<b>Capítulo </b><b>204 </b>
Si, todos envejecemos, pero envejecer de noche a ma?ana, eso sí que aprieta el corazón. Ricardo me preparó el café colombiano de igual manera, pero al tomarlo, solo podía sentir su amargura.
“Llévate este café, puedes prepararlo tú misma en casa.” Ricardo empacó cuidadosamente los granos de café que sobraron. él realmente me tratabao si fuera su propia hija, y en ese momento, su amabilidad venía pa?ada de un sentimiento de culpa.
No podía rechazarlo, ya que eso lo haría sentir peor.
“Está bien, cuando lo termine, le pediré más.” Le dije en un tono ligero y sin reservas, tratando de aliviar su estado de ánimo.
“Mmm, pide lo que quieras, Cami, tú ereso una hija para mí, ?sabes?” Ricardo me habló con el corazón en mano.
Asentí firmemente y dije: “En mi corazón, usted también eso un padre para mí.”
Cuando iba a escu, mayoría des veces era Ricardo quien asistía as reuniones de padres. A veces, cuando Sandra quería ir, Ricardo decía que su presencia haría que los maestros y el director me miraran con mejores ojos. Aunque mis padres murieron cuando era joven, Ricardo nunca me hizo sentiro una huérfana frente a mispa?eros.
Ricardo asintió profundamente. Pensando ens preocupaciones de Sandra, miré su cabello y dije: “Ricardo, Sandra está muy preocupada por usted, si e lo viera así…”
“Me veo bien así.” Ricardo se pasó mano por el cabello y me preguntó: “?No es así?”
Eso me hizo sonreír,s lágrimas giraban en mis ojos mientras asentía: “Sí, muy guapo, el se?or Vásquez siempre es el más guapo, no importa cómo esté.”
o
Estábamos hando y riendo cuando escuchamos pasos subiendos escaleras. Sandra llegó antes que su imagen diciendo: “V
cuenta, aparte de Cami, nadie puede manejar a este viejo.”
Cuando Sandra termino de har, ya estaba en puerta. La puerta estaba ablerta <b>y </b>pudo ve.
Tenía una sonrisa burlona en su rostro pero esa sonrisa se congeló cuando nos vio. E miraba a Ricardo sin creerlo, con los ojos temndo, y luego.s lágrimas empezaron a caer. Ricardo <b>y </b>yo nos levantamos, <b>y </b><b>yo</b>,
temlendo que e no pudiera soportarlo, me acerqué rápidamente tratando de har: “Sandra…<b>” </b>
Pero esa voz Sandra no me miró, solo miraba el cabello de Ricardo.
Ricardo también se acercó, levantando mano para limpiars lágrimas de Sandra y preguntándole: “?Qué pasa, me encuentras feo ahora?”
Los ojos de Sandra estaban fijos en el cabello nco de Ricardo, y tardó un rato en levantar mano temblorosamente y decirle: “Tu cabello…”
“Ahora yo también tengo cabello nca, y más que tú, así que ya no tienes que preocuparte tanto, ?verdad?” Ricardo secabas lágrimas de Sandral con un tono juguetón.
Peros lágrimas de Sandra simplemente no paraban, y su cuerpo temba, estaba realmente angustiada.
Esa era primera vez que veía a Sandra llorar así. Siempre había sido mimada por Ricardo, era raro ve derramar una lágrima, pero aquel día lloraba desconsdamente, pasando sus manos por el cabello de Ricardo. Al ver esa escena, me retiré silenciosamente. Manuel me miró y preguntó: “?Qué pasa? Escuché a mi mamá llorando.”
“Ricardo… su cabello se volvió nco de noche a ma?ana.” Mis pbras dejaron a Manuel igualmente sorprendido.
Después de un momento, bajó cabeza, sin decir más. No sabía cómo consrlo, aunque había ido con un propósito ese día, ya no tenía ánimo para nada.
“Me voy a casa.” Le dije a Manuel.
<b>2/3 </b>
Manuel miró hacia arriba y dijo: “Te pa?o.”
Subi al auto, intenté arrancarlo, pero no pude. Entonces recordé que, para poder usar el auto de Ricardo, había pedido en el taller que le hicieran algo
almio.
“El auto se depuso?” Manuel lo notó.
Con vergüenza, evité su mirada y apenas asentí.
“En un rato viene alguien a arrerlo, que te lleve