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Cap铆tulo 1703

    Capítulo 1703


    En el Ministerio de Justicia de Ciudad de Jade, Javier entró tropezando en el vestíbulo


    principal.


    —Se?or Szar, ha llegado delegación de Jetroina. Ahora mismo están fuera.


    Armando asintió con cabeza.


    —?Que pasen!


    A continuación, Javier condujo a delegación al interior del edificio.


    A cabeza iba un hombre de mediana edad con barba, Kazuo Kawaguchi. También era el jefe


    de delegación.


    Detrás de él iban cinco hombres, todos con trajes elegantes y zapatos de cuero, excepto uno.


    Iba vestido de samurái, con una katana a sudo y una peque?a coleta en nuca.


    Al ver al hombre armado, expresión de Javier se ensombreció. Se enfrentó a ellos de


    inmediato.


    —Entreguen espada. Nadie puede reunirse con el se?or Szar mientras esté armado.


    —La espada representa el espíritu de un samurái. Por lo tanto, sólo entregaremos en


    muerte —replicó el samurái con el ce?o fruncido.


    Arrugandos cejas, Javier rgó mano para tomar espada.


    En el momento en que su mano tocó, vio temr mu?eca del samurái. Antes de que pudiera


    reionar, fue golpeado por una fuerza deunal que le obligó a retroceder varios pasos.


    —Junio, cuida tus modales —reprendió Kazuo al samurái.


    Fue entonces cuando Armando hizo un gesto con mano.


    —Déjalos. —Mientras Javier se resignaba a retroceder, Armando invitó a Kazuo—: Se?or Kawaguchi,


    por favor, tome asiento.


    —Gracias, se?or Szar.


    Con una inclinación de cabeza de Kazuo, todos tomaron sus respectivos asientos.


    Justo antes de sentarse, Armando chasqueó los dedos.


    ?Crash!


    Sin más, si de Junio se hizo pedazos y se desplomó en el suelo.


    Su expresión cambió de golpe ante el repentino giro de los acontecimientos.


    —Se?or Kawaguchi, tendrá que disculparme. La si debía de ser vieja y necesitaba una reparación.


    Nada más har Armando dirigió una mirada a Javier.


    —Capitán no, tráiganos otra si.


    Reconociendo indicación de Armando, Javier le siguió el juego.


    —Se?or Szar, se han llevado todass sis para un evento. Me temo que no nos queda ninguna


    extra.


    —Es una verdadera lástima. Supongo que no nos queda más remedio que dejar al se?or de pie —


    respondió Armando con una sonrisa de disculpa.


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    Sus pbras enfurecieron a Junio, pero Kazuo se adntó a respuesta del primero.


    —No hay ningún problema. Para un samurái de Jetroina, estar de pie no es más que un asunto trivial.


    A pesar del enfado de Junio, no tuvo más remedio que permanecer de pie tras lo dicho por Kazuo.


    —Se?or Kawaguchi, ?puedo saber qué le ha traído hasta aquí? —preguntó Armando a pesar de


    conocer respuesta.


    Por protocolo,s delegaciones de este tipo debían anunciar con antción el objetivo de sus


    visitas. Por lo tanto, era imposible que Armando lo ignorara.


    —Se?or Szar, estamos aquí en un intercambio de artes marciales para fortalecer loszos de


    nuestros dos países. Hace poco escuchamos har de una estre prometedora dentro de su


    mundo de artes marciales. A pesar de su juventud, es demasiado poderoso. Por eso esperamos


    desafiarlo para adquirir algunos conocimientos.


    Kazuo habló con franqueza, pues sabía que andarse con rodeos dnte de Armando era inútil.


    —Es cierto que hay una nueva estre en el mundo des artes marciales. Sin embargo, ?quién


    de ustedes participará en este desafío?


    Una mirada curiosa se posó en el rostro de Armando.


    Kazuo se quedó atónito por un momento antes de responder:


    —Obviamente, será Junio, ?ya que es el único artista marcial entre nosotros!


    A decir verdad, Armando podía decir que el resto eran gente corriente, pues no percibía aura


    alguna en ellos.


    —Bien. Sin embargo, esta estre emergente no trabaja paras autoridades. Tendrás que


    lanzarle tu desafío directo a él. En cuanto a si aceptará, es algo que escapa a mi control. Estaría


    fuera de lugar por mi parte utilizar mi autoridad oficial para presionarlo. Espero que lo entienda,


    se?or Kawaguchi —explicó Armando.


    —Sus pbras bastan para tranquilizarme. Gracias por su tiempo.


    Kazuo se despidió.


    La verdadera razón por que había ido a ver a Armando era asegurarse de ques autoridades


    no interfirieran, para evitar problemas innecesarios en el futuro.
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