17kNovel

Font: Big Medium Small
Dark Eye-protection
17kNovel > El despertar del Drag贸n > Cap铆tulo 1179

Cap铆tulo 1179

    Capítulo 1179


    Poco después, se sirvió el café. Lázaro le sirvió él mismo una taza a Jaime.


    —Pruébelo, Se?or Casas.


    Hizo un gesto para que el hombre probara el café, haciendo lo posible por mantener calma.


    —Gracias, Se?or Delgado.


    Tras darles gracias, Jaime tomó taza y le dio un sorbo.


    —No está mal, pero no sé mucho de café —admitió Jaime.


    —Ja, ja, yo tampoco soy un experto. Como no está mal, beba más —dijo Lázaro con una risita.


    Levantando taza, Jaime se lo bebió todo.


    En ese momento, Lázaro dio un suspiro de alivio en su interior.


    Heliodoro bebió junto a Jaime, pero Lázaro no se molestó en detenerlo.


    Tenía el antídoto, así que no importaba, aunque su hijo se lo bebiera.


    En poco tiempo, habían bebido yido. Sintiendo que era casi hora, Jaime se levantó para


    irse.


    —Se?or Casas,s distintas familias des artes marciales de toda Ciudad de Jade tienen


    actualmente sus ojos puestos en usted. Si no le importa, quédese en residencia de los Delgado.


    Puede hacerlepa?ía a Heliodoro —instó Lázaro al ver que el hombre quería marcharse.


    —Gracias por oferta, Se?or Delgado. Sin embargo, aún tengo muchos asuntos que atender, así que


    no podré hacerlo.


    Por desgracia, Jaime lo rechazó.


    —Por favor, espere un momento, Se?or Casas. Todavía hay algo que tengo que preguntarle.


    Tras impedir que el hombre se marchara, Lázaro se dirigió a Heliodoro y le indicó:


    —Heliodoro, tu madre acaba de mar, pidiéndote que vayas a recoge. Date prisa y vete.


    Ante eso, Heliodoro no tuvo más remedio que ir a recoger a su madre. Miró a Jaime y se disculpó:


    —Entiendo, por favor, discúlpame, Jaime.


    —No te preocupes, Heliodoro. Date prisa y ve por tu madre. —Jaime le dirigió una sonrisa.


    Una vez que Heliodoro se fue, Jaime miró a Lázaro y preguntó:


    —?Cuál es pregunta que tiene para mí, Se?or Delgado?


    —Escuché que tienes bastantes objetos mágicos y una esencia dragoniana integrada que puede


    generar el Poder de los Dragones, Se?or Casas. ?Es cierto? —preguntó Lázaro.


    Jaime se quedó sorprendido por un segundo, pero, aun así, asintió.


    —Sí, es cierto.


    All text ? N?velD(r)a''ma.Org.


    En el momento en que Lázaro escuchó al hombre admitirlo personalmente, sus ojos se iluminaron en


    un instante, y emoción se reflejó en su rostro.


    Al ver esa expresión suya, sorpresa inundó a Jaime.


    —Entonces, seré sincero con usted, Se?or Casas. Teniendo en cuenta sus capacidades actuales,


    todavía puede situarse a vanguardia de generación más joven del mundo des artes marciales.


    Pero no se puede decir lo mismo de Heliodoro.


    ?Sus capacidades son escasas y no trabaja lo suficiente. Incluso generación más joven del mundo


    des artes marciales en Ciudad de Jade es mejor que él, y mucho menos los que están en ta de


    sificación de los sabios.


    Lázaro suspiró, con un aspecto decepcionado.


    —?Qué está tratando de decir, Se?or Delgado?


    Para entonces, un ce?o fruncido estaba estropeando el semnte de Jaime.


    —No mucho. Veo que eres amigo de Heliodoro, así que me pregunto si puedes darle esencia


    dragoniana. La cambiaré por otros objetos mágicos —respondió Lázaro.


    En cuanto Jaime escuchó eso, su expresión se volvió fría.


    —Lo siento. Si se trata de otra cosa, de seguro te ayudaré. Pero no puedo darle a nadie más


    esencia dragoniana. Tengo algo que hacer, así que, por favor, discúlpenme.


    Se puso en pie y se dirigió a salida,probando que Lázaro no era el hombre decente que


    había imaginado.


    Sin embargo, nada más al llegar a puerta, Mateo le bloqueó el paso con otros hombres.


    Jaime se volteó hacia Lázaro.


    —?Qué significa esto, Se?or Delgado?


    En ese momento, Lázaro mostró su verdadera cara, y dijo con desprecio:


    —No mucho. Ya que no estás dispuesto a entregarlo, no tengo más remedio que tomarlo por


    mis propias manos.


    Los ojos de Jaime se entrecerraron y frialdad irradió de ellos.


    —Por el bien de Heliodoro, no quiero ejercer violencia en Residencia Delgado. No me


    fuerces.


    Su expresión era tan oscurao un trueno.


    Lázaro soltó una carcajada:


    —?Ja, ja! ?Ejercer violencia? ?Crees que todavía puedes liberar alguna energía marcial en este


    momento? Te tomaste pasti de restrión de energía, ?así que ahora no tienes poder!
『Add To Library for easy reading』
Popular recommendations
The Wrong Woman The Day I Kissed An Older Man Meet My Brothers Even After Death A Ruthless Proposition Wired (Buchanan-Renard #13)