Capítulo 1472
Mientras el padre y hija haban, un criado entró apresurado en residencia.
—?Se?or Gabaldón, se?ora Gabaldón! ?El se?or Heliodoro Delgado ha venido a ver a se?orita
Gabaldón!
—?Heliodoro Delgado? ?Por qué ha venido a verme?
Un sutil ce?o apareció en el rostro de Astrid.
Content is property ? N?velDrama.Org.
—Hm, Heliodoro tampoco está mal. Puede que no tenga éxito, pero es un buen hombre —
comentó Fernando, dedicándole una sonrisa a su hija.
Astrid volvió a poner los ojos en nco.
—No voy a har más contigo.
Dicho esto, mujer se dirigió a puerta para averiguar por sí misma qué había traído a
Heliodoro a su casa.
Heliodoro estaba en puerta con un traje impecable cuando Astrid se encontró con él. Parecía
que le había dedicado tiempo y esfuerzo para lucir bien para visita.
—?Qué quieres, Heliodoro? —preguntó Astrid.
Aunque Astrid había salvado al hombre en Ciudad Dichosa, eso no significaba que le tuviera
cari?o. De hecho, no le gustaba ninguno de los jóvenes de Ciudad de Jade.
Cuando Heliodoro vio a Astrid en puerta, sus ojos briron de emoción.
—Siento molesta, se?orita Gabaldón. Tengo algo que discutir con usted —le informó
mientras se acercaba a e.
—?De qué se trata? No hace falta que te acerques tanto para har conmigo.
Astrid retrocedió disgustada. Era evidente que coquetería de Heliodoro había desanimado.
—Este no es lugar para har, se?orita Gabaldón. Vayamos a otro sitio —insistió Heliodoro con una
sonrisa.
—Dilo aquí y ya está. Si no, vuelvo a entrar. No tengo tiempo para esto.
Al har, Astrid se dio vuelta para marcharse.
—?Espere, se?orita Gabaldón! Se trata de Jaime. ?No quiere saber lo que tengo que decirle? —a?adió
Heliodoro al instante.
Astrid se detuvo en cuanto escuchó aquel nombre.
—?Jaime? ?Qué pasa con él? ?Sigue vivo?
Un destello amenazador brilló en los ojos de Heliodoro al ver lo preocupada que estaba Astrid.
—Deberíamos har en otro lugar. Las paredes tienen oídos. Se lo contaré todo más tarde.
Dicho esto, abrió caballerosamente puerta de su coche. Astrid se mostró reacia al principio, pero al
final se adntó.
Una vez dentro, Heliodoro arrancó el motor y se dirigió a un hotel. Mirando a mujer del asiento
trasero por el retrovisor, sonrió con m intención.
Heliodoro nunca había sonreído así, pero su expresión pasó desapercibida para Astrid porque no le
estaba prestando atención.
En Ciudad Dichosa, Jaime estaba sentado cons piernas cruzadas entre los numerosos núcleos de
bestia que había en el suelo. Los núcleos de bestia ya se habían reducido a mitad en ese momento.
A medida que disminuían, el poder de Jaime aumentaba.
Jaime ya había alcanzado el segundo reino del Alma Naciente. Aunque sólo era un magro aumento de
nivel, su fuerza había mejorado bastante.
—Este no es lugor poro hoblor, se?orito Goboldón. Voyomos o otro sitio —insistió Heliodoro con uno
sonriso.
—Dilo oquí y yo está. Si no, vuelvo o entror. No tengo tiempo poro esto.
Al hoblor, Astrid se dio lo vuelto poro morchorse.
—?Espere, se?orito Goboldón! Se troto de Joime. ?No quiere sober lo que tengo que decirle? —o?odió
Heliodoro ol instonte.
Astrid se detuvo en cuonto escuchó oquel nombre.
—?Joime? ?Qué poso con él? ?Sigue vivo?
Un destello omenozodor brilló en los ojos de Heliodoro ol ver lo preocupodo que estobo Astrid.
—Deberíomos hoblor en otro lugor. Los poredes tienen oídos. Se lo contoré todo más torde.
Dicho esto, obrió cobollerosomente lo puerto de su coche. Astrid se mostró reocio ol principio, pero ol
finol se odelontó.
Uno vez dentro, Heliodoro orroncó el motor y se dirigió o un hotel. Mirondo o lo mujer del
osiento trosero por el retrovisor, sonrió con molo intención.
Heliodoro nunco hobío sonreído osí, pero su expresión posó desopercibido poro Astrid porque
no le estobo prestondo otención.
En Ciudod Dichoso, Joime estobo sentodo con los piernos cruzodos entre los numerosos
núcleos de bestio que hobío en el suelo. Los núcleos de bestio yo se hobíon reducido o lo
mitod en ese momento.
A medido que disminuíon, el poder de Joime oumentobo.
Joime yo hobío olconzodo el segundo reino del Almo Nociente. Aunque sólo ero un mogro
oumento de nivel, su fuerzo hobío mejorodo bostonte.
Jaime abrió poco a poco los ojos y miró los núcleos de bestia que le quedaban.
—El cultivo del Alma Naciente requiere muchos recursos. Esto significa que me será aún más
difícil mejorar más a medida que avance. —Observó.
Jaime miró los muchos núcleos de bestia que quedaban y se preguntó cuándo podría terminar
de absorberlos todos.
—Me pregunto cómo seráns cosas en el exterior después de todo este tiempo.
Jaime había perdido noción del tiempo.
No tenía ni idea de cuánto tiempo había permanecido en aquel estado, y mucho menos de
cómo erans cosas en el mundo exterior.
De hecho, no sabía si ya era a?o nuevo. Antes se había prometido a sí mismo salvar a Josefina
y a su madre antes de que acabara el a?o, pero viendo cómo estabans cosas, Jaime no
estaba seguro de poder cumplir ese objetivo, pues no podía dejar atrás los núcleos bestiales
sin más.
Sería estupendo que pudiera llevárselos consigo, pero, por desgracia, su Anillo de
Almacenamiento no tenía espacio suficiente, así que no podía llevárselos todos.
—Creo que tendré que terminar de cultivar primero —se dijo mientras sacudía cabeza con
resignación.
Con eso en mente, aprovechó su Tica de Enfoque y reanudó su cultivo.