Capítulo 2057
Una leve sonrisa se dibujó en losbios de Jaime.
—No pasa nada, Fabio. Confío en ganar el duelo.
Al ver que aquel hombre estaba tan seguro de sí mismo, Fabio no pudo decir nada más.
Desde que Jaime aceptó batirse en duelo con Kawasaki tres días después, el mundo des artes
marciales de Ciudad de Jade empezó a darle bombo al asunto y ordenó a todo el que fuera alguien del
mundo des artes marciales que viera el evento.
Iba a ser el últimobate de Kawasaki. En el futuro, ya nadie podría presenciar el talento de los
mejores samuráis de Ciudad de Jade.
Mucha gente se puso en marcha al enterarse del duelo y se dirigió hacia el cráter volcánico de
Monta?a Fujio.
Aunque gente corriente no podía subir al cráter volcánico, aun así, hicieron lo posible por ascender
la Monta?a Fujio hasta el punto más alto posible.
así, el monte Fujio ya estaba abarrotado antes del día del duelo.
Todos iban a ver al mejor samurai de Ciudad de Jade, un inmortal que había vivido casi doscientos
a?os.
Incluso el gobierno de Ciudad de Jade estaba prestando mucha atención al asunto. En aquel
momento, todos los ciudadanos del país estaban pendientes de aquel duelo épico.
En un abrir y cerrar de ojos, pasaron tres días.
Jaime, Forero y Fabio se dirigieron al cráter volcánico de monta?a Fujio.
Esta vez, Jaime no llevó a Romario porque había un montón de cosas rcionadas con familia
Gayoso des que éste tenía que ocuparse en ese momento.
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Entre es estaba supervisar constrión del santuario.
Cuando Jaime y los demás llegaron, se quedaron atónitos ante el espectáculo que tenían ante sus
ojos.
Había gente por todas partes en monta?a Fujio, casi ocupando todo el espacio disponible.
Muto estaba al pie de monta?a, esperando ansioso llegada de Jaime. Temía que el hombre no
apareciera. Si eso ocurría, no tendrían forma de explicars cosas a gente.
Mucha gente estaba atenta a aquel asunto, incluido el gobierno.
En verdad, no sabría cómo justificars cosas si Jaime no se presentaba.
En cuanto vio que el coche de Jaime se acercaba lentamente, el corazón que tenía en garganta
volvió a su sitio.
—Vaya, es usted bastante puntual, se?or Casas entó Muto.
—Siempre he sido puntual, sobre todo cuando se trata de un duelo que estoy seguro de ganar —
replicó Jaime con una sonrisa burlona.
—Es muy arrogante entó Muto, levantandosisuras de losbios.
—No, no es arrogancia, sino confianza —enmendó Jaime con calma.
—?Genial! Espero que pueda mantener confianza hasta el final.
Tras decir eso, Muto se dio vuelta y vó su mirada en monta?a. Al instante, densa multitud se
separó y les dejó paso.
Siguiendo a Muto, Jaime subió lentamente monta?a.
Durante toda caminata, todos haron de él.
—?Fue él quien destruyó los Cuatro Grandes Santuarios? Es demasiado joven.
—?Podría ser un caso de identidad equivocada? Sólo parece tener unos veinte a?os.
—?Si es él, puedo matarlo de un solo pu?etazo sin necesidad de que intervenga el Se?or Kuroki!
Todos lo miraron incrédulos.
Pronto, Jaime y los demás llegaron al pie del cráter volcánico. Si uno quería escr el cráter
volcánico, necesitaba poseer cierto grado de capacidad.
Aunque entonces había mucha gente en el cráter volcánico, todos eran figuras poderosas en el mundo
des artes marciales de Ciudad de Jade. De hecho, mayoría de ellos eran Grandes Marqueses de
las Artes Marciales.
—El se?or Kuroki lo espera en el cráter volcánico. Tendrá que subir solo, ya que yo no tengo
capacidad para hacerlo —murmuró Muto.
Mirando hacia el cráter volcánico, Jaime saltó hacia arriba, disparándose hacia el cieloo una
flechanzada desde cuerda de un arco.
Con ese ligero salto, se elevó decenas de metros.
Acto seguido, golpeó pared de piedra con el pie dntero y su figura volvió a elevarse.
Le bastaron dos saltos para alcanzar el borde del cráter volcánico.
En ese momento, muchas personas estaban de pie en el borde del cráter volcánico. Eran todos élites
del mundo des artes marciales de Ciudad de Jade.
Huelga decir que Kazuo era uno de ellos.
Cuando Jaime vio al hombre, su mirada se detuvo en él durante un instante. Al sentir los ojos de
Jaime vados en él, Kazuo se estremeció y se apresuró a esquivar a persona que tenía aldo.