<b>Capítulo </b><b>220 </b>
E miró a <b>Leticia </b>de forma refleja: Mamá, <b>?</b>tú también piensas así? Dijiste que <b>yo </b>también tenía talento, que solo me faltaba un entornoo el de Adda. Dijiste que yo también tenía potencial<b>, </b>que algún día Familia Atenas podría confiar en mí plenamente.”
“Mamá, <b>di </b>algo.”
Leticia ya había acumdo muchas decepciones con esta hija. Además<b>, </b>se había dado cuenta de que Risa era una mentirosa nata. Todo aquel cúmulo de culpa se había desmoronado el día que salieron del juzgado. Leticia ni siquiera miró. Con un rostro frío dijo: “En <b>esta </b>casa<b>, </b>quien tomas decisiones es tu padre, yo no tengo opinión.”
Al escuchar esto, Risa sintióo si le hubieran echado un balde de agua fría encima. Ahora, incluso Leticia había cambiado de opinión. Todos habían sido enga?ados por Adda. Risa estaba furiosa, extremadamente furiosa. Casi cegada por ira dijo: “Adda, quiero apostar contigo. Si gano esta vez, me devuelvess iones y nunca más aspiras a nada de nuestra familia.”
Adda respondió con calma: <b>“</b>?Y si pierdes?<b>” </b>
Risa, apretando los dientes, dijo: “Entonces te transferiré todas mis iones.”
Con una sonrisa radiante, Adda dijo: “De acuerdo, que quede entre nosotras<b>.</b><b>” </b>
Sarabe también sonrió ampliamente: “Perfecto, entonces nosotros, Familia Espinoza, seremos testigos hoy. Pascual, si en el futuro se arrepienten, tendremos que apoyar a Hada.”
Pascual solo suspiró. <b>Risa </b><i>no </i>pensaba ramente. Sus oportunidades de ganarle a Adda eran muy pocas. Pero, pensándolo bien, tenerpa?ía en manos de Adda no era necesariamente algo malo. Después de todo, Adda era una hija a que él había criado. Conocía su capacidad. Si realmente Adda tomabas riendas depa?ía, podría hace crecer varias veces bajo <b>su </b>liderazgo. <b>En </b>cuanto a Risa, más adnte podran darle algunas iones para que simplemente disfrutara de los dividendos depa?ía. Eso sería mucho mejor que ver cómo su esfuerzo de toda vida se arruinaba en sus manos. Pascual dijo: Entonces es un acuerdo, quien gane el premio enpetencia, obtendrá el veinte por ciento des iones del otro.”
Al salir del Hyatt, Adda fue al estacionamiento a buscar su coche. Justo vio <b>a </b>Felipe fumando junto a su coche. Felipe solía no fumar. Felipe vio casi de inmediato. Rápidamente tiró el cigarrillo al bote de basura cercano. Adda se acercó, ignorándolo, desbloqueó su coche, lista para subir. “Hada, ?puedes har un momento conmigo?<b>” </b>
Adda ya había abierto puerta del conductor. Se apoyó en puerta con un brazo<i>, </i>en una pose rjada. “ro<b>, </b>?qué quieres decir? Estoy todo oídos.”
“Yo sé que Brisa y <b>yo </b><b>te </b>hemos hecho mucho da?o, pero debes saber que Brisa me enga?ó.”
Adda parecía <b>desinteresada</b>: “No saques <b>a </b>relucir el pasado.”
<b>“</b><b>?</b><b>Ya </b>no me guardas rencor?”
“?Puedes perdonarme<b>?</b><b>” </b>
Adda dijo: “Eso ya es agua pasada, no te debo nada, no te guardo rencor, pero tampoco hay nada que perdonar.”
Al ver a Adda totalmente desapegada, Felipe se sintió muy mal. Si Adda había pasado página<b>, </b>significaba que no había ninguna posibilidad entre ellos. Preferiría que e todavía le guardara algo de rencor. Al menos eso significaría que de vez en cuando pensaría <b>en </b><b>él</b>.
“Entonces, si ya no nos debemos nada, ?podemos volver a
Felipe se apresuró a explicar: “No tengo otras intenciones, todo.”
<b>ra </b>ser amigos<b>?</b>”
solo quiero ser un amigo normal<b>, </b><b>tal </b>vez <b>salir </b><b>a </ber juntos de <b>vez </b><b>en </b>cuando, <b>eso </b><b>es </b>
Adda dijo: <b>“</b><b>?</b>Después de forzarte a deshacer <b>a </b><b>tu </b>primer hijo, todavía puedes ser mi amigo?” Al mencionar al ni?o, los ojos de Felipe mostraron un destello de culpa…