Capítulo 1907
A Patricio le entraron sudores fríos al escuchar lo que había dicho Saulo.
??Este tipo tiene unos pensamientos tan meticulosos! No puedo creer que sea tan previsor
como para incluirme en su n?.
Saulo esbozó una débil sonrisa al ver expresión de Patricio.
—No te preocupes. Tacio seguro reconocerá tu esfuerzo una vez que Secta de Corazón Maligno
se haga cargo de Secta Demoniaca.
—Gracias, se?or Maligno…
Patricio inclinó cabeza y se encontró demasiado asustado para tener otros pensamientos
mientras se enfrentaba a Saulo.
Lo cual era una sorpresa, ya que había estado al acecho en Secta Demoniacao espía
durante tantos a?os y se había entrenado para mantener calma ypostura en cualquier
situación. A pesar de ello, a Patricio se le aceleraba el pulso cada vez que se enfrentaba a
Saulo.
Mientras tanto, en Ciudad del Norte, varias personas vestidas con el mismo uniforme buscaban
a alguien con una foto en mano.
Todos trabajaban para familia Zepeda, y persona des fotos no era otra que Hugo.
Hugo había mentido a in, y éste no podía dejar pasar el asunto.
En ese momento, Kenzo también estaba buscando a Hugo pors calles con dos grandes marqueses
de artes marciales a cuestas.
—?Maldito sea ese viejo cabr*n! Me aseguraré de matarlo en cuanto lo encuentre... —Kenzo maldijo
en voz baja.
Mientras tanto, Hugo bebía café en una cafetería mientras esperaba con calma a que cayera noche
del día siguiente. Eso se debía a ques hierbas de diez mil a?os solían manifestarse durante una
noche de luna llena.
Pronto, un par de hombres vestidos de uniforme entraron corriendo en cafetería y subierons
escaleras con una foto en mano mientras registraban el lugar, examinando los rostros de cada uno
de los clientes.
Hugo frunció un pocos cejas.
?Sé que trabajan para familia Zepeda, pero ?a quién buscan? ?A qué viene tanto alboroto??.
Justo cuando Hugo se preguntaba a quién estarían buscando, uno de los hombres miró de repente a
Hugo y luego a foto que tenía en mano.
El hombre de familia Zepeda gritó de repente:
—?Lo encontramos!
En respuesta, todos se giraron y miraron a Hugo al mismo tiempo.
Hugo se dio cuenta de que lo estaban buscando.
ndiendo sus sables, los pocos hombres se abnzaron sobre Hugo, intentando varle sus armas.
Aunque Hugo no temía a los luchadores de familia Zepeda, no quería meterse en problemas
innecesarios que le impidieran conseguir hierba de los diez mil a?os. Así pues, saltó por los aires y
salió por el escaparate de tienda.
Aterrizó con firmeza en el suelo después de saltar desde el sexto piso. A continuación, se rio mientras
miraba a los hombres que estaban tan frenéticoso gatos sobre un tejado de zinc caliente.
Cuando se dio vuelta para marcharse con expresión desde?osa, tres hombres se acercaron a él.
No eran otros que Kenzo y dos grandes marqueses des artes marciales. Los ojos de Kenzo
briron cuando vio a Hugo.
—?Mentiroso! ?Por fin te he encontrado! ?Cómo te atreves a mentir a familia Zepeda? ?Tienes
ganas de morir?
Hugo estaba a punto de dar media vuelta y huir cuando los vio, pero los dos Grandes
Marqueses des Artes Marciales se abnzaron sobre él y lo detuvieron.
Mirando a los dos luchadores y a Kenzo, que lo miraba con el ce?o fruncido, Hugo frunciós
cejas.
Hugo no era débil, pero le resultaba imposible enfrentarse solo a dos grandes marqueses de
las artes marciales y a Hugo, un marqués des artes marciales.
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—?De qué está hando, se?or Zepeda? No le entiendo. ?Desde cuándo he enga?ado a
familia Zepeda? —preguntó Hugo, haciéndose el tonto.
—?Maldito seas! ?No te hagas el tonto conmigo! Nos dijiste el área aproximada de
manifestación de hierba, ?pero disimdamente colocaste una matriz arcana en el lugar
específico! Parece que lo tenías todo neado. neaste usar a familia Zepeda para atraer
atención de todos mientras tomabas para ti hierba de los diez mil a?os que está oculta en
matriz arcana. ?Es eso cierto? —gritó Kenzo, exigiendo a Hugo que respondiera a su pregunta.
Hugo se quedó atónito, pues no sabía cómo Kenzo se había enterado de su n. Había
comprobado los alrededores cuando estaba instndo matriz arcana y se había asegurado
de que no hubiera nadie cerca.
Al ver que Hugo no le respondía, Kenzo le espetó:
—?Será mejor que vuelvas conmigo a ver a mi padre y le pidas perdón! Veremos si mi padre te
perdona.