Capítulo 95
Capítulo 95 – Devolviendo el favor
e
“?Reposo en cama?” Repito, mirando nerviosamente a Sinir. “?Quieres decir hasta que nazca el
bebé?”
“No, no creo que tengamos que hacer nada tan extremo todavía”. El médico responde con una sonrisa
amable: “Por ahora, empecemos con unas pocas semanas. Más allá de eso, podemos tomarloo
viene”.
“?Qué significa eso exactamente?” Pregunta Sinir, su gran cuerpo se cierne sobre mí. Su calor, que
a veces me recuerda demasiado a un horno ardiendo cuando estamos acurrucados juntos en cama,
ahora es un bálsamo bienvenido que me inunda con una marea de acogedor consuelo. “?No puede
levantarse de cama en absoluto?”
“No, no es tan grave”. El doctor nos asegura. “E puede levantarse para ir al ba?o o moverse para
cambiar de posición. Puede realizar dos caminatas cortas todos los días: una por ma?ana y otra por
la noche, pero no más de veinte minutos, y si se siente cansado o abrumado antes de esa fecha, debe
detenerse. Absolutamente nada de escaleras ni esfuerzo físico, y no estar de pie durante más de
veinte minutos seguidos, por ningún motivo”.
Mi corazón se hunde y trato de no mostrar mi decepción. Después de todo, no es el fin del mundo,
sólo significa que me aburriré un poco. “?Tengo que estarpletamente boca arriba o puedo
sentarme?”
“Elija posición que le resulte más cómoda”. Continúa, mirándonos de undo a otro. “Más
importante aún, no te estreses ya sea que estés en cama, en el sofá o donde quieras. Eso significa
que no habrá eventos de campa?a ni emoción”.
“?Y si e se emociona, a pesar de nuestros esfuerzos?” Pregunta Sinir, con una nota extra?a en
su voz.
“Voy a enviarte a casa con algunos sedantes en caso de emergencias, y aunque te rendaría que
mantengas actividad sexual al mínimo, si tensión se está acumndo es mejor permiti que
resisti; solo recuérdale Tu lobo será amable con e.
Parpadeo. ?Quién dijo algo sobre S **? ?Es a eso a lo que se refería Sinir, pero yo simplemente no
entendí el matiz? ?Cómo es que eso no es un esfuerzo físico?
No seas tonto, sabes que los orgasmos son los mejores calmantes para el estrés. La vocecita en mi
cabezaenta.
Oh Diosa, ?cuándo fue última vez que tuve uno de esos? Pienso en retrospectiva, recordando
última noche que dormí lejos de Sinir, cuando finalmente fui libre de aliviar un poco el fuego que él
mantiene constantemente encendido dentro de mí.
Demasiado tiempo y debes admitir que sería bueno tener uno que no te hayas regdo. La voz
responde.
Esa sería primera vez, resoplo. Mike es el único hombre con el que he estado y nunca pareció
entender ques mujeres no pueden excitarse mágicamente con unas cuantas embestidas. Siempre
disfruté del S ** por intimidad y, aunque siempre me sentí bien, los orgasmos siempre habían sido
mi propia responsabilidad; mía debía buscarlos una vez que él se daba vuelta y se quedaba
dormido.
Sabes que no sería así con Sinir. Mi conciencia me insinúa, provocando recuerdos des pocas
veces que nos hemos dejado llevar, cuando he vislumbrado el cer que él podría darme si tan solo
sucumbiera a sus encantos. Sus pbras el día del baile –después del incidente,o he decidido
marlo– resuenan en mi mente: Ahora, ?quieres que te haga sentir bien? Nada sobre sus propios
deseos, nada sobre ir más allá – sólo una oferta desinteresada para satisfacer mis necesidades.
Carse boca. Pienso bruscamente, sin saber si le estoy hando al recuerdo o a mi voz interior.
Sinir me está mirandoo un halcón, y expresión hambrienta que tiene me hace preocuparme
de que mi expresión esté dtando mis pensamientos escabrosos. Antes de que pueda decir una
pbra, me inclino hacia su costado y vuelvo cara hacia su hombro para poder respirar su aroma.
Lo hago porodidad, sí, pero también para ocultar mis rasgos sonrojados. Sinir ronronea
suavemente, todavía acariciando mi nuca, y le agradece al médico.
“Aprecio que hayas venido con tan poca antción. ?Puedo lleva a casa ahora? Pregunta sin
rodeos,o si yo fuera parte perjudicada aquí, en lugar de él.
“Dominic, estás en mucho peores condiciones que yo”. Le recuerdo de mal humor. “Deberíamos
preguntarle a sus médicos, no a los míos”.
él levanta una ceja oscura ante mi desafío, pero por lo demás no reconoce mis pbras. Vuelve a
mirar al obstetra, quien sonríe cálidamente: “E podrá irse tan prontoo le escriba esta receta. Iré
a ver cómo está pasado ma?ana, pero llámame si surge algo antes de esa fecha”.
“Oh, está bien, ignórame, ha de mío si no estuviera aquí”. Me quejo. “Eso me mantendrá
tranquilo”.
“No te preocupes E, estás en buenas manos”. El médico responde,pletamente impasible ante
mis petntes pbras. “Te veré pronto.”
En el momento en que se da vuelta, Sinir se mueve frente a mí, deslizando sus musculosos brazos
alrededor de mi cintura y enterrando su rostro en mi cuello. Me sorprende tanto el gesto que apenas lo
noto se me olvidó darles gracias al médico. Sinir no está gru?endo ni rega?andome, ni siquieraText ? owned by N?velDrama.Org.
me está besando o tratando de darme una caricia íntima, simplemente me está abrazando,
apretándome con una fuerza apenas contenida.
Sintiendo que esta no es su habitual travesura o mandona, envuelvo mis brazos alrededor de sus
anchos hombros, le devuelvo el abrazo y acaricio su desali?ada mandíb. “Oye, ?qué pasa?”
Murmuro, abrazándolo tan fuerteo puedo para que sepa que lo pregunto por preocupación, no por
deseo de ser liberado. Sólo cuando sientos vendas debajo de su camisa recuerdo sus heridas, pero
tan prontoo intento apartar mis brazos, Sinir retumba en se?al de protesta.
Levanta cara de mi cuello, sólo lo suficiente para harme al oído. “Hoy fue horrible”. él dice, su voz
como grava, “hasta el último minuto. Y ahora esto”.
“Aunque estoy bien.” Respondo suavemente. “Y el bebé también; esto es sólo una precaución”.
“No me gusta”. Insiste, sonando tan hoscoo me sentía hace unos minutos. “No deberías tener que
preocuparte por esto además de todo lo demás… y odio no poder… no puedo protegerte de esto”.
Y aquí pensé que era yo que estaba en una monta?a rusa de emociones. En cuestión de unas
pocas horas, Sinir había pasado de ser un protector rabioso a una enfermera mandona y un posible
amante bromista. Ahora aquí está, aferrándose a mío un ni?o se aferraría a un osito de peluche,
fuera de sí con sentimientos de impotencia ante mi condición. De repente me doy cuenta de que su
día empezó incluso peor que el mío: se despertó drogado con un ex psicótico, luego me encontró
desaparecido, me localizó y aguantó una rabieta que no merecía.
“Lomento.” Le digo, mi voz suena más peque?a de lo que me gustaría. “Lamento forma en que
actué antes, ymento haberte asustado cuando corrí, y con el idente, y desmayarme de esa
manera. Desearía poder retroceder en el tiempo y deshacer todo este día y, de hecho, ayer”.
“Ciertamente ha sido una semana llena de acontecimientos”. Bromea, su profundo trasero lleno de
ironía. “Pero nada de eso ha sido culpa tuya”.
“Todavía lo siento.” Repito, besando su cuello. “Te has estado matando cuidándome y yo he sido un
mocoso. Mereces mas.” Odio estar al borde des lágrimas, pero no creo que mis emociones salvajes
vayan a calmarse pronto. “Creo que es hora de que me dejes devolverte el favor”.
“Ya lo hiciste.” Ronronea, meciéndome ligeramente mientras acaricia mi cabello. “Me mantuviste
tranquilo hoy cuando nadie más podía hacerlo. Probablemente salvaste vida de algunas de estas
enfermeras”.
Al principio lo tomoo una broma, pero después de pensarlo más me doy cuenta de que
probablemente está siendopletamente literal. “No es suficiente, quiero hacer más”.
“Te acaban de poner en reposo en cama, peque?a”. Me recuerda Sinir, alejándose para tomar mi
rostro entre sus enormes manos. A pesar de su tono severo, sus ojos verdes se suavizan cuando me
mira. “Aprecio que quieras ayudarme, E. Pero lo único que podría solucionar esto sería que el
médico volviera aquí y me dijera que su diagnóstico fue un error. Me temo que me sentiré así hasta
que nuestro bebé esté aquí y ambos estén sanos y salvos”.
“Tienes razón.” Lo reconozco, apretando sus mu?ecas y dándole mis mejores ojos de cachorrito. “No
puedo solucionar esto, pero debe haber algo que pueda hacer para que te sientas mejor, incluso en
reposo en cama”. Suplico, y en ese momento se me ocurre un pensamiento tortuoso. “Sabes que no
podré rjarme de verdad si estoy preocupado por ti”.
Sinir suelta una carcajada, cierra los ojos y sacude cabeza. “Te lo juro, vas a ser mi muerte,
problema”.
Lo miro desde debajo de mis pesta?as. “?Es un sí?”