Capítulo 2248
Saqueo de cadáveres
Al enterarse de que no había ninguna historia entre ellos, Josías suspiró aliviado por dentro.
—Siéntase libre de hacerlo, se?or Lope de Vega —dijo con tono cortés—. Pero para que lo sepa, le
había robado a Pascual varios objetos mágicos, así que yo…
—?Bah! Solo es un pu?ado de sobras. Adnte, lléveselos. El cuerpo es todo lo que necesitamos.
Arconte agitó con calma mano ante eso. Para Secta Luminosa, ningún objeto mágico del mundo
valdría un pimiento en presencia del cadáver de Jaime.
—?Gracias, se?or Lope de Vega! ?Muchas gracias!
Josías no cesaba de expresar su gratitud.
Sixto, en cambio, parecía bastante molesto.
?Esos dos fanfarrones tienen mi edad, pero han con nariz al aire. ?Qué descaro que men
chatarra a nuestros objetos mágicos!?.
Después de todo, innumerables familias de los reinos secretos habían recurrido al n Artesano para
forjar sus propios objetos mágicos.
Aparte de otras cosas, Sixto tenía los ojos puestos en Alba. La mujer era despampanante y
equilibrada, por no mencionar que desprendía un aura celestial seductora. Erao encarnación
viviente de un ángel del cielo. Ni en un millón de a?os dejaría pasar oportunidad de intimar con una
damao e.
—?Quiénes son ustedes? Qué descaro tienen para despreciar los objetos mágicos del n Artesano.
Dejando eso a undo, el se?or Jerez fue el que se cargó a Jaime. Sólo se apoderarán de su cuerpo
sobre mi cadáver. ?Todavía voy a humirle lo suficienteo para descargar mi ira! Si insistes en
llevarte los restos de Jaime, esta belleza de aquí tendrá que quedarse a pasar un tiempo a ss
conmigo.
Sixto miró de formasciva a Alba mientras haba, sus ojos brindo con una excitación enfermiza.
En todo caso, aquel atrevido discurso suyo sólo sirvió para asombrar a Josías, que apenas puso un
pie dentro del cráter.
Arconte, por su parte, frunciós cejas mientras una b de rabia surgía en su interior. Alba, por su
parte, se sintió más que asqueada cuando vislumbró el semnte de Sixto.
—?Desvergonzado de mi*rda! —se enfureció, golpeando de repente con palma de mano a aquel
asqueroso hombre.
De inmediato, una intensa ráfaga de energía salió disparada en su dirión.
En cuanto Alba soltó su movimiento, Sixto se arrepintió de sus pbras. Demasiado poco y
demasiado tarde para darse cuenta de que mujer que tenía ante sus ojos, a tan corta edad poseía
un poder que incluso estaba muy por encima del de Josías.
El aura horripnte le oprimía, llevándolo al borde de asfixia. Peor aún, le resultaba imposible mover
el cuerpo a voluntad. Erao si estuviera a punto de ser despedazado.
Mientras el dolor se apoderaba de su cuerpo, hizo una mueca, pero ni siquiera pudonzar un grito de
auxilio.
Al ver eso, Josías pronto empujó su palma hacia Sixto y canalizó una fuerza para contrarrestar el aura
de Alba. Sólo entonces Sixto consiguió recuperar el aliento.
—Sixto no puede ser perdonado por har tan imprudentemente. Pero, se?or y se?ora Lope de Vega,
?imploro clemencia en su nombre! Por favor, si pueden, ?discúlpenlo por mí! Olvidaremos cualquier
remación que pudiéramos tener sobres cosas en posesión de Jaime. Pueden llevárss junto
con el cadáver.
Josías no perdió tiempo en disculparse ante Arconte y Albao si su propia vida estuviera en juego.
En aquel momento, Sixto estabao un ni?o que se ha portado mal, bajando cabeza en silencio.
No pudo evitar encogerse al pensar en experiencia cercana a muerte de hacía un minuto.
—?Hmph! ?Crees que bastaría con disculparse después de haber pisoteado a Alba? ?Acaso
subestimas a Secta Luminosa? —se burló Arconte. Su voz apestaba a intenciones asesinas
palpables.
Al escuchar aquello, Josías se dio vuelta y descargó una fuerte bofetada en meji de Sixto. Tras
la bofetada, empezó a descargar pu?etazos y patadas sobre Sixto.
A Sixto se le escaparon interminablesmentos. Por muy desconsdo que estuviera Pascual ante
aquel espectáculo, intervenir en él nunca fue su elión de ión.
Sabía muy bien que Josías sólo intentaba salvar vida de su hijo.
??Qué chico más tonto! ?Cómo podía haber sido tan obtuso de cruzarse con ellos cuando hasta
Josías tenía que mostrarles el mayor de los respetos??.
Muy pronto, Sixto estaba magudo por los golpes, y apenas se aferraba a lo que le quedaba de vida.This is from N?velDrama.Org.
—Espero que pueda perdonarle vida, se?or Lope de Vega. Le he dado una lión que nunca
olvidará —suplicó Josías.
Antes de que Arconte emitiera juicio alguno, Alba fue primera en apremiar:
—Olvídalo, Arconte. Démonos prisa y volvamos ya. No debemos hacer esperar al Maestro.
Arconte movió cabeza y se dispuso a saltar al cráter. Estaba decidido a tomar el cuerpo de Jaime y
ponerse en camino.
Pero en cuanto dio el salto, Demithor detuvo su avance.
—?Demithor! ?Qué crees que estás haciendo?
Una arruga se formó entres cejas de Arconte.
Entonces Demithor dijo con una leve sonrisa.
—Arconte, yo tambiénparto el mismo interés en traer ese cadáver de vuelta a Secta
Vientofuerte para trabajar en algo