Capítulo 1813
Alex se exaltó al instante al escuchar aquello.
—?Qué? ?Estás seguro? ?Viste bien?
—Estaba bastante lejos, pero me resultaba muy familiar. —El hombre de negro no se atrevió a
confirmar lo que había visto.
—No puedo creer que Ana en verdad esté aquí... —La mirada de Alex se volvió gélida—. Lleva
unos cuantos hombres contigo e intercéptalos. Quiero a princesa Ana viva. No debes hacerle
da?o. En cuanto al resto, ?mátalos en cuanto los veas!
—Entendido —respondió el hombre de negro con un movimiento de cabeza antes de
marcharse.
El rostro de Alex reveló una sonrisa siniestra. Homero había ordenado a Alex que matara a Ana,
pero éste quería captura viva. Parecía que tenía su propio motivo oculto para hacerlo.
En ese momento, Jaime ypa?ía desconocían el inminente ataque y continuaban su camino
hacia cumbre.
Cabía posibilidad de que entrada as antiguas ruinas estuviera en cima de esta
monta?a nevada.
—?Cuánto más tenemos que caminar? —preguntó Ana sin aliento mientras miraba hacia arriba,
tratando de buscar cumbre que no estaba a vista.
Era más débil del grupo. Por lo tanto, después dergas horas de escda sin parar junto cons
duras condiciones climáticas, su resistencia se estaba agotando.
—?Por qué no descansas aquí un rato? Volveremos por ti cuando encontremoss ruinas antiguas y
al Rey des Hierbas.
Jaime sabía que, con fuerza actual de Ana, le era difícil continuar caminata. Si se esforzaba y los
seguía, no sólo no sería de ninguna ayuda, sino que se convertiría en su carga.
Ana asintió con cabeza. Era consciente de sus limitaciones y sabía que ya no tenía fuerzas para
seguir subiendo.
—El resto del equipo contará contigo, Jaime —dijo Ana.
—No te preocupes. Andrés se quedará y cuidará de ti.
Jaime sacó algunas provisiones del Anillo de Almacenamiento y ses entregó a Ana antes de
asegurarse de que estaría bien. Después continuó subida con el resto del grupo.
Andrés encontró un lugar seguro para que Ana descansara y le dijo a dama:
—Princesa Ana, por favor, descanse.
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Ana se limitó a asentiro respuesta, pues estaba demasiado agotada para decir algo. En cuanto se
acurrucó en el saco de dormir, se quedó dormida.
Al mismo tiempo, Joel ypa?ía subían a cumbre por otra ruta.
Daniel tenía una expresión de desconcierto y enfado.
Pareciendo percibir furia de Daniel, Joel dijo:
—Daniel, parece que estás enfadado conmigo.
—Se?or Joel, salvación siempre ha sido el principio básico de Secta mígera. Pero, ?por qué
usó antes violencia y obligó a gente a morir?
Daniel estaba desconcertado. Lo que había sucedido antes era muy diferente des
ense?anzas que había recibido cuando se unió a Secta mígera en aquel entonces.
—Daniel, deja de ser ingenuo. La sociedad en que vivimos ahora se rige por ley de selva,
donde los fuertes se aprovechan de los débiles. Así que deshazte de ese corazónpasivo
tuyo. Ahora que Alex se ha infiltrado en familia real, me temo que se apoderará de Secta
mígera y nos exterminará a todos —Joel explicó cruel realidad a Daniel.
—Ya que el Papa nos ha enviado a buscars ruinas antiguas, aprovechemos esta oportunidad.
Si podemos encontrars ruinas antiguas y legendaria espada sagrada, podremos erradicar
a Alex. Con él fuera, Secta mígera no necesitará mostrar respeto por familia real.
Mientras me seas leal, podrás sucedermeo sacerdote principal y heredar todo lo que
poseo —Joel seguía persuadiendo a Daniel para que creyera en su causa.
Daniel no dijo nada más, pero seguía sinprender el razonamiento de Joel.
Poco después, una espesa nie apareció y bloqueó su camino.
Había algo raro en nie. Erao si hubiera aparecido especialmente para interponerse en
su camino.
—Se?or Joel, mire. De repente hay nie —dijo Daniel, mirando nie que tenían dnte.
—?Ya lo sé! —respondió Joel cons cejas fruncidas mientras daba una ligera sacudida a su
cencerro de bronce.
Las ondas sonoras desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos cuando llegaron a nie.
?Qué nie tan extra?a...?. Joel frunció el ce?o.