Capítulo <b>129</b><b>: </b>La <b>Visita </b>del <b>Viejo </b>Amigo en Noche Profunda
Pensé
que estaba so?ando, levanté mano y toqué mi sien suavemente. Estaba a punto de volver a acostarme cuando escuché dos golpes en puerta. Esta vez, estabapletamente
despierto. Incliné oreja hacia puerta, preguntando con nerviosismo:
Una voz desde afuera respondió: —?Soy yo!
Casi no podía creer lo que oía, el sue?o se desvaneció de inmediato.
Repitió: ?Abre, soy yo!
?Quién es?
Entonces, entendí de inmediato. Salí de cama descalzo y corrí tambaleándome hacia puerta. ?Cómo… cómo podía ser posible que esa voz se pareciera a…
Llegué rápidamente a puerta y miré hacia afuera a través del ojo de cerradura. Frente a puerta se encontraba una alta figura. Me sorprendí y tembloroso extendí mano para abrir
puerta.
Cuando puerta se abrió, vi a Patricio parado frente a mí, visiblemente cansado pero
tranquilo.
Lo miré, temiendo que desapareciera si parpadeaba demasiado rápido, temiendo que todo esto fuera solo un sue?o. Con voz temblorosa pregunté: – ?Cómo llegó aquí?
En ese momento, realmente quería abrazarlo, pero no me atreví.
él me miró y apretó losbios ligeramente, lucía un poco agotado, y dijo: —Si estás aquí, por supuesto que vendría. ?No me das bienvenida?
Luego, pasó un brazo por mis hombros y dijo: -?Entra rápido!
Fue entonces cuando volví en mí y rápidamente me aparté para dejarle paso. él entró y vio que estaba parado descalzo en el suelo. Frunció el ce?o por un momento y luego miró mis ojos con ternura, diciendo: -El suelo está frío, ponte tus zapatos.
Su voz, maizante y ligeramente cansada, me conmovió profundamente.
Rápidamente corrí hacia habitación y me puses pantus, un poco
nervioso.
él se quitó su abrigo con naturalidad y lo dejó a undo. Hacía un poco de frío en Ciudad Jim.
Rápidamente extendí mano para tomar su abrigo y lo colgué en el armario. Mis movimientos fueron fluidos y naturales,o los de una esposa obediente que recibe a su esposo en casa.
os <b>muchas </b>veces para Hernán, por eso fui tan
Entonces me quedé parada <b>frente </b>a él, con una cara de somnolencia tonta y adorable, mirándolo sin saber cómo abordarlo ni qué preguntarle.
El también me miró, con una expresión que parecía un poco desconcertada por no vernos hace tanto tiempo. No podía creer que hubiera venido a estas horas.
-?Cómo… viniste?– le pregunté, aún incréd.
él se dio vuelta, fue hasta mesita de noche y se sentó en cama, sacando un par pantus de abajo y poniéndoss.
de
-Pues<b>, </b>fui a Ciudad Azor y después de arrer unos asuntos vine manejando hasta acá- dijo con naturalidad.
-?Manejó solo?– pregunté emocionada.
Me miró y levantó una ceja, respondiendo: -?ro!-Ya erans 23:00 cuando acabé de cenar. Sabía que estabas aquí, así que no me hospedé allá.
Aunque su respuesta fue senci, sabía que el viaje desde Ciudad Azor hasta aquí tomaba al menos tres horas en coche. Que viniera solo, conduciendo de noche, ?cómo no iba a conmoverme? No recordaba cuándo fue última vez que alguien me valoró así. Por un
momento, sentí ganas de llorar.
-?Qué pasa?– Se levantó de nuevo, se acercó y me abrazó-, ?te molesto al interrumpir tu
sue?o?
Terminó de har y con su gran mano acarició mi cabeza, diciendo: -Voy a darme una ducha,
ve a cama y descansa un poco.
Me puse roja de inmediato y no me atreví a mirarle a los ojos, fui rápidamente a cama. Ya no tenía sue?o, mi corazóntía fuertemente y mi mente estaba llena de formas de actuar. No podía expulsarlo en este momento, ?verdad?
Tomé el teléfono y miré hora, ya erans dos de madrugada<b>, </b>eso me indicaba lo rápido que había conducido. 1
No sabía cómo habíamos llegado a este estado de entendimiento mutuo entre nosotros. Estaba buscando respuestas que no encontraba, pero su llegada me conmovió porpleto.
Esa noche<b>, </b>él fue apasionado hasta el extremo, y yo estabapletamente absorta en el
romance. Todo era tan natural, tan armonioso<b>, </bo si fuera lo más obvio del mundo. Ni siquiera necesitamos muchas pbras. No quería pensar demasiado, solo quería entregarme a <b>él </b><b>y </b>liberarme en sus brazos.
Cuando llegó el momento en que se entregó porpleto, parecía que escuchaba el grito sincero de <b>mi </b>corazón. Toda razón y moderación desaparecieron en ese instante. ?No quería restringirme, no podía!