Capítulo 1793
Acababan de salir del hotel cuando un taxi los detuvo en seco.
Jaime levantó vista y se dio cuenta de que era el hombre bajito que lo había llevado al hotel.
No entendía por qué le había parado.
—Se?or, ?tiene tiempo ahora? Me mo Cortés. ?Puedo invitarlo aer? —preguntó Cortés.
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Jaime rechazó su invitación de inmediato.
—No hace falta. No ha sido nada. Además, no me pediste que pagara el viaje, así que estamos
en paz. No tienes por qué hacerlo.
Sin embargo, Cortés parecía perplejo.
Al ver eso, Jaime supo que no era tan sencillooer juntos.
—?Necesitas algo más? —preguntó Jaime.
Cortés asintió torpemente.
—Se?or, el jefe de mi grupo, el se?or Torres, me ha enviado aquí para invitarlo. Quiere verlo.
—?El jefe de tu grupo? —Jaime se sorprendió al saber que un taxista tenía un jefe de grupo.
Cortés se dio cuenta de su sorpresa y le explicó:
—Los Cananeanos que tenemos negocios aquí, incluidos los taxistas, hemos formado La Hermandad
Cananea para evitar que nos acosen. Cuando volví y le conté el incidente del aeropuerto, expresó su
deseo de reunirse con usted.
Jaimeprendió explicación del hombre. Todos eran Cananeanos, así que Jaime asintió y edió
a reunirse con el jefe de banda.
También quería saber si conocíans antiguas ruinas de I Oso de Hielo.
Después de todo, habían residido ahí durante décadas.
Cortés estaba encantado de que Jaime hubiera aceptado invitación. Acogió a Jaime y Gilberto en el
coche y empezó a conducir hacia su destino.
Pronto, Jaime fue conducido a un enorme patio con algunas casas dentro.
Cortés los condujo a una casa de dos pisos y gritó:
—?Se?or Torres, están aquí!
Un hombre corpulento de mediana edad bajós escaleras con paso lento y grácil. Su fuerte aura
revba que era un artista marcial.
Puede que sólo fuera un Gran Maestro de Artes Marciales, pero su rango era suficiente para despertar
la admiración de poción.
Tras echar un vistazo a Jaime y Gilberto, el hombre de mediana edad no pudo evitar fruncir el ce?o al
darse cuenta de que no podía evaluar sus rangos.
—Por favor, tomen asiento —exmó y les indicó con un gesto que se sentaran.
Luego le dijo a Cortés:
—Sírveles un poco de café.
—?ro! —Cortés sirvió de inmediato a Jaime y Gilberto una taza de café a cada uno.
—?Puedo saber su nombre? —preguntó el hombre de mediana edad a Jaime.
—Me mo Jaime Casas —le dijo Jaime con cortesía.
—?Jaime Casas? —El hombre frunció el ce?oo si se le acabara de ocurrir algo. Dijo—: He
escuchado har de un joven con talento que ha ascendido en Cananea. También se ma
Jaime Casas. Ya es el jefe de mayor secta de artes marciales de Ciudad de Jade a su corta
edad. ?Es usted?
Observó con cuidado a Jaime.
Jaime ignoraba que su reputación ya se había extendido a otros países.
Sin embargo, no quería que demasiada gente se enterara de su paradero, así que sacudió
cabeza y dijo:
—Tal vez tengamos el mismo nombre. No soy ni de lejos tan capazo él.
—Eso es lo que yo también pienso. ?A mí no me pareces un Gran Marqués de Artes Marciales!
—exmó el hombre con efusividad. Luego continuó—: Gracias por prestarme ayuda en el
aeropuerto. De lo contrario, mis subordinados se habrían llevado peor parte. Ahora que están
aquí, avísenme si necesitan ayuda. Todos somos Cananeanos, y La Hermandad Cananea se
creó para evitar que los Cananeanos fueran acosados.
—?Gracias! —Jaime le dios gracias agradecido—. ?Puedo tener el honor de saber su
nombre?
—Me mo Dago Torres —respondió el hombre.