Capítulo 364
#Capítulo 364 – Asalto
e
Mientras los hombres, sorprendidos, salen corriendo de s de conferencias, Henry se vuelve hacia
Cora y hacia mí, mirándonos con una expresión sombría mientras nosotros lo miramos aterrorizados.
“Heetido un grave error de cálculo”, nos informa con un gesto firme y arrepentido. “Lo siento,
chicas – les he fado –”
“?Qué-qué?” Jadeo, sosteniendo a mi bebé con fuerza. “Henry, ?de qué estás hando?”
“Era una trampa”, dice, mirando hacia puerta, donde aún se oyen los golpes, cada vez más
intensos, y los gritos, elienzo de los ridos.
“?Una trampa?” Pregunta Cora, volviéndose e misma hacia puerta.
“Ellos lo sabían”, dice, y todavía estoy mirando a Henry mientras él niega con cabeza. “Debieron
seguirnos hasta aquí después de alcantari y luego esperar el momento oportuno, esperando a
que mayor parte de nuestras fuerzas (y nuestros lobos más poderosos) se fueran antes de atacar.
?Maldita sea!” grita, golpeando una mano frustrada contra el brazo de su si. “?Fui un tonto al dejarte
a ti y al ni?o sin vigncia!”
“Oh, Dios mío”, susurro, mi voz tiem mientras trato de devanar mi cerebro en busca de algo,
cualquier cosa que hacer a continuación.
“Ven”, dice Henry, rponiéndose y rodando rápidamente hacia esquina de habitación. Allí
se? el borde de alfombra. “Cora”, ordena. “Levanta eso”.
Cora hace lo que él dice, cayendo instantáneamente de rodis y hundiendos manos en esquina
de alfombra, metiendo los dedos debajo y tirando tan fuerteo puede. No puedo evitar mi
sorpresa cuando veo lo que se rev cuando e retira lo suficiente.
Una trampi.
“ábr”, espeta Henry, y Cora lo hace, levantando el peque?o pestillo y girando puerta hacia arriba
para revr una escalera de caracol muy delgada que conduce hacia abajo, hacia abajo, hacia abajo.
“Ve”, ordena Henry, sin mirarnos y asintiendo hacia él.
“Henry”, protesto, sacudiendo cabeza. “No podemos dejarte.”
Gritos repentinosienzan a estar desde el pasillo, haciéndome saltar. Y luego mi rostro se hunde
en horror cuando escucho disparos también.
“Irás, E”, gru?e Henry, envolviendo su mano alrededor de mi brazo y empujándome hacia el pasillo.
“Bajar. Sigue adnte. Al fondo hay un túnel y, al final, un coche. Si Dios quiere, está en buen estado.
Debes correr tan lejos y tan rápidoo puedas”.
N?velDrama.Org content rights.
Luego saca su teléfono del bolsillo de su si y lo presiona en mi mano. “Cuéntales lo que pasó tan
prontoo salgas. Pero no les digas dónde estás hasta que llegues a un teléfono diferente. Quién
sabe – “
Suspira y pone su cabeza entre sus manos, y puedo ver sus hombros temr. “No hay suficiente
tiempo”.
El ruido en el pasillo se hace más fuerte y mi respiración se acelera cuando me doy cuenta de lo que
tenemos que hacer.
“Está bien”, digo, asintiendo con cabeza hacia Cora y luego agachándome para besar a Henry en
meji. “Enrique, te amamos. Nosotros… volveremos por ti”.
“No lo hagas”, dice, ahora con sus ojos sólo en Rafe, quien grita tristemente en mis brazos ante todo el
ruido. “Tomen al bebé, llévense ustedes mismos. Consigan chicas seguras. Yo también te amo.”
Y entonces Cora y yo nos mudamos, con el corazón desgarrado por dejarlo – dejarlo así –
Cora baja primero escalera de caracol y yo sigo rápidamente, extendiendo mano para
entregarle el teléfono para que pueda iluminarnos el camino y el portabebés para que pueda equilibrar
a Rafe de manera más segura en mis brazos. Después de que Cora toma estos suministros, vuelvo
cara hacia arriba para decirle una última pbra a Henry:
Pero puerta se cierra de golpe encima de mí, dejándome en oscuridad.
“E”, grita Cora, “E, por favor, ven, tenemos que irnos”.
“Ya voy, Cora”, digo, tragándome mi horrible miedo y armándome de valor para todo lo que tenemos
que hacer a continuación. Tenemos que sobrevivir. Tenemos que salir de aquí – para que los bebés
avisen a nuestrospa?eros –
Abro los ojos y miro con determinación. “Vamos.”
Cora me hace un gesto de asentimiento y luegoienza a bajars escaleras de nuevo.
Sinir
“?Cualquier pbra?” Roger me pregunta mientras nuestros hombresienzan a descargarse de los
autos. Hemos llegado a nuestro lugar de entrada, al cual hago una mueca nuevamente al ver que es
una alcantari.
Soy consciente de que esta es mejor manera de…
que a través de este alcantarido público podamos empezar a eder sin ser vistos a los caminos
más cercanos al reducto de Xavier. Pero aún así, si nunca me metiera en otra alcantari por el resto
de mi vida, estaría bien para mí.
“Nada nuevo”, digo, mirando mi teléfono, donde me he mantenido en contacto con mi padre.
“Aparentemente están jugando al póquer”.
“Oh”, dice Roger, alzandos cejas de cer. “Muy bueno. Cora se encargará de eso.
“Sí”, murmuro, guardando mi teléfono. “Tengo sensación de que E apostó casa”.
“Bien”, dice Roger de nuevo, sonriéndome. “Siempre me gustó tu casa. ?Crees que podrás salir antes
del fin de semana?
No digo nada, sólo lenzo una peque?a mirada furiosa, pero no puedo evitar sonreír un poco. Sin
duda, Roger está de buen humor, lo que me hace sentir mejor.
Pero aun así tengo que admitir que hay… algo turbulento en mis entra?as. Algo tirando de mis
instintos que simplemente dice mal, mal.
Pero lo hago a undo, a pesar de que mi lobo aú al verme hacerlo. Después de todo, estamos en
una misión y tenemos poco tiempo. No voy a cancr esto sólo porque no me parece perfecto.
Miro a los hombres que están a mi alrededor. “?Listo?” Pregunto y recibo una serie de movimientos de
cabeza por todosdos. “Adnte, entonces”, les digo, asintiendo con cabeza y se?ndo hacia
entrada de alcantari.
Esta vez los hombres van primero y toman dntera para que Roger y yo podamos ir detrás.
Cambiaremos cuando nos acerquemos al asalto en sí, lo que debería llevarnos, curiosamente,
directamente a propiedad de Xavier, si no a su propia casa.
Es buena suerte que alcantari se conecte tan cerca allí, pero mi lobo todavía merodea dentro de
mí, gru?endo demasiado bien y con demasiada facilidad – no está bien –
Pero sacudo cabeza y veo a mis hombres desaparecer en el túnel, ignorando mis nervios de lobo.
Después de todo, ?dónde estaban esas dudas cuando neamos el asalto? Nada ha cambiado.
Seguimos adnte y ese es el final.
Cuando cada uno de nuestros treinta hombres ha desaparecido en alcantari, Roger da un paso
adnte para ser el siguiente. “?Está bien, hermano?” Pregunta, mirándome antes de desaparecer en
la oscuridad. “No eres del todo tú mismo”.
“Estoy bien”, espeto, guardando mi teléfono en el bolsillo de mis pantalones. “Prepárate. Tenemos
unos cuarenta y cinco minutos de oscuridad y silencio de radio ahí abajo —le informo, deslizándome
hacia alcantari tras él. “No vamos a recibir ninguna se?al celr allí abajo”.
“No te preocupes, hermano”, dice Roger, sonriéndome en oscuridad mientras vuelvo a cerrar
entrada. “Conozco suficientes melodías para silbar en el camino. Te mantendré entretenido”.
Y luego, sacudiendo cabeza hacia mi hermano pero agradecida de tenerlo a mido,ienzo el
asalto.