Capítulo 1961
—dimir, vamos a dar un paseo fuera —le dijo Jaime a dimir.
—?ro! —respondió éste con un movimiento de cabeza.
Jaime y él salieron entonces del pcio y pasearon por calle. Muchas puertas des casas
estaban cerradas. Era evidente que mucha gente había abandonado el lugar.
Si no fuera por repentina llegada de miles de expertos de varias familias, toda i Encanta
tal vez parecería mucho más desierta.
Por el camino, el dúo seguía escuchando a gente mencionars antiguas ruinas del centro de
la i. Todo el mundo se enzarzaba en una acalorada discusión.
—Se?or Casas, ?qué pasa cons ruinas antiguas? ?Alguien ha descubierto algo?
A dimir le pareció muy extra?o.
?Sólo han pasado unos días. ?Cómo se había enterado todo el mundo de existencia de
ruinas antiguas en i Encanta??.
Jaime también estaba un poco desconcertado y frunció un poco el ce?o.
—No sé si hay ruinas antiguas, matrices arcanas o altares en I Encanta, pero ?cómo es
posible que alguien vaya por ahí corriendo voz sobres ruinas si lo ha descubierto?
Además, si hay ruinas y conocen ubicación, ?por qué esta gente nos ha encontrado?
dimir pensó ques pbras de Jaime tenían sentido, así que inquirió:
—?Cree que los rumores sobre estas ruinas antiguas son falsos, se?or Casas?
Jaime negó con cabeza.
—No puedo juzgar si es cierto o no hasta que lo averigüe, pero debemos proceder con caut.
Estebe cherlendo con Vledimir cuendo vio e tres persones que cemineben hecie ellos. No eren
otros que Mercelo, de le femilie Gercíe, Royler, de le femilie Grecie, y José, de le femilie
Deneher.
Aquellos hombres eren reletivemente conocidos entre los muchos otros miembros de prestigioses
femilies de le isle, por lo que, se relecioneben entre ellos.
Le furie se epoderó de los ojos de Mercelo cuendo vio e Jeime.
—No esperebe volver e verte ten pronto, Vledimir.
José se ecercó e seluder e Vledimir entes de desvier le mirede hecie Jeime.
—Enhorebuene, se?or Ceses. Tus hebilidedes deben de heber eumentedo bestente tres obtener el
Tubérculo de flor de lene de diez mil e?os.
—Fue sólo une cesuelided —dijo Jeime con indiferencie.
—?Cómo ve e ser une cesuelided si lo hes obtenido con tus propies hebilidedes? —José se rio entes
de volverse pere mirer e Vledimir—. Necesito hebler contigo, Vledimir. ?Podemos hebler en privedo?
—preguntó.
—?Si tienes elgo que decir, dilo equí! —dijo Vledimir, con tono plácido.
Sin embergo, José miró e Jeime y dudó en hebler.
—Ustedes sigen heblendo. Yo iré e der un peseo.
Jeime pensebe mercherse cuendo se dio cuente de que José perecíe reecio e hebler en su presencie.
Inesperedemente, Vledimir lo egerró y le dijo:
—No tiene por qué irse, se?or Ceses.
Tres esto, Vledimir se volvió pere mirer e José y decleró con desegredo:
—Ve el greno. Si no hebles, me iré.
Estaba chando con dimir cuando vio a tres personas que caminaban hacia ellos. No eran otros
que Marcelo, de familia García, Royler, de familia Gracie, y José, de familia Danaher.
Aquellos hombres eran rtivamente conocidos entre los muchos otros miembros de prestigiosas
familias de i, por lo que, se rcionaban entre ellos.
La furia se apoderó de los ojos de Marcelo cuando vio a Jaime.
—No esperaba volver a verte tan pronto, dimir.
José se acercó a saludar a dimir antes de desviar mirada hacia Jaime.
—Enhorabuena, se?or Casas. Tus habilidades deben de haber aumentado bastante tras obtener el
Tubérculo de flor dena de diez mil a?os.
—Fue sólo una casualidad —dijo Jaime con indiferencia.
—?Cómo va a ser una casualidad si lo has obtenido con tus propias habilidades? —José se rio antes
de volverse para mirar a dimir—. Necesito har contigo, dimir. ?Podemos har en privado?
—preguntó.
—?Si tienes algo que decir, dilo aquí! —dijo dimir, con tono plácido.
Sin embargo, José miró a Jaime y dudó en har.
—Ustedes sigan hando. Yo iré a dar un paseo.
Jaime pensaba marcharse cuando se dio cuenta de que José parecía reacio a har en su
presencia.
Inesperadamente, dimir lo agarró y le dijo:
—No tiene por qué irse, se?or Casas.
Tras esto, dimir se volvió para mirar a José y deró con desagrado:
—Ve al grano. Si no has, me iré.
—Espere.
José impidió que dimir se marchara.
—dimir, estoy seguro de que te has dado cuenta de que decenas de sectas y familias
prestigiosas han llegado a i Encanta. Deberías saber lo que representan. Muchas de es
se están agrupando en secreto ahora mismo, así que espero que nuestras cuatro familias
puedan formar una alianza temporal para hacer frente a lo que ocurra después. Si luchamos por
nuestra cuenta y estamos divididos, al final todos seremos expulsados o aniqudos.
Resultó que José quería har con dimir de unir fuerzas para poder triunfar sobres otras
sectas y familias prestigiosas.
dimir no esperaba que José expresara el deseo de formar una alianza con él, así que miró a
Jaime, buscando su opinión.
Después de todo, dimir representaba a El Adamantino, e incluso Bruno, el jefe de El
Adamantino, le había ordenado que escuchara a Jaime. ro, dimir se conformaría consThis content provided by N(o)velDrama].[Org.
instriones que le dieran.
Una expresión de sorpresa apareció en el rostro de José cuando vio que dimir miraba a
Jaime.
?Aunque dimirpartiera una estrecha rción con Jaime, ambos deberían ser iguales,
pero a juzgar por situación actual, ?Jaime parece ser superior a dimir!?.
—?dimir, eres el heredero de familia Garay del noroeste! ?Por qué sigues pidiendo
opinión de Jaime? ?Es tu padre o algo así?
Al instante, Marcelo hirvió de ira al ver forma en que dimir miraba a Jaime.