Capítulo <b>146 </b>?<b>Tenía </b>que Salvarme a Mí Mismo!
Hernán <b>siguió </b>hando sin vergüenza: -Si trabajamos juntos, seguramente tendremos éxito <b>en </b>nuestro negocio<b>. </b>En ese momento, podremos convertirnos en los amos del mercado de materisies de constrión en Ciudad Fluvial, ?no crees?
-?Sigue so?ando despierto! ?Cana! En esta vida, no vuelvas a pensar en tener alguna rción conmigo. Eres despreciable. Dios te castigará.
Estaba furiosa, levanté bruscamente a Dulcita y me puse de pie de un tirón. Miré hacia él y le
dije: —?La próxima vez que quieras ver a Dulcita, llámame con anticipación! ?No aceptaré nada
–
más de ti!
-María, en menos de tres días podrás ver los resultados. Estaré esperando tu regreso a mido. Piensa en Dulcita. ?No seas tan terca!– Hernán, con ms intenciones, a?adió a mis espaldas-, estoy esperando tu respuesta, mi amor.
Salí a grandes zancadas del mundo de Hielo y Nieve, apretando los dientes con furia, con lágrimas acumdas en mis ojos. No sabía si era por enojo o miedo, mi cuerpo temba
constantemente.
Dulcita yacía tranqumente sobre mi hombro, sus grandes ojos mirando fijamente entrada del mundo de Hielo y Nieve. La abracé fuertemente mientras mis lágrimas caían.
Rápidamente me sequés lágrimas, no quería que Dulcitas viera.
De vuelta al coche, coloqué a Dulcita en su si de seguridad, calmé mis emociones y le sonreí diciendo: ?Mamá te llevará aer algo delicioso?
–
E levantó cabeza y miró mis ojos, dulcemente dijo: -?Vamos con abu y abuelo?
-Sí, vamos juntas. ?Volvamos a casa para recogerlos! – Mi voz sonaba nasal.
Porque sabía que, a partir de ese momento, el mundo de Dulcita solo sería así, y me sentía profundamente culpable en mi interior.
Me fui con mis papás a disfrutar de una cena de mariscos, pero estuve constantemente en un estado de nerviosismo elevado, esa emoción me oprimía hasta el punto de que me costaba respirar.
La extrema contención y disimulo me volvían un poco frenético.
Después de cena, los llevé a casa y les dije que saldría por un rato, que regresaría pronto.
Manejé hasta el malecón, parándome en oscura ribera del río, frente as tumultuosas aguas. De repente,encé a gritar descontrdamente, liberando toda tensión acumda en mi pecho, gritando desesperadamente.
No me detuve hasta que mi garganta ardía y tenía un sabor fuerte y sdo en boca. Me arrodillé en el malecón, mirandos aguas del río iluminadas por luces amaris de undo ys luces brintes des casas al otro. Murmuré: –?Por qué no has regresado? ?Qué diablos ha sucedido?
Cada escena de nuestro encuentro aparecía en mi mente. La seguridad que me brindaba, en este momento, parecía disiparse poco a poco.
Me preguntaba a mí mismo qué debía hacer a continuación.
Sin apoyo, ?tenía que salvarme a mí mismo!
Todavía tenía grandes préstamos que pagar, y había hipotecado todos mis activos. Además, ConstruMateria estaba al borde de quiebra. ?Con qué salvaría todo esto? La inquietud que había sentido en lo más profundo, ahora se confirmaba porpleto.
Había dependido demasiado de Patricio, pero no me arrepentía en absoluto, ni lo culpaba. Después de todo, todo esto parecía ser el destino predeterminado.
Incluso sin Patricio, todavía tendría que enfrentar todas estas dificultades. No permitiría que mi vida se convirtiera en algo simr a de madre de Hernán.
Frente a mi hija cada vez más cada <i>y </i>mis padres preocupándose tanto por mí, solo pude intentarlo una vez más, incluso si perdía, no me arrepentiría.
Si perdía todo esto, me llevaría a mi hija de vuelta al peque?o pueblo con mis padres. Como si hubiera tenido una pesadi,o si nunca hubiera estado aquí, olvidaría todo esto yenzaría de nuevo, sin conflictos con el mundo ni cons personas.
Lomentable era que no pude ayudarlo ni una vez, lo único que pude hacer fue rezar por él. él era talentoso, tendría momentos brintes.
No negaba que me gustaba alguieno él. Era lo suficientemente cercano, lo suficientemente responsable, lo suficientemente confiable para mí. ?Eso era suficiente!
Al pensar en esto, me levanté resueltamente y di vuelta para regresar a casa.