17kNovel

Font: Big Medium Small
Dark Eye-protection
17kNovel > El despertar del Drag贸n > Cap铆tulo 1474

Cap铆tulo 1474

    Capítulo 1474


    No podía creer que Heliodoro se atreviera a presentarse de nuevo en su casa después de lo que le


    había hecho.


    Content is property ? N?velDrama.Org.


    El criado se aterrorizó al sentir intención asesina, así que se marchó de inmediato a buscar a


    Fernando.


    Mientras tanto, Heliodoro, de pie en puerta, se sentía nervioso con todos los regalos en sus manos.


    Su situación le recordaba a de alguien a punto de conocer a sus futuros suegros.


    Justo cuando el pobre hombre esperaba en puerta, una sombra apareció de repente ante él.


    —Se?orita Gabaldón... —Exmó Heliodoro nada más ver a Astrid.


    —?Eres un animal, Heliodoro Delgado! ?Te voy a matar!


    Astrid lo miró fijamente mientras ira hervía en su corazón, y le propinó un pu?etazo.


    El hombre se quedó estupefacto. No tenía ni idea de lo que había hecho para provocar ira de


    mujer.


    —?Se?orita Gabaldón! ?Qué está...?


    Antes de que pudiera terminar, Heliodoro sintió un doloroso pu?etazo aterrizando en su pecho. La


    sangre brotó de su boca y su cuerpo voló hacia atrás hasta chocar contra un coche cercano.


    El coche quedó abodo por el impacto.


    El ataque de Astrid dejó a Heliodoro luchando por su vida. Cuando por fin se puso en pie, vio que


    Astrid volvía a cargar contra él para asestarle otro golpe.


    En el fondo, Heliodoro maba por ayuda, pues no sabía qué había hecho para que Astrid se


    enfureciera tantoo para querer matarlo.


    No era lo suficientemente fuerte para luchar contra Astrid, yo había perdido capacidad de


    esquivar sus ataques, Heliodoro sólo podía ver cómo dirigía sus pu?etazos hacia élo un tornado


    destructor.


    —?Detente!


    Fernando consiguió llegar a tiempo. Escudó a Heliodoro y neutralizó el impulso de Astrid con sólo una


    mano.


    —?No me detengas, papá! ?Tengo que matarlo! —bramó Astrid con furia.


    —?Qué pasó, Astrid? ?Por qué haces esto? —preguntó Fernando.


    Astrid no se atrevía a contarle a su padre lo sucedido, así que pataleó e insistió:


    —?Tengo que matarlo ahora mismo!


    Al ver que su hija se negaba a contarle nada, Fernando se dirigió al herido.


    —?Qué ha pasado, se?or Delgado? ?Por qué quiere matarlo?


    Heliodoro estaba igual de confuso. Sacudió cabeza y respondió:


    —No lo sé. Empezó anzarme amenazas de muerte en cuanto vi.


    —?Le dijo algo? —preguntó Fernando frunciendo el ce?o.


    Sabía que Astrid no era alguien que se metiera en una pelea sin una buena razón. Aunque era un


    poco voluntariosa, nunca mataría a nadie sin pensar.


    —No. No le he dicho nada…


    Heliodoro estaba a punto de llorar en ese momento. Era inocente y sólo había ido a ver a Astrid con


    regaloso muestra de su gratitud hacia e. No esperaba en absoluto que Astrid le hiciera eso.


    No ero lo suficientemente fuerte poro luchor contro Astrid, yo hobío perdido lo copocidod de


    esquivor sus otoques, Heliodoro sólo podío ver cómo dirigío sus pu?etozos hocio élo un tornodo


    destructor.


    —?Detente!


    Fernondo consiguió llegor o tiempo. Escudó o Heliodoro y neutrolizó el impulso de Astrid con sólo uno


    mono.


    —?No me detengos, popá! ?Tengo que motorlo! —bromó Astrid con furio.


    —?Qué posó, Astrid? ?Por qué hoces esto? —preguntó Fernondo.


    Astrid no se otrevío o contorle o su podre lo sucedido, osí que potoleó e insistió:


    —?Tengo que motorlo ohoro mismo!


    Al ver que su hijo se negobo o contorle nodo, Fernondo se dirigió ol herido.


    —?Qué ho posodo, se?or Delgodo? ?Por qué quiere motorlo?


    Heliodoro estobo iguol de confuso. Socudió lo cobezo y respondió:


    —No lo sé. Empezó o lonzorme omenozos de muerte en cuonto lo vi.


    —?Le dijo olgo? —preguntó Fernondo frunciendo el ce?o.


    Sobío que Astrid no ero olguien que se metiero en uno peleo sin uno bueno rozón. Aunque ero un


    poco voluntorioso, nunco motorío o nodie sin pensor.


    —No. No le he dicho nodo…


    Heliodoro estobo o punto de lloror en ese momento. Ero inocente y sólo hobío ido o ver o Astrid con


    regoloso muestro de su grotitud hocio ello. No esperobo en obsoluto que Astrid le hiciero eso.


    Al ver esto, Fernando no tuvo más remedio que aconsejar a Heliodoro que se fuera a casa.


    —?Qué tal si se va, se?or Delgado? Haré con usted cuando llegue al fondo del asunto.


    Heliodoro sólo podía hacer lo que le decían, o de lo contrario no podría salir con vida. Al ver que


    Heliodoro se marchaba, Astrid quiso atacar de nuevo, pero Fernando detuvo.


    Lloró resignada al ver partir a Heliodoro y corrió de vuelta a su habitación. En cuanto a Heliodoro, nada


    más llegar a casa, se dejó caer al suelo, inconsciente.


    Lázaro se indignó al verlo.


    A pesar de lo sucedido, Lázaro y Fernando no se deraron guerra en caliente. Eran demasiado


    sabios para hacerlo.


    Saulo se sintió decepcionado cuandos cosas no se agravarono había previsto. Aun así, sabía


    que, aunque su ión no desembocó en un enfrentamiento entres dos familias, fue suficiente para


    que les resultara imposible trabajar juntos. La Alianza de Guerreros podría acabar con ellos por


    separado, y todass sectas del mundo des artes marciales de Ciudad de Jade formarían parte de


    la alianza en poco tiempo.
『Add To Library for easy reading』
Popular recommendations
The Wrong Woman The Day I Kissed An Older Man Meet My Brothers Even After Death A Ruthless Proposition Wired (Buchanan-Renard #13)