Capítulo 1804
—Todos, tengan cuidado. Esta nie ha sido creada por una matriz arcana.
En ese instante, cara sonriente de Forero fue reemzada por una mirada solemne.
En cuanto as chicas, adoptaron un estado mental vignte mientras avanzaban con cuidado.
—Se?or Torres, ?todavía recuerda el lugar que mencionó? —preguntó Jaime a Dago.
Le preocupaba que nie hiciera que Dago se perdiera.
—Se?or Casas, no se preocupe. Puedo encontrarlo con los ojos cerrados.
Aunque sólo había estado allí dos veces, Dago confiaba en encontrarlo gracias a su gran
sentido de orientación.
Asintiendo con cabeza, Jaime invitó a Dago a que lo guiara.
Después de caminar durante más de una hora, notaron que nie empezaba a disiparse,
revndo monta?a nevada que tenían ante ellos. Si uno miraba hacia abajo desde el cielo,
podía ver que monta?a estaba rodeada por un anillo de espesa nie.
La nie había confundido a muchos aventureros, haciéndoles perder el camino.
—Se?or Casas, el pie oriental de monta?a es donde muchos desaparecieron misteriosamente —
comentó Dago mientras se?ba hacia el este.
—Muy bien, dirijámonos hacia allí —Tras asentir con cabeza, Jaime se volvió hacia Isabel ys
chicas—. Todas deben de quedarse aquí, pues el viaje que nos espera es peligroso. Les dejaremos
tienda ys provisiones, así que quédense aquí y esperen.
Con eso, Jaime sacós provisiones de su Anillo de Almacenamiento y a toda velocidad armó
tienda.
Al principio, Astrid y Lilia se mostraron reacias a quedarse. Sin embargo, Cecilia e Isabel, conscientes
de que sólo servirían de distrión a Jaime, edieron a quedarse.
Con Dago a cabeza, Jaime, junto con Forero, Gilberto, Ana y Andrés, se dirigieron al lugar donde se
había denunciado desaparición de los Grandes Maestros.
—Jaime, déjame ir contigo. En caso de peligro, podré ayudar.
Evangelina expresó su intención de unirse a ellos.
Dado que era una Gran Marquesa des Artes Marciales, era más que capaz de cuidar de sí misma.
Además, sus amplios conocimientos probablemente les serían de utilidad si se encontraban con algún
artefacto antiguo.
Jaime asintió después de tener en cuenta esos factores.
—Muy bien, adnte, entonces.
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Una vez establecidos los grupos, Jaime instruyó:
—Colín, viglos de cerca. Quédate aquí y no te aventures a ningún otro sitio.
—No te preocupes, Jaime, no permitiré que deambulen sin necesidad —prometió Colín.
Después de que Jaime y su grupo continuaron su viaje, pudo sentir un cambio significativo en
energía espiritual dentro de sus alrededores.
Evangelina, que sintió lo mismo, frunciós cejas en respuesta.
Al llegar a su destino, fueron recibidos por unos grandes carteles.
Decían:
??Peligro! ?No entrar!?.
Sorprendido, Jaime se preguntó quién había colocado los carteles.
—Se?or Torres, ?quién puso todo esto? —preguntó Jaime.
Igualmente atónito, Dago negó con cabeza.
—No tengo ni idea. No los vis dos últimas veces que estuve aquí.
—Alguien debe de haber venido aquí. Tal vez los carteles sirven para ahuyentar a los demás —
comentó Forero.
—No les hagas caso. Vamos a entrar —ordenó Jaime mientras daba un paso al frente.
Nada más hacerlo, se escuchó el feroz rugido de una bestia. Era tan aterrador que a todos les
recorrió un escalofrío por espalda.
—?Hay aquí una bestia demoníaca?
La sorpresa se apoderó de Jaime. Dado el frío extremo, era difícil que alguna bestia
sobreviviera en monta?a.
Mientras tanto, expresión de Dago cambió de golpe al escuchar los repetidos rugidos.