<b>Capítulo </b><b>51</b><b>: </b>Circunstancia extraordinaria
Cuando me desperté, me encontré acostada en una cama de s de emergencias. Todo estabao siempre, y el dolor abrumador que me atormentaba antes había desaparecido por
A mido, sólo estaba un preocupado Patricio. Parecía que él me había llevado al hospital. Mi repentino problema de salud lo debió haber sobresaltado, lo cual me hizo sentir un poco
apenada.
–
—?Te asusté, verdad? Lo siento le dije, sonriendo incómodamente-. Siempre tes arres para verme en mis momentos más vergonzosos. En fin, gracias por salvarme otra vez.
-?Te sientes mejor ahora? -me preguntó, un poco inquieto, mientras me miraba de cerca a
-Sufro de cálculos biliares, pero es una vieja dolencia -respondí con indiferencia.
Patricio salió para informar al médico y le pidió que me hiciera otra revisión. El doctor me proporcionó información detada sobre mi condición ys instriones a seguir. Luego, se dirigió a Patricio y le dijo que podría irme después de infusión, pero él seguía preocupado y volvió a preguntar si yo estaba realmente bien.
Una vez que el médico se fue, intenté tranquilizarlo: -No te preocupes, así eso funciona esta afión. El dolor puede ser aterrador cuando ataca, pero después de que pasa, no sientes
nada.
él asintió y me preguntó: -?Necesitas que avise a tus… familiares?
Sacudí cabeza. ?Familiares? De momento, mi única familia era demasiado joven. Aparte de mi hija, ya no tenía a nadie más. Ya que a nadie realmente me importaba, ?para qué molestarme en pedir a Hernán al hospital para fingir preocuparse por mí?
Ni siquiera yo sabía desde qué momento habíamos llegado a tal punto. Me preguntaba qué había hecho mal para que él me traicionara de esa manera.
Lo más doloroso para una persona no era ser derrotado por un oponente, sino ser traicionado por persona en que más confiabas.
Viendo que yo no decía nada, Patricio a?adió: -Si necesitas algo, puedes decírmelo.
Negué con cabeza en silencio. Cuando terminé infusión, él insistió en llevarme de regreso, <b>por </b>eso tuve que pedirle que me llevara primero al jardín de infantes donde estaba mi hija. No hizo más pregunta<b>, </b>y al llegar a guardería, le pedí que se fuera primero.
Se aseguró repetidamente de que yo estuviera bien antes de marcharse finalmente.
Después de encontrar a mi hija<b>, </b>me sorprendí al ver que Hernán también había llegado en auto
sus </b>gritos de alegría <b>y </b>risas encantadoras atrajeron atención de muchos padres.
<b>En </b>ese momento, parecíamos una verdadera familia feliz de tres.
Hernán dijo que su madre ya había preparado cena <b>y </b>nos invitó a su casa. Honestamente, no quería ir<b>, </b>especialmente evitando encontrarme con Sofía. Sin embargo, al ver expresión de felicidad en el rostro de Dulcita mientras insistía en ir, no podía soportar decepciona. A fin <b>de </b>cuentas, esas personas también eran su familia, aunque yo no sabía cuánto tiempo podría durar esa situación.
Durante el trayecto, Víctor me mó. Eché un vistazo a Hernán, que conducía por dnte, <b>y </b>contesté mada. Me contó que mujer que había ido a empresa en busca de Hernán se maba Luciana Gonzales, confidente de un director <i>y </i>hábil en el juego de sus cartas.
-Ya veo–respondí sin dejarlo har más, y colgué rápidamente.
Con su naturaleza sensible, Hernán casualmente me preguntó quién había mado cuando finalizó mada.
-Bueno, es que pensé enprarle a tu mamá un par de zapatos, pero en ese momento no tenían su ta, así que transfirieron un par aquí. Me acaban de mar para decirme que ya
están disponibles -inventé una excusa para contestar.
-Entonces vamos por ellos ahora. De todos modos, cenaremos con e más tarde -propuso mientras me observaba a través del espejo retrovisor.
Le devolví mirada y, sin alterarme, respondí: -Será mejor otro día. No está en nuestro
camino.
-?Dónde está? Es sólo cuestión de minutos, no retrasará cena —. él parecía insistir, aunque yo en el fondo tenía muy ro que sólo quería verificar si le estaba mintiendo.
-En el Centro de Calzado FeliCiudad en calle Prosperidad -respondí.
Hernán siguió fijando sus ojos en mi rostro, ?y realmente cambió de dirión en el próximo cruce!
Ante eso, apreté el pu?o mientras le maldecía para mis adentros: ??Demonios, si eso es lo que quieres, yo te dará una oportunidad hoy!?
El auto viajó a toda prisa y pronto llegamos a nuestro destino. Cuando detuvo el vehículo, se volvió hacia mí y dijo: Te pa?aré.
Al escuchar eso, dejé escapar un resoplido. Parecía que no creía para nada en mis pbras y quería verme hacer el ridículo.