<b>Capítulo </b>269
<b>Nunca </b>supe que todavía podía reiro un ni?o, que <b>ya </b>en mis veintes, podría experimentar el cer de ser alzada y girada en círculoso cuando era peque?a. Pero después de alegre vuelta, terminé <b>tan </b>mareada que no podia mantenerme de pie y no tuve más remedio que apoyarme en Jorge. En ese momento, me di cuenta de que eso podría ser otra de sus estrategias.
“Cuando eras peque?a, te encantaba girar asi.” Susurro Jorge en mi oido.
Cuando conoci <b>a </b>Jorge, yo era demasiado joven, tan joven que no recordaba nada de aquel entonces. En aquel momento que él lo mencionaba, seguí conversación: “?Y qué más me gustaba hacer
cuando <b>éra </b><b>ni?a</b><b>?</b><b>” </b>
Te encantaba que te alzaran alto, <b><i>y </i></b>también montar sobre <b>mis </b>hombroso si estuvieras a caballo. Las pbras de Jorge hicieron que me ruborizara.
Pretendí no creerle <b>y </b>dije: “No lo recuerdo, así que puedes decir lo que quieras.”
Jorge no se molestó, y continuó: “También te gustaba jugar con el agua, saltar en e y salpicar, mojándo toda.”
“?Hay algo <b>más</b>?” Su historia despertó mi interés.
Sis personas fueran un dise?o, definitivamente tendrían un defecto por no permitirnos recordar antes de los cinco a?os. Justo esa época es más pura y hermosa de vida de todos. Si cada uno pudiera tener esos recuerdos de infancia, probablemente sanaría muchas tristezas de adultez
“Si, también te gustaba que te contaran cuentos, historias de hadas, pero yo era malo contánds <b>y </b>siempre decías que <b>era </b>un tonto.”
Sus pbras me hicieron reir<b>, </b><b>y </b>Jorge agregó: “Después me puse a leer muchos cuentos de hadas, pero nunca volví a verte para contártelos.”
“?Por qué no nos volvimos a ver?” Su rto despertó mi curiosidad sobre mi infancia.
“Porque nació mi hermana, <b>y </b>e estaba enferma, así que nos fuimos con mi mamá a casa de mi abu para que <b>nos </b>ayudara a cuida mientras mi mamá trabajaba. La voz de Jorge se tornó más baja,o <b>si </b>esos recuerdos le pesaran.
Lo abracé <b>más </b>fuerte, cambiando de tema: <b>“</b>Así que, ?qué más hacía de ni?a? Por lo que cuentas, parece que era bastante traviesa.”
“Ah, sí, eraso un duendecillo inquieto, travieso pero adorable. Jorge me acarició cabeza con su barbi.
Sonreí <b>y </b>reflexioné: “Jorge<b>, </b>escuchándote, parece que ya me querías desde entonces.”
“Si. él sorprendentemente lo <b>admitió</b>.
“Pero tú eras mayor, <b>y </b>yo aún una ni?a<b>, </b>?no crees que eso es…?” Le di un golpecito.
“Era el cari?o de un joven, simplemente eso, <b>un </b>cari?o puro, no pienses mal.” Explicó Jorge.
Pero luego a?adió: “Desde entonces<b>, </b>nunca encontré <b>a </b>otra chica que me pareciera tan adorableo tú, ni siquiera Lilia.”
Mi corazón dio un vuelco, ese era un tipo de cari?o único e iparable.
?Entonces <b>esa </b>es razón por que, al reconocerme, dijiste de inmediato que querías casarte conmigo<b>? </b>Bromeé.
Jorge guardó silencio por un momento <b>y </b>luego dijo: “Es una des razones.”
Y otra<b>, </b>?cuál <b>es</b><b>?</b><b>” </b>Descubrí que era muy bueno para mantenerme enganchada en conversación.
“Porque…” dejó frase en el aire.
Me impacienté, levanté cabeza para mirarlo, <b>y </b>justo a altura de su marcada línea de mandíb, me pareció increíblemente atractivo. Eso debía sero decían por allí, cuando <b>te </b>enamoras de
<b>maravilloso</b>. alguien, hasta lo más mundano te parece
Me distraje por un momento y luego lo pellizqué insistiendo en una respuesta: <b>?</b>Por qué?<b>” </b>
Jorge bajó mirada, mirándome directamente: “Porque quiero que te hagas responsable de mi.”
Quedé ligeramente sorprendida <b>y </b>pregunté: “?Qué?<b>* </b>
“Me besaste<i>, </i>robaste mi primer beso.” Las pbras de Jorge me hicieron sonrojar.
Inmediatamente lo negué: <b>“</b>No te creo, solo <b>dices </b>eso porque no recuerdo nada.”
Jorge levantó <b </b><b>vista </b>hacia el cielo diciendo: “Cuando me besaste, te dije ques ni?as no deben dar besos <b>a </b><b </b>ligera, especialmente <b>a </b>los ni?os.”
Una sonrisa se dibujó en susbios, <b>tal </b><b>vez </b>riéndose de mi inocencia de aquel entonces. Extendi mano <b>para </b>bajarleisura de losbios rega?ándolo: “No te rías.”
Capítulo 270