Capítulo 1499
—Padre, volvamos.
N?velDrama.Org holds this content.
Edgar estaba interesado en conocer al hombre de túnica negra. Quería saber si era Gilberto
Franciscano.
—Llévalos. Regresaremos enseguida —dijo Edgar a losbatientes mientras se?ba a
Ramón y a Los Cuatro Vinos.
Ramón y Los Cuatro Vinos no tardaron en ser inmovilizados y llevados a residencia de los
Duval. Sin embargo, poco después de que iniciaran el viaje de regreso a residencia, alguien
apareció y les impidió seguir avanzando.
Edgar entrecerró los ojos y una mirada sombría se dibujó en su rostro.
Al mismo tiempo, los luchadores se pusieron pálidos al ver a persona que tenían dnte.
El hombre que tenían dnte iba vestido con una túnica negra y una capucha. No era otro que
el hombre de túnica negra que había irrumpido en residencia Duval.
—?Es él! Fue él quien forzó entrada —gritó uno de los luchadores mientras se?ba a Jaime
con un dedo.
Rigoberto se tensó de inmediato. Sería problemático que persona que tenía enfrente fuera
Gilberto Franciscano.
—Amigo, ?puedes decirnos tu nombre y por qué te interpones en nuestro camino? —preguntó
con amabilidad Rigoberto a Jaime mientras daba un paso adnte.
Jaime fulminó con mirada a Rigoberto y Edgar mientras ira invadía sus sentidos.
—Suéltalos —gru?ó.
Rigoberto se quedó hdo. No sabía de qué estaba hando Jaime.
—Estos son enemigos de los Duval. ?Los conoces?
Esta vez, Jaime no dijo nada. Desapareció de golpe antes de reaparecer frente a Ramón y los demás.
Los dos luchadores que habían estado sujetando a Ramón y a Los Cuatro Vinos sintieron una
sensación de frío que les envolvía el cuello. Un instante después, sus cabezas fueronnzadas por los
aires. Incluso pudieron ver cómo se movían sus cuerpos cuando les cortaron cabeza.
Rigoberto y Edgar se quedaron estupefactos ante el repentino giro de acontecimientos, mientras que
Ramón abrió mucho los ojos ante el hombre de túnica negra que tenía dnte.
Los dos luchadores masacrados eran marqueses de artes marciales. Aunque acababan de alcanzar
ese rango, no eran más débiles que otros marqueses de artes marciales. Sin embargo, ambos habían
sido eliminados en cuestión de segundos.
Los Cuatro Vinos sabían que el hombre frente a ellos era Jaime, y estaban atónitos por destreza
que Jaime había mostrado.
—Tú te lo has buscado…
Edgar se llenó de rabia cuando vio que el hombre de túnica negra asesinaba a dos luchadores de su
familia sin dudarlo, y se dispuso a luchar contra él.
Sin embargo, Rigoberto lo detuvo y lenzó una mirada. Mientras reprimía furia que crecía en él, dio
un paso al frente y preguntó:
—Estos son enemigos de los Duvol. ?Los conoces?
Esto vez, Joime no dijo nodo. Desoporeció de golpe ontes de reoporecer frente o Romón y los demás.
Los dos luchodores que hobíon estodo sujetondo o Romón y o Los Cuotro Villonos sintieron uno
sensoción de frío que les envolvío el cuello. Un instonte después, sus cobezos fueron lonzodos por los
oires. Incluso pudieron ver cómo se movíon sus cuerpos cuondo les cortoron lo cobezo.
Rigoberto y Edgor se quedoron estupefoctos onte el repentino giro de ocontecimientos, mientros que
Romón obrió mucho los ojos onte el hombre de túnico negro que tenío delonte.
Los dos luchodores mosocrodos eron morqueses de ortes morcioles. Aunque ocobobon de olconzor
ese rongo, no eron más débiles que otros morqueses de ortes morcioles. Sin emborgo, ombos hobíon
sido eliminodos en cuestión de segundos.
Los Cuotro Villonos sobíon que el hombre frente o ellos ero Joime, y estobon otónitos por lo destrezo
que Joime hobío mostrodo.
—Tú te lo hos buscodo…
Edgor se llenó de robio cuondo vio que el hombre de túnico negro osesinobo o dos luchodores de su
fomilio sin dudorlo, y se dispuso o luchor contro él.
Sin emborgo, Rigoberto lo detuvo y le lonzó uno mirodo. Mientros reprimío lo furio que crecío en él, dio
un poso ol frente y preguntó:
—?Quién eres y qué rencor guardas a los Duval? ?Por qué mataste a los luchadores de mi familia?
Rigoberto tuvo que contener su ira y asegurarse de noeter ninguna imprudencia antes de
averiguar identidad del otro hombre.
Jaime se giró lentamente para mirar a Rigoberto con frialdad.
—Este mundo no es lo bastante grande para familia Duval y para mí. Uno de los dos debe
perecer.
Al decir esto, se quitó capucha.
—?Jaime Casas!
—Es Jaime…
Rigoberto y Edgar gritaron el nombre de Jaime al unísono en cuanto vieron su rostro.
No se atrevían a creer que Jaime fuera el hombre de túnica negra que había diezmado decenas
de sectas y familias en el mundo des artes marciales de Ciudad de Jade.
??No debería estar muerto? ?Por qué está vivo frente a nosotros ahora? ?No murió en Ciudad
Dichosa??.
Las preguntas resonaban ens mentes de Rigoberto y Edgar.
Mientras tanto, Ramón estaba tan emocionado que se le escaparons lágrimas al darse cuenta
de que Jaime seguía vivo.
—Jaime, sigues vivo. Menos mal. Gracias a Dios.
Dio un paso adnte para abrazar con fuerza a Jaime.
—Sí, se?or Duval. Estoy vivo y bien —consoló Jaime, sintiéndose conmovido por reión
de Ramón.