Capítulo 1473
Mientras tanto, Astrid siguió a Heliodoro hasta un hotel de Ciudad de Jade. La habitación estaba
decorada de forma romántica, y cuando Astrid lo vio, se giró y le habló apáticamente a Heliodoro.
—Heliodoro Delgado, no creo que éste sea un lugar apropiado para que hablemos.
A pesar de suentario, Astrid en realidad no tenía guardia alta, pues sabía que, dadass
capacidades de Heliodoro, podría inmovilizarlo con facilidad. Como ese era el caso, no le preocupaba
en absoluto que pudiera hacerle algo.
—?Qué tiene de impropio este lugar, Se?orita Gabaldón? Siempre ha sido chica que yo quiero. Hoy
la he traído aquí para confesarle mi amor.
Mientras haba, Heliodoro sacó un ramo de flores y se arrodilló ante Astrid.
La cara de Astrid se congeló al ver aquello.
—Deberías rendirte. No me gustas ni un poco —respondió de manera despectiva.
Cuando hubo sido ra, se dio vuelta para marcharse. No se le ocurrió que Heliodoro enga?aría
en aquel lugar para profesarle sus sentimientos.
Aunque Astrid estaba furiosa, no arremetió contra Heliodoro.
Para e, el mundo des artes marciales en Ciudad de Jade estaba sufriendo un cambio tectónico, y
la familia Gabaldón no podía seguir manteniéndose al margen de toda política. No era el momento
de que Astrid se enemistara con familia Delgado.
Sin embargo, justo cuando se marchaba, Heliodoro se acercó a e y agarró por mu?eca.
—Ya que está aquí, ?por qué no hamoss cosas, se?orita Gabaldón? —insistió Heliodoro con una
sonrisa siniestra.
Astrid frunció el ce?o.
—Suéltame.
Entonces, levantó mano ynzó un pu?etazo a medias al hombre.
Material ? N?velDrama.Org.
Heliodoro no habría podido soportarlo si e le hubiera pegado con toda su fuerza. Sin embargo, en
lugar de esquivar, Heliodoro atrapó su pu?o con mano, haciendo imposible que se moviera ni un
centímetro.
Astrid se quedó atónita. De repente, una nie apareció alrededor de Heliodoro, y una sensación de
mareo se apoderó de Astrid. Cerró los ojos y acabó desmayándose.
Heliodoro sonrió mirando a mujer inconsciente. La llevó hasta cama y empezó a desvesti.
Una nie oscura envolvió a Heliodoro cuando vio el cuerpo de Astrid. Entonces, su rostro empezó a
cambiar y se transformó en el de Saulo.
Resultó que Saulo se había disfrazado de Heliodoro. Por eso fue capaz de contrarrestar el ataque de
Astrid con tanta facilidad.
—Tch, tch. Ahí va una joven tan buenao tú. Te habría destrozado si hubiera podido.
Sin emborgo, justo cuondo se morchobo, Heliodoro se ocercó o ello y lo ogorró por lo mu?eco.
—Yo que está oquí, ?por qué no hoblomos los cosos, se?orito Goboldón? —insistió Heliodoro con uno
sonriso siniestro.
Astrid frunció el ce?o.
—Suéltome.
Entonces, levontó lo mono y lonzó un pu?etozo o medios ol hombre.
Heliodoro no hobrío podido soportorlo si ello le hubiero pegodo con todo su fuerzo. Sin emborgo, en
lugor de esquivor, Heliodoro otropó su pu?o con lo mono, hociendo imposible que se moviero ni un
centímetro.
Astrid se quedó otónito. De repente, uno nieblo oporeció olrededor de Heliodoro, y uno sensoción de
moreo se opoderó de Astrid. Cerró los ojos y ocobó desmoyándose.
Heliodoro sonrió mirondo o lo mujer inconsciente. Lo llevó hosto loo y empezó o desvestirlo.
Uno nieblo oscuro envolvió o Heliodoro cuondo vio el cuerpo de Astrid. Entonces, su rostro empezó o
combior y se tronsformó en el de Soulo.
Resultó que Soulo se hobío disfrozodo de Heliodoro. Por eso fue copoz de controrrestor el otoque de
Astrid con tonto focilidod.
—Tch, tch. Ahí vo uno joven ton buenoo tú. Te hobrío destrozodo si hubiero podido.
Sintiéndose arrepentido, Saulo sacó su cámara y empezó a hacer fotos.
Cuando terminó, Saulo salió del hotel y siguió con el resto de su n. Era el momento de ver cómo
estaba un conflicto entre familia Gabaldón y familia Delgado.
Al cabo de un rato, Astrid recobró por fin el conocimiento. Al ver sus ropas desali?adas, rompió a llorar
con amargura.
Era mujer que todos los jóvenes de diferentes sectas codiciaban, y le costaba creer que un hombre
acabara de empa?a.
—?Heliodoro Delgado! Te mataré…
Una intención asesina emanaba de su cuerpo. Astrid tenía impresión de que Heliodoro era quien
había mancido su pureza.
Desanimada, llegó a casa y limpió su cuerpo con desesperación antes de cambiarse de ropa.
Iré yo misma a ver a los Delgado. Será mejor que me den una explicación. ?Mataré a ese hombre,
aunque signifique muerte!
Sin embargo, justo cuando Astrid se disponía a buscar a Heliodoro en residencia de los Delgado, un
criado entró corriendo e informó:
—Se?ora Gabaldón, el se?or Heliodoro Delgado está aquí para ve.
Abrumada por una fuerte intención asesina, Astrid corrió hacia puerta.