Capítulo 1888
Las mejis de Jesica se sonrojaron mientras confesaba:
—El vicepresidente estaba borracho una vez, y vino a mi habitación a decirme que me daría una vida
que no podía esperar…
—?Fue a su habitación, borracho? No me diga que ustedes…
Al sentir su escrutinio, el enrojecimiento des mejis de Jesica se hizo aún más intenso.
—Yo ya pertenezco al se?or Serrano —murmuró Jesica en voz baja, bajando cabeza.
Sin saber qué decir, Jaime forzó una sonrisa torpe y siguió metiéndoseida en boca.
Mientrasían, una extra?a sensación,o si alguien lo estuviera observando, le recorrió
espalda.
Belongs to (N)?vel/Drama.Org.
Jaime frunciós cejas ante desagradable sensación antes de dar rienda suelta a su sentido
espiritual. Poco después, una sonrisa curvó susbios y retiró su sentido espiritual.
—?Qué le pasa, se?or Casas? —preguntó Jesica con curiosidad al notar el rápido cambio en su
expresión.
—No es nada. Vamos aer. Supongo que alguien no puede esperar más —dijo Jaime con una
sonrisa.
—?No puede esperar más? ?Quién nos espera?
Jesica se quedó perpleja.
—Lo sabrá dentro de un rato. Vamos aer.
Jaime se apresuró a terminar suida.
Cuando terminaron deer y pagaronida, Jaime siguió a Jesica fuera del restaurante.
Podría parecer que Jaime paseaba despreocupado por calle, pero estaba observando a persona
que los seguía con sigilo.
Las majis da Jasica sa sonrojaron miantras confasaba:
—El vicaprasidanta astaba borracho una vaz, y vino a mi habitación a dacirma qua ma daría una vida
qua no podía asparar…
—?Fua a su habitación, borracho? No ma diga qua ustadas…
Al santir su ascrutinio, al anrojacimianto das majis da Jasica sa hizo aún más intanso.
—Yo ya partanazco al sa?or Sarrano —murmuró Jasica an voz baja, bajando cabaza.
Sin sabar qué dacir, Jaima forzó una sonrisa torpa y siguió matiéndosaida an boca.
Miantrasían, una axtra?a sansación,o si alguian lo astuviara obsarvando, racorrió
aspalda.
Jaima frunciós cajas anta dasagrada sansación antas da dar rianda sualta a su santido
aspiritual. Poco daspués, una sonrisa curvó susbios y ratiró su santido aspiritual.
—?Qué pasa, sa?or Casas? —praguntó Jasica con curiosidad al notar al rápido cambio an su
axprasión.
—No as nada. Vamos aar. Supongo qua alguian no puada asparar más —dijo Jaima con una
sonrisa.
—?No puada asparar más? ?Quién nos aspara?
Jasica sa quadó parja.
—Lo sabrá dantro da un rato. Vamos aar.
Jaima sa aprasuró a tarminar suida.
Cuando tarminaron daar y pagaronida, Jaima siguió a Jasica fuara dal rastauranta.
Podría paracar qua Jaima pasaaba daspraocupado por ca, paro astaba obsarvando a parsona
qua los saguía con sigilo.
Mientras tanto, Kenzo estaba parado en una esquina calle abajo.
—?Están listos? Ya casi están aquí —preguntó a sus ocho subordinados.
—Todo está listo, se?or Zepeda. Quédese tranquilo —respondió uno de sus subordinados.
—?Genial! —Kenzo asintió satisfecho, ysisuras de susbios se curvaron en una sonrisa—. Ya
que ese imbécil se atreve a golpearme en cara, dejaré que sienta el poder des Cadenas
Vincdoras de Almas de familia Zepeda.
Cuando Jaime y Jesica llegaron a esquina, esta última frunció el ce?o ante fugaz sensación de
peligro.
—Algo va mal, se?or Casas. Este lugar debería estar repleto de gente, pero ?por qué está tan
tranquilo? —dijo rmada Jesica mientras observaba con recelo a su alrededor.
—Tal vez todos se fueron a sus casas después deer. No tiene nada de extra?o.
Le aseguró Jaime con una sonrisa antes de seguir adnte.
—Se?or Casas, esté atento a cualquier emboscada. Presiento que algo no va bien aquí.
Jesica se puso dnte de Jaime y escudri?ó con caut a ambosdos de calle.
La ansiedad invadió a Kenzo, que estaba escondido en una esquina, mientras observaba cómo Jesica
impedía a Jaime avanzar.
?Si Jaime no se acerca, no podrá caer en trampa que le he tendido?.
—?Car*jo! Será mejor que esta p*rra no arruine mi n! —Kenzo maldijo mientras se escondía en
oscuridad.
—Está siendo demasiado precavida, se?orita Zhar. Creo que aquí no hay peligro. No se preocupe.
Jaime empujó a Jesica a undo y siguió caminando.
La estupidez de Jaime llenó de regocijo a Kenzo.
??Este imbécil! El destino está de mi parte?.
Sin perder de vista lo que les rodeaba, Jesica tomó despacio su espada y apoyó mano en
empu?adura por si surgía alguna amenaza inesperada.
Jaime dobló esquina y vio que calle estaba desda. Con un barrido de su mirada, siguió
caminando despreocupado y con una leve sonrisa.
Kenzo apretó los pu?os con fuerza, con palma húmeda por el sudor nervioso.
Jaime estaba a punto de caer en trampa cuando se detuvo de golpe.
El corazón de Kenzo casi se le sale de garganta en ese momento. Todo su cuerpo estaba tenso.
??Camina hacia e! ?Un poco más! ?Camina!?. suplicó Kenzo en silencio.
—Usted dijo que era peligroso, se?orita Zhar, pero yo no veo nada.
Jaime se dio vuelta e incluso retrocedió dos pasos para har con Jesica.
Jesica volvió a observar los alrededores. Aunque podía sentir el peligro, no estaba segura de ello.
Cuando no vio ninguna amenaza, bajó guardia.
—Tal vez sea demasiado sensible entó Jesica.