Capítulo 490
Capítulo 490- E se prepara
e
Respiro profundamente, trabajando para respirar a través de contrión. Sinir está sentado en
cama a mido, con una mano en mi espalda baja y otra agarrando mi mano izquierda mientras
aprieto sus dedos con fuerza.
“Lo estás haciendo muy bien, Ells”, dice Cora, allí a mi derecha, guiándome a través de esto. E era
la elión obvia para ayudarme a dar a luz a mi bebé, a pesar de que otros tres médicos esperan
pacientemente detrás de puerta de nuestra s de estar, asío un peque?o equipo de
enfermeras de parto.
Es todo excesivo, lo sé, pero bueno, ?por qué no tenerlos a mano por si acaso? ?Pero en
habitación? Por ahora somos solo nosotros tres. Roger y Henry también están ahí fuera, cuidando de
Rafe y probablemente bebiendo brandy y fumando puros, por lo que sé.
La contrión termina y mi cabeza cae hacia atrás mientras jadeo, cierro los ojos y trabajo duro para
ahorrar energía. Babygirl: está tardando más que Rafe, lo cual está bien, es solo que… es una
experienciapletamente diferente. Aunque última vez me golpearon físicamente, esta vez
simplemente estoy… exhausto.
Puedo sentir ansiedad de Sinir por mí a lorgo de nuestro vínculo, incluso si intenta ocultarlo. él
suelta mi mano, sacude suya un poco y luego levanta una toallita fría hacia mi cabeza, secándose el
sudor allí.
“Gracias, bebé”, murmuro, volviendo un poco cara hacia él.
“Ya casi llegamos, E”, responde,prensivo.Original from N?velDrama.Org.
“Tiene razón”, dice Cora, inclinándose paraprobar mi progreso. “Vamos a empezar a impulsar el
próximo”. E levanta cabeza y me sonríe. “?Estás listo?”
“?Estás bromeando?” Digo, levantando cabeza para mira un poco. “He estado listo durante
horas”.
La sonrisa de mi hermana se profundiza cuando se levanta y se acerca a puerta para mar as
enfermeras de partos para que haya más manos para ayudar con el bebé.
“Peque?a Princesa”, dice Sinir, dándome un apretón. “E estará aquí pronto”.
“Voy a estar celoso”, murmuro, mirándolo y esforzándome por hacer una broma, aunque puedo sentir
la siguiente contrión, “cuando haya otra chica en tu vida, robándote toda tu atención”.
“Nunca”, responde, besándome en el costado de cabeza. “Siempre eres mi mejor chica”.
“Será mejor que así sea”, jadeo, pero luego todass bromas se dejan dedo, porque contrión
aparece con toda su fuerza. Gimo cuando el dolor se apodera de mí y Cora se mueve rápidamente
hacia cama, ayudándome a posicionar mejor mis piernas mientras me ayuda a superarlo.
“?Está bien, E!” —dice con voz ansiosa. “?Empecemos a empujar!”
Y así lo hago: me esfuerzo y pongo toda mi fuerza detrás, trabajando para traer a mi bebé al mundo.
El dolor es… agonía. Mi gemido se convierte en un gemido bajo y luego en un grito mientras empujo,
mi mundo se vuelve oscuro en los bordes. Sigo empujando, todavía escuchando el aliento de Cora,
sintiendo a Sinir tenso a mido.
Pero cuando respiro profundamente, contrión se desvanece y mis ojos se abren.
“Ahora viene rápido”, dice Cora, con voz emocionada, “?ya casi has llegado, E! Unos cuantos
empujones más…
Pero su voz se desvanece y – ys sombras en el borde de mi visión, no se desvanecen –
Frunzo el ce?o, parpadeo, tratando de entender porque, quiero decir… no me voy a desmayar. Esta no
es oscuridad en el borde de mi visión que sentí antes cuando me sentí desmayado. Esto es… qué
diablos, son sombras reales que se curvan en los bordes de mi habitación…
“?Ustedes…” pregunto, mi voz jadea mientras movimiento mi cabeza, mirando alrededor de
habitación, “?ustedes ven eso?”
La mano de Sinir está en mi cara, giránd hacia él ahora, con voz preocupada. ” ?Mira qué?”
“Las…s sombras”, digo, apartando mi rostro de su mano y mirando alrededor de habitación
nuevamente. Las sombras… están creciendo.
“E”, dice Sinir, con voz temblorosa de preocupación. “Cora – ?qué es -“
“Yo… no lo sé”, dice Cora, mirándome. “?E? Qué…”
Pero su voz se apaga y habitación se oscurece a medida ques sombras abruman.
Y entonces, de repente, Cora y Sinir se congn a mido, y habitación se convierte de alguna
manera en una sombra de sí misma, luciendoo…o una habitación en una casa de mu?ecas,
o algo así – sólo medio real enparación con…
Al hombre que está parado en el centro de habitación, que parece estar hecho de sombra misma.
Excepto sus ojos, que ardeno brasas en su cara.
“H, E”, dice, con voz baja y ondnte,o un trueno.
Mis ojos se abren cuando él avanza unos pasos ys sombras se aran, revndo a un hombre alto,
de hombros anchos y rostro anguloso, impecablemente vestido con ricas ts, cada una de un tono
más oscuro de negro. “Felicitaciones”, continúa, haciéndome una breve y burlona reverencia, “por el
nacimiento de su primera hija”.
“Quién”, jadeo, aterrorizada y todavía con mucho dolor, aunque mi proceso de nacimiento está de
alguna manera… en pausa – estoy en el medio, pero no está progresando – jadeo y mis manos vun
hacia mi estómago. , preocupado por e.
“Está bien”, continúa el hombre, caminando hacia mido para mirarme con esa mirada ardiente. “Te
he transportado, temporalmente, a un reino de bolsillo; solo te he quitado un segundo de tu vida.
Cuando terminemos nuestra peque?a cha, volverás sano y salvo. Ninguna amenaza para su hijo”.
“?Quién”, tartamudeo, empezando a enojarme, “?quién eres?”
“?No me reconoces?” pregunta, levantandoisura de su boca. “Me temo que tu madre te ha
descuidado, si no se ha molestado en ense?arte a reconocer presencia de su marido”.
“?Su… su marido?” Jadeo y luego mis ojos se abren mientras juntos piezas. Mi madre, diosa de
luz, luna y los lobos, frecuentemente se emparejaba, de manera bastante infeliz, con su a veces
amante, el Dios de Oscuridad.
“Bueno”, dice con un suspiro, “marido a falta de un término mejor. Vosotros, lobos, con vuestras
parejas… hace el amor muy sencillo, ?no?
“No”, gru?í, mirándolo, incluso más asustado ahora que antes. ?Para qué demonios está aquí? ??Va a
intentar llevarse a mi bebé!?
él se ríe, sonriéndome. “Me gusta tu espíritu, peque?o lobo; me recuerdas mucho a tu madre”.
“??Por qué estás aquí!?” Grito, aterrorizada, todavía atormentada por el dolor del parto.
“Porque tengo derecho a estar aquí”, espeta, inclinándose un poco y sosteniendo mi mirada. “Eres hijo
de mi amada, mi esposa; deberías haber sido mío, si e no hubiera sido tan tontao para elegir a
esos hombres mortales para engendrarte. Y así, aunque no eres biológicamente mío, tengo lo que
podría considerarse… un interés personal.
Sacudo cabeza hacia él, todavía sin entender qué diablos tiene esto que ver con el nacimiento de mi
hija.
“Habría estado presente en tu nacimiento”, dice, enderezándose, “y el de tu hermana, si hubiera
sabido que existías. Me negaron ese derecho, y por eso estoy aquí”, ahora dirige su mirada hacia mi
estómago, “para presenciar el de e”.
“Qué…” Sacudo cabeza, mi mente piensa demasiadas cosas a vez, “?por qué no Rafe?” ?Jesse?
él se encoge de hombros. “Los hijos pertenecen a sus padres. Las hijas sons verdaderas hijas de
luna”.
Mi ce?o se frunce ante esta deración críptica, pero no tengo tiempo, realmente para pensar en ello
porque el Dios… me tiende una mano.
Instintivamente, me estremezco.
él ríe.
“Tu madre”, dice, sacudiendo cabeza con un suspiro y manteniendo mano extendida. “E te
ense?ó a no reconocerme, sólo a temerme. Pero no sólo el peligro acecha en oscuridad, hija de
luna. Allí también hay una gran belleza”.
Lo miro fijamente, ira agitándose en mí ahora. “No fue mi madre quien me ense?ó que fueron tus
horribles sacerdotes los que nos persiguieron a Cora y a mí toda nuestra vida tratando de robarnos a
mi hijo…”
El Dios Oscuro inclina cabeza hacia atrás y se ríe, nada menos. Mi ce?o se profundiza. “Esos
sacerdotes…” dice, moviendo su mano con desdén, “todos políticos mortales, E. A los sacerdotes…
les di poder hace siglos antes de que perdiera el interés. Lo que sea que estén haciendo hoy es
asunto suyo, no mío”.
Sacudo cabeza y empiezo a ense?arle los dientes. “Sal de aquí”, espeto, “devuélveme con mi
compa?ero…”
El Dios des Tinies sonríe tan ampliamente que se le arruga piel alrededor de los ojos. “Qué
fuego, peque?o lobo”, dice, riendo. “Ojalá hubieras sido mía”. Suspira e inclina cabeza, su calma
sólo aviva aún más mi ira. Abro boca para hacer más demandas, pero él simplemente vuelve a
levantar mano y siento (obviamente bajo su control) necesidad instantánea de car.
“Suficiente”, suspira. “Te devolveré a tu casa y a tu tarea en un momento. Lo único que queda es
entregar mi regalo”.
“?Un…un regalo?” Me tropiezo cons pbras, horrorizado ante idea.
“Un regalo”, continúa asintiendo. “Para tu hija. De mi parte.”