¨ªa conveniente con Mart¨ªnez alrededor, ?verdad, se?orita G¨¢mez?¡± Volvi¨® a pasarme responsabilidad. Viendo mirada de Jorge, supe que si insist¨ªa en llevar a Mire con nosotros, definitivamente traer¨ªa ai¨®n lo de antes. Es cierto que no se debe mentir, porque una mentira lleva a cien m¨¢s. Al final, mir¨¦ a Mire dici¨¦ndole: ¡°Es raro que tengas un d¨ªa libre, mejor ve a pasar tiempo con tu novio, seguramente ¨¦l tambi¨¦n te extra?a.¡± Mire me mir¨® fijamente, ramente molesta porque mencion¨¦ a su novio dnte de Jorge. La ignor¨¦, y e, bajo mirada de Jorge que le imped¨ªa acercarse, se march¨® de mal humor, mirando hacia atr¨¢s tres veces. Estaba segura de queenzaba a sospechar de mi rci¨®n con Jorge. Eso lo solucionar¨ªa despu¨¦s, en ese momento ten¨ªa que lidiar con el hombre frente a m¨ª. Capitulo 88 Jorge, ja que viene esto? ?Me est¨¢s chantajeando con lo que pas¨® anoche y el hecho de que nos conocemos?¡± Lo confront¨¦. ¡°No.¡± Dijo evitando mirarme a los ojos. Eso ramente mostraba su culpa. Senti un impulso de darle una buena golpiza. ¡°Estoy perdido aqu¨ª, ?cu¨¢l es el problema si me ayudas un poco? Yo tambi¨¦n te he ayudado.¡± Jorge habl¨® de nuevo, con un tono de voz d¨¦bil. Me hizo sentiro si no ayudarlo fuera ingrato. Al final,s deudas, ya sean de dinero o de favores, hab¨ªa que pagas. Suspir¨¦: ¡°Bueno, ?a d¨®nde quieres ir hoy, Jorge? ?Qu¨¦ quieresprar? Dimelo y te llevar¨¦.¡± ¡°Quiero ver casas.¡± Me dej¨® sin pbras con su respuesta. Lo mir¨¦ preguntando sorprendida: ¡°?Ver casas? ?No ibas a regresar a tu casa despu¨¦s de terminar aqu¨ª?¡± ¡°Quiz¨¢s no regrese, por eso quiero ver con anticipaci¨®n.¡± La respuesta de Jorge me dej¨®o si algo me apretara garganta. No sab¨ªa por qu¨¦, pero me sent¨ª muy extra?a. ¡°Pero tu empresa no est¨¢ aqu¨ª.¡± Le record¨¦. ¡°Puedo renunciar.¡± Afirm¨®. ¡°Es que no esprar, es alqur, ahora mismo no tengo mucho dinero y no me puedo permitirprar.¡± Jorge realmente no ten¨ªa verg¨¹enza en revr sus finanzas. Eso era realmente raro, sabiendo que muchos hombres pretend¨ªan ser algo que no eran, endeud¨¢ndose paraprar autos de lujo y relojes de marca solo para manteners apariencias. Pero Jorge haba de su falta de dinero con total franqueza. ¡°?Y aun as¨ª quieres renunciar?¡± Balbuce¨¦. hubiera escuchado: Quiz¨¢s porque mencion¨® ?ner dinero, algo en mi sinti¨® i stima por ¨¦l y termin¨¦ llev¨¢ndolo en to al centro de ciudad. Este es el centro, supongo ques casas deben ser muy caras aqu¨ª. Me ¡°En los suburblos es m¨¢s barato, pero el viaje esrgo y poco pr¨¢ctico. Si en realidad vas a trabajar aqu¨ªo ingeniero, definitivamente deber¨ªas buscar una empresa en Cabo San Lucas y alqur en el centro para ahorrar tiempo. Le sugeri. Se qued¨® cado, y pensando en su situaci¨®n econ¨®mica, a?adi: ¡°Podr¨ªa prestarte, y me devuelves cuando tengas dinero.¡± ¡°?Eso suenao si quisieras mantenerme?¡± La respuesta de Jorge me tom¨® por sorpresa, y me dej¨® sin pbras. Lo mir¨¦ fijamente, pensando en este sentimiento ambiguo que ten¨ªa hacia mi, y luego en su idea de casarse conmigo, solt¨¦ una risa burlona: ¡°Est¨¢s so?ando, yo tambi¨¦n quiero que un rico me mantenga.¡± El rostro de Jorge se tens¨®, encend¨ª el auto dici¨¦ndole: ¡°Entonces vamos a ver los suburbios.¡± Pero justo cuando llegamos a agencia inmobiliaria de los suburbios, y antes de que pudi¨¦ramos bajar del auto, mi tel¨¦fono son¨®. ¡°H¡­ ?Qu¨¦? Est¨¢ bien, voy para all¨¢ ahora mismo.¡± Colgu¨¦ y mir¨¦ a Jorge al decirle: ¡°Baja y mira por ti mismo, tengo que atender algo.¡± Jorge no se movi¨®: ¡°?Qu¨¦ pas¨®?¡± No ocult¨¦ nada: ¡°La tuber¨ªa de mi casa est¨¢ rota, necesito encontrar a alguien que repare.¡± La mada hab¨ªa sido del vecino de abajo, diciendo que el agua ya se hab¨ªa filtrado hasta el pasillo. ¡°Puedo arrerlo.¡± La oferta de Jorge me dej¨® at¨®nita. Estaba a punto de decir algo cuando ¨¦l a?adi¨®: ¡°Si te demoras m¨¢s, el agua da?ar¨¢ el departamento de alguien m¨¢s, y tendr¨¢s que pagar pors 13:04 memes preguntando ¡°Euge wano ginn, departamento dei mate Tamegrantee fromme de hadde ko extendiande au masorger face une ? Cap¨ªtulo 89 La gente que observaba , pero mis ojos estaban fijos en Jorge: No se puedel Ha estado oxidado por tantos a?os!¡± ¡°El suelo tambi¨¦n se ha endurecido y elevado, haciendo que v¨¢lv de agua quede enterrada.¡± No esperaba que se tirara al suelo, y menos que por el esfuerzo,s venas de sus sienes y brazos resaltaran, mostrando toda su fuerza. Pero aun as¨ª, no pudo mover v¨¢lv, incluso vi c¨®mo su rostroenzaba a ponerse rojo¡­ Joven, no te esfuerces m¨¢s, ya varios hombres lo han intentado antes.¡± La anciana vecina tambi¨¦n vio cu¨¢nto se esforzaba Jorge y amablemente le advirti¨®. Yo tambi¨¦n me sent¨ª mal por ¨¦l: ¡°Jorge, mejor d¨¦jalo, voy a buscar a alguien.¡± Al decir eso, vi c¨®mo Jorge, que estaba tenso, de repente se rj¨® y dijo: ¡°Est¨¢ bien.¡± Se levant¨® del suelo ¨¢gilmente, sacudi¨¦ndose el polvo y tierra de su ropa, y dijo: ¡°Vamos a ver arriba.¡± El agua a¨²n corr¨ªa pors escaleras, entrando a los zapatos: ¡°Esperemos un poco, hasta que baje un poco el agua.¡± Jorge mir¨® mis zapatos y dijo: ¡°Te llevo en hombros.¡± De inmediato, mis ojos se abrieron de par en par rechaz¨¢ndole: ¡°No, no hace falta.¡± Dije eso sonroj¨¢ndome, porque todos los curiosos ya estaban prestando atenci¨®n. Jorge not¨® mi rubor y dijo: ¡°Yo subo v lr¡ª Extendi¨® su mano y tomo de . Cuando sus dedos tocaron los mios senti un escalofrio¡­ si me electrocutara, Algo que nunca habia sentido con Sergio. Con Sergio era diferente, crecimos juntos, tomainos de mano o abrazarnos era habitual, as¨ª que nunca sent¨ª ese cosquilleo de enamoramiento. En ese momento, creo que entend¨ª lo que Sergio hab¨ªa dicho sobre Pablo. Jorge subi¨® r¨¢pidamente, el agua salpicaba a su paso,o si florecieran lotos bajo sus pies. Me qued¨¦ mir¨¢ndolo subir hasta que vecina me pregunt¨®: ¡°Jovencita, ?ese es tu novio? Se nota que es un chico capaz, muy bueno, muy fuerte.¡± ¡°Y ni le importa ensuciarse, se tir¨® al suelo sin m¨¢s.¡± Otra vecina coincidi¨®. ¡°Hoy en d¨ªa no hay muchos chicos as¨ª, tienes suerte, ni?a¡­¡± Senti calor en mi rostro, algo se movi¨® dentro de m¨ª. El agua pronto disminuy¨® y subi. La puerta estaba abierta, todo estaba inundado. Levant¨¦ el ruedo del pantal¨®n y entr¨¦, encontr¨¢ndome con Jorge trabajando en v¨¢lv, me explic¨®: ¡°Aqu¨ª se rompi¨®, parece que fue por corrosi¨®n por no usarlo en a?os.¡± No se equivocaba, despu¨¦s de tantos a?os sin uso, era inevitable corrosi¨®n. No dije nada, y Jorge continu¨®: ¡°Toda tuber¨ªa de casa est¨¢ vieja y corroida, para evitar futuros problemas, ser¨ªa mejor cambia toda. ¡°?Un proyecto tan grande?¡± Me sorprend¨ª y tambi¨¦n sent¨ª un dolor de cabeza. ¡°No es para tanto.¡± Dijo Jorge ya desmontando pieza rota, luego me mir¨®. Al ver mis zapatos mojados, frunci¨® el ce?o y me pas¨® pieza: ¡°Ve ypra seis de estas, una ve para tubos, veintid¨®s metros de tuber¨ªa PVC, y cuatro ves de agua, una para elvamanos, una para el fregadero, y dosunes.¡± Me qued¨¦ pensativa, Jorge pens¨® que no me hab¨ªa quedado ro: ¡°Te lo 13:04 1 enviare por mensaje,pra seg¨²n Capitulo 90 A doch verdad, losplejos circuitos de luces del parque de diversiones NUNTA ME CRUssion dolor de cabeza, sin embargo, en ese instante todo me parecia un desorden y no tenia ganas de lidiar con ello. No cantins en mi? Pregunt¨® ¨¦l No es eso, es solo que¡­ Mi mirada cay¨® sobre ¨¦l, su carnisa estaba ramente sucia y el ruedo de sus pantalones tambi¨¦n estaba mojado. Verlo asi realmente me hizo sentir mal. ¡°Puedo manejarlo, ve.¡± Dijo mientras daba una palmadita en mi cabeza: ¡°Obedece.¡± Senti un cosquilleo en el cuero cabelludo, aunque hac¨ªa poco Manuel tambi¨¦n hab¨ªa tocado mi cabeza, sensaci¨®n con Jorge era Ante mirada de Jorge, no me atrevi a mirar m¨¢s y huyendo,pr¨¦ lo que me hab¨ªa pedido. Al regresar, vi a Jorge limpiando el pasillo con un trapo. Al entrar de nuevo en casa, el suelo que antes estaba inundado ya briba, sin una gota de agua a vista. Mientras yo sal¨ª aprar, ¨¦l no hab¨ªa perdido el tiempo. En ese momento, al ver casa limpia,o si el agua nunca hubiera pasado por ah¨ª, senti un nudo en garganta. ¡°Ya revise abajo, no hay filtraciones, as¨ª que no te preocupes por tener que pagar da?os.¡± Jorge a?adi¨®. Ese hombre no s¨®lo era capaz, sino tambi¨¦n atento a los detalles, mi garganta estaba tan hinchada que ya no pod¨ªa decir nada. Jorgeenz¨® a reparar tuber¨ªa, y yo no ten¨ªa nada que hacer m¨¢s que mirar, observando c¨®mo trabajaba con destreza, al igual que cuando ajustabas luces. Apoyada en el marco de puerta, lo mir¨¦ preguntando: ¡°Jorge, ?hay algo que no sepas hacer?¡± ¡°Si.¡± Dijo sin dejar de trabajar. 13:04 m Qu¨¦? Pregunt¨¦ curiosa. V?lted a mirarme para contestar: ¡°Parif. Mi ligero estado de mncol¨ªa fue interrumpido por suentario, y r¨¢pidamente respondi: ¡°No necesitas dar a luz, con que sepas hacer que alquien los tenga por ti, es suficiente.¡± ¡°Ah, eso definitivamente no es un problema.¡± Dijo ¨¦l. Pero yo ya no supe que decir, me sonroj¨¦, porque ?c¨®mo pod¨ªamos estar hando de cosas tan poco serias? Para romper el hielo, entonces dije: ¡°Jorge, quienquiera que se case contigo ser¨¢ muy afortunada.¡± Contest¨® sin rodeos: ¡°?Entonces por qu¨¦ t¨² no aceptas casarte?¡± ¨¦l siempre ten¨ªa habilidad de dejarme sin pbras. Baj¨¦ mirada, tard¨¦ un rato en responder: ¡°Soy demasiadoplicada,o t¨² dijiste, con un ex¨Cprometido y rciones ambiguas, y t¨², que nunca has tenido una rci¨®n, eres demasiado puro para m¨ª. Jorge no dijo nada, y yo en silencio lo mir¨¦ un rato antes de girar hacia el balc¨®n para atenders peque?as ntas que hab¨ªaprado. Poco despu¨¦s escuch¨¦ a Jorge bajandos escaleras, y desde el balc¨®n vi c¨®mo se inclinaba para ajustar una v¨¢lv. ?Hab¨ªa terminado? Me dirig¨ª a cocina, abr¨ª el grifo. El agua flu¨ªa ra y limpia, y el nuevo grifo funcionaba perfectamente. Mientras miraba el agua, sent¨ª de repente una presi¨®n detr¨¢s de mi, Jorge extend¨ªa sus brazos hacia m¨ª. Con un abrazo parcial, cerr¨® el agua y su voz grave reson¨® en mi o¨ªdo: ¡°?No sabes que debes ahorrar agua?¡± Mi coraz¨®n tembl¨®, y trat¨¦ de alejarme de ¨¦l, pero no parec¨ªa tener intenci¨®n de dejarme ir. ¡°Jorge¡­¡± Le m¨¦ alzando mi mano para empujarlo, lo que toqu¨¦ fue su musctura tensa. De repente, me sent¨ªo si hubiera agarrado un hierro caliente, el ardor se extendi¨® r¨¢pidamente desde palma de mi mano¡­ Cap¨ªtulo 91 Me qued¨¦ sin aliento, paralizada en el lugar. Jorge no se movi¨®, tampoco hablo, pero su mirada estaba pegada a m¨ª. M¨¢s bien, est¨¢bamos mir¨¢ndonos fijamente. As¨ª nos quedamos, ninguno de los dos avanz¨® ni retrocedi¨®. Incluso, pod¨ªa sentir que nuestros corazonest¨ªan m¨¢s rapido¡­ Hasta que voz de vecina reson¨® desde fuera: ¡°El novio que consigui¨® chica que alquil¨® el departamento realmente sabe c¨®mo mantener limpiass escaleras.¡± Fue entonces cuando volv¨ª en m¨ª, empuj¨¦ a Jorge y hui r¨¢pidamente hacia l s. Pero por un momento no supe qu¨¦ hacer, solo me sent¨ª confundida y desordenada. Jorge sali¨®, rompiendo el hielo de manera natural: ¡°?Esta es antigua casa de tus padres?¡± Me qued¨¦ sorprendida, c¨®mo lo sab¨ªa, cuando lo vi caminar hacia pared donde colgabans fotos: ¡°Te pareces mucho a cuando eras ni?a.¡± En pared hab¨ªa diplomas m¨ªos y fotos familiares. Estaba yo con un pa?uelo rojo, mis padres a cadado protegi¨¦ndome, sus rostros llenos de una sonrisa tierna. Sin embargo, al ver sus sonrientes rostros se me hizo ur nudo en el coraz¨®n. ¡°Ten¨ªas buenas calificaciones en escu.¡± Dijo Jorge mirando mis diplomas, todos eran de estudiante ejemr. ¡°Ahora tambi¨¦n soy excelente.¡± Dije sin falsa modestia. Jorge me mir¨® diciendo: ¡°No tengo dudas.¡± Se detuvo un momento, y luego agreg¨®: ¡°En todos los aspectos.¡± Su mirada me hizo evitar el contacto visual, era demasiado directo, tanto con su miradao con sus pbras. Y yo no quer¨ªa enredarme m¨¢s con ¨¦l, as¨ª que dije: ¡°Te has esforzado mucho hoy, te invitare a cenar, y luego te ayudar¨¦ a buscar un departamento.¡± De no querer, en ese momento era yo quien tomaba iniciativa porque, le deb¨ªa un favor. ¡°Est¨¢ bien.¡± Jorge no se neg¨®, pero luego dijo: ¡°Necesitovarme cara, ?tienes una toa?¡± Al decir eso, me di cuenta de que ten¨ªa suciedad en cara y en ropa: ¡°Espera, ir¨¦ aprarte una camisa.¡± Aunque est¨¢bamos en un lugar apartado, no lejos hab¨ªa un supermercado popr, donde vendian de todo. ¡°No hace falta. S¨®lo dame una toa, con eso basta.¡± Rechaz¨® Jorge, Quer¨ªa decir algo m¨¢s, pero me encontr¨¦ con su mirada firme y tuve que regresar al ba?o, tomar mi toa y d¨¢rs: ¡°Usa esta, no tengo una nueva.¡± El dijo que estaba bien, y empez¨® avarse cara. Sin saber por qu¨¦, no me alej¨¦, y lo viv¨¢ndose cara de una manera ruda, salpicando agua en su rostro, e incluso se ech¨® agua en el cabello un par de veces. Aunque no hacia fr¨ªo, me preocup¨® que usara agua fr¨ªa, justo cuando iba a advertirle, ¨¦l ya se estaba secando cara y el cabello con toa. Cuando levant¨® cabeza, tambi¨¦n me vio a m¨ª, de pie detr¨¢s de ¨¦l en el espejo. En ese momento, me sent¨ª nuevamente avergonzada,o si hubiera sido atrapada espiando. No sab¨ªa cu¨¢ntas veces me hab¨ªa sentido nerviosa y confundida frente a ¨¦l. Erao una ni?a que no ten¨ªa experiencia en asuntos del coraz¨®n. Hando de eso, aunque Sergio y yo hab¨ªamos hado de matrimonio, parec¨ªa que ese tipo de dulzura entre amantes simplemente no exist¨ªa. Como dijo Pablo, Sergio incluso me ped¨ªa que le pasara el papel higi¨¦nico cuando iba al ba?o, nuestra rci¨®n era m¨¢so de hermanos, con afecto, pero no esa emoci¨®n arrebatadora entre hombres y mujeres desconocidos. ¡°?No te molesta el agua fr¨ªa?¡± Le pregunt¨¦, mir¨¢ndonos a trav¨¦s del espejo. ¡°He estado usando agua fr¨ªa paravarme cara y el cabello durante a?os, me acostumbr¨¦ mientras estaba en el servicio mill Sus pbras me llenaron de admiraci¨®n y tambi¨¦n depasi¨®n. ? necesario usar aque fr¨ªa en el servicio militar? Cap¨ªtulo 92 ¡°?Tienes toallitas h¨²medas en casa?¡± Me pregunt¨® de nuevo: ¡°O cualquier otra toa tambi¨¦n sirve, para limpiarme un poco.¡± Sostenia mi toa pero parec¨ªa reacio a limpiar su propia ropa con e. ¡°Tengo toallitas faciales, puedes humedecer unas cuantas y usas.¡± Le dije mientras le pasaba dos. Se qued¨® mir¨¢nds desconcertado,o si nunca hubiera visto algo as¨ª. No pude evitar reirme: ¡°?Me est¨¢s diciendo que no conoces esto?¡± ¡°Uh, es primera vez ques veo.¡± Dijo con esa adorable inocencia tan propia de un hombre que nunca ha tenido novia y que rara vez est¨¢ rodeado de mujeres. ro,s toallitas faciales eran una novedad de los ¨²ltimos a?os. ¡°Son para ques mujeres se limpien cara, son desechables.¡± Le expliqu¨¦. mientras humedec¨ªa una para ¨¦l. Jorgeenz¨® a limpiarse tierra del cuerpo mientras yo notaba que tambi¨¦n ten¨ªa suciedad en parte trasera de los hombros, as¨ª que, naturalmente, tom¨¦ toallita yenc¨¦ a limpiarle. Al tocarlo, pude sentir c¨®mo Jorge se tens¨® por un momento, pero hiceo si no me diera cuenta y segu¨ª limpi¨¢ndolo. En ese momento, un lunar negro en nuca de Jorge capt¨® mi atenci¨®n, y sin poder evitarlo, me record¨® al sue?o que tuve, sobre ese ni?o mayor que me llevaba a cuestas, con un peque?o lunar negro justo ah¨ª. Me qued¨¦ absorta en ese pensamiento, hasta que Jorge me mo, sac¨¢ndome de mis divagaciones, pero para entonces, ya hab¨ªa empapado su camisa con toallita. ¡°Esto, ya est¨¢.¡± Dije retirando mi mano. Mirando el peque?o lunar en su nuca, no pude evitar preguntar: ¡°Jorge, ?ese lunar en tu cuello lo has tenido desde peque?o?¡± Jorge se toc¨® el lugar contestando: ¡°S¨ª, desde que nac¨ª. Mi coraz¨®n dio un vuelco. Dios, ?era posible que el ni?o de¡­.s sue?os fuera Cap¨ªtulo 93 Ver a Zo¨¦ acercarse me hizo pensar en una frase: ¡°Quien pierde verg¨¹enza, se vuelve invencible¡°. Ese tipo de personas, que se meteno otra en una rci¨®n, si tuvieran algo de moral y ¨¦tica, evitar¨ªan a esposa oficial a toda costa. Pero los tiempos hab¨ªan cambiado, y ya ten¨ªan desfachatez de actuar abiertamente. ?Con esa actitud de querer jactarse, de demostrar que pueden hacer lo que les zca! ¡°Cam, qu¨¦ coincidencia que t¨² tambi¨¦n vinieras aer.¡± Me dijo Zo¨¦, aunque ojos se posaban en Jorge, quien estaba a mido. SUS Desde que se acerc¨®, no hab¨ªa quitado vista de Jorge. No ten¨ªa que entrar en detalles sobre cu¨¢nto atra¨ªa ese hombre, porque no hab¨ªa quien no se girara a mirarlo dos veces, inclusos se?oras mayores,o ya se hab¨ªa demostrado en mi vecindario. ¡°Ah, s¨ª, ?acaso vine a hacer turismo?¡± Le respond¨ª sin disimr mi molestia. No es que me guste guardar rencor, pero no soport¨¦ ver su actitud descarada y pretenciosa. Si hubiera sido franca respecto a su inter¨¦s por Sergio y su deseo de estar con ¨¦l, yo habr¨ªa edido. Pero e prefiri¨® provocarme, as¨ª que cualquier desagrado era culpa suya. Como esperaba, mis pbras hicieron sentir inc¨®moda y avergonzada, especialmente en ese momento que Sergio no estaba all¨ª. ?A qui¨¦n intentaba impresionar con ese acto? ?A Jorge? Todos tenemos un poco de narcisismo, crey¨¦ndonos los m¨¢s atractivos del mundo. Y Zo¨¦, siendo bastante atractiva, seguramente ten¨ªa un alto concepto de s¨ª misma, m¨¢s que era una viuda joven, estar¨ªa ansiosa por encontrar a un buen hombre. Pero, ?acaso no estaba ya con Sergio? ?C¨®mo era que todav¨ªa miraba a otros hombres con deseo? ?O simplemente le interesaban los hombres que estaban a mido? Aunque no hab¨ªa nada entre Jorge y yo, no quer¨ªa que Zo¨¦ lo deseara. Viendo suportamiento, no pude evitar sonre¨ªr con sarcasmo: ¡°Se?orita Minas, supongo que vino aqu¨ª por el men¨² para embarazadas,ida aqu¨ª s¨ª que tiene buen sabor, ideal para alguien en su estado.¡± El rostro de Zo¨¦ se torno de rojo a p¨¢lido, ynz¨® una mirada evidente hacia Jorge Ridic. Me ref para mis adentros al ver que, de hecho, hab¨ªa logrado captar atenci¨®n de Jorge. E, colgada de Sergio y aun as¨ª enviando se?ales a otros hombres, ?quer¨ªa tener varias opciones? Descubrir que Sergio no era su ¨²nico objetivo me sorprendi¨® y, de alguna manera, meci¨®. Me pregunt¨¦: ?c¨®mo se sentir¨¢ Sergio el d¨ªa que descubra que Zo¨¦ lo tiene soloo una opci¨®n? ¡°?Listos para ordenar? Por favor, siganme.¡± Interrumpi¨® el mesero en ese momento. ¡°ro, busquemos un buen lugar.¡± Contest¨¦, dejando atr¨¢s a Zo¨¦ sin decir m¨¢s. Sabiendo lo que Zo¨¦ pensaba, camin¨¦ aldo de Jorge y me acerqu¨¦ a prop¨®sito, pero calcul¨¦ mal mi movimiento y tropec¨¦. Jorge, r¨¢pidoo el rayo, me sostuvo por los hombros y no solt¨®. Solo cuando me mov¨ª, ¨¦l finalmente retir¨® su mano, y nos sentamos en el lugar que el mesero nos hab¨ªa asignado. Jorge nunca pregunt¨® qui¨¦n era Zo¨¦, su sentido de l¨ªmites y tacto realmente me hac¨ªan sentir c¨®moda. ¡°Elige lo que quieras.¡± Le dije mientras cog¨ªa el men¨² y se lo pasaba. Esa vez, Jorge no insisti¨® en que no ten¨ªa preferencias, sino que tom¨® carta y empez¨® a mirar el men¨² seriamente. Aprovech¨¦ para mirar por ventana y vi a Zo¨¦ hando por tel¨¦fono. ?Estar¨ªa mando a Sergio? Justo cuando pensaba eso, el auto de Sergio se detuvo frente a Zo¨¦. Lo vi bajarse, abrirle puerta del auto a e, y sostener el marco de puerta,o si temiera golpea. Sin embargo, en todo el tiempo que estuvimos juntos, nunca hizo algo as¨ª por m¨ª. Esa era diferencia entre poner atenci¨®n y no hacerlo. Cap¨ªtulo 94 Shubiera sabido, no habria mirado, que mal sabor de boca. Justo cuando estaba a punto de desviar mirada, de repente vi a Sergio voltearse, su mirada a trav¨¦s del cristal de ventana me alcanz¨®, ramente frunciendo el ce?o. No lo mire m¨¢s, sino que me volvi hacia Jorge, justo cuando hab¨ªa terminado de ordenar y me pasaba su celr. Baj¨¦ vista para ver lo que habia pedido. Resulta que eran todos tos que me encantan. Pero el no me conoc¨ªa tan bieno para saber qu¨¦ me gusta, ?ser¨¢ que tenemos los mismos gustos? Levant¨¦ mirada hacia ¨¦l queriendo preguntar, pero solo mov¨ª losbios y al final decidi no hacerlo. Hay cosas que si preguntas demasiado demuestras que te importan, y no quer¨ªa darle esa impresi¨®n a Jorge. As¨ª que, le hice otra pregunta. ¡°?Quieres tomar algo de alcohol?¡± ¡°No bebo,¡± rechaz¨®, ¡°adem¨¢s, tengo cosas que hacer esta tarde.¡± ro, ten¨ªa que ir a ver casas. Pens¨¦ que esa era raz¨®n por que no quer¨ªa beber, as¨ª que dije: ¡°No te preocupes, te pa?o a ver casas esta tarde, no dejar¨¦ que te enga?en.¡± ¡°No hace falta, ya he¡­¡± se detuvo, y yo esper¨¦ ansiosa por saber qu¨¦ hab¨ªa ya hecho. Su mirada oscura se encontr¨® con m¨ªa, firme y directa, ¡°He decidido mirar por m¨ª mismo, quiero ver m¨¢s opciones.¡± Murmur¨¦ en respuesta, pensando que era mejor as¨ª. No solo porque pa?arlo ser¨ªa agotador, sino que si algo sal¨ªa mal con casa alquda, tambi¨¦n me sentir¨ªa responsable. Si ¨¦l no quer¨ªa alcohol, entonces pedi dos bebidas y envi¨¦ d De repente, luz a nuestro alrededor se oscureci¨®, seguido por una voz que conoc¨ªa demasiado bien, ¡°?No que estaban apurados con el proyecto? ?C¨®mo es que est¨¢n aqu¨ªiendo?¡± Sergio realmente hab¨ªa entrado, aunque ignoraba qu¨¦ le hab¨ªa contado esa Zo¨¦. Esa forma de har realmente me irritaba, ?acaso no se puedeer porque hay trabajo? Levant¨¦ mirada, a punto de responder, pero Jorge ya hab¨ªa hado por m¨ª, ¡°Hoy es d¨ªa de descanso.¡± Sergio nos mir¨® fr¨ªamente, luego me mir¨®, ¡°?Qui¨¦n autoriz¨® el descanso?¡± ¡°Lo pedi yo,¡± Jorge habl¨® antes de que pudiera abrir boca. La expresi¨®n de Sergio se volvi¨® a¨²n m¨¢s fr¨ªa, ¡°?T¨²? No eres m¨¢s que un simple tico de iluminaci¨®n, ?qu¨¦ derecho tienes para pedir un descanso? Lo que deber¨ªas hacer es cooperarpletamente con nosotros para finalizar configuraci¨®n de iluminaci¨®n y su aceptaci¨®n.¡± Era una total falta de respeto. Me enfurec¨ª, ¡°Presidente V¨¢squez, yo estoy a cargo de parte del parque de diversiones, y yo autoric¨¦ el descanso de hoy. ?Qu¨¦, solo los burros pueden trabajar pero noer?¡± Aunqueparaci¨®n no era m¨¢s adecuada, era apropiada. Tras mientario, Jorge tambi¨¦n dijo, ¡°Es cierto que solo soy un tico de iluminaci¨®n, pero el presidente V¨¢squez necesita urgentemente nuestra cooperaci¨®n, ?no es as¨ª?¡± Sergio se qued¨® sin pbras ante nuestra respuesta conjunta, su rostro se torn¨® p¨¢lido de ira. Est¨¢ bien, descansen. Disfruten bien de estaida, empresa cubre,¡± dijo Sergio antes de girarse furioso y dirigirse a recepci¨®n para pagar cuenta. Sonrei burlonamente, ¡°Jorge, ?tal vez pedime Coortudo 94 Jorge me mir¨®, pero no dijo nada, esa mirada me hizo sentir de alguna manera culpable. Justo cuando iba a mirar hacia abajo, escuch¨¦ que dijo, ¡°Alguien te envi¨® un mensaje hace un momento.¡± ¡°?Ah, s¨ª? D¨¦jame ver,¡± segu¨ª suentario y abr¨ª el mensaje. Con solo un vistazo, mis orejas se pusieron rojas de verg¨¹enza. El mensaje era de Virginia de Fuente: ?Ser¨¢ que el ingeniero Jorge no puede con eso? ?C¨®mo si no, iba apartir habitaci¨®n contigo, una belleza as¨ª y no hacer nada? En ese momento, realmente quer¨ªa abofetearme por haber sido tan imprudente. Esa ma?ana, cuando hui de habitaci¨®n de Jorge, le cont¨¦ a Virginia lo inc¨®modo que hab¨ªa sido dormir all¨ª. E no hab¨ªa respondido hasta ese momento. Si no iba a responder, mejor que nunca lo hiciera, pero ?por qu¨¦ ten¨ªa que enviar justo ese mensaje cuando Jorge tom¨® mi tel¨¦fono? Estaba tan avergonzada que no me atrev¨ªa a levantar mirada. La voz de Jorge reson¨®, baja pero firme, ¡°Mi salud est¨¢ perfecta, y esa¡­ funci¨®n cambi¨¦n espletamente normal.¡± Al o¨ªrlo, me qued¨¦ sin pbras. Cap¨ªtulo 95 Si en este momento existiera un agujero en el suelo, realmente desear¨ªa esconderme en ¨¦l. Pero, no existe. Y s¨¦ que si evitaba enfrentar este problema, probablemente Jorge lo pensar¨ªa a¨²n m¨¢s. Adem¨¢s, este hombre parec¨ªa que no ten¨ªa filtro conmigo, dec¨ªa lo que pensaba sin importar si era apropiado o no. Realmente no me tratabao a una extra?a. Pensando en esto, hice un esfuerzo por levantar cabeza de manera natural, ¡°?Ah s¨ª? Eso que dices no tiene prueba.¡± ¡°Uh,¡± Jorge tom¨® su vaso de agua y tom¨® un sorbo, ¡°Puedo¡­¡± Al escuchar esas dos pbras, una rma son¨® en mi cabeza, ¡°Jorge, c¨¢te.¡± Pero al final, fui yo quien se dio por vencida. ¡°Quiero decir, si necesitas que lo demuestre, puedo ir al hospital para que me den una prueba,¡± Jorge termin¨® diciendo lo que quer¨ªa decir. Aunque no era algo dif¨ªcil de aceptar, sus pbras a¨²n daban pie al malinterpretaciones. ?Por qu¨¦ necesitar¨ªa esa prueba? Si no era nadie para ¨¦l¡­ ¡°Ser¨¢ mejor que Jorge se lo demuestre a su futura esposa,¡± dije levant¨¢ndome y huyendo hacia el ba?o. Pero justo al girar, mi brazo fue atrapado, y el familiar aroma me hizo saber qui¨¦n era sin necesidad de mirar. Sergio me sujetaba el brazo, ¡°Cam G¨¢mez, ?no es demasiado queas en este tipo de lugar con un simple iluminador?¡± Viendo su cara llena de ira, ramente celoso, me re¨ª, ¡°?No podemoser aqu¨ª? ?El presidente V¨¢squez ha reservado todo el lugar?¡± ¡°Cam,s venas de frente de Sergio se marcaban, ¡°incluso si est¨¢s tan s aspirando a un hombre, podr¨ªas buscar a alguien mejor.¡± Tanto anteso ahora, cada pbra de ¨¦l despreciaba a Jorge. Por supuesto, tambi¨¦n era una indirecta hacia m¨ª. ¡°Jorge es un ingeniero superior con doble grado en Cambridge, ?qu¨¦ tanto de eso tiene el presidente V¨¢squez?¡± Le pregunt¨¦ con sarcasmo. De hecho, aque ma?ana hab¨ªa investigado su informaci¨®n. Sergio se sinti¨® avergonzado por mi pregunta, aunque es un magnate, sus estudios no fueron destacados, ni siquieraparado con su hermano Manuel V¨¢squez. Pero es astuto en los negocios, lo que le permiti¨® a Chispa Global Business destacarse en industria en unos pocos a?os. Cada quien tiene sus fortalezas, esto era indiscutible, solo que Sergio era demasiado orgulloso, solo ve¨ªa su propio brillo sin reconocer el de los dem¨¢s. ¡°?As¨ª de malo soy en tus ojos, Cam?¡± La cara de Sergio se puso roja de ira. ¡°No es que seas malo,¡± no lo humill¨¦pletamente, despu¨¦s de todo, hab¨ªa sido persona que me gust¨® durante diez a?os. Si fuera tan malo, mi mal gusto ser¨ªa el problema. ¡°Pero no eres mejor que Jorge,¡± si ¨¦l despreciaba a Jorge, usar¨ªa a Jorge para astarlo. Sergio apret¨® mi mano con m¨¢s fuerza, casi a punto de astarme, pero hab¨ªa tratado a Zo¨¦ con mucho cuidado. Mi coraz¨®n atravesado por un dolor agudo, ¡°Sergio, te lo digo de nuevo, ya no tenemos nada que ver el uno con el otro. Con qui¨¦n me veo o qu¨¦ hago no es de tu incumbencia.¡± Mis pbras hicieron que cara de Sergio se volviera a¨²n m¨¢s fea, pero ¨¦l 13:06 se rio con desd¨¦n, ¡°Cam, realmente te preocupa lo que los dem¨¢s piensen. Si quieres demostrar que tienes habilidades, entonces encuentra a alguien mejor que yo, a alguien superior.¡± Tambi¨¦n me re¨ª, ¡°Sergio, si t¨² no temes que gente se r¨ªa por estar con una viuda, ?por qu¨¦ deber¨ªa preocuparme? Tambi¨¦n te recuerdo, si encuentras a alguien mejor que yo, te deseo lo mejor. Pero mira, encontraste a una viuda, incluso embarazada de otro¡­ Hasta ah¨ª llegu¨¦, ¡°Bueno, eso s¨ª demuestra generosidad y bondad del presidente V¨¢squez.¡± ¡°T¨², Sergio fue dejado sin pbras por ira. Me liber¨¦ de su agarre y me dirig¨ª al ba?o. Frente al espejo, mir¨¦ mi rostro, no muy agraciado. Aunque yo y Sergio nos hab¨ªamos separado, sus pbras hirientes a¨²n me afectaban. Capitulo 96 Capitulo 96 Adem¨¢s, suportamiento de hace un momento fue ramente de celos. Qu¨¦ hombre tan despreciable, por undo coqueteando con viuda joven y por otro no queriendo soltarme, realmente quer¨ªa tener lo mejor de ambos mundos. Me qued¨¦ varios minutos en el ba?o antes de salir, pero entonces escuch¨¦ voz de Zo¨¦,ment¨¢ndose, ¡°Sergi, todav¨ªa te gusta Cam, ?verdad?¡± ¡°E es mi prometida,¡± respuesta de Sergio confirm¨® lo que pensaba, todav¨ªa sent¨ªa algo por m¨ª. *Pero si ya rompieron,¡± voz de Zo¨¦ era suave y melosa. Hab¨ªa que decirlo, realmente sab¨ªa c¨®mo actuar frente a los hombres, incluso su voz estaba perfectamente contrda. ¡°E fue quien dijo de romper, yo no estuve de acuerdo. Adem¨¢s, e no puede alejarse de mi, solo estaba enojada, se le pasar¨¢,¡± Sergio dijo algo que realmente no esperaba. Resulta que ¨¦l tom¨® mi decisi¨®n de rompero un capricho, pensando que no podr¨ªa dejarlo. Pero, ?haba as¨ª frente a Zo¨¦ porque realmente no hab¨ªa nada entre ellos?. ¡°Ustedes los hombres son todos iguales, no aprecian lo que tienen hastal que lo pierden, y luego no quieren soltar,¡± Zo¨¦ tambi¨¦n se burl¨® de Sergio. ¨¦l permaneci¨® en silencio, sin responder. Zo¨¦ continu¨®: ¡°Si en tu coraz¨®n elegida es Cam, ?por qu¨¦ tratas de confundirme siendo tan bueno. conmigo?¡± Me contuve respiraci¨®n, esta tambi¨¦n era mi duda. Era verdad que antes de hoy pensaba que hab¨ªa algo entre ¨¦l y Zo¨¦, pero si realmente hubiera algo, ¨¦l no se habr¨ªa mostrado tan abierto sobre sus sentimientos hacia mi frente a Zo¨¦. rgio no respondi¨®, y no sabia qu¨¦ pensar, as¨ª que di un paso adnt¨¦ en silencio Justo estaban parados en el pasillo, frente a un espejo de cuerpo entero, y a trav¨¦s del espejo vi a Sergio y Zo¨¦. Sergio miraba hacia abajo, hacia sus pies, con un semnte muy sombr¨ªo. ¡°Sergi, si realmente amas a Cam, ?por qu¨¦ te acercaste a m¨ª, por qu¨¦ me besaste?¡± ?Ellos hab¨ªan llegado a ese nivel de intimidad? Mi coraz¨®n se sinti¨®o si algo lo hubiera mordido, y luego,o si un hilo se hubiera roto con un ruido. ¡°Sergio, ?por qu¨¦ no has?¡± de pronto Zo¨¦ se emocion¨®, agarrando camisa de Sergio. ¡°?Por qu¨¦ me besaste? Si no lo hubieras hecho, Miguel no nos habr¨ªa visto, y¡­¡± no termin¨® frase cuando de repente se qued¨® sin voz, luego vi debilitarse, y Sergio atrap¨® en sus brazos. ¡°Zo¨¦, Zo¨¦,¡± Sergio maba ansiosamente, luego levant¨® y se apresur¨® hacia salida. Me qued¨¦ parada all¨ª, sin moverme, viendo desde el espejo c¨®mo Sergio llevaba a Zo¨¦ en brazos, alej¨¢ndose en un estado de p¨¢nico. Zo¨¦ dijo que Sergio bes¨®, y que Miguel lo vio, as¨ª que lo de ellos no era reciente, ya ven¨ªa de antes. Resulta que me hab¨ªa traicionado mucho antes. ¡°?Usted es se?orita G¨¢mez?¡± un mesero entr¨®, pregunt¨¢ndome. Volviendo en m¨ª, mir¨¦ hacia ¨¦l, el mesero explic¨®: ¡°Hay un se?or Olivera afuera esper¨¢nd.¡± Al o¨ªr esto, me apret¨¦ fuertemente palma de mano y luego ajust¨¦ mi estado de ¨¢nimo antes de salir del ba?o. Jorge estaba parado no muy lejos delvabo, bajo luz contraria, su alta figura parec¨ªa un pr inquebrantable. 13.06 Copit 06 Se acerc¨®, mir¨¢ndome con una voz ronda, ¡°?Qu¨¦ pasa?¡± Tragu¨¦ amargura en mi garganta, ¡°Jorge, no puedo quedarme a cenar contigo.¡± ¡°Est¨¢ bien, entonces no cenaremos,¡± dijo, extendiendo su mano hacia m¨ª. Pero yo me apart¨¦, ¡°T¨² cena, me tengo que ir, ?de acuerdo?¡± Sin esperar su rei¨®n, me alej¨¦ r¨¢pidamente. En Taberna Tres Copas. Cap¨ªtulo 97 Cap¨ªtulo 97 Aquel d¨ªa estuve desdes tres de tarde hastas nueve de noche bebiendo. No bebi mucho, pero s¨ª durante mucho tiempo, hasta que mi cabeza qued¨® en nco y me sent¨ª vacia por dentro. El due?o de este lugar tambi¨¦n me conoc¨ªa, as¨ª que aunque estuviera s, no ten¨ªa que preocuparme por beber de m¨¢s. ¡°?Cu¨¢ndo te vas? ?Alguien viene por ti?¡± El due?o, Jes¨²s, no sab¨ªa su nombrepleto, todos lo maban Jes¨²s. Parec¨ªa tener m¨¢s de cincuenta a?os. Si mi pap¨¢ a¨²n estuviera vivo, tendr¨ªan m¨¢s o menos misma edad. ¡°Me voy ahora,¡± realmente no quer¨ªa irme, pero ma?ana ten¨ªa que trabajar, necesitaba volver a casa a descansar. Esta noche de copas fueo mi adi¨®s definitivo a lo que tuve con Sergio. Me levant¨¦ apoy¨¢ndome en si, pero Jes¨²s me detuvo, ¡°No me siento tranquilo dej¨¢ndote ir as¨ª, voy a pedirle a alguien que te lleve¡°. Jes¨²s era muy atento, ha mantenido este bar por a?os en un callej¨®n, pero siempre estaba lleno. Porque quienes ven¨ªan aqu¨ª eran clientes fieles, viejos conocidos. Empec¨¦ a venir por Sergio, primera vez fue porque lo vi bando con una chica que le gustaba, me dio celos y tristeza, y termin¨¦ aqu¨ª bebiendo. Aque vez me emborrach¨¦ tanto que dormi hasta casi el amanecer, y cuando despert¨¦, solo quedaba yo en el lugar. Me despert¨¦ nerviosa y asustada, pero Jes¨²s me cocin¨® unos espaguetis y me dijo que si alguna ve quer¨ªa beber, deb¨ªa venir aqu¨ª, a ning¨²n otro lugar, porque si me encontraba con alguien malo, estar¨ªa en peligro. Desde entonces, cada vez que me sentia mal, ven¨ªa aqu¨ª. Jes¨²s nunca me deten¨ªa, me dejaba beber lo que quisiera, pero siempre cuidaba de m¨ª. Y s¨¦ que ¨¦l tuvo una hija que, a los diecis¨¦is o diecisiete a?os, se emborracho por desamor y fue agredida, lo que llev¨® a locura y finalmente se suicid¨®. Abri¨® este bar para acoger y proteger a chicas con el coraz¨®n roto que vienen a ahogar sus penas en alcohol. ¡°Est¨¢ bien,¡± no rechac¨¦ su oferta porque no quer¨ªa que Jes¨²s se preocupara. ¡°Entonces espera aqu¨ª, no te vayas s dijo Jes¨²s antes de darse vuelta. ¡°Jes¨²s,¡± en ese momento escuch¨¦ una voz familiar. Mir? hacia donde ven¨ªa voz y vi a Manuel acerc¨¢ndose. Sonre¨ª, ¡°Jes¨²s, ya no hace falta que te preocupes por m¨ª.¡± Manuel tambi¨¦n conoc¨ªa este lugar, porque hab¨ªa venido antes, y varias veces coincidimos aqu¨ª. Y ese d¨ªa, nos encontramos de nuevo. No hay coincidencias en este mundo, muchas de es son premeditadas, y eso lo ten¨ªa muy ro en mente. ¡°La cuenta, por favor,¡± le dije a Jes¨²s. ¡°No te preocupes, ser¨¢ para pr¨®xima, rechaz¨® Jes¨²s. No quise insistir, si esta vez no me dejaba pagar, pr¨®xima vez pagar¨ªa el doble. Pero Manuel sac¨® su tel¨¦fono y pag¨® directamente dos mil pesos. Jes¨²s quer¨ªa decir algo, pero Manuel lo interrumpi¨®, ¡°Lo que sobra, d¨¦jalo para pr¨®xima vez que e venga a beber.¡± ?La pr¨®xima vez? ?Qu¨¦ estaba pensando, que yo era una alcoh¨®lica? Pero, si solo pensaba que estaba borracha, no me quejar¨ªa. Manuel me sostuvo y salimos juntos, al salir de cantina, una brisa fresca ¨C Croihin 97 de noche me golpe¨®, arando un poco mi mente embotada. ¡°?Preferir¨ªas ir en carro o en bicicleta?¡± pregunt¨® Manuel. Me qued¨¦ pensativa, mi memoria estaba borrosa. Cuando Manuel se fue, todav¨ªa no ten¨ªa licencia de conducir, siempre iba en bicicleta, y cada vez que ven¨ªa a buscarme despu¨¦s de beber aqu¨ª, ¨ªbamos en bicicleta. Capitulo 98 Parec¨ªa que hace mucho que no montaba en bicicleta. ¡°Bicicleta,¡± se?al¨¦ hacia una aldo. Ahora, para montar una bicicleta solo necesitas escanea con tu celr. Manuel fue a escanear una, y yo tambi¨¦n saqu¨¦ mi celr para hacerlo, pero ¨¦l me detuvo, ¡°No puedes montar si has bebido.¡± ¡°?Desde cuando se verifica si has bebido para montar bicicleta?¡± pregunt¨¦, inclinando cabeza. ¡°Si, se verifica, y adem¨¢s¡­¡± Manuel tom¨® mi brazo, noo Sergio que siempre me apretaba fuerte y me dol¨ªa, ¨¦l lo hizo suavemente, ¡°es peligroso montar habiendo bebido.¡± La gentileza personificada, esta expresi¨®n le calzaba perfectamente a Manuel. Me rei, ¡°?Pero no est¨¢s t¨² aqu¨ª?¡± ¡°Si quieres montar, esperaremos otro d¨ªa, pero hoy no. Yo te llevo,¡± Manuel me llev¨® hasta bicicleta que hab¨ªa escaneado. Manuel se subi¨® y tambi¨¦n me hizo subir detr¨¢s de ¨¦l, ¡°Cami, ag¨¢rrame bien para que no te caigas.¡± Agarr¨¦ t de su camisa alrededor de su cintura, ¡°Ya estoy.¡± El viento nocturno soba mientras mont¨¢bamos. Manuel me dejaba este recuerdo, mientras que Sergio nunca montaba en bicicleta, solo motocicletas. Eran hermanos, pero sus personalidades eranpletamente distintas, unoo un caballero humilde, el otro salvaje y sin restriones. ¡°?Te sientes mal hoy?¡±voz de Manuel reson¨®. ¡°No, estoy bien,¡± negu¨¦ obstinadamente. ¡°?A¨²n no puedes olvidar a Sergi?¡± Manuel pregunt¨® de nuevo. 13:06 Buf¨¦ y levante mano para darle un golpecito, ¡°?Qui¨¦n dice que no lo he olvidado? Ya lo dej¨¦ atr¨¢s, despu¨¦s de hoy ¨¦l y yo no tenemos nada que ver el uno con el otro. El es ¨¦l, yo soy yo.¡± Manuel no dijo m¨¢s, simplemente continu¨® pedaleando hacia adnte. Entonces dije, ¡°Ll¨¦vame al hotel, ma?ana tengo que trabajar.¡± ¡°Cami,¡± Manuel de repente me m¨®. Iba a responder cuando me pregunt¨®, ¡°?Por qu¨¦ solo tienes ojos para Sergi? ?Por qu¨¦ entre ¨¦l y yo, solo puedes verlo a ¨¦l?¡± Al o¨ªrlo, apret¨¦ t de su camisa en mi mano y mi coraz¨®n se salt¨® un En realidad, yo no era tonta, hab¨ªa notado sus sentimientos hacia m¨ª hace tiempo, solo que no quer¨ªa admitirlo. Resulta que no me ve¨ªa soloo a una hermana. ¡°Porque ¨¦l era mi prometido, eso es lo que todos me dec¨ªan,¡± le respondi. ¡°Ahora que ya no est¨¢s con ¨¦l, entonces yo¡­¡± Manuel se detuvo un momento, ¡°?Tengo alguna oportunidad?¡± Mi coraz¨®nenz¨® atir r¨¢pidamente, despu¨¦s de un rato le respond¨ª, ¡°Para m¨ª, eres mi hermano.¡± Manuel no dijo m¨¢s, continu¨® pedaleando hasta llevarme al hotel, donde me baj¨¦. Pero el alcohol me afectaba y casi caigo al no poder mantenerme estable, Manuel r¨¢pidamente me agarr¨®, poniendo un pie en el suelo para estabilizar bicicleta, ¡°Te pa?o arriba.¡± ¡°No es necesario, tranquilo,¡± intent¨¦ soltarme. Manuel no me solt¨®, sino que me sostuvo m¨¢s fuerte, ¡°Cami, no quiero ser solo tu hermano, quiero cuidarte toda vida.¡± Me qued¨¦ parada ah¨ª, sintiendo un nudo en garganta. ¡°Cami, si estuvieras con Sergi, jam¨¢s dir¨ªa esto, pero ahora que te has separado de ¨¦l, quiero intentarlo,¡± voz de Manuel era profunda y resonaba 13.06 pesadamente en oscuridad de noche, presionando fuertemente sobre mi coraz¨®n. Me costaba respirar e incluso abrir boca. Apret¨¦ palma de mi mano, luego levant¨¦ vista lentamente, ¡°Siempre te he vistoo a un hermano, desde el principio hasta el final.¡± La decepci¨®n se reflej¨® en los ojos de Manuel, luego dijo dolorosamente, ¡°?Podemos intentar, a partir de ahora, no vernos soloo hermanos?¡± ¡°Se?orita G¨¢mez, ?no duermes tan tarde? ?No tienes que trabajar ma?ana?¡± Con esa voz, Jorge se acerc¨®. En oscuridad de noche, vest¨ªa un pijama de color gris oscuro y calzabas pantus del hotel, pero sus pasos eran firmes. Mientras estaba distra¨ªda, Jorge ya me hab¨ªa agarrado de mu?eca, y Manuel, que tiraba de mi mano, tambi¨¦n apret¨® m¨¢s. Cap¨ªtulo 99 Esta escena no me esperaba y me hizo recuperar lucidez en un segundo. De hecho, era bastante inc¨®modo. Una mujer atrapada entre dos hombres. En ese momento, ten¨ªa que tomar una decisi¨®n para romper esta situaci¨®n, y hab¨ªa algo de lo que estaba muy segura: no hab¨ªa ninguna posibilidad con Manuel. Si tuviera que elegir a uno de ellos, ser¨ªa Jorge. Casi me hab¨ªa casado con Sergio, era imposible acabar con ¨¦l y luego involucrarme con su hermano. ¡°Estoy cansada, hermano,¡± dije en voz alta. Esa pbra ¡®hermano¡® fue muy ¨²til, Manuel apret¨® mi mano un poco m¨¢s fuerte pero al final solt¨®. Jorge me tom¨® de mano y nos fuimos. No mir¨¦ atr¨¢s, pero pod¨ªa sentir mirada de Manuel sigui¨¦ndome. No s¨¦ si fue por el alcohol o mi confusi¨®n, pero tropec¨¦ en los escalones del hotel y en el siguiente segundo, me sent¨ª ligera cuando Jorge me levant¨® en brazos. ¡°D¨¦jame bajar,¡± agarr¨¦ camisa de Jorge. ¡°Si quieres que ¨¦l se d¨¦ por vencido, mejor no digas nada,¡± Jorge murmur¨® con voz baja. Pensando en lo que Manuel hab¨ªa dicho, decid¨ª dejar que Jorge me sostuviera sin moverme. Podr¨ªa tener problemas con cualquiera, menos. con Manuel. Lo ve¨ªao a un hermano, realmenteo a un verdadero hermano, nunca tuve otros pensamientos sobre ¨¦l, esa rci¨®n era demasiado valiosa para m¨ª, no quer¨ªa destrui. Manuel era un hombre reservado, no sol¨ªa decir ¡®te amo¡¯ f¨¢cilmente, pero tampoco era de los que se aferran sin sentido. 13.07 Si pensaba que yo ten¨ªa a algulen m¨¢s aparte de Sergio, probablemente se alejar¨ªa. Al final, dej¨¦ que Jorge me llevara en brazos hasta el vest¨ªbulo del hotel, pero ¨¦l no me solt¨®, me sostuvo hasta puerta de mi habitaci¨®n. Si entend¨ªa lo que Manuel pensaba, ?c¨®mo no iba a darme cuenta de que Jorge tambi¨¦n sent¨ªa algo por m¨ª? Si aquel d¨ªa hab¨ªa cortado con Manuel, tambi¨¦n ten¨ªa que acabar con los sentimientos de Jorge. Cuando ¨¦l me solt¨®, no dej¨¦ ir mi mano, sino que segu¨ª agarrando t de su camisa, mir¨¢ndolo audazmente. ¡°Jorge, eres muy guapo,¡± dije con audacia. ¡°Mhm,¡± ¨¦l permiti¨® que lo mirara con igual franqueza. Dicen que el alcohol te da valor, y as¨ª fueo levant¨¦ mi mano hasta su distinguida nariz, trazando con el dedo, ¡°Seguro tienes muchas chicas que te gustan, ?verdad?¡± ¡°Mhm,¡± ¨¦l realmente ten¨ªa confianza. Me re¨ª, llevando mi dedo a esquina de su ojo, ¡°A Mire tambi¨¦n le gustas.¡± No es que yo no tuviera l¨ªmites al har de Mire, pero su inter¨¦s era tan obvio que incluso sin decirlo, Jorge deber¨ªa haberlo notado, aunque yo no lo mencionara. ¡°?Y a ti? ?A ti te gusto?¡± Esta vez Jorge no se limit¨® a asentir, sino que me pregunt¨® directamente. Me qued¨¦ un poco sorprendida, luego negu¨¦ con cabeza, ¡°No, no me gustas.¡± Los ojos de Jorge se entrecerraron, pero no pregunt¨® por qu¨¦ no me gustaba. Sin embargo, yo continu¨¦, ¡°Jorge, no quiero un hombre que atrae a muchas mujeres, porque¡­ no me gustapetir, solo quiero a alguien que sea solo para m¨ª, aunque no sea tan guapoo t¨².¡± ¡°Bien,¡± ¨¦l respondi¨®. Sonrei, ¡°?Qu¨¦ significa ¡°bien¡°?¡± Con total naturalidad dijo, ¡°Que lo entiendo.¡± Esa respuesta me dej¨® un poco confundida, pero no intent¨¦ entenderlo m¨¢s profundamente, en cambio, deslic¨¦ mi mano desde su meji hasta su hombro, ¡°Jorge, no me tientes, y no seas tan bueno conmigo¡­¡± Al decirlo, retir¨¦ mano y me alej¨¦ un poco. Pero Jorge me atrap¨® por cintura, ¡°Que me gustes y quiera conquistarte es cosa m¨ªa, que no respondas es tu libertad, solo preocupate por ti misma y no me digas qu¨¦ hacer.¡± ¡°?Eh?¡± Ahora era yo quien estaba confundida. ?Le gustaba pero me dec¨ªa que no me preocupara? Capitulo 100 ¡°Um.¡± Justo cuando iba a decir algo, ¨¦l volvi¨® a murmurar con voz baja, ¡°No puedo. contrrme, tengo un deseo incontrble de estar cerca de ti, de tratarte bien, incluso de¡­ provocarte.¡± Definitivamente, si el amor pudiera ser contrdo, ni los mortales ni los dioses se salvar¨ªan de ¨¦l. En ese momento, no supe qu¨¦ decir, pero Jorge me solt¨®, ¡°Vuelve a tu habitaci¨®n y bebe mucha agua. Si necesitas algo de mi, escribeme por WhatsApp.¡± Tras decir eso, solt¨® mi mano y se?al¨® mi bolso, ¡°La tarjeta de habitaci¨®n, te ayudar¨¦ a abrir puerta.¡± ¡°No hace falta,¡± me recuper¨¦ y me alej¨¦ de ¨¦l, ¡°puedo hacerlo s.¡± Apresurada, saqu¨¦ tarjeta de habitaci¨®n, abri puerta y me apoy¨¦ en e, tardando un buen rato en recuperarme. Cuando Mire regres¨®, ya estaba acostada en cama, E caminaba con pasos ligeros, probablemente para no despertarme. No abri los ojos, porque no queria har, pero escuch¨¦ a Mire murmurar bajito, ¡°Estaba durmiendo tan tranqu, mi llegada no hace ninguna diferencia.¡± Mis dedos bajos mantas se encogieron al escuchar eso, parecia que Mire habia sido enviada por Jorge para cuidarme. Jorge¡­ ?C¨®mo termin¨¦ involucrada con este hombre? No lo sab¨ªa, y poco a podo me sumergi en el sue?o. Tuve un sue?o turbulento, en ¨¦l, vi a mis padres y el idente de carro en el que estuvieron involucrados. Aunque nunca hab¨ªa visto el idente en si, m¨¢s tarde, en estaci¨®n de policia, hab¨ªa revisado su expediente y vistos fotos tomadas on all Capitulo 100 Esas im¨¢genes quedaron grabadas en mi mente, convirti¨¦ndose en mi pesadi. Cuando ingres¨¦ a familia V¨¢squez, no era primera vez que so?aba con eso, pero a lorgo de los a?os casi nunca volv¨ª a so?ar con ello. Sin embargo, esa noche volv¨ª a so?ar con ello. Despert¨¦ cuando todav¨ªa estaba oscuro, y el reloj en mi tel¨¦fono marcabas cinco de ma?ana. ¨²ltimamente siempre despertaba a esta hora, incluso si me acostaba tarde. A pesar de haber bebido mucho el d¨ªa anterior, en ese momento mi cabeza no dol¨ªa y me sent¨ªa l¨²cida. Hab¨ªa algunas madas perdidas y mensajes en mi tel¨¦fono, debido al modo silencio no hab¨ªa notado. Virginia hab¨ªa mado dos veces, tambi¨¦n hab¨ªa madas de Sandra V¨¢squez. No sab¨ªa por qu¨¦ Sandra me buscaba, pero ten¨ªa un mal presentimiento, probablemente ten¨ªa que ver con Sergio. Pero ya hab¨ªa dejados cosas ras con e, y ¨²ltimamente no se hab¨ªa puesto en contacto conmigo, ?ser¨¢ que esta vez fue por Manuel? Despu¨¦s de pensar un poco, decid¨ª responder primero a Virginia. Era demasiado temprano para mar, as¨ª que abr¨ª WhatsApp y de inmediato vi varios mensajes suyos. [?Por qu¨¦ no contestas? ?No te pas¨® nada, verdad?] I?Te rapt¨® Jorge?] [Devu¨¦lveme mada o manda un mensaje, si no, mar¨¦ a polic¨ªa.] [?Fuiste a tomar algo a donde Jes¨²s y te pas¨® algo?] Virginia hab¨ªa encontrado el antro de Jes¨²s cuando no pudo encontrarme, de lo contrario, probablemente habr¨ªa venido a golpear puerta del hotel. Le respond¨ª a Virginia con un meme y un mensaje: Mi gran doctora de Fuente no tiene de qu¨¦ preocuparse, solo fue un capricho de tomar algo por 13:07 el estado de ¨¢nimo. Tras enviar el mensaje, mi tel¨¦fono sono de inmediato, era Virginia mando. Evidentemente, estaba de turno nocturno, de lo contrario no habr¨ªa respondido tan r¨¢pido. Para no despertar a Mire, sali al balc¨®n para contestar. Al levantar vista, vi a Jorge corriendo abajo. Esta vez, me di vuelta para har con Virginia. Cuando finalmente le cont¨¦ a Virginia sobre el mensaje que Jorge me envi¨®, se rio a carcajadas y concluy¨® con, ¡°Cami, creo que Olivera s¨ª que tiene potencial. ?Por qu¨¦ no le das una oportunidad?¡± ¡°Lo rechac¨¦ anoche, no voy a intentarlo de nuevo,¡± dej¨¦ ra mi postura. ¡°Bueno, parece que una vez herida por el amor, juraste no volver a enamorarte,¡± suspir¨® Virginia. Despu¨¦s de colgar, fui a ducharme. Cuando termin¨¦ y sali, mi tel¨¦fono son¨®. Era una mada de Sandra. Tras dudar un momento, presion¨¦ el bot¨®n para responder, ¡°Se?ora¡­¡± ¡°?Quieres decir que seguir¨¢s intentando seducirme? ?Provoc¨¢ndome?¡± Yo tambi¨¦n fui directa. EI Centímetro 101-120 Cap¨ªtulo 101 No sorprendentemente, en cuanto atend¨ª mada de Sandra, era para pedirme que volviera a casa aer. En realidad, sab¨ªa queida era solo una excusa, definitivamente ten¨ªa algo que pedirme. ¡°Se?ora, ya prob¨¦ los tamales que hizo, pero verdad es que ¨²ltimamente no me es posible volver a casa. Estoy apurado con el proyecto del parque de atriones, trabajando d¨ªa y noche. En cuanto tenga un d¨ªa libre, pasar¨¦ por casa,¡± rechac¨¦ su oferta pero promet¨ª una futura visita. ¡°Ay, ese Sergio de verdad que¡­ ?Para qu¨¦ te apura tanto en el trabajo? No eso si el mundo fuera a explotar. Le voy a dar una buena rega?ada cuando lo vea,¡± Sandra fingi¨® estar molesta. ¡°Se?ora, no es culpa de Sergio, el proyecto ya estaba programado as¨ª,¡± di una explicaci¨®n. Lo profesional es lo profesional, Sergio nunca mezr¨ªa nuestros asuntos personales con el trabajo. ¡°Bueno, entonces el trabajo es lo primero,¡± dijo Sandra colgando el tel¨¦fono, ramente decepcionada y no muy contenta.. Pero no hab¨ªa otra opci¨®n, realmente estaba ocupado con el trabajo, y adem¨¢s, incluso si no lo estuviera, ya no pod¨ªa simplemente ir a familia V¨¢squez cuando quisiera. Quiz¨¢s despu¨¦s de decepcionarse unas cuantas veces, uno eventualmente aceptar¨ªa realidad. Las despedidas son una constante entres personas, primero con mis padres, luego con Sergio, y ahora con familia V¨¢squez. Mientras desayunaba con Mire, no vimos a Jorge. ¡°Eh, ?no hab¨ªa dicho Jorge que nos pa?ar¨ªa al parque de atriones? ?C¨®mo es que se fue antes?¡± murmur¨® Mire. No dije nada, y Mire me dio un codazo, ¡°Oye, Jorge realmente se preocupa 13:07 Mucho por ti. Anoche me pidia especialmente que volviera para cuidarte, Mush? p?r Aia dijo que habins bebido Bebista con Jorge** ¡°Entonces, o sabia que has bebido? Mire era un cumulo de preguntas ¡°El me vio¡± ¡°Oh, ya veo,¡± Mire me mir¨® fijamente,o tratando de descubrir algo ¡°No hace falta que mires, no hay nada entre Jorge y yo,¡± cort¨¦ directamente pregunta que e se mor¨ªa por hacer. Mire sonrio, ¡°Bueno, bueno, aunque lo hubiera, no importa. Aunque Jorge me parezca guapo, solo es admiraci¨®n,o que siento por los actores.¡± E s¨ª que ten¨ªas ideas ras. ¡°Pues admiremos juntas,¡± conclu¨ª conversaci¨®n y terminamos rapidamente el desayuno para ir al parque de atriones. Jorge ya hab¨ªa empezado a trabajar, y Mire lo salud¨®, ¡°Jorge, llegaste temprano, ?por qu¨¦ no esperaste para venir con nosotras?¡± ¡°Me era m¨¢s conveniente,¡± respuesta de Jorge hizo que Mire sacara lengua. Nos sumergimos en el trabajo, avanzando a buen ritmo. En un abrir y cerrar de ojos lleg¨® el mediod¨ªa, y justo cuando Mire estaba a punto de hacer un pedido, un auto de lujo se acerc¨®. Reconoci ese auto, era de Sandra. Parece que realmente ten¨ªa algo importante que decirme, si no iba a familia V¨¢squez, entonces e vendr¨ªa aqu¨ª a buscarme. ¡°Contin¨²en ustedes,¡± le dije a Mire antes de dirigirme hacia donde estaba Sandra. E baj¨® del auto y el conductor abri¨® el maletero, que estaba lleno de recipientes conida. 13:07 ¡°Cami, esto lo prepar¨¦ para todos,s pbras de Sandra realmente me sorprendieron. ¡°Se?ora, ?para qu¨¦ se molesta tanto? Es mucho esfuerzo, me sent¨ª realmente apenada. ¡°Ustedesenida para llevar todos los d¨ªas, que ni es rica ni nutritiva. ma a los dem¨¢s para que vengan a recoger su porci¨®n,¡± Sandra mir¨® hacia donde est¨¢bamos.¡± Jorge segu¨ªa trabajando y Mire estaba con su celr prepar¨¢ndose para hacer un pedido. No s¨¦ si era mi impresi¨®n, pero sent¨ª que Sandra miraba a Jorge. ¡°Mire, se?ora V¨¢squez nos trajo el almuerzo, ya no hace falta pedirida,¡± m¨¦ a Mire. E se qued¨® sorprendida por un momento y luego corri¨® hacia nosotros, radiante de felicidad y haciendo una reverencia ante Sandra, ¡°Gracias se?ora V¨¢squez, es un verdadero cer,o si disfrut¨¢ramos de un fest¨ªn real.¡± Esa chica siempre estaba lista para hacer re¨ªr a los dem¨¢s. Sandra tambi¨¦n se rio, ¡°?Te gusta? Entonces traer¨¦ida todos los d¨ªas para ustedes.¡± ¡°No hace falta, no hace falta,¡± Mire supo rechazar con tacto, ¡°Con darnos un gusto de vez en cuando, ya estamos m¨¢s que satisfechos.¡± Sandra se dirigi¨® hacia donde estaba Jorge, y yo segu¨ª de cerca. E miraba a su alrededor y dijo, ¡°As¨ª que ustedes han estado ocupados con esto ¨²ltimamente.¡± Cap¨ªtulo 102 ¡°SI, hay un problema con luz,¡± expliqu¨¦, cuando Sandra ya hab¨ªa llegado debajo del andamio donde trabajaba Jorge. ¡°Este trabajador, ?c¨®mo es que no lleva puesto el cintur¨®n de seguridad? Eso es demasiado peligroso, siempre hay que poner seguridad primero,¡± Sandra,o esposa del director, no hab¨ªa llegado all¨ª por nada, r¨¢pidamente se dio cuenta del problema. La verdad es que Jorge siempre llevaba puesto el cintur¨®n de seguridad, pero se lo hab¨ªa quitado cuando baj¨® y subi¨® de nuevo sin pon¨¦rselo. ¡°Si, definitivamente lo tendr¨¦ en cuenta, contest¨¦ y luego le grit¨¦ a Jorge, ¡°?C¨®mo subiste sin ponerte el cintur¨®n? Baja de inmediato.¡± Jorge obedeci¨® y baj¨®, diciendo con humildad, ¡°Fue mi error, lo tendr¨¦ en cuenta para no volver aeterlo.¡± En ese momento, parec¨ªa un ni?o obediente que hab¨ªaetido un error y lo reconoc¨ªa sinceramente. De alguna manera, me sent¨ª demasiado severa,o si lo estuviera acosando. Sandra lo mir¨® y dijo, ¡°El prop¨®sito de seguridad es protegerte a ti mismo, es ser responsable contigo mismo. Solo cuando uno se ama a s¨ª mismo, puede amar a los dem¨¢s, ?verdad?¡± Aunque Sandra no trabaje, sigue siendo esposa del director y sus pbras no solo ten¨ªan sabidur¨ªa sino tambi¨¦n eran educativas. Sin embargo, sus pbras me dejaron pensando en algo m¨¢s. ¡°S¨ª, se?ora V¨¢squez,¡± Jorge respondi¨® con buena actitud. ¡°Trabajar toda ma?ana tambi¨¦n debe haber sido agotador, traje almuerzo para ti tambi¨¦n, ven, vamos aer,¡± de repente, Sandra se transform¨® en una madre gentil ypasiva. Jorge agradeci¨® y se fue aer, mientras Sandra observaba su espalda diciendo, ¡°Este muchacho parece fuerte y capaz.¡± 13:07 Entendi lo que queria decir con eso, considerando a Jorge un simple trabajador manual. Anoche, Sergio no tenia ninguna consideraci¨®n por Jorge, y ahora era el turno de se?ora Vasquez. Parec¨ªa que entendi por qu¨¦ Sandra habia venido, probablemente habia escuchado algo de Sergio y queria conocer mejor a Jorge *El es ingeniero, a cargo de ajustar iluminaci¨®n esta vez, corregi percepci¨®n de Sandra sobre Jorge Pero e es esposa del director, habia vista todo tipo de gente importante. solo som s levermente ¡°?Tienes hambre? Vamos a oficina aer, podemos char mientrasemos.¡± Sandra me trat¨® con mucha calidez y amabilidad. ¡°De acuerdo, no me neque Cuando llegamos a oficina, el chofer ya habia preparadoida, muy elegante y justo lo que me gustaba Estaba segura de que no era lo mismo queian Mire y los dem¨¢s ¡°Gracias, se?ora¡± dije, mostrando una mez de alegria y gratitud. Si no vuelves a casa, entonces no me queda otra opci¨®n de venir aqui para cuidarte, nena,¡° Sandro me indic¨® sentarme, ¡°Vamos,e ya, antes de que se entrie¡± No me hace de rogar yenc¨¦ aer ¡°Despacio,¡± Sandra me vioer con ansias y sonrio de nuevo. ¡°Es que est¨¢ delicioso, le segui el juega No es que fuera hipocrita, sino que despu¨¦s de tantos a?os en familia V¨¢squez, me ha acostumbrado, si asi todos est¨¢bamos felices, ?por qu¨¦ no hacerlo? ¡°Cami, ?realmente ya no hay posibilidad alguna entre tu y Sergio? Sandra finalmente lo menciono. Me detuve un momento mientrasia y asent Sandra suspiro, ¡°El no tiene esa suerte, ni yo ni Ricardo tenemos esa suerte.¡± ¡°Se?ora, que no tiene suerte soy yo,¡± tambi¨¦n me sent¨ª triste. En estos a?os, realmente me hab¨ªan querido, y lo hab¨ªa sentido. No me dol¨ªa tanto dejar a Sergio, en realidad, me dolia m¨¢s dejar a Ricardo y a Sandra. ¡°Ay, lo que no nace del coraz¨®n no florece, ya que lo has decidido, yo no insistir¨¦ m¨¢s,¡±s pbras de Sandra me aliviaron. Temia que intentara forzar situaci¨®n. Baj¨¦ cabeza y segu¨ªiendo mi sopa, y Sandra continu¨®: ¡°Cami, aunque t¨² y Sergi no puedan ser esposos, yo a¨²n deseo que puedas encontrar a alguien que merezca pena.¡± Apret¨¦ el pu?o alrededor de cuchara, pensando en lo que Manuel me dijo anoche, mi coraz¨®n dio un vuelco. ?Acaso Sandra querr¨ªa que me involucrara con Manuel? ¡°Se?ora, no he pensado en estar con alguien m¨¢s,¡± interrumpi de inmediato, deteniendo cualquier cosa que quisiera decir. Cap¨ªtulo 103 Sandra ramente se sorprendi¨® por un momento, pero luego sonri¨® con dulzura. ¡°?Qu¨¦ est¨¢s diciendo, ni?a? No puedes dejar de creer en los hombres solo por ese desgraciado de Sergio. Hay hombres que no valen nada, pero hay muchos m¨¢s que s¨ª valen pena, Sandra ten¨ªa una personalidad. encantadora y haba con humor. Aunque ya ten¨ªa cincuenta a?os, haba con mucha onda, lo que me hizo reir, ¡°Si, hay hombres buenos, pero por ahora no estoy para eso, al menos necesito tomarme un tiempo.¡± Mi intenci¨®n al decir esto era hace desistir de cualquier otroentario. Hay cosas que es mejor no mencionar, para no hacers situaciones inc¨®modas. ¡°Es verdad,¡±s pbras de Sandra me hicieron suspirar de alivio. Pero al siguiente segundo cambi¨® de tema radicalmente, ¡°Pero hay que actuar pronto, tambi¨¦n para encontrar novio, si no, los buenos ya estar¨¢n elegidos por alguien m¨¢s.¡± Me rei de nuevo, y Sandra tambi¨¦n. ¡°Cami, siendo tan hermosa y buena personao eres, quien te encuentre definitivamente ha ganado loter¨ªa en su vida pasada,¡± e me elogiaba otra vez. Eso me hizo poner nerviosa, pero tambi¨¦n ten¨ªa mi propia respuesta, ¡°Se?ora, talo dices, soy muy buena, as¨ª que solo el mejor hombre merece estar conmigo, hasta que ese hombre aparezca, prefiero esperar.¡± ¡°Exacto, yo estoy de acuerdo,¡± Sandra realmente estaba de acuerdo, ¡°Nunca te conformes con menos, mucho menos¡­ porque est¨¦s herida ahora. mismo, no busques a alguien solo para pasar el rato.¡± Era una referencia directa a lo m¨ªo con Jorge. Yo tambi¨¦n fui directa, ¡°Nunca me conformo, si realmente elijo a alguien, es ¦§ porque es mejor para m¨ª Le estaba dejando ro a Sandra que mis decisiones siempre eran bien pensadas y serias, incluyendo dejar a Sergio. Sandra me mir¨®, pero no dijo nada m¨¢s Hab¨ªa estado a mido durante diez a?os, me hab¨ªa visto crecer, ?c¨®mo no iba a conocer mi personalidad? ¡°As¨ª est¨¢ bien, Sandra finalmente cerr¨® el tema con esa frase. Continu¨¦iendo en silencio, y cuando estaba a punto de terminar, Sandra de repente pregunt¨®, ¡°?Visitaste casa de tus padres hace unos d¨ªas?¡± Levant¨¦ mirada hacia e. ¡°Fue Sergi quien me lo dijo,¡± Sandra explic¨®, ¡°Todav¨ªa se preocupa mucho. por ti. Despu¨¦s se rio un poco, ¡°Incluso si no pueden ser amantes, han crecido juntos, ya somos una familia.¡± ¡°Mm,¡± respondi con un murmullo. ¡°?Qu¨¦ te hizo querer visitar casa de tus padres? Recuerdo que dijeron que cuando vinieron a San Jos¨¦ del Cabo a buscar nuevas oportunidades, vendieron casa, y adem¨¢s ya no ten¨ªan familia all¨ª,¡± Sandra pregunt¨® con cuidado. Me qued¨¦ cada unos segundos antes de responder, ¡°Mi pap¨¢ siempre haba de ese lugar, dec¨ªa que alg¨²n d¨ªa me llevar¨ªa a verlo. Fui a cumplir el deseo de mi pap¨¢ y tambi¨¦n a conocer el lugar donde nac¨ª,¡± no le ocult¨¦ nada a Sandra. Era verdad, no hab¨ªa nada que no pudiera decir. ¡°?Y encontraste algo interesante all¨ª?¡± Sandra me pregunt¨®. Por alguna raz¨®n, lo primero que pens¨¦ fue en Jorge, y luego en peque?a casa y en Josefina. ¡°Las cosas t cambiado,s personas tambi¨¦n,¡± fue lo ¨²nico que dije, 13:08 porque esos detalles no quer¨ªapartirlos, despu¨¦s de todo, no ten¨ªan mucha rci¨®n con Sandra. ¡°Es verdad, han pasado m¨¢s de veinte a?os,¡± Sandra reflexion¨®. Cuando mis padres y yo nos mudamos, yo era muy peque?a, ni siquiera recordaba ese lugar, ciertamente hab¨ªa pasado mucho tiempo. ¡°La pr¨®xima vez que vayas, a alg¨²ndo, av¨ªsanos, nos preocupamos mucho por si te pasa algo,¡± Sandra me aconsej¨® nuevamente. ¡°Lo siento se?ora, fue mi error,¡± me disculp¨¦. ¡°Mi ni?a, no es tu culpa, es¡­¡± e no termin¨® frase, pero yo entend¨ªa. Sandra me pa?¨® a terminar deer, y cuando dije que ten¨ªa que trabajar, se fue, no sin antes recordarme varias veces que deb¨ªa volver a casa despu¨¦s de terminar y dici¨¦ndome que familia V¨¢squez siempre seria mi hogar. Cap¨ªtulo 104 Despu¨¦s de aceptar, dej¨¦ irse y volv¨ª al trabajo, pero solo vi a Mire, Jorge no estaba por ning¨²ndo. ¡°?D¨®nde est¨¢ Jorge?¡± ¡°Lucio Beltr¨¢n se lo llev¨®,¡± Mire me mir¨® fijamente, ¡°Cami, hasta tu futura suegra vino a interceder, t¨²¡­¡± ¡°Lo de Sergio y yo es imposible, no importa qui¨¦n venga, es in¨²til pensar en ello,¡± interrumpi y reafirm¨¦ mi posici¨®n. Mire suspir¨®, ¡°La verdad es que familia V¨¢squez es incre¨ªble en todos los aspectos, menos en el protagonista!¡± E ten¨ªa raz¨®n, familia V¨¢squez era maravillosa, pero era Sergio con qui¨¦n me iba a casar, no con los dem¨¢s. Si ¨¦l no era adecuado, de nada serv¨ªa lo dem¨¢s. Esper¨¦ a Jorge con Mire durante media hora, pero no apareci¨®, as¨ª que le m¨¦, pero hab¨ªa dejado su tel¨¦fono a undo, en zona de descanso. ¡°Cami, estoy segura de que Jorge no tiene novia. Mira, ni siquiera lleva su celr encima. Si tuviera novia, estar¨ªa pegado a ¨¦l,¡± Mire analiz¨® con experiencia. Sin embargo, no entr¨¦ en ese tema y, mirando el reloj, me levant¨¦, ¡°Voy a ver qu¨¦ pasa con Lucio.¡± Justo en entrada, escuch¨¦ voz de Jorge, ¡°Me atrevo a decir que moverme de aqu¨ª retrasar¨¢ el ajuste al menos medio mes, incluso m¨¢s.¡± Me qued¨¦ paralizada. ?Mover a Jorge? ?Qu¨¦ estaba pasando? Estaba a punto de entra@cuando voz de Erik Baz¨¢n reson¨® detr¨¢s de puerta, ¡°El presidente V¨¢squez dijo que esto es responsabilidad nuestra, no es culpa de ustedes.¡± En ese momento, lo entend¨ª todo y entr¨¦ de golpe, ¡°No estoy de acuerdo.¡± Erik, al verme, mostr¨® una expresi¨®n de iodidad y trat¨® de explicarme Inmediatamente, ¡°Se?orita G¨¢mez, esa es decisi¨®n del presidenter V¨¢squez.¡± ¡°Su decisi¨®n no cuenta, ahora yo estoy a cargo del parque de diversiones, not acepto cambiar de personal, lo que ¨¦l diga no tiene importancia,¡± respondi con firmeza. Erik parecia inc¨®modo, sabia que ¨¦l solo era un mensajero. As¨ª que le dije: ¡°Erik, vuelve y dile al presidente V¨¢squez que esa es mi posici¨®n. Si quiere echar a Jorge, que me eche a mi tambi¨¦n.¡± ¡°Se?orita G¨¢mez¡­¡± ¡°?Jorge, vamos a trabajar!¡± No dej¨¦ que Erik hara m¨¢s y m¨¦ a Jorge directamente. ¨¦l no se movi¨®, y al segundo siguiente, fui hacia ¨¦l, lo agarr¨¦ y camin¨¦ hacia salida con grandes pasos. Pero justo en puerta me encontr¨¦ de frente con Sergio, su mirada cay¨® inmediatamente sobre mi mano sujetando de Jorge. Primero envi¨® a Sandra a sondear, y en aquel momento us¨® el truco de mover a Jorge, nunca me hab¨ªa dado cuenta de lo despreciable que pod¨ªa ser este hombre. Vi ramente el enfado en sus ojos, seguido de su voz llena de sarcasmo, ¡°Se?orita G¨¢mez, ?crees que no me atrever¨ªa a despedirte tambi¨¦n?¡± ¡°Si eso es lo que deseas, que me despidas.¡± Nos enfrentamos en ese momento. Sergio se puso p¨¢lido de ira, y entonces Jorge habl¨®, ¡°El presidente V¨¢squez quiere reemzarme con otro, me gustar¨ªa saber por qu¨¦.¡± ¡°No sigues nuestras ¨®rdenes y descansas sin permiso, todo eso afecta el cronograma. Esa es raz¨®n,¡± Sergio se enfrent¨® a Jorge de inmediato. ¡°Ya dije que estaba de acuerdo con ello,¡± interced¨ª r¨¢pidamente por Jorge. Sergio me mir¨® furioso, ¡°?Crees que porque t¨² est¨¢s de acuerdo, ¨¦l no tiene responsabilidad?¡± 13.08 Lucio, viendo que tensi¨®n crec¨ªa, intervino r¨¢pidamente, ¡°Presidente V¨¢squez, lo del descanso fue un descuido de Jorge, no volver¨¢ a pasar.¡± ¡°?Por qu¨¦ no? Descansar es mi derecho Jorge no cedi¨®. *Incluso si ¨¦l no descansa, yo si lo har¨¦. Entonces, ¨¦l no podr¨¢ hacer nada,¡± tambi¨¦n me mantuve firme en mi posici¨®n. La cara de Sergio estabapletamente enfurecida, y al siguiente segundo, su mirada volvi¨® hacia m¨ª, que estaba tomada de mano con Jorge, ¡°Se?orita G¨¢mez, ven, tengo algo que decirte.¡± Cap¨ªtulo 105 Su tono era muy agresivo,o si me fuera a devorar, pero yo no ten¨ªa miedo. De hecho, ten¨ªa algo que decirle tambi¨¦n, as¨ª que simplemente solt¨¦ a Jorge. Pero en el siguiente segundo, Jorge me agarr¨® mano. Lo mir¨¦, y ¨¦l me mir¨® a mi, luz en sus ojos me resultaba familiar. ro, en Todos Santos, cuando Fernanda Su¨¢rez me hizo caer, luz en los ojos de Jorge era misma. Era luz de alguien que me protege. Pero en ese momento no necesitaba, mi mano se contrajo y retir¨¦ de suya, diciendo, ¡°Tranquilo, el presidente V¨¢squez no puede conmigo.¡± Al o¨ªrlo, Jorge no me detuvo m¨¢s, y segu¨ª a Sergio. ¨¦l caminaba con un aire amenazante, y Erik tambi¨¦n intent¨® seguirnos, pero despu¨¦s de unos pasos, Sergio le grit¨®, ¡°No es asunto tuyo.¡± Erik se detuvo de inmediato y menz¨® una mirada cautelosa. Sergio segu¨ªa caminando y yo no sab¨ªa a d¨®nde iba, as¨ª que lo m¨¦, ¡°presidente V¨¢squez, si tienes algo que decir, dilo ahora.¡± ¨¦l no se detuvo, pero yo s¨ª, mir¨¢ndolo alejarse, ¡°Presidente V¨¢squez, diga lo que tenga que decir aqu¨ª. A¨²n tengo cosas que hacer y usted ha interferido con mi tiempo de trabajo.¡± Sergio se detuvo, se volte¨® a mirarme con frialdad, y antes de que pudiera posicionarme correctamente, alz¨® mano y me agarr¨® del brazo. Sent¨ªo si el mundo girara, me arrastr¨® en un giro y me presion¨® contra pared, su aliento fr¨ªo y esa cara que hab¨ªa admirado durante diez a?os estaba sobre m¨ª. Su nariz casi tocaba m¨ªa, ¡°Cam, veo que te has vuelto muy audaz, ?crees que puedes usar el trabajoo excusa para chantajearme?¡± Mi espalda dol¨ªa por presi¨® este hombre es impulsivo y propenso a ira. Asi que, durante los ¨²ltimos diez a?os, siempre loc¨ª frente a ¨¦l, Temiendo que se enfureciera. con Pero ahora, por alguna raz¨®n, me sentia molest ¨¦l, lo mir¨¦ sin miedo, ¡°Solo no quiero que el presidente V¨¢squez afecte el proyecto por su capricho.¡± Esta vez Sergio no dijo nada, solo me miraba fijamente, ¡°?De verdad est¨¢s con ese Olivera?¡± ¡°No,¡± le dije verdad. ¡°Ja, Sergio solt¨® una risa fr¨ªa, ¡°Lo defiendes tanto, incluso tomaste su mano, y dices que no, ?me crees ciego? Eso me hizo querer re¨ªr, ¡°Si tomar mano significa estar juntos, ?entonces qu¨¦ significa besar?¡± Al oir eso, los ojos de Sergio casi se salen, ¡°?Tambi¨¦n lo besaste? ?0 incluso¡­¡± No termin¨® frase, pero entend¨ª que quer¨ªa decir ¡®dormiste con ¨¦l¡®. ¡°Sergio, estoy hando de que t¨² besaste a Zo¨¦,¡± le dije lo que hab¨ªa escuchado. Sergio se tens¨® al agarrarme, ¡°?Qu¨¦ est¨¢s diciendo?¡± ¡°Ayer en el restaurante, lo escuch¨¦ con mis propios o¨ªdos.¡± Mi voz era tranqu, ¡°Sergio, no pens¨¦ que fueras tan despreciable. Tu mejor amigo ni siquiera hab¨ªa muerto y ya te estabas metiendo con su esposa.¡± -No se debe desear a mujer de tu mejor amigo, Pablo hab¨ªa dicho eso antes, pens¨¦ que solo estaba siguiendo conversaci¨®n de Sergio, pero ahora me doy cuenta de que tal vez estaba insinu¨¢ndole algo. ¡°No es lo que piensas,¡± Sergio neg¨® con cabeza, su expresi¨®n pas¨® de furia a ansiedad. No dije nada, el beso era un hecho, ?importaba el contexto? ¡°Estaba borracho esa vez, yo, y ¡°tartamudeaba, parec¨ªa no saber c¨®mo continuar. Capitulo 106 sonnel at tomar pbra, ¡°No me digas que confundiste conmigo¡± ¡°Yo¡­ Sergio intent¨® har, pero lo interrumpi, ¡°Sergio, parece que tampoco me has besado muchas veces.¡± Su cara se deform¨®pletamente. Hab¨ªamos estado saliendo por m¨¢s de tres a?os, hubo abrazos y tomarnos des manos, pero los besos apasionados entre nosotros eran casi inexistentes. Incluso si me besaba, era solo en mano, meji, frente y cuando tocaba misbios, era apenaso el roce de una lib¨¦l sobre el agua. Mis pbras dejaron a Sergiopletamente sin ha y lo hicieron irritarse de pronto. Se solt¨® de mi de golpe y se pas¨® mano por e cabello, ¡°Si, soy un idiota que por un momento de locura bes¨¦, pero fue solo eso. Un impulso del momento no significa nada.¡± ¡°?Entonces acostarse con alguien s¨ª significa algo?* pregunt¨¦ con sarcasmo. Eso hizo que Sergio cpsara emocionalmente, ¡°?As¨ª de baja me consideras? Si fuera ese tipo de hombre, ya te habr¨ªa llevado a cama, ?crees que estar¨ªamos as¨ª ahora?* Me qued¨¦ pasmada por un momento, luego me re¨ª. ?Quer¨ªa decir que si hubi¨¦ramos dormido juntos, no estar¨ªa haciendo todo este esc¨¢ndalo? ?En qu¨¦ estaba pensando? ?Acaso cre¨ªa que todav¨ªa viv¨ªamos en una sociedad antigua dondes mujeres solo pod¨ªan estar con un hombre hasta muerte? No segu¨ª ese hilo de conversaci¨®n, sino que dije algo que lo dej¨® sin pbras: ¡°Deja de ser tan hip¨®crita, Sergio. El hecho de que todav¨ªa no lo hayamos hecho es porque no est¨¢s interesado en m¨ª. Solo admitelo y ahorr¨¦monos tiempo.¡± Fue entonces cuando me di cuenta que, aunque sus pbras fuerono una daga para m¨ª, ahora se hab¨ªan convertido en un arma poderosa para
  1. mi.
Les ois de Sergio e con ajeron. ¡°Cam, esto es algo que ya no podemos ¡°Ya este superado, ya nos hemos separado. Eres t¨² quien sigue insistiendo, to que me citilign & traer aa el pasado, le record¨¦ Separados¡± Sergio sotto una risa fria Cam, no pienses que no s¨¦ que to fute con Jorge despu¨¦s de dejarme Ustedes ya estaban juntos, viviendo en Todos Santos No me sorprendi¨® que supiera sobre miestancia en Todos Santos; al fin y al cabo su madre ya lo habia mencionado. Pero no esperaba que pensara eso de Jorge y de mi,o si nos conoci¨¦ramos desde hace tiempo. ¡°Piensa lo que quieras, Sergio. Pero yo conoc¨ª a Jorge despu¨¦s de romper contigo, noo t¨², que ya le estabas echando el ojo a esposa de tu mejor amigo cuando ¨¦l a¨²n estaba vivo, ya no me guard¨¦ nada contra anacionalidad de Sergio. Podia ver c¨®mo lo emocionaba el asunto con Zo¨¦. No sab¨ªa si era culpa o algo m¨¢s. ¡°Asi que ahora est¨¢s protegiendo a Jorge y no quieres que se vaya solo paral tener una aventura bajo el pretexto del trabajo, ?verdad?¡± Sergio realmente sabiao darle vuelta a situaci¨®n. ¡°Lo que diga el presidente V¨¢squez, est¨¢ dicho,¡± no lo negu¨¦. Sergio se puso p¨¢lido, ¡°Cam, puedo hacer que se vaya ahora mismo, hacerlo desaparecer de este campo, ?me crees?¡± ¡°Por supuesto, presidente V¨¢squez.¡± Lo mir¨¦ fijamente, ¡°Pero si ¨¦l se va, yo me voy. Si desaparece, yo tambi¨¦n lo seguir¨¦.¡± ¡°Tu,¡± Sergio apunt¨® hacia m¨ª. ¡°Sergio, el traidor aqui eres t¨², el que se cans¨® tambi¨¦n eres t¨². Yo solo. estoy aceptando lo que quieres, y ahora vienes aplicarme, ?cu¨¢ndo pudiste caer tan bajo?¡± No le dej¨¦ ninguna salida. ¡°Yoplic¨¢ndote? Solo no quiero que te desvies, no tienes idea de lo traicioneros que pueden ser los hombres en este mundo,¡± Sergio ajust¨® su 13.10 cuello al decirlo. *?Para qu¨¦ me voy a molestar en imaginarlo? Si t¨² ya eres un ejemplo perfecto de traicionero, mis pbras lo detuvieron en seco. Me mir¨® conmocionado,o si nunca hubiera pensado que ¨¦l podr¨ªa ser ese tipo de hombre a mis ojos. Pensando en el punto ve de nuestra discusi¨®n, lo cort¨¦ r¨¢pidamente, ¡°Sergio, te lo he dicho ro, donde est¨¦ Jorge, estar¨¦ yo. Si te atreves a moverlo o hacerle algo, entonces me ir¨¦ tambi¨¦n.¡± Diciendo esto, me di vuelta y part¨ª, sin ver c¨®mo Sergio bajaba los brazos en desci¨®n. Tampoco vi esa mirada perdida en sus ojos,o si hubiera perdido el mundo entero. Cap¨ªtulo 107 Enta k de br. Cuando Pablo lleg¨®, vio a Sergio golpeandos bs de bir con furia, era ro que hab¨ªa venido a desahogarse. No trat¨® de detenerlo, sino que tom¨® un taco de bir cercano y se acerc¨®. ¡°Como siempre, ?te animas o no?¡± Sergio lo ignor¨®, continu¨® jugando solo hasta que una b, tras varios intentos, no entr¨®. Acto seguido,nz¨® el taco sobre mesa y sali¨® a grandes pasos. Al verlo, Pablo dej¨® el taco y se acerc¨®. ?Qu¨¦ hizo Cam esta vez para enojarte tanto?¡± ¡°?Qui¨¦n dijo que es por e? No menciones dnte de m¨ª,¡± dijo Sergio enfado. Pablo solt¨® una risa, ¡°Aparte de e, nadie m¨¢s es capaz de hacerte perder el control. ?Acaso ahora que e no te quiere, no lo soportas?¡± Siempre directo al punto, sin rodeos. De repente, Sergio se gir¨® y agarr¨® a Pablo por el cuello de camisa, ¡°C¨¢te.¡± ¡°?Y qu¨¦ he hecho?¡± Pablo lo miraba calmadamente. ? Sergio movi¨® losbios, pero al final solt¨® a Pablo. Lo que realmente quer¨ªa decir era que Pablo se alejara de Cam, pero decirlo significar¨ªa admitir que le importaba esa mujer. ?C¨®mo no iba a importarle? ¥³ Desde que e, siendo apenas una adolescente, entr¨® a familia V¨¢squez, ¨¦l sab¨ªa que e ser¨ªa futura esposa. Por alguna raz¨®n, nunca se opuso a idea, m¨¢s bien, proteg¨ªao si ya fuera suya. La protegi¨® durante diez a?os, y e se convirti¨® oficialmente en su novia. E siempre estuvo a sudo, obediente y al alcance de mano. Pero ahora e se alejaba, incluso peleaba con ¨¦l por otros hombres. Se sent¨ªao si le hubieran robado su juguete por otros hombres. Se 13:10 Tu sabes a qu¨¦ me refiero, Sergionz¨® una mirada a Pablo. Sergio, en realidad amas mucho a Cam, dijo Pablo, el observador externo, record¨¢ndole verdad. Sergio se qued¨® hdo por un momento, luego resopl¨®, ¡°?Ama? No amo, solo estoy acostumbrado a e, ?entiendes? Como t¨² con el bir, acostumbrado a usar mano izquierda.¡± Viendo que Sergio seguia neg¨¢ndolo, Pablo solo pudo asentir y dijo, ¡°Entonces, ?por qu¨¦ te enfadas tanto?¡± ¡°Estoy enfadado porque e no sabe lo que tiene, pero ya basta, que haga lo que quiera, ya no me importa,¡± Sergio hizo un gesto con mano,o si quisiera dejar el tema atr¨¢s. Pablo no dijo m¨¢s, simplemente se sent¨® a preparar caf¨¦. Sergio se qued¨® mirando al vac¨ªo, hasta que despu¨¦s de un rato, dijo, ¡°E me ama, de lo contrario no dir¨ªa esas cosas. Est¨¢ celosa, solo espera a que vaya a cons.¡± ¡°Entonces ve y consula,¡± Pablo le sirvi¨® una taza de caf¨¦. ¡°?Consr?¡± Sergio resopl¨®, ¡°No puedes mimar as mujeres, ?entiendes? Si consus esta vez, pr¨®xima ser¨¢ peor. As¨ª ser¨ªa toda vida.¡± Pablo tom¨® un sorbo de caf¨¦, ¡°Peros mujeres est¨¢n para mimar, ?no es as¨ª? ?O solos veso un medio para desahogarte o tener hijos?¡± ¡°No quise decir eso,¡± neg¨® Sergio. ¡°Entonces, ?qu¨¦ quisiste decir?¡± Pablo lo mir¨® fijamente. Sergio, mir¨¢ndolo a los ojos, parec¨ªa no saber qu¨¦ responder, y finalmente dijo, ¡°No te preocupes por Cam ahora, despu¨¦s de hacer un esc¨¢ndalo, volver¨¢ a m¨ª.¡± Pablo dej¨® su taza de t¨¦, Tal vez.¡± Sergio lo mir¨®, ¡°Seguro.¡± Recib¨ª un mensaje de Pablo: Te est¨¢s volviendo muy capaz, hiciste que tu presidente V¨¢squez descargara su ira con mis bs de bir. 2/3 13.10 m No respondl al mensaje. Sin Importar qu¨¦ intenci¨®n tuviera Pablo al decirme eso, no quer¨ªa responder. Porque Sergio ya hab¨ªa salido de mi vida, no vale pena perder m¨¢s tiempo y energ¨ªa en ¨¦l. Este incidente no afect¨® mi trabajo con Jorge, continuamos hasta medianoche. Mire estaba tan cansada que no pod¨ªa mantener los ojos abiertos, y bostezaba sin parar. No s¨¦ por qu¨¦, pero hoy no sent¨ªa sue?o en lo absoluto, y Jorge,o siempre, estaba lleno de energ¨ªa, parec¨ªa un robot que nunca se cansa. ¡°Cami/t¨² y Jorge de verdad hacen buena pareja,¡± dijo Mire de camino a casa, soltando una frase que dejaba mucho a imaginaci¨®n. Capitulo 108 Inmediatamente mir¨¦ a Jorge y reprendi a Mire, est¨¢s diciendo?¡± Ets delirando? ?Qu¨¦ ¡°No estoy delirando, estoy diciendo que ambos son unos adictos al trabajo, siento que ya no aguanto m¨¢s,¡± Mirello be inclin¨® en el asiento del auto. ¡°Aguantar tienes que aguantar, no falta mucho,¡± ese d¨ªa hab¨ªa revisado especialmentes ¨¢reas restantes para ajustar, y seg¨²n nuestro progreso, en unos diez d¨ªas terminar¨ªamos. ¡°?Cu¨¢nto falta?¡± Parec¨ªa que Mire no quer¨ªa aguantar ni un d¨ªa m¨¢s. Le ech¨¦ un vistazo a Jorge a trav¨¦s del espejo y respond¨ª, ¡°Unos diez d¨ªas.¡± ¡°Diez d¨ªas, huh,¡± Mire dijo con un tono de resignaci¨®n. Cuando llegamos al hotel, Mire ya se hab¨ªa dormido. La m¨¦ varias veces, pero no consegu¨ª desperta. Al final, me inclin¨¦ hacia su o¨ªdo, ¡°Si no te levantas ahora, dejar¨¦ que Jorge te cargue.¡± ¡°Est¨¢ bien, un abrazo,¡± extendi¨® sus brazos Mire. Eso me hizo re¨ªr, jal¨¦ diciendo, ¡°Vamos, ap¨²rate.¡± Mire, con los ojos entrecerrados, me dej¨® guia hacia el ascensor y subimos. Justo en puerta de habitaci¨®n, Jorge, quien hab¨ªa estado en silencio todo el tiempo, habl¨®, ¡°Cam, tengo algo que decirte.¡± Mi coraz¨®n se estremeci¨® ligeramente, ¡°Est¨¢ bien.¡± Mire, que estaba demasiado cansadao para pensar en otra cosa, entr¨® desinteresadamente por puerta. Mir¨¦ hacia Jorge, ¡°?Qu¨¦ pasa, Jorge?¡± ¡°Ya habl¨¦ con empresa, voy a terminar el trabajo aqu¨ª,¡±s pbras de Jorge me hicieron decir, Oh.¡± No me sorprendi¨® en lo m¨¢s m¨ªnimo, porque si ¨¦l se fuera, yo tambi¨¦n tendr¨ªa que cargar con todo. Aunque sin mi y Jorge, calibraci¨®n de iluminaci¨®n del parque de atriones podria continuar, definitivamente no podr¨ªamos terminarlo a tiempo. Y lo m¨¢s importante, el resultado de calibraci¨®n de iluminaci¨®n podr¨ªa diferir de lo que est¨¢bamos haciendo en ese momento. Sergio probablemente todav¨ªa no quer¨ªa que me fuera de empresa. No hab¨ªa presionado m¨¢s a empresa de Jorge para reemzarlo, probablemente tem¨ªa que yo cumpliera lo que dije. ¡°Bueno,¡± fue lo ¨²nico que le respondi a Jorge. *?neas abrir tu propia empresa despu¨¦s de terminar este proyecto?¡± La pregunta de Jorge me tom¨® por sorpresa, no esperaba que pudiera ver lo que estaba pensando. ¡°Si,¡± no lo negu¨¦. Asinti¨® ligeramente, ¡°Podr¨ªamos acelerar un poco m¨¢s nuestro progreso.¡± ¡°?Eh?¡± No entendi. Adem¨¢s, acelerar el progreso significaria trabajar horas extras, y aunque Jorge y yo pudi¨¦ramos soportarlo, Mire probablemente no. ¡°No es necesario trabajar horas extras, simplemente podemos adntar un poco m¨¢s, manteniendos horas de trabajo actuales,¡±s pbras de Jorge me hicieron re¨ªr. ¡°?Jorge, est¨¢s bromeando, verdad?¡± Dud¨¦. ¡°No, digo en serio,¡± Jorge tambi¨¦n parec¨ªa muy serio. Frunci losbios, ¡°En realidad no es necesario, conpletar el trabajo en el tiempo previsto es suficiente.¡± ¡°?No quer¨ªas irte? Entonces, intentemos hacer que te puedas ir antes,¡±s pbras de Jorge me dejaron at¨®nita. Pero luego dije, ¡°No es necesario, adem¨¢s, incluso si terminamos temprano, no podr¨ªa irme antes. Tengo que esperar hasta que el parque de atriones seapletamente inspionado y aprobado, incluso hasta apertura.¡± 13.101 La mirada de Jorge se profundiz¨® porque al dejar esa frase no expliqu¨¦ mis razones. Ya que no neaba involucrarme m¨¢s con ¨¦l, tampoco hab¨ªa necesidad de que conociera lo que estaba pensando. Al d¨ªa siguiente, cuando Mire y yo llegamos al parque de atriones, Jorge ya hab¨ªaenzado a trabajar. Pregunt¨¦ al personal de gesti¨®n del parque y me enter¨¦ de que hab¨ªa llegado as cinco de ma?ana. Parece que a¨²n quer¨ªa terminar el ajuste antes, sin hacernos trabajar horas extras a Mire y a m¨ª, fue ¨¦l quien decidi¨® hacerlo. ¡°Buenos d¨ªas, se?orita G¨¢mez!¡± Alguien me salud¨® desde atr¨¢s. ¡°?Buenos d¨ªas!¡± Respond¨ª por costumbre, pero luego me di cuenta de que algo estaba mal. Al girarme, vi a Manuel vestido con ropa de trabajo y llevando un casco de seguridad, y me qued¨¦ at¨®nita de inmediato. ?Qu¨¦ haces aqu¨ª, hermano?¡± Cap¨ªtulo 109 Al ver a Manuel vestido as¨ª, en realidad ya ten¨ªa una idea, probablemente hab¨ªa venido aqu¨ª a trabajar. Pero aun as¨ª, pregunt¨¦ de nuevo, porque me parec¨ªa divertido y rid¨ªculo. ?No es que ya ten¨ªamos a Jorge aqu¨ª con nosotros? ?Era necesario movilizar a toda familia V¨¢squez? Lo m¨¢s incre¨ªble era que Manuel hab¨ªa estado desarrondo su carrera en Espa?a durante estos a?os, ?no deber¨ªa haber vuelto all¨ª? ?C¨®mo termin¨® uni¨¦ndose a Chispa Global? ?neaba desarrorse argo zo en M¨¦xico? ¡°Vine a trabajar, se?orita G¨¢mez, espero aprender mucho de usted,¡±o era de esperarse, Manuel extendi¨® su mano hacia m¨ªo si fu¨¦ramos jefa y subordinado de verdad. Aunque estaba sorprendida, tambi¨¦n extend¨ª mi mano para estrechar suya, ¡°Bienvenido herma¡­¡± Me detuve, sin saber c¨®mo marlo. at Resulta que hab¨ªa venido a trabajar, as¨ª que ahora ¨¦ramos colegas, definitivamente no podr¨ªa seguir m¨¢ndolo hermano. ¡°Puedes seguir m¨¢ndome ¡®hermano¡®, si quieres,¡± dijo Manuel con una sonrisa suave. ¡°Durante el trabajo, es mejor definir ramentes responsabilidades y divisiones de trabajo, eso es lo que siempre pide nuestro presidente V¨¢squez,¡± mencion¨¦ a Sergio. Aunque no sab¨ªa de qui¨¦n hab¨ªa sido idea de traer a Manuel aqu¨ª, Sergio definitivamente lo sab¨ªa, despu¨¦s de todo, ahora era el presidente depa?¨ªa. Lapa?¨ªa podr¨ªa no informarle sobre asignaci¨®n de un empleado menor, pero Manuel era el segundo heredero de Chispa Global, Sergio Cast 100 definitivamente estar¨ªa al tanto. Manuel capt¨® mi punto y me dio una respuesta, ¡°Soy el director ejecutivo.¡± ?Qu¨¦ cargo era ese? Hab¨ªa estado trabajando enpa?¨ªa durante muchos a?os y era primera vez que escuchaba sobre ¨¦l. Manuel continu¨® explicando, ¡°Temporariamente estar¨¦ a cargo del seguimiento y finalizaci¨®n del parque de diversiones, y adem¨¢s, soy experto en mecatr¨®nica. Tal vez pueda ayudar con el problema que est¨¢n enfrentando ahora.¡± Despu¨¦s de escuchar esto, internamente estabapletamente sin pbras. Manuel vino aqu¨ª a ayudar supuestamente, pero tem¨ªa que vigr a Jorge y a m¨ª fuera su verdadera intenci¨®n. Desde su punto de vista o el de Sergio, probablemente ninguno querr¨ªa que Jorge y yo tuvi¨¦ramos algo. ¡°Esto es perfecto, anoche se?orita G¨¢mez y yo est¨¢bamos considerando acelerar el cronograma. Ahora que tenemos ayuda adicional, podr¨ªamos incluso terminar antes,¡± Jorge se acerc¨®, aceptando llegada de Manuel m¨¢s naturalmente que yo. Lo mir¨¦, confundida, y ¨¦l me mir¨® a m¨ª, ¡°Empecemos a trabajar.¡± Luego, mir¨® a Manuel, ¡°Hoy es tu primer d¨ªa, director V¨¢squez, as¨ª que familiarizate con nuestro flujo de trabajo y los problemas actuales que necesitamos resolver. Adem¨¢s, eres un experto en esta ¨¢rea, una vez que te hayas familiarizado, dividiremos el trabajo en equipo. Yo estar¨¦ en un equipo con G¨¢mez, y t¨² estar¨¢s en otro con Mart¨ªnez.¡± Al escuchar esto, mir¨¦ a Jorge, sorprendida. ?Estaba pose¨ªdo por el esp¨ªritu de un jefe dominante? Hab¨ªa asignado el trabajo de Manuel e incluso hecho otros arreglos, de esta manera, parec¨ªa imposible que ¨¦l pudiera vigr a Jorge y a m¨ª. En ese momento, de repente me di cuenta de que Jorge, a pesar de parecer serio y distante, en realidad era astuto. Manuel movi¨® losbios,o si quisiera decir algo, pero Jorge no le dio oportunidad y me mir¨® directamente, ¡°Empecemos a trabajar.¡± 13:10 Con a
Jorge. Sin necesidad de mirar atr¨¢s, sab¨ªa que mirada de Manuel deb¨ªa estar pegada en mi. Honestamente, esta situaci¨®n me hacia sentir inc¨®moda y embarazosa, y de repente, una sensaci¨®n de irritaci¨®n inexplicable surgi¨® en mi coraz¨®n. Sergio hab¨ªa enviado a Manuel aqu¨ª porque no quer¨ªa que Jorge y yo tuvi¨¦ramos algo, pero ¨¦l no sab¨ªa que Manuel tambi¨¦n ten¨ªa otros sentimientos hacia m¨ª. Si lo supiera, definitivamente llorar¨ªa por su propia estupidez. Con mi mente inquieta, no prest¨¦ atenci¨®n a d¨®nde pisaba y de repente sent¨ª que me tambaleaba hacia undo. El brazo fuerte de Jorge me rode¨®, y me encontr¨¦ en su abrazo, envuelta en el aroma fresco de jab¨®n, mientras su profunda y agradable voz resonaba en mi o¨ªdo, ¡°Concentrate en caminar, no te distraigas.¡± Cap¨ªtulo 110 Realmente no habia nada que pudiera ocultarsele. Me alej¨¦ de ¨¦l para romper el inc¨®modo silencio, ¡°Acabas de cruzar l¨ªnea, Manuel b¨¢sicamente es nuestro jefe, ?c¨®mo se te ocurri¨® asignarle trabajo a ¨¦l?¡± ¡°El lleg¨® despu¨¦s, si no le asignamos trabajo a ¨¦l, ?qu¨¦, deber¨ªa ¨¦l asignarnos trabajo a nosotros?¡± La respuesta de Jorge me dej¨® sin pbras. Por lo capaz que fuera Manuel, no entender¨ªa lo que Jorge y yo est¨¢bamos haciendo en ese momento. ¡°?Qu¨¦, quieres estar en el mismo equipo que ¨¦l?¡± Jorge me pregunt¨® de repente. ¡°ro que no,¡± negu¨¦, y luego mir¨¦ hacia Jorge, justo a tiempo para ver una sonrisa r¨¢pida cruzar por esquina de su boca. Jorge y yo seguimos trabajandoo siempre, Manuel no volvi¨® a acercarse, pero Mire s¨ª lo hizo, ¡°Cam, ?qu¨¦ est¨¢ pasando? ?El pr¨ªncipe vino personalmente a supervisarte?¡± ¡°S¨ª, y lo m¨¢s importante es que te supervisar¨¢ a ti, estar¨¢ en tu equipo para calibraci¨®n,¡± mis pbras hicieron que Mire abriera los ojos de par en par. ¡°Mierda, eso no est¨¢ bien, no quiero estar en el mismo equipo que el pr¨ªncipe, t¨² deber¨ªas estar con ¨¦l, seguro que no te rega?ar¨ªa aunque hagas algo mal,¡± Mire protest¨® inmediatamente. ¡°No estoy de acuerdo,¡± Jorge habl¨® por m¨ª otra vez. Tanto Mireo yo lo miramos, pero Jorge no mir¨® a nadie, concentrado en lo que ten¨ªa en manos, pero eso no le impidi¨® responder y repetir lo que hab¨ªa dicho antes, ¡°No estoy de acuerdo.¡± Ninguna de nosotras esperaba esa respuesta. Mire me mir¨®, y yo apret¨¦ losbios, a punto de re¨ªrme. 13:11 camt mira Antes de que Mire pudiera decir algo m¨¢s, Jorge habl¨® de nuevo, Se?orita Gamez, ?puedes venir a ver si los resultados actuales tienen alguna desviaci¨®n?¡± Inmediatamente me subi al elevador, y mientras sub¨ªa, vi a Mire. frunciendo el ce?o con disgusto. Al detenerse el elevador, llegu¨¦ aldo de Jorge, me inclin¨¦ para mirar, y al ver el contenido que sal¨ªa en panta de su celr, me qued¨¦ at¨®nita. [Solo quiero que t¨² seas mipa?era de trabajo.] ?Esto era ¡°los resultados¡± que mencionaba? Lo mir¨¦, ¡°Oye, t¨²¡­¡± Jorge me miraba, con una expresi¨®n de ¡°ni se te ocurre decirselo a Mire¡°. Sin saber qu¨¦ decir, sonre¨ª sin pbras, al siguiente segundo ¨¦l presion¨® una te y el contenido de calibraci¨®n volvi¨® a normalidad, me qued¨¦ a sudo, vi¨¦ndolo maniobrar tableta de control. ¡°Jorge, me doy cuenta de que eres un trucha,¡± finalmente no pude evitar decirlo. ¡°?Qu¨¦ es ser un trucha?¡± Pregunt¨® antes de mirarme. Esa expresi¨®n era muy seria, pensando en su condici¨®n de ¡°se?or soldado¡°, casi me hizo creer que hab¨ªa entendido mal. Pero recordando todo lo que hab¨ªa hecho y los detalles desde que lo conoc¨ª, me di cuenta de que este hombre estaba lejos de ser tan simpleo parec¨ªa, as¨ª que dije: ¡°Ser un trucha significa fingir ser ingenuo, pero en realidad ser m¨¢s astuto que cualquiera.¡± ¡°?Yo?¡± Jorge parec¨ªa muy sorprendido, ?As¨ª me ves?¡± ¡°?No es as¨ª?¡± Le repliqu¨¦ Jorge no dijo nada, me mir¨® por unos segundos, luego sigui¨® con tableta frente a ¨¦l, y segundos despu¨¦s, sent¨ª que el elevador en el que estabaenz¨® a temr. 13:11 Asustada, lo agarr¨¦ de repente, y el elevador tembl¨® a¨²n m¨¢s fuerte,o si en cualquier momento pudiera sernzada al vac¨ªo. Me aferr¨¦ a Jorge, y al siguiente segundo escuch¨¦ que dec¨ªa: ¡°Se?orita G¨¢mez, ?qu¨¦ est¨¢s haciendo? ?Qu¨¦ pensar¨¢n los dem¨¢s si nos ven as¨ª?¡± Cerr¨¦ los ojos con fuerza, aferr¨¢ndome a ¨¦l, ¡°?Por qu¨¦ est¨¢ temndo? Mira a ver.¡± Y yo no sab¨ªa que en ese momento Jorge miraba hacia abajo a figura que se acercaba, con sus brazos alrededor de mi cintura, se inclin¨® hacia mi o¨ªdo y dijo, ¡°No te muevas tanto, y dejar¨¢ de temr.¡± Capitulo 111 Me qued¨¦ quieta, pero me abrace m¨¢s fuerte a Jorge El sonido de un coraz¨®ntiendo fuerteteson¨® en mis o¨ªdos, fue entonces cuando me di cuenta de que estaba apoyada en su pecho. En ese momento, m¨¢s que miedo, ya no me importaba nada, y lo abrac¨¦ a¨²n m¨¢s fuerte porque solo asi pod¨ªa asegurarme de no moverme, lo que se movia era solo el ascensor. Despu¨¦s de un rato, senti que todo a mi alrededor dejaba de tambalearse, y parece que olvid¨¦ soltarlo hasta que escuch¨¦ su voz, ¡°?As¨ª que tienes un nuevopa?ero de trabajo?¡± Me sorprendi, me alej¨¦ de su abrazo y mir¨¦ hacia abajo, y realmente me qued¨¦ pasmada. Adem¨¢s de sorprendida, sent¨ª un s¨²bito enojo y presion¨¦ el bot¨®n para bajar el ascensor. Una vez en el suelo, Zo¨¦ me mir¨® con su caracter¨ªstica sonrisa de inocencial fingida, ¡°se?orita G¨¢mez.¡± Yo definitivamente no estaba tan contentao e, y le pregunt¨¦ directamente con un tono nada amistoso, ¡°?Qu¨¦ haces aqu¨ª?¡± No era que careciera de educaci¨®n, sino que no era adecuado que una mujer embarazada estuviera aqu¨ª. Este lugar a¨²n no estaba abierto al p¨²blico y muchos elementos de seguridad a¨²n no hab¨ªan sido aprobados. Si algo pasara, nadie podr¨ªa asumir responsabilidad. Despu¨¦s de todo, lo que e llevaba en su vientre era ¨²nico e irreemzable. Pero su respuesta me dej¨® boquiabierta, ¡°Vine aqu¨ª a trabajar.¡± Eso me hizo dudar de mis propios o¨ªdos, ¡°?Qu¨¦ dijiste?¡± ¡°El presidente V¨¢squez me mand¨®, dijo que inspi¨®n de seguridad necesitaba mi supervisi¨®n,¡±s pbras de Zo¨¦ casi me hacen explotar. Sin m¨¢s, solt¨¦, ¡°?Sergio est¨¢ loco? ?Que t¨² te encargues de supervisi¨®n de Beguridad? Mis pbras hicieron que todos los presentes me miraran, Zo¨¦ no hab¨ªa venido s, estaba pa?ada por el jefe del proyecto, adem¨¢s de Mire y Manuel que ya estaban all¨ª. ¡°?Qu¨¦ quiere decir se?orita G¨¢mez?¡± Zo¨¦ pregunt¨® con un gesto de ofendida. ¡°Lo que quiero decir es que no es adecuado para una mujer embarazada estar aqu¨ª,¡± dije mientras sacaba mi tel¨¦fono para mar a Sergio. No sab¨ªa si lo hizo a prop¨®sito, pero tard¨® en contestar, justo antes de que mada se cortara, voz de Sergio finalmente lleg¨®, ¡°?Qu¨¦ pasa, se?orita G¨¢mez?¡± ¡°?Por qu¨¦ mandaste a Zo¨¦ aqu¨ª?¡± le pregunt¨¦ directamente. Soy una persona que act¨²a con justicia, sin segundas intenciones, y no tengo miedo de decir lo que pienso. ¡°La mand¨¦ a trabajar, ?no te lo dijo?¡± Sergio me respondi¨® con indiferencia. Mir¨¦ a Zo¨¦ y tambi¨¦n le pregunt¨¦ a Sergio, ¡°?Es apropiado que e trabaje aqu¨ª? ?Qui¨¦n se hace responsable si les pasa algo a e y a su beb¨¦?¡± ¡°T¨², obviamente,¡± Sergio realmente me dej¨® sin pbras. Sin esperar mi respuesta, continu¨® con frialdad: ¡°Cam, eres jefa del proyecto del parque de diversiones, no solo debes asegurar que el parque sea entregado en condiciones para su uso, sino tambi¨¦n garantizar seguridad de todo el personal. ?Entiendes? Esa es tu responsabilidad.¡± Despu¨¦s de escuchar sus pbras, entend¨ª que lo hab¨ªa hecho a prop¨®sito. Un Manuel no era suficiente, ahora meti¨® a Zo¨¦, ramente quer¨ªa distraer mi atenci¨®n. Apret¨¦ el celr, mirando a Zo¨¦ con esa cara de v¨ªctima y resopl¨¦, ¡°Si alguien se busca muerte, yo no puedo hacerme cargo.¡± El semnte de Zo¨¦ se torn¨® a¨²n m¨¢s desagradable, y Sergio finalmente se enfad¨®, ¡°Cam, ?por qu¨¦ tienes que ser tan cruel?¡± A Capitulo 112 Presidente V¨¢squez, quiz¨¢s mis pbras suenan cruel, pero solo son pbras. La gente a¨²n podr¨ªa ser m¨¢s cruel ques pbras. Si te preocupa e, podr¨ªas despedi, o¡­¡± Mir¨¦ hacia Manuel, y luego dije, ¡°?quiz¨¢s deber¨ªa organizar a alguien para proteges veinticuatro horas del dia?¡± Sergio no entend¨ªa lo que estaba pensando, ¡°ro, si se?orita G¨¢mez es responsable del proyecto. Si t¨² puedes estar all¨ª cuid¨¢nd personalmente, tambi¨¦n estar¨¦ m¨¢s tranquilo.¡± ¡°Eso es imposible porque vida de e me da igual,¡± dije y colgu¨¦ el tel¨¦fono directamente. Zo¨¦ tambi¨¦n habl¨®, ¡°Se?orita G¨¢mez, no necesitas ser tan hostil conmigo, puedo cuidarme s.¡± ¡°Tienes todas tus extremidades en buen estado, y tu cabeza funciona bien, conf¨ªo en que puedes, pero mejor prevenir quementar,¡± mis pbras hicieron que Mire apretara losbios para no re¨ªrse. ¡°El presidente V¨¢squez mencion¨® por tel¨¦fono que encontrar¨ªa a alguien para protegertes veinticuatro horas, pero creo que no ser¨¢ necesario todo el tiempo, despu¨¦s de todo, se?orita Minas, cuando duermes, los ¨²nicos que pueden protegerte son aquellos cercanos a ti, ?verdad?¡± No me guard¨¦ nada al har. Anteriormente, sent¨ªa simpat¨ªa por e debido a temprana muerte de su esposo, pero ahora entiendo el dicho ¡°no hay persona digna de l¨¢stima sin undo detestable.¡± ¡°Director V¨¢squez,¡± mir¨¦ hacia Manuel, t¨² y Minas son nuevos aqu¨ª, deber¨ªan empezar familiariz¨¢ndose con el entorno del parque de diversiones mientras cuidas.¡± Manuel se qued¨® sorprendido, no esperaba que hiciera tal arreglo, ¡°Cami, t¨²¡­¡± ¡°Director V¨¢squez,¡± lo interrumpi, ¡°en empresa eres el director ejecutivo, mi superior, pero aqu¨ª en el parque de diversiones, yo estoy a cargo, y todos. 13:11 deben seguir mis instriones.¡± Ese fue un privilegio especial que Sergio me dio, nunca lo hab¨ªa usado hasta ahora, y justo cuando el proyecto estaba a punto de concluir, result¨® ser ¨¹til. Manuel se qued¨® sin pbras, mientras que Zo¨¦ se puso p¨¢lidao si tuviera cara color de berenjena, ¡°No lo necesito, puedo asegurarme mi propia seguridad.¡± E sab¨ªa muy bien rci¨®n entre Manuel y Sergio. Andaba con Sergio de manera ambigua y al mismo tiempo pasaba momentos con Manuel; tem¨ªa que Sergio se enterara y pensara demasiado. ¡°Ya lo dije, mejor prevenir quementar, Adem¨¢s, el director V¨¢squez no est¨¢ aqu¨ª espec¨ªficamente para protegerte, es solo algo secundario, Minas, no lo pienses demasiado,¡± acorral¨¦ sin dejarle espacio para discutir. Zo¨¦ no pudo decir m¨¢s y solo pudo mirar a Manuel, pero cuando Manuel me mir¨®, finalmente no dijo nada, incluso estuvo de acuerdo, ¡°Est¨¢ bien, seg¨²n lo que se?orita G¨¢mez decida.¡± Eso dej¨® a Zo¨¦pletamente sin pbras. ¡°Entonces, cada quien a lo suyo,¡± dije con un tono de autoridad. Aunque Zo¨¦ se fue a rega?adientes, apenas hab¨ªa dado unos pasos cuando escuch¨¦ que le dec¨ªa a Manuel: ¡°Manu, ?c¨®mo puedes estar de acuerdo? ?E ramente quiere ponernos en una situaci¨®n embarazosa!¡± ¡°Est¨¢s pensando demasiado, lo hace por el trabajo, y tambi¨¦n para que no te pase nada,¡± respuesta de Manuel me hizo sonre¨ªr. Pero tambi¨¦n me hizo sentir un poco culpable hacia ¨¦l; tal vez no deber¨ªa haber dejado que mis sentimientos hacia Sergio y Zo¨¦ afectaran nuestra rci¨®n. Pero, ?qui¨¦n le mandaba venir aqu¨ª? ¡°Cami, eres genial,¡± Mire me dio un pulgar arriba. ¡°Conc¨¦ntrate en tu trabajo, o te enviar¨¦ a cuidar de Minass veinticuatro horas,¡± amenac¨¦ a Mire. E neg¨® con cabeza de inmediato y luego se gir¨®, ¡°Voy a trabajar bien, de verdad,¡± Al ver que todos se han ido, mi expresi¨®n se volvi¨® sombr¨ªa. Por mucho que estuviera entusiasmada antes, ahora me sent¨ªa igual de amarga. No era suficiente con c¨®mo Sergio me hab¨ªa herido, ten¨ªa que traer a Zo¨¦ frente a mi para disgustarme. ?Acaso pensaba que a¨²n no me hab¨ªa humido lo suficiente, que no me habia herido lo suficiente? De repente, luz ante mis ojos se oscureci¨®, una mano grande me bloque¨®. Estaba a punto de empuja cuando voz de Jorge reson¨® en mi o¨ªdo, ¡°Te hasportado bien.¡± Al decir esto, retir¨® su mano y apareci¨® un caramelo frente a m¨ª. Lo mir¨¦, y lo escuch¨¦ decir, ¡°Es un premio.¡± Cap¨ªtulo 113 Me estaba tratandoo a una ni?a con esa rpensa de paleta? Estaba a punto de decirle que era infantil, pero ya hab¨ªa metido el dulce en mi mano y luego fue por agua para beber, trayendo tambi¨¦n mi vaso. Jorge se sent¨® en si de descanso y dio palmadas al asiento a su sorbos de agua, cuando escuch¨¦ que dijo: ¡°Josefina me m¨®, se enter¨® de que estamos trabajando juntos, me pidi¨® que te llevaral conmigo despu¨¦s de terminar aqu¨ª.¡± Esta era primera vez que mencion¨¢bamos a Josefina desde que Jorge llego aqu¨ª El no lo hab¨ªa mencionado antes, y yo no pregunt¨¦ porque todo lo rcionado con Josefina involucrabao e nos hab¨ªa juntado, y sacar el tema podria hacernos sentir inc¨®modos a ¨¦l y a m¨ª. Ahora que Jorge lo sac¨®, no pod¨ªa dejar de responder, solt¨¦ una risa ir¨®nica, ¡°?No le dijiste que neas quedarte aqu¨ª m¨¢s tiempo?¡± ¡°Depende de c¨®mo vayans cosas,¡± su respuesta me hizo mirarlo. Pero Jorge no me miraba, sino que levantaba cabeza para beber agua, y su movimiento de garganta me hizo imitarlo involuntariamente, luego desvi¨¦ mirada, sinti¨¦ndome culpable. ¡°Podr¨ªa ir a ve, no necesariamente contigo,¡± murmur¨¦. ¡°?Por qu¨¦ no juntos?¡± Parec¨ªa que ten¨ªa buen o¨ªdo. ¡°Me gusta estar s,¡± dije, mirando a Jorge de nuevo, ¡°Soy des que prefieren soledad.¡± Le dije eso a prop¨®sito, porque no ten¨ªa intenciones de avanzar en nada con ¨¦l, as¨ª que necesitaba mantenerlo consciente de mantener distancia. Aunque siempre terminamos acerc¨¢ndonos sin querer,o antes en el elevador. Pensando en eso, mir¨¦ hacia el elevador, ¡°?Qu¨¦ pas¨® antes con el elevador? ?Por qu¨¦ se sacudi¨® de repente?¡± ¡°?Eh?¡± Se ve¨ªa confundido. ¡°No habr¨¢s sido t¨², ?verdad?¡± Le pregunt¨¦ directamente. ¨¦l, que pod¨ªa contrr todass luces del parque de diversiones, f¨¢cilmente podr¨ªa manipr el elevador en el que estaba, m¨¢s a¨²n cuando no hab¨ªa 13:11 vento y de repenteenz¨® a sacudirge. ?Crees que fui yo? ?Por qu¨¦ har¨ªa eso? Las preguntas de Jorge me dejaron sin respuesta. St. ?por qu¨¦ lo har¨ªa? ?Acaso solo para asustarme y hacer que menzara a sus brazos? Pensando en eso, y luego en sus intenciones hacia m¨ª, de repente parec¨ªa probable. Lo mir¨¦ directamente a los ojos, tratando de ver alg¨²n signo de culpa, pero ¨¦l simplemente dej¨® su vaso a undo, ¡°Vamos, a seguir trabajando Capitulo 114 No me movi, Jorge se subi¨® al elevador y me m¨®, ¡°Vamos, sube!¡± Yo estaba sujetando un dulce en mano, mir¨¢ndolo, cuando escuch¨¦ que dec¨ªa, Adem¨¢s, necesito que revises el efecto de algunos ajustes.¡± Eso era lo mismo que me hab¨ªa dicho para que subiera antes, pero, ?qu¨¦ era to que estaba viendo en aquel momento? ¡°Jorge, estamos en horario de trabajo, deja los jueguitos de ni?os,¡± le adverti. ¡°Oh,¡± respondi¨® obedientemente, pero segu¨ªa ah¨ª parado, ramente esperando por mi. No tuve m¨¢s remedio que levantarme y caminar hacia ¨¦l. Justo cuando estaba a punto de subir al elevador, intent¨® tomarme de mano, pero yo me apart¨¦. Apenas puse un pie en el elevador, este se sacudi¨® un poco y, por instinto, extend¨ª mi mano, agarr¨¢ndome de su brazo. El rubor cubri¨® mis mejis en ese inc¨®modo momento, pero ¨¦l mir¨® a su alrededor y murmur¨®: ¡°Hay que hacer que revisen este elevador a su regreso, ?c¨®mo es que se sacude as¨ª?¡± Me qued¨¦ sin pbras. Esta vez, Jorge no me hab¨ªa enga?ado. Una vez en el elevador,enz¨® a hacer los ajustes y yo observaba el efecto, lista para hacer m¨¢s ajustes si era necesario. Sin embargo, no hab¨ªamos empezado hace media hora cuando recib¨ª una mada de Sergio. Al ver su n¨²mero, tuve una m corazonada. Definitivamente, esta mada no era por trabajo, seguramente era porque Zo¨¦ le hab¨ªa dicho algo. Pero ahora ¨¦l era mi jefe, y no pod¨ªa simplemente ignorar mada. Me alej¨¦ un poco del elevador y contest¨¦, ¡°Presidente V¨¢squez.¡± ¡°Cam, qu¨¦ astuta eres,¡± Sergioenz¨® con un reproche sin raz¨®n. 13:12 Sin necesidad de que dijera m¨¢s, ya sab¨ªa por qu¨¦ me insultaba as¨ª. Seguramente era su queridita quien se hab¨ªa quejado. Presidente V¨¢squez, estoy segura de que no hay ning¨²n problema con mi gesti¨®n, si hay un problema, es suyo,¡± hice una pausa, ¡°Usted fue quien los program¨® para el mismo tiempo, yo simplemente hice los arreglos correspondientes.¡± Sergio probablemente se enfureci¨® con mi respuesta, porque se qued¨® cado un buen rato. Aprovech¨¦ para decir, ¡°Presidente V¨¢squez, estoy ocupada, si no tiene nada m¨¢s que decir, colgar¨¦.¡± ¡°A partir de ahora enc¨¢rgate personalmente de pa?ar a Zo¨¦,¡± Sergio orden¨® directamente. ¡°Sergio, ?est¨¢s loco? ?Yo pa?a? ?E se merece eso? ?Y qu¨¦ pasa con los ajustes des luces del parque?¡± No me contuve. ¡°Te estoy ordenando que lo hagas, no te preocupes por lo dem¨¢s,¡± Sergio us¨® su autoridad para presionarme. Apret¨¦ el bot¨®n del elevador, ¡°Sergio, si quieres jugar a ser el tirano, hazlo en tu gran oficina tranquilito, pero yo paso de pa?ar a un cr¨ªo.¡± ¡°Entonces, te quito responsabilidad sobre el parque de diversiones, regresa a oficina a trabajar,¡± esta decisi¨®n de Sergio me tom¨® por sorpresa. Me qued¨¦ en silencio por dos segundos, ¡°?T¨² has en serio?¡± ¡°?Qu¨¦ te parece, que estoy bromeando?¡± Sergio resopl¨®, ¡°Cam, no te creas ¨²ltima Coca¨CC del desierto, el parque no se cae sin ti.¡± Al escuchar eso, supe que no estaba bromeando. Estaba de pie, a varios metros de altura, mirando el parque de diversiones frente a m¨ª, sintiendo un profundo desaliento. Despu¨¦s de traici¨®n de Sergio, prefer¨ª soportar ? humici¨®n y quedarme, solo para alcanzar el sue?o que tanto deseaba. Al final, lo absurdo era que incluso para cumplir un sue?o no pod¨ªa evitar ser contrda por alguien m¨¢s, sin libertad. Supongo que esto es lo que man tristeza. 12/3 Como mis padres, que me amaban tanto y querian verme crecer y casarme, pero murieron demasiado pronto y no pudieron verme cumpliendo su sue?o. Sino se puede tener todo en vida, mejor no forzarlo. Si lo fuerzas, solo sentir¨¢s arrepentimiento. ¡°Est¨¢ bien,¡± acept¨¦ decisi¨®n de Sergio, ¡°Voy a regresar a oficina ahora mismo.¡± Colqu¨¦ el tel¨¦fono, mi cuerpo temba imperceptiblemente, hasta que Jorge se par¨® a mido. ¨¦l no pregunt¨® nada, porque probablemente hab¨ªa escuchado mi conversaci¨®n con Sergio. dije, alo. Nos quedamos en silencio, uno frente al otro, y despu¨¦s de un rato dije, ¡°Jorge, tengo que regresar a oficina, no puedo quedarme a seguir con los ajustes, pero espero que puedas terminarlos t¨².¡± Frunci¨® el ce?o, mir¨¢ndolo as¨ª, supuse que ¨¦l tambi¨¦n se ir¨ªa si me iba. No era que me sintiera demasiado importante, pero ¨¦l me dio esa impresi¨®n. ¡°Este parque de diversiones es mi sue?o, quiero verlo cerrar de manera perfecta, murmur¨¦. Pas¨® un buen rato antes de que escuchara a Jorge decir, ¡°Est¨¢ bien.¡± Cap¨ªtulo 115 Regres¨¦ a empresa y, por casualidad Sergio tambi¨¦n estaba all¨ª. ¡°Presidente V¨¢squez, aqu¨ª tiene mi carta de renuncia, tambi¨¦n he enviado. los tr¨¢mites de mi dimisi¨®n a recursos humanos a trav¨¦s de mi celr,¡± le entregu¨¦ carta de renuncia que ya hab¨ªa preparado. Sergio tom¨® el informe, le ech¨® un vistazo y luego lonz¨® sobre mesa, mir¨¢ndome fr¨ªamente, ¡°Cam, esto ya es el colmo.¡± ¨¦l pensaba que yo estaba haciendo un esc¨¢ndalo, pero desde que lo conoc¨ª, nunca hab¨ªa hecho tal cosa. Primero, porque viv¨ªa en su casa, estaba bajo su techo sin derecho a remar, y luego, porque me gustaba y no me atrev¨ªa a hacer esc¨¢ndalos. De hecho, antes del idente de mis padres, yo era consentida de familia, naturalmente ten¨ªa un temperamento fuerte y hacer esc¨¢ndalos era algo normal para m¨ª, pero desde que entr¨¦ a familia V¨¢squez, pbra ¡°esc¨¢ndalo¡± desapareci¨® de mi vida. ¡°?Acaso soy yo des que hacen esc¨¢ndalos? ?Qu¨¦ esc¨¢ndalo he hecho contigo?¡± pregunt¨¦ con indiferencia. La boca de Sergio se movi¨®, pero parec¨ªa que no pod¨ªa decir nada. Sin embargo, yo quer¨ªa dejars cosas ras, ¡°Sergio, el que siempre ha hecho esc¨¢ndalos aqu¨ª eres t¨², para ti soyo una mu?equita con que juegas cuando est¨¢s aburrido, d¨¢ndome palmaditas en cabeza para consrme, pero cuando tu mundo es colorido y brinte, nunca te acuerdas de m¨ª.¡± ¡°Que pienses eso de m¨ª, Cam, realmente no tienes coraz¨®n,¡± Sergio no estaba de acuerdo con lo que dec¨ªa. Nunca pensar¨ªa que ¨¦l estaba equivocado, as¨ª que no importaba lo que dijera, nunca lo admitir¨ªa. Sonrei con sarcasmo, ¡°S¨ª, tienes raz¨®n. No tengo coraz¨®n.¡± ¡°?Esa es tu actitud? ?Alguna vez te he tratado injustamente?¡± Sergio parec¨ªa querer ajustar cuentas conmigo. 1/3 to mire. No eres tan maravilloso que incluso quiero romper contigo, ?eso no me hace una desalmada?¡± Sergio se puso p¨¢lido de ira por mis pbras, ¡°Deja de har de esa manera sarcastica. ?Entonces c¨®mo quieres que hable?¡± lo mir¨¦, ¡°Sergio, ahora me tienes mania, por eso para ti todo lo que diga est¨¢ mal, todo lo que haga est¨¢ mal. Mira, para hacers cosas m¨¢s f¨¢ciles, mejor me voy y as¨ª t¨² te evitas preocupaciones.¡± Sergio golpe¨® mesa con irritaci¨®n, ¡°Cam, no soy tonto. S¨¦ muy bien que armaste un esc¨¢ndalo as¨ª porque en tu coraz¨®n hay alguien m¨¢s y ya no te importo.¡± ¡°?Hace falta hacer una acusaci¨®n as¨ª sin raz¨®n?¡± Rem¨¦. ¡°?Ya te hab¨ªas involucrado con Jorge hace mucho, verdad?¡± Sergio me pregunt¨® directamente. ¨¦l ya hab¨ªa decidido eso sobre m¨ª, as¨ª que ni me molest¨¦ en negarlo, solo respond¨ª, ¡°No antes que t¨² con Zo¨¦.¡± Sergio se levant¨® de golpe, ¡°?Entonces realmente est¨¢s saliendo con ¨¦l?¡± Ah, as¨ª que solo estaba tratando de provocarme. ¡°Salir o no con ¨¦l es asunto m¨ªo. ?Qu¨¦ tiene que ver contigo? Sergio, t¨² y yo hab¨ªamos terminado, y t¨² estuviste de acuerdo cuando te lo propuse,¡± le record¨¦. ¡°No estuve de acuerdo,¡± Sergio de repente solt¨® eso. Su descaro realmente me tom¨® por sorpresa. Sergio dio dosrgos pasos alrededor de su escritorio hasta pararse frente a m¨ª, luego extendi¨® mano para agarrarme y me jal¨® hacia su pecho con fuerza. Me rode¨® con sus brazos, ¡°Cam, ?has olvidado qui¨¦n eres? Eres esposal de Sergio V¨¢squez, eres mi mujer, desde el d¨ªa que entraste a familia V¨¢squez, ya eres m¨ªa.¡± Puracia Paros, que no tenis miedo. L Press lee eramos una pareja y siem vapoka, 1 para saben que? El que se e ques mujeres de afuera son mejore Entonces, gho es mejor que te deje y ! No digas tonterias, no hay nada entre ¡°Sergio, nunca imagin¨¦ que fueras tan es nada? ?Entonces qu¨¦ hace falta pa que tambi¨¦n tengas un hijo con e?¡± daga. Cap¨ªtulo 116 Sergio apret¨® m¨¢s fuerte su abrazo, ¡°Ya te expliqu¨¦, esa vez bebi demasiado, me confundi por un momento.¡± Si te puedes equivocar una vez, puedes hacerlo una segunda vez. Y bien sabes que aqui, algunos errores son imperdonables,¡± volv¨ª a dejar ra mi postura. ¡°Deja de hacerte santa,¡± Sergio solt¨® una groser¨ªa contra m¨ª. Eso solo me decepcion¨® m¨¢s de ¨¦l, incluso llegu¨¦ a cuestionarme si antes hab¨ªa estado loca por haberme enamorado de alguien as¨ª. ¡°Cam, solo quieres dejarme para andar con otros, no creas que no lo s¨¦,¡± continu¨® retorciendos cosas a su favor. Estaba cansada de discutir, ¡°Si as¨ª lo crees, est¨¢ bien. Yo s¨¦ que t¨², Sergio, eres quien m¨¢s orgullo tiene y no soportas traici¨®n. As¨ª que, deber¨ªas soltarme y dejarme ir, ser¨ªa mucho mejor para ambos.¡± Realmente estaba tratando de salvarme a m¨ª misma, pero esas pbras solo enfurecieron m¨¢s a Sergio, baj¨® su cabeza intentando besarme. Intent¨¦ esquivarlo, especialmente al pensar en c¨®mo hab¨ªa besado a Zo¨¦, lo que me hizo sentir n¨¢useas. Pero cuanto m¨¢s trataba de evitarlo, m¨¢s furioso se pon¨ªa Sergio. Me empuj¨® contra mesa y empez¨® a meter su mano bajo mi ropa. ¡°?No me dejas besarte? ?Quieres que alguien m¨¢s lo haga? ?Jorge, tal vez? ?Te gust¨® cuando te meti¨®, eh?¡± Sus pbras desagradables y sus iones locas me llenaron de verg¨¹enza y miedo. Cuando sus manos sub¨ªan por mi cintura, agarr¨¦ lo primero que encontr¨¦ y se lo estamp¨¦ en cabeza. ¡°?C¨¢te, c¨¢te!¡± Grit¨¦ qomo una loca, porque ya no pod¨ªa m¨¢s con los nervios. Con un golpe sordo, sent¨ª que mano de Sergio cesaba sus movimientos indebidos, luego lo vi mir¨¢ndome con shock, y algoenz¨® a correr por su meji hacia abajo. Justo antes de que una gota cayera sobre mi ojo, cerr¨¦ los m¨ªos de gol Era sangre! La sangre tibia golpe¨® mi ojo y luego se desliz¨® hacia abajo cruzando el rinc¨®n de mi ojo¡­ Mis manos temban, y Sergio, sosteniendo mi nuca, dijo con voz fr¨ªa e mi oido, ¡°Esc¨²chame bien, Cam, t¨² eres solo m¨ªa.¡± Despu¨¦s de eso, el peso de Sergio encima de m¨ª desapareci¨®, y me levar r¨¢pidamente. Al abrir los ojos, vi a Sergio cubri¨¦ndose cabeza mientras se alejaba r¨¢pidamente. Mis piernas temron y solo me mantuve en pie gracias a mesa detr¨¢ de mi. ¡°Presidente V¨¢squez, est¨¢s sangrando¡­¡± escuch¨¦ exmaci¨®n sorprendida de Erik Baz¨¢n. ¡°?L¨¢rgate!¡± Sergio respondi¨® furioso, seguido por el sonido de sus pasos alej¨¢ndose. Me dej¨¦ caer de nuevo, cerrando los ojos por un momento antes de volver abrirlos. No quer¨ªa que mis colegas me vieran en ese estado, as¨ª que me dirig¨ª al cuarto de descanso de oficina de Sergio. Frente al espejo, vi sangre de Sergio a¨²n en esquina de mi ojo, brinte rojao si fueran l¨¢grimas de sangre derramadas por m¨ª misma. Tom¨¦ una toallita h¨²meda para limpiarme antes de salir r¨¢pidamente de oficina de Sergio y de empresa. A¨²n no pod¨ªa calmarme por lo sucedido. ¡°?Lo viste en cl¨ªnica? ?C¨®mo est¨¢?¡± pregunt¨¦ en voz baja. ¡°S¨ª, estaba su asistente con ¨¦l, parece que est¨¢ bastante herido,¡± Virginia hizo una pausa antes de a?adir, ¡°?Qu¨¦ pasa? ?Est¨¢s preocupada por ¨¦l?¡± ¡°Virginia¡­¡± ¡°?Cam? ?Pas¨® algo? ?Por qu¨¦ tu voz est¨¢ temndo?¡± Virginia se mostr¨® preocupada, ¡°?Hay algo que no me hayas contado?¡± ¡°Yo fui quien le golpe¨® en cabeza.¡± Admit¨ª, y en ese momento mis 13:12 pbras dejaron sin ha. Despu¨¦s de unos segundos, con voz tranqu, me pregunt¨®: ¡°?Qu¨¦ te hizo, Cam?: Al recordar locura de Sergio en oficina, ¡°El quiso forzarme.¡± Cap¨ªtulo 117 Entonces dale un buen golpe, mejor acaba con ¨¦l! Cuando estaba en tu Cama ni te valoraba, y ahora quiere forzarte despu¨¦s de que lo mandaste al carajo. ?Es solo un imb¨¦cil de mierda!¡± Virginianz¨® una sarta de insultos, dejando dedo elegancia que caracterizabao experta en ginecolog¨ªa. ¡°¨¦l es el t¨ªpico caso de desequilibrio emocional, siempre pens¨® que yo no podr¨ªa dejarlo, pero ahora que ve que en serio no quiero seguirle el juego, se desespera,¡± expliqu¨¦, a¨²n intentando calmarme de los nervios. Virginia estuvopletamente de acuerdo conmigo y a?adi¨®, ¡°Lo que pasa es que se da cuenta demasiado tarde de cu¨¢nto te ama, y no soporta verte con otros hombres.¡± Podr¨ªa ser verdad. Para evitar que trabajara con Jorge, primero mand¨® a Manuel y luego a Zo¨¦, para que hicieran lo posible por detenernos, impidi¨¦ndome hasta quitar mi cargo. Mi ¨²nico consuelo en aquel momento era que Jorge prometi¨® que terminar¨ªa el proyecto del parque de atriones por m¨ª. ¡°Cami, recuerda, si Sergio vuelve a molestarse contigo, lo golpeas cada vez que lo haga, as¨ª aprender¨¢ a tener miedo y no se atrever¨¢ m¨¢s,¡± me aconsej¨® Virginia.. ¡°Est¨¢ bien,¡± respond¨ª. Alguien m¨® a Virginia y, antes de colgar, a¨²n dijo, ¡°Luego ir¨¦ a verlo, a ver si ya se desangr¨® hasta morir.¡± Suentario me hizo re¨ªr, pero risa se torn¨® amarga al final. Me qued¨¦ un rato en el auto antes de bajar. Al llegar,s vecinas me saludaron, ¡°Chiquita, ?volviste s? ?Tu novio no vino?¡± Recordando lo que le hab¨ªan dicho a Jorge ¨²ltima vez, sonre¨ª, ¡°?Es que acaso ya es hora de limpiar el edificio de nuevo?¡± 13:12 Moi Tsui, sa v?n m¨®n pak vhus parece bueno, guapo y ???? ????? ?????? ? A Revit me remuse emperante t anfrenta abierta, con gente babe qui¨¦n vivia ahi dette gun te exk¨¦ siempre estuve vacie Yusra bus viske binguraban puerta, asi que tuve que entrar a Preguntar. ¡°, the ext¨¢n mudando? de mediana edad me vio, ¡°T¨² eres Se?alem puerta. ¡°Vivo ahi¡± La mujer entendio de inmediato, ¡°Lo siento mucho, tambi¨¦n he alqudo este lugar, y me pidieron que lo arrera un poco, as¨ª que est¨¢ todo desordenado. Ahora mismo muevo estas cosas para que puedas entrar. Le dis gracias y eche un vistazo al departamento, muy viejoparado con el mio Si fuera por mi, ni lo alquria, parece que quien se mudar¨ªa aqu¨ª no tiene muchas opciones. ¡°Se?ora, ?puedo preguntar si quien alquil¨® el lugar es hombre o mujer?¡± Despu¨¦s de todo, seria mi vecino de enfrente y quer¨ªa saber de antemano. ¡°Un hombre, un chico muy guapo,¡± dijo mientras hacia espacio en entrada. ?Un hombre? Me senti inc¨®moda de repente, tener a un extra?oo vecino siempre daba cierta inseguridad. Pero no era asunto mio decir nada, as¨ª que despu¨¦s de agradecer a se?ora, entr¨¦ a mi departamento, me turb¨¦ en el sof¨¢ mirando el techo. con mente enredada y sinti¨¦ndome agotada. Aunque no tuve una pelea f¨ªsica con Sergio, me sent¨ªapletamente drenada. ELEL Gerre los ojos, tratando de no pensar en nada, pero eso solo hac¨ªa mi mente m¨¢s ca¨®tica. Finalmente, me levant¨¦ y ful a cocina a prepararme algo deer. Solo as¨ª pod¨ªa distraerme. El tel¨¦fono son¨® mientras cocinaba arroz caldoso, era una mada de Manuel, ¡°Cami, vuelve al parque de diversiones, no puedes ir as¨ª dejando todo a medias.¡± ¡°Hermano, ya renunci¨¦,¡± dije con tranquilidad. Antes de dejar el parque de diversiones pens¨¦ que sin mi,s cosas no ir¨ªan bien, o al menos no estar¨ªa satisfecha con el resultado. Pero ahora que realmente me fui, de alguna manera, ya no me importaba. Esa sensaci¨®n erao dejar ir a Sergio. Cap¨ªtulo 118 ¡°Tu renuncia no es v¨¢lida,¡± Manuel dijo estas pbras con tal autoridad que parec¨ªa el verdadero due?o de casa. Sab¨ªa que ¨¦l tenia el derecho de recuperar mi puesto, y aunque no lo tuviera, podr¨ªa hacer que Ricardo interviniera para anrs pbras de Sergio, pero yo no quer¨ªa eso. As¨ª que, un poco para desafiarlo, le dije: ¡°el presidente V¨¢squez ya lo ha aceptado.¡± Despu¨¦s de todo, en aquel momento Sergio era quien realmente mandaba en Chispa Global, Manuel no contaba. Del otrodo del tel¨¦fono, Manuel se qued¨® cado unos segundos antes de decir: ¡°?D¨®nde est¨¢s?¡± Ahora que me hab¨ªa mudado aqu¨ª, aparte de Virginia y Jorge nadie m¨¢s sab¨ªa, pero no estaba segura de que Manuel no pudiera adivinarlo. ¨¦l se preocupaba por m¨ª, incluso se acordaba de mi n¨²mero de tel¨¦fono guardado, as¨ª que tal vez tambi¨¦n pudiera adivinar el lugar donde viv¨ªa. Pero aun as¨ª, no ten¨ªa intenci¨®n de decirle, ¡°Hermano, el parque de diversiones ha sido mi proyecto los ¨²ltimos dos a?os, lo que queda te pido que lo termines t¨².¡± ¡°Cami¡­¡± ¡°Hermano, no digas m¨¢s.¡± Colgu¨¦ el tel¨¦fono y luego mir¨¦ o de caldo burbujeante, ol¨ªa delicioso. No ten¨ªa verduras, porque no hab¨ªaprado, as¨ª que solo tom¨¦ caldo. Sosten¨ªa mi cuaderno, y mientras tanto, envi¨¦ mi curr¨ªculum a varias empresas. Con mi experiencia de estos a?os en Chispa Global, no ser¨ªa dif¨ªcil encontrar un buen trabajo, todav¨ªa ten¨ªa esa confianza. Despu¨¦s de enviar mi curr¨ªculum, tambi¨¦n termin¨¦ de tomar el caldo, pero parece que el vecino. de enfrente todav¨ªa no hab¨ªa terminado de arrerse. Despu¨¦s deer blen y beber aufelente, queria dormir, y eso no era mentira, me dormi en el sof¨¢, y para no her molestada, silenci¨® mi tel¨¦fono, Dormi varias horas, y cuando desperto, ya no hab¨ªa ruido afuera, todo estaba tranquilo, tan tranquilo que parec¨ªa que hab¨ªa entrado en otro mundo. Estuve atontada un momento antes de revisar mi tel¨¦fono para ver hora, ya eran m¨¢s des tres de tarde. Apenas pasaban des tres, el tiempo parec¨ªa moverse muy lentamente. Cuando estaba ocupada, siempre sentia que el tiempo vba, pero ahora no estaba acostumbrada a este sentimiento. Habia varias madas perdidas en mi tel¨¦fono, vi que eran de Mire, Sandra, y tambi¨¦n hab¨ªa un n¨²mero desconocido que hab¨ªa mado tres veces. Mejor que no hubiera madas de Jorge, porque si ¨¦l me buscaba, definitivamente ser¨ªa por trabajo, si no me buscaba, significaba que todo iba bien. Aun as¨ª, devolv¨ª mada a Mire, quien respondi¨® casi de inmediato, ¡°Cam, ?por qu¨¦ no contestas el tel¨¦fono?¡± ¡°?Pas¨® algo?¡± Mi voz sonaba perezosa, reci¨¦n despertada. Mire lo not¨® de inmediato, ¡°?Nos dejaste solos aqu¨ª y te fuiste a dormir?¡± ¡°Uh, s¨ª, no hay nada que hacer, as¨ª que, por supuesto, me fui a dormir,¡± contest¨¦o si fuera lo m¨¢s natural. Mire resopl¨®, ¡°Cami, vuelve, no puedo manejar esto s sin ti.¡± Su voz era baja, pod¨ªa decir que no quer¨ªa que Jorge escuchara, ¡°?Tu gal¨¢n te est¨¢ dando problemas?¡± ¡°No es que me est¨¦ dando problemas, simplemente no puedo seguir su ritmo, ramente est¨¢ molesto, me mirao si fuera una tonta, es un golpe a mi autoestima,¡±s pbras de Mire me hicieron soltar una carcajada. de reir continu indols. No bar soldado debil bugs noveres forta, si el te desgrecia es cort ez que lo haga, as¨ª aprender¨¢ a tener miedo y no se atrever¨¢ m¨¢s,¡± me aconsej¨® Virginia.. ¡°Est¨¢ bien,¡± respond¨ª. Alguien m¨® a Virginia y, antes de colgar, a¨²n dijo, ¡°Luego ir¨¦ a verlo, a ver si ya se desangr¨® hasta morir.¡± Suentario me hizo re¨ªr, pero risa se torn¨® amarga al final. Me qued¨¦ un rato en el auto antes de bajar. Al llegar,s vecinas me saludaron, ¡°Chiquita, ?volviste s? ?Tu novio no vino?¡± Recordando lo que le hab¨ªan dicho a Jorge ¨²ltima vez, sonre¨ª, ¡°?Es que acaso ya es hora de limpiar el edificio de nuevo?¡± 13:12 Moi Tsui, sa v?n m¨®n pak vhus parece bueno, guapo y ???? ????? ?????? ? A Revit me remuse emperante t anfrenta abierta, con gente babe qui¨¦n vivia ahi dette gun te exk¨¦ siempre estuve vacie Yusra bus viske binguraban puerta, asi que tuve que entrar a Preguntar. ¡°, the ext¨¢n mudando? de mediana edad me vio, ¡°T¨² eres Se?alem puerta. ¡°Vivo ahi¡± La mujer entendio de inmediato, ¡°Lo siento mucho, tambi¨¦n he alqudo este lugar, y me pidieron que lo arrera un poco, as¨ª que est¨¢ todo desordenado. Ahora mismo muevo estas cosas para que puedas entrar. Le dis gracias y eche un vistazo al departamento, muy viejoparado con el mio Si fuera por mi, ni lo alquria, parece que quien se mudar¨ªa aqu¨ª no tiene muchas opciones. ¡°Se?ora, ?puedo preguntar si quien alquil¨® el lugar es hombre o mujer?¡± Despu¨¦s de todo, seria mi vecino de enfrente y quer¨ªa saber de antemano. ¡°Un hombre, un chico muy guapo,¡± dijo mientras hacia espacio en entrada. ?Un hombre? Me senti inc¨®moda de repente, tener a un extra?oo vecino siempre daba cierta inseguridad. Pero no era asunto mio decir nada, as¨ª que despu¨¦s de agradecer a se?ora, entr¨¦ a mi departamento, me turb¨¦ en el sof¨¢ mirando el techo. con mente enredada y sinti¨¦ndome agotada. Aunque no tuve una pelea f¨ªsica con Sergio, me sent¨ªapletamente drenada. ELEL Gerre los ojos, tratando de no pensar en nada, pero eso solo hac¨ªa mi mente m¨¢s ca¨®tica. Finalmente, me levant¨¦ y ful a cocina a prepararme algo deer. Solo as¨ª pod¨ªa distraerme. El tel¨¦fono son¨® mientras cocinaba arroz caldoso, era una mada de Manuel, ¡°Cami, vuelve al parque de diversiones, no puedes ir as¨ª dejando todo a medias.¡± ¡°Hermano, ya renunci¨¦,¡± dije con tranquilidad. Antes de dejar el parque de diversiones pens¨¦ que sin mi,s cosas no ir¨ªan bien, o al menos no estar¨ªa satisfecha con el resultado. Pero ahora que realmente me fui, de alguna manera, ya no me importaba. Esa sensaci¨®n erao dejar ir a Sergio. a La voz del otrodo del tel ad ha actarse a trabajar un pace de contgai despu¨¦s de una pausa, pregunte. ¡°Jorge (hay alg wow durantes pruebas, encontramos algunos problemas, Martinez no mata duy segura de c¨®mo manejarlos, qus necesitamos te spuci,¡± ka negunta de Jorge e tom por sorpresa ane Directamente de ¡°ta renunciet, eso ya no es asunto mio.¡± Pers dijete que queras que terminara el proyecto perfectamente, ?NG #S as!¡± La pregunta de Jorge de un pbras. Meqante en silence unos segundos, S. Benes razon. Exaunces are a verlo Capitulo 119 Desde luego, no quer¨ªa que el parque de diversiones tuviera ninguna imperfi¨®n. Queria que este sue?o, lleno de amor paternal, se realizara a perfi¨®n, as¨ª que acept¨® propuesta. Sin embargo, pas¨¦ de ser una participante oficial a una consejera privada, y encima, de forma gratuita. Ya no importaba, siempre y cuando el parque terminara perfectamente, estaba bien, Lo principal era que no tenia nada que hacer, as¨ª que estar ocioso eral simplemente estar ocioso. Fui al hotel al atardecer, y al salir, puerta de enfrente estaba cerrada. Solo de pensar que en el futuro vivir¨ªa un hombre ahi, me sentia inc¨®moda e inquieta. De repente tuve una idea: alqur¨ªa el apartamento yo misma a trav¨¦s de Josefina. Justo hab¨ªa el n¨²mero de tel¨¦fono de Josefina en puerta, as¨ª que lo marqu¨¦ inmediatamente. Pero cuando le expliqu¨¦ mi idea, Josefina sel mostr¨® reticente, ¡°Es que¡­ ya recib¨ª un dep¨®sito de otra persona, ?c¨®mo voy a retractarme ahora?¡± ¡°Devu¨¦lvele el doble del dep¨®sito, yo me har¨¦ cargo de eso. Adem¨¢s, puedo- ofrecer m¨¢s por el alquiler que ¨¦l,¡±parado con tranquilidad de vivir, gastar un poco m¨¢s no era nada. Dicen que el dinero da seguridad, y no es mentira. Tener dinero es bueno, te permiteprar tu tranquilidad y tambi¨¦n hace que gente abandone sus principios. Al escuchar que ganar¨ªa m¨¢s dinero, Josefina no vacil¨® m¨¢s y acept¨® negociar con otra parte antes de darme una respuesta. Despu¨¦s de colgar, conduje hacia el hotel, pero justo al llegar al vest¨ªbulo, me encontr¨¦ con Zo¨¦. Aunque e tambi¨¦n pod¨ªa venir al hotel, mi instinto me dec¨ªa que estaba aqu¨ª por m¨ª. Efectivamente, al escuchar mis pasos levant¨® vista y me m¨®, ¡°Cam.¡± El hecho de que estuviera aqu¨ª esper¨¢ndome mostraba que ten¨ªa que verme Si vienes a Informar sobre el trabajo, te equivocas de persona, ya renunci¨¦,¡± no dej¨¦ ni abrir boca, cort¨¢ndole el paso. En realidad, tambi¨¦n era una forma de hace sentir inc¨®moda, considerando que mi renuncia ten¨ªa mucho que ver con e, todav¨ªa estaba molesta por eso. Hab¨ªa pensado en contenerme porque e estaba embarazada, pero ahora que se hab¨ªa presentado ante mi, si me segu¨ªa conteniendo, ser¨ªa mostrar debilidad. ¡°Vine precisamente a har de esto,¡± Zo¨¦ habl¨® con dulzura. No era primera vez que nos enfrent¨¢bamos, hab¨ªa hecho de todo, desde actuar con firmeza hasta con delicadeza, y yo nunca me hab¨ªa retra¨ªdo. Pero no esperaba que pudiera aparecerse de nuevo ante m¨ªo si fuera inocente. No, as¨ª no era inocente, sino m¨¢s bieno esos sauces junto al r¨ªo que intentan seducir a quien sea que pase. ¡°Ah, entonces estoy muy interesada en escuchar qu¨¦ tiene que decir se?orita Minas,¡± me sent¨¦ frente a e. ¡°Cam, yo fui al parque de diversiones por trabajo, no ten¨ªa otra intenci¨®n, no te confundas,¡± trat¨® de defenderse primero. Ri¨¦ndome burlonamente, le respond¨ª directamente, ¡°Pero parece que t¨² te confundiste. Si te ped¨ª que te familiarizaras con el ambiente del parque de diversiones junto a Manuel, ?era necesario que fueras a quejarte con Sergio?¡± Inmediatamente neg¨® con cabeza, ¡°No me quej¨¦, fue Sergio quien me m¨®, y yo simplemente se lo mencion¨¦ sin pensar que ¨¦l¡­¡± No termin¨® frase, pero entend¨ª su punto. Sergio, en un arranque de ira por e, hab¨ªa cortado a su exprometida, e incluso podr¨ªa decirse que hab¨ªa cortado a su mano derecha. As¨ª que e no estaba aqu¨ª para explicarse, sino para rdear frente a m¨ª. Est¨¢ loco de amor, cuando le sube calentura no hay tonter¨ªa que noeta, eso no tiene nada de raro,¡± mis pbras hicieron que Zo¨¦ se sintiera inc¨®moda. Sin embargo, esboc¨¦ una sonrisa, ¡°Probablemente se?orita Minas todav¨ªa no sepa que sus amigos ¨ªntimos le han puesto un apodo, lo man ¡®Gran Nene¡®.¡± Cap¨ªtulo 120 Esto realmente pas¨®, pero esos hombres que sol¨ªan marlo as¨ª, ya hab¨ªan sido expulsados de su c¨ªrculo por ¨¦l, hasta el punto de no poder quedarse en San Jos¨¦ del Cabo, Sergio realmente era rencoroso, por suerte no ten¨ªa mucho poder, de lo contrario, cualquiera que lo ofendiera no tendr¨ªa d¨®nde correr. En tiempos antiguos, ¨¦l habr¨ªa sido el tipo de traidor que se sienta a derecha del rey. La cara de Zo¨¦ se volvi¨® a¨²n m¨¢s fea, sab¨ªa que har as¨ª de Sergio tambi¨¦n era insulta a e. Con cara roja de ira, dijo: ¡°Cam, ?c¨®mo puedes har as¨ª de ¨¦l? Despu¨¦s de todo, fue alguien a quien amaste. No difamar despu¨¦s de una ruptura es lo m¨ªnimo de decencia, nunca pens¨¦ que dir¨ªas algo as¨ª.¡± ?Estaba tratando de proteger a su futuro novio? ¡°?Decencia?¡± Respond¨ª con una sonrisa amarga, ¡°Eso es para alguien que lo merece. Se?orita Minas, cuando a¨²n eras esposa de alguien, jugabas a los besitos con el mejor amigo de tu esposo, enganch¨¢ndote con el prometido de otra mientras llevabas al hijo de tu difunto esposo, ?y t¨² has de decencia conmigo?¡± El rostro de Zo¨¦ pas¨® de rojo a nco en un instante, ¡°No hables sin sentido.¡± ¡°Lo que t¨² misma dijiste. Si alguien est¨¢ hando sin sentido, probablemente seas t¨²,¡± hice una pausa, mir¨¢nd fijamente, ¡°eso fue lo que dijiste aquel d¨ªa en el restaurante.¡± De repente, Zo¨¦ dej¨® de har,o si le hubieran quitado el aire. Despu¨¦s de un rato, pareci¨® recuperar el aliento, su voz temba, ¡°¨¦l me provoc¨®, no fui yo¡­¡± ¡°?Ah s¨ª? Se necesita de dos para el tango,¡± no le di ni un segundo para respirar. Zo¨¦ erao una cucaracha que no se puede astar, as¨ª que si quer¨ªa asegurarme de que no volviera a molestarme, ten¨ªa que ser imcable. Las l¨¢grimas de Zo¨¦ no estar¨ªa as¨ª, ¨¦l me lo debe todo.¡± E estaba muy agitada, temndo, no sab¨ªa si era verdad o mentira. Pero su familia pol¨ªtica odiaba despu¨¦s de muerte de su esposo, c¨®mo, a pesar de llevar el hijo de su difunto esposo, familia de este a¨²n despreciaba, algo me cruz¨® mente. De repente, sent¨ª un nudo en el est¨®mago y pregunt¨¦: ¡°?Qu¨¦ te debe Sergio?¡± Zo¨¦ movi¨® losbios,o si quisiera har, pero al mirarme, cerr¨® Pal boca. ?Ten¨ªa algo dif¨ªcil de decir? Cuanto m¨¢s actuaba as¨ª, m¨¢s curiosa me sent¨ªa, ¡°Zo¨¦, ?por qu¨¦ no has? ?No puedes decirlo, o simplemente est¨¢s mintiendo?¡± Zo¨¦ apret¨® losbios, ¡°Esto es asunto m¨ªo. Vine a decir que si se?orita G¨¢mez tiene un problema conmigo, que venga directamente a m¨ª, ?no hay necesidad de involucrar a otros.¡± Frunc¨ª el ce?o, pensando en el incidente en el que golpe¨¦ a Sergio, ?as¨ª que e vino a vengarse por Sergio? ¡°As¨ª que te refieres a cuando golpe¨¦ a Sergio,¡± dije directamente. ¡°Est¨¢ muy herido, le tuvieron que dar m¨¢s de diez puntos en parte posterior de cabeza, Cam, ustedes se amaron, ?c¨®mo pudiste ser tan cruel?¡± El tono de Zo¨¦, casip si ya fuera esposa de Sergio. Pero e todav¨ªa no lo era, pura verg¨¹enza propia, as¨ª que decid¨ª darle lo que buscaba. ¡°?Ah s¨ª? ?Solo unos cuantos puntos? Que no haya salido el cerebro ya es mostrar piedad,¡± mis pbras dejaron sin ha. ¡°?Sabes por qu¨¦ lo golpe¨¦? ?Sabes qu¨¦ intent¨® hacerme en oficina?¡± Mir¨¦ a Zo¨¦, ¡°¨¦l quiso forzarme, y tuve que defenderme. Hice lo que ten¨ªa que hacer. En realidad a¨²n me sorprende que actuara as¨ª, y ten¨ªa curiosidad de saber por qu¨¦. Pero ahora ya entiendo todo. Se?orita Minas, ?puede ser que,o t¨² est¨¢s embarazada, no puedes satisfacerleo siempre y por eso ¨¦l tiene que desahogar su deseo en m¨ª?¡± El rostro de Zo¨¦ se volvi¨® p¨¢lido, incapaz de decir una pbra m¨¢s. A pesar de eso, no tuve piedad, ¡°Se?orita Minas, ahora que sabes por qu¨¦ lo golpe¨¦, ?por qu¨¦ no vuelves a sudo para reflexionar un poco? Despu¨¦s de todo, t¨² fuiste una mujer casada con experiencia, resolver c¨®mo saciar el morbo de un hombre no deber¨ªa ser tanplicado, ?no?¡± EI Centímetro 121-130 Cap¨ªtulo 121 Zo¨¦ se qued¨® sin pbras despu¨¦s de lo que dije, parada ah¨ª, tan avergonzadao se puede estar. Y todo fue culpa suya. ¡°Se?orita Minas, si no tienes nada m¨¢s que hacer, mejor vete a casa temprano. Llevas un tesoro dentro y cualquier idente ser¨ªa terrible,¡± Le dije, noo una bu, sinoo un verdadero consejo. Si e quer¨ªa quedarse, definitivamente ten¨ªa sus razones, pero deber¨ªa ser m¨¢s cuidadosa, y no andar vagando por ah¨ª, mucho menos ir a lugares peligrososo los parques de diversiones. O¡­ A menos que, en el fondo, no quisiera a ese ni?o. Ese pensamiento de repente cruz¨® mi mente, caus¨¢ndome un sobresalto. Mir¨¦ a Zo¨¦ en cara, pero aparte de humici¨®n que sent¨ªa por mis pbras, no pude leer nada m¨¢s en su expresi¨®n. Dije lo que ten¨ªa que decir y liber¨¦ mi frustraci¨®n, luego me di vuelta. ¡°?De verdad ya no amas a Sergio? ?No quieres estar con ¨¦l?¡± voz de Zo¨¦ son¨® detr¨¢s de m¨ª. Me re¨ª, sin voltear, ¡°S¨ª, te lo cedo a ti.¡± Se lo dejaba, pero dudaba que pudiera mantenerlo. En estos d¨ªas,s iones infantiles y locas de Sergio me hicieron sentir que todav¨ªa ten¨ªa sentimientos por m¨ª, solo que no era consciente de ellos cuando est¨¢bamos juntos. En aquel momento que nos hab¨ªamos separado, ¨¦l estaba haciendo de todo para mar mi atenci¨®n. Parec¨ªa que lo suyo con Zo¨¦ no era amor verdadero, sino m¨¢s bien un impulso moment¨¢neo. Pero aun as¨ª, era algo que no pod¨ªa perdonar. Yo, Cam G¨¢mez, o no quiero nada o lo quiero todo para m¨ª. Mi hombre no puede haber sido tocado por otra mujer, ni tocar a otra. Si lo hace, lo abandono. Entonces mejor no vuelvas a verlo, ni siquiera te cruces con ¨¦l,¡±s pbras de Zo¨¦ me dejaron sin pbras. ro, tambi¨¦n me hizo darme cuenta de que esta mujer realmente ten¨ªa sentimientos por Sergio, aunque no fueran verdaderos, quer¨ªa aferrarse a este hombre que pod¨ªa mantene y darle deer, incluso darle una tarjeta para gastaro le diera gana. Justo llegu¨¦ al elevador, gir¨¦ cabeza hacia e con una sonrisa burlona, ¡°?Qu¨¦ tal si me das un mill¨®n y me retiro a vivir ens monta?as? As¨ª tendr¨¢s lo que deseas.¡± Zo¨¦ se puso p¨¢lida otra vez, jugueteando con el borde de su falda. E hab¨ªa dicho antes que no ten¨ªa dinero, que por eso usaba tarjeta de Sergio. Mis pbras erano una bofetada para e. Las puertas del elevador se abrieron, entr¨¦ sin preocuparme por c¨®mo se ve¨ªa Zo¨¦. Volv¨ª a habitaci¨®n quepart¨ªa con Mire, sin saber qu¨¦ hacer, as¨ª que decid¨ª buscar alguna serie que Mire hab¨ªa mencionado y empec¨¦ a ve. Result¨® ser bastante buena, ya hab¨ªa visto cinco episodios cuando escuch¨¦ una voz fuera de puerta, era Jorge, ¡°Mart¨ªnez, dile a se?orita G¨¢mez que venga a mi habitaci¨®n en diez minutos.¡± ¡°Vale,¡± Mire respondi¨®, entrando sin que yo viera su cara primero, sino sus zapatos vndo. ¡°Estoy exhausta, ?esto es trabajo de humanos?¡± murmur¨® Mire mientras caminaba hacia adentro. Dej¨¦ mi tel¨¦fono y palmee el sof¨¢ a mido, ¡°Ven, te dar¨¦ un masaje.¡± Mire se acerc¨®, pero en lugar de acostarse, me abraz¨®, ¡°Cami, por favor vuelve. No podemos sin ti.¡± Le di palmaditas en cabeza, ¡°Si quieres asumir grandes responsabilidades, tienes que soportar grandes sufrimientos. Ve a tomar un ba?o y a dormir.¡± ¡°No quiero ba?arme, solo quiero dormir die ver panta de mi tel¨¦fono se desinfl¨°, ¡°Cami, eres cruel.¡± Le sonrel una madre, ¡°Tranqu, cuando termines de trabajar y tengas vacaciones, podr¨¢s ver seriess 24 horas del d¨ªa.¡± Mire resopl¨®, pero antes de entrar a su habitaci¨®n, dijo, ¡°Jorge quiere que vayas a su habitaci¨®n.¡± ¡°Bueno,¡± de hecho, ya lo hab¨ªa o¨ªdo. ¡°Cami, de repente me doy cuenta de que Jorge no es nada lindo, he cambiado de ser su fan a un hater,¡± me hizo querer re¨ªr, evidentemente Jorge hab¨ªa mandado mucho ese d¨ªa, Cap¨ªtulo 122 Sin embargo, ¨¦l siempre ha sido muy bueno conmigo y, dada su ¨ªndole recta honorable de se?or soldado, no creo que trate a Mire de manera diferente. Reflexionando sobre ello, esper¨¦ veinte minutos antes de dirigirme a habitaci¨®n de Jorge. ¨¦l me hab¨ªa pedido que esperase diez minutos m¨¢s, supuse que era porque necesitaba asearse y cambiarse de ropa. Tal yo pens¨¦, Jorge me recibi¨® con el cabello a¨²n mojado y vestido con ropa mucho m¨¢s holgada, llevandos pantus del hotel. ¡°Solo entra,¡± fueron sus ¨²nicas pbras. En cuanto entr¨¦, not¨¦ su port¨¢til encendido. Me acerqu¨¦ y fui directo al grano, ¡°?Qu¨¦ nuevo problema hay ahora?¡± ¡°Est¨¢ en un documento en el escritorio, ¨¢brelo y mira,¡± dijo Jorge justo cuando el agua que hab¨ªa puesto a hervir estaba lista. Me sent¨¦ y abr¨ª el escritorio de suputadora, esperaba encontrarlo organizado, dado su car¨¢cter, pero me equivoqu¨¦; estaba lleno de documentos y archivos. Por suerte, no sufr¨ªa de ustrofobia, de lo contrario, habr¨ªa sentido mareos de inmediato. Ante todos esos documentos saturados, no tuve m¨¢s remedio que preguntarle, ¡°Hay muchos archivos en tu escritorio, ?cu¨¢l es?¡± Jorge: ¡°El que se ma YLC.¡± Segu¨ª sus instriones yenc¨¦ a buscar en panta, tal vez porque hab¨ªa pasado mucho tiempo viendo series, mis ojos estaban cansados y me cost¨® encontrarlo. ¡°Jorge, no est¨¢,¡± le dije, gir¨¢ndome hacia ¨¦l. ¨¦l estaba preparando una infusi¨®n, era t¨¦ de manzani con miel, pude olerlo. Bueno, deja very dijo, acerc¨¢ndose, pero entonces son¨® su tel¨¦fono. Mir¨® el numero y me dijo, Un momento.¡± Esper¨¦, aprovechando para buscar el archivo nuevamente. Mientras revisaba de nuevo panta en busca del archivo, escuch¨¦ c¨®mo atend¨ªa mada. No s¨¦ qu¨¦ le dijeron, pero ¨¦l respondi¨®, ¡°Hemos firmado un acuerdo, no acepto cambios, ni siquierapensaciones¡­ No, no hay discusi¨®n.¡± La mada fue r¨¢pida, tanto que no termin¨¦ de revisar todos los archivos en suputadora. En realidad, no me preocupaban cantidad de documentos, lo peor era que todos los nombres estaban en sis. Jorg¨¦ se acerc¨® con el t¨¦ preparado y lo dej¨® junto a m¨ª, ¡°Para ti.¡± ¡°Gracias,¡± dije, y justo entonces sent¨ª c¨®mo se tensaba mi espalda, seguido por el brazo de Jorge envolvi¨¦ndome en un medio abrazo y se?ndo un archivo en panta. ¡°Est¨¢ aqu¨ª.¡± Su voz era baja y atractiva, y ¨¦l estaba tan cerca que casi pod¨ªa sentir su barbi sobre mi frente; un peque?o movimiento y nuestros cuerpos se tocar¨ªan. Lo peor era su aroma, una mez de olor a jab¨®n y a champ¨², excepcionalmente fresco y agradable. En ese instante, sent¨ªo si toda mi sangre se calentara, hirviendo¡­ Como si estuviera atrapada, mi cuerpo se rigi¨®, y mi mente qued¨® en nco¡­ ¡°¨¢brelo, te explicar¨¦,¡± dijo Jorge, al ver que no me mov¨ªa. Apuradamente, mov¨ª el rat¨®n para abrir el archivo que ¨¦l hab¨ªa se?do, pero en ese instante, no logr¨¦ encontrarlo de nuevo. ¡°Aqu¨ª,¡± su mano cubri¨® m¨ªa, gui¨¢ndome hacia el archivo y luego, con un par de clics r¨¢pidos, lo abri¨®. El documento se abri¨®, pero todo lo que estaba escrito se ve¨ªa borroso ante mis ojos, porque en ese momento todos mis sentidos estaban eclipsados por Jorge, ni siquiera escuch¨¦ lo que dijo. Hasta que pregunt¨®, ¡°?Entiendes?¡± ¡°No,¡± respond¨ª, y luego me inclin¨¦ hacia undo, ¡°Jorge, est¨¢s demasiado Cap¨ªtulo 123 Al decir eso, incluso yo sent¨ª verg¨¹enza No pude evitar reprocharme por ser tan directa, pensando que Jorge tambi¨¦n se sentir¨ªa inc¨®modo. Pero no se alej¨® de m¨ª de inmediato, sino que despu¨¦s de casi diez segundos, respondi¨® con un, ¡°Ah.¡± ?Ah? ?Tan tranquilo?! Levant¨¦ mirada hacia ¨¦l, y fue entonces cuando se enderez¨® lentamente y dijo, ¡°Tienes problemas de vista, te dije d¨®nde estaba y aun as¨ª no pudiste encontrarlo, ?c¨®mo iba a ayudarte si no me acerco?¡± Su explicaci¨®n ten¨ªa sentido,o si yo hubiera pensado demasiado, volvi¨¦ndome impura de pensamiento. Jorge se movi¨® con naturalidad hacia undo, tom¨® una tableta para trabajar en algo, y yo, despu¨¦s denzarle unas cuantas miradas furtivas, tom¨¦ un sorbo de agua del vaso que ten¨ªa cerca para calmar mi mente y regresar al trabajo. Hab¨ªa algunos peque?os errores en el documento que Jorge hab¨ªa marcado, pero nada grave. ¨¦l mismo podr¨ªa haberlos corregido, si necesitaba confirmar algo conmigo, una mada habr¨ªa sido suficiente. Hacerme esperar hasta tan tarde para ver esto, me parec¨ªa un poco excesivo. ?Ser¨ªa que lo hizo a prop¨®sito? No pude evitar mirarlo de reojo otra vez pero ¨¦l trabajaba seriamente, ni siquiera me mir¨® una vez, lo que me hizo sentiro si fuera yo que pensaba demasiado. Aun as¨ª, termin¨¦ de corregir los problemas que hab¨ªa marcado, y luego lo mir¨¦, pero cuando gir¨¦ cabeza me qued¨¦ at¨®nita, viendo a Jorge dormido, abrazando tableta y medio acostado en si del hotel. Antes pensaba que ¨¦l era de los que nunca se cansaban, pero ahora veo que estaba equivocada. Es humano, no un dios, ?c¨®mo no va a cansarse? Adem¨¢s, incluso los dioses duermen,o el dios celestial de serie que estaba siguiendo aquel d¨ªa. Sin hacer ruido, simplemente me qued¨¦ mir¨¢ndolo, viendo c¨®mo su rostro rjado y su piel bronceada le daban un aire muy masculino. Su nariz era recta y bajo luz, mientras dormia, parecia tan guapoo el protagonista de una serie de televisi¨®n, embellecido con efectos especiales. Pensando eno Mire se quejaba de estar cansada, Jorge sin duda debia estar a¨²n m¨¢s agotado. Estos dias, trabajando juntos, aunque ocasionalmente me pedia hacer esto aquello, el tambi¨¦n tenia que subir y bajar constantemente, no solo gastando energia fisica sino tam ¡®n mental para ajustars luces. Definitivamente, el estaba m¨¢s cansado Detuo haberse quedado dormido de pura fatiga De repente, una brisa hizo ques cortinas ondearan y senti un escalofrio Mirando a Jorge, vestido con una camiseta de manga corta, me levant¨¦ silenciosamente y fui a buscar una manta para cubrirlo No sabia si fue mi movimento el que lo desperto o si el tenia un sue?o Egero, pero justo cuando le ponia manta encima, abri¨® los ojos y su mano agarro mia Y con fuerza, tanta que por un momento sentio si me astara los huesos. ¡°Me duele, susurre El afici¨® un poco mano, pero no solo, simplemente me mir¨®. ¨¦l afloj¨® En ese momento, estaba tan cerca de ¨¦ que podia ver mi propia ansiedad reflejada en sus ojos. Y estando tan cerca, tambi¨¦n pude ver sus p¨¢rpados sombrios y sus oscuros ojos No dio nada, y misbi temban, pero por alguna raz¨®n, no logr¨¦ decir nada, y asi nos quedamos, mir¨¢ndonos en silencio¡­ Hasta que mis piernas, inclinadas,enzaron a sentirse entum tembl¨¦, a punto de caerme, cuando ¨¦l me sostuvo con otra mano. Ahora ¨¦l ten¨ªa ambas manos sobre mi, volv¨ª en mi y me apresur¨¦ a explicar, ¡°Es que¡­ te vi dormido y te cubri con una manta para que no te enfriaras¡­¡± Despu¨¦s de decirlo, senti que no era suficiente y r¨¢pidamente a?adi, ¡°No te confundas, no tenia otra intenci¨®n, solo solo no quer¨ªa que te enfermaras y eso afectara el ajuste.¡± Termin¨¦ de har e intent¨¦ retirar mis manos, queriendo escapar, pero Jorge no me solt¨®, sino que me jalo hacia ¨¦l. Ya estaba inestable, y con ese movimiento casi caigo sobre ¨¦l, ¡°Jor ¡°?As¨ª que solo te preocupa que si caigo enfermo, el ajuste se afecte?¡± Su voz, reci¨¦n despertado, era ronca Mi coraz¨®ntia fuertemente, mi respiraci¨®n era apresurada, y hasta sentias mejis arder, Cap¨ªtulo 124 Al caer pbra, Jorge apret¨® a¨²n m¨¢s mano que me ten¨ªa agarrada. Sus ojos se contrajeron un poco, y algo fugaz pas¨® por el fondo de ellos. La fuerza en mi mano desapareci¨®, y ¨¦l me solt¨®. R¨¢pidamente me hice a undo, frot¨¢ndome el lugar que me hab¨ªa dolorido por su agarre. ¡°Ya corregi todo lo que marcaste, ?quieres revisarlo ahora?¡± Pregunt¨¦. No parec¨ªa el momento adecuado de preguntar eso, pero lo hice sin saber por qu¨¦. Jorge no se movi¨®, todav¨ªa reclinado en si, incluso volvi¨® a cerrar los ojos. ¡°No hace falta, vete a descansar.¡± ¡°Oh, entonces buenas noches,¡± dije, gir¨¢ndome para irme. ¡°M,¡± de repente Jorge me m¨® desde atr¨¢s. Vacil¨¦, ?qu¨¦ me m¨®? M¡­ Ese era mi apodo, solo mis padres, mientras viv¨ªan, me maban as¨ª, y ocasionalmente Virginia lo hac¨ªa, pero e sol¨ªa marme Cami. Pero escuch¨¦ ro, Jorge me m¨® M. Sorprendida, me volv¨ª hacia ¨¦l, ¡°?Dijiste algo?¡± ¡°Nada,¡± segu¨ªa con los ojos cerrados, ¡°Cierra puerta al salir.¡± Lo mir¨¦ fijamente unos segundos, luego me fui, cerrando puerta con fuerza a mi paso. Al salir del cuarto de Jorge, no regres¨¦ de inmediato a habitaci¨®n quepart¨ªa con Mire, sino que me qued¨¦ en el pasillo apoyada contra pared, tratando de calmar mi respiraci¨®n y mi aceleradotido de coraz¨®n. Pero cuanto m¨¢s lo intentaba, m¨¢s recordaba el moment nos miramos, y c¨®mo ¨¦l me rode? Finalmente, tuve que darme palmadas en cabeza, forz¨¢ndome a volver a mi habitaci¨®n y a acostarme a dormir. Para evitar seguir pensando en ¨¦l, encend¨ª mi celr y vi que ten¨ªa varios mensajes de WhatsApp sin leer. Ha uno de Virginia, que dec¨ªa: De veras no entiendo por qu¨¦ los hombre de basura siempre viven mejor que otros. Sergio solo sangr¨® un poco, no muri¨® ni se hiri¨® gravemente. Sonrei al leerlo y respondi: Tranqu, pr¨®xima vez te juro que lo golpear¨¦ m¨¢s fuerte. Virginia no respondi¨®, no sab¨ªa si se hab¨ªa dormido o estaba de nuevo en cirug¨ªa. Sali de nuestra conversaci¨®n y abr¨ª de Pablo, quien me hab¨ªa enviado varios mensajes, tambi¨¦n sobre Sergio. Mensaje uno: Explotar cabeza de tu ex, impresionante, chiqui. Mensaje dos: Entre nos, bien hecho. Mensaje tres: Si hubieras tenido esa determinaci¨®n antes, tal vezs cosas no habr¨ªan llegado a este punto. Mensaje cuatro: Sergio siempre ha sido de los que necesitan un buen golpe para mantenerse apasionados. Al leer el ¨²ltimo mensaje de Pablo, me vino a mente cara de Zo¨¦, actuando toda fr¨¢gil ystimosa frente a m¨ª, ?c¨®mo ser¨ªa frente a Sergio? ?Se cansar¨ªa Sergio de eso con el tiempo? Despu¨¦s de distraerme un momento, pens¨¦ en lo que Zo¨¦ me dijo sobre lo que Sergio le deb¨ªa, lo que le hab¨ªa arruinado, as¨ª que le escrib¨ª a Pablo: Pablo, ?Sergio le debe algo a¡­ Zo¨¦? Era tarde, y Pablo no respondi¨®, as¨ª que despu¨¦s de unos segundos insist¨ª: 20 tal vez Sergio le deb¨ªa algo a Miguel? Mir¨¦ panta por unrgo rato sin recibir respuesta, as¨ª que dej¨¦ el tel¨¦fono a undo, prepar¨¢ndome para dormir. Fue entonces cuando escuch¨¦ en el silenzi E Jorge, tu, que Inhumano¡­¡± Me rel, gir¨¢ndome hac¨ªa Mire que haba dormida en cama de enfrente. ?Tan mal hab¨ªa tratado Jorge que hasta en sus sue?os lo insultaba? La imagen de mi encuentro con Jorge Volvi¨® a mi mente, pero esta vez no me senti tan nerviosa ni acaloradao antes, y pensando en ello, me qued¨¦ dormida. Incluso so?¨¦ con Jorge, pero era un Jorge m¨¢s joven, corriendo tras de m ¡°M, ten cuidado, no te caigas¡­¡± Cap¨ªtulo 125 Al despertar esa ma?ana, a¨²n ten¨ªa ese sue?o rondando en mi cabeza. Era segunda vez que Jorge aparec¨ªa en mis sue?os, lo que me hizo preguntarme si acaso lo ha conocido antes. Dejando a undo ese sue?o, ¡± Era raro que esa se?orita dormilona despertara sin necesidad de un despertador. Sab¨ªa a qu¨¦ se refer¨ªa, as¨ª que lenc¨¦ una mirada en lo que le dec¨ªa: ¡°?Qu¨¦ quieres decir con ¡®volv¨ª a dormir aqu¨ª¡°?¡± Mire sonri¨® con malicia dici¨¦ndome: ¡°Pens¨¦ que hab¨ªas pasado noche con Jorge¡­¡± La interrump¨ª: ¡°?Qu¨¦ est¨¢s pensando? ?Acaso en tu mente no hay nada de seriedad?¡± ¡°Entre un hombre y una mujer, ambos solteros, ?no es normal que se quieran?¡± Coment¨® Mire. No hab¨ªa error en lo que dec¨ªa, en cambio rebat¨ª: ¡°Pero eso no significa que puedas amar al primero que aparezca.¡± Mire se acerc¨® con almohada hacia el borde de mi cama diciendo: ¡°Cami, ?sabes? Realmente quisiera ver a Jorge, ese hombre tan reservado, bajando de su pedestal.¡± ¡°?Eh?¡± No entend¨ª a qu¨¦ se refer¨ªa. E se explic¨®: ¡°Me refiero a que quisiera ver c¨®mo ¨¦l, un hombre tan serio, pierdepostura al estar en intimidad con una mujer.¡± Las pbras de Mire me hicieron re¨ªr y le dije mientras me sentaba: ¡°Si realmente quieres saber, tendr¨¢s que experimentarlo por ti misma, porque aunque alguien m¨¢s lo haga, t¨² no podr¨¢s verlo.¡± Mire se sent¨® tambi¨¦n haci¨¦ndome podr¨ªas contarmelo.¡± queda at¨®nita mir¨¢nd fijemente le pregunt¨¦ ¡°?Quieres que grabe un video pera ti? Si s¨ª, por favor. No se cort¨® ni un podo Le almohada, pero Mire atrap¨® h¨¢bilmente y me dijo: ¡°Cam, ?paso algo entre t¨² y Jorge anoche?¡± Su pregunta hizo ques im¨¢genes de Jorge acerc¨¢ndose a m¨ª para buscar documentos y yo cubri¨¦ndolo con una manta cruzaran por mi mente¡­ Mi silencio dej¨® que Mire lo interpretarao una confirmaci¨®n, saltando de su cama a m¨ªa de inmediato indagando: ¡°?De verdad pas¨® algo entre ustedes?¡± ¡°No, deja de imaginar cosas¡± Lo negu¨¦, tratando de levantarme de cama. Mire me detuvo y me anim¨®: ¡°Vamos, Cami, cu¨¦ntame.¡± ¡°No hay nada que contar, y deja de emparejarme con Jorge, no servir¨¢ de nada, ¨¦l no es mi tipo.¡± Dije, tratando de poner fin a conversaci¨®n. Me levant¨¦ de cama hacia el ba?o, mientras Mire suspiraba detr¨¢s de m¨ª sacando conclusiones: ¡°Es verdad, despu¨¦s de tantos a?os con el presidente V¨¢squez, no es f¨¢cil que te fijes en otro.¡± Me re¨ª burlonamente, sin responder. Despu¨¦s de alistarme, Mire y yo nos preparamos para ir a desayunar, pero justo al salir, nos encontramos de frente con Jorge. Llevaba pantalones de camuje y una camiseta negra. Se ve¨ªa imponente. Por alguna raz¨®n, sent¨ª calor detr¨¢s des orejas. ¡°Jorge, ?y eso que hoy no fuiste temprano a trabajar?¡± Mire definitivamente haba antes de pensar. Jorge me mir¨® al responder: ¡°No quer¨ªa ir.¡± Mire se qued¨® sin pbras, pero luego solt¨® una risita proponiendo: ¡°Entonces, desayunemos juntos y luego vamos todos.¡± Jorge no dijo nada, y yo sent¨ª verg¨¹enza ajena. En cambio, Mire estabao si nada, se colg¨® de mi brazo dici¨¦ndome: ¡°Cam, despu¨¦s podr¨ªas 13:15 levarnos a Jorge y a m¨ª al parque de diversiones, y t¨² sigues con tu trabajo.¡± Me rei sarcasticamente: ¡°?Y t¨² me vas a pagar el srio?¡± 3/3 Cap¨ªtulo 126 Jorge, ?qu¨¦ tal?¡± Mire luego dirigi¨® su mirada hacia Jorge: ¡°?Te parece, Jorge? Cuando pens¨¦ que Jorge definitivamente iba a rechazar, escuch¨¦ que dec¨ªa: ¡°Si e quiere, est¨¢ bien.¡± Mire me pellizc¨® el brazo dolorosamente, parpadeando fren¨¦ticamenteo si hubiera sentido algo diferente en el aire. ?Ese Jorge disfrutaba molestar a los dem¨¢s? No pod¨ªa creer que hubiera dicho eso. No le di a Mire oportunidad de chismear, y con una leve sonrisa respondi: ¡°No me falta dinero, no voy a ir.¡± ¡°Amiga¡­¡± Protest¨® Mire. Jorge solo me mir¨® en silencio. Durante el desayuno, mi tel¨¦fono son¨®, era Josefina desde enfrente m¨¢ndome, pens¨¦ que ya hab¨ªa arredos cosas, as¨ª que contest¨¦: ¡°Josefina¡­¡± ¡°Cami, siento mucho molestarte tan temprano.¡± Josefina fue muy cort¨¦s. ¡°No hay problema, dime.¡± Dije mientras beb¨ªa leche de almendra. Eenz¨® a explicarme: ¡°Lo del alquiler que mencionaste, habl¨¦ con el otrodo, pero no est¨¢n de acuerdo, ni siquierapensaci¨®n funciona, as¨ª que esto¡­¡± La voz de Josefina me son¨® familiar,o si hubiera escuchado algo simr antes. ¡°Cami, no te preocupes por nada, ya he investigado al hombre del alquiler, no tiene antecedentes penales, tampoco malos h¨¢bitos, y adem¨¢s es un hombre guapo, y tambi¨¦n fue un¡­¡± Justo en ese momento, Jorge me m¨®. ¡°Se?orita G¨¢mez, ?me dar¨ªas tu huevo frito?¡± Jorge se?al¨® el huevo en mi to. Me qued¨¦ sorprendida, incluso no escuch¨¦ lo que Josefina estaba diciendo, al final solo pude decir ¡°est¨¢ bien y colqu¨¦ para mirar a Jorge, Sino est¨¢s de acuerdo, olvidalo.¡± Jorge entonces procedi¨® a pr un huevo. cocido. *Jorge, ya no quiero mi huevo frito, puedes¨¦rtelo¡± Mire, siempre tan entusiasta, dijo mientras levantaba su propio huevo frito. ¡°No hace falta, ya no tengo ganas.¡± Jorge rechaz¨® fr¨ªamente otra vez. No dije nada, me qued¨¦ vi¨¦ndolo tragarse el huevo cocido de un bocado, lo cual me caus¨® n¨¢useas. Tuve sensaci¨®n de que realmente no quer¨ªa el huevo frito. ?Pero por qu¨¦ de repente quer¨ªa mi huevo frito? Antes de que pudiera resolverlo, Jorge ya hab¨ªa terminado suida, se levant¨®, tom¨® su moch y dijo: ¡°Contin¨²en, yo me voy.¡± Mire lo vio irse y luego dijo: ¡°Cam, no es que no quisiera el huevo frito, quer¨ªa el tuyo.¡± ¡°?C¨®mo? ?Comer este huevo frito te hace inmortal?¡± Dije mientras levantaba el huevo con los cubiertos y le daba una mordida. ¡°Cami, Jorge es diferente contigo, t¨² le gustas.¡± Las pbras de Mire me hicieron atragantarme. Despu¨¦s de toser un par de veces y tomar un sorbo de leche de almendra le pregunt¨¦: ¡°?Solo porque quer¨ªa mi huevo frito?¡± ¡°No, es por c¨®mo te trata, y manera en que te mira, incluso es¡­¡± Mire chasque¨® lengua dos veces: ¡°Es indescriptible, pero es esa sensaci¨®n,o de chispa.¡± Ya no era una adolescente para no darme cuenta. Desde primera vez que Jorge habl¨® directamente de casarse, lo supe. Solo que despu¨¦s suportamiento me hizo pensar que estaba exagerando, pero en los ¨²ltimos d¨ªas, incluyendo desde noche anterior hasta ese momento, parec¨ªa que realmente ten¨ªa pensamientos hacia m¨ª. ¡°?Y qu¨¦ con eso? Ya dije que no me gusta.¡± Dije justo cuando sent¨ª que alguien m¨¢s se acercaba a mesa. Al levantar vista, vi a Jorge regresando, mir¨¢ momento inc¨®modo hizo que mis dedos se contrajeran instant¨¢neamente, y Mire, hizo lo mismo que yo, pero luego e solt¨® una risita: ¡°?Jorge, volviste? Est¨¢bamos hando del ex prometido de Cami, e dijo que¡­¡± ¡°Ya s¨¦.¡± Jorge interrumpi¨®, mir¨¢ndome fijamente. Cap¨ªtulo 127 La situaci¨®n era verdaderamente inc¨®moda, pero era mejor que ¨¦l lo supiera. Jorge recogi¨® su celr que lo hab¨ªa dejado sobre mesa y se fue, dejando a Mirepletamente preocupada. Yo no le di importancia, porque nunca tuve intenci¨®n de desarror algo con Jorge, as¨ª que no me importaba si se enfadaba o malinterpretabas cosas. Despu¨¦s de todo, nuestro encuentro hab¨ªa sido casual y tampoco tenia nes de volver a enamorarme. No era que una decepci¨®n amorosa me hubiera dejado sin ganas de amar, simplemente no estaba de ¨¢nimos. Despu¨¦s del desayuno, neaba llevar a Mire al trabajo y luego ir a una entrevista. Hab¨ªa enviado mi curr¨ªculum el d¨ªa anterior y me sorprendi¨® recibir tan pronto una invitaci¨®n para entrevistarme, pero conseguir trabajo r¨¢pido siempre era algo bueno. Sin embargo, al llegar al estacionamiento -me encontr¨¦ con el auto de Manuel. ¨¦l par¨®, baj¨® del carro y abri¨® puerta. de atr¨¢s, de donde sali¨® Sandra. Hab¨ªan ido a buscarme. ¡°Sandra.¡± Me acerqu¨¦ para saludar. ¡°Cami.¡± Sandra tom¨® mi mano y de repenteenz¨® a llorar. No supe c¨®mo reionar ante su nto, as¨ª que mir¨¦ a Manuel. ¨¦l le pas¨® un pa?uelo para que se secaras l¨¢grimas mientras le dec¨ªa: ¡°Mam¨¢, as¨ª vas a asustar a Cami, ?por qu¨¦ lloras? Mejor h¨¢lo.¡± Sandra se sec¨®s l¨¢grimas con el pa?uelo que le ofreci¨® Manuel, luego me dijo: ¡°Cami, vamos a casa, ?podemos har alli?¡± Mir¨¦ a Manuel buscando una explicaci¨®n y me dijo: ¡°Mi mam¨¢ intent¨® marte pero no pudo contactarte, tampoco respondiste sus mensajes. Estaba muy preocupada, no durmi¨® en toda noche y me pidi¨® que trajera a buscarte desde temprano. Ya se enter¨® de lo que hizo Sergi.¡± Supuse que ven¨ªa por esp. ¡°Sandra, podemos sentarnos en el restaurante de aqu¨ª a har. Seguro tampoco desayun¨®, podemoser mientras chamos.¡± Sugeri, sin querer ir a casa de familia V¨¢squez. Sandra nego con cabeza: ¡°No tengo apetito.¡± Entonces solo hamos.¡± Insisti, y finalmente acept¨®, Mir¨¦ a Manuel dici¨¦ndole: ¡°Ll¨¦vate a Mire al parque de diversiones, yo har¨¦ con tu mam¨¢ y luego llevar¨¦ de vuelta.¡± Manuel mir¨® a su madre y luego asinti¨® hacia mi: ¡°Te lo agradezco.¡± Mire sigui¨® a Manuel, y yo llev¨¦ a Sandra al restaurante. Intent¨® detenerme cuando fui a pedir el desayuno, pero insist¨ª en pedir lo que usualmente le gustabaer. ¡°Cami, ya me enter¨¦ des tonter¨ªas que hizo ese Sergio, no te culpo, ¨¦l se lo merecia.¡± Dijo Sandra, haciendo que bajara mirada. ¡°Cami, fui yo quien no lo educ¨® bien, permit¨ª queetiera tantos errores y que testimara.¡± Continu¨® Sandra, ramente consternada. Mordi mibio: ¡°Sandra, esto no tiene nada que ver con usted, es culpa de Sergio, ¨¦l ya no es un ni?o.¡± Aunque no sab¨ªa cu¨¢l era el verdadero motivo de visita de Sandra, estaba segura de una cosa: e intentaba emocionalmente convencerme de perdonar a Sergio. En realidad, perdonarlo o no ya no ten¨ªa importancia, pero tem¨ªa que Sandra, quisiera que volvi¨¦ramos a estar juntos. Sandra asinti¨®: ¡°Tienes raz¨®n, as¨ª que por favor no te sientas culpable por nada.¡± ¡°Sandra, est¨¢ pensando demasiado, no me siento culpable porque no he hecho nada mal.¡± Dije con convi¨®n, dejando a Sandra sorprendida. E asinti¨® de nuevo: ¡°S¨ª, s¨ª, no hiciste nada mal, es error de Sergi.¡± No dije nada m¨¢s, y Sandra continu¨®: ¡°Cami, tu renuncia tambi¨¦n ha molestado al se?or V¨¢squez. Sergio te pedir¨¢ personalmente que regreses para disculparse.¡± Capitulo 128 Esa conversaci¨®n realmente me tom¨® por sorpresa. Sin embargo, continu¨¦: Sandra, ya renuncie y tambi¨¦n apliqu¨¦ otro trabajo. Hoy tengo una entrevista.¡± ¡°?Qu¨¦? ?Tan pronto?¡± Sandra estaba realmente sorprendida. ¡°Sandra, de hecho, desde el d¨ªa que no nos casamos, ya hab¨ªa neado renunciar.¡± La mir¨¦ sin sentirme culpable en lo m¨¢s m¨ªnimo. ¡°Sandra, seguir trabajando en misma empresa despu¨¦s de separarme de ¨¦l iba a ser inc¨®modo para ambos. As¨ª que, aunque Sergio no quer¨ªa que renunciara, yo neaba dejar empresa despu¨¦s de terminar el proyecto del parque de atriones.¡± Le confes¨¦ todo lo que pensaba. Sandra neg¨® con cabeza diciendo: ¡°No tienes que hacer eso, Cami. Si te sientes inc¨®moda, podr¨ªas irte a una sucursal o a otro departamento, alejarte un poco de ¨¦l y ya.¡± ¡°Sandra, s¨¦ que te preocupa que sufra afuera, pero aun as¨ª quiero probar otras oportunidades.¡± Le expliqu¨¦ mi posici¨®n. Sandra ten¨ªa l¨¢grimas en los ojos mientras me miraba, finalmente sacudi¨® cabeza: ¡°?C¨®mo puede ser esto? No importa que no puedas ser mi nuera, ?pero tampoco quieres quedarte en empresa? Cami, ?est¨¢s tratando de alejartepletamente de nosotros?¡± Su dolor me pesaba en el coraz¨®n, m¨¢s de una d¨¦cada juntos no pod¨ªa ser sin sentimientos. ¡°Sandra, seguir¨¦ visit¨¢nd a usted y al se?or.¡± Le dije para cons. Al escuchar mis pbras, Sandra se sec¨®s l¨¢grimas: ¡°Cami, dime, ?es que tienes un nuevo novio y temes que le importe tu pasado con Sergi?¡± Me re¨ª al escuchar eso. No ten¨ªa nada con Jorge, pero todo el mundo pensaba que est¨¢bamos juntos. ¡°Sandra, no tengo novio ahora, y aunque lo tuviera, ¨¦l no tiene derecho a interferir en mi vida. Est¨¢s pensando demasiado.¡± Le expliqu¨¦. Cistonces prom¨¦t¨¦me que no dejar¨¢s empresa.¡± Sandra hizo una pausa Al menos ast, cuando te extra?e, podr¨ªa marte y verte.¡± Era el tipo de apego que una madre siente por su hija. Pero aun as¨ª, no edi y simplemente dije: ¡°Sandra, aurique deje empresa, seguir¨¦ trabajando aqui, no me ir¨¦ lejos. Si me extra?as, puedes marme cuando quieras.* Sandra no dijo nada por un buen rato. Pens¨¦ que con eso bastar¨ªa, pero luego agreg¨®: ¡°Cami, hay algo que quiero decirte pero me da miedo, no quiero que te enfades.¡± Eso hizo que mi coraz¨®n se saltara untido, ramente lo que quer¨ªa dec me pondr¨ªa en una situaci¨®n dif¨ªcil o algo que no querr¨ªa escuchar. ¡°Entonces mejor no lo digas.¡± Cort¨¦ su pbra siguiendo su l¨ªnea. Sandra parec¨ªa sorprendida por mi respuesta directa, pero luego sonri¨® y dijo: ¡°Pero debo decirlo, despu¨¦s de todo, concierne a tu felicidad.¡± No por nada era esposa del director, siempre encontraba una manera de proceder. Sonre¨ª ligeramente: ¡°Entonces d¨ªgalo.¡± ¡°Cami, el se?or nea dejar que Manuel se desarrolle por su cuenta, registr¨¢ndole una empresa. ?Te gustar¨ªa ayudarlo?¡± Sandra dijo eso de manera muy sutil, pero entend¨ª su intenci¨®n. Eso no era sobre ayudar a Manuel, sino sobre emparejarme con ¨¦l despu¨¦s de que lo m¨ªo con Sergio no funcionara. Me hizo pensar en un dicho: no dejes que el agua de tu propio estanque se vaya a otro campo. La chica que criaron, si no se casaba con Sergio, entonces deber¨ªa casarse con el mayor, de todos modos no quer¨ªan que me fuera. ¡°Se?ora.¡± La m¨¦, siendo directa: ¡°?Qu¨¦ cree que pasar¨ªa con cara de Sergio si yo estuviera con Manuel? ?C¨®mo podr¨ªan los hermanos llevarse bien despu¨¦s?¡± Losbios de Sandra temron, y finalmente dijo: ¡°Pero yo no puedo soportar verte ir, realmente no quiero que te aloinn ¨C Cap¨ªtulo 129 En ese punto, aunque Sandra tuviera otros pensamientos, ya no era oportuno decir m¨¢s. E asinti¨®: ¡°Cami, en mi coraz¨®n ereso mi propia hija.¡± Si realmente me hubiera considerado su hija, no hubiera tenido idea de que yo estuviera con Manuel. ro, tambi¨¦n era posible que hubiera sido Manuel quien se lo sugiriera, despu¨¦s de todo, ya me hab¨ªa confesado sus sentimientos. ¡°Entonces, cuando Manuel y Sergio tengan tiempo, hagamos una reuni¨®n para calmars cosas y esrecer nuestro v¨ªnculo.¡± Al decir eso, vi un destello en los ojos de Sandra. sab¨ªa Era ro que e no quer¨ªa aceptarmeo su hija de verdad, pero bien cu¨¢nto me hab¨ªa cuidado esos diez a?os, y no quer¨ªa malinterpretar sus intenciones. ¡°Est¨¢ bien.¡± edi¨® Sandra. La llev¨¦ a su casa, y justamente me encontr¨¦ con Sergio, quien llevaba puesto un uniforme y una gorra de b¨¦isbol, perdiendo su habitual aire de CEO. Verlo as¨ª me hizo recordar al joven que alguna vez admir¨¦. Record¨¦ cuando Sergio estaba en preparatoria, a menudo se escapaba a manejar motocicletas a alta velocidad, y aquel Sergio realmente me hac¨ªa sentir temor y emoci¨®n al mismo tiempo. Record¨¦ una vez que me llev¨® a dar una vuelta en su moto, y casi mori del susto, Me aferr¨¦ a ¨¦l con fuerza, fue primera vez que estuve tan cerca de ¨¦l. Despu¨¦s, ¨¦l me molestaba diciendo: ¡°Peque?a, te aferras tan fuerte, ?est¨¢s aprovech¨¢ndote de mi?¡± Luego, no supe cu¨¢ndo dej¨® de manejar moto y su vestimenta cambi¨® de casual a ejecutiva, hasta convertirse en el CEO autoritario de siempre. Vi¨¦ndolo volver a su estilo juvenil, mi coraz¨®n no pudo evitar sentirse conmovido. Pero sab¨ªa que ya no era el mismo de antes, aunque se vistierao en aquellos d¨ªas. La gorra de b¨¦isbol en su cabeza era solo para cubrirs heridas. ¡°?Qu¨¦, no tuviste suficiente con lo de ayer y hoy vienes a seguir peleando?¡± Fue lo primero que Sergio me dijo con su habitual insolencia Antes de que pudiera responder, Sandra ya estaba levantando mano para golpearlo. ¡°Todav¨ªa tienes cara para har, si Cami no te mat¨® ayer fue por ser demasiadopasiva.¡± Sergio protest¨®: ¡°Madre, aunque tengas dos hijos, no puedes ser tan cruel, ?qui¨¦n es tu hijo, e o yo?¡± Sergio, quien en empresa era un CEO temido por todos, en casa todav¨ªa era un ni?o. ¡°De hecho, desear¨ªa que Cami fuera mi hija, ?qui¨¦n te mand¨® venir aqu¨ª?¡± El sentido del humor innato de Sandra emergi¨® una vez m¨¢s. ¡°Bueno, en pr¨®xima vida ha tu hija y yo me alejar¨¦ lo m¨¢s posible.¡± Sergio abraz¨® a Sandra, impidi¨¦ndole que lo golpeara de nuevo. Viendo esa interi¨®n tan cercana entre madre e hijo, me sent¨ª envidia. Si mis padres hubieran estado vivos, yo tambi¨¦n hubiera sido una ni?a caprichosa sin importar edad. Esa cercan¨ªa tambi¨¦n me dificultaba respiraci¨®n, mir¨¦ a Sandra y le dije: ¡°Se?ora, me voy.¡± Sergio me detuvo: ¡°?Espera! Tengo algo que decirte.¡± ¡°Entre nosotros no hay nada que har¡± Asegur¨¦, realmente no quer¨ªa har con ¨¦l, tem¨ªa que si me provocaba, yo volviera a golpearlo fuerte. Descubr¨ª que una vez que empiezas a golpear, puede volverse adictivo. ¡°Tengo algo que decir.¡± Insisti¨® Sergio con firmeza. Sandra lo pellizc¨®: ¡°No te pongas demasiado arrogante, o de verdad te mato hoy.¡± ¡°Mam¨¢, tranqu, es mi mujer, mi esposa, ?c¨®mo podr¨ªa?¡± Sergio solt¨® esas pbras sin verg¨¹enza alguna. Esos ¨²ltimos a?os, probablemente por pasar tanto tiempo juntos en empresa, casi hab¨ªa olvidado que ¨¦l, el presidente V¨¢squez, tambi¨¦n ten¨ªa esedo. ¡°Vuelve a tu habitaci¨®n, no interrumpas nuestra cha privada.¡± Sergio empuj¨® a su madre de vuelta con hgos y empujones. Sin embargo, Sandra parec¨ªa no cet mientras se alejaba. Cap¨ªtulo 130 Mire a Sergio. ?Qu¨¦ vas a decir? ?Que me quieres cobrar da?os o qu¨¦, me vas a decir que me vas a demandar pors lesiones?¡± ?Qu¨¦ crees que soy?¡± La voz de Sergio se volvi¨® m¨¢s grave, y con eso, volvi¨® a ser el fr¨ªo y distante director ejecutivo de siempre: ¡°Vengo a pedirte disculpas, ayer fui impulsivo e imprudente, hiciste bien en pegarme.¡± Nunca esper¨¦ escuchar eso de Sergio. Mir¨¦ el vendaje que apenas se asomaba bajo su gorra, y acept¨¦ su disculpa: ¡°Mejor que lo sepas.¡± Sergio solt¨® una risita: ¡°Cam, me he dado cuenta de que ahora te¡­ has corrompido.¡± ?C¨®mo que me hab¨ªa corrompido? Pero no pregunt¨¦, solo le dije: ¡°Es un hecho que te equivocaste.¡± ¡°Ah, lo s¨¦, lo de ayer fue mi culpa, incluido acercarme demasiado a Zo¨¦, ignorar tus sentimientos tambi¨¦n fue un error, dejar que e entrara en casa que te hab¨ªa preparado fue a¨²n peor, hasta darle mi tarjeta.¡± Sergio reflexion¨® sobre sus iones. No entend¨ªa a qu¨¦ ven¨ªa todo eso, solo lo escuch¨¦ continuar: ¡°Te pido disculpas, todo eso estuvo mal de mi parte.¡± ¡°No hace falta, ya no tiene sentido har de qui¨¦n tiene raz¨®n.¡± Dije, intentando irme, pero ¨¦l me detuvo. ¡°Cam, todav¨ªa no he terminado de har,¡± me dijo. ¡°Pero yo si he terminado de escucharte.¡± Dej¨¦ frase y me volv¨ª para irme, justo cuando me agarr¨® de mu?eca. ??D¨¦jame terminar!¡± Mir¨¦ hacia su gorra, me mostr¨¦ impaciente, sin responder ¡°Ya me disculp¨¦, s¨¦ que me equivoqu¨¦, yo dije, no hay nada entre Zo¨¦ y yo, en cuanto a lo que dijiste de que bes¨¦ una vez, eso fue una broma, un idente. Si crees que eso te deja en desventaja, alg¨²n d¨ªa puedes besar a otro hombre para igurs cosas.¡± Al o¨ªr eso, realmente apret¨¦ los pu?os. Sergio lo noto, se hizo a undo, pero luego volvi¨® a su lugar dici¨¦ndome: Puedes pegarme, pero no ens heridas de ayer, escoge otro sitio.¡± Eso me hizo teir. ?Sergio se hab¨ªa vuelto tan gracioso? ?O estaba tratando de ganarse mi perd¨®n de esa manera? ¡°Cami.¡± Sergio extendi¨® su mano hacia mi: ¡°?Podemos empezar de nuevo, o qu¨¦ tal si te vuelvo a¡­ conquistar?¡± ¡°Sergio, parece que el golpe te afect¨® m¨¢s de lo que pensaba, ni siquiera sabes lo que est¨¢s diciendo.¡± Retir¨¦ mi mano de suya. Sergio me miraba seriamente al decirme: ¡°Lo s¨¦, todav¨ªa quiero casarme contigo y hacerte mi se?ora V¨¢squez.¡± Le solt¨¦ una risa fr¨ªa: ¡°Sergio, no importa si est¨¢s jugando conmigo o si realmente te golpe¨¦ tan fuerte que te afect¨® el cerebro, solo quiero que sepas, yo, Cam G¨¢mez, nunca volver¨¦ con ning¨²n hombre que me ha traicionado.¡± Sergio continu¨® con su descaro: ¡°Cami, s¨¦ que est¨¢s enojada ahora, puedes estarlo, no hay problema, yo te esperar¨¦.¡± Mord¨ª mibio y le dije: ¡°Tu mam¨¢ a¨²n no te lo ha dicho, pero quiere tomarmeo su ahijada, as¨ª que ahora t¨² ser¨ªas mi hermano, ?crees que. dos hermanos pueden casarse?¡± Sergio frunci¨® el ce?o refutando de inmediato: ¡°Imposible, mis padres solo quieren que seas su nuera.¡± Me cans¨¦ de discutir con ¨¦l, sin escuchar m¨¢s tonter¨ªas, simplemente me fui. Al subirme al auto, lo escuch¨¦ decir: ¡°Cam, tambi¨¦n rechac¨¦ tu renuncia.¡± ?Maldici¨®n! Golpe¨¦ el vnte con mano, ?c¨®mo iba a entrevista de trabajo si ¨¦l no aceptaba mi renuncia? Sergio estaba jugando a pegarse a m¨ªo un chicle. Pero yo no caer¨ªa en su juego. EI Centímetro 131-140 Capitulo 131 Llegu¨¦e empresa para entrevista ¨¤s once al lugar estaba un poco Opertado No era en Cabo San Lucas, sho en un suburbio a menos de veinte minutes de donde vivia. Ya habia bido har de esapa?ia, se dedicaban al desarrollo de iluminaci¨®n y habian participado en una licitaci¨®n para un proyecto de luces en un parque de atriones, aunque al final no fueron selionados. Incluso cuando hubo problemas cons luces en el parque de atriones, pens¨¦ en contactar a esa empresa para que los solucionaran. Fue por estas dos razones que me fij¨¦ en esapa?¨ªa, y justo cuando estaban buscando personal para un puesto que me veniao anillo al dedo: marketing y promoci¨®n. Fue primera empresa a que apliqu¨¦, y ro, tambi¨¦n fue primera en contratarme. La empresa alquba un edificio de oficinas, nada que ver con el Edificio Imperial de Chispa Global. Pero esapa?¨ªa tampoco era peque?a, habian alqudo tres pisos del edificio. Sub¨ª en el ascensor hasta nta que me correspondia y siguiendo los letreros encontr¨¦ oficina de recursos humanos. Apenas entr¨¦, alguien me salud¨® con una sonrisa: ¡°?Vienes a entrevista, se?orita G¨¢mez, verdad?¡± Sonrei y asent¨ª: ¡°?As¨ª es!¡± ¡°?Por favor, toma asiento!¡± La persona era un hombre de unos treinta a?os, de apariencia corriente pero con una sonrisa muy amable que lo hac¨ªa destacar. La amabilidad siempre deja una hue profunda. ¡°Hoy solo te hemos citado a ti para entrevista.¡± Explic¨®, resolviendo mi duda sobre c¨®mo sab¨ªa qui¨¦n era. ¡°H.¡± Extend¨ª mano, ¨¦l pareci¨® sorprenderse brevemente, pero luego sonri¨® y estrech¨® mi mano, present¨¢ndose. ¡°Me mo V¨ªctor Sierra, he visto tu curr¨ªculum, es muy impresionante y encaja perfectamente con el puesto que estamos ofreciendo. Ahora me gustar¨ªa conocer tus expectativas, se?orita G¨¢mez.¡± Dijo V¨ªctor con profesionalismo. 13:17 the * *watu at gas die je da marketing v jone di MG Sedquam mengum ante sente quelleque ma nie pomar que tal gesucht in darle m¨¢s vueltas y que tourie babu zonu sign my condiciones, fur directa: artis die leer y tambis quers saber sobre los nen des deseo de empresa rs tetanos de acuerdo con los dos mememe puntes podemos dicurell m Como una personam¨¡m, necesitaba trabajar para ganarme vida y descansar, asi que mis principales predcupaciones eranos de nualquier candidato Victor sirvi¨® un vaso de agua y lo coloco frente a mi diciendo: ¡°Hemos revisado tu historialboral en Chispa Global, sabemos que eras primera secretaria all. Estamos al tanto de tu srio y aunque no podemos ofrecerte lo misma, si ofreceremos bonificaciones basadas en tu desempe?o No me sorprendio y Victor continu¨® ¡°Tu srio ser¨¢ de 60,000 pesos al mes, con un bono de fin de a?o basado en el 0.3% del rendimiento anual, los seguros y beneficios por dias festivos seguir¨¢ns normas establecidas, ?tienes alguna pregunta, se?orita G¨¢mez?¡± ¡°No¡± El srio era 20,000 pesos menos al mes de lo que ganaba en Chispa Global Business, lo que significaba un cuarto menos, pero aun as¨ª acept¨¦. En realidad no se podiaparar esapa?¨ªa con Chispa Global Business Si me hubieran ofrecido lo mismo que en Chispa Global Business, habr¨ªa sospechado. Adem¨¢s, aunque en Chispa Global Business oficialmente era primera secretaria, todos sabian que era futura se?ora de casa, por lo que mi srio no eraparable. En esa otra empresa, era solo yo, ganandome vida con mi esfuerzo, y lo que ganaba era justo y razonable ¡°Si se?orita G¨¢mez tiene alguna otra solicitud, por favor, no dude en hace¡± Me dijo Victor ¡°Ahora mismo quiero echar un vistazo al n de desarrollo de empresa.¡± Indagu¨¦ sobre eso porque necesitaba saber qu¨¦ tan prometedor era el futuro de empresa, no quer¨ªa estar en un lugar que cerrar¨ªa en tres of cinco meses, ser¨ªa un desperdicio de mi esfuerzo y dedicaci¨®n. Victor camin¨® hacia el escritorio, sac¨® una caja del estante de archivos y me pas¨®. Me tom¨¦ diez minutos para revisa y luego se devolv¨ª dici¨¦ndole: ¡°Se?or Sierra, si no tienen ninguna objeci¨®n conmigo, estoy lista para empezar en cualquier momento.¡± La sonrisa de V¨ªctor se hizo a¨²n m¨¢s brinte y me dijo: ¡°Hoy es jueves, se?orita G¨¢mez podr¨ªa empezar con los tr¨¢mites de contrataci¨®n y regresar el lunes pr¨®ximo paraenzar oficialmente, ?qu¨¦ le parece?¡± Acept¨¦: ¡°?Perfecto!¡± Cap¨ªtulo Cap¨ªtulo 132 ¡°Bienvenida a bordo, directora G¨¢mez. Esa vez fue Victor quien me extendi¨® mano, luego mand¨® a alguien para que me ayudara con los tr¨¢mites de ingreso. En menos de media hora, ya estaba todo arredo para mi incorporaci¨®n. Fue entonces cuando me acord¨¦ de algo, todav¨ªa no hab¨ªa recibido aprobaci¨®n de Sergio, pero no importaba, pod¨ªa har con Ricardo, seguro el estar¨ªa de acuerdo. El celr en mi bolsillo vibraba, hab¨ªa vibrado varias veces, peroo estaba chando con Victor no lo hab¨ªa atendido. Era una mada de Virginia. ¡°?D¨®nde est¨¢s? Hoy tengo el d¨ªa libre, ?qu¨¦ dices?¡± Me pregunt¨®. ?Qu¨¦ suerte que e ten¨ªa el d¨ªa libre! ¨²ltimamente, debido a temporada alta de nacimientos, Virginia hab¨ªa estado trabajando sin parar en el hospital. ¡°?Qu¨¦, ahora entraste en periodo de descanso?¡± Brome¨¦. ¡°Si, ahora todos deciden tener hijos al mismo tiempo, y cuando dicen que no, entonces nadie tiene.¡± Se quej¨® Virginia, y no era primera vez que lo hac¨ªa. ¨²ltimamente gente era m¨¢s astuta, nifican cient¨ªficamente los embarazos, cado a conveniencia fechas espec¨ªficas para tener los hijos. Incluso calcban el zodiaco, pensando en buscar forma para que sus hijos fueran m¨¢s exitosos. Pero no se daban cuenta de que lo raro se vuelve preciado; si todos fueran especiales, entonces lo¨²n se volver¨ªa valioso. ¡°?Est¨¢s en casa? Ir¨¦ a verte.¡± Le dije, sab¨ªa que no era f¨¢cil que e tuviera un d¨ªa libre y no quer¨ªa que se cansara demasiado. Virginia: ¡°S¨ª, ven.¡± ¡°?Qu¨¦ tal si preparamos un par de tragos para el mediod¨ªa?¡± Pregunt¨¦ riendo. ro, yo preparar¨¦ algo deer, t¨² trae el vino.¡± Virginia acept¨® de Inmediato. Colqu¨¦ el tel¨¦fono y revis¨¦s otras madas perdidas de n¨²meros desconocidos, pensando que podr¨ªan ser de empresas donde hab¨ªa aplicado, pero no devolv¨ª ninguna mada. Si realmente estabant interesados en contratarme, seguro volver¨ªan a mar. No solopr¨¦ vino, sino tambi¨¦n frutas y una juguera, pensando en preparar un jugo para tomar con Virginia. Virginia abri¨® puerta, tom¨®s cosas que llevaba y al ver juguera me dio un beso: ¡°Eres incre¨ªble, amiga, justo estaba pensando enprar una de estas, pero no hab¨ªa tenido tiempo.¡± ¡°Compr¨¦ una aunque tem¨ªa que no tuvieras tiempo para usa.¡± Brome¨¦. Virginia se detuvo un momento: ¡°El tiempo eso el escote de una mujer, siempre puedes encontrar un filo si lo buscas.¡± Eso me hizo re¨ªr, y ech¨¦ un vistazo a su pecho no: ¡°?Crees que podr¨¢s sacar algo de ah¨ª?¡± No era por molestar, pero Virginia realmente ten¨ªa poco pecho; en verano a menudo sal¨ªa solo con un cubrepezones porque no afectaba en nada. ¡°No te fijes en lo peque?o que es ahora, en el futuro esto ser¨¢ un tesoro para los ni?os, tus grandes pechos no ser¨¢n tan ¨²tileso los m¨ªos.¡± Asegur¨® Virginia, e realmente era una experta en ginecolog¨ªa, sab¨ªa todo sobre tener y cuidar ni?os. ¡°Entonces, cuando sea el momento, tengamos hijos al mismo tiempo, t¨² amamantas a dos.¡± Le dije sin ning¨²n reparo. Virginia me dio una patada juguetona: ¡°Solo a ti se te ocurrir¨ªa algo as¨ª.¡± Nos re¨ªmos a carcajadas, y mi tel¨¦fono sono de nuevo, otro n¨²mero desconocido. Pensando que podr¨ªa ser otra mada de trabajo, contest¨¦ muy educadamente: ¡°H, ?qui¨¦n ma?¡± Del otrodo de mada, persona me dijo: ¡°Se?orita G¨¢mez, su vestido de novia ha llegado, quer¨ªamos coordinar una cita para que venga a prob¨¢rselo.¡± Perdona?¡± Me qued¨¦ sorprendida. ¡°Creo que tienes el n¨²mero equivocado. ¡°No creo. Respondi¨® persona al otrodo, y luego repiti¨® mi n¨²mero. Efectivamente era mi n¨²mero. Pero yo definitivamente no hab¨ªa ordenado un vestido de novia, ?qui¨¦n me estar¨ªa haciendo una broma? Capitulo 133 mentiras nye preguntaba qui¨¦n me estaba jugando una broma, segui biendo madas sobre el pedido de anillos y sobre organizaci¨®n de boda fue entonces cuando me di cuenta de que no era simplemente una broma, cuando pregunt¨¦ qui¨¦n hab¨ªa hecho esos pedidos, fue cuando entendi cuan loco estaba Sergio. Todo hab¨ªa sido obra suya. Sab¨ªa que ¨¦l no era tan infantilo para jugar una broma o hacerme pasar un mal rato a prop¨®sito. Pensando en otra posibilidad, le m¨¦: ?Qu¨¦ demonios est¨¢s tratando de hacer, Sergio? Ya terminamos, y t¨² pidiendo vestidos de novia y anillos, ?a qui¨¦n pretendes molestar?¡± ¡°No pienses que soy tan aburrido e infantil, ?no dec¨ªas que no me importabas? ?Que dudabas de mi amor? Cas¨¦monos ya, deber¨ªas creerme, solo quiero casarme contigo.¡± Las pbras de Sergio solo aumentaron mi decepci¨®n. ¡°Sergio, ?crees que amar a alguien es hace usar un vestido de novia y ponerle un anillo? ?Todav¨ªa no entiendes por qu¨¦ termin¨¦ contigo?¡± Pregunt¨¦ enfadada. Sergio se qued¨® cado unos segundos: ¡°?Todo esto es por Zo¨¦, verdad?¡± Admiti: ¡°?Si! Me puedes decir, ?c¨®mo neas manejar ese gran obst¨¢culo?¡± De repente, Sergio se qued¨® sin pbras, y despu¨¦s de un momento respondi¨®: ¡°No volver¨¦ a tener nada que ver con e, ?estar¨ªas contenta si hago salir de empresa?¡± Escuchar su tono, cu¨¢n a rega?adientes lo dec¨ªa. ¡°?Y luego qu¨¦? ?La vas a esconder y a guardao si fuera un tesoro?¡± Pregunt¨¦ con sarcasmo. Sergio se enfureci¨® de inmediato: ¡°Cam, ya es suficiente, ?c¨®mo puedes ser tan irrazonable? Te dije que Zo¨¦ est¨¢ s y embarazada ahora, e est¨¢ muy vulnerable, ?no tienes ni un poco depasi¨®n?¡± ¨¦l estaba muy enojado, casi gritando. Alej¨¦ el tel¨¦fono de mi o¨ªdo, evitandol que da?ara mi timpanos Aun asi, escuche a Sergio gritar: ¡°Cam, to tambi¨¦n eres mujer, zy si fueras 10 Como cuando tus padres murieron, at no fuera por mi familia que te acogio, ?cu¨¢n desesperada y desamparada estarian?¡± Esas pbras fuerono un pu?al vado en mi coraz¨®n. As¨ª que, en sus ojos, yo era alguien sin valor, su familia implemente me habia dado un lugar por canidad. ¡°Entonces, tu bondad hacia m¨ª, ?tambi¨¦n era caridad, verdad?¡± Mi voz temba. Sergio guard¨® silencio unos segundos, Juego dijo: ¡°No, no tergiverses mis pbras.¡± ¡°Sergio, no quiero tu caridad, as¨ª que tu amor y afecto d¨¢selo a quien quieras. Una vez fui una hu¨¦rfana digna de l¨¢stima sin nadie en el mundo, y t¨² me diste tu caridad. Ahora Zo¨¦ es vulnerable, ¨¢m a e.¡± Misbios temban, me sentia fr¨ªao si me hubieran echado agua hda. Nuestro amor se hab¨ªa desvanecido, sus sentimientos cambiaron de diri¨®n, pero eso no importaba, el mundo y gente cambian a cada segundo, lo que no esperaba era que su bondad hacia m¨ª fuera falsa, que desde el principio solo fuera por l¨¢stima. ¡°Cam, erespletamente irrazonable, sabes que no quise decir eso.¡± Sergio segu¨ªa discutiendo. ¡°Sergio, lo que quieras decir ya no importa, por favor, ?puedes dejar de molestarme?¡± Yo ya casi no ten¨ªa fuerzas. Ese sentimiento de estar atrapada en algo que no termina despu¨¦s de ruptura, realmente era agotador. Pero Sergio solo solt¨® una risa fr¨ªa: ¡°Cam, eres mi mujer, si yo no te suelto, no tienes derecho a decir que no.¡± Sus pbras dominantes me hicieron entender que simplemente no aceptaba ser el rechazado. Pero ya lo hab¨ªa dicho, no importaba cu¨¢nto insistiera, no volver¨ªa atr¨¢s. ¡°Entonces, si no te da verg¨¹enza, sigue haciendo esc¨¢ndalo.¡± Le dije y colgu¨¦ el tel¨¦fono. Igual que antes, esa mada me hab¨ªa agotado porpleto, me temba todo el cuerpo, y ni siquiera me di cuenta cuando Virginia lleg¨® a mido. Cap¨ªtulo 134 Haste que e me trajo el jugo que ha preparado, me dijo: Ese Sergio, nunca imagin¨¦ que detr¨¢s de su m¨¢scara se escondiera algo tan despreciable.¡± Tom¨¦ un par de sorbos del jugoent¨¢ndole: ¡°Al final, solo me ten¨ªa l¨¢stima.¡± Aunque ya no estaba con Sergio, los recuerdos y los buenos momentos a¨²n permanec¨ªan en mi coraz¨®n, peros pbras de ese d¨ªa desgarraron falsa fachada de felicidad que los envolv¨ªa. Virginia apret¨® mis hombros con sus manos, acarici¨¢ndome: ¡°Ver su verdadera cara ahora es mejor que no habe visto nunca.¡± No dije nada y Virginia me toc¨® proponi¨¦ndome: ¡°?Qu¨¦ tal si le devolvemos una des suyas?¡± Mi ¨¢nimo estaba por los suelos. Las pbras de Sergio hab¨ªan rasgados heridas de mi coraz¨®n, haci¨¦ndome revivir el episodio m¨¢s doloroso de mi vida. Ten¨ªa raz¨®n en algo: despu¨¦s del idente de auto, cuando mis padres yac¨ªan en morgue, fr¨ªoso el hielo, me qued¨¦pletamente s en el mundo, sin saber qu¨¦ hacer. Ni siquiera me atrev¨ªa a volver a casa, pens¨¦ en morirme para poder reunirme con ellos. Pero cuando Ricardo y Sandra aparecieron y me abrazaron, dici¨¦ndome que a partir de ese d¨ªa, ellos ser¨ªan mis padres, fue entonces cuando dej¨¦ de tener miedo. En ese momento, fuerono un salvavidas para m¨ª, me aferr¨¦ a ellos sin pensar en nada m¨¢s, incluso llegu¨¦ a creer que el mundo todav¨ªa me amaba. Por eso malinterpret¨¦ esa sonrisa de Sergio cuando me vio, ese d¨ªa entend¨ª que no era de amistad, sino de bu, ?verdad? Pero para m¨ª, fueo una luz en mi vida¡­ ¡°Date prisa y encuentra a alguien con quien salir o casate, as¨ª Sergio se dar¨¢ cuenta de que no est¨¢s jugando, que puedes vivir sin ¨¦l y que t¨², Cam, no dependes de ¨¦l.¡± Virginia gir¨® mis hombros para que mirara cuando me haba: ¡°Ese tipo de hombre orgulloso solo siente el dolor cuando el fuego le quema los pies.¡± Virginia apret¨® mis hombros con fuerza. Se notaba que e tambi¨¦n estaba enfadada, molesta con Sergio. Sonrel amargamente: ¡°?Crees que esto es una telenov, que se puede amar a orden?¡± ¡°Las telenovs se basan en vida real, adem¨¢s solo as¨ª podr¨¢s liberartepletamente de Sergio y hacer que el tambi¨¦n despierte.¡± Virginia me animaba. Baj¨¦ mirada, y entonces Virginia a?adi¨®: ¡°Jorge, ese hombre es perfecto para esto.¡± ¡°No, ¨¦l no, definitivamente no.¡± Negu¨¦ con cabeza al har. ¨¦l ya ten¨ªa sentimientos por m¨ª, si le propon¨ªa eso y se lo tomaba en serio, acabar¨ªa metida en un l¨ªo. ¡°¨¦l es el m¨¢s indicado, el m¨¢s adecuado.¡± Virginia no estaba de acuerdo conmigo. ¡°Deja que lo piense.¡± Le dije, mi mente era un caos. Pero Virginia parec¨ªa obsesionada con idea, tanto que, despu¨¦s de tomar unas copas, segu¨ªa inst¨¢ndome: ¡°ma ahora a Jorge y dile tus condiciones; que sea un noviazgo de mentira. Si no est¨¢ de acuerdo, entonces no pasa nada.¡± ¡°No, ?y si se lo toma en serio?¡± Le pregunt¨¦ a Virginia, yo segu¨ªa sin estar segura. Virginia me contradijo: ¡°?Y si est¨¢ dispuesto a participar en tu juego?¡± Al final, despu¨¦s de beber demasiado, no pude resistirme as persuasiones de Virginia y m¨¦ a Jorge. ¡°?Qu¨¦ pasa?¡± La voz de Jorge era profunda y atractiva. Mientras jugaba con mi copa, mirando el l¨ªquido en su interior, dije: ¡°Jorge, ?te gustar¨ªa fingir ser mi novio? Lo digo en serio¡­ fingir, no de verdad.¡± Capitulo 135 Estas peda?¡± Jorge guardo silencio unos segundos antes de preguntarme con voz baja y agradable, Te gustaria?¡± No respond¨ª, y volvi a preguntarle. ?D¨®nde est¨¢s?¡± Jorge tampoco respondi¨®, me devolvi¨® pregunta. ¡°Olvidalo, ya s¨¦ respuesta.¡± Estaba a punto de colgar, pero Jorge me detuvo. ¡°Cam, ?d¨®nde est¨¢s? ?En casa o afuera?¡± La voz de Jorge ten¨ªa un tono de urgencia. Las emociones que hab¨ªa estado reprimiendo en mi interior estaron de repente: ¡°?Qui¨¦n eres t¨² para m¨ª para que te importe donde estoy? Estoy donde quiero estar, yo¡­¡± De repente, Virginia se acerc¨® interrumpiendo: ¡°Se?or Olivera, no se preocupe, est¨¢ conmigo, soy su mejor amiga.¡± Despu¨¦s de decir eso, Virginia se acerc¨® a mi o¨ªdo: ¡°Ha bien, hay que ser amable cuando se pide algo.¡± Le empuj¨¦ con mano, jugueteando con e, cuando voz de Jorge lleg¨® desde el auricr: ¡°Ma?ana, cuando te pase resaca, hamos.¡± Colg¨® el tel¨¦fono, y yo me qued¨¦ mirando a Virginia: ¡°Cree que estoy borracha.¡± Virginia se rio: ¡°Teme que ma?ana no recuerdes lo que dijiste hoy.¡± Yo hab¨ªa bebido, pero no estaba tan mal. Quiz¨¢s, era su manera de rechazarme. Despu¨¦s de todo, ¨¦l me hab¨ªa escuchado decir que no me gustaba, en ese momento probablemente pensaba que estaba jugando con ¨¦l, o tal vez ¨¦l tambi¨¦n estaba veng¨¢ndose de mi rechazo. Esa noche de bebida me dej¨® tan ebria que al d¨ªa siguiente ni siquiera supe cu¨¢ndo se fue Virginia a trabajar, hasta que el ruido de mi tel¨¦fono me oblig¨® a abrir los ojos. ¡°H.¡± Ni siquiera mir¨¦ qui¨®n II¡ª Conta Gamez, podria venir al parque de atriones?¡± La voz ansiosa de me lego runci el ce?o respondiendo. ¡°Erik, ya renuncie, no lo sabes? Si hay algo, busca a Serg¡­ a Manuel, el director nuevo.¡± Se?orita G¨¢mez, te necesito a ti. La insistencia de Erik me hizo sonre¨ªr, y tambi¨¦n me despert¨®pletamente. Me gir¨¦ en cama, extendiendo una mano para alisar mi cabello desordenado: ¡°?Qu¨¦ pasa?¡± ¡°Necesito que vengas, cuando llegues sabr¨¢s de qu¨¦ se trata.¡± Erik inclusoenz¨® a jugar al misterioso. Mir¨¦ hora en mi tel¨¦fono, ya erans diez de ma?ana, pero a¨²n estaba acostada, ese sentimiento de dejadez era realmente agradable. ¡°Ya te dije que renunci¨¦, nada tiene que ver conmigo.¡± Le record¨¦ a Erik. ¡°?Se?orita G¨¢mez!¡± Erik me m¨® con urgencia: ¡°Aunque sea algo personal, ?podr¨ªas venir?¡± Hice una mueca: ¡°Eso podr¨ªa ser, pero ?no necesitamos ir al parque de atriones, verdad?¡± ¡°?Entonces d¨®nde quieres ir?¡± Me pregunt¨® Erik. Al darme cuenta de que realmente necesitaba har conmigo, dije directamente: ¡°Dilo por tel¨¦fono.¡± Cuando estaba en empresa, aunque Erik era el secretario de Sergio, debido a mi rci¨®n con Sergio, ¨¦l tambi¨¦n me cuidaba mucho, incluso muchos de los regalos que Sergio me hab¨ªa dado, incluyendo los arreglos de cada festividad, eran todos obra suya. Enparaci¨®n con Sergio, Erik parec¨ªa haberme dado mucho m¨¢s. ¡°No se puede decir por tel¨¦fono, tenemos que vernos.¡± La voz de Erik sonabamentable. Pero incluso as¨ª, no me dej¨¦ convencer: ¡°Si no lo quieres decir, entonces d¨¦jalo.¡± Amiga! Erik de repente me m¨® as¨ª: Si no vienes, ma?ana me echar¨¢n a calle. Frunci el ce?o, pensando en algo: ¡°?As¨ª que es Sergio quien te mand¨® a enga?arme para ir?¡± ¡°Bueno, si¡­¡± Erik respondi¨® torpemente: ¡°El presidente V¨¢squez quiere que vayas al parque de atriones porque en realidad quiere¡­ proponerte Capitulo 136 ¡°Que? Quede impactada y luego solt¨¦ una maldici¨®n: ¡°?Est¨¢ loco o qu¨¦?¡± ¡°Se?orta G¨¢mez, el presidente V¨¢squez ha estado bastante loco estos dias¡± Dijo Erik y con eso lo entendi todo. Esas cosas de los anillos depromiso debieron ser ¨®rdenes que ¨¦l le dio a Erik. ?Qu¨¦ demonios quiere hacer, darme asco?¡± Pregunt¨¦ enfadada. Erik se qued¨® cado un momento: ¡°Amiga, realmente no s¨¦ qu¨¦ quiere hacer el presidente V¨¢squez, pero siento que no quiere perderte, ¨¦l te ama.¡± ¡°Erik!¡± Lo m¨¦: ¡°Si lo dijera otra persona, podr¨ªa dejarlo pasar, pero ?c¨®mo puedes decirlo t¨²? ?Realmente crees que ¨¦l me ama de verdad?¡± Erik ya no dijo nada. ¡°Erik, si ¨¦l quiere volverse loco, que se vuelva, pero yo no voy a pa?arlo en su locura.¡± Dej¨¦ ra mi posici¨®n. ¡°Se?orita G¨¢mez, en realidad yo siempre me he sentido muy culpable, si aque vez yo no hubiera¡­ t¨² y el presidente V¨¢squez probablemente no estar¨ªan en esta situaci¨®n.¡± Erik todav¨ªa se culpaba por aquel error queeti¨®. ¡°Erik, en realidad te estoy agradecida.¡± Hice una pausa: ¡°Si no fuera por aquello, no habr¨ªa tomado decisi¨®n de separarme de Sergio. Pero quiero que sepas que lo que pas¨® entre nosotros no fue solo por lo de ese d¨ªa, no se cong un r¨ªo en un d¨ªa, deber¨ªas saberlo.¡± ¡°Pero yo di el golpe final.¡± Murmur¨® Erik con pesar. ¡°Ya te lo he dicho todo, si todav¨ªa quieres culparte, eso es cosa tuya. En cuanto a Sergio, si te despide por lo que hiciste hoy, entonces vete, el mundo es grande y con tu capacidad encontrar¨¢s un trabajo mejor.¡± Lo consol¨¦. ¡°G¨¢mez, ?ya encontraste un trabajo adecuado?¡± Pregunt¨® Erik. ¡°Creo que con mi capacidad no ser¨¢ dif¨ªcil encontrar trabajo.¡± Respondi de 1/73 meheta evasiva porque no queria causar m¨¢s problemas. Serolo estaba loco en ese momento, realmente temia que si se enteraba de que habia encontrado un nuevo trabajo, hiciera algo m¨¢s. Tras colgar el tel¨¦fono, cerr¨¦ los ojos. Realmente no esperaba que Sergio hubiera llegado a tal extremo de locura, incluso pensando en proponerme matrimonio. Al parecer realmente tenia que ser dura con ¨¦l, hacer que se diera por vencido. Pensando en mada que tuve con Jorge noche anterior, reuni valor nuevamente y le envi¨¦ un mensaje: Ya me he recuperado. ?cu¨¢ndo podemos har? No hubo respuesta. Erans diez y media de ma?ana, probablemente estaba trabajando y no hab¨ªa visto el mensaje. No esper¨¦ y me prepar¨¦ para volver, pero despu¨¦s de ba?arme, recibi un mensaje de Jorge: Ven al parque de diversiones. ?Otra vez el parque de diversiones? Pensando en lo que Erik dijo sobre Sergio queriendo proponerme matrimonio, rechac¨¦ directamente: No, elige otro lugar. ¡°Estoy apurado.¡± Volvi¨® a responder Jorge. Mirando ese mensaje estaba considerando si ceder, cuando lleg¨® otro mensaje de Jorge: ?Temes a una propuesta? Jorge tambi¨¦n lo sab¨ªa, ?qu¨¦ tan grande hab¨ªa sido escena que Sergio prepar¨® en el parque de diversiones? Respondi con cinco pbras: No quiero hacer el rid¨ªculo. ¡°Si te escapas esta vez, habr¨¢ una pr¨®xima. Ven y resolv¨¢moslo de una vez.¡± Esa respuesta de Jorge me hizo sonre¨ªr. ?Ese hombre estaba aceptando ser mi novio falso? Mirando su mensaje, pens¨¦ que ten¨ªa raz¨®n. Virginia tambi¨¦n dijo que mejor manera de hacer que ese sinverg¨¹enza de Sergio se diera por vencido era dejarle ro que ya ten¨ªa a alguien. As¨ª que respondi a Jorge con una pbra: Ok. Para hacerme ver diferente, eleg¨ª un vestidorgo amarillo de tirantes del armario de Virginia, solt¨¦ mi cabello que usualmente llevaba recogido, e incluso me pint¨¦ losbios de rojo intenso. Asi de arreda, parec¨ªa un hada. Nunca sol¨ªa vestirme as¨ª antes, porque a Sergio p que era bonita, pero no queria que otros hombres me vieran. Cuando llegu¨¦ al parque de diversiones y le envi¨¦ un mensaje a Jorge, lleg¨®endo enseguida. Al verme, not¨¦ ramente c¨®mo trag¨® saliva varias veces. Capitulo 137 queda impactado por mi? Pens¨¦ que ese hombre, al igual que su apariencia, eta firme y no se dejaba llevar por belleza. Al parecer, eso de ¡°hombres si¨¦ndo hombres no era ningun mito. A pesar de saber que ya habia cautivado a Jorge, no pude resistir y nuevamentenc¨¦ una mirada coqueta mientras jugaba con mi cabello onddo. Vio mirada de Jorge se profundizaba a¨²n m¨¢s, su rostro parecia volverse m¨¢s frio. No estaba segura de qu¨¦ era lo que provocaba su cambio de humor, y francamente, me daba pereza adivinarlo. Fui directo al grano: ¡°Vas a aceptar mi propuesta, Jorge?¡± ¡°?Qu¨¦?¡± Pregunt¨®, desviando su mirada de m¨ª. Sonrei, ?c¨®mo es que yo no olvid¨¦ nada y ¨¦l s¨ª? Sab¨ªa que no era as¨ª, solo estaba fingiendo. ¡°Ser mi novio, pero temporalmente.¡± Repet¨ª lo que hab¨ªa dicho noche anterior. Jorge no respondi¨® de inmediato, solo miraba hacia el horizonte. Segu¨ª su mirada y not¨¦ que rueda de fortuna hab¨ªa alcanzado su punto m¨¢s alto. Pensando en lo que Erik hab¨ªa dicho sobre Sergio neando proponerme matrimonio, ?ser¨ªa que lo har¨ªa en rueda de fortuna? Entrecerr¨¦ los ojos, tratando de discernir algo diferente en rueda de fortuna, cuando Jorge finalmente habl¨®: ¡°?Qu¨¦ significa ¡®temporal¡®?¡± ¡°Significa ser mi novio por un tiempo, hasta que a Sergio, el loco presidente V¨¢squez, se le pase su locura y luego ya no seremos nada.¡± Al decir eso, sent¨ª un poco de culpa. Tragu¨¦ saliva y trat¨¦ de explicar mejor: ¡°No estamos realmente enamorados, s¨®lo fingiremos para que Sergio piense de que estamos juntos.¡± ¡°?Por qu¨¦ deber¨ªa aceptar hacer algo as¨ª?¡± Jorge me mir¨®. Evit¨¦ su mirada, ese tipo de cosas ¡ª por Virginia instig¨¢ndome noche anterior, y creciente locura de Sergio, Jam¨¢s habr¨ªa considerado hacer algo as¨ª. Justo entonces, una brisa levant¨® el cabello que caia libremente sobre mi rostro. Pas¨¦ mi mano por el cabello, tratando de ordenarlo, y le dije: ¡°Porque eres el m¨¢s adecuado para esto, y adem¨¢s¡­¡± Me detuve, lo que realmente quer¨ªa decir era que ¨¦l hab¨ªa pensado en casarse conmigo y que tambi¨¦n sent¨ªa algo por m¨ª. Pero si dec¨ªa eso,s cosas serian diferentes, har¨ªa que Jorge sintiera que estoy aprovech¨¢ndome de sus sentimientos hacia m¨ª. As¨ª que no pod¨ªa decir eso. ¡°?Y adem¨¢s qu¨¦?¡± Jorge pregunt¨®, justo cuando decid¨ª no continuar. Me re¨ª nerviosamente: ¡°Nada.¡± ¡°?Y adem¨¢s me gustas y te he dicho que quiero casarme contigo, cierto?¡± Dijo ¨¦l sin rodeos, sacando a relucir lo que yo no hab¨ªa dicho. ¨¦l lo entend¨ªa todo, as¨ª que ya no ten¨ªa sentido ocultar nada. Entonces lo mir¨¦: ¡°S¨ª, ?entonces aceptas?¡± Jorge me mir¨® sin decir nada, y mi coraz¨®n empez¨® atir m¨¢s r¨¢pido, incluso me sent¨ª nerviosa. Despu¨¦s de unos segundos, a¨²n sin har, sent¨ª c¨®mo mi rostro se calentaba. Eso era un rechazo silencioso. Volv¨ª a jugar con mi cabello, tratando de romper el hielo de forma proactiva, le dije: ¡°Si no quieres aceptar, est¨¢ bien, olv¨ªdalo.¡± Luego me gir¨¦ para irme, pero Jorge extendi¨® su mano, bloque¨¢ndome mientras dec¨ªa: ¡°Puedo aceptar, pero si lo hago, ser¨¢ de verdad.¡± Levant¨¦ vista y me encontr¨¦ con sus ojos oscuros, ¨¦l me miraba con determinaci¨®n: ¡°Cam, no quiero ser tu novio temporal. Quiero ser tu novio de verdad. Si despu¨¦s de estar juntos sientes que no es lo correcto, entonces podemos terminar, pero no quiero ser solo tu novio de mentira, un instrumento para tu actuaci¨®n.¡± Jorge siendo un hombre guapo y firme, sus pbras siempre transmit¨ªan una sensaci¨®n de autoridad, una sensaci¨®n de ser intocable. Con ese tipo de hombres no se pod¨ªa jugar. Yo solo quer¨ªa que ¨¦l participar- teatro, pero el queria tomarselo en serio, eso definitivamente no podia ser C ap¨ªtulo 138 Me rel: ¡°Jorge, creo que fui ra, si nopartimos los mismos objetivos, mejor dej¨¦moslo asi.¡± ¡°Pero necesitas un novio, ?no?¡± Me pregunt¨®, ¡°Si, lo necesito, pero no estoy para jugar de forma que quieres. Mejor busco otra soluci¨®n.¡± Mis pbras solo hicieron que mirada de Jorge se. intensificara. Pens¨¦ que me detendr¨ªa, o que llegar¨ªamos a unpromiso, pero sobreestim¨¦ mi efecto en ¨¦l, no dijo nada. ¡°Adi¨®s, fue un atrevimiento de mi parte. Dije antes de girarme, subir al auto y alejarme, sintiendoo si estuviera huyendo. No fue hasta que sent¨ª que Jorge ya no pod¨ªa verme que detuve el auto, tom¨¦ un momento para respirar profundamente yment¨¦ profundamente impulsividad de noche anterior. No deber¨ªa haber involucrado a Jorge, incluso buscar a Pablo para que fingiera ser mi novio habr¨ªa sido una mejor opci¨®n. Pero lo hecho, hecho est¨¢, ymentarse ya no serv¨ªa de nada. Despu¨¦s de calmarme, conduje hasta una florister¨ªa,pr¨¦ un ramo de flores y me dirigi al cementerio a ver tumba de mis padres. Aparte de los d¨ªas de conmemoraci¨®no el D¨ªa de Muertos y el aniversario de su fallecimiento, rara vez iba all¨ª. Pero ¨²ltimamente hab¨ªa estado so?ando mucho con mi infancia, y con mis padres, as¨ª que sent¨ª que quer¨ªan que los visitara. Sin embargo, al llegar, vi que ya hab¨ªa un ramo de flores frente a su tumba, y por c¨®mo se ve¨ªan, el visitante hab¨ªa venido hac¨ªa no m¨¢s de dos semanas. Mis padres hab¨ªan fallecido hac¨ªa m¨¢s de una d¨¦cada, ys ¨²nicas personas que los recordaban aparte de mi, su hija, eran Ricardo y Sandra. ?Habr¨ªan ido ellos a visitar a mis padres? Pero si hubieran ido, ?por qu¨¦ Sandra no me lo mencion¨®? Estaba algo confundida, pero considerando c¨®mo estabans cosas entre Sergio y yo, era posible que Sandra simplemente lo hubiera olvidado. Retir¨¦s flores marchitas y coloqu¨¦s m¨ªas. Mirandos j¨®venes caras de mis padres en l¨¢pida, mi coraz¨®n se sinti¨® an argo, pero aun as¨ª sonre¨ª diciendo: ¡°Pap¨¢, mam¨¢, ?han estado pensando 13:19 Capitulo 138 en mi? ¨²ltimamente he so?ado mucho con ustedes.¡± ¡°Pap¨¢, mam¨¢, termin¨¦ con Sergio, lo siento, no pude cumplir con el deseo de ustedes y de Ricardo y Sandra de casarme con ¨¦l.¡± ¡°Pap¨¢, mam¨¢, m¨¢s que verme casarme con un hombre inadecuado, creo que ustedes preferir¨ªan que fuera feliz, ?verdad?¡± Me sent¨¦ frente a su tumba,partiendo todo lo que me hab¨ªa pasado, y sin darme cuenta, pas¨¦ m¨¢s de una hora hando con ellos hasta que el solenz¨® a quemar, y fue entonces cuando decid¨ª irme. Al irme, tom¨¦s flores que hab¨ªa retirado, pensando en tiras en el contenedor de basura m¨¢s cercano, fue entonces cuando not¨¦ que no eran lirios, sino margaritas, peque?as margaritas ncas. Durante todos esos a?os con familia V¨¢squez, Ricardo, Sandra, incluso Sergio y yo siempre llev¨¢bamos lirios porque a mi madre le gustaban. Pero esas flores eran margaritas, ramente no eran de ellos. ?Entonces de qui¨¦n podr¨ªan ser? Me sent¨ª a¨²n m¨¢s confundida. ?Podr¨ªa ser que alg¨²n viejo amigo de mis padres hubiera ido a visitarlos? Descart¨¦ idea casi de inmediato, porque el cementerio fue elegido por Ricardo y Sandra, y en el momento del entierro de mis padres, no hab¨ªa otros familiares o amigos presentes. Incluso si los amigos de mis padres hubieran querido ir, no sabr¨ªan d¨®nde. ?Entonces qui¨¦n m¨¢s podr¨ªa ser? Una sensaci¨®n extra?a y dif¨ªcil de describir creci¨® en m¨ª, al final decid¨ª mar a Sandra. ¡°Cami.¡± Respondi¨® con alegr¨ªa apenas contest¨®: ¡°Justo estaba pensando en marte.¡± Contuve lo que iba a decir: ¡°Sandra, ?quer¨ªas har conmigo por algo en particr?¡± Cap¨ªtulo 139 ¡°En unos dias es el cumplea?os de Ricardo, ?vendr¨¢s, verdad?¡± Las pbras de Sandra me dejaron pensativa, y fue entonces cuando record¨¦ que efectivamente el cumplea?os de Ricardo estaba cerca. Aunque e no me lo hubiera recordado, de todas formas no lo habr¨ªa olvidado, porque tenia un recordatorio para el cumplea?os de cada miembro de familia V¨¢squez. Viviendo en su casa, siempre intentaba preparar todo con antci¨®n para hacer feliz a cada uno. Aunque no viv¨ªao una extra?a, siempre prestaba mucha atenci¨®n a los detalles, temiendo hacer algo mal y que eso pudiera hacer que pensaran mal de m¨ª o que no les gustara. Me qued¨¦ cada y no respond¨ª de inmediato a Sandra, quien continu¨®: ¡°Cami, sabes que siempre te hemos consideradoo si fueras nuestra propia hija. Todos estos a?os hemos recibido tus regalos y buenos deseos en cada cumplea?os. Si este a?o no vienes, Ricardo definitivamente se sentir¨¢ triste.¡± Realmente yo no ten¨ªa nes de ir, pero el regalo s¨ª llegar¨ªa. Ya que e me preguntab de esa manera, me encontraba en una posici¨®n dif¨ªcil para responder, especialmente porque Sergio ¨²ltimamente hab¨ªa estado actuandoo un loco. Me preocupaba que si iba a casa de familia V¨¢squez, ?podr¨ªa Sergio llegar al punto de llevarme a fuerza? Pero si dec¨ªa que no ir¨ªa, probablemente Sandra tendr¨ªa un mont¨®n de cosas que decir, as¨ª que tranquilic¨¦: ¡°Por supuesto que ir¨¦.¡± ¡°Me alegro, gracias Cami. Yo estaba realmente preocupada de que no vinieras y que Ricardo no pudiera disfrutar su cumplea?os.¡± Dijo Sandra, ejerciendo presi¨®n sobre m¨ª. No dije nada m¨¢s, y Sandra continu¨®: ¡°Lo que Sergio ha hecho, Ricardo y yo. ya lo hemos reprendido. ?No te ha molestado de nuevo, verdad?¡± Al escuchar eso casi me r¨ªo. Al parecer no sab¨ªan lo que Sergio hab¨ªa estado haciendo esos d¨ªas. ?Realmente no lo sab¨ªan, o solo estaban fingiendo? No quer¨ªa ir mal de ellos, despu¨¦s de todo, ellos hab¨ªan sido buenos 13.20 CE conmigo, asi que simplemente dije: ¡°No¡± Porque incluso si dijera que s¨ª, Sandra implemente rega?ar¨ªa a Sergio por tel¨¦fono para tranquilizarme, prometi¨¦ndome que lo castigar¨ªan. Pero Sergio siempre hab¨ªa sido terco, nadie pod¨ªa detenerlo. Incluso si Sandra lo reprendiera, no detendr¨ªa sus locuras. Para hacer que Sergio se detuviera, tendr¨ªa que ser yo misma quien interviniera. Solo que Jorge no quer¨ªa fingir ser mi novio, lo queplicabas cosas. ¡°Cami, si se atreve a hacerte algo o aportarse de manera inapropiada, Il¨¢mame.¡± Me anim¨® Sandra.. ¡°Est¨¢ bien.¡± Le respondi. ¡°Por cierto, ?me maste porque necesitas algo?¡± Sandra, que apenas ten¨ªa cincuenta a?os, estaba en plenitud de su ridad mental. Hab¨ªa hado primero de sus asuntos y luego me pregunt¨® sobre los m¨ªos. Mirandos flores marchitas en mi mano, le pregunt¨¦: ¡°Sandra, ?a mis padres les gustabans margaritas?¡± ¡°?Margaritas?¡± Sandra repiti¨® pregunta y luego me pregunt¨®: ¡°Cami, ?vas a visitar a tus padres? ?Cu¨¢ndo vas? Ll¨¢manos si vas a ir, hace mucho que no vamos, ser¨ªa bueno ir juntos.¡± Las pbras de Sandra me hicieron entender que ese ramo de margaritas,o sospechaba, no era de ellos. Apret¨¦ m¨¢s fuerte mano que sosten¨ªas flores y le dije: ¡°Ya estoy en el cementerio.¡± ¡°Ah, ?ya fuiste?¡± Sandra dijo con un tono de pesar: ¡°Ricardo y yo est¨¢bamos pensando en ir cuando tuvieras tiempo, justo para ir juntos.¡± ?Qu¨¦ coincidencia! Pero hay quien dice que el noventa y nueve por ciento des coincidencias en este mundo son provocadas. Tal vez cuando lo mencion¨¦, Sandra simplemente sigui¨® mi conversaci¨®n. ¡°Sandra, ?los amigos de mis padres todav¨ªa los recuerdan o podr¨ªan haber venido a visitarlos?¡± Pregunt¨¦ directamente. Hubo un silencio del otrodo de lineb, y despu¨¦s de un momento, Sandra dijo: ¡°Cami, ?te encontraste con alg¨²n conocido? ?Por qu¨¦ preguntas de repente?¡± ¡°Hab¨ªa un ramo de margaritas frente a tumba de mis padres, pens¨¦ que alguien habia venido a visitarlos.¡± Dije sinceramente. Cap¨ªtulo 140 ?En serio? ?Qui¨¦n podr¨ªa ser? Tus pap¨¢s se fueron hace a?os, y esos amigos de antes ya se olvidaron de ellos, ni siquiera los mencionan, ?qui¨¦n iria a rendirles homenaje?¡® Las pbras de Sandra me causaron un dolor en el pecho. La gente se olvida de ti tan prontoo te vas, esta frase no podr¨ªa ser m¨¢s cierta. Antes no me afectaba, pero cuando Sandra lo dijo tan directamente, me dej¨® un sabor amargo en el alma. ¡°Cami, tal vez alguien se equivoc¨®.¡± Sandra incluso me solt¨® eso. Mir¨¦ l¨¢pida, con foto y nombre, ?c¨®mo podr¨ªan haberse equivocado? Eso simplemente sonaba a excusas para ni?os. ¡°Tal vez.¡± Le segu¨ª el juego a Sandra, para no tener que escucha har sin parar. Ya estaba segura de que no hab¨ªa sido Sandra ni ellos, y tampoco pod¨ªan ser amigos de mis pap¨¢s, as¨ª que ese ramo de flores era a¨²n m¨¢s misterioso, ten¨ªa que investigar. ¡°Cami, no te preocupes demasiado, despu¨¦s le pregunto a Ricardo si ten¨ªa alg¨²n viejo amigo que haya ido.¡± Sandra trat¨® de tranquilizarme. Le respond¨ª con un murmullo, y Sandra insisti¨® en que deb¨ªa celebrar el cumplea?os de Ricardo antes de colgar. Tom¨¦ una foto des flores y sub¨ª a Instagram, con leyenda: ?De qui¨¦n son estos recuerdos? Virginia me m¨® despu¨¦s de ver mi post en Instagram, era sorprendente tuviera tanto tiempo libre para mirar Instagram. ¡°?Qu¨¦ pasa?¡± Me pregunt¨® Virginia. Le cont¨¦ todo y murmur¨¦: ¡°Tengo mucha curiosidad, ?qui¨¦n ser¨¢?¡± ?De verdad vas a ir a casa de familia V¨¢squez? ?No es esoo entrar en boca del lobo?¡± Pregunt¨® Virginia despu¨¦s 1 historia, e ya no se preocup¨® pors flores. ¡°No ir seria malo, pero ir tambi¨¦n me preocupa por lo que pueda pasar.¡± Compartimi dilema con e. ¡°Entonces necesitas encontrar a un hombre que te pa?e, as¨ª si pasa algo, tienes quien te proteja, y adem¨¢s hat¨¢s que Sergio y toda farmilia V¨¢squez se den por vencidos. Dijo Virginia y luego pregunt¨®: ¡°?Jorge te ha contactado?¡± ¡°El no est¨¢ de acuerdo.¡± Le cont¨¦ lo que dijo Jorge. E se rio: ¡°Ese hombre tiene su car¨¢cter, ?por qu¨¦ no pruebas de verdad salir con ¨¦l? Tal vez realmente surja algo, y eso tambi¨¦n ser¨ªao encontrar a un buen hombre.¡± Mire hacia afuera por ventana, sin ¨¢nimo al contestar: ¡°No estoy de humor para eso, ?entiendes?¡± Conocia situaci¨®n de Jorge. ¨¦l era un novato en el amor, y si ibamos a salir, definitivamente se entregar¨ªa porpleto. Ser¨ªa injusto para ¨¦l si yo no lo tomara en serio. Adem¨¢s, Jorge no era alguien a quien se pod¨ªa tratar superficialmente, eso lo supe desde el momento en que lo vi. Virginia, conociendo c¨®mo soy, no insisti¨® m¨¢s, sino que se preocup¨® por mi: ¡°Entonces, ?qu¨¦ vas a hacer? Si quieres, puedo pa?arte. Tal vez no hagamos que Sergio y los V¨¢squez se den por vencidos, pero al menos. Sergio no tendr¨¢ oportunidad de hacerte algo.¡± Pens¨¦ por unos segundos: ¡°Aun as¨ª, necesito encontrar a un hombre.¡± ¡°Exacto, dale una oportunidad a Jorge, y entonces¡­¡­¡± No dej¨¦ que Virginia terminara de har antes de interrumpi: ¡°?Conoces a alg¨²n hombre? Pres¨¦ntame a alguien, puedo pagar por alqurlo.¡± ¡°Vaya, solo a ti se te ocurre algo as¨ª.¡± Virginia estaba sorprendida por mi idea. ¡°Es mejor soluci¨®n, as¨ª no habr¨¢ problemas ni consecuencias despu¨¦s.¡± Tambi¨¦n pens¨¦ que mi idea era perfecta. Vir a suspir¨®: ¡°Tengo conocidos, pero todos son doctores decentes, dudo
  1. 20
que quieran participar en esto, a menos que¡­¡­¡± ¡°?Qu¨¦?¡± Pregunt¨¦. ¡°Cami, ?por qu¨¦ no vas a una cita a ciegas? ¨²ltimamente ese programa de ¡®Enamor¨¢ndonos¡® est¨¢ muy popr, ?por qu¨¦ no vas y buscas pareja ah¨ª? As¨ª tendr¨ªas a todo el pa¨ªs promocion¨¢ndote, y ni siquiera tendr¨ªas que hacer un anuncio oficial frente a los V¨¢squez.¡± Eso definitivamente no funcionar¨ªa, pero su sugerencia me record¨® que podr¨ªa intentar ir a citas a ciegas. EI Centímetro 141-150 Cap¨ªtulo 141 Al anochecer, en cafeter¨ªa. Estaba tomando mi segundo caf¨¦ cuando lleg¨® mi cita a ciegas. Ese hombre no estaba panz¨®n ni calvo, su camisa azul ro estaba limpia y sin manchas de grasa, coincid¨ªa con su perfil de cita. No me enga?aron con fotos, pero su tardanza definitivamente redujo mi buena impresi¨®n sobre ¨¦l. Afortunadamente, no estaba realmente interesada en tener algo s¨¦rio con ¨¦l, solo lo ¡°alquba¡± para lidiar con Sergio. ¡°Lo siento, llegu¨¦ tarde.¡± El hombre se disculp¨® cort¨¦smente. ¡°No importa, no estoy aqu¨ª por una cita real, estoy buscando ¡®alqur¡® un novio.¡± Fui directa con mi prop¨®sito. El hombre se qued¨® at¨®nito: ¡°?Alqur un novio?¡± ¡°Si, no estoy buscando una rci¨®n seria, pero ahora mismo realmente necesito un novio.¡± Expliqu¨¦ en detalle. El hombre se qued¨® cado, pens¨¦ que se hab¨ªa ofendido, as¨ª que agregu¨¦: ¡°Te pagar¨¦.¡± ¡°Parece que se?orita G¨¢mez tiene mucho dinero.¡± Dijo el hombre mir¨¢ndome con los ojos entrecerrados. Era una rei¨®n de excitaci¨®n por el dinero, aunque me disgustaba, su actitud en realidad facilitar¨ªas cosas. No segu¨ª su juego, sino que directamente expuse mi idea: ¡°La tarifa puede ser diaria o mensual, ?cu¨¢nto cree que ser¨ªa justo, se?or?¡± ¡°?Cu¨¢nto est¨¢ dispuesta a pagar, se?orita? ?Y este alquiler es solo por apariencia, o incluye todo el paquete?¡± Me pregunt¨® sin rodeos. Su pregunta me hizo entender que era un veterano en eso, ya hab¨ªa hecho trabajos simres antes. Y no era primera en ¡°alqur¡± un novio. ¡°Solo por apariencia.¡± Contest¨¦, si ¨¦l quer¨ªa todo el paquete, yo no estar¨ªa de acuerdo. ¡°?Y si ty contacto ¨ªntimo o f¨ªsico c¨®mo se maneja?¡± Pregunt¨® el hombre de nuevo, de manera profesional. Sonrel: ¡°Parece que el se?or tiene experiencia, ?cu¨¢les fueron sus condiciones anteriores? Comp¨¢rts conmigo para tener una idea.¡± ¡°En realidad, esta vez quer¨ªa tener una cita seria, buscando una chica adecuada para una rci¨®n.¡± El hombre cambi¨® de tema repentinamente. ?Estaba prepar¨¢ndose para subir el precio? ¡°Se?or, termine este trabajo conmigo y luego busque a chica adecuada, no creo que se retrase mucho.¡± Dije con una sonrisa ligera. ¡°Estoy muy satisfecho cons condiciones de se?orita, ?realmente no considera conocernos mejor? Tal vez empezaro amigos e ir viendo, podr¨ªa ayuda con su problema y tal vez usted termine encontrando un novio de calidad.¡± El hombre haba bien y con confianza. Y sus ideas eran muy simres as de Jorge. ¡°Tengo mis propias ideas, se?or. Si no est¨¢ de acuerdo, entonces olv¨ªdalo, buscar¨¦ a alguien m¨¢s.¡± Lo rechac¨¦. Y lo hice con una expresi¨®n seria. El hombre, sabiendo cu¨¢ndo retirarse, dio su oferta: ¡°Si se?orita desea alqurme, dentro de los primeros siete d¨ªas ser¨ªa por d¨ªa, cada d¨ªa a mil ochocientos noventa y ocho, sin contacto f¨ªsico. Si es por m¨¢s de una semana, entonces es por mes, incluso si solo me necesita por ocho d¨ªas, el mes ser¨ªa a cincuenta y seis mil seiscientos.¡± Vaya, pens¨¦ para m¨ª, ese hombre s¨ª que hab¨ªa calcdo de todo. El hombre continu¨®: ¡°El contacto f¨ªsico se paga aparte, tomarse de mano ser¨ªa a quinientos setenta y seis por d¨ªa, sin importar cu¨¢ntas veces, un abrazo ser¨ªa a mil ciento setenta y seis, tambi¨¦n por d¨ªa y sin contar cantidad. Un beso costar¨ªa tres mil seiscientos setenta y seis, y si es con lengua, el precio se duplica.¡± Al escucharlo terminar, por primera vez me di cuenta de lo lucrativo que era ese negocio. En ese momento,o especialista en marketing, me pic¨® curiosidad: ¡°?Y si se llege a m¨¢s, a dormir juntos?¡± El hombre mordi¨® subio inferior respondiendo: ¡°En ese caso, ser¨ªan treinta y seis mil seiscientos.¡± ¡°Entonces, se?or, si toma varios trabajos de este tipo al a?o, debe ganar bastante.¡± Dije medio en bu, medio en serio. Incluso empec¨¦ a preguntarme si su tardanza a nuestra cita fue porque estaba negociando con otra persona. Cap¨ªtulo 142 Cap¨ªtulo 142 ¡°No muchas veces, es que principalmente busco a alguien con quienpartir mis metas y amor.¡± Dijo ¨¦l, y yo casi suelto una carcajada. ?Compartir metas? Lo que ¨¦l quer¨ªa era encontrar a alguien que ganara dinero de misma manera para aumentar sus ventajas financieras. Se dec¨ªa que eran tiempos dif¨ªciles para encontrar trabajo, pero si uno era ingenioso, hab¨ªan montones de maneras de hacer dinero sin invertir mucho. ¡°Se?orita, ?ya decidi¨® si me alquo novio o prefiere intentar una rci¨®n?¡± Me pregunt¨® el hombre nuevamente. Me qued¨¦ cada sin responder, ¨¦l tom¨® un sorbo elegante de su caf¨¦: ¡°Las mujeres inteligentes prefieren intentar una rci¨®n, as¨ª no tienen que pagar y si no funciona, simplemente terminan.¡± ¡°Si todos hacen eso, ?no pierdes mucho?¡± Pregunt¨¦ mientras jugaba con mi caf¨¦. ¡°No todos tienen esta oportunidad. Yo tambi¨¦n tengo mis criterios para elegir.¡± Dijo el hombre, d¨¢ndome a entender su punto. ¨¦l estaba interesado en m¨ª, pensaba que val¨ªa pena darme esa oportunidad sin costo. ¡°?Los servicios que mencion¨® antes tienen alg¨²n tipo de descuento VIP?¡± Pregunt¨¦, tomando en cuenta que sus tarifas no eran bajas. Tan solo tomar de mano costaba m¨¢s de doscientos, y si lo alquba para ir a casa de familia V¨¢squez, frente a Sergio tendr¨ªa que actuar as¨ª. ¡°No.¡± Respondi¨® el hombre, y luego agreg¨®: ¡°No negociamos precios.¡± Asent¨ª: ¡°Entiendo lo que dice, se?or. Me lo voy a pensar y ya le avisar¨¦. Por supuesto, esto no le impide seguir aceptando otros trabajos, si encuentra algo cuado, puede rechazar mi oferta.¡± Al decir eso, de repente sent¨ª que no estaba arrendo un noviazgo ci cerrando un negocio. El hombre me mir¨® seriamente: ¡°Realmente me interesa cborar con usted, se?orita,¡± ¡°Su propuesta tambi¨¦n cumple con mis expectativas, pero quiero ver otras opciones y elegir mejor.¡± Dije, adoptando una actitud de negociante experimentado. ¡°Muy bien, entonces esperar¨¦ buenas noticias suyas.¡± Dijo el hombre, levantando mano para mar al mesero. ¡°La cuenta, por favor, incluyendo lo de esta se?orita.¡± Dijo el hombre con cortes¨ªa. Me negu¨¦: ¡°No es necesario, mejor vamos a medias.¡± El hombre no insisti¨®, sac¨® su cartera para pagar, me sonri¨® y se fue. Me qued¨¦ un rato m¨¢s en cafeter¨ªa y luego tambi¨¦n me march¨¦. Esa noche. Virginia trabajaba hasta tarde, as¨ª que no pod¨ªa ir a su casa. Cen¨¦ algo por ah¨ª y luego pase¨¦ por el mercado nocturno,prando algunos recuerdos interesantes. Cuando regres¨¦ a casa, ya erans once. No sab¨ªa si iba a Ilover, pero noche estaba especialmente oscura. Al bajar del auto, sent¨ª un viento fr¨ªo y me encog¨ª de hombros involuntariamente, lo que me hizo. sentiro si alguien me estuviera mirando. R¨¢pidamente mir¨¦ a mil alrededor, pero no vi a nadie. Decid¨ª que era mi imaginaci¨®n, pero el malestar me hizo apurar el paso hacia casa, subiendos escs r¨¢pidamente. Justo cuando llegu¨¦ al segundo piso, sent¨ª que alguien m¨¢s sub¨ªa detr¨¢s de m¨ª, y precisamente ese d¨ªa, no hab¨ªa luz en el pasillo. Con el cuero cabelludo de punta, aceler¨¦ a¨²n m¨¢s,plicada por los tacones. que llevaba. Y sent¨ª que los pasos detr¨¢s de m¨ª se acercaban,o si esal persona estuviera a punto de atraparme. Agarr¨¦ fuerte mi bolso, y tambi¨¦n. saqu¨¦s ves del auto, listas para defenderme si alguien intentabal hacerme da?o. Estaba decidida a cegar a cualquier atacante con es. Con ese pensamiento, dej¨¦ de subir. Si dejaba que esa persona me siguiera hasta mi puerta, ser¨ªa a¨²n m¨¢s peligroso despu¨¦s. Cuando me detuve, los pasos detr¨¢s de mi tambi¨¦n se detuvieron. Tom¨¦ una profunda inspiraci¨®n y pregunt¨¦ con voz temblorosa: ¡°?Qui¨¦n es Cap¨ªtulo 143 No hab¨ªa ning¨²n eco, de verdad que se me erizaba piel. Pero en ese momento no pod¨ªa retroceder, solo me arm¨¦ de valor y volv¨ª a gritar: ¡°?Qui¨¦n es?¡± ¡°?Soy yo!¡± Se escucharon dos pbras. Luego, pasos y una explicaci¨®n: ¡°Esta tarde en cafeter¨ªa, tu cita a ciegas.¡± ?¨¦l? Realmente no me lo esperaba, solo lo hab¨ªa visto una vez y me hab¨ªa seguido, eso era a¨²n m¨¢s aterrador. No hab¨ªa luz en el pasillo, todo estaba oscuro, aunque luz de luna se filtraba por ventana del pasillo, solo pod¨ªa ver vagamente los objetos a dos pasos de distancia. ¨¦l a¨²n no hab¨ªa subido, as¨ª que no lo hab¨ªa visto. Yo a¨²n agarraba firmementes ves, lista para atacar en cualquier momento, le pregunt¨¦: ¡°?Por qu¨¦ me sigues?¡± ¡°No te equivoques, no tengo ms intenciones, solo quer¨ªa protegerte. Despu¨¦s de todo, no es seguro para una chica pasar por aqu¨ª tan tarde.¡± Dijo ¨¦l, apareciendo en mi campo de visi¨®n mientras haba. Esa explicaci¨®n realmente me hizo re¨ªr. ?Me asust¨® hasta morir y cre¨ªa me hac¨ªa sentir segura? Apenas lo conoc¨ªa, ni siquiera hab¨ªamos hecho ning¨²n acuerdo, ?y me segu¨ªa diciendo que quiere protegerme? No era ninguna tonta, ?c¨®mo podr¨ªa creerle? Como ya me hab¨ªa seguido hasta mi casa, enfadarlo no traer¨ªa nada bueno. As¨ª que, siguiendo el principio de retirarlo amablemente para garantizar mi seguridad, reprim¨ª mi ira: ¡°Gracias, lo aprecio, pero ya llegu¨¦. Puedes irte.¡± Mientras haba, el hombre ya estaba subiendo escalera: ¡°Tengo un poco de sed, ?me dar¨ªas agua?¡± Con tan pobre excusa, sus intenciones eran m¨¢s que obvias, apret¨¦ a¨²n m¨¢s ve y rechac¨¦ directamente: ¡°Es muy tarde, no es conveniente.¡± ¨¦l subi¨® los escalones dici¨¦ndome: ¡°Si vas a salir conmigo, ?c¨®mo puede ser inconveniente?¡± Vi¨¦ndolo acercarse cada vez m¨¢s, el miedo en mi coraz¨®n alcanz¨® su punto 13:22 1 maximo. ¡°No te acerques.¡± Le dije. ¡°Solo por un poco de agua, c¨®mo podria ser inconveniente?¡± Diciendo eso, sonrisa del hombre floreci¨® en oscuridad, profundamente siniestra y repugnante. Aunque ya estaba preparada, en ese momento mis manos temban, pero decidi que si se acercaba, le var¨ªas ves en los ojos. Cuando el hombre subi¨® el ¨²ltimo escal¨®n,nc¨¦ mi mano hacia ¨¦l, pero antes de que pudiera tocarlo, sent¨ª una corriente de aire fr¨ªo pasar por mi meji. Con un sonido sordo, el hombre que intentaba acercarse a m¨ª,o en una serie de fantas¨ªa, fuenzado por el aire. Choc¨® contra pared del pasillo y luego rebot¨®, cayendo de cara en escalera. Ese choque y rebote fue visiblemente doloroso. Justo cuando iba a mirar atr¨¢s, una voz familiar son¨® en mi o¨ªdo: ¡°?Fuiste a una cita a ciegas?¡± ?Jorge? ?Qu¨¦ hac¨ªa ¨¦l ah¨ª? A¨²n no le hab¨ªa respondido cuando escuch¨¦ su voz fr¨ªa hacia el hombre ca¨ªdo en escalera que no se mov¨ªa: ¡°L¨¢rgate ahora mismo, o mar¨¦ a polic¨ªa por acoso y anamiento de morada en un minuto.¡± El hombre se movi¨®, probablemente debido al duro golpe, y cay¨® de nuevo, pero despu¨¦s de unos segundos se levant¨® con esfuerzo. Su cara estaba cubierta de sangre, no sab¨ªa d¨®nde se golpe¨®, pero me mir¨®. Al segundo siguiente, gran mano de Jorge cubri¨® mi cara, mirando al hombre con ferocidad: ¡°?Quieres perder tus ojos?¡± El hombre, aterrorizado, corri¨®. Solo Jorge y yo quedamos en el pasillo, su gran mano todav¨ªa cubr¨ªa mi cara, casi apoy¨¢ndome en su pecho, ninguno. de los dos habl¨®, solo reinaba el silencio. Esa sensaci¨®n era insoportablemente inc¨®moda. Retir¨¦ mano de Jorge, justo cuando iba a har, Jorge tom¨® dntera: ¡°?Para citas a ciegas eliges a este tipo?¡± Esa frase no era agradable, pero s¨ª hiriente. Ni yo esperaba que una cita a ciegas pudiera resultar peligrosa. Mirando fr¨ªa y guapa cara de Jorge, pensando en su rechazo, me quej¨¦: ¡°?Por qu¨¦ no aceptaste t¨²?¡± Jorge se qued¨® en silencio, as¨ª que le pregunt¨¦: ¡°T¨², ?q Cap¨ªtulo 144 Antes nunca me busc¨®, y esa vez hab¨ªa llegado hasta puerta de mi casa, as¨ª que le pregunt¨¦: ¡°?Ahora qu¨¦ pasa?¡± ¡°Estoy de acuerdo.¡± Sus pbras me dejaron algo confundida. ?Con qu¨¦ estaba de acuerdo? ¡°De acuerdo en salir contigo, ser tu novio temporal.¡± Jorge me dio una explicaci¨®n. Me sorprendi¨® recordar cuando me hab¨ªa rechazado, le pregunt¨¦: ¡°?C¨®mo fue que cambiaste de opini¨®n?¡± ¡°Si no cambio de opini¨®n, vas a seguir yendo a esos encuentros desastrosos, ?quieres que te sigano hoy?¡± La voz de Jorge ten¨ªa un tono de resignaci¨®n al principio, pero luego se volvi¨® severa. Mir¨¢ndolo a ¨¦l con una expresi¨®n a rega?adientes pero sin otra opci¨®n en oscuridad, de repente lo encontr¨¦ muy divertido y le dije: ¡°?Hacer esto en contra de tus deseos no te har¨¢ infeliz? Jorge capt¨® mi tono burl¨®n, luego dio un paso hacia m¨ª, y yo instintivamente retroced¨ª, pero detr¨¢s de m¨ª estaba barandi, sin lugar a donde ir. Estir¨® el brazo, apoy¨¢ndolo detr¨¢s de m¨ª, atrap¨¢ndome entre su pecho, y del repente me qued¨¦ sin aliento. ¡°Jorge¡­¡± Intent¨¦ har. ¡°?Hasta te atreves a ir a esos encuentros? ?C¨®mo puedes ser tan ingenua?¡± Su voz resonaba en mi o¨ªdo. Senti un cosquilleo en punta de oreja, seguido de un temblor en mi coraz¨®n. Aunque me estaba rega?ando, tambi¨¦n hab¨ªa un tono de cari?o infinito. No me mov¨ª, tampoco habl¨¦. Jorge y yo volvimos a caer en el silencio, pero esa vez fue diferente, estaba justo en su pecho, escuchando ramente eltido de su coraz¨®n¡­ Despu¨¦s de un rato, finalmente retir¨® el brazo diciendo: ¡°No permitir¨¦ de nuevo que vuelvas a casa tan tarde.¡± ¡°Est¨¢ bien.¡± Esa vez respondi con obediencia. 13:22 Despu¨¦s de decir eso, pens¨¦ en algo: ¡°Gracias.¡± Gracias por aparecer hoy y salvarme, y gracias por aceptar ser mi novio, para que pueda enfrentarme a familia V¨¢squez y a Sergio. No dijo nada, no sab¨ªa qu¨¦ pensaba, asi que se?al¨¦ hacia arriba: ¡°Me voy a casa. Pero justo cuando daba un paso, escuch¨¦ que ¨¦l dec¨ªa: ¡°Esa persona ya ha llegado hasta aqu¨ª, qui¨¦n sabe si volver¨¢.¡± Si, de hecho ten¨ªa raz¨®n. ?Qu¨¦ pasar¨ªa si esa persona volv¨ªa? ¡°No me ir¨¦ esta noche.¡± Dijo Jorge de repente, luego me extendi¨® mano. ¡°?Qu¨¦ quieres?¡± En ese momento, no pod¨ªa seguirle el ritmo. ¡°Las ves.¡± Mis ojos se abrieron de par en par y pregunt¨¦ muy sorprendida: ¡°?Vas a quedarte en mi casa?¡± ¡°?Qu¨¦ m¨¢s? ?Quieres que duerma en tu puerta? No soy un chihuahua.¡± Contest¨® Jorge dej¨¢ndome sin pbras. No pod¨ªa rebatirle, luego a?adi¨®: ¡°No eso si no hubi¨¦ramos dormido juntos en una habitaci¨®n antes.¡± Era verdad, hab¨ªamos dormido juntos antes, y fue seguro. Le dis ves, subimos juntos y abrimos puerta. Cuando puerta se cerr¨®, dijo: ¡°Dormir¨¦ en el sof¨¢.¡± Mir¨¦ el sof¨¢ de mi casa, un modelo antiguo de hac¨ªa diez a?os, con solo un metro y medio, ?c¨®mo iba a caber Jorge ah¨ª? En realidad, hab¨ªa otra habitaci¨®n en casa, pero esa era de mis padres, no pod¨ªa dejarlo dormir ah¨ª. ¡°Mejor duerme en mi habitaci¨®n, yo dormir¨¦ en de mis padres.¡± Dije dejando mi bolso, tambi¨¦n abr¨ª el armario, buscando un par de pantus que ha ia usado mi padre. Habia usado diez a?os, no sab¨ªa si todav¨ªa servir¨ªan, despu¨¦s de todo, hastas tuber¨ªas de hac¨ªa diez a?os se rompier Capitole 144 delicado, tom¨®s pantus, fui a mi habitaci¨®n por mi pijama, y me asegur¨¦ de que no hubiera nada inapropiado antes de dejarle habitaci¨®n. Justo cuando iba a entrar en habitaci¨®n de mis padres, Jorge me detuvo: ¡°Espera un momento.¡± Cap¨ªtulo 145 Mir¨¦ hacia Jorge y ¨¦l hacia m¨ª, solo los dos en habitaci¨®n, y el ambiente se torno algo sugerente. Era incre¨ªble, hab¨ªamos dormido juntos en una habitaci¨®n de hotel sin que pasara nada. Sin embargo, en ese amplio apartamento de dos rec¨¢maras, parecia que el espacio se hab¨ªa encogido, tan peque?o que hasta respirar se sentia apretado. Despu¨¦s de mirarnos por unos segundos, Jorge rompi¨® el silencio: ¡°Creo que mejor duermo en el sof¨¢. Tu habitaci¨®n deber¨ªa ser solo para tu verdadero novio, yo¡­ mejor duermo en el sof¨¢.¡± Al decir eso, sent¨ª que de alguna manera le estaba fando. Pero entend¨ªa lo que estaba haciendo, estaba tratando de presionarme, quer¨ªa ser mi verdadero novio. Al parecer no es tan menos cierto que los hombres honestos tambi¨¦n tienen sus estrategias. Pero no iba a caer tan f¨¢cilmente en su juego, por que le dije o quieras¡± y r¨¢pidamente entr¨¦ al cuarto de mis padres. Acostada en cama, no me llegaba el sue?o, todav¨ªa perturbada por lo que hab¨ªa pasado en el pasillo. Si Jorge no hubiera aparecido, incluso con mis preparativos de defensa, podr¨ªa no haber tenido ¨¦xito, ys consecuencias ser¨ªan impensables. Curiosamente, Jorge hab¨ªa venido a buscarme justo entonces. Pensando en ¨¦l, mir¨¦ hacia puerta, pero estaba cerrada, naturalmente no pod¨ªa ver afuera. ?Realmente estar¨ªa durmiendo en el sof¨¢ y no en mi cuarto? Se escuchaban los pasos de Jorge afuera, no sab¨ªa si estabav¨¢ndose o haciendo otra cosa, pero estaba ro que todav¨ªa no se hab¨ªa dormido. Escuchar sus pasos me recordaba a cuando era peque?a y me dorm¨ªa escuchando a mis padres moverse por casa, ese sonido siempre terminaba arrull¨¢ndome. Antes no pensaba mucho en ello, pero en ese momento me di cuenta de c¨®mo ese sonido pod¨ªa ser tan reconfortante. Escuchando, pens¨¦ en esperar a que Jorge se durmiera para ir a verlo, pero mientras esperaba, me venci¨® el sue?o. Me despert¨¦ a mitad de noche con ganas de ir al ba?o, y al abrir puerta, record¨¦ que estaba durmiendo en el cuarto de mis padres. Pensando en 13:23 Capitulo 145 Jorge, ech¨¦ un vistazo al sof¨¢ y ah¨ª estaba, su gran figura durmiendo en ¨¦l. El sof¨¢ era tan peque?o que sus piernas colgaban afuera. No era tonto, hab¨ªa puesto una si para apoyar los pies, pero lo que ten¨ªa encima era mi peque?a manta rosa. Si no era mi verdadero novio y no dormia en mi cuarto, ?por qu¨¦ usaba mi peque?a manta rosa? Pero vi¨¦ndolo as¨ª, sabiendo que estaba all¨ª para protegerme, sent¨ª un c¨¢lido agradecimiento en mi coraz¨®n. De hecho, desde que hab¨ªa vuelto, cada noche me despertaba para ir al ba?o y luego no pod¨ªa dormir, ese sentimiento de soledad en casa vac¨ªa me hac¨ªa sentir muy triste. Como si el mundo entero me hubiera abandonado, sin nadie que me quisiera o consra, ni siquiera ten¨ªa a alguien para secar mis l¨¢grimas por noche. Pero en ese momento, con ese hombre grande en casa, alguien que estaba all¨ª por m¨ª y que me proteger¨ªa ante cualquier peligro, dorm¨ª muy bien. Al despertar, ya eran m¨¢s des nueve. Mirando hacia habitaci¨®n de mis padres, pens¨¦ en Jorge y me qued¨¦ escuchando por si hab¨ªa alg¨²n ruido afuera. Todo estaba tranquilo, sin se?ales de ¨¦l. No ten¨ªa que preguntar, se hab¨ªa ido. ¨¦l estaba trabajando duro en el parque de diversiones, y ni siquiera le hab¨ªa preguntado c¨®mo ibans cosas noche anterior, si hab¨ªa alg¨²n problema. Sal¨ª de habitaci¨®n y, efectivamente, no hab¨ªa nadie en el sof¨¢, y estaba todo ordenado,o si Jorge ni siquiera hubiera dormido ah¨ª. Distra¨ªda, me dirig¨ª al ba?o y al mirarme al espejo me qued¨¦ parada, hab¨ªa una nota pegada. [El desayuno est¨¢ en mesa, revisi¨®n des luces fue un ¨¦xito, podemos terminar a tiempo o incluso dos d¨ªas antes.] Al leer nota, sent¨ª c¨®mos l¨¢grimas brotaban de mis ojos. Cap¨ªtulo 146 Cap¨ªtulo 146 No sabia por qu¨¦ quer¨ªa llorar, simpleniente sent¨ªa una tensi¨®n en el pecho,o una esponja empapada en agua. Quiz¨¢s era porque en casa sin mis padres, alguien volv¨ªa a mostrarme cari?o, sin pedir nada a cambio. O tal vez, porque Jorge realmente meprend¨ªa, sa que aunque hab¨ªa dejado el parque de diversiones, mi coraz¨®n a¨²n permanec¨ªa all¨ª. Mir¨¦ nota una y otra vez, y cuando sali del ba?o, de verdad vi en peque?a mesa deledor, el termo y los huevos fritos en el to. En ese momento, apret¨¦ nota contra mi pecho ys l¨¢grimasenzaron a rodar. El desayuno que Jorge prepar¨® para mi, no desperdici¨¦ su gesto y despu¨¦s deer, le mand¨¦ un mensaje: Gracias. Esa pbra puede parecer simple, pero no daba por sentado su esfuerzo, Despu¨¦s de enviar el mensaje,enc¨¦ a jugar con algunas cosas que habia encontrado en el mercado nocturno, de pronto, sono mi tel¨¦fono. Mi coraz¨®n dio un salto,o si esperara algo. Al ver el n¨²mero, ese entusiasmo se desvaneci¨® y suspir¨¦ antes de responder: ¡°Erik.¡± Erik se ar¨® garganta antes de contestar: ¡°?G¨¢mez, ya encontraste un nuevo trabajo?¡± Su pregunta me tom¨® por sorpresa, asenti: ¡°?Necesitas algo?¡± Erik se ar¨® garganta de nuevo, no respondi¨® pero contraatac¨®: ¡°?Ya te incorporaste?¡± Ya intu¨ªa hacia d¨®nde iba eso: ¡°Erik, si te preocupas por m¨ª, dilo directamente, no des vueltas.¡± Erik no dijo nada, imagin¨¦ que estaba luchando internamente, debatiendo si decirme verdad o no. Me tom¨¦ mi tiempo, sin apurarlo, puse el altavoz y segui jugueteando con mis cosas. ¡°El presidente V¨¢squez ya se enter¨® de tu nuevo empleo.¡± Erik finalmente. habl¨® despues de su conflicto interno. No me sorpr , pero sab¨ªa que Erik no me maba solo para contarme Capitule 146 esto, as¨ª que detuve lo que estaba haciendo y pregunt¨¦: ¡°?Qu¨¦, va a empezar a jugar sucio otra vez?¡± ¡°G¨¢mez, no por nada estuviste tanto tiempo con el presidente V¨¢squez.¡± Frunci el ce?o al escuchar lo que Erick hab¨ªa dicho. Parec¨ªa que Sergio no quer¨ªa dejarme incorporarme tranqumente a mi nuevo trabajo, pero yo no hab¨ªa recibido ninguna mada de nueva empresa. Aunque no estaba trabajando a¨²n, hab¨ªa firmado el contrato de trabajo; si quisieran rescindirlo, tendr¨ªan que avisarme. No me molest¨¦, simplemente pregunt¨¦ con indiferencia: ¡°?Qu¨¦, amenaz¨® con hacer desaparecer a empresa si me contrataban?¡± Erik solt¨® una risa por mientario. Al parecer hab¨ªa acertado, Sergio, siendo el presidente de Chispa Global, tambi¨¦n sufr¨ªa del Cap¨ªtulo 147 Una decisi¨®n r¨¢pida puede resolver un gran problema. Esperaba que Jorge fuera esa decisi¨®n capaz de liberarme de los enredos con Sergio. Despu¨¦s de colgarle a Erik, continu¨¦ arrendo mis adornos y casa, incluso peque?a manta rosa que Jorge hab¨ªa usado noche anterior estaba perfectamente doda sobre cama. De repente, me vino a mente imagen de Jorge cubierto con esa mantita, y no pude evitar sonre¨ªr. La vida ten¨ªa sus dificultades todos los d¨ªas, pero tambi¨¦n hab¨ªan peque?as alegr¨ªas inesperadas. Aunque lo que Erik me cont¨® deber¨ªa haberme puesto nerviosa, por alguna raz¨®n no le di mucha importancia, incluso esperaba con tranquilidad mada de despido de nueva empresa. Pero despu¨¦s de haber limpiado toda mi casita y hasta haber regados flores del balc¨®n, mi tel¨¦fono segu¨ªa sin sonar. Finalmente, prepar¨¦ una jarra de caf¨¦ y me sent¨¦ en mecedora del balc¨®n a leer, cuando escuch¨¦ voces abajo. Curiosa, mir¨¦ hacia abajo y vi a unos hombres entregando muebles, junto con dos operarios. Estaban fumando y chando entre ellos, y no pas¨® mucho tiempo antes de que viera a Josefina llegando en su triciclo el¨¦ctrico. Entend¨ª que estaban amuendo para el nuevo inquilino. Pensando en el hombre del que e haba, y recordando al hombre que me sigui¨® noche anterior, de repente me pareci¨® que no estaba mal tener un vecino hombre. Si me encontrara en peligro otra vez, podr¨ªa tocar su puerta en busca de ayuda, y ¨¦l seguramente ayudar¨ªa. Con ese pensamiento, sonre¨ª y volv¨ª a mi mecedora a continuar con mi caf¨¦ y mi libro, hasta que alguien toc¨® a mi puerta. Al abrir, vi a Josefina sonriendo ampliamente: ¡°Lo siento mucho, Cami.¡± Se disculpaba por no haber podido arrer el asunto del alquiler para m¨ª. Sonre¨ª: ¡°No te preocupes.¡± Mir¨¦ hacia puerta abierta de enfrente y los muebles ya en su lugar: ¡°?Cu¨¢ndo se mudar¨¢ el nuevo vecino?¡± ¡°Hoy mismo.¡± Dijo Josefina, sacudiendo cabeza: ¡°Originalmente dijo que no hab¨ªa prisa o esta ma?ana me m¨® temprano di mudarse hoy y que preparara los muebles.¡± Asenti ligeramente: ¡°Vaya, qu¨¦ prisa.¡± Josefina sacudi¨® cabeza con resignaci¨®n: ¡°Los pensamientos de los j¨®venes son dificiles de entender, pero ese chico parece ser bueno, no tienes que preocuparte. Tambi¨¦n le he dicho que tiene que llevarse bien con los vecinos.¡± Sonrei: ¡°Est¨¢ bien, har¨¦ un esfuerzo por llevarme bien con el nuevo vecino.¡± ¡°Ah, por cierto Cami, ?tienes un trapo para limpiar? Vine de prisa y olvid¨¦ traer uno, queria limpiar un poco el suelo antes de entregars ves.¡± Dijo Josefina, algo apenada. ¡°ro, te lo traigo.¡± Fui al ba?o por el trapo, pero cuando lo traje, Josefina ya hab¨ªa vuelto a su apartamento, parec¨ªa estar al tel¨¦fono. Llev¨¦ el trapo al otrodo, viendo que habitaci¨®n estaba simplemente pintada de nco, y los ¨²nicos muebles eran una cama y un escritorio con estanter¨ªa. Josefina, despu¨¦s de colgar, vino hacia m¨ª agradeciendo mientras se pon¨ªa a limpiar. ¡°Este chico no se queja de los muebles viejos, solo quer¨ªa una cama y estanter¨ªa nuevas. Mira, esa cama estaba perfecta, pero ¨¦l insisti¨® en cambia. No estuve de acuerdo, pero ¨¦l pag¨® de su bolsillo.¡± Coment¨® mientras sacud¨ªa cabeza. No di mi opini¨®n, solo ech¨¦ un vistazo y luego, viendo que Josefina se ocupaba, encontr¨¦ una excusa para regresar a mi apartamento. Hasta noche no recib¨ª mada de despido, lo cual me dej¨® bastante confundida, incluso me pregunt¨¦ si mi tel¨¦fono estaba roto. As¨ª que m¨¦ a Virginia para probar, y funcionaba perfectamente. Al saber de mis aventuras de noche anterior y el heroico rescate de Jorge, Virginia exm¨®: ¡°Cami, deber¨ªas tomarlo en serio con ¨¦l, ese hombre es demasiado guapo, ya quiero conocerlo. Me bnceaba en mecedora mientras le dec¨ªa: ¡°Cuando est¨¦ lista para algo serio con ¨¦l, te lo presentar¨¦.¡± Virginia suspir¨® del otrodo: ¡°?As¨ª que tambi¨¦n te gusta, eh?¡± Mirando mis pies, respondi: ¡°No soy de piedra.¡± Jorge ya me habia salvado y ayudado m¨¢s de una vez. ¡°El sol tambi¨¦n tiene manchas, y me alegra mucho que puedas liberarte de ese imb¨¦cil de Sergio.¡± Me dijo Virginia, e era ¨²nica persona que realmente se preocupaba por mi sin ning¨²n inter¨¦s. Cap¨ªtulo 148 Mientras est¨¢bamos en plena cha, escuch¨¦ el sonido de una puerta abri¨¦ndose y cerr¨¢ndose enfrente. Como Josefina hab¨ªa dicho que el nuevo inquilino se mudar¨ªa ese d¨ªa, parec¨ªa que el nuevo vecino ya hab¨ªa llegado. ¡°Rayos, ?crees que deber¨ªa saludar a mi nuevo vecino? As¨ª, si pasa algoo anoche, ser¨ªa m¨¢s f¨¢cil pedir ayuda.¡± Le pregunt¨¦ a Virginia. ¡°Si tu vecino es un hombre y t¨² vas a tocar su puerta justo cuando se acaba de mudar, podr¨ªa pensar que eres una acosadora,¡± Me dijo Virginia, haci¨¦ndome re¨ªr. Le dije: ¡°?T¨² Crees?¡± Virginia: ¡°Si.¡± Bueno, esperar¨ªa a encontr¨¢rmelo por casualidad. La probabilidad de encontrarme con el vecino de enfrente era alta, siempre y cuando no me escondiera a prop¨®sito. Pero me equivoqu¨¦, en los siguientes dos d¨ªas no vi al nuevo vecino, y Jorge tampoco volvi¨®. Tal parec¨ªa que los h¨¦roes solo salvaban el d¨ªa una vez, ?y no le preocupaba que el hombre del encuentro a ciegas pudiera volver por venganza? Ese pensamiento hizo que mi buena impresi¨®n sobre Jorge disminuyera. Hasta noche del fin de semana, todav¨ªa no hab¨ªa recibido una mada de despido, as¨ª que al otro d¨ªa todav¨ªa ten¨ªa que ir a trabajar. Mientras preparaba ropa para mi primer d¨ªa, Mire me m¨®: ¡°Cam, ?c¨®mo es que ya no te preocupas por el parque de diversiones?¡± ¡°Quien no est¨¢ en su posici¨®n, no debe intervenir.¡± Brome¨¦. Pero, ?c¨®mo podr¨ªa no preocuparme? Jorge me dej¨® una nota diciendo que todo iba bien, ?qu¨¦ m¨¢s podr¨ªa inquietarme? En ese momento me di cuenta de cu¨¢nto confiaba en Jorge. Mire resopl¨®: ¡°Cam, Jorge cambi¨® de opini¨®n, ya no nos deja trabajar horas extra por noche.¡± Me sorprend¨ª. Si prueba des luces se hac¨ªa durante el d¨ªa, pero validaci¨®n final se hac¨ªa por noche, ?c¨®mo le har¨ªan sin trabajar horas Capitulo 148 extra? ¡°Jorge dijo que primero hagamoss pruebas y luego haremos una validaci¨®n final.¡± Las pbras de Mire me hicieron fruncir el ce?o. ?C¨®mo iba a funcionar eso? Si encontraban un problema durante validaci¨®n final, ty si eso afectaba as otras pruebas que ya se hab¨ªan ajustado? La decisi¨®n de probar y validar simult¨¢neamente fue algo en lo que Jorge y yo hab¨ªamos acordado. ?C¨®mo pod¨ªa cambiar de opini¨®n as¨ª de repente? Aunque acababa de decir que no deber¨ªa interferir, colgu¨¦ mada con Mire y m¨¦ a Jorge. Era de esas personas que se irritan f¨¢cilmente, y hasta en mi habitaci¨®n sent¨ªa que no pod¨ªa respirar, as¨ª que mientras esperaba que Jorge contestara, me fui al balc¨®n. Al llegar al balc¨®n, vi una figura alta en el balc¨®n de aldo, me gir¨¦ para mirar. Pero esa figura entr¨® a su casa, no alcanc¨¦ a verle bien, solo vi su silueta. Aun as¨ª, me qued¨¦ hda. ?Jorge? ?Por qu¨¦ sent¨ª que era ¨¦l? Pero luego pens¨¦ que no era posible. Perdida en mis pensamientos, el tel¨¦fono son¨®, y agradable voz de Jorge me sac¨® de ellos: ¡°H¡± ¡°?D¨®nde est¨¢s?¡± No le porque sent¨ª que no me hab¨ªa equivocado, no estaba viendo cosas. Me pregunt¨¦ sobre el parque de diversiones, sino eso. pareci¨® que era ¨¦l quien estaba ah¨ª hacia un momento. ¡°?Qu¨¦ pasa?¡± ¨¦l no respondi¨®, sino que me pregunt¨®. Despu¨¦s de pensar unos segundos, sali r¨¢pidamente del balc¨®n, sal¨ª de mi casa, me dirig¨ª a puerta de enfrente y le dije a Jorge por tel¨¦fono: ¡°Abre Cap¨ªtulo 149 No hubo respuesta del otrodo del tel¨¦fono, seguido por el sonido de colgar. Aunque puerta a¨²n no se hab¨ªa abierto, sab¨ªa que hab¨ªa acertado. Un momento despu¨¦s, puerta se abri¨® y ah¨ª estaba Jorge, vestido con un pijama gris, parado frente a m¨ª. Result¨® que mi nuevo vecino era ¨¦l. Estos d¨ªas no hab¨ªa ido, sino que ya estaba viviendo enfrente de mi casa. Tampoco estaba trabajando horas extras, sino que hab¨ªa ido hasta all¨ª temprano para protegerme, pero viviendo justo enfrente, nunca me lo hab¨ªa dicho. Adem¨¢s, deb¨ªa haber neado alqur el lugar frente al m¨ªo desde el cual me ayud¨® con tuber¨ªa. Al verlo, lo entendi todo. ¡°Pasa.¡± Jorge ten¨ªa una expresi¨®n tranqu, sin signos de iodidad por haber sido descubierto. En realidad, no hab¨ªa nada malo en que ¨¦l alqura ese lugar, era yo quien, estaba haciendo un esc¨¢ndalo, pero no pod¨ªa simplemente saludarlo con calma. No entr¨¦, solo me qued¨¦ parada en puerta, mir¨¢ndolo fijamente y preguntando: ¡°?No crees que me debes una explicaci¨®n? ?Qu¨¦ est¨¢ pasando aqu¨ª?¡± ¡°Entra y te explico.¡± Jorge se movi¨® un poco a undo. Mord¨ª mibio a modo de frustraci¨®n, y entr¨¦. Aunque sab¨ªa que estaba all¨ª por m¨ª, en el fondo, segu¨ªa enfadada. Enfadada porque estaba jugando conmigo. Entr¨¦ y luego me detuve sorprendida, ya hab¨ªa estado all¨ª antes, sab¨ªa exactamente c¨®mo era este lugar, pero en aquel momento, al mirar alrededor, todo erapletamente diferente ao lo hab¨ªa visto. Los objetos que hab¨ªa antes hab¨ªan desaparecido y en aquel momento en s solo hab¨ªa un sof¨¢, aparte de eso, no hab¨ªa nada, estaba tan vac¨ªoo si hubieran saqueado el lugar, ni siquiera parec¨ªa habitado. ¡°?D¨®nde est¨¢n todas tus cosas?¡± Pregunt¨¦ por instinto. Jorge me mir¨® y pregunt¨®: ¡°?As¨ª que viniste a ver antes?¡± Capitulo 149 Siempre respondiendo mis preguntas con otras preguntas, mi irritaci¨®n creci¨® mientras lo miraba fijamente. Bajo mi mirada intensa, se?al¨® hacia una habitaci¨®n no muy lejana dici¨¦ndome: ¡°Las guard¨¦ todas ah¨ª.¡± ?As¨ª que todo lo que necesitaba en ese lugar era un sof¨¢? En un lugar donde viv¨ªa una persona normal, deber¨ªa haber al menos un mueble para televisi¨®n o una mesa peque?a, algo donde pudiera poner una taza de t¨¦ o un tel¨¦fono. Si le molestaba el desorden, ?por qu¨¦ guard¨®s cosas de habitaci¨®n de mis padres en Todos Santos, donde ¨¦l se quedaba? Sin embargo, no le hice esa pregunta, pero de todas formas pregunt¨¦: ¡°?Por qu¨¦ quer¨ªas vivir frente a mi?¡± Jorge dijo: ¡°El alquiler es barato.¡± Eso era cierto, el alquiler alli no era caro. ¡°De todos los apartamentos en esteplejo, ?por qu¨¦ alqur el que est¨¢ frente al mio?¡± Pens¨¦ en esa mada que escuch¨¦ en habitaci¨®n de Jorge ese d¨ªa. En aquel momento pens¨¢ndolo, realmente fui tonta y probablemente ¨¦l me consideraba una ingenua, Jorge me mir¨® directamente confirmando: ¡°Porque t¨² est¨¢s enfrente.¡± Era bastante directo. Solt¨¦ una risa sarc¨¢stica y dije: ¡°Eres incluso m¨¢s aterrador que ese tipo de cita a ciegas, incluso te has mudado justo frente a mi.¡± Jorge frunci¨® el ce?o ligeramente diciendo: ¡°No soyo ¨¦l, estoy aqui para protegerte, ¨¦l no.¡± No pude rebatir eso, pero aun as¨ª, dije con enojo: ¡°Entonces tambi¨¦n tienes ms intenciones.¡± Jorge guard¨® silencio por unos segundos y admiti¨®: ¡°¡­Si.¡± ?Lo admiti¨®? Realmente era digno de alguien que hab¨ªa vesti militar, asumia lo que hacia. Estaba tan confundida y a¨²n m¨¢s enfadada, por lo que le pregunt¨¦: ¡°?Qu¨¦ quiere decir ese ¡®sf?¡± ¡°Queria estar cerca del r¨ªo para ser el primero en beber de su agua.¡± Dijo Jorge, usando una met¨¢fora bastante po¨¦tica. Cap¨ªtulo 150 Mi coraz¨®n se salt¨® untido y le respondi: ¡°Ya te dije que lo nuestro es imposible, si vienes con esa idea, creo que ni siquiera deber¨ªamos. pretender ser novios, mejor busco a alguien m¨¢s,¡± Al terminar de har, ¨¦l, que habia estado inm¨®vil hasta entonces, avanz¨® hacia mi con susrgas piernas pregunt¨¢ndome: ¡°?Y a qui¨¦n piensas buscar?¡± Instintivamenteenc¨¦ a retroceder, pero mientras yo retroced¨ªa, ¨¦l avanzaba, diciendo: ¡°?Vas a tener otra cita a ciegas? ?O vas a buscar a alg¨²n amigo?¡± El sabor de los celos era fuerte, ¡°?Jorge!¡± Cuando casi no tenia espacio para retroceder, extend¨ª mi mano para detenerlo. Pero antes de que pudiera decir algo m¨¢s, ¨¦l ya hab¨ªa hado: ¡°S¨ª, estoy interesado en ti, pero t¨² me rechazaste, as¨ª que no voy a insistir.¡± ?Eh? En ese momento era yo quien estaba confundida. Jorge, con una expresi¨®n fr¨ªa y seria, y sus profundos ojos vados en m¨ª, dijo: ¡°Ahora mismo, siendo tu vecino de enfrente, solo soy un inquilino normal, no pienses demasiado en ello y todo estar¨¢ bien.¡± Yo me qued¨¦ sin pbras. ?As¨ª que ¨¦l pensaba que yo era que ten¨ªa mente sucia? Mientras no sabia qu¨¦ decir, Jorge tomo iniciativa de har de nuevo: ¡°?Para qu¨¦ maste hace un rato?¡± Su pregunta disip¨® mi iodidad, asi que segui su l¨ªnea de pensamiento: ¡°?Ya terminaste de trabajar a esta hora? ?El parque de atriones ya est¨¢ listo?¡± ¡°No.¡± Respondi¨® con naturalidad con una pbra. Con una sonrisa sarc¨¢stica, dije: ¡°Jorge, si a¨²n no has terminado, ?por qu¨¦ saliste temprano del trabajo? ?A esto le mas terminar dos d¨ªas antes?¡± 11 ¡°Lo que prometo, lo cumplo.¡± Jorge respondi¨® con firmeza. Movi mi boca, sin saber qu¨¦ decir: ¡°Pero si ahora cambias el m¨¦todo de ajuste, y al final hay alg¨²n problema con inspi¨®n, eso podr¨ªa hacernos perder m¨¢s tiempo.¡± ¡°Lo s¨¦, pero yo me encargar¨¦, cualquier problema ser¨¢ mi responsabilidad.¡± Jorge tenia esa vibra de que pod¨ªa soportar el cielo si se ca¨ªa. Quer¨ªa preguntarle de d¨®nde sacaba esa confianza. Pero pens¨¢ndolo bien,o ¨¦l era el principal encargado de iluminaci¨®n, realmente ten¨ªa derecho a decir eso. Despu¨¦s de pensarlo por un segundo, le record¨¦: ¡°Jorge, aunque ya dej¨¦ mi puesto y ya no me encargo de los problemas de iluminaci¨®n, si el resultado final no es lo que quiero, nunca te lo perdonar¨¦.¡± El perfil de Jorge, con sus rasgos tan definidos, no mostr¨® cambio alguno y simplemente me dijo: ¡°Lo que te promet¨ª, lo cumplir¨¦.¡± Despu¨¦s de har hasta este punto, ?qu¨¦ m¨¢s pod¨ªa decir? ¡°Est¨¢ bien, espero que as¨ª sea.¡± Justo cuando me dispon¨ªa a irme, Jorge se interpuso en mi camino. No sab¨ªa qu¨¦ quer¨ªa hacer, pero no quer¨ªa quedarme ni un segundo m¨¢s, as¨ª que intent¨¦ esquivarlo, pero ¨¦l segu¨ªa bloque¨¢ndome. Me enfad¨¦ y lo m¨¦: ¡°Jorge.¡± ¡°Hay algo en lo que me gustar¨ªa que me ayudaras.¡± Jorge mostr¨® una expresi¨®n suplicante. ¨¦l, el se?or soldado que pod¨ªa arrer hastas tuber¨ªas, ?qu¨¦ ayuda podr¨ªa necesitar de m¨ª? Curiosa, pregunt¨¦: ¡°?Qu¨¦ es?¡± ¡°Prepar¨¦ida de m¨¢s, ?podr¨ªas ayudarme a termina?¡± Su pregunta me dej¨® pasmada por un segundo y luego casi me r¨ªo. Desde que descubr¨ª que ¨¦l viv¨ªa all¨ª, ira que hab¨ªa acumdo se desvaneci¨® en ese momento. Levant¨¦ pierna para darle una patada mientras mis manos tambi¨¦n entraban en i¨®n y dec¨ªa: ¡°Est¨¢s jugando conmigo, ?Jorge, me tomas por una ni?a?¡± 213 ¨¦l dej¨® que le diera algunas patadas y golpes, luego agarr¨® mis manos y dijo. ¡°Nueva vecina, espero que nos llevemos bien en el futuro.¡± ¡°Jorgel¡± Me arrastro hacia mesa deledor, donde vi que efectivamente hab¨ªa cuatro tos y una sopa. ?Necesitabaer tanto ¨¦l solo? ?O ya hab¨ªa calcdo que aquel d¨ªa descubrir¨ªa que viv¨ªa alli? No, eso era imposible, entonces simplemente decidi¨® que esa noche me dejar¨ªa saber, aunque no lo hubiera descubierto por idente. Una sensaci¨®n de impotencia de estarpletamente a merced suya me enfureci¨® de nuevo e intent¨¦ decirle: ¡°Jorge, t¨²¡­¡± Estaba a punto de rega?arlo, cuando su voz grave y atractiva reson¨®: ¡°Se?orita G¨¢mez, por favor, ay¨²dame a terminar esto.¡± EI Centímetro 151-160 Cap¨ªtulo 151 As raw de ma?ana ya estaba despierta, haciendo yoga para empezar el dia con toda energia posible para mi nuevo trabajo. As seis, mientras. we preparaba para hacer el desayuno, mi celr sond. Era un mensaje de texto de Jorge Dee el desayuno en mesa,s ves est¨¢n colgadas en puerta de tu casa) Me quede mirando el mensaje unos minutos antes de abrir puerta, y efectivamente, ah¨ª estabans ves. Tambi¨¦n entr¨¦ a habitaci¨®n de Jorge y vi el desayuno. La noche anterior, no hab¨ªa podido resistirme a rechazarlo, ro, tentaci¨®n deida tambi¨¦n tuvo algo que ver en mi decisi¨®n de quedarme a ¡®ayudarle¡®. ?Pero que significaba ese desayuno? ?Estaba tratando de convertirme en su ni?era gratis? Aunque despertar y encontrarida no estaba nada mal, no me sentia bien disfrutando de eso sin merecerlo. Asi que le mand¨¦ un mensaje: ?Qu¨¦ significa esto? ?Ahora quieres ser asistente? Jorge: Eh, solo cuido de se?orita Gamez y le doy alg¨²n extra pors molestias. Sabia c¨®mo seguirme el juego. Sabia que no lo dec¨ªa en serio, pens¨¦ unos segundos y le respondi: Jorge, te est¨¢s pasando, solo estamos fingiendo ser novios. Jorge: Aunque sea un amor de mentira, tengo que asegurarme de que est¨¦s bien durante esta etapa, de lo contrario, este novio falso tendria que gastar energia cuid¨¢ndote. Nunca le pedi que se ocupara de mi, as¨ª que le respondi: Te est¨¢s preocupando demasiado, solo debes actuar conmigo, mi vida y mi muerte. no tienen nada que ver contigo. Adem¨¢s, cocinar es algo que solo suceder¨¢ esta vez, si vuelves a hacerlo, no piensoerlo. No era que fuera insensible o no supiera apreciar lo bueno, era que no podia Capitulo 151 darle lo que ¨¦l quer¨ªa, as¨ª que no deb¨ªa disfrutar de su cuidado y amo Tambi¨¦n necesitaba dejar ro que no deb¨ªa gastar energ¨ªas en algo imposible. Me¨ª el desayuno, estaba delicioso y me dio fuerzas para ir a trab Sin embargo, en el camino pens¨¦ que empresa que quer¨ªa contrata no me hab¨ªa mado para despedirme y era posible que solo estuvier esperando que fuera a oficina para terminar el contrato cara a cara. Aunque ese pensamiento arruin¨® mi buen humor instant¨¢neamente, ic fui a empresa. ¡°Le damos bienvenida, directora G¨¢mez.¡± Victor apareci¨® frente a m¨ª inmediato y me salud¨® con un apret¨®n de manos muy entusiasta. No parec¨ªa en absoluto que tuviera intenciones de despedirme, as¨ª que le pregunt¨¦ directamente: ¡°Se?or Sierra, ?es cierto que mi anterior emplea ha intentado interferir con mi contrataci¨®n?¡± V¨ªctor sonri¨®, sin mostrar sorpresa y con total franqueza, dijo: ¡°S¨ª.¡± Lo mir¨¦, mostrando una cara amigable: ¡°Pero parece que no tienes intenciones de despedirme.¡± ¡°?Por qu¨¦ te despedir¨ªa?¡± V¨ªctor me pregunt¨® a cambio. Porque Sergio les hab¨ªa presionado, ro. No dije eso en voz alta, pero V¨ªctor cambi¨® su sonrisa radiante por una sonrisa profesional mientras me dec¨ªa: ¡°Nosotros, Sol de M¨¦xico S.A., no dependemos ni tememos a nadie. Nos desarromos con base en nuestr m¨¦rito. Quien no est¨¦ de acuerdo, quepita con nosotros en m¨¦ritos. Los dem¨¢s m¨¦todos no nos derrotar¨¢n.¡± Sus pbras, aunque breves, fuerono una corriente de energ¨ªa que recorri¨® mi cuerpo, e inmediatamente sent¨ª una fuerza interior brotar, as¨ª que le dije: ¡°Se?or Sierra, no defraudar¨¦ sus expectativas.¡± ¡°No te preocupes, haz lo que tengas que hacer, aunque me tengas que decepcionar en alg¨²n momento, no pasa nada.¡± V¨ªctor volvi¨® a sonre¨ªr radiante. Aunque valorar el talento y tratarlo bien era importante,s pbras de Victor me dejaron algo c 2/3 adida Capiken 151 Victor me mostr¨® empresa, me llev¨® al departamento de marketing y me present¨®, instruyendo al subdirector y al jefe de departamento para que cooperaran conmigo. Dicen que los novatos deben pasar por muchas dificultades antes de poder triunfar, pero yo no sent¨ª nada de eso, m¨¢s bien, me sent¨ªo si hubiera recibido un trato especial,o si fuera una princesa llegando desde lo alto. Cap¨ªtulo 152 Sin embargo, siempre hab¨ªa trabajado con habilidades propias, incluso Chispa Global, bajo sombra de ser futura se?ora due?a de empr me negu¨¦ a ser solo una figura decorativa. En una semana, revis¨¦ todos los archivos de los clientes de marketing, io los recursos actuales de empresa, yprend¨ª detadamente rendimiento de cada empleado de marketing, especialmente en los ¨²ltin seis meses. Reorganic¨¦s tareas y establec¨ª un sistema de incentivos sanciones. Dicen por all¨ª que un nuevo oficial enciende tres fuegos al asumir el carg pero no encend¨ª fuegos para imponer autoridad, sino para motivar a tod a esforzarse, no defraudarse a s¨ª mismos ni a empresa, y por supuest fue tambi¨¦n mi manera de retribuirle a empresa por contratarme inclu bajo presi¨®n de Sergio. Justo cuando estaba confiada en que el departamento de marketing brir¨ªa, recib¨ª retroalimentaci¨®n de los empleados de marketing, diciendo que todos los clientes con los que est¨¢bamos en contacto hab¨ªa pedido cancr los contratos, incluso aquellos con los que en un principi est¨¢bamos negociando bien en aquel momento buscaban excusas para retractarse. Sab¨ªa que Sergio hab¨ªa intervenido. Como no pudo presionar a empresa con ¨¦xito,enz¨® a utilizar t¨¢cticas despreciables para robar recursos d clientes y hacer que empresa me dejara ir. Ese problema surgi¨® por mi causa, naturalmente ten¨ªa que informarle a V¨ªctor, quien, al escuchar mis pbras, simplemente sonri¨® y dijo: ¡°No te preocupes, si pudo llev¨¢rselos, eso demuestra que no eran nuestros clientes en primer lugar, simplemente encontraremos m¨¢s.¡± La generosidad de V¨ªctor realmente me sorprendi¨®, le mostr¨¦ el informe, ten¨ªa que saber aquel momento el ochenta por ciento de los clientes de empresa hab¨ªan robados por Sergio. que en ¡°No hay problema, siempre y cuando no te lleve a ti, confi directora G¨¢mez podr¨¢ una gran confianza en m¨ª. Por supuesto, yo tambi¨¦n ten¨ªa esa confianza, pero aun as¨ª sent¨ªa que s trato hacia mi era algo fuera de lo¨²n. ¡°Se?or Sierra, ?no le reportar¨¢ esto al presidente?¡± Termin¨¦ de har y lu expliqu¨¦: ¡°No lo digo por nada malo, solo pienso que perder tantos client de golpe, si no se informa, podr¨ªa poner al se?or Sierra en una situaci¨®n dif¨ªcil si llegan a culparnos.¡± Victor sonri¨®, una sonrisa que me dej¨® pensativa, y entonces dijo: ¡°Se?or G¨¢mez, finalmente entiendo¡­¡± Se detuvo de repente, y despu¨¦s de unos segundos, continu¨®: ¡°Finalment entiendo por qu¨¦ el presidente V¨¢squez de Chispa Global realmente no quer¨ªa que te fueras.¡± ?De verdad? Siempre sent¨ª que lo que realmente quer¨ªa decir no era eso. Pero Victor continu¨®: ¡°Definitivamente ya report¨¦¡­ aquello por lo que te preocupas, y desde intervenci¨®n de Chispa Global en tu contrataci¨®n, diri¨®n ya lo sab¨ªa. Todo esto estaba dentro de nuestras expectativas, i que no debes preocuparte demasiado, todo est¨¢ bajo nuestro control.¡± Eso significaba que estaba preocup¨¢ndome de m¨¢s. Llegado a ese punto, no ten¨ªa mucho m¨¢s que decir y solo asent¨ª levemen ¡°Solo tem¨ªa convertirme en causante de problemas para empresa.¡± Victor hizo un gesto con mano y me consol¨® un poco: ¡°Para nada, eres libre de causar todos los problemas que quieras.¡± ?Eh? Me sonri¨® ampliamente, mostrando sus dientes ncos mientras agregaba: ¡°Lo que quiero decir es que confiamos en tu habilidad, definitivamente no decepcionar¨¢s a empresa.¡± Yo tambi¨¦n forc¨¦ una sonrisa y dije: ¡°No soy una diosa.¡± ¡°?Qu¨¦ c¨®mo que no?¡± Victor respondi¨® juguetonamente: ¡°Eres una diosa.¡± Yo estaba totalmente sin pbras. Aunque empresa no me hab¨ªa puesto ninguna presi¨®n, eso solo hac¨ªa que me sintiera m¨¢s frustrada Nunca imagin¨¦ que Sergio fuera tan infa intereses de empresa por su propio beneficio, sino que tambi¨¦n afectaba el desarrollo de otras empresas. A trav¨¦s de lo que habia aprendido sobre Sol de M¨¦xico S.A lesde que me uni, aunque todav¨ªa no era muy conocida en industria, definitivamente estaba entres mejores en t¨¦rminos de fuerza y tologia especializada. Si hubiera m¨¢s talentoso Jorge en empresa, definitivamente podrian obtener grandes logros. Por lo tanto, no podia permitir que Sergio continuara con sus actos irresponsables, da?ando a una empresa tan prometedora y convirti¨¦ndome en una femme fatale Ten¨ªa que buscar a alguien que pudiera frenar a Sergio, y esa persona solo podia ser su padre, Ricardo Vasquez. Ese asunto tampoco era algo que pudiera discutir por tel¨¦fono, asi que tenia que verlo en persona. Por eso no me qued¨® m¨¢s remedio que ir a casa de los V¨¢squez. Cap¨ªtulo 153 Revis¨¦ el calendario y faltaban tres d¨ªas para el cumplea?os de Ricardo. Decirle algo as¨ª ese d¨ªa no era lo adecuado, no quer¨ªa amargarle u celebraci¨®n, as¨ª que decidi adntar mi visita para entregarle su regalo. De esa manera, ni siquiera tendr¨ªa que ir el d¨ªa de su cumplea?os. Pero antes de que pudiera hacer algo al respecto, Manuel me busc¨®. Desde que dej¨¦ el hab¨ªa visto, y casi no lo reconozco cuando lo vi. ¡°?Qu¨¦, si me convierto en un trozo de carb¨®n ya no me reconoces?¡± Brome¨® Manuel primero. parque de diversiones no lo Verlo as¨ª me hizo pensar en Jorge, y no pude evitar sonre¨ªr mientras le dec¨ªa: ¡°Si tu madre te viera asi, seguro se preocuparia.¡± ¡°No, mi mam¨¢ dice que as¨ª me veo m¨¢s macho.¡± Contest¨® Manuel tratando de animarme con sus pbras. Me mordi elbio y luego le dije: ¡°Definitivamente, asi te ves m¨¢s varonil.¡± Manuel se toc¨® cara y asinti¨®: ¡°Tambi¨¦n lo creo.¡± Aunque intentaba que atm¨®sfera entre nosotros fuera m¨¢s rjada, no supe c¨®mo continuar conversaci¨®n. Pensando en lo que hab¨ªa neado hacer con Ricardo, le pregunt¨¦: ¡°?C¨®mo est¨¢n tus padres ¨²ltimamente?¡± ¡°Bien, solo que te extra?an mucho.¡± Dijo Manuel, haciendo que me sintiera mnc¨®lica. Antes, al terminar mi jornadaboral, siempre regresaba a casa de los V¨¢squez, y ellos podian verme todos los dias. Pero desde que me mud¨¦, no hab¨ªa vuelto ni una s vez. ¡°neo ir a visitarlos hoy.¡± Dije, haciendo una pausa moment¨¢nea mientra agregaba: ¡°¡­y de paso har¨¦ con el se?or sobre algo.¡± Manuel me mir¨®, entendiendo lo que quer¨ªa decir, pero quer¨ªa saber de que se trataba. No ten¨ªa sentido ocult¨¢rselo, a que le expliqu¨¦: ¡°¨²ltimamente, Sergio ha estado presionando mucho a trabajar, incluso robando nuestros clientes.¡± mpresa donde empec¨¦ a La cara de Manuel no mostr¨® sorpresa ni shock y not¨¦ que sabia. Como esperaba, inmediatamente despu¨¦s me dijo: ¡°Ya le hab de esto, y sobre tu renuncia, ¨¦l tampoco est¨¢ de acuerdo.¡± Mir¨¢ndome seriamente, Manuel continu¨®: ¡°De hecho, mi pap¨¢ meo mediador hoy, Cami¡­ deber¨ªas regresar a empresa.¡± Frente a su grave expresi¨®n, no pude evitar re¨ªr y decirle: ¡°Si hoy no d tu misi¨®n, ?tu padre te pegar¨¢?¡± Dije eso porque en mi tercer a?o en fam¨ªlia V¨¢squez, Ricardo le enca Manuel hacer algo, yo no lo hizo bien, Ricardo lo pate¨® cuando volv Ese recuerdo lo ten¨ªa muy presente, fue primera vez que vi a Ricardo pegarle a alguien, y fue bastante duro. Manuel no tuvo ninguna rei¨®n en ese momento, no llor¨® ni intent¨® explicarse, pero cuando me vio, ramente se sonroj¨® de verg¨¹enza. En ese instante me di cuenta de que deber¨ªa haberme escondido para no hacerlo sentir inc¨®modo. *?Est¨¢s burl¨¢ndote de mi?¡± Manuel sonri¨®, probablemente tambi¨¦n recordando aquel incidente. ¡°No, yo¡­¡± Intent¨¦ negarlo. Pero antes de que pudiera terminar, Manuel me interrumpi¨® y dijo: ¡°Pero hoy no vine a convencerte, aunque ¨¦l me pegue al volver.¡± ?Eh? Confundida, lo mir¨¦ y Manuel apret¨® losbios: ¡°S¨¦ por qu¨¦ te fuiste, incluso dejando atr¨¢s el parque de diversiones que tanto quer¨ªas. ?C¨®mo podr¨ªa forzarte a regresar?¡± Manuel sonri¨®,o si fuera un joven lleno de luz: ¡°Adem¨¢s, s¨¦ que no volver¨¢s aunque te lo pida, as¨ª que mejor no me humillo El si que me conoc¨ªa. De hecho, antes de que Manuel se fuera, me lleva mejor con ¨¦l que con Sergio en familia V¨¢squez. Sergio tambi¨¦n bueno conmigo, pero a veces me gastaba bromas pesadas otrodo, nunca lo hac¨ªa. Si por asustarme m¨¢s de una vez. Erao un he- e me proteg¨ªa e inclue ¡°?Tu padre tambi¨¦n apoyas locuras de Sergio?¡± Le pregunt¨¦ directamente despu¨¦s de que mencion¨® que Ricardo sab¨ªa sobres cosas de Sergio. ¡°No, mi pap¨¢ lo rega?¨® y le advirti¨® que si segu¨ªa as¨ª lo echar¨ªa.¡± Dijo Manuel, y le crei Cap¨ªtulo 154 Durante esos a?os viviendo con familia V¨¢squez, llegu¨¦ a Ricardo, tanto su personalidad su car¨¢cter. Siempre ha separar lo personal de lo profesional, y si Sergioet¨ªa alg¨² en sus decisiones, al ser atrapado por Ricardo, no se salvaba castigado. Recuerdo haber pensado, tras recibir un informe re Sergio segu¨ªa arrebat¨¢ndonos los clientes con una voracidad s que me hizoentar: ¡°Parece que el aviso de tu padre no tuvo Manuel capt¨® el tono de preocupaci¨®n en mis pbras y pregun todav¨ªa no se ha dado por vencido?¡± ¡°No, parece decidido a astar mi empresa de un golpe.¡± Dije y m temba al har. No pod¨ªa enfadarme. Mi empresa e incluso lo hab¨ªan sufridos consecuencias, y eso no era una falta menor. ¡°Est¨¢ actuando de manera imprudente, le har¨¦ a mi pap¨¢ sobre Manuel tambi¨¦n mostr¨® su enfado. ¡°Mejor lo hago yo, justo prepar¨¦ un regalo de cumplea?os para tu pa si le gusta.¡± Mi propuesta hizo que los ojos de Manuel briran. Ver Su rostro se ilumin¨® con una sonrisa c¨¢lida mientras le dec¨ªa: ¡°Bien,. hoy mismo? Podemos ir juntos.¡± Ante su expectativa, frunc¨ª ligeramente elbio y solo dije: ¡°S¨ª, hoy. Per llevar¨¦ a alguien conmigo.¡± ¡°?Qui¨¦n?¡± Manuel manten¨ªa su sonrisa esperanzada: ¡°?Un amigo?¡± ¡°Eh, mi novio.¡± Al decir esto, sonrisa en el rostro de Manuel se congel Ese instante de shock y desilusi¨®n tambi¨¦n me doli¨®. Sab¨ªa lo que sent¨ªa mi, Sandra tambi¨¦n me lo hab¨ªa mencionado, as¨ª que era momento de hacerle sentir ese dolor, de despertarlo de ilusiones que no deb¨ªan existir Tras unos segundos, me pregunt¨® con voz inestable: ¡°Cami¡­ tu.. es¡­ ¡°?Jorge!¡± La expresi¨®n de Manuel se torn¨® a¨²n m¨¢splicada e intent¨® decirme: ¡°Cami¡­..¡± ¡°Manuel, entiendo lo que quieres decir, pero no estoy jugando con mi felicidad, ni actuando por impulso.¡± Dije, contra mi voluntad. La expresi¨®n de Manuel revba un dolor profundo, mientras me dec¨ªa: ¡°Pero no puedo creer que hayas superado lo de Sergi tan r¨¢pido.¡± Eso casi me hace re¨ªr, si ya lo sab¨ªa, ?por qu¨¦ seguir ilusion¨¢ndose? No, los sentimientos de Manuel hacia m¨ª debieron haberenzado antes de que se fuera al extranjero. Quiz¨¢s, su ausencia de varios a?os tambi¨¦n tuvo que ver conmigo. Al pensar en eso, sent¨ª un peso en el pecho, desvi¨¦ mirada para no enfrentar suya, diciendo fr¨ªamente: ¡°Te equivocas, Manuel. No pierdo tiempo con personas o sentimientos que no valen pena.¡± Tras un breve silencio, a?adi: ¡°Adem¨¢s, Jorge es superior a Sergio en todos los aspectos, ?qu¨¦ tendr¨ªa quementar?¡± Sent¨ª mirada de Manuel sobre m¨ª, haciendo que cada m¨²sculo de mi cuerpo se tensara. Despu¨¦s de un rato, escuch¨¦ su voz: ¡°Est¨¢ bien, aunque hayas superado a Sergi, ?cu¨¢nto tiempo llevas con Jorge? ?Realmente lo conoces?¡± Manuel intentaba convencerme, realmente no quer¨ªa que estuviera con Jorge, quiz¨¢s esperaba que si no empezaba algo nuevo, a¨²n podr¨ªa albergar esperanzas con ¨¦l. Pero eso era algo que no pod¨ªa darle. Entonce solt¨¦ una risa sarc¨¢stica dici¨¦ndole: ¡°?De qu¨¦ sirve conocer? Estuve con Sergio diez a?os, sab¨ªa hasta cu¨¢nto tardaba en orinar y temperatura exacta de su ducha, ?hay algo m¨¢s ¨ªntimo que eso? ?Y cu¨¢l fue el resultado? Al decir eso, un amargor me invadi¨®, recordando cuanto am¨¦ a Sergio, hasta el punto de perderme a mi misma. Tal vez fue esa devoci¨®n que hizo su traici¨®n a¨²n m¨¢s insoportable. ¡°Sergi es una excepci¨®n, no todos lo ombres sono ¨¦l.¡± Dijo Manuel colocando su mano sobre mi hombro y gir¨¢ndome para enfre p¨ªtulo 155 Mi cuerpo se tens¨® por un instante, queriendo evitar su tacto instintivamente, pero ¨¦l me agarr¨® fuerte, sin darme oportunidad escapar. Esa sensaci¨®n de ser contrda no me gustaba nada, por lo que ce?o, m¨¢ndolo: ¡°Manuel¡­¡± Manuel me interrumpi¨® antes de que pudiera continuar: ¡°Cami, Se hermano, no puedo har mal de ¨¦l, pero ¨¦l es excepci¨®n, no pl abandonar tus principios por esto.¡± Me agarraba fuerte, pod¨ªa sentir su nerviosismo y temblor, y pro en su mirada era a¨²n m¨¢s intensa, su tono de voz era pesado e inc suplicante: ¡°Cami, buscar novio no es un juego, debes ser cuidados paso en falso y te har¨¢s da?o.¡± Al ver lo sincero que parec¨ªa, casi me hace sentir mal, hasta pens¨¦ decirle que Jorge solo era mi novio temporal. Pero esa idea se desva r¨¢pidamente, llev¨¦ a Jorge precisamente para que desistieran de es si lo dec¨ªa, entonces ?para qu¨¦ hab¨ªa hecho todo ese teatro? ¡°Manuel, ya no soy una ni?a de tres a?os, s¨¦ lo que estoy haciendo.¡± I repliqu¨¦. ¡°?Pero t¨² y Jorge no se conoc¨ªan apenas desde hace unos d¨ªas?¡± La v Manuel se volvi¨® m¨¢s pesada y parec¨ªa enfadado. Al ver su escepticismo, decid¨ª soltar una bomba: ¡°Nos conocemos des hace poco, pero nuestra rci¨®n se defini¨® cuando fui a Todos Santos Dije eso de manera muy sutil, despu¨¦s de todo, ve¨ªa a Manuelo a u hermano mayor, y hab¨ªa cosas que simplemente no eran necesarias decis. Manuel, un hombre astuto, lo entendi¨® de inmediato, me mir¨®o mundo se desmoronara, y su ma n mi hombro parest estrangrme. No dijo nada m¨¢s, solo m incredulidad, decepci¨®n profundo de Capitulo 155 ¡°Manuel, el destino entres personas est¨¢ predestinado, quiz¨¢s Jor simplemente estamos destinados a estar juntos.¡± Al decir eso, sent¨ª c¨®mo el cuerpo de Manuel se tambaleaba. Sin emb mano con que me agarraba el hombro ya no estaba tan tensa co antes. Justo cuando Manuel y yo est¨¢bamos en ese momento tenso, apareci¨® de nada, sonriendo radiante y diciendo: ¡°Directora G¨¢mez tienes visita, ?por qu¨¦ no vas a oficina?¡± Mientras haba, mir¨® a Manuel y le dijo: ¡°Vamos a oficina, manda preparar un buen caf¨¦.¡± Manuel, siempre educado, solt¨® mi hombro al escuchar eso y le dijo a Victor: ¡°No hace falta, gracias.¡± Manuel se fue, y al irse ni siquiera me mir¨®, esa sensaci¨®n de p¨¦rdida realmente te deja sin aliento. Estuve aturdida por unrgo rato antes c volver a mi oficina. Pasando por el despacho de V¨ªctor, pens¨¦ en pedir permiso para salir por tarde, ten¨ªa que preparar un regalo y luego ir a familia V¨¢squez. Justo cuando iba a mar a puerta, escuch¨¦ voz de V¨ªctor: ¡°Herm todo est¨¢ arredo¡­ s¨ª, se fue¡­ ja, ja, hermano, ese hombre no te lleg los talones, tranquilo¡­ Cam, directora G¨¢mez¡­¡± V¨ªctor, hando por tel¨¦fono, sali¨® del cuarto y justo me vio en puert pareci¨® sorprenderse tanto que casi deja caer su celr. No entend¨ªa qu¨¦ se asustaba tanto, r¨¢pidamente lo atrap¨¦, viendo en panta que dec¨ªa ¡®Hermano. Le devolv¨ª el celr a Victor, cuyo rostro hab¨ªa pasado por varias expresiones, indic¨¢ndole que a¨²n estaba en una mada. Victor, todo apurado, tom¨® el celr y dijo apresuradamente: ¡°Hermano, directora G¨¢mez vino a buscarme, te mo m¨¢s tarde.¡± Colg¨® y me mir¨®, mientras el p¨¢nico en sus ojos se hac¨ªa evidente. Era solo una mada, ?no? Y estaba hando con su herman mada de infidelidad ni estaba hubiera escuchado algo, ?por qu¨¦ Cap¨ªtulo 156 La duda me cruz¨® por mente y justo cuando iba a har, Victor tom pbra primero. Tosi¨® un par de veces, se ar¨® garganta con una risita y pregunt¨®: ¡°?Directora G¨¢mez espiando por rendija de puerta? Me diste un bi susto.¡± Aunque pod¨ªa ver que estaba bromeando, igual me sent¨ª en necesida arar con toda seriedad: ¡°No te me confundas, se?or Sierra, no estab espiando. Justo ven¨ªa a buscarte y no hab¨ªa tenido chance de tocar.¡± ¡°Ja, ja.¡± V¨ªctor sonri¨® a¨²n m¨¢s radiante e inofensivo: ¡°Era una broma, ?p qu¨¦ te lo tomaste en serio? ?Qu¨¦ necesitabas?¡± Dicho esto, me hizo se?as para que pasara a su oficina y lo segu¨ª. A pes de que ya llevaba varios d¨ªas trabajando all¨ª, era primera vez que entra a su oficina y mi primera impresi¨®n fue que era bastante colorida. En aquel momento ¨¦l era el vicepresidente depa?¨ªa, peroo e presidente no se encargaba de los asuntos de empresa, ¨¦l era pr¨¢cticamente el rey y aunque no lo fuera,o l¨ªder, uno esperar¨ªa que oficina fuera elegante, grande y sobria, pero suya era diferente. El sof¨¢ ten¨ªa colores brintes y hasta su dise?o era curvo, simr a una luna creciente. Las ntas que ten¨ªa no eran solo verdes, sino flores real de todos colores, muy agradables a vista, e incluso su escritorio estab lleno de peque?os adornos interesantes. Todo eso ten¨ªa un aire muy femenino, si no supiera que esa era su oficina, habr¨ªa pensado que me hab¨ªa equivocado de lugar. ¡°?Te gusta?¡± V¨ªctor not¨® c¨®mo lo observaba. Con una sonrisa forzada, verdad es que no me gustaba, le faltaba seriedad que se esperaba de una oficina. Pero al fin y al cabo, era el jefe y a ¨¦l le gustaba, eso era suficiente. Con una ligera sonrisa, le dije algo amable: ¡°La decoraci¨®n de su oficina es realmente ¨²nica, se?or Sierra.¡± V¨ªctor sonri¨® y me invit¨® a sentar sea todo tan sombr¨ªo en el sof¨¢ gran jefe. Justamente estaba hando por tel¨¦fono con ¨¦l cuando apareciste en puerta, me diste un buen susto.¡± Me rei un poco, pero por dentro me cuestionaba, ¨¦l ma al gran jefe a hermano, esa rci¨®n era de alguien cercano, entonces no era de extra que ¨¦l pudiera tomar decisiones. ¡°La pr¨®xima vez me asegurar¨¦ de que no suceda.¡± Tambi¨¦n quise dejar mi punto. ¡°No t¨¦ preocupes, soy yo el que se asusta f¨¢cil.¡± V¨ªctor consigui¨® sacarr una sonrisa con eso. Era realmente amigable y cercano, sin nada de esa actitud distante que tienen algunos superiores, muy diferente a Sergio. Cuando estaba en Chispa Global Business, Sergio era el presidente depa?¨ªa y duran el trabajo, ya fuera en oficina o durante negocios, ¨¦l era el presidente V¨¢squez y yo solo su asistente, una empleada m¨¢s. Pens¨¢ndolo bien, si me trataba as¨ª, no era por ser justo y riguroso, sino por¡­ falta de amor, supongo. Solo de pensar en eso, me sent¨ªa frustrada, pero entonces record¨¦ por qu¨¦ hab¨ªa ido a buscar a V¨ªctor, as¨ª que abord¨¦ el tema: ¡°Se? Sierra, quisiera pedir permiso para ausentarme esta tarde.¡± ¡°?Pedir permiso?¡± Victor me mir¨®. ¡°S¨ª, tengo unos asuntos que resolver.¡± Le di una explicaci¨®n bastante general. V¨ªctor asinti¨® y dijo: ¡°Est¨¢ bien, no te preocupes por los clientes, ya habl¨¦ con el gran jefe, dijo que ¨¦l se encargar¨ªa, que t¨² te concentres en lo tuyo, dem¨¢s d¨¦jalo en nuestras manos.¡± ¡°?Eh?¡± Estaba algo confundida, si ni siquiera hab¨ªa visto al gran jefe cara a cara, ?c¨®mo pod¨ªa ser tan considerado? V¨ªctor solt¨® una risita dici¨¦ndome: ¡°El gran jefe es un hombre guapo y de buen coraz¨®n, si lo conocieras, seguro te enamorar¨ªas de ¨¦l.¡± ?Enamorarme de ¨¦l? Me sonroj¨¦ sin motivo, pero pensando en lo que V¨ªcto quer¨ªa decir, que el gran jefe tambi a esible, agrequ¨¦: ¡± genial, ro que ser¨ªa adorado Cap¨ªtulo 157 ¡®No, no, el gran jefe no quiere ser amado por todos, solo desea que persona a que ¨¦l ama lo ame, eso es suficiente.¡± Cuando sali de empresa,s pbras de V¨ªctor todav¨ªa resonaban en mis o¨ªdos. De alguna manera, empec¨¦ a sentir curiosidad por saber c¨®mo era el por saber c¨®mo era el jefe, ?qu¨¦ tipo de nariz, ojos y rasgos faciales ten¨ªa? Otra cosa que me pareci¨® extra?a fue que no hab¨ªa ninguna menci¨®n sobre ese gran jefe en los archivos de empresa. ?Acaso ten¨ªa algo que ocultar? ?O tal vez erao esos jefes dominantes des novs, extremadamente reservados, al punto de no aparecer en fotos ni dejar rastro? Conduje hasta tienda especializada en art¨ªculos de pintura, reflexionando sobre ese enigm¨¢tico jefe. No sal¨ª del auto de inmediato, sino que m¨¦ a Jorge. No respondi¨®, as¨ª que asum¨ª que estar¨ªa ocupado y le dej¨¦ un mensaje por WhatsApp: ¡°?Te animas a pa?arme esta noche a casa de familia V¨¢squez?¡± Sab¨ªa que alguien que no contestaba el tel¨¦fono, probablemente tampocol responder¨ªa mensajes, as¨ª que guard¨¦ el celr y entr¨¦ a tienda. ¡°Se?orita G¨¢mez, qu¨¦ bueno ve.¡± Me recibi¨® el due?o con entusiasmo apenas entr¨¦. Ya era considerada una cliente habitual de ese lugar, porque cada a?o iba a encargar un juego especial de ¨®leos y pinceles, y no precisamente de los m¨¢s econ¨®micos. A Ricardo le encantaba pintura; gastaba mucha pintura y pinceles cada a?o, as¨ª que regrle eso era perfecto porque era algo que realmente disfrutaba y necesitaba. ¡°Ulises, ?hay alg¨²n nuevo juego de ¨®leos y pinceles este a?o?¡± Pregunt¨¦,o sol¨ªa hacer, mientras miraba a mi alrededor. ¡°S¨ª, s¨ª, deja esos de ah¨ª, ni los mires, los buenos est¨¢n por aqu¨ª.¡± Me guio el due?o. Aunque dijo eso, igual revis¨¦ todo meticulosamente antes de dirigirme a donde ¨¦l me indicaba. Inmediatamente, un juego de ¨®leos y pinceles de color rusos captur¨¦ pat atenci¨®n y dije: ¡°D¨¦jame ver este.¡± ¡°?Por supuesto!¡± El due?o lo sac¨® cuidadosamente y dijo: ¡°Este es el model m¨¢s nuevo de este a?o, est¨¢ reci¨¦n llegado.¡± Era una forma indirecta de elogiar mi buen gusto.. Lo examin¨¦ detenidamente, tanto calidad del materialo manufactura eran excepcionales. Decid¨ª ah¨ª mismo que lo quer¨ªa: ¡°Ulises, me llevo este.¡± Pero esa vez, el due?o no respondi¨® tan r¨¢pidamenteo esperaba. Alzando vista haci mientras dec¨ªa: ¡°Se?orita G¨¢mez, este juego ya fue reservado por alguien ¨¦l, not¨¦ una expresi¨®n de dificultad en su rostro m¨¢s.¡± Esa respuesta me indicaba que probablemente era el ¨²nico disponible. Una de decepci¨®n me invadi¨®¡­ Pero, ?acaso vida de alguien estaba libre de arrepentimientos? Amar sin ser correspondido era un arrepentimiento, obtener lo que no se deseaba era otro, los cambios des estaciones tra¨ªan consigo sus rotos, incluso los antiguos rejes en su feche de de muerte Despu¨¦s de un breve momento de desilusi¨®n, lo super¨¦, solt¨¦ el juego de ¨®leos y pinceles y me prepar¨¦ para elegir otro, cuando escuch¨¦ pasos en entrada. En ese mo a atender al cliente.¡± el due?o me dijo: ¡°Se?orita G¨¢mez, t¨®mese su tiempo, voy ¡°Adnte, vaya a atenderlo.¡± Justo hab¨ªa terminado de har cuando vi al due?o llevarse el juego de ¨®leos y pinceles que hab¨ªa elegido. No le di mucha importancia, me concentr¨¦ en revisar los dem¨¢s juegos para encontrar uno que me gustara. ¡°Se?or, ?ya detenermegaron los pinceles qu ncargu¨¦?¡± La voz de Zo Al girar, vi que el due?o le entregaba a 2/3 eresado. ?Era e quien lo hab¨ªa reservado? Eso s¨ª que no me lo peperata Capitulo 158 r¨¦e de pintura no son tanunes carne les verduras o lo qu r¨¢banos, tode hogar necesita de ellos, asi que mi primera rei¨®n fue q e tambi¨¦n los queriaprar para regrselos a Ricardo Hacia unos d¨ªas, Sergio jur¨® que har¨ªa que Zo¨¦ se fuera de empresa, que no tendria nada que ver con e nunca m¨¢s, y en aquel momento result¨® ser que iba a llevar a fiesta de cumplea?os de Ricardo. No me crei ni una pbra de lo que dijo, e hice bien. Zo¨¦ estaba mirando con atenci¨®n los articulos de pintura que el due?o le mostraba, pareciendo saber bastante del tema, por supuesto no me vio, y yo tampoco quer¨ªa tener nada que ver con esa mujer, asi que fingi no ve y segui buscando lo mio. ¡°Se?or, ?est¨¢ seguro de que estos son los mejores? Es para un pariente importante, no quiero quedar mal.¡± Le pregunt¨® Zo¨¦ al due?o. muy ¡°Lo que se?orita Minas ma lo mejor no tiene un est¨¢ndar, no hay mejor sino solo mejor que, ?verdad? Pero le aseguro que son de primera calidad, no quedar¨¢ mal.¡± Explic¨® el due?o con su astucia para los negocios.. ¡°Es cierto, pero espero que lo que regale ese d¨ªa sea de lo mejor.¡± Se pod¨ªa notar que Zo¨¦ realmente quer¨ªa impresionar a persona a quien le iba a regr dicho obsequio. ¡°En todo San Jos¨¦ del Cabo, mis materiales de pintura son insuperables, as¨ª que lo que regales seguro ser¨¢ iparable.¡± Dijo el due?o y luego rio: ¡°La persona que reciba esto sabr¨¢ que pusiste todo tu coraz¨®n.¡± ¡°Me alegro.¡± Zo¨¦ se detuvo un momento agregando: ¡°Es para mi futuro suegro.¡± Al escuchar eso me estremec¨ª, ?eso significaba que e y Sergio estaban juntos oficialmente? Perp si era as¨ª, ?por qu¨¦ Sergio segu¨ªa presion¨¢ndome en empresa? ?Qu¨¦ demonios estaba pensando? Erao querererse lo que estaba en el to y tambi¨¦n lo que estaba en o. Negu¨¦ con cabeza en secreto y segui buscando, pero nada de lo que estaba en el mostrador me maba atenci¨®n. Justo cuando me estaba 13:26 decepcionando, algo en esquina de un estante de abajo capt¨® mi atenci¨®n y sin pensarlo le dije a Ulises: Quiero ver ese set.¡± ¡°Coge lo que quieras, lo que te guste ll¨¦vatelo.¡± Me dijo el due?o muy rjado. No pod¨ªa esperar para verlo, as¨ª que sin m¨¢s ceremonia abr¨ª el estante y saqu¨¦ el set de ¨®leos que me hab¨ªa mado atenci¨®n, justo cuando estaba por examinarlo de cerca, una figura se par¨® a mido. ¡°?Tambi¨¦n es un regalo para el se?or V¨¢squez?¡± Pregunt¨® Zo¨¦. Tan solo con har ya hab¨ªa logrado que se acercara, pero no le prest¨¦ atenci¨®n y simplemente continu¨¦ mirando el set de pintura en mis manos. Ese set no era el m¨¢s moderno, pero calidad del material y sensaci¨®n al tacto eran excepcionales. Llevaba diez a?os en familia V¨¢squez, y especialmente cuando reci¨¦n entr¨¦, Ricardo, preocupado de que me aburriera o pensara demasiado, me ped¨ªa que lo pa?ara a pintar, y a practicar juntos. As¨ª que a lorgo de los a?os, aprend¨ª un poco sobre los materiales de pintura junto a Ricardo. ¡°Mm.¡± Fue todo lo que le respond¨ª a Zo¨¦, muy brevemente. Pero al segundo siguiente escuch¨¦ c¨®mo e dec¨ªa: ¡°Ya he reservado el mejor set para el se?or V¨¢squez, as¨ª que¡­ mejor reg otra cosa, no se ver¨¢ bien si regmos lo mismo, y adem¨¢s¡­¡± Se detuvo unos segundos agregando: ¡°Adem¨¢s,o lo que yo regale ser¨¢ lo mejor, si lo tuyo no est¨¢ a altura, el se?or V¨¢squez podr¨ªa pensar que no te importa tanto.¡± Ja, ja¡­ ?Estaba tratando de darme un consejo? El set que ten¨ªa en mis manos era excelente, tal vez su apariencia era simple, pero cre¨ªa que eso justamentebinaba ?on edad y el temperamento de Ricardo, el cual no era ostentoso pero si refinado. Esa era verdadera esencia de pintura al ¨®leo, cual no capta atenci¨®n solo por su apariencia mativa, sino por su equilibrio. Y con esa actitud de Zo¨¦, en ese momento decid¨ª qued¨¢rmelo: ¡°Ulises, por 13:27 Zde notandoo su expresi¨®n sa da mus Tea incturno parecia estad enfadadu ses bonito o feo no es asunto Toe to regals to tuyo y yo regre to re tove ademas ¡°sored ¡°Gel mio parece fee solo har¨¢ que tu regaloo tutura nuera parezca m¨¢s consideradang sa rostro p¨¢lido de Zoe se torno rojo de inmediato, y en ese momento supe Cap¨ªtulo 159 Cuando estaba pagando, Jorge me devolvi¨® mada. ¡°Estaba ocupado, apenas vi tu mensaje.¡± Fue lo primero que Jorge me explic¨®. ¡°Entiendo, ?tienes un momento?¡± Pregunt¨¦. Jorge: ¡°?A qu¨¦ hora?¡± Pens¨¦ por un par de segundos; si llegaba as seis, ser¨ªa hora de cenar y Ricardo y Sandra seguro querr¨ªan que me quedara aer. No tendr¨ªa inconveniente, pero Jorge probablemente se sentir¨ªa inc¨®modo. ¡°As siete y media.¡± Para entonces familia V¨¢squez ya habria cenado. ¡°Bien, paso por ti as siete, ?te parece?¡± Pregunt¨® Jorge. Sin embargo, me re¨ª y le pregunt¨¦: ¡°?Yo piensas recogerme, en bicicleta?¡± No lo dije con otra intenci¨®n m¨¢s que por bromear, pero cuando Jorge se qued¨® en silencio del otrodo del tel¨¦fono, me di cuenta de que mis pbras podr¨ªan haber sido malinterpretadas. ¡°Lo siento¡­ no quise decir eso.¡± Me apresur¨¦ a explicar, y luego a?ad¨ª: ¡°Yo te busco.¡± ¡°Volver¨¦ a casa media hora antes, y de ah¨ª salimos juntos,¡± dijo Jorge haciendo una pausa, ¡°?Necesito llevar alg¨²n regalo?¡± ¡°No hace falta, ya tengo todo listo.¡± Dije antes de colgar y encontrarme con Tanto anteso en aquel momento, siempre pod¨ªa sentir en mirada de Zo¨¦ una mez de envidia e incluso celos. No ten¨ªa nada que decirle, as¨ª que simplemente tom¨¦ mhis cosas y me fui. No regres¨¦ a casa, sino que visit¨¦ una tienda de ropa para hombres. Aquel d¨ªa iba a llevar a Jorge conmigo y no pod¨ªa dejar que usara su ropa de todos los d¨ªas, aunque no sab¨ªa si ten¨ªa algo apropiado. Pero si iba a pedirle que me pa?ara en esa actuaci¨®n, era necesarioprarle algo adecuado para ponerse. 13:27M Merlis. ¡®Cam pe da no tarvis tendo o queres har? Tambien podemos har por Selefong Esta a watar a famin Varose is le ocube made a Mir que concderca¡± Se notaba el descontento en su voz me manzana de mesa y le di un mordisco dicendo: ¡°Otro da te No querc Mir gro?o y dic ¡°Cami, estos dias he estado que exploto, no queria molestarte esto, pero si no lo digo, voy a e Founci el ce?o y le pregunte Qu¨¦ pas¨®? ?Jorge te ha estado molestando No el es Zo¨¦, esa amame Las pbras de Mir hicieron que i¨®n de masicar mancata se deter Me hab¨ªa encontrado con e esa ma?ana, y en aquel momento siquien m¨¢s me hab¨ªaca de . Al parecer aquel dia era mi m suerie QQu¨¦ pas¨® con e? Pregunt¨¦ tranqumente Mirenz¨® a desa?ogarse y luego dic Esa Zoe aprovechandiose de que est¨¢ embarazada, andao si necesitara que levaran a todosdos. Si tamo le creocupa por qu¨¦ simplemente no se quede en case descansanc Me rei ligeramente y le dije: ¡° tiene que ganarse el pan para el bebe.¡± Tonteras, solo est¨¢ presumiendo, y encima tratando de hacer crear a todos que les all heredero del presidente V¨¢squez. Les pbras de Mir hiceron que lo que estabaiendo perdiera su sabor. ¡°Pocrase ¡°Die caimacamente ¡°?De verdad?¡± Mir se sorprendi¨® ¡®Sireamente es del presidente V¨¦squez, entonces el ya te habria traicionado hace tiempo, seria un Capitulo 159 desgraciado.¡± T Entonces, manzana en mi boca se volvi¨®pletamente indigerible. Dej¨¦ manzana a undo, sin responder. ¡°Cami, no creo que sea posible.¡± Mirenz¨® otra.suposici¨®n: ¡°Si realmente fuera del presidente V¨¢squez, e ya estar¨ªa aprovech¨¢ndose de eso, noport¨¢ndoseo si te debiera una disculpa.¡± Cap¨ªtulo 160 Me qued¨¦ mirando sin saber qu¨¦ decir: Al final, e deber¨ªa saber qui¨¦n es el padre, si tienes tanta curiosidad, podr¨ªas preguntarle directamente.¡± Mire solt¨® un bufido mientras me dec¨ªa: ¡°Como si tuviera tiempo para eso. prefiero echarle un vistazo a Jorge.¡± Al oi mencionar a Jorge, record¨¦ que a¨²n no hab¨ªa vuelto, ech¨¦ un vistazo al reloj de pared y le pregunt¨¦ de manera indirecta: ¡°Est¨¢s aqu¨ª chando conmigo, ?significa que ya terminaste tu jornadaboral o es que encontraste otra excusa para ir al ba?o a rjarte?¡± ¡°?Qu¨¦ dices, Cam? ?Yo parezco ese tipo de persona?¡± Se defendi¨® Mire: ¡°Nuestro Jorge se ha vuelto m¨¢sprensivo ¨²ltimamente, incluso termin¨® su jornadaboral antes de lo habitual.¡± Ah, si? ?Y hace cu¨¢nto que termin¨®?¡± ¡°Hace media hora, ya llegu¨¦ a casa y estoy tumbada en el sof¨¢.¡± Dijo Mire, mientras yo ya estaba cado cu¨¢nto tardar¨ªa Jorge en volver. Se supon¨ªa que ya deber¨ªa haber llegado. Pero no escuch¨¦ ning¨²n ruido, as¨ª que tal vez se retras¨® en el camino. ¡°Si est¨¢n saliendo tan temprano del trabajo y no est¨¢n haciendo horas extra, ?van a poder cumplir con el zo?¡± Le pregunt¨¦ a Mire. Del otrodo, Mire parec¨ªa estar bebiendo algo oiendo, escuch¨¦ un ro sonido de degluci¨®n: ¡°Jorge dice que s¨ª.¡± ¡°?Y t¨² qu¨¦ piensas? No dejes que te enga?e, si realmente no terminan a tiempo, que va a tener problemas ser¨¢s t¨², te descontar¨¢n de tu bonificaci¨®n.¡± Le record¨¦ a Mire. E tosi¨® un par de veces y dijo: ¡°Creo que s¨ª, ya estamos ajustando el ¨¢rea D y el progreso diario es muy r¨¢pido, casi no hay problemas nuevos, ir a trabajar es simplemente llegar y hacer lo que hay que hacer.¡± Mire luego hizo un par de sonidos con boca agregando: ¡°Cami, hando de eso, es extra?o, cuando t¨² estabas aqu¨ª, era un problema tras otro casi todos los d¨ªas hab¨ªa que soluciones Jorge, pero desde que te fuiste, los problemas desaparecieron porpleto, ni siquiera tengo excusa para ir a char a su habitaci¨®n, ay, ahora solo espero que surja alg¨²n problema para poder¡­ je, je¡­¡± La peque?a pervertida empez¨® a divagar. La cort¨¦ a tiempo: ¡°Tal vez soy una m influencia, no me llevo bien cont Jorge, por eso siempre hab¨ªa problemas cuando trabaj¨¢bamos juntos, todo se solucion¨® cuando me fui.¡± ¡°Je.¡± Mire no parec¨ªa convencida y dijo: ¡°No me hagas pasar por tonta, no creo que ustedes dos se lleven mal, sino todo lo contrario. Cam, s¨¦ honesta, ?t¨² y Jorge tienen algo m¨¢s?¡± Pensando en mi rci¨®n ficticia de pareja con Jorge, negu¨¦ culpablemente: ¡°?Qu¨¦ est¨¢s insinuando?¡± ¡°Cami, no me escondas nada, si t¨² y Jorge realmente tienen algo, no estar¨ªa mal.¡± Mire de hecho lo apoyaba bastante. Aun as¨ª, negu¨¦: ¡°No, no pienses tonter¨ªas.¡± ¡°Cam, Jorge se mud¨® del hotel, dicen que ahora est¨¢ alqundo una casa.¡± Mireparti¨® un secreto conmigo. Pretend¨ª no saber y le pregunt¨¦: ¡°?En serio?¡± ¡°Escuch¨¦ que alquil¨® una casa porque nea quedarse en San Jos¨¦ del Cabo para siempre, y tambi¨¦n escuch¨¦ que est¨¢ investigando algo sobre muerte de su padre o madre¡± La voz de Mire se volvi¨® m¨¢s baja, incluso a trav¨¦s del tel¨¦fono: ¡°Cam, ?sab¨ªas algo de esto?¡± Realmente no lo sab¨ªa, Jorge hab¨ªa alqudo una casa all¨ª, pero cuando le pregunt¨¦ por qu¨¦, nunca mencion¨® que fuera para investigar muerte en un idente de autom¨®vil. ¡°Dicen que su familiar muri¨® en un idente de tr¨¢fico¡­¡± Yo, que tambi¨¦n perd¨ª a mis padres y tambi¨¦n hab¨ªa sido en un idente, sent¨ª un dolor repentino en mi coraz¨®n al escuchar eso. Finalmente, busqu¨¦ una excusa para colgar, qued¨¢ndome s mirando foto de familia en ed, pensativa. ?El idente de mis padres tambi¨¦n hab¨ªa sido un idente de autom¨®vil? No supe por qu¨¦, pero ese pensamiento cruz¨® mi mente Despu¨¦s de unrgo rato, casi as siete y sin haber escuchado ning¨²n ruido de puerta de enfrente, m¨¦ a Jorge, pero no contest¨®. No sab¨ªa si ten¨ªa unpromiso o si habia cambiado de opini¨®n y ya no queria ir conmigo. As¨ª que recog¨ª m¨ªs cosas, dispuesta a ir s a casa de familia V¨¢squez, pero al abrir puerta, vi que puerta de Jorge estaba entreabierta y nunca hab¨ªa cerrado del todo. ?Hab¨ªa vuelto? ?C¨®mo no lo escuch¨¦? Con dudas, empuj¨¦ su puerta y entr¨¦: ¡°Jor¡­¡± La pbra ¡®Jorge¡® se qued¨® atorada en mi garganta, porque escena frente a m¨ª me dej¨® congda en el lugar. EI Centímetro 161-170 Cap¨ªtulo 161 Jam¨¢s me hubiera imaginado chocarme con Jorge saliendo de ba?arse. Era esa escena donde solo llevaba una toa en cintura, cubriendo justo lo necesario, dejando el resto a vista, Jorge tambi¨¦n se qued¨® hdo, al parecer no esperaba que yo irrumpiera asi de repente, incluso pude ver c¨®mo su piel bronceada se te?¨ªa de rojo. Por un momento, los dos nos quedamos ah¨ª parados, mir¨¢ndonos sin decir ni hacer nada,o si el tiempo se hubiera detenido. Hasta que Jorge reion¨® primero y entr¨® a su habitaci¨®n, y solo entonces. mi cuerpo petrificado pudo moverse, tragando saliva un par de veces. Fue entonces cuando me di cuenta de que mis mejis ard¨ªan¡­ Mirando puerta cerrada de habitaci¨®n de Jorge, sab¨ªa que seguramente estaba visti¨¦ndose. Pensando en ropa que le hab¨ªaprado, entonces dije: ¡°Jorge, no te vistas a¨²n, espera un momento.¡± Despu¨¦s de decir eso, me gir¨¦, pero en ese instante sent¨ª que algo estaba mal. ?Qu¨¦ hab¨ªa dicho? Le ped¨ª que no se vistiera, que me esperara¡­ No hab¨ªa problema con eso, pero en ese contexto, realmente¡­ ?qu¨¦ tipo de insinuaci¨®n hab¨ªa hecho? Si hubiera un hoyo en el suelo, me habr¨ªa gustado esconderme en ¨¦l. Pero no lo hab¨ªa, y ya era demasiado tarde para arrepentirme, as¨ª que r¨¢pidamente regres¨¦ a mi habitaci¨®n por ropa y luego fui a de Jorge, tocando puerta dos veces: ¡°Jorge, tepr¨¦ ropa, dej¨¦ en puerta, esta te quedar¨¢ mejor.¡± No expliqu¨¦ lo que dije antes directamente, ya que eso habr¨ªa sido a¨²n m¨¢s embarazoso. Despu¨¦s de decir eso, me prepar¨¦ para dejar bolsa, pero puerta de habitaci¨®n se abri¨® de golpe, y Jorge apareci¨® vestido de pies a cabeza. Llevaba una camisa nca, pantalones de traje negros, sin corbata y con el cuello abierto dejando ver dos botones, formal pero no r¨ªgido. Era primera vez que lo ve¨ªa vestido as¨ª. Como su piel no era nca, pens¨¦ que si se vest¨ªa de esa manera no se ver¨ªa bien, asi que cuando eleg¨ª 13:27 Topa para ¨¦l, opt¨¦ por algo m¨¢s casual Pero en ese momento, Jorge me hizo reconsiderar mi sentido de est¨¦tica. Se vo un poderoso ejecutivo, pero de una manera sutil y lujosa. Me qued¨¦ mir¨¢ndolo fijamente hasta que sus dedos tocaron los m¨ªos, tomando bolsa que llevaba, mir¨® ropa dentro y dijo: ¡°?Quieres que me vista as¨ª?¡± Negu¨¦ con cabeza y luego le dije: ¡°No, no es eso¡­ as¨ª est¨¢s bien.¡± Jorge volvi¨® a mirar ropa dentro de bolsa dici¨¦ndome: ¡°Entonces, pr¨®xima vez me pondr¨¦ lo quepraste.¡± Dicho eso, de manera muy natural, llev¨® ropa a su armario dentro de habitaci¨®n, mientras yo me quedaba parada en puerta, mirando. fijamente, m¨¢s exactamente, mirando cama de su habitaci¨®n. Era una casa antigua, habitaci¨®n no era grande, nueva cama que le hab¨ªaprado el due?o ocupaba dos tercios de e, ys mantas. estaban dodas meticulosamente encima. Realmente daba una sensaci¨®n de respeto,o para hacer un saludo escueto. Jorge guard¨® ropa y dijo: ¡°Listo, podemos irnos.¡± Justo cuando estaba a punto de salir, dije: ¡°Jorge, ?tienes TOC?¡± ¡°?Eh?¡± Parec¨ªa confundido. Se?al¨¦ cama perfectamente hecha dici¨¦ndole: ¡°Ya no est¨¢s en el ej¨¦rcito, ?por qu¨¦ seguir haci¨¦ndolo as¨ª? ?No crees que es innecesario gastar tanto tiempo en eso?¡± ¡°Es costumbre.¡± Respondi¨® con sencillez. ¡°Pero siento que eso es TOC.¡± No estaba de acuerdo, costumbre era poderosa, s¨ª, pero normalmente normalmente lo que se manten¨ªa eran h¨¢bitos simples y f¨¢ciles de seguir. Ese h¨¢bito de Jorge de dor as¨ªs mantas todos los d¨ªas, hasta a m¨ª me cansaba verlo, realmente ten¨ªa el impulso de desordenarlo. 13:29 El no lo neg¨®: ¡°Tal vez lo sea.¡± Dicho eso, vio el regalo que hab¨ªaprado para Ricardo en mis manos, extendi¨® suya y brind¨¢ndose: ¡°D¨¦jame llevarlo.¡± Le sonre¨ª ligeramente: ¡°No te preocupes, yo puedo.¡± ¡°Pero no tengo costumbre de dejar que mi novia cargue cosas.¡± Jorge aun as¨ª tom¨® caja, tocando nuevamente mis dedos. Solo sent¨ª un escalofr¨ªo y honestamente solt¨¦ caja. Al salir, pens¨¦ en el momento embarazoso de haberlo visto saliendo del ba?o y dije: ¡°?Por qu¨¦ no cierras bien puerta cuando entras a casa?¡± Cap¨ªtulo 162 Cap¨ªtulo 162 ¡°Me Imagine que el te urgia, vendres a buscarme, ya que te deja espiando Jorge respondi¨® con total daturalidad Ye,e si tuviera unpsus, softe Entonces saliste envuelto asi a prop¨®sito? La nuez de Ad¨¢n de Jorge se movi¨® y luego dijo: ¡®No, es que escuch¨¦ sonar el tel¨¦fono y pens¨¦ en salir a contestar, no esperaba esta coincidencia¡­¡± Si justo una coincidencia. Por suerte, ¨¦l ten¨ªa un buen fisico, as¨ª que fue un buen espect¨¢culo. En el camino a casa de familia V¨¢squez, Jorge no haba, pens¨¦ que estaba nervioso e intent¨¦ calmarlo: ¡°Cuando lleguemos alli, solo tienes que saludar, de cualquier pregunta me encargo yo.¡± Jorge solo susurr¨® un: ¡°Bueno, dale.¡± ¡°Si est¨¢ Sergio y dice algo desagradable o nos hace sentir inc¨®modos, no te cortes.¡± Le instru¨ª. Jorge respondi¨®: ¡°Est¨¢ bien. ¡°Ah, y tenemos que ponernos de acuerdo en algo, diremos que nos conocimos en Todos Santos, que¡­ te interes¨¦ y¡­ me seguiste hasta Todos Santos.¡± Dije, sinti¨¦ndome un poco avergonzada hacia el final. Jorge dijo: ¡°Eso seguro que no lo dir¨¦ mal.¡± ¡°?Eh?¡± No entendi bien a qu¨¦ se refer¨ªa, pero al poco tiempo loprend¨ª. As¨ª que no pude decir m¨¢s nada y continuamos en silencio. Pero ese silencio hac¨ªa que el ambiente se sintiera raro, y cuando el ambiente se pod¨ªa as¨ª, manejaba nerviosa. Justo alguien dnte hizo un frenazo brusco y casi termino chocando. Afortunadamente, Jorge reion¨® r¨¢pido, agarr¨® el vnte y con un giro brusco logr¨® que mi auto se pusiera en un ¨¢ngulo de 45 grados, evitando un choque por alcance. Incluso despu¨¦s de detener el auto, segu¨ªa at¨®nita. Sus reflejos y habilidad fueron tan r¨¢pidos que me parecieron irreales. 17.00 Worthing Yo Concentrate al manejar, un choque es lo de menos, ?pero y si testimas?¡± Jorge me dijo, y luego, cuando el auto de adnte retom¨® su camino, ¨¦l reajust¨® el nuestro. Ha estado manejando durante tres a?os, y en aquel momento me sent¨ªao una novata. Despu¨¦s de avanzar un buen trecho, finalmente me recuper¨¦ del shock y le pregunt¨¦ a Jorge: ¡°Tu habilidad al vnte es impresionante, ?fuiste conductor en el ej¨¦rcito?¡± ¡°No.¡°. Lo mir¨¦ de reojo y le dije: ¡°Entonces, ?qu¨¦ tipo de soldado eras?¡± ¡°?Comando especial!¡± No sab¨ªa mucho sobre eso, pero hab¨ªa visto fuerzas especiales en televisi¨®n, siempre estaban en primera l¨ªnea luciendo incre¨ªbles. ?Jorge era increible! Ten¨ªa esa aura de fortaleza y determinaci¨®n que no ve¨ªas en cualquier hombre en calle. ¡°?Entonces por qu¨¦ te retiraste? ?Por qu¨¦ no te convertiste en polic¨ªa especial?¡± Mi curiosidad sobre ¨¦l estaba al m¨¢ximo ese d¨ªa. Jorge no respondi¨® de inmediato, y de repente record¨¦ lo que Mire hab¨ªa dicho. ?Tambi¨¦n fue por el idente de auto de su padre? Pero no me pareci¨® correcto preguntar directamente, as¨ª que lo abord¨¦ de manera indirecta: ¡°Jorge, nunca mencionaste a tus padres o hermanos, cu¨¦ntame, por si familia V¨¢squez pre¡­¡± ¡°Mi padres ya no est¨¢n.¡± Jorge me interrumpi¨®. ¡°Mi padre tuvo un idente de auto mientras trabajaba para su jefe, ¨¦l, su jefe y pareja de su jefe fallecieron el mismo d¨ªa.¡± Jorge dijo mir¨¢ndome, Mi coraz¨®n dio un vuelco, mis padres murieron en un idente de auto, y cada vez que escuchaba algo as¨ª, me sent¨ªa diferente. ¡°Mi madre falleci¨® de tristeza a?os despu¨¦s del idente de mi padre.¡± La voz de Jorge era muy baja. Al parecer que estaba dolido y me arrepent¨ª de haber sacado el tema: ¡°Lo siento¡­¡± 2/3 Sommerdus dos et scrubinde d¨¤ suta du pri¨ª padre y su jefe en realidad fur Cap¨ªtulo 163 Me qued¨¦ cada, escuchando, sin saber qu¨¦ decir. Porque ten¨ªa miedo de decir algo equivocado que pudiera molestar a Jorge, adem¨¢s, de repente, me vinieron a mente mis padres y su idente automovil¨ªstico. ?Fue realmente un idente, o hubo algo m¨¢s? Cuando mis padres tuvieron el idente, yo era demasiado joven para entender y todo fue manejado por Ricardo. Quiz¨¢s ¨¦l era el ¨²nico que conoc¨ªa verdad detr¨¢s del idente y ser¨ªa una buena oportunidad para preguntarle cuando lo viera. Al ver que no respond¨ªa, Jorge no sigui¨® hando y continuamos el camino en silencio. Mi auto ten¨ªa eso autom¨¢tico reconocido por familia V¨¢squez, as¨ª que pudimos entrar directamente. La empleada dom¨¦stica, al verme, se apresur¨® a saludarme con alegr¨ªa: ¡°Cami, has vuelto, voy a avisarles al se?or y a se?ora V¨¢squez.¡± ¡°Olimpia, no te molestes, yo misma entrar¨¦.¡± Dije sonriendo. Olimpia mir¨® hacia Jorge, que se hab¨ªa bajado del auto y se acerc¨® a m¨ª. Sab¨ªa que estaba curiosa sobre qui¨¦n era ¨¦l, as¨ª que tom¨¦ del brazo a Jorge present¨¢ndolo: ¡°Olimpia, te presento a mi novio Jorge.¡± Aunque Olimpia era solo una empleada dom¨¦stica, hab¨ªa estado con familia V¨¢squez mucho m¨¢s tiempo que yo, y ten¨ªa una rci¨®n muy cercana con Sandra. As¨ª que ten¨ªa que seguir actuando, incluso frente a e. Jorge le hizo un gesto de cortes¨ªa a Olimpia y salud¨®: ¡°H, Olimpia.¡± ¡°Ah.¡± Respondi¨® Olimpia, mir¨¢ndome con una expresi¨®n ramente inc¨®moda. Para todos, yo era nuera de Sergio, y verme en aquel momento con otro hombre, seguramente les resultar¨ªa inc¨®modo. Primero fue Olimpia y me tem¨ªa que luego ser¨ªan Ricardo y Sandra. Jorge y yo continuamos caminando hacia el sal¨®n principal de familia V¨¢squez. Antes de entrar, escuch¨¦ voz de Sandra rega?ando a Ricardo: 13.28 Dices que eres el gran presidente de empresa, capaz de manejar a miles de personas, pero ni siquiera puedes manejar a tus dos hijos, cada uno est m¨¢s rebelde que el otro.¡± Ricardo no respondi¨®, sabia que probablemente estaba mirando su tel¨¦fono o una revista, fingiendo no escuchar. ¡°?Ricardo, est¨¢s haci¨¦ndote el sordo otra vez?¡± Sandra grit¨®, ramente enfadada. Aunque eran una pareja amorosa, eso no significaba que no tuvieran sus desacuerdos, y ese d¨ªa Sandra parec¨ªa estar realmente enfadada por algo. Pero, ?qu¨¦ podr¨ªa habe enfurecido tanto? ¡°No estoy haciendo o¨ªdos sordos, si te respondiera, solo te quejar¨ªas m¨¢s.¡± Dijo Ricardo. ¡°Oh, as¨ª que te molesta mi cha, los hombres son todos unos ingratos. Despu¨¦s de tener hijos tuyos, qued¨¦ arruinada, y ahora me desprecias, Ricardo, eres un desgraciado¡­ Ay, no me toques, al¨¦jate¡­¡± Cuando Jorge y yo entramos al sal¨®n, Sandra estaba siendo abrazada por Ricardo sentada en sus piernas, una empujando y el otro abrazando fuerte. A su edad, era raro ver un momento tan ¨ªntimo y amoroso entre ellos. Muchas parejas de mediana edad solo tienen rutinas diarias, y si hay intimidad, probablemente sea solo en en vano. Justo cuandodr¨®, Ricardo levant¨® vista y nos vio en puerta, ramente inc¨®modo, solt¨® a Sandra. ¡°T¨² y tus maneras.¡± Sandra le retorci¨® oreja. Ricardo tom¨® su mano y dijo suavemente: ¡°Cami lleg¨®.¡± Capitulo 164 Sin embargo, Sandro no le creya y le did otro golpe: ¡°No intentes enga?arme Bon Cami no me to creo.¡± ¡°Sandra La Bam¨¦. Eso hizo que Sandra temra un poco, se gir¨® y al verme, sus ojos se duminaron instant¨¢neamente, pero luego se dio cuenta de que probablemente habia presenciado su momento intimo con Ricardo y su rostro se sonroj¨® de inmediato. E solt¨® mano de Ricardo y se acerc¨® a mi dici¨¦ndome: ¡°Cami, ya llegaste, ?yaiste? Le pedir¨¦ a se?ora Rodr¨ªguez que te prepare algo¡­¡± ¡°Sandra, yai.¡± Menti, en realidad no hab¨ªaido. En ese momento me acord¨¦ de preguntarle a Jorge si ¨¦l lo hab¨ªa hecho. ¡°?Ay, mi ni?a, pr¨®xima vez noas antes de venir, as¨ª podemoser juntos.¡± Sandra me rega?¨®. E actu¨®o si no hubiera visto a Jorge y sin dirigirle una pbra. Sab¨ªa que no era porque no lo viera, ni porque solo quisiera har conmigo y no tuviera oportunidad de dirigirse a Jorge. Estaba mostrando a su manera que no aceptaba a Jorge. Pero, despu¨¦s de todo, Sandra era se?ora de una gran familia, despu¨¦s de ignorar a Jorge por medio minuto, finalmente dirigi¨® su mirada hacia ¨¦l salud¨¢ndolo: ¡°Eres amigo de Cami, ?verdad?¡± Le di un peque?o empuj¨®n a Jorge, quien entendi¨® y salud¨®: ¡°H, se?ora.¡± Sandra asinti¨®: ¡°Si eres amigo de mi Cami, entonces eres de familia tambi¨¦n, pasa.¡± Ricardo tambi¨¦n se levant¨®, me acerqu¨¦ a entregarle el regalo con ambas manos diciendo: ¡°Se?or, le deseo un feliz cumplea?os por adntado.¡± ¡°Cami siempre tan atenta.¡± Ricardo recibi¨® el regalo felizmente y luego 19:24 tambi¨¦n mir¨® a Jorge. Se?or V¨¢squez. Jorge lo salud¨®. Ricardo esinti¨® y le dijo: ¡°Toma asiento. Sandr¨¤ m¨® a Olimpia para que trajera bebida y frutas, y se sent¨®, observ¨¢ndonos a mi y a Jorge, para luego decir: ¡°Cami, no pienses que porque ya trajiste el regalo puedes faltar, ni a Ricardo ni a m¨ª nos gustar¨¢ eso.¡± Como si hubiera le¨ªdo mi mente, dej¨® ro que no ten¨ªa escapatoria. Por suerte, encontr¨¦ otra salida, sonrei y le dije: ¡°?C¨®mo crees? ro que Jorge y yo vendremos.¡± Estaba dici¨¦ndole a Sandra que si quer¨ªa que yo asistiera, tendr¨ªa que aceptar que Jorge fuera conmigo. La sonrisa en el rostro de Sandra ramente se congel¨® por un momento, pero luego sonri¨® de nuevo diciendo: ¡°Bien, habr¨¢ muchos j¨®venes talentosos, perfecto para que ustedes intercambien ideas.¡± ?Intercambiar? Era una advertencia ra para Jorge de que ese d¨ªa habr¨ªa muchos hombres de buena familia, intentando que se diera por vencido. En sus ojos, Jorge, aunque fuera un profesional destacado, no era m¨¢s que un trabajador m¨¢s, iparable con capitalistaso ellos. Y al despreciar a Jorge, tambi¨¦n me estaban despreciando a m¨ª. Pero no ten¨ªa intenci¨®n de defender a Jorge, quer¨ªa ver c¨®mo ses arreba para salir de esa situaci¨®n sin perder su dignidad y a vez responder al desprecio de Sandra. Mir¨¦ hacia Jorge, quien se mostrabapletamente tranquilo y sereno, cuando dijo: ¡°Tambi¨¦n tengo muchas ganas de conocer a m¨¢s personas influyentes de San Jos¨¦ del Cabo, despu¨¦s de todo, neo desarrorme po, despu¨¦s de todo, neo desarrorme aqu¨ª argo zo.¡± No pude evitar sonre¨ªr internamente, su astucia realmente no ten¨ªa l¨ªmites. Sandra, b¨¢sicamente, hab¨ªa escupido al aire, una sombra de desagrado cruz¨® por sus ojos, pero su rostro solo mostraba una sonrisa mientras segu¨ªa preguntando: ¡°?Jorge nea quedarse en San Jos¨¦ del Cabo?¡± E¨CA Capitulo 16:4 Mimano se calent¨® cuando Jorge tomo m¨ªa, entrzando nuestros dedos: ¡°Si, Cam¨ª est¨¢ aqu¨ª, naturalmente quiero estar a sudo.¡± ?Cami! Esa vez escuch¨¦ ramente c¨®mo me maba, y ramente vi sorpresa en los rostros de Ricardo y Sandra. Como si Jorge hubiera dicho algo tremendamente impactante. Luego, Sandra se dirigi¨® directamente a Jorge, muy francamente: ¡°Se?or Olivera, estando con mi Cami, ?qu¨¦ puedes ofrecerle?¡± El tono de Sandra erao el de mi propia madre, mir¨¦, pero e estaba mirando a Jorge, esperando su respuesta. Tambi¨¦n segu¨ª mirada de Sandra hacia Jorge, curiosa por c¨®mo responder¨ªa ¨¦l. Cap¨ªtulo 165 Cap¨ªtulo 165 Jeg anda ingawas tamisi¨®n qind a jobesa hacia mi. Y al mismo tiemp JURE SUJUNOS NU manis quor the tontania ad tentaba aun mas. En ese instante kuva te same side che que tanta at cords entre sus manos. Siempre se ha dan dating matan cene baron al coraz¨®n, y vaya que es cierto. dar¨¦ toda a Cami, amar¨¦ corno a mi propia vida y protegere en todo Los gos de Jorge permanecian fijos en mi y su mirada profundao el mar beba intensamente. Tan profundoo el mar, en ese momento entendipletamente lo que significaban esas pbras. Aunque lo questro era fingido, pod¨ªa sentir que Jorge en ese instante estaba der¨¢ndome sinceramente u amor. Ese hombre era un caso perdido Jugando con sentimientos reales en una farsa Al decir eso, no tuve m¨¢s opci¨®n que seguirle el juego, levant¨¦ mano intentando tomar suya en respuesta, pero su actitud me hac¨ªa querer apretar los dientes de frustraci¨®n. Yo le ped¨ª que fingi¨¦ramos, no que se tomaras cosas en serio. Entonces, levant¨¦ mano y pos¨¦ sobre su rostro d¨¢ndole un pellizco, ¨¦l era un hombre de principios y seguro que eso lo har¨ªa sentir inc¨®modo. Queria hacerle entender que cualquier iodidad era culpa suya, pero lejos de sentirse avergonzado o inc¨®modo, se frot¨® contra mi manoo un bichon buscando mimos y cari?o a mis pies. Dicen que quien no tiene verg¨¹enza es invencible, pero nunca imagin¨¦ que Jorge tendr¨ªa un momento asi. Despu¨¦s de eso, gir¨® cabeza naturalmente hacia Ricardo y Sandra: ¡°Y amar¨¦ toda vida,o el se?or ama a se?ora.¡± La primera parte fue su deraci¨®n de amor, peros pbras siguientes fueron un golpe directo para Sandra. Pude ver ramente c¨®mo el rostro de Sandra se tensaba, puess pbras de Jorge no le dejaban margen para replicar. Ricardo, que hab¨ªa estado cado hasta ese momento, finalmente habu Jorge ha con Sandra, veri conmigo al estudio,¡± Despu¨¦s de decir eso, Ricardo asinti¨® hacia Jorge y se levant¨®. Intu¨ª lo que Ricardo queria de mi, as¨ª que tom¨¦ aire y lo segu¨ª. Al entrar al estudio, pens¨¦ que Ricardo me haria preguntas, pero en lugar de eso, me pas¨® caja de regalo que le hab¨ªa dado: ¡°Cami, ¨¢br, usa tu nuevo juego de ¨®leos para que me pa?es a terminar un cuadro.¡± Que me pidiera pa?arlo a terminar un cuadro hab¨ªa sido algo que no suced¨ªa desde hac¨ªa mucho tiempo. Por lo menos hac¨ªa tres a?os, todo por unentario de Sandra, quien dijo que cuando los hijos crec¨ªan debian mantener distancia de su madre, ys hijas de su padre, especialmente considerando que ni siquiera era su hija biol¨®gica. Desde entonces, Ricardo nunca volvi¨® a pedirme que lo pa?ara a practicar con el ¨®leo, y nunca me permiti¨® entrar al estudio de nuevo, incluso si quer¨ªa har conmigo, ser¨ªa en el jard¨ªn o en s de estar. Ese d¨ªa rompi¨® con rutina, y me hizo sentir insegurao cuando era ni?a. Sin embargo, no pregunt¨¦ nada, simplemente abr¨ª el juego de ¨®leos y pinceles que hab¨ªaprado, y ¨¦l sac¨® el cuadro sin terminar. Tom¨¦ los materiales, y ¨¦l los examin¨® mientras dec¨ªa: ¡°Esto debi¨® haberte costado un buen dinero, ?no?¡± ¡°Nada de esto tiene precio.¡± Dije sonriendo. Ricardo tambi¨¦n sonri¨® y luego dijo: ¡°Correcto, ven, yo pintar¨¦ primero, t¨² ay¨²dame a mezr los colores, luego es tu turno y yo te ayudar¨¦.¡± As¨ª sol¨ªamos hacerlo, asent¨ª yenc¨¦ a mezr los colores hasta obtener los deseados. Ricardo no se apresur¨® a pintar, primero humedeci¨® el pincel, y cuando tuve los tonos listos,enz¨® a pintar. Pint¨® una hoja oto?al cayendo. Est¨¢bamos en pleno verano, y al ver eso, cre¨ª entender lo que quer¨ªa decir, me estaba haciendo saber que entend¨ªa lo que pensaba. ¡°Ahora te toca a ti.¡± Ricardo me pas¨® el pincel. Lo mir¨¦ sin tomarlo de inmediato, su rostro mostraba una sonrisa tiernao siempre pregunt¨¢ndome: ¡°?Qu¨¦ pasa, ya no te atreves a tomar el pincel? ?Ya no sabes pintar?¡± Su mirada era tierna, pero nunca hab¨ªa sentido una presi¨®n tan grande, simplemente asent¨ª con honestidad diciendo: ¡°Hace mucho que no lo hago.¡± Capitulo 166 basite que no me v obiliada a segule a Ricardo en los asuntos de hegratin, premsa iba a petar per me questa? A pesar de no ser tan joven, me atao una estudiante, aprovechando cada oportunidad para holgapanwar ¡°No te preocupes, penta con libertad, lo que salga, saldr¨¢ Me anim¨® Ricardo, levantando el pincel frente a mi otra vez. ?C¨®mo podr¨ªa negarme? Ya habia tomado el pincel cuando lopr¨¦, pero en el momento que lo recibi, ramente senti que pesaba mucho m¨¢s. Quiz¨¢s era por gruesa pintura, o tal vez por expectativa en los ojos de Ricardo. Esperaba que pudiera pintaro antes, esperaba que,o en el pasado, solo tuviera a Sergio en mi coraz¨®n y mente, y asi seguir siendo peque?a de familia V¨¢squez. Comenc¨¦ a pintar, y aunque mis manos temban y me esforc¨¦,s l¨ªneas salieron irregres. Sab¨ªa que Ricardo me pedia pintar, no tanto por ver c¨®mo lo hac¨ªa, sino por entender mis sentimientos. ¡°?Un reloj de arena, hay que aprovechar el tiempo presente!¡± Dedujo Ricardo en voz alta sobre el contenido de mi pintura. ¨¦l usaba el arte para expresar sus pensamientos, y yo hice lo mismo. No. dijo m¨¢s, solo asinti¨® y luego me mir¨® con una expresi¨®n seria en su rostro dici¨¦ndome: ¡°Cami, se?or te bendiga.¡± Dijo eso y extendi¨® su mano hacia mi, queriendo estrecha, Pero en lugar de eso, lo abrac¨¦ suavemente: ¡°Se?or, gracias.¡± Ricardo me dio palmaditas en espalda diciendo: ¡°Lo siento, te he puesto en una situaci¨®n dif¨ªcil, es culpa m¨ªa por no haber educado bien a mi hijo.¡± Sandra hab¨ªa estado murmurando antes, y ¨¦l no dijo nada, no admiti¨® su error, pero en aquel momento me estaba pidiendo disculpas. De repente,s l¨¢grimas brotaron en mis ojos¡­ Probablemente sintiendo mi emoci¨®n, pas¨® su mano grande por mi cabeza y luego me solt¨® mis Entopreidos Ya se todo lo que Sergio ha hecho, ya he mandado a alguien a manejarlo Si se atreve otra vez, lo echar¨¦, deber¨ªa saber qu¨¦ es lo correcto.¡± Origmalmente hab¨ªa ido a quejarme, para que lidiara con los actos. imprudentes de Sergio, pero antes de que pudiera decir algo, Ricardo ya lo habia expresado. ¨¦l me entend¨ªa, esa rci¨®n de padre e hija no biol¨®gicos de diez a?os nos habia dado una conexi¨®n tan cercanao sangre. ¡°Se?or, gracias.¡± Hice una reverencia. Mi agradecimiento no era solo porque se pusiera de mido, protegi¨¦ndome, sino tambi¨¦n por su cari?o y cuidado durante esos diez a?os. Ricardo me detuvo y luego dijo: ¡°No hagas eso, me har¨¢s sentir¡­o si nunca m¨¢s fueras a tener rci¨®n con esta familia.¡± Negu¨¦ con cabeza y le asegur¨¦: ¡°Usted y Sandra siempre ser¨¢n mi familia, mi hogar.¡± Ricardo sonri¨® y dijo: ¡°As¨ª es, ahora voy a har con ese Jorge. Si se atreve a tratarte mal, yo har¨¦ que no pueda quedarse en este mundo.¡± Esa fue primera vez que escuch¨¦ a Ricardo, siempre tan suave y elegante, decir algo tan audaz. Tambi¨¦n sonre¨ª y le asegur¨¦: ¡°S¨ª, se lo har¨¦ saber.¡± Ricardo me acarici¨® cabeza: ¡°Cami, no importa a qui¨¦n elijas, yo solo tengo un deseo, y es que seas feliz.¡± En ese momento, realmente erao mi verdadero padre. Mis ojos se llenaron de l¨¢grimas otra vez, y asenti con fuerza. ¡°Bien, bajemos, no s¨¦ si Sandra le estar¨¢ haciendo vida dif¨ªcil a Jorge. E solo quiere que seas su nuera y nadie m¨¢s le parece suficiente.¡± Dijo Ricardo, demostrando cu¨¢nto conoc¨ªa a su esposa. Me enganch¨¦ del brazo de Ricardo diciendo: ¡°No hay problema, deja que lo ponga a prueba. Si huye, significa que no es para m¨ª.¡± Ricardo sonri¨® con indulgencia, listo para llevarme escaleras abajo, pero lo detuve: ¡°Ricardo, hay algo que quiero preguntarle.¡± ¡°ro, pregunta.¡± Misbios se apretaron y mi coraz¨®n inexplicablemente se aceler¨®: ¡°Ricardo, el idente de auto de mis padres, ?realmente fue un ac Capitulo 167 Die brdo se detuvo de goles y hasta sen que su cuerpo temba un poco. into lo sottove y le dijo. ¡®Ricardo Se volted hacia mi preguntando Campor qu¨¦ de repente preguntas eso?¡± Penn¨¦ en lo que Jorge hab¨ªa dicho, per¨° no podia decirselo a Ricardo, as¨ª que solo me sali¨® decir ¡°Solo fue una pregunta al azar¡± La sonrisa desapareci¨® porpleto del rostro de Ricardo y su seriedad me daba un poco de miedo. ¡°Cami, el idente de tus padres fue justo eso, un idente. Yo mismo. estuve en escena, y hay registros policiales y reportes de evaluaci¨®n que lo prueban.¡± Dijo Ricardo, con voz grave. Yo no estuve en el lugar del idente, asi que no sab¨ªa exactamente qu¨¦ habia pasado. Sab¨ªa que Ricardo no me hab¨ªa dejado ir en ese entonces porque no queria que viera algo tan cruel, pero eso se convirti¨® en uno de mis arrepentimientos de por vida. ¡°Cami, si tienes alguna duda o no conf¨ªas en lo que te digo, puedes revisar los registros de ese a?o. La expresi¨®n de Ricardo era p¨¢lida, ya no ten¨ªa alegr¨ªa de antes cuando haba conmigo. Sabia que ¨¦l y mi padre eran muy cercanos, casio hermanos. Har de muerte de mis padres probablemente le hizo recordar aquellos tristes momentos. Estaba triste. Le tom¨¦ del brazo dici¨¦ndole: ¡°No es necesario, confio en ti. Solo fue una pregunta sin pensar.¡± Ricardo me mir¨® fijamente y pens¨¦ que dir¨ªa algo, pero no lo hizo. Despu¨¦s de un momento, suspir¨® dici¨¦ndome: ¡°Cami, baja t¨², yo me quedar¨¦ aqu¨ª un rato m¨¢s.¡± Aunque inicialmente iba a bajar conmigo, cambi¨® de opini¨®n, y mi coraz¨®n se sinti¨® pesado por lo que lo m¨¦: ¡°Ricardo¡­¡± ??? ???? ? ?? dome con mane punadkato Bao que me quede apoyada en res de Ricardo fue extra?a, podia verlo, pero si ventud tan abuestamente, ?qu¨¦ podia estar ocultando? Despu¨¦s de un rato, finalmente baje y escuch¨¦ a Sandra hando con dege Estaba preocupada de que no se llevaran bien o que Sandra pusiera orge en aprietos a Jorge, pero al escucharrisa de Sandra, me retaj¨¦ ?De qu¨¦ estaria hando Jorge para hacer reir ¨¤ Sandra, que tenia reservas hacia Baje con curiosidad y escuch¨¦ a Sandra decir: ¡°Cami era muy traviesa de peque?a, solo tenia esta edad y me maba mama. Yo dec¨ªa, qu¨¦ bueno seria si fuera mi hija de verdad. Su mam¨¢ dijo que eso se podia arrer. que seprometiera con Sergi o con Manu, pero Manu era demasiado mayor para e, as¨ª que qued¨®prometida con Sergi.¡° Esa era primera vez que supe por qu¨¦ estabaprometida con Sergio y no con Manuel. ¡°Cuando mam¨¢ de Cami dijo eso, Cami dijo que queria casarse con el peque?o Sergio, sin un ¨¢pice de timidez Sandra decia entre risas. Al parecer, no era Jorge quien hacia reir, sino e misma. Al parecer tambi¨¦n queria provocar a Jorge con sus pbras. ¡°Cami siempre fue as¨ª, le gustaba mar a gente ¡®hermanito mayor¡® a los dem¨¢s y que cargaran.¡± A?adi¨® Jorge. Me qued¨¦ sorprendida, sonabao si conociera mi infancia. Pero luego pens¨¦ que probablemente estaba hando as¨ª a prop¨®sito para contraatacar a Sandra. Llegu¨¦ abajo y Sandra y Jorge me miraron al mismo tiempo, por mi parte tambi¨¦n los mir¨¦. Por un momento y ninguno de nosotros dijo nada. Finalmente, Sandra rompi¨® el silencio: ¡°?Y Ricardo, por qu¨¦ no bajo contigo?¡± Pensando en c¨®mo estaba Ricardo antes dije: ¡°Dijo que quer¨ªa quedarse un rato solo.¡± ? quiereo a una Or estaba po?ios sutio ya se habia levantado y caminaba hacia mi para tomar mi mano, not¨¦ su mirada se intensificaba al verme Probablemente porque mis s estaban frias. Tienes algo m¨¢s que decirle a se?ora? Si no, mejor nos va os, no queremos molestar m¨¢s a se?ora y el se?or.¡± Jorge encontr¨® una excusa para irnos. Cap¨ªtulo 168 Cap¨ªtulo 168 ¡°Bien.¡± respondi mirando a Sandra, ¡°Se?ora, nos vamos.¡± Sandra pareci¨® haber notado mi mal semnte, ech¨® un vistazo hacia arriba, probablemente pregunt¨¢ndose de qu¨¦ hab¨ªa hado con Ricardo, pero no me retuvo y en cambio solo dijo: ¡°Tengan cuidado en el camino.¡± Jorge y yo nos fuimos, subimos al auto y justo cuando iba a arrancar, ¨¦l me detuvo y pregunt¨®: ¡°?Qu¨¦ pasa?¡± ¡°Nada, sali¨® el tema de mis padres.¡± No le ocult¨¦ nada a Jorge. ¡°?Les preguntaste sobre el idente?¡± Jorge adivin¨® de inmediato. Sonre¨ª con sarcasmo diciendo: ¡°Influenciada por ti, quer¨ªa obtener algunas respuestas.¡± ?Y qu¨¦ pas¨®?¡± Volvi¨® a preguntar. Al pensar en lo que dijo Ricardo, arranqu¨¦ el auto y aceler¨¦, tambi¨¦n d¨¢ndole a Jorge su respuesta: ¡°Fue un idente.¡± Al salir de casa de familia V¨¢squez, agregu¨¦: ¡°Hay un informe del idente.¡± Jorge no dijo m¨¢s, nos dirigimos de regreso, y para ese momento ya era de noche, con luces brintes y calles animadas, especialmente cerca de calle peatonal, donde el tr¨¢fico yaenzaba a congestionarse. ¡°?Ya cenaste?¡± Romp¨ª el silencio mientras esper¨¢bamos en un sem¨¢foro. ¡°No.¡± Jorge respondi¨® honestamente. Lo mir¨¦ y le dije: ¡°Hoy has trabajado mucho, te invito a cenar.¡± ¡°Bueno.¡± No se neg¨®. Encontr¨¦ un lugar para estacionar y bajamos del auto. Mirando hacia los animados puestos deida, se?al¨¦ con decisi¨®n: ¡°Hoy, todaida aqu¨ª es tuya.¡± Justo despu¨¦s de decir eso, sent¨ª un golpe verk hacia un instintivamente agarr¨¦ a Jorge. Cuando Jorge estaba frente a m¨ª, y me di cuenta de que hab¨ªa agarrad Esa pose era algo que solo ver¨ªas en telenovs, y ah¨ª estal ejecut¨¢nd a perfi¨®n. Lo peor era que cara de Jorge e frente a m¨ªa, nuestras narices se tocaban, y nuestrosbios e punto de encontrarse. As¨ª que ni Jorge ni yo nos movimos, y en concurrida calle peat peque?o incidente se convirti¨® en un espect¨¢culo, atrayendo instant¨¢neamente atenci¨®n de los transeuntes. Entre exmaciones de sorpresa y silbidos, incluso un ni?o grit¨® emocionado: ¡°?B¨¦sense, se?or y se?orita¡­!¡± En medio de esas exmaciones de los espectadores, me sonroje r¨¢pidamente solt¨¦ a Jorge, intentando empujarlo, pero no lo logr¨¦. Fue entonces cuando me di cuenta de que Jorge me estaba abrazar cintura. No solo no me solt¨®, sino que me apret¨® m¨¢s y susurr¨® en mi o¨ªdo: ¡°S sientes avergonzada, no te muevas, yo te saco de aqu¨ª.¡± Esa vez obedec¨ª y no lo empuj¨¦, dej¨¢ndolo guiarme a trav¨¦s de mult Pero lo que no esper¨¢bamos era que gente que nos rodeaba no esta dispuesta a dejarnos ir sin hacer un show, insistiendo en que nos di¨¦ra un beso. Era el t¨ªpico caso de gente disfrutando del espect¨¢culo sin importarle cu¨¢n grande se volviera. Jorge y yo ya hab¨ªamos tenido gestos de cari?oo tomarnos de m y abrazarnos, pero un beso definitivamente no estaba permitido. ¡°?Un beso, un beso¡­!¡± Cuanto m¨¢s intent¨¢bamos abrirnos paso, m¨¢s fuerte se volv¨ªa el mor d multitud. ¡°Piensa en algo r¨¢pido.¡± Le dije a Jorge, pellizc¨¢ndolo. ¡°Con tanta gente, ser¨¢ dif¨ªcil salir.¡± Jorge realmente me dio esa respuesta. Estaba sudando de desesperaci¨®n cuando le sino hay manera, nos damos un beso, no te cobrar¨¦.¡± Al oirlo, abr¨ª los ojos de par en par, y por un momento olvid¨¦ a multitud alrededor, sorprendida al mirarlo. Capitulo 169 1 acuerdo era cobrar por tomar de r¨¦fano, abrazar y besar, eso fue lo que acord¨¦ con el hombre de cita a ciegas. En aquel momento que Jorge lo mencionaba, el definitivamente lo sabia Al parecer hubo m¨¢s historia despu¨¦s de esa noche en que le dio una paliza al hombre de cita, solo que nunca me lo habia dicho Ese Jorge realmente me dejaba sin pbras. Pero no me bes¨®, en lugar de eso, me arrastr¨® fuera de multitud, cornendoo locos¡­ Fue primera vez que corri en medio de un bullicio, con todas esas miradas sorprendidas a nuestro alrededor, sin entender por qu¨¦ corr¨ªamos Jorge y yo, pero se hac¨ªan a undo conscientemente. Asi, ens calles llenas de gente, gente se hac¨ªa a undo, y nosotros corriamos entre ellos. Jorge tomaba mi mano, mir¨¢ndome de vez en cuando, era una escena hermosa y surreal,o sacada de una pel¨ªc. El viento desordenaba mi cabello, y mirando a Jorge llev¨¢ndome a toda prisa, de repente sent¨ªo si estuvi¨¦ramos fug¨¢ndonos juntos. Hasta que me qued¨¦ sin aliento, Jorge finalmente redujo velocidad, hasta que al fin nos detuvimos. Jade¨¢bamos los dos, mir¨¢ndonos el uno al otro, y ¨¦l a¨²n sosten¨ªa mi mano. firmemente. Mi coraz¨®nt¨ªa m¨¢s r¨¢pido que nunca. Era aceleraci¨®n despu¨¦s de una carrera fren¨¦tica, pero tambi¨¦n era una emoci¨®n que Jorge me hab¨ªa dadoo nunca antes. Ninguno de los dos habl¨®, hasta que nuestra respiraci¨®n se calm¨®¡­ Pero Jorge no mostraba signos de querer soltarme mano, e incluso vi c¨®mo su nuez de Ad¨¢n se mov¨ªa¡­ Y sin querer, hice lo mismo. El ambiente se volvi¨® instant¨¢neamente tenso¡­ Mi coraz¨®nt¨ªa a¨²n m¨¢s r¨¢pido, y tragando nerviosamente, rompi el silencio: ¡°Eh¡­ ?Por qu¨¦ corrimos tanto?¡± ¡°?Qu¨¦ quer¨ªas? ?Que nos bes¨¢ramos dnte de todos?¡± Una s frase de Jorge hizo que mi rostro se encendiera de inmediato. No tuve nada m¨¢s que decir, solo intent¨¦ liberarme con todas mis fuerzas pero Jorge no cedi¨®, as¨ª que, molesta, le pis¨¦ el pie. ¨¦l solt¨® mi mano con un o de dolor y yo corri. Detr¨¢s de mi reson¨® su risa, y mi rostro se calento Quiero esto Jorge me sigui¨® en silencio, y cuando mi verg¨¹enza y el rubor en mi rostro se disiparon, me detuvo frente a un puesto de cocteles de frutas. Dado que fui yo quien dijo que podiaer lo que quisiera, naturalmente no podia ignorarlo. Me detuve y mir¨¦ el puesto de cocteles de frutas, lleno de copas grandes y peque?as, tradicionales de tamarindo y de frutas de temporada, una variedad que realmente te hacia agua boca. Tambi¨¦n me encantan los cocteles de frutas, pero no lo demostr¨¦, en cambio, le pregunt¨¦ a Jorge: ¡°?Cu¨¢l quieres?¡± ¡°?Y t¨²? Me pregunt¨® a cambio. Mir¨¦ y se?al¨¦ el coctel de frutas m¨¢s variado: ¡°Una de cada una de estas.¡± Despu¨¦s de decirlo, mir¨¦ a Jorge preguntando: ¡°?Y t¨²?¡± Jorge se?al¨® el coctel de frutas tradicional y dijo: ¡°Quiero ese.¡± Una vez que ambos elegimos, pagu¨¦. Jorge no discuti¨® sobre pagar, lo que me hizo sentirme bastante bien. Dije que lo invitar¨ªa, si ¨¦l pagaba, me har¨ªa sentir m¨¢s en deuda, y el coctel no ser¨ªa tan refrescante. ¡°?Est¨¢ bueno el tuyo?¡± Me pregunt¨® Jorge de repente mientras disfrutaba de mi coctel. Le ech¨¦ un vistazo a su coctel de frutas, que ni siquiera hab¨ªa tocado pregunt¨¢ndole: ¡°?Qu¨¦, ahora quieres unoo el m¨ªo?¡± ¡°Mmm, se ve delicioso.¡± Losentarios de Jorge me hicieron querer virarle los ojos. Si se ve¨ªa tan delicioso, ?por qu¨¦ no eligi¨® uno as¨ª? En aquel momento quer¨ªa el m¨ªo, ?verdad? ¡°El tuyo debe estar delicioso tambi¨¦n, es tradicional.¡± Lo consol¨¦o a un ni?o. Cap¨ªtulo 170 Entonces pruebalo,¡± Jorge levant¨® cuchara que ten¨ªa en su mano hacia mi boca Instintivamente gir¨¦ cabeza hacia un nuevo, con ra intenci¨®n de no rendirse hasta que yo probara. No tuve m¨¢s remedio que abrir boca y probar el coctel que ten¨ªa en mano, sab¨ªa a dulce y a ¨¢cido, realmente aut¨¦ntico. Para ser honesta, no estaba mal, pero no tan suaveo el que ten¨ªa en mi mano, dulce y con sabor a fruta. Pero frente a mirada de Jorge, solo pude fingir que estaba delicioso, mascando mientras dec¨ªa vagamente: ¡°Est¨¢ muy bueno.¡± ¡°Quiero probar el tuyo.¡± Jorge no sei¨® que ten¨ªa en su mano, sino que hizo esa petici¨®n. Instintivamente escond¨ª el coctel detr¨¢s de m¨ª,o una ni?a asustada de que le robaran su dulce. Jorge se rio y dijo: ¡°Solo quiero probarlo, no me lo voy a quedar todo, mira c¨®mo te asustas.¡± Despu¨¦s de decirlo, se rio: ¡°Te ves muy mezquina as¨ª.¡± De hecho, sent¨ª lo mismo. ?Qu¨¦ m¨¢s daba si era solo algo deer? Deb¨ªa d¨¢rs y ya. As¨ª que lo saqu¨¦, hab¨ªa elegido des copas peque?as todas de diferentes sabores de frutas y le dije: ¡°Toma, elige. Jorge no mir¨®s de caja, sino que se fij¨® en que ten¨ªa en mi mano dici¨¦ndome: ¡°Quiero esta.¡± Yo no supe qu¨¦ decir. Esa ya hab¨ªa probado yo. Antes de que pudiera decir algo, Jorge ya hab¨ªa inclinado cabeza y se hab¨ªaido fruta con cuchara que ten¨ªa en mano, llev¨¢ndose peque?a fruta que estaba en el medio. Hasta que termin¨® dee y trag¨®, solo entone mir¨¦ el coctel en mi mano, en el cual solo quedaba una situaci¨®n donde no sab¨ªa sit En ese momento Jorge se alej¨® caminando, mir¨¦ su espalda y luego el coctel en mi mano, ¨²ltima fruta era una uva verde, dulce y ligeramente acida despu¨¦s, mejor. No podia simplemente tira. As¨ª que abr boca y mordi fruta, justo cuando estaba a punto de terminar de masticaria r¨¢pidamente, levant¨¦ vista y via Jorge girando cabeza Me miraba sonriendo, de una manera que nunca hab¨ªa visto antes. En ese momento me senti increiblemente avergonzada, y mi cara se volvi¨® a poner roja¡­ ¡°Est¨¢ demasiado dulce, necesito beber agua. Jorge se?al¨® un puesto de agua no muy lejos, aliviando perfectamente mi iodidad. ¡°Voy aprar. Dije con generosidad. Aprendiendo de experiencia anterior con el coctel, no eleg¨ª con ¨¦l y simplemente pagu¨¦ despu¨¦s de que ¨¦l escogi¨®. ?No vas a beber? Jorge no sab¨ªa si realmente no entend¨ªa o si lo hacia a prop¨®sito. ¡°Mm, no tengo sed.¡± Pagu¨¦ y luego continu¨¦ caminando adnte. Jorge segu¨ªa detr¨¢s de m¨ª, silencioso, caminamos bastante lejos y ¨¦l no dijc nada, haci¨¦ndome sentiro si lo hubiera perdido. Pero cada vez que miraba hacia atr¨¢s, ¨¦l estaba justo detr¨¢s de m¨ª, n¨ª muy lejos ni muy cerca. Finalmente no pude resistirme y me detuve para preguntarle: ¡°?Por qu¨¦ me sigues? Esto es San Jos¨¦ del Cabo, ?qu¨¦ pasar¨ªa si te pierdes?¡± Cas¨ª me r¨ªo de m¨ª misma despu¨¦s de decir eso, ya que ¨¦l no era un ni?o despu¨¦s de todo. ¡°Si estoy detr¨¢s de ti, puedo cuidarte. La respuesta de Jorge me dej¨® sin pbras y mi cara se calent¨® una vez m¨¢s. ¨²ltimamente, parec¨ªa que me sonrojaba por cualquier cosa, hab¨ªa escuchado que eso tambi¨¦n era una enfermedad, as¨ª que pens¨¦ en ir al hospital a revisarme. Pero no quer¨ªa que Jorge notara mi iodida firmeza: ¡°?Qui¨¦n te pidi¨® que gain pronto no habr¨¢ nada paraer. ano, ¨¦ solo hab¨ªaido un coctel de frutas y bebido agua. Que quieres De repente, Jorge me pregunt¨® Antes de que pudiera responderle, el dijo: ¡°Comer¨¦ lo que t¨²as EI Centímetro 171-180 Cap¨ªtulo 171 Estaba disfrutando de mi nieve favorita Era mi preferida. Jorge frunci¨® el ce?o al ver nieve que hab¨ªa pedido. ?Qu¨¦ pasa, no te gusta?¡± Pregunt¨¦ a prop¨®sito. ¡°Las chicas no deber¨ªaner tanto de esto, no es bueno para salud.¡± Respondi¨® Jorge. Sonre¨ª y le dije: ¡°Vaya, Jorge, pareces saber mucho sobre mujeres, ?nunca has tenido novia?¡± ¡°No.¡± Respondi¨® Jorge con certeza. Hice una mueca, ramente incr¨¦d! Tengo una amiga que es menor, as¨ª que s¨¦ un poco sobre algunas cosas des chicas.¡± Las pbras de Jorge me hicieron detenerme. ?¨¦l una mejor amiga y era menor que ¨¦l? Pero nunca lo hab¨ªa mencionado antes. De repente me entr¨® curiosidad. Como si pudiera leer mi mente, Jorge dijo directamente: ¡°Es mi amiga y hermana de sangre, de misma madre y el mismo padre.¡± Retir¨¦ mi mirada y tom¨¦ otro bocado de nieve dici¨¦ndole: ¡°Nunca lo hab¨ªas mencionado.¡± ¡°Nunca encontr¨¦ el momento adecuado.¡± Jorge tambi¨¦n prob¨® un poco de nieve, y ramente vi que frunc¨ªa el ce?o. No le gustaba. A Sergio tampoco le gustaba antes. Dec¨ªa que esas cosas eran creadas para perjudicar a gente. Pensando en eso, me sent¨ª inc¨®moda y le dije: ¡°Si no te gusta, no te fuerces, podemos pedir algo m¨¢s.¡± ¡°Est¨¢ bien, solo que est¨¢ un poco fr¨ªa.¡± Dijo Jorge mir¨¢ndome: ¡°Comiendo algo tan fr¨ªo a esta hora te va a doler el est¨®mago.¡± No respond¨ª, protestando en silencio. Al parecer Jorge entendi¨® lo que pensaba, y no dijo nada m¨¢s. Ambos continuamosiendo nieve en silencio. Cami. Una voz familiar y algo sorprendida resono detr¨¢s de mi. Al giramme, vi a Pablo, con un brazo alrededor de una jovencita maquida exquisitamente. Pablo? Dije. ¡°Viniste s aer nieve?¡± Pablo no hab¨ªa visto a Jorge. Al decir eso, una cuchara adicional apareci¨® en mi cuenco, de Jorge, quien tom¨® parte de mi nieve diciendo: Est¨¢ demasiado fr¨ªa,e menos.¡± Pablo abri¨® los ojos de par en par, mir¨¢ndome a m¨ª y luego a Jorge, esos ojos giratorios ramente preguntaban qu¨¦ estaba pasando. Pensando en su rci¨®n con Sergio, mi boca se curv¨® en una sonrisa dici¨¦ndole: ¡°Estoy con mi novio.¡± Dicho eso, pas¨¦ mi brazo por el de Jorge, quien tambi¨¦n asinti¨® naturalmente a Pablo. ¡°?Tu novio?¡± Pablo finalmente examin¨® a Jorge seriamente, record¨¢ndolo. Se hab¨ªan visto antes en el parque de diversiones. Jorge asinti¨®, pero no dijo nada. Pablo parec¨ªa asombrado, sacudiendo cabeza y dici¨¦ndome: ¡°No es¡­ Cami, ?qu¨¦ est¨¢ pasando aqu¨ª? Expl¨ªcame.¡± ¡°No hay mucho que explicar, tengo novio, y esta noche fuimos a ver a familia V¨¢squez, hamos con los se?ores.¡± Dije, dejando ro que era en serio. ¡°?Tan r¨¢pido?¡± Pablo parec¨ªa incr¨¦dulo. Me re¨ª por dentro, Sergio ya estaba con Zo¨¦ antes de terminar conmigo, ?no era eso incluso m¨¢s r¨¢pido? ¡°Me animaste antes, ?c¨®mo lo olvidaste?¡± Le repliqu¨¦. Pablo se rasc¨® cabeza, sonriendo: ¡°Sab¨ªa que no eras tan inocenteo parec¨ªas, ten¨ªa raz¨®n, tienes mordida.¡± Luego, mir¨® a Jorge una vez m¨¢s y me dijo: ¡°Bien hecho ¡± Entendi que estaba apoyando mi contraataque a Sergio. En mi rci¨®n con Sergio, Pablo siempre estaba de mido. No en vano lo ve¨ªao un buen amigo. ¡°Est¨¢ bien, disfruten, encuentra tiempo para traer a este chico a mi negocio, a ver c¨®mo se maneja.¡± Pablo no se qued¨® mucho m¨¢s tiempo, y se fue con mujer que lo pa?aba. Cap¨ªtulo 172 Nunca le pregunt¨¦ qui¨¦n era mujer que estaba con ¨¦l, por su forma de vestir y maquirse, era ro que no era novia formal de Pablo, solo otra aventura pasajera. Despu¨¦s de que Pablo se fue, vi que nieve en mi taz¨®n ya hab¨ªa sidopartida por Jorge. ¡°Vamos aer algo m¨¢s. Sugiri¨® Jorge, realmente no ten¨ªa reparos. Con los dientes apretados, acept¨¦: ¡°Est¨¢ bien.¡± Jorge me llev¨® a un puesto donde vendian arroz frito, y orden¨® dos porciones. Esa vez no se rob¨® m¨ªa, porque estaba caliente. Al parecer no era que le gustara nieve, sino que no queria queiera demasiado. Ese hombre, realmente se esforzaba por mi a su manera. Despu¨¦s de terminar sopa, Jorge y yo seguimos caminando, pasamos por unas tiendas de cachorros y gatitos, y tambi¨¦n por algunas de flores y ntas. Al final, lepr¨¦ a Jorge dos macetas de flores y le dije: ¡°Tu casa necesita m¨¢s vida, te regalo estas dos ntas para que le den m¨¢s energia.¡± ¡°?Qu¨¦, acaso no soy lo suficientemente masculino?¡± Me pregunto. Si ¨¦l no era lo suficientemente masculino, entonces no habr¨ªa hombres masculinos en el mundo. ¡°Solo para agregar un poco de aroma floral y suerte en el amor.¡± Dije, y vi a Jorge sonreir Ten¨ªa sensaci¨®n de que su sonrisa tenia un significado especial, asi que antes de que pudiera har, r¨¢pidamente levante mano para detenerlo: ¡°No tienes permitido har¡± Obedeci¨® y no dijo nada. Cons flores en mano, continuamos paseando hasta cerca des doce, peros calles segu¨ªan llenas de vida y bullicio Pensando en que Jorge ten¨ªa que trabajar al d¨ªa siguiente, dije: ¡°Regresemos.¡± ¡°?Ya no quieres pasear¡± Me pregunt¨®. No, estoy cansada. Fingi bostezar. Caminando de regreso, Jorge se mantuvo en silencio todo el camino, y estaba demasiado distra¨ªda mirandos delicias y los peque?os adorn ventao para prestarle atenci¨®n. Hasta que vi unas hermosas coronas de flores y, juguetonamente, me prob¨¦ una pregunt¨¢ndole: ¡°?Qu tal me queda?¡± No hubo respuesta, as¨ª que me gir¨¦ y vi que Jorge ten¨ªa un semnte sombrio. Aun as¨ª, asinti¨®, mirando corona en mi cabeza: ¡°¡­Te queda bien.¡± ¡°No te ves bien.¡± Me acerqu¨¦ r¨¢pidamente a ¨¦l: ¡°?Qu¨¦ tienes? ?Te sientes mal?¡± Mientras haba, tambi¨¦n not¨¦ el sudor fino en su frente, muy denso, y tom¨¦ su mu?eca pregunt¨¢ndole: ¡°?Est¨¢s enfermo?¡± ¡°Me siento un poco mal del est¨®mago.¡± No me lo ocult¨®. La imagen de ¨¦liendo nieve pas¨® por mi mente y le pregunt¨¦: ¡°?Fue por nieve?¡± Hesit¨® y no respondi¨®, as¨ª que apret¨¦ su mu?eca con fuerza hasta que escuch¨¦ su ligero ¡°s¨ª¡°. Al o¨ªr eso, de repente me enfad¨¦ y le pregunt¨¦: ¡°?Cu¨¢nto tiempo has estad asi?¡± ¡°Todo este tiempo¡­¡± Contest¨®. Levant¨¦ manoo para golpearlo, pero en vez de eso, termin¨¦ jal¨¢ndol para correr mientras le dec¨ªa: ¡°Te llevo al m¨¦dico.¡± Sin embargo, Jorge no me sigui¨®, sino que me jal¨® hacia atr¨¢s unos pasos, y antes de que me diera cuenta, ya hab¨ªa sacado su cartera para pagar. Pag¨® corona de flores que me hab¨ªa probado. Realmente solo me hab¨ªa probado sin intenci¨®n depra, pero en aquel momento que ¨¦l hab¨ªa pagado, no tuve m¨¢s remedio que llev¨¢rm. Con su semnte a¨²n sombr¨ªo, ya no me preocup¨¦ por esos detalles y lo llev¨¦ r¨¢pidamente al hospital. Era tarde y no estaba segura de poder encontrar un buen m¨¦dico, as¨ª que trat¨¦ de contactar a Virginia. Pero tuve m suerte de que Virginia ne contestara, asi que solo pude llevarlo a urgencias. Despu¨¦s del diagn¨®stico, confirmaron que era una gastroenteritis aguda, y ¨²nica opci¨®n era hidrataci¨®n intravenosa. Jorge estaba enfermo por mi culpa y no podia dejarlo solo. Lo pa?e en s de hidrataci¨®n, y el siempre fuerte y resistente Jorge parecia tan fr¨¢gil y gracioso bajo el dolor. No pude resistirme a sacar mi celr para tomarle una foto en ese momento, pero Jorge se dio cuenta y extendi¨® mano para detenerme diciendo: ¡°Oye, no seas oportunista. D¨¦jame el celr.¡± ¡°Qu¨¦date quietito, eh. ?Hoy Jorge se convierte en Jorgito!¡± Dije esquivandolo. Nos peleamos por el celr, y aunque estaba recibiendo suero, de alguna manera terminamos divirti¨¦ndonos, hasta que lleg¨® alguien m¨¢s. Nos detuvimos y al ver qui¨¦n era, mi sonrisa se congel¨® en mi rostro. Cap¨ªtulo 173 Al igual que yo, con cara tensa, estaba Sergio parado en puerta. Desde que rompimos, parec¨ªa que cada encuentro era una escena dise?ada para hacernos hervir sangre. En ese momento, yo estaba jugando y riendo con Jorge, y detr¨¢s de Sergio estaba Zo¨¦. As¨ª erao dec¨ªa que hab¨ªa cortado con e, boca de ese hombre era una f¨¢brica de mentiras, esa era pura verdad. Mi breve distri¨®n termin¨® y desvi¨¦ mirada para no verlo m¨¢s, eso de ¡°ojos que no ven, coraz¨®n que no siente era cierto. Jorge,o si no hubiera visto nada, tom¨® mi mano, pero no para quitarme el tel¨¦fono, sino que dijo: ¡°Si quieres tomar fotos, otro d¨ªa te tomo unas bonitas.¡± Esa frase daba para imaginar muchas cosas. Adem¨¢s, hab¨ªa un aire deodidad y sencillez,o el que tienens parejas. Sergio dio dos grandes pasos hacia m¨ª indic¨¢ndome: ¡°Cam, ven afuera conmigo¡°. Con un tono de mando,o el de alguien que se cree superior. Y a¨²n con Zo¨¦ a sudo, actuaba as¨ª sin consideraci¨®n alguna hacia e. Ni siquiera lo mir¨¦, simplemente respondi: ¡°Estoy ocupada.¡± Y era verdad, porque ten¨ªa que pa?ar a Jorge a ponerse una inyi¨®n. Acto seguido, mano de Sergio se extendi¨® hacia m¨ª, intentando forzarme, pero antes de que pudiera tocarme, Jorge intervino bloque¨¢ndolo, y en ese momento su presencias chocaron. Nadie habl¨®, solo se midieron en silencio. Eso no pod¨ªa seguir as¨ª, especialmente porque Jorge estaba recibiendo suero y, aunque pod¨ªa pelear y darle una paliza a Sergioo si nada, si mpezaban a pelear, su tratamiento habr¨ªa sido en vano. Sab¨ªa que yo no od¨ªa detenerlos, despu¨¦s de todo, yo era causa de su conflicto, y si me nvolucraba, solo empeorar¨ªas cosas. Mir¨¦ a Zo¨¦, con cara de quien caba de tragarse una mosca, y le dije directamente: ¡°N o¨¦ no se movi¨®, asi que mir¨¦ fr¨ªame mi mirada, pero tras cruzarse su mirada con m¨ªa, Zo¨¦ ramente se estremeci¨®. Sin que tuviera que har, e obedientemente tom¨® a Sergio y le dijo. ¡°Sergi, me siento mal, ll¨¦vame a ponerme suero.¡± E tambi¨¦n hab¨ªa ido a ponerse suero? ?Eso no era algo¨²n para una mujer embarazada! Despu¨¦s de todo, cualquier medicamento podr¨ªa causar da?os irreversibles al beb¨¦. Mientras reflexionaba sobre eso, escuch¨¦ a una enfermera mar: ¡°?Qui¨¦n viene para el tratamiento de sustento del embarazo? Por favor, vengan por aqu¨ª.¡± Era tarde y no hab¨ªa nadie m¨¢s en s de sueros, aparte de Zo¨¦. ?Tratamiento para sostener el embarazo? ?El beb¨¦ en su vientre corr¨ªa peligro? Instintivamente mir¨¦ hacia su vientre, y Zo¨¦ se acerc¨® a¨²n m¨¢s a Sergio, diciendo con voz d¨¦bil: ¡°Sergi, el doctor me ma.¡± E arrastr¨® a Sergio forz¨¢ndolo a segui, quien a¨²n me miraba fijamente. Pod¨ªa ver que Sergio estaba lleno de ira, queriendo ajustar cuentas conmigo, deseando enfrentarse a Jorge. Pero al final, por Zo¨¦, su ira se ac¨® y se dej¨® llevar obedientemente. Sergio era el segundo hijo de familia V¨¢squez, mimado y consentido por todos desde peque?o, acostumbrado a que todos cedieran ante ¨¦l. Pero con Zo¨¦, sorprendentemente se convirti¨® en quien ced¨ªa. De no estar enamorado, no actuar¨ªa as¨ª. Pero si lo estaba, no deber¨ªa haberse puesto celoso dnte de Zo¨¦ al verme con Jorge. La rci¨®n entre ¨¦l y Zo¨¦ realmente me confund¨ªa. No obstante, yo no quer¨ªa gastar m¨¢s energ¨ªa pensando en ello, despu¨¦s de que se fueron, mir¨¦ a Jorge dici¨¦ndole: ¡°Conc¨¦ntrate en tu tratamiento.¡± No quer¨ªa que ¨¦l tuviera problemas con Sergio, porque si llegaban a los golpes, el que perder¨ªa ser¨ªa Sergio. Jorge se sent¨® y yo me qued¨¦ a sudo,o antes, pero sin alegr¨ªa previa. A lo lejos,s preguntas de enfermera a Zo¨¦ y el proceso de inyi¨®n me llegaban sin querer, era imposible ignoras. Capitulo 174 despues de escuchar a Zomunicarse con enfermera, me enter¨¦ de Zo¨¦ que Zoe se habis caido en el parque de diversiones ese d¨ªa y hab¨ªa empezado a sentir contriones. Al final, algo hab¨ªa pasado, ?pero a qui¨¦n podiamos culpar? Le que se busca, se encuentra, eso describ¨ªa perfectamente su situaci¨®n. Zoe se habia puesto una intravenosa y Sergio pa?aba sent¨¢ndose frente a mi y a Jorge. Parec¨ªa que esa noche ¨¦l no estaria tranquilo hasta causar alg¨²n problema. Al sentarse, Sergio no dijo nada, simplemente se quedo ahi sentado. ¨¦l no haba ni se movia, as¨ª que Jorge y yo lo tratamoso si no estuviera. Sin embargo Sergioenz¨® a buscar problemas, ?c¨®mo podria quedarse cado? Despu¨¦s de dos minutos de silencio, rompi¨® el aire con una pregunta: ¡°Cam, ?qu¨¦ signific¨® llev¨¢rtelo a casa hoy?¡± De hecho, antes de que preguntara, ya sab¨ªa que deb¨ªa estar furioso por lo sucedido esa noche, y efectivamente, acert¨¦. Mi expresi¨®n era Contest¨¦: *Significa que heenzado una nueva vida.¡± Sergio resopl¨®, mirando a Jorge con desd¨¦n: ¡°?Con ¨¦l?¡± ¡°Si, con ¨¦l.¡± Dije mientras cubr¨ªa mano de Jorge con m¨ªa. Sergio solt¨® una risa forzada mientras me dec¨ªa: ¡°Cam, desde peque?a siempre que mientes se te ponens orejas rojas, intenta enga?arme de nuevo cuando hayas cambiado ese h¨¢bito.¡± Ni me hab¨ªa acordado de eso, tuve el impulso de tocarmes orejas, pero me contuve. Si en ese momento mostraba alguna se?al de debilidad, habr¨ªa sido en vano todo el teatro con Jorge. Mir¨¦ a Sergio, ¨¦l tambi¨¦n me miraba, su rostro, anteriormente lleno de ira, de repente mostr¨® una sonrisa maliciosa. Esa sonrisa ramente dec¨ªa que no me cre¨ªa. Cuando se enoja tambi¨¦n se le ponens orejas rojas.¡± Intervie Sergio lenz¨® una mirada fr¨ªa,o di de Jorge me record¨® que, imis orejas te penian rojs cuando me enojaba, as¨ª que ya tomis par que sentirme mal Pero mo sabia Jorge eso? ?Lo ha ?omo werto en lob en los primeros dias de conocernos? Si ese era el caso, era muy observador Whora, cada vez que te veo, se me ponens orejas rojas ¡°Le respondi a Sergio, tranqu y serenamente. La ira volvi¨® a aparecer en el rostro de Sergio, pero no explot¨®, solo solt¨® una risa sarcasticaentando: ¡°ro, porque eres mi mujer, disfruta haci¨¦ndome enfadar.¡± Esa forma de har era realmente descarada. Y su referencia a ¡°su mujer¡± era demasiado explicita, f¨¢cilmente malinterpretada,o se pod¨ªa ver por el rostro morado de verg¨¹enza de Zo¨¦. En ese momento, Jorge levant¨® mi mano, y antes de que pudiera reionar, senti un calor en el dorso de mi mano. Jorge me hab¨ªa besado, me beso en el dorso de mi mano. Sergio se jactaba con pbras, pero Jorge respondi¨® con iones. Aunque sab¨ªa que Jorge estaba actuando conmigo, el calor del beso en mi mano me hizo sonrojar. Jorge, bes¨¢ndome abiertamente, enfureci¨®pletamente a Sergio, quien se levant¨® bruscamente, pero Zo¨¦ lo detuvo con un gesto, mir¨¢ndolo con l¨¢grimas en los ojos: ¡°Solo quiero terminar de ponerme inyi¨®n, si no quieres pa?arme, entonces mejor lo dejo.¡± Zo¨¦ intent¨® retirarse aguja, pero Sergio r¨¢pidamente detuvo. Las l¨¢grimas de Zo¨¦ cayeron, casi pudi¨¦ndose escuchar c¨®mo se estreban contra el suelo. Esas l¨¢grimas fueron efectivas, Sergio se calm¨® y no hizo nada m¨¢s. La infusi¨®n de Jorge tambi¨¦n hab¨ªa terminado, as¨ª que m¨¦ a enfermera para que le retirara aguja. Jorge hab¨ªa estado sentado recibiendo infusi¨®n todo ese tiempo, y su ropa se hab¨ªa desordenado un poco. Levant¨¦ mano para arregl¨¢rs, pensando en los ojos de Sergio vados en nosotros desde atr¨¢s. Pensando en hacer que se diera por vencido de una vez por todas, tom¨¦ una decisi¨®n audaz, agarr¨¦ el cuello de camisa d Capitulo 175 Senti ramente c¨®mo el cuerpo de Jorge temblo un poco, probablemente no esperaba que tomara iniciativa de besarlo. Pero al segundo siguiente, su mano firme rodeo mi cintura, y yo tambi¨¦n aprovech¨¦ ese momento para alejarme de susbios, le die sonriendote con dulzura: ¡°Es tu premio por portarte bien con inyi¨®n¡± Al decir esa, de repente pens¨¦ ens veces que Sergio ten¨ªa que ponerse nyiones cuando estaba enfermo. Le aterrorizabans agujas, asi que pretenia sufrir en silencio antes que ir al hospital. Para ¨¦l, recibir una inyi¨®n erao ser sometido a una tortura, realmenteo un ni?o, solo le faltaba llorar y patalear. Siempre ten¨ªa que consrlo durante mucho tiempo, trat¨¢ndoloo a un ni?o, cubri¨¦ndole los ojos mientras le ponian inyi¨®n, e incluso, cuando aguja praba su piel, le dejaba morder mi brazo. As¨ª que cada vez que Sergio terminaba sus inyiones, me sentiao si hubiera cumplido una misi¨®n hist¨®rica. Despu¨¦s tambi¨¦n queria un premio, quer¨ªa que le bara o le cantara, o que leprara algo. En fin, cada vez que Sergio se enfermaba y necesitaba inyiones, se transformaba en un ni?ito. Un ni?ito insoportable. En cambio, Jorge fue muy obediente con inyi¨®n, no necesit¨® que dijera o hiciera nada, incluso me pidi¨® que me diera vuelta para no mirar. Se preocupaba de que me aburriera, dici¨¦ndome que me fuera a dar una vuelta, que no hab¨ªa necesidad de que lo pa?ara. Sinparaci¨®n no hay decepci¨®n, y en ese momento alparar, me di cuenta de que Sergio nunca me trat¨®o a su novia, sinoo a una peque?a sirvienta. Por mientario, Jorge apret¨® m¨¢s su mano alrededor de mi cintura, dici¨¦ndome con voz ronca: ¡°Parece que en el futuro deber¨¦ enfermarme m¨¢s seguido.¡± Me qued¨¦ petrificada, entendi lo que Jorge quer¨ªa decir, pero no respond¨ª y me prepar¨¦ para irnos. La voz de Sergio reson¨®: ¡°Cam, as¨ª te sientes mejor, ?no? Ahora estamos a mano.¡± Me detuve, girando cabeza hacia ¨¦l S voz era bastante calmada, repitiendo. ¡®Cam, estamos a mano El significado de desvergonzado y sin limites lo vi ro en Sergio. ¡°Sergio, ?te pated un burro en cabeza? Le grit¨¦, y luego me fui La mano de Jorge en mi cintura no se solt¨® hasta que salimos del hospital y llegamos al estacionamiento. Justo cuando iba a abrir puerta del auto, de repente senti un tir¨®n en el hombro, y Jorge me gir¨®, presion¨¢ndome contra el auto. Sus ojos eran profundos y brintes,o si luz des estres de esa noche cayera en ellos. No dijo nada, solo me miraba as¨ª, esos ojos hac¨ªan que mi coraz¨®ntiera r¨¢pidamente, casi saltando de mi garganta. No era tonta, sab¨ªa que ese beso hab¨ªa provocado algo en ¨¦l. As¨ª que, no pod¨ªa dejar que lo malinterpretara, inmediatamente le dije: ¡°Jorge, solo quer¨ªa hacer que Sergio se diera por vencido, no pienses demasiado.¡± Al decir eso, vi c¨®mo luz de sus ojos se extingu¨ªa de repente, sus pups se contrajeron al decirme: ¡°Quieres decir que solo estabas actuando.¡± ¡°Si, ?qu¨¦ m¨¢s podr¨ªa ser? Solo estamos fingiendo ser novios.¡± Le dije, forzando una sonrisa sin necesidad de un espejo para saber cu¨¢n falsa era. La mano de Jorge que a¨²n presionaba mi hombro se tens¨® y me dijo: ¡°Pues fingiste muy bien.¡± ¡°No hubiera cre¨ªdo de otra manera.¡± Le dije sinceramente. El beso a Jorge fue solo para hacer que Sergio se rindiera definitivamente, pero jam¨¢s pens¨¦ que ¨¦l lo tomar¨ªao un acto de venganza. Erao dar un pu?etazo en el algod¨®n, una p¨¦rdida total. Especialmente porque Jorge lo tom¨® en serio, eso era lo m¨¢s preocupante. No pod¨ªa dejar que Jorge albergara ilusiones, era un buen hombre y no pod¨ªa enga?arlo. As¨ª que, levant¨¦ mano a su pecho y lo empuj¨¦ dici¨¦ndole: ¡°No te lo tomes en serio.¡± a expresi¨®n de Jorge se torn¨® sombri mi mano, y yo no ese hombre de Cap¨ªtulo
176 Eso, nunca lo hab¨ªa pensado. Probablemente no, despu¨¦s de todo,s veces que hab¨ªa besado a alguien eran pocas incluso a Sergio, a quien quer¨ªa tanto, solo lo bes¨¦ a escondidas cuando estaba enfermo y d¨¦bil o cuando. se quedaba dormido despu¨¦s de beber, pero solo en meji o en el dorso. de mano. Pero lo que acaba de pasar con Jorge fue un verdadero beso en losbios, algo que no sol¨ªa hacer con Sergio. Sergio me besaba, pero solo en meji o frente, nunca en boca. Una vez incluso dijo: ¡°Cami, estamos demasiado familiarizados, no puedo hacerlo.¡± En realidad, se reduce a falta de amor, alguien dijo que cuando un hombre y una mujer se besaban, intercambiando saliva, se liberaba dopamina, era algo involuntario. As¨ª que, si pod¨ªas resistirte, entonces no era amor. ¡°No me gustans suposiciones.¡± Fue respuesta que le di a Jorge. La mand¨ªb de Jorge se tens¨®, y su nuez de Ad¨¢n se movi¨®, me exigi¨®: ¡°Pero quiero saberlo.¡± Su mirada era persistente y firme, casi opresiva. Me costaba respirar, pero entonces solt¨¦ una risa burlona dici¨¦ndole: ¡°?Qu¨¦ pasa, es primera vez que una chica te besa, y por eso te lo tomas tan a pecho?¡± ¡°?S¨ª!¡± Su respuesta de una s pbra me dej¨® congda. Unos segundos despu¨¦s, dije algo que incluso yo consider¨¦ bajo y despreciable: ¡°Entonces tepensar¨¦.¡± ¡°?C¨®mo piensaspensarme?¡± Jorge pregunt¨® de inmediato. A pesar de que yo ten¨ªa el control de conversaci¨®n, de repente me sent¨ªo si ¨¦l me estuviera llevando a su terreno. Sab¨ªa qu¨¦ tipo depensaci¨®n quer¨ªa, pero ten¨ªa que hacerle perder toda esperanza, no dejarle tener ninguna otra idea en mente, solo hab¨ªa una salida: ¡°Jorge, quedamos en que solo est¨¢bamos actuando, el contacto f¨ªsico tambi¨¦n es parte de actuaci¨®n, si te lo tomas tan en serio tan f¨¢cilmente, entonces tendr¨¦ que contar con alguien m¨¢s.¡± ¡°?Qu¨¦, vas a cambiar de novio todos los d¨ªas?¡± La voz de Jorge estaba tan fr¨ªao si tuviera escarcha. La korrel ligeramente, de una manera un poco insensible y le solt¨¦: ¡°No es lo que quiero, pero si no puedes manejarlo, no tengo otra opci¨®n.¡± Jorge dej¨® de har, irradiando una frigidad que parec¨ªa querer congrme. A pesar de esa frialdad, continu¨¦ provoc¨¢ndolo tranqu pero firmemente ¡®S¨¦ que eres muy inocente, realmente acudir a ti para actuar, incluso tomarte de mano, abrazarte y hasta besarte, de verdad es aprovecharse je ti, as¨ª que mejor terminemos aqu¨ª nuestra rci¨®n de pareja falsa.¡± Jespu¨¦s de decir eso, lo empuj¨¦ con fuerza una vez m¨¢s, luego abr¨ª suerta del auto y sub¨ª. Sin embargo, ¨¦l se qued¨® parado sin moverse. Baj¨¦ a ventana del auto y lo mir¨¦ pregunt¨¢ndole: ¡°?No subes?¡± 1 permaneci¨® en silencio. Tir¨¦ de una sonrisa, sub¨ª ventana y aceler¨¦ra irme. A unos metros de distancia, ech¨¦ un vistazo al espejo retrovisor via Jorge parado alli, en oscuridad de noche, solo,o si el mundo ntero lo hubiera abandonado. En ese momento, sent¨ª que realmente hab¨ªa ido terrible. No sab¨ªa si Jorge volver¨ªa a mi apartamento alqudo frente al uyo, pero no quer¨ªa volver. As¨ª que m¨¦ a Virginia otra vez, pero e impoco contest¨®, al parecer estaba en cirug¨ªa otra vez. As¨ª que no ten¨ªa tra opci¨®n m¨¢s que volver a casa. Cap¨ªtulo 17 Cap¨ªtulo 177 ¡°?Soy yo!¡± Desde el pasillo lleg¨® una voz conocida. De repente, agarr¨¦ el pasamanos y me detuve, aliviando tensi¨®n de m coraz¨®n. Un momento despu¨¦s, me gir¨¦ para subirs escaleras y tamb vi a Jorge, parado en penumbra. Pensando en lo inc¨®modo de nuestra ¨²ltima despedida, por un momento no supe qu¨¦ decir, pero realmente m hab¨ªa asustado, as¨ª que fing¨ª estar molesta y dije: ¡°?No sabes que asustas apareciendo as¨ª de repente?¡± ¡°S¨ª.¡± Fue su ¨²nica respuesta. Y ¨¦l no sab¨ªa cu¨¢nto me irritaba esa frialdad suya. Justo cuando estaba punto de reprocharle algo m¨¢s, ¨¦l a?adi¨® con voz baja: ¡°No suceder¨¢ de nuevo.¡± En ese momento, me qued¨¦ sin pbras. Entonces saqu¨¦s ves para abrir puerta, apenass hab¨ªa insertado en cerradura cuando su voz reson¨® de nuevo, profunda y baja: ¡°Esta noche pens¨¦ demasiado, no volver¨¢ a pasar.¡± Me qued¨¦ pasmada, me gir¨¦ y ¨¦l ya hab¨ªa entrado por puerta entreabierta. Al cerrar puerta, cruzamos miradas por un instante. ¡°Buenas noches¡­¡± Misbios se movieron y justo cuando puerta de su habitaci¨®n se cerr¨®,s pbras que se hab¨ªan atorado en mi garganta finalmente salieron: ¡°?Qu¨¦ quieres decir con ¡®no volver¨¢ a pasar¡®?¡± En realidad, lo entend¨ªa, ¨¦l no estaba de acuerdo en terminar nuestra rci¨®n falsa. Pero yo realmente no quer¨ªa continuar, ni siquiera me atrev¨ªa a hacerlo. Incluso llegu¨¦ a arrepentirme de haber pedido a Jorge que fingiera ser mi novio. No porque temiera que ¨¦l se aferrara a m¨ª, sino porque tem¨ªa herirlo. ¨¦l ai siquiera hab¨ªa tenido novia antes, y hab¨ªa terminado siendo utilizado por mi, entreg¨¢ndome incluso su primer abrazo, tomada de manos y beso. Me sent¨ªa terriblemente mal. Maldici¨¦ndome misma, entr¨¦ en mi casa y debido a culpa, no pudot noche. So?¨¦ con Jorge todo el murmurando ¡°?Por qu¨¦ me besaste? Ese fue mi primer beso.¡± Me despert¨¦ agobiada por culpa, muy temprano, a¨²n no amanec¨ªa. Mir¨¦ hora, erans cuatro y media de ma?ana. Pero sab¨ªa que a esa hora Jorge ya estaria despierto, si no me equivocaba, ya deber¨ªa haber salido a correr. As¨ª que, ese era el mejor momento para evitarlo. Entonces, me levant¨¦ r¨¢pidamente, mev¨¦, me cambi¨¦ de ropa y luego hui. Cuando mi auto atravesaba el amanecer que apenas mostraba luz del dia, me di cuenta de lo pat¨¦tica que era, viviendo en mi propia casa pero sinti¨¦ndomeo undr¨®n. Para evitar a Jorge, sal¨ªa temprano y regresaba tarde, logrando con ¨¦xito no encontrarme con ¨¦l. Solo que cada noche al volver, el desayuno fr¨ªo en mi puerta hac¨ªa que mi culpa creciera dia tras dia. Varias veces pens¨¦ en mandarle un mensaje a Jorge para decirle que no era necesario que preparara el desayuno para m¨ª, pero tem¨ªa que me preguntara algo, as¨ª que pretend¨ªa no haberlo visto. Esperaba que al ver el desayuno intacto ¨¦l entender¨ªa. De hecho, al tercer d¨ªa cuando volv¨ª del trabajo, ya no hab¨ªa desayuno colgando en puerta. Suspir¨¦ aliviada, pero en alg¨²n lugar de mi coraz¨®n me senti un poco perdida. Ese sentimiento me hac¨ªa maldecirme a mi misma¡­ Dicen que cuando uno pierde en el amor, gana en el trabajo. Eso era totalmente cierto, me estaba adaptando muy bien a mi nuevo trabajo, y hab¨ªa conseguido un gran pedido por tel¨¦fono. Ya solo necesit¨¢bamos encontrarnos en persona para finalizar los detalles. ¡°Directora G¨¢mez, ?he escuchado que ¨²ltimamente llo los dias as seis?¡± Victor me encontro Cap¨ªtulo 178 Me ref entre dientes y asent¨ª: ¡°Quiero empezar a conocer el negocio lo a posible.¡± ¡°Entendido, pero has llegado demasiado temprano, empresa no pagal horas extras.¡± Dijo V¨ªctor en tono de broma. Sonre¨ª ligeramente al decirle: ¡°Es de coraz¨®n.¡± ¡°Por eso no es de extra?ar que puedas ser ministra, si todos fueran tan trabajadores y dedicadoso t¨², Aguacaliente Inversiones pronto alcanzar¨ªa el ¨¦xito.¡± Las pbras hgadoras de V¨ªctor casi me hicieron re¨ªr. Esa era su manera de har, siempre entre seriedad y broma, y yo n lo tomaba en serio. ¡°Pero hando en serio, el desarrollo de empresa no puede depender solo de ti, he visto el esfuerzo de directora G¨¢mez y ya se lo he reportac al jefe. ¨¦l dijo que no puedes seguir as¨ª, si te llegara a pasar algo por el cansancio, ser¨ªa una gran p¨¦rdida para empresa.¡± Con eso Victor estab diciendo que ni siquiera me dejar¨ªa llegar temprano al trabajo. Entonces s no me dejar¨ªa hacerlo, pues no lo har¨ªa. Por otrodo tampoco ten¨ªa que seguir evitando a Jorge porque ya llevaba varios d¨ªas sin dejarme el desayuno en puerta, probablemente habia entendido mi punto y hab¨ªa dejado de hacerlo. ¡°Oi que hoy vendr¨¢ un cliente importante, ?y es un gran contrato?¡± Victor cambi¨® de tema. ¡°S¨ª, llegar¨¢ as diez, en una hora.¡± Dije sonriendo: ¡°Se?or Sierra, si no hay nada m¨¢s, me voy a preparar.¡± ¡°ro, que tengas ¨¦xito, directora G¨¢mez.¡± Victor levant¨® su taza de caf¨¦ er se?al de saludo. Regres¨¦ a mi oficina para revisar de nuevo los documentos que hab¨ªa preparado, y as nueve cincuenta ya estaba en s de reuniones, chequeando otra vez disposici¨®n de s. Ese cliente era realmente importante, porque si logr¨¢bamos cerrar el trato no cele tas p¨¦rdidas de chentes que Sergio nos hab¨ªa causado d¨ªas atr¨¢s, sino que tambien podr¨ªamos aumentar nuestros resultados en dos puntos. As diez en punto, lleg¨® el cliente. Pero cuando vi qui¨¦n era, mi cara se oscureci¨®. Era Sergio. Pero empresa con que supuestamente iba a cborar no era Chispa Global Business, asi que iba disfrazado. Capt¨® mi expresi¨®n y con una sonrisa tranqu, extendi¨® su mano saludando: ¡°H, directora G¨¢mez.¡± No le extendi mano, mir¨¢ndolo con esa cara que dec¨ªa que ¨¦l tenia do bajo control, mi furia se dispar¨®, aunque no lo mostr¨¦, y lo mir¨¦ fr¨ªamente pregunt¨¢ndole: ¡°?El presidente V¨¢squez viene a cborar de verdad oa causar problemas?¡± *Por supuesto que a cborar, ?qu¨¦ pensabas, que ven¨ªa a jugar?¡± Respondi¨®. Sergio ten¨ªa ese aire desenfadado y algo travieso. Era un cambio total del aire distante que sol¨ªa tener conmigo. ¡°Bien, entoncesencemos a har del n de cboraci¨®n.¡± Le dije, aunque sab¨ªa que ten¨ªa segundas intenciones, segu¨ª los procedimientoso deb¨ªa. Hab¨ªa revisado informaci¨®n de empresa Energia Lupex que ¨¦l representaba; era prometedora y se hab¨ªa desarrodo impresionantemente. Hab¨ªa sido fundada hac¨ªa dos a?os. Aparentemente Sergio no hab¨ªa puesto todos sus esfuerzos solo en Chispa Global Business, y supuse que ten¨ªa sentido, considerando que eso era lo que su padre le hab¨ªa dejado, y de alguna manera, Manuel tambi¨¦n ten¨ªa parte en ello. Sergio fue muy cooperativo, aceptando todas mis condiciones de manera r¨¢pida y sinplicaciones. Pero esa facilidad me hizo sentir insegura, Sergio definitivamente no hab¨ªa ido solo a har de negocios. De hecho, cuando terminamos de har y le pedi que firmara el contrato, me m¨® aparte dici¨¦ndome: ¡°Cami, ?de qu¨¦ te sirve ser una directora en una empresa tan peque?a?¡± No dije nada, solo lo mir¨¦ con losbios apretados. ¡°Si dejas de hacer berrinches, te dejar¨¦ ser jefa. Energia Luner Sergio dijo con gran generosidad. ¡°Parece que el presidente V¨¢squez no ha venido a cborar ho robarme. Le respondi con sarcasmo. ¡°Cam, solo quiero que vuelvas a mido. Sergio mostr¨® una rara sinceridad. Mir¨¦ sus delgadosbios, dicen que los hombres conbios delgad los m¨¢s apasionados, tal vez haya algo de verdad en eso. ¡°Sergio, hay cosas que no quiero tener que repetir, deber¨ªas entender nuestro es imposible.¡± Le dej¨¦ ro una vez m¨¢s. La expresi¨®n de Sergio se ensombreci¨® ¡°He hecho todo esto por ti, ?qu m¨¢s quieres?¡± ¡°Quiero¡­ que dejes atr¨¢s el pasado, que no sigas aferr¨¢ndote sin fin.¡± Mis pbras hicieron que sonrisa en el rostro de Sergio se desvaneciera. a mido y l Antes de que pudiera decir algo m¨¢s, Victor se acerc¨®, se par¨® dio un leve asentimiento a Sergio, luego me mir¨® diciendo: ¡°Directora G¨¢mez, acabo de recibir una notificaci¨®n del jefe, no est¨¢ de acuerdo con esta cboraci Cap¨ªtulo 179 El gran jefe erao un drag¨®n: se le v cabeza pero no c, sin embargo, parecia saberlo todo sobre empresa. Sergio dirigi¨® su enfado hacia Victor: ¡°?No cooperas? ?Sabes con qui¨¦n est¨¢s hando? ?Sabes qui¨¦n soy?¡± En ese momento, Sergio era viva imagen de un cacique, emanando un aire de ostentaci¨®n y vulgaridad. Victor, sosteniendo una taza de agua con aires de anticuado, luc¨ªa una sonrisa ir¨®nica: ¡°Mi jefe dijo que sabe qui¨¦n eres, por eso mismo no quiere hacer negocios contigo.¡± Eran pocas pbras, pero golpeaban duro. Sergio estaba a punto de explotar, dijo amenazadoramente: ¡°?Qui¨¦n es tu jefe? ?Ya no quiere seguir haciendo negocios en San Jos¨¦ del Cabo o qu¨¦?¡± ¡°Mi jefe dijo que, incluso si deja San Jos¨¦ del Cabo, no har¨¢ negocios contigo.¡± La lengua de Victor no solo era dulce, tambi¨¦n venenosa. El rostro de Sergio se torn¨® morado de rabia: ¡°Muy bien, ustedes esperen nom¨¢s, y dale ese recado a tu tal jefe.¡± ¡°Perfecto, mi jefe tambi¨¦n me pidi¨® que le diga al se?or V¨¢squez que no dude en venir a bata.¡± Las pbras de Victor eran para sacar de quicio a cualquiera. Las venas de frente de Sergio saltaban furiosamente, yo realmente tem¨ªa que lenzara un pu?etazo a esa sonriente cara de V¨ªctor. Pero Sergio se contuvo, me mir¨® fijamente por unos segundos y luego dijo: ¡°Cam, s¨¦ que erespasiva y odias involucrar a otros, si vienes conmigo hoy, todo esto puede quedar atr¨¢s, si no, no me culpes por hacer que esta empresa pague por tu terquedad.¡± Siendo amable no funcionaba, insistir tampoco, as¨ª que Sergio pas¨® directamente as amenazas. Yo, Cam, aunque crec¨ª dependiendo de familia V¨¢squez, terquedad que me dieron mis padres est¨¢ en mis huesos. Si fuera tan f¨¢cil de intimidar, no habria llegado tan lejos con ¨¦l, le dije: ¡°Sergio, si te atreves, estar¨¢s pisoteando el ¨²ltimo vinculo que nos queda.¡± ¡°Ya ni te quiero, qu¨¦ m¨¢s vinculos podemos tener!¡± Explot¨® con groser¨ªas. No quer¨ªa discutir alli, mucho menos que lospa?eros de trabajoenzaran a murmurar, as¨ª que le dije ramente: ¡°Se?or V¨¢squez, ya puede retirarse.¡± Sergio levant¨® su mano varias veces,o si realmente quisiera estrangrme o llevarme a fuerza. Victor intervino oportunamente: ¡°Directora G¨¢mez, si no va a despedir al visitante, ?por qu¨¦ no pasa a mi oficina? Tengo algo de qu¨¦ harle.¡± Me gust¨® c¨®mo lo puso, tambi¨¦n quer¨ªa har con ¨¦l. Segu¨ª a Victor, dejando atr¨¢s a Sergio, que parec¨ªa querer devorar el mundo entero. ¡°Se?or Sierra, ?qui¨¦n es el gran jefe? ?C¨®mo sab¨ªa lo de hoy?¡± Al entrar en oficina de Victor, pregunt¨¦ directamente. Ese hombre era un misterio, y adem¨¢s, me proteg¨ªa diciendo que no trabajar¨ªa con Sergio solo porque sab¨ªa qui¨¦n era. Eso me hizo pensar. ¡°Yo se lo dije, ?c¨®mo iba a saberlo si no? No es que tenga ojos y o¨ªdos por todas partes.¡± Victor haba en un tono poco serio. ¡°?Y por qu¨¦ quiere terminar esta cboraci¨®n? ?Conoce a Sergio?¡± Pregunt de nuevo. V¨ªctor estaba moliendo caf¨¦, sus dedos, m¨¢s bonitos que los de una mujer, contrastaban con el color oscuro de cafetera, una vista muy agradable. ¡°Quiz¨¢s, no estoy muy seguro.¡± Dijo Victor, regal¨¢ndome una sonrisa. Ese hombre parec¨ªa radiante y masculino, pero esa sonrisa ten¨ªa un toque de suavidad. Frunc¨ª losbios, observ¨¦ oficina de V¨ªctor tratando de encontrar alguna pista sobre el gran jefe. Entonces, tom¨¦ aire y pregunt¨¦ d nuevo: ¡°Se?or Sierra, ?cu¨¢ndo vendr¨¢ el gran jefe a empresa?¡± ¡°Eso¡­ es dif¨ªcil de decir, tal vez a fin de a?o, pero verdad es que no le presta mucha atenci¨®n a empresa.¡± La respuesta de Vi querer torcer los ojos. Come 715 pronunciaba personalmente por una cboraci¨®n? Solt¨¦ una risa burlona: ¡°Por lo que dice el se?or Sierra, ?el gran jefe es solo para decoraci¨®n?¡± ¡°Si, m¨¢s o menos.¡± Victor asinti¨® con entusiasmo, pero luego agreg¨®: ¡°Aunque a veces si ejerce sus derechos de jefe,o hoy.¡± Cap¨ªtulo 180 Cap¨ªtulo 180 ¡°Se?or Sierra, ?tiene informaci¨®n sobre el gran jefe?¡± Sin poder ver a nadie, saber a qui¨¦n estoy tratando ser¨ªa de gran ayuda. V¨ªctor levant¨® mirada hacia m¨ª: ¡°?Interesada en el gran jefe?¡± ¡°Si, es tan misterioso que despierta mi curiosidad.¡± Admit¨ª sinceramente. Victor acababa de terminar de moler el caf¨¦ y lo olfate¨® cerca de ¡°Huele bien.¡± Luego, mir¨¢ndome, dijo: ¡°D¨¦jame prepararte una taza.¡± nariz: ¡°No hace falta. Mi mente no estaba para saborear caf¨¦, el misterioso gran jefe habia capturado toda mi atenci¨®n. Victor levant¨® el caf¨¦ molido frente a mi diciendo: ¡°Es caf¨¦ que nos envi¨® el gran jefe, ?seguro que no quieres probarlo?¡± ¡°Prefiero conocerlo en persona a beber su caf¨¦.¡± Expres¨¦ mi verdadero deseo. Victor sonri¨®, pero no dijo nada. Su risa inexplicable me dej¨® confundida, ¡°?De qu¨¦ se r¨ªe, se?or Sierra? ?Es demasiado pedir? ?O hay algo gracioso?¡± Victor neg¨® con cabeza: ¡°No es demasiado, solo me causa gracia c¨®mo el gran jefe te tiene tan interesada sin siquiera haberse encontrado contigo Es un verdadero peligro.¡± Me qued¨¦ sin pbras. Sab¨ªa que eso era parte del humor de Victor. Cuando me pas¨® taza de caf¨¦, le dije directamente: ¡°Si el se?or Sierra teme que tenga ms intenciones, podria mostrarme su curr¨ªculum para conocerlo un poco.¡± ¡°Eso¡­ me temo que no ser¨¢ posible.¡± Victor me rechaz¨® sin sorprenderme Con un gesto ir¨®nico, pregunt¨¦: ?Y eso por qu¨¦?¡± Victor parec¨ªa realmente apena Y por qu¨¦ no?¡± Sospechaba que Victor me estaba dando vueltas. *Porque teme que gente lo desee.¡± El aroma del caf¨¦ que V¨ªctor prepar¨® me tentaba. Basado en mi experiencia degustando caf¨¦s de alta calidad con familia V¨¢squez, sab¨ªa que ese caf¨¦ era de primera. ramente, el gran jefe no era una persona¨²n. ¡°Directora G¨¢mez no tiene idea, nuestro gran jefe es un verdadero adonis entre los hombres, y no solo as mujeres les afecta, hasta yo cada vez que lo veo¡­ pierdo el control.¡± V¨ªctor habl¨® sin el menor atisbo de verg¨¹enza. Entend¨ª lo que V¨ªctor trataba de decir, que no hab¨ªa manera de que conociera al gran jefe. Aunque estaba muy curiosa, seguir insistiendo ser¨ªa in¨²til y solo har¨ªa que Victor pensara que ten¨ªa intenciones ocultas. ¡°Directora G¨¢mez, pruebe este caf¨¦; le aseguro que despu¨¦s de un sorbo, r querr¨¢ otro.¡± V¨ªctor me rend¨®. Sonre¨ª ligeramente: ¡°Si ese es el caso, mejor no lo pruebo. Un caf¨¦ tan buenoo ese ser¨¢ inalcanzable para m¨ª en el futuro.¡± Dicho eso, me levant¨¦ y sali afuera. ¡°Directora G¨¢mez, ?de verdad no lo va a probar? No cualquiera tiene el privilegio de disfrutar de este caf¨¦, no se arrepienta despu¨¦s.¡± V¨ªctor me m¨® desde atr¨¢s. Al salir de oficina de V¨ªctor, suspir¨¦ profundamente, un suspiro de frustraci¨®n tanto por Sergioo por Victor. Ese hombre, siempre sonriendo amablemente, sab¨ªa c¨®mo irritar a gente. Regres¨¦ a mi oficin e intent¨¦ indagar sobre el gran jefe, pero todos dec¨ªan que desde que entraron a empresa solo hab¨ªan visto al se?or Sierra, sin tener idea de que existiera un gran jefe, mucho menos haberlo visto. ?Ser¨ªa que ese gran jefe era un personaje ficticio, una invenci¨®n de V¨ªctor para jugar conmigo? Mientras reflexionaba sobre eso, recib¨ª¡± a punto de llorar: ¡°Camil Tapos 181 EI Centímetro 181-190 Cap¨ªtulo 181 La frase de Mire hizo que mi coraz¨®n saltara hasta garganta: ¡°?Qu¨¦ pasa? Tranqu, expl¨ªcame bien.¡± ¡°Vinieron unos tipos al parque de diversiones buscando problemas con Jorge, varios de ellos, todos tatuados y bastante intimidantes.¡± Las pbras de Mire me hicieron soltar un poco el aire que hab¨ªa retenido. Pens¨¦ que hab¨ªa sido otro tipo de idente. Al parecer que solo buscaba iodar a Jorge, Pero a pesar de que Mire estaba asustada, y describi¨® a esos hombreso algo aterrador, yo no me preocup¨¦. Porqu Jorge, sin duda, podia manejarlo. Esa extra?a confianza que ten¨ªa en ¨¦l tambi¨¦n me sorprend¨ªa, pero simplemente sentia que nadie pod¨ªa hacerle da?o. Esos tipos se pusieron violentos?¡± Pregunt¨¦. ¡°No, todav¨ªa no han encontrado a Jorge, pero est¨¢n preguntando por ¨¦l, seguro pronto dar¨¢n con este lugar.¡± La voz de Mire temba ligeramente: ¡°?Cami, qu¨¦ hacemos? ?mamos a polic¨ªa?¡± Reflexion¨¦ unos segundos: ¡°Primero busca a Jorge y preguntale qu¨¦ opin que ¨¦l decida si ma a policia o no.¡± No estaba segura de qu¨¦ quer¨ªan esos hombres con Jorge, as¨ª que era mejor que ¨¦l decidiera. ¡°Est¨¢ bien,¡± Mire edi¨® y luego me pregunto: ¡°?Cam, vendr¨¢s?¡± No lo dud¨¦ ni un segundo: ¡°?Voy para a!¡± ?C¨®mo iba a dejar solo a Jorge en un problema? Adem¨¢s, me preocupaba que eso tuviera que ver con Sergio, especialmente despu¨¦s de que Sergio dejara caer unas pbras amenazantes cuando se fue, diciendo que empresa para que yo trabajaba iba a pagar el precio. Probablemente, Jorge estar¨ªa en misma situaci¨®n. Colgu¨¦ y tom¨¦ mi bolso, saliendo mientras maba a Sergio. Justo cuand pasaba por oficina de Victor, ¨¦l sali¨® y al verme con el bal inmediato: ?A d¨®nde vas?¡± Estaba esperando que Sergio contestara el tel¨¦fono, as¨ª que no le respond¨ª. ¡°Te estoy hando, directora G¨¢mez, ?a d¨®nde vas?¡± V¨ªctor pregunt¨® de nuevo. Justo iba a responderle cuando Sergio contest¨®: ¡°?Qu¨¦ pasa, ahora cambiaste de opini¨®n?¡± ?Fuiste t¨² quien envi¨® gente al parque de diversiones?¡± Le pregunt¨¦ lirectamente. esde el otrodo, Sergio solt¨® un resoplido: ¡°?Qu¨¦ dices? No entiendo, ?qu¨¦ ente?¡± respuesta me dej¨® desconcertada. Sergio, aparte de situaci¨®n con Zo¨¦ inde me minti¨®, siempre hab¨ªa sido de los que asumen sus iones. Si biera sido garlo. Entonces, gente que iba tras Jorge no ten¨ªa nada que ver con ¨¦l. quien us¨® a Jorge para forzarme a volver, no tendr¨ªa por qu¨¦ o, ?qui¨¦n ser¨ªa?¡± rgio, m¨¢s te vale no mentirme, y no te metas con Jorge.¡± Colgu¨¦ despu¨¦s decir eso. embargo, Sergio volvi¨® a mar, pero no contest¨¦. Conduje directamente rque de diversiones. Cuando encontr¨¦ a Jorge, ya estaba rodeado por tipos grandes y corpulentos, talo dijo Mire, ramente gente de ivir. a sujetaba mi brazo con fuerza: ¡°Cami, Jorge dijo que no memos a c¨ªa, pero estoy preocupada, ?mamos ahora?¡± rest¨¦ atenci¨®n y me a har a esos hombres amenazar a Jorge: desos obres erqu¨¦ unos pasos, Justo a tiempo para Tea seguir con vida, mejorportate, deber¨ªas saber qu¨¦ puedes qu¨¦ no. ronceada de Jorge no mostraba se?al de miedo: ¡°?Qu¨¦ pasa, se siente culpable y los envi¨® a amenazarme?¡± decir h.Iterias, deberias sat u lugar.¡± EL Meet La Baorminaci¨®n de Jorge me hizo sentir un calofrio Cap¨ªtulo 182 Sin embargo,s pbras siguientes me resultaron muy familiares, porque justo ese d¨ªa Victors hab¨ªa mencionado, bueno, no ¨¦l directamente, sino que eran pbras del gran jefe. No pude evitar mirar a Jorge, pero pens¨¢ndolo bien, con lo que sab¨ªa de ¨¦l dif¨ªcilmente tendr¨ªa algo que ver con el gran jefe. El calvo lider solt¨® una risa fr¨ªa: ¡°?Vaya, qu¨¦ valiente! Ya que eres tan valiente, hoy vas a pagar el precio de tu valent¨ªa.¡± Dicho eso, gir¨® su cuello produciendo un sonido crujiente: ¡°?Destrocen todo!¡± Inmediatamente, los que estaban detr¨¢s del calvoenzaron a destrozar todo a su paso. Jorge no se movi¨®, sabia lo que eso significaba. No era miedo, sino que sab¨ªa que si esos tipos destrozaban el parque de diversiones, estar¨ªan tocandos ganancias de Sergio, y eso ya era otra historia. En ese momento, seguridad del parque de diversiones r¨¢pidamente senz¨® hacia ellos. Tal vez pod¨ªan ser indiferentes hacia Jorge, pero no hacia el parque, su misi¨®n era protegerlo. Aunque los alborotadores eran fuertes, 10 pudieron contra multitud, y en poco tiempo los guardias lograron detenerlos. No obstante, esos tipos no eran de los que se rinden ¨¢cilmente, ramente ten¨ªan algunos trucos bajo manga. De repente, el der agarr¨® al jefe de seguridad, sac¨® un cuchillo y lo puso en su cuello, anzando insultos: Suelten a todos, o lo mato aqu¨ª mismo!¡± o esperaba esa situaci¨®n, inmediatamente hice se?as a los guardias para Je soltaran a esos matones. Los guardias soltaron sus manos, pero el alvo no solt¨® al hombre al que ten¨ªa el cuchillo en el cuello, en cambio, ir¨® hacia Jorge diciendo: ¨¦ que eres duro, pero a m¨ª me gusta lidiar con los huesos duros, ahora si arrodis y pides disculpas, dejar¨¦ ir a este hombre, si no, desangro.¡± o puedenstimar a nadie.¡± Dije, al no poder suportar m¨¢s El calvo me mird y dijo: ¡°Ah, mira qu¨¦ linda ni?a, ya que te importa tanto, ?por qu¨¦ no vienes aqui? Te prometo que no te hare da?o, ni a ¨¦l tampoc Mientras haba, todav¨ªa empujando al guardia hacia m¨ª, era ro que si yo no ba hacia di di vendr¨ªa hacia mi sin intenciones de dejarme in. Ya me habia preparado, si ¨¦l ven¨ªa, no iba a ser amable. Pero justo cuando se acercaba, senti que Jorge se mov¨ªa r¨¢pidamente a mido, y luego vi c¨®monzaba una patadarga. Despu¨¦s de un grito de dolor, ese calvo se fue hacia atr¨¢s. Con un golpe, cay¨® al suelo, su cabeza rebot¨® un par de veces. De verdad que ten¨ªa buena resistencial No hab¨ªa duda de eso. Los otros matones de repente se quedaron quietos, y luego gritaron ¡°?Dami¨¢n!¡± y corrieron hacia el. Dami¨¢n se hab¨ªa vuelto cobarde. Viendo a su l¨ªder en ese estado, estaban a punto de atacar a Jorge, pero antes de que pudieran hacer algo, Jorge lesnz¨® una mirada intimidante y grito: ¡°Fuera de aqu¨ª ahora mismo i estuvieran paralizados. Un Los hombres se quedaron inmovileso momento despu¨¦s, se llevaron al calvo sangrando por nariz y se marcharon. Mir¨¦ el parque de diversiones destrozado antes de acercarme a Jorge. ?Qu¨¦ est¨¢ pasando aqu¨ª? Le pregunte ¡°El caso de idente de auto de mi padre, est¨¢n tratando de detenerme de investigar. Jorge no me ocult¨® verdad. Me qued¨¦ sin pbras, si eso era cierto, entonces definitivamente hab¨ªa algo turbio en el idente de su padre. Instintivamente pregunt¨¦: ?Qu¨¦ has descubierto?¡± Jorge guard¨® silencio, record¨¦ que ¨²ltimamente hab¨ªa estado evit¨¢ndolo, fue un poco abrupto de mi parte preguntar. Con una sonrisa inc¨®moda, dije: ¡°Bueno, olvidalo, yo¡­ No habia terminado de har cuando escuch¨¦ a alguien mando: ¡°Presidente V¨¢squez. Cap¨ªtulo 183 ?Qu¨¦ diablos est¨¢ pasando aqu¨ª?¡± La voz fr¨ªa de Sergio reson¨®, con ese tono de CEO que lo colocaba por encima del resto. Ese tono ya no ten¨ªa nada de familiaridad juguetona con que sol¨ªa tratarme. Siempre se dice ques mujeres cambian de cara, pero los hombres tambi¨¦n lo hacen. El jefe de seguridad, p¨¢lido del susto y a¨²n temndo, corri¨® a informar lo sucedido. Despu¨¦s de escuchar, Sergio fij¨® su mirada en Jorge: ¡°?As¨ª que todo este lio fue causado por asuntos personales de Jorge?¡± Al oir eso, supe que Sergio estaba buscando confrontar a Jorge. Jorge no tom¨® el anzuelo, y Sergio esboz¨® una sonrisa burlona: ¡°?Jorge, eh?¡± ¡°As¨ª es.¡± Jorge no lo neg¨®. Sergio se inclin¨® para recoger los fragmentos de lo que hab¨ªa sido destrozado, preguntando: ¡°Jorge, ?c¨®mo crees que deber¨ªamos manejar esto?¡± ¡°?C¨®mo desea manejarlo el presidente V¨¢squez?¡± Jorge ramente entendi¨® a qu¨¦ se refer¨ªa Sergio. Yo no dije nada, har en ese momento solo hubiera echado le?a al fuego. Si no fuera por m¨ª, Sergio no estar¨ªaplic¨¢ndole vida a Jorge por algo tan trivial, incluso con su temperamento, probablemente habr¨ªa defendido a Jorge. Despu¨¦s de todo, eso estaba pasando en terreno de Chispa Global Business, y lo destruido era parte del parque de diversiones de Chispa Global. Hay un dicho que dice que para pegarle al perro, debes mirar al due?o, y actitud de ese d¨ªa era ramente una falta de respeto hacia Sergio. Sergionz¨® los fragmentos al suelo y se limpi¨®s manos, luego dijo: ¡°Ya que el se?or Olivera tiene asuntos personales que atender, creo que deber¨ªas enfocarte en resolver tus propios problemas primero. Mientra tanto, me har¨¦ cargo de esto.¡± Me qued¨¦ hda, Sergio estaba suspendiendo a Jorge de su trabajo. Ya que fase de ajuste de luces estaba concluyendo y no quedaba mucho por hacer, presencia de Jorge no cambiar¨ªa mucho. As¨ª que, lo que Sergio estaba haciendo era, en efecto, deshacerse de un problema. De repente, me pareci¨® posible que Sergio hubiera orquestado todo ese lio para tener una excusa para despedir a Jorge. ¡°No soy empleado del presidente V¨¢squez, no tienes derecho a decidir si me quedo o me voy.¡± Dijo Jorge, firme. Sergio solt¨® una risa burlona: ¡°?Ah, si? ?Por qu¨¦ no loprobamos?¡± Dicho eso, sac¨® su tel¨¦fono, sab¨ªa que iba a mar al jefe de Jorge. Di un paso adnte tratando de intervenir: ¡°Presidente V¨¢squez, est¨¢s tomando una decisi¨®n sin investigar, ?no te parece precipitado? Adem¨¢s¡­¡± Hice una pausa por dos segundos: ¡°Aunque ahora estamos finalizando fase de ajuste de luces y con o sin Jorge podemospleta, ?realmente est¨¢s seguro de que el resultado final ser¨¢o esperas?¡± Justo entonces, Manuel lleg¨® apresurado, al parecer apenas se estaba enterando de lo sucedido. Su primera mirada fue hacia m¨ª, y aprovech¨¦ para decirle: ¡°Director V¨¢squez, el presidente V¨¢squez quiere despedir a Jorge, y t¨² estar¨¢s a cargo de los ajustes finales, ?crees que podr¨¢s manejarlo?¡± Estaba deliberadamentenz¨¢ndole el problema a Manuel. De hecho, mi pregunta era un tanto injusta, me estaba apoyando en expectativa de que Manuel estar¨ªa de mido para hace, Manuel me mir¨® con una mirada m¨¢s profunda y luego mir¨® a Sergio dici¨¦ndole: ¡°Despu¨¦s del ajuste todav¨ªa necesitamos hacer pruebas generales, ser¨ªa mejor que Jorge pudiera quedarse hasta inspi¨®n final.¡± La expresi¨®n de Sergio cambi¨® instant¨¢neamente, su mirada hacia Manuel era de frustraci¨®n, molesto porque no estaba de sudo. Sin embargo, Sergio ya hab¨ªa tomado una decisi¨®n y no estaba dispuesto a ceder, mirando a Manuel, su propio hermano, con una frialdad burocr¨¢tica, dijo: ¡°Director V¨¢squez, si insistes en mantenerlo, me temo que no llegaremos al final del ajuste sin que el parque de diversiones sea destrozado porpleto.¡± Capitulo 184 Manuel ramente sab¨ªa lo que hab¨ªa pasado, y con una mirada hacia Jorge dijo: ¡°Creo que Jorge puede manejar esta situaci¨®n, no dejar¨¢ que asuntos personales afecten su trabajo. En cuanto a lo de hoy, seguridad no impidi¨® que personas ajenas entraran, por lo tanto, tenemos una parte de responsabilidad, no podemos culpar a Jorge solo.¡± La cara de Sergio se volvi¨® del color de un h¨ªgado, parec¨ªa que no se esperaba que Manuel defendiera a Jorge de esa manera, no dej¨¢ndole pasar ni una al presidente. *Presidente V¨¢squez, ahora estoy a cargo del parque de diversiones, d¨¦jeme encargarme de los asuntos aqu¨ª.¡± Dijo Manuel, lo que pr¨¢cticamente era lo mismo que decirle a Sergio que estaba cruzando l¨ªnea. Eso hizo que Sergio casi explotara de ira, y solo porque era Manuel quien dec¨ªa eso, su propio hermano, si fuera otra persona, probablemente ya los habr¨ªa echad a patadas. ¡°Est¨¢ bien, si algo as¨ª vuelve a suceder, t¨² y ¨¦l ser¨¢n responsables.¡± Sergio dijo furioso y se fue. Al verlo alejarse, solt¨¦ un suspiro de alivio. Manuel mir¨® hacia Jorge indicando: ¡°Escribe un reporte explicando situaci¨®n. En cuanto a los da?os de hoy, me encargar¨¦ de que alguien venga a repararlos, los gastos correr¨¢n por tu cuenta o de tu empresa.¡± Sus pbras eran ras, mostrando una gran distinci¨®n entre lo p¨²blico y lo privado. Jorge no era alguien que eludiera sus responsabilidades, y con un ¡°de acuerdo¡± acept¨®. Manuel asinti¨® ligeramente y se fue, sin mirarme, pero yo sab¨ªa que si no fuera por m¨ª, definitivamente no habr¨ªa tomado partido por Jorge. Su cari?o hacia m¨ª era directo y a vez contenido, incluso dispuesto a enfrentarse a Sergio por mi causa. Manuel realmente me hac¨ªa sentir culpable y sin saber c¨®mo devolverle el favor. El asunto estaba resuelto, y yo ya no ten¨ªa raz¨®n para quedarme all¨ª, as¨ª que con una mirada hacia Jorge, tambi¨¦n me fui. Pero apenas hab¨ªa salido del parque de diversiones cuando el auto de Sergio bloque¨® el m¨ªo, baj¨® y abri¨® directamente puerta de mi auto para sentarse. ¡°Conduce.¡± Me dijo. 13.34 No sabia qu¨¦ queria hacer, le dije: ¡°Presidente V¨¢squez, si tiene algo que decir, digalo directamente, tengo que ir a trabajar en un rato.¡± ¡°Te dije que conduzcas!¡± Dijo, tirando de su cor enojado. As¨ª, parec¨ªa un le¨®n con el pelo erizado, enfadarlo no traer¨ªa nada bueno, as¨ª que agarr¨¦ el vnte con fuerza preguntando: ¡°?A d¨®nde quiere ir presidente V¨¢squez?¡± ¡°?Solo conduce!* Sergio grit¨® de nuevo. Sab¨ªa que no serv¨ªa de nada har m¨¢s, as¨ª que aceler¨¦ y sali. No dijo a d¨®nde ir, pero sab¨ªa a d¨®nde llevarlo, directamente hacia , te estoy esperando aqui. Lo siento, pero no puedo proceder con solicitud. Cap¨ªtulo 185 ?As¨ª que e me esperaba y ten¨ªa que in? ?Qui¨¦n se crefa que era? Simplemente ignor¨¦, mientras Sergio me miraba fijamente, sin siquiera notar el mensaje que parpade¨® en panta. ¡°Cam, ?realmente has decidido no estar conmigo?¡± Sergio me pregunt¨® con los ojos rojos de rabia. Ya le hab¨ªa dicho muchas veces lo mismo y ya no quer¨ªa har m¨¢s, solo le pregunt¨¦ a Sergio: ¡°?Entonces qu¨¦ quieres que haga para que creas que no estoy jugando? ?Casarme con Jorge, tal vez?¡± Para hacerle perder toda esperanza, hasta bes¨¦ a Jorge, y Sergio todav¨ªa pensaba que estaba jugando. ¡°?Cam!¡± Sergio pronunci¨® mi nombre con furia.. Esa era su manera de mostrar su ira, antes me daba miedo verlo as¨ª, pero ya no sent¨ªa nada hacia ¨¦l. Baj¨¦ un poco mirada y luego lo mir¨¦ fijamente al decirle: ¡°Sergio, realmente se acab¨® entre nosotros. ?Qu¨¦ m¨¢s te puedo decir? Incluso si todos los hombres en este mundo murieran, dej¨¢ndoteo el ¨²nico hombre, aun as¨ª no volver¨ªa a estar contigo.¡± Admito que mis pbras fueron demasiado crueles y humintes, pero estaba realmente cansada de persistencia de Sergio. El rostro de Sergio se torci¨®o si hubiera recibido una descarga el¨¦ctrica, y no pudo decir nada m¨¢s, solo se qued¨® ah¨ª mir¨¢ndome. Mirando, y mirando¡­ Aunque no lo estaba mirando, pod¨ªa sentir el cambio en su mirada, hab¨ªa ira, rencor, furia, y tambi¨¦n desesperaci¨®n y desesperanza¡­ ¡°Cam, espero que no te arrepientas.¡± Murmur¨®. Apret¨¦ el vnte: ¡°No, no me arrepentir¨¦.¡± ¡°?Y si algo malo me pasa, o si tengo un idente, te arrepentir¨ªas entonces?¡± De repente me pregunt¨® eso. Lo mir¨¦, confundida, solo para ver sus ojos rojos al decirme: ¡®Cam, s¨¦ que el error fue mio, te fall¨¦, pero me di cuenta de mi error. He estado rog¨¢ndote de todass maneras posibles para que vuelvas a m¨ª, pero t¨² no quieres¡­¡± Sacudi¨® cabeza, sus ojos se humedecieron y continu¨®: ¡°?Qu¨¦, quieres que te suplique?¡® Pude sentir que realmente lomentaba. De hecho, ya sab¨ªa que se arrepent¨ªa. De lo contrario, no habr¨ªa hecho tantas cosas fuera de su car¨¢cter. Pero algunas cosas, una vez que est¨¢n mal, est¨¢n mal,o el agua derramada que no se puede recoger. ¡°Sergio, no necesito que hagas nada, porque no importa lo que hagas, ya no servir¨¢ de nada. Dije tranqumente. Sergio solt¨® una risa amarga: ¡°Esto eso darme una sentencia de muerte, ?verdad? Como una ejecuci¨®n inmediata.¡± No respond¨ª, porque eso era exactamente lo que hab¨ªa hecho. ¡°Muy bien.¡± Sergio asinti¨®, luego desvi¨® mirada. Pude ver ramente c¨®mo levantaba mano para secarse esquina del ojo. ?Estaba llorando? De repente mi coraz¨®n se encogi¨®¡­ ¡°?Para el auto!¡± Sergio exm¨®. Pis¨¦ el freno y el auto se detuvo. ¨¦l abri¨® puerta y sali¨® sin mirar atr¨¢s. Me qued¨¦ sentada en el auto, viendo c¨®mo Sergio se quitaba chaqueta y llevaba en mano, d¨¢ndole patadas furiosas al aire, alej¨¢ndose cada vez m¨¢s. En ese momento, supe que lo nuestro hab¨ªa terminado definitivamente. Zo¨¦ probablemente estaba impaciente. Al no verme ni recibir mis mensajes, me m¨® directamente. Mi mente estaba enredada en ese momento, as¨ª que colgu¨¦ directamente. Pero entonces lleg¨® otro mensaje de Zo¨¦: Cam, solo quer¨ªa har contigo, no tengo ninguna m intenci¨®n, te esperar¨¦ todo el tiempo necesario. Su ¨²ltimo mensaje era ramente una forma de presionarme, una amenaza. No iba a caer en su juego. Si quer¨ªa esperar, que esperara, ?qu¨¦ ten¨ªa que ver conmigo? Capitulo 186 Fu a buscar a Virginia, que justo estaba en casa. ¡°La ¨²ltima vez que me maste a media noche, ?qu¨¦ pas¨®? Sali de una cirug¨ªa agotada y no te devolv¨ª mada. ?Te enfermaste?¡± Virginia me vio y se acordo de eso. Me quit¨¦ los zapatos y camin¨¦ sobre alfombra hacia adentro: ¡°Amiga, si realmente estuviera enferma, ya estaria hecha cenizas.¡± Virginia me rodeo con el brazo: ¡°?Qu¨¦ pasa, est¨¢s molesta?¡± ¡°No, s¨¦ que est¨¢s muy ocupada, es una cosa menor.¡± No mencion¨¦ lo de Jorge. Virginia no me crey¨®: ¡°A ver, una mada a mitad de noche, seguro que no es algo menor.¡± ¡°Bueno,¡± suspir¨¦, ¡°Es¡­ sobre Jorge.¡± Finalmente lo dije, porque no quer¨ªa que, Virginia se preocupara pensando que algo me pasaba. Virginia me pas¨® mitad de un jugo de sandia reci¨¦n hecho: ¡°Ese tipo si que ses trae, Cami, si no te poness ps, vas a arrepentirte toda vida.¡± Mi coraz¨®n todav¨ªa estaba confundido por Sergio, tom¨¦ un sorbo de jugo de sandia: ¡°Con Sergio ya termin¨¦ del todo,¡± Virginia resopl¨®: ¡°?Pero ustedes no han terminado hace tiempo?¡± Mir¨¦ hacia un punto fijo: ¡°Esta vez es de verdad.¡± Virginia pareci¨® darse cuenta de mi estado de ¨¢nimo y chocamos los vasos: ¡°?Felicidades!¡± Esas pbras me hicieron sonreir: ¡°Oye, por lo menos ¨¦l te trataba bien, ?c¨®mo puedes decir eso!¡± ¡°Por muy bien que me trate, si no es bueno contigo, de nada sirve.¡± Virginia. definitivamente era una verdadera amiga. ¡°Vamos, olvidalo, bebamos jugo y luego vamos aer algo rico.¡± Virginia Capitulo 186 choc¨® su vaso con el m¨ªo otra vez. ¡°No quiero ir, no estoy de ¨¢nimo.¡± Decline. Pero Virginia no me hizo caso y aun as¨ª me arrastr¨®: ¡°Despu¨¦s deer te llevo a un bar a ver chicos guapos.¡± Virginia sin su bata nca erao una peque?a hada de ciudad, en e el dicho s apariencias enga?an¡± no podr¨ªa ser m¨¢s cierto. Virginia dijo que hab¨ªan abierto un nuevo restaurante franc¨¦s y quer¨ªa invitarme aer foie gras. Justo aldo de ese restaurante estaba el caf¨¦ donde Zo¨¦ me hab¨ªa citado. A¨²n no hab¨ªa bajado del auto cuando, a trav¨¦s del cristal, vi a Zo¨¦ sentada en el caf¨¦, mirando hacia un punto fijo,o perdida en sus pensamientos. Parec¨ªa¡­ Bastante triste. Hab¨ªan pasado dos horas desde que me mand¨® un mensaje y m¨®, parec¨ªa que no estaba bromeando. Pensando en su ¨²ltimo mensaje diciendo que ten¨ªa algo que -contarme, de repente me entr¨® curiosidad, y lo m¨¢s importante, si e segu¨ªa sentada all¨ª esper¨¢ndome, probablemente no disfrutar¨ªa miida. Le hice una se?al a Virginia hacia el caf¨¦ con boca: ¡°Voy a har con e, t¨² ordena.¡± ¡°Vale, ve, y si ocurre algo, ll¨¢mame.¡± Virginia no me detuvo. E sab¨ªa que Zo¨¦ estaba embarazada, y su principio era que los adultos. pod¨ªan tener errores, pero los ni?os eran inocentes. Cuando me sent¨¦ frente a Zo¨¦, e pareci¨® sorprenderse,o si no esperara que fuera. ¡°Pens¨¦ que no vendr¨ªas.¡± Dijo con sarcasmo. ¡°Vine por el bien del tesoro que llevas dentro.¡± Tambi¨¦n fui directa. Zo¨¦ sonri¨® amargamente: ¡°Si¨¦ntate, ?qu¨¦ quieres tomar? ?Caf¨¦ o¡­?¡± ¡°?Qu¨¦ quieres?¡± La cort¨¦. Zo¨¦ volvi¨® a mostrar una sonrisa forzada, aunque intentaba parecer serena y tranqu, su sonrisa que no ven¨ªa de coraz¨®n termin¨® dtando su disfraz. 13 ?? ¡°Vamos, Zo¨¦, ?qu¨¦ quieres decirme? ?Es sobre Sergio?¡± Decid¨ª ir al grano. Zo¨¦ baj¨® mirada hacia su vientre y despu¨¦s de un momento, levant¨® cabeza: ¡°Cam, ?a los padres de Sergio les gustan los ni?os?¡± Me qued¨¦ pensativa, tratando de entender a qu¨¦ ven¨ªa esa pregunta, cuando e a?adi¨®: ¡°?Crees que aceptar¨¢n al beb¨¦ que llevo?¡± Cap¨ªtulo 187 ?Estaba pensando en casarse con Sergio? De otra manera, no habr¨ªa hecho tal pregunta. Pero hac¨ªa apenas dos horas, Sergio a¨²n intentaba recuperarme. De repente, record¨¦ lo que Sergio dijo sobre si me arrepentir¨ªa si algo malo le pasara. ?Intentaba hacerme arrepentir de esa manera? Si era as¨ª, entonces Sergio realmente hab¨ªa perdido cabeza, era incre¨ªblemente tonto e infantil. Pretendi no entender y mir¨¦ a Zo¨¦ con confusi¨®n. ¡°Quiero estar con Sergi, quiero casarme.¡± Zo¨¦ me dijo eso mir¨¢ndome fijamente. Sonrei levemente: ¡°?En serio? Felicidades.¡± ¡°Pero me preocupa que los padres de Sergi no acepten a este ni?o.¡± Zo¨¦ parec¨ªa muy preocupada. Mis dedos tamborileaban sobre mesa, no continu¨¦ conversaci¨®n, porque no ten¨ªa nada que ver conmigo, as¨ª que no ten¨ªa nada que decir. ¡°Cam.¡± Zo¨¦ de repente me m¨® con un tono m¨¢s serio: ¡°S¨¦ cu¨¢l es tu lugar en familia V¨¢squez, y s¨¦ que los padres de Sergi te tratano a su propia hija, as¨ª que¡­¡± E hizo una pausa: ¡°?Podr¨ªas ayudarme?¡± No dijo con qu¨¦, pero lo sab¨ªa. Tampoco esper¨¦ que lo dijera, simplemente rechac¨¦: ¡°No puedo.¡± El rostro de Zo¨¦ se ensombreci¨® a¨²n m¨¢s: ¡°?Por qu¨¦? ?Porque me resientes por haber arruinado lo tuyo con Sergi?¡± E ten¨ªa autoconciencia, y no lo negu¨¦: ¡°Un poco.¡°¡± Soy humana, no una santa. Zo¨¦ fue definitivamente chispa que rompi¨® mi rci¨®n con Sergio, aunque no fuera raz¨®n principal. Era imposible no sentir alg¨²n rencor hacia e. Sin embargo, pens¨¢ndolo bien, deber¨ªa agradecerle. E me ayud¨® a ver ramente lo que era mi rci¨®n con Sergio y a cortar por lo sano a tiempo. Zo¨¦ me pregunt¨® con sarcasmo: ¡°?Pero realmente crees que fue mi culpa? Cam, incluso sin mi, t¨² y Sergi habr¨ªan terminado separ¨¢ndose.¡± Zo¨¦ parecia tener una visi¨®n muy ra de mi rci¨®n con Sergio. Me rei ir¨®nicamente, fingiendo no entender. Zo¨¦ continu¨® explic¨¢ndome: ¡°Has estado con Sergio durante diez a?os. Hay cari?o entre ustedes, pero no es amor rom¨¢ntico, es m¨¢s bien un cari?o familiar. Que hayan acabadoo novios fue m¨¢s bien idea de los mayores, y ustedes simplemente siguieron corriente.¡± Ten¨ªa raz¨®n, ya hab¨ªa pensado en eso. Pens¨¦ en por qu¨¦, estando conmigo, Sergio todav¨ªa se atrevi¨® a besar a Zo¨¦, una mujer casada. Pens¨¦ en por qu¨¦, al dejarlo, no sent¨ª ese dolor desgarrador, porque en el fondo, no nos am¨¢bamos lo suficiente, est¨¢bamos demasiado acostumbrados el uno al otro, tan familiarizados que incluso el poco amor que hab¨ªa ya no ten¨ªa pasi¨®n. ¡°Cam, si realmente te amara, si su amor fuera amor a primera vista y no algo que creci¨® con el tiempo, ¨¦l no habr¨ªa besado a otra buscando emociones. Las pbras de Zo¨¦ eran muy agudas. La mir¨¦, sonre¨ª sutilmente: ¡°?Entonces me est¨¢s diciendo que tienes derecho a ser otra?¡± ¡°No.¡± Zo¨¦ lo neg¨®: ¡°Nunca fui otra, nunca busqu¨¦ a Sergi, fue ¨¦l quien vino a m¨ª primero. Qui¨¦n busc¨® a qui¨¦n entre ellos dos, realmente no lo sab¨ªa. Pero independientemente de sus intenciones, yo lo ten¨ªa muy ro. ¡°?As¨ª que crees que porque no fuiste t¨² quien arruin¨® lo m¨ªo con Sergio, deber¨ªa ayudarte? Le pregunt¨¦. ¡°Te estoy rogando que me ayudes.¡± Zo¨¦ baj¨® su postura de inmediato. Observ¨¦ a Zo¨¦, quien era delicada y suave, definitivamente una belleza, pero no el tipo que le gustar¨ªa a Sandra. Sandra era muy directa y de apariencia imponente. Capitulo 188 E preferia as chicas desenfadadan y,o dec¨ªa, si eran peque?as y menudas, asi serian tambi¨¦n su coraz¨®n y su grandeza. Aunque juzgar pors apariencias no era lo ideal, Sandra al que hab¨ªa visto mundo en su vida, y sus pbras ten¨ªan su fundamento. ¡°No puedo ayudarte.¡± Fui directa. ¡°?Por qu¨¦?¡± Zo¨¦ empez¨® a ponerse nerviosa. Mordisque¨¦ mibio inferior contestando: ¡°Sandra es muy de tener sus propias opiniones, no cualquiera puede influir en lo que e piensa.¡± ¡°Pero e te quiere mucho, seguro que te escuchar¨ªa.¡± Dijo Zo¨¦ bajando mirada, mostrando su vulnerabilidad.¡± Sabes mi situaci¨®n, si no fuera por Sergio no s¨¦ qu¨¦ har¨ªa.¡± Su marido se hab¨ªa ido, y e ni se preocupaba, pero idea de que Sergio dejara ten¨ªa destrozada. Quer¨ªa re¨ªrme. ¡°Si sabes que Sandra me quiere, entonces deber¨ªas entender que nunca te aceptar¨ªa.¡± Le dije, porque sab¨ªa que yo era nuera que Sandra hab¨ªa elegido, fuera quien fuera, no le gustar¨ªa. Zo¨¦ se qued¨® cada de golpe. ¡°Zo¨¦, felicidad que buscas tienes que consegui por ti misma, no esperando que otros lo hagan por ti.¡± Termin¨¦ de decir y me levant¨¦. Zo¨¦ murmur¨®: ¡°?Y si no hubiera ni?os? ?Su familia me aceptar¨ªa?¡± Al escuchar eso, frunc¨ª el ce?o ligeramente, ?no hab¨ªa sido lo suficientemente ra? Pero ya estaba cansada de har, as¨ª que simplemente me fui. Virginia, al escuchar lo que Zo¨¦ quer¨ªa, se rio y movi¨® cabeza: ¡°Vaya que tiene cara dura.¡± Torc¨ª boca: ¡°E y Sergio podr¨ªan funcionar, pero entrar oficialmente a familia V¨¢squez no va a ser tan f¨¢cil.¡± Conoc¨ªa bien a Ricardo y Sandra, Ricardo era alguien que valoraba mucho 13:36 ¡°Vino a ti buscando una entrada por puerta trasera porque sab¨ªa que no ten¨ªa chance, ?verdad? No le dijiste que s¨ª, ?o si?¡± Virginia me pregunt¨®. Chocamos los vasos: ¡°?Qu¨¦ crees? ?Que no tengo cerebro o que no tengo coraz¨®n?¡± Virginia solt¨® una risa ligera, moviendo cabeza: ¡°Este Sergio, se le vepleto de cuerpo y mente, no s¨¦ qu¨¦ le pas¨® esta vez.¡± ¡°Lo que le pase ya no es asunto m¨ªo, vamos, no hablemos m¨¢s de ¨¦l, no vamos a dejar que arruine nuestro ¨¢nimo.¡± Vaci¨¦ el vino de mi copa. Vino tinto, con un saborplejo y ligeramente amargo, pero reconfortante¡­ Mi tolerancia al alcohol era decente, pero despu¨¦s de unas copas de vino tinto, empezaba a sentirme ebria. Al final, Virginia tuvo que llevarme, quer¨ªa llevarme a casa, pero me negu¨¦. ¡°Quiero ir a mi propia casa.¡± Murmur¨¦. Virginia me mir¨®: ¡°?Tienes algo en mente? ?Quieres ver a tu vecino Jorge?¡± Sonre¨ª asintiendo: ¡°S¨ª, pero ese desgraciado ni siquiera s¨¦ si va a volver hoy.¡± Cuando Virginia me dej¨® en casa, vi que puerta de Jorge estaba cerrada. Me acerqu¨¦ y golpe¨¦: ¡°Jorge, abre puerta, no te escondas, s¨¦ que est¨¢s ah¨ª.¡± ¡°Probablemente no ha vuelto.¡± Me dijo Virginia, tratando de consrme despu¨¦s de que m¨¦ un buen rato sin respuesta. ¡°Ha vuelto, solo que se est¨¢ escondiendo. ?Qu¨¦, solo porque lo bes¨¦ y no me hice responsable ahora se va a poner as¨ª? Ese cabr¨®n.¡± Me quej¨¦ con Virginia. Virginia no pudo ocultar su entusiasmo: ¡°?Qu¨¦?? ?Lo besaste? ?As¨ª que t¨² fuiste quien tom¨® iniciativa? Cami, eso es ir con todo.¡± ¡°No llegu¨¦ a tanto, solo fue un beso. Si realmente hubiera pasado algo m¨¢s, yo ser¨ªa nada
.¡± Virginia me mir¨® sorprendida: ¡°Cami, solo dime verdad. ?Te interesa Jorge?¡± ¡°ro que s¨ª, amiga.¡± Dije, soltando un eructo de alcohol, valent¨ªa me subi¨®: ¡°Sabess ganas que tengo de quitarle esa maldita camiseta y ver sus pectorales, tocar sus abdominales, y¡­¡± No termin¨¦ frase cuando puerta se abri¨® de golpe, y ah¨ª estaba Jorge, sec¨¢ndose el cabello mojado, mir¨¢ndome. Capitulo 189 ?Qu¨¦ verg¨¹enza! Era segunda vez que pasabal La primera vez fue cuando me encontr¨¦ con Jorge saliendo de ducha, y esa vez, lo que dije en voz baja, ¨¦l lo escuch¨® ramente. Estaba pasi segura de que lo hizo a prop¨®sito. ?Por qu¨¦ tard¨® tanto en abrir puerta despu¨¦s de que estuve tocando? En ese momento, ¨²nica manera de no mori de verg¨¹enza era fingir que estaba borracha y que no recordaba nada. As¨ª, verg¨¹enza quedaba para los dem¨¢s, no para m¨ª. ¡°Vaya, mira, ah¨ª est¨¢ 61 Dijeo si no hubiera dicho nada antes, se?ndo a Jorge con toda naturalidad del mundo. Virginia se mordi¨® elbio, ramente iodada por mi, y mir¨® a Jorge ¡°H Jorge, qu¨¦ onda, Bueno¡­ esta se pas¨® de copas¡± ¡°No, no bebi mucho.¡± Segui el juego con Virginia, porque quien est¨¢ borracho nunca admite que lo est¨¢. Virginia me pellizc¨® cintura: ¡°Ah, ro, solo tomaste una copa de vino, ?c¨®mo podr¨ªas estar borracha?¡± Virginia, mi amiga del alma en quien m¨¢s confiaba, me hab¨ªa puesto en evidencia. Ya ni siquiera pod¨ªa mirar a Jorge, pero ¨¦l me miraba, ¡°Necesitabas algo de mi?¡± Pregunt¨®.. ¡°No, nada,¡± Dije mientras ya giraba para empujar a Virginia hacia puertal de mi peque?o apartamento. ¡°Yo si necesito har contigo.¡± La voz de Jorge son¨® detr¨¢s de mi. Deseaba poder desaparecer all¨ª mismo, as¨ª que le dije: ¡°Me siento mareada, hablemos ma?ana.¡± Sin darle oportunidad de decir nada m¨¢s, menc¨¦ a mi peque?o refugio. ¡°Jajaja, mira qu¨¦ asustada est¨¢s.¡± Virginia cerr¨® puerta yenz¨® a burse de m¨ª. La mir¨¦ furiosamente, desesperada, pero Virginia, sin ning¨²n remordimiento, se reia: ¡°Quien tiene intenci¨®n de robar, debe tener el valor de hacerlo. Justo ahora que se rompi¨® el hielo, despu¨¦s, con abrir dos puertas, ya estar¨¢npartiendo cama, y nada de eso del presidente V¨¢squez importar¨¢.¡± Frente as bromas de Virginia, empuj¨¦ enfadada: ¡°Vete, mejor nos damos por no conocidas¡­¡± ¡°El d¨ªa que te acuestes con Jorge, tienes que cont¨¢rmelo con todos los detalles.¡± Virginia realmente quer¨ªa juntarme con Jorge. Despu¨¦s de que Virginia se fue, mi cara todav¨ªa ard¨ªa de verg¨¹enza, y continu¨¦ atenta a cualquier ruido que viniera de puerta de enfrente, temiendo que Jorge pudiera venir a buscarme. De hecho, hab¨ªa vuelto ese d¨ªa con Finalmente, me qued¨¦ tendida en el sof¨¢, y entre verg¨¹enza, tensi¨®n y inseguridad, me qued¨¦ dormida. Esa noche, dorm¨ª en el sof¨¢ y cuando despert¨¦ ya erans cinco de ma?ana, y escuch¨¦ el sonido de puerta de enfrente abri¨¦ndose y cerr¨¢ndose. Jorge se hab¨ªa levantado, pero no sab¨ªa si se hab¨ªa ido o hab¨ªa salido a correr por ma?ana. Corr¨ª a ventana, y desde all¨ª vi a Jorge con una moch mont¨¢ndose en su bicicleta y march¨¢ndose. ?Recorr¨ªa esa distancia todos los d¨ªas en bicicleta? Era primera vez que lo notaba. Pero ¨¦l se hab¨ªa ido, y eso me alivi¨®, porque al menos no ten¨ªa que preocuparme por encontr¨¢rmelo y enfrentar verg¨¹enza de noche anterior. Al mediod¨ªa, justo cuando terminaba de trabajar en oficina y pensaba en c¨®mo investigar m¨¢s sobre el gran jefe, me m¨® Virginia. Pensando en c¨®mo me hab¨ªa traicionado noche anterior, contest¨¦ con los dientes apretados: ¡°Vaya, ?para qu¨¦ me ma gran doctora de Fuente¡­?¡± No alcanc¨¦ a terminar cuando Virginia me interrumpi¨®: ¡°Cami, esa Zo¨¦ vino a hacerse un aborto, ?qu¨¦ est¨¢ pasando?¡± Mi coraz¨®n dio un salto, y de repente me puse alerta, recordando lo que le hab¨ªa dicho en cafeter¨ªa: ¡°?Se hizo el procedimiento?¡± Cap¨ªtulo 190 ¡°No he hecho reserva todav¨ªa, voy a verificar hora de cita.¡± Virginia hizo una pausa y segundos despu¨¦s me inform¨®: ¡°As once.¡± Mir¨¦ hora, erans diez. ¡°?No dijo por qu¨¦?¡± Le pregunt¨¦ a Virginia. ¡°No, solo dijo que ya no lo quer¨ªa. Firm¨® s, el beb¨¦ ya ten¨ªa m¨¢s de tres meses de gestaci¨®n, iban a inducirle el parto.¡± Virginia me lo explic¨® detadamente. Aunque nunca he sido madre, eseentario me hizo sentir un nudo en el est¨®mago: ¡°Deja eso por ahora, voy a contactar a Sergio.¡± ¡°?Seguro que quieres meterte en esto?¡± Me pregunt¨® Virginia. Dud¨¦ por un momento: ¡°Ayer apenas vi, y hoy va a abortar. Si no le digo a Sergio, ni quiero pensar qu¨¦ podr¨ªa creer ¨¦l, adem¨¢s¡­¡± Ese ni?o era el ¨²nico v¨ªnculo de Miguel Ramos. Colgu¨¦ el tel¨¦fono de Virginia y m¨¦ a Sergio. No respond¨ªa, pensando en mi reciente rechazo, cre¨ª que no querr¨ªa volver a har conmigo. Estaba por colgar y probar con otro n¨²mero cuando Sergio atendi¨®, su voz sonaba fr¨ªa: ¡°H.¡± ¡°Zo¨¦ va a abortar, est¨¢ en el hospital donde trabaja Virginia.¡± No me anduve con rodeos. ¡°?Qu¨¦?¡± Sergio ramente se sorprendi¨®. ¡°La cirug¨ªa es en una hora, todav¨ªa est¨¢s a tiempo de llegar.¡± Dije y colgu¨¦. Aunque ya hab¨ªa informado a Sergio, segu¨ªa sinti¨¦ndome inquieta, as¨ª que decid¨ª ir al hospital. Justo cuando estacion¨¦, vi a Sergio corriendo desde el estacionamiento hacia el edificio de ginecolog¨ªa y pediatr¨ªa. Parec¨ªa nervioso y asustado. Baje del auto y tambi¨¦n me apresur¨¦, pero justo cuando iba hacia s de tratamiento, Virginia apareci¨® y me detuvo. ¡°?Lo detuviste?¡± Le pregunt¨¦. Sin responder, Virginia me arrastr¨® hacia undo: ¡°Hay chisme, escucha primero¡°. 13.36 Virginia me llev¨® hacia entrada de escalera de emergencia, donde escuchamos discusi¨®n entre Zo¨¦ y Sergio. ?Por qu¨¦ quieres deshacerte del ni?o? Es el ¨²nico vinculo de Miguel con este mundo, ?qui¨¦n te dio permiso?¡± Sergio gru?¨ªa. ¡°?Por qu¨¦ crees que lo hago? Quiero estar contigo.¡± Zo¨¦ cambi¨® su tono suave habitual por uno m¨¢s directo. Sergio se qued¨® en silencio, y luego Zoe habl¨® de nuevo, su voz un poco m¨¢s suave: ¡°Sergio, s¨¦ que tu familia no aceptar¨ªa al ni?o, y los padres de Miguel tampoco. Si ese es el caso, ?para qu¨¦ lo quiero?¡± ¡°Pero si el ni?o desaparece, Miguel no te va a perdonar ni desde el cielo.¡± La voz de Sergio temba. ¡°?Y si tengo al ni?o, no puedo estar contigo? Entonces, ?qu¨¦ hago?¡± pregunt¨® Zo¨¦ en voz baja. En ese instante, realmente entend¨ª lo que significa ser ego¨ªsta, por uno mismo. ¡°?As¨ª que crees que si abortas al ni?o vamos a estar juntos?¡± replic¨® Sergio. La puerta de escalera estaba entreabierta, vi a Zo¨¦ tratando de agarrar camisa de Sergio, pero ¨¦l se apart¨®: ¡°Zo¨¦, deber¨ªas saber muy bien qui¨¦n es persona que quiero.¡± ¡°Pero t¨² y Cam ya no tienen futuro.¡± Zo¨¦ estaba a punto de llorar. ¡°Que yo y Cam no tengamos futuro, no significa que lo tenga contigo.¡± Last pbras de Sergio hicieron que Zo¨¦ pareciera devastada. Luego, susbios temron: ¡°Si no me quieres, ?qu¨¦ hago?¡± ¡°Zo¨¦, ya te dije que tepensar¨¦ por todo lo necesario, excepto¡­¡± Sergio fue interrumpido por Zo¨¦. E negaba con cabeza, ramente angustiada: ¡°?Y el hombre? Necesito a alguien que me ame, que me caliente ens noches fr¨ªas, ?por qu¨¦ no mepensas con eso?¡± La cara de Sergio se endureci¨®, y no dijo nada m¨¢s. Sergio, si no me hubieras besado, Miguel no se habr¨ªa enfadado y no habria tenido ese idente. Ahora ni yo ni el ni?o estar¨ªamos solos. Destruiste mi felicidad, me debes una felicidad.¡± Las pbras de Zo¨¦ me dejaron en shock. Resulta que Miguel los hab¨ªa visto besarse, se enfad¨® y luego tuvo un idente mientras manejaba. As¨ª que esa era raz¨®n por que Sergio cuidaba de Zo¨¦. EI Centímetro 191 -200 Capitulo 191 Lo Que Sergio dijo despues ya no lo escuch¨¦. Esa noticia fue suficiente para sacudirme porpleto. Todass dudas que hab¨ªa tenido encontraron. respuesta, pero nunca imagin¨¦ que verdad ser¨ªa as¨ª. Conoc¨ªa bien a Miguel, un hombre algo delgado pero muy alegre; tenia ese aire de vecino amable. Nunca pens¨¦ que su muerte fuera porque hab¨ªa visto a su esposa enredada con su mejor amigo. No era de extra?ar que Sergio estuviera tan abatido y sufriendo despu¨¦s de muerte de Miguel¡­ porque ¨¦l fue el culpable. No era sorprendente que, despu¨¦s de muerte de Miguel, sus padres trataran a Zo¨¦ de esa manera, incluso rechazaron al ni?o que llevaba en su vientre. Probablemente los padres de Miguel no cre¨ªan que el ni?o fuera de ¨¦l. No odi¨¦ a Sergio por serle infiel, pero en este momento, descubr¨ª lo despreciable que era por haber causado muerte de una vida, y m¨¢s a¨²n, de su mejor amigo. Virginia not¨® que algo no iba bien conmigo y me llev¨® fuera. Entramos a su s de descanso, y me sent¨¦ en una si sin decir nada por un buen rato. Aunque no ten¨ªa un v¨ªnculo muy profundo con Miguel, pensar en lo desesperado que debi¨® sentirse me dejaba un nudo en el pecho. ¡°Sergio realmente es imperdonable.¡± Virginia tambi¨¦n estaba conmocionada y enfadada: ¡°Ahora que Zo¨¦ se aferra a ¨¦l, aunque ¨¦l no quiera, temo que tendr¨¢ que forzarse a s¨ª mismo. Eso es lo que le debe. Y se lo merece. Y sobre Zo¨¦, a¨²n culpa a Sergio, no creo que si e no le hubiera dado se?ales a Sergio, ¨¦l hubiera dado el paso. No se puede audir con una s mano, pero ahora e lo culpa a ¨¦l, e incluso por querer tomar el control de familia V¨¢squez, llega a da?ar al ¨²nico descendiente de Miguel, jes demasiado malvada!¡± Virginia desahog¨® su enfado. Yo, distraidamente me mordisqueabas u?as y murmur¨¦: ¡°Maldita sea, hay que encontrar manera de salvar a su ni?o.¡± 13.36 Sabia que no tengo el derecho de decidir por Zo¨¦, pero eso es lo que le debe a Miguel, sent¨ªa que no era justo por ¨¦l Virginia me apret¨® los hombros: ¡°Cami, entiendo c¨®mo te sientes, pero si e realmente no quiere al ni?o, y yo intervengo para que se quede, e simplemente podr¨ªa ir a otrodo a terminar con ello. Adem¨¢s¡­¡± Virginia se detuvo un momento: ¡°Si Zo¨¦ tiene intenciones de casarse con Sergio, definitivamente no querr¨¢ quedarse con el ni?o. Y aunque se quede, el futuro del ni?o probablemente no ser¨¢ feliz.¡± De repente pens¨¦ en algo, nadie tiene el derecho de decidir sobre vida de otro. Era cierto, no ten¨ªa derecho. Pero el ni?o en el vientre de Zo¨¦ ya era una peque?a vida, y tambi¨¦n ser¨ªa el legado de Miguel. Si desaparece, entonces Miguel realmente habr¨¢ desaparecido. o era s De repente, me sent¨ª tan impotente y afligida. que ni siquiera -rci¨®n entre Sergio y Zo¨¦ hab¨ªa causado. ¡°Sergio, si tuviera un poco de conciencia, no dejar¨ªa que Zo¨¦ se deshicieral del ni?o.¡± Virginia tambi¨¦n entend¨ªa el significado de existencia de ese ni?o. Cerr¨¦ los ojos: ¡°Espero que todav¨ªa le quede algo de conciencia.¡± Mientras me calmaba en s de descanso de Virginia, Sergio me m¨®: ¡°?Podr¨ªas har con Virginia para que no le haga cirug¨ªa a Zo¨¦?¡± Esas pbras lo hac¨ªan parecer una persona de verdad. Le repet¨ª a Sergio lo que Virginia me hab¨ªa dicho, y finalmente le dije: ¡°Sergio, Zo¨¦ antes te ataba con el ni?o, y ahora por ti quiere deshacerse de ¨¦l. La decisi¨®n de que el ni?o se quede o se vaya, no tiene Virginia, eres t¨² quien decide.¡± Sergio se qued¨® cado por un momento, luego su voz revel¨® sorpresa: ¡°?T¨² ya lo sabes todo?¡± ¡°Zo¨¦ vino a preguntarme,si Ricardo y Sandra aceptar¨ªan al ni?o en su vientre.¡± Le dije verdad. Sergio no dijo nada m¨¢s, parec¨ªa saber c¨®mo hab¨ªa respondido. Despu¨¦s de un momento, colg¨® el tel¨¦fono, y yo tambi¨¦n sal¨ª del hospital. 13:37 Cuando Pablo me vlo, no pareci¨® sorprendido, sino que sonri¨® y dijo: Jugamos unas partidas?¡± Sabes d¨®nde est¨¢ tumba de Miguel?¡± Le pregunt¨¦. Cap¨ªtulo 192 La sonrisa en el rostro de Pablo se congel¨® debido a mis pbras, y luego me pregunt¨® con caut: ¡°?Y eso por qu¨¦ lo preguntas?¡± ¡°Quiero ir a ver.¡± Dije lo que pensaba. Pablo me mir¨® de una manera extra?a. No expliqu¨¦ nada, mucho menos dije que muerte de Miguel ten¨ªa algo que ver con Sergio. Estaba segura de que Pablo tampoco sab¨ªa de eso, de lo contrario, definitivamente habr¨ªa cortadozos con Sergio. ¡°?Qu¨¦ te pas¨®?¡± Pablo no me lo dijo, sino que me pregunt¨® preocupado. No respond¨ª, solo dije: ¡°Ll¨¦vame t¨².¡± Si ¨¦l estaba preocupado, entonces que me pa?ara. Pablo not¨® que _algo no iba bien en m¨ª, asinti¨® y me llev¨® a tumba de Miguel. Y justo por coincidencia, apenas llegamos, vimos a los padres de Miguel. A¨²n a distancia, escuchamos los sollozos de Bel¨¦n Ramos, mezdos con gritos de insultos. Aunque no escuch¨¦ ramente a qui¨¦n insultaba, m¨¢s o menos pod¨ªa adivinar que estaba rega?ando a Zo¨¦. En ese momento, no era adecuado para Pablo y para m¨ª acercarnos, as¨ª que esperamos de lejos hasta que Mart¨ªn Ramos y Bel¨¦n se fueron. Al pasar por nuestrodo, Mart¨ªn abrazaba a fr¨¢gil Bel¨¦n, ambos p¨¢lidos y desamparados. El sollozo de Bel¨¦n desgarraba mi coraz¨®n. Ellos no nos miraron a Pablo y a m¨ª,o si en su mundo, aparte de su hijo fallecido, nadie m¨¢s existiera. Pablo mir¨® sus figuras alej¨¢ndose: ¡°Miguel realmente los dej¨® en un amargo dolor.¡± Al escuchar eso, me tens¨¦: ¡°No es culpa de Miguel.¡± C¨®mo iba a querer hacer sufrir a sus padres, haci¨¦ndoles pasar por el dolor de enterrar a un hijo. Fue un shock demasiado grande para ¨¦l, por eso tuvo el idente. Pablo parec¨ªa no entender lo que dec¨ªa. No dije m¨¢s, fui cons flores en mano hacia tumba de Miguel. En foto, Miguel sonre¨ªa radiante,o si el mundo entero brir con su sonrisa Pero el sufri¨® traici¨®n m¨¢s humitante que un hombre puede experimentar, casi puedo imaginar c¨®mo se derrumb¨® su mundo en ese momento. ¡°Miguel ?c¨®mo est¨¢s all¨¢? ?Hay bires? ?Sigues jugando unas partidas?¡± Pregunt¨® Pablo. Calle, sin decir nada, porque no tenia nada que decir. Pablo continu¨® hando y, al ver que yo no respondia, habl¨® por mi a Miguel ¡°Antes de que te fueras, siempre preguntabas cuando podriamos celebrar el matrimonio de Cami. Ahora ya no hace falta preguntar, ya no se har¨¢ realidad, e y Sergi terminaron.¡± Despu¨¦s de decir eso, Pablo guard¨® silencio. Yo no dije nada en todo el rato, simplemente me qued¨¦ alli de pie, mirando tumba de Miguel. Y entonces, de repente, me pareci¨® que sonrisa en cara de Miguel desaparec¨ªa, sustituida por tristeza, dolor e incluso ira Mi coraz¨®n se apret¨®, y sin darme cuenta, extendi mano, pero entonces senti un apret¨®n en mi brazo, seguido por voz de Pablo: ¡°Cam, ?qu¨¦ te pasa? ?Te sientes mareada? ?O te sientes mal?¡± ¡°?Eh?¡± Me gir¨¦ para mirarlo. ¡°Te ves p¨¢lida, y justo ahora te tambaleaste un poco, casi te caes.¡± Las pbras de Pablo me dejaron perpleja. ?En serio? No senti nada de eso. Al ver que no estaba bien, Pablo me llev¨® de vuelta, diciendo por el camino: ¡°Deber¨ªas venir menos a estos lugares, tienen una energ¨ªa pesada, y t¨², siendo tan delicada, podr¨ªas atraer algo malo.¡± No sab¨ªa si hab¨ªa atra¨ªdo algo malo, pero s¨ª me senti realmente mal, as¨ª que envi¨¦ un mensaje a V¨ªctor pidiendo un d¨ªa libre y regres¨¦ a casa. Dormi mucho, tanto que cuando despert? ya hab¨ªa oscurecido. A lo lejos, escuch¨¦ ruidos en puerta. Me levant¨¦ de cama y camin¨¦ hacia entrada, luego abr¨ª puerta. Cap¨ªtulo 193 Era Jorge! Estaba abriendo puerta, mientras en otra mano llevaba una bolsa con verduras. Supongo que el ruido al abrir puerta lo tom¨® por sorpresa, porque se volted a mirarme y sus ojos se achicaron un poco. Yo to mirabao si mi alma hubiera salido de mi cuerpo, sin decir nada, solo mirando. Hasta que Jorge pregunt¨®: ¡°?Qu¨¦ pasa?¡± Entonces volvi en m¨ª y negu¨¦ con cabeza. ¡°?Est¨¢s enferma?¡± Me pregunt¨® Jorge, dejando bolsa en el suelo y acerc¨¢ndose a m¨ª. Todav¨ªa estaba medio dormida, casi ni pod¨ªa abrir boca, as¨ª que negu¨¦ nuevamente. Sent¨ª un frescor en frente, mano de Jorge estaba sobre mi, luego vino su voz, algo severa: ¡°?Tienes fiebre?¡± Yo segu¨ªa confundida, ni siquiera me hab¨ªa dado cuenta de que haba de m¨ª. Al ver mi estado, Jorge entr¨® a casa y al siguiente segundo, me alz¨® en brazos. Ya me sent¨ªa ligera, pero al cargarme me sent¨ª a¨²n m¨¢s en el aire, instintivamente me agarr¨¦ de ¨¦l. Jorge me coloc¨® en el sof¨¢ y luego mir¨® a su alrededor antes de preguntarme: ¡°?Y tus zapatis?¡± No me hab¨ªa dado cuenta de que hab¨ªa bajado de cama y abierto puerta descalza, realmente estaba ens nubes. Parpade¨¦ un par de veces, pero no respond¨ª. Jorge mostr¨® una expresi¨®n de resignaci¨®n y luego se levant¨® para ir a mi habitaci¨®n, trajo mis zapatis y mes puso, pregunt¨¢ndome luego: ¡°?Tienes term¨®metro?¡± ¡°Quiero tomar agua.¡± Dije, ignorando su pregunta. Jorge se qued¨® sorprendido y fue a servirme agua, pero al tomar jarra se dio cuenta de que estaba vac¨ªa. No calent¨® agua, sino que se gir¨®, me levant¨® en brazos otra vez y sali¨®. No le pregunt¨¦ a d¨®nde me llevaba, del 1/43 13.37 alguna manera sab¨ªa que no tenia por qu¨¦ preocuparme. Jorge me llev¨® a su habitaci¨®n, me od¨® en el sof¨¢ y luego fue a hervir aqua. Despu¨¦s, sac¨® un term¨®metro y me pregunt¨®: ¡°?Sabes c¨®mo usarlo?¡± Me qued¨¦ parada un momento, ¨¦l coloc¨® el term¨®metro en mi mano, temiendo que lo soltara, me tom¨® de mano y me explic¨® lentamente: ¡°No te puedo ayudar a ponerlo, hazlo t¨² bajo el brazo.¡± Despu¨¦s de decirlo, intent¨® soltarme: ¡°Voy a servirte agua, tomate esto primero y si no mejora, te llevo al hospital.¡± ¡°?Primero temperatura!¡± Me record¨® al ver que no me mov¨ªa. ¡°?Si!¡± Finalmente reion¨¦, y sin considerar que era un hombre, simplemente me levant¨¦ el cuello de camisa y coloqu¨¦ el term¨®metro bajo mi brazo, Jorge desvi¨® mirada y solo fue a cocina despu¨¦s de que coloqu¨¦ bien el term¨®metro. Pronto volvi¨® con agua y una pasti en mano. ¡°Aqu¨ª tienes, toma medicina.¡± Me pas¨® pasti y el agua. Tom¨¦ ambos, coloqu¨¦ pasti en mi boca y beb¨ª agua. Era buena tomando medicinas, pero esa vez no pude trag¨¢rm. La pasti se humedeci¨® r¨¢pidamente y el amargo sabor se esparci¨® por mi boca, no lo soport¨¦ y escup¨ª pasti. Jorge reion¨® r¨¢pido, extendi¨® mano y atrap¨® pasti mojada con saliva que acababa de salir de mi boca. Qued¨¦ at¨®nita. ¡°No pasa nada, bebe un poco de agua y m¨¢s tarde intentamos de nuevo.¡± Dijo Jorge sin asco. ¡°?Quieres un dulce?¡± Me pregunt¨® al verme perdida. No dije nada, solo baj¨¦ cabeza para beber agua. Jorge se levant¨® y regres¨® un momento despu¨¦s con un trozo de az¨²car de ca?a transparente. ¡°Es un trozo de piloncillo.¡± Me lo acerc¨® a boca. No abri boon, pero mi mente viaj¨® a quando era peque?a y tomaba medicinas amargas, mis padres siempre ten¨ªan un trozo de piloncillo listo ado. Mis padrop tom¨ªan quelera demasiado dulce y tuviera caries, aal que rara voz me dejabaner dulces, pero siempre anhba algo dulce, as¨ª que cuando quer¨ªa, ellos me daban un piloncillo. Capitulo 194 sef, Unow a Queramme de amargo sabor ES DISIDE Taste TESTE DC ERICHT WUTICE TREES WOW a ETY DUCE one exatate e zier Tacam boca casio s Love TERRE DE ename FrameRE FOTO dere opencer que el pipar C¨®MI era 22mmas anderenzana brotar calendo con un golice For Die loas atwe? Si mano concsic secando mis ao mes HIDEA 300 news to die arata mentes m¨¢s rapace m¨¢s dolor same er mi son as agrimas to deacan de caen Jorge no poda Secares a suicenenenea a finalo el vaso de mi manc, acret¨® MI TIZIO A IKE Sendes satur de medicina entonces no DITES Sefue yo emere mi cara ente mis manos¡­ Lor¨¦ por un rato, y despu¨¦s me seni mucho mejor momer debajo de mi brano tambien emito an orion ndicando que a medicon nada terminado Saqu¨¦ el temoner 322 grams feameme tenia feare Enese momento, Jorge salc sostenenon una to que parecia emower ago Pimen varemos meo para bajar fecra luego deber¨¢s m¨¢s agua. Si fene s va to tomar¨¢s medione Dio Jorge miennes leamaba mis diemas para que pudiera acostarme ene sof¨¦ Colocs vozes Cuci a m con heo sobre mi cabeza, su voz era suave al tarme ¡°Cenas gas y quente un poco.¡± Be nice caso y came co ops, pero poco despu¨¦s escuch¨¦ el sonido de un encendedor seguido pofe or a alconol quem¨¢ndose en el are. Luego, sent un calor en cama de mi mano, era Jorge frotando mi mano me encog meinuamente y sor¨¢ Burdy usando acono para bajar tu feare Conoc¨ªa ese m¨¦todo, porque mi pap¨¢ tambi¨¦n lo ha usado conmigo cuando era peque?a. Aunque era un poco aterrador, porque ha que poner mano en el alcohol en mas para calenta. Me qued¨¦ quieta, y ¨¦l frot¨® mi mano izquierda y luego derecha, pens¨¦ que hab¨ªa terminado, pero luego sus manos envolvieron mis pies. Esa vez retract¨¦ mis pies inmediatamente, neg¨¢ndome: ¡°No es necesario.¡± ¡°?No eras t¨² l¨¢ valiente que quer¨ªa desnudarme? Ahora, ?ni siquiera dejas que toque tus pies?¡± Las pbras de Jorge me dejaron paralizada. Quer¨ªa hacerme muerta, fingir que hab¨ªa olvidado todo, pero sab¨ªa que si ¨¦l pod¨ªa decirlo, era porque sab¨ªa que yo recordaba todo. En ese momento, el silencio era mejor opci¨®n, as¨ª que cerr¨¦ los ojos, ignor¨¢ndolo. Sus manos frotaban nta de mis pies, caus¨¢ndome cosquis, un calor que praba directo a mi coraz¨®n. Jorge ese d¨ªa me devolvi¨® a ¨¦poca en que mis padres a¨²n estaban conmigo, me dio calor y tambi¨¦n me llen¨® de tristeza, haciendo ques l¨¢grimas fluyeran de nuevo por mis mejis. ¡°Duerme un poco, hice sopa, bebes cuando despiertes.¡± Dijo Jorge levant¨¢ndose para irse. Lo mir¨¦ alejarse: ¡°Jorge¡­ ?nos conoc¨ªamos antes?¡± Ese d¨ªa me trajo tantos recuerdos de mi infancia, fueo si fuera un miembro de mi familia, cuid¨¢ndomeo lo hac¨ªan mis padres. Se detuvo un momento, parec¨ªa haberme respondido algo, pero no lo escuch¨¦ ramente. Me dorm¨ª, y so?¨¦ con mis padres, tomaban mi mano, me consban para tomar medicina, me daban az¨²car, pap¨¢ tambi¨¦n frotaba palma de mis manos y mis pies. ¡°Pap¨¢, mam¨¢¡­¡± Murmur¨¦, extendiendo mi mano para alcanzarlos. ¡°M, es hora deer.¡± Pero lo que escuch¨¦ fue voz de Jorge. En el sue?o, no quer¨ªa despertar, simplemente apretaba m¨¢s fuerte mano de mis padres diciendo: ¡°Pap¨¢, mam¨¢, no se vayan, no me abandonen¡­¡± ¡°No lo har¨¦, siempre estar¨¦ contigo.¡± La voz de Jorge otra vez. En ese momento, realmente lo detestaba, solo quer¨ªa har con mis 2/3 Capitulo 194 padres, ?por qu¨¦ siempre interrump¨ªa? ¡°Jorge, d¨¦jame en paz.¡± Dije con dureza y luego despert¨¦. Agarr¨¦ fuertemente mano de Jorge, sus ojos oscuros estaban fijos en m¨ª, en ese instante de miradas cruzadas, vel dolor en lo profundo de sus ojos¡­ Cap¨ªtulo 195 Al pensar en lo que acababa de decir, de repente me qued¨¦ sin aliento. Justo cuando iba a abrir boca para explicar algo, Jorge, que estaba medio arrodido junto al sof¨¢, se levant¨® diciendo: ¡°Laida est¨¢ lista, ven aer algo.¡± Cuando habl¨®, retir¨® su mano y me di cuenta de lo fuerte que lo hab¨ªa agarrado. Resulta que en mi sue?o no estaba agarrando a mis padres, sino a Jorge, y encima lo hab¨ªa rega?ado. La verg¨¹enza me hizo soltarlo, pero justo cuando levant¨® mano, vis marcas profundas que mis dedos hab¨ªan dejado en el dorso de su mano. Jorge se dio vuelta para irse y yo tambi¨¦n me levant¨¦ del sof¨¢, sinti¨¦ndome un poco pegajosa. Al parecer hab¨ªa sudado y fiebre hab¨ªa bajado. ¡°Toma esto, p¨®ntelo para que no te enfr¨ªes.¡± Dijo Jorge, tray¨¦ndome una manta. Extendi mano para toma, pero mis manos d¨¦biles por fiebre no pudieron atrapa, as¨ª que al final fue Jorge quien me puso encima y me trajo un pa?o h¨²medo con agua para que me limpiaras manos. En ese momento, me sent¨ª de nuevoo una ni?a, cuando estaba enferma y mis padres me cuidaban. ¡°?Puedes tomarlo por ti misma?¡± Me pregunt¨® Jorge cuando puso un taz¨®n de caldo de pollo arom¨¢tico con varios ingredientes frente a m¨ª. Si dijeral que no, ?¨¦l neaba alimentarme? Si realmente fuera mi novio, no tendr¨ªa problemas en aceptarlo, pero no lo era, y a¨²n me sent¨ªa inc¨®moda por verg¨¹enza de haberlo insultado estando borracha noche anterior. Murmur¨¦ un ¡°s¨ª¡± y trat¨¦ de tomar una cucharada para mostr¨¢rselo, pero mis manos temban tanto que no pod¨ªa. ¨¦l gentilmente sostuvo mi mano diciendo: ¡°T¨®mate tu tiempo.¡± ¡°Quiero beber agua.¡± Dije, sinti¨¦ndome bastante d¨¦bil despu¨¦s de sudar tanto. Como si ya lo hubiera previsto, me pas¨® un vaso de agua que beb¨ª de un tiba dandama Puerta de que estaba ta y tenia el dulzor de miel. Estar fa wa poco dece, peres no podia encontrars pbras para La cena que Jorge prepard era ligera y nutritiva, camarones con cbacines, esp¨¢rragos al ajo, costis agridulces y pepinos machacados. Tectos eran min tos favoritos. Jorge has investigado sobre mi?¡± No pude evitar preguntarle mientras desfrutaba deida. Me mir¨® y pregunt¨®: ¡°?Qu¨¦ tendr¨ªa que investigar sobre ti? ?Tus gustos culinarios?¡± Me senti un poco avergonzada, pero aun as¨ª argument¨¦ con firmeza: ¡°Pers lo que me has dado paraer y beber, incluso los caramelos, son cosas que solo mis seres queridos sabr¨ªan darme.¡± Jorge paus¨® un momento antes de decir: ¡°Eso es lo que har¨ªa un novio decente.¡± ?Novio? Pero pens¨¦ que hab¨ªamos terminado, ?¨¦l no lo tom¨® en serio? Pero con deliciosaida frente a m¨ª, no quer¨ªa estropear el momento hando de cosas que podr¨ªan arruinar el apetito, adem¨¢s, ¨¦l hab¨ªa cuidado de mi tan diligentemente¡­ As¨ª que no dije nada y solo segu¨ªiendo en silencio. ¡°?Te pas¨® algo?¡± Jorge pregunt¨® hacia el final deida. Al pensar en lo que hab¨ªa sucedido ese d¨ªa, me qued¨¦ pensativa sin saber c¨®mo empezar. Al ver que no respond¨ªa, no insisti¨® y simplemente dijo: ¡°La pr¨®xima vez que te sientas mal, dilo. No est¨¢ bien aguantar s, una fiebre puede convertirse en algo serio, deber¨ªas saberlo.¡± ¡°No sab¨ªa que ten¨ªa fiebre.¡± Dije honestamente. Hab¨ªa llegado a casa sinti¨¦ndomepletamente agotada y me hab¨ªa dormido de inmediato, sumida en un sue?o profundo del que no pod¨ªa despertar, sin darme cuenta de que ten¨ªa fiebre. Pero pens¨¢ndolo bien, tuve suerte de que ¨¦l estuviera all¨ª para abrir puerta, lo que me permiti¨® escuchar el ruido y abrirle, salv¨¢ndome vida. ¡°La pr¨®xima vez que te alentas mal, rgame.¡± Dijo Jorge, noo una sugerencia, sinoo una orden. Mordi miblo inferior dici¨¦ndole: ¡°Est¨¢ bien.¡± Cap¨ªtulo 196 Aldecir eso, record¨¦ lo que quer¨ªa preguntarle desde ayer: ¡°?Esos tipos no voleron a molestarte, verdad?¡± Al decirlo, inconscientemente mir¨¦ hacia sus manos y su cara, afortunadamente no ten¨ªa ninguna herida. ¡°No.¡± Jorge pareci¨® darse cuenta de lo que pensaba y dijo: ¡°Aunque lo hubieran hecho, no ser¨ªan rival para m¨ª ?Qu¨¦ confianza! Termin¨¦ de tomar el ¨²ltimo sorbo del agua y le pregunt¨¦: ¡°?Has descubierto algo sobre el idente de tu pap¨¢? ?Hasta qui¨¦n han llegado tus investigaciones que te amenazan de esa manera?¡± Jorge me mir¨® y respondi¨®: ¡°Temen que descubra muerte del jefe de mi padre.¡± Jorge haba de manera indirecta, diciendo solo mitad des cosas, que tuve que seguir preguntando: ¡°?Tu pap¨¢ trabajaba para alguien importante? ?La muerte de su jefe pod¨ªa afectar los intereses de otros?¡± as¨ª ¡°Esa persona muri¨® hace m¨¢s de diez a?os, los intereses ya no existen, temen que hija de mi jefe les guarde rencor.¡± Las pbras de Jorge me dejaron con un nudo en garganta. ¡°?El jefe de tu pap¨¢ todav¨ªa tiene hijos? ?Los has visto? ?Ellos est¨¢n de acuerdo con tu investigaci¨®n?¡± Mis preguntas salieron una tras otra. Jorge baj¨® mirada y dej¨® de mirarme diciendo: ¡°E todav¨ªa no lo sabe.¡± Por un momento no supe qu¨¦ decir y luego le pregunt¨¦: ¡°?Vas a continuar investigando?¡± ¡°Por supuesto.¡± Jorge no dud¨® en responder. ¡°Pero¡­ puedes correr peligro, los tipos de ayer ramente est¨¢n respaldados por un gran poder.¡± expres¨¦ mi preocupaci¨®n. Una luz de desaf¨ªo brill¨® en los oscuros ojos de Jorge mientras preguntaba con un doble sentido incluido: ¡°?Qu¨¦, te preocupa que me pase algo?¡± Suentario ten¨ªa un tono coquete certa. Jorge, ya sea tu padre o el jefe de tu padre, ellos ya est¨¢n muertos. Aunque descubras algo, no podr¨¢n volver a vida, pero no vale pena ponerte en peligro por eso.¡± La mirada de Jorge se profundizo y me dijo: ¡°?As¨ª piensas?¡± ¡°Se debe mirar hacia adnte y no quedarse atascado en el pasado.¡± Eso era lo que mi pap¨¢ sol¨ªa decirle a mi mam¨¢, y siempre lo hab¨ªa recordado. ¡°Mm, ya veo.¡± Jorge continu¨®iendo, No sab¨ªa qu¨¦ m¨¢s decir, pero tampoco parec¨ªa correcto simplemente levantarme e irme, as¨ª que mientras observaba a Jorge terminarse lo que quedaba deida, decid¨ª hgarlo ¡°Tu tica culinaria es excelente, ?aprendiste en el ej¨¦rcito? No me digas que eras cocinero.¡± ro que no lo era, ya me hab¨ªa dicho que fue un soldado de fuerzas especiales. ¡°Mi hermana siempre ha sido delicada de salud y muy exigente conida, as¨ª que tuve que aprender a cocinar.¡± Las pbras de Jorge me sorprendieron. ¡°?Tienes una hermana?¡± ¡°S¨ª, mi hermana de sangre.¡± Dijo,o si temiera que yo malinterpretara. Hice una mueca rem¨¢ndole: ¡°Nunca me hab¨ªas hado de e.¡± Jorge hizo una pausa mientras¨ªa y levant¨® brevemente mirada hacia m¨ª dici¨¦ndome: ¡°A¨²n no hab¨ªa tenido oportunidad de contarte¡­¡± ¡°?Y qu¨¦ edad tiene tu hermana? ?Es m¨¢s o menos de mi edad? ?Estudia o ya trabaja?¡± Mi curiosidad no ten¨ªa l¨ªmites. Jorge no dijo nada, en cambio su mano que apretaba los cubiertos se tens¨® y dijo: ¡°¡­E est¨¢ enferma.¡± De repente, me sent¨ª estancada, d¨¢ndome cuenta de que hab¨ªa tocado un tema doloroso para ¨¦l, sin saber qu¨¦ m¨¢s decir. ¡°Es una enfermedad card¨ªaca, algo cong¨¦nito.¡± Jorge continu¨¦ Siguiendo su conversaci¨®n trastante de coraz¨®n. Jorge se quedo en silencio otra vez, y de repente me di cuenta de algo, por lo que solt¨¦ sin pensar: ¡°Jorge, ?es que no tienes dinero?¡± Un trasnte de coraz¨®n es una operaci¨®n mayor que requiere una gran suma de dinero, y adem¨¢s, se necesitan chequeos y cuidados anuales. Con los padres de Jorge fallecidos, con el ingreso actual de Jorge, probablemente no ten¨ªa suficiente para operaci¨®n de su hermana. El me mir¨®, esa mirada me hizo sentir insegura, temiendo que se ofendiera, r¨¢pidamente as¨ª que agregue: ¡°Si ese es el caso, puedo prestarte, tengo dinero.¡± ¡°Temo no poder pagarte.¡± Jorge respondi¨® con agilidad. Ya convencida de que no tenia dinero y queriendo ayudarlo, sonrei: ¡°Si no puedes pagarme, me puedespensar con algo tuyo.¡± Capitulo 197 antes de pensar, eso si que era un gran problema. En cuantos pbras salieron de mi boca, me di cuenta de que lo que ha dicho era inapropiado. Mientras pensabao arrerlo, Jorge simplemente respondi¨®: ¡°Est¨¢ bient ?Acaso estaba de acuerdo? ?No iba a hacer un drama? ?No iba a rechazarme para mantener su orgullo masculino? Aunque no rechazara darse a s¨ª mismo en pr¨¦stamo, al menos deber¨ªa rechazar pedir prestado mi dinero. Pero esa vez Jorge no lo hizo. Debia estar realmente necesitado de dinero, tambi¨¦n deb¨ªa querer realmente curar a su hermana, pensando en eso, no pude evitar sentir l¨¢stima por ¨¦l. Esa sensaci¨®n pas¨® fugazmente, de inmediato me sent¨ª mal y tosi ligeramente: ¡°?Tu hermana ha visto a un m¨¦dico? Si tienes un historial m¨¦dico, p¨¢samelo, puedo buscar a alguien que nos ayude a revisarlo.¡± ¡°ro.¡± ¨¦l tambi¨¦n acept¨®. Ahi ya no ten¨ªa nada m¨¢s que decir, as¨ª que me levant¨¦ diciendo: ¡°Gracias por lo de hoy, me voy a casa.¡± ¨¦l me mir¨® respondiendo: ¡°Si te sientes mal otra vez, ll¨¢mame.¡± ¡°ro.¡± Le respondi con una sonrisa, gir¨¦ y suspir¨¦ en silencio. Esa sensaci¨®n de ser cuidada tambi¨¦n era una presi¨®n. Al llegar a casa, me apoy¨¦ en puerta para ajustar mi respiraci¨®n y emociones, a¨²n sin recuperarmepletamente escuch¨¦ mi celr sonar. Camin¨¦ de regreso a mi habitaci¨®n y lo tom¨¦, notando que era una mada de Sergio. No sab¨ªa qu¨¦ quer¨ªa, pero realmente no ten¨ªa deseos de escucharlo har, me daba asco. La mada se cort¨® autom¨¢ticamente, y solo entonces me di cuenta de que hab¨ªa m¨¢s de veinte madas perdidas, todas eran de Sergio menos una de Erik. No hac¨ªa falta preguntar, mada de Erik probablemente tambi¨¦n hab¨ªa 133 sado a instancias de Sergio. Et insistia tanto en marme, deb¨ªa ser algo importante, as¨ª que cuando volvi¨® a mar, contest¨¦: ¡°H.¡± ¡°Cami, ?d¨®nde est¨¢s? Quiero verte.¡± La voz de Sergio sonaba adolorida, se pod¨ªa decir que probablemente estaba borracho. Lo ignor¨¦, y ¨¦l solt¨® una risa sarc¨¢stica mientras me dec¨ªa: ¡°Cierto, ya no me quieres.¡± Segu¨ª en silencio, y Sergio me m¨® con suavidad: ¡°Cami, realmente ya no me quieres? Hemos estado juntos diez a?os, siempre me has querido¡­ Al parecer lo sab¨ªa, pero tambi¨¦n sab¨ªa que se aprovechaba de m cari?o para tratarme as¨ª, ?no? ¡°Cami, ha, dime, ?realmente ya no es posible lo nuestro? ?No podemos Volver a empezar?¡± Escuch¨¦ sonidos de algo rompi¨¦ndose mientras Sergio haba. Al parecer realmente hab¨ªa bebido mucho y no quer¨ªa seguir escuchando sus tonter¨ªas: ¡°Sergio, voy a colgar.¡± ¡°No cuelgues.¡± Me detuvo pregunt¨¢ndome: ¡°Cam, ?te doler¨ªa si estoy con Zo¨¦?¡± ?Eso erao apu?rme directo al coraz¨®n! En aquel momento quer¨ªa herirme a¨²n m¨¢s. ¡°Sergio.¡± Tambi¨¦n pronunci¨¦ su nombre con fuerza: ¡°?As¨ª que tengo que moriro Miguel para que te du?¡± De repente, el otrodo se qued¨® en silencio,o si se hubiese cortado l¨ªnea, pero sab¨ªa que no, ¨¦l todav¨ªa estaba all¨ª. No colgu¨¦, eso erao una barrera, tambi¨¦n un peso enorme sobre Sergio, algo que ¨¦l no se atrev¨ªa a afrontar y en aquel momento hab¨ªa sido brutalmente expuesto por m¨ª. Deb¨ªa estar doliendo. Casi pod¨ªa imaginarme c¨®mo se retorc¨ªa de dolor. Pero todo eso era algo que deb¨ªa soportar, ya que ning¨²n dolor podr¨ªapararse con p¨¦rdida de una vida. ¡°Entonces lo sab¨ªas¡­ Despu¨¦s de unrgo rato Sorais 14 y luego colgo. Escuchando el tono de fin de mada, tard¨¦ un buen rato en dejar el tel¨¦fono, sintiendoo si mi coraz¨®n hubiera perdido su peso, cayendo precipitadamente. Esa noche no dormi bien, so?¨¦ una y otra vez con Sergio, con cada momento juntos, desde el primer encuentro hasta los diez a?os que hab¨ªamos crecido juntos. Mi pasado con ¨¦l se convirti¨® en una vieja pelic, reproduci¨¦ndose en mis sue?os toda noch Cap¨ªtulo 198 Antes del amanecer, ya estaba despierta, despu¨¦s de ducharme vi un mensaje de Jorge, record¨¢ndome recoger el desayuno que hab¨ªa dejado en puerta. No pregunt¨® por qu¨¦ no hab¨ªaido los desayunos que preparaba antes, pero continu¨® haci¨¦ndolos para mi. No decepcion¨¦ su buen gesto yi el desayuno antes de ir a empresa. Como llegu¨¦ temprano, a¨²n no hab¨ªa llegado nadie, as¨ª que organic¨¦ el n del d¨ªa y revis¨¦ el progreso de rendimiento de todos recientemente, y todav¨ªa era temprano para empezar a trabajar. Saqu¨¦ mi tel¨¦fono y empec¨¦ a revisar Instagram, aunque sab¨ªa que era una p¨¦rdida de tiempo, no ten¨ªa muchos amigos y a trav¨¦s de Instagram pod¨ªa saber c¨®mo estaban, incluso sin marlos o enviarles mensajes. Pablo public¨® sobre un torneo de bir al que asistir¨¢, Virginiaparti¨® nuevamente sobre un peque?o ¨¢ngel que acaba de traer al mundo, cada nacimiento lo registraba, ese d¨ªa su n¨²mero era 5566. Ya hab¨ªa tra¨ªdo al mundo a 5566 beb¨¦s, si no lo registraba, ni e misma sabr¨ªa cu¨¢ntas peque?as vidas hab¨ªa recibido. Le di ¡°me gusta¡± y envi¨¦ un emoji de pulgar arriba, continu¨¦ desz¨¢ndome y vi una publicaci¨®n de Sergio: Yo cuidar¨¦ de ustedes por el resto de nuestras vidas. La imagen era de una caricatura de una madre y su hijo. En ese instante, mi coraz¨®n se encogi¨®, sab¨ªa lo que eso significaba. Hab¨ªa aceptado a Zo¨¦. Sergio public¨® eso a media noche, y ya hab¨ªa muchos ¡°me gusta¡± y felicitaciones, incluso algunos que no sab¨ªan que Sergio y yo hab¨ªamos terminado, me felicitaban a m¨ª tambi¨¦n. Solt¨¦ una risa burlona y tambi¨¦n dej¨¦ unentario: Felicidades, les deseo lo mejor. Despu¨¦s cerr¨¦ Instagram y no segu¨ª mirando. Dej¨¦ mi tel¨¦fono a undo y me qued¨¦ mirando panta de miputadora, con mente en nco. En ese momento, mi coraz¨®n no dol¨ªa, solo se sent¨ªa pesado. Era dif¨ªcil describir esa sensaci¨®n. El tel¨¦fono son¨® y al ver el n¨²mero supe que era V¨ªctor, mir¨¦ hacia su oficina, notando que todav¨ªa no hab¨ªa llegado. Contest¨¦: ¡°Se?or Sierra.¡± ¡°Directora G¨¢mez, no vayas a empresa estos dos d¨ªas.¡± La voz de V¨ªctor todav¨ªa tenia ese tono somnoliento de quien acaba de despertar. Supuse, que todav¨ªa estaba acostado en cama. *?A qu¨¦ se refiere se?or Sierra?¡± Pregunt¨¦ confundida. ¡°No te confundas, no es nada, solo pienso que has estado trabajando mucho ¨²ltimamente, te doy dos dias de descanso, con sueldo.¡± Explic¨® Victor. Trabajando mucho? ?Realmente hab¨ªa estado trabajando mucho? Al parecer lo estaba haciendo a prop¨®sito, ?no? ¡°Se?or Sierra, tratar¨¦ de reducir mis dias de ausencia en el futuro.¡± Expres¨¦ mi posici¨®n. De inmediato respondi¨®: ¡°Est¨¢s pensando demasiado, no ten¨ªa esa intenci¨®n, en serio te estoy dando d¨ªas libres para que descanses, en nuestra empresas bellezas deben ser cuidadas, especialmente una No era una ni?a de tres a?os, ni una ingenua jovencita que podia ser enga?ada con esas pbras. Pensando ens veces anteriores, directamente pregunt¨¦: ¡°?Es otra vez idea del gran jefe?¡± V¨ªctor se atragant¨® con mis pbras y luego dijo: ¡°?Crees que el gran jefe tiene tanto tiempo libre para hacer un trato especial a una empleada que apenas conoce?¡± Lo neg¨®. Pero que me dieran d¨ªas libres sin raz¨®n, era muy extra?o. ¡°Directora G¨¢mez, te notifico oficialmente que est¨¢s de vacaciones, si nos tomas, estar¨ªas desobedeciendo ¨®rdenes del jefe, y eso significa redi¨®n de srio.¡± V¨ªctor us¨® su posici¨®n de jefe para presionarme. En todos esos a?os de trabajo, era primera vez que me encontraba con algo as¨ª. Pensando que ya hab¨ªa terminado todo el trabajo de ese d¨ªa, y que dos d¨ªas libres no afectar¨ªan mucho, simplemente dije: ¡°Est¨¢ bien.¡± Despu¨¦s de colgar, encontr¨¦ al jefe de mi departamento, le expliqu¨¦ los nes que hab¨ªa hecho y los problemas existentes en cada persona, le pedi que supervisara su ejecuci¨®n y me fui Ya en el auto, le envi¨¦ un mensaje a Pablo Pablo, ay¨²dame a investigar sobre el gran jefe de empresa donde trabajo. Cap¨ªtulo 199 Mi mensaje se envi¨® y el tel¨¦fono de Pablo respondi¨® en segundos. *?Qu¨¦ pasa? ?Ese tipo te hizo una propuesta indecorosa?¡± Pablo tambi¨¦n era bastante directo. No pude evitar re¨ªrme y dije: ¡°Me hubiera gustado, pero, ?c¨®mo va a hacer algo as¨ª si ni siquiera nos hemos visto? ¡°?No se han visto? Entonces, ?tu curiosidad es lo que te hizo pedirme que lo investigara?¡± Pablo parec¨ªa algo sorprendido: ¡°Cam, ?crees que tengo demasiado tiempo libre?¡± Acababa de mandar un mensaje sobre su participaci¨®n en un torneo de bir y seguramente estar¨ªa muy ocupado. De repente, sent¨ª que hab¨ªa sido un poco precipitada y le dije: ¡°Si est¨¢s ocupado, no importa, solo era curiosidad, no es que tenga que saberlo s¨ª o si.¡± ¡°?Me est¨¢s diciendo eso para hacerme sentir mal, verdad?¡± Pablo fingi¨® estar molesto. Me re¨ª y luego le dije: ¡°No, de verdad, solo era curiosidad. Si tienes tiempo, investiga, si no, no pasa nada.¡± ¡°Tengo tiempo, para otros no, pero para ti siempre tengo, bueno, voy a investigar.¡± Pablo acept¨®. Pero despu¨¦s de aceptar, no colg¨® de inmediato, sab¨ªa que ten¨ªa algo m¨¢s que decir y probablemente estaba rcionado con el anuncio oficial de Sergio en Instagram. Esper¨¦ en silencio, y despu¨¦s de unrgo momento de silencio, finalmente dijo: ¡°Olv¨ªdalo, no es nada, pero si necesitas algo, aqu¨ª estoy.¡± Suspir¨¦ aliviada, verdad era que cualquier cosa que dijera me hubiera puesto inc¨®moda, mejor que no hubiera dicho nada. ¡°Est¨¢ bien.¡± Respond¨ª, y recordando supetencia, le pregunt¨¦ casualmente: ¡°?Cu¨¢ndo es tu torneo? P¨¢same un boleto, ir¨¦ a apoyarte.¡± ¡°Ja, ja, ro!¡± Pablo acept¨® con gusto. Colgu¨¦ el tel¨¦fono y manej¨¦ a casa. Hab¨ªa tenido sue?os toda noche que no me dejaron dormir bien, quer¨ªa recuperar algo de sue?o, pero apenas llegu¨¦ al vecindario, vi a un mont¨®n de gente reunida en entrada. Estacion¨¦ y me acerqu¨¦, solo para ver el anuncio pegado en puerta. ?Demolici¨®n! Ver esa pbra me puso nerviosa. Aunque ya ten¨ªa premonici¨®n de que ese lugar no durar¨ªa mucho, verlo en realidad fue algo dificil de aceptar. Para otros, demolici¨®n era una sorpresa, una oportunidad de enriquecerse de noche a ma?ana, pero para m¨ª, significaba destri¨®n, desmantr y romper todo lo que era m¨¢s feliz y c¨¢lido para
  1. mi.
¡°Tienen dos meses para mudarse, y quien lo haga pronto recibir¨¢ un bono de diez mil.¡± ¡°Ya quer¨ªa mudarme de aqu¨ª, por fin lleg¨® el d¨ªa.¡± ¡°Acabo de firmar un contrato de un a?o con un inquilino, ahora tengo que pedirle que se vaya, seguramente perder¨¦ dinero.¡± Todos haban a vez, con diferentes expresiones. Silenciosamente me alej¨¦ de multitud y no volv¨ª a mi auto, sino que camin¨¦ hacia casa. Ese vecindario era muy antiguo, pero era precisamente por su antig¨¹edad que hab¨ªa conservado su aspecto original. Los viejos ¨¢rboles de acacia estaban llenos de vida a cadado. Todav¨ªa recuerdo que cuando era peque?a, cada a?o cuando florec¨ªans acacias, mi mam¨¢ y los vecinos recog¨ªans flores para aromatizar. En el verano, mi mam¨¢ a menudo me llevaba a jugar bajo sombra de esos ¨¢rboles. Y all¨ª estaba monta?a falsa, que era el mejor lugar de juegos para m¨ª y muchos amigos cuando ¨¦ramos ni?os. Sub¨ªamos y baj¨¢bamos, puliendos piedras hasta que estaban suaves y resbdizas. Camin¨¦ mirando a mi alrededor, pensando que pronto todo eso convertir¨ªa en tierra na y nada de eso existir¨ªa triste. m2 Mientras ese vecindario existiera, casa de mis padres estar¨ªa all¨ª, sent¨ªa que ellos segu¨ªan a mido. Pero sin eso, ni siquiera sab¨ªa d¨®nde colocar mi a?oranza. Cap¨ªtulo 200 Donde m¨¢s podrie buscar sus recuerdos? ¡°Cami¡± En entrada de escalera, alguien me m¨® Era Josefina, vecina de enfrente. No hac¨ªa falta preguntar para saber que hab¨ªa ido pors noticias de demolici¨®n. ¡°Cami, van a demoler esto, qu¨¦ pena.¡± Dijo Josefina con un suspiro inusual. Sin saber qu¨¦ responder, solo mostr¨¦ una cara de tristeza y Josefina continu¨®: ¡°Justo hab¨ªa invertido en arrer el departamento y ni un nes habia rentado, y ahora, nos desalojan, qu¨¦ p¨¦rdida.¡± Yo me qued¨¦ totalmente sin pbras. ¡°Cami, m¨¦ al chico que renta pero no me contesta. Si lo ves hoy, dile que me devuelva mada, y tambi¨¦n inf¨®rmale sobre demolici¨®n para que se prepare, que busque otro lugar y empiece a organizar sus cosas.¡± Me pidi¨® Josefina. ¡°Est¨¢ bien.¡± Le respond¨ª. ¡°Te lo agradezco, Cami.¡± Dijo Josefina muy amablemente, pero luego pas¨® a los chismes: ¡°Has visto al chico que renta mi departamento, ?verdad? ?Es buena gente, no?¡± Sonre¨ª ir¨®nicamente dici¨¦ndole: ¡°S¨ª, es bastante buena gente.¡± ¡°Vaya, Cami, eres exigente. Un chico tan bueno y solo dices que es bastante buena gente. Yo no tengo una hija, pero si tuviera, lo har¨ªa mi yerno.¡± Josefina tambi¨¦n hab¨ªa puesto sus ojos en Jorge. ¡°Se?ora, todav¨ªa puede tener uno.¡± Le dije en broma. Normalmente, podr¨ªa haberse sentido ofendida por mientario, pero en esos d¨ªas hab¨ªa una noticia muy popr sobre una abu de m¨¢s de sesenta a?os que hab¨ªa tenido un beb¨¦ Josefina se rio y luego le dijo: ¡°No tengo esa capacidad, no te burles de m¨ª.¡± Yo solo sonre¨ª, pero casera sigui¨® hando: ¡°Tambi¨¦n deber¨ªas empezar a organizar tus cosas, lo que no necesites, tiralo o vendelo. Tengo el n¨²mero de alguien quepra cosas usadas a buen precio, es muy buena gente. Te paso su n¨²mero, y cuando tengas listo puedes marlo para lo que quieras vender * Su entusiasmo me hizo sentir mal por pensar en rechaza. Josefina me dej¨® una serie de n¨²meros y se fue. Luego sub¨ª a mi apartamento. Al abrir puerta y ver todos los recuerdos, mis ojos se llenaron de l¨¢grimas. Hay cosas que por m¨¢s que quieras, simplemente no puedes retener. Mi pap¨¢ siempre decia que a lo que no puedes aferrarte, d¨¦jalo ir. Sab¨ªa que demolici¨®n era inevitable, asi que despu¨¦s de un breve momento de tristeza,enc¨¦ a mirar alrededor del apartamento y a organizar mis cosas. Mi habitaci¨®n todavia estaba en pie, pero no quer¨ªa tocar de mis padres, as¨ª que decidi empezar por el cuarto de almacenaje. Mientras organizaba, me convenc¨ª de que deb¨ªaprar mi propio lugar pronto, para poder llevar allis cosas de mis padres. El viejo estante de libros, el triciclo de mi infancia,s herramientas de jardineria de mis padres, los equipos de pesca de pap¨¢, el caballete de mam¨¢¡­ Cada una de esas cosas era vieja, pero no pod¨ªa deshacerme de es. Organizando, me di cuenta de lo necesario que era tener un lugar para guardar esos objetos. Debajo de todo, encontr¨¦ una vieja cesta de mimbre. La recordaba porque ten¨ªa una foto donde me encontraba sentada encima de e. ue era cu Mi pap¨¢ dijo moch cuando dej¨® el orfanato, lo cual era equivalente a una maleta de hoy en d¨ªa. Al abri, encontr¨¦ un chaleco azul oscuro de mi pap¨¢, lo que me hizo pensar en el chaleco verde de Jorge. Debajo del chaleco hab¨ªa un cuaderno con un bol¨ªgrafo encima. Al abrirlo, vi letra de mi pap¨¢, y esa familiar sensaci¨®n de asfixia me detuvo respiraci¨®n. Las l¨¢grimas cayeron sobres pbras escritas con pluma, difuminando instant¨¢neamente tinta. R¨¢pidamente trat¨¦ de limpiarlo, pero el cuaderno se me cay¨® des manos, derramando algo de su interior. Lo recog¨ª y vi que era un contrato. Al revisarlo y llegar a parte de firma y el sello, me qued¨¦ hda. EI Centímetro 201 Cap¨ªtulo 201 La Corporaci¨®n FinanPro, Mauricio Moreno. Tanto el nombre de empresao firma tan distintiva del representante legal me eran muy familiares. Eso se deb¨ªa a que ese grupo empresarial era el principal socio de Chispa Global Business, y Ricardo ten¨ªa una muy buena rci¨®n personal con el se?or Moreno. Pero, ?c¨®mo mi padre ten¨ªa un contrato con ellos hac¨ªa diez a?os? Seg¨²n lo que yo sab¨ªa, mi padre no trabajaba en Chispa Global Business en aquel entonces. Entonces, ?para qu¨¦ ten¨ªa ese contrato? Revis¨¦ el contrato nuevamente, el contenido era sobre un acuerdo de cooperaci¨®n en el desarrollo de nuevas energ¨ªas, y ese desarrollo de nuevas energ¨ªas en aquel momento ya era parte de Chispa Global, operando de manera madura y generando buenos beneficios. As¨ª que, en sentido estricto, ese contrato pertenec¨ªa a Chispa Global, pero lo curioso era que no tenia firma de Ricardo. Dej¨¦ el contrato a undo y abr¨ª el cuaderno de mi padre. Era un diario de trabajo, mayormente lleno de nes de trabajo y algunos s¨ªmbolos de elementos que no entendia. Continu¨¦ hojeando hasta que, en ¨²ltima p¨¢gina, vi cinco pbras: Espero que firma sea exitosa, Y despu¨¦s de eso, no hab¨ªa nada m¨¢s. Probablemente fue justo despu¨¦s de eso cuando mi padre tuvo el idente de auto. Record¨¦ lo que dijo noche antes del idente, me dijo: ¡°M, despu¨¦s de ma?ana, podr¨¦ construirte un parque de diversiones.¡± En ese momento, solo supe saltar de alegr¨ªa y abrazarlo sin preguntar por qu¨¦. En aquel momento lo entend¨ªa, porque si hac¨ªa diez a?os hubiera firmado ese contrato con FinanPro, el desarrollo seguramente no ser¨ªa menor al de Chispa Global Business actual. No solo un parque de diversiones, sino un imperioercial podr¨ªa haber sido posible. Desafortunadamente, debido a muerte de mi padre, todo qued¨® en suposiciones. Entonces, muerte de mi padre podr¨ªa estar rcionada con ese contrato? ?Era posible que el idente hubiera sido need De repente, mi cabeza se lle causandome un escalofrio. Me derrumb¨¦ en el cuarto de cosas, sin overine durantergo rato. Pero al final, decidi investigar por mi cuenta, y el ¨²nico punto de partida posible era a trav¨¦s de Mauricio Moreno de FinanPro. Aunque sab¨ªa que no ser¨ªa f¨¢cil verlo, debido a su buena rci¨®n con Ricardo, y hab¨ªa escuchado a Ricardo y a Sandra har sobre ¨¦l, que hab¨ªa sufrido de c¨¢ncer de vejiga hac¨ªa unos a?os y en aquel momento se hab¨ªa retiradopletamente para concentrarse en su tratamiento, dejando empresa en manos de su hijo. Solo ten¨ªa que preguntarle al conductor de Ricardo para saber d¨®nde viv¨ªa Mauricio, y entonces podr¨ªa visitarlo bajo esa excusa. Soy des que act¨²an en cuanto tienen una idea, pero sab¨ªa que preguntar directamente al conductor podr¨ªa hacerlo sospechoso. El conductor hab¨ªa estado con Ricardo por m¨¢s de una d¨¦cada, m¨¢s tiempo del que yo hab¨ªa sido parte de familia V¨¢squez, y su permanencia se deb¨ªa a su diligencia y discreci¨®n, siendo esta ¨²ltima lo m¨¢s importante. Si quer¨ªa obtener informaci¨®n, tendr¨ªa que esforzarme un poco m¨¢s. As¨ª que decid¨ª investigar todass instituciones m¨¦dicas integradas de rehabilitaci¨®n en San Jos¨¦ del Cabo, y r¨¢pidamente selion¨¦s tres mejores, aunque todav¨ªa no sab¨ªa cu¨¢l de es era residencia de Mauricio. Por lo tanto, todav¨ªa necesitaba ayuda del conductor, pero no necesariamente ten¨ªa que hacerlo har. Despu¨¦s de pensarlo bien, se me ocurri¨® una idea. Era usar el auto del conductor y luego revisar el historial de viajes del veh¨ªculo para saberlo, ya que Ricardo visitaba a Mauricio cada mes. Pero pedir prestado el auto no ser¨ªa f¨¢cil, sin mencionar que yo ten¨ªa el m¨ªo. Si nteaba idea, Ricardo seguramente me ofrecer¨ªa uno nuevo, as¨ª que no pod¨ªa usar esa excusa. En familia V¨¢squez, el ¨²nico que podr¨ªa pedir prestado un carro ser¨ªa Manuel V¨¢squez, quien reci¨¦n hab¨ªa vuelto al pa¨ªs y no ten¨ªa carro propio. Aunque en familia V¨¢squez le permitian usar cualquier veh¨ªculo, ¨¦l pod¨ªa excusarse con el pretexto de no estar familiarizado cons carreteras para que un chofer lo llevara y luego encontrar alguna excusa para enviar al chofer lejos y as¨ª tener m¨¢s libertad. Pensar en pedirle ayuda a Manuel me hizo dudar, yo conoc¨ªa muy bien los sentimientos que ¨¦l ten¨ªa hacia m¨ª. Si le ped¨ªa ayuda, sin duda alguna scredera pero eso soncara volver a aprovecharme de sus sentimientos EI Centímetro 202 Cap¨ªtulo 202 Pero ten¨ªa que entender c¨®mo hab¨ªa muerto mi padre. Por eso despu¨¦s de pensarlo mucho, decidi buscar a Manuel, solo que necesitaba una buena raz¨®n. Mientras estaba pensando, recib¨ª una mada de Sandra y su voz sonaba furiosa desde el inicio: ¡°Ese desgraciado de Sergio quiere matarnos de coraje a m¨ª y a Ricardo, si se atreve a estar de verdad con esa mujer, ¨¦l y Ricardo ses van a ver conmigo.¡± No me sorprendi¨® rei¨®n de Sandra y solo pude intentar calma con voz suave: ¡°Sandra, t¨² y Ricardo no deber¨ªan enojarse, en estas cosas de matrimonio los padres no siempre pueden decidir.¡± ¡°No podemos decidir, si no, nunca habr¨ªamos llegado a este punto, pero si piensa traer a una viuda a casa, que ni lo sue?e.¡± Sandra dej¨® ro su punto de vista. Me sent¨ªa terriblemente mal por dentro, sin saber realmente qu¨¦ decir y por supuesto, tampoco quer¨ªa decir nada. Despu¨¦s de todo, Sergio y Zo¨¦ Minas me habian fado, ?por qu¨¦ tendr¨ªa yo que har bien de ellos? No soy ninguna encarnaci¨®n depasi¨®n divina. En ese momento, si no aprovechaba para darles donde m¨¢s les dol¨ªa, ya eral bastante generosidad de mi parte. ¡°Cami, Ricardo est¨¢ tan furioso que nier quiere, est¨¢ en huelga de hambre en protesta. ?Podr¨ªas venir a convencerlo? Solo escucha tu pbra.¡± Ah¨ª estaba raz¨®n por que Sandra hab¨ªa mado. Al parecer el cielo mismo estaba de mido, tal vez podr¨ªa regresar a familia V¨¢squez sin pasar por Manuel para investigar lo que quer¨ªa saber. Acept¨¦ ir, y Sandra continu¨® maldiciendo a Sergio por un rato antes de colgar. Aunque entrara a familia V¨¢squez no significaba que pudiera conseguir lo que quer¨ªa, para asegurarme de que mi n se llevara a cabo, igual m¨¦ a Manuel. ¡°Cami.¡± ¨¦l me m¨® con esa voz suya tan dulce. ¡°Manuel.¡± Lo salud¨¦. En ese momento me di cuenta de que realmente era una hip¨®crita y una aprovechada, por undo no quer¨ªa que Manuel se ilusionara conmigo, y por el otro, me aprovechaba de sus sentimientos hacia mi. ¡°El se?or V¨¢squez est¨¢ enfadado, noe, Sandra quiere que vaya, pero creo que yo s no bastar¨¦, ?podr¨ªas venir tambi¨¦n?¡± Manuel vacil¨® un par de segundos antes de aceptar. Pod¨ªa decir que no estaba sorprendido y obviamente ya lo sab¨ªa. Cuando llegu¨¦ a familia V¨¢squez, Manuel tambi¨¦n hab¨ªa llegado, pero no hab¨ªa entrado, parec¨ªa estar esper¨¢ndome. ¡°Sabes lo que piensa mi padre, temo que ni convenci¨¦ndolo logremos mucho.¡± Manuel me recibi¨® con esas pbras. Entend¨ª su punto, Ricardo todav¨ªa esperaba que yo y Sergio volvi¨¦ramos. Me rei con sarcasmo y Manuel mir¨® mi sonrisa sin decir nada. Entramos juntos y Sandra parec¨ªa sorprendida de vernos llegar juntos, fingi no notarlo y le pregunt¨¦: ¡°?D¨®nde est¨¢ el se?or Ricardo?¡± ¡°En su estudio, no sale ni deja entrar a nadie, ayer por noche estuvo ah¨ª tambi¨¦n. Si no fuera porque de vez en cuando se queja, pensar¨ªa que se ha suicidado.¡± Sandra siempre dec¨ªa lo que pensaba sin filtros. ¡°Mam¨¢, pap¨¢ no es tan fr¨¢gil, no pienses as¨ª.¡± Manuel trat¨® de calma. ¡°Sandra, d¨¦jame subir a verlo.¡± Le dije, y con su aprobaci¨®n asentida sub¨ªs escs. Despu¨¦s de tocar varias veces sin respuesta,enc¨¦ a preocuparme y entonces dije: ¡°Se?or, soy yo, Cami.¡± Por fin se escucharon pasos dentro y poco despu¨¦s se abri¨® puerta del estudio, dej¨¢ndome ver a persona dentro, lo cual me sorprendi¨® enormemente. EI Centímetro 203 Cap¨ªtulo 203 ¡°Se?or¡­¡± Mi voz temba por el shock, ¡°Caml.¡± Ricardo intent¨® marme con una sonrisa forzada, ¡°Su cabello¡­¡± Extend¨ª mi mano, queriendo tocar su cabello. ¨¦l se desconcert¨® un poco y me pregunt¨®: ¡°?Qu¨¦ pasa con mi cabello? ?Est¨¢ desordenado?¡± Mis l¨¢grimasenzaron a caer. Al verme llorar, se sorprendi¨® a¨²n m¨¢s: ¡°?Qu¨¦ pasa? ?Por qu¨¦ lloras? ?Sandra te dijo algo? No le creas, a e le gusta har sin saber.¡± Ricardo parec¨ªa no darse cuenta de que su cabello se hab¨ªa vueltopletamente nco. Hac¨ªa apenas unos d¨ªas lo hab¨ªa visto con su cabello negro, pero en aquel momento, aunque no estabapletamente nco, s¨ª se hab¨ªa vuelto nco en un ochenta por ciento. Erao si hubiera cambiadopletamente, de un hombre de mediana edad a un anciano. No pod¨ªa decir nada, especialmente porque ¨¦l mismo no lo sab¨ªa. Me acerqu¨¦ y lo abrac¨¦, mientrass l¨¢grimas me corr¨ªan por cara. ¨¦l me dio palmaditas en espalda y me dijo: ¡°No llores, ?por qu¨¦ lloras? Estoy bien, solo quer¨ªa estar un rato solo, Sandra siempre me est¨¢ molestando, y encima te m¨®.¡± Pensaba que lloraba porque estaba preocupada de que se hubiera encerrado en su despacho todo el d¨ªa y toda noche. Negu¨¦ con cabeza sobre su hombro, sintiendoo si una mano grande me estrujara garganta. ¡°Ven, sent¨¦monos en casa, te preparar¨¦ algo de beber.¡± Ricardo parec¨ªa no estar tan mal. Pero yo sab¨ªa que solo estaba tratando de no preocuparme y de no mostrarme c¨®mo se sent¨ªa realmente. Su cabello que se hab¨ªa vuelto nco durante noche, y eso ya lo dec¨ªa todo. ¡°Se?or.¡± Lo detuve: ¡°Lo de Sergio¡­ d¨¦jelo ir, se preocupe ni se meta.¡± §±§à Nunca habia sentido talpasi¨®n por alguien, Ricardo en ese momento me Renaba de una pena indescriptible,o si fuera mi propio padre. La mirada de Ricardo se oscureci¨® un poco dici¨¦ndome ¡°Me ha decepcionado tanto, he estado pensando, todo es resultado de haberlo consentido demasiado desde peque?o, ¡°?C¨®mo va a ser culpa suya? Sergio es una persona con sus propias ideas y conviones, ademas ya no es un ni?o Trat¨¦ de consrlo. Ricardo no dijo m¨¢s, pero sab¨ªa que no hab¨ªa escuchado. El tambi¨¦n era obstinado, aunque por lo general no discutia nipetia, mostr¨¢ndose siempre amable con todos, especialmente con Sandra, sin importar lo que e dijera, nunca se alteraba. Pero en su interior, ten¨ªa sus propias conviones, inamovibles por nadie. Nunca imagin¨¦ que el matrimonio de Sergio pudiera enfadar tanto a Ricardo, hasta el punto de hacerlo envejecer de noche a ma?ana. ¡°Cami, si¨¦ntate, p¨¢?ame a tomar una taza de caf¨¦.¡± Ricardo me quio a sentarme junto a mesita de caf¨¦, y luego fue a prepararlo. Mirando su figura de espaldas, me di cuenta de que su espalda parecia encorvada, y junto con su cabello que habia cambiado repentinamente, parec¨ªa un anciano. ¡°Cami, te preparar¨¦ un poco de caf¨¦ colombiano, me lo envi¨® Oliver Castro hace un tiempo, estaba pensando en hac¨¦rtelo¡­¡± La voz del se?or V¨¢squez se detuvo abruptamente. Tambi¨¦n se detuvo al abrir puerta del armario, qued¨¢ndose inm¨®vil. Al darme cuenta de que algo no estaba bien, me levant¨¦ r¨¢pidamente y le dije: ¡°Ricardo¡­¡± No pude terminar mi frase, porque sab¨ªa por qu¨¦ Ricardo se hab¨ªa detenido. de repente, ¨¦l tambi¨¦n hab¨ªa visto su cabello nco a trav¨¦s del vidrio det puerta del armario. ¡°Ricardo.¡± Dije suavemente, agarrando su brazo. Volvi¨® en s¨ª y luego sonri¨®, con una sonrisa amarga: ¡°As¨ª que por eso llorabas.¡± Esa sonrisa hizo que mi coraz¨®n se sintiera a¨²n m¨¢s pesado: ¡°Ricardo, Mi voz se ahog¨® de nuevo, siendo incapaz de continuar. ¡°Ya tengo m¨¢s de cincuenta, es normal que me salgan canas. Asi Sandra no tendr¨¢ que preocuparse de que alguna jovencita se fije en mi, de repente me converti en un anciano, ?qui¨¦n me liaria caso? Ricardo se buba de s¨ª mismo para hacerme reir. Pero en ese momento, no podia reir, mi cara estaba presionada contra su hombro, llorando bajito. Ricardo acariciaba mi cabeza dici¨¦ndome: ¡°Ya, no llores, todos EI Centímetro 204 Cap¨ªtulo 204 Si, todos envejecemos, pero envejecer de noche a ma?ana, eso s¨ª que aprieta el coraz¨®n. Ricardo me prepar¨® el caf¨¦ colombiano de igual manera, pero al tomarlo, solo pod¨ªa sentir su amargura. ¡°Ll¨¦vate este caf¨¦, puedes prepararlo t¨² misma en casa.¡± Ricardo empac¨® cuidadosamente los granos de caf¨¦ que sobraron. ¨¦l realmente me tratabao si fuera su propia hija, y en ese momento, su amabilidad ven¨ªa pa?ada de un sentimiento de culpa. No pod¨ªa rechazarlo, ya que eso lo har¨ªa sentir peor. ¡°Est¨¢ bien, cuando lo termine, le pedir¨¦ m¨¢s.¡± Le dije en un tono ligero y sin reservas, tratando de aliviar su estado de ¨¢nimo. ¡°Mmm, pide lo que quieras, Cami, t¨² ereso una hija para m¨ª, ?sabes?¡± Ricardo me habl¨® con el coraz¨®n en mano. Asent¨ª firmemente y dije: ¡°En mi coraz¨®n, usted tambi¨¦n eso un padre para m¨ª.¡± Cuando iba a escu, mayor¨ªa des veces era Ricardo quien asist¨ªa as reuniones de padres. A veces, cuando Sandra quer¨ªa ir, Ricardo dec¨ªa que su presencia har¨ªa que los maestros y el director me miraran con mejores ojos. Aunque mis padres murieron cuando era joven, Ricardo nunca me hizo sentiro una hu¨¦rfana frente a mispa?eros. Ricardo asinti¨® profundamente. Pensando ens preocupaciones de Sandra, mir¨¦ su cabello y dije: ¡°Ricardo, Sandra est¨¢ muy preocupada por usted, si e lo viera as¨ª¡­¡± ¡°Me veo bien as¨ª.¡± Ricardo se pas¨® mano por el cabello y me pregunt¨®: ¡°?No es as¨ª?¡± Eso me hizo sonre¨ªr,s l¨¢grimas giraban en mis ojos mientras asent¨ªa: ¡°S¨ª, muy guapo, el se?or V¨¢squez siempre es el m¨¢s guapo, no importa c¨®mo est¨¦.¡± o Est¨¢bamos hando y riendo cuando escuchamos pasos subiendos escaleras. Sandra lleg¨® antes que su imagen diciendo: ¡°V cuenta, aparte de Cami, nadie puede manejar a este viejo.¡± Cuando Sandra termino de har, ya estaba en puerta. La puerta estaba ablerta y pudo ve. Ten¨ªa una sonrisa burlona en su rostro pero esa sonrisa se congel¨® cuando nos vio. E miraba a Ricardo sin creerlo, con los ojos temndo, y luego.s l¨¢grimas empezaron a caer. Ricardo y yo nos levantamos, y yo, temlendo que e no pudiera soportarlo, me acerqu¨¦ r¨¢pidamente tratando de har: ¡°Sandra¡­¡± Pero esa voz Sandra no me mir¨®, solo miraba el cabello de Ricardo. Ricardo tambi¨¦n se acerc¨®, levantando mano para limpiars l¨¢grimas de Sandra y pregunt¨¢ndole: ¡°?Qu¨¦ pasa, me encuentras feo ahora?¡± Los ojos de Sandra estaban fijos en el cabello nco de Ricardo, y tard¨® un rato en levantar mano temblorosamente y decirle: ¡°Tu cabello¡­¡± ¡°Ahora yo tambi¨¦n tengo cabello nca, y m¨¢s que t¨², as¨ª que ya no tienes que preocuparte tanto, ?verdad?¡± Ricardo secabas l¨¢grimas de Sandral con un tono juguet¨®n. Peros l¨¢grimas de Sandra simplemente no paraban, y su cuerpo temba, estaba realmente angustiada. Esa era primera vez que ve¨ªa a Sandra llorar as¨ª. Siempre hab¨ªa sido mimada por Ricardo, era raro ve derramar una l¨¢grima, pero aquel d¨ªa lloraba desconsdamente, pasando sus manos por el cabello de Ricardo. Al ver esa escena, me retir¨¦ silenciosamente. Manuel me mir¨® y pregunt¨®: ¡°?Qu¨¦ pasa? Escuch¨¦ a mi mam¨¢ llorando.¡± ¡°Ricardo¡­ su cabello se volvi¨® nco de noche a ma?ana.¡± Mis pbras dejaron a Manuel igualmente sorprendido. Despu¨¦s de un momento, baj¨® cabeza, sin decir m¨¢s. No sab¨ªa c¨®mo consrlo, aunque hab¨ªa ido con un prop¨®sito ese d¨ªa, ya no ten¨ªa ¨¢nimo para nada. ¡°Me voy a casa.¡± Le dije a Manuel. 2/3 Manuel mir¨® hacia arriba y dijo: ¡°Te pa?o.¡± Subi al auto, intent¨¦ arrancarlo, pero no pude. Entonces record¨¦ que, para poder usar el auto de Ricardo, hab¨ªa pedido en el taller que le hicieran algo almio. ¡°El auto se depuso?¡± Manuel lo not¨®. Con verg¨¹enza, evit¨¦ su mirada y apenas asent¨ª. ¡°En un rato viene alguien a arrerlo, que te lleve EI Centímetro 205 Capitulo 205 Hice todo lo posible por subirme al carro, pero nunca imagin¨¦ que seria tan Tac conseguirlo. Sin embargo, encontrar diri¨®n que buscaba iba a requerir de un esfuerzo adicional. ¡°Sim¨®n ?podr¨ªas parar el auto? Me siento mal del est¨®mago y creo que voy a vomitar.¡± Dije a mitad del camino, finglendo malestar al ver una farmacia. ¡°ro, ro. Sim¨®n ech¨® un vistazo desde el espejo retrovisory rapidamente edi¨®. Una vez que el carro se detuvo, Sim¨®n me mir¨® preocupado preguntando: ¡°Cami, ?qu¨¦ te pasa? ?Quieres que te lleve al hospital?¡± ¡°Puede que el caf¨¦ me haya caido mal,¡± Mencion¨¦ a Ricardo para que Sim¨®n se tomara situaci¨®n m¨¢s en serio. Cubriendome el abdomen, continu¨¦: ¡°Sim¨®n, ?me har¨ªas el favor deprarme un omeprazol? Gon tomar uno estar¨¦ bien¡°. Sim¨®n asinti¨® repetidamente, aunque segu¨ªa inquieto: ¡°?Seguro que no prefieres ir al hospital?¡± Ante mi silencio, Sim¨®n entendi¨® mi punto. Conociendo mi posici¨®n dentro de familia V¨¢squez durante todos esos a?os, aunque ya no estuviera con Sergio, ¨¦l no se atrever¨ªa a desatenderme. Sim¨®n baj¨® del carro r¨¢pidamente y, buscando prolongar el tiempo, a?adi: *Sim¨®n, c¨®mprame tambi¨¦n una bote de agua¡°. ¡°Tomar algo frio ser¨ªa peor, hay agua tibia en el carro, te sirvo cuando regrese.¡± Dijo Sim¨®n, todav¨ªa preocupado, mirando hacia atr¨¢s a cada paso que daba. Mientras corr¨ªa hacia farmacia, aprovech¨¦ para levantarme discretamente y revisar el historial de navegaci¨®n del GPS. Hacer algo a escondidas realmente me pon¨ªa nerviosa y mi coraz¨®nt¨ªa a una velocidad de al menos ciento ochenta. Temerosa de que Sim¨®n regresara, miraba constantemente hacia fuera, notando que ten¨ªa que saltar una barrera para llegar a farmacia, lo que significaba que tomar¨ªa algo de tiempo, R¨¢pidamente examin¨¦s rutas en el GPS, pero era extra?o, no encontraba lo que buscaba, incluso habiendo revisado hasta un mes atr¨¢s. ?Me habr¨ªa equivocado? Persistente, segui buscando, pero Sim¨®n ya volv¨ªa con el medicamento en mano. Mi coraz¨®nenz¨® atir a¨²n m¨¢s r¨¢pido, alternando mi atenci¨®n entre ventana para observar a Sim¨®n y el historial de navegaci¨®n. De repente, me top¨¦ con una ruta privada. Las rutas normales no se marcano privadas a menos que se quiera mantener en secreto. Intu¨ª que esa deb¨ªa ser diri¨®n del sanatorio que buscaba. Pero al estar marcadao privada, necesitaba una contrase?a para eder, y yo no sab¨ªa. Siendo el carro manipdo Sim¨®n, ?habr¨ªa sido ¨¦l quien habia establecido contrase?a? Tras unos segundos de reflexi¨®n, deduje que era m¨¢s probable que Ricardo hubiera sido quien configuro, ya que ¨¦l era el due?o del carro. A d¨®nde ir era decisi¨®n de Ricardo; Sim¨®n simplemente segu¨ªas indicaciones del GPS. Con eso en mente, me prepar¨¦ para ingresar contrase?a, pero no a ciegas, pues solo ten¨ªa tres intentos antes de que el sistema se bloqueara, lo que podr¨ªa levantar sospechas en Ricardo. ?Qu¨¦ contrase?a usar¨ªa Ricardo? Mientras reflexionaba, tambi¨¦n vigba a Sim¨®n, quien ya cruzaba barrera hacia all¨ª. En menos de dos minutos estar¨ªa de vuelta, pero a¨²n no hab¨ªa deducido cu¨¢l era contrase?a. Angustiada ante posibilidad de perder esa oportunidad, decid¨ª arriesgarme. Ricardo amaba a Sandra, as¨ª que pens¨¦ en el cumplea?os de Sandra. Sin embargo, al ingresa, contrase?a result¨® ser incorrecta. Tom¨¦ aire, mientras Sim¨®n ya estaba a menos de cien metros. Entonces, cerr¨¦ los ojos y forc¨¦ mi mente a pensar. Segu¨ªa creyendo que contrase?a de Ricardo tendr¨ªa que ver con Sandra, as¨ª que prob¨¦ con fecha de aniversario de Ricardo y Sandra. De nuevo, incorrecto. El p¨¢nico y desesperaci¨®n crec¨ªan dentro de m¨ª. Era mi ¨²ltima oportunidad. Si faba, diri¨®n quedar¨ªa bloqueada; si no lo intentaba, perder¨ªa oportunidad. Sim¨®n ya estaba a menos de cincuenta metros, casi pod¨ªa sentir su mirada a trav¨¦s de ventana tintada del carro. Desesperada, busqu¨¦ en mi memoria hasta que record¨¦ algo que Sergio habia dicho Mencion¨® que sus padres nunca mostraron favoritismo entre ely su hermana, incluso hasta el punto de usars fechas de nacimiento de amboso contrase?a del banco. EI Centímetro 206 Cap¨ªtulo 206 As¨ª que tom¨¦ decisi¨®n audaz de ingresar los ¨²ltimos tres d¨ªgitos de sus fechas de nacimiento, pero pens¨¦ que eso ser¨ªa demasiado obvio. Recordando que Ricardo y Sandra V¨¢squez parec¨ªan tener una preferencia especial por Sergio, decid¨ª poner el de Sergio al principio y el de Manuel al final. Al ingresar el ¨²ltimo d¨ªgito, sent¨ª que mi presi¨®n arterial se disparaba al m¨¢ximo y mi coraz¨®n saltaba hasta mi garganta. En ese momento, Sim¨®n Rivas.estaba a unos diez metros de m¨ª, hi siquiera me atrev¨ªa a mirarlo, solo me concentraba en panta. Cuando el ¨ªcono de privacidad se ilumin¨®, contrase?a era correcta, y vi en panta ruta secreta que mostraba ¡°Oasis de Salud¡°. ro que conoc¨ªa ¡°Oasis de Salud¡°, era uno de los tres sanatorios que hab¨ªa investigado. Todo ese esfuerzo fue por esas cuatro pbras. Ya que ten¨ªa respuesta, suspir¨¦ aliviada, extend¨ª mano para cerrar mi historial de b¨²squeda, justo cuando Sim¨®n abri¨® puerta del auto. Su mirada se fij¨® en mi mano, luego mir¨® hacia panta del GPS, mis manos temban y mi espalda estaba empapada de sudor. ¡°Cami, ?qu¨¦ est¨¢s haciendo?¡± Pregunt¨® Sim¨®n. Tragu¨¦ nerviosa: ¡°Yo, quer¨ªa escuchar m¨²sica, pero no s¨¦ c¨®mo hacerlo.¡± La mirada de Sim¨®n estaba llena de dudas, ramente no me cre¨ªa. Le dije que me sent¨ªa mal, ?qui¨¦n pensar¨ªa en escuchar m¨²sica estando as¨ª? ?No ten¨ªa sentido! Mi mentira fue un fracaso, pero ya estaba dicha, as¨ª que tuve que seguir adnte. As¨ª que continu¨¦: ¡°Me duele mucho, justo le pregunt¨¦ a una amiga doctora y me dijo que escuchara m¨²sica ligera para calmarme, tambi¨¦n me dijo que fuera al hospital para un chequeo, que podr¨ªa ser una gastroenteritis agudal o apendicitis.¡± Incluso yo me sent¨ªa insegura con esa mentira. ?Cu¨¢ndo me hab¨ªa convertido en una mentirosa profesional? Pero no ten¨ªa otra opci¨®n, necesitaba descubrir si muerte de mi padre fue realmente un idente. ¡°As¨ª que es eso.¡± Dijo Sim¨®n, entreg¨¢ndome unos medicamentos: ¡°Entonces te llevo r¨¢pido al hospital, ?qu¨¦ m¨²sica quieres que ponga?¡± Gracias, Simon. Le dije y tom¨¦ el medicamento; nerviosamente abr¨ª uno y lo met en mi bode, ni siquiera me molest¨¦ en tomar agua. No se rienda tomar medicamentos a lo loco, pero una pasti para el esl¨®mago no me matar¨ªa. Cami, toma agua, ?por qu¨¦ tomas medicina sin agua?¡± Sim¨®n dijo apresuradamente mientras me pasaba un vaso de agua. Lo tom¨¦ y beb¨ª un par de tragos, el amargo sabor dei medicamento se esparc¨ªa por mi lengua, extendi¨¦ndose por toda mi boca. Qu¨¦ amargo¡­ ¡°Realmente te duele, mira, hasta tienes sudor en frente, ir al hospital es lo correcto.¡± Sim¨®n me observaba mientras arrancaba el auto r¨¢pidamente. No fue hasta que el auto se detuvo en entrada del hospital que mi coraz¨®n dedrona se calm¨®. Sim¨®n insisti¨® en pa?arme, diciendo que tem¨ªa que algo me pasara, as¨ª que tuve que dejar que me llevara a emergencias y luego le envi¨¦ un mensaje a Virginia de Fuente para que viniera al rescate. Por suerte, no estaba en cirug¨ªa y lleg¨® de inmediato, ayud¨¢ndome a evitar que Sim¨®n se quedara conmigo hasta el final. ¡°Sim¨®n, estoy bien, no le digas nada al se?or y a se?ora.¡± Le ped¨ª a Sim¨®n antes de que se fuera. ¨¦l solo asinti¨®, pero yo sab¨ªa que definitivamente ibal a informar. Despu¨¦s de que Sim¨®n se fue, Virginia me mir¨® con ojos de juez: ¡°?Qu¨¦ pas¨®?¡± No enga?¨¦ y le cont¨¦ todo, y una rara seriedad apareci¨® en su rostro: ¡°Cami, ?est¨¢s segura de querer investigar? ?No quieres pensarlo bien?¡± ¡°?Pensar qu¨¦?¡± Pregunt¨¦, confundida. Virginia no respondi¨®, y despu¨¦s de unos segundos me di cuenta: ¡°?Temes que culpa caiga sobre Ricardo?¡± Virginia no pudo negarlo,ni afirmarlo, y mi coraz¨®n se hundi¨® instant¨¢neamente. Si, si muerte de mi padre ten¨ªa algo que ver con Mauricio Moreno, y Mauricio se hab¨ªa convertido en un gran cliente de Chispa Global Business, entonces podr¨ªa ser¡­ De repente, me sent¨ª hda porpleto, no me atrev¨ªa a seguir pensando. 13: IF PA eam det uderte EI Centímetro 207 Detaliu, Jan se formar cada Tanta que morir qut¨CHesaperasinyle me vesta. No queria perder KOL AGE ANE KARANte care in two hacha Casa de Salud fenia BAN A GAMERE VE podad de ver lo que necesitaba. Sin Tears & balud fuerart estricta. Antes de H¨ºu b?n may?ld me tentera y me pregunto ¨¤ qui¨¦n quer¨ªa ver Aubagion. Salta nombre, pero et O SER UN ASTASI ara mi. Adem¨¢s, ne me atrevia a SARAS IN MARIE fadamente por miedo a que al guardia , * q me esentepletamente the vene a couitur per un familiar, pero el guardia ME VENESG consultaris, que se debia SUG, HTML GHARGAI. Aan u anterdi, ana ng ara un lugar al que wing Extermen¨¹k, the sanatone de lujo ara Mientras pensaba en c¨®mo entrar, de repente llegaron dos autos, cons ventanas bajadas, y pude ver ramente as personas dentro. Ese calvo brinte, imposible de olvidar, era el mismo que hab¨ªa llevado a un grupo a atacar a Jorge Olivera. ¡°Vamos a donde el se?or Moreno.¡± Dijo el calvo al guardia. El guardia lo reconoci¨® y de inmediato levant¨® barrera para dejarlos pasar. Sab¨ªa que persona que iba a ver era Mauricio Moreno. Entonces, ?era ¨¦l uno de los hombres de Mauricio, y tambi¨¦n hab¨ªa ido tras Jorge? ?Eso significaba que muerte del padre de Jorge tambi¨¦n estaba rcionada con Mauricio? ?Podr¨ªa ser una coincidencia? Al final, no vi a Mauricio, pero ese encuentro con el calvo no fue en vano. Al salir del sanatorio, me dirig¨ª a casa. En el camino, recib¨ª una mada de Sandra: ¡°Cami, Sim¨®n me dijo que estabas enferma, ?c¨®mo te sientes ahora?¡± Su voz era ronca. Recordando c¨®mo se ve¨ªa Sandra cuando Ricardo mostr¨® su preocupaci¨®n, sab¨ªa que hab¨ªa estado llorando. Mi coraz¨®n estaba enredado en emocionesplicadas. Aunque no quer¨ªa sospechar de ellos, todav¨ªa hab¨ªa algo que me iodaba, pero me esforc¨¦ por no pensar mal. ¡°Ya estoy mejor, solo era un problema estomacal, pero con medicamento ya pas¨®.¡± Le contest¨¦. ¡°Eso es bueno, Ricardo y yo est¨¢bamos muy preocupados. Pens¨¢bamos ir al hospital a verte.¡± Las pbras de Sandra despertaron en m¨ª un sentimiento de culpa. Con todo lo que estaban pasando, todav¨ªa se no por mi. ¡°Sandra, estoy bien, cu¨ªdese y cuide a Ricardo, y por favor, consu¨¦lelo.¡± Solo de pensar en ese cabello nco de Ricardo me pon¨ªa triste. ¡°?Ay!¡± Suspir¨® Sandra. No supe qu¨¦ m¨¢s decir y el tel¨¦fono qued¨® en unrge EI Centímetro 208 Cap¨ªtulo 208 Esencio era asfixiante. Estaba pensando en si buscar un tema para terminar mada cuando voz de e reson¨®, temblorosa y baja: ¡°Todo esto es culpa de esa mujer, por eso mismo no voy a aceptar.¡± Sandra dijo eso entre dientes, con fiereza, era primera vez que escuchaba as¨ª. Por un momento, sent¨ª un escalofr¨ªo en espalda y me qued¨¦ sin pbras. ¡°Cami. Me m¨® Sandra: ¡°Cuando tengas tiempo, ven a ver m¨¢s a Ricardo, t¨² eres ¨²nica que puede darle algo de consuelo.¡± Sus pbras me presionaron mucho, pero igual promet¨ª hacerlo. Despu¨¦s de colgar, me qued¨¦ sin fuerzas, apoyada en el asiento del auto, sinti¨¦ndome astada por algo, incapaz de moverme y de respirar. Al llegar a casa, me acurruqu¨¦ en el sof¨¢, reflexionando en silencio sobre. todo eso. Todo apuntaba hacia Mauricio, pero ¨¦l tambi¨¦n ten¨ªa conexiones y negocios con Ricardo, especialmente el aspecto m¨¢s sospechoso era el sanatorio de Mauricio, que estaba bajo extra seguridad. Si no hab¨ªa nada que ocultar, ?por qu¨¦ tanto secreto? No encontraba explicaci¨®n, cuanto m¨¢s lo pensaba, menos quer¨ªa hacerlo, pero no pod¨ªa evitarlo, hasta me dol¨ªa cabeza. Tom¨¦ una almohada y envolv¨ª mi cabeza con e, sofoc¨¢ndome. Era mi forma de autocastigo cuando me sent¨ªa abrumada y confundida. Justo cuando me estaba asfixiando, escuch¨¦ que alguien tocaba a puerta. Al principio pens¨¦ que era una alucinaci¨®n, hasta que escuch¨¦ a alguien mando mi nombre. Entonces quit¨¦ almohada y me levant¨¦ hacia puerta. Aunque era de d¨ªa, todav¨ªa pod¨ªa haber peligro, as¨ª que con caut pregunt¨¦: ¡°?Qui¨¦n es?¡± ¡°Soy yo, Jorge!¡± Contest¨®. Esa respuesta me dej¨® paralizada, ?por qu¨¦ hab¨ªa vuelto Jorge? ?Otra vez hab¨ªa pasado algo? Al abrir puerta vi a Jorge con una camiseta negra y pantalones de trabajo, tan perfecto y atractivoo siempre. ¡°?Qu¨¦ te trae por aqu¨ª?¡± Pregunt¨¦ algo at¨®nita. Al segundo alguiente, senti su mano erimi frente, c¨¢lida y firme, d¨¢ndome una sensaci¨®n de peguridad indescriptible. ¡°No pasa nada, no has vuelto a tener fiebre.¡± Dijo Jorge mientras levantaba bolsa que llevaba. Dentro hab¨ªa verduras, frescas a juzgar pors hojas. ¡°?Qu¨¦ te parece si hago sopa para el mediod¨ªa y carne con apio paraer?¡± Jorge me pregunt¨®o un esposo atento. Movi misbios: ¡°No hace falta, es mucho l¨ªo, yo podr¨ªa pedir algo¡­¡± No hab¨ªa terminado de har cuando Jorge me interrumpi¨®: ¡°Ahora no puedeser nada grasoso.¡± Ni siquiera s¨¦ c¨®mo dej¨¦ que Jorge entrara, cuando me di cuenta, ya estaba en cocina preparando todo. Siguiendo el dicho ¡°quiene de otro, corto se queda¡°, ya estaba m¨¢s que en deuda con Jorge. As¨ª que dej¨¦ de hacerme dif¨ªcil, tom¨¦ un vaso de agua y me acerqu¨¦ a cocina, apoy¨¢ndome en el marco de puerta para mirar a Jorge, que estaba atareado y llevaba puesto un dntal. ¡°?C¨®mo es que tienes tiempo de venir hoy? ?Ya terminaste con lo del parque de diversiones?¡± Le pregunt¨¦. ¡°Ya casi.¡± Respondi¨® ¨¦l, cortandos verduras con destreza, sin necesidad de ver c¨®mo quedaban, el sonido de cuchi contra ta ya dec¨ªa mucho de su habilidad. ¡°Avisame cuando est¨¦ todo listo.¡± Le record¨¦. Jorge solo asinti¨®. Tom¨¦ un sorbo de agua, observ¨¢ndolo de pies a cabeza, no pod¨ªa negar que ten¨ªa un atractivo especial, ese tipo de cuerpo que te hace tener pensamientos impuros. Para detener esos pensamientos, fij¨¦ mi vista en el lunar detr¨¢s de su cuello mientras le dec¨ªa: ¡°Jorge, hoy no hemos hado por tel¨¦fono, ?verdad?¡± ¡°No.¡± Contest¨®. Frunci el ce?o y le interrogu¨¦: ¡°Entonces, ?c¨®mo sab¨ªas que estaba en casa?¡± Yo acababa de darme cuenta de ello, yo no le hab¨ªa dicho que estaba en casa, y tampoco se lo hab¨ªa dicho a Mire, pero ¨¦l hab¨ªa llegado y tocado a puerta, incluso tra¨ªa verduras, obviament EI Centímetro 209 Cap¨ªtulo 209 No ten¨ªa Ideal¡± Jorge me respondi¨® con tres pbras muy decidido. Pero yo me ref: ¡°?Vienes a tocar a puerta sin saber?¡± Jorge guard¨®s verduras que acababa de cortar en un to para usas m¨¢s tarde: ¡°La se?ora del piso de abajo me lo dijo, dijo que mi novia hab¨ªa vuelto.¡± Me qued¨¦ p¨¢smada, tom¨¦ otro sorbo de agua, admirando elegancia de aquel hombre cocinando, pero en ese momento Jorge se gir¨® hacia m¨ª. ¡°?Qu¨¦ est¨¢s dudando?¡± Me pregunt¨®. Sonre¨ª ligeramente dici¨¦ndole: ¡°Dudo¡­ que me est¨¦s siguiendo.¡± ¡°?Eh?¡± Frunci¨® el ce?o algo confuso. ¡°Bromeo, s¨¦ que no est¨¢s tan desocupado.¡± Dije y luego regres¨¦ a s. Me termin¨¦ de tomar el agua, dej¨¦ el vaso yenc¨¦ a revisar mi tel¨¦fono. No pas¨® mucho tiempo antes de que mis p¨¢rpados empezaran a pelear entre s¨ª, y poco a poco me qued¨¦ dormida. Tuve un sue?o, so?¨¦ que el calvo me atrapaba, Mauricio le ordenaba matarme, y justo cuando unarga daga se dirig¨ªa hacia m¨ª, me sacud¨ª fren¨¦ticamente¡­ ¡°?M! M, despierta¡­¡± Jorge me despert¨®, y al abrir los ojos, lo vi mir¨¢ndome preocupado, mientras sosten¨ªa firmemente mi cabeza. ¡°?Estabas teniendo una pesadi?¡± Pregunt¨® con voz grave. Todav¨ªa asustada por el sue?o, respir¨¦ con dificultad, pero al recordar a ese calvo que embosc¨® a Jorge, agarr¨¦ su mano de repente y le dije: ¡°El calvo que te rode¨® ese d¨ªa era gente de Mauricio, yo lo he visto.¡± Las arrugas en frente de Jorge se profundizaron: ¡°?C¨®mo sabes eso?¡± ¡°Lo vi.¡± Le contest¨¦, apret¨¦ mano que sosten¨ªa y luego solt¨¦ lentamente. ¡°Cam G¨¢mez, este es mi asunto, no te metas, ?entendido?¡± Su voz era 1/8 muy seria, incluso severa. Quer¨ªa decirle que no estaba tratando de involucrarme en sus asuntos, solo estaba investigando muerte de mi padre y lo encontr¨¦ sin querer. Pero antes de que pudiera har, Jorge dijo: Mauricio es muy peligroso, no hagas ninguna tonter¨ªa para tratar con ¨¦l, ?me escuchas?¡± Su actitud me hizo asentir at¨®nita, sin poder decirs pbras que ten¨ªa atoradas en garganta. Sus ¨¢speros dedos pasaron por mi frente, secandos gotas de sudor del miedo mientras me dec¨ªa: ¡°Lev¨¢ntate y bebe un poco de agua, ya podemoser.¡± Se levant¨® para irse, pero lo detuve: ¡°Jorge, t¨² tambi¨¦n ten cuidado.¡± ?C¨®mo no iba a saber el peligro que Mauricio representaba? ¨¦l era un gran cliente depa?¨ªa, y a puerta cerrada, gente haba sobre c¨®mo se hizo rico y c¨®mo creci¨® su imperio en los ¨²ltimos a?os. Jorge me mir¨® sosteniendo su mano, y su mirada se suaviz¨®. Movi misbios, y ¨¦l se inclin¨® para levantarme y odarme, tambi¨¦n me acarici¨® cabeza. Ese gesto, tan protector y tierno, calm¨® el p¨¢nico de mi sue?o. Jorge volvi¨® a cocina, y al poco tiempo,enz¨® a servir los tos y el caldo. Tom¨¦ un par de sorbos de agua de mesa y me levant¨¦. En ese instante, me senti algo mareada. Enferma desde el d¨ªa anterior y corriendo de undo a otro investigando, sumado esa pesadi, me sent¨ªa Jorge se dio vuelta y pareci¨® notar que algo no iba bien, pregunt¨®: ¡°?Te sientes mareada?¡± Quer¨ªa fingir que no, pero Jorge ya hab¨ªa ido a sostenerme y me guio hacia el ba?o. Me dej¨® entrar y luego sali¨®, advirti¨¦ndome: ¡°Estoy afuera, si necesitas algo, ll¨¢mame.¡± Probablemente pens¨® que necesitaba usar el ba?o, pero no era asi. Me qued¨¦ mir¨¢ndome en el espejo delvabo, notando mi tez p¨¢lida y poco saludable, incluso mi cabello estaba desordenado. Qu¨¦ desastre, ni rastro de belleza de siempre. ?Jorge habr¨ªa notado mi estado? Ese pensamiento cruz¨® por mi cabello desordenado y me frot¨¦ cara EI Centímetro 210 Cap¨ªtulo 210 Me di cuenta de que me estaba arrendo para Jorge. Despu¨¦s devarmes manos, Jorge fue el primero en acercarse para ayudarme. Evit¨¦ su ayuda, fingiendo ser fuerte: ¡°Estoy bien.¡± ¨¦l no insisti¨® en ayudar, sino que me sigui¨® hasta mesa deedor, donde, aparte de los tos que hab¨ªa mencionado, hab¨ªa un par de guarniciones para limpiar el pdar y una bandeja de frutas. Laida se ve¨ªa deliciosa. ¡°Jorge, tu hermana debe ser muy afortunada.¡± Le dije, lo que consider¨¦ el mayor elogio por su esfuerzo cocinando. Jorge permaneci¨® en silencio, y pens¨¦ en enfermedad card¨ªaca de su hermana, cuando de repente me cruz¨® por mente una idea audaz: ¡°Jorge, ?de d¨®nde es tu familia? Quiero decir, ?d¨®nde vive tu hermana?¡± Menz¨® una mirada prante, pero no dijo nada. Sonre¨ª, mordiendo cuchara: ¡°?Por qu¨¦ te guardas eso incluso de m¨ª, temes que vaya astima?¡± ¡°Pescadero, es un pueblito debajo de Todos Santos.¡± Respondi¨® Jorge detadamente. Asent¨ª ligeramente y luego dije: ¡°Mi jefe me dio un par de d¨ªas libres porpasi¨®n.¡± ¡°Muy bien.¡± Respondi¨® ¨¦l, indiferente. Jorge realmente era una persona cuyas emociones eran muy estables, casi nunca lo hab¨ªa visto tener grandes altibajos. ramente, no erao gente un momento en sus movimientos, pero sin preguntar ad¨®nde iba, simplemente respondi¨®: ¡°Est¨¢ bien.¡± La respuesta fue r¨¢pida, pero me dej¨® con una sensaci¨®n de iodidad,o si tuviera un bocado atorado en garganta. Me sent¨ªa muy inc¨®moda, as¨ª que mientras sal¨ªa, dije: ¡°Aseg¨²rate de cerrar puerta cuando te vayas.¡± Despu¨¦s de eso, entr¨¦ a m¨ª habitaci¨®n, saqu¨¦ mi celr y abr¨ª aplicaci¨®n de reservaciones paraprar un boleto de autob¨²s para un viajergo. EI Centímetro 211 Cap¨ªtulo 211 Esa noche me fui de casa, Jorge no estaba, porque todass ventanas de su casa estaban a oscuras. Cuando Manuel me m¨®, ya estaba en s de espera. Siempre eleg¨ªa tomar el autob¨²s porque preferia sentirme conectada con tierral que flotando en el aire. ¡°Cami, tu carro ya est¨¢ listo, ?d¨®nde est¨¢s para llev¨¢rtelo?¡± La voz de Manuel era de ese tipo c¨¢lido y reconfortante. Mir¨¦ a gente en s de espera, todos mirando sus celres y dije suavemente: ¡°D¨¦jalo en el taller, yo ir¨¦ por ¨¦l.¡± Manuel guard¨® silencio, luego dije: ¡°S¨¦ cu¨¢l es ese taller.¡± Los autos de familia V¨¢squez siempre se hab¨ªan llevado a dar mantenimiento ent ese taller en especifico, eso lo sab¨ªa. ¡°El mec¨¢nico dijo que alguien hab¨ªa manipdo tu auto.¡± Las pbras de Manuel me hicieron detenerme un momento. ro, yo tambi¨¦n me senti culpable, porque fui yo quien mand¨® a hacerlo. ¡°?En serio?¡± Fingi sorpresa. ¡°Cami, ?alguien m¨¢s ha conducido tu auto?¡± Manuel pregunt¨® de nuevo.. Sab¨ªa que se preocupaba por m¨ª, me mordi elbio pensando en c¨®mo responder a esa pregunta. Entonces Manuel a?adi¨®: ¡°Quien haya sido, no quer¨ªa hacerte da?o, solo buscan causarte problemas. Afortunadamente, te pas¨® estando en casa y no fuera, podr¨ªa haber sido m¨¢s problem¨¢tico.¡± Con eso dicho, ya no necesitaba m¨¢s excusas, as¨ª que solo le dije: ¡°Ya veo.¡± Hubo otro silencio de dos segundos del otrodo de l¨ªnea, luego indago: ¡°?Est¨¢s fuera? Escucho algo de ruido.¡± ¡°Si.¡± Fue todo lo que dije. Manuel probablemente entendi¨® que no quer¨ªa har mucho, y dijo suavemente: ¡°Entonces, ten cuidado.¡± Colg¨®, y yo solt¨¦ un suspiro. ¨²ltimamente ve¨ªa muchos videos donde dec¨ªan que uno deb¨ªa aprender a simplificar su vida, incluyendo cortar cons interiones sociales innecesarias. En ese momento lo entendi. Las rciones y socializaci¨®n, a veces, realmente pod¨ªan ser agotadoras. Cuanto m¨¢s se 13.08 1 Capitule 211 preocupan por ti, m¨¢s te desgastan. Sin embargo, le mand¨¦ un mensaje a Virginia dici¨¦ndole que me iba de viaje. La Virgen de Espera,o siempre, no se sorprendi¨® y no respondi¨®. Comprendi por qu¨¦ Virginia siempre hab¨ªa evitado el amor. Estando siempre tan ocupada que ni siquiera podia atender madas, nadie querr¨ªa tener una rci¨®n con e. Incluso si alguien lo intentara, probablemente no aguantar¨ªan mucho tiempo, ya que el amor requiere de presencia constante de ambos. Mejor no empezar que tener que terminar. Sol¨ªa pensar que e erao un avestruz, peroprend¨ª que ten¨ªa sus razones. Tom¨¦ el ¨²ltimo autob¨²s hacia Todos Santos, aunque realmente iba a Pescadero, para ver a hermana de Jorge. Fue un impulso, pero tambi¨¦n una forma directa de entender m¨¢s a Jorge. Admit¨ª que Jorge me hab¨ªa cautivado, peroo hab¨ªa sufrido una decepci¨®n amorosa antes, no iba aenzar algo f¨¢cilmente. Si decid¨ªa empezar, quer¨ªa tener el control. Cuando llegu¨¦ a Todos Santos era ya medianoche, no fui al patio donde nac¨ª, tem¨ªa que anciana insistiera en que me quedara, as¨ª que me fui a dormir a un hotel. Al d¨ªa siguiente, as diez de ma?ana, llegu¨¦ a Pescadero y pronto encontr¨¦ casa de Jorge. Estando fuera del patio, incluso antes de entrar, ya me arrepent¨ª. Estaba arrepentida de haber llegado tarde. Ese peque?o patio era el jardin de mis sue?os, con ¨¢rboles, flores, incluso un enrejado de uvas y un columpio,s casas dedrillos y tejas, con un corredor decorado con farolillos que se mov¨ªan suavemente con el viento. En ese momento pens¨¦ que ese patio podr¨ªa ser de una serie de televisi¨®n de fantas¨ªa, especialmente con el r¨ªo justo enfrente y gentevando ropa en el puente de piedra. Si no lo hubiera visto con mis propios ojos, no habr¨ªa imaginado que tales escenas de ensue?o existieran en vida real. Realmente era hermoso. EI Centímetro 212 Cap¨ªtulo 212 Estaba distraida cuando de repente escuch¨¦ a alguien preguntarme: ¡°Se?orita, ?a qui¨¦n buscas?¡± Al girar, vi a una chica vestida con un vestido nco, su cabello negro te?ido trenzado ca¨ªa sobre su pecho, y sus ojos eran especialmente brintes,o si hubiesen sidovados por el paisaje. ¡°?Eres Olivera, verdad?¡± Le pregunt¨¦. La sorpresa se reflej¨® en los ojos de chica: ¡°S¨ª, ?se?orita, vienes a buscar¡­ a mi hermano?¡± Al escuchar eso, estabapletamente segura de que era hermana de Jorge, a decir verdad, no se parec¨ªan en nada, pero ambos eran indiscutiblemente atractivos. Jorge ten¨ªa ese tipo de belleza ruda masculina, mientras que su hermana ten¨ªa belleza suave yvada por el paisaje. ¡°Si, soy amiga de Jorge.¡± Dije sonriendo mientras le extend¨ªa mano. La hermana de Jorge se sorprendi¨® por un momento, y luego extendi¨® ambas manos para estrechar m¨ªa present¨¢ndose: ¡°Encantada, soy Lilia Olivera.¡± Mirando su expresi¨®n de sorpresa y nerviosismo, sonre¨ª: ¡°Igualmente, yo soy Cam, Cam G¨¢mez, ?puedo entrar?¡± Lilia reion¨® de inmediato, solt¨® mi mano r¨¢pidamente e invit¨¢ndome a pasar, murmur¨®: ¡°Es que mi hermano, ni siquiera me avis¨®, no he tenido tiempo de arrer todo bien.¡± ¡°Tu hermano no lo sabe, vine sin decirle.¡± Mientario sorprendi¨® a Lilia una vez m¨¢s. Le gui?¨¦ el ojo: ¡°No le digas.¡± Lilia se qued¨® r¨ªgida por un momento y luego asinti¨® repetidamente, mientras yo ya estaba admirando el patio con avaricia, cada vez me gustaba m¨¢s. ¡°Se?orita G¨¢mez, si¨¦nteteo en casa, voy a prepararte un jugo de frutas.¡± Lilia era muy hospitria. Pensando en su salud, no quise molesta: ¡°No te preocupes, no tengo sed.¡± E sonri¨® dulcemente, pero aun as¨ª entr¨® a casa y volvi¨® poco despu¨¦s con una juguera y frutas. 17-007 La juguera que usaba era de un modelo nuevo de ese a?o, sonre¨ª: ¡°?Tu hermano tepr¨®?¡± ¡°Si, mi hermano me cuida mucho, desear¨ªa poder darme lo mejor del mundo.¡± Lilia haba con orgullo. Cuando se sent¨® a preparar el jugo, mir¨® el patio diciendo: ¡°E¨Cte patio tambi¨¦n lo construy¨® mi hermano especialmente para m¨ª, dijo que estas condiciones son buenas para mi salud.¡± Me sorprendi, despu¨¦s de todo, construir un patio as¨ª requer¨ªa esfuerzo y dedicaci¨®n. Jorge verdaderamente amaba a su hermana para poner tanto coraz¨®n en eso. ¡°Se?orita, el agua para el jugo tambi¨¦n recolect¨¦ yo misma, despu¨¦s de recoge guardo en el refrigerador: ¡± Me dijo Lilia y me mostr¨® una bote de vidrio, toqu¨¦, estaba hda. Realmente viv¨ªao un hada. Tambi¨¦n sab¨ªa lo dif¨ªcil que era para e recoger esa bote de agua de manantial, y aun as¨ª estaba dispuesta a usa para agasajarme, lo que demostraba cu¨¢nto le agradaba. Pero e tambi¨¦n me ca¨ªa bien, desde el primer momento que vi. La afinidad entre personas era importante, y Lilia captur¨® mi atenci¨®n. ¡°Se?orita, eres muy be.¡± Lilia era el epitome de belleza interior y dulzura. ¡°Tu eres m¨¢s be,o un hada viviendo en un Ed¨¦n.¡± Le devolv¨ª el cumplido sinceramente. Lilia sonri¨®, con timidez de una joven, y luego sus ojos oscuros parpadearon al preguntarme: ¡°Se?orita, ?eres novia de mi hermano?¡± Vi ramente esperanza en sus ojos, si dijera que no, definitivamente se decepcionar¨ªa. Estaba a punto de responder cuando e dijo: ¡°Eres primera amiga mujer de mi hermano, seguro tambi¨¦n eres su novia, si no, ¨¦l no te hubiera dicho que estoy aqu¨ª.¡± Las pbras de Lilia me dejaron at¨®nita, ?Jorge ya hab¨ªa previsto mi llegada? Al parecer sin querer ca¨ª en su trampa. Sin embargo esa trampa, no me molestaba en lo m¨¢s m¨ªnimo, de hecho, me agradaba. Me alegraba haber conocido a Lilia, me alegraba tener suerte de ver ese para¨ªso terrenal. ¡°Entonces, ser¨¢s mi cu?ada, ?verdad?¡± Pregunt¨® Lilia con una sonrisa. ¡°S¨ª, ?y est¨¢s contenta conmigoo tu cu?ada?¡± Le respond¨ª sin ninguna verg¨¹enza a Lilia, esperando ansiosamente su rei¨®n EI Centímetro 213 Cap¨ªtulo 213 ¡°?ro que si, cu?ada! Gracias por querer a mi hermano y por aceptarlo.¡± Con esas pbras, Lilia levant¨® un vaso de jugo con mucho respeto hacia m¨ª, con los ojos llenos de l¨¢grimas. En ese instante, mis ojos tambi¨¦n se llenaron de un s¨²bito ardor, pero sonre¨ª y le dije: ¡°Mira lo que dices,o si tu hermano no tuviera quien lo quiera.¡± Lilia frunci¨® el ce?o, tom¨¦ el jugo de sus manos y le di un sorbo. El sabor puro y ro del jugo realmente me llen¨® boca, era primera vez que degustaba un sabor tan dulce y puro. Definitivamente era agua de manantial, agua celestial, fuera de lo¨²n. *Cu?ada, por m¨ª mi hermano ni siquiera busca novia, teme que mujer con que se case no me quiera, que me desprecie¡­¡± Lilia no termin¨® de decir lo que pensaba cuando de repente se detuvo. Entend¨ª por qu¨¦ se call¨® de repente. Tem¨ªa que Jorge no me hubiera contado sobre su enfermedad, tem¨ªa que al saber que estaba enferma, yo despreciara a Jorge. No pude evitar tomar otro sorbo de jugo antes de preguntar: ¡°?Despreciarte por estar enferma? ?Acaso me veso alguien tan superficial?¡± Con esa frase, hice sonre¨ªr a Lilia, tambi¨¦n tranquilic¨¦. Pero e me pregunt¨® de nuevo: ¡°Cu?ada, ?mi hermano te cont¨® sobre mi situaci¨®n?¡± ¡°Por supuesto, si no, ?por qu¨¦ iba a venir desde tan lejos? Vine especialmente para verte y luego¡­¡± Mir¨¦ a mi alrededor y negu¨¦ con cabeza sonriendo. Los hermosos ojos de Lilia me miraban, muy curiosos: ¡°?Y luego qu¨¦?¡± Pod¨ªa sentir que esta jovencita era muy sensible, especialmente en lo que respecta a su hermano, as¨ª que dije lo que hab¨ªa guardado: ¡°Luego llevarte conmigo, pero viendo tu vida aqu¨ª,o en un para¨ªso terrenal, siento que no tengo derecho a llevarte.¡± Aunque tambi¨¦n ten¨ªa un lugar donde e podr¨ªa vivir, protegida del viento y del sol, pero ?qu¨¦ se de casa ser¨ªa esa, que parece m¨¢s una ja,parada con libertad de ese lugar? En aquel entonces entendi por qu¨¦ Jorge dej¨® aqu¨ª s y no se llev¨®. All¨ª hab¨ªa monta?as y agua, lo m¨¢s reconfortante para el coraz¨®n, lo mejor para el alma ¡°Si quieres llevarme, yo me voy.¡± Lilia acept¨® sin dudarlo. Me qued¨¦ sorprendida por un momento: ¡°?De verdad dejar¨ªas este lugar?¡± E no dijo nada, simplemente tom¨® su vaso de jugo y tom¨® un par de sorbos. Viendo suportamiento, supe que estaba indecisa, no quer¨ªa dejar esa libertad, pero parecia querer irse. Probablemente todass personas fueran as¨ª, se tiene lo que se necesita pero se quiere m¨¢s. No por avaricia, sino por naturaleza humana, el deseo de explorar. El cuerpo de Lilia obligaba a no poder ir a donde quisieraos dem¨¢s chicas, tal vez vida celestial que yo envidiaba era prisi¨®n que e cre¨ªa tener. Lilia meent¨®: ¡°Cu?ada, quiero tratarme, quiero mejorar, no quiero que mi hermano se preocupe m¨¢s por mi.¡± Ya que e abord¨® el tema de su enfermedad, tambi¨¦n pude seguir hando: ¡°?Tu hermano no te ha llevado a los m¨¦dicos?¡± Cuando hice esa pregunta, pens¨¦ en el acuerdo que ten¨ªa con Jorge, yo pagar¨ªa el tratamiento de su hermana y ¨¦l me pagar¨ªa con su cuerpo. ¡°Lo hemos hecho, pero dicen que necesito un trasnte de coraz¨®n.¡± Lilia mordi¨® subio antes de seguir: ¡°Pero cirug¨ªa es muy riesgosa, y adem¨¢s mi tipo de sangre es muy especial, mi hermano¡­ tiene miedo de arriesgarse.¡± Mi mano que sosten¨ªa un vaso de jugo temba ligeramente, no pod¨ªa creer que Jorge no quisiera operar a Lilia por miedo a un idente. ?Deb¨ªa tener mucho miedo de perde! De lo contrario, ?c¨®mo podr¨ªa no arriesgarse a intentarlo? Aunque sin cirug¨ªa, Lilia podr¨ªa estar en peligro en cualquier momento, pero mientras no se altere o se emocione demasiado, seguir¨ªa viva. Pero si se realizaba cirug¨ªa, aunque hab¨ªa esperanzas de ¨¦xito, si algo salia mal, perder¨ªa a su hermana para siempre. Mi coraz¨®n doli¨®o si algo lo mordiera. ¡°Tu hermano teme que te pase algo.¡± Expres¨¦ lo que Jorge pensaba. Lilia asinti¨®: ¡°Lo s¨¦, pero quiero estar bien, no quiero que mi hermano se preocupe por mi todos los dias.¡± EI Centímetro 214 Capitulo 214 Al terminar, Lilia me mir¨® con unos ojos brintes: ¡°Cu?ada, ?tienes alguna moluci¨®n?¡± ro que habia una soluci¨®n, pero si ni siquiera Jorge se atr a arriesgarse, ?deberia yo hacerlo? Si todo salia bien, perfecto, pero si faba, no solo Jorge nunca me lo perdonaria, lo peor ser¨ªa hacerlo sufrir enormemente. ¡°Entonces, cu?ada tambi¨¦n est¨¢ sin opciones, ?verdad?¡± Lilia tom¨® mi silencioo una falta de esperanza. Bajo mirada, su rostro mostraba una tristeza indescriptible: ¡°Mi hermano ni siquiera lo intenta, porque el riesgo es demasiado grande. S¨¦ que en mi situaci¨®n actual nadie tiene certeza. Despu¨¦s de decir eso, suspir¨® y luego me mir¨® de nuevo, pero esa vez con una sonrisa limpia. No era que cambiara de humor r¨¢pidamente, probablemente no queria que su estado de ¨¢nimo me afectara, ¡°Cu?ada, no te preocupes, ahora mismo soy muy feliz, vivir¨¦ tantoo pueda. Qui¨¦n sabe, tal vez as¨ª pueda vivir hasta los cien a?os.¡± E no deber¨ªa haber dicho eso, cuanto m¨¢s haba, m¨¢s pesado se sentia mi coraz¨®n, m¨¢s doloroso era. ?C¨®mo podr¨ªa permitir que una joven tan maravillosa perdiera esperanza? La consol¨¦: ¡°Tengo una amiga doctora que estudi¨® en el extranjero y ahora es ginec¨®loga, pero tiene muchospa?eros que son maestros en medicina, incluidos especialistas en cardiolog¨ªa.¡± ¡°?En serio?¡± De repente, los ojos de Lilia se iluminaron. Esa era luz de esperanza. ¡°Por supuesto, vine aqui precisamente para ver tu situaci¨®n y entende un poco mejor.¡± Le asegur¨¦. La estaba consndo, pero tambi¨¦n estaba pensando en ayuda a operarse. Aunque sabia que hab¨ªa riesgos, el deseo de Lilia por una vida saludable era demasiado grande. Vivir, para e, no era el objetivo; e quer¨ªa vivir una vida de alta calidad y salud. Aunque ya parec¨ªa vivir en un para¨ªso terrenal, vida que muchos so?ar¨ªan tener, ?c¨®mo no anhria e el mundo fuera de ese refugio? E tambi¨¦n querr¨ªa escr monta?as, surfear, montar en bicicleta por vasto espacios y celebrar con persona que amara Para hacer todo eso, ten¨ªa qu podria no tener posibilidad de casarse, enamorarse o tener hijos en el futuro. Aparentemente libre, pero en m¨¢xima soledad. ?Por qu¨¦ m¨¢s recogeria agua del manantial? No estaba recogiendo agua del manantial, sino tratando de pasar el tiempo en su soledad, junto con los arrepentimientos que no podia expresar ¡°?De verdad? Gracias, cu?ada Dijo de inmediato, levantando su vaso de jugo en agradecimiento. ¡°De verdad Le asegur¨¦. Mis pbras parec¨ªan haber iluminado vida de Lilia con un rayo de luz dorada, haciend increiblemente feliz. Despu¨¦s de terminar el jugo en el jardin, me llev¨® adentro y me mostr¨® habitaci¨®n de Jorge sugiriendo: ¡°Cu?ada, te quedar¨¢s en habitaci¨®n de mi hermano, mira qu¨¦ limpia dej¨¦.¡± En efecto, estaba muy limpia, y al abrir ventana se ve¨ªans flores, el paisaje. Dej¨¦ mi equipaje y luego examin¨¦ decoraci¨®n de casa. Habia algunas fotos colgadas en pared. En mi casa habia fotos porque eran de mis padres, no esperaba encontras tambi¨¦n alli. Me acerqu¨¦ curiosa a ves. ¡°Mi hermano dice que son fotos de mis padres cuando eran j¨®venes, pero yo no recuerdo.¡± Lilia me explicaba. Estas fotos, por su antig¨¹edad y estilo de fotograf¨ªa, eran id¨¦nticas as que colgaban en pared de mi casa. En esa ¨¦poca, madre de Jorge sostenia a un beb¨¦ en sus brazos, y el padre de Jorge abrazaba a otro ni?o m¨¢s grande; ramente el mayor era Jorge y el menor era Lilia. ¡°Mi hermano me dijo que mi pap¨¢ se fue poco despu¨¦s de tomar esta foto.¡± Las pbras de Lilia me dejaron un sabor amargo. No quer¨ªa que eso afectara mi ¨¢nimo, as¨ª que mir¨¦ otra foto. En e, un muchacho cargaba a una chica, pero solo se ve¨ªan sus espaldas. ¡°?Ese es tu hermano carg¨¢ndote? Pregunt¨¦ a Lilia. Lilia sonri¨®: ¡°Para nada, ¨¦l est¨¢ cargando a su¡­¡± De repente se detuvo, ramente se dio cuenta de que hab¨ªa dicho algo que no deb¨ªa. Pero yo no era EI Centímetro 215 Cap¨ªtulo 215 En cuanto dije eso, Lilia se asust¨® tanto que su cara cambi¨® de color y se apresur¨® a negar con cabeza, dec¨ªa agarr¨¢ndome p¨²n m¨¢s fuerte ¡°Cu?ada, por favor no malentiendas, no es eso, mi hermano nunca ha querido a otra chica, t¨² eres primera.¡± Viendo c¨®mo se asustaba, y susbios que se ponian pulidos, supe que no pod¨ªa asusta. E tenia un coraz¨®n d¨¦bil, no pod¨ªa soportar sustos. Levant¨¦ mi mano y le toqu¨¦ punta de nariz: ¡°Mira c¨®mo te pones de nerviosa, lo s¨¦, tu hermano me dijo que nunca ha tenido novia. Lilia asinti¨®, y agreg¨®: ¡°Tampoco le ha gustado ninguna otra chica. Esa muchachita realmente era inocente, ten¨ªa ni un gramo de impureza. Si alg¨²n dia e se enamoraba de un chico, probablemente no toleraria ni m¨ªnima impureza en ¨¦l. Pero, ?qu¨¦ tanto de esa inocencia quedaba en sociedad? De repente me preocup¨¦, ?qu¨¦ pasar¨ªa si sestimaba en el amor? Aunque me estaba preocupando demasiado, e me hizo sentir muy cercana desde el primer encuentro,o si fuera mi propia hermanal ¡°S¨¦ que tu hermano es tan puroo una hoja en nco, lo voy a valorar mucho.¡± La console. Lilia volvi¨® a sonre¨ªr. Respir¨¦ aliviada y segui mirando foto, aunque le dije a Lilia que no me importaba, pero aun as¨ª volv¨ª a mirar foto de Jorge cargando a chica. Definitivamente esa chica no era Lilia, si lo fuera, no tendr¨ªa necesidad de estar tan nerviosa explic¨¢ndolo. ?Qui¨¦n ser¨ªa esa chica afortunada que Jorge estaba cargando? ?Una vecina? ?O una pariente? Esa ni?a tambi¨¦n deb¨ªa haber. crecido, ?se producir¨¢ un encuentro dramaticoo ens telenovs y vendr¨ªa a buscar a Jorge alg¨²n dia? Me di cuenta de que tenia una imaginaci¨®n muy f¨¦rtil, tan f¨¦rtil que hasta mi misma me pareci¨® aburrida. Luego mir¨¦ foto familiar de Jorge, y mi mirada se fij¨® en cara de su padre, sintiendo que me resultaba familiar,o si lo hubiera visto en alg¨²n lugar. ¡°?El es el se?or Olivera?¡± Pregunt¨¦ casualmente. ¡°Si, ¨¦l es mi pap¨¢, pero no es un Olivera, su apellido es Guerrero.¡± La respuesta de Lilia me dej¨® at¨®nita y me hizo estremecer, porque el apellido del antiguo chofer de mi pap¨¢ era Guerrero, lo recordaba muy ro. ?C¨®mo pod¨ªa ser tal coincidencia? Pensando en lo que Jorge hab¨ªa dicho antes, y en c¨®mo los identes de auto de mi pap¨¢ y el del padre de Jorge estaban rcionados con Mauricio, me estremeci de repente ?Podr¨ªa ser que el pap¨¢ de Jorge era el chofer de mi padre? ¡°Cu?ada, ?qu¨¦ te pasa? ?Por qu¨¦ te quedas sin har? Lilia me m¨® Volvi en mi, mir¨¢nd con una cara no muy buena, pero pensando que e todavia estaba abrazando a su pap¨¢ que acababa de fallecer, asi que probablemente no sabia algunas cosas. ¡°Cu?ada, ?te sientes mal?¡± Lilia era muy atenta y not¨® que algo no iba bien. Trate de calmar mi coraz¨®n: ¡°Es que, si t¨² y tu hermano son Olivera, ?por qu¨¦ tu pap¨¢ es Guerrero?¡± Lilia sonri¨®: ¡°Porque mi pap¨¢ se cas¨® con mi mam¨¢, o sea, mi pap¨¢ fue quien entr¨® a familia de mi mam¨¢, as¨ª que los hijos, nosotros, llevamos el apellido de mi mam¨¢. Mi mam¨¢ es Olivera, se ma Azucena Olivera.¡± Asi que era as¨ª. Si no hubiera ido all¨ª, nunca habr¨ªa sabido de eso, y nunca habr¨ªa pensado que el se?or Guerrero, que sol¨ªa conducir para nuestra familia, era en realidad el padre de Jorge. ?Y Jorge? ?Ya sabia rci¨®n entre su pap¨¢ y el mio? Entonces, ?su cuidado hacia m¨ª tambi¨¦n se deb¨ªa a rci¨®n des generaciones pasadas? No deb¨ªa especr sobre esas cosas, pero no pod¨ªa evitarlo. ¡°Cu?ada, mi hermano me dijo que mis padres se amaban mucho. Poco despu¨¦s de que mi pap¨¢ tuviera el idente, mi mam¨¢ se cay¨® al r¨ªo mientras trabajaba, extra?¨¢ndolo demasiado¡­¡± Lilia mir¨® hacia el gran r¨ªo fuera de ventana. Mi coraz¨®n se salt¨® untido, as¨ª que ese hermoso rio tambi¨¦n tenia una historia tan tr¨¢gica. Jorge construy¨® casa all¨ª, pensando en su madre, tambi¨¦n para que madre que tanto los amaba pudiera verlos en cualquier momento. *Fui criada por mi hermano. Las pbras de Lilia me hicieron entender por qu¨¦ Jorge ten¨ªa miedo de opera. EI Centímetro 216 Cap¨ªtulo 216 Lilia era su hermana, pero tambi¨¦n se podria decir que fueo una hija para ¨¦l. Ese profundo cari?o era lo que hacia que Jorge, siendo tan fuerteo el hierro, seportara con tanto cuidado y precauci¨®n. Lilia me cont¨® muchas an¨¦cdotas sobre e y Jorge, tambi¨¦n me habl¨® de ese peque?o patio que Jorge construy¨® con sus propias manos,drillo pordrillo Incluso mencion¨® que cuando Jorge estaba, solia pescar y preparar pescado asado para e, dicindo que cocinabal delicioso, todo para alimenta y cuida A trav¨¦s des historias que Liliapartia conmigo, llegu¨¦ a entender mejor a Jorge, y eso me causabapasi¨®n. Result¨® que toda su peculiar manera de ser hab¨ªa sido moldeada por responsabilidad y soledad. Mientras Lilia haba, se qued¨® dormida y de repente tuve muchas ganas de mar a Jorge, quer¨ªa decirle que en adnte yo cuidaria de ¨¦l, en vez de dejar que ¨¦l siempre cuidara de los dem¨¢s. Pero ese impulso fue ef¨ªmero, y no lo hice. Algunas cosas que no eran necesarias decis, se demuestran con iones. No m¨¦ a Jorge, pero si a Virginia. ¡°?D¨®nde te metiste?¡± Virginia me pregunt¨® con voz cansada. Not¨¦ algo raro en su tono: ¡°?Qu¨¦ pasa? ?Acabas de salir de cirug¨ªa, est¨¢s cansada?¡± ¡°Estoy enferma. Las dos pbras de Virginia me tomaron por sorpresa. Pero pens¨¢ndolo bien, con todo el tiempo extra que trabajaba, parecia l¨®gico. Las personas no son m¨¢quinas, incluso los m¨¦dicos se enferman. ¡°?Qu¨¦ pas¨®? ?Tomaste medicina?¡± Le pregunt¨¦ preocupada. ¡°Ya tom¨¦, no es nada grave, solo es agotamiento.¡± Virginia luego me pregunt¨®: ¡°T¨² todav¨ªa no dices a d¨®nde fuiste. ?No te habr¨¢s llevado otro golpe, verdad?¡± Me re¨ª: ¡°?Acaso me veso alguien que huye cuandos cosas se ponen dif¨ªciles?¡± ¡°No.¡± Virginia me conoc¨ªa bien. ¡°Virgi, necesito pedirte un favor. Le cont¨¦ lo de Lilia, pero Virginia tard¨® en responder. Pens¨¦ que le resultaba dificil: ¡°?Qu¨¦ pasa? ?No tienes amigos que puedan ayudar?¡± Si¡± Tando en responderme con esa s pbra ¡°Y seg¨²n lo que me cuentas. deber¨ªa ser posible¡± ¡°Entonces te agradezco mucho, Virgi. No me di cuenta de algo inusual en su voz. ¡°Pero no quiero contactar a esa persona. La respuesta de Virginia me sorprendi¨®. Me qued¨¦ pensando por un momento: ?Qu¨¦, tienes alg¨²n problema con esa persona? ?O es algo personal?¡± Virginia se rio por lo que dije: ¡°No, no es eso.¡± ¡°?Entonces qu¨¦? ?Es algo sentimental?¡± Cuando dije eso, de repente record¨¦ que Virginia habia estado enamorada en secreto de unpa?ero de estudios durante su juventud Ese amor no correspondido marc¨® toda su adolescencia. Pero nunca se lo confes¨®, ni dej¨® que ¨¦l lo supiera. La raz¨®n, seg¨²n Virginia, era: ¡°¨¦l ten¨ªa a alguien que le correspondia.¡± Virginia sabia amar, pero siempre con limites. ¡°?Esepa?ero tuyo se cas¨® ya?¡± Pregunt¨¦ nuevamente. Virginia guard¨® silencio por unos segundos: ¡°No s¨¦, despu¨¦s de graduarnos nuncal volvi a saber de ¨¦l, solo he visto sus publicaciones, ya es un experto de nivel mundial en cardiolog¨ªa.¡± Al escucha decir eso, sent¨ª m¨¢s esperanza para el coraz¨®n de Lilia, asi que le dije: ¡°Virgi, solo preg¨²ntale, salvar a una persona es m¨¢s valioso que construir siete. niveles de pagoda.¡± Fue primera vez que presion¨¦, que puse en una situaci¨®n dif¨ªcil. En realidad, ten¨ªa un motivo ego¨ªsta, pensaba que tal vez esepa?ero no estaba con su supuesta pareja y que, gracias a lo de Lilia, Virginia podr¨ªa tener una oportunidad con ¨¦l. Virginia suspir¨®: ¡°Cam, siempre poniendo el amor por encima de amistad.¡± Al escucha decir eso, supe que hab¨ªa aceptado. 1 its pets EI Centímetro 217 Capitulo 217 de cos para querer que me quedara alli para siempre. koto minis to this dos dias de vacaciones, pero paa estar con e, le pedi a Victor otros de dine libres me Pern,o dec¨ªa el dicho todass festas tienen su fin, y ten¨ªa que partir E me prepar¨® jugos con el agua del manantial yida cha con miel y p¨¦talos de flores,o queriendo darme lo mejor de su mundo. Sab¨ªa que me queria mucho, y ese cari?o me generaba una responsabilidad indescriptible. ¡°Cu?ada, cuando tengas tiempo, ven a visitarme. Lilia dijo sin mirarme directamente. Tenia l¨¢grimas en los ojos, no queria ques viera. Era t¨ªpica chica fr¨¢gil pero con un coraz¨®n fuerte. ¡°ro¡± Yo tampoco quise decir mucho m¨¢s. Porque sent¨ªa un nudo en garganta, y temia que mis l¨¢grimas cayeran primero. Despedirse es m¨¢s suave de heridas, pero que m¨¢s duele. ¡°Ya le pedi a un amigo que te contacte con un doctor, cuando est¨¦ todo listo, vendr¨¦ con tu hermano a buscarte.¡± Le dije mientras abrazaba, ofreci¨¦ndole una nueva esperanza ¡°Est¨¢ bien, te estar¨¦ esperando, cu?ada.¡± Esa fue mejor motivaci¨®n que Lilia pudo darme Asi que, en el camino de regreso, le envi¨¦ un mensaje a Virginia, e queria que yo fuera directo a ve despu¨¦s de aterrizar. Habia vuelto tambi¨¦n en autob¨²s. Dormi durante todo el viaje, so?ando con los dias que pase con Lilia. Recogiendo flores,vando ropa en el r¨ªo, y chando en cama. Me despert¨® una se?ora mayor bondadosa cuando llegamos a San Jos¨¦ del Cabo, ya era de tarde. Tom¨¦ un taxi, pero no fui a casa, sino a recoger mi auto al taller. Estaba en camino cuando sono mi celr, era Sergio mando. Desde que ¨¦l y Zo¨¦ hicieron p¨²blica su rci¨®n, dej¨® de molestarme, asi que si me buscaba era por algo importante. Contest¨¦ mada, y antes de que pudiera decir algo, Sergio pregunt¨®?Es cierto que mi pap¨¢ se volvi¨®pletamente nco en canas de un d¨ªa para otro?¡± Me sorprendi¨® pregunta, eso hab¨ªa pasado hac¨ªa d¨ªas, ?c¨®mo era que apenas se enteraba? Y el hecho de que me preguntara, significaba que no hab¨ªa visto a Ricardo. No sabia c¨®mo responder sin mostrar mi enfade Og me to digs vers has fulte que te anders he has wesen El buen Numar que fabia recupera une le fres mans? Es tu padio, no al mio. ser ut en hij? Le respondi con Sergio quando silencio, y justo cuando a colgar, dijo ¡°Ahora mis padres no me dejan entrar e con en merecido Esas pbras resonaron en mi mente. Cami, ahora estoypletamente solo. La voz de Sergio sonaba muy triste Pero no sentipasi¨®n, solo sarcasmo esta vez a quien vas a culpar?¡± El tambi¨¦n se no, pero de si mismo ¡®A nadie, porque si, me lo merezco. Al menos tenia algo de conciencia ¡°Cami?mi papa est¨¢ realmente decepcionado de mi? Pregunt¨® una tonter¨ªa Ricardo se habia vuelto nco de noche a ma?ana por ¨¦l, ?c¨®mo no iba a estar decepcionado? Era m¨¢s que decepci¨®n, era dolor, impotencia, furia, una tristeza que solo el podia entender. Aunque Sergio decia que sus padres to tratatian igual que a Manuel,o observadora, siempre supe que le ten¨ªan un poco mas de cari?o a Sergio Pero el habia logrado decepcionarios porpleto. ¡°Cami, ?puedo pedirte un favor? Sergio rara vez mostraba esa faceta tan humilde EI Centímetro 218 Cap¨ªtulo 218 No sabia que favor queria pedirme, me qued¨¦ cada sin responder, pero ¨¦l sigui¨® hando: ¡°Mis padres, especialmente mi mam¨¢, simplemente no pueden aceptar a Zoe, ?podr¨ªas har bien de e dnte de mi mam¨¢?¡± Eso si que era dar donde m¨¢s duele! Pens¨¦ que Sergio lo hac¨ªa a prop¨®sito. Pedirme que hara bien de Zo¨¦, si ten¨ªa cabeza en su lugar, entonces me ve¨ªao un nco f¨¢cil. ¡°Presidente V¨¢squez, si realmente quieres que hable por ti, definitivamente no dir¨¦ nada bueno.¡± Tampoco me hice santa. ¡°No soy un ¨¢ngel, no tengo tanto coraz¨®n, adem¨¢s, Zo¨¦ y yo no tenemos ning¨²n vinculo, ?por qu¨¦ deber¨ªa har bien de e? ?Est¨¢s enfermo o c¨®mo?¡± Le respondi con firmeza. Al siguiente segundo, Sergio me pregunto: ?Esto es por celos?¡± Solte una risa: ¡°Ah, ?as¨ª que quer¨ªas ver si estaba celosa? Entonces, presidente V¨¢squez, te vas a decepcionar, no solo no estoy celosa, sino que adem¨¢s me siento aliviada, aliviada de haber visto tu verdadera cara a tiempo.¡± Sergio suspir¨® desde el otrodo: ¡°Cami, lo que le di a Zo¨¦ es solo un t¨ªtulo, es algo que le debo, entre e y yo realmente no hay¡­¡± Frunci el ce?o y lo interrumpi con voz fr¨ªa: ¡°Eso es entre t¨² y e, no tienes por qu¨¦ dec¨ªrmelo a mi.¡± ¡°Pero aparte de ti, no s¨¦ con qui¨¦n m¨¢s har.¡± La voz de Sergio sonaba muy apagada. Siempre hab¨ªa sido alguien orgulloso, rara vez lo ve¨ªa as¨ª. Pero en ese momento, lo que le pasara ya no era asunto m¨ªo, todos ¨¦ramos adultos y cada quien deb¨ªa asumirs consecuencias de sus actos. ¡°Lo siento, estoy muy ocupada.¡± Dije, y despu¨¦s de colgu¨¦ el tel¨¦fono. una bo El auto sigui¨® adnte, hasta el taller mec¨¢nico, recogi el auto y fui a buscar a Virginia. Jorge no me hab¨ªa contactado esos d¨ªas, yo sab¨ªa que ¨¦l estaba al tanto de que yo hab¨ªa estado pa?ando a su hermana. Mire me hab¨ªa enviado mensajes, diciendo que casi hab¨ªan terminado de ajustars luces y que Jorge hab¨ªa estado toda noche haciendo pruebas de iluminaci¨®n. Al parecer estaba recuperando el tiempo libre que hab¨ªa tenido antes. Virginia estaba realmente enferma esa vez con un fuerte resfriado durante varios. dias, y por eso hab¨ªa tomado una rara yrga licencia en casa. *Tengo un virus, ten cuidado de no contagiarte Me advirti¨® apenas nos vimos. Inmediatamente le di un fuerte abrazo sin miedo: ¡°Bienvenido el contagio.¡± E me golpe¨® ligeramente: ¡°No pienses que no s¨¦ por qu¨¦ no tienes miedo, a¨²n no te has casado y ya est¨¢s tan preocupada por tu futura cuida, eres primera.¡± Cuando mencion¨® a Lilia, no me hice tonta: ¡°?C¨®mo va todo, hay alg¨²n avance?¡± Virginia no dijo nada, as¨ª que gir¨¦ cabeza para mira: ¡°?Todav¨ªa no has reunido. el valor? Amiga, esto es una cuesti¨®n de vida o muerte.¡± ¡°?Crees que soy tan cobarde?¡± Me contra pregunt¨®. Mis ojos se iluminaron de inmediato: ¡°Te has puesto en contacto, ?qu¨¦ dijo?¡± Virginia volvi¨® a quedarse cada, yo ya me estaba impacientando, agarr¨¦ del brazo y sacudi: ¡°Vamos, di, ?si o no?¡± ¡°El, dijo, que en unos d¨ªas, cuando vuelva, me contactar¨¢.¡± Virginia habl¨® muy despacio. Senti que hab¨ªa m¨¢s: ¡°No es solo eso, ?verdad? ?Hay algo m¨¢s?¡± Virginia neg¨® con cabeza: ¡°No, eso es todo.¡± ¡°?Eso es todo?¡± No lo cre¨ªa. Virginia me solt¨® de su agarre: ¡°En serio, eso es todo, regresa el martes que viene, entonces te llevar¨¦ conmigo para que lo conozcas, ser¨ªa bueno que llevaras el historial m¨¦dico de esa chica.¡± ¡°?Tambi¨¦n voy a ir?¡± Me sorprendi. Virginia: ¡°?Qu¨¦ m¨¢s? ?Voy s?¡± Asenti: ¡°Mejor ve t¨² s, no quiero estar de chaperona.¡± Virginia no dijo nada por un momento, luego a?adi¨®: ¡°La persona que va con ¨¦l tambi¨¦n es parte de su equipo.¡± Me qued¨¦ hda. Virginia sonri¨® amargamente: ¡°As¨ª que Cami, est¨¢s pensando demasiado, lo nuestro estaba destinado a no ser.¡± EI Centímetro 219 Cap¨ªtulo 219 Virginia siempre fue m¨¢s lucida, pero tambi¨¦n algo avestruz, hab¨ªa cosas sobres que sacaba conclusiones sin siquiera intentas. En ese sentido, yo era diferente, pero cada quien con su personalidad, cada quien con sus pensamientos Me qued¨¦ a dormir en casa de Virginia solo una noche antes de volver, y no vi a Jorge. La se?ora de abajo me pregunto si habia ido de viaje con mi novio, hacia d¨ªas que no nos ve¨ªa, y fue entonces cuando supe que Jorge tampo hab¨ªa regresado. Aunque Mire dec¨ªa que estaba ocupado, yo sabia perfectamente que Jorge se quedaba aqu¨ª por mi. Si yo estaba alli, podia volver todos los d¨ªas. Si no, ni se molestaba en aparecer. Pero si ¨¦l no ven¨ªa, yo podia ir a verlo, Cuando llegu¨¦ al parque de diversiones, Miteo hacia mi y, sin decir pbra, me dio un abrazo seguido de dos buenos golpes en el hombro: ¡°Cam, no tienes coraz¨®n, tanto tiempo sin venit a verme?¡± Esos dos golpes realmente me dolieron,o si le debiera algo. ¡°?No vine acaso? Le dje, mientras miraba hacia donde estaba Jorge ¨¦l estaba colgado de un arn¨¦s, con casco de seguridad, revisando algo en lo alto, Pero en ese momento, ya me estaba mirando, as¨ª que le hice una se?al con mano Jorge presion¨® un bot¨®n a sudo yenz¨® a descender lentamente Sonriendo, le pregunt¨¦ a Mire Que? Jorge te ha vuelto a hacer alguna des suyas? ?Por que esa cara de tristeza? ¡°No, ahora es mucho m¨¢s humano que antes¡± Dijo Mire mirandome: ¡°Cami, t¨´ has cambiado, ?no? No ereso antes Me dej¨® pensando con suentario Que cambio? ?Me veo m¨¢s fea o m¨¢s morena?¡± Estos d¨ªas estuve con Lilia disfrutandopletamente de naturaleza, ya fuera tomando el sol, sondonos el viento jugando en el rio ¡°No, es solo que te veo m¨¢s libre Dijo Mir sonriendo, luego agreg¨®: ¡°M¨¢s hermosa y m¨¢s atractiva Justo cuando termino de har. Jorge ya habia bajado Camino hacia nosotros, y lo primero que vi fueron susrgas piernas. Y ese atuendo lo hacia ver increiblemente masculino. Por un momento, tuve el impulso de correr hacia el y darle un abrazo y un beso ¡°Jorge.¡± El saludo formal de Mire detuvo mis pensamientos imprudentes. ¡°La zona D, grupos 3-6, tienen problemas cons luces, ve a revisar y m¨¢ndame un video des luces din¨¢micas de anoche.¡± Jorge le orden¨® directamente. Vi ramente c¨®mo Mire hizo una mueca, mir¨¢ndome con una mez de tristeza y reproche. En ese momento, quer¨ªa tener un momento a ss con Jorge, as¨ª que le hice una se?al a e. ¡°Cam, no te vayas,amos juntas al mediod¨ªa.¡± Mire parec¨ªa realmente querer estar conmigo, e insisti¨® en invitarme. E era entusiasta, pero le faltaba tacto. ?Acaso no pod¨ªa ver lo que pasaba entre Jorge y yo? Siempre hab¨ªa sido inteligente, ?qu¨¦ le pasaba? ¡°T¨² sigue, hamos luego.¡± Tambi¨¦n despedi con pbras. ¡°Cami, t¨² ha con Jorge. Yo voy a revisar eso.¡± Dijo Mire, y luego de asentir brevemente a Jorge, se fue mirando atr¨¢s a cada paso. Con Mire fuera de escena, ni Jorge ni yo dijimos nada. Nos quedamos as¨ª, mir¨¢ndonos, y sin que nadie m¨¢s lo dijera, yo podia sentir esa tensi¨®n en el aire. ¡°?Cansada?¡± Fue Jorge quien rompi¨® el silencio al final. ¡°No mucho.¡± Contest¨¦ justo cuando una r¨¢faga de viento levant¨® mi cabello hacia mi rostro. Al apartar mi cabello y volver a mirarlo, vi c¨®mo su mirada se profundizaba a¨²n m¨¢s, y not¨¦ c¨®mo tragaba saliva. Mi mirada se fij¨® en su cuello: ¡°?No tienes nada que decirme?¡± EI Centímetro 220 Cap¨ªtulo 220 ese viaje a su casa, sab¨ªa que Lilia definitivamente le hab¨ªa contado todo. ¡°Si te gusta ese lugar, despu¨¦s¡­¡± Se detuvo en medio de frase, sin continuar. Yo esboc¨¦ una sonrisa: ¡°?Despu¨¦s qu¨¦?¡± La garganta de Jorge hizo un movimiento: ¡°Despu¨¦s¡­ podrmos mudarnos all¨ª para retirarnos.¡± ¡°?Yo s?¡± Habl¨¦ sin pensar. ¡°Podr¨ªa pa?arte, si t¨² quieres.¡± ¨¦l siempre fue directo. Pero en ese momento, yo retroced¨ª, el futuro era incierto, y ni har de ¡®envejecer¡®, que parec¨ªa algo tan lejano. Cambi¨¦ de tema: ¡°He encontrado un especialista para Lilia, dame su historial m¨¦dico.¡± Dije. La noche anterior todav¨ªa estaba criticando a Virginia por ser una avestruz, pero ?acaso yo no lo era tambi¨¦n? Si, ten¨ªa algo de avestruz, pero ten¨ªa otros nes en mente, los cuales eran hacerle vida imposible a Jorge. Virginia hab¨ªa dicho antes que Sergio siempre me tratabao si no importara porque me hab¨ªa conseguido demasiado f¨¢cil. Todos tienen sudo masoquista, lo que se obtiene f¨¢cil nunca se valora. Como una fruta, si alguien te da, tirar¨ªas sin pensarlo si no quierese, no te doler¨ªa, pero sipras, incluso si al final no te gusta el sabor, te esforzar¨ªas por termina. Jorge guard¨® silencio, pens¨¦ en lo que Lilia hab¨ªa dicho, sab¨ªa que estaba preocupado. ¡°Primero dejar¨¦ que alguien revise sus datos, luego determinaremos el riesgo de cirug¨ªa, y entonces t¨² decides.¡± Todav¨ªa le dej¨¦ decisi¨®n a ¨¦l. ¡°Ya lo he hecho revisar, su riesgo quir¨²rgico es muy alto, mucho m¨¢s que una cirug¨ªa de coraz¨®n normal, porque su tipo de sangre es especial, y¡­¡± Jorge se detuvo: ¡°Tambi¨¦n tiene otros problemas de salud.¡± Me sorprendi¨®, Lilia solo mencion¨® que su tipo de sangre eraplicado, no dijo nada sobre otros malestares. ¡°?Qu¨¦ otros problemas?¡± Pregunt¨¦ directamente. Necesitaba saber para poder ayudar a los doctores a evaluar mejor su condici¨®n. Jorge dio unos pasos hacia eldo, apoy¨¢ndose en barandi, yo lo segu¨ª, mirando su grave expresi¨®n, mi coraz¨®n se apret¨®. Capitulo 220 ¡°Jorge¡­¡± Le m¨¦. La voz de Jorge era baja: ¡°Tiene un neurinoma. y es inoperable.¡± Aunque no entend¨ªa mucho de medicina, sab¨ªa que tener algo creciendo en el cerebro no era bueno. Mir¨¦ fria belleza de Jorge, mi boca se movi¨® sin sonido: ¡°?Cu¨¢ndo lo descubrieron? ?O es¡­¡± ¡°?Cong¨¦nito!¡± Me respondi¨® Jorge. La enfermedad del coraz¨®n era cong¨¦nita, y el tumor cerebral tambi¨¦n. As¨ª que el destino de Lilia estaba marcado desde su nacimiento. ¡°El doctor dijo que no vivir¨ªa m¨¢s de veinte a?os.¡± La voz de Jorge era tan baja que me costaba respirar. Entonces record¨¦ que en esos d¨ªas con Lilia, nunca le pregunt¨¦ su edad, mir¨¦ el perfil de Jorge. ¡°?Cu¨¢ntos a?os tiene ahora?¡± Le pregunt¨¦. ¡°?Diecinueve!¡± Contest¨® ¨¦l. Eso significaba que solo le quedaba un a?o. Qued¨¦ impactada, no pod¨ªa imaginarme que esa joven tan llena de vida y alegr¨ªa tuviera tan poco tiempo de vida. ¡°No puede ser, e parece m¨¢s saludable que cualquiera de nosotros, no creas ens tonter¨ªas de esos doctores.¡± No pod¨ªa aceptarlo y lo rebati. Los ojos de Jorge se bajaron: ¡°Nadie desea que e viva m¨¢s que yo, si pudiera, le dar¨ªa mi vida.¡± Mi coraz¨®n se apret¨® con sus pbras, me acerqu¨¦ un paso hacia ¨¦l, mi mano toc¨® su mu?eca, quer¨ªa decir algo pero no sab¨ªa qu¨¦. Finalmente, lo tir¨¦ de un brazo, y cuando ¨¦l se gir¨®, lo abrac¨¦. EI Centímetro 221 Cap¨ªtulo 221 Ese abrazo inesperado dej¨® a Jorge petrificado, y poco despu¨¦s escuch¨¦ su voz baja preguntar: ¡°?Sientes l¨¢stima por mi?¡± ¡°No, ?te tengopasi¨®n!¡± Lo corregi. Jorge no dijo nada m¨¢s, tampoco me devolvi¨® el abrazo, lo que me hizo sentir bastante inc¨®moda. Justo cuando estaba a punto de soltarlo, levant¨¦ vista y vi a Sergio parado no muy lejos. ?El tambi¨¦n hab¨ªa ido? Pero Mire, esa bocina, no me lo hab¨ªa dicho. Iba a soltar mano de Jorge pero entonces apret¨¦ m¨¢s fuerte, Jorge intent¨® soltarse pero apret¨¦ su mano y dije: ¡°No te muevas.¡± ¨¦l se qued¨® quieto, y as¨ª lo abrac¨¦, continu¨¦ diciendo: ¡°?Vas a trabajar horas extras hoy?¡± Jorge: ¡°?Eh?¡± Me puse de puntis, acerc¨¢ndome a su o¨ªdo: ¡°Quieroer algo hecho por ti.¡± La voz de Jorge tragando saliva reson¨® en mi o¨ªdo. Senti un escalofr¨ªo por todo el cuerpo, y mi mirada hacia diri¨®n de Sergio titil¨® involuntariamente. La figura de Sergio, con su pu?o cerrado y su rostro cambiando de verde a negro, luego con una mirada sombr¨ªa, se alej¨®. Tambi¨¦n solt¨¦ a Jorge, justo cuando iba a decir algo, escuch¨¦ voz de Mire a lo lejos: ¡°?Presidente V¨¢squez, qu¨¦ bueno verlo!¡± Jorge se volte¨®, vio espalda de Sergio y luego me mir¨®. En ese momento, casi no me atrev¨ª a encontrarme con sus ojos. Sab¨ªa que probablemente pensaba que mi intimidad hab¨ªa sido una actuaci¨®n para Sergio, y era verdad. As¨ª que, no pude explicar, ni fue necesario. Mire, sin aliento, corri¨® hacia nosotros: Jorge, luz del grupo 7-3 en zona C fue identalmente da?ada por el tico que instba los juegos.¡± Los identes eran lo que m¨¢s tem¨ªamos y lo que nunca faltaba en constri¨®n. Jorge, con su expresi¨®n inmutable, solo dijo: ¡°Vamos a verlo.¡± Dicho eso,enz¨® a caminaro si me hubiera olvidado, me dej¨® all¨ª, sin saber si seguirlo o no. Pensando en miportamiento infantil de antes, baj¨¦ mirada, justo cuando iba a suspirar, de repente escuch¨¦ voz de Jorge: ¡°?No vienes?¡± Levant¨¦ vista para encontrarme con sus profundos ojos oscuros, donde todo 12-10 parec¨ªa tranquilo,o si nada hubiera pasado. Ese hombre realmente era un maestro en contrr y ocultar sus emociones. ramente estaba enojado, pero en unos pocos segundos, ya no se pod¨ªa notar. ¡°Cami, ven a ver, el da?o no es peque?o, de verdad es frustrante.¡± Mire tambi¨¦n me m¨®, sin dejar de quejarse. A pesar de que ya no trabajaba alli, todav¨ªa me preocupaba p todo, as¨ª que me apresur¨¦ a seguirlos. No supe si fue porque camin¨¦ demasiado r¨¢pido o me tropec¨¦ con algo, pero c hacia adnte. Jorge extendi¨® su mano, y cai en sus brazos. Todo fue tan suave,o una escena de telenov, Mire, vi¨¦ndolo, abri¨® mucho los ojos y luego se cubri¨® boca, antes de sonreir picaramente¡­ Si esto hubiera pasado antes, definitivamente me habria sentido inc¨®moda y fuera de lugar, pero ese dia no me senti avergonzada. En cambio, me aleje naturalmente de los brazos de Jorge y le dis gracias. Jorge no dijo nada, sigui¨® caminando y Mire se acerc¨®, enganchandome el brazo y con una mirada picara: ¡®Chica, mira c¨®mo se le han puestos orejas rojas a Jorge. Ni siquiera me habia dado cuenta, pero Mire me hizo mirar y efectivamente, asi fue. Ese hombre tan fuerte, cons orejas rojas. No lo negaria, era bastante adorable ¡°Chica, Jorge es realmente puro, solo con un abrazo ya se le ponens orejas rojas, definitivamente es un novato¡± Mire susurro en mi oido. La empuje rega?¨¢nd ¡°?Es lo ¨²nico que tienes en cabeza?¡± EI Centímetro 222 Cap¨ªtulo 222 Mirelle sind derdale todo, este parque de diversiones y todas estas tuces hermo Serio para si misma y luego me abrazo m¨¢s fuerte ¡°Y decor¨¢ndote a ti tambi¨¦n, amiga Esa peque?ita si que sabia c¨®mo endulzar a gente Llegamos a zona del incidente, Jorge subi¨® a hacer una revision, sacando su reta para anotar mientras observaba ¡°Hemos perdido dos juegos, cada juego con veintid¨®s luces, trece colores diferentes Dijo Jorge, mirandos luces da?adas y luego gr¨²a no muy lejos de ahi Finalmente, mir¨® a Mire: ¡°Necesitas mar al director V¨¢squez para que venga, este idente necesita una resoluci¨®n de responsabilidades y da?os. Mire solt¨® un ¡°Oh¡± antes de sacar su tel¨¦fono y mar a Manuel, quien lleg¨® poco despu¨¦s, sorprendi¨¦ndose al verme. Al parecer no esperaba que yo fuera, pero despu¨¦s de una breve pausa, sonri¨®: ¡°?Cami, viniste a hacer una inspi¨®n previa?¡± Ya no era encargada, suentario parecia burse de m¨ª. Pero sab¨ªa que no era asi, solo estaba bromeando conmigo, asi que sonre¨ª ligeramente: ¡°No, vine a buscar a Jorge.¡± Al decir eso, not¨¦ algo pasar r¨¢pidamente por los ojos de Manuel, quien luego mir¨® a Jorge: ¡°Ya me informaron sobre el idente por parte de los constructores.¡± Manuel dej¨® frase ahi, insinuando ramente que queria que Jorge no continuara con el tema. Mir¨¦ a Jorge, quien ten¨ªa una expresi¨®n seria: ¡°Ya que ellos han aceptado responsabilidad, todos los da?os correr¨¢n por su cuenta. Yo coordinare sustituci¨®n y factura ser¨¢ enviada al director V¨¢squez.¡± Era evidente que Jorge no estaba siguiendo el guion de Manuel, neg¨¢ndose a ceder ante ¨¦l. Manuel, aunque siempre fee de temperamento suave, mostr¨® su descontento: ¡°Fui yo quien no organiz¨® bien, es mi responsabilidad.¡± Intentaba usar su posici¨®n para presionar a Jorge. Pero Jorge no se dejaba intimidar: ¡°Entonces, es a¨²n m¨¢s adecuado enviar factura al director V¨¢squez.¡± Manuel se molest¨®, pero yo no pude evitar querer sonre¨ªr. Jorge definitivamente no sequ¨ªas res convencionales, ni siquieras del mundo empresarial. Los dos. hombres se enfrentaban, a una distancia de un paso, en un duelo de miradas. Mire not¨® tensi¨®n y discretamente me pinch¨®, agarrando nerviosamente mi manga. Pero yo no dije nada, ya que apoyar a cualquiera de los dosstimar¨ªa al otro, y su evidente confrontaci¨®n seguramente ten¨ªa algo que ver conmigo. Mejor quedarme cada y hacerme desentendida. ¡°?Qu¨¦ factura?¡± Sergio intervino en ese momento. Parec¨ªa que lucha entre dos iba a convertirse en una bata de tres. El ambiente se volvi¨® a¨²n m¨¢s tenso, Mire ya me estaba mando: ¡°Cam¡­¡± Fue entonces cuando Sergio se?al¨®: ¡°Mart¨ªnez, t¨² ha.¡± Mire tembl¨® un poco, llev¨¢ndose a m¨ª con su temblor: ¡°Presidente V¨¢squez¡­¡± ¡°Solo di verdad.¡± Le record¨¦, d¨¢ndole un empujoncito hacia adnte. Mire menz¨® una mirada antes de avanzar y reportar situaci¨®n tal cual era. Despu¨¦s de escuchar, Sergio mir¨® a Jorge: ¡°No te preocupes por esto, yo har¨¦ con tu jefe.¡± ¡°Ahora, yo tengo ¨²ltima pbra aqu¨ª. Si digo que hay quepensar, sepensar¨¢.¡± Jorge tambi¨¦n estaba decidido. Sergio entrecerr¨® los ojos, luego una sonrisa sarc¨¢stica apareci¨® en su rostro: ¡°?Y si digo que yo tengo ¨²ltima pbra? ?Est¨¢s pensando en renunciar, o en irse de aqu¨ª?¡± Sergio ramente estaba forzando a Jorge, siguiendo su l¨®gica, pero atrap¨¢ndolo en e. Jorge, siendo tan directo y firme, luchando contra ellos, incluso contral Manuel, probablemente no podr¨ªa superarlos. Despu¨¦s de todo, Manuel tambi¨¦n llevaba en sus venas sangre despiadada de familia V¨¢squez en el mundo de los negocios. Viendo c¨®mo presionaban a Jorge, y pensando que ya casi termin¨¢bamos obra, con Jorge trabajando d¨ªa y noche en configuraci¨®n, de repente me di cuenta de que lo que Sergio quer¨ªa era deshacerse de alguien despu¨¦s de haberle sacado provecho, abusando de ¨¦l. No me gust¨® para nada, as¨ª que me acerqu¨¦. EI Centímetro 223 Cap¨ªtulo 223 Mi mano fue tomada. Al girarme, vi a Jorge, quien me mir¨® con ternura antes de dirigirse a Sergio, su voz baja pero firme: ¡°No me voy de aqui hasta que inspi¨®n final est¨¦pleta.¡± Esa era su manera de ser. Cuanto m¨¢s quer¨ªan que se fuera, menos lo hac¨ªa. Estaba a punto de escuchar respuesta de Sergio, cuando Jorge apret¨® m¨¢s mi mano y a?adi¨®: ¡°Es lo que le prometi a M.¡° Ese ¡°M¡°, y el hecho de que dijo que me lo prometi¨® a mi, hicieron que mi coraz¨®n se estremeciera, y tambi¨¦n oscurecieron el rostro de Sergio, por supuesto que Manuel tampoco se veia contento. Nadie habl¨® m¨¢s, y el ambiente se volvi¨® tan tenso que era dificil respirar. Tom¨¦ una profunda respiraci¨®n y habl¨¦: ¡°Presidente V¨¢squez, director V¨¢squez, aunque ya no estoy a cargo aqui, y he renunciado, siempre recuerdo una re en empresa: los intereses de empresa son lo primero, nadie debe da?ar los intereses de empresa por ninguna raz¨®n.¡± Era un recordatorio para Manuel, que deb¨ªa asumir responsabilidad que le correspondia. Si quer¨ªa proteger a alguien, entonces deb¨ªa asumir esa responsabilidad. En tiempos antiguos, los principes eran castigados igual que los plebeyos por sus delitos, hoy en dia, para administrar bien una empresa, uno debe predicar con el ejemplo. Al decir eso, Manuel y Sergio naturalmente no ten¨ªan nada que responder, y en sus corazones, aunque hara con raz¨®n, estaba deldo de Jorge. Ambos se ve¨ªan extremadamente mal, pero eso parec¨ªa ser el fin del asunto. Entonces, alguien m¨¢s vino a cargar con culpa, fue Zo¨¦. Corri¨® hacia nosotros, sin importarle su barriga: ¡°Yo organic¨¦ esto, responsabilidad deber¨ªa ser mia.¡± El rostro de Sergio se oscureci¨® a¨²n m¨¢s, vena en su frente saltaba. Eso era una se?al de su furia inminente. Pod¨ªa sentir que en cualquier momento quer¨ªa golpear a alguien. Si fuera un empleado cualquiera, eso ser¨ªao buscar castigo. Pero esa era Zo¨¦, mujer por que Sergio estaba dispuesto a abandonar nuestra rci¨®n de diez a?os y romper con su familia. Casi podia imaginar lo que Sergio dir¨ªa, mi boca se curv¨® en bu, prepar¨¢ndome para llevarme a Jorge lejos. Porque algunas pbras, ya no me interesaba escuchas, mucho menos verlo defender a Zo¨¦. Sin embargo Sergio, contra todo pron¨®stico, le dijo a Zo¨¦: ¡°Si es tu responsabilidad, 13:101 Capitulo 223 entonces t¨² asumir¨¢s. Compensar¨¢ss p¨¦rdidas.¡± Me sorprendi¨® tanto que mir¨¦ a Sergio, quien gir¨® bruscamente y se alejo, mientras Zo¨¦ se quedaba r¨ªgida, su linda carita pasando de rojo a nco. Eso realmente no me lo esperaba. e¡® No pens¨¦ que Sergio, valorando tanto a esa mujer, realmente tuviera e oraz¨®n para castiga. Se alejo, y el color en el rostro de Zo¨¦ volvi¨® poco a poco, buscando una salida se dirigi¨® a Manuel: ¡°Manu, ir¨¦ a finanzas a liquidar el dinero des p¨¦rdidas.¡± ¡°Bien.¡± Manuel no tuvo ninguna cortes¨ªa, y luego a?adi¨®: ¡°Durante el horarioboral, Il¨¢mame director V¨¢squez.¡± El rostro de Zo¨¦ se torn¨® extremadamente inc¨®modo gracias a esos dos hermanos. E ni siquiera se atrevi¨® a mirarme, y ro, yo tampoco tenia inter¨¦s en ver su embarazo. ?Qu¨¦ habia para ver? Despu¨¦s de todo, e me rob¨® a mi prometido, infligi¨¦ndome humici¨®n m¨¢s grande. ¡°V¨¢monos m¨¦ a Jorge. ¨¦l murmur¨® un s¨ª, llev¨¢ndome de mano hacia adnte, sin soltarme. Despu¨¦s de caminar un poco, mir¨¦ nuestra mano entrzada: ¡°Ya no hay nadie aqu¨ª.¡± ¡°No es que est¨¦ actuando para alguien.¡± Capt¨® de inmediato lo que quer¨ªa decir. Por supuesto, eso tambi¨¦n era una bu porque antes to hab¨ªa abrazado y mostrado intimidad con ¨¦lo una actuaci¨®n para Sergio. ¡°Sin actuar tampoco deberias tomar mi mano as¨ª Aun as¨ª, retir¨¦ mi mano y, a prop¨®sito, tergivers¨¦ sus pbras Jorge siempre anda tom¨¢ndole mano as chicas as¨ª nom¨¢s?¡± ¡°No, solo he tomado tuya.¡± Respondi¨® ¨¦l tan directoo siempre, pero dulce a Cap¨ªtulo 223 Mi mano fue tomada. Al girarme, vi a Jorge, quien me mir¨® con ternura antes de dirigirse a Sergio, su voz baja pero firme: ¡°No me voy de aqui hasta que inspi¨®n final est¨¦pleta.¡± Esa era su manera de ser. Cuanto m¨¢s quer¨ªan que se fuera, menos lo hac¨ªa. Estaba a punto de escuchar respuesta de Sergio, cuando Jorge apret¨® m¨¢s mi mano y a?adi¨®: ¡°Es lo que le prometi a M.¡° Ese ¡°M¡°, y el hecho de que dijo que me lo prometi¨® a mi, hicieron que mi coraz¨®n se estremeciera, y tambi¨¦n oscurecieron el rostro de Sergio, por supuesto que Manuel tampoco se veia contento. Nadie habl¨® m¨¢s, y el ambiente se volvi¨® tan tenso que era dificil respirar. Tom¨¦ una profunda respiraci¨®n y habl¨¦: ¡°Presidente V¨¢squez, director V¨¢squez, aunque ya no estoy a cargo aqui, y he renunciado, siempre recuerdo una re en empresa: los intereses de empresa son lo primero, nadie debe da?ar los intereses de empresa por ninguna raz¨®n.¡± Era un recordatorio para Manuel, que deb¨ªa asumir responsabilidad que le correspondia. Si quer¨ªa proteger a alguien, entonces deb¨ªa asumir esa responsabilidad. En tiempos antiguos, los principes eran castigados igual que los plebeyos por sus delitos, hoy en dia, para administrar bien una empresa, uno debe predicar con el ejemplo. Al decir eso, Manuel y Sergio naturalmente no ten¨ªan nada que responder, y en sus corazones, aunque hara con raz¨®n, estaba deldo de Jorge. Ambos se ve¨ªan extremadamente mal, pero eso parec¨ªa ser el fin del asunto. Entonces, alguien m¨¢s vino a cargar con culpa, fue Zo¨¦. Corri¨® hacia nosotros, sin importarle su barriga: ¡°Yo organic¨¦ esto, responsabilidad deber¨ªa ser mia.¡± El rostro de Sergio se oscureci¨® a¨²n m¨¢s, vena en su frente saltaba. Eso era una se?al de su furia inminente. Pod¨ªa sentir que en cualquier momento quer¨ªa golpear a alguien. Si fuera un empleado cualquiera, eso ser¨ªao buscar castigo. Pero esa era Zo¨¦, mujer por que Sergio estaba dispuesto a abandonar nuestra rci¨®n de diez a?os y romper con su familia. Casi podia imaginar lo que Sergio dir¨ªa, mi boca se curv¨® en bu, prepar¨¢ndome para llevarme a Jorge lejos. Porque algunas pbras, ya no me interesaba escuchas, mucho menos verlo defender a Zo¨¦. Sin embargo Sergio, contra todo pron¨®stico, le dijo a Zo¨¦: ¡°Si es tu responsabilidad, 13:101 Capitulo 223 entonces t¨² asumir¨¢s. Compensar¨¢ss p¨¦rdidas.¡± Me sorprendi¨® tanto que mir¨¦ a Sergio, quien gir¨® bruscamente y se alejo, mientras Zo¨¦ se quedaba r¨ªgida, su linda carita pasando de rojo a nco. Eso realmente no me lo esperaba. e¡® No pens¨¦ que Sergio, valorando tanto a esa mujer, realmente tuviera e oraz¨®n para castiga. Se alejo, y el color en el rostro de Zo¨¦ volvi¨® poco a poco, buscando una salida se dirigi¨® a Manuel: ¡°Manu, ir¨¦ a finanzas a liquidar el dinero des p¨¦rdidas.¡± ¡°Bien.¡± Manuel no tuvo ninguna cortes¨ªa, y luego a?adi¨®: ¡°Durante el horarioboral, Il¨¢mame director V¨¢squez.¡± El rostro de Zo¨¦ se torn¨® extremadamente inc¨®modo gracias a esos dos hermanos. E ni siquiera se atrevi¨® a mirarme, y ro, yo tampoco tenia inter¨¦s en ver su embarazo. ?Qu¨¦ habia para ver? Despu¨¦s de todo, e me rob¨® a mi prometido, infligi¨¦ndome humici¨®n m¨¢s grande. ¡°V¨¢monos m¨¦ a Jorge. ¨¦l murmur¨® un s¨ª, llev¨¢ndome de mano hacia adnte, sin soltarme. Despu¨¦s de caminar un poco, mir¨¦ nuestra mano entrzada: ¡°Ya no hay nadie aqu¨ª.¡± ¡°No es que est¨¦ actuando para alguien.¡± Capt¨® de inmediato lo que quer¨ªa decir. Por supuesto, eso tambi¨¦n era una bu porque antes to hab¨ªa abrazado y mostrado intimidad con ¨¦lo una actuaci¨®n para Sergio. ¡°Sin actuar tampoco deberias tomar mi mano as¨ª Aun as¨ª, retir¨¦ mi mano y, a prop¨®sito, tergivers¨¦ sus pbras Jorge siempre anda tom¨¢ndole mano as chicas as¨ª nom¨¢s?¡± ¡°No, solo he tomado tuya.¡± Respondi¨® ¨¦l tan directoo siempre, pero dulce a EI Centímetro 224 Cap¨ªtulo 224 Los tritse fijurnarita pensando en tu padre quien solia marse se?or Guerrero, y lungo, passando eno Jorge se acerca a mi no pude evitar decir Jorge. The gustas porque te gusta?¡± Qu¨¦ m¨¢s si no crees que estoy jugando? El tambi¨¦n me miraba directamente a los ojos, sin un ¨¢pice de vi¨®n ¡°Entonces, hay algo que me est¨¢s ocultando? ?Como que nos conoc¨ªamos desde hace mucho tiempo?¡± Le dje En el camino de regreso, o m¨¢s bien, despu¨¦s de saber qui¨¦n era su padre, no dej¨¦ le pensar en esta pregunta m¨¢s de una vez Su mirada titubeo: ¡°Cuando eras peque?a t? cargu¨¦ en mi espalda, y tambi¨¦n¡­ me besaste ¡° Jorge ten¨ªa esa manera de sorprender a gente, si no fuera porque ya hab¨ªa tenido historias de amor antes y ya no era una chica ingenua, sus pbras ya me habr¨ªan hecho sonrojar. ¡°Ah, si? ?Y te bes¨¦ d¨®nde?¡± Yo tambi¨¦n iba al grano Jorge dio un paso hacia mi, ya est¨¢bamos bastante cerca, pero ese paso nos acerc¨® a¨²n m¨¢s. Mi coraz¨®nti¨® m¨¢s r¨¢pido, pero no retrocedi. Jorge me miraba, ¨¦l, que era m¨¢s alto que yo, respiraba sobre mi frente al decirme: ¡°?Quieres que te haga una demostraci¨®n ahora?¡± En ese momento, estabapletamente segura de que Jorge era definitivamente un seductor encubierto, fingiendo ser inocente para enga?ar a gente. Finalmente, no pude contrr que mi rostro se enrojeciera, incluso me sential demasiado avergonzada para mirarlo. ¡°So?ar no cuesta nada.¡± Dije, y me di vuelta para correr. Escuch¨¦ a Jorge reirse detr¨¢s de mi, y estaba a¨²n m¨¢s segura de que ¨¦l hab¨ªa estado jugando conmigo a prop¨®sito. Pens¨¦ en un sue?o que hab¨ªa tenido, donde estaba sobre su espalda, rasc¨¢ndolo y tirando de ¨¦l. ?Y si eso no fue un sue?o? ?Fue real? No tenia manera de saberlo, despu¨¦s de todo, era muy peque?a en ese momento, y mis padres, que podr¨ªan saberlo, ya no estaban. Solo Jorge podr¨ªa darme respuesta, ¨¦l era varios a?os mayor que yo en ese entonces, seguro que lo recordaria. Pero, simplemente no ten¨ªa cara para preguntarle. Aunque corr¨ªa,srgas piernas de Jorge todav¨ªa me alcanzaron: ¡°Ya terminamos de ajustars luces aqu¨ª, ?tienes tiempo esta noche?¡± Sabia que queria que viniera a ver el efecto des luces ajustadas, pero mi coraz¨®n todavia palpitaba por c¨®mo me habia coqueteado, asi que dije a prop¨®sito: ¡°Not tengo tiempo.¡± ¡°?Entonces cuando tienes tiempo?¡± Insisti¨®. ¡°No estoy segura, yo¡­¡± Estaba a punto de seguirle el juego, pero mi tel¨¦fono son¨®. Era Pablo Flores. Pensando en lo que le hab¨ªa pedido, hice una se?al a Jorge y met alej¨¦ para contestar: ¡°Pablo.¡± ¡°?D¨®nde est¨¢s?¡± Pablo haba con tono rjado. ¡°Afuera.¡± Le respondi y luego pregunt¨¦: ¡°?Es que encontraste algo sobre lo que te pedi?¡± ¡°?Eh?¡± Pablo parec¨ªa confundido. Justo cuando estaba a punto de girar los ojos, pensando que ese hombre realmente era poco fiable, olvid¨¢ndose de lo que le hab¨ªa pedido, escuch¨¦ que dec¨ªa: ¡°Oh, sobre investigar a tu gran jefe, si, hay algo.¡± Suspir¨¦, result¨® que estaba jugando conmigo, y lenc¨¦ un cumplido: ¡°Sab¨ªa que podia contar contigo, Pablo.¡± ¡°Siempre estar¨¦ para ayudarte, si quieres saber los detalles, ven a Club Starlite. Haven as siete de noche y buscame.¡± Las pbras de Pablo me hicieron mirar instintivamente hacia Jorge. Si aceptaba invitaci¨®n de Pablo, entonces no podr¨ªa vers luces ajustadas con Jorge esa noche. Aunque le hab¨ªa dicho a Jorge que no ten¨ªa tiempo, solo estaba jugando con ¨¦l, realmente quer¨ªa vers luces del parque. Despu¨¦s de pensar por dos segundos, le dije a Pablo: ¡°Pablo, simplemente dimelo por tel¨¦fono, yo¡­¡± ¡°Si quieres saberlo, ven a buscarme.¡± Pablo me interrumpi¨® y colg¨® el tel¨¦fono. EI Centímetro 225 Cap¨ªtulo 225 Pablo no me dio oportunidad de decir que no, sab¨ªa lo que eso significabal Sosteniendo el tel¨¦fono, mire hacia Jorge despu¨¦s de un momento, me acerqu¨¦ para harle, pero antes de que pudiera decir algo, Jorge dijo: ¡°Me voy pasado ma?ana Me qued¨¦ sorprendida por un momento: ?A d¨®nde?¡± Jorge avanzo. ¡°De vuelta a casa.¡± ?Volver a Todos Santos? Pero hab¨ªa dicho que se quedaria, incluso hab¨ªa alqudo una casa. Pensando en casa alquda, me acord¨¦ de demolici¨®n pendiente y de lo que Josefina me habia pedido, cosas que a¨²n no hab¨ªa mencionado a Jorge. Queria preguntarle por qu¨¦ hab¨ªa decidido volver, pero su aire distante hizo ques pbras se me quedaran en garganta, asi que solo dije: ¡°Ma?ana por noche vendr¨¦ a ver prueba de luces.¡± Jorge me mir¨®, su mirada parec¨ªa decir que ¨¦l no tendr¨ªa tiempo aunque yo s¨ª. Esperaba que me rechazara, pero despu¨¦s de mirarme fijamente unos segundos, dijo una pbra: ¡°Est¨¢ bien.¡± Sabia que hab¨ªa dicho esa pbra conteniendo su frustraci¨®n. Aunque estaba molesto, no quer¨ªa hacerme sentir inc¨®moda. Se estaba sacrificando. En ese momento, de repente me sent¨ª muy baja. Aprovech¨¢ndome de que ¨¦l ten¨ªa sentimientos por mi, lo trataba as¨ª. La verdad era que siempre era as¨ª, el que se esforzara m¨¢s era quien terminaba siendostimado,o me pas¨® a m¨ª con Sergio. Todos esos agravios del pasado volvieron a mi mente¡­ No le hagas a los dem¨¢s lo que no quieras para ti. Lo m¨¦: ¡°Jorge. esta noche ire a ver a Pablo, porque le pedi que investigara algo para m¨ª, as¨ª que tengo que ir.¡± La mirada de Jorge se profundiz¨®, luego asinti¨® con un sonido. ¡°Ma?ana por noche cocinas para m¨ª, y luego venimos juntos a ver prueba de luces.¡± Dije de manera juguetona, tratando de animarlo. La esquina de boca de Jorge se movi¨® ligeramente: ¡°Cam, no soy un ni?o al que se le da golpe y luego un dulce.¡± Frunci¨® el ce?o, y me acerqu¨¦ un poco m¨¢s a ¨¦l: ¡°Jorge, si el dulce no funciona, 1310 ?qu¨¦ si lo har¨¢?¡± Al decir eso, vi c¨®mo el cuerpo de Jorge se tensaba y sus orejas se ponian rojas, su mirada temba intensamente. Solo estaba jugando con ¨¦l, pero no esperaba que tuviera tanto efecto. Y ver a ese hombre de acero ser coqueteado resultaba realmente fresco y emocionante. Cuando pens¨¦ que har¨ªa algo al respecto, de repente lo escuch¨¦ decir en voz baja: ¡°Me rechazas, me evitas, pero luego me coqueteas, ?Cam, est¨¢s jugando conmigo?¡± Su cara seria y el dolor en su mirada me hicieron sentiro si realmente le hubiera roto el coraz¨®n. Hice una degluci¨®n nerviosa y, sin responder, dije: ¡°Entonces, nos vemos ma?ana. Dicho esto, me di vuelta y suspir¨¦. De camino a casa, tambi¨¦n senti que hab¨ªa sido demasiado. Pero por alguna raz¨®n, en ese momento, simplemente no pude evitarlo. No quer¨ªa involucrarme sentimentalmente con ¨¦l, pero no pod¨ªa dejar de provocarlo y verle emocionado por m¨ª, lo que me hac¨ªa sentir frustrada conmigo misma. Cuanto m¨¢s lo pensaba, m¨¢s me sent¨ªa culpable y m,mentando no haberme contrdo. Ese sentimiento me hizo sacudir cabeza en autodesprecio, incluso me dieron ganas de castigarme. Sumida en estos remordimientos, de repente voz de Zo¨¦ reson¨® frente a m¨ª: ¡°Cam.¡± Al levantar vista, vi parada no muy lejos de mi, pensando en lo que acababa de hacer, sin duda e lo hab¨ªa visto. Fue bastante inc¨®modo. EI Centímetro 226 Cap¨ªtulo 226 Sin embargo, en ese momento solo pude fingir tranquilidad ypostura, observ¨¢nd acercarse a m¨ª. ¡°Cam.¡± Zo¨¦ se detuvo frente a mi y me m¨® otra vez, con los ojos llenos de l¨¢grimas. Entrecerr¨¦ los ojos, sin decir nada, esperando que continuara. E se tom¨® un momento para reunir sus emociones, no quer¨ªa interrumpi. ¡°?Podr¨ªas alejarte de Sergi?¡± Finalmente dijo. Frunci el ce?o. ¡°Ustedes ya terminaron, ¨¦l est¨¢ conmigo ahora, son cosa del pasado. No quiero que aparezcas frente a ¨¦l todo el tiempo, afectando su ¨¢nimo.¡± Los ojos de Zo¨¦ temban, llenos de l¨¢grimas. Me re¨ª, as¨ª que e estaba culp¨¢ndome por el castigo que Sergio le hab¨ªa dado. ¡°?La se?orita Minas est¨¢ insinuando que no puede afrontarpensaci¨®n y quiere queparta carga?¡± Dije con sarcasmo. El rostro de Zo¨¦ se empalideci¨®, pensando que me buba de su pobreza. Pero no me buba de su pobreza, sino de lo rid¨ªc que era. ¡°Antes no pod¨ªa afrontarlo, pero ahora es diferente.¡± Zo¨¦ no se quedaba atr¨¢s, me respondi¨® con firmeza. E dijo eso, apoy¨¢ndose en que ahora era pareja oficial de Sergio. Us¨® esas pbras para herirme, pero yo no pod¨ªa dejarme pisotear, fingi una epifan¨ªa: ¡°Ah, casi olvido que ya no eres viuda despreciada por los padres de Miguel Ramos.¡± Al escuchar el nombre de Miguel, Zo¨¦ se paraliz¨® y luegos l¨¢grimasenzaron a rodar mientras dec¨ªa: ¡°Cam, no tienes que usar a Miguel para atacarme. No quiero que aparezcas frente a Sergi, no solo por m¨ª, tambi¨¦n por ti.¡± Sonre¨ª ligeramente: ¡°?Ah si? Me gustar¨ªa saber c¨®mo es eso por m¨ª.¡± Zo¨¦ se sec¨®s l¨¢grimas del rostro: ¡°Sergi est¨¢ muy resentido contigo, odia que te hayas enamorado de alguien m¨¢s tan r¨¢pido, incluso cree que nunca lo amaste de verdad en los ¨²ltimos diez a?os.¡± Frunc¨ª el ce?o ligeramente preguntando: ¡°?Sergio te lo dijo?¡± ¡°No Zoe mordis subin interior. El es demasiado orgulloso para decirlo, pero yo to siento Wh, entonces et es bastante mezquino. Si yo no lo quiero, ¨¦l deber¨ªa sentirse inc¨®modo No tuve ninguna consideraci¨®n en mis pbras. ¡°Cam, ?c¨®mo puedes har asi de ¨¦l? Zo¨¦ sali¨® en su defensa. ¡°?Y c¨®mo deber¨ªa har? ?Decir que ¨¦l es tan bueno por elegia ti y luego recordar lo buena que fui? Mis pbras hicieron que Zo¨¦ mordiera su que te lo llevas, justamente me dejas tranqu. De hecho, deber¨ªa agradecerte.¡± Losbios de Zo¨¦ temban, incapaz de decir otra pbra. Le ech¨¦ un vistazo a su vientre ya ligeramente abultado y, reteniendo pbras m¨¢s duras, me di vuelta Pero Zo¨¦ a?adi¨®: ¡°Ya que no lo quieres, ?podr¨ªas har con sus padres para que no lo culpen?¡± No volvi cabeza,:¡°?Por qu¨¦ deber¨ªa har por ¨¦l?¡± Zoe no respondi¨®, y yo tambi¨¦n dej¨¦ el parque de atriones, llegando a Starlite Haven. Justo al entrar al vest¨ªbulo, vi a un conocido, quien tambi¨¦n me vio y me saludo con entusiasmo: ¡°Cam, ?qu¨¦ coincidencia, no?¡± ¡°Se?or Sierra.¡± Lo salud¨¦ con indiferencia. Victor se acerc¨®: ¡°Ya estuvo bueno de descanso, ?no? Ma?ana tienes que volver al trabajo, si no, tendr¨¦ que emplear a alguien m¨¢s.¡± ¡°Se?or Sierra, con esa amenaza, definitivamente ir¨¦ a trabajar ma?ana.¡± Respondi, cuando vi a Pablo acercarse. El tambi¨¦n me vio: ¡°Cami.¡± Le hice un gesto con mano, mirando a Victor: ¡°Se?or Sierra, tengo un amigo aqui, nos vemos ma?ana.¡± ¡°?Qu¨¦ amigo? ?Tu novio? Pres¨¦ntamelo, vamos.¡± Victor realmente no ser consideraba un extra?o, y ramente estaba cruzando l¨ªmites. 13:11 Capute 226 Despu¨¦s de todo, nuestra rci¨®n era apenas de unos dieso colegas. Justo iba a decir que no, cuando Pablo se acerc¨® y dijo: ¡°As¨ª es, soy su novio, as¨ª que este se?or que ni piense en hacerle corte¡± EI Centímetro 227 Cap¨ªtulo 227 La respuesta de Pablo realmente me tom¨® por sorpresa y me dej¨® en shock. Pablo siempre me habia tratadoo a una hermana, a veces bromeaba, pero nunca cruzaba linea. Pero broma de ese d¨ªa, me pareci¨® demasiado. Victor tambi¨¦n me miro sorprendido, evalu¨¢ndome de pies a cabeza. Pablo se acerc¨® a mi, sin mirar a Victor, solo me dijo: ¡°Entra.¡± Asenti hacia Victor y segui a Pablo. Al irme, vi c¨®mo Victor abr¨ªa boca y extendia mano,o si quisiera decir algo o retenerme. ¡°Dijiste eso para ahuyentar a mis pretendientes, ?verdad?¡± Despu¨¦s de un breve momento, adivin¨¦ sus intenciones. ¡°Si, ese tipo no parece tener los pies sobre tierra, no, no va.¡± La opini¨®n de Pablo sobre Victor me hizo soltar una carcajada. Menz¨® una mirada de reojo: ¡°Yo siempre acierto cons personas, no me equivoco, mantente lejos de ¨¦l de ahora en adnte.¡± ¡°Bueno s¨ª, se?or.¡± Respond¨ª ri¨¦ndome. ¡°Cami, lo digo en serio, no lo tomes a broma.¡± Pablo enfatiz¨®. Asenti firmemente: ¡°Tambi¨¦n lo digo en serio, no es broma, ese tipo no me interesa.¡± ¡°?Y qu¨¦ tipo si te interesa?¡± Pablo pregunt¨® directamente. La imagen de Jorge cruz¨® por mi mente y contest¨¦: ¡°Firme, frio por fuera pero c¨¢lido por dentro¡­ y tambi¨¦n¡­¡± Pensando en Jorge, con un dntal, ocupado en cocina para mi: ¡°Que sepa cocinar.¡± Durante todos esos a?os con Sergio, ni siquiera hab¨ªa cocinado pasta para m¨ª. El era el pr¨ªncipe mimado de casa, nunca entraba a cocina, era normal que no supiera cocinar. Pero al final, era porque no se esforzaba por m¨ª, si lo hubiera intentado, lo habr¨ªa hecho. Pablo se rio: ¡°Tus requisitos son bastante humildes.¡± Baj¨¦ mirada, viendo nuestras sombras rgadas por luz: ¡°En vida, ?qui¨¦n no es humilde? ?No son todos los d¨ªas tresidas?¡± Pablo se rio dedo: ¡°Tienes raz¨®n.¡± Al terminar de har, llegamos al ascensor, ¨¦l lo abri¨® y entramos. El espejo del 1/2 ascensor reflejaba mi rostro, y tambi¨¦no ¨¦l me miraba. ¡°?Entonces lo encontraste?¡± Solt¨® de repente. Dud¨¦ por dos segundos: ¡°Si.¡± Pablo frunci¨® losbios, pens¨¦ que preguntar¨ªa qui¨¦n era, o cu¨¢ndo nos ver¨ªamos, pero solo sonri¨® levemente, sin decir m¨¢s. Tal vez ya lo ab¨ªa. ¡°Pablo, ?encontraste a esa persona? ?C¨®mo se ma, tienes una foto?¡± No esper¨¦ a salir del ascensor para preguntar. Pablo, con una mano en el bolsillo, dijo: ¡°Pareces realmente interesada en saber qui¨¦n es.¡± ¡°S¨ª, es un poco misterioso, me hace querer investigar.¡± Sonre¨ª: ¡°Sabes, siempre me gusta llegar al fondo des cosas.¡± ¡°Eso no es necesariamente un buen h¨¢bito Pablo me advirti¨®. No estuve de acuerdo: ¡°Pero no quiero estar confundida.¡± Pablo sacudi¨® cabeza: ¡°A veces, es mejor estar un poco confundido, estar siempre consciente puede ser demasiado agotador.¡± Con eso, qued¨® ro que Pablo y yo ten¨ªamos diferentes valores. Pero cada quien ten¨ªa su forma de pensar, no hab¨ªa necesidad de forzar a nadie, as¨ª que volvi al tema principal: ¡°?Qu¨¦ encontraste al final?¡± En ese momento, el ascensor emiti¨® un ¡®ding¡®, anunciando nuestra llegada. ¨¦lenz¨® a caminar hacia salida, y yo extend¨ª mano para detenerlo, pero ¨¦l sonri¨®: ¡°Mira qu¨¦ apurada est¨¢s, te lo dir¨¦, entremos primero para no hacer esperar a nadie.¡± Frunci el ce?o de inmediato: ¡°?Qui¨¦n m¨¢s est¨¢ ah¨ª?¡± ¡°Probablemente no lo conozcas, te lo presentar¨¦ en un rato, te ser¨¢ ¨²til y beneficioso en el futuro.¡± Pablo me dio una palmadita en cabeza: ¡°Tranqu, yo no te har¨ªa da?o.¡± Cre¨ª en sus pbras y lo segu¨ª a una s privada. Cap¨ªtulo 228 EI Centímetro 228 Cap¨ªtulo 228 La puerta se abri¨® y un estruendono ataque de risas llen¨® el ambiente, de inmediato vi al hombre sentado en el lugar le honor. Ese hombre¡­ me resultaba familiar. Pablo ya hab¨ªaenzado a presentarme Pol, mipa?ero de f¨²tbol y gran amigo.¡± No pod¨ªa dejar de mirar al hombre, y entonces record¨¦ su nombre, Pol Moreno. El hijo de Mauricio, el jefe del Grupo Moreno. Hab¨ªa buscado informaci¨®n sobre ¨¦l en inte, un aficionado al bir que hab¨ªa ganado el campeonato de jugadores. amateurs. En ese momento, hab¨ªa pasado por alto que ¨¦l y Pablo podr¨ªan tener algo en¨²n, y que su rci¨®n era tan cercana. ¡°?As¨ª que esta es nuestra amiga Cam?¡± Pol dijo con una sonrisa. La frase ¡°amiga Cam¡± sonaba amigable, pero me dej¨® una sensaci¨®n hda por dentro; aunque su informaci¨®n mostrara que era limpio, si su padre estaba involucrado en negocios sucios, ¨¦l no podr¨ªa estarpletamente limpio. Eso demostraba que no pod¨ªas juzgar un libro por su portada. ¡°Cami, de ahora en adnte ll¨¢malo Pol, cualquier cosa o problema, ve con ¨¦l,¡± Pablo dijo mientras me jba si para que me sentara. Pablo tambi¨¦n jal¨® una si para sentarse, pero en ese momento Pol intervino: ¡°Pablo, t¨² si¨¦ntate aqu¨ª, dejemos que Cam se siente entre nosotros para que podamos conocernos mejor.¡± Al escuchar eso, mi coraz¨®n dio un vuelco; siempre hab¨ªa sido de esas personas. que sienten resistencia hacia los extra?os. Especialmente si ese extra?o era Pol. Mir¨¦ a Pablo instintivamente, ¨¦l ni siquiera levant¨® cabeza, simplemente segu¨ªa preparando los cubiertos para mi: ¡°As¨ª tambi¨¦n puedes har sin problemas.¡± Al escuchar a Pablo, me senti aliviada. Al mismo tiempo, pens¨¦ para m¨ª, no por nada lo mo Pablo; no me hab¨ªa puesto en una situaci¨®n dif¨ªcil en ese momento. Pol solt¨® una risa: ¡°Pablo, es primera vez que te veo protegiendo tanto a una chica.¡± Pablo coloc¨® los cubiertos frente a m¨ª, y los od¨® perfectamente, ajust¨¢ndolos si ve¨ªa alguna desviaci¨®n: ¡°E eso una hermana menor, ?c¨®mo podr¨ªapararse con cualquier otra chica?¡± Esas pbras eran una advertencia sutil para Pol, indicando que yo no era alguien con quien pudiera meterse. Para ser honesta, me senti conmovida. Pablo hab¨ªa dejados cosas tan ras, y Pol, siendo un hombre inteligente, solt¨® una carcajada y luego me mir¨®: ¡°Cam, tienes suerte con Pablo.¡± Pablo no necesit¨® responder, ya queenz¨® a har con ¨¦l, discutiendo sobre el torneo. Despu¨¦s de un rato, Pol me ech¨® un vistazo: ¡°Pablo, mira que solo hemost hado de f¨²tbol, dejando a undo a invitada.¡± Dirigi¨¦ndose a m¨ª, sonri¨® dulcemente: ¡°Cam, ?no te aburres, verdad?¡± ¡°No se aburre, sabe tantoo nosotros, incluso entres mujeres su habilidad en el bir es destacada.¡± Pablo me elogi¨®. Pol parec¨ªa sorprendido: ¡°?En serio? Entonces, despu¨¦s de cenar, vamos a tu habitaci¨®n, Pablo, a jugar unas rondas.¡± Pablo estuvo de acuerdo: ¡°ro, juega contra e, cinco rondas, si e gana una, considera que has perdido.¡± ¡°?Hecho!¡± Pol acept¨®. Todo el tiempo no me preguntaron si quer¨ªa, por supuesto, no rechac¨¦, porque este Pol me daba oportunidad de encontrarme con Mauricio. Despu¨¦s de cenar, segu¨ª a Pablo a s de bir. Pablo se par¨® a mido: ¡°Juegao siempre lo haces conmigo.¡± Asenti, tom¨¦ un taco de bir de aldo y me acerqu¨¦ a mesa, mirando a Pol: ¡°Si gano una ronda, ?eso cuentao una victoria, correcto?¡± ¡°Por supuesto.¡± Pol respondi¨® con facilidad. Continu¨¦: ¡°?Y si gano, hay premio?¡± Pol sonri¨®, mirando a Pablo: ¡°?Cam quiere un premio?¡± Pablo encogi¨® los hombros: ¡°A ti, Pol, no te falta c¨®mo.¡± ¡°Bueno.¡± Pol r¨¢pidamente estuvo de acuerdo: ¡°Entonces, pide lo que quieras, siempre y cuando est¨¦ a mi alcance.¡± Me qued¨¦ en silencio por dos segundos antes de har: ¡°Quiero que el presidente Moreno me prometa algo, pero no se preocupe, no es ilegal ni va en contra de moralidad.¡± 2/20 EI Centímetro 229 Cap¨ªtulo 229 La mirada de Pol se estrech¨®, pero sonrisa en su rostro no disminuy¨®, solo se volvi¨® m¨¢s juguetona. Parec¨ªa que estaba pensando en algo. Yo tampoco me preocup¨¦ por lo que pensaba, y fui directa: Si al presidente Moreno le resulta dif¨ªcil, entonces olvidalo.¡± ¡°Je, je.¡± Solt¨® una risa forzada y luego pregunt¨®: ¡°?Qu¨¦ tiene eso de dif¨ªcil? No solo una cosa, si quieres algo de m¨ª, estar¨¦ m¨¢s que feliz de eder.¡± Esa deraci¨®n fue un poco atrevida. Pero antes de que yo pudiera decir nada, Pablo, que estaba a mido tosi¨® ligeramente a modo de recordatorio. ¡°Ja, ja.¡± Pol solt¨® una carcajada traviesa y luego me hizo una se?al: ¡°Belleza, empieza t¨².¡± No quer¨ªa seguir lidiando con esa persona, as¨ª que, ya que me dejaba empezar, decid¨ª acabar r¨¢pidamente. Entonces, tom¨¦ el taco en mis manos y limpi¨¦ mesa sin darle ninguna oportunidad. Pol no mostr¨® ninguna expresi¨®n de derrota en esa ronda e incluso tom¨® iniciativa de audir mientras dec¨ªa: ¡°No por nada eres hermana de Pablo, definitivamente tienes habilidad.¡± ¡°Acepto mi derrota, pero tambi¨¦n tienes que dejar que tu hermano muestre de lo que es capaz, ?no?¡± Dijo Pol mientras se?ba a una chica para que reorganizaras bs. ¨¦l tom¨® el taco, tambi¨¦n limpiando mesa r¨¢pidamente, digno de alguien que hab¨ªa ganado campeonatos, el proceso fue incluso un minuto m¨¢s r¨¢pido que el m¨ªo. Yo tampoco escatim¨¦ en ausos y dije: ¡°El presidente Moreno es a¨²n mejor.¡± ¡°Seg¨²n nuestras res, t¨² ganas. Dime, ?qu¨¦ quieres que te conceda?¡± Pol me mir¨® entrecerrando los ojos. Tom¨¦ aire y continu¨¦ diciendo: ¡°Quisiera conocer al padre del presidente Moreno, el se?or Moreno.¡± La mirada de Pol se oscureci¨®, sab¨ªa que quer¨ªa indagar sobre raz¨®n, as¨ª que fui directa: ¡°Tengo algo que quiero que el se?or Moreno me ayude a verificar si es aut¨¦ntico o no.¡± La tensi¨®n en el ce?o fruncido de Pol se rj¨® ligeramente pregunt¨¢ndome: ¡°Oh, ?es alg¨²n tesoro?¡± No Negi, pero no dije que era Pat, siendo un hombre astuto, no pregunt¨® m¨¢s, y call¨® por unos segundos para despu¨¦s decirme ¡°Bien, puedo llevarte, pero¡­ Se detuvo, mir¨® hacia Pablo y luego hacia mi: ¡°Mi padre actualmente no est¨¢ bien de salud, no recibe visitas.¡± so era para decirme que, aunque me llevara, podria no conocer a su padre. Reflexion¨¦ sobre sus pbras y pronto me di cuenta, estaba tratando de atraparme. Pero yo no podia caer en esa trampa. Por lo tanto, mostr¨¦ una expresi¨®n de arrepentimiento y le dije: ¡°Si es asi, entonces olvidalo.¡± No me preocupaba haber hecho todo eso en vano, porque ya hab¨ªa despertado su inter¨¦s y queria saber por qu¨¦ quer¨ªa ver a su padre. La mirada de Pol se estrech¨®, ramente sorprendido porque no segui su juego. Me mir¨® fijamente por unos segundos y luego rio con desd¨¦n exmando: ¡°Vaya, vaya, no eres nada simple!¡± El tambi¨¦n entendi¨® mi t¨¢ctica de darrgas. Pero no pod¨ªa admitirlo y me defendi: ¡°No me gusta forzar a gente. ¡°Pero a mi me gusta hacer favores. Pol estuvo de acuerdo. Suspir¨¦ aliviada por dentro. Pol le hizo una se?al a chica que odabas bs y luego dijo: ¡°Nena, ?qu¨¦ tal si jugamos unas cuantas partidas seriamente, qu¨¦ dices?¡± Mi habilidad ramente hab¨ªa despertado su deseo de ganar. En ese momento, no podia decepcionarlo, adem¨¢s, a¨²n necesitaba satisfacer su deseo de victoria. Asi que edi y le segui el juego. Des cinco rondas, solo gan¨¦ una, dej¨¢ndolo disfrutar nuevamente alegr¨ªa de victoria. ¡°Nena, dejarme ganar eso menospreciarme.¡± Me advirti¨® al final. EI Centímetro 230 Cap¨ªtulo 230 ¡°No, es que el presidente Moreno es m¨¢s astuto, t¨² tambi¨¦n lo has visto, yo solo Juego por diversi¨®n.¡± Dije con humildad. ¡°Los que juegan por diversi¨®n tambi¨¦n han sido guiados por los mores, pero tu forma de jugar no parece que haya sido ense?ada por Alex, ?qui¨¦n te instruy¨®?¡± A Pol le salt¨® curiosidad sobre eso. Aprendi a jugar al bir con Sergio, ¨¦l nunca me ense?¨® formalmente, solo observaba cuando ¨¦l jugaba y luego empec¨¦ a jugar por mi cuenta cuando me aburr¨ªa, Miraba c¨®mo jugaba Sergio, as¨ª que naturalmente adopt¨¦ su estilo. Despu¨¦s, cuando se dio cuenta de que sabia jugar, me ped¨ªa que lo pa?aral frecuentemente. ¡°?Desde cu¨¢ndo Moreno se ha vuelto tan chismoso, interes¨¢ndose por todo?¡± Una voz son¨®. No me volte¨¦, porque conoc¨ªa esa voz m¨¢s que a nada. Sergio tambi¨¦n hab¨ªa ido. Ese d¨ªa s¨ª que estaba animado el lugar. Se par¨® a mido, sin hacer nada m¨¢s, dej¨¢ndole todo ro a Pol. 1 ¡®Ja, ja, ya sent¨ªa yo que esta chica juegao t¨². Resulta que es¡­¡± Pol se detuvo, mir¨¢ndonos a mi y a Sergio de ida y vuelta. De repente, con una expresi¨®n de haber entendido todo dijo: ¡°Esta chica no ser¨¢ tu prometida de infancia, ?verdad?¡± Hac¨ªa tiempo que no escuchaba esas pbras. Poco despu¨¦s de unirme a familia V¨¢squez, algunospa?eros supleron que eventualmente me casaria con Sergio, y empezaron a marme su peque?a esposa, o su prometida de infancia. El que inici¨® ese rumor termin¨® cambi¨¢ndose de escu poco despu¨¦s, y desde entonces nadie volvi¨® a mencionar esos t¨¦rminos. ¡°No te hagas el mudo si nadie te ha dicho que lo seas, ?quieres jugar? Hoy juego contigo.¡± Dijo Sergio, quit¨¢ndose chaqueta ynz¨¢ndom. El gesto fue tan natural,o en los viejos tiempos. Lanz¨® su chaqueta tan r¨¢pido. que ni siquiera tuve oportunidad de rechaza, pero ya no iba aportarmeo una sirvienta, sostenendo su ropa toda noche. Me acerqu¨¦ a Pablo, poniendo chaqueta de Sergio a undo, se?al¨¢ndole que saliera a har conmigo. Apenas salimos, Pablo fue el primero en preguntar: ¡°?Para qu¨¦ buscas al pap¨¢ de Pol? Hay gente con que es mejor no meterse,¡± Traque el nudo que ten¨ªa en mi garganta diciendo: ¡°No es lo que quiera, pero tengo mis razones Pablo iba a decir algo m¨¢s, pero no lo dej¨¦ y continu¨¦ ¡°A¨²n no me has dicho, ?cu¨¢l fue el resultado de tu investigaci¨®n?¡± Pablo me mir¨®, su mirada se torn¨® m¨¢s profunda, pero no me dej¨® con duda, en cambio me explic¨®: ¡°Investigu¨¦, el due?o actual de tu empresa es el mismo Victor, en cuanto al gran jefe que mencionabas, simplemente no existe. Sin embargo, bas¨¢ndome en lo que dijiste, indagu¨¦ m¨¢s y encontr¨¦ que, cuando se fund¨® tu empresa hace tres a?os, cuenta de Victor recibi¨® una suma de dinero de un amigo de apellido Olivera. As¨ª que, si el gran jefe es esa persona, no pude encontrarlo.¡± ?Olivera? Debido a Jorge, ese apellido me resultaba especialmente sensible. ¡°Cami.¡± Pablo me m¨®, sac¨¢ndome de mis pensamientos: ¡°¨²ltimamente te noto distante, ?est¨¢s haciendo algo a escondidas?¡± Regrese a realidad y trat¨¦ de calmar sus sospechas: ¡°No, solo estoy aburrida y tengo curiosidad por algunas cosas.¡± Pablo percibi¨® que no quer¨ªa har m¨¢s del tema y sonri¨® suavemente diciendo: ¡°Si necesitas algo, aqu¨ª estoy. Y¡­ Mir¨® hacia s de bir agregando: ¡°Pol es un tipo salvaje, pero aqu¨ª no se atreve a tanto. Si se mete contigo, ll¨¢mame ¡°Est¨¢ bien.¡± Respondi, justo cuando se escuch¨® un fuerte golpe des bs en s. Pablo frunci¨® el ce?o, probablemente preocupado por sus bs de bir. Contacto, le dije: ¡°Pablo, mejor me voy.¡± ¡°Cuidado en el camino y m¨¢ndame un mensaje cuando llegues.¡± Me aconsej¨® Pablo. Asent¨ª y me disponia a salir cuando Pablo pregunt¨®: ¡°Ahora que dejaste familia V¨¢squez, ?d¨®nde vives? Espero que no te est¨¦s alqundo, tengo muchas propiedades, si necesitas d¨®nde quedarte, solo dilo, es mejor estar en una casa propia.¡± ¡°No te preocupes. Dije antes de irme. De Camino a casa, no podia da Olivera, persona que hab¨ªa invertido en empresa de Victor. Aunque sab¨ªa que era imposible que fuera Jorge, cuando volv y me encontr¨¦ cara a cara con Jorge en entrada del edificio, aun as¨ª lo m¨¦: Se?or Olivera?¡± EI Centímetro 231 Capitulo 231 Eh?: Jorge ten¨ªa una mirada de confusi¨®n en sus ojos. Di un paso hacia ¨¦l, acerc¨¢ndome mucho, tan cerca que pod¨ªa ofer el aroma de jab¨®n de su cuerpo despu¨¦s de ba?arse. Un ?lor muy agradable por cierto. Recuerdo que cuando mis padres estaban vivos, en casa siempre us¨¢bamos jab¨®n paravamoss manos y ba?arnos, pero en aquel momento gente hab¨ªa cambiado el jab¨®n tradicional por el l¨ªquido o gel de ducha, raramente se v jab¨®n, mucho menos se olia su fragancia. ¡°?Est¨¢s usando una m¨¢scara?¡± Lo molest¨¦. Jorge frunci¨® el ce?o y se mir¨® a s¨ª mismo pregunt¨¢ndome: ¡°?Cu¨¢nto has bebido, ya ni ves bien?¡± Hab¨ªa tomado una copa, no mucho, pero ¨¦l lo oli¨®. Sus pbras me hicieron soltar una risita, estir¨¦ mano y tir¨¦ de su camisa mientras le dec¨ªa: ¡°Jorge, no te hagas el desentendido, no estoy hando de ropa que llevas, sino de tu identidad oculta, ?eres -rico? ?Y tambi¨¦n el gran jefe a escondidas?¡± Jorge apret¨® mand¨ªb y dijo: ¡°No entiendo lo que dices.¡± Dijo eso y retrocedi¨® un poco, tratando de alejarse de mi. ¡°?En serio no entiendes? ?O est¨¢s fingiendo, o actuando conmigo?¡± Avanc¨¦ un poco m¨¢s, algo intencionadamente insistente. Jorge ya no habl¨® m¨¢s, solo me mir¨®, y yo tambi¨¦n lo mir¨¦. As¨ª nos quedamos, bajo Tir¨¦
de La mirada de Jorge se profundiz¨® mientras tomaba mi mu?eca y me llevaba hacia su habitaci¨®n para ofrecerme algo: ¡°Te voy a preparar algo de agua con miel.¡± Quer¨ªa decir que no era necesario, pero ¨¦l me estaba sosteniendo mano, c¨¢lida y con una especie de atri¨®n, as¨ª que lo segui. Ay, era tan susceptible a tentaci¨®n. En pocol tiempo, me prepar¨® el agua con miel, y me di cuenta de que taza ten¨ªa un dise?o de cabeza de gato, lo que demostraba que ramente era una taza para chicas. Pero Lilia no estaba all¨ª¡­ ¡°?De qui¨¦n es esta taza? No quiero usar taza de otra persona.¡± Dije a prop¨®sito, un poco tambi¨¦n a modo de prueba. ¡°Es tuya,pr¨¦ especialmente para ti.¡± Las pbras de Jorge hicieron que mi coraz¨®n saltara untido, y mis mejis se sonrojaran. Bebi el agua y se sentia dulce. Sent¨ªo si estuviera siendo mimada. ¡°No bebas cuando est¨¦s s, no es seguro.¡± Dijo Jorge. ¡°Estaba con Pablo, te lo he dicho antes, con ¨¦l no me pasar¨¢ nada.¡± Dije verdad. Sin embargo, Jorge ten¨ªa una mirada ligeramente sombr¨ªa, sin decir nada. Tom¨¦ otro sorbo de agua, y entonces escuch¨¦ que dec¨ªa: ?As¨ª que conf¨ªas tanto en ¨¦l?¡± ¡°S¨ª, ¨¦l siempre ha sido muy bueno conmigo, lo veoo un hermano y ¨¦l me tratao a una hermana.¡± Acarici¨¦ el asa de taza. Jorge se qued¨® en silencio, y pens¨¦ en Pol, a quien hab¨ªa visto esa noche, as¨ª que le pregunt¨¦: ¡°?Adivina con qui¨¦n cen¨¦ esta noche?¡± ¡°?No fue con Pablo?¡± Jorge dijo eso con un tono extra?o. No profundic¨¦ y solo dije: ¡°Al hijo de Mauricio, Pol Moreno.¡± La expresi¨®n de Jorge cambi¨® instant¨¢neamente pregunt¨¢ndome: ¡°?Qu¨¦ est¨¢s tratando de hacer?¡± Movi boca, pensando si decirle que Pol hab¨ªa edido a llevarme a ver a Mauricio, pero antes de eso Jorge dijo con severidad: ¡°Cam, s¨¦ lo que est¨¢s tratando de investigar, pero no te metas en esto, yo me encargar¨¦.¡± EI Centímetro 232 Cap¨ªtulo 232 Pensaba en aquel contrato y continu¨® dici¨¦ndome: ¡°La muerte de tu padre probablemente fue por culpa de mi padre, solo investigando podr¨¦ llegar a raiz de esto.¡± Jorge me miraba y preguntaba: ¡°?Ya sabes algo?¡± ¡°?Y t¨²? ?Por qu¨¦ buscaste a Mauricio? ?C¨®mo empezaste a sospechar de ¨¦l?¡± Yo tambi¨¦n le pregunt¨¦ a Jorge. Se levant¨® y camin¨® hacia ventana, su figura erguida parec¨ªa capaz de sostener el cielo si se c. Vi¨¦ndolo asi, dej¨¦ mi taza con el agua y me levant¨¦ para acercarme mientras intentaba calmarlo: ¡°Jorge, entiendo que debes saber algo, esto es peligroso y no quieres involucrarme, pero si tiene que ver con mis padres, entonces no puedo quedarme al margen.¡± Mir¨¦ luz de luna fuera de ventana diciendo: ¡°No soy tan ingenua, s¨¦ cuidar de mi misma, adem¨¢s, te tengo a ti a mido, ?no es as¨ª?¡± Jorge me mir¨® de reojo y despu¨¦s de un momento dijo: ¡°Sigues siendo tan tercao cuando eras ni?a.¡± Al escuchar eso, sonre¨ª y tambi¨¦n me gir¨¦ para mirarlo: ¡°Jorge, ya sab¨ªas qui¨¦n era yo, ?verdad? Entonces, te acercaste a mi tambi¨¦n para investigar muerte de tu padre, ?no es as¨ª?¡± Jorge frunci¨® el ce?o y me pregunt¨®: ¡°?Es eso lo que piensas?¡± ¡°Si.¡± Jorge movi¨® losbios y luego mostr¨® una sonrisa resignada pregunt¨¢ndome: ¡°?Tan poco vale mi atractivo?¡± No entendi a qu¨¦ se refer¨ªa y le pregunt¨¦: ¡°?Eh?¡± ¡°No tienes coraz¨®n.¡± Dijo Jorge con esas cuatro pbras y se alej¨® de ventana, a?adiendo: ¡°Bebe el agua y vete a dormir pronto.¡± ¡°?Y t¨²? ?Qu¨¦ vas a hacer?¡± Por alg¨²n motivo, volv¨ª a preguntar eso. Jorge no se volte¨® y camin¨® hacia el dormitorio, dejando caer antes de cerrar puerta: ¡°Leer.¡± Mir¨¦ puerta cerrada y sonre¨ª, bebi el agua y luego mir¨¦ mi taza personalizada de dibujos animados, le di un beso antes de volver a mi habitaci¨®n. Me tumb¨¦ en el sof¨¢ y le envi¨¦ un mensaje a Pablo diciendo que hab¨ªa llegado a casa y luego m¨¦ a Virginia por video. Pens¨¦ que ser¨ªa otra mada sin respuesta, pero esa vez contest¨®. aabajar hoy?¡± La vi en su casa. ¡°?D¨ªa libre!¡± ¡°Eh, ?te maquiste? ?Saliste? ?Una cita?¡± Note algo diferente en Virginia a trav¨¦s del video. E desvi¨® c¨¢mara y me dijo: ¡°No, te equivocas.¡± ¡°Deja de esconderte, confiesa.¡± La conoc¨ªa bien. Virginia volvi¨® a enfocar c¨¢mara, pero ya se hab¨ªa quitado el l¨¢pizbial yenzaba a explicarme: ¡°No hay nada que confesar, simplemente fue por tu futura cu?ada.¡± Me sorprendi¨® y pregunt¨¦: ¡°?Fuiste a ver a tupa?ero de estudios? ?No ir¨ªamos juntas pr¨®xima semana?¡± ¡°Volvi¨® antes, y justo el profesor nos cit¨®.¡± Virginia lo dijo brevemente. Pero ya habia captado lo importante y le dije: ¡°Y? ?C¨®mo fue?¡± ¡°?C¨®mo qu¨¦?¡± Virginia intentaba esquivar. Tupa?ero de estudios, ?sigue soltero?¡± Pregunt¨¦. Virginia solt¨® una risita sarc¨¢stica y me dijo: ¡°Cami, ?no deber¨ªas estar m¨¢s preocupada por lo que dijo de tu futura cu?ada?¡± ¡°Por supuesto que me preocupa, pero ponen el m¨¢s me preocupas t¨². No soy des que amor antes que amistad.¡± Le envi¨¦ un gui?o. Virginia buf¨® mientras me dec¨ªa: ¡°No empieces, solo eres una chismosa.¡± ¡°Vamos, cu¨¦ntame¡± Estaba realmente ansiosa. Quer¨ªa saber sobre condici¨®n de Lilia, pero tambi¨¦n si Virginia ten¨ªa alguna oportunidad con supa?ero de estudios. ¡°?De verdad quieres saber?¡± Virginia jugaba al misterio. ¡°Quiero, mucho, urgentemente.¡± Le asegur¨¦ con sinceridad. Virginia se mordi¨® elbio y luego dijo: ¡°La operaci¨®n de tu cu?ada no deber¨ªa ser un problema, el a?o pasado realizaron una cirugia simr con mucho ¨¦xito.¡± Mi sangre herv¨ªa de emoci¨®n y exm¨¦: ¡°?Eso es genial!¡± ¡°?Y ¨¦l est¨¢ soltero?¡± Pregunte de nuevo. Justo en ese momento, una solicitud de amistad de Pol apareci¨® en mi WhatsApp. 2/2 EI Centímetro 233 Cap¨ªtulo 233 Esa persona me agreg¨®, y adem¨¢s a esas horas tan tarde¡­ La sensibilidad femenina me hizo saber que algo no era normal. Aunque Pablo habia dicho que por ¨¦l, Pol no se atrever¨ªa a hacer nada. Pero aun as¨ª, tenia que ser cuidadosa y precavida. Adem¨¢s, que una mujer aceptara solicitud de amistad de un hombre asio as¨ª, y m¨¢s en mitad de noche, siempre parec¨ªa un poco frivolo Pretendi no haberlo visto y segu¨ª chateando con Virginia, hasta que escuch¨¦ su respuesta: ¡°La cirug¨ªa en que tuvo ¨¦xito antes, fue realizada junto a alguien queplementaba perfectamente.¡± La mncolia en voz de Virginia era evidente. Habiendo vivido el amor yo misma, entendia cu¨¢n importante era estar a par y encontrar a alguien que teplementara en una rci¨®n. Aunque Virginia de aquel momento tambi¨¦n era excepcional, pero todav¨ªa hab¨ªa unal diferencia con aquelpa?ero de se de proyi¨®n internacional. La diferencia entre el cielo y tierra tiene su raz¨®n de ser. No segui con ese tema y despu¨¦s de char un poco m¨¢s con Virginia, colgu¨¦ el tel¨¦fono y volv¨ª a pensar en solicitud de amistad de Pol. Ese hombre era peligroso, ya lo estaba sintiendo. Pero, para descubrir verdadera causa de muerte de mi padre, ten¨ªa que arriesgarme. Justo cuando estaba por apagar el celr, recib¨ª un mensaje de Sergio. [?Mantente lejos de ese Pol!] Su tono era sorprendentemente simr al de Jorge. Sab¨ªa que ¨¦l tambi¨¦n se preocupaba por m¨ª, pero su preocupaci¨®n ya no val¨ªa nada para m¨ª. Lo ignor¨¦ y apagu¨¦ el tel¨¦fono para dormir. No pod¨ªa negar que el trago de licor que me tom¨¦ frente al puesto de barbacoa a entrada delplejo residencial me peg¨® fuerte, ni siquiera el agua con miel de Jorge sirvi¨®, estaba tan cansada que me dorm¨ª sin siquiera tomar un ba?o. Al d¨ªa siguiente me despert¨¦ temprano, hice algo de yoga, prepar¨¦ un caf¨¦ y finalmente acept¨¦ solicitud de amistad de Pol en Facebook. A esa hora, seguro que ¨¦l a¨²n no habia despertado, as¨ª que al aceptarloo amigo, no ten¨ªa que preocuparme por recibir un mensaje suyo de inmediato. Cuando llegu¨¦ a empresa, Victor ya estaba ah¨ª, mir¨¢ndome de una manera un poco. extra?a, pero no dijo nada. Hab¨ªa acumdo bastante trabajo en los d¨ªas que no hab¨ªa ido, y estuve ocupada hasta el mediod¨ªa para terminarlo todo. Me levant¨¦, pensando en estirarme un poco antes de ir aer, cuando Victor se acerc¨® y toc¨® puerta: ¡°Directora G¨¢mez, emos juntos?¡± Era obvio que ten¨ªa algo, porque esa mirada no era nada transparente. Sonre¨ª ligeramente y le dije: ¡°ro.¡± En el restaurante, Victor y yo tomamos el men¨² del d¨ªa y ¨¦l mir¨®ida frente a mi pregunt¨¢ndome: ¡°?Por qu¨¦es tan poco? ?Est¨¢s a dieta? Tu cuerpo est¨¢ perfecto ahora, no adelgaces m¨¢s, as mujeres no les queda bien estar demasiado delgadas.¡± A pesar de que ¨¦l era el jefe de empresa, siempre imponente frente a los dem¨¢s, sent¨ªa que trataba decerme,o si tuviera miedo de hacerme sentir mal. Mirando los cubiertos a ambosdos de mi to, pens¨¦ ens habilidades culinarias de Jorge y sinceramente dije: ¡°No estoy a dieta, es que me he vuelto exigente conida.¡± ¡°?Eh?¡± Victor se sorprendi¨® un poco, luego pareci¨® entender algo y r¨¢pidamente asinti¨®: ¡°ro, ro.¡± Probablemente pens¨® que, al haber crecido en familia V¨¢squez, me hab¨ªa acostumbrado aida que hac¨ªan all¨ª. Pero lo que ¨¦l no sab¨ªa, era que fue Jorge quien me volvi¨® exigente. Pensando en que Jorge dijo que cocinar¨ªa algo delicioso para m¨ª esa noche, me encontr¨¦ ansiosa por noche, e inclusoida frente a mi no me apetec¨ªa en lo m¨¢s m¨ªnimo. ¡°?Qu¨¦ tal si te llevo aer algo rico afuera?¡± Victor de repente lo sugiri¨®. Esa entusiasmo¡­ ¡°Gracias, se?or Sierra, pero no es necesario.¡± Rechac¨¦ r¨¢pidamente, llev¨¢ndome un bocado a boca. ¡°Directora G¨¢mez, disculpa indiscreci¨®n, pero, ?el se?or de ayer es realmente tu novio?¡± Con esa pregunta de Victor, entend¨ª por qu¨¦ me hab¨ªa mirado tan extra?o desde aquel d¨ªa. Inmediatamente me vino a mente lo que Pablo pensaba de ¨¦l, y no pude evitar sonre¨ªr ligeramente preguntando: ¡°?Qu¨¦ te parece el se?or Sierra?¡± pero. ¡°Bueno, no parece de los que dan seguridad.¡± Victor habl¨® sin el filtro de Pablo. Tom¨¦ un sorbo de mi bebida y Victor continu¨®: ¡°Una chica tan encantadora y bonitao directora G¨¢mez, deber¨ªa estar con un hombre de verdad con m¨¢s car¨¢cter.¡± EI Centímetro 234 Cap¨ªtulo 234 Sus pbras me hicieron visualizar inmediatamente a Jorge, y tambi¨¦n record¨¦ lo que Pablo hab¨ªa dicho ayer sobre un amigo Olivera que estaba dispuesto a invertir una buena cantidad de dinero. Lo mir¨¦ fijamente y le dije: El hombre de verdad del que haba se?or Sierra, ?c¨®mo es exactamente? ?O tienes un amigo as¨ª?¡± V¨ªctor tosi¨® ligeramente y dijo: ¡°Eso es dif¨ªcil de describir, es alguien muy masculino, con una postura firme,o si fuera¡­ s¨ª, as¨ª¡­ Se?al¨® hacia panta de televisi¨®n del restaurante, que en ese momento mostraba noticias, una ceremonia de izamiento de bandera. Viendo a esos porteadores de bandera, todos con una postura militar impecable, me hizo pensar de nuevo en Jorge, y sent¨ª que V¨ªctor insinuaba algo. ?Era de apellido Olivera? ?Un hombre de verdad? ?O tal vez un linaje de soldados? Ten¨ªa que ser Jorge, ?no? Mir¨¦ a Victor, y ¨¦l estaba mirando panta grande,o pensando en algo, as¨ª que de repente pregunt¨¦: Se?or Sierra, su amigo se ma Jorge?¡± ¡°Este, ?eh?¡± Victor me mir¨® y pregunt¨®: ¡°?Qu¨¦ dijiste?¡± No sab¨ªa si realmente no habia escuchado o si pretendia estar confundido. ¡°?Se?or Sierra tiene un amigo mado Jorge?¡± Repeti. ¡°?Jorge?¡± Victor lo repitio y neg¨® con cabeza: ¡°No, ?qui¨¦n es ¨¦l?¡± Me sonri¨®, mir¨¢ndome, pero pude sentir c¨®mo esquivaba mi mirada. Le sonre¨ª ligeramente mientras continuaba: ¡°El hombre de verdad, el que se?or Sierra describi¨®.¡± ¡°Je.¡± Victor solt¨® una risa forzada: ¡°En serio? Entonces, ?c¨®mo te llevas con ese tal Jorge? ?Bien?¡± Vi el inter¨¦s en sus ojos por lo que le dije: ¡°Parece que est¨¢ muy interesado en mi amigo, ?qu¨¦ tal si un dia se lo presento?¡± ¡°Eso estaria bien, pero¡­ ?sera posible?¡± Victor parecia indeciso. ¡°?Por qu¨¦ no ser¨¢ posible?¡± Pregunt¨¦ a prop¨®sito. Victor sonrio dulcemente mientras decia: ¡°M¨¢s que nada, temo malentendidos, mira, tu amigo de ayer, en cuanto me vio, se puso a defensiva e incluso fingi¨® ser tu novio.¡± ¡°El se?or Sierra tiene un amigo de apellido Olivera, ?c¨®mo se ma?¡± Ignor¨¦ suentario y pregunt¨¦ de nuevo. ¡°Yo¡­ si¡­ ¡°Victor tartamudeo: ¡°Lo mo Olivera.¡± ¡°Ah. ?Es un hombre mayor?¡± Segui indagando. La expresi¨®n en el rostro de Victor se tenso y me dijo: ¡°No tan mayor name in 322 ya en los treintas, pero a¨²n sin novia.¡± Asenti ligeramente preguntando: ¡°?Podr¨ªa conocerlo alg¨²n d¨ªa?¡± ¡°?Eh?¡± Victor abri¨® mucho los ojos, sorprendido y algo asustado. Sin embargo, sonrel y le dije: ¡°El se?or Sierra dijo que no tiene novia, justoo yo que no tengo novio¡­¡± El gesto de Victor se contrajo, solt¨® una risa nerviosa y dijo: ¡°No me lo esperaba, directora G¨¢mez es realmente directa, hasta me has sorprendido.¡± Dijo eso mientras me hac¨ªa un gesto de aprobaci¨®n con el pulgar. ¡°Es que los buenos hombres escasean, as¨ª que cuando hay uno que parece adecuado, siempre vale pena intentarlo,o dice el dicho, felicidad hay que busca.¡± Lo provoqu¨¦. Victor, sin saber qu¨¦ responder, simplemente asinti¨® y asinti¨®: ¡°S¨ª, s¨ª, realmente eres ¨²nica.¡± ¡°Entonces, ?est¨¢ de acuerdo en conectarnos a su amigo Olivera y a m¨ª?¡± Presion¨¦ aun m¨¢s. ¡°De acuerdo, de acuerdo.¡± Victor sonri¨® sin alegr¨ªa: ¡°Pero primero tengo que preguntarle a Olivera, porque ¨¦l¡­ tiene a una chica que le gusta en secreto, y parece ques cosas est¨¢n avanzando entre ellos.¡± ¡°Ah, ya veo.¡± Fingi decepci¨®n. ¡°S¨ª, as¨ª que, probablemente, ¨¦l no podr¨¢ tener m¨¢s interiones contigo.¡± Victor us¨® esa excusa para rechazarme. Pero en aquel momento, mi inter¨¦s por ese amigo suyo, el tal Olivera, solo crec¨ªa y no me desanim¨¦: ¡°Mientras no est¨¦ casado, tengo que intentarlo, quien sabe, tal vez al conocerme se d¨¦ cuenta de que soy yo indicada.¡± Dej¨¦ a Victor sin pbras. ¡°Se?or Sierra, ¨¦cheme mano, por favor, ay¨²deme a juntar a esta pareja. Se dice que hacerlo te da diez a?os m¨¢s de vida y mucha suerte.¡± Dije con una sonrisa despu¨¦s de har: ¡°Se?or Sierra, espero su respuesta.¡± EI Centímetro 235 Cap¨ªtulo 235 Le puse un reto a Victor. Tambi¨¦n queria descubrir qui¨¦n era el verdadero gran jefe que me habia ayudado tanto. Aunque en mi coraz¨®n negaba que fuera Jorge, al fin y al cabo era porque Jorge era pobre y realmente no tenia nada que ver con ser rico, pero todo me hac¨ªa pensar que el gran jefe detr¨¢s de Victor era muy parecido a ¨¦l Esa tarde no ten¨ªa mucho qu¨¦ hacer, asi que despu¨¦s de una reuni¨®n, abri Facebook. Viendo al nuevo amigo Pol, panta de chat solo mostraba el mensaje de que t¨² y otra persona ya eran amigos, aparte de eso, no hab¨ªa ning¨²n otro mensaje. A esa hora, seguro que ya hab¨ªa visto notificaci¨®n de amistad, pero habia ignorado, ramente, era su forma de devolverme el no haber aceptado su regalo noche anterior. Ese hombre realmente era de cuidado, se pod¨ªa ver por ese peque?o detalle, definitivamente era de alguien que no olvidaba una ofensa. En ese momentoenc¨¦ a entender por qu¨¦ Jorge y Sergio me advirtieron que me mantuviera alejada de ¨¦l. Pero ya lo habia provocado, as¨ª que fingir que no lo conoc¨ªa era imposible. Aunque Pol me estuviera dejando en visto, si ya hab¨ªa mostrado inter¨¦s, seguro que tendr¨ªa un pr¨®ximo movimiento. En aquel momento, lo mejor era no hacer nada y responder con serenidad a cualquier cambio. As cinco de tarde, sali del trabajo y volv¨ª a casa. A esa hora, los vecinos a¨²n no hab¨ªanenzado a cocinar y estaban todos juntos paseando a los ni?os o chando. ¡°?Cami, ya volviste?¡± Ainhoa Medina, del piso de abajo, ya me conocia bien y me salud¨® con entusiasmo. ¡°S¨ª, Ainhoa, ?todavia no has ido a casa a cocinar?¡± Tambi¨¦n le pregunt¨¦. Ese tipo de saludos son realmente triviales, pero pueden hacer ques personas se sientan mucho m¨¢s cercanas. ¡°Acabo de volver deprar alimentos, todav¨ªa no he cocinado. Ay, no tengo tu suerte de tener un novio que sabe cocinar.¡± Ainhoa hizo un puchero hacia el piso de arriba. Resulta que Jorge ya hab¨ªa regresado. Sub¨ª y directamente golpe¨¦ puerta de Jorge, de adentro lleg¨® su agradable voz invit¨¢ndome: ¡°La puerta est¨¢ abierta.¡± Empuj¨¦ suavemente, y el aroma deida me golpe¨® primero, realmente captur¨® mi est¨®mago que hab¨ªa estado casi vac¨ªo desde ma?ana. La campana extractora de cocina estaba funcionando, me acerqu¨¦ y me qued¨¦ en puerta dici¨¦ndole: ¡°Lo que cocinaste huele tan bien, incluso Ainhoa, de abajo pot¨¦ deseando probarle ¡± refrigerador. En ese momento, casi pens¨¦ que Jorge habia stdo un monitor en mi corte, me conoc¨ªa demasiado bien. Justo en el camino de regreso, cuando vi a alguien verdiendo sandias, quer¨ªaer, y en aquel momento fine decia directamente que ya ha hatu jugo de sandia para mi. ¡°Jorge, ?me vas a conquistar con tu belleza y tuida tan rica?¡± Dije rendo No respondi¨®, asi que fui avarme manos y entr¨¦ a cocina para tomar el jugo des sandia del refrigerador. Pero ese viejo apartamento era realmente peque?o, para llegar a refrigerador ten¨ªa que pasar junto a Jorge, y si le pedia que lo tomara, estaba ocupado cortando verduras. ¡°Mu¨¦vete un poco, voy a pasar.¡± Le indiqu¨¦ a Jorge que se hiciera a undo. Se peg¨® un poco m¨¢s hacia estufa, y cuando fui a abrir el refrigerador, y estaba sacando el jugo de sand¨ªa, el tel¨¦fono de Jorge en su bolsillo sono ¡°T¨®malo, por favor.¡± Dijo Jorge naturalmente.. No senti que hubiera algo mal, as¨ª que extendi mano hacia su bolsillo, pero apenas lo hice, senti que Jorge se tensaba. Y a trav¨¦s de t delgada, senti el calor de su piel, haciendo que mis dedos se retractaran involuntariamente. Al hacerlo, Jorge pareci¨® tensarse a¨²n m¨¢s. Esa sensaci¨®n inusual hizo que mis dedos parecieran menos ¨¢giles, yo estaba usando mi mano izquierda, que no era tan h¨¢bilo mi derecha, el tel¨¦fono parec¨ªa burse de m¨ª, haciendo dif¨ªcil el sacarlo. El timbre del tel¨¦fono continuaba sonando, y con temperatura de cocina ya alta por el fuego, solo sent¨ª una capa de sudor en mi espalda. ¡°Mejor lo hago yo.¡± Viendo que no pod¨ªa sacarlo despu¨¦s de tanto intento, Jorge se limpi¨®s manos y fue ¨¦l mismo a tomarlo. Justo en ese momento consegu¨ª su tel¨¦fono, as¨ª que cuando extendi¨® su mano, termin¨® cubriendo m¨ªa. En un espacio tan peque?o, casi pegados el uno al otro, y en aquel momento con ¨¦l sosteniendo mi mano, sent¨ª que todo mi cuerpo se calentaba. EI Centímetro 236 Capitulo 236 Y losto cuando el tel¨¦fono no paraba de sonar de repente se detuvo. En ese instante, solo quedaba el sonido des mas en in cocina y lostidon acelerados de nuestros corazones resonando en el aire A esa corta distancia, nuestras respiraciones se entrzaban, y podia ver ramente chispa en los ojos de Jorge¡­ Ten¨ªa fuerte sensaci¨®n de que algo estaba a punto de suceder. Sono un golpe en puerta, seguido por voz de Ainhoa desde abajo: ¡°Jorge, Jorge, el agua en mi casa sale muy despacio, ?puedes venir a ver qu¨¦ pasa?¡± Jorge, pegado a mi, ramente se tens¨® por un momento, y yo aprovech¨¦ para r¨¢pidamente alejarme y sentarme en el sof¨¢. Al poco tiempo, Jorge sali¨® de cocina, fue y abri¨® puerta dici¨¦ndole: ¡°Ainhoa, voy contigo a ver.¡± ¡°Est¨¢ bien, est¨¢ bien.¡± Ainhoa ech¨® un vistazo dentro de casa, tambi¨¦n y me saludo cort¨¦smente: ¡°Cami, pedir¨¦ prestado a tu novio un momentico.¡± me vi Je, je¡­ Qu¨¦ manera de decirlo. Pero yo tambi¨¦n entr¨¦ al juego: ¡°Ainhoa, te lo puedo prestar pero devu¨¦lvelo pronto, eh.¡± ¡°Jaja, ro, ro.¡± Ainhoa respondi¨® y se fue con Jorge. Suspir¨¦ aliviada y luego, bebiendo el jugo de sand¨ªa, regrese a mi cuarto. Cuando Jorge Suspir¨¦ aliviada y luego, bebiendo el jugo d fue a marme, ya hab¨ªa pasado media hora. El tiempo es algo maravilloso, iodidad de antes ya no estaba, as¨ª que busqu¨¦ tema de conversaci¨®n: ¡°?Qu¨¦ pas¨® con el agua en casa de Ainhoa?¡± ¡°La ve estaba tapada por sarro, con cambia se solucion¨®.¡± Entonces record¨¦ lo del desalojo: ¡°Debes saber que van a desalojar este lugar, ?no?¡± ¡°Si.¡± Pens¨¦ en su n de volver y le dije: ¡°ro, al fin y al cabo t¨² eres inquilino, tambi¨¦n te ir¨¢s.¡± ¡°?Y t¨²?¡± Jorge me pregunt¨®: ¡°?A d¨®nde ir¨¢s?¡± ¡°No lo he pensado.¡± No mencion¨¦ mi idea deprar una casa. Jorge me mir¨® profundamente, pero deliciosa, hasta tuve idea de que si Jorge alg¨²n d¨ªa desapareciera de mi vida, nada pero no pregunt¨® m¨¢s. Laida que prepar¨® estaba tendr¨ªa sabor para m¨ª. Despu¨¦s deer, Jorge y yo fuimos al parque de diversiones. Mire no vino? Al darme cuenta de que eranos solo nosotros dos, pregunt¨¦ confundida Jorge me dijo. No hace falta Me rei y le dije. ¡°Jorge, parece que est¨¢s listo para abandonar el barco despu¨¦s de cruzar Jorge no dijo nada, simplemente me llev¨® hacia adentro, mir¨¦ alrededor y vi todass luces encendidas ¡°Ahora parece que no hay problema cons luces, pero hay que ver el efecto general¡± ¡°Si, antes dijiste que el mejor punto de observaci¨®n estaba en rueda de fortuna, vamos all despu¨¦s.¡± Jorge, realmente no esperaba que lo lograras a tiempo.¡± Coment¨¦ emocionada. ¡°Lo que te prometa siempre lo cumplir¨¦.¡± Jorge dijo eso de manera tan natural, pero yo escuch¨¦ algo m¨¢s en sus pbras. No era primera vez y sabia que lo dec¨ªa a prop¨®sito para mi. Lo mir¨¦ dedo y le dije: Jorge, me he dado cuenta de que eres bastante h¨¢bil.¡± ¡°?Habil en qu¨¦?¡± Su expresi¨®n era indiferente. Estaba a punto de responder, cuando de repente una figura familiar apareci¨® en mi campo de visi¨®n. Mis pasos se detuvieron de golpe, y qued¨¦ mirando fijamente esa figura bajos miles de luces brintes, casio si fuera una ilusi¨®n. ¡°?Qu¨¦ pasa?¡± Jorge me mir¨®. Luego, siguiendo mi mirada, vio a Sergio no muy lejos de nosotros. EI Centímetro 237 Cap¨ªtulo 237 Sergio tambi¨¦n apareci¨®, algo que no esperaba del todo. Pero de alguna manera, eral previsible. Dado que ese dia era cuando ajustarians luces, ten¨ªa sentido que ¨¦l, siendo el gran jele de ese parque de diversiones, viniera a echar un vistazo de antemano. En el momento de cruzar miradas, Sergio ya se ha acercado. Senti mi mano c¨¢lida y era que Jorge habia tomado. Debo decir que, en el papel de ser mi novio, realmente lo hac¨ªa muy bien. Cada vez que Sergio aparecia, esa sensaci¨®n de propiedad dominante de Jorge se activabal instant¨¢neamente. La mirada de Sergio pas¨® por nuestras manos entrzadas, y su expresi¨®n no mostr¨® demasiado disqusto, incluso su tono fue muy calmado y sereno: ¡°?A qu¨¦ hora empieza?¡± Ambos entendimos lo que quer¨ªa decir con eso, simplemente estaba all¨ª para ver prueba de luces. ¡°En diez minutos. Respondi¨® Jorge, ¡°?D¨®nde est¨¢ el punto de observaci¨®n?¡± Pregunt¨® Sergio. Jorge apret¨® un poco m¨¢s mi mano, lo mir¨¦ y ¨¦l tambi¨¦n me mir¨®,o pregunt¨¢ndome. ¨¦l hab¨ªa visto eso innumerables veces, no pod¨ªa no saberlo. Pero al darme iniciativa, simplemente quer¨ªa seguir mi opini¨®n. ¡°Cada ¨¢rea tiene su propio punto de observaci¨®n, y est¨¢n marcados. El punto de observaci¨®n general es rueda de fortuna.¡± Respond¨ª oficialmente. La mirada de Sergio se pos¨® en mi rostro luego mir¨® a Jorge y le pregunt¨®: ¡°?A d¨®nde van ustedes a observar?¡± ?Quer¨ªa unirse a nosotros? ?No le iodaba? Es cierto, en aquel momento ya ten¨ªa a alguien m¨¢s, probablemente ya hab¨ªa dejado atr¨¢s lo nuestro, ?qu¨¦ podr¨ªa iodarlo? ¡°Jorge y yo daremos una vuelta general primero y¡­¡± Jorge hizo una pausa y agreg¨®: ¡°Esta noche no es una prueba oficial, solo quer¨ªa traer a Cami a verlo.¡± Algo brill¨® en los ojos de Sergio, y despu¨¦s de un momento, respondi¨® suavemente: ¡°Hmm.¡± ?Hmm? ?Qu¨¦ significaba eso? No lo supe, y a Jorge tampoco pareci¨® importarle, solo le dijo: ¡°Presidente V¨¢squez, queda en se casa, nosotros nos vamos primero.¡± Jorge me llev¨®, y al pasar jurto a Sergio, todav¨ªa podia sentir el fr¨ªo emanando de ¨¦l. ¡°Si ves alg¨²n problema, dimelo.¡± Me instruy¨® Jorge. Pero, ?c¨®mo iba a saber si hab¨ªa alg¨²n problema? Si lo hubiera, no me habr¨ªa llevado. Segu¨ª a Jorge, caminando tranqumente entre esas luces deslumbrantes, eral extremadamente rom¨¢ntico, pero ya no podia sumergirme en ese ambiente. Con un ex siguiendonos, todav¨ªa no pod¨ªa actuar e no existiera, o un extrandk Jorge, por otrodo, seportaba con naturalidad, ocasionalmente explicando situaci¨®n des luces, donde ha problemas cons l¨¢mparas y d¨®nde con corriente el¨¦ctrica. Poco a poco,enc¨¦ a rjarme. Incluso llegu¨¦ a pensar que Sergio ya no nos segu¨ªa, pero cuando Jorge me llev¨® frente a rueda de fortuna, me di cuenta de mi error. Sergio hab¨ªa estado detr¨¢s de mi todo el tiempo, sigui¨¦ndonos. Aunque Jorge y yo no mostramos ning¨²nportamiento intimo, solo el hecho de ir de mano era suficiente para iodarlo. Pero segu¨ªa ah¨ª, tras nosotros. ?Acaso buscaba sufrir? Oh, casi lo olvido, si no me amaba, entonces no sufrir¨ªa. No deber¨ªa pensar en eso, ya que cada vez que lo hac¨ªa, me sent¨ªa mal. Sentir que todo mi afecto se fue al vac¨ªo, era realmente descorazonador. ¡°Presidente V¨¢squez, ?tambi¨¦n quiere subir a ver?¡± Jorge le pregunt¨® cort¨¦smente a Sergio. ¡°Hmm.¡± Sergio hab¨ªa hado especialmente poco esa noche, suportamiento tambi¨¦n era excepcionalmente tranquilo,pletamente diferente a c¨®mo sol¨ªa reionar cuando nos ve¨ªa a Jorge y a m¨ª juntos,o si lo pincharan con agujas. ¡°?Por favor!¡± Jorge tambi¨¦n se mostr¨® especialmente cort¨¦s con ¨¦l esa noche. Sergio, con su alta posici¨®n, se dirigi¨® naturalmente hacia cabina abierta para visitantes. En ese momento, Jorge me mir¨® y luego me dijo: ¡°Subamos nosotros tambi¨¦n.¡± EI Centímetro 238 Cap¨ªtulo 238 Se me apret¨® garganta, dorge queria que los tres nos subi¨¦ramos en una misma cabina de observaci¨®n? Justo cuando iba a decir algo, Jorge ya hab¨ªa tomado mi mano, pero nos dirigimos hacia otra cabina ¡°No se subir¨¢n en esta? La voz de Sergio reson¨®. ¡°No seria c¨®modo Dijo Jorge mientras me subia en brazos. Entr¨® y cerr¨® puerta de cabina. A trav¨¦s del cristal de cabina, vi cara de Sergio volverse p¨¢lida y sus ojos parecian escupir fuego. Finalmente, se enfad¨®. ¡°?Fue a prop¨®sito?¡± Mir¨¦ a Jorge. ¡°Si¡± Admiti¨® Jorge con confianza y me explic¨®: ¡°No quer¨ªapartir cabina con ¨¦l.¡± Su manera de decirlo fue arrogante, orgullosa y un poco infantil. No pude evitar re¨ªrme. Ha que decir que Jorge era un hombre de muchas facetas: el hombre frio y duro era ¨¦l, el hombre c¨¢lido y atento era ¨¦l, y en aquel momento el adorable e infantil tambi¨¦n era ¨¦l. Jorge.¡± Lo m¨¦. ¡°?Si?¡± Sus ojos briban de manera especial bajo luz. ¡°Eres muy lindo.¡± Dije justo cuando m¨²sica del carruselenz¨® a sonar. Qu¨¦ mal momento. ¡°?Qu¨¦?¡± Jorge no sab¨ªa si no hab¨ªa escuchado bien o simplemente no aceptaba mi cumplido. Me rei y no repeti lo dicho, en cambio, me puse a mirars luces afuera. A medida que rueda de fortuna subia, todo el parque de diversiones se veia a vista de p¨¢jaro. Vi el carrusel, vi monta?a rusa, vi los toboganes de agua, vi todo el parque encogi¨¦ndose bajo mi mirada, y tambi¨¦n vi los rascacielos y vida cotidiana que rodeaba el parque. Con el cambio brinte de luces, mi vista fue atra¨ªda de nuevo hacia el parque. El paisaje interior del parque era para disfrutar, el paisaje exterior era para admirarlo, y esas brintes luces eran el alma del parque, as¨ªo estre m¨¢s brinte de San Jos¨¦ del Cabo. As¨ª que ese parque no era solo un lugar de entretenimiento¨²n, sino tambi¨¦n un nuevo simbolo de San Jos¨¦ del Cabo. ¡°Cami, te regalo esto, ?te gusta?¡± De repente, reson¨® en mis o¨ªdos voz de Sergio cuando me mostr¨® el n del parque por primera vez. Fue ese momento el que me hizo creer que me amaba, De lo contrario, ?c¨®mo sabria que Capitulo 238 so?aba con un parque de diversiones, un sue?o que tambi¨¦n nos conectaba a mi padre y a m¨ª? Sergio hizo realidad ese sue?o, solo que el sue?o termin¨® antes de lo esperado. Las luces cambiaban sin cesar, cada color tenja su significado ¨²nico, el azul representaba un amor profundoo el mar, el rojo simbolizaba prosperidad, y el morado significaba profundidad y persistencia¡­ Cuando se solicit¨® el dise?o des luces del parque, hubo varias empresaspitiendo, y fui yo quien finalmente eligi¨® empresa de Jorge. En aquel momento, viendo esos cambios de color intercdos, supe que cuando decidi sobre esas luces, el destino de Jorge y el m¨ªo ya hab¨ªaenzado a girar. Volte¨¦ a verlo justo cuando rueda de fortuna a¨²n sub¨ªa, llegando a su punto m¨¢s alto. ¡°?Conoces leyenda de rueda de fortuna?¡± Jorge alz¨® vista hacia el cielo estredo y me pregunt¨® en voz baja. Presion¨¦ misbios y dije: ¡°No conozco leyenda, solo s¨¦ que si pides un deseo cuando rueda de fortuna llega a su punto m¨¢s alto, se cumplir¨¢.¡± ¡°?Quieres pedir un deseo?¡± Jorge me mir¨®. En ese momento, sus ojos briban intensamente,o sis estres del cielo nocturno hubieran ca¨ªdo en ellos. Pens¨¦ por dos segundos y negu¨¦ con cabeza: ¡°No, no lo har¨¦.¡± ¡°?Por qu¨¦?¡± Sonrei amargamente: ¡°Porque no se cumplir¨¢.¡± Cuando era ni?a y celebraba mis cumplea?os, siempre ped¨ªa un deseo: que mis padres me amaran para siempre y que siempre estuvi¨¦ramos juntos. Pero el destino cruelmente se los llev¨®. ¡°Pide uno, yo te ayudar¨¦ a cumplirlo.¡± Dijo Jorge, movi¨¦ndose detr¨¢s de m¨ª y cubriendo mis ojos con sus manos. EI Centímetro 239 Capitulo 239 El mundo lleno de colores desapareci¨® bajo palma de su mano, y mi mundo tambi¨¦n se oscureci¨®. Pero no tenia miedo en lo absoluto. ¨¦l estaba a mido, el calor de su cuerpo era m¨¢s reconfortante que cualquier fuente de luz. ¡°Des¨¦alo, desde ahora estar¨¦ a tudo para hacer realidad tus deseos.¡± La voz de Jorge, profundao un violonchelo, resonaba suavemente en mi oido. La m¨²sica en cabina. de observaci¨®n era suave, y poco a poco mi coraz¨®n se rjaba. ?Pedir un deseo? ?Qu¨¦ deberia desear? Despu¨¦s de que mis padres me dejaron, no sabia qu¨¦ deseos podr¨ªa tener. Luego, estando con Sergio, mi ¨²nico deseo era que lo nuestro durara mucho tiempo. Pero eso solo lo pensaba en el fondo de mi coraz¨®n, nunca lo pedioo tal. En aquel momento, tenia que pedir un desdo¡­ Me preguntaba en el fondo qu¨¦ quer¨ªa, pero ni yo misma lo sabia Finalmente, pens¨¦ en mis padres, en su muerte, y apenas susurr¨¦: ¡°Espero descubrir verdad detr¨¢s del idente de auto de mis padres.¡± ¡°Yo te ayudare con eso.¡± Jorge me prometi¨® directamente. Sonrei y luego solt¨¦ su mano diciendo: ¡°Entonces, ?para qu¨¦ pedir un deseo? ?No bastaria con decirtelo directamente?¡± ¡°Asi que desperdiciaste una buena oportunidad.¡± Jorge me dio una palmadita en cabeza Con una sonrisa sarc¨¢stica, dije: ¡°Ya hace tiempo que dej¨¦ de creer en eso¡°. Dicho eso, mir¨¦ hacias brintes luces y dije: ¡°Despu¨¦s de que mis padres murieron, dej¨¦ de creer en cualquier tipo de bendici¨®n divina¡°. Senti calor en mi cabeza nuevamente, esa vez Jorge no me dio una palmada, sino que me acarici¨® mientras me aseguraba: ¡°De ahora en adnte, cree en mi¡°. Queria ser mi dios, ofreci¨¦ndome proti¨®n. Pero ¨¦l no sab¨ªa que solo cre¨ªa en mil capacidad para protegerme a m¨ª misma. Las luces volvieron a encenderse, casi iluminando todo el cielo estredo. Las luces alli no eran est¨¢ticas, cambiaban cada segundo para que nunca vieras misma luz dos veces. Se podr¨ªa decir que inversi¨®n en el proyecto de iluminaci¨®n del parque de diversiones representaba un tercio de inversi¨®n total del parque. ¡°Este dise?o de Coraz¨®n del Cabo Roca es uno de mis dise?os d Expres¨¦ sin reservas mi alegr¨ªa. ¡°Hay a¨²n mejores por venir.¡± Jorge era as¨ª de confiado. iluminaci¨®n favoritos.¡± Las siguientes luces eran m¨¢s deslumbrantes ques anteriores, me sumergi not¨¦
que en aquel momento Jorge me abrazaba por detr¨¢s, 172 11:51 hasta que olvid¨¦ porpleto a Sergio en cabina de enfrente. Hasta que en un hermoso destello de luz, me gir¨¦ alegremente parapartir mi felicidad con Jorge, de repente vi a persona de ple en cabina de enfrente. Vi a Sergio mir¨¢ndome, solo mirandome. Aunque no pod¨ªa ver su expresi¨®n, pod¨ªa sentir que era muy tranquilo. Una tranquilidado si estuviera muerto. En ese momento, todos mis nervios se paralizaron. Aunque en aquel momento hab¨ªa dejado ir a Sergio, despu¨¦s de todo, ¨¦l hab¨ªa ocupado diez a?os de mi juventud, todav¨ªa no pod¨ªa tratarloo a un extra?o, especialmente en ese momento que se ve¨ªa as¨ª, me hac¨ªa sentiro si yo misma lo hubiera apu?do hasta matarlo. Jorge tambi¨¦n se dio cuenta de que algo no estaba bien conmigo, no dijo nada, solo me abraz¨® m¨¢s fuerte, y luego en mi o¨ªdo, con su voz atractiva y seductora, dijo: ¡°Hay una luz especial para ti¡°. ¡°?Eh?¡± Volvi en mi. Jorge ya hab¨ªa sacado su tel¨¦fono, presion¨® algunas veces y luego todass luces se apagaron de repente. Ese momento, el mundo colorido se volvi¨® oscuro de repente, diferente a cuando ¨¦l cubri¨® mis ojos antes. Me dio una sensaci¨®n de p¨¢nico,o si hubiera ca¨ªdo en un abismo¡­ Instintivamente, me agarr¨¦ de Jorge, sin esperar a har, el oscuro mundo de repente volvi¨® a iluminarse. Las luces que se hab¨ªan apagado en aquel momento estaban encendidas de nuevo, r¨¢pidamente cambiando a un color azul marino, y todo el parque de diversiones de repente se transform¨® en un oc¨¦ano, con luces cambiandoo s ondntes¡­ Ese efecto din¨¢mico y tridimensional no estaba en los nos originales. ?Esto es una nueva modificaci¨®n? Despu¨¦s de¡­¡± No termin¨¦ frase, cuando vi que el oc¨¦ano azul de luces ten¨ªa un nuevo cambio. Dentro hab¨ªa una figura tridimensional de una ni?a, con un mo?o, vistiendo princesa¡­ in vestido de EI Centímetro 240 Cap¨ªtulo 240 La ni?a corria entres s, y eso me hizo pesar en hija del mar de los cuentos de hadas. Corria tan alegre, de pie sobre cresta des s, girando de vez en cuando¡­ Era realmente hermosa y tan llena de vida Parecia que no era una ni?a creada por luces, sino una verdadera ni?ita corriendo sobres s. Me qued¨¦ sin aliento mirando, sin querer parpadear por miedo a perderme de algo. De repente, con una gran , apareci¨® otra figura. Era un ni?o El ni?o era alto y miraba a ni?a La ni?a tambi¨¦n lo miraba, y despues de unos segundos corri¨® hacia el diciendo. ¡°H, me mo Cam, ?y t¨² c¨®mo te mas? Al escuchar eso, mi coraz¨®n dio un vuelco, resulta que ni?a jugando con s era
  1. 10.
Oye, no corras. ¡°Esperame¡­. El ni?o se detuvo, le extendi¨® mano a ni?a, se tomaron des manos y corrieron juntos ¡°Amigo, estoy cansada, c¨¢rgame.¡± ¡°Corre m¨¢s r¨¢pido¡­ La ni?a se recosto sobre espalda del ni?o y juntos pisaban cresta des s¡­ Mis ojos se humedecieron, eso era una pelic de mi infancia que Jorge habia creado con luces. Resulta que los sue?os que hab¨ªa tenido no eran sue?os, sino realidad. ¡°Cuando crezca me casar¨¦ contigo.¡± ¡°Tienes que esperarme, no lo olvides¡­¡± Con cada cambio de escena, todo se volvi¨® ro para m¨ª, Jorge apareci¨® en mi vida, no por nificaci¨®n ni intenci¨®n, sino por promesa que me hab¨ªa hecho. La iluminaci¨®n era maravillosamente be, tan hermosa que parecia que habia entrado en un cuento de hadas, oo si hubiera regresado a mi infancia. Al final de luz, vi a pap¨¢ y mam¨¢, talo los recordaba, abraz¨¢ndose y mir¨¢ndome, mientras me dec¨ªan: ¡°M, s¨¦ feliz.¡± No supe c¨®mo empezaron a caer mis l¨¢grimas, solo s¨¦ que cuandos luces se apagaron, ya estaba sollozando. Jorge me abrazaba suavemente diciendo: ¡°Los se?ores est¨¢n mirando, si lloras as¨ª, les romper¨¢s el coraz¨®n.¡± Eso solo me hizo sentir peor. Nadie sab¨ªa cu¨¢nto extra?aba a mis padres, pens¨¦ que nunca los volveria a ver, pero Jorge los reconstruy¨® usando IA. Si tienes algo que decirles, puedes hacerlo.¡± Dijo Jorge, sorprendi¨¦ndome. Tenia tanto que decir, pero en ese momento, no pude articr ninguna pbra, porque en mi coraz¨®n sab¨ªa que lo que veia solo era una ilusi¨®n. Al final, no dije nada y solo los mire. No supe cu¨¢ndo empez¨® a girar de nuevo rueda de fortuna, pero cuando se detuvo, vi a Sergio bajando de otra cabina. Se acerc¨® hacia nosotros, con un aire de furia abri¨® puerta de cabina diciendo: ¡°Jorge, sal.¡± Su tono era desafiante, lo que me hizo levantar mirada. Sergio se sorprendi¨® al ver mis ojos llenos de l¨¢grimas. Jorge no le prest¨® atenci¨®n a Sergio, sino que continu¨® sec¨¢ndomes l¨¢grimas con suavidad: ¡°Qu¨¦date aqu¨ª un momento.¡± Despu¨¦s de acariciar mi nuca, finalmente baj¨® de cabina de observaci¨®n. Pero mi mano lo agarro. ¡°No te preocupes.¡± Dijo Jorge retirando mi mano, y luego se dirigi¨® hacia Sergio. EI Centímetro 241 Capitulo 241 Sergie gru?a bain y tambien agarr¨® del cuello a Jorge Me estremec¨ª, dejando dedo mi tusten para intervenit para escucha Jorge decir tranqumente: ¡°?As¨ª que el presidente Vasquez cree que soy astuto simplemente porque nunca has tratado a Cam in et mismo corazon que yo? mirada de Sergio se endureci¨® repentinamente dici¨¦ndole a Jorge: ¡°Jorge, tus trucos pare engatusar a jovencitas no enga?ar¨¢n a Cam. A e no le gustan estas cosas ilusorias, ?entiendes?¡± Que no me gustaban? De hecho, una vez le dije a Sergio que no me gustaban. Recuerdo. nuestro primer Dia de San Valentin juntos, cuando no me regal¨® nada, ni siquiera una cena Al d¨ªa siguiente, cuandoi con Pablo y los dem¨¢s, Pablo brome¨® pregunt¨¢ndomeo Sergio y yo habiamos pasado nuestro primer Dia de San Valentin. En ese momento, me senti extremadamente avergonzada, y despu¨¦s de que Sergio se disculpara por olvidarlo, me vi forzada a bajar cabeza y decir que no me gustaba. ?Pero que chica no disfrutaria des flores y el romance? ?El simplemente no me lo dio! ¡°?A¨²n piensas que no le gusta?¡± Jorge pregunt¨® en voz baja Sergio me mir¨®, no s¨¦ si pudo vers l¨¢grimas en mi rostro, peros hab¨ªa visto antes. Solo tenia que no ser tonto para saber cu¨¢l era raz¨®n de mis l¨¢grimas. Aparte des l¨¢grimas de alegria y nostalgia porque Jorge hab¨ªa revivido a mis padres con IA, tambi¨¦n estaban mis l¨¢grimas de conmoci¨®n y alegr¨ªa por el esfuerzo que ¨¦l habia puesto en mi. El amor de Jorge por mi estaba en los detalles, su amor era en cadaida que preparaba, su proti¨®n silenciosa, y el espect¨¢culo de luces que hab¨ªa hecho solo para mi¡­ Despu¨¦s de unarga mirada, Sergio finalmente desvi¨® vista, mirando fr¨ªamente al Jorge mientras dec¨ªa: ¡°Cami me ama a mi. He estado con e durante diez a?os, e daria hasta su vida por mi.¡± Jorge permaneci¨® en silencio, y Sergio solt¨® una risa sarcastica preguntandole: ¡°?No lo crees? ?Has notado el peque?o hueco en su dedo anr izquierdo? Eso es prueba.¡± Mis dedos se contrajeron involuntariamente, recordando herida que sufri por ¨¦l. ?Pero recordabas promesas que me hizo? La promesa de reemzar con un anillo carne que hab¨ªa perdido. ?No! Ya ne lo recordaba. Si lo hiciera, no estaria enredado con una viuda a mis espaldas. ¡°?Y c¨®mo has tratado t¨² a esa chica que dar¨ªa su vida por ti?¡± Jorge pregunt¨® friamente. Sergio se qued¨® cado, y Jorge levant¨® mano, agarrando mu?eca de Sergio con firmeza: ¡°Presidente V¨¢squez, fuiste t¨² quien no apreci¨®, dando me ¡®despreciable¡® 172 Capitulo 241 oportunidad, entiendes?¡± Dicho eso, Jorge forz¨® mano de Sergio hacia abajo. En ese momento tambi¨¦n me acerque, sin decir nada, simplemente tom¨¦ el Brazo de Jorge dici¨¦ndole: ¡°Jorge, ya es tarde, v¨¢monos.¡± Jorge me mir¨® profundamente, sigui¨¦ndome al salir. En el camino de regreso, ambos permanecimos en silencio. Incluso subiendos escaleras, solo se escuchaban nuestros pasos. ¡°?Buenas noches!¡± En puerta de habitaci¨®n, Jorge habl¨®, y luego fue a abrir puerta. ¡°Jorge.¡± Lo m¨¦. Se volteo hacia mi, bajo luz tenue, me acerqu¨¦ y pregunt¨¦: ¡°?Realmente no te importa mi pasado, realmente quieres estar conmigo?¡± ¡°?No es obvio?¡± Respondi¨® en voz baja. Era cierto, ya estaba viviendo frente a m¨ª, hab¨ªa hecho todo lo posible. Si a¨²n lo dudaba, ser¨ªa una falts ¡°Jorge.¡± Lo m¨¦ de nuevo. de respeto a todo lo que hab¨ªa hecho por m¨ª. Luego, me inclin¨¦ hacia adnte, alz¨¢ndome sobre mis pies para besar susbios. Senti c¨®mo se tensaba, y mis brazos rodearon su cintura dici¨¦ndole: ¡°Estemos juntos!¡± Jorge no se movi¨®, ni respondi¨®. EI Centímetro 242 Cap¨ªtulo 242 Aquel momento me dej¨® algo confundida y le pregunt¨¦: ¡°?Qu¨¦ pasa, ya no quieres o qu¨¦?¡± Susbios capturaron los mios antes de que pudiera continuar, no fue un beso profundo, solo lo suficiente para silenciarme. Despu¨¦s de un momento, susurr¨®: ¡°Si quiero.¡± No pude evitar sonre¨ªr, y sent¨ª c¨®mo mi cara se calentaba. Jorge tambi¨¦n¡­ Aunque su tono bronceado no lo hac¨ªa tan obvio, sus orejas se enrojecieron ramente. Nos quedamos as¨ª de pie, sin decir nada m¨¢s. Fue un poco inc¨®modo, pero ninguno de los dos hizo el intento de soltarse. Era ese olor agridulce del amor, pegajoso, pero que nos hacia no querer separarnos. Quer¨ªamos acercarnos m¨¢s, pero ¨¦ramos demasiado timidos para hacerlo. ?Acaso pasar¨ªa toda noche as¨ª, simplemente abrazada a Jorge? No, mis piernas ya empezaban a entumecersey espalda me dol¨ªa. ¡°Este¡­¡± ¡°Quiz¨¢s¡­¡± Jorge y yo hamos al mismo tiempo, lo que solo sirvi¨® para hacernos car de nuevo por verg¨¹enza. Justo cuando ambos est¨¢bamos a punto de intentarlo de nuevo, sono mi tel¨¦fono. Jorge me solt¨® y yo saqu¨¦ r¨¢pidamente el m¨®vil, viendo que era Virginia quien maba. Esa mujer, que raramente me devolv¨ªas madas y eligi¨® el momento perfecto para hacerlo. ¡°Este, voy a contestar.¡± Dije mientras se?ba puerta de mi casa. ¡°Bien, ?buenas noches!¡± Fue lo segundo que dijo Jorge. ¡°Oh, buenas noches.¡± Contest¨¦ r¨¢pidamente, gir¨¢ndome y sacando lengua. No era mi primer romance, pero en ese momento, mi coraz¨®nt¨ªa fuerte y r¨¢pido. Al entrar, me apoy¨¦ en puerta y contest¨¦ mada de Virginia. ¡°?Por qu¨¦ tardaste tanto en contestar? ?No estar¨ªas haciendo algo malo, verdad?¡± Virginia siempre ten¨ªa una manera precisa de ponerme en aprietos. Guard¨¦ silencio unos segundos y le dije: ¡°Tengo una buena noticia parapartir contigo.¡± ¡°?Me dejas adivinar?¡± Virginia dijo juguetonamente. Sonrei, mientras e a?adia: ¡°?No ser¨¢ que t¨² y Jorge ya hicieron oficial lo suyo?¡± ¡°S¨ª, justo ahora.¡± Mi respuesta dej¨® a Virginia sin pbras al otrodo de l¨ªnea. Frunc¨ª el ce?o pregunt¨¢ndole: ¡°?Qu¨¦ pasa? Siempre has estado empuj¨¢ndome a estar con ¨¦l, ?por qu¨¦ ahora te quedas cada?¡± ¡°Estoy viendo si mi saldo bancario alcanza para darte un regalo de bodas.¡± La respuesta de Virginia me hizo suspirar aliviada y tambi¨¦n reir. ¡°Vaya, ?plensas gastar te todos tus ahorros en mi?¡± Entr¨¦ al juego con e. ro, y cuando me case, tienes que devolverme el doble.¡± Dijo Virginia, dej¨¢ndome sin pbras. Solt¨¦ un ¡°ah,¡± ¡°Doctora de Fuente, qu¨¦ astuta eres.¡± ¡°No es que sea astuta, es que hoy en d¨ªa mucha gente no se casa por amor o para estar juntos para siempre, sino por dinero.¡± La deraci¨®n de Virginia fue un golpe a mis conviones. No pude evitar mostrar mi escepticismo: ¡°D¨¦jate de historias, ?qui¨¦n har¨ªa algo as¨ª?¡± ¡°En mi trabajo hubo una pareja que hizo exactamente eso. Se casaron semana pasada, todos contribuimos con regalos, hicieron fiesta de boda y esta semana se divorciaron. Alguien grab¨® su conversaci¨®n ne¨¢ndolo todo y lo subi¨® a inte.¡± Explic¨® Virginia con lujo de detalles. No supe qu¨¦ decir, mir¨¦ hacia el techo, viendo el espect¨¢culo de luces que Jorge hab¨ªa preparado para m¨ª y dije: ¡°Quiz¨¢s algunos lo hagan, pero Jorge y yo no.¡± S¨¦ que ustedes son un amor puro y verdadero.¡± Virginia no pudo terminar su frase cuando mi celr vibr¨®. Ten¨ªa un mensaje en WhatsApp de Pol. Ya te dormiste, chica?¡± Frunci el ce?o, y luego lleg¨® otro mensaje ?Vas a venir ma?ana a casa de mi pap¨¢? Quieres que vayamos juntos? EI Centímetro 243 Cap¨ªtulo 243 Pol quer¨ªa coquetear, y yo podia fingir ceguera y no hacerle caso, pero lo de encontrarme con Mauricio no podia posponerse. Pero si ¨¦l mandaba mensajes a esas horas, algo no cuadraba. Si le respond¨ªa en aquel momento, ¨¦l podr¨ªa tomar oportunidad para pedir algo m¨¢s, si aceptaba seria malo, y si no, tem¨ªa que lo usarao excusa para har mal de mi con su padre. As¨ª que lo mejor era seguiro noche anterior, ignor¨¢ndolo. Volv¨ª a realidad y segui chando con Virginia. No hab¨ªa prestado atenci¨®n a lo que me dijo antes, hasta que escuch¨¦ que me preguntaba: ¡°?As¨ª que ya formalizaron y no hay nada m¨¢s, no hay un siguiente paso?¡± ¡°?Qu¨¦ siguiente paso?¡± Mi mente todav¨ªa estaba un poco distra¨ªda por el mensaje de Pol. ¡°A lo que sigue entre un hombre y una mujer, ?no? Obvio me refiero a eso¡­¡± Dijo Virginia con un tono algo travieso. De inmediato entendi y le dije: ¡°?De qu¨¦ has? Jorge es un hombre decente, ?ok?¡± ¡°?Un hombre decente no tiene deseos ni quiere contribuir al desarrollo de especie?¡± Virginianz¨® una doble pregunta mortal y luego a?adi¨® con un bufido: ¡°Sergio tambi¨¦n era muy decente.¡± Me qued¨¦ sin ha y, al parecer, Virginia capt¨® algo, porque se apur¨® a explicar: ¡°No lo digo con malicia, solo quiero decirte que cuando hombres y mujeres est¨¢n enamorados, generan dopamina, potencian secreci¨®n de adrenalina y despiertan ciertos deseos.¡± ¡°Mira, si un hombre realmente te ama, sentir¨¢ urgencia, querr¨¢ estar contigo en ese sentido. Si no lo hace o se contiene demasiado, es muy probable que no te ame de verdad.¡± Virginia analiz¨® el amor usando su conocimiento m¨¦dico. Pens¨¦ en los a?os que pas¨¦ con Sergio, aunque ¨¦ramos conocidoso pareja, lo m¨¢s intimo que hab¨ªamos hecho era tomarnos de mano o darnos un abrazo. Al parecer ¨¦l nunca tuvo ese tipo de pensamientos hacia mi Antes pensaba que me respetaba o que era un verdadero caballero, incluso si dudaba, era porque pensaba que tal vez yo no era lo suficientemente atractiva. En ese momento y con el an¨¢lisis de Virginia,prend¨ª que Sergio no me amaba lo suficiente. Cierto, Sergio tambi¨¦n hab¨ªa dicho que no estaba interesado en m¨ª, porque ¨¦ramos demasiado cercanos. ¡°Cami, ?Jorge no tiene ese tipo de intenciones, o es que se aferra a ti y no quiere que te vayas de sudo?¡± Pregunt¨® Virginia. Record¨¦ el momento en el umbral con Jorge, cuando est¨¢bamos abrazados sin querer separarnos. ¡°ro que los tiene, ?c¨®mo no? Pero todo a su tiempo y con respeto.¡± Expliqu¨¦. Tonter¨ªas!¡± Virginia solt¨® una pbrota: ¡°Si un hombre te ama de verdad, hasta los huesos, desearia fundirse contigo, ser uno solo contigo.¡± Sus pbras me dejaron con garganta seca, as¨ª que avanc¨¦ para tomar un sorbo de agua pregunt¨¢ndole: ¡°?En serio? Pues verdad es que no s¨¦ mucho de estas cosas, parece que doctora Virginia si sabe un monton.¡± Virginia detect¨® mi sarcasmo y me dijo: ¡°Lo digo por tu bien, no quiero que pierdas otra oportunidad. Jorge es un hombre integro y firme, pero podr¨ªas tomar iniciativa.¡± ¡°Eh¡­¡± Las pbras de Virginia me dejaron at¨®nita, b¨¢sicamente estaba anim¨¢ndome a tomar cartas en el asunto de una manera m¨¢s directa. Vire los ojos sin saber qu¨¦ decir, pero al final le pregunt¨¦: ¡°?Por qu¨¦ no puedo tener un amor puro y verdadero, sin tener que seducir al otro?¡± ¡°No es eso, es que hombreso Jorge son muy cotizados, si t¨² no tomas iniciativa, alguien m¨¢s lo har¨¢.¡± Escuchando a Virginia, me di cuenta de cu¨¢nto se ¡®preocupaba¡® por mi futuro amoroso. ¡°Cami, hay algo que deber¨ªas saber, un hombre que quiere llevarte a cama no necesariamente te ama, pero un hombre que te ama, definitivamente querr¨¢ llevarte a cama.¡± Virginia resumi¨® con una frase que lo dec¨ªa todo. Despu¨¦s de lo vivido con Sergio, ?c¨®mo no iba a entenderlo? ¡°Pero el verdadero amor, no es solo amar, el cuerpo de alguien.¡± Compart¨ª mi opini¨®n. ¡°El deseo es parte de naturaleza humana.¡± Virginia continu¨® d¨¢ndome consejos. No hab¨ªa pensado tanto en ello, peros pbras de Virginia me hicieron recordars veces que Jorge y yo estuvimos solos, y nada pas¨®. Yo, una mujer tan atractiva, y ¨¦l, ramente interesado, pero sin dar el paso. En aquel momento que lo pensaba y analizaba, era algo raro, ?acaso me hab¨ªa encontrado con otro hombre que fing¨ªa amar? ?Ser¨ªa posible que tuviera tan m suerte? Al llegar a ese punto, crei necesario poner a prueba a Jorge, pero no pod¨ªa actuaro me lo hab¨ªa sugerido Virginia, ?o s¨ª? EI Centímetro 244 Cap¨ªtulo 244 Tuve que pensar en una excusa¡­ Mi celr vibr¨® dos veces en mano y era un mensaje de Virginia. En ¨¦l habia una imagen animada, una mujer en una sensual pijama despu¨¦s de ba?arse, posando de manera seductora¡­ Y ven¨ªa pa?ada de un consejo de gran doctora de Fuente podrias intentar hacer lo mismo. Le respondi con un emoji enfadado. Aunque en el fondo criticaba a Virginia por no ser seria, me parecia que su m¨¦todo valia pena ser probado, solo necesitaba encontrar excusa perfecta para que Jorge viera esedo mio. Fui al ba?o a ducharme, pensando en esa excusa. Usar informaci¨®n de Polo pretexto definitivamente har¨ªa que Jorge intentara detenerme, asi que eso estaba descartado. Pedirle que arrera tuber¨ªa, pero si no hab¨ªa nada mal con e, no pod¨ªa simplemente rompe a prop¨®sito, as¨ª que tampoco servia. Decirle que ten¨ªa hambre y pedirle que cocinara algo para m¨ª, eso s¨ª podr¨ªa funcionar. Una vez decidida excusa, aceler¨¦ el ritmo de mi ba?o y luego me puse una de esas sensuales pijamas que casi nunca usaba. nuestro Hando de esa pijama, habiaprado cuando Sergio y yo confirmamospromiso, ya que obviamente ¨ªbamos a vivir juntos. Solo que nunca esper¨¦ que Sergio no viera, y en aquel momento llevara para que Jorge viera. Mir¨¢ndome en sedosa pijama negra, resaltaba mi figura esbelta de manera espectacr, y ese negro, con su toque de misterio, contrastaba fuertemente con mi piel nca. No es por ser narcisista, pero hasta yo misma al verme sent¨ªa que me quitaba el aliento, era¡­ Alguien tocaba puerta desde afuera. A esas horas, no pod¨ªa ser nadie m¨¢s, ?entonces era Jorge? Vino en el momento perfecto, mejor que si yo hubiera ido a buscarlo con alguna excusa. Pero, ?qu¨¦ querr¨ªa a esas horas? ?Acaso ¨¦l tambi¨¦n quer¨ªa¡­? Senti calor en mis mejis, me di palmadas en cara y luego, mir¨¢ndome en el espejo, pregunt¨¦ mientras caminaba hacia puerta: ¡°?Qui¨¦n es?¡± ¡°Soy yo, te prepar¨¦ un poco de atole.¡± Incluso a trav¨¦s de puerta, voz de Jorge segu¨ªa siendo profunda y atractiva. Tragu¨¦ saliva involuntariamente y luego, echando un ¨²ltimo vistazo a mi misma, baj¨¦ un poco m¨¢s el escote de pijama antes de abrir puerta. ¡°Es que justo me dio hambre.¡± Dije, abriendo puerta y buscando una excusa para no sentirme inc¨®moda. Jorge estaba parado en puerta con el atole en mano, su mirada se pos¨® en mi y ramente vi c¨®mo tragaba saliva. ?Buen efecto! Cuatro pbra cruzaron mi mente, pero intent¨¦ parecer inocente y extendi mano, incluso intent¨¦ hgarlo con inocencia: ¡°Vaya, qu¨¦ detallista eres.¡± Jorge desvi¨® mirada y me pas¨® el atole. Sus orejas se pusieron ret hizo pensar que podr¨ªa aprovechar oportual momento, realmente pens¨¦ que estaba siendo maliciosa, aprovech¨¢ndome de su Inocencia para jugar con ¨¦l. As¨ª que, cuando me pas¨® el atole, nuestros dedos se rozaron y de inmediato senti que el atole casi se derrama. Pero ¨¦l lo sostuvo firmemente al siguiente segundo, mir¨¢ndome profundamente. Esos oscuros y profundos ojos se ti?eron de un rojo ardiente,o si un fuego se encendiera en su interior¡­ De repente, un escalofr¨ªo recorri¨® mi espalda, presintiendo que algo no iba blen, asi que r¨¢pidamente intent¨¦ retirar mi mano. Pero Jorge no solt¨®. EI Centímetro 245 Cap¨ªtulo 245 Mi coraz¨®ntia a mil por hora¡­ Fui yo quien tom¨® iniciativa, tratando de seducirlo, de probarlo. Pero cuando ¨¦l realmente respondi¨®, me acobard¨¦. Mi respiraci¨®n se aceler¨® e intent¨¦ har: ¡°Jorge, t¨² El dio un paso hacia adnte, haciendo ques pbras que ten¨ªa en punta de lengua se quedaran atascadas y yo, instintivamente, retroced¨ª para evitarlo. Ese juego de acercamientos y alejamientos hizo que ¨¦l finalmente entrara a casa, dej¨¢ndome acorrda junto al zapatero, ambos sosten¨ªamos a¨²n una taza de atole. Hab¨ªa que reconocer su habilidad, que entre ese tira y afloja, ni una gota del contenido del recipiente se derramo. Mi coraz¨®ntia tan fuerte que casi rompe mi pecho¡­ Jorge no decia nada, simplemente se me quedaba mirando de esa manera tan intensa. Yo ya no podia mirarlo m¨¢s, llenandome de arrepentimiento por haberlo provocado. Virginia fue quien me incit¨®, pero tambi¨¦n me advirti¨® que los hombres no pod¨ªan resistirse a sedi¨®n. En un momento de locura,et¨ª una tonter¨ªa. Pero ya estaba hecho, ymentarse no servia de nada. Todo lo que pod¨ªa hacer era forzarme a mantener calma, porque solo asi podr¨ªa enfrentarme a Jorge. Pod¨ªa ver que estaba inquieto y ramente hab¨ªa sido estimdo por mi. Pero estaba tratando de contenerse, de resistir. La vena palpitante en su frente era mejor prueba de ello. ¡°Ya que me trajiste el atole, puedes irte.¡± Dije esa frase conteniendo respiraci¨®n. Jorge no se movi¨® y tampoco respondi¨®. *Jor¡­ ¡°Cami¡­¡± Me interrumpi¨® con una voz ronca,o una pluma acariciando mi coraz¨®n. Solo senti que todos mis nervios estaban al borde del cpso e incluso mi cuerpoenz¨® a sentir una sensaci¨®n indescriptible. ¡°?Eh?¡± Mi voz tambi¨¦n tembl¨®. Temba de una manera seductora, r¨¢pidamente mordi misbios, temerosa de hacer otro sonido. Nunca pens¨¦ que yo tambi¨¦n pudiera mostrar esedo, era demasiado vergonzoso. La garganta de Jorge tambi¨¦n se movi¨® r¨¢pidamente bajo mi mirada, y al siguiente segundo, coloc¨® su otra mano en mi cabeza, presion¨¢nd contra su pecho, con su voz ronca en mi oido: ¡°No hables.¡± ?Eh? ¡°No te muevas, ni hables.¡± Su voz era a¨²n m¨¢s profunda y grave: ¡°Temo¡­ no poderme contener.¡± Mis ojos se agrandaron, ?estaba insinuando lo que yo cre¨ªa? ¡°No te muevas, s¨¦ obediente.¡± Mientras acariciaba mi cabello, evitando que me moviera, pero ¨¦l mismo se mov¨ªa, abraz¨¢ndome a¨²n m¨¢s fuerte. Solo llevaba puesto un delgado camis¨®n de seda, y ¨¦l, una ligera camiseta, delgada t apenas podia detener el calor intenso de nuestros cuerpos¡­ No era Virginia, no sab¨ªa de medicina, no hab¨ªa estudiado el cuerpo humano ni fisiolog¨ªa, pero sab¨ªa que los nervios de mi cuerpo estaban excitados. mando por algo. A pesar de tener m¨¢s de veinte a?os, madura en cuerpo y mente, nunca hab¨ªa sido ¡°tomada¡°. Esa sensaci¨®n de vacio, queriendo ser llenada, me pon¨ªa nerviosa. Y pod¨ªa decir que Jorge tampoco estaba mejor que yo, su aceleradotido, su respiraci¨®n, y alta temperatura de su cuerpo, todo indicaba deseo. Yo le atra¨ªa. Pero ¨¦l no tomaba i¨®n, ?qu¨¦ significaba eso? Restri¨®n, contenci¨®n, oo dir¨ªa Virginia, que el amor no era suficienteo para no tocarme, o ten¨ªa miedo de tener que responsabilizarse si lo hac¨ªa? No me rend¨ªa, a¨²n queria probat, buscando una respuesta. 246 Cap¨ªtulo 246 El fracaso con Sergio incluso me estimul¨®, haci¨¦ndome querer probar si realmente eral tan poco atractiva que los hombres pod¨ªan abrazarme sin sentir ese impulso, pudiendo. contenerse. ¡°Jorge.¡± Lo m¨¦ suavemente, deslizando mi mano sobre su espalda, abraz¨¢ndolo a trav¨¦s de su ropa, mientras mis u?as incluso lo pellizcaban. Senti c¨®mo el cuerpo de Jorge se tensaba a¨²n m¨¢s e incluso inhal¨® aire fr¨ªo tratando de har. ¡°M¡­ Me acerqu¨¦ m¨¢s a ¨¦l, consciente de lo suave que estaba mi cuerpo, apenas cubierto por mi pijama, si Jorge todavia podia contenerse, entonces solo podr¨ªa decir que realmente habia fracasado. ¡°M.¡± Jorge me m¨® apresuradamente, luego me solt¨®, apretando mis hombros. mientras bajaba cabeza, respirando pesadamente. Su nuez de Ad¨¢n se mov¨ªa, y ¨¦l tambien estaba emocionado¡­ Erao si acabara de correr varios cientos de metros. Y yo no estaba mucho mejor que ¨¦l, dando ese paso, naturalmente tambi¨¦n estaba avergonzada pero audaz. ¡°M, ya es tarde.¡± Dijo Jorge soltandome y dirigi¨¦ndose hacia puerta. Senti un frio en mi coraz¨®n y ese pesado sentimiento de fracaso me calent¨® cabeza: ¡°Jorge, ?a estas alturas te vas, no puedes o simplemente no est¨¢s interesado en mi?¡± Jorge, con un pie fuera de puerta, se detuvo. No se movi¨® por un momento y luego se volvi¨®. No pod¨ªa ver c¨®mo me veia en ese momento, pero pod¨ªa sentirlo, seguramente mis ojos estaban rojos y mi cara p¨¢lida, con una mez de frustraci¨®n y verg¨¹enza. Jorge me mir¨®, con un tumulto en sus ojos oscuros, luego retir¨® su pie, cerr¨® puertal con el tal¨®n y en un segundo, luz frente a mi se oscureci¨®, senti una presi¨®n en parte posterior de mi cabeza, y misbios ardian¡­. Con el dolor de ser astados, misbios se abrieron, y mi delgada figura estaba bajo el control de gran mano de Jorge,o si quisiera astarme¡­ Sent¨ª una pasi¨®no nunca antes, y prob¨¦ el delirio del amor entre un hombre y una mujer¡­ ¡°M, ?puedo?¡± La voz temblorosa y ronca de Jorge reson¨® en mi o¨ªdo. Y esa pbra me hizo volver en m¨ª, pregunt¨¢ndome a m¨ª misma, ?puedo? Recuerdo antes de que mis padres murieran, yo ya tenia doce a?os, mi cuerpo ya estaba desarroll¨¢ndose, y mi madre me habl¨® sobre algunos conocimientos de biologia, tambi¨¦n sobre c¨®mos chicas deben rcionarse con los chicos. E dijo que una chica no deber¨ªa dejar que un hombre tocara su cuerpo a ligera, a menos que hubiera decidido confiarle toda su vida, y antes de decidir, deb¨ªa considerar si realmente val¨ªa pena. ?En aquel momento iba a confiarme a Jorge? Aunque esa noche le hab¨ªa dicho que 132 11:52 Capitulo 246 estariamos juntos, lo hab¨ªa aceptado. Pero toda una vida¡­ Eso era demasiadorgo y distante, y hab¨ªa demasiadas incertidumbres. De repente, no estaba segura. Y mi breve vi¨®n tambi¨¦n calm¨® a Jorge, quien roz¨® su meji con mi cabello diciendo: ¡°Esperemos un poco m¨¢s.¡± En ese momento, mi mente estaba confundida, siendo incapaz de har. ¡°Pero hay algo que debes saber, no es que no pueda, ni que no est¨¦ interesado en ti, solo quiero esperar hasta que est¨¦s segura para avanzar.¡± La voz de Jorge era profunda y ronca.¡± Al escuchar sus pbras, mis ojos inexplicablemente se llenaron de l¨¢grimas. No pod¨ªa describir ese sentimiento, hab¨ªa conmoci¨®n, excitaci¨®n, frustraci¨®n y, por supuesto, mucha verg¨¹enza. ?Qu¨¦ estaba haciendo? ?Intentando probar los sentimientos de Jorge hacia mfde esa manera? Sergio nunca hizo esas cosas, era que no me amaba lo suficiente, pero, ?por qu¨¦ pod¨ªa hacer eso con Jorge? En ese instante, me di cuenta de lo tonta e ignorante que era. Jorge era ese tipo de hombre responsable yprometido, si fuera un descarado que aprovechara situaci¨®n para sacar ventaja, al final que perder¨ªa ser¨ªa yo. En ese momento, agradec¨ª su freno a tiempo yment¨¦ mi impulsividad. Lo empuj¨¦ y corr¨ª hacia mi habitaci¨®no si huyera. Jorge solt¨® una risa ligera detr¨¢s de mi diciendo: ¡°Ahora mismo regreso, no olvides tomar tu atole.¡± Yo me qued¨¦ sin pbras. + EI Centímetro 247 Cap¨ªtulo 247 Recib¨ª el mensaje de Jorge media hora despu¨¦s. No supe que hice durante esa media hora, ?quiz¨¢so ens novs, tom¨¦ una ducha fr¨ªa? Pensando en el frenazo de emergencia de antes, ni siquiera ten¨ªa cara para responderle. Esa noche no dormi bien, probablemente porque no tom¨¦ esa ducha fr¨ªa y sentio si algo se arrastrara dentro de mi. La puerta del deseo, un abismo insondable, esa li¨®n aprend¨ª en carne propia. No pude dormir bien, ni tranqu, as¨ª que me despert¨¦ temprano. Pero ni siquiera me despert¨¦ m¨¢s temprano que Jorge, que ya habja salido a correr por ma?ana. La energia y fuerza de ese hombre realmente eran admirables. ?En ese ¡°asunto¡± tambi¨¦n deb¨ªa ser muy fuerte! Me sentio si estuviera bajo un hechizo, siempre pensando en eso¡­. Todo era culpa de esa mujer, Virginia, ?por qu¨¦ me dio noche anterior esa m idea? Con ese pensamiento, no me import¨® qu¨¦ hora era, y le mand¨¦ un mensaje: ¡°?Tienes hambre? Ven a desayunar conmigo.¡± La noche anterior tom¨¦ el atole, pero por pensar demasiado toda noche, en aquel momento ya ten¨ªa hambre. En un d¨ªa normal, le dir¨ªa a Jorge y ¨¦l definitivamente me preparar¨ªa el desayuno, pero ese d¨ªa¡­ Era mejor evitarlo. Sab¨ªa que estaba siendo un poco dram¨¢tica, pero no ten¨ªa opci¨®n. Hab¨ªa vivido m¨¢s de veinte a?os, y era primera vez que experimentaba algoo lo de noche anterior, aunque no pas¨® nada, casi hubiera preferido que s¨ª. Cuanto m¨¢s lo pensaba, m¨¢s inc¨®moda me sentia. ?Los dem¨¢s tambi¨¦n se sentir¨ªan as¨ª despu¨¦s de dar el paso final, al despertaro yo? Ay, cada vez me sent¨ªa m¨¢s pat¨¦tica. Apenas envi¨¦ el mensaje y a¨²n no hab¨ªa doltado el tedo cuando Virginia me m¨® por video. ¡°Vaya, parece que anoche no hubo i¨®n.¡± Virginia empez¨® a bromear conmigo. ¡°Ni lo digas, ?si no fuera por ti, estar¨ªa yo aqui con hambre tan temprano?¡± La culp¨¦ primero. Virginia, vestida con su bata nca, reclinada en su sill¨®n de descanso, dijo: ¡°?Qu¨¦ pas¨® anoche? Cu¨¦ntame, para despertarme un poco.¡± Rod¨¦ los ojos y le dije: ¡°Gran doctora de Fuente, ?acaso no tienes ¨¦tica m¨¦dica?¡± ¡°Puedes atacarme, pero no insultes mi sagrada profesi¨®n.¡± Virginia me se?al¨® a trav¨¦s de panta. ¡°Invitame a desayunar y te cuento.¡± Me levante mientras le dec¨ªa: ¡°Est¨¢s en el hospital, ?verdad? Ir¨¦ a verte.¡± Virginia bostez¨® y me dijo: ¡°Ven, y tr¨¢eme unos tacos.¡± Cap¨ªtulo 247 ¡°Est¨¢ bien, doctora de Fuente.¡± Colgu¨¦ video mada y suspir¨¦ antes de ir al ba?o. En el espejo, a pesar de no haber descansado bien, parec¨ªa radiante, especialmente mi cara, p¨¢lida pero sonrosada, y mis ojos bribano el agua. Era extra?o. ?No deber¨ªa estar cubierta de ojeras? ?Ser¨ªa ese el mado brillo del amor? Me vest¨ª r¨¢pidamente y sal¨ª de casa en silencio, tratando de no despertar a Jorge. ?Bien! Logr¨¦ cerrar puerta con ¨¦xito y me dirig¨ª a mi auto cuando voz de Jorge me alcanz¨® en neblina matutina: ¡°?A d¨®nde v¨¢s tan temprano?¡± Me qued¨¦ paralizada, agarrando con fuerzas ves del auto. Sin mirar atr¨¢s, dije r¨¢pidamente, ¡°Voy a ver a Virginia.¡± Entonces escuch¨¦ los pasos firmes y seguros de Jorge, y sin pensarlo, tambi¨¦n empec¨¦ a caminar r¨¢pido, intentando escapar. Pero no pude superar susrgas piernas, Jorge se nt¨® frente a m¨ª, mir¨¢ndome fijamente con sus oscuros ojos mientras preguntaba: ¡°?Te sientes mal? ?O pas¨® algo?¡± Su voz era tensa, lo que mostraba que ramente estaba preocupado. No me atrev¨ª a mirarlo, solo negu¨¦ con cabeza: ¡°No, no, es que doctora de Fuente est¨¢ de guardia y tiene hambre, voy a llevarle algo deer.¡± Esa excusa, hac¨ªa unos a?os, no habr¨ªa tenido problema. Pero en aquel momento viv¨ªamos en era de los servicios a domicilio y pod¨ªas conseguir lo que quisieras con una mada, ?qui¨¦n necesitaba molestar a alguien tan temprano? Jorge no era tonto, naturalmente sab¨ªa que ment¨ªa, y dijo suavemente: ¡°Sab¨ªa que me evitar¨ªas.¡± Me sorprend¨ª y lo mir¨¦. EI Centímetro 248 Cap¨ªtulo 248 Su rostro mostraba una sonrisa resignada pero Indulgente: ¡°Ya lo has hecho antes, tienes antecedentes.¡± Yo me qued¨® sin pbras. Mis mejis se sonojaron de nuevo, y al mismo tiempo, me senti un poco avergonzada. Ese tipo, si ya lo sa, ?por qu¨¦ ten¨ªa que se?rlo y decirlo. en voz alta? Qu¨¦ poco tacto.. ¡°M.¡± Jorge me m¨® con voz suave: ¡°Eres tan vallonte para hacer travesuras, pero despu¨¦s te conviertes en una cobarde, no has cambiado nada desde que eras peque?a.¡± Justo cuando iba a replicar, algo no me cuadro. ?Hacer travesuras? Ayer por noche abril puerta en pijama, ?¨¦l no lo tom¨®o un idente, sino que vio a trav¨¦s de mis intenciones? ?Sabia que lo hab¨ªa hecho a prop¨®sito? ?Dios mio! Eso es realmente vergonzoso. Casi destrozos ves del auto en mi mano, me molest¨¦ tanto que endureci el cuello para replicar: ¡°?Qui¨¦n dices que hizo una travesura? ramente fuiste t¨², ?ok? T¨² eres el que¡­ mmm¡­¡± Mis pbras fueron interrumpidas, ya que Jorge se inclin¨® ligeramente hacia mi y me bes¨®. No s¨¦ si fue porque acababa de terminar de correr, pero susbios estaban h¨²medos, y tambi¨¦n suaves¡­ Me qued¨¦ inm¨®vil, simplemente parada alli. Pude verlo cerrar los ojos, ver sus pesta?as negras, e incluso su nariz alta¡­ Mientras yo estaba at¨®nita por el beso, sumergida en su hermoso rostro, Jorge me solt¨®, pero aun as¨ª tom¨® mis manos entres suyas diciendo: ¡°De ahora en adnte,s travesurass hago yo¡­¡± Me sonroj¨¦ a¨²n m¨¢s, desde cara hasta el cuello. Baj¨¦ cabeza, sin decir nada. ¡°No hay nada importante en consulta con doctora de Fuente, ?verdad?¡± Jorge volvi¨® a preguntarme. Negu¨¦ con cabeza, sin har. No pod¨ªa decirlo. No sab¨ªa por qu¨¦ me sentia tan timida sobre eso, cuando estaba con Sergio, sol¨ªan bromear con nosotros, ¨¦l ocasionalmente pellizcaba mi meji, o me rodeaba los hombros, incluso me hab¨ªa besado meji frente a otros. No sentia tanta timidez en ese entonces. Pero luego, con Jorge, me sentiao una ni?a que apenasenzaba a descubrir el amor,o si un chico me tomara de mano por primera vez. Pero cuando estaba en Todos Santos, frente a ¨¦l actuabao si lo supiera de todo. Al parecer, al igual ques mentiras, los disfraces no podian resistir prueba del tiempo. ¡°Ten¨ªa pensado hacerte espaguetis, pero ahora veo que no hace falta, ten cuidado en el camino.¡± Jorge me instruy¨® con consideraci¨®n 246 Segul sin decir nada y ¨¦l sonri¨® dici¨¦ndome: ¡°M, ?sabes lo que me haces querer hacer?¡± ¡°?Qu¨¦?¡± Esa vez pregunt¨¦. Se acerc¨®, su meji rozaba m¨ªa, susbios rozaban mi oreja de forma intencionada mientras dec¨ªa: ¡°Quiero besarte m¨¢s, porque si te beso m¨¢s, dejar¨¢s de sentirte t¨ªmida.¡± En ese momento me senti a¨²n m¨¢s avergonzada, tan avergonzada que levant¨¦ mano y le golpe¨¦ espalda un par de veces. Jorge se rio y su risa me hizo sentir a¨²n m¨¢s t¨ªmida. ¡°?No te r¨ªas!¡± Levant¨¦ mano para cubrirle boca. Pero entonces sent¨ª cosquis en palma de mi mano, porque ¨¦l bes¨®. Di un respingo, sensible, y ¨¦l solt¨® una risa ligera: ¡°Ya, no te molesto m¨¢s, ap¨²rate y vete, conduce con cuidado.¡± Mordi mibio inferior, rojao un camar¨®n cocido, me di vuelta r¨¢pidamente y sub¨ª al auto. Jorge se qued¨® fuera, mir¨¢ndome con una sonrisa en el rostro. Rara vez sonre¨ªa, pero en ese momento, su sonrisa era tan radianteo el sol que apenas asomaba por el horizonte. Mi coraz¨®n sinti¨® instant¨¢neamente una calidez y dulzor impresionantes¡­ As¨ª que eso era el verdadero amor, que hac¨ªa que tu sangre hirviera, que tu coraz¨®ntiera m¨¢s r¨¢pido, que te sintieras ba?ado por primavera y dulceo el miel. Arranqu¨¦ el auto, lista para irme, porque todav¨ªa me sent¨ªa inc¨®moda bajo mirada de Jorge. Conduje bastante lejos, pero Jorge todav¨ªa estaba all¨ª, mir¨¢ndome desde distancia. Tambi¨¦n lo miraba desde el retrovisor, y mientras lo hac¨ªa, de repente record¨¦ lo que dijo anoche en el parque de diversiones, dijo que se ir¨ªa ese d¨ªa. Pero, ?a d¨®nde iba? A¨²n no hab¨ªa preguntado. De inmediato fren¨¦. EI Centímetro 249 Cap¨ªtulo 249 ?Qu¨¦ pasa?¡± Jorgel Ambos hamos al mismo tiempo. ¡°?Dijiste que te ibas hoy, verdad? ?A d¨®nde vas? Porque corri hacia ¨¦l, jadeando. Su ce?o fruncido por mi repentina carrero, se suaviz¨® al o¨ªrme, y una sonrisa apareci¨® en su rostro: ¡°?Qu¨¦, temias que me escapara?¡± Su bu me hizo sonrojar, por lo que fingi esta molesta: ¡°?A d¨®nde vas realmente?¡± ¡°No me voy por ahora.¡± Jorge evadi¨® pregunta. Frunci el ce?o y pregunt¨¦: ¡°?Eh?¡± ¡°Tenia nes de irme, ya que hab¨ªa terminado con el trabajo aqu¨ª y no hab¨ªa nada que me retuviera, pero ahora es diferente. Jorge dijo acerc¨¢ndose un poco m¨¢s a m¨ª e inclin¨¢ndose ligeramente mientras terminaba idea: ¡°Porque ahora tengo novia.¡± Esa sensaci¨®n de cosquilleo me electrific¨® porpleto, retroced¨ª un paso, siendo incapaz de soportarlo y me gir¨¦ para irme. Pero antes de que pudiera dar un paso, Jorge me agarr¨® de mu?eca y me atrajo fuertemente hacia ¨¦l. Su barbi rozaba cima de mi cabeza y su con voz ronca dijo: ¡°No voy a desaparecer sin decirte. Si me tengo que ir, te lo dir¨¦ y esperar¨¦ que est¨¦s de acuerdo.¡± Mi coraz¨®nt¨ªa fuertemente y todo mi ?ar estaba ardiendo. Tan temprano en ma?ana¡­ Ese gesto tan apasionado era realmente abrumador. Justo cuando pensaba en decir algo en respuesta, de repente se escuch¨® una voz detr¨¢s de mi: ¡°Ay, madre.¡± Esa voz me hizo saltaro si me hubieran electrocutado, r¨¢pidamente me solt¨¦ de los brazos de Jorge. Pero parece que ya era tarde, lo que ten¨ªa que ser visto ya fue visto, y empezarons bromas: ¡°?Qui¨¦nes son esos que tan temprano ya est¨¢n abraz¨¢ndose? Ah, son Cami y Jorge.¡± Era Ainhoa. Aunque para Ainhoa y esos vecinos, Jorge y yo ya ¨¦ramos novios oficialmente, ser sorprendidos en un momento intimo segu¨ªa siendo vergonzoso. ¡°Ainhoa, tan temprano.¡± Jorge salud¨® primero. A diferencia de mi timidez, Jorge parec¨ªa muy natural. ¡°No m¨¢s que t¨².¡± Ainhoa aparentemente sab¨ªa que Jorge se levantaba temprano para hacer ejercicio. 172 Despu¨¦s de decir eso, gir¨° cabeza hacia mi dici¨¦ndome: ¡°Raro verte levantada tan temprano hoy, Cami.¡± Yo no supe que decir. ?En sus ojos era perezosh? ¡°E tambi¨¦n se levanta temprano todos los dias.¡± Jorge me salv¨® de verg¨¹enza y luego me dijo: ¡°Vete.¡± Yo no me demore, ?qu¨¦ m¨¢s podia hacer? Me fui, pero Ainhoa se acerc¨® a Jorge y solo escuch¨¦ que dec¨ªa: ¡°Cami tiene suerte, consigui¨® un novio tan guapo y cari?oso que sabe hacer de todo.¡± sa envidia era palpable. .o has dicho al rev¨¦s, soy yo quien tiene suerte de tener una noviao M.¡± Jorge almente respondi¨® eso. inhoa se rio: ¡°Jorge, eres incre¨ªble, y sigues mejorando¡­¡± que Ainhoa y Jorge haron despu¨¦s, ya no escuch¨¦, pero estaba segura de que todo a bueno. : sub¨ª al auto y me fui, al girar esquina del barrio, ech¨¦ un vistazo al retrovisor y Jorgevia estaba mirando hacia donde yo estaba. mirada parec¨ªa durar mil a?os. Compr¨¦ lo que a Virginia le gustaba,s empanadas, o e ni siquiera prob¨® un bocado y fue mada de urgencia al quir¨®fano por una barazada a punto de dar a luz que acababa de llegar. Virginia, no ten¨ªa sentido quedarme elli, pero, ?a d¨®nde ir¨ªa tan temprano? pod¨ªa simplemente volver a casa. As¨ª que decid¨ª ir a oficina, pero justo al salir del y del hospital, choqu¨¦ con un hombre que corr¨ªa hacia dentro. Por suerte me hice a ido, si no, me habr¨ªa llevado por dnte. Aunque aun as¨ª, el golpe me hizo tambalear, afortunadamente ¨¦l reion¨® r¨¢pido y me agarr¨®: ¡°Lo siento¡­ eh¡­ ?eres t¨²?¡± mbre me reconoci¨®. Por supuesto, yo tambi¨¦n lo reconoc¨ª. Era Arturo Minas, el ano de Zo¨¦. EI Centímetro 250 Cap¨ªtulo 250 Record¨¦ c¨®mo Arturo me habia acusado injustamente y decidi tomar venganza: Su¨¦lreme, o te denuncio por acoso!¡± No le tenia miedo. No habia manera, ese tipo de personas ten¨ªa cara dura, no quer¨ªa enredarme m¨¢s con ¨¦l, asi que trat¨¦ de retirar mi mano. Pero ¨¦l no solt¨® y con una sonrisa tranqu dijo: ¡°Hace mucho que no nos ve¨ªamos, cada vez te vuelves m¨¢s hermosa¡± ¡°Largatel Intente nuevamente retirar mi mang Pero el no quiso solta, al contrario, se acerc¨® m¨¢s a mi siguiendo mi mano: ¡°Parece que tu temperamento tambi¨¦n ha crecido.¡± Gente sin verg¨¹enza, invencible en el mundo, eso describ¨ªa a Arturo a perfi¨®n. ?Qu¨¦ est¨¢s haciendo, Arturo? ?A¨²n tienes tiempo para coquetear a esta hora? Ven aqui r¨¢pido ¡°Alguien lo m¨® desde no muy lejos. Habia corrido con urgencia, definitivamente habia algo importante. Pero en ese momento, Arturo parec¨ªa no tener prisa alguna, incluso ignorando a persona que lo maba y a¨²n sostenia mi mano firmemente: ¡°Escuch¨¦ que ahora est¨¢s soltera, ?qu¨¦ pasa si t¨² y yo salimos?¡± Esas pbras fuerono un pu?al en mi coraz¨®n. ?Soltera? ?A qui¨¦n ten¨ªa que agradecerle eso? ?A su propia hermana! Su hermana se llev¨® a mi prometido, y en aquel momento ¨¦l quer¨ªa intentar ser mi novio, se atrev¨ªa a pensar en eso. Pero si ellos dos me han tratado as¨ª, tambi¨¦n ten¨ªa que contraatacar, as¨ª que sonrei ligeramente y le dije: ¡°ro, preg¨²ntale a tu hermana, si e est¨¢ de acuerdo, entonces intenta conquistarme.¡± ¡°?Aceptaste?¡± Arturo mostr¨® un brillo de esperanza en sus ojos. Me puse nerviosa, ese ni?ato no se lo tomar¨ªa en serio, ?verdad? En ese momento ya estaba con Jorge, no queria m¨¢s enredos con otros hombres. Frente a expectativa en los ojos de Arturo, simplemente levant¨¦ mi pie y lo ast¨¦ sobre el suyo. pa?ado por un ¡®ay¡® de dolor, solt¨® mi mano yenz¨® a girar en el lugar, sosteni¨¦ndose el pie. A¨²n insatisfecha, lenc¨¦ otra mirada antes de irme. ¡°Oye, te voy a conquistar, me gusta ese car¨¢cter fuerte que tienes.¡± El dolor no cerr¨® boca de Arturo, quien incluso gritaba en el lobby del hospital. Aceler¨¦ el paso, ignorando a ese loco. Subi al auto, me sent¨¦ en el interior, calm¨¦ mi 172 11:53 imaci¨®n causada por Arturo antes de dejar el hospital para dirigirme hacia empresa. Per¨° antes de llegar a empresa, mi celr seno, era una mada de Pol. De inmediato pense en el mensaje que me envio anoche, acaso ya iba a ver a su padre? Con eso en mente, conteste mada, fingierto una voz m¨¢s grave: ¡°Presidente Moreno, tan temprano Molest¨¦ a se?orita G¨¢mez? Pol habl¨® con un tono ligeramente fr¨ªvolo. No. pasa algo, presidente Moreno?¡± Pretendi no haber visto su mensaje de anoche. ol se rio del otrodo y dijo: ¡°Ahora voy a ver a mi padre, te hab¨ªa prometido algo, e?orita Gamez, y tengo que cumplirlo, ?todavia quieres venir?¡± Como podria no it? ro, ?d¨®nde est¨¢ presidente Moreno? Ir¨¦ a buscarlo.¡± Te ir¨¦ a recoger.¡± Pol no sigui¨® el guion usual. aturalmente, me negu¨¦: ¡°?C¨®mo voy a molestar al presidente Moreno? Solo d¨ªgame una ri¨®n, y voy para all¨¢.¡± il volvi¨® a har suavemente mientras preguntaba: ¡°?La se?orita G¨¢mez se est¨¢ otegiendo de mi?¡± dije nada, a veces el silencio era mejor que explicar para manejar ciertas situaciones ¨®modas. Como esperaba, Pol me respondi¨® despu¨¦s de unos segundos, dici¨¦ndome a fuera al Sanatorio Oasis de Salud. Era un lugar al que hab¨ªa ido pero nunca rado, as¨ª que me era familiar, por lo que estuve de acuerdo: ¡°Bien, estar¨¦ all¨ª en media a.¡± se rio de nuevo y dijo: ¡°Parece que ya has visitado este sanatorio antes.¡± sorprendi un poco, luego me golpe¨¦ cabeza, notando que hab¨ªa revdo eso sin rer. Igualmente, no di ninguna explicaci¨®n. mpoco dijo nada m¨¢s, solo a?adi¨®: ¡°Se?orita G¨¢mez, nos vemos en un rato.¡± Making 12 Marco came up to Gilmore and Christine. Gilmore was shocked to see Marco, who was usually so cold, smile so broadly, ¡°Christine, heard that you are attending the opening ceremony of the Pzzo on behalf of Evergreen Properties today. I¡¯m here to support you.¡± Although Christine was holding Gilmore¡¯s arm and Gilmore was standing beside her all the time, Marco did not spare Gilmore a nce. It was as if Gilmore did not exist. Gilmore could see the extreme disregard and arrogance toward him on Marco¡¯s face. However, Gilmore was not angry. The haughtiness of the sons from rich families was worth nothing in his eyes. Christine knew that Marco was ignoring Gilmore deliberately. A very polite smile appeared on her face. ¡°Mr. Chapman, thank you foring.¡± ¡°You¡¯re wee,¡± Marco smiled. ¡°Christine, I have to say, since our two families are closely connected, shouldn¡¯t you call me Marco instead?¡± However, Christine didn¡¯t seem to hear Marco¡¯s words. Instead, she pointed to Gilmore beside her and said, ¡°By the way, I forgot to introduce him to you. This is my boyfriend, Gilmore.¡± Marco seemed to have just noticed Gilmore then. Marco gave off a very domineering aura, with his sharp gaze focused on Gilmore, Gilmore wanted to tower over and intimidate Gilmore. However, Gilmore did not buy his act. Gilmore¡¯s lips curled into a contemptuous smile when he met Marco¡¯s eyes unblinkingly as if Marco were a clown. Marco, whose eyes were full of arrogance, felt inexplicably humiliated. The stunt Marco pulled to intimidate Gilmore did not work on Gilmore at all! Marco smiled faintly and offered a hand to Gilmore, ¡°Hello, Mr. Reed!¡± His words left both Christine and Luke thoroughly surprised. Chap 1 Not only was Marco not angry, but he even ribant Gilmore no harm. In fact, Marco even wanted to shake hands with Gilmore. Wasn¡¯t such friendliness too bizarre? However, Gilmore did not consider Marco to be a friendly person. When the girl he loved introduced her boyfriend to Marco, Marco remained so calm as it nothing had happened. Either Marco wasn¡¯t in love with Christine at all or he was shrewd enough to hide all the hatred deep inside. Needless to say, Marco was thetter case. He was much more horrifying than Brandon, a son from a rich family that had his feelings written all over his face. But no matter how shrewd Marco was, Gilmore wasn¡¯t afraid of him. Gilmore shook hands with Marco naturally, and a graceful smile appeared on his face. ¡°Hello, Mr. Chapman!¡± After shaking hands, Marco looked at Christine and said, ¡°Christine, the vis here at the Pzzo are all top¨Cnotch. Could you rmend a few to me?¡± Christine said apologetically, ¡°Mr. Chapman. I¡¯m really sorry. I have to keep my 1 to say that she did not want to spend time with Marco at all. Since a beauty like Christine needed his help, Gilmore would naturally be willing to help. Gilmore nodded to Christine and said, ¡°Sure, let¡¯s go.¡± Christine and Gilmore walked arm in arm past Marco, whose face turned cold unconsciously. Luke and the two salesgirls that looked down on more carlier were all too shocked to say anything when they watched Gilmore and Christine leave together. The two salesdies warned themselves silently in their hearts, ¡°I must be more polite to Gilmore in the future. I can¡¯t be as rude as I was today.¡± ¡°Mr. Chapman, what kind of vi are you interested in? Today, we have a total of¡­ The salesdy quickly followed Christine¡¯s orders and said cautiously to Marco, who was looking gloomy. However, before the salesdy could finish her words, Marco had already turned around and walked out, followed by his two bodyguards, leaving her there looking stunned¡­ Marco drove his Lamborghini off the Pzzo, and so did his bodyguards in their Mercedes. The noise the engines made was deafening. Then, two people came out of a luxurious detached vi. They smiled knowingly, watching the Lamborghini and Mercedes zoom away. They were Gilmore and Christine. I¡¯ve done my job. Can I leave now?¡± asked Gilmore, as he looked at Christine. Christine nodded. ¡°Thank you for your help. That guy is always thest person I want to see. Gilmore was a little surprised. He did not expect Christine to dislike Marco so much. However, Gilmore did not ask Christine further questions. After all, this was her business ¡°No problem, Gilmore said and was about to leave. Anyway, it was toote to go back to the sales office for any vis avable now. He might as well go somewhere ele However, right after Gilmore took a few steps forward Christine¡¯s voice sounded from behind him. ¡°Gilmore, wait a moment¡± Gilmore looked at Christine and had a bad feeling. He asked, ¡°What is it?¡± Yeah, there¡¯s just a tiny problem Christine answered. She then smiled sweetly. ¡°Can you be my contract boyfriend¡°¡± Galmore was stunned. Could this be considered to be a tiny problem? A contract boyfriend? What did that mean? Seeing that Gilmore was a little confused, Christine exined. ¡°It¡¯s ok even if I tell you everything. I hate Marco a lot. He¡¯s not my type at all. ¡°But my parents and my sick grandfather like him very much, and they hope that I can marry him someday.¡± Speaking of which Christine looked at Gilmore and said, ¡°I just told Marco that you are my boyfriend, so I want you to continue to y along. You¡¯ll get paid pretty well.¡± ¡°Sorry, I¡¯m not interested¡± Gilmore refused her without thinking. His refusal caught Christine off guard. Many people were eager to be her boyfriend. Although Gilmore would only be pretending to be one, many others would love to pretend to be her boyfriend. However, Gilmore rejected her tly. It was because Gilmore knew that being Christine¡¯s fake boyfriend would arouse other men¡¯s jealousy. It would make Gilmore the target for their attacks. That was why Gilmore rejected the deal. Christine put on a ttering smile, pouted her red lips, and shook Gilmore¡¯s arm. ¡°If you agree to sign the contract and be my boyfriend. I¡¯ll give you the most luxurious vi of the Pzzo that I have reserved for myself.¡± Gilmore nced sideways at Christine and wondered, ¡°Is it a honeytrap?¡± Anyway, Gilmore had to admit that Christine¡¯s coquettish acts melted his heart, and he found it irresistible. However, ever since Gilmore had consumed the elixir, he possessed supernatural powers as well as mana. And his willpower was so strong that ordinary people didn¡¯t evenpete with him. Therefore, Gilmore did not sumb to Christine¡¯s coquettish acts. Instead, he said What 1 Round as a Christine when we were florowed kurti soot won desing weight alum Che wherewal sebeuff and Harining ? before Kibooms 480 viilith Thoughton a very beautiful and have offered a iggjan 1 the thus 1 ans man of principles I hope you understand H 1. ????? ??????? ?????? air poin * zee refers to an in make Does it 1st you mat. I had nee alecs what I wanted before, but now I do 1 RADE YOU tu javut in my brace, Chatine sud is a firm tone. in The da and Cheristuse that he wanted to make up to her ant that she would have anything she waited from hunt Svi minutester. Camed copy of a contract for purchasing a house and a the gracilitat was war mation de rs without spending a penny te ale uically decenter Citrone¡¯se?as boyfriend, in other woods, her faker BB EI Centímetro 251 Cap¨ªtulo 251 Mis p¨¢rpados dieron un par de saltos pesados. Izquierdo por fortuna, derecho por desgracia, eso era lo que sol¨ªan d¨¦cir los mayores, y yo ten¨ªa un mal presentimiento. Pero aunque sab¨ªa que el peligro me esperaba, ten¨ªa que enfrentarlo. Sin embargo, no ir¨ªa directamente a boca del lobo sin preparaci¨®n. Con ese pensamiento, le mand¨¦ un mensaje a Pablo: Pablo, voy a encontrarme con Pol, c¨²breme. No hubo respuesta, ya que probablemente estaba entrenando. S¨ª, entrenando, no durmiendo siesta, porque Pablo estaba prepar¨¢ndose para unapetencia, y en ese momento, aparte de practicar f¨²tbol, ten¨ªa mucho entrenamiento f¨ªsico. Dormir hasta tarde, eso simplemente no era una opci¨®n para ¨¦l. No me preocupaba que no lo viera, porque seguro lo har¨ªa despu¨¦s de entrenar, adem¨¢s, todav¨ªa me llevar¨ªa un tiempo encontrarme con Pol. Tom¨¦ aire profundamente y aceler¨¦ directo hacia Oasis de Salud. Cuando llegu¨¦, el imponente Land Rover de Pol ya estaba estacionado en entrada del sanatorio, mientras que se?or Moreno estaba all¨ª, practicando meditaci¨®n. Aunque no estaba segura de si realmente estaba practicando o solo haci¨¦ndose el interesante, definitivamente se ve¨ªa m¨¢s distinguido que fumando o pegado al celr. ro, eso tambi¨¦n me dec¨ªa que me hab¨ªa estado esperando un buen rato. Detuve mi auto y me apresur¨¦ hacia ¨¦l, empezando con una disculpa: ¡°Lo siento, presidente Moreno, por hacerlo esperar.¡± Pol termin¨® su ejercicio y baj¨®s manos, respirando profundamente antes de mirarme, y preguntar: ¡°?Qui¨¦n ha de esperar cuando se trata de una dama tan hermosa?¡± Ese hombre siempre hab¨ªa sido poco convencional, le sonre¨ª de manera forzada y le pregunt¨¦: ¡°?Podemos entrar ya?¡± Pol frunci¨® el ce?o ligeramente: ¡°?Vas a entrar as¨ª?¡± Me qued¨¦ sorprendida por su pregunta, pero luego entend¨ª a qu¨¦ se refer¨ªa, me di cuenta de que ir cons manos vac¨ªas no era apropiado. Pero no pod¨ªa decirlo directamente, as¨ª que improvis¨¦ una excusa: ¡°Lo siento, a esta hora no encontr¨¦ ninguna florister¨ªa abierta.¡± ¡°Je.¡± Pol se rio otra vez y con esa risa ramente se buba de lo pobre de mi excusa. No dijo nada m¨¢s, solo levant¨® un brazo y chasque¨® los dedos, de inmediato alguien se acerc¨®, trayendo consigo un ramo de flores. ¡°Ya lo ten¨ªa preparado para ti.¡± Dijo Pol sonriendo, mientras le ped¨ªa a su asistente que me entregaras flores. Realmente me sent¨ª avergonzada, pero aun as¨ªs tom¨¦ diciendo: ¡°Presidente Moreno realmente pens¨® en todo, gracias.¡± ¡°Solo soy as¨ª de considerado y detallista cons damas.¡± Dijo Pol, b¨¢ndose a s¨ª mismo en cada frase. No tuve m¨¢s remedio que seguirle el juego: ¡°Usted es un hombre de gran coraz¨®n.¡± Pol levant¨® una ceja pregunt¨¢ndome: ¡°?La se?orita tambi¨¦n lo cree as¨ª?¡± ¡°Por supuesto.¡± Dije, aunque por dentro ya lo estaba maldiciendo por dar tantos rodeos. As¨ª que fui directa: ¡°Presidente Moreno, ?podemos entrar ya?¡± Pol hizo un gesto con boca: ¡°Se?orita, no s¨¦ cu¨¢nto sabes sobre mi padre, pero tiene una peculiaridad, sobre todo estos ¨²ltimos a?os que no se ha sentido muy bien, se ha vuelto bastante quisquilloso.¡± Mi boca se torci¨® ligeramente, era primera vez que escuchaba a alguien har as¨ª de su propio padre. No era tonta y entend¨ª que me estaba advirtiendo, por lo que le dije: ¡°Presidente Moreno, hable ro, estar¨¦ atenta.¡± 09:06 nub 251 Pol mir¨® su reloj dici¨¦ndome: ¡°Mi padre no recibe a desconocidos.¡± ¡°As¨ª que hoy va a ser un d¨ªargo para el presidente Moreno.¡± Dije, tratando de mostrarme lo m¨¢s cort¨¦s posible. Pol movi¨® cabeza mientras me dec¨ªa: ¡°La se?orita entiende r¨¢pido, no le dar¨¦ m¨¢s vueltas, puedes ver a mi padre, pero tendr¨¢s que cambiar de identidad.¡± Estaba un poco confundida y fui al gra ¡°Hable ro, presidente Moreno.¡± EI Centímetro 252 Cap¨ªtulo 252 Pol dio un paso hacia m¨ª, y yo, por instinto, retroced¨ª un poco; ¨¦l sonri¨® y dijo: ¡°S¨¦ mi novia.¡± Me qued¨¦ paralizada, pero enseguida solt¨¦ una risa burlona dici¨¦ndole: ¡°No es muy temprano para bromas, presidente Moreno, t¨² sabes¡­¡± ¡°No es una broma.¡± Me interrumpi¨® Pol: ¡°Solo mi novia tiene el derecho de conocer a mi padre.¡± Sus pbras me dejaron hda, ramente estaba usando eso para ejercer presi¨®n sobre m¨ª. Justoo lo tem¨ªa, all¨ª estaba esperando eso. ¡°Quiz¨¢s no lo sepas, pero mi padre es una persona muy desconfiada, no conf¨ªa en nadie, especialmente ahora que su posici¨®n es diferente, hay demasiadas personas que quieren acercarse a ¨¦l con segundas intenciones. As¨ª que, para no gastar energ¨ªa innecesariamente, no se encuentra con nadie fuera de familia.¡± Pol me explic¨® detadamente. Pero yo sab¨ªa que eso era solo una excusa. ¡°Adem¨¢s, hando de m¨ª, me enamor¨¦ de ti a primera vista. S¨¦ que tengo fama de mujeriego, y de hecho, he salido con muchas chicas, pero esas rciones eran solo por diversi¨®n, ni har de llevas a casa, mi padre tampoco estar¨ªa de acuerdo.¡± Pol dijo mientras se re¨ªa de s¨ª mismo. Deb¨ªa sentirseo unpleto sinverg¨¹enza. ¡°Pero contigo es diferente, eres una chica decente, de esas que a primera vista se ve que son para casarse y cuidar de familia. As¨ª que, quiero cortejarte formalmente.¡± Pol dijo mir¨¢ndome fijamente. Y tuve que admitir que su mirada era seria. Hac¨ªa media hora, un ricach¨®n quiso conquistarme, y en aquel momento era un mujeriego. Al parecer mi vida amorosa o estaba muerta o de repente florec¨ªa en exceso. Pero justo noche anterior confirm¨¦ mi rci¨®n con Jorge y en aquel momento empezaba a pensar si Jorge fue el inicio de todo eso. ¡°Presidente Moreno, aprecio su sinceridad y le agradezco su inter¨¦s, pero lo siento, ya tengo novio.¡± Le respond¨ª directamente. Pol sonri¨® y continu¨®: ¡°Esa excusa para rechazarme suena muy poco convincente. El otro d¨ªa le pregunt¨¦ a Pablo sobre ti, y me dijo que estabas soltera.¡± ¡°No te equivocas, hasta anoche.¡± Pol sonri¨® con picard¨ªa y pregunt¨®: ¡°?Qu¨¦ coincidencia, no?¡± Solo sonre¨ª en respuesta. ¡°?Qu¨¦ tal si me dices qu¨¦ necesitas para aceptarme?¡± Pol volvi¨® a carga con esa pregunta. Esa propuesta era muy t¨ªpica de su estilo de no escatimar en gastos. No dije nada, y Pol continu¨®: ¡°Si aceptas, ser¨¢s se?ora de familia Moreno y tambi¨¦n due?a de FinanPro. Incluso en nuestra boda, pasar¨ªa todos mis bienes a tu nombre, y no solo eso, tambi¨¦n¡­¡± ¡°?El presidente Moreno ha olvidado qui¨¦n fue mi anterior prometido?¡± Lo interrump¨ª esta vez. Pol estaba usando su fortuna para tentarme, pero lo que su familia pose¨ªa no separaba con familia V¨¢squez. Pol se tens¨® por un momento pero luego sonrio diciendo: ¡°De hecho, eso es lo que me gusta de ti, que no te mueven los intereses.¡± ¡°As¨ª que, presidente Moreno, mejor busca a alguien m¨¢s adecuado, realmente no soy indicada.¡± Expres¨¦ sinceramente mi posici¨®n. Pol baj¨® mirada, sin decir nada por un momento, luego levant¨® vista y dijo y ¡°Eres primera que me rechaza.¡± 00:06 Capitulo 252 ¡°No es un rechazo para a ti, es que realmente no somospatibles. Como bien dijiste, buscas a alguien con quienpartir vida, cuidar de ti y de tus bienes, y yo solo quiero un amor simple¡­¡± Mi mente se llen¨® con imagen de una vida id¨ªlicao de Lilia. ¡°Quiero una vida de sencillez ypa?erismo, algo que, dada tu posici¨®n, presidente Moreno, no es posible.¡± Dije con una sonrisa. La sonrisa es el lenguaje m¨¢s sincero del mundo, m¨¢s poderoso que mil pbras. Pod¨ªa que Pol que no fuera muy cort¨¦s, pero era sincero, y yo tambi¨¦n deb¨ªa serlo, especialmente porque necesitaba algo de ¨¦l, no pod¨ªa enfadarlo. Sin embargo, no respondi¨®, dej¨¢ndome con incertidumbre. Suspir¨¦, buscando poner fin a esa situaci¨®n de manera directa: ¡°Presidente Moreno, ya he sido muy ra, as¨ª que hoy no ser¨¦ tu novia, ?pero aun as¨ª puedo pasar por esa puerta?¡± EI Centímetro 253 Cap¨ªtulo 253 ¡°?Qu¨¦ t¨² crees?¡± Pol de repente me devolvi¨® pelota. Sonre¨ª ligeramente diciendo: ¡°Entonces, disculpa molestia.¡± Dicho eso, le devolv¨ªs flores que ten¨ªa en mano. Pol levant¨® mano, pero no para recibirs flores, sino para tomar un p¨¦talo y olerlo mientras dec¨ªa: ¡°Dime, ?para qu¨¦ buscas realmente a mi pap¨¢?¡± Esa pregunta me hizo fruncir el ce?o ligeramente, ?hab¨ªa cambiado de opini¨®n? Anteriormente, cuando mencion¨¦ que quer¨ªa que su padre evaluara algo, lo trat¨®o si fuera un tesoro. En aquel momento, al parecer entendi¨® que ten¨ªa otros asuntos. Ya que estaba all¨ª, no hab¨ªa raz¨®n para ocultarle nada, as¨ª que le cont¨¦ verdad. Despu¨¦s de escucha, Pol dijo seriamente: ¡°?Mejor vete!¡± Sent¨ª que algo no estaba bien y le pregunt¨¦: ¡°?Por qu¨¦?¡± ¡°Si vienes por ese asunto para ver a mi pap¨¢, ser¨ªa en vano. No sacar¨¢s nada de ¨¦l, no te dar¨¢ ninguna respuesta.¡± Pol habl¨®o si conociera muy bien a su padre. Pero si no hubiera ning¨²n problema, todo ser¨ªa normal y no habr¨ªa nada de qu¨¦ no se pudiera har. Si no lo dec¨ªa, entonces deb¨ªa haber un problema envuelto. Yo necesitaba verlo a¨²n m¨¢s y entender verdad. ¡°?Y si insisto en verlo? Tal vez el se?or Moreno no tenga nada que ocultar.¡± Persist¨ª. Pol sacudi¨® cabeza ligeramente, con una expresi¨®n de resignaci¨®n hacia m¨ª mientras me dec¨ªa: ¡°Eres realmente persistente, ?eh? Bueno, entonces, mar¨¦ al viejo a ver si quiere verte. Si ¨¦l acepta, te llevar¨¦.¡± Despu¨¦s de decir eso, Pol sac¨® su m¨®vil y marc¨® un n¨²mero, incluso activ¨® el altavoz. ¡°?Qu¨¦ pasa?¡± La voz ronca de Mauricio se escuch¨®. ¡°No mucho, solo quer¨ªa llevar a una persona, una mujer, a verte.¡± Pol fue cuidadoso y no revel¨® mi identidad directamente. ¡°No traigas a cualquier mujer a molestarme.¡± La voz de Mauricio se volvi¨® m¨¢s feroz. Pol me mir¨®, una sonrisa juguetona en su boca mientras preguntaba: ¡°?Crees que traer¨ªa a ese tipo de mujeres a ensuciar tu vista? Es una buena chica.¡± Mauricio se qued¨® en silencio al otrodo del tel¨¦fono. Justo cuando pens¨¦ que aceptar¨ªa, dijo: ¡°Otro d¨ªa, hoy tengo invitados importantes aqu¨ª.¡± ¡°Entonces esperamos adentro, hasta que termines y puedas ve.¡± Aunque Pol parec¨ªa despreocupado, sus pbras me conmovieron. Estaba haciendo todo lo posible por ayudarme. ¡°?No entiendes lo que digo?¡± Mauricio, ramente molesto, colg¨® despu¨¦s de decir eso. Pol me encogi¨® de hombros con una mirada que dec¨ªa que hab¨ªa hecho todo lo posible. Mir¨¦ puerta bloqueada pors rejas, pensando en qu¨¦ tipo de invitados importantes tendr¨ªa Mauricio, ?a tal punto de no querer ver ni a su propio hijo? Algo pas¨® frente a mis ojos, sac¨¢ndome de mis pensamientos. Era mano de Pol, movi¨¦ndose frente a m¨ª y preguntando: ¡°?No estar¨¢s pensando en saltar barda, verdad?¡± Apret¨¦ losbios y le pregunt¨¦: ¡°?Usted sabe a qui¨¦n va a ver al se?or Moreno hoy?¡± Eran padre e hijo, rci¨®n m¨¢s cercana que pod¨ªa existir, y adem¨¢s, por lo que Pol me hab¨ªa dicho antes, parec¨ªa saber algo sobre los asuntos de Mauricio. ¡°Je.¡± Pol solt¨® una risa diciendo: ¡°Eso no lo s¨¦, mi padre en su vida solo ha tenido mucho dinero y muchos amigos.¡± 09:07 Esa respuesta era toda rde en s¨ª misma. Pero sab¨ªa que Pol probablemente no quer¨ªa decir algo m¨¢s all¨¢. En ese momento, su m¨®vil son¨®. Viendo el n¨²mero, Pol me mir¨® preguntando: ¡°?Pablo sabe que viniste a buscarme?¡± Al parecer mada era de Pablo, pero, ?c¨®mo sab¨ªa que mada de Pablo ten¨ªa algo que ver conmigo si no hab¨ªa contestado? Esboc¨¦ una sonrisa forzada, sin responder. Un destello de oscuridad cruz¨® por los ojos de Pol, y no contest¨® mada de Pablo, colgando directamente. Mi coraz¨®n dio un vuelco, ese gesto seguramente har¨ªa que Pablo pensara que algo hab¨ªa pasado y definitivamente me mar¨ªa. Cap¨ªtulo 254 EI Centímetro 254 Cap¨ªtulo 254 Justo cuando pensaba en eso, mi celr son¨®. Era tan embarazoso que hasta se podr¨ªa decir que el embarazo le abr¨ªa puerta al bochorno. Pol mostr¨® una sonrisa de bu en su rostro dici¨¦ndome: ¡°Chica, parece que te cuidas mucho de m¨ª, ?eh? Si no conf¨ªas en m¨ª, ?para qu¨¦ me provocas?¡± No supe qu¨¦ responder. Pol dio un paso atr¨¢s mientras me dec¨ªa: ¡°Entonces hagamos que no nos conocemos.¡± Dicho eso, subi¨® a su auto y se fue a toda velocidad. El viento levantaba los bordes de mi ropa y desordenaba mi cabello. Ese hombre s¨ª que cambiaba de cara m¨¢s r¨¢pido que de p¨¢gina; hac¨ªa diez minutos se me estaba derando, queriendo conquistarme, y, por una mada, me hab¨ªa dejado as¨ª¡­ Pero, tal vez era mejor as¨ª, ya no ten¨ªa que preocuparme de que realmente tuviera intenciones conmigo y me acosara. Con Pol ya lejos, volv¨ª a mirar puerta cerrada del sanatorio, pensando en qui¨¦n ser¨ªa ese importante cliente que Mauricio iba a ver. ?Ser¨ªa Ricardo? Con eso en mente dud¨¦ un poco antes de sacar mi celr y marcar el n¨²mero de Sandra. ¡°Cami, justamente iba a marte.¡± Sin darme oportunidad, Sandra habl¨® tan prontoo contest¨¦. No tuve m¨¢s opci¨®n que preguntar: ¡°Sandra, ?quer¨ªas verme por algo?¡± ¡°Te invito aer, en el lugar a donde ¨ªbamos siempre. Llega as once.¡± Sandra no me dej¨® negarme, cerrando el tema de inmediato. No rechac¨¦ oferta, sino que le segu¨ª corriente y le pregunt¨¦: ¡°?Y Ricardo tambi¨¦n va?¡± ¡°¨¦l no, sali¨® hoy, probablemente regrese por tarde.¡± Me dijo Sandra sin reservas. ?Fuera todo el d¨ªa? Desde que Ricardo dej¨® empresa en manos de Sergio, casi no socializaba con el exterior. ¡°?Fue a un lugar lejano?¡± Pregunt¨¦, intentando sonsacar m¨¢s. ¡°No, solo a ver a un viejo amigo. Siempre que se encuentran, tienen que tomar caf¨¦ y jugar ajedrez.¡± Divag¨® Sandra. Al escuchar eso, apret¨¦ el tel¨¦fono un poco m¨¢s fuerte, parec¨ªa que hab¨ªa acertado, Ricardo era ese importante cliente que Mauricio mencionaba. Al parecer su rci¨®n era realmente cercana; no quer¨ªaplicars cosas, pero el contrato que dej¨® mi padre me hac¨ªa pensar demasiado. ¡°Cami, ?buscabas algo con tu se?or V¨¢squez?¡± Pregunt¨® Sandra. Volv¨ª en m¨ª y le dije: ¡°No, es pens¨¦ que era unaida familiar.¡± ¡°?Comida familiar?¡± Sandra resopl¨® diciendo: ¡°Desde que te fuiste, no hemos tenido ni una.¡± Sab¨ªa que no me culpaba con sus pbras, pero raz¨®n era por m¨ª. No ten¨ªa mucho qu¨¦ decir, y ciertamente no me disculpar¨ªa, ya que no hab¨ªa hecho nada malo. ¡°Cami, tienes que venir, hace mucho que no te veo y tengo muchas cosas que contarte.¡± Suspir¨® Sandra. Al escuchar eso, realmente no pude negarme m¨¢s, porque sab¨ªa que iba a terminar hando de Sergio y Zo¨¦, y mi rol de ex no me daba lugar para decir mucho. Si solo iba a ser un cubo de basura, no quer¨ªa dejarme contaminar por esos desechos. ¡°Sandra, quiz¨¢s no pueda ir.¡± Igualmente me negu¨¦. ¡°?Est¨¢s tratando de cortarzosigo porpleto? Cami, desde que te fuiste, no he podido dormir bien nier bien. Hoy, solo eres actuar¨¢so mi hija, ?no puedes pa?arme aer?¡± Sandra jug¨® con el chantaje emocional. ?C¨®mo podr¨ªa decir NO otra vez? Solo pude aceptar dici¨¦ndole: ¡°Har¨¦ lo posible por ir.¡± ¡°Cami, te estar¨¦ esperando.¡± Con eso, cerr¨®pletamente mi camino de retirada. EI Centímetro 255 Cap¨ªtulo 255 Decid¨ª ir, tal vez podr¨ªa descubrir algo sobre el idente de auto de mis padres a trav¨¦s de Sandra. Despu¨¦s de convencerme a m¨ª misma, mir¨¦ hora, todav¨ªa faltaban tres horas para cita con Sandra, as¨ª que me dirig¨ª a empresa. ¡°Buen d¨ªa, directora G¨¢mez.¡± V¨ªctor me salud¨® con una sonrisa brinte,o si verme le diera vida. ¡°Buen d¨ªa, se?or Sierra.¡± ¡°Luces muy bien hoy, ?est¨¢s enamorada?¡± Pregunt¨® V¨ªctoro si fu¨¦ramos ¨ªntimos. La imagen de un momento dulce con Jorge cruz¨® mi mente y forc¨¦ una sonrisa diciendo: ¡°Como dice el se?or Sierra, el clima est¨¢ agradable.¡± No era departir mis asuntos personales con alguien con quien no ten¨ªa tanta confianza. Se rio con ganas y yo segu¨ª directo a mi oficina. Era lunes, d¨ªa de reuni¨®n del departamento. Durante reuni¨®n, cada quien report¨® sus resultados y uno mado Jonathan Valdez me entreg¨® un contrato diciendo: ¡°Directora G¨¢mez, he negociado con una nueva empresa de iluminaci¨®n que necesita nuestra gu¨ªa tica, aqu¨ª est¨¢n los detalles del contrato para su revisi¨®n.¡± Le ech¨¦ un vistazo preguntando: ¡°?Es reci¨¦n fundada y tiene menos de un mes?¡± ¡°S¨ª, es muy nueva.¡± Jonathan parec¨ªa algo nervioso. El riesgo de cborar con una empresa tan nueva es de cinco a diez veces mayor que el de una con m¨¢s de tres a?os, debido a los muchos factores inciertos. Probablemente temiendo mi rechazo, Jonathan agreg¨®: ¡°Directora G¨¢mez, no se preocupe, negoci¨¦ el pago de sus honorarios; aceptaron pagar un cincuenta por ciento de anticipo y un veinticinco por ciento m¨¢s a mitad de cboraci¨®n, con el saldo a liquidarse al final.¡± Me re¨ª ligeramente y luego le dije: ¡°Eso demuestra su sinceridad, parece que realmente desean cborar.¡± ¡°S¨ª, s¨ª, s¨ª, ser¨ªa vergonzoso rechazarlos.¡± Jonathan sonri¨® con suentario. Los dem¨¢s tambi¨¦n se rieron y empezaron a bromear: ¡°?Qu¨¦ se de sinceridad es esa, regalos o chicas guapas?¡± ¡°Nada de eso, respetos res de nuestra empresa. Solo vi que realmente quer¨ªan cborar y ven¨ªan por fuerza y reputaci¨®n de nuestra empresa.¡± Jonathan segu¨ªa convenci¨¦ndonos. Le respond¨ª: ¡°Se nota su sinceridad.¡± Aunque solo dije eso, los dem¨¢s inmediatamente felicitaron a Jonathan dici¨¦ndole: ¡°Mira t¨², si cierras este trato, nos debes unaida.¡± Jonathan, de manera astuta me pas¨® responsabilidad: ¡°Eso depende de si directora G¨¢mez nos da oportunidad.¡± Porque ese contrato necesitaba mi aprobaci¨®n y luego de Victor. Actualmente, empresa no carec¨ªa de recursos de clientes, por lo que no nos deslumbramos f¨¢cilmente, probablemente esa fue raz¨®n por que Sergio fue rechazado directamente por el jefe cuando fue a cborar. Pensando en el jefe, me entr¨® curiosidad sobre esa persona, pero actualmente no ten¨ªa ninguna pista sobre ¨¦l. Ante expectativa de Jonathan, no di una respuesta inmediata, sino que dije: ¡°P¨¢same informaci¨®n de esta empresa, lo revisar¨¦ y luego decidir¨¦.¡± Jonathan hizo un gesto de OK y con eso concluy¨® reuni¨®n de ese d¨ªa. Lapa?¨ªa ten¨ªa un perfil sencillo, el jefe hab¨ªa trabajadoo tico en otra empresa durante algunos a?os y, seg¨²n el n¨²mero de ionistas, era una empresa fundada en sociedad. Ese tipo de empresa tiene sus pros y sus contras: ventaja era que no hab¨ªa que preocuparse por que un solo individuo pudiera afectar el desarrollo y operaci¨®n general de 00:07 Cap¨ªtulo 255 empresa; el inconveniente era que con muchas personas al mando, pod¨ªa ser dif¨ªcil para nosotros trabajar con ellos. Despu¨¦s de sopesarlo, pens¨¦ que cboraci¨®n era viable, as¨ª que fui a buscar a V¨ªctor. En ese momento V¨ªctor era el jefe, y por lo que hab¨ªa visto de su desempe?o anterior, empresa no buscaba un desarrollo agresivo, sino estabilidad y calidad. La seli¨®n de clientes era de no aceptar menos de lo mejor. La puerta de oficina de V¨ªctor estaba abierta y estaba hando por tel¨¦fono. Estaba por retirarme y volver m¨¢s tarde, pero me hizo se?as para que entrara. ¡°¡­s¨ª, lo que nos falta ahora es un jefe tico, un tico superior en iluminaci¨®n¡­ paga no es problema, si est¨¢ dispuesto a venir, incluso le ceder¨ªa mi puesto¡­ bien, bien, espero tus buenas noticias.¡± EI Centímetro 256 Cap¨ªtulo 256 V¨ªctor colg¨® el tel¨¦fono, suspir¨® y cuando dirigi¨® su mirada hacia m¨ª, su rostro se ilumin¨® con una sonrisa radiante. ¡°Si¨¦ntate, directora G¨¢mez.¡± V¨ªctor me hizo un gesto. Apenas me sent¨¦, ¨¦l suspir¨® y me dijo: ¡°Hoy d¨ªa es realmente dif¨ªcil encontrar a un profesional altamente calificado.¡± Algo hab¨ªa captado de su mada y le pregunt¨¦: ¡°?Nos est¨¢ faltando personal tico?¡± ¡°S¨ª, justo ayer uno de los ingenieros del departamento tico present¨® su renuncia. Ya de por s¨ª escase¨¢bamos de este tipo de talento, y esto solo empeoras cosas.¡± V¨ªctor movi¨® cabeza, mostrando una rara sensaci¨®n de estar abrumado. Desde que entr¨¦ a empresa y lo conoc¨ª, siempre se le ve¨ªa feliz y despreocupado,o si nada le preocupara ni le causara problemas. ¡°Ahora, distribuci¨®n de fuerzaboral en nuestro pa¨ªs muestra una prizaci¨®n, no nos faltan personas con estudios avanzados, nos faltan profesionales altamente especializados con experiencia pr¨¢ctica. No nos faltan trabajadores ocasionales, nos faltan aquellos dispuestos a trabajar duro en l¨ªnea de frente.¡± Coment¨¦ sobre situaci¨®nboral actual. V¨ªctor asinti¨® vigorosamente, levant¨¢ndome el pulgar mientras dec¨ªa: ¡°Lo has dicho perfecto, directora G¨¢mez realmente entiende tanto de negocioso de recursos humanos, es un verdadero talento multidisciplinario.¡± Solo pude sonre¨ªr ante el hgo y saqu¨¦ el contrato del que Jonathan hab¨ªa hado dici¨¦ndole: ¡°He revisado Ha informaci¨®n de esta empresa. Aunque es nueva, estructura de su liderazgo y sus perspectivas de desarrollo son prometedoras, y est¨¢n muy interesados en cborar.¡± V¨ªctor tom¨® el documento y dijo: ¡°Est¨¢ bien, lo revisar¨¦ y luego decido.¡± ¡°?Perfecto!¡± Asent¨ª, recordando que ten¨ªa una cita con Sandra y que probablemente no podr¨ªa regresar tan pronto por tarde, as¨ª que aprovech¨¦ para pedirle un permiso: ¡°Se?or Sierra, saldr¨¦ al mediod¨ªa y regresar¨¦ tarde a oficina.¡± ¡°Directora G¨¢mez, en el futuro no hace falta que me informe sobre esto, usted decida lo que hace.¡± V¨ªctor fue muy directo. ¡°?Gracias!¡± Me levant¨¦ para irme, pero V¨ªctor me detuvo: ¡°Directora G¨¢mez, lo que mencion¨® sobre el mercadoboral, ?conoce a alg¨²n profesional tico que pudiera rendarnos? Ser¨ªa de gran ayuda.¡± Inmediatamente pens¨¦ en Jorge, pero ¨¦l ten¨ªa un trabajo estable y no pod¨ªa pedirle que renunciara para ir all¨ª, ?verdad? ¡°Ver¨¦ si hay alguien.¡± Le dije a V¨ªctor, dej¨¢ndole una respuesta abierta. ¡°Directora G¨¢mez.¡± Ya estaba en puerta cuando V¨ªctor me m¨® otra vez. Me gir¨¦ hacia ¨¦l pregunt¨¢ndole: ¡°?Se?or Sierra, algo m¨¢s?¡± Primero se rio y luego me dijo: ¡°Directora G¨¢mez, ?no ir¨¢ a una cita a ciegas, verdad?¡± Yo no supe qu¨¦ contestar. ¡°Solo era curiosidad, una mujer tan fermosao usted, y adem¨¢s soltera, as¨ª que¡­ je je¡­¡± En ese momento, Victor realmente parec¨ªa un poco travieso. No pod¨ªa sentirme molesta con ¨¦l, as¨ª que no ocult¨¦ nada: ¡°No, no es una cita a ciegas.¡± ¡°Oh, ?qu¨¦ bueno!¡± La manera en que V¨ªctor dijo eso me hizo pensar por un momento que tal vez ¨¦l ten¨ªa alg¨²n inter¨¦s en m¨ª. Aunque fuera muy atento conmigo, no hab¨ªa mostrado ninguna otra se?al. Pero, independientemente de sus 00:07 Capitulo 256 intenciones, era mejor arar ciertas cosas antes de que seplicaran m¨¢s. As¨ª que, agregu¨¦: ¡°Actualmente no estoy soltera, ya tengo novio.¡± Los ojos de V¨ªctor se iluminaron de inmediato pregunt¨¢ndome: ¡°?Tienes novio? ?Qui¨¦n es?¡± Esa pregunta me dej¨® sin pbras. ?Acaso ¨¦ramos tan cercanos? ?Por qu¨¦ actuaba si fuera mi hermano mayor? Justo cuando estaba pensando c¨®mo evadirlo, alguien afuera pregunt¨®: ¡°?Cam est¨¢ aqu¨ª?¡± Aprovech¨¦ oportunidad para no responderle a V¨ªctor y sali: ¡°Yo soy¡­¡± Me qued¨¦ sin pbras al ver qui¨¦n me maba, especialmente por lo que llevaba en sus brazos, qued¨¢ndomepletamente sorprendida. 09:07 Cap¨ªtulo 257 EI Centímetro 257 Cap¨ªtulo 257 ¡°Se?orita G¨¢mez, por favor firme para recibir sus flores.¡± El chico de los recados haba mientras me entregaba el ramo que tra¨ªa en sus brazos. ?Eran rosas ncas! Eran mis flores favoritas y solo alguien que me conociera bien sabr¨ªa eso. Inmediatamente pens¨¦ en Sergio. Porque cada cumplea?os me regba rosas ncas, y en d¨ªasunes, tambi¨¦n mes daba. Pero aquel d¨ªa no era mi cumplea?os, ?por qu¨¦ de repente me enviaba flores? Perdida en mis pensamientos, el chico de los recados levant¨® el ramo hacia m¨ª nuevamente, esperando ansiosamentepletar su siguiente entrega. Sin m¨¢s, tom¨¦s flores. ¡°?Qui¨¦ns envi¨®, tu novio?¡± V¨ªctor, quien siempre aparecia en todas partes, estaba detr¨¢s de m¨ª otra vez. Estaba a punto de negarlo, cuando de repente una tarjeta cay¨® del ramo. V¨ªctor, siempre listo para ayudar, se inclin¨® a recoge y me entreg¨®. La tarjeta dec¨ªa: ¡°Amiga, espero que tengas un buen d¨ªa hoy.¡± Esa pbra, ¡°amiga¡± hizo que me estremeciera, recordando cara irritante de Arturo. ?Nunca pens¨¦ que ser¨ªa ¨¦l! ?Pero c¨®mo sab¨ªa que me gustabans rosas ncas? Despu¨¦s de un breve momento, supe respuesta. Fue Zo¨¦ quien se lo dijo. De repente, sent¨ª un nudo en el pecho. Qu¨¦ ingeniosa, esa mujer, tratando de evitar que yopitiera con e por un hombre, mand¨® a su hermano a cortejarme. ?Pero no le preocupaba que si yo aceptaba, eso molestar¨ªa a¨²n m¨¢s? ¡°?Qu¨¦ jovencito tes envi¨®?¡± V¨ªctor, zumbandoo una abeja, empez¨® a inquirir. Aunque estaba bastante segura de que V¨ªctor no ten¨ªa segundas intenciones conmigo, definitivamente estaba interesado en mi vida privada. As¨ª que, juguetonamente le sonre¨ª dici¨¦ndole: ¡°Un jovencito muy guapo.¡± ¡°?Eh?¡± V¨ªctor se qued¨® petrificado. Ignorando sus ojos at¨®nitos, me dirig¨ª a mi oficina. ¡°Jefa, s envi¨® su novio? Qu¨¦ buen gusto, son hermosas.¡± ¡°La jefa realmente es ¨²nica, le gustans rosas ncas.¡± Mis colegas tambi¨¦n empezaron a bromear, y yo simplemente sonre¨ª preguntando: ¡°?Sin buen gusto o siendo ordinario, c¨®mo podr¨ªa ser colega de ustedes?¡± Con esa h¨¢bil respuesta los hgu¨¦, y tambi¨¦n logr¨¦ que se caran y volvieran al trabajo. De vuelta en mi oficina, dej¨¦s flores a undo en el sof¨¢ y jugueteando con tarjeta, ech¨¦ un vistazo al n¨²mero dejado a prop¨®sito. ?Quer¨ªa que lo mara para rega?arlo? Realmente, su desfachatez no ten¨ªa l¨ªmites. Incluso hab¨ªa dejado su n¨²mero,o si buscara que lo rega?aran. Pero aunque quisiera quejarse, no iba a gastar mi saliva d¨¢ndole esa satisfi¨®n. Tir¨¦ tarjeta a basura, encend¨ªputadora para trabajar, y mi celrenz¨® a vibrar. Era un mensaje de Jorge: ?Est¨¢s ocupada? Ese mensaje, tan breveo el mismo, sin una pbra de m¨¢s. Apoyada en mi si, le respond¨ª: M¨¢s o menos. Jorge: ?Qu¨¦ est¨¢s haciendo ahora? Yo: Envi¨¢ndote un mensaje. Jorge: ¡­ Yo: ?Pasa algo? Jorge: No. En ese momento s¨ª que no sab¨ªa qu¨¦ responder. Enviar mensajes sin motivo, ?qu¨¦ significaba eso? Por supuesto, con mi experiencia, lo sab¨ªa. Estaba pensando en m¨ª. ?Ay! Sent¨ªa el olor agridulce del amor y era tan intenso. 09:07 Capitulo 257 Jorge dijo: ?Alguna novedad en el trabajo hoy? Frunc¨ª el ce?o, a punto de decir que no, cuando de repente vis rosas ncas en el sof¨¢, as¨ª que tom¨¦ una foto y se envi¨¦: ?Bonitas, verdad? Jorge pregunt¨®: ?De d¨®nde son? Casi pod¨ªa imaginar su expresi¨®n cuando escribi¨® eso, definitivamente frunciendo el ce?o. Me dibuj¨¦ una sonrisa y le respond¨ª: Un regalo de alguien. EI Centímetro 258 Cap¨ªtulo 258 Despu¨¦s de enviar esas pbras, a?ad¨ª otras m¨¢s: regalo de un chico guapo. Miraba el mensaje enviado, esperando respuesta de Jorge, pero pasaban uno, dos, tres segundos y no recib¨ªa nada de ¨¦l. ?Eh? ?Qu¨¦ estaba pasando? ?Estaba enfadado? ?Me estaba ignorando? Mis dedos se posaron sobre el tedo, listos para preguntarle, pero despu¨¦s de escribir una l¨ªnea, lo pens¨¦ mejor y lo borr¨¦. Si se enfadaba solo porque alguien me envi¨® un ramo de flores, ?en qu¨¦ se diferenciaba ¨¦l del Sergio de antes? En mis tiempos de estudiante, no faltaron quienes me persiguieran, incluyendo cuando trabajaba y hab¨ªa quienes, sin saber de mi rci¨®n con Sergio, me mandaban se?ales de amor. Pero cada vez, eso enfadaba a Sergio. No solo reprend¨ªa a otra parte, sino que tambi¨¦n me culpaba por ser demasiado mativa. Para no enfadarlo, muchas veces me resign¨¦, e incluso me alej¨¦ activamente de cualquier amigo masculino que pudiera provocar malentendidos. No quer¨ªa volver a sentirme as¨ª. As¨ª que,nc¨¦ el m¨®vil a undo yenc¨¦ a trabajar. Pasaron unos diez minutos cuando mi celr son¨®, era una mada directa de Jorge. Frunc¨ª el ce?o y contest¨¦: ¡°?Qu¨¦ pasa?¡± ¡°?Por qu¨¦ no respondes a mis mensajes?¡± La voz de Jorge sonaba con un obvio tono de reproche. Sorprendida, abri WhatsApp y vi que hab¨ªa enviado varios mensajes. [Me siento mal, pero s¨¦ que no es tu culpa.] ¡¾Est¨¢ bien que otros te regalen cosas, pero no te enamores.) ¡¾Y no digas ese tipo de cosas, me har¨ªas sentir inseguro.] La panta estaba llena de su sentimiento de agravio, y por un momento no supe qu¨¦ decir. ¡°?Por qu¨¦ no dices nada?¡± Jorge volvi¨® a preguntarme. Mov¨ª losbios y le respond¨ª: ¡°No s¨¦ qu¨¦ decir.¡± ¡°No estoy enfadado, solo¡­ un poco celoso.¡± Jorge tambi¨¦n fue muy sincero. No pude evitar re¨ªrme y le pregunt¨¦: ¡°?Celoso? ?C¨®mo es eso? Env¨ªame una foto para ver.¡± ¡°?Qu¨¦ vas aer al mediod¨ªa?¡± Jorge cambi¨® de tema. ?Quer¨ªa almorzar conmigo o estaba neando enviarme a un almuerzo lleno de amor? Pero de cualquier manera, ten¨ªa que rechazarlo, as¨ª que le cont¨¦ sobre mipromiso con Sandra. ¡°Quer¨ªa almorzar con mi novia.¡± Jorge revel¨® su intenci¨®n. Me re¨ª y le dije: ¡°Jorge, eres tan meloso, ?no est¨¢s ocupado?¡± Despu¨¦s de preguntar, record¨¦ que hab¨ªa neado irse ese d¨ªa, seguramente no tendr¨ªa mucho trabajo. ¡°Jorge, cuando dijiste que te ibas, ?era a trabajar?¡± Volv¨ª a hacer pregunta que hab¨ªa hecho por ma?ana. ¡°No, voy a arrer otras cosas, y luego regresar¨¦, para establecerme en San Jos¨¦ del Cabo con mi novia.¡± La respuesta de Jorge me tom¨® por sorpresa. Pero sab¨ªa que sede de su empresa no estaba all¨ª, y tampoco hab¨ªa sucursales. ¡°?Y tu trabajo?¡± Pregunt¨¦ sin pensar Jorge no respondi¨®, y pens¨¦ en lo que hab¨ªa dicho V¨ªctor as¨ª que le propuse: ¡°Jorge, ?por qu¨¦ no vienes a trabajar a mi empresa? Justo ahora estamos contratando, y necesitamos a alguien con tu talento.¡± ¡°?Quieres que trabaje contigo?¡± Jorge pregunt¨® a cambio. Me sorprend¨ª por su malentendido y me sonroj¨¦ un poco: ¡°No juntos, solo en misma empresa, yo estoy en el departamento de marketing, no ser¨ªa el mismo departamento.¡± 00:07 Cap¨ªtulo 258 ¡°Entonces podr¨ªamos vernos en cualquier momento.¡± Las pbras de Jorge me dejaron sin saber qu¨¦ decir. ¡°?Bien!¡± Al segundo siguiente, Jorge acept¨®. Pero luego me arrepent¨ª un poco. Cuando entr¨¦ a empresa de Sergio para ser su asistente, fue para estar cerca de ¨¦l y facilitar nuestro noviazgo. Pero realidad fue un golpe duro, no solo no ayud¨® a nuestra rci¨®n, sino que hizo que Sergio se cansara de m¨ª. ¡°Vuelve al trabajo, nos vemos m¨¢s tarde.¡± Jorge colg¨® despu¨¦s de decir eso, y yo me qued¨¦ pensativa. Los problemas aparecen por boca, y ese l¨ªo lo hab¨ªa causado yo misma, no hab¨ªa duda. Pero ya era tarde para arrepentirse. Ojal¨¢ Jorge encontrara algo mejor y cambiara de opini¨®n, tal vez pod¨ªa convencerlo esa noche. Me golpe¨¦ cabeza, castig¨¢ndome por buscarme problemas. As once, sal¨ª de empresa hacia el Restaurante Javier¡¯s que Sandra hab¨ªa mencionado. Los camareros me reconocieron y me llevaron a s privada. ¡°?Adnte!¡± El camarero me abri¨® puerta. Avanc¨¦, pero no esperaba que, aparte de Sandra, tambi¨¦n estuvieran Sergio y Zo¨¦ en habitaci¨®n. EI Centímetro 259 Cap¨ªtulo 259 Sandra no me hab¨ªa dicho que ellos tambi¨¦n estar¨ªan all¨ª. Si lo hubiera sabido, definitivamente no habr¨ªa ido. No es que me diera miedo enfrentarlos, sin que realmente me quitaba el apetito. ¡°Cami, ya llegaste, solo te est¨¢bamos esperando a ti.¡± Sandra se acerc¨® con una sonrisa y me dio un abrazo suave. Como dice el dicho, no se le golpea a quien te sonr¨ªe, as¨ª que, a pesar de que Sandra hizo dif¨ªcil que dijera algo al respecto, aun as¨ªent¨¦: ¡°Sandra, pens¨¦ que solo ser¨ªamos nosotras dos.¡± ¡°De hecho, ¨ªbamos a ser solo nosotras dos, pero ellos¡­¡± Sandra hizo un gesto con boca hacia Sergio y Zo¨¦: ¡°Nos encontramos por casualidad.¡± ?Coincidencia? ?Por favor! Ya no era una ni?a, ?c¨®mo podr¨ªa creer eso? Pero si me iba en aquel momento, no solo har¨ªa sentir mal a Sandra, sino que tambi¨¦n parecer¨ªa que no pod¨ªa soltar el pasado. As¨ª que, sarc¨¢sticamente, coincidi: ¡°Qu¨¦ casualidad.¡± ¡°Nosotross interrumpimos a ti y a Sandra.¡± A?adi¨® Zo¨¦. Si sab¨ªan que estaban interrumpiendo, ?por qu¨¦ no se hab¨ªan ido con discreci¨®n en vez de quedarse all¨ª tan c¨®modamente? Cuando conoc¨ª a Zo¨¦, realmente pens¨¦ que era tan inocenteo parec¨ªa, pero en aquel momento sab¨ªa cu¨¢nto pod¨ªa fingir. No le dej¨¦ pasar oportunidad de responder y dije: ¡°Si hubiera sabido que ustedes tambi¨¦n estar¨ªan aqu¨ª, no habr¨ªa venido.¡± El rostro de Zo¨¦ se tens¨® un poco, y Sergio tampoco parec¨ªa muy contento, dijo: ¡°?Podemos pedir que sirvanida ahora?¡± Fue entonces cuando me di cuenta de que lo de esperarme no era una excusa de Sandra. Pero hando de eso, con futura nuera, Zo¨¦, sentada all¨ª, y aun as¨ª Sandra permitiendo que simplemente se quedara sentada sin servirida, era realmente iodo. ¡°Sirvan, y tambi¨¦n traigan de una vez el jugo que les pedi. Dijo Sandra, llev¨¢ndome a sentarme a sudo. Sergio, con el rostro serio, m¨® al mesero para ordenarida. ¡°Cami, has engordado un poco, tus manitas est¨¢n m¨¢s llenitas.¡± Sandra siempre observa los detalles. Recientemente, de hecho, hab¨ªa ganado un poco de peso, todo gracias a Jorge. Supuestamente deber¨ªa estar triste por ruptura y perder peso. Pensando en eso, le sonre¨ª a Sandra y dije: ¡°S¨ª, he engordado. Estoy de buen humor,o bien y duermo bien.¡± Con un sonido de tintineo, los utensilios de Sergio chocaron. Vi ramente c¨®mo Sandra le ech¨® un vistazo mientras continuaba diciendo: ¡°Debe ser Jorge quien te cuida bien.¡± Eseentario fue realmente punzante. En aquel momento hasta empezaba a sospechar si Sandra era mi verdadera madre. Entre su hijo y yo, al parecer estaba de mido. Contuve una sonrisa, mientras Sandra continuaba: ¡°?Jorge tiene tiempo? Si est¨¢ libre, que venga tambi¨¦n, entre m¨¢s personas, m¨¢s alegre el ambiente.¡± ¡°Mam¨¢!¡± Antes de que pudiera responder, Sergio m¨® con firmeza: ¡°El tillo que m¨¢s te gusta aqu¨ª es el pescado asado, ?todav¨ªa lo quieres?¡± ¡°S¨ª.¡± Respondi¨® Sandra sin dudarlo y dijo: ¡°A Cami tambi¨¦n le encanta.¡± El ya p¨¢lido rostro de Zo¨¦ se volvi¨® a¨²n m¨¢s nco. Pero ese nco estaba mezdo con un tinte de desd¨¦n,o sis pbras punzantes de Sandra estuvieran hiriendo. Se ve¨ªa bastantementable. Peroo 1/2 09:07 Capitulo 259 dice el dicho, quien provoca l¨¢stima tambi¨¦n tiene sudo detestable, y todo eso era resultado de sus propias iones. Aunque ya hab¨ªa dejado atr¨¢s todo lo rcionado con Sergio y no ten¨ªa motivo para ir en contra de Zo¨¦, no era algo que pudiera detener. Me di cuenta de que Sandra realmente no le ten¨ªa cari?o a Zo¨¦, por eso susentarios siempre estaban llenos de sarcasmo e iban directos al grano. Sergio orden¨® el pescado asado, interrumpiendo as¨ª invitaci¨®n de Sandra a Jorge. En realidad, sab¨ªa que Sandra no invitaba a Jorge de coraz¨®n, solo lo usaba para provocar a Sergio. Laida lleg¨®, y tambi¨¦n trajeron dos vasos de jugo de naranja. En mesa ¨¦ramos cuatro, Sergio no beb¨ªa cosas dulces, pero ah¨ª estaba tambi¨¦n Zo¨¦. ?Qu¨¦ inc¨®modo! Capitulo 260 EI Centímetro 260 Cap¨ªtulo 260 As¨ª que no hice nada y solo observ¨¦ c¨®mo el mesero ses arreba. Pero antes de que el mesero pudiera hacer algo, Sergio pas¨® llevando dos vasos de jugo de naranja, colocando ¨²no frente a m¨ª y el otro en sus manos mientras le dec¨ªa a Sandra: ¡°Mam¨¢, tienes el az¨²car alta, ped¨ª que te prepararan uno sin az¨²car.¡± Sandra apenas iba a decir algo cuando Sergio ya hab¨ªa puesto el otro vaso frente a Zo¨¦. Zo¨¦ le sonri¨® a Sergio, una sonrisa fr¨¢gil que parec¨ªa romperse en cualquier momento. Esa expresi¨®n realmente captaba atenci¨®n, no solo de los hombres, incluso yo no pod¨ªa soportarlo Al parecer Sandra lo not¨® y al final no dijo nada desagradable. Luego, los tos fueron llegando uno tras otro, todos eran de mi agrado, y Sandra se encarg¨® de servirme cada uno, haciendo que me sintierao si tuviera un problema ens manos que me imped¨ªa hacerlo por m¨ª misma. Sergio y Zo¨¦ parec¨ªan dos extras, siendopletamente ignorados. Realmente me sent¨ªa inc¨®moda. Si hubiera sido yo, habr¨ªa terminado con indigesti¨®n despu¨¦s de esaida. Bajo continua atenci¨®n de Sandra, no tuve m¨¢s remedio que pedir un alto y buscar una excusa para ir al ba?o. Lo que no esperaba era que Sergio me siguiera: ¡°Cam, mi madre se pas¨®.¡± Le sonre¨ª con ligereza y luego le dije: ¡°Entonces deber¨ªas dec¨ªrselo a Sandra.¡± Sergio se tens¨® y me reproch¨®: ¡°Mi madre lo hizo por ti, no puedes no darte cuenta.¡± ¡°Me di cuenta.¡± Fui directa. ¡°Cam, ahora t¨² tambi¨¦n tienes a alguien, ?por qu¨¦ haces que mi madre est¨¦ contra Zo¨¦? Ya te lo dije, estoy en deuda con Zo¨¦, y mi madre trat¨¢nd as¨ª, solo aumenta mi culpa hacia e.¡± Dijo Sergio, ramente molesto. ¡°Sergio.¡± Tambi¨¦n me enfri¨¦ y pregunt¨¦: ¡°?Crees que vales pena para que yo te manipule?¡± Sergio se qued¨® sin pbras ante mi reproche y lo mir¨¦ con bu: ¡°En el momento que te dej¨¦, ya no eras digno de mi esfuerzo.¡± ¡°Cam.¡± Sergio me m¨® con voz baja: ¡°No lo creo ¡°?Entonces qu¨¦ crees? ?Que todo esto es una farsa, que todav¨ªa te amo profundamente?¡± Lo presion¨¦ con cada pregunta: ¡°?De d¨®nde sacas esa confianza? Mi amor solo es para quienes lo merecen, ?pero crees que mereces mi amor?¡± Sergio ya no pudo decir nada. ¡°Ah, y el hermano menor de Zo¨¦, Arturo, no s¨¦ qu¨¦ le pas¨®, pero decidi¨® que iba a cortejarme, incluso envi¨® flores ncas a mi oficina.¡± Al decir eso, vi sorpresa en los ojos de Sergio. ¡°?Cu¨¢ndo pas¨® eso?¡± ¡°Justo hoy.¡± Sonre¨ª con sarcasmo pregunt¨¢ndole: ¡°Sergio, ?crees que deber¨ªa aceptarlo?¡± La mand¨ªb de Sergio se tens¨® y me dijo: ¡°No ten¨ªa idea de esto.¡± ¡°Entonces todav¨ªa eres decente.¡± Dije con frialdad. Si hubiera sido ¨¦l quien instig¨® a Arturo a cortejarme, realmente habr¨ªa sido ciega por amarlo tantos a?os. ¡°Voy a arar esto.¡± Murmur¨® Sergio. No dije m¨¢s y camin¨¦ hacia el ba?o. ¡°Cami.¡± Sergio me m¨® de nuevo, pero no me detuve. Sin embargo, aun as¨ª escuch¨¦ lo que dijo despu¨¦s: ¡°Si alg¨²n d¨ªa muero, ?te doler¨¢?¡± De repente me tens¨¦, sintiendo un apret¨®n en el pecho, pero no me detuve ni respondi. 00-07 Cap¨ªtulo 260 En realidad, quer¨ªa responderle de forma venenosa: ¡°Entonces espera a morirte para saberlo.¡± Pero siempre hay que dejar un margen, adem¨¢s, ¨¦l fue alguien a quien am¨¦, ?no? Sal¨ª del ba?o tres minutos despu¨¦s, y Sergio ya no estaba por ning¨²ndo, no sab¨ªa si hab¨ªa vuelto al privado o se hab¨ªa ido. Pensando en escena dentro, no quer¨ªa entrar, as¨ª que decid¨ª ir a mirar los peces en el estanque. Despu¨¦s de un rato, cre¨ª escuchar unos pasos familiares. Parec¨ªan ser los de Jorge. Levant¨¦ vista r¨¢pidamente, y efectivamente, era ¨¦l. Y persona que lo pa?aba, no era nadie m¨¢s que V¨ªctor. EI Centímetro 261 Cap¨ªtulo 261 Jorge y Victor, ?el gran jefe? ?El Olivera? En un instante, tantas plezasenzaron a encajar en mi mente ya hab¨ªa tenido mis sospechas antes y hab¨ªa tratado de sondarlos, pero ambos lo negaron. En aquel momento que los h¨¢bia pido in fraganti, estaba ansiosa por ver c¨®mo se justificarian. ¡°Jorgel Lo m¨¦. Al escuchar mi voz, Jorge y Victor se detuvieron y voltearon hacia donde yo estaba. Me encontraba agachada junto a fuente, y al principio, parecia que no me hab¨ªan visto. Incluso Victor ledio un codazo a Jorge diciendo: ¡°?Qui¨¦n te m¨®? Esa voz me suena¡­ Pero antes de que pudiera terminar, Jorge ya se habia acercado r¨¢pidamente. ¡°Es peligroso aqu¨ª.¡± Dijo ¨¦l extendiendo su mano. Pens¨¦ que queria ayudarme a levantanne, as¨ª que extendi m¨ªa hac¨ªa ¨¦l Sin embargo, con un r¨¢pido movimiento, me levant¨® en brazos, alej¨¢ndome de fuente. ?No hab¨ªas venido aer? ?Qu¨¦ haces aqu¨ª? Jorge me pregunt¨® al ponerme en el suelo. ramente entend¨ªa que yo hab¨ªa ido al restaurante aer. Ese abrazo inesperado me dej¨® confundida por unos segundos, hasta que recuper¨¦postura y mir¨¦ hacia Victor, quien luc¨ªa una sonrisa llena de chismes mientras preguntaba: ¡°?Ustedes se¡­ conocen?¡± ¡°Mm. Jorge admiti¨® sin titubear, pero luego a?adi¨®: ¡°Nos acabamos de conocer En ese momento, Victor tambi¨¦n se acerc¨® diciendo: ¡®Parece que el novio de directora G¨¢mez es el se?or Olivera. Entonces, ?cuando el se?or Olivera vino a empresa a solicitar trabajo y dijo que alguien lo rendo, fue usted, directora G¨¢mez?* Eso me hizo entender por qu¨¦ Jorge y Victor estaban juntos. Aunque ya hab¨ªa hado con Jorge al respecto, su rapidez me sorprendi¨®. Mir¨¦ a Jorge con incredulidad, pero ¨¦l parec¨ªa no inmutarse, aunque baj¨® un poco voz dici¨¦ndome: ¡®Sim novia est¨¢ siendo deseada por otros, mejor me quedo cerca.¡± Yo no supe qu¨¦ decir. Aunque Jorge hab¨ªa hado bajo, Victor pareci¨® escucharlo y dijo con una sonrisa: ¡°Directora G¨¢mez, ?no vas a darle bienvenida a tu nuevo colega?¡± Entonces, ?Jorge hab¨ªa sido aceptado? Aunque definitivamente ten¨ªas habilidades, todo parec¨ªa haber sido demasiado f¨¢cil. E incluso tan f¨¢cil que en aquel momento Victor estaba celebrando con unaida con ¨¦l. ¡°Espero aprender mucho de usted, directora G¨¢mez.¡± Dijo Jorge, extendi¨¦ndome mano. Lo mir¨¦, lista para darle un apret¨®n de manos, pero Victor interrumpi¨®: ¡°Con rci¨®n que tienen, ?para que dar mano? Deber¨ªan darse un gran Me qued¨¦ at¨®nita en ese momento. *?ro!¡± Jorg¨¦ estuvo de acuerdo y entonces me envolvi¨® en sus brazos. ¡°Perfecto, simplemente perfecto Exm¨® Victor desde a undo. Aunque solo era un abrazo y Jorge y yo ten¨ªamos una rci¨®n establecida, aun as¨ª me senti algo avergonzada. Justo cuando iba a soltarme, escuch¨¦ voz de Zo¨¦, triste y baja: ¡°Sergi, ya no s¨¦ qu¨¦ hacer, ?c¨®mo hago para que tu mam¨¢ me quiera?¡± ¡°No tienes que hacer nada¡­¡± La voz de Sergio era fr¨ªa. ¡°?Por qu¨¦?¡± Zo¨¦ incluso pregunt¨®. Ya lo hab¨ªa entendido todo; Sandra no quer¨ªa sin importar lo que hiciera solo por ser qui¨¦n era e. Pero Sergio le dej¨® un poco de dignidad, sin ser tan expl¨ªcito. ¡°Vamos, te llevo de vuelta. Dijo Sergio. abrazo.¡± Zo¨¦ no respondi¨®, y pens¨¦ que se hab¨ªan ido, solo para escuchar a Sergio decir: ¡°Nos vamos, o qu¨¦? ?neas volver paraer? ?Crees poderte tragar algo?¡± EI Centímetro 262 Cap¨ªtulo 262 *Sergi, entiendo lo que dices, tu mama no me quiere, no importa lo que haga, nunca le voy a gustar, lo siento por hacerte sentir mal tambi¨¦n Zo¨¦ finalmente lo entendi¨®. Pero esa disculp era demasiado humilde. ?Qu¨¦ ha hecho e de malo? Si ha algo, era amar demasiado a alguien, y por ese alguien, estaba dispuesta a soportar tales humiciones. ¡°A mi no me importa sentirme mal, me lo busqu¨¦ yo solo, pero tu no deberias buscarte problemas ni sentine mal.¡± Sergio parec¨ªa estar especialmente irritable. ¡°Sergi, no entiendo a que te refieres. Zo? siempre hab¨ªa sido delicada, y frente a Sergio parec¨ªa a¨²n m¨¢s fragil No sab¨ªa si era su verdadera naturaleza o si se mostraba asi deliberadamente para dar l?stima. ?Qu¨¦ pasa con Arturo? El nombre que Sergio mencion¨® dej¨® ro que iba a culpar a Zo¨¦ ?Qu¨¦ le pas¨® al peque?o salvaje? ?Qu¨¦ lio atmo esta vez? ?Vino a ti para que lo soluciones? La voz de 20 llevaba un tono de nerviosismo. Sergio buto y luego le pregunto: ¡°?De verdad no sabes?¡± ¡°Sergi, de verdad no s¨¦ de que has.¡± Zoe tambi¨¦n parec¨ªa desesperadao si fuera acusada injustamente. ¡°Arturo est¨¢ persiguiendo a Cam. Dijo Sergio, y ramente sentio los brazos que me rodeaban se tensaban Mire hacia Jorge, y ¨¦l tambi¨¦n me miraba, frunciendo el ce?o. Justo cuando iba a explicar, escuch¨¦ a Zoe tratando de explic¨¢rselo a Sergio: ¡°Eso es imposible¡°. ¡°Ja¡± Sergio se po con desden y luego agreg¨®: ¡°Le envi¨® flores a oficina de Cam¡°. Zo¨¦ no dijo nada inmediatamente, solo despu¨¦s de unos segundos dijo d¨¦bilmente: ¡°Probablemente estaba jugando con e, despu¨¦s de todo, antes Cam me acos¨® Yo realmente me qued¨¦ sin pbras. Ya lo habia explicado todo sobre ese asunto, en ese momento polic¨ªa tambi¨¦n revis¨®s c¨¢maras, y tambi¨¦n se determin¨® que Arturo minti¨®, no esperaba que Zo¨¦ todav¨ªa me difamara. Zo¨¦, ?crees que no s¨¦ nada sobre ese asunto?¡± Sergio tambi¨¦n se enfad¨®. ¡°Sergi, no hablemos m¨¢s de eso, no tenia ni idea de que Arturo estuviera persiguiendo a Cam, ahora mismo lo mo para rega?arlo, que no cause m¨¢s l¨ªos.¡± Zo¨¦ le asegur¨® a Sergio. Sergio no dijo nada, y Zoe agreg¨® d¨¦bilmente: ¡°Sergi, piensalo bien, no tiene sentido que yo le dijera que persiguiera a Cam, si Cam se enfada y realmente lo acepta, perjudicada tambi¨¦n ser¨ªa yo, ?verdad?¡± Era raro era que e lo entendiera. ¡°Pero, ?c¨®mo sabia que a Cam le gustans rosas ncas? Pocos lo saben. Sergio no era tan f¨¢cil de enga?ar. ¡°No tengo ni idea, y tampoco sab¨ªa que a Cam le gustans rosas ncas, solo te he visto enviarle rosas ncas.¡± Explic¨® Zo¨¦. Sergio ya no habl¨® m¨¢s, pero yo estaba a¨²n m¨¢s confundida, ?c¨®mo sab¨ªa ese travieso de Arturo que me gustabans rosas ncas? ?Acaso ese tal Arturo me hab¨ªa investigado? Justo cuando ese pensamiento cruz¨® mi mente, escuch¨¦ a V¨ªctor decir: ¡°?Cu¨¢nto m¨¢s van a seguir abrazandose? Si siguen as¨ª,ida se va a enfriar¡°. Despu¨¦s de su recordatorio, me di cuenta de que todav¨ªa estaba en los brazos de Jorge, mi rostro se puso rojo inmediatamente, y r¨¢pidamente me separ¨¦ de ¨¦l. ¡°Vayan aer, yo tambi¨¦n me voy,¡± Dije antes de irme, pero no me di cuenta de que Jorge todav¨ªa me estaba agarrando. Y cuando me gir¨¦, me encontr¨¦ con mirada de Sergio y Zo¨¦. Los dos ten¨ªan cara, uno verdosa y el otro p¨¢lida. Hiceo si no los hubiera visto y le dije a Jorge: ¡°Vayan aer, yo tambi¨¦n me voy¡°. ¡°Est¨¢ bien, despu¨¦s deer nos vamos juntos, te espero.¡± Dijo Jorge con una mirada tierna. Asent¨ª, nos separamos, ¨¦l y V¨ªctor fueron a su habitaci¨®n, y yo me dirig¨ª hacia habitaci¨®n que Sandra ha reservado. Pero el camino hacia habitaci¨®n pasaba por donde estaban Sergio y Zo¨¦, as¨ª que ten¨ªa que enfrentarme a ellos directamente. Capitulo 263 EI Centímetro 263 Cap¨ªtulo 263 ¡°Permitanme pasar, por favor Me acerqu¨¦ y dije esto con naturalidad. Sergio no se movi¨®, sus ojos estaban fijos en mi, mientras Zo? me mir¨® un momento y luego discretamente se hizo a undo para dejarme pasar. Al pasar, vi c¨®mo Zo¨¦ se aferraba a Sergio,o si temiera que pudiera llevarmelo. ¡°Cami, vert, vamos aer.¡± Apenas entr¨¦, Sandra me recibi¨® calurosamente. Me sent¨¦ y pregunt¨¦ a prop¨®sito: ¡°Sandra, ?c¨®mo es que solo quedamos nosotras dos?¡± ¡°Desde el principio solo ¨¦ramos nosotras dos, pero hay gente sin verg¨¹enza que le gusta pegarse sin ser invitada.¡± Sandra realmente no ocultaba su desd¨¦n por Zo¨¦ y su propia hijo. Me rei y luego le dije: ¡°As¨ª vas a acabar distanci¨¢ndote de tu hijo.¡± No es que quisiera jugar a santurrona, pero Ricardo y Sandra siempre hab¨ªan sido tan buenos conmigo, que realmente esperaba que su familia viviera en armon¨ªa. ¡°¨¦l se lo busc¨®.¡± Sandra no mostr¨® intenci¨®n alguna de ceder Hice mi intento de aconseja, pero lo dem¨¢s ya no era asunto mio, as¨ª que mejor dejaba de har y me concentraba en disfrutarida. *?Por qu¨¦ tardaste tanto en el ba?o?¡± Me pregunt¨® Sandra. ¡°Me encontr¨¦ con Jorge Contest¨¦ con sinceridad. Sandra pareci¨® sorprenderse por un momento y luego brome¨®: ¡°?Qu¨¦, te sigui¨® para asegurarse de que no te llevaran?¡± ¡°No, ¨¦l vino a cenar con el jefe. No entr¨¦ en detalles. Sandra gir¨® bandeja, acerc¨¢ndome lo m¨¢s delicioso mientras me dec¨ªa: ¡°Cami, Jorge es un buen hombre, tanto en su car¨¢ctero en su apariencia Ricardo y yo estar¨ªamos tranquilos si te quedas con ¨¦l, pero¡­ Sandra se detuva, dudando, y yo entend¨ª su punto: ¡°Sandra, ?te preocupa que su situaci¨®n familiar no sea adecuada, verdad?¡± ¡°As¨ª es, yo y Ricardo no queremos que sufras, vida puede ser muy dura sin dinero ni un buen respaldo familiar.¡± Sandra reflexion¨®. Sab¨ªa que sus pbras ven¨ªan de experiencia, ya que Chispa Global Business no era una empresa con siglos de historia, sino algo que e y Ricardo hab¨ªan construido desde cero. Ellos tambi¨¦n hab¨ªan enfrentado muchas dificultades cuando eran j¨®venes emprendedores, aunque nunca lo mencionaron, Sergio me lo hab¨ªa contado. Me cont¨® que antes del ¨¦xito de sus padres, familia, que inclu¨ªa a su abu, viv¨ªa del srio de Ricardo Vivir al d¨ªa era lo¨²n para ellos, y adem¨¢s ten¨ªan quepartir un peque?o espacio. En aquel entonces, Sandra se encargaba de casa mientras Ricardo trabajaba arduamente, apenas llegando a fin de mes. Luego, Sandra decidi¨® trabajar tambi¨¦n, enfrent¨¢ndose a muchas dificultades. Con esos pensamientos, contest¨¦ autom¨¢ticamente: ¡°Sandra, ?tambi¨¦n pasaron por momentos duros antes de fundar Chispa Global?¡± ¡°ro que s¨ª, y no quisiera ni recordarlo. Dijo Sandra, negando con cabeza La gente suele decir que hay que recordar los tiempos dif¨ªciles, pero hay amarguras que muchos prefieren no revivir. La mif¨¦ y pregunt¨¦: ¡°?Fue esa desesperaci¨®n lo que los llev¨® a emprender?¡± ¡°Fue eso, pero tambi¨¦n oportunidad. Sandra dijo con una sonrisa suave. ¡°Exacto, oportunidad. Mis padres vinieron a San Jos¨¦ del Cabo con misma idea, peromentablemente¡­ Mi voz se apag¨®. De inmediato, Sandra me interrumpi¨® preguntando: ?Por qu¨¦ traer eso ai¨®n? Dejemos el pasado atr¨¢s y miremos hacia el futuro.¡± Sin embargo, sacud¨ª cabeza y le dije: ¡°Sandra, cuando mis padres tuvieron el idente, ?usted estuvo alli? ?Fue un problema con el auto a chocaron con alguien?¡± EI Centímetro 264 Cap¨ªtulo 264 Hando de eso, no hab¨ªa sido una hija ejemr. Solo sab¨ªa que mis padres hab¨ªan muerto en un idente de auto, pero desconoc¨ªa los detalles de ese idente no hab¨ªamos quedado en no har de eso? Ya es cosa del pasado.¡± La expresi¨®n de Sandra cambio ligeramente, luego tomo mi mu?eca y me ¡°Ya no soy una ni?a, puedo soportarlo, por favor, cu¨¦ntame lo ocurrido.¡± La dijo: ¡°Cami, ?no ha sujet¨¦ de vuelta. Las manos de Sandra temban ligeramente: ¡°Cami, ya pas¨®, ?por qu¨¦ quieres recordarlo?¡± Me qued¨¦ en silencio unos segundos y luego le dije: ¡°Porque ellos eran mis padres, los ¨²nicos familiares que ten¨ªa en este mundo¡± Mis padres eran hu¨¦rfanos, crecieron en un orfanato, y despu¨¦s de su partida, yo tambi¨¦n me convert¨ª en hu¨¦rfana. Al parecer mis pbras conmovieron, Sandra luch¨® por un momento antes de decir ¡°Cuando llegamos al lugar del idente, tu madre ya no respiraba, tu padre apenas lo hac¨ªa, ¨¦l estaba sosteniendo mano de Ricardo y solo dijo tu nombre¡­ Sandra se detuvo ahogada por el nto, y mi coraz¨®n tambi¨¦n se detuvo. Era una herida sangrante, en aquel momento entend¨ªa por qu¨¦ Sandra no quer¨ªa har de ello, tem¨ªastimarme ¡°Sabemos que ¨¦l estaba preocupado por ti, tambi¨¦n nos pidi¨® cuidarte.¡± Murmuro Sandra. Ver a Sandra tan afligida me hac¨ªa sentir peor, pero no hab¨ªa sacado el tema para entristecenme, reprimi el dolor en mi coraz¨®n y pregunt¨¦: ¡°?Qu¨¦ pas¨® realmente con el idente, fue una colisi¨®n con otro veh¨ªculo o algo m¨¢s?¡± Sandra suspir¨® suavemente y dijo resignada: ¡°Fue un choque por alcance con un cami¨®n grande.¡± Im¨¢genes que hab¨ªa visto en videos de tel¨¦fonos cruzaron por mi mente, mi coraz¨®n se apret¨® y mi respiraci¨®n se aceler¨®: ¡°?Fue un problema con los frenos?¡± Sandra movi¨® losbios y me dijo: ¡°No estoy muy segura, el conductor tambi¨¦n muri¨® en el acto, el auto qued¨® totalmente destruido, en cuanto a causa, eso ya no se sabe.¡± ?Ricardo tampoco lo sabe?¡± Record¨¦ ¨²ltima vez que le pregunt¨¦ a Ricardo, tambi¨¦n estaba extremadamente emocionado. ¡°Eso¡­¡± Sandra vacil¨®. ¡°Sandra, por favor, dimelo., Mi voz se quebr¨®. Sandra levant¨® mano y acarici¨® mi rostro mientras dec¨ªa: ¡°Cami, ya no est¨¢n, ?para qu¨¦ preguntas?¡± Su negativa a responder directamente me lleno de ansiedad: ¡°Sandra, ?hay algo que no se puede decir? Frente a mi agitaci¨®n, e suspir¨® dici¨¦ndome: ¡°Parece¡­ que fue un problema con los frenos.¡± ?El conductor no lo revis¨®?¡± Pregunt¨¦ con sentido¨²n. Sandra me tom¨® de mano explic¨¢ndome: ¡°Cami, el conductor tambi¨¦n ha muerto.¡± As¨ª que, con muerte, era dif¨ªcil determinar de qui¨¦n era responsabilidad. Y el padre de Jorge era el conductor de mi padre¡­ ¡°Cami, dejemos eso, vamos aer.¡± Sandra cambi¨® de tema. ?C¨®mo podr¨ªa tener ¨¢nimo paraer? Pensando que Jorge tambi¨¦n estaba investigando muerte de su padre, no pod¨ªa ser su culpa. Quiz¨¢s ten¨ªa que ver con el contrato que mi padre estaba por firmar, mir¨¦ a Sandra y tom¨¦ oportunidad para preguntar: ¡°Sandra, ?sabes si mis padres ten¨ªan nes de iniciar un negocio antes del idente?¡± Sandra estaba a punto de servirmeida cuando su mano tembl¨®, yida cay¨® de los cubiertos. Mirando su rostro, vi c¨®mo se le pon¨ªan los pelos de punta. Algo definitivamente no estaba bien, mi coraz¨®n dio un vuelco y mi cuero cabelludo se entumeci¨®, en ese momento m¨¦: ¡°Sandra¡­¡± Capitulo 265 Sandra dej¨® los cubiertos y se gir¨® hacia mi diciendo: ¡°Si, ya ibamos afirmar ese contrato.¡± EI Centímetro 265 Cap¨ªtulo 265 ¡°?Fue el idente de auto raz¨®n por que no se firm¨®?¡± Pregunt¨¦ temndo. Sandra asinti¨®. Mi respiraci¨®n se detuvo, y un torbellino de emocionesenz¨® a agitarse dentro de mi. Entonces escuch¨¦ a Sandra suspirar y decir. ¡°Ese contrato era el primer negocio conjunto de tu pap¨¢ con Ricardo.¡± ?Qu¨¦? ?Entonces ese contrato realmente incl a Ricardo y no erao yo pensaba? ¡°Tu pap¨¢ y Ricardo hicieron de todo para poder cborar con Mauricio de FinanPro, desde pa?arlo pescar, correr autos junto a ¨¦l, e incluso ese hombre estaba loco por hacerlos participar en el paracaidismo.¡± Dijo Sandra, sacudiendo cabeza. ¡°Mauricio era un hombre de sociedad, sab¨ªa c¨®mo manipr a gente, pero tu pap¨¢ y Ricardo sab¨ªan que para establecerse necesitaban gan¨¢rselo, realmente se jugaron vida con ¨¦l¡­¡± ¡°Una vez, Mauricio los llev¨® a pescar en el mar y terminaron encontr¨¢ndose con un tif¨®n. Solo quedaban dos chalecos salvavidas en el barco, y tu pap¨¢ y Ricardo insistieron en cederle el suyo al otro y a ¨¦l¡± ¡°Despu¨¦s de eso, Mauricio dej¨® de hacerles vida imposible y edi¨® a darles el contrato. Como tu papa sab¨ªa m¨¢s sobre contratos que Ricardo, despu¨¦s de recibirlo, Ricardo le pidi¨® a tu pap¨¢ que lo revisara bien, para asegurarse de que no hubiera trampas¡± ¡°Tu pap? de hecho encontr¨® problemas, as¨ª que Mauricio hizo que redactaran un nuevo contrato y les dijo que fueran a firmarlo, pero qui¨¦n iba a saber que tu pap¨¢ tendr¨ªa un idente en el camino.¡± Sandra habl¨® despacio y con detalle,o si pudiera hacerme revivir esos momentos. As¨ª que as¨ª fuerons cosas, noo ternia. Mejor as¨ª. En mi coraz¨®n tem¨ªa ques cosas fueranos imaginaba, porque ya consideraba a Ricardo y Sandrao mis propios padres. Suspir¨¦ aliviada en silencio, sin decir m¨¢s. Pero Sandra parec¨ªa perdida en sus recuerdos y agreg¨®: ¡°En ese entonces, los cuatro hab¨ªamos acordado que tu pap¨¢ y Ricardo firmar¨ªan el contrato, y tu mam¨¢ y yo esperar¨ªamos afuera. Incluso tu mam¨¢ y yo hicimos un pacto secreto de subir a abrazarlos y darles flores en cuanto salieran de firmar¡­ As¨ª que esa era raz¨®n por que mi mam¨¢ tambi¨¦n iba a firmar el contrato. Todas mis dudas ten¨ªan respuesta y casi me equivoco en mis suposiciones. En ese momento, me frustr¨¦ por haber pensado que fue Ricardo quien caus¨® el idente para quedarse con el contrato. Yo sab¨ªa muy bien c¨®mo me habjan tratado todos esos a?os, c¨®mo trataban a los dem¨¢s, y aun as¨ª dud¨¦ de ellos. Qu¨¦ desconsiderada hab¨ªa sido. ¡°Lo siento, Sandra.¡± Dije sin poder evitarlo. Sandra me mir¨® y neg¨® con cabeza suavemente, ¡°Los que deber¨ªamos disculparnos somos nosotros, tal vez si Ricardo y tu pap¨¢ no hubieran iniciado ese negocio juntos, tus padres no habr¨ªan tenido ese idente.¡± ?Era asi? Quiz¨¢s s¨ª. O tal vez estaba en su destino. ¡°Sandra, solo puedo decir que mis padres no tuvieron esa suerte.¡± Dije mirando a Sandra, quien no pod¨ªa ocultar su elegancia natural. Si mi mam¨¢ estuviera viva, seguramente seria tan elegante y distinguidao e. ¡°Cami,o te dije hoy, t¨² eres nuestra hija.¡± Sandra me tom¨® de mano con fuerza. Entend¨ªa su cari?o, pero no pod¨ªa sery, debido a Sergio, nunca podr¨ªamos volver a ser tan cercanaso antes. Asenti ligeramente, y Sandra sonri¨® se manera suave diciendo: ¡°Vamos, sigamosiendo.¡± Realmente no ten¨ªa apetito, pero no pude resistirme a insistencia de Sandra y¨ª un poco m¨¢s antes de usar excusa de que Jorge me estaba esperando para terminar cena. La cena de Jorge y V¨ªctor a¨²n no hab¨ªa terminado, as¨ª que despu¨¦s de dejar a Sandra, me qued¨¦ esper¨¢ndolo. En realidad, no estaba esperando por ¨¦l, sino que quer¨ªa estar s un momento para calmarme y tambi¨¦n para procesar todo lo que hab¨ªa descubierto ese d¨ªa por medio de Sandra. Cuando Jorge lleg¨®, yo estaba ah¨ª, sentada en el auto, perdida en mis pensamientos. ?Has esperado mucho?¡± Jorge me pregunt¨® apenas subi¨® al auto. EI Centímetro 266 Cap¨ªtulo 266 Ese tipo tan amigable realmente no parec¨ªa mi jefe, era m¨¢s bieno un amigo. Le devolv¨ª sonrisa, punque mis ojos estaban fijos en Victor, le pregunt¨¦ a Jorge: ¡°Parece que tienes mucho de qu¨¦ har con ¨¦l, es primera vez que veo a alguien salir aer con el jefe justo despu¨¦s de una entrevista.¡± Dije eso porque Pablo hab¨ªa investigado a persona detr¨¢s de Victor, el tal Olivera Y mis sospechas volvian a aflorar. ¡°Else?or Sierra me invito aer para conocerme mejor, despu¨¦s de todo¡­ Jorge hizo una pausa. ¡°Un srio anual de tres millones no es una peque?a suma Me qued¨¦ impactada, ?tanto ganaria? Nunca pens¨¦ que Jorge vallera tanto. ?Qu¨¦, crees que no lo valgo?¡± Pregunt¨® directamente. Solo esboc¨¦ una sonrisa forzada y le dije: ¡°No es eso.¡± Luego le pregunt¨¦: ?Cu¨¢nto ganabas en tu empresa anterior?¡± ¡°Treinta mil al mes.¡± La respuesta de Jorge me hizo fruncit el ce?o, Victor le estaba pagando diez veces mrs. ¡°El se?or Sierra¡­ tiene coraje,¡± ante esa mirada de Jorge que dec¨ªa que no le valia, solo pude decir eso. ¡°Fui yo quien lo propuso, tampoco pens¨¦ que el se?or Sierra aceptaria.¡± Jorge me explic¨®. Solt¨¦ una risita nerviosa dici¨¦ndole: ¡°El se?or Sierra est¨¢ realmente desesperado por talento.¡± Despu¨¦s no pude evitar expresar mi admiraci¨®n: ¡°Jorge, t¨² s¨ª que sabes pedir.¡± Incluso en Chispa Global, esos srios de nivel de vicepresidente apenas alcanzaban esa cifra. ¡°Mi valor est¨¢ ah¨ª, adem¨¢s, necesito ganar dinero para casarme.¡± La segunda parte de suentario hizo que me sonrojara. Tosi un poco, evitando seguir ese tema, y r¨¢pidamente puse en marcha el auto pregunt¨¢ndole: ¡°?A d¨®nde vas? Te llevo.¡± ¡°?Y t¨²?¡± Me contra pregunt¨®. ¡°Despu¨¦s de dejarte, vuelvo a empresa.¡± Jorge dijo: ¡°El se?or Sierra dijo que te diera medio d¨ªa libre, para que pas¨¢ramos un rato juntos. Sonrei sorprendida. El se?or Sierra es tanprensivo?¡± ¡°Puedes preguntarle, ?por qu¨¦ mentir¨ªa yo sobre algo as¨ª?¡± Justo despu¨¦s de decir eso, mi tel¨¦fono vibro, efectivamente era un mensaje de Victor d¨¢ndome el medio d¨ªa libre. No pude evitar sonre¨ªr resignada mientras le dec¨ªa: ¡°Jorge, definitivamente no eres ordinario, a¨²n sin haber sido contratado ya tienes al jefe d¨¢ndote luz verde, ?seguro que t¨² y el se?or Sierra no son amigos o¡­ socios de empresa?¡± Jorge no dijo nada, solo me miraba, y yo lo mir¨¦ fijamente a ¨¦l, unos segundos despu¨¦s me negu¨¦ a m¨ª misma, pero siempre sent¨ª que V¨ªctor era demasiado amigable con Jorge, sumado a Olivera detr¨¢s de Victor. As¨ª que dej¨¦ vr mi imaginaci¨®n: ¡°Jorge, ?no tendr¨¢s hermanos o hermanas? ?Quiz¨¢s un hermano o hermana tuyo es muy rico?¡± Tengo una s hermana, Lilia.¡± Hice una mueca y le pregunt¨¦: ¡°?Entonces no tienes alg¨²n hermano o hermana con el mismo apellido que sea bastante rico?¡± Tengo, pero todos tienen condiciones promedio, son trabajadoresunes, no tienen nada que ver con ser ricos. La respuesta de Jorge me dej¨® sin m¨¢s preguntas. Quiz¨¢s solo fue una coincidencia. Me di cuenta de lo sospechosa que era, por un contrato empec¨¦ a dudar de Ricardo, por tener a Oliverao inversor, empec¨¦ a sospechar de Jorge. ?Ay! Ni yo me aguantaba. ¡°?Has estado en unaisar¨ªa?¡± Jorge de repente habl¨®. Tambi¨¦n negu¨¦ instintivamente: ¡°No.¡± Siempre fui obediente y bienportada, ?c¨®mo iba a haber estado en unaisar¨ªa? Pero en el siguiente segundo pregunt¨®: ¡°?Entonces qu¨¦ pasa con eso de ser un pervertido?¡± EI Centímetro 267 Cap¨ªtulo 267 Ay, ?c¨®mo pude olvidarme de eso? Pero no ten¨ªa nada de qu¨¦ sentirme culpable, as¨ª que lo negu¨¦ rotundamente: ¡°No hubo nada indecente, es una calumnia¡°, ¡°?Ah s¨ª?¡± Los ojos de Jorge estaban vados en mi, exigiendo que lo explicara con m¨¢s ridad. Le cont¨¦ sobre el incidente idental con Arturo y c¨®mo ¨¦l me hab¨ªa difamado, y a?adi: ¡°Ese mocoso es pura vanidad, no me interesa¡°, ?Y qu¨¦ tipo te gusta? ?El tipo maduro? ?O el seno y estable? Jorge era muy directo, y parec¨ªa saber bastante. Mirando su expresi¨®n seria, me entraron ganas de bromear, asi que me acerqu¨¦ un poco dici¨¦ndole: ¡®Me gustano t¨²¡­ rudos y dur¨®s¡°. Al decir eso, vi c¨®mo se mov¨ªa su nuez de Ad¨¢n. Lo hab¨ªa vuelto a provocar. Al siguiente segundo, me aleje, pero escuch¨¦ c¨®mo Jorge preguntaba con voz baja: ?C¨®mo sabes que soy duro?¡± Yo me qued¨¦ sin pbras. Mi cara se puso roja en segundos. Pens¨¦ que Jorge era uno de esos hombres puros, pero esa frase dej¨® al descubierto su verdadera naturaleza. *?Por qu¨¦ te pusiste roja?¡± Justo Jorge tuvo que preguntarme. Ese hombre tampoco era f¨¢cil, respondiendo as¨ª a mi coqueteo. Mientras reflexionaba, lo escuch¨¦ decir Has bebido?¡± ¡°?No!¡± Apenas hab¨ªa negado cuando ¨¦l dijo: ¡°Estaciona el auto!¡± ¡°?Para qu¨¦?¡± Aunque pregunt¨¦, inconscientemente obedeci y estacion¨¦ el auto a undo. Apenas detuve el auto, senti a Jorge acercarse, gir¨® mi cara hacia ¨¦l e inclin¨® su cuerpo hacia m¨ª. Mis ojos se abrieron de par en par, pensando que iba a besarme. ?Pero c¨®mo, en pleno d¨ªa y en calle, no le daba verg¨¹enza? ?O era porque hab¨ªamos establecido una rci¨®n amorosa, se hab¨ªa soltado, o en el fondo era un pervertido? ?De lo contrario, c¨®mo se atrever¨ªa a intentar besarme en p¨²blico? Aunque no aceptaba indiferencia de Sergio, tampoco pod¨ªa aceptar los impulsos de Jorge. Estaba a punto de empujarlo, cuando escuch¨¦ que dec¨ªa: ¡°Abre boca y respira¡°. ?Eh? No entendia qu¨¦ queria hacer, solo sent¨ª c¨®mo me sujetaba barbi y, con un dolor leve, abr¨ª boca y, naturalmente, respir¨¦. Al segundo siguiente me solt¨® dici¨¦ndome: ¡°No has bebido, ?por qu¨¦ te sonrojaste?¡± Mis ojos se agrandaron, d¨¢ndome cuenta de raz¨®n por que primero me pregunt¨® si hab¨ªa bebido y luego me pidi¨® estacionar. Pero ramente ¨¦l era el verdadero culpable. ¡°Fue por tuentario subido de tono, por eso me sonroj¨¦.¡± Dije antes de poder pensar. Jorge frunci¨® el ce?o y me dijo: ¡°?Yo? ?Qu¨¦,entario, subido de tono dije?¡± Tartamude¨®, y sus orejas tambi¨¦n se pusieron rojas. ?Eh? ?No lo sab¨ªa? ?O estaba fingiendo? Despu¨¦s de todo lo que hab¨ªa dicho¡­ No cre¨ªa que realmente no lo entendiera, as¨ª que, sin m¨¢s, dije: ¡°Preguntaste c¨®mo sab¨ªa que eras duro¡°. Jorge se tens¨® por un momento, luego trag¨® saliva r¨¢pidamente dos veces diciendo: ¡°Lo que dije de duro era¡­¡°. Se detuvo, y el rubor de sus orejas se esparci¨®. Parec¨ªa que solo en aquel momento se daba cuenta de c¨®mo hab¨ªa interpretado yo lo de ¡®duro¡®. Viendo su cara sonrojada, empezaba a creer que su duro no era el duro que yo pensaba. En ese momento me tocaba sentirme inc¨®moda, era un momento tan embarazoso que quer¨ªa que me tragara tierra en ese mismo lugar. Pero si yo no me sent¨ªa inc¨®moda, ¨¦l s¨ª lo estar¨ªa, as¨ª que, aprovechando mi cara roja, pregunt¨¦ de nuevo: ?A qu¨¦ te refer¨ªas con duro?¡± Jorge se enderez¨®, ajust¨¢ndose el cuello de camisa y orden¨¢ndome: EI Centímetro 268 Cap¨ªtulo 268 Observ¨¦ su rostro sonrojado ys gotas de sudor en punta de su nariz, y no pude evitar sonre¨ªr con losbios apretados. Jorge gir¨® su rostro hacia otrodo, y yo ya no segu¨ª provoc¨¢ndolo, honestamente empec¨¦ a manejar. Un tema ¡®delicado logr¨® silenciarnos a ambos por unos buenos minutos. Pensando en lo que habia dicho antes sobre nuestro mundo de dos, fui yo quien rompi¨® el silencio y le pregunt¨¦. ?A d¨®nde neas ir?¡± ?Tienes tiempo libre esta tarde? Me pregunt¨® Jorge. Si Tan prontoo pbra sali¨® de mi boca, me di cuenta de que ha respondido demasiado r¨¢pido, casio si estuviera desesperada por ello. La cara tensa de Jorge se suavizo con una sonrisa proponi¨¦ndome: ¡°Te llevare a un lugar Esa vez me contuve de har. Yo activo el GPS, t¨² s¨®lo sigueme. Jorge asumi¨® que estaba de acuerdo. Siguiendo su GPS, llegamos a un suburbio bastante aido y desdo, rodeado de maleza por todosdos. Lo ¨²nico que me caus¨® una buena impresi¨®n fue un r¨ªo. Era incre¨ªblemente ro, y briba a lo lejos. Jorge, me has traido aqu¨ª para empezar a cultivar tierra?¡± Brome¨¦ Jorge miraba alrededor y sorprendentemente, respondi¨®: ¡°Si.¡± Rei y luego le dije: ¡°Mejor sigue jugueteando con tus cables y luces, y gana tu mill¨®n de pesos anuales.¡± Jorge camino adnte y yo lo segui, pero despu¨¦s de unos pasos, de repente vi algo moverse r¨¢pidamente entre los arbustos y grit¨¦: ¡°?Ah!¡± Jorge, que estaba a solo unos pasos de distancia, gir¨® y corri¨® hacia m¨ª enseguida. Y yo, casio si vra, menc¨¦ hacia ¨¦l, saltando y enganch¨¢ndorne a su cuello y cintura. Cuando estaba en escu, siempre reprobaba en salto alto, pero esa vez salt¨¦ perfectamente, y mi pose fue absolutamente superior, siendo imposible de sacudirme. Jorge inmediatamente sostuvo mi espalda baja preguntando: ¡°?Qu¨¦ pasa?¡± ¡°?Una serpiente, hay una serpiente!¡°,i voz temba. Aunque no estaba segura de lo que hab¨ªa visto, esa era mi sensaci¨®n. Y en ese campo de hierba alta y abandonado, ?qu¨¦ m¨¢s podr¨ªa haber aparte de serpientes? Me aterrorizan esos animales ndos, incluso una oruga me pod¨ªa hacer gritar de miedo. Jorge me llev¨® a undo dici¨¦ndome: ¡°Fue mi culpa¡± No dijo en qu¨¦ habia fado, simplemente me sac¨® del campo de hierba y nos llev¨® al borde de un peque?ogo. Pero yo todavia estaba en shock, ni siquiera pens¨¦ en bajarme hasta que ¨¦l me pregunt¨®: ¡°?Quieres intentar meterte en el agua?¡± Fue entonces cuando me di cuenta de lo fuerte que lo estaba abrazando, incluso hab¨ªa dejado marcas rojas en su cuello. Discretamente saqu¨¦ lengua, lo solt¨¦ r¨¢pido y me baj¨¦ de sus brazos, luego hacia el borde delgo. Jorge me sigui¨® de cerca dici¨¦ndome: ¡°Lilia dijo que quer¨ªas un mundoo el suyo, un peque?o para¨ªso Si, con monta?as, agua, y un patio con flores¡­¡± Dije eso y de repente me detuve, luego me gir¨¦ para mirar el terreno bald¨ªo detr¨¢s de m¨ª: ¡°Jorge, no me digas que quieres¡­. quieres¡­¡± No hab¨ªa terminado mi frase cuando Jorge asinti¨®: ¡°Cuando nos casemos, te regr¨¦ este lugar para que sea tu propio peque?o para¨ªso.¡± Qued¨¦ asombrada mirando a Jorge, ya que nunca pens¨¦ que tendr¨ªa esa idea. ?Lo quieres? Me pregunt¨® Jorge. ¡°S¨ª.¡± Respondi sin pensarlo otra vez. Jorge sonri¨® y dijo: ¡°Bien.¡± S Dijo eso mientras segu¨ªa contemndo ese lugar desdo,o si ya estuviera neando c¨®mo construir nuestra casa de bodas. ?Casa de bodas? Esa frase cruz¨® mi mente, y solo entonces me di cuenta de que algo estaba mal. Espera, espera¡­ ?eso fue una propuesta de matrimonio? ?Y yo hab¨ªa aceptado sin darme cuenta? Jorge, eres bastante astuto, eh.¡± Le dije. THE S ? 2 3 ¨¦l sonri¨® levemente y sigui¨® caminando. Lo segu¨ª, pero ¨¦l empez¨® a correr. No llegamos muy lejos cuando se detuvo, corr¨ª hasta sudo, sin esperar golpearlo, de repente me sent¨ª ligera, ya que ¨¦l me levant¨® en brazos. Y luego, el mundo gir¨® a nuestro alrededor¡­ ¡°Se?ora Oliver,¡± Jorge, con sus brazos alrededor de mi cintura, me levant¨® en un giro, y su mado suave reson¨® en mis o¨ªdos. Capitulo 269 Cap¨ªtulo 269 EI Centímetro 269 Cap¨ªtulo 269 Nunca supe que todav¨ªa pod¨ªa reiro un ni?o, que ya en mis veintes, podr¨ªa experimentar el cer de ser alzada y girada en c¨ªrculoso cuando era peque?a. Pero despu¨¦s de alegre vuelta, termin¨¦ tan mareada que no podia mantenerme de pie y no tuve m¨¢s remedio que apoyarme en Jorge. En ese momento, me di cuenta de que eso podr¨ªa ser otra de sus estrategias. ¡°Cuando eras peque?a, te encantaba girar asi.¡± Susurro Jorge en mi oido. Cuando conoci a Jorge, yo era demasiado joven, tan joven que no recordaba nada de aquel entonces. En aquel momento que ¨¦l lo mencionaba, segu¨ª conversaci¨®n: ¡°?Y qu¨¦ m¨¢s me gustaba hacer cuando ¨¦ra ni?a?¡± Te encantaba que te alzaran alto, y tambi¨¦n montar sobre mis hombroso si estuvieras a caballo. Las pbras de Jorge hicieron que me ruborizara. Pretend¨ª no creerle y dije: ¡°No lo recuerdo, as¨ª que puedes decir lo que quieras.¡± Jorge no se molest¨®, y continu¨®: ¡°Tambi¨¦n te gustaba jugar con el agua, saltar en e y salpicar, moj¨¢ndo toda.¡± ¡°?Hay algo m¨¢s?¡± Su historia despert¨® mi inter¨¦s. Sis personas fueran un dise?o, definitivamente tendr¨ªan un defecto por no permitirnos recordar antes de los cinco a?os. Justo esa ¨¦poca es m¨¢s pura y hermosa de vida de todos. Si cada uno pudiera tener esos recuerdos de infancia, probablemente sanar¨ªa muchas tristezas de adultez ¡°Si, tambi¨¦n te gustaba que te contaran cuentos, historias de hadas, pero yo era malo cont¨¢nds y siempre dec¨ªas que era un tonto.¡± Sus pbras me hicieron reir, y Jorge agreg¨®: ¡°Despu¨¦s me puse a leer muchos cuentos de hadas, pero nunca volv¨ª a verte para cont¨¢rtelos.¡± ¡°?Por qu¨¦ no nos volvimos a ver?¡± Su rto despert¨® mi curiosidad sobre mi infancia. ¡°Porque naci¨® mi hermana, y e estaba enferma, as¨ª que nos fuimos con mi mam¨¢ a casa de mi abu para que nos ayudara a cuida mientras mi mam¨¢ trabajaba. La voz de Jorge se torn¨® m¨¢s baja,o si esos recuerdos le pesaran. Lo abrac¨¦ m¨¢s fuerte, cambiando de tema: ¡°As¨ª que, ?qu¨¦ m¨¢s hac¨ªa de ni?a? Por lo que cuentas, parece que era bastante traviesa.¡± ¡°Ah, s¨ª, eraso un duendecillo inquieto, travieso pero adorable. Jorge me acarici¨® cabeza con su barbi. Sonre¨ª y reflexion¨¦: ¡°Jorge, escuch¨¢ndote, parece que ya me quer¨ªas desde entonces.¡± ¡°Si. ¨¦l sorprendentemente lo admiti¨®. ¡°Pero t¨² eras mayor, y yo a¨²n una ni?a, ?no crees que eso es¡­?¡± Le di un golpecito. ¡°Era el cari?o de un joven, simplemente eso, un cari?o puro, no pienses mal.¡± Explic¨® Jorge. Pero luego a?adi¨®: ¡°Desde entonces, nunca encontr¨¦ a otra chica que me pareciera tan adorableo t¨², ni siquiera Lilia.¡± Mi coraz¨®n dio un vuelco, ese era un tipo de cari?o ¨²nico e iparable. ?Entonces esa es raz¨®n por que, al reconocerme, dijiste de inmediato que quer¨ªas casarte conmigo? Brome¨¦. Jorge guard¨® silencio por un momento y luego dijo: ¡°Es una des razones.¡± Y otra, ?cu¨¢l es?¡± Descubr¨ª que era muy bueno para mantenerme enganchada en conversaci¨®n. ¡°Porque¡­¡± dej¨® frase en el aire. Me impacient¨¦, levant¨¦ cabeza para mirarlo, y justo a altura de su marcada l¨ªnea de mand¨ªb, me pareci¨® incre¨ªblemente atractivo. Eso deb¨ªa sero dec¨ªan por all¨ª, cuando te enamoras de maravilloso. alguien, hasta lo m¨¢s mundano te parece Me distraje por un momento y luego lo pellizqu¨¦ insistiendo en una respuesta: ?Por qu¨¦?¡± Jorge baj¨® mirada, mir¨¢ndome directamente: ¡°Porque quiero que te hagas responsable de mi.¡± Qued¨¦ ligeramente sorprendida y pregunt¨¦: ¡°?Qu¨¦?* ¡°Me besaste, robaste mi primer beso.¡± Las pbras de Jorge me hicieron sonrojar. Inmediatamente lo negu¨¦: ¡°No te creo, solo dices eso porque no recuerdo nada.¡± Jorge levant¨® vista hacia el cielo diciendo: ¡°Cuando me besaste, te dije ques ni?as no deben dar besos a ligera, especialmente a los ni?os.¡± Una sonrisa se dibuj¨® en susbios, tal vez ri¨¦ndose de mi inocencia de aquel entonces. Extendi mano para bajarleisura de losbios rega?¨¢ndolo: ¡°No te r¨ªas.¡± Cap¨ªtulo 270 EI Centímetro 270 Cap¨ªtulo 270 El dej¨® que moviera su carao quisiera, y continuo diciendo: ¡°?Sabes c¨®mo lo dijiste?¡± s¨¦, seguro todo es cosa tuya.¡± Me negu¨¦ a admitir que hab¨ªa hecho tantas cosas sin verg¨¹enza alguna ¡°Dijiste que eso se maba poner un sello, me besaste y asi me seste, ahora soy tuyo, y cuando crezcas tienes que casarte conmigo. No puedo casarme con nadie m¨¢s que no seas t¨².¡± Jorge dijo, bajando cabeza de repente. ¡°M, he seguido tu orden, he vivido hasta los treinta y tantos sin haber tenido novia, sin haberme enamorado de otra chica, ni siquiera he tomado de mano a otra, siempre esper¨¢ndote fielmente, as¨ª tienes que hacerte responsable de mi.¡± Jorge dijo esto con un tono tan de victima,o si decir NO lo hara sentirse a¨²n m¨¢s culpable. Siempre pens¨¦ que Sergio era mi amor de infancia, pero en aquel momento me di cuenta de que estaba equivocada Jorge y yo ¨¦ramos los verdaderos amigos de infancia, esos que aunque el tiempo juntos fuera breve, to marcaban para toda vida. Solo que yo era demasiado peque?a en ese tiempo y toda esa felicidad solo recordaba Jorge. ¡°Est¨¢ bien, me hago responsable. Le levant¨¦ cabeza, me puse de puntis y mordi su atractiva mand¨ªb. ¨¦l solt¨® un gemido suave, y yo sonrei diciendo: ¡°Vamos a poner otro sello, uno m¨¢s profundo, para que cualquier chica que fijarse en ti lo vea y decida alejarse s¡± Jorge sonri¨®, fue una sonrisa muy leve,o conteni¨¦ndose: ¡°Eres igual de mandona que cuando eras ni?a.¡± ?Era mandona? Siempre pens¨¦ que era demasiado suave, especialmente frente a familia V¨¢squez y Sergio, salvo pors cosas de principio, casi siempre hac¨ªa lo que los dem¨¢s quer¨ªan. Jorge me trajo de vuelta a y tuvimos una buena captura, un gran pescado de m¨¢s de dos kilos. que Te har¨¦ pescado a veracruzana esta noche, cuando eras peque?a siempre te encantabaer pescado.¡± Jorge lo dijo tan naturalmente, eso me hizo pensar que todo lo que hab¨ªa dicho antes era cierto y no me estaba enga?ando. Porque en realidad me encantaer pescado, especialmente el pescado a veracruzana,o el que hac¨ªa mi mam¨¢, era especialmente delicioso. El d¨ªa que ellos tuvieron el idente, mi mam¨¢ tambi¨¦n hab¨ªa dicho que me har¨ªa pescado a veracruzana esa noche. Pero nunca regresaron. Desde entonces, dej¨¦ deer pescado a veracruzana, incluso Ricardo, Sandra, Sergio y Manuel pensaban que no me gustaba el pescado. Pero Jorge sab¨ªa que me encantaba el pescado. *?ro!¡± Le dije. En ese momento tambi¨¦n me sent¨ª en paz. El pescado a veracruzana era el amor de mi mam¨¢ por m¨ª, y mi a?oranza por e, y en aquel momento que alguien m¨¢s lo recordaba, probablemente era un recordatorio del esp¨ªritu de mi mam¨¢ en el cielo. El pescado a veracruzana que hizo Jorge era igual al que hac¨ªa mi mam¨¢, extremadamente delicioso, exactamente igual. Me dijo que mi mam¨¢ aprendi¨® a cocinar pescado de su mam¨¢. Su mam¨¢ creci¨® cerca de ungo, donde¨ªa mucho pescado, as¨ª que tambi¨¦n era mejor cocinando pescado. Hab¨ªa estado sin mi mam¨¢ por diez a?os, y en ese instante su amor continuaba reflej¨¢ndose a trav¨¦s de Jorge. Despu¨¦s de cenar y limpiar, Jorge no se fue. Me sent¨¦ en el sof¨¢ jugando con mi celr, y ¨¦l estaba trabajando en suputadora. ¨¦l estaba concentrado, pero yo estaba algo inquieta. No supe c¨®mo surgi¨® ese sentimiento,o peque?os insectos trepando por el fondo de mi coraz¨®n, impidi¨¦ndome concentrarme en el celr. ¡°Estoy cansada. Finalmente encontr¨¦ una excusa para mandarlo a casa. Al o¨ªrme, Jorge dej¨®putadora y me dijo: ¡°Yo tambi¨¦n estoy algo cansado.¡± Sin pensar, dije: ¡°Entonces vete a tu casa.¡± Pero Jorge no respondi¨®, ni se movi¨®, solo me miraba. Esa mirada hizo que mi coraz¨®nenzara atir fuertemente: ¡°Jorge¡­¡± ?Puedo quedarme esta noche?¡± Me pregunt¨® luego. Capitulo 271 Cap¨ªtulo 271 EI Centímetro 271 Cap¨ªtulo 271 Me qued¨¦ de piedra. No esperaba que Jorge fuera tan directo. Y una vez m¨¢s, confirm¨¦ que Jorge no solo era firme, sino tambi¨¦n muy directo. Con el coraz¨®ntiendo cada vez m¨¢s r¨¢pido, mi cerebro no pudo seguir el ritmo de mi boca y pregunt¨¦: ¡°?Por qu¨¦ no te vas?* La garganta de Jorge hizo un movimiento y luego me dijo: ¡°No quiero separarme de ti.¡± Ese motivo no estaba mal. Las personas enamoradas son pegajosas, desear¨ªan estar juntass veinticuatro horas del dia, o incluso convertirse en gemelos siameses. No soy ese tipo de persona que piensas.¡± Dije eso de nuevo. La expresi¨®n de Jorge se tens¨® ligeramente, luego sus orejas se pusieron r¨¢pidamente rojas. Esa tendencia a sonrojarsen f¨¢cilmente no parec¨ªa coincidir con su manera directa de har. Pero ¨¦l era as¨ª. ¡°No quer¨ªa decir eso, solo, solo quer¨ªa¡­ quedarme y pa?arte.¡± Explic¨® Jorge. Mordi¨¦ndome elbio, al verlo as¨ª, me entraron ganas de bromear: ¡°?As¨ª que tu idea de quedarte es solo para estar conmigo, dormir juntos, pero solo ticar cubiertos con cobija?¡± Jorge tosi¨® ligeramente y me dijo: ¡°Algo asi ?Puedes asegurarlo?¡± Realmente cada cosa que dec¨ªa era m¨¢s tonta que anterior. Pero eran preguntas sustanciales. Jorge: ¡°?Por qu¨¦ no lo pruebas y lo descubres?¡± Yo no supe qu¨¦ decir. Pues a probar. Despu¨¦s de todo, hab¨ªa estado tratando de ponerlo a prueba, de hacer que ¨¦l tuviera esos pensamientos hacia m¨ª. ¡°Voy a mi habitaci¨®n por mis cosas de aseo, no cerrar¨¢s puerta, ?verdad?¡± Jorge realmente era un hombre directo. Lo mir¨¦ fingiendo valent¨ªa y le dije: ¡°Solo aseg¨²rate de venir.¡± Jorge sonri¨® ligeramente para agregar: ¡°No lo har¨¦.¡± ¨¦l fue por sus cosas, y yo estaba en el ba?o, respirando agitadamente, pregunt¨¢ndome, ?realmente estaba lista para entregarme a Jorge? -E tom¨® iniciativa, no me interes¨®. Las pbras de Sergio resonaron de repente en mis o¨ªdos. Cada vez que lo pensaba, erao si una aguja me pinchara, haci¨¦ndome dudar de m¨ª misma. Dudar si realmente no ten¨ªa ni un poco de atractivo, ni siquiera para despertar el deseo de un hombre. Con ese pensamiento, me puse ese conjunto de pijama negro sensual. Esa noche, har¨ªa que un hombre enloqueciera por mi. Pensando en eso, abr¨ª puerta y sali, Jorge ya estaba all¨ª, y tambi¨¦n se hab¨ªa cambiado a su pijama. Nuestras miradas se encontraron, y en ese instante, pude asegurar que Jorge, al igual que yo, ten¨ªa el coraz¨®ntiendo a mil por minuto. Quise caminar hacia el con confianza, pero mis piernas estaban muy d¨¦biles. En ese momento, Jorge se acerc¨®, su garganta se movi¨®, y sin decir una pbra alguna me levant¨® en brazos. Instintivamente agarr¨¦ ropa de su pecho, y al acercarme, ol¨ª el aroma a jab¨®n de su cuerpo. Y ese aroma jabonoso era diferente al de Sergio, Jorge ol¨ªa a ese jab¨®n¨²n de Skin So Soft que se encontraba en el mercado, mientras que Sergio usaba esos jabones artesanales de lujo, cuyo aroma era simr al de los geles de ba?o. Este aroma popr y robusto era m¨¢s embriagador. Sumado a sensaci¨®n de vac¨ªo al ser levantada, me sent¨ª mareada por un momento. Jorge me llevo en brazos hacia habitaci¨®n, cada paso hac¨ªa que mi coraz¨®n se acelerara m¨¢s, as¨ª que me aferr¨¦ a ¨¦l y le pregunt¨¦: ¡°?Por qu¨¦ me cargas? Puedo caminar.¡± Tan prontoo lo dije, me di cuenta de lo mal que sonaba en ese momento. Tem¨ªa que tus piemas se debilitaran y quisieras huir.¡± Jorge me conoc¨ªa bien. Escond¨ª mi cara en su pecho, con falsa bravura: ¡°Si hubiera neado huir, no te habr¨ªa dejado venir.¡± ¡°Oh, entonces lo malinterpret¨¦.¡± Jorge respondi¨® y cada pbra suya ten¨ªa sentido. Mi cara se calent¨® a¨²n m¨¢s, y ¨¦l me llev¨® hasta cama, donde me dej¨® suavemente. Pero no se levant¨®, en cambio, me mir¨® intensamente. EI Centímetro 272 Cap¨ªtulo 272 Sent¨ªo todo mi ser ardia bajo su mirada,o si tuviera fiebre. La ¨²ltima vez que lo provoqu¨¦ apareci¨® frente a m¨ª y mirando esa cara que irradiaba abstinencia, record¨¦ lo que Virginia hab¨ªa dicho. Jorge, ?has estado con otras mujeres?¡± Aunque el habia dicho que ni siquiera hab¨ªa tenido novia, necesitaba confirmario una vez m¨¢s La mirada de Jorge era profunda y me dijo: ¡°¡­no.¡± Esas dos pbras hicieron que mi coraz¨®n temra y le preguntara: ?Lo deseas?¡± Apret¨® su mandib y, al segundo siguiente, luz frente a mi desapareci¨®, seguida de una sensaci¨®n de presi¨®n en misbios. Con Jorge respirando pesadamente, ya ten¨ªa mi respuesta. Pero no continu¨® de inmediato, sino que apoy¨® su frente contra mia pregunt¨¢ndome ?Cu¨¢nto tiempo m¨¢s quieres probarme, o es que realmente disfrutas tortur¨¢ndome? Viendo su represi¨®n, ramente deseoso per intentando contenerse desesperadamente, pas¨¦ ml mano por su cara pregunt¨¢ndole: ¡°?Realmente lo deseas? ?Este deseo es solo por mi? Al hacer esa pregunta, me di cuenta una vez m¨¢s de cuanto da?o y cu¨¢n profundo fue cuando Sergio dijo ligeramente que no estaba interesado en m¨ª. ¡°Mmm. Respir¨® entrecortadamente: ¡°Solo por ti.¡± Al escuchar eso, cerre mis ojos, sintiendo que algo dentro de mi se soltaba de repente. ¡°Cami¡­ Mi beso interrumpi¨® voz de Jorge y esa vez fui yo quien lo arrastro a continuar. ?Esperamos un poco m¨¢s?¡± En el ¨²ltimo momenta, Jorge me pregunt¨® con restri¨®n. ?Esperar qu¨¦? Mi voz temba baja. ¡°Esperar al d¨ªa que te cases conmigo. La mirada de Jorge ard¨ªa. Lo mir¨¦ y le dije: ¡°Si no eres sincero conmigo, casamos no evitar¨¢ que me traiciones. ¡°No lo har¨¦. Bes¨® punta de mi nariz suavemente asegur¨¢ndome: ¡°Nunca te traicionar?, M. ¨¦l hizo una promesa, pero yo ya no creia ens promesas. Sergio tambi¨¦n me hab¨ªa hecho promesas, pero termin¨® involucr¨¢ndose con alguien m¨¢s. En y recibir muy poco a cambio. As¨ª que, sin expectativas, dejar ques cosas fluyeran naturalmente evitar¨ªa el dolor y tristeza. ¡°Pero no prometo no traicionarte. Sin embargo, dije algo que solo dir¨ªa una persona infiel. Jorge se qued¨® at¨®nito por un momento, esboc¨¦ una sonrisa forzada y agregu¨¦: ¡°Jorge, si tienes miedo a quieres arrepentirte, todav¨ªa est¨¢s a tiempo.¡± ¡°No quiero arrepentirme, si eso sucede, culpa es m¨ªa. Jorge murmur¨® contra misbios: ¡°Por no ser lo suficientemente bueno para mantenerte.¡± Mi coraz¨®n se apret¨®. Jorge, oh Jorge, sab¨ªa c¨®mo tocar el lugar m¨¢s suave de mi coraz¨®n. De hecho, aparte de los motivos de Sergio, pens¨¦ que no fui lo suficientemente buena, por eso se interes¨® en otras mujeres. Una vez m¨¢s tom¨¦ iniciativa y bes¨¦ a Jorge, mientras mis manos tiraban de su ropa¡­ Esa noche fue una monta?a rusa de emociones, hasta que casi amaneci¨® me dormi en cama limpia que Jorge hab¨ªa preparado. Sin embargo, eso no me impidi¨® so?ar, y so?¨¦ con Sergio cubierto de sangre, parado frente a m¨ª, m¨¢ndome: ¡°Cam¡­¡­ En el sue?o, yo tambi¨¦n estaba dormida, pero su mado me despertaba una y otra vez. Al abrir los ojos y verlo cubierto de sangre, entr¨¦ en p¨¢nico: ¡°Sergio, ?qu¨¦ te pas¨®? ?Por qu¨¦ est¨¢s tan sangriento?¡± ¡°Cam, si muriera, ?te doler¨ªa?¡± *Sergio, ?por qu¨¦ tendr¨ªas que morir? ?Qu¨¦ te pas¨®?¡± *Sergio, ha¡­¡± ¡°Sergio, Sergio¡­¡­¡± ¡°M, despierta, Cam, despierta¡­ Jorge me despert¨® con urgencia. Al abrir los ojos, frente a m¨ª estaba preocupada expresi¨®n de Jorge, pero todo lo que ve¨ªa era imagen de Sergio cubierto de sangre en mi sue?o. EI Centímetro 273 Cap¨ªtulo 273 ?Por qu¨¦ Sergio estaba furioso? ?C¨®mo era que estaba cubierto de sangre? ?Acaso estaba herido? Ese tipo de sue?os generalmente presagian algo, noche antes del idente de auto de mis padres, tuve una pesadi en que se me ca¨ªan los dos dientes frontales y sangraba profusamente, por lo que despert¨¦ llorando a mares. Al d¨ªa siguiente, mis padres tuvieron el idente y me dejaron para siempre. Sent¨ª un tumulto en mi coraz¨®n e incluso ignor¨¦ mirada que Jorge me dirig¨ªa. Hasta que puso su mano en mi frente, secando el sudor fr¨ªo causado por el susto y me preguntaba: ¡°?Tuviste una pesadi?¡± Eso me hizo volver en m¨ª y me hizo darme cuenta de que hab¨ªa mado a Sergio en mi sue?o y ¨¦l lo hab¨ªa escuchado. Pero no quer¨ªa que ¨¦l malinterpretara, as¨ª que le expliqu¨¦: ¡°So?¨¦ que Sergio estaba al pie de mi cama cubierto de sangre, le pregunt¨¦ qu¨¦ le pasaba, pero ¨¦l no me respondi¨®.¡± ¡°No te preocupes, los sue?os suelen ser lo contrario de realidad, si te preocupa, puedes marlo ahora.¡± Jorge sorprendentemente me sugiri¨® mar. En esa situaci¨®n, ?no deber¨ªa sentir celos? Si hubiera sido Sergio, definitivamente estar¨ªa celoso. Mir¨¦ hacia afuera y ya estaba amaneciendo, me acurruqu¨¦ en los brazos de Jorge y luego cerr¨¦ los ojos, agotada dici¨¦ndole: ¡°Estoy cansada, quiero dormir m¨¢s.¡± ¡°Duerme.¡± La mano grande de Jorge acariciaba mi cabeza. As¨ª era ¨¦l conmigo, tan tiernoo siempre, sin parecer molesto o preocupado. Estaba demasiado cansada y me qued¨¦ dormida sin pensar en nada m¨¢s. Entre sue?os, sent¨ª que Jorge me besaba frente y escuch¨¦ su murmullo: ¡°Todav¨ªa te preocupas por ¨¦l.¡± Quer¨ªa decir algo, pero no pod¨ªa mover boca. Cuando despert¨¦, ya eran
al trabajo. Jorge ya se hab¨ªa ido, me mov¨ª y sent¨ª el cuerpo tan adoloridoo si me hubieran desmontado. Al parecer lo que dec¨ªan en los libros ten¨ªa algo de verdad, me qued¨¦ acostada pensando en mi noche de pasi¨®n con Jorge, el sue?o que tuve a medianoche, y y definitivamente estaba preocupada. Aunque mi rci¨®n con Sergio ya no era de amor, despu¨¦s de diez a?os hab¨ªa desarrodo un cari?o familiar hacia ¨¦l. Aun as¨ª, tom¨¦ mi tel¨¦fono y m¨¦, pero no fue a Sergio, sino a Manuel. Desde que Manuel me confes¨® sus sentimientos y yo los rechac¨¦, hab¨ªa sido muy considerado y no me hab¨ªa molestado m¨¢s, era tan considerado que me hac¨ªa sentir pena por ¨¦l. Pero a¨²n quer¨ªa asegurarme de que Sergio estuviera bien. ¡°Cami.¡± La voz suave de Manuel lleg¨® desde el otrodo del tel¨¦fono. ¡°Manuel.¡± Lo m¨¦ y le pregunt¨¦: ¡°?C¨®mo has estado ¨²ltimamente?¡± ¡°Bien, ?qu¨¦ pasa?¡± Su voz son¨¢ba rjada y feliz. Al escuchar eso, me tranquilic¨¦, Sergio definitivamente no ten¨ªa ning¨²n problema, si lo tuviera, no tendr¨ªa ese tono de voz. ¡°No es nada, solo quer¨ªa saber si ya tienen fecha de apertura para el parque de diversiones.¡± Busqu¨¦ una excusa. ¨¦l pod¨ªa darse cuenta f¨¢cilmente de que era una excusa si pensaba un poco, si quisiera saber sobre el parque, podr¨ªa haberle preguntado a Mire. ¡°Sergi a¨²n no ha dado una respuesta definitiva.¡± Manuel me respondi¨® sinceramente. Me sorprendi¨® un poco, porque antes del problema cons luces, fecha de apertura del parque ya estaba establecida, por eso me apur¨¦ a encontrar a alguien para reparar el problema cuando lo descubr¨ª, en aquel momento ques luces estaban arredas, se supon¨ªa que abrir¨ªamos seg¨²n lo neado. Es decir, una semana despu¨¦s. Pero en aquel momento, al escuchar a Manuel, parec¨ªa que no hab¨ªa movimiento alguno con apertura. Era importante recordar que hab¨ªa mucho trabajo de preparaci¨®n antes de apertura, incluida publicidad, pero no hab¨ªa visto ning¨²n anuncio publicitario. ¡°?Hay alg¨²n problema?¡± Todav¨ªa me preocupaba mucho el proyecto del parque de diversiones. ¡°No hay ning¨²n problema.¡± Manuel,o responsable del parque de diversiones, ten¨ªa autoridad EI Centímetro 274 Cap¨ªtulo 274 El problema no estaba en el parque de diversiones, sino en Sergio. Record¨¦ escena de mi sue?o y raz¨®n por que hab¨ªa hecho esa mada, as¨ª que le pregunt¨¦ a Manuel: ¡°?Es por algo que hizo Sergio? ?Qu¨¦ pas¨®?¡± Manuel tard¨® un poco en responder y luego dijo: ¡°En realidad, si quieres saber algo, deber¨ªas preguntarle a ¨¦l.¡± No deber¨ªa tratar a los dem¨¢so si fueran tontos. Exactamente, nadie es tonto. Las pbras de Manuel me dejaron sin saber qu¨¦ decir. Manuel siempre fue alguien que nunca me hac¨ªa sentir inc¨®moda, as¨ª que para aliviar mi verg¨¹enza, a?adi¨®: ¡°Lo que quiero decir es que, aunque ya no sean novios, despu¨¦s de tantos a?os, son pr¨¢cticamente familia.¡± ¡°Ja.¡± Me re¨ª suavemente y luego le dije: ¡°Solo no quer¨ªa molestar a su actual pareja, ya sabes.¡± Eso tambi¨¦n hizo re¨ªr a Manuel. ¡°Cami, cuando tengas tiempo, deber¨ªamos salir aer juntos.¡± Manuel me invit¨®. Como ¨¦l dijo, ya ¨¦ramoso familia, as¨ª que no me negu¨¦. Despu¨¦s de colgar, suspir¨¦. Parec¨ªa que Sergio no hab¨ªa tenido ning¨²n problema. Pero, ?por qu¨¦ tuve ese sue?o? ?Ser¨¢ por lo que me pregunt¨® ayer, si me doler¨ªa si ¨¦l muriera alg¨²n d¨ªa? Diez a?os de rci¨®n, era algo que ya se me hab¨ªa metido en sangre, no era algo que pudiera dejar atr¨¢s as¨ªo as¨ª. Pero en aquel momento con Jorge y Sergio se convertir¨¢ en solo una parte de mi pasado. Dej¨¦ el tel¨¦fono a undo, justo cuando me dispon¨ªa a levantarme de cama, me lleg¨® un mensaje de Jorge: ?Ya despertaste? No respond¨ª, y luego lleg¨® otro mensaje: El desayuno est¨¢ listo en caja t¨¦rmica, no olvideser. Ah, y hoy no necesitas venir a oficina. ?Eh? ¨¦l, siendo un empleado reci¨¦n contratado, ?c¨®mo es que ha con esa autoridad? Pero pens¨¢ndolo bien, su srio de tres millones al a?o, solo eso ya demostraba su valor para V¨ªctor. Si ¨¦l suger¨ªa que me tomara el d¨ªa libre, V¨ªctor seguramente estar¨ªa de acuerdo. Aunque, eso me hac¨ªa sentir un poco inc¨®moda. Incluso siendo mi novio, no ten¨ªa derecho a interferir en mi vida privada, especialmente en mi trabajo. Pero sab¨ªa que lo hac¨ªa porque le importaba, as¨ª que le respond¨ª con una pbra: Ok. A pesar de que Jorge dijo que no necesitaba trabajar, despu¨¦s de desayunar, decid¨ª ir a oficina igual. Mis piernas estaban tan cansadas,o si hubiera escdo el Everest. ¡°Oye, ?c¨®mo que viniste? ?No te hab¨ªas tomado el d¨ªa?¡± V¨ªctor, con su caf¨¦ en mano, me encontr¨® justo cuando llegu¨¦. ¡°?Cu¨¢ndo dije que me tomar¨ªa el d¨ªa?¡± Eso lo dej¨® sin pbras. V¨ªctor se qued¨® cado por un segundo y luego solt¨® una risita diciendo: ¡°Debe haber sido un malentendid mi parte.¡± Ese hombre s¨ª que sab¨ªa c¨®mo fingir. Y todo para cubrir a Jorge, pero, ?no es que apenas se conoc¨ªan? ¡°Anda, ve y atiende tus cosas.¡± Dijo V¨ªctor, dispuesto a irse. ¡°Se?or Sierra.¡± Lo detuve y le pregunt¨¦: ¡°?Conoc¨ªas a Jorge de antes?¡± ¡°?De antes?¡± V¨ªctor parpade¨®: ¡°?Todo lo que ocurri¨® antes de hoy cuentao ¡®antes¡®?¡± Al escuchar eso, supe que estaba evadiendo pregunta, as¨ª que solt¨¦ una risa sarc¨¢stica y solo le dije: ¡°Olvida que pregunt¨¦.¡± Camin¨¦ hacia mi oficina, pero apenas entr¨¦, unapa?era me dijo: ¡°Directora, ha llegado un cliente que dice haber sido citado por usted. Esta esperando en s de reuniones.¡± Eso erapletamente nuevo para m¨ª, as¨ª que frunc¨ª el ce?o y pregunt¨¦: ¡°?Est¨¢s segura de que era para m¨ª? ?Cu¨¢nto lleva esperando?¡± ¡°S¨ª, dijo expl¨ªcitamente que buscaba a directora G¨¢mez. Ha estado aqu¨ª casi una hora.¡± Curiosa y confundida, dej¨¦ mi bolso y me dirig¨ª a s de reuniones. Al abrir puerta y ver qui¨¦n estaba all¨ª sentado, sent¨ª c¨®mo sangre me sub¨ªa a cabeza. Cap¨ªtulo 275 EI Centímetro 275 Cap¨ªtulo 275 Arturo me salud¨® con una sonrisa traviesa. ¡°He estado esper¨¢ndote casi una hora, hoy llegaste tarde.¡± Me dijo Arturo, moviendo su reloj frente a m¨ª. Hice un esfuerzo por contrr mi enojo y me acerqu¨¦ caminando. Ese d¨ªa no llevaba tacones, sino ts, porque mis piernas estaban demasiado cansadas. ¡°Oye, ?no te sientes bien hoy?¡± El chamaco ten¨ªa buen ojo y se dio cuenta de que hab¨ªa algo raro en m¨ª. Mis pasos se volvieron un poco inseguros. No pude seguirle corriente, as¨ª que me sent¨¦ con actitud frente a ¨¦l dici¨¦ndole: ¡°Dime, ?qu¨¦ quieres hacer?¡± ¨¦l tampoco sigui¨® mi juego y pregunt¨®: ¡°?No dormiste bien anoche?¡± ¨¦l parec¨ªa saber algo, ya que cada pregunta era m¨¢¡¯s directa. Me enderec¨¦ un poco inc¨®moda y respond¨ª: ¡°Si tienes algo que decir, dilo. Si no, l¨¢rgate, o mo a polic¨ªa por acosarme.¡± ¡°Ja, ja.¡± Arturo se rio de m¨ª y me dijo: ¡°Todav¨ªa te acuerdas des viejas cuentas.¡± ¡°Deja de perder el tiempo, ?qu¨¦ es lo que quieres?¡± Ya tengo mi celr en mano. ¡°Quiero conquistarte, amiguita.¡± Arturo sonri¨® de manera radiante. No me molest¨¦, porque sab¨ªa que su intenci¨®n de conquistarme era falsa, lo real era que quer¨ªa molestarme. Si me enojaba, estar¨ªa haciendo justo lo que ¨¦l quer¨ªa. * ¡°A¨²n eres menor de edad, ?no? Si quieres conquistarme, que tus padres vengan a har conmigo.¡± Le dije con el tono que le ha una maestra a su alumno. ¡°Oye, amiga, ?tienes nes este fin de semana?¡± Arturo me pregunt¨® de repente. Lo ignor¨¦, pero ¨¦l se inclin¨® hacia adnte y me dijo: ¡°Este fin de semana es mi cumplea?os, justo me hago mayor de edad, as¨ª que, ?podr¨ªas venir a mi fiesta de adultezo mi novia?¡± Al ver su cara descarada, pens¨¦ que parec¨ªa un sapo queriendoer carne de cisne. Hice un gesto con boca y me propuse no perder m¨¢s saliva con ¨¦l: ¡°Arturo, no importa con qu¨¦ intenci¨®n vengas a molestarme, te advierto que te alejes y no me busques problemas, mucho menos m¨¨ presiones, o no ser¨¦ amable contigo.¡± Dicho eso, toqu¨¦ mi celr, mirando sus zapatos de edici¨®n limitada y su atuendo, tan diferente a prim parecer, desde que su hermana subi¨® de nivel, ¨¦l tambi¨¦n hab¨ªa cambiado de piel. ez que lo vi acus¨¢ndome. Al ¡°Tu hermana a¨²n no sabes de lo que andas haciendo por aqu¨ª, ?verdad? M¨¢s bien, tu nuevo cu?ado tampoco, ?cierto?¡± Arturo resopl¨® mientras me dec¨ªa: ¡°Deja de usarlos para asustarme.¡± Viendo su aire de que cuando el gato no est¨¢ los ratones hacen fiesta, sonre¨ª ligeramente asegur¨¢ndole: ¡°Si todav¨ªa quieres disfrutar de tu gloria actual, mejor mantente lejos de m¨ª, porque si no, olv¨ªdate de Gi, me temo que ni paraprar flores tendr¨¢s.¡± No era mi intenci¨®n humirlo, sino hacerle entender de d¨®nde ven¨ªa su arrogancia actual. Sergio ya no ten¨ªa nada que ver conmigo, en aquel momento era el hombre de su hermana, pero Sergio definitivamente no permitir¨ªa que su exnovia se convirtiera en actual pareja de su cu?ado. La cara de Arturo se llen¨® de iodidad al instante, y luego se levant¨® de un salto diciendo: ¡°No mires a trav¨¦s de rendija y juzgues, todo lo que llevo esprado con mi dinero, no he usado ni un centavo de los V¨¢squez.¡± ?Realmente era as¨ª? Pero antes Zo¨¦ ni siquiera ten¨ªa para unaida. Al parecer entre uno de esos dos hermanos al menos uno mentia, pero ambospart¨ªan algo: vanidad. Zo¨¦ era vanidosa y no le importaba gastar el dinero de Sergio para manteners apariencias, y Arturo, sin un buen respaldo familiar, se llenaba de marca de pies a cabeza por puro rde. En cuanto a si hab¨ªa usado el dinero de Sergio o no para hacerlo, solo ¨¦l lo sab¨ªa. Me levant¨¦ y le dije: ¡°Entonces todav¨ªa eres un hombre.¡± ¡°Por supuesto que soy¡­¡± Arturoenz¨® a decir, pero justo entonces se escuch¨® un golpe en puerta. Al girar cabeza, vi a Jorge. Mi coraz¨®n dio un vuelco, ?qu¨¦ hac¨ªa all¨ª? ?Hab¨ªa ido a pelear? Si era as¨ª, eso iba a ponerse feo. Mientras me preocupaba por hacerle saber a Jorge que no interviniera, escuch¨¦ su voz fr¨ªa preguntar: ¡°?Necesita ayuda, directora G¨¢mez?¡± EI Centímetro 276 Cap¨ªtulo 276 Al escuchar eso, me sent¨ª aliviada por dentro. No actu¨® precipitadamente, sino que primero me pregunt¨®. ¡°S¨ª, por favor, Jor¡­¡± Me detuve, todav¨ªa no sab¨ªa cu¨¢l era su posici¨®n en empresa, pero a juzgar por su habilidad, definitivamente era del nivel de un ingeniero. ¡°Por favor, Jorge, ay¨²dame a despedir a este visitante.¡± Dije antes de girarme. Arturo no se contuvo por llegada de Jorge y continu¨® molest¨¢ndome diciendo: ¡°Nena, te espero este fin de semana, eres el regalo que m¨¢s espero para esa noche cuando me convertir¨¦ en adulto.¡± No hab¨ªa terminado de har cuando Jorge pas¨® junto a m¨ª entrando y, justo cuando Arturo termin¨® de har, dijo: ¡°Ahora puedes irte.¡± Arturo lo ignor¨® y, en cambio, me dijo de nuevo con irritaci¨®n hacia Jorge: ¡°Te esperar¨¦ aqu¨ª cuando salgas del trabajo, vayamos a almorzar juntos.¡± Me detuve, gir¨¦, y quise estarle cabeza. Pero no fue necesario, porque Jorge ya hab¨ªa hado fr¨ªamente: ¡°Vete.¡± ¡°?Y t¨² qui¨¦n eres, por qu¨¦ deber¨ªa irme solo porque t¨² lo dices?¡± Arturo era verdaderamente un joven sin miedo, con una actitud de que no le tem¨ªa a nadie. ¡°Soy persona que no te permite persegui.¡± Dijo Jorge, pbra por pbra, muy ramente. Mir¨¦ su rostro, con rasgos bien definidos, cada uno emanando una intimidante agudeza. Era primera vez que ve¨ªa a Jorge as¨ª, y mi coraz¨®n se encogi¨®. Arturo tambi¨¦n se qued¨® at¨®nito por sus pbras durante unos segundos, luego volvi¨® a poner una sonrisa juguetona dici¨¦ndole: ¡°Oye, eres bastante mayor, ?tambi¨¦n est¨¢s interesado en e?¡± Eso me dej¨® en shock. Arturo realmente estaba buscando problemas. Se atrevi¨® a mar a Jorge ¡°mayor¡°, ramente tratando de insultarlo y provocarlo. Mir¨¦ hacia Jorge, sintiendo un nerviosismo en mi coraz¨®n. No sab¨ªa c¨®mo reionar¨ªan los hombres cuando alguien hara sobre su edad, peros mujeres definitivamente lo tomar¨ªan a mal. Pero al parecer Arturo no sinti¨® el fr¨ªo emanando de Jorge y continu¨® provoc¨¢ndolo: ¡°A tu edad, ?todav¨ªa quieres ser un viejo verde cazando jovencitas? No tengas ese deseo sin tener fuerza.¡± Arturo incluso hizo un gesto con su cadera, lo que insinuaba con ¡®sin fuerza lo entend¨ª de inmediato. La imagen de Jorge en cama noche anterior cruz¨® por mi mente, y tragu¨¦ saliva. Me atrev¨ªa a decir que en cuesti¨®n de ¡®fuerza¡®, Jorge definitivamente superaba al ni?ato de Arturo Jorge dio un paso adnte dici¨¦ndole: ¡°No necesitas saber si tengo fuerza o no, ahora o te vas por tu cuenta, o te arrojo fuera.¡± ¡°Ja, ja, t¨²¡­¡± Arturo iba a decir algo, pero al siguiente segundoenz¨® a gritar ¡®ay ay¡®. amente, para lidiar con los malos Jorge ya lo hab¨ªa agarrado del cuello y lo estaba sacando a rastras, mientras Arturo gritaba de dolor. Defi hac¨ªa falta un hombre duro. Cuando Arturo fuenzado fuera, ya hab¨ªa dos guardias de seguridad esper¨¢ndolo. Solo entonces supe que Jorge no hab¨ªa aparecido en s de visitas por casualidad, sino que hab¨ªa ido especialmente para lidiar con Arturo. Finalmente experiment¨¦ fuerza de un novio explosiva. Esa sensaci¨®n de ser protegida no estaba nada mal. La escena de Arturo gritando tan miserablemente ya hab¨ªa atra¨ªdo a muchos curiosos. Y con ese acto de Jorge, de repente hizo que todass muchachas depa?¨ªa lo miraran con ojos brintes. Eh. Ese primer d¨ªa en el trabajo ya estaba atrayendo tanto atenci¨®n, ?qu¨¦ pasar¨ªa en el futuro? Mord¨ª ligeramente mibio y, cuando Arturo fue llevado por los guardias de seguridad, me acerqu¨¦ a Jorge dici¨¦ndole: ¡°Madurito, ?eres asi de varonil?¡± La manzana de Ad¨¢n de Jorge se movi¨®, gir¨® su cabeza para mirarme, y esa mirada me hac¨ªa sentir insegura. ?Dios m¨ªo! No iba a hacerme algo dnte de todos, ?verdad? Gir¨¦ para irme, pero Jorge habl¨®: ¡°Directora G¨¢mez, por favor, venga a mi oficina.¡±