17kNovel

Font: Big Medium Small
Dark Eye-protection
17kNovel > El despertar del Drag贸n > Cap铆tulo 2249

Cap铆tulo 2249

    Capítulo 2249


    Competencia


    Josías miró a Demithor, tragando saliva nervioso.


    —Vaya, pero si es el se?or Carrión de Secta Vientofuerte. ?Cómo está su padre?


    No podíaprender por qué alguien de secta oculta iba hasta ahí sólo por el cadáver de Jaime.


    Entres sectas ocultas, Secta Vientofuerte estaba por encima de Secta Luminosa. Sin embargo,


    Demithor no le dedicó ni una mirada a Josías. Esto hizo que éste se sintiera demasiado incómodo.


    Al presenciar esta escena, Pascual se hizo a undo y no se atrevió a emitir sonido alguno.


    Como el n Artesano apenas se rcionaba con el reino mundano, no conocías sectas ocultas.


    Sin embargo, a juzgar por actitud de Josías, Pascual pudo deducir que persona que tenía dnte


    era alguien a quien no podía permitirse ofender.


    —Demithor, ?no has escuchado har del orden de llegada? Nosotros llegamos primero, ?así que


    tenemos derecho a llevarnos el cadáver! —le dijo Alba a Demithor.


    —?Ja! Ni que lo hubieran matado ustedes. Entonces, ?qué más da que hayan llegado primero? Yo


    seré quien se lleve su cadáver. Nadie se interpondrá en mi camino. —Demithor soltó una carcajada.


    No mostraba menor intención de ceder.


    Mientras tanto, Jaime, que yacía en el cráter, escuchaba a gente que se peleaba por su cadáver.


    Tenía sentimientos encontrados sobre toda situación, pero esperaba que siguieran discutiendo un


    rato más. De hecho, sería mejor que estara una pelea. Así ganaría más tiempo.


    —Demithor, aunque no fuéramos nosotros los que lo matamos, tú tampoco. ?Por qué deberías llevarte


    el cadáver? Lo mató el maestro Jerez. Por lo tanto, ?el Maestro Jerez será quien decida quién se lleva


    el cadáver!


    Content is ? by N?velDrama.Org.


    Con esto, Arconte dejó decisión en manos de Josías.


    —Muy bien, entonces. —Demithor miró a Josías.


    Josías estaba aterrorizado.


    ??Qué quieren que diga? ?No puedo permitirme ofender a ninguna des partes!?.


    —No tengo ningún problema con quien se lleve este cadáver. —Josías agitós manos con


    impotencia. Aunque era él quien lo había matado, situación actual no le permitía tomar decisiones.


    No se atrevía a ofender a ninguna des partes porque, sencimente, no podía permitirse caerles


    mal. Josías acababa de obtener el nivel de cultivo de Dios des Artes Marciales, y no deseaba


    truncar su vida.


    —Arconte, ya que ambos queremos este cadáver, ?por qué no lo resolvemos con una pelea? El que


    pierda se irá. ?Qué te parece? ?No es justo? —Demithor se mofó.


    —Arconte, no. No eres rival para él —suplicó Alba.


    La expresión de Arconte se volvió gélida. Con una personalidad orgullosa y arroganteo suya,


    era imposible que cediera.


    —?Cómo? ?Tienes miedo? Si es así, ?lárgate! Me ahorraría el esfuerzo. —Demithornzó a Arconte


    una mirada desde?osa, con los ojos llenos de provocación.


    —?Quién ha dicho que te tenga miedo? ?Adnte! Me iré, y el cadáver es tuyo si me derrotas. —


    Cayendo en provocación de Demithor, Arconte ignoró porpletos súplicas de Alba.


    —De acuerdo. ?Hagamos unapetencia! Me he sentido un poco inquieto porque no he tenido a


    nadie con quien jugar últimamente —dijo Demithor mientras su cuerpo empezaba a exudar un aura


    feroz.


    Al ver esto, todos los demás huyeron y se pusieron a cubierto.


    —Alba, apártate —advirtió Arconte. él también empezó a manifestar su aura.


    Con ellos dos en el centro de vorágine de auras, estas se elevarono una  y se dispersaron


    en todas diriones.


    El viento aulló ys rocas salieron despedidas.


    En ese momento, el Monasterio de Cáb quedó destruido porpleto. No quedó ni rama de un


    árbol. Lo único que sobrevivió fuerons inconmovibles doce estatuas.


    Aunque Pascual y Josías estaban a bastante distancia, aún podían sentir aterradora presión que


    desprendían Arconte y Demithor.


    Los cuerpos de los devotos creyentes que permanecían arrodidos en el suelo estaron, sin dejar


    siquiera sus cadáveres.


    No habían hecho caso de advertencia de Jaime de alejarse antes.


    Ahora no quedaba ni una pizca de ellos.


    Jaime, que aún permanecía en el cráter, también sintió una tremenda presión. Rayos de luz dorada


    aparecieron frente a su cuerpo. Sin moverse, Jaime se apresuró a aprovechar oportunidad para


    absorber energía de fe.
『Add To Library for easy reading』
Popular recommendations
The Wrong Woman The Day I Kissed An Older Man Meet My Brothers Even After Death A Ruthless Proposition Wired (Buchanan-Renard #13)