Capítulo 2251
Perroe perro
—Vieja rata, no imaginabas que estaba vivo, ?verdad? —pronunció Jaime con sorna.
—?Hmph! ?Y qué si estás vivo? Si puedo enterrarte una vez, ?puedo enterrarte dos veces!
Dicho esto, el aura que rodeaba a Josías estalló mientras recitaba un conjuro.
Las cuentas de oración empezaron a brir. Las doce estatuas, que antes estaban inmóviles,
empezaron a moverse y a acercarse a Jaime.
Content rights belong to N?velDrama.Org.
Jaime se limitó a sonreír mientras miraba as doce estatuas y levantaba poco a poco su Espada
Matadragones, que tenía un dragón dorado enroscado a su alrededor.
Al segundo siguiente, Jaime ndió su espada.
El rugido de un dragón resonó en el aire.
Aterradoras ondas de energía de espada se extendieron en todas diriones y atravesaron los
cuerpos des estatuas.
?Bum!
Los sonidos des explosiones fueron pa?ados por pulverización des doce estatuas.
Ya no quedaba rastro del Monasterio de Cáb en cima de monta?a, ys doce estatuas se
habían convertido en polvo.
Josías se quedó estupefacto ante aquello, y los colores se le borraron de cara.
Al fin y al cabo,s doce estatuas eran su baza en el Monasterio de Cáb. Nunca pensó que Jaime
sería capaz de destruis de un solo golpe.
Incluso Arconte y Demithor fruncieron el ce?o al ver escena.
Para ellos no sería un reto destruirs estatuas, pero era sorprendente ver a Jaime, que sólo era un
Santo des Artes Marciales, destruis de un solo golpe.
—?Tienes alguna otra habilidad además de estas estatuas? —preguntó Jaime con frialdad.
—Yo…
A Josías se le escaparons pbras.
ése era su as en manga, pero Jaime lo quitó de encima tan con facilidad. ?Qué otros trucos le
quedaban?
Además, sus creyentes estaban muertos. Ya ni siquiera podía absorber energía de fe.
—Estoy seguro de que hay un malentendido entre nosotros. A quien buscas es a él. Yo no tengo nada
que ver con esto. —Josías empujó a Pascual hacia Jaime antes de continuar—: Además, ya le he
dado una paliza de muerte a Sixto. Deberías vengarte de ellos y no de mí…
—Josías, tú... —Susurró Pascual, con una expresión de incredulidad en el rostro.
—?Cáte! No sé quién eres. Deberías ocuparte tú mismo de tus asuntos. Hasta mi monasterio de
Cáb ha desaparecido por tu culpa.
Cuando Josías se dio cuenta de que no era rival para Jaime, decidió rendirse ante Pascual.
—Josías, ?cómo puedes hacer esto? ?Tú fuiste el que mató e hirió a otros en Secta Duval! —gritó
Pascual angustiado al darse cuenta de que su superior se daba por vencido.
—?Cáte! Si no fuera por ti, ?por qué habría ido a Ciudad de Jade a crear problemas con Secta
Duval? —Josías siseó ynzó una mirada fulminante a Pascual.
Jaime se congeló un poco al verlos discutir.
—Dejen de pelear. Los dos van a morir hoy.
Justo cuando dijo eso,nzó un tajo a Espada Matadragones, provocando un destello de luz.
En ese momento, Josías saltó. Pascual no tuvo tanta suerte, y aque luz partió su cuerpo en dos.
Contemndo el cadáver de Pascual, Josías empezó a sudar frío. De inmediato se dio vuelta para
correr monta?a abajo, con esperanza de huir.
Por desgracia, Jaime no iba a dejarlo escapar.
Casi al mismo tiempo, Jaime corrió tras él.
Al segundo siguiente, se interpuso en el camino de Josías, mirándolo con una mirada asesina.
Josíasprendió al instante que huir ya no era una opción para él, así que se dio vuelta para
gritar:
—?Se?or Lope de Vega, se?or Carrión! Por favor, ?sálvenme! ?Puede alguien salvarme? Haré lo que
me digan el resto de mi vida