Capítulo 73
Capítulo 73 – La Mascarada
Sinir
“?Seguro que quieres hacer esto?” Pregunto, estudiando a E.
Sus ojos dorados brin hacia mí. “Sí, Dominic, por enésima vez”. E dice: “Estoy segura”.
Me río entre dientes y le doy un beso en el pelo. “Diablillo.”
Estamos en parte trasera de una limusina que avanza lentamente por calle, bordeada por todos
lados por miembros de manada trepando ansiosos por vislumbrar a élite de cambiaformas en su
camino hacia el pcio del Rey. E está acurrucada a mido, con un vestido con hombros
descubiertos de color verde intenso.
Capa tras capa de t transparente se enro alrededor de su cuerpo en elegantes zarcillos, dejando
peque?os destellos de su piel ra al descubierto y delineando su figura femenina en el dise?o más
tentador, antes de caer al suelo en una cascada de gasa. Las piedras preciosas de ámbar brin en
sus faldas,binando perfectamente cons delicadas joyas de su cor y aretes. Su cabello ha sido
recogido en parte superior de su cabeza, salvo unos pocos mechones que quedan libres, y sus
peque?os pies están confinados en un par de tacones altísimos. Su máscara descansa en su regazo,
esperando el momento en que salgamos del auto y nos pongamos los intrincados disfraces necesarios
para el baile. Cada vez que miro mis pulmones dejan de bombear y tengo que recordarme a mí
misma que debo respirar, luchando por recordar cómo se hace.
“Sé que no te gusta que te digan lo hermosa que eres, pero a veces me resulta difícil guardármelo
para mí”. Suspiro, inclinándome para acariciar su cuello y disfrutar de su dulce aroma.
E inclina cabeza hacia undo, dándome más espacio para trabajar mientras le paso nariz y los
labios por piel. “No es que me importen los cumplidos”, se le corta respiración cuando hago una
pausa para mordisquear el lugar donde su cuello se encuentra con su hombro. “Simplemente no me
gusta que me hagan sentir que eso es todo lo que soy”.
“Bueno, no tienes que preocuparte por eso, porque por más encantadora que seas, tu belleza es lo
que menos me gusta de ti”. Comento,pletamente en serio.
“ro que lo es.” E se ríe y el sonido llena mi cuerpo de pura luz del sol.
“Lo digo en serio.” Respondo honestamente: “Por supuesto, no es que eso signifique mucho porque
me agradan todos ustedes. Har de mi parte que menos me gusta eso har de mi postre
menos favorito: al final del día sigue siendo postre”.
E no responde, y cuando finalmente dejo de explorar curva sedosa de su garganta, encuentro una
expresión cautelosa en su rostro,o si estuviera esperando que cayera el otro zapato.
“?Te gustaría saber lo que más me gusta de ti?” Le insto, ofreciéndole lo que e tiene demasiado
miedo o es demasiado tímida para preguntar.
“No sé.” E se encoge de hombros, sin mirarme a los ojos.
“Hmm”, ronroneo, disfrutando forma en que su peque?o cuerpo apretado se derrite inmediatamente
contra el mío. “Es ese corazón guerrero tuyo”.
E reso y finalmente levanta su mirada luminosa hacia mía. “Nunca antes nadie me había
confundido con un guerrero”. E amonesta. “Creo que ahora solo estás tratando de hgarme”.
“No es ningún error”. Retumbo con severidad, no me gusta su tono autocrítico. “Conozco a los
guerreros y te conozco a ti. Tienes un corazón que no puede ser reprimido: amas ferozmente y no te
rindes”.
E se sonroja, sus mejis se vuelven tan rosadas que quiero susurrarle todos mis deseos secretos
al oído, solo para ver cuán profundamente puedo hace sonrojar. E me mira desde debajo de sus
pesta?as. “?Quieres saber lo que más me gusta de ti?”
“Dime”, invito, sin importarme en lo más mínimo si su respuesta es sobre mi apariencia o mi
personalidad; siempre y cuando e tenga algo favorito, podría decirme que le gusta mi dedo gordo
del pie y aún así se lo agradecería.
“Escucha”. Eparte suavemente. “No porque creas que deberías hacerlo o que sea lo correcto,
sino porque quieres hacerlo. Quieres entender y quieres que tu gente sea feliz”.
No puedo evitar besa, aunque sea sólo un breve roce de nuestrosbios. “Quiero que tú también
seas feliz, E”. Le digo: “Sé que puede parecer imposible en este momento, con todo lo que has
pasado, pero voy a mantener a nuestra familia a salvo. Y una vez que lo haga, os malcriaré a ti y al
bebé.
Sus ojos se abren un poco cuando digo “nuestra familia” y me doy cuenta de que nunca he hado de
nosotros de esa manera. Sin embargo, cuanto más tiempo pasa, más obvio me resulta que E y yo
seremos familia. Ya sea que tengamos una rción sentimental o no,partiremos un cachorro y
eso nos unirá de por vida. Sin embargo, apenas he resuelto estos pensamientos, veo que expresión
de E se transforma y adquiere un brillo decididamente tortuoso.
“?Eso significa que ya no me darás órdenes?” La descarada responde, llena de picardía y deseo a
partes iguales. “?Me dejarás pisotearte y salirme con mía?”
Echo cabeza hacia atrás,drando de risa incluso mientras lucho contra el impulso de decirle al
conductor que dé vuelta al auto para poder llevar a E a casa y terminar lo que empezamos antes.
“Ni siquiera cerca, problema”.
Cuando el auto se detiene y nos ponemoss máscaras, miro a los medios que man afuera y siento
que E hace lo mismo. E retrocede sorprendida y una oleada de protión me golpea. Mi lobo
inmediatamente sube a superficie y tengo que luchar contra necesidad de cambiar.
Déjame salir. Mi lobo exige. Los mataré antes de que le pongan mano encima.
?Cálmate! Insisto, temndo por el esfuerzo de retenerlo.
?Pero están asustando! El Insiste. ?Esto fue un error! Es demasiado pronto.
Después de anoche no quiero permitir que nadie se acerque a E, y su miedo está forzando mi furia
posesiva a acelerarse. Eso si viera amenazas por todas partes y nada me gustaría más que
atacar a todos los periodistas que se encuentran a vista. En el fondo, también sé que no estaría tan
nervioso si hubiéramos encontrado antes una salida a nuestra tensión sexual. Va en contra de todos
mis instintos no rpensar a mi pareja después de que se sometió tan bemente, y siento que mi
trabajo está inacabado. Es más, no fui capaz de calmar mi propio deseo – y necesidad de
rema de repente es tan poderosa que quiero toma aquí y ahora.
Mía, mía, mía. Mi lobo canta. Tengo que marca.
?No! Me niego ferozmente. E no es un lobo, le haría da?o.
?Solo un mordisco? él ruega, e huele tan delicioso.
De alguna manera logro sacar a E del auto y atravesar multitud, pero tan prontoo entramos al
salón de baile, E se vuelve hacia mí con una expresión exasperada en su rostro. “Dominic, estás
actuandoo un perro que guarda un hueso”.
Arqueos cejas, dejando que algo de mi autoridad Alfa se filtre en mi voz. “?Lo soy ahora?”
E se estremece, pero no retrocede. “Acabas de gru?irle al asistente; el pobre hombre prácticamente
se orinó”.
“?Se acercó demasiado a ti!” gru?í a defensiva
“Me estaba quitando el abrigo”. E me recuerda, sonando casi severa. “Tienes que encontrar una
manera de calmarte”.
“No creo que pueda”. Me quejo: “El hombre que contrató a esos pícaros para matarte está aquí en
alguna parte, sin duda neando otro ataque”.
E frunce el ce?o. “?No hay nada que pueda hacer para ayudar? Me dijiste que se supone que los
compa?eros deben calmarse unos a otros.
Copyright by N?v/elDrama.Org.
Suspiro y abrazo fuerte para que no pueda ver mi mueca. “Cari?o,s cosas que podrías hacer para
ayudar no son cosas que podamos hacer en público, y tampoco estás preparada para es”.
“Oh…” Los ojos de E se abren adorablemente cuando se da cuenta. La observo analizars
implicaciones de mis pbras y, sin una s pbra de ayuda, llega a conclusión correcta.
“?Seguiría siendo así, si yo… si nosotros… ya sabes, después?” E se ca, sonrojada.
“?Después de tus azotes?” Yo suministro.
El rubor de E se vuelve carmesí y se inclina hacia adnte con impaciencia. “?Shh!” Mirando a su
alrededor para asegurarse de que nadie me escuche, e acepta: “Sí”.
“Me habría ayudado a rjarme, pero…”
Antes de que pueda terminar frase, E menza una mirada feroz y un puchero delicioso.
“Deberías habérmelo dicho, todavía puedo…”
Está a punto de ofrecerme algo que tal vez no pueda rechazar, así que detengo, suavizando
fuerza de mi gru?ido en el último momento. “No, este siempre iba a ser así, E. No me gusta que
estés aquí con todos estos lobos después de lo que pasó anoche. Si por mí fuera, te habría dejado en
casa en cama hasta que terminara esta campa?a.
“Entonces tal vez…”, lleva mi mano a su barriga y al peque?o bulto oculto por sus faldas. “Tal vez sólo
sienta al bebé. Siente lo seguros que estamos en tus brazos, lo seguro que me siento contigo. No va a
pasar nada y prometo permanecer cerca”.
El calor me inunda y le sonrío al precioso bulto en mis brazos, asombrada de que e parezca saber
exactamente qué decir para ayudarme, a pesar de no entender mucho sobre los de nuestra especie.
Sin embargo, apenas empiezo a rjarme, entra el Príncipe. Explora habitación hasta que sus ojos
se posan en E y en mí, luego cruza habitación y se dirige directamente hacia nosotros.