Capítulo 113
Capítulo 113 – Ni siquiera en nuestros sue?os
Sinir
Cuando me despierto, es por sensación del trasero redondo de E ondndo contra mi dura po.
Su espalda está pegada a mi pecho, su cuerpo desnudo perfectamente amortiguado por mi forma
mucho más grande por undo y el límite de su nido por el otro. No tengo ninguna duda de que ya
estaba hinchado de excitación cuando e se despertó, ya que dormir a sudo todass noches es
un desafío cada vez mayor, especialmente ahora que nuestra rción se ha vuelto abiertamente
romántica. Me quedé dormido con su néctar meloso todavía en mi lengua, después de otra sesión más
decer a E inconsciente para tratar de apaciguar a su lobo.
Abro los ojos, apretando mis brazos sobre el dulce bulto y tratando de silenciar los emocionados
gru?idos de mi lobo. Un peque?opa?ero tan necesitado. Está canturreando. Mi E. Mía, mía,
mía. No se le ha escapado que mi boca está a sólo unos centímetros de su hermoso cuello. Tan cerca,
sería tan fácil, tan sencillo. Sólo un peque?o bocado.
Retumbo con simpatía, presionando misbios en ese punto especial donde su hombro se curva hacia
la elegante columna de su garganta, pero obligándome a no ir más lejos. Este es mi premio de
consción. Puedo besar su lugar de remo todo lo que quiera, incluso puedo darle un mordisco
ocasional… tal vez un mordisco frecuente… o un peque?o mordisco… sólo un peque?o mordisco de
bebé… ?NO! Rápidamente salgo de mi enso?ación, maldiciendo el delicioso aroma de E.
Esto es tortura. Mi lobo se queja. No puedo creer que Diosa nos envíe unapa?era y luego nos
niegue posibilidad de rema. Es sádico, ?incluso criminal!
N?velDrama.Org owns this text.
E, por su parte, no facilita situación. La traviesa criatura sigue frotando su trasero sugestivamente
contra mí, pero también finge estar dormida. Está respirando con determinación y de manera uniforme,
demasiado intencional y pesada parapara con los suaves suspiros de su habitual dormitar. He
pasado mucho más tiempo del que me gustaría admitir viendo dormir a este peque?o lobo, y
reconozco un acto cuando lo veo. El descaro, pienso conpleta diversión. Como si todo su
bnceo y movimiento fuera simplemente dar vueltas y vueltas, y no un asalto calcdo.
“Sé que estás despierto, problema”. Ronroneo en su oído, rápidamente rpensado con una
peque?a risita.
Riendo entre dientes, me apoyo en un codo y hago rodar a E sobre su espalda, aliviada y
decepcionada al mismo tiempo por perder estimción de su exuberante trasero. Agacho cabeza
y remo susbios, arrastrando mi palma hacia su pecho hinchado mientras le robo el aliento de sus
pulmones. E gime y se arquea hacia mi mano, y paso mi pulgar sobre su pezón con cuentas.
Seguimos así un rato, dando los buenos días con el cuerpo en lugar de con voz, y disfrutando hasta
el último momento.
Cuando finalmente retrocedo, chocando su nariz respingona con mía, caigo de cabeza en los
estanques sin fondo de sus ojos dorados. “?Y bien, diablillo? ?Qué tienes que decir al respecto?”
“No fue mi culpa”. La cosa descarada en realidad me pesta?ea, imagen misma de inocencia. “Me
desperté y prácticamente me estaba apu?ndo, ?qué más se suponía que debía hacer?”
En retrospectiva, me doy cuenta de que podría haberlo hecho mucho peor. Si me despertara primero y
encontrara a E excitada, hay alrededor de una docena de formas diferentes ypletamente
depravadas que habría elegido para desperta. Las posibilidades ya están corriendo por mi mente:
imágenes de E desplegadas ante mí, gimiendo en sue?os, llegando incluso antes de que e…
?Saca tu mente de ca!
“Se suponía que debías despertarme para que pudiera teners cosas bajo control, no para tratar de
seducirme”. Sonrío, mostrando mis colmillos para que sepa que sólo estoy medio bromeando.
E deja caer cabeza hacia atrás y gime. “No es justo”. E se queja: “?Puedes tocarme todo lo que
quieras y yo nunca podré devolverte el favor!”.
“Porque no confío en mí mismo para no perder el control”. Le recuerdo por décima vez, anticipando ya
su habitual refutación de: pero tú siempre tienes el control. “Todass apuestas están cancdas
cuando se trata de ti, E”.
E reso, pero me mira con curiosidad: “Estaba pensando”. Eienza vte, sus delgados
dedos juegan con el cabello oscuro esparcido sobre mi pecho.
“?Mmmm?” —insisto, pasando mis dedos por su barriga.
“Tal vez podríamos tener más citas de ensue?o”. E reflexiona esperanzada. “Entonces ambos
podríamos divertirnos un poco con esto”.
Parpadeo sorprendida. “Cari?o, ?te imaginas que esto no me divierte? ?Que no disfruto dándote
cer?
“No, lo sé”. E responde, su piel se sonroja de un rojo brinte. “De hecho, creo que quizás lo
disfrutes demasiado”. A?ade con tristeza, ganándose una risa en respuesta. Sé que se ha sentido
abrumada por mi dedicación a hace ver estres tan a menudoo pueda, pero no me arrepiento
en lo más mínimo. E se merece todo esto y más. “Pero también me gusta dar cer”. Finalmente
admite, “y me siento culpable de que nunca seas… ya sabes, rpensado”.
Debería haberme dado cuenta de que alguien tan generosoo E querría dar tanto afecto, si no
más, del que quiere recibir, pero no estaba bromeando sobre mis luchas con el control. “Lo siento
bebe.” Confieso honestamente, presionando un beso profundo y prolongado en susbios. “Sé que es
difícil. Y créanme, desearía ques cosas fueran diferentes. Desearía poder ser enterrado en tu dulce
p…
“?Dominico!” E exma, interrumpiéndome y luciendo escandalizada.
“Tsk, pobre peque?o lobo”, me río entre dientes, “criado por esos humanos mojigatos”. E gru?e uno
de esos adorables gru?idos de gatito, y mentalmente me debato con qué frecuencia es demasiado
frecuente para ultrajar su dulce sensibilidad. Me encantan sus sonrojos y nunca quiero perder
capacidad de sorprende de esta manera. Por el momento decido que har sucio sólo hará que
abstinencia sea más difícil. “El punto es que desearía poder estar enterrado en tis 24 horas del día,
los 7 días de semana, pero no podemos”.
“?Ni siquiera en nuestros sue?os?” E pregunta seriamente.
“Tal vez si so?amos en camas diferentes”. Lo admito, “pero creo que sería peligroso intentarlo
mientras duermen juntos. Si realmente puedo sentirte en mis brazos, mientras te hago el amor en mi
cabeza… sería simplemente una receta para el desastre. Incluso podría remarte mientras esté
inconsciente”.
E baja mirada decepcionada. “Está bien, supongo que eso tiene sentido”.
“Son sólo unos pocos meses más”. —digo, esperando ofrecerle algo de consuelo. “Y hacia el final
probablemente no me querrás cerca de ti. Te sentirás tan incómoda y lista para sacarte este bebé, que
probablemente querrás arrancarme cabeza sólo por pone aquí en primer lugar”.
E frunce el ce?o y al principio creo que me he metido un pie en boca. Sin embargo, un momento
después e pregunta: “?Puedo preguntarte algo?”
“Cualquier cosa.” Estoy de acuerdo, demasiado rápido. E realmente me tiene envuelto en su dedo
me?ique.
“Cuando nos conocimos y el médico estaba preocupado porque el bebé era demasiado peque?o,
mencionaste que a tu madre le habían dicho lo mismo cuando te llevaba en brazos”. E me lo
recuerda pensativamente. Tarareo en confirmación y e continúa. “Simplemente, nunca he tenido una
mujer en mi vida que me ayude a guiarme a través de esto. Quiero decir que hay muchas tonterías en
línea, pero mil millones de mujeres discutiendo entre sí sobre qué es lo mejor y qué experiencias son
precisas… simplemente no es lo mismo que escuchar a alguien en quien confías. ?Sabes mucho
sobre experiencia de tu madre?
Me encuentro sonriendo y el hermoso rostro de mi madre aparece en mi cabeza. “E solía contarme
esa historia todo el tiempo. Sobre cómo todos los médicos estaban convencidos de que iba a ser un
enano, pero les demostré que estaban equivocados y terminé siendo uno de los cachorros más sanos
y fuertes que habían visto. Cada vez que dudaba de mí mismo o me sentía fracasado, e me
recordaba que nada en vida permanece igual y que nunca sabes cómo terminará una historia
cuando todavía estás en medio de e”.
“?Cuántos a?os tenía usted cuando e murió?” E pregunta suavemente, acurrucándose un poco
más cerca de mí, sin duda para brindarle consuelo.
“Yo sólo tenía seis a?os”. Comparto suavemente. “No recuerdo mucho de e, pero recuerdo esa
historia y recuerdo su sonrisa. Aprendí muchas otras piezas de segunda mano de mi padre, pero esos
recuerdos son los que sé que son míos”.
E me ofrece una sonrisa agridulce. “?Me lo dirías… quiero decir, sólo si quieres, yo solo…”
“?Cómo murió?” Supongo que conocer a E es curioso pero reacio a hacermepartir una historia
difícil. Asiento con cabeza. “Eso parece justo, ya que te he estado preguntando sobre todos tus
traumas”.
“Aun así, no tienes que decírmelo a menos que quieras”. E repite con firmeza.
“Esta bien bebe. Deberías saberlo: es lo correcto”. Respiro profundamente, me transporto a todos
esos a?os atrás y empiezo.