17kNovel

Font: Big Medium Small
Dark Eye-protection
17kNovel > El despertar del Drag贸n > Cap铆tulo 1796

Cap铆tulo 1796

    Capítulo 1796


    —?Cómo vas a castigarme? —inquirió Jaime con calma. No mostraba miedo a pesar de ser el


    objetivo del arma de Iván.


    —Inutilizándote pierna, por supuesto. —Tras hacer esa deración, Iván apretó el gatillo sin


    vacr.


    Era obvio que era una persona despiadada.


    ?Bam!


    Se escuchó un disparo, pero Jaime se quedó vado en su sitioo si b no le hubiera


    dado en pierna.


    Iván se puso rígido.


    —?Qué car*jo? ?No le di a mi objetivo a pesar de estar tan cerca de él?


    Desconfiando de su puntería, hizo otro disparo, apuntando a pierna de Jaime.


    ?Bam!


    Otro disparo. Sin embargo, Jaime permaneció ileso.


    Los motoristas se volvieron para mirar a Iván con incredulidad.


    ?Había fado dos disparos seguidos a poca distancia?


    —?Car*jo! No lo puedo creer.


    ?Bang! ?Pum! ?Bang!


    Iván disparó unos cuantos tiros sin parar hasta que agotós bs de su arma y se vio obligado a


    detenerse.


    Jaime se quedó allí con una sonrisa en cara, ileso. No mostraba signos de estar afectado.


    Todos, incluidos Iván y los miembros de La Hermandad Cananea, se quedaron mirando a Jaime,


    totalmente estupefactos. Eran incapaces deprender cómo Jaime seguía ileso.


    El cuerpo de Dago temba con fuerza. Si no estuvieran en público, habría caído de rodis ante


    Jaime.


    —?Qué car*jo le pasa a esta pist? —Iván tiró su arma al suelo, culpánd de no poder hacer da?o


    a Jaime.


    Jaime explicó con calma:


    —No fue culpa del arma. Fui yo —Extendiós palmas des manos, mostrando varias bs que


    cayeron al suelo haciendo su característico ruido.


    Iván se tambaleó hacia atrás mientras miraba a Jaime con incredulidad.


    Ni en sus mejores sue?os pensó que vería a alguien atrapar bs con sus propias manos. El


    concepto parecía demasiado ridículo para ser real.


    —?No creo que puedas atrapar docenas de bs de una s vez! —Ivan siseó.


    Ordenó a sus hombres que apuntaran a Jaime con sus armas, dispuestos a matarlo a tiros.


    En el momento en que estos hombres levantaron sus armas, vieron aparecer ante ellos una sombra.


    Al instante siguiente,s armas de fuego desaparecieron de repente de sus empu?aduras.


    Jaime ni siquiera se movió de su sitio.


    Giraron cabeza y vieron a Gilberto con más de diez pists ens manos.


    —?Por qué eres tan arrogante si lo único que posees es un montón de chatarra? —se burló Gilberto.


    Mientras haba, arrugós armas en una enorme b de metal.


    Al ver eso, Iván empezó a temr de miedo. A los motoristas también se les fue el color de cara.


    No podían entender a qué se de seres capaces habían ofendido.


    —Hoy estoy de buen humor y no tengo ganas de matar a nadie. Ya puedenrgarse —anunció Jaime.


    Al escuchar eso, Iván y sus motoristas giraron sobre sus talones y huyeron a toda velocidad


    del lugar.


    Justo después de que los motoristas huyeran, Dago cayó de rodis con un ruido sordo.


    —Se?or, por favor, acepte mi gratitud. Le pido disculpas por haberlo ofendido antes. Por favor,


    perdóneme.


    Dago temba mientras un sudor frío le resbba por cara.


    —Se?or Torres, ?qué está haciendo? No me ha ofendido —replicó Jaime mientras levantaba


    con suavidad palma de mano, enviando una onda de energía para ayudar a Dago a


    levantarse.


    —Se?or, yo...


    Antes de que Dago pudiera terminar sus pbras, Jaime le hizo un gesto para que se retirara.


    —Se?or Torres, usted es mayor que yo, así que por favor no me me así. Suena muy


    incómodo.


    Al escuchar eso, Dago corrigió de inmediato su forma de dirigirse a él.


    —Se?or Casas, ?eres quien formó Secta Duval en el mundo des artes marciales de Ciudad


    de Jade?


    Text ? by N0ve/lDrama.Org.


    Jaime rio entre dientes y asintió. Había revdo su habilidad, así que ya no había necesidad de


    mantener su identidad en secreto.


    La excitación de Dago creció al ver que Jaime lo admitía.


    —?Oh, eres mi ídolo, se?or Casas! No puedo creer que tenga suerte de conocerte. Creo que


    encontrarás ruinas antiguas…


    Dago cambió de idea y dejó de persuadir a Jaime para que se marchara.
『Add To Library for easy reading』
Popular recommendations
The Wrong Woman The Day I Kissed An Older Man Meet My Brothers Even After Death A Ruthless Proposition Wired (Buchanan-Renard #13)