Capítulo 294
#Capítulo 294 – Padrinos
e
“Y me voy inmediatamente”, a?ade Roger, haciéndonos reír a todos. “En serio”, dice, “soy un inútil
hasta que el ni?o tenga edad suficiente paranzar una pelota. Entonces, será todo el tío Roger”. (2
Content protected by N?v/el(D)rama.Org.
Le sonrío,cida, y tomo su mano para apreta, haciéndole saber lo feliz que estoy de que haya
venido. Sus ojos se suavizan cuando me mira y sé que él siente lo mismo.
“Está bien”, digo, suspirando y subiendo a cama. “Suenao un n para mi.”
Luego, todos se van a su trabajo, Roger y Hank salen de habitación y Cora se sienta a mido para
ayudarme en los primeros pasos dectancia. Sinir se sienta cerca, ramente interesado, pero
sin interferir mientras Cora me muestra cómo ayudar al bebé a prenderse. Siento una nueva oleada de
emoción cuando siento que élienza a sionar, cuando siento que lecheienza a fluir y
alimentar a mi bebé.
“Ahí está”, dice Cora en voz baja, y miro con lágrimas en los ojos. “?Ver? Eres natural”.
“?Dónde debería dormir?” Pregunto, mirando a mi alrededor, repentinamente desesperada. No
tenemosvabo, de
curso.
Cora simplemente se encoge de hombros. “Lo resolverás. Usa tus instintos de madre. La gente tuvo
bebés durante miles de a?os antes de que los hospitales vinieran a responderles estas preguntas
sobre cómo pasar su primera noche”. Nos sonríe un poco maliciosamente a Sinir y a mí. “No creo
que ustedes dos vayan a dormir mucho de todos modos, pero… lo resolverán”.
Me río un poco y vuelvo a mirar a mi bebé, cuyos ojos están cerrados mientras lo sostengo caliente
contra mi pecho. “Así es, bebé”, le susurro. “Vamos a resolverlo”.
“Está bien”, dice mi hermana, levantándose y dándome un beso en frente. “Eres una maravi, E”,
susurra. “Llámame si necesitas algo. Te veré en el hospital ma?ana”.
Asiento, pero no miro, sino que miro a mi hijo. Mi nuevo bebé, este tan deseado y deseado
ni?o que finalmente, finalmente está aquí.
Siento el peso del cuerpo de Sinir en cama a mido cuando puerta se cierra detrás de Cora,
pero no aparto los ojos de Rafe mientras Sinir me rodea con sus brazos.
“Bueno”, suspira Sinir y me da un beso en el pelo. “Este es elienzo de una erapletamente
nueva. Eres
?listo para eso?”
“Oh”, digo, girando cabeza para sonreírle a mi pareja, ansioso. “Estoy listo para ello. He estado
esperando esto toda mi vida”.
Cora
Estoy exhausto cuando atraviesos puertas del pcio, pero también me siento extra?amente…
completo. Es más que felicidad general que siento después de que una de mis pacientes da a luz a
un ni?o sano y salvo. Por supuesto, eso es normal, creo, considerando que es mi hermana.
Pero aún así, hay algo… más en el aire. Más que un simple trabajo bien hecho. Reflexiono, de
repente, que tal vez sea el conocimiento de que ahora tengo un nuevo sobrinito al que criar y ayudar a
descubrir el mundo. Hay algo maravilloso en eso.
Hago contacto visual con uno de los guardias que está al pie des escaleras, queriendo asegurarse
de que sea seguro salir, y empiezo a dar un paso cuando me hace se?as para que avance. Sin
embargo, doy un salto cuando escucho voz detrás de mí.
“Entonces”, dice. Y sé sin girar a quién pertenece. Me giro y encuentro los ojos de Roger. “He oído que
vamos a ser padrinos juntos”.
“?Oh?” Pregunto, mirándolo mientras camina lentamente hacia mí, cons manos hundidas en los
bolsillos. Bueno, eso no es una gran sorpresa. Los dos hermanos únicos del padre y de madre.
“Sí”, dice, acercándose a mí. Lo suficientemente cercao para que casi pueda sentir sus pbras
como un aliento en mi meji, además de escuchas. “Pero sólo uno de nosotros es hija de una
deidad. Creo que a Rafe le está yendo mejor por parte de su madre”.
No puedo evitar peque?a risa que se me escapa ante eso, y miro mis pies. “Bueno”, digo, un poco
incómodo. No he hado con Roger en semanas, y mucho menos de manera tan casual. “Supongo
que eso es tema de debate, considerando que soy un humano entre los lobos”.
“Cora”, dice Roger, vte, y veo que su mano busca mía. Me estremezco.
“?Qué?” Pregunto, repentinamente enojado. “?Qué estás haciendo aquí? ?No tenías tantas ganas de
llegar a casa?
Roger duda y luego retira su mano, tal vez queriendo fingir que nunca alcanzó excepto por mía.
Se encoge de hombros casualmente, mirando ciudad recientemente tranqu. “Las tropas sofocaron
los disturbios, pero eso no significa que todos se fueron a casa y que nadie acecha en oscuridad
con ganas de hacer travesuras”. Entonces me mira y hace una pausa antes de continuar. “Quería
asegurarme de que llegaras a casa sano y salvo”.
“Bueno, estoy bien”, espeto, alejándome de él y bajandos escaleras hasta donde está estacionado
mi auto. “Gracias por pensarlo, pero estoy bien”.
“Cora”, me ma, con voz llena de arrepentimiento.
“?Qué!” —grito de nuevo, volviéndome para mirarlo. “?Qué, Roger! ?No necesito que me protejas! ?No
necesito esto!
“?No necesitas qué?” pregunta, desafiándome. “?No necesitas ayuda para llegar a casa? ?O no me
necesitas?
“Maldita sea, Roger”, gru?í, casi entre dientes, sacudiendo cabeza hacia él. “?En serio? ?Ahora?
?Quieres profundizar en esto ahora, después de meses de silencio sobre el tema?
“?Qué tema, Cora?” Pregunta, su voz enojada ahora. “?La nada absoluta que somos nosotros?”
Abro boca para devolverle sus pbras, pero es demasiado rápido para mí.
“E incluso si quisiera”, empuja Roger, “?cómo podría? Siempre estás con él”.
0
“?Oh?” Pregunto sarcásticamente, con los ojos muy abiertos. “?Es esa gran barrera? ?Nunca has
oído har de esa cosa mada teléfono?
“?Querías tener esta conversación por teléfono, Cora?” Pregunta Roger, acortando distancia entre
nosotros, su voz ahora duele además de enojada. “?Eso es todo lo que crees que se merece?”
“?Qué conversación?” Siseo. “Como dijiste. Es nada que somos nosotros. No hay nada que decir.”
Aprieto los dientes y luego me giro, bajandos escaleras, rápido y enojado, queriendo escapar.
de él. Ciertamente no quería que viera nueva humedad en mis pesta?as inferiores.
“Tú mataste esto, Cora”, me grita Roger, aparentemente sin importarle quién escuche. “Tu hiciste esto.
Yo no.”
La ira arde en mí ahora, tan intensamente que detengo mis pasos. Luego, actuando con rabia más
que con lógica, me giro y menzo escaleras arriba hacia él, deteniéndome cuando estoy tan cerca de
él que un solo aliento empujaría mi pecho contra el suyo.
Luego, levanto una mano, coloco mis dedos extendidos contra su pecho y empujo.
él retrocede, creo que más por sorpresa que por cualquier fuerza real en mí. Es un lobo, de todos
modos. Y yo soy sólo un humano.
“Que te jodan, Roger”, le susurro, sabiendo que puede oírme. “Tu hiciste esto. Estaba dentro. Y
dejaste de marme. (2)
“Estaba ocupado –protesta– tratando de arrer nación.
Me río, sacudo cabeza y me alejo de él. “Cualquier excusa que quieras poner”, mo por encima del
hombro, todavía enojada, pero creo que ahora estoy haciendo un mejor trabajo al ocultarlo y actuar
con calma. Pero no me culpes sólo porque no te esperé después de que me enga?aras.
“?Cora!” Roger ma y, bueno, incluso si hay dolor en su voz, ya no me importa. O al menos me alejo
como si no lo hiciera.
Le paso un dedo por encima del hombro y le mo, más casualmente de lo que siento: “Te veré en el
bautizo”.
Pongo los ojos en nco cuando escucho su respuesta.
“?Los hombres lobo no tienen bautizos!”
“?Lo que sea!” Respondo, abriendo puerta del conductor de mi auto y sentándome pesadamente en
mi asiento. No miro por el espejo retrovisor mientras me alejo.
No quiero saber si me ve salir. No quiero ver expresión de su cara.
Porque si veo que él está tan devastado por esta conversacióno yo, entonces…
Y estoy decidido. Decidido a no volver atrás.