Chapter 1
La directora del orfanato, Sra. Daley, estaba de excelente humor esta ma?ana. La vieja bruja estaba
emocionada porque el rey Lycan visitaría el orfanato hoy. No ha estado aquí ni una vez en los ocho a?os
que Abbie y yo hemos vivido aquí; no sabíamos qué esperar. Sin embargo, Sra. Daley sí lo hizo. E
esperaba perfión y nada fuera de lugar. Dándonos a Abbie ya mí más tareas de lo habitual, tantas
tareas que ambos sabíamos que nunca se terminarían a tiempo para su llegada.
Abbie y yo habíamos estado temiendo este día, no porque el rey Lycan estuviera de visita, sino porque
hoy es el día en que descubriremos si viviremos otro, o si es el día en que todo termina. Mi vida fue
cualquier cosa menos fácil, habiendo nacido pícaro. Al crecer, anhba tener lo que mis padres me
dijeron sobre manadas, unidad y familia, otros ni?os con quienes jugar además de Abbie; su familia
vivía con nosotros antes de que sus padres fueran asesinados junto con los míos, luego nos trajeron a
los dos aquí.
Sin embargo, afortunadamente, debido a alguna ley por que todass manadas viven estrictamente,
se me mostró misericordia o una versión de e. Iba contra ley de manada matar a los ni?os
Rogue. Lo man misericordia, pero en realidad es todo lo contrario. Mis padres eran pícaros. Vivíamos
una vida huyendo, pero éramos libres. Todo eso terminó cuando yo tenía diez a?os. Ahora vivo en el
orfanato de manada, Abbie y yo somos los dos únicos pícaros que residen aquí.
Abbie entra corriendo en habitación, sus mechones rojos me pasan silbando mientras tira ropa de
cama limpia en litera de abajo. Había seis literas en cada habitación y había doce
habitaciones. Teníamos que limpiar y arrer cada habitación antes deenzar el almuerzo. El
desayuno era algo que no había tomado en a?os, al igual que Abbie. Simplemente no había tiempo; el
tiempo era algo que ya se nos estaba acabando en más de un sentido.
Empiezo a desnudars camas, tirandos sábanas al suelo en una p. Abbie se acerca, rasgas
pesadas cortinas negras y abre ligeramentes ventanas, dejando entrar el aire fresco. Hacía frío esta
ma?ana, el aire era frío, pero sabía que estaría sudando y dando bienvenida a esa corriente fría en
unos veinte minutos.
Una vez quitadass sábanas, empiezo a hacers camas. La parte más desafiante fuerons literas
superiores. Podrían ser una verdadera perra para ponerse nos. A Sra. Daley no le gustabans
arrugas en ropa de cama, y siempre revisaba, retorciendo sus bastones entre sus manos mientras
revisaba cada cama.
Dios no quiera que no le guste algo, o lo hiciste mal. He perdido cuenta des veces que mi piel fue
herida por ese bastón o el látigo delgado enrodo en su mango. Nunca olvidaré picadura y tengo
bastantes cicatrices en espalda por lostigazos que rompieron piel cuando e iba demasiado
lejos.
—Almohadas —dice suave voz de Abbie detrás de mí mientras termino última
cama;nzándomelos, los coloco en cada cama. Ambos miramos a nuestro alrededor, asegurándonos
de que no se olvidaran juguetes, nada fuera de lugar. Las alfombras oscuras eran rectas ys esquinas
estaban nas en el suelo. No tuvimos tiempo de barrer, algo que sé que Sra. Daley notará y nos
hará pagar.
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Todavía nos quedaban cinco habitaciones y dos horas antes de que nos maran a za del pueblo
para conocer nuestro destino. Ambos decidimos que tomaríamos lostigazos; sería mejor que llegar
tarde a ver los packs Alpha.
él decide lo que nos sucede. Este día se ha cernido sobre nuestras cabezas durante ochorgos a?os,
como una nube oscura que amenaza con llover sobre nosotros a medida que se acerca, y sabía que
hoy iba a caer sobre nosotros.
Corriendo a siguiente habitación,enzamos todo de nuevo. La misma rutina todos los días. Una
vez hecho aquí, tenemos que preparar bocadillos para los ni?os y rezar a Diosa de Luna para que
terminemos antes de una. Si llegamos tarde, sé que nos matará. Es una gran falta de respeto al Alfa
si lo haces esperar. El Alfa no espera a nadie.
Cuando terminamos, mis brazos se sienteno gtina. Mis piernas se don, amenazando con
ceder debajo de mí. Abbie se agarras rodis mirando a su alrededor en habitación escasamente
amueda. Las chimeneas ens esquinas de cada habitación eran lo único que calentaba,s
ventanas lo único que refrescaba en este espantoso lugar. Las chimeneas generaban tanto polvo y
cenizas que se asentaban en todo lo que hacía que nuestro trabajo fuera más problemático en los
inviernos.
Abbie respiraba con dificultad y todavía teníamos que hacer los almuerzos. Sus ojos verdes me miraron
a sabiendas; llegaríamos tarde. E lo sabía tan bieno yo, hoy morimos. Su rostro ya pálido se
vuelve ncoo una sábana mientras mira el reloj. Teníamos cuarenta y tres minutos y más de cien
sándwiches para preparar para los ni?os que residen aquí.
Escuchar el clic de los tacones ens tas del piso de madera negra que se dirigían en nuestra
dirión. Ambos nos enderezamos, alisándonos los dntales, arreglándonos el cabello y alisándonos
las faldas campesinas. Colocamoss manos detrás de espalda, los ojos al frente cuando e entra
en habitación. Sus tacones de piel de serpiente resuenan en el suelo cuando entra cons gafas
colocadas en punta de nariz.
La Sra. Daley se bu de nosotros, susbios tirando hacia atrás sobre sus dientes mientras va a cada
cama. Los ojos de Abbie me miraron con nerviosismo. La Sra. Daley entra con su fiel bastón en mano
mientras lo retuerce en su pu?o antes de golpearlo en palma de su mano. Sus ojos de águ
buscando cualquier cosa fuera de lugar.
Su cabello estaba recogido en un mo?o tan apretado en parte superior de su cabeza que parecía
doloroso. Sus pómulos altos y su nariz recta y puntiaguda hacían su rostro más cruel, más agudo; e
me recordó a un cuervo.
Se subes gafas redondas por nariz. Tenía cuarenta y tantos a?os, pero aparentaba más cincuenta y
tantos;s líneas alrededor de susbios ys profundas arrugas alrededor de sus ojos hacían
parecer mayor.
Permanecimoso estatuas, nuestros ojos siguiénd, pero estábamospletamente inmóviles.
Pasa los dedos por el alféizar de ventana y veo que Abbie tensa mis ojos revoloteando hacia e para
ve cubierta de hollín. La Sra. Daley chasqueó lengua levantando los dedos para mostrarnos. Me
cago, mi boca se está secando.
“?Qué es esto?” pregunta, frotándose los dedos, ceniza cae al suelo cuando sus ojos se van en
e. Uno de los ni?os había caminado suciedad por habitación, y e no se lo perdió.
E frunce losbios ramente infeliz.
“?Quién se suponía que iba a hacer los marcos des ventanas?” E rompe antes de romper el bastón
en su palma.
Abbie levanta mano pero no dice nada; Pude ver el miedo en sus ojos verdes,s lágrimas ya
brotaban.
“Y los pisos” levanto los míos, mi estómago se hunde. Sabía que e no se lo perdería.
“Abbie, obtienes tres avisos, uno por cada alféizar”, Abbie aprieta losbios y extiende palma de
mano hacia abajo. La Sra. Daley niega con cabeza.
“No es lo suficientemente bueno, tenemos visitantes importantes hoy, y necesito mostrarles que no soy
flojo en disciplina”, dice bruscamente. Veoo elbio inferior de Abbie tiem. La espalda estaba
peor porque cada movimiento me dolía durante días.