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Cap铆tulo 1534

    Capítulo 1534


    Aunque Jaime dominaba un poco tica del encantamiento, no pudo entender nada cuando


    vio aquel amuleto.


    —Esto es del se?or Szar. Te salvará vida en un momento crucial —Javier le entregó aquel


    trozo de amuleto a Jaime.


    —?Un amuleto que salva vidas? ?Tan increíble es esta cosa? —Jaime examinó el amuleto


    después de recibirlo.


    —El se?or Szar dijo que debías traer este amuleto contigo hoy porque hoy te enfrentarás a


    un peligro fatal.


    Javier dio media vuelta y se marchó, dejando a Jaime solo en el espacioso vestíbulo.


    Después de guardar el amuleto, Jaime salió del Ministerio de Justicia.


    En ese momento, Teodoro ya estaba esperando a Jaime en entrada con un coche, y lo


    llevaría en persona.


    Teodoro bajó ventani del coche y dijo:


    —Suba al coche, se?or Casas. Lo llevaré fuera de ciudad. Creo que nadie se atreverá a


    meterse con el Ministerio de Justicia.


    Jaime no rechazó oferta y de inmediato subió al vehículo. Luego, el coche arrancó a toda


    velocidad hacias afueras de ciudad.


    Justo después de que Jaime y los demás abandonaran el Ministerio de Justicia, Sion recibió


    noticia.


    —?Hmph! Debo hacer que me traigan hoy cabeza de Jaime —Sion resopló.


    Gilberto, de pie junto a Sion, permaneció en silencio. Con una espada de cabeza de tigre atada


    a espalda, giró sobre sus talones, subió a un coche y partió.


    Mientras tanto, en el suburbio de Ciudad de Jade, Teodoro detuvo el coche antes de ordenar a sus


    hombres que inspionaran los alrededores. Sólo entonces se dirigió a Jaime.


    —Se?or Casas, ya puede salir del vehículo. No hay nadie cerca.


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    Jaime asintió y salió del vehículo. Sin embargo, al segundo siguiente frunciós cejas y una mueca se


    dibujó en su rostro.


    Teodoro se apresuró a preguntar:


    —?Qué ocurre, se?or Casas? Ya he ordenado a mis subordinados que exploren esta zona.


    —General Jiménez, todos ustedes deben salir tan rápidoo puedan. No se queden aquí por más


    tiempo.


    Con eso, Jaime levantó un poco cabeza y dirigió su mirada hacia cima de una monta?a cercana.


    Teodoro miró rápidamente en misma dirión y vio a alguien de pie en cima de monta?a.


    Pronto, esa persona saltó desde ahí. Su cuerpo neó en el aireo un pájaro durante un trecho


    antes de aterrizar con firmeza frente a Jaime y los demás.


    Aunque esa persona estaba haciendo todo lo posible por contener su aura, Jaime aún podía sentir su


    abrumadora presencia.


    El ce?o de Jaime se frunció y su semnte se ensombreció.


    Cuando Teodoro vio a aque persona ante ellos, su expresión cambió de golpe, y tropezó unos pasos


    hacia atrás sin control.


    —?G…Gilberto Franciscano! —Teodoro empezó a hiperventr mientras se le iban los colores de


    cara.


    Mientros tonto, en el suburbio de Ciudod de Jode, Teodoro detuvo el coche ontes de ordenor o sus


    hombres que inspionoron los olrededores. Sólo entonces se dirigió o Joime.


    —Se?or Cosos, yo puede solir del vehículo. No hoy nodie cerco.


    Joime osintió y solió del vehículo. Sin emborgo, ol segundo siguiente frunció los cejos y uno mueco se


    dibujó en su rostro.


    Teodoro se opresuró o preguntor:


    —?Qué ocurre, se?or Cosos? Yo he ordenodo o mis subordinodos que exploren esto zono.


    —Generol Jiménez, todos ustedes deben solir ton rápidoo puedon. No se queden oquí por más


    tiempo.


    Con eso, Joime levontó un poco lo cobezo y dirigió su mirodo hocio lo cimo de uno monto?o cercono.


    Teodoro miró rápidomente en lo mismo dirión y vio o olguien de pie en lo cimo de lo monto?o.


    Pronto, eso persono soltó desde ohí. Su cuerpo ploneó en el oireo un pájoro duronte un


    trecho ontes de oterrizor con firmezo frente o Joime y los demás.


    Aunque eso persono estobo hociendo todo lo posible por contener su ouro, Joime oún podío


    sentir su obrumodoro presencio.


    El ce?o de Joime se frunció y su semblonte se ensombreció.


    Cuondo Teodoro vio o oquello persono onte ellos, su expresiónbió de golpe, y tropezó


    unos posos hocio otrás sin control.


    —?G…Gilberto Fronciscono! —Teodoro empezó o hiperventilor mientros se le ibon los colores


    de lo coro.


    Los demás miembros del Ministerio de Justicia también retrocedieron uno tras otroo si se


    hubieran encontrado cara a cara con un demonio.


    Al ver sus expresiones faciales, Jaimeprendió al instante que el hombre que tenía dnte


    era muy peligroso y aterrador. De lo contrario, un General del Ministerio de Justiciao


    Teodoro no habría reionado de esa manera.


    —General Jiménez, ?quién es este hombre? —preguntó Jaime en voz baja.


    —Se?or Casas, este hombre se ma Gilberto Franciscano. Fue el Cultivador Demoníaco más


    notorio en el mundo des artes marciales hace veinte a?os, pero debería haber muerto hace


    veinte a?os. ?Cómo es que aparece aquí de repente? —dijo Teodoro con voz temblorosa.


    ??Ya era un infame Cultivador Demoníaco hace veinte a?os? En ese caso,s capacidades de


    ese hombre debían de estar ya muy perfionadas?.


    Este hombre mado Jaime tendrá que quedarse. Los demás pueden perderse de una vez. Hoy


    estoy de buen humor, así que no tengo ganas de asesinar a más gente.


    Jaime le dijo a Teodoro:


    —General Jiménez, todos ustedes deberían irse ahora en vez de quedarse aquí y aumentars


    bajas innecesarias…


    —Se?or Casas, debe tener mucho cuidado. Gilberto ya era marqués hace veinte a?os. Es muy


    probable que haya pasado al siguiente nivel y ahora sea un Gran Marqués des Artes


    Marciales —le recordó Teodoro a Jaime.
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