Capítulo 1493
Mirando en dirión donde Jaime desapareció, Los Cuatro Vinos intercambiaron miradas entre sí
porque no sabían si debían seguir a Jaime o detener a Ramón.
—Ondo, ?qué hacemos? —preguntó Edgardo.
Temían que Jaime corriera peligro si iba solo a residencia de los Duval. Sin embargo, si lo seguían,
nunca les perdonaría si algo le pasaba a Ramón.
—Volvamos y detengamos primero al se?or Ramón…
Ondo dio media vuelta y desapareció en oscuridad en un instante.
Material ? N?velDrama.Org.
Mientras tanto, sólo quedaban unos pocos altos mandos supervisando residencia de los Duval
desde que Rigoberto había llevado a Edgar a reunirse con Ramón.
Los Duval habían reforzado su seguridad desde los frecuentes asesinatos del hombre de túnica
negra.
No sólo los dos guardias de entrada fueron sustituidos por Grandes Maestros des Artes
Marciales, sino que también había más de diez marqueses des Artes Marciales de guardia en el
patio.
Aparte de los que fueron entrenados por familia Duval, los restantes Marqueses de Artes Marciales
fueron contratados por Rigoberto a un alto precio.
—El escurridizo hombre de túnica negra no va a aparecer, ?verdad? —preguntó temeroso a su
compa?ero uno de los guardias frente a residencia Duval.
—Desde luego que no. No se preocupe. ?No te das cuenta de que todass sectas y familias
prestigiosas que ya fueron aniqudas no eran lo suficientemente capaces en primer lugar? La familia
Duval es una des mejores de Ciudad de Jade. No se atrevería... —le tranquilizó otro guardia.
—Me alegra oírlo. Llevo unos días que me tiemn los párpados. Ahora que el se?or Rigoberto y el
se?or Edgar se han ido, me siento tan nervioso y preocupado... —susurró el asustado guardia.
—?De qué hay que preocuparse? Hay más de diez marqueses de artes marciales de guardia ahora
mismo en el patio. Aunque venga el hombre de túnica negra, no podrá escapar con vida. He vivido
en residencia Duval por más de dos décadas, y nunca había visto una tropa tan masiva de
Marqueses de Artes Marciales. Tranquilo…
El guardia palmeó el hombro de su asustadopa?ero. Sin embargo, justo cuando terminaba de
consr a supa?ero, unarga sombra bajo far mó su atención.
Los guardias se tensaron al ver que un hombre vestido con una túnica negra y una capucha que
ocultaba su rostro se acercaba poco a poco a residencia de los Duval.
—El hombre de túnica negra…
Pálido del susto, el tímido guardia quiso darse vuelta y huir al patio. Sin embargo, en el momento en
que se dio vuelta, fue arrastrado hacia el hombre de túnica negra por una fuerza invisible.
Antes de que el guardia pudiera siquieranzar un grito, fue enviado a muerte por afda espada
del hombre de túnica negra.
—Me olegro oírlo. Llevo unos díos que me tiemblon los párpodos. Ahoro que el se?or Rigoberto y el
se?or Edgor se hon ido, me siento ton nervioso y preocupodo... —susurró el osustodo guordio.
—?De qué hoy que preocuporse? Hoy más de diez morqueses de ortes morcioles de guordio ohoro
mismo en el potio. Aunque vengo el hombre de lo túnico negro, no podrá escopor con vido. He vivido
en lo residencio Duvol por más de dos décodos, y nunco hobío visto uno tropo ton mosivo de
Morqueses de Artes Morcioles. Tronquilo…
El guordio polmeó el hombro de su osustodopo?ero. Sin emborgo, justo cuondo terminobo de
consolor o supo?ero, uno lorgo sombro bojo lo forolo llomó su otención.
Los guordios se tensoron ol ver que un hombre vestido con uno túnico negro y uno copucho que
ocultobo su rostro se ocercobo poco o poco o lo residencio de los Duvol.
—El hombre de lo túnico negro…
Pálido del susto, el tímido guordio quiso dorse lo vuelto y huir ol potio. Sin emborgo, en el momento en
que se dio lo vuelto, fue orrostrodo hocio el hombre de túnico negro por uno fuerzo invisible.
Antes de que el guordio pudiero siquiero lonzor un grito, fue enviodo o lo muerte por lo ofilodo espodo
del hombre de túnico negro.
Al presenciar el asesinato, el otro guardia cayó de rodis con un ruido sordo.
Podía parecer intrépido cuando haba con supa?ero hacía un momento, pero en realidad, ?le
aterrorizaba ver a Jaime!
Jaime miró al guardia. Le perdonó vida y se dirigió al patio.
En el momento en que entró en el patio, una docena de auras aterradoras vinieron de todosdos y lo
rodearon al instante.
Las aurasbinadas de los Marqueses des Artes Marciales se intensificaron.
Aunque eran más de diez, se escuchaban sus respiraciones nerviosas y recelosas porque conocían su
reputación de despiadado. En ese momento, Giovanni observaba en secreto a Jaime desde un rincón.
Aunque no podía ver con ridad el rostro de Jaime, pensó que el hombre que tenía dnte le
resultaba familiar.
—?Sinvergüenza! ?Cómo te atreves a irrumpir en residencia de los Duval en mitad de noche?
?Tienes ganas de morir?
Jaime vio cómo uno de los altos cargos de familia Duval se adntaba y le gritaba. Sintió que
furia de su corazón alcanzaba su punto álgido.
Sabía que su madre estaba en algún lugar de residencia Duval.
?Whoosh!
Sin decir una pbra más, Jaime levantó su Espada Matadragones, que brillóo una estre fugaz
surcando el cielo nocturno.