Capítulo 1706
A pesar de todass tonterías que estaba soltando Astrid, Jaime ni siquiera llegó a
interrumpi.
—Jaime, resulta que sigues echando de menos a mi hermana. En ese caso, ?por qué hace tanto
tiempo que no nos visitas? Mi hermana incluso ha estado gritando tu nombre en sue?os.
Moly, que se había adntado, preguntó en tono burlón.
This is the property of N?-velDrama.Org.
—Es que... he estado muy ocupado y no he conseguido encontrar tiempo —respondió Jaime
avergonzado.
—Eso no va a ser un problema en adnte. Nos veremos muy a menudo.
Una expresión de alegría apareció en el rostro de Moly.
—?Por qué? —Jaime se quedó de piedra.
—Cecilia ha decidido tradar aquí el Pcio Carmesí. Al estar cerca, podremos vernos con
frecuencia. —Terminó Moly con una risita.
La noticia dejó boquiabierto a Jaime, que no esperaba que Cecilia tomara una decisión tan
trascendental.
Ante el silencio de Jaime, Moly continuó:
—Cecilia hizo esto por ti. Por lo tanto, no puedes defrauda.
Con eso, Moly se alejó brincando para alcanzar a su hermana.
Estupefacto, Jaime no supo cómo reionar. Considerando que ya tenía suficientes mujeres cons
que lidiar, no esperaba que Cecilia se uniera a refriega.
Más de una hora después, mayoría de los invitados ya habían llegado.
Jaime fue de undo a otro, brindando por sus invitados en cada mesa. Independientemente de sus
verdaderas intenciones, Jaime trató a todos los presenteso sus invitados de honor.
Dicho esto, había una mesa en particr a que Jaime temía acercarse: aque en que estaban
sentadas Cecilia y Astrid.
Jaime no sabía de quién había sido brinte idea de concentrar a todass mujeres en una s
mesa.
Allí estaban sentadas Cecilia, Astrid, Evangelina, Isabel, Lilia y algunas más.
Con tantas de es allí reunidas, no pudo evitar preocuparse de que estara una pelea en cualquier
momento.
A pesar de sus preocupaciones, se armó de valor y se acercó. Después de todo, tenía que mostrar su
agradecimiento a Cecilia por haber recorrido una distancia tan grande para asistir al evento.
Cuando Jaime se acercó a mesa,s miradas de todass mujeres se posaron en él.
La presión que sentía era más intensa que cuando se enfrentaba a un Santo des Artes Marciales.
—Se?orita Campana, gracias por venir hasta aquí. Brindo por usted.
Al terminar frase con torpeza, Jaime se tragó bebida de un solo trago.
La cara de vergüenza de Jaime provocó una discreta carcajada de Cecilia antes de que e también
se bebiera toda copa.
—Se?oritas, por favor, sigan disfrutando mientras entretengo a los demás invitados.
Cuando Jaime terminó de murmurar una respuesta, se dio vuelta de inmediato y se marchóo si
huyera.
Detrás de él, se escucharon los ros sonidos de risas femeninas.
Al terminar su ronda, Jaime se unió a mesa de dimir. Como todos eran jóvenes y talentosos
artistas marciales, tenía intención de conocerlos mejor.
Ya fueran amigos o enemigos, no había nada de malo en hacerlo.
En cuanto Jaime tomó asiento, dimir le dirigió una mirada envidiosa.
—Jaime, parece que eres algo más que un destacado artista marcial de nuestra generación. Me
sorprende que también seas un casanova, con tantas mujeres a tudo. Estoy más que
dispuesto a sacrificar mi cultivo con tal de estar en misma posición que tú.
Estaba ro que admiración de dimir era sincera y no estaba siendo sólo cortés. Después
de todo, cada una des mujeres de mesa era una belleza impresionante por derecho propio.
Cecilia, en particr, cautivaba a cualquiera que mirara.
Cada movimiento suyo, incluso algo tan simpleo una sonrisa, emanaba el aire de un ángel
que hubiera descendido del mismo cielo.
Si no fuera por presencia de Jaime, muchos hombres ya se le habrían insinuado.
En cuanto a Lilia y Magnolia, ambas habían nacido hermosas. Independientemente del encanto
que desprendían o del brillo de sus ojos, era suficiente para despertar el deseo de cualquier
hombre.
—Eso es muy gracioso, dimir. Sólo son amigas…
Jaime sonrió con torpeza.
A continuación, desató una cantidad indetectable de sentido espiritual para envolver al grupo,
con esperanza de medir su nivel de cultivo.