Capítulo 17: Lión a Cu?ada
Sofía parecía molesta por mis pbras y respondió con disgusto -?Cu?ada! No sabes cuánto aprecio te tiene mi hermano, ?verdad? Puedes pasar los días rjadamenteo ama de casa gracias a todo lo que mi hermano trabaja fuera. ?Tienes derecho a ser quisquillosa? No seas tan dominante en tus iones. z
Lencé una mirada fría a Sofía y le dije: -?Qué? ?Ahora también te preocupa mi rción con tu hermano? ?Cuándo me pongo a har con tu hermano y tienes que intervenir?
Sofía rodó los ojos, -Yo…
-?Qué te pasa? ?Qué hay de malo en ser una ama de casa a tiempopleto? -interrumpi inmediatamente a Sofia-. Parece que te preocupa mucho eso de ser una ama de casa a tiempopleto, ?verdad? No me sorprende que hayas estado presumiendo en el Edificio Majestuoso sobre cómo es ser una ama. ?Disfrutaste experiencia?
Mi mirada era desafiante, enfrentándome directamente a Sofía. En el pasado fui demasiado dócil, y e me veíao un objetivo fácil.
-?Crees que tu hermano ha logrado todo por sí solo? ?Por qué no le preguntas si se atreve a decirme eso a cara? -no le di oportunidad a Sofia de intervenir nuevamente. Yo he estado corriendo por toda ciudad para atender a los clientes, incluso he tenido una hemorragia estomacal debido a eso, ?acaso tú no lo sabes y tu familia tampoco? Ni siquiera tu hermano se atreve a afirmar que lo ha logrado por sí mismo. ?Y tú te atreves a decirme que no tengo mérito?
Sofía miró a Hernán, frunciendo el ce?o con enojo.
Pero yo no me detuve. -Disfrutas de los beneficios de mis esfuerzos, gastas nuestro dinero, ? y aún así te sientes tranqu y justificada también? No veo que hayas contribuido en nada. ? Entonces, quién tiene el derecho? ?Tú?
Mi mirada se volvió más fría y prante mientras seguía desafiando a Sofía.
-Sofía, si esperas seguir pidiendo dinero, aprende aportarte. No vuelvas a mencionar estas cosas dnte de mi. Tu hermano puede mimarte, pero yo no tengo obligación de hacerlo. -…?Tú!
Demasiado dominante? Cuando encuentres el amor de tu vida, podemos discutir este tema de nuevo–miré con desdén a Sofía, quien estaba ramente frustrada. Luego me dirigi a Hernán-. Tu hermana necesita aprender el respeto. No deberías consenti todo el tiempo. Debes ense?arle.
-María Lara, tú… -Sofia golpeó mesa con un ruido fuerte, lo que asustó a Dulcita, queenzó a llorar de inmediato.
Hernán rugió de ira: -?Ya basta! ?Coman y dejen de hacer un drama!
Su grito fue dirigido hacia Sofia. Me senti un poco más aliviada. Tomé a Dulcita en brazos, intentando calma:
La tensión disminuyó un poco después de eso y finalmente terminamosida. Fuimos a pagar cuenta y nos dijeron que Víctor ya había pagado. +
Al salir del restaurante, Sofía se negó a subir a nuestro coche en protesta. Miré a Hernán y le pregunté -?No vas a recoge?
Hernán tenía una expresión sombría y dijo: -Déj ir. No mimo. 1
No dije más. No me agradaba esta cu?ada, pero no era apropiado decir mucho más. Ya había hado suficiente hoy.
En el camino, retomé el tema de Sofía yencé a har: -Cuando Dulcita regrese al jardín. de infantes, tal vez deberia volver a empresa. No quiero sentirmeo una carga que soloe sin contribuir. Parece que no les caigo bien.
-Esposa, ?qué estás diciendo? No quiero que te esfuerces demasiado. Has pasado por muchas dificultades por esta empresa en el pasado. Ahora es tu momento de disfrutar un poco. Sofía no entiende nada, no culpes. Además, empresa se ha vuelto más estructurada ypacta. No es conveniente para ti volver, hay ciertas cosas que no serian fáciles de organizar. —dijo Hernán mientras conducia. 1
Permaneci en silencio. En realidad, encontraba esto bastante gracioso. Después de todo, Corporación ConstruMateria fue una empresa que fundé desde cero,o si fuera mi hijo. Pero ahora no pude encontrar una forma de encajar en e. Ironicamente.
Hernán vio mi silencio y sostuvo mi mano mientras explicaba–?No estás feliz? Si realmente deseas volver, puedes hacerlo. Tu deseo es lo que importa. Después de todo, nuestro éxito se lo debemos en gran parte a ti. Eres verdadera protagonista. Tu contribución no se puede borrar.
Me burlé internamente. ?Qué banza y adción! Estas pbras eran solo paracerme. Sus dulces pbras escondían su m intención.
Mantuvepostura, observando el paisaje que se deslizaba más allá de ventana del auto. pesar de inmensidad de ciudad y su bullicio constante, me sentía increíblemente s, buscando desesperadamente un refugio.
A
La traición de este hombre a mido me hacía sentiro si hubiera caído en un abismo sin fin. Instintivamente, sostuve mi corazón dolorido y mis ojos se llenaron de lágrimas amargas.
Fue en ese preciso momento cuando tomé una decisión silenciosa en mi corazón: cuando mi peque?a regresara del jardín de infantes, volvería al trabajo.