Capítulo 1626
Al escuchar eso, los cuatro miembros de élite de familia Duval volvieron por fin en sí. De
inmediato sacaron carta y se adntaron con caut.
—Se?or Higareda, esta es una carta para usted del jefe de nuestra familia.
Uno de ellos le tendió carta con cuidado.
Con solo un gesto de mano de Santiago, carta apareció en su mano.
Al abri, le echó un vistazo y sorpresa apareció en sus ojos. Al instante siguiente, el cer y
emoción baron en ellos.
Levantando con lentitud cabeza, fijó su mirada en Beatriz, cuyo rostro estaba oculto por una t
negra.
—Nunca esperé esto. De verdad, nunca se me había pasado por cabeza…
Se puso en pie con calma antes de agitar una mano. Al instante, t negra que cubría cabeza de
Beatriz cayó al suelo, revndo su impresionante semnte.
Al ve, los cuatro miembros de élite de familia Duval se quedaron estupefactos.
Habiendo sido todos criados por familia Duvalo cartas de triunfo, naturalmente conocían. De
hecho, sabían algo del giro que habían tomado los acontecimientos en familia Duval.
Pero, aun así, nunca esperaron que siguiera viva.
—Nunca esperé que siguieras viva, Bea. Me alegro mucho. Esto es genial.
Con alegría dibujada en el rostro, Santiago se acercó a Beatriz. Nadie vio cómo se movía, pero en
un abrir y cerrar de ojos llegó hasta Beatriz. Por el contrario, Beatriz se limitó a mirarlo sin expresiónCcontent ? exclusive by N?/vel(D)ra/ma.Org.
alguna.
Sin embargo, en cuanto Santiago se percató des cadenas que rodeaban, sus ojos ardieron de
furia.
—?Cómo se atreven!
rgó mano y le quitós cadenas antes de dirigir su mirada a los cuatro miembros de élite de
familia Duval y preguntarles:
—?Qué significa esto?
Al sentir rabia que emanaba de él, los cuatro miembros de élite de familia Duval entraron en
pánico.
—?Fue cosa del jefe de nuestra familia, se?or Higareda! No teníamos ni idea de nada —se
apresuraron a explicar.
—?Hmph!
En respuesta, Santiago resopló. Antes de que nadie pudiera verle hacer un movimiento, una ma
azul ro envolvió a los cuatro hombres.
Los cuatro elites de familia Duval de inmediato gritaron de agonía.
En sólo un segundo, todos quedaron reducidos a cenizas. Al final, sopló una ráfaga de viento e incluso
las cenizas desaparecieron sin dejar rastro.
Erao si nunca hubieran estado allí.
Eran cuatro marqueses de artes marciales de fase avanzada y, sin embargo, habían desaparecido sin
mucho esfuerzo.
Si los del mundo des artes marciales fueran testigos de aquello, sin duda se les caería mandíb.
Después de ocuparse de aques cuatro élites de familia Duval, Santiago se volvió hacia Beatriz.
—Nunca pensé que podría volver a verte, Bea. Han pasado más de veinte a?os, pero sigues tan
hermosa y seductorao siempre. ?Cómo has estado todos estos a?os? ?Sabes lo desdo que
me quedé cuando huiste para esconderte de mí?
él miró sorprendido y exultante, pero Beatriz permaneció en silencio, con el rostro inexpresivo. Los
más de veinte a?os de encierro habían despojado de todo apego emocional.
Aparte de Jaime, nada más podía provocarle emoción alguna.
El silencio de Beatriz hizo que Santiago frunciera un poco el ce?o. Dio un paso adnte y le tomós
manos con suavidad.
E no esquivó ni protestó, actuandoo un robot.
Justo cuando tomaba des manos y estaba a punto de decir algo, su expresión cambió de golpe y
retrocedió con rapidez.
—Lleva a Bea al vestíbuloteral, Cnte. Cuida bien de e. Te mataré si se enfada lo más mínimo
—Santiago instruyó a sirvienta.
—?Entendido! —Con expresión ansiosa, Cnte se adntó y sujetó con suavidad a Beatriz,
conduciénd hacia parte de atrás.
—?Oh, sí, mantén esto en secreto para Romina! —afirmó Santiago.
—?Entendido! —Cnte se marchó con Beatriz.
Apenas salieron, una mujer de mediana edad se apresuró hacia entrada principal.