Capítulo 94
Capítulo 94 – Reposo en cama
Sinir
Cuando E se desploma en mis brazos, no puedo esperar a ques enfermeras lleguen corriendo.
Inmediatamente asumo que debemos haber pasado por alto alguna lesión del idente, y al instante
me enojo conmigo mismo por permitir que e me convenciera para que el personal médico me diera
prioridad.
?Qué estaba pensando? Sé que revisaron y no había marcas físicas en su cuerpo, pero ?y si fuera
algo interno? ?Qué pasaría si de alguna manera se golpeara cabeza en medio de todo el caos? En
el fondo sé que eso no tiene ningún sentido, e estabapletamente envuelta en mis brazos
cuando chocamos con el auto, pero mi miedo no es lógico. Es repentino, violento y abrumador.
“Está bien, Alfa”. El médico me asegura mientras tradan a E a su propia cami. “Probablemente
sea sólo el estrés. Ha habido mucha emoción hoy”.
“E tiene presión arterial alta”. Le advierto: “Lo hemos estado monitoreando a diario, pero a su
obstetra y ginecólogo le preocupa que esté desarrondo preempsia”.
Mi lobo gru?e y gime al mismo tiempo, impaciente porque los médicos ayuden a E, preocupado por
su salud y odiando que alguien más esté cerca de e cuando es tan vulnerable. Parece tan joven e
inocente en su estado inconsciente, tan peque?a y frágil. Su cabello dorado rosa es una cascada
brinte sobre endeble almohada, todavía manchada con mi sangre. Me quedo a sudo incluso
después de ques enfermeras intentan ordenarme que me vaya. “No voy a ninguna parte.” Insisto,
luchando contra mi culpa sobre si todo esto es culpa mía.
?Se habría sentido tan abrumada si no hubiera necesitado que e me mantuviera calmada? Si no
hubiera sido un ogro con los paramédicos y los médicos, ?habría tenido e libertad para rjarse y? 2024 N?v/el/Dram/a.Org.
recuperarse sin estrés adicional?
De inmediato pienso en susentarios sobre Lydia. Por undo, sé que tiene razón, continuar con
nuestro fraude cuando hay una opción honesta cambias cosas porpleto desde el punto de vista
moral. Pero más allá de moralidad, si había una manera de proteger a E de todo este estrés y
culpa, des amenazas que representaba el Príncipe y ser mi Luna, ?no deberíamos buscar eso? He
estado justificando nuestro acuerdo con el argumento de que convertirme en Rey es única manera
de mantener a manada y a mi familia a salvo, por lo ques amenazas que e enfrenta para
ayudarme a ganar corona son necesarias. Pero eso ya no será cierto si Lydia concibe.
?Debería esforzarme más para encontrar una loba que se convierta en mi Luna? ?No por el bien de
campa?a, sino por el de E y Rafe?
No es tan simple. Mi lobo insiste. La manada no aceptará que abandones a E por Lydia. Has estado
haciendo todo lo que está a tu alcance para que se enamoren del ser humano y ha funcionado.
Eso no es por mi culpa. Le recuerdo, acariciando el cabello de E mientrass enfermeras toman sus
signos vitales y conectan a una vía intravenosa. E hizo que amaran por sí s, simplemente
siendo e misma.
Y Lydia hizo que odiaran por ser e misma. El argumenta. Si te presentas y les dices que has
decidido recuperar a Lydia, podría costarte campa?a, ya sea que esté reproduciéndose o no.
Quizás tengas razón. Reconozco.
No solo tengo razón, tengo toda razón y lo sabes. él responde con altivez.
Bien. Lo admito, me siento agotado por este debate, pero eso no significa que tenga que seguir así
después de que termine campa?a. E merece tener vida que quiera; si eso es una existencia
tranqu con nuestro cachorro fuera del ojo público, entonces quiero dárs, incluso si eso significa
dejar que Lydia o alguien más sea Luna después de que yo sea Rey. Ese era el n original,
?recuerdas? No es culpa suya que me perdiera en el camino.
Pero no eres el único que se ha perdido en el camino. Mi lobo discute. Piensa en lo celosa que estaba,
en lo molesta que se puso por idea de que hubieras estado con otra mujer. Eso tiene que contar
para algo.
“?Dominico?” El suave murmullo de E me saca de mis pensamientos. Doy un suspiro instantáneo de
alivio: ?cuánto tiempo llevo conteniendo respiración? No parece justo que una criatura tan peque?a
e inofensiva pueda hacer nudos en todo mi interioro lo hace E. E piensa que es impotente. —
reflexiono, levantándome para inclinarme sobre su cama, pero no hay nadie en tierra que haya
tenido tanto poder sobre mí.
Los médicos habían derado a E deshidratada, estresada e hipertensa, pero por lo demás ilesa,
dejándome cavr sobre mis pensamientos mientras esperaba a que despertara. Su obstetra y
ginecólogo está en camino, pero hasta que él llegue, estaremos solos.
“Ni?a traviesa.” Bromeo, acariciando su suave meji. “?Te desmayas para no contarme tus
sentimientos?”
“No fue a propósito”. Hace un puchero y me mira con evidente preocupación. “?Por qué estás fuera de
la cama? ?Qué pasa con tus radiografías?
“No te preocupes por mí, cari?o.” Lo animo, “?cómo te sientes?”
“Una especie de resaca”. E admite, tratando de sentarse. Agarro suavemente su hombro,
manteniénd en su lugar. Al final, reso: “Dominic, tengo que orinar”.
“Bueno, ?por qué no lo dijiste?” Todavía le sonríoo un absoluto idiota, tan aliviado de que esté
despierta y hablándome que mis pensamientos atormentados han pasado a un segundo no, al
menos por ahora. La levanto en mis brazos y le quito vía intravenosa para poder lleva al ba?o.
E chi, sosteniendo sus manos cruzadas sobre su pechoo si tuviera miedo de tocarme.
“??Qué estás haciendo!? ?Estás herido, no deberías estar haciendo esto!
“No te preocupes, problema. Me curo rápido”. Le aseguro, mirando as enfermeras pors que
pasamos, cada una des cuales parece querer castigarme a mí también. Todos se encogen bajo mi
mirada amenazadora, y una nueva de diversión pasa sobre mí mientras pienso en lo difícil que es
intimidar al humano en mis brazos.
“No tan rapido.” E insiste, mordiéndose elbio inferior y pareciendo olvidar el corte que se hizo
antes hasta que sus peque?os y afdos dientes se van en herida. E jadea de dolor, así que
chasqueo y ronroneo.
“Si sigues así, tendré que encontrar alguna manera de mantener tusbios ocupados para que no
puedas seguir mordiéndote”. Entono oscuramente, dándome cuenta demasiado tarde de que esto
podría haber sonado aún másscivo de lo que pretendía.
A E no parece importarle. Su corazónte con fuerza contra sus costis y sus pups se dtan
con interés. Por suerte, si hay algo que puede acabar con el estado de ánimo rápidamente es el ba?o.
Dejo a E en el ba?o y capeo con calma sus miradas y amonestaciones hasta que finalmente dejo
encargarse des cosas en privado, haciéndole prometer que me mará cuando termine. En lugar de
eso, escucho descarga del inodoro y el fregadero funcionando, así que empujo puerta para abri
y mira con furia: “E, corres riesgo de caer”.
“Y tú eres un ogro sobreprotector”. E contraataca, secándoses manos y volviendo a subir a mis
brazos con tanta voluntad que mi lobo se derrite porpleto. De hecho, e viene a mí con tanta
dulzura que tengo que luchar para mantener miportamiento severo, recordándome a mí mismo
que no debo mima, por muy tentadora que sea.
“?Crees que solo porque estoy herido y tú estás en una condición delicada te dejaré desafiarme con
tuya?” Le retumbo al oído a E y me río entre dientes cuando e tiem en respuesta.
“?Cuánto tiempo he estado dormido?” Pregunta criatura descarada, ignorando mi pregunta.
“Aproximadamente media hora”. Le informo, “y mis radiografías regresaron mientras estabas fuera.
Voy a estar bien”.
“Bien.” E respira, sonandoo si un gran peso estuviera abandonando sus hombros.
“Estabas realmente preocupada, ?no?” Pregunto, odánd en su cama.
“?Cómo podría no serlo?” E pregunta a cambio, parpadeando hacia mí con los ojos muy abiertos.
“Quiero decir, sé que eres fuerte, pero ese auto… es un mgro que no estés más herido después de
un identeo ese”.
“Estoy bien.” Lo prometo, dejando un beso en su cabello. “No tienes que preocuparte por mí, E”.
E menza una mirada desafiante. “Me gustaría verte seguir tu propio consejo”.
Le muestro mis colmillos, pero el obstetra y ginecólogo nos interrumpe: “Toc, toc”. Dice, asomándose
por cortina que rodea nuestra s de urgencias. “He oído que ustedes dos han estado causando un
verdadero caos entre el personal de enfermería aquí, desafiando todos los protocolos del hospital”.
“Soy inocente.” E inmediatamente anuncia, se?alándome. “Todo fue él”.
Echo cabeza hacia atrás y me río, ignorando el dolor que rebota en mi espalda. “Oh, estás
realmente decidida a cavarte en un hoyo, ?no, bebé?” Comento siniestramente, acariciando su nuca.
“Sólo estoy siendo honesto.” E se encoge de hombros, con un brillo travieso en sus ojos.
“Bueno, creo que es seguro decir que has tenido más que suficiente emoción por el momento”. El
doctorparte, frunciéndonos el ce?o de m gana. “Me temo que hemos llegado al punto en el que
necesitas descansar en cama, E”.