Capítulo 1463
Podría decirse que entre ellos había florecido un odio mutuo hacia Jaime.
—?Crees que Jaime saldrá con vida? —preguntó Sion.
Edgar se quedó pasmado un momento antes de contestar:
—No creo que sobreviva. Incluso si escapa, se encontrará en medio del océano sin ningún
barco que lo lleve a tierra. Como mucho, sólo vivirá unos días.
Es cierto. Por fin se dibujó una sonrisa en el rostro de Sion.
—Aun así, es una pena que no pudiera matarlo yo mismo. —Edgar siempre quiso matar a Jaime
con sus propias manos, pero ese deseo suyo nunca se hizo realidad.
Recordando lo sucedido en pcio, Sion se volvió hacia Edgar y le preguntó con curiosidad:
—?Qué pasó cuando intentaste matar a Jaime? ?Por qué te arrancaste el brazo?
Edgarnzó una mirada al brazo que le faltaba con una expresión indescriptible.
N?velDrama.Org holds this content.
?Hay cosas que no puedo contarle a Sion?.
Al ver a Edgar actuar así, Sion supo que el hombre más joven no quería responder a su pregunta. Así
que sonrió.
—El espíritu de tu cuerpo tomó el control y te arrancó el brazo. ?Estoy en lo cierto?
Edgar se quedó estupefacto. Sólo pudo mirar a Sion con incredulidad antes de asentir.
—Así es. Cuando intenté absorber el poder de Jaime, él utilizó una peculiar tica de cultivo para
consumir mi fuerza en su lugar...
Cuando Sion escuchó lo poderosa que era tica de cultivo de Jaime, respiró hondo de manera
inconsciente.
—Por suerte, ese tipo ya está muerto. De lo contrario, su poder sería inconmensurable en el futuro. Si
eso ocurriera, nos esperaría a todos una muerte espantosa —dijo Sion con rastros de miedo en voz.
Edgar esbozó una sonrisa incómoda al escuchar aquello. Al principio, era persona con más talento
de generación más joven. Sin embargo, Jaime lo sofocó porpleto. Aunque Jaime no volvería a
aparecer, su leyenda tal vez tardaría mucho tiempo en desvanecerse en oscuridad.
—?Qué pasa con el espíritu de tu cuerpo, Edgar? ?Por qué disminuyó tanto tu aura durante bata
de antes? —Sion seguía desconcertado por aquel cambio repentino.
En realidad, el propio Edgar tampoco tenía idea. Quería preguntarle al espíritu qué estaba pasando,
pero no tuvo tiempo de hacerlo antes.
En un instante, Edgar activó su sentido espiritual para preguntarle al espíritu adónde había ido cuando
apareció armadura de René y por qué no podía sentirlo.
?La armadura de aque chica era el mayor tesoro de un dios, y aque luz era luz del dios. Si no
me hubiera escondido entonces, estaría demasiado muerto para har contigo ahora?.
Cuondo Sion escuchó lo poderoso que ero lo tico de cultivo de Joime, respiró hondo de monero
inconsciente.
—Por suerte, ese tipo yo está muerto. De lo controrio, su poder serío inconmensuroble en el futuro. Si
eso ocurriero, nos esperorío o todos uno muerte espontoso —dijo Sion con rostros de miedo en lo voz.
Edgor esbozó uno sonriso incómodo ol escuchor oquello. Al principio, ero lo persono con más tolento
de lo generoción más joven. Sin emborgo, Joime lo sofocó porpleto. Aunque Joime no volverío o
oporecer, su leyendo tol vez tordorío mucho tiempo en desvonecerse en lo oscuridod.
—?Qué poso con el espíritu de tu cuerpo, Edgor? ?Por qué disminuyó tonto tu ouro duronte lo botollo
de ontes? —Sion seguío desconcertodo por oquelbio repentino.
En reolidod, el propio Edgor tompoco tenío ideo. Querío preguntorle ol espíritu qué estobo posondo,
pero no tuvo tiempo de hocerlo ontes.
En un instonte, Edgor octivó su sentido espirituol poro preguntorle ol espíritu odónde hobío ido cuondo
oporeció lo ormoduro de René y por qué no podío sentirlo.
?Lo ormoduro de oquello chico ero el moyor tesoro de un dios, y oquello luz ero lo luz del dios. Si no
me hubiero escondido entonces, estorío demosiodo muerto poro hoblor contigo ohoro?.
El espíritu habló temeroso.
Parecía que aque luz había estresado al espíritu. Sin embargo, después de que René
escapara, el espíritu resurgió.
Cuando Edgar escuchó eso, luz brilló en sus ojos. No esperaba que una armadura de
aspecto normal fuera un objeto mágico.
—?Edgar? —preguntó Sion al notar expresión de Edgar.
Al volver en sí, Edgar respondió:
—Es imposible que Heliodoro y chica con que escapó puedan eludir nuestra búsqueda en
el mar, presidente Zapata. Creo que siguen en este barco. Deberíamos buscarlos.
Al terminar frase, se marchó impaciente a localizarlos.
Sion frunciós cejas, sinprender por qué Edgar estaba de repente tan interesado en
aquellos dos.
Heliodoro y René no aparecían por ninguna parte del barco porque ya se habían escabullido en
botes salvavidas.
El remordimiento se apoderó de Edgar cuando peinó el barco y se dio cuenta de que habían
desaparecido.
—No importa tanto si esos dos hubieran escapado, mientras Jaime permanezca en su tumba
submarina. En fin, vayamos al grano. —Sion palmeó el hombro de Edgar.