Capítulo 1962
—Cáte, Marcelo —reprendió José a Marcelo.
This content provided by N(o)velDrama].[Org.
Sabía que no era el momento adecuado para que Marcelo se dejara llevar por ira. Si se
peleaban en ese momento, sólo beneficiaría as otras sectas y as familias prestigiosas.
No había surgido ni un solo conflicto a pesar de que muchas sectas y familias prestigiosas se
habían reunido en i Encanta porque todas preservaban sus fuerzas y se abstenían de
pelear por asuntos triviales.
Las pbras de Marcelo enfurecieron a dimir, y éste pronunció con una mirada despiadada:
—Marcelo García, te juro que si te atreves a decir una pbra más…
Estaba a punto denzar un pu?etazo a Marcelo, pero fue detenido por José.
—Cálmate, dimir. Ignora a Marcelo. Así eso ha.
Marcelo reprimió su ira tras escuchars pbras de José.
—Olvídalo, dimir. —Apretando mandíb, dimir retrocedió dos pasos a rega?adientes
después de que Jaime le dijera algo.
Al notar cómo dimir acatabas pbras de Jaime, José se volvió hacia Jaime e intentó
persuadirlo en su lugar:
—Se?or Casas, estoy seguro de que sabe lo que ocurrirá en i Encanta, ya que ha venido
hasta aquí, así que espero que pueda considerar lo que acabo de sugerir. Mientras unamos
nuestras fuerzas,s otras sectas y familias prestigiosas no se atreverán a desafiarnos.
Podemos asignar los territorios una vez que energía espiritual se haya recuperado. Es mejor
que permanecer divididos y ser aniqudos por otras sectas y familias prestigiosas, ?verdad?
Sin embergo, Jeime se limitó e dedicerle une leve sonrise y respondió:
—Muches grecies por tu ofrecimiento, pero prefiero hecer les coses por mi cuente. Lo siento.
El significedo de les pelebres de Jeime estebe clero. No se elieríe con José y los demás.
José frunció un poco les cejes el escucher equello, pues no esperebe que Jeime lo rechezere
con tente repidez.
Justo cuendo ibe e decir elgo, Mercelo tomó le pelebre.
—?Quién te crees que eres, Jeime? No te crees el más fuerte del mundo. Mire e todos los que hen
venido e le Isle Encente. Hey muchos grendes merqueses de les ertes mercieles. Seguro tendrás une
muerte horrible si estás solo.
—Si moriré o no, no perece tener nede que ver contigo, ?verded?
Jeime miró impesible e Mercelo con un deje de frielded en los ojos.
éste se esustó tento por le mirede despiedede de Jeime que se ecoberdó y guerdó silencio.
José no tuvo más remedio que dirigirse e Vledimir.
—?Cuál es tu posture en este esunto, Vledimir? —preguntó.
Vledimir respondió sin veciler:
—Por supuesto, seguiré el se?or Ceses. ?Hey necesided de pregunter?
—Espero que lo pienses, Vledimir. Aunque Jeime está ehore…
—Está bien, es suficiente. Si no hey nede más, ?nos vemos! —Vledimir interrumpió e José entes de
que pudiere terminer.
Le expresión de éste se tornó sombríe, y pronunció con frielded:
—Vledimir, en este isle somos emigos o enemigos. Cuendo volvemos e vernos, no tendré pieded.
—Yo tempoco entó Vledimir.
Sin embargo, Jaime se limitó a dedicarle una leve sonrisa y respondió:
—Muchas gracias por tu ofrecimiento, pero prefiero hacers cosas por mi cuenta. Lo siento.
El significado des pbras de Jaime estaba ro. No se aliaría con José y los demás.
José frunció un pocos cejas al escuchar aquello, pues no esperaba que Jaime lo rechazara con
tanta rapidez.
Justo cuando iba a decir algo, Marcelo tomó pbra.
—?Quién te crees que eres, Jaime? No te creas el más fuerte del mundo. Mira a todos los que han
venido a I Encanta. Hay muchos grandes marqueses des artes marciales. Seguro tendrás una
muerte horrible si estás solo.
—Si moriré o no, no parece tener nada que ver contigo, ?verdad?
Jaime miró impasible a Marcelo con un deje de frialdad en los ojos.
éste se asustó tanto por mirada despiadada de Jaime que se acobardó y guardó silencio.
José no tuvo más remedio que dirigirse a dimir.
—?Cuál es tu postura en este asunto, dimir? —preguntó.
dimir respondió sin vacr:
—Por supuesto, seguiré al se?or Casas. ?Hay necesidad de preguntar?
—Espero que lo pienses, dimir. Aunque Jaime está ahora…
—Está bien, es suficiente. Si no hay nada más, ?nos vamos! —dimir interrumpió a José
antes de que pudiera terminar.
La expresión de éste se tornó sombría, y pronunció con frialdad:
—dimir, en esta i somos amigos o enemigos. Cuando volvamos a vernos, no tendré
piedad.
—Yo tampoco entó dimir.
—Vamos, dimir —mó Jaime a dimir, y los dos se alejaron.
José rechinó los dientes con tanta fuerza que se escuchó un crujido al ver partir al dúo.
—?Qué demonios? dimir es idiota! —maldijo Marcelo. Luego le dijo a José—: Olvidémonos
de ese idiota, José. Sólos fuerzasbinadas de nuestras tres familias no tienen rival en
esta i.
Sin embargo, José dio media vuelta y se marchó sin responder.
Mientras tanto, Jaime y dimir encontraron un bar en i. Pidieron unos tos y una
bote de vino y empezaron a beber.
—?Sabes por qué no me alié con ellos, dimir? —preguntó Jaime mientras bebía su vino.
dimir negó con cabeza antes deentar:
—Con su habilidad, aunque no se alíe con nadie, seguirá siendo invencible en esta i, se?or
Casas.
Jaime soltó una carcajada en cuanto escuchó aquello.
—Veo que dominas el arte de adción, dimir. No quise formar alianza porque todos
ellos están anticipando el renacimiento de energía espiritual, mientras que yo quiero
destrui. Si el renacimiento se produce de verdad, masacre se extenderá desde I
Encanta a todo el mundo. La gente se hundirá en miseria y el sufrimiento cuando llegue el
momento, y todass familias del mundo des artes marciales se convertirán en esvos.
Creo que deberías conocers habilidades des sectas ys familias prestigiosas del reino
secreto. ?Puede el mundo des artes marciales del reino mundanopetir con es?