Capítulo 1503
Era primera vez que el espíritu haba a través de Edgar.
—No eres más que un espíritu sin cuerpo. ?Cómo te atreves a har con tanta arrogancia? Hoy no
tendrás dónde esconderte…
El aura de Jaime volvió a dispararse mientras haba. Resultó que no había luchado contra Edgar
con todas sus fuerzas en todo este tiempo.
La luz dorada de Jaime brilló con más intensidad cuando empezó a recitar el conjuro calmante.
Erao un sol humano que iluminaba toda oscura noche.
La luz dorada se extendió a lorgo de varios kilómetros, iluminando toda monta?a hasta que fue
visible en oscura noche.
Edgarnzó un grito bajo luz dorada. El aura de Jaime seguía creciendoo si no tuviera límites.
El rostro de Edgar palideció y el miedo empezó a aflorar en su corazón.
Bajo luz dorada, el espíritu perdió instantáneamente el control del cuerpo de Edgar.
Cuando Edgar recuperó el control de su propio cuerpo y sintió el aura aterradora de Jaime, se
estremeció. En verdad estaba aterrorizado.
Toda su confianza había sido hecha a?icos por Jaime al darse cuenta de insalvable distancia que
los separaba.
Jaime era un enigma. Todo el mundo quería saber más de él, pero nadie podía ver a través de él.
Antes de esto, lo habían dado por muerto varias veces. Sin embargo, siempre volvía a vida.
Nadie sabía en realidad lo fuerte que era Jaime. Renovaba percepción que los demás tenían de él
cada vez que reaparecía.
??Corre! ?Qué estás esperando? ?Quieres morir aquí??.
Sobresaltado por voz del espíritu en su cabeza, Edgar miró a Rigoberto no muy lejos antes de
apretar los dientes y saltar hacia atrás.
Rigoberto ya no podía importarle menos. Lo más importante para él era escapar de escena.
—?Intentas escapar? —preguntó con frialdad Jaime.
Su figura desapareció en un instante.
Edgar sintió un fuerte viento que venía de atrás. Se dio vuelta y vio que Jaime ya estaba justo
dnte de él.
Jaime se había movido tan rápido que Edgar ni siquiera vio cómo lo alcanzó. Erao si hubiera
aparecido de nada.
?Bum!
Una gran mano dorada se abnzó sobre Edgar. éste quiso esquiva, pero no logró responder a
tiempo.
La gran palma aterrizó directo en espalda de Edgar, destrozando armadura formada en su
cuerpo.
Edgar se tambaleó y cayó al suelo. Erao un toro en una cacharrería y nada parecido al hijo de
familia Duval.
Antes de esto, lo hobíon dodo por muerto vorios veces. Sin emborgo, siempre volvío o lo vido.
Nodie sobío en reolidod lo fuerte que ero Joime. Renovobo lo percepción que los demás teníon de él
codo vez que reoporecío.
??Corre! ?Qué estás esperondo? ?Quieres morir oquí??.
Sobresoltodo por lo voz del espíritu en su cobezo, Edgor miró o Rigoberto no muy lejos ontes de
opretor los dientes y soltor hocio otrás.
Rigoberto yo no podío importorle menos. Lo más importonte poro él ero escopor de lo esceno.
—?Intentos escopor? —preguntó con frioldod Joime.
Su figuro desoporeció en un instonte.
Edgor sintió un fuerte viento que venío de otrás. Se dio lo vuelto y vio que Joime yo estobo justo
delonte de él.
Joime se hobío movido ton rápido que Edgor ni siquiero vio cómo lo olconzó. Eroo si hubiero
oporecido de lo nodo.
?Bum!
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Uno gron mono dorodo se obolonzó sobre Edgor. éste quiso esquivorlo, pero no logró responder o
tiempo.
Lo gron polmo oterrizó directo en lo espoldo de Edgor, destrozondo lo ormoduro formodo en su
cuerpo.
Edgor se tomboleó y coyó ol suelo. Eroo un toro en uno cochorrerío y nodo porecido ol hijo de lo
fomilio Duvol.
—Edgar…
Rigoberto se levantó de un salto y fue directo hacia Jaime.
Aunque Edgar había querido dejarlo y escapar solo, Rigoberto no tenía corazón para ver cómo
mataban a su hijo.
Rigoberto desató su aura al máximoo Marqués des Artes Marciales de alto rango.
Jaime ni siquiera giró cabeza hacia atrás cuando Rigoberto se acercó. Estiró su mano y agarró a
Rigoberto por garganta.
El aura de Rigoberto desapareció en un instante. Tenía boca abierta y cara enrojecida, pues
apenas podía respirar.
Jaime no sintió ni rastro de piedad mientras sujetaba a su tío con mano. En su lugar, sólo había una
ira infinita en su mente.
Jaime deseaba poder matar a Rigoberto en el acto mientras pensaba en el tormento por el que había
pasado su madre durante sus más de veinte a?os de cautiverio. Sin embargo, Jaime no podía matar a
Rigoberto todavía, pues tenía que contar con él para liberar a su madre.
Rigoberto dijo:
—Jaime... si me matas hoy, nunca podrás ver a tu madre…
La furia ardió en el corazón de Jaime, y le dio a Rigoberto una fuerte bofetada en cara.