<b>Capítulo </b><b>209 </b>
Leticia estaba atrapada en sus recuerdos, incapaz de liberarse. En ese momento,s pbras de Risa no significaban nada para e. Los sentimientos de decepción y conflicto que surgían en su corazón casi ahogaban. Finalmente, Leticia se dio vuelta, entró en su propio coche y le dijo al conductor que se
marchara.
Risa permanecía de pie, apretando los dedos con fuerza. Adda, nunca te dejaré ir“.
En ese instante, Bego?a, recién liberada de cárcel, salió del juzgado. Vio a Risa con una miradapleja, observánd desde lejos. No esperaba que Risa apra. Pensaba que su hija quería que pasara el resto de su vida en cárcel.
Risa, por supuesto, también vio a Bego?a y se dirigió hacia e.
“Risa, mamá finalmente puede verte…“, dijo Bego?a, avanzando para intentar tomar mano de Risa. Durante los a?os que estuvo en prisión, Risa nunca fue a visita. Pero Risa, aún enojada, rechazó.
“?Mama? ?La madre de quien eres? Te apelé para sacarte, pero eso <i>no </i>significa que te reconozcao mi madre. Si no hubieras cambiado mi vida con de Adda, ?crees que estaría viviendo así?”
Risa miró a Bego?a con desdén: “No me busques más, ve con tu verdadera hija, Adda. E es quien debería cuidarte en tu vejez“. Dicho esto, Risa se marchó.
Bego?a permaneció quieta, bajo el sol del mediodía que quemabao fuego. Mientras tanto, Leticia, sentada en su coche, presenciaba escena, profundizando su decepción y dolor hacia Risa.
Bego?a salió del juzgado, mirando los coches que pasaban, sintiéndose desorientada. Justo cuando pensaba en buscar una parada de autobús para regresar a casa, un Mercedes rojo se detuvo frente a e. La ventana se bajó lentamente, revndo un rostro hermoso y delicado.
“Se?ora Bego?a, permítame lleva a casa“.
Bego?a se sorprendió, <i>pero </i>reconoció de inmediato a persona. Había visto fotos de esa joven antes. Finalmente, Bego?a subió al coche. El vehículo se puso en marcha, uniéndose al flujo de tráfico de ciudad.
Adda se presentó con calma: “Soy Adda Atenas“.
Bego?a, con una expresiónpleja, respondió rápidamente: “Te reconozco, he… visto tus fotos“. Cuando fue encarcda, llevó consigo <i>dos </i><i>fotos</i>; una de Risa y otra de Adda. Frente a Adda, Bego?a se sentía ramente nerviosa. Pero Adda permanecía serena. Mientras conducía, preguntó: “?Tiene dónde quedarse?”
Bego?a <i>respondió</i>: “Antes vivía en el Barrio de Santa Maria“.
Adda condujo directamente hacia allí. El Barrio de Santa María era un antiguoplejo residencial en proceso de <i>demolición</i><i>, </i>pero bien ubicado cerca del centro de ciudad. Adda tardó unos veinte minutos en llegar. Aparcó el coche de manera casual dentro delplejo.
Bego?a bajó del coche: “Se?orita Adda, gracias <i>por </i>traerme. Sube a tomar algo antes de irte“.
Adda maba Se?ora Bego?a, mostrando ramente que no quería reconoceo madre. Pero Bego?a no se sentía decepcionada; después de <i>todo</i>, ?cómo podía merecer ser su madre?
Adda no rechazó oferta. Vivían en un edificio alto, en nta baja. Bego?a sacó una ve de un mueble junto a puerta. Luego abrió puerta y entraron. La sensación era de entrar en un lugar ligeramente brumoso. Bego?a se apresuró a abrirs cortinas <i>y </i>todass ventanas.
<b>09</b>