Capítulo 1914
Ningún humano corriente se atrevería a dar un paso más por esa zona.
Justo cuando Jaime estaba explorando los alrededores con su sentido espiritual, otras auras
los envolvieron.
Mientras Jaimes investigaba, es también lo examinaban a él.
Como anacondas en círculos, pinchaban y sondeaban sin hacer ningún movimiento. Cada uno
sabía que era un derroche de energía luchar contra el otro antes de que hierba de diez mil
a?os se materializara, y sólo un tonto lo haría.
Habiendo percibido también que una serie de auras habían salido a investigarlos, Forero
levantó un amuleto con un gru?ido, trazó el aire con el dedo, y un aura suave se fundió con
de Jaime.
De ese modo, ocultaban parte de su verdadero poder. No debían dejar que el enemigo
conociera su verdadera fuerza, o perderían el factor sorpresa.
Jaime siguió a Forero y a Jesica hasta el lugar donde nacía hierba de los diez mil a?os y se
detuvo en su destino. Sin embargo, no eran los únicos que estaban allí. Era evidente que
muchos otros también habían deducido ubicación exacta.
nqueado por varios hombres, Marcelo caminó hacia Jaime y le preguntó:
—Como maestro de Secta Duval, ?qué haces en un lugar tan recónditoo éste, Jaime?
Jaime le dirigió una leve sonrisa.
—Incluso tú, el hijo mayor de familia García de Región Suroeste, estás aquí. Entonces, ?por qué
no puedo venir yo también?
Mientras haba, su sentido espiritual envolvió al anciano que estaba junto a Marcelo.
Hizo ese movimiento porque se dio cuenta de que, entre el séquito de Marcelo, sólo el anciano
suponía una amenaza.
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Cuando Jaime envió su sentido espiritual para averiguar el poder del anciano, un aura aterradora brotó
de repente de éste, sobresaltándolo.
—?La fuerza de un Gran Marqués des Artes Marciales? —El corazón de Jaime dio un vuelco.
El color se desvaneció de los rostros de Forero y Jesica. Evidentemente, ellos también habían
percibido esa aura.
Marcelo se mofó al ver expresión de Jaime.
—No estamos en Ciudad de Jade, Jaime. En Ciudad de Jade tienes respaldo, pero aquí nadie puede
protegerte. Si has venido por hierba de los diez mil a?os, te aconsejo que te vayas. Con tanta gente
poniendo sus ojos en hierba de los diez mil a?os, nunca llegarás a tene en tus manos. Márchate o
tendrás una muerte espantosa. Considérate advertido.
Jaime sonrió en respuesta.
—Le debo mi gratitud, entonces, se?or García. Sin embargo, me gustans multitudes, así que me
dirigiré a dondequiera que sea fiesta.
Viendo que el otro hombre no podía convencerse de lo contrario, Marcelo dijo:
—Permíteme que te sea sincero, Jaime. La familia García va a tomar hierba de los diez mil a?os.
Espero que no te interpongas en nuestro camino, o de lo contrario…
Un aura asesina irradiaba de Marcelo mientras haba.
—La hierba de los diez mil a?os no tiene due?o; cualquiera puede toma. ?Es una amenaza? —
tronó Jaime, con expresión cada vez más fría.
Una oleada de opresión abrumadora sacudió a Marcelo. Su expresión cambió un poco.
En ese momento, el anciano que estaba a sudo rompió el aura de Jaime, lo que permitió a
Marcelo recuperar el aliento.
Jaime miró al anciano. Sin decir pbra, se dio vuelta para marcharse. Aún no era el
momento de empezar una pelea con Marcelo.
—Parece un pocoplicado para ti conseguir hierba de los diez mil a?os, Jaime. Me
pregunto si los muchos expertos que hay aquí caerán en trampa —le susurró Forero a Jaime.
—?Caerán en qué? —preguntó Jesica con curiosidad.
Debido a su ausencia durante discusión estratégica entre Jaime y Forero, no estaba al tanto
de su n para cambiars tornas.
Sin embargo, Forero no dio explicaciones ni dirigió una mirada a Jesica, que para entonces se
sentía muy incómoda. No podíaprender el cambio que se había producido en él.
??Se habrá dado cuenta de que neo hacerles da?o??.
Su corazón empezó a acelerarse con nerviosismo.