<b>Capítulo </b><b>247 </b>
Recibí el mensaje de Jorge media hora después. No supe que hice durante esa <b>media </b>hora, ?quizáso ens novs, tomé una ducha fría? Pensando en el frenazo de emergencia de antes, ni siquiera tenía cara para responderle. Esa noche no dormi bien, probablemente porque no tomé esa ducha fría y sentio si algo se arrastrara dentro de mi. La puerta del deseo, un abismo insondable, esa lión aprendí en carne propia. No pude dormir bien, ni tranqu, así que me desperté temprano. Pero ni siquiera me desperté más temprano que Jorge, que ya habja salido a correr por ma?ana. La energia y fuerza de ese hombre realmente eran admirables. ?En ese “asunto” también debía ser muy fuerte! Me sentio si estuviera bajo un hechizo, siempre pensando en
eso….
Todo era culpa de esa mujer, Virginia, ?por qué me dio noche anterior esa m idea? Con ese pensamiento, no me importó qué hora era, y le mandé un mensaje: “?Tienes hambre? Ven a desayunar conmigo.”
La noche anterior tomé el atole, pero por pensar demasiado toda noche, en aquel momento ya tenía hambre. En un día normal, le diría a Jorge y él definitivamente <b>me </b>prepararía el desayuno, pero ese día… Era mejor evitarlo. Sabía que estaba siendo un poco dramática, pero no tenía opción. Había vivido más de veinte a?os, y era primera vez que experimentaba algoo lo de noche anterior, aunque no pasó nada, casi hubiera preferido que sí.
Cuanto más lo pensaba, más incómoda me sentia. ?Los demás también se sentirían así después de dar el paso final, al despertaro yo? Ay, cada vez me sentía más patética. Apenas envié el mensaje y aún no había doltado el tedo cuando Virginia me mó por video.
“Vaya, parece que anoche no hubo ión.” Virginia empezó a bromear conmigo.
“Ni lo digas, ?si no fuera por ti, estaría yo aqui con hambre tan temprano?” La culpé primero.
Virginia, vestida con su bata nca, reclinada en su sillón de descanso, dijo: “?Qué pasó anoche? Cuéntame, para despertarme un poco.”
Rodé los ojos y le dije: “Gran doctora de Fuente, ?acaso no tienes ética médica?”
“Puedes atacarme, pero no insultes mi sagrada profesión.” Virginia me se?aló a través de panta.
“Invitame a desayunar y te cuento.” Me levante mientras le decía: “Estás en el hospital, ?verdad? Iré a verte.”
Virginia bostezó y me dijo: “Ven, y tráeme unos tacos.”
Capítulo <b>247 </b>
“Está bien, doctora de Fuente.” Colgué video mada y suspiré antes de ir al ba?o.
<b>En </b>el espejo, a pesar de no haber descansado bien, parecía radiante, especialmente mi cara, pálida pero sonrosada, y mis ojos bribano el agua. Era extra?o. ?No debería estar cubierta de ojeras<b>? </b><b>?</b>Sería ese el mado brillo del amor?
Me vestí rápidamente y salí de casa en silencio, tratando de no despertar a Jorge. ?Bien! Logré cerrar puerta con éxito y me dirigí a mi auto cuando voz de Jorge me alcanzó en neblina matutina: “?A dónde vás tan temprano?”
Me quedé paralizada, agarrando con fuerzas ves del auto.
Sin mirar atrás, dije rápidamente, “Voy a ver a Virginia.”
Entonces escuché los pasos firmes y seguros de Jorge, y sin pensarlo, también empecé a caminar rápido, intentando escapar.
Pero no pude superar susrgas piernas, Jorge se ntó frente a mí, mirándome fijamente con sus oscuros ojos mientras preguntaba: “?Te sientes mal? ?O pasó algo?”
Su voz era tensa, lo que mostraba que ramente estaba preocupado.
No me atreví a mirarlo, solo negué con cabeza: “No, no, es que doctora de Fuente está de guardia y tiene hambre, voy a llevarle algo deer.”
Esa excusa, hacía unos a?os, no habría tenido problema. Pero en aquel momento vivíamos en era de los servicios a domicilio y podías conseguir lo que quisieras con una mada, ?quién necesitaba molestar a alguien tan temprano?
Jorge no era tonto, naturalmente sabía que mentía, <i>y </i>dijo suavemente: “Sabía que me evitarías.”
Me sorprendí y lo miré.