Capítulo 367
#Capítulo 367 – Trampa
e
“?E!” Cora grita cuando uno de los hombres rodea sudo del auto yienza a golpear su ventana
con una pnca, el vidrio se rompe y luegoienza a caer dentro del auto. Pero no tengo tiempo de
responder. Ya me estoy desabrochando el cinturón ynzándome al asiento trasero hacia mi hijo, que
grita sangriento asesinato.
Mis ojos se dirigen al otrodo del auto, donde se acerca otro hombre, levantando su propia pnca
paraenzar a golpears ventanas. Ahora entro en pánico: estamos atrapados,pletamente
atrapados, no hay forma de salir del auto.
élienza a golpear ventana trasera, trabajando para acercarse a Rafe y a mí, y tomo una
decisión rápida, transformándome instantáneamente en mi lobo y, cuando pnca atraviesa
ventana, agarránd entre mis dientes y tirando tan fuerteo pueda. Puedo –
El hombre grita, perdiendo el equilibrio de modo que su brazo ahora estápletamente en parte
trasera del auto, y dejo caer pnca (ignorando el zumbido en mi mandíb y mis dientes) y vuelvo
a golpear, esta vez más alto, mis dientes se hunden en carne. de su codo y parte superior del brazo.
él grita, tratando de tirar hacia atrás, pero yo me hundo en cuclis, gru?endo, dejando que le rompa
el brazo en pedazos mientras intenta alejarse de mí.
Deja un poco de sangre cuando retira su mano y su brazo del auto, dejando caer pnca mientras
avanza, y me transformo nuevamente en mi cuerpo, volviéndome hacia mi hijo que grita, pero distraída
nuevamente cuando escucho a Cora gritar.
Jadeo, giro hacia e y veo al hombre que irrumpió por su ventana casi porpleto en el auto ahora,
agarrando un cuchillo en sus manos.
Y con horror observo cómo levanta ese cuchillo en el aire y luego lo hunde, brutalmente, en carne
de su espalda – y luego gira su mano hacia undo para arrastrarlo a través de su carne –
Pero antes de que pueda llegar lejos, estoy vndo hacia él, mis u?as se convierten en garras en el
borde de mis dedos que primero hundo profundamente en su brazo.
Mientras grita y deja caer su cuchillo, vuelvo a deslizar mis garras por su cara, su cuello, sus hombros,
cualquier lugar al que pueda llegar.
Gritando de miedo, el hombre se retira de ventana hacia eldo izquierdo del auto y yo menzo
detrás de él, transformándome nuevamente en mi lobo antes de saltar hacia él, atacandolo de
cualquier forma que pueda.
No me detengo hasta que deja de gritar, deja de hacer ruido, y luego me giro y veo al hombre con el
brazo destrozado reclinándose en el auto, alcanzando a mi hijo y salto hacia él a continuación.
Su muerte es rápida, sangre de su vida corre por mi barbi mientras me transformo nuevamente en
mujer, mientras me giro para buscar al sacerdote.
Me giro para verlo parado frente al auto, su magia oscura todavía girando alrededor de sus manos y
extendiéndose hacia el auto, trabajando para mantenernos en el lugar.
“Si te vas ahora”, gru?í, avanzando hacia él, “te dejaré vivir. Pero tienes unos segundos para decidir”.
“Ven por mí, ni?a”, se ríe, haciéndome se?as para que avance.
Y así lo hago.
Con un rugido salvaje, dejé que mis u?as se extendieran nuevamente hacia sus garras, dejé que mis
dientes se afran hasta convertirse en colmillos y luego salté hacia él, listo para desgarrar su carne
en pedazos.
Pero antes de que pueda alcanzarlo, aleja su magia del auto para envolverme. Jadeo, ara?ándome
garganta mientrass sombras oscuras se envuelven alrededor de mi cuello, mis pies patean
salvajemente mientras él me levanta en el aire. Y luego, mientras lo observo,ienza a murmurar –
comienza a decir algún tipo de hechizo –
Y siento que mis colmillos se encogen, siento que mis garras se retraen en mis manos.
Y luego se ríe de mí otra vez antes de bajarme, jadeando, de regreso al suelo del bosque.
Lo miro confundida, asombrada, por un segundo mientras él niega con cabeza. “?Y ahora qué,
peque?a?” murmura,deando cabeza hacia mí con una sonrisa sucia. “?Con qué tienes que luchar
ahora que tu lobo se ha ido?”
Y gru?o – y trato de transformarme pero-
No pasa nada. Jadeo y retrocedo un paso mientras lo intento de nuevo.
Pero nada –
Y luego me alejo de él, desesperada, sabiendo que yo… no puedo luchar contra él si no tengo a mi
lobo…
Y da un paso perverso hacia mí cuando ambos giramos cabeza hacia undo ante el sonido de los
neumáticos del auto chirriando, el motor acelerando con fuerza.
Y jadeo cuando el auto choca contra el sacerdote, haciéndolo dorse por mitad antes de enviarlo
vndo al suelo del bosque, donde se golpea cabeza, con fuerza, contra unarga roca gris.
“?E!” Cora jadea desde el auto y al instante me pongo en movimiento, corriendo hacia e.
Abro puerta deldo del conductor y casi estoy sollozando cuando puse mis ojos en e – – sangre
– tanta sangre y mi hermana cubierta en e-
“?Cora!” Lloro, alcanzánd, pero e se aleja de mí, y mientras miro me doy cuenta de que e se
está moviendo hacia el asiento del pasajero para que yo pueda sentarme en el asiento del conductor y
así poder conducir.
“E”, gime, mirando frenéticamente a su alrededor, tratando de evaluar el da?o.
“Vamos”, gru?í,nzándome en su asiento abandonado, mirando rápidamente hacia el asiento trasero
a mi ni?o que gritaba, asegurándome de que todavía estuviera atado. Luego, tan prontoo cierro
puerta del conductor detrás de mí, nos movemos.
Retrocedo unos pasos, mirando al sacerdote que de repente aparece pero que no se mueve, un gran
charco rojoienza a formarse en roca sobre que aterrizó. Pero luego vuelvo mis ojos a
carretera que tenemos dnte, apreto el acelerador con fuerza y me dirijo hacia e.
Salimos del bosque en un instante, dejando atrás horrible escena. Mi respiración se acelera, mi
corazón se acelera, mis manos tiemn mientras trato de concentrarme de inmediato en carretera y
evaluar a mi hermana.
“?Cora!” Grito, miránd y viendo sus ojos cerrados. “?Cora, ha conmigo!”
“Estoy, estoy bien”, me murmura, con un fuerte gemido a continuación en susbios.
“?Dímelo de verdad, Cora! ?Dime qué está pasando! ?No intentes salvarme de eso!
Presiono el auto con más fuerza, vndo pors carreteras a lo que probablemente sea una velocidad
imprudente, rezando en lo más profundo de mí para que no nos encontremos con más sacerdotes –
más barreirs–.
Los ojos de Cora se abren de golpe y miro. “Lo digo en serio, E”, jadea, presionando una mano en
su espalda donde está sangrando. “Fue una… una pu?da indirecta. No creo que haya golpeado
nada también.
importante – Lo haría”, jadea cuando golpeo un bulto y hago una mueca cuando veo el dolor atravesar
su rostro, veo palidecer.
“?Sigue adnte, Cora!” La animo, mis ojos se mueven rápidamente entre e y carretera. “?Dime!”
“Sentiría más dolor”, jadea, “si se hubiera golpeado un ri?ón. Creo que todo estará bien, E, pero
ahora tengo que ir al hospital…
“No, no lo hacemos”, gru?í, girando el auto hacia undo y haciendo que Cora jadeara mientras nos
deteníamos en el arcén de carretera.
“?E, tenemos que irnos!” e grita, ?podría haber más!”
“?No!” Grito, estacionando el auto y luego respirando jadeantemente mientras cierro los ojos. Cora se
queda en silencio al darse cuenta de lo que estoy haciendo, pero aunque puedo alcanzar ese estado
lavanda, aunque puedo sentir mi don cuando lo alcanzo,…
Se me escapa des manos.
N?velDrama.Org content rights.
“Cora”, lloro de agonía, con los ojos muy abiertos. “El Sacerdote 1 me hizo algo: ató a mi lobo, no
puedo alcanzar el regalo”.
“Está bien”, dice, inclinándose hacia adnte para agarrar mi hombro y jadeando por el dolor que eso
le causa. Sacudo cabeza hacia mi hermana, con miedo y disculpa en mi rostro. “En serio, E”, dice,
jadeando un poco, “está bien. Simplemente… volvamos al camino, ?vale? Necesito atención médica.
Y si no puedes conseguirlo, tenemos que ir a otro lugar”.
“Está bien”, digo, apretando los dientes, decidida. Y luego volvemos a carretera lo más rápido que
puedo. Pronto, el viento que entra a través des ventanas rotasienza a aur a nuestro
alrededor. “Está bien, Cora. Te llevaré allí. Te llevaré al hospital lo más rápido que pueda”.
“No”, jadea, apretando los dientes y cerrando los ojos. “Llévame con Hank; él sabrá qué hacer.
Tenemos que ir a ver a Hank”.
“Está bien”, digo, asintiendo con ansiedad. Iremos con Hank. Ahora mismo. él te curará”.
Me vuelvo hacia carretera con renovada convión mientras mi hermana jadea a mido y mi bebé
llora en el asiento trasero. Y luego, antes de perderme en el
Camino, me inclino debajo de mí para agarrar el teléfono de Henry, que debe haberse caído del
bolsillo de Cora.
“Aquí”, digo mientras rebota en su regazo, haciénd abrir los ojos. “Si puedes, Cora, envíale un
mensaje de texto a Sinir. Cuéntale lo que pasó”.
Y mientras me concentro en el camino, Cora toma el teléfono.