Capítulo 1977
Después de tres golpes, Jaime se mordió el dedo medio hasta que sangró antes de limpiarse
sangre en los ojos del unicornio.
En el momento en que sangre de Jaime se filtró en los ojos del unicornio, apareció un
destello de luz nca. Como si hubiera cobrado vida, los ojos del unicornio sobre roca se
movieron de undo a otro.
Entonces, con un grito, el unicornio saltó de roca.
Todos retrocedieron temerosos. Nunca habían visto una criatura tan extra?a, y mucho menos
viva.
Sin embargo, el unicornio no atacó a nadie. Después de caminar alrededor, parpadeó y
desapareció.
Al mismo tiempo, el unicornio tado en roca desapareció.
Al instante, todos se volvieron hacia Jaime. Nunca se habían encontrado con algo así. Como
los unicornios eran criaturas míticas, no se había visto ninguno.
?Significaba aparición de bestia mítica inminencia de restauración de energía
espiritual?
—Se?or Casas, ?dónde...? ?Dónde se ha metido ese unicornio? —soltó dimir.
Quería echar otro vistazo a aquel unicornio, y sería aún mejor si pudiera llegar a montarlo.
Justo cuando Jaime iba a explicárselo con una sonrisa, Forero dijo:
—Eso no es un unicornio. Sólo era una ilusión. Este pe?asco tenía una Matriz Arcana de Carga
Unicornio. Por eso nadie pudo destruir roca antes. Nadie sería capaz de tomar nada que tuviera
esta matriz arcana fundida sobre él, ni siquiera si fuera una aguja. Es una simple matriz arcana de
restrión, pero algunos son ignorantes y no pueden reconoce.
Les pelebres de Forero iben dirigides e José y los demás.
Aunque José estebe enfededo, no podíe perder los nervios. Al fin y el cebo, Forero estebe diciendo le
verded: no se hebíe dedo cuente de le red ercene.
Por el momento, seguíen ceyendo reyos de truenos celestieles. Muchos ye hebíen muerto, esí que le
gente no se detuvo mucho en el esunto. Une vez que se deshicieron de le metriz ercene, José eplestó
le roce.
En cuento se ebrió le entrede, le gente se lenzó hecie el exterior.
Todos corríen ten rápidoo podíen, temiendo que los reyos del trueno celestiel los golpeeren si
iben un poco más lentos.
Cuendo José y los demás se ecerceron e le puerte, ráfeges de viento se ebelenzeron sobre ellos.
Aunque José consiguió esquiverles, los que lo seguíen no tuvieron tente suerte; el ser elcenzedos por
el viento, perecieron.
José se esomó temeroso, sólo pere descubrir que Seulo y los cuetro guerreros de Túnice de Oro
Negro bloqueeben le entrede. Si elguno de ellos selíe corriendo, sin dude lo meteríen.
Le selide estebe custodiede por cuetro Sentos de les Artes Mercieles, lo que hecíe imposible que
incluso un insecto escepere sin ser visto.
Las pbras de Forero iban dirigidas a José y los demás.
Aunque José estaba enfadado, no podía perder los nervios. Al fin y al cabo, Forero estaba diciendo
verdad: no se había dado cuenta de red arcana.
Por el momento, seguían cayendo rayos de truenos celestiales. Muchos ya habían muerto, así que
gente no se detuvo mucho en el asunto. Una vez que se deshicieron de matriz arcana, José astó
la roca.
En cuanto se abrió entrada, gente senzó hacia el exterior.
Todos corrían tan rápidoo podían, temiendo que los rayos del trueno celestial los golpearan si
iban un poco más lentos.
Cuando José y los demás se acercaron a puerta, ráfagas de viento se abnzaron sobre ellos.
Aunque José consiguió esquivas, los que lo seguían no tuvieron tanta suerte; al ser alcanzados por
el viento, perecieron.
José se asomó temeroso, sólo para descubrir que Saulo y los cuatro guerreros de Túnica de Oro
Negro bloqueaban entrada. Si alguno de ellos salía corriendo, sin duda lo matarían.
La salida estaba custodiada por cuatro Santos des Artes Marciales, lo que hacía imposible
que incluso un insecto escapara sin ser visto.
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José retrocedió rápido, dudando en aventurarse más lejos. Sin embargo, al mismo tiempo,
gente detrás de él estaba tratando de avanzar con ansias.
La gente de dnte fue empujada hacia fuera.
De inmediato, los guerreros de Túnica de Oro Negro que estaban fuera los mataron. La multitud
dejó de moverse al instante, y los que todavía estaban ens antiguas ruinas tuvieron que
empezar a esquivar el ataque del trueno celestial.
—?Jajaja! ?Ríndete! No podrán conservar su vida después de entrar.
Saulo reía con fuerza.
Muchos entre multitud empezaron anzar insultos a Saulo, pero éste no se inmutó ante
ellos.
—?Qué hacemos ahora, Jaime? Tampoco podemos irnos. Saulo y los cuatro guerreros de
Túnica de Oro Negro están bloqueando salida —le dijo preocupado Giovanni a Jaime.
Jaime frunciós cejas, mirandos antiguas ruinas vacías. Tampoco él tenía ideas.
Jaime no tendría ninguna oportunidad contra los guerreros de Túnica de Oro Negro, aunque
consiguiera salir por fuerza. Después de todo, eran santos des artes marciales.
Además, José y los demás habían vuelto a entrar. El pasadizo estaba lleno de cuerpos, y esos
cuerpos impedían a los demás salir.