17kNovel

Font: Big Medium Small
Dark Eye-protection
17kNovel > EI Centímetro > EI Centímetro 1-10

EI Centímetro 1-10

    Capítulo 1


    “Sé honesto, ?te has acostado con Cam?


    La voz grave del hombre atravesó rendija de puerta hasta entrada, causando que me detuviera en seco. A través de rendija, vi a Sergio Vásquez sentado en un lugar prominente, con losbios apretados ligeramente mientras decía: “E tomó iniciativa, pero no me interesó.”


    “Sergio, no seas tan duro con e, Cam es considerada una belleza en nuestro círculo, hay muchos que desean.”


    El que haba era Pablo Flores, el amigo intimo de Sergio y testigo de nuestra rción de diez a?os.


    “Es demasiado familiar, ?entiendes?” La frente de Sergio se frunció severamente.


    Cuando tenía catorce a?os, fui llevada a familia Vásquez, y esa fue primera vez que conocí a Sergio. En ese momento, todos me dijeron que Sergio sería mi futuro esposo. Desde entonces, vivimos juntos, <b>y </b>así pasaron diez a?os.


    “Es cierto, trabajan juntos en misma empresa durante el día, se ven todo el tiempo, y pors nochesparten mesa para cenar. Probablemente saben hasta cuántas veces va el otro al ba?o durante el día.”


    Pablo bromeó y luego chasqueó lengua diciendo: “Ya no estamos en tiempos donde el amor surge con el tiempo. Ahora, entre hombres y mujeres debe haber un sentido de misterio, ese deseo de tener algo que no se puede obtener, eso es lo que realmente emociona.”


    Sergio permaneció en silencio, sin poder negar ni afirmars pbras de Pablo.


    “Entonces, ?todavía piensas casarte con e?” La pregunta de Pablo me hizo contener respiración. Los padres de Sergio querían que nos casáramos, él no dijo que sí pero tampoco dijo que no, y yo no le pregunté. Pablo, en cierto sentido, preguntó por mí.


    Sergio no dijo nada y Pablo rio preguntándole: “?No quieres casarte?”


    …No es eso.”


    “Entonces es que quieres casarte, pero a rega?adientes, ?verdad?” Pablo y Sergio crecieron juntos, por lo que conocían los pensamientos más íntimos del otro.


    “Sergio, ?has escuchado un dicho<b>?</b><b>” </b>Sergio sonrió levemente.


    “?Cuál?”


    “Es insípido, pero sería un desperdicio tirarlo<b>.</b>” Sergio encendió un cigarrillo, <b>y </b>el humo oscureció el rostro que yo había adorado durante diez a?os.


    Mi corazón se apretó, pensando que al parecer, me había convertido en algo insignificante para él.


    “Entonces, ?al final te casarás con e o no?” Pablo insistió.


    Sergio lo miró con desdén: “Con tanto interés en saber, ?acaso tú también tienes pensamientos sobre e? ?Qué tal si te gedo?”


    Me sentío si fuera un objeto insignificante que él podía ceder asío así. Aunque fuera su mascota, después de diez a?os debería haber algún sentimiento, no sería tan despreocupado. Eso mostraba cuán insignificante era para él. Y sin embargo, él había sido mi mundo y mi todo durante esos diez a?os. Sus pbras me hirieron profundamente, dejándome un sabor amargo y sdo que subía por mi garganta…


    Bajé mirada, viendo el libro de familia que sostenía firmemente entre mis dedos.


    “Je.” Pablo soltó una risa sarcástica: “?Qué dices? La esposa de un amigo es intocable, yo no estoy tan desesperado.”


    Sergio astó el cigarrillo en el cenicero y se levantó del sofá diciendo: “Vete, siempre vienes a molestarme.”


    “No te molesto yo, es Cam. Si realmente no tienes sentimientos por e, mejor díselo y sepárense. No tienes por qué hacerle perder el tiempo a esa chica de que pueda buscar una buena pareja.” Pablo dejó esas pbras atrás, agarró su chaqueta del sofá, y se dirigió hacia salida.


    Cuando abrió puerta y me vio, se sorprendió, luego mostró una sonrisa forzada al darse cuenta de que había escuchado su conversación.


    Con una sonrisa tranqu dijo: “?Buscas a Sergio? Está aquí.”


    Mis dedos que sostenían el libro de familia se entumecieron, haciéndome a vez incapaz de articr pbras. Pablo le echo un vistazo a lo que tenía en mano y susbios se movieron ligeramente acercándose a mi: “Piensa <i>bien </i>qué es lo que realmente quieres.”


    Rozó mi hombro al pasar y se alejó. El libro de familia, antes ligero en mi mano, se sintió pesado y calienteo un <i>hierro </i>ardiente. Tragué saliva y tardé un buen rato en empujar puerta para entrar.


    Capítulo <b>2 </b>


    Sergio levantó vista al escuchar voz, y su mirada se posó sobre mi rostro. Sin necesidad de mirarme, sabía lo pálida que estaba.


    “?Te sientes mal?” Frunció el ce?o.


    Caminé en silencio hasta su escritorio, tragando amargura en mi garganta y


    respondi: “Si no quieres casarte conmigo, puedo volver a decirle a tu madre. Sandra.”


    La arruga entres cejas de Sergio se profundizó, entendía que había escuchado su conversación con Pablo.


    Mi garganta se sentía amarga y sda mientras le decía: “No esperabal convertirme en algo tan insignificante, Sergio…”


    “Para todos, ya somos esposos.” Sergio interrumpió.


    ?Y qué? ?El quería casarse conmigo solo por los demás? Lo que yo quería era que él me amara y deseara pasar su vida conmigo.


    Con un chasquido, Sergio cerró su pluma, y su mirada se fijó en el libro de familia que sostenía mientras me decía: “El próximo miércoles vamos a registrar nuestro


    matrimonio.”


    Eso era lo que quería escuchar, pero en ese momento, me sentía terrible, simplemente terrible…


    Bajé cabeza, negando con suavidad: “Sergio, no tienes que forzarte, no necesito tu caridad.”


    “Cam Gámez.” mó mi nombrepleto con voz firme.


    Me estremecí, alzando vista para encontrarme con sus impacientes ojos, justo cuando él extendía su mano hacia mí.


    SU


    Apreté el libro de familia en mi mano y el cerró mandib ordenándome: “D?melo.”


    No me moví, y el ambiente se tensó. Unos segundos más tarde, se levantó y se paró frente a mí, suspirando ligeramente, con un toque de resignación: “Estaba bromeando con Pablo, ?de verdad te lo creiste?”


    ?Era solo una broma?


    “Sabes cómo somos los hombres, siempre buscando salvars apariencias.” Su


    14:10


    m


    mano agarró mi brazo, luego se deslizó hasta tomar mi mano, extrayendo el libro de familia.


    “No creass cosas tan fácilmente.” Se giro para guardar el libro en un cajón, luego tomó su abrigo y dijo: “Tengo que salir un momento.”


    últimamente, siempre encuentra una excusa para salir, y cuando lo hace, es por mucho tiempo.


    “Sergio.” Lo mé y le pregunté: “?me quieres?<b>” </b>


    Sergio, justo a mido, se detuvo al escuchar, y sus profundos ojos se varon en mí. Después de un momento, sonrió, mostrando el hoyuelo en su meji izquierda. Sergio tenía una sonrisa encantadora, y era muy cálida. Recuerdo cuando llegué por primera vez a familia Vásquez, cómo se acercó sonriendo y me mó cari?osamente.


    Probablemente fue esa sonrisa que le dio calidez a mi corazón, y desde entonces, no pude liberarme. Hasta ese momento, seguía adorando su sonrisa. Sentí el peso de su mano sobre mi cabeza, revolviéndome el cabello y diciendo: “Por supuesto que te quiero, ?por qué más recorrería media ciudad paraprarte peras al horno, enviarte rosass que te gustan en cada cumplea?os o pa?arte a vers estres fugaces? ?Y ahora… casarme contigo?”


    Cada vez queenzaba a dudar, una sonrisa de Sergio y unas pocas pbras dulces eran suficientes para hacer que me rindiera. Erao a, con él sosteniendo firmemente el otro extremo de cuerda. Dependiendo de su estado de ánimo, contrba mis altibajos. Peros pbras que escuché antes, realmente me afectaron. Esa vez, no me tranquilicé tan fácilmenteo antes, en cambio lo miré a los ojos preguntándole: “?Es el tipo de cari?o que un hombre siente por una mujer?”


    Al decir eso, sentí que mano en mi cabeza se detenía, y su sonrisa set desvanecía. Su mano pasó de mi cabeza a mi meji, tocánd suavemente: “No pienses tonterías. Después del trabajo, volvamos a casa juntos. ?No te gusta el pescado? Pedí que trajeran salmón fresco, te lo prepararé para cenar.”


    Se fue,o tantas otras veces, evadiendo mis pbras. Todavía podía oler su crema de manos en mi nariz, y el calor de su palma en mi meji, pero mi corazón se sentía frío.


    él era bueno conmigo, me cuidaba, también me quería, pero ese cari?o se sentía máso el de familiares, noo el de un hombre hacia una mujer. Y sin embargo, mi corazón solo tenía espacio para él, amándolo durante diez a?os.


    14.10


    Capitulo 2


    Entonces, ?qué debería hacer? ?Casarme con él y vivir una vida matrimonial


    cómoda y aburrida antes de tiempo? ?O dejarlo, para que él pudiera encontrar su


    verdadero amor?


    <b>Capítulo </b><b>3 </b>


    Todo el día estuve pensando en ello, hasta que por tarde él vino a marme y aún sin tener una respuesta, lo seguí. La costumbre es algo terrible, después de diez a?os, me había acostumbrado a él, y también a volver a casa de familial Vásquez después del trabajo.


    “?Por qué no has?” En el camino de regreso, Sergio probablemente sintió que mi ánimo estaba bajo y tomó iniciativa de preguntarme.-


    Guardé silencio unos segundos e intenté decir: “Sergio, tal vez deberíamos…”


    No alcancé a terminar frase cuando el teléfono de él sonó, el identificador de madas mostraba una serie de números sin nombre, pero noté ramente cómo mano de Sergio que sostenía el vnte se tensaba. Se puso nervioso, algo poco.ún én él. Miré su rostro de reojo, y él ya había colgado rápidamente madal para contestar por el Bluetooth: “H… <b>sí</b>, ahora mismo voy para allá.”


    La mada fue breve y después de colgar, me miró diciéndome: “Cami, me surgió un asunto urgente, no puedo llevarte a casa.”


    En realidad, antes de que lo dijera, ya sabía que me iba a dejar, no era primera


    vez. Pero


    antes de que hara, aún guardaba esperanza de que me llevara primero. Mi corazón se pinchó de repente, tratando de reprimir tristeza y le pregunté: “?Qué pasó?”


    Sergio tensó mandíb, no respondió, solo miró hacia fuera del carro diciendo: “Bájate aquí y tómate un taxi para volver.”


    No quería darme explicaciones, y ya había hecho sus nes, ?qué más podía decir? Preguntar, hacer un escándalo, sería solo ponerme en una situación embarazosa.


    “Cuando llegues a casa envíame un mensaje…” Sergio instruyó mientras giraba el vnte, ya había estacionado a undo de carretera.


    Apreté el bolso entre mis manos y sali del carro.


    No es que fuera sensible, pero desde el momento que


    número entrante, hasta que evitó que escuchara mada, ya tenía un presentimiento. Solo que no pregunté, ni dije nada. Algunas cosas erano una capa de papel<b>, </b>eran dejadas ahí para enga?arnos a nosotros mismos.


    “?Ten cuidado en el camino!” Dijo apuradamente antes de irse, pero al final, aceleró y se fue.


    Me quedé ahí parada, mirando dirión en que se fue hasta que mis ojos se cansaron y luego bajé mirada hacia mis pies. El teléfono en mi bolsillo vibró y era una mada de mi mejor amiga, Virginia de Fuente: “?Dónde estás? ?Cenamos juntas?”


    Virginia era ginecóloga, no muy mayor de edad, ni siquiera tenía novio, pero era conocida por ser una excelente médica.


    ‘ro.” Respondi de inmediato.


    Desde el otrodo, Virginia se sorprendió y preguntó: “?Qué estre se va a caer? Normalmente, cuando te invito a cenar, siempre dices, ‘deja preguntarle a Sergio‘, ?qué te pasa hoy que aceptas tan rápido?”


    Senti un nudo en el pecho, pensando que durante esos diez a?os, me había convertido en un esorio de Sergio, incluso para salir a cenar o ir depras con mi amiga tenía que informarle, por miedo a que él no pudiera encontrarme. Pero aquel día,s pbras de Sergio me hicieron darme cuenta de que me había convertido en una carga para él, haciéndolo sentir cansado.


    “?Estás en el hospital o en casa?” No respondi a su pregunta, sino que pregunté.


    Virginia me dio una dirión y me dijo que fuera directamente.


    “?Qué pasa? ?Discutiste con tu presidente Vásquez?” Virginia notó algo raro en mi tan prontoo me vio.


    E era una de mis pocas amigas, así que no le oculté nada.


    Después de escucharme Virginia empezó a maldecir: “Todos los hombres son una mierda, ?ahora te encuentra insípida? Hao si hubiese estado contigo muchas veces.”


    Sus pbras no me consron, todo lo contrario, me hicieron sentir más incómoda. Durante todo el tiempo que estuve con Sergio, nunca pasó nada entre nosotros. Tuvimos momentos íntimos, una vez bebi demasiado y lo provoqué, pero él simplemente me envolvió y me devolvió a mi habitación. En ese momento. pensé que Sergio me respetaba, que no quería aprovecharse de mí estando ebria, pero aquel día me di cuenta de que simplemente no estaba interesado en mí. Dicen que si un hombre realmente ama a una mujer, definitivamente querría estar con e.


    Pero Sergio nunca mostró deseo de hombre hacia mí.


    “Virginia, creo que quiero dejarlo ir.”


    El dilema que había estado rondando todo el día, de repente encontró una


    respuesta en <b>ese </b>momento.


    “Bueno, yo te apoyo.” Virginia chocó su vaso con el mio diciéndome: “Aunque no encuentres un príncipe azul, hombresunes hay por montones, y con esal belleza tuya, ?qué hombre no podrías tener?”


    Virginia tenía razón<b>, </b>a los dieciocho a?os ya había ganado un concurso de belleza, y si no fuera por Sergio, probablemente ya estaría en el camino hacia fama. Con mi belleza, habría recibido innumerables admiraciones y propuestas a lorgo de los a?os, pero nunca me había sentido realmente atraída por alguien. El único que quería era Sergio. Ese pensamiento surgió en mi corazón y me hizo sentir un nudo en garganta. No quería que Virginia viera mi verdadero sentir, así que corrí hacia el ba?o. Sin embargo, terminé chocando con alguien que salía de ahí, y no sé si fue por lo rápido que corría, pero terminé cayendo encima de esa persona.


    Justo cuando iba a disculparme, escuché un grito ag


    Capítulo 4


    Jamás en mi vida pensé que acabaría en estación de policía acusada de conducta indecente. El muchacho con el que había chocado era apenas un adolescente de diecisiete a?os, todavía menor de edad, y estaba convencido de que había tenido intenciones inapropiadas hacia él. Aunque lo negué, él insistió en que lo había tocado.


    “?Dónde te tocó?” Preguntó el policía con gran atención.-


    El joven, mado Arturo Minas, me miró y se?aló su pecho, luego bajó mano hacia su cintura y más abajo… diciendo: “Aquí, aquí… e me tocó aquí<b>.</b>”


    nis


    ?Qué hombre más imbécil! Estuve a punto de soltar un insulto. Si ni siquiera había tocado a Sergio, un hombre increiblemente guapo, ?por qué iba a tocar a ese mocoso que apenas estaba creciendo?


    El policía volvió su mirada hacia mí y, sin esperar a que preguntara, lo negué de nuevo: “No lo toqué, solo fue un idente.


    “?Has bebido?” Preguntó el policía y su mirada llevaba un peso de significado profundo.


    En sociedad, que los hombres beban hasta perderse es normal, pero si una mujer bebe, a menudo se le juzga con severidad.


    Asentí y le respondi: “Si, bebi.”


    “?Cuánto bebiste?” Preguntó el policía, aunque no entendía qué tenía que ver eso con situación.


    Aun así, le respondí con sinceridad: “Una bote de cerveza.”


    El policía mostró una mirada de incredulidad, y de inmediato pensé en mi amiga Virginia, quien podría confirmar mi historia. Pero, justo en el momento en que Arturo y yo estábamos en el suelo, Virginia había recibido un mensaje para regresar al hospital a atender un parto conplicaciones.


    Entendí lo que el policía insinuaba y me apresuré a arar: “No estaba borracha, mucho menos aproveché el estado de ebriedad para hacerle algo a este ni?o.”


    El policía anotó mis pbras y luego miró de nuevo a Arturo diciéndole: “?Estás seguro de que te tocó? Mentir y difamar también son delitos.”


    “Por supuesto que estoy seguro. Arturo era testarudo, y sentí una fuerte urgencia de levantarme y golpearlo.


    14:11


    Antes de que pudiera actuar, los ojos de Arturo se iluminaron diciendo: “Hermana, ?viniste?”


    Siendo menor de edad, era obvio que marían a sus padres. Me giré para


    explicarles situación a sus familiares, pero al ver quién había llegado, me quedé petrificada. Era una pareja, mujer tenía el cabellorgo, negro y liso, vestida con un vestido nco, era encarnación perfecta de dama inmacda. E era Zoé Minas, conocía, y el hombre que pa?aba era Sergio.


    “Arturo, ?qué pasó?” Zoé le preguntó al joven con ansiedad.


    Arturo no respondió, sino que puchereó hacia Sergio: “Hermana, ?este es mi nuevo cu?ado?”


    La expresión de Sergio se endureció, y su mirada hacia mí cambió de sorpresa a frialdad diciéndome: “Cam, ?qué pasó?”


    “Cu?ado, ?conoces a esta mujer? Te digo, e es una rufiana, me tocó aquí y aquí…” Arturo continuó con sus mentiras, haciendo una actuación.


    En ese momento, ya no tenía ánimos para explicar, solo miraba a Sergio. Nos habíamos separado hace unas horas, y ya era el cu?ado de otra persona. Y razón por cual me había dejado apresuradamente antes, parecía estar allí.


    Zoé, que estaba a sudo y me habló con dulzura diciendo: “Un gusto, se?orita, soy Zoé, hermana de Arturo.”


    Me sorprendió que me conociera. ro, era novia de Sergio, y era natural que conociera a gente cercana a él. Sin embargo, nunca había tenido trato con Zoé, sabía de e porque su esposo habia fallecido en un idente de tráfico hacía poco, y Sergio, siendo el mejor amigo de su esposo, estuvo ocupado sin parar durante tres días.


    Tragué el amargor en mi garganta y dije: “Solo fue un idente, choqué contra tu hermano sin querer y caí sobre él, pero no hice lo que él dice<b>.</b><b>” </b>


    yo


    Zoé sonrió disculpándose: “Lo sé, él siempre ha sido un travieso.”


    Después, Zoé se acercó a Arturo y le dio un par de golpes ligeros en cabeza, luego explicó situación al policía, quien revisós cámaras de seguridad paraprobar que no mentía,


    “Ya que ambos se conocen, podrían llegar a un acuerdo para resolver esto, de lo contrario, este joven podría ser retenido por hacer una falsa acusación.” Dijo el policía.


    Zoé inmediatamente tiró de Sergio, aunque el gesto fue peque?o, había una


    cercanía e intimidad evidentes. Sergio, una figura de autoridad, siempre tenía una aura de inesibilidad, y no le gustaba que gente lo tocara. La rción entre ellos tenía que ser muy cercana para que e pudiera hacerlo sin problema. En ese momento, el contacto de Zoé no le causó ninguna iodidad, por lo que ramente no debía ser primera vez.


    Hay cosas sobres que prefiero no profundizar demasiado.


    En cuanto a hacers paces, estuve pensando unos segundos y justo cuando iba a har, Sergio tomó pbra por mi, diciendo: “Fue un malentendido, déjalo así.”


    Luego, senti un tirón en mi mano, Sergio me agarró y me llevó hacia afuera.


    Capítulo 5


    Mis manos dolían por el apretón y era ro que él estaba enfadado. ?Estaba celoso? Justo cuando ese pensamiento cruzaba mi mente, Sergio soltó mi mano, con una mirada gélida diciendo: “Cam, ?así eso neas vengarte de mi por lo que dije?”


    Me quedé algo atónita, no esperaba que él pensara eso.


    “No lo hice, yo…” No terminé de explicar cuando me interrumpió.


    “?Lo tocaste? ?Realmente lo tocaste ahí?” La mandíb de Sergio estaba tensa, y en sus ojos había una luz ferozo si fuera a devorar a alguien. Era raro verlo así, definitivamente estaba celoso. De repente, molestia en mi corazón se dispersó bastante, ya que parecía que después de todo él si se preocupaba por mí.


    sí Si él me considerara solo una hermana o una amiga, no le importaría que tocara a otros hombres.


    “No.” Negué nuevamente.


    Justo entonces, Arturo salió de adentro, silbándome: “Mujerzu, ?cómo es que estás seduciendo a mi cu?ado?”


    De una nta de espinas no se puede esperar flores, y ese dicho no podría ser más cierto. Viendo esa cara de sapo de Arturo, no pude evitar preguntarme en qué vida pasada habría forjado tal enemistad con él. Viendo a los hermanos acercándose, especialmente a Zoé con esa cara pálidao luz de luna, pensando en cómo e había tocado a Sergio, subí mi mano al brazo de Sergio. Sin embargo, senti ramente cómo su músculo se tensaba.


    “Deja de decir tonterías.” Zoé llegó retorciendo a Arturo.


    E se paró frente a nosotros, con una cara llena de disculpas y dijo: “Sergio, Cam, lo siento.”


    “No es tu culpa.” Sergio miró hacia Arturo diciéndole: “Si vuelves a causar problemas, nadie vendrá a salvarte.”


    “Je.” Arturo lo miró desafiante: “?Y tú quién eres para decir eso? Si decides ser mil nuevo cu?ado, entonces te escucharé.”


    “?Arturo!” Zoé lo rega?ó y le dio otro golpe.


    Arturo lo esquivó replicando: “Hermana, él obviamente te quiere, ?por qué más estaría contigo día y noche cuidándote?”


    14:11


    Capitulo 5


    Mi mano en el brazo de Sergio se tensó, esos días él no había estado en casa ni de día ni de noche, siempre saliendo de oficina porrgos periodos, todo para estar con mujer frente a mí… E era esposa de su amigo, este había muerto en un idente, y él cuidánd no estaba mal. ?Pero necesitaba cuida todos los días? ?Cuida hasta el punto de dejar que otros malinterpretaran sus sentimientos?


    “Estás hando tonterías.” Zoé se sonrojó aún más y golpeó a Arturo con más


    fuerza.


    El joven de diecisiete a?os, lleno de rebeldía, al ser golpeado en su desesperación levantó instintivamente mano, y Zoé tropezó, cayendo hacia undo. Sentío si me empujaran, tambaleándome un par de pasos, casi cayendo.


    Cuando finalmente me estabilicé, Sergio, quien me había empujado, ya estaba aldo de Zoé, arrodido sosteniénd: “Tontita, ?estás bien? ?Dónde te duele?”


    “Mi… mi estómago duele, Sergi.” La voz de Zoé era débil, agarrando fuertemente el bra de Sergio.


    “No tengas miedo, te llevaré ahora al médico, no tengas miedo.” La voz de Sergio temba de pánico.


    Yo estaba ahí parada,o un tronco petrificado, había visto a Sergio en millones de formas, pero nunca tan desesperado y preocupado. Y era por otra mujer. Sergio cargó hacia el auto, mándome con voz alta: “Cam, ven a manejar.”


    Yo seguía petrificada, sin moverme.


    “?Apúrate, si le pasa algo a mi hermana, verás cómo te arreglo!” Arturo se acercó amenazante a jrme.


    Cuando me tocó, no sé qué me pasó, pero levanté mano y le solté una bofetada: “No me toques, imbécil.”


    La cara pálida de Arturo instantáneamente quedó marcada con cinco dedos ros, los dos en el auto se quedaron atónitos y Arturo aún más.


    Capítulo 6


    No esperaba que le diera una bofetada, pero en solo un segundo, Arturo perdió cabeza, listo para golpearme: “Maldita sea.


    “?Arturo!” Sergio lo rega?ó con frialdad: “Si te atreves a toca, te aseguro que te volveré a meter trass rejas.”


    d a <i>mi </i>


    Esa amenaza funcionó. Arturo retiró su mano y nosnzó una mirada furiosa a r y a Sergio antes de marcharse con grandes pasos.


    “?Arturo!” Zoé lo mó, pero después de un solo grito, se agarró el estómago con dolor: “Ay, duele mucho, Sergi, llévame al médico rápido.”


    “?Cam!” Sergio me mó de nuevo.


    Viendo el dolor de Zoé, dejé dedo cualquier otro pensamiento o emoción y me apresuré a entrar al auto, dirigiéndome directo al hospital.


    Al llegar, Sergio, sosteniendo a Zoé, le dijo apresuradamente al doctor: “Doctor, e está embarazada, acaba de caerse y ahora le duele mucho el estómago.”


    ?Embarazada? Mis pasos<b>, </b>siguiéndolos de cerca, de repente se sintieron pesadoso llenos de plomo, siendo incapaces de moverse más, y mi corazón se hundió El esposo de Zoé ya no estaba, ?cómo podría tener un hijo? Mi mirada cayó sobre cara llena de pánico de Sergio y su nerviosismo… ?podría ser que…?


    Zoé fue llevada a s de emergencias, mientras Sergio y yo esperábamos afuera. No conocía bien a Zoé, no tenía un vínculo con e, así que no estaba exactamente preocupada. Pero Sergio estaba ramente angustiado. Lo observél detenidamente por <b>un </b>momento, y él se mantuvo mirando puerta de s de emergencias,o si hubiera olvidado existencia de su prometida que era yo. La amargura se acumba en mi corazón, y después de tragar varias veces, finalmente hablé: “El ni?o<b>… </b>?es tuyo?”


    No quería hacer suposiciones, así que pregunté directamente. Sergio se volteó, un destello de sorpresa cruzó sus ojos antes de que su mirada se profundizara: “?De qué has? Por supuesto que no, es el hijo póstumo de Miguel Ramos.”


    Sentí un alivio interno. Miguel era el esposo de Zoé y un buen amigo de Sergio desde hacía a?os. Hacia un mes, había muerto <b>en </b>un idente de auto.


    “Solo cuido de Zoé siguiendo el último deseo de Miguel.” Explicó Sergio.


    Recordando cómo Sergio volvió a casa después de lidiar con el idente de Miguel, con el cabello desordenado y barba cubriéndole mandíb, parecía


    14.11


    Capitulo 6


    un hombre salvaje escapado des monta?as. La profunda amistad entre ellos. hizo que cuidar de viuda de su amigo fuera lo correcto. En ese momento, incluso me sentí algo culpable por los pensamientos fugaces que había tenido antes. Levanté mi mano y tomé suavemente el brazo de Sergio, explicándole los eventos de esa noche: “No toqué a ese ni?o, él solo estaba tratando de incriminarme.”


    Sergio me miró, susbios se movieron ligeramente, y después de un momento, extendió su mano y pellizcó mi meji diciéndome: “No vuelvas a beber.”


    Quería decir que apenas había bebido un poco cuando puerta de s de emergencias se abrió.


    El doctor salió y se dirigió naturalmente hacia Sergio diciendo: “Familiar de paciente, por favor firme aquí.”


    Sergio me miró antes de tomar el boligrafo del doctor, pero antes de firmar, preguntó: “Doctor, ?cómo está e ahora?”


    “Tu esposa tiene signos de aborto espontáneo. Ahora necesitamos hacer un tratamiento para intentar salvar el embarazo, pero también podría no tener éxito, así que necesitas firmar.” Explicó el doctor.


    “Doctor, por favor, haga todo lo posible por salvarlos.” Dijo Sergio con urgencia.


    “Por supuesto, pero apúrate y firma.” Bajo insistencia del doctor, Sergio firmó en sión de familiares de Zoé. Sabía que solo firmar no significaba nada, pero nunca imaginé que mi prometido se convertiría primero en el familiar de otra


    persona.


    Capítulo <b>7 </b>


    Zoé tuvo un susto pero, afortunadamente, el bebé estaba bien y e regresó a habitación del hospital. Su rostro estaba pálido y feo, con los ojos rojos, y con su aspecto pálidoo luz de luna, realmente se veía frágil y digna de lástima.


    “No te preocupes demasiado, el ni?o está bien. Sergio consoló.


    “Sergi, tengo mucho miedo.” Lloró Zoé.


    Sergio le pasó un pa?uelo, Zoé lo tomó y también agarró su mano, apoyando <b>sul </b>cara llena de lágrimas en el dorso de su mano. Aunque e daba pena, ?eso le daba derecho a considerar al prometido de otra personao suyo?


    Me acerqué y le dije: “Zoé, el doctor dijo que no es bueno para el bebé que una embarazada se altere tanto. Con trabajo lograste mantener al bebé, si sigues llorando y hay problemas, será peor.”


    Dije eso mientras extendía mi mano para ayuda, disimdamente alejánd. Pero viendos lágrimas que dejó en el dorso de mano de Sergio, todavía me sentí mal,o si algo mío hubiera sido ensuciado por otra persona. Tenía un problema con limpieza, tanto en vida cotidianao en mis rciones. personales. La expresión de Zoé se tensó por un momento, pero rápidamente ajustó su estado de ánimo.


    “Sergi, lo siento, mira lo que…”


    Dijo eso mientras intentaba tomar un pa?uelo para limpiarle mano a Sergio.


    Le bloqueé el paso diciéndole: “Zoé, mejor no te muevas demasiado ahora.”


    La expresión de Zoé se endureció, y sus ojos llorosos y suplicantes miraron hacia Sergio, ramente llenos de admiración.


    “?A Zoé le gustas?” Le pregunté directamente a Sergio al salir de habitación del hospital.


    “?No!” Sergio lo negó.


    “?Y a ti te gusta e?” Si iba a preguntar, quería dejars cosas ras. No quería quedarme colgada.


    La expresión de Sergio ramente se tenso, y después de unos segundos, dijo en voz baja: “Solo somos amigos…”


    ?Solo amigos<b>? </b>


    14:11


    “Miguel ya no está, y en sus últimos momentos, tomó mi mano, pidiéndome cuidar de e…” La voz de Sergio temba, incluso sus manos colgantes. Parece que cada vez que se menciona muerte de Miguel, se altera mucho, no era primera


    vez.


    Mi corazón se encogió por suportamiento y le dije: “No tenía otra intención, es solo que vi a Zoé muy dependiente de ti.”


    “E… probablemente porque está embarazada y se siente insegura estando s.” Sergio explicó por e, sus ojos se fijaron en mi rostro y me dijo: “Cami, en el futuro seré más cuidadoso.”


    Al decir esto, ?qué más podía decir yo? Pero aun así, le recordé: “Aunque cuides de e por Miguel, recuerda que hay límites entre hombres y mujeres.”


    No quería ver una escenao de antes, no quería iodarme.


    “Sí, lo sé…”


    Justo cuando terminó de har, escuchamos el ruido urgente des ruedas de un carrito chocando contra el suelo. Giré cabeza para mirar, y vi a un grupo de personas empujando una cami de emergencia hacia nosotros rápidamente. Justo cuando iba a hacerme a undo, escuché profunda voz de Sergio diciendo “cuidado“, y luego me jaló, haciendo que cami pasara rápidamente por detrás de nosotros.


    Me quedé en sus brazos, escuchando lostidos de su corazón retumbando en mis oídos. Ese sonido me hizo recordar cuando recién llegué a familia Vásquez, una vez que participé en una actividad escr y identalmente caí desde una altura. En ese momento, Sergio corrió hacia mi, me abrazó y me dijo que no tuviera miedo, luego me llevó corriendo al consultorio médico. Fue primera vez que escuché lostidos de su corazón, tan rápidos, tan frenéticos… Mi verdadera atrión por élenzó en ese momento también… En este momento, su corazón aúntía: rápido, rápido y seguía siendo por mi.


    Cerré los ojos, tratando de no pensar en otras cosas y apoyé mi cara más en el pecho de Sergio: “Vamos a casa, estoy cansada.”


    “Está bien, le diré a Zoé. Dijo Sergio, soltándome y besando mi frente.


    No entré a habitación del hospital, sino que esperé en puerta.


    No escuché lo que Sergio le dijo a Zoé, pero cuando él salió, escuché su sollozo.


    Cuando Sergio y yo regresamos a casa, sus padres todavía estaban despiertos, sentados en el sofá viendo televisión, sin har el uno al otro. Normalmente, casi


    no haban entre ellos. Le pregunté a Sandra y me dijo que, después de tantos a?os de matrimonio, cuando uno está acostumbrado a ver al otro todo el tiempo, ?qué más queda por decir?


    Capítulo 8


    Sergio me había contado que su amor de juventud también fue apasionado, pero al final se convirtió en algo rutinario. Quizás, así erao terminaba siendo el amor. “?Papá, mamá!”


    “?Se?ores!”


    Sergio y yo saludamos a cada uno respectivamente.


    “?Ya cenaron? Si no, todavía hayida guardada para ustedes.” Sandra habló con una dulzura.


    “Ya cenamos.” Respondió Sergio mirándome: “?Tienes hambre todavía, quiereser algo más?<b>” </b>


    Casi no habíaido en cena, pero en ese momento no sentía ni un poco de hambre, por lo que dije: “No, gracias.”


    “Entonces suban a descansar, en un rato empleada les subirá leche.” Dijo Sandra con una sonrisa<b>. </b>


    No sé si fue mi imaginación, pero esa sonrisa me pareció un poco extra?a, sin embargo, subí sin darle muchas vueltas, hasta que al abrir puerta me quedé parada, girando cabeza hacia Sergio. él, parado en entrada, también me miró.


    Antes de que pudiera bajar, Sandra ya había subido: “Cami, olvidé decirte que vamos a arrer el cuarto de Sergio su habitación de matrimonio, por ahora. él se quedará en tu cuarto.”


    “Mamá, Cami y yo neamos mudarnos después de casarnos, ?para qué arrer una habitación de matrimonio aquí?” Preguntó Sergio.


    “Aunque se muden, no significa que no vayan a quedarse aquí de vez en cuando, en fiestas o si se hace tarde.” Sandra lo rega?o con mirada, llevándolo a puerta de mi cuarto y diciéndole: “Ustedes dos están a punto de casarse, no hay problema en quepartan cuarto.”


    “Cami, ?tú qué opinas?” Sandra me pregunto.


    Las pbras que Sergio había dicho a Pablo resonaron en mi cabeza, dejándome sin saber qué responder.


    “No hay problema.” Sergio respondió por mi.


    Levanté vista hacia él y en el siguiente segundo, su mano rodeó mi hombro y


    entramos al cuarto.


    “Mamá, ?buenas noches!” Con eso, Sergio cerró puerta del cuarto.


    Ni Sergio ni yo hamos, el ambiente estaba un poco tenso, y también algo cargado. Sobre todo porque cama estabapletamente decorada,o si esa fuera nuestra noche de bodas.


    ??


    Mi rostro se calentó y le dije: “Eh… voy a cambiarme…”


    Me solté de Sergio, pero él me agarró de nuevo, mirándome con esos ojos profundos. Mi corazóntía descontrdamente, y mi respiración se hacía pesada. La garganta de Sergio se movió, se acercó un paso hacia mí, haciendo que todos mis nervios se tensaran. Se acercaba más y más, su mano subia lentamente por mi brazo, hasta llegar a mi hombro, luego a mi nuca, y su rostro se inclinaba hacia el mio.


    Mis manos, nerviosas, también lo agarraron y le dije: “Serg…”


    Mis pbras fueron interrumpidas por susbios, su beso era feroz y ardiente, algo que nunca había experimentado antes. A lorgo de los a?os que estuvimos juntos, ro que hubo besos. Pero siempre eran ligeros, nunca había explorado más allá de misbios, pero esa noche era diferente, sus besos eran intensos. Y yo, nerviosa, incluso temba, impidiéndole profundizar más.


    Sergio no continuó, sino que me susurró al oído: “Relájate un poco.”


    Tras decir eso, sentí mi cuerpo aligerarse, él me levantó y me colocó en cama. Cuando sus dedosenzaron a desabrochar mi camisa, mis dedos de los pies. se curvaron de nerviosismo… Podía vers venas de su frente resaltar, y su garganta moverse intensamente. Aunque nunca había experimentado el acto entre un hombre y una mujer, siempre había escuchado historias, sabía que él en ese momento se sentía igual que yo, emocionado… Quizás, lo que decía de no estar interesado, era solo porque no lo había intentado. ?No hay un dicho que ha sobre saborear esencia de algo? Cerré los ojos, esperando el inicio de nuestro viaje íntimo. Justo cuando mi ropa empezaba a deslizarse y susbios apenas tocaban mi cuello… El celr de Sergio sonó.


    Me estremeci, agarrando sy brazo por instinto y encogiéndome: “Sergio…”


    Capitulo 9


    Capítulo <b>9 </b>


    Aunque no me encontrabapletamente enamorada hasta perder el sentido, el hecho de que él tomara una mada o se marchara en ese momento, sería una humición para mí. Movió su garganta, agarró el teléfono y directamente lo colgó, continuando con sus besos en mi cuello, mi víc… Sin embargo, al segundo siguiente el teléfono sonó de nuevo, sabía que si no atendíamos esa mada, ni Sergio ni yo tendríamos paz.


    Giré mi rostro hacia undo y le dije: “Contesta.”


    Una sombra de inquietud cruzó el rostro de Sergio, tomó una manta que estabal cerca para cubrirme y se llevó el teléfono hacia el balcón.


    Aunque cerró puerta corrediza del balcón, su profunda voz aún llegaba hasta mí. “No puedo ir, deja que enfermera te ayude.”


    “No he dicho que no me importe… sé que es mi culpa… está bien, no llores más, iré, ahora mismo voy…<b>” </b>


    Después de eso, no escuché más pbras, solo el sonido de un encendedor encendiéndose. Sergio estaba fumando. Por primera vez, estaba fumando en casa. Pasaron casi diez minutos antes de que Sergio regresara, el aire se llenó con el aroma del tabaco.


    Miró hacia mi con ojos inseguros y dijo: “Eso… tengo que salir un momento, es Zoé, está s en el hospital y se siente insegura…<b>” </b>


    Inusualmente, no intentó enga?arme ni ocultármelo.


    Mi cuerpo bajos mantas se enfrió y le pregunté: “?Un hombre casi casado cuidando de e, eso está bien?”


    “Yo…


    … yo voy a buscarle una enfermera.” Sergio dijo mientras empezaba a arrer su ropa desordenada por mi.


    Sabía que no podía detenerlo, vergüenza y tristeza se agolpaban en mi pecho: “Sergio.”


    “?Si?” Levantó cabeza para mirarme, con inseguridad en sus ojos.


    Probablemente temía que <i>yo </i><i>lo </i>s


    a mí y no le permitiera ir.


    Sergio también era un magnate de los negocios en Los Cabos, ?cuándo había temido algo? En aquel momento, frente a mi, estaba nervioso de una manera que


    14:11


    Capitulo 9


    parecía desconocida. Las pbras se atoraron en mi garganta y no pude decir más<b>, </b>solo forcé una amarga sonrisa: “Ten cuidado en el camino.”


    Dicho esto, me hundi aún más ens mantas y cerré los ojos. Un momento. después, escuché los pasos de Sergio acercándose, y con su aliento cerca, algo cálido tocó mi frente. Al alejarse, susurró: “Lo siento…”


    él sabía que eso mestimaría, pero aun así lo hizo.


    Η


    Tal vez mi constante tolerancia le hizo pensar questimarme una o dos veces no importaría. Sergio se fue, pero el fuego que había encendido dentro de mí aún no se apagaba, así que me sumergí en ba?era. Virginia me mó, y cualquier rastro de afecto que tuviera desapareció, allí estaba, tumbada en ba?era, distraída.


    “?Qué hace Sergio en nuestro departamento de ginecología? ?Qué es esa tal Zoé para él??


    No me sorprendió que Virginia lo supiera, tampoco le oculté nada y le conté todo. Virginia se enfureció al instante y dijo: “?Un hombre que estaba a punto de casarse cuidando de una viuda? ?Se volvió loco? ?No sabe que eso solo trae problemas<b>, </b>y aun así quiere meterse en ese lio?”


    Incluso Virginia pensaba que no era adecuado, siendo e una amiga tan cercana que podríamospartir misma ropa, no me importó exponer mi propia vergüenza y dije: “?Qué pensarías si te dijera que él se levantó de encima de mi para irse?”


    Virginia se quedó cada unos segundos: “No me digas, ustedes estaban haciendo… eso?”


    “No, pero nos habíamos quitado mitad de ropa.” Al decirlo, incluso yo me sentío una broma.


    “?Carajo!” Virginia, siempre tan elegante y refinada, de repente soltó un improperio, “Si Sergio pudo frenar en seco incluso con los pantalones bajados, o no puede, o es que…”


    <b>Capítulo </b><b>10 </b>


    Virginia se contuvo. No lo dijo, pero entend que quería decir que Sergio no me amaba lo suficiente. Si me amara, no podría haberme dejado s en esa


    situación, si realmente me amara, no estaría con otra mujer a altas horas de noche. La difunta esposa de su mejor amigo era digna de lástima, y no estaba mal que él cuidara de e, pero cruzó un límite,


    “Me dijiste que neabas rendirte, entonces, adiós, que el siguiente sea mejor.” Me animó Virginia.


    No dije nada, renunciar a Sergio era fácil, ?pero qué pasaba con familia Vásquez? En aquel momento, familia Vásquez era mi hogar, Ricardo y Sandra me tratabano si fuera su propia hija.


    Durante todos esos a?os, ellos me criaron, especialmente Sandra, quien fueo una madre para mí, ense?ándome qué hacer cuando tuve mi primer período yvando mi ropa sucia.


    Virginia entendió algo de mi silencio: “Cam, a lo mejor estamos pensando mal, piensa en lo bueno que Sergio ha sido contigo todos estos a?os, siempre diciendo que eres su esposa. Ahora, cuidar de una viuda debe ser simplemente su gran corazón. De todas formas, no creo que él tenga algo con una viuda, especialmente) una embarazada, no creería que quiere cargar con el hijo de otro.”


    Pensando en cómo Zoé miraba a Sergio pregunté: “?Y si flor cae intencionadamente, pero corriente recibe con gusto?”


    “?Qué?” Virginia estuvo sorprendida unos segundos y luego suspiró: “No es imposible, tu Sergio es el marido ideal para miles de mujeres, ni har de una viuda.”


    “Es en estos momentos cuando Sergio más debe mantener distancia con e. Cuando una mujer está vulnerable, cualquier muestra de cari?o puede convertirse en un salvavidas al que se aferraría.” Virginia se detuvo un momento: “Esta noche te cubro, no pasará nada.”


    Recién ahí recordé que Virginia solo iba a trabajar horas extras temporalmente y le dije: “No te preocupes, termina tu trabajo y ve a descansar. Este tipo de cosas, tal vez puedas prevenir algo ahora, pero no siempre, si realmente pasa algo entre ellos, me temo que…”


    Me detuve, pensando en elportamiento inusual de Sergio últimamente y terminé frase: “Me temo que ya habría pasado.”


    <b>14 </b><b>15 </b>


    Capitulo 10


    Virginia resopló y me dijo: “Tienes razón, pero Cami, no te obsesiones. Si Sergio realmente te traiciona, corta por lo sano y sigue tu camino. Después de todo, sigues siendo virgen, puedes encontrar fácilmente a un hombre guapo.”


    “Je.” Me reí, ?debía estar agradecida de que en todos esos a?os, lo mío con Sergio nunca hubiera de cari?o a algo más?


    Fingi un bostezo y terminé mada con Virginia.


    En una noche así, definitivamente no podía dormir, y Sergio no regresó hasta que casi amanecía. Tenía que trabajar fuera ese día, así que me levanté temprano y salí antes de que Ricardo y Sandra se despertaran, en parte porque temía que preguntaran. Si, era cierto que habitación de Sergio estaba siendo remodda, pero el propósito de Sandra era darnos oportunidad a Sergio y a mí de hacer ‘lo inevitable‘. Pero sus esperanzas fueron en vano, y eso también fue embarazoso para mí. No poder hacer que un hombre se desviva por ti, a veces se sienteo un fracaso.


    Alrededor des ocho, justo cuando llegaba con el socio, me entró una mada de Sergio. Miré el número, vacilé unos segundos, pero no contesté.
『Add To Library for easy reading』
Popular recommendations
The Wrong Woman The Day I Kissed An Older Man Meet My Brothers Even After Death A Ruthless Proposition Wired (Buchanan-Renard #13)