Chapter 7
Punto de vista de hiedra
King Kyson salió del auto y se fue con su Beta, una nueva persona subió al auto y tomó el lugar del
Rey. Nos miró con los brazos cruzados todo el tiempo y no dijo una pbra.
?Le ordenaron que no nos hara? El silencio era ensordecedor, pero mantuvo su aura bajao si
tratara de no asustarnos. Sus ojos observaban cada uno de nuestros movimientos. Abbie se tocó los
dedos con nerviosismo, con cabeza gacha y los ojos pegados a su regazo.
El viaje duró horas; era tarde en que partimos; Vi pasar noche y amanecer ma?ana. Horas de
silencio, excepto por el sonido des ntas en el camino y el rugido del motor antes de que finalmente
nos detuviéramos. Nos habíamos detenido un par de veces porbustible, el Beta incluso trató de
alimentarnos, pero mi estómago estaba hecho un nudo, así que no toqué nada. Abbie lo intentó, aunque
incluso e había perdido el apetito. Abbie se desmayó de nuevo, el cansancio era demasiado para e
con los eventos que llevaron a esto.
Abbie se había quedado dormida a mido, con cabeza apoyada en mi hombro, me acerqué y
sacudí suavemente. no podía dormir; Estaba petrificado por lo que sucedería después. Mi cerebro
evocó muchos escenarios diferentes, todos los cuales terminaron con nuestra muerte.
Me dolía espalda de estar sentada tan erguida, ys pesta?as que cubrían se tensaron cuando me
moví para desperta, y sentí que mi sangre goteaba por mi espalda cuando se reabrieron con el
movimiento. El hombre frente a nosotros se inclina hacia adnte y olfatea el aire ligeramente. Después
de horas de profundo silencio, finalmente habló por primera vez.
“?Quién de ustedes está herido y cubierto de hierbas?” Ambos negamos con cabeza, y su mandíb
se aprieta antes de har.
“No me mientas. ramente, el Rey los quiere a ambos por alguna razón. Así que respóndeme, o lo
maré y le pediré permiso para desnudarte para averiguarlo.
La puerta se abre de repente, salvándonos de contestar. Beta Damian mira en limusina. El hombre
sale antes de indicarnos que lo sigamos.
Abbie se desliza por el asiento hacia puerta abierta y sale primero antes de agarrar mi brazo para
ayudarme a salir, el movimiento de flexión me corta espalda, parpadeo para conteners lágrimas y
aprieto los dientes. Abbie aprieta suavemente mis dedos para tranquilizarme, y yo sonrío, devolviéndole
el apretón. Cuando miro hacia arriba, licencia encuentra al Rey parado junto a su Beta susurrando al
hombre que estaba sentado en el auto con nosotros.
“Gracias, Gannon, yo me encargaré”, le dice King Kyson, y Abbie y yo nos miramos, el miedo en los
ojos de ambos por lo que quiso decir con esas pbras.
“Sígueme”, ordena King Kyson caminando alrededor de limusina. Seguimos antes de detenernos en
el camino empedrado. Estábamos en su castillo. Un verdadero castillo de piedra arenisca. Parecía que
pertenecía a un cuento de hadas, no a vida real.
El lugar era tremendo, y ambos nos congmos en estado de shock. Enredaderas envueltas alrededor
de los altos muros de piedra con flores púrpuras y rosadas, los jardines que rodean el lugar en perfectas
condiciones y sin una m hierba a vista. Una alta cerca de hierro forjado rodeaba el perímetro del
castillo, oculta por setos tan altoso ellos, una gran fuente de agua se encontraba en medio del
camino empedrado junto a donde los autos se alineaban en el camino circr.
Sabíamos que el Rey viviría en un castillo pero saberlo y verlo eran dos cosas diferentes, y el lugar era
exquisito.
“?Por qué estamos aquí?” Abbie susurra nerviosamente. Los pícaros no estaban permitidos en el
castillo del Rey Lycan.
“Dije que lo siguiéramos”, dice el Rey, y ambos nos dimos cuenta de que se había detenido y nos
estaba esperando, mirándonos con impaciencia. Su Beta toca mi espalda, urgiéndonos, y yo siseo, mi
espalda arqueándose lejos de su toque mientras el dolor ondea sobre mi espalda.
Abbie agarra mi brazo, sabiendo que gritar haría que nos azotaran de nuevo, y yo tomo un respiro
deseando ques lágrimas no caigan, para que no nos golpeen por es. Tragando mi dolor, empiezo a
caminar, aunque el Rey no se gira cuando nos acercamos a él. Su mirada es severa mientras me
mira. Su mandíb se aprieta, sus manos se cierran en pu?os. La mano de Abbie tiem en mía. Tal
vez si le suplico, perdonará por mi estupidez.
De repente gira y sigue caminando mientras nosotros tropezamos para seguir susrgas zancadas. Un
hombre en uniforme se apresura a abrirs pesadas puertas dobles de madera, el Rey se mueve tan
rápido que ni siquiera tuvimos oportunidad de mirar hacia dónde íbamos mientras tratábamos de
seguirlo. El agarre de Abbie se aprieta cuando empiezo a reducir velocidad, el dolor de moverme
hace que todo du. Nos detenemos en un conjunto de escaleras, el Rey avanza por un corredor que
corre junto a ellos, y llegamos a una enorme cocina llena de trabajadores.
“rice”, grita el Rey. Todos se detienen y desnudan sus cuellos ante el Rey. Una mujer mira hacia
arriba antes de asentir y acercarse, limpiándoses manos con un pa?o de cocina. Era una mujer
mayor, tal vez de unos cincuenta a?os, con una cálida sonrisa y rasgos suaves. Llevaba un uniforme de
sirvienta con un dntal atado a cintura.
“Mi rey”, reconoce antes de mirarnos.
“Tengo dos chicas nuevas para ques entrenes y necesitan uniformes”, le dice.
“Enseguida, mi se?or, venid conmigo, muchachas”, dice mujer, dándonos a ambos una sonrisa
amistosa; e hace se?as para segui.
Abbie y yo seguimos rápidamente, y e nos conduce a través de cocina y por otro pasillo
más. Dondo una esquina, nos encontramos en unvadero. Fs de uniformes se alineaban en los
estantes; nos miró de arriba abajo antes de entregarnos a cada uno de nosotros un vestido gris
abotonado con mangas cortas y dntales que tenían bolsillos en el frente. El material es grueso pero
suave.
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“?Cuales son tus nombres?” pregunta cuando el Rey entra repentinamente, haciendo que e desvíe su
atención hacia él.
“Mi rey, ?hay algo que necesites?” E pregunta, ramente sorprendida de que él haya
seguido. Sacude cabeza y se apoya en un mostrador, y rice espera a ver si se va, pero no lo
hace. rice se volvió hacia nosotros, audió, haciéndonos saltar y apartar mirada del imponente
Rey que nos observaba.
“Chicas, les pedí sus nombres”.
—Ivy, se?ora —le dije apresuradamente.
“Abbie, se?ora”, responde Abbie en voz baja, inclinando cabeza.
“Muy bien, ahora cámbiate rápidamente por esa puerta”, dice, se?ndo detrás de nosotros. Miramos
por encima del hombro cuando el Rey ha.
“Tú no, tú cambias aquí”, dice, y Abbie y yo nos miramos nerviosamente. rice también mira al Rey,
horrorizada.
“?Mi rey?”
“Abbie, ve a cambiarte en habitación, Ivy quédate donde estás”, dice, y mi corazónte erráticamente
en mi pecho ante sus pbras.