Capítulo 344
Capítulo 344 Contraataques
Sinir
Cora rompe tensión entre E y yo, pero desafortunadamente no de una manera que me beneficie.
“Estoy de acuerdo”, dice, de pie junto a su hermana, con los ojos fijos en los de Roger. Suspiro para
mis adentros, mi lobo gru?e de descontento, cuando me doy cuenta de que advertencia de Roger al
comienzo de esta reunión fue bastante acertada. Cada uno por sí solo es voluntarioso, pero juntos son
una fuerza disruptiva.
“Es demasiado peligroso”, continúa Cora, sacudiendo cabeza, “no sabemos lo suficiente sobre esta
magiao para enviar a alguien así; gente podría resultar gravemente herida”.
E dice “gente”, pero sé, por supuesto, que en realidad solo se refiere a Roger y tal vez a mí. Cora no
es fría, se preocupa por los demás miembros del equipo, peroo mujer recién casada y recién
embarazada, imagino que su principal preocupación, en este punto, es bastante limitada.
“Tenemos que aprovechar ventaja cuando podamos, Cora”, explica Roger, enojado pero queriendo
que e entienda. “El tiempo no está de nuestrodo…” Cora abre boca para discutir, pero
interrumpo.
“Suficiente”, espeto, miránd a e y a E. Siéntate, le ordeno a E con firmeza, mente a mente.
Sus ojos brin ante autoridad en mi voz, tanto audibleo interna, pero lentamente sacudo
cabeza hacia e,unicándole con mayor frialdad posible que este no es el momento de
presionarme.
Veo su preocupación parto, sinceramente–, pero este no es el momento para dar marcha atrás
dnte de mis hombres. Mantengo su mirada fija, sin ceder, y lentamente E se sienta de nuevo en
su asiento. Al ve retroceder, Cora duda pero luego hace lo mismo.
El músculo tenso de mandíb de E me hace saber que esta pelea no ha terminado, incluso si
e ha aceptado sentarse y, mientras se recuesta en si, asiento profundamente, haciéndole saber
que escucharé. Simplemente no ahora.
Luego, me vuelvo hacia mis hombres y sigo adnteo si no hubiera sucedido.
“?Y dónde neamos atacar?” Pregunta Roger, con voz tensa pero también esforzándose por
volver al asunto. Mira los documentos que nuestro padre le proporcionó y, creo, lo resuelve basándose
en los pocos mapas que mi padre ha colocado sobre mesa.
“La alcantari”, dice papá, se?ndo unos esquemas subterráneos de ciudad que indican dónde,
precisamente, se construyerons entradas y salidas para los trabajadores y el mantenimiento del
sistema de alcantarido. “El sacerdote que perdimos ayer instaló un importante taller allí y es
probable que no pueda operar”.
sin algunos de los materiales que dejó. Si queremos capturarlo nuevamente, y propongo que ese es
nuestro mejor paso hacia adnte, entonces nuestra mejor opción esenzar allí. En el mejor de los
casos, todavía está allí, reuniendo importante cantidad de suministros que dejó, y tardará mucho en
salir. Lo peor es que podemos empezar a aprender sus prácticas y su olor.
“Bien”, estoy de acuerdo, asintiendo. “?Alguna sugerencia contraria sobre cómo proceder?” Pregunto,
mirando a mis hombres más antiguos y establecidos para ver si hay otras ideas. Deliberadamente no
miro a E y Cora. Pero nadie dice madera.
“Está decidido entonces”, digo, levantándome y cruzando los brazos sobre el pecho, mirando a mi
hermano. “Roger y yo elegiremos un equipo y tomaremos iniciativa. Le avisaremos cuando estemos
listos”.Original from N?velDrama.Org.
Decididamente me niego a mirar a E y Cora mientras los hombres salen de habitación, algunos
vienen a har brevemente conmigo antes de pasar a sus tareas individuales de equipo que ya saben
que deben realizar. Algunos se mueven para revisar armería y preparar el asalto, otros se reúnen
para discutir mejor manera de acercarse as alcantaris y aún más se mudan a otra habitación
para prepararse para selionar a los miembros del equipo. Esos, lo sé, son a quienes me uniré en
unos minutos.
Pero antes de eso…
Mi padre recoge los papeles frente a él y lo mete en el bolsilloteral de su si de ruedas antes de
mirarme y darme una peque?a sonrisa irónica. “?Los veré a los dos en unos minutos?” él pide..
“Ya vamos, papá”, gru?e Roger, alejándose del último de los hombres y hacia nosotros dos.
“No, no lo eres”, responde papá alegremente,enzando a girar su si. “Ustedes, muchachos,
saben que extra?o a su madre, pero…” se ríe un poco mientrasienza a rodar hacia puerta. “No
tanto, en momentoso este”.
Papá nos saluda con mano y entra por puerta junto a cual están Cora y E, mi bebé todavía
durmiendo felizmente en los brazos de mi pareja. Tan prontoo papá sale con el último de los
hombres, E cierra puerta y se gira para renovar su mirada.
Vuelvo a cruzar los brazos sobre el pecho y le devuelvo mirada, lista para renovar nuestro punto
muerto, pero Roger interrumpe y camina rápidamente hacia eldo de Cora.
“Cora”, respira, sacudiendo cabeza, sorprendiéndome con disculpa en susbios. “Lo siento, Cora
– Sé que estás molesta – “
“?Decepcionado!” E jadea y E gira cabeza para mirar a Cora, rompiendo mi mirada. Parpadeo,
sorprendida. Honestamente pensé que íbamos a quedar atrapados en eso por… no lo sé. ?Días?
Quizás Roger sepa manejarlos mejor que yo. Cuando empiezan a discutir, empiezo a caminar
lentamente y unirme al grupo.
“?El malestar no lo cubre, Roger!” Cora escupe, mirándolo y apartando mano que él intenta poner en
su hombro. “??Descubrimos que vamos a tener un bebé y lo primero que quieres hacer es salir
corriendo para que te maten!?”
“No nos van a matar”, responde Roger, expresándolo de una manera despreocupada que ramente
enciende un fuego en su pareja.
“?No lo sabes!” grita Cora. “
?Maldita sea, Roger! E se acerca a él y ahora puedo ver lágrimas en sus ojos. “?Cómo se supone
que voy a dejarte salir de e y arriesgar tu vida! Cuando finalmente nosotros…
Y mi corazón da un vuelco cuando veo a Cora ceder, un poco, acortando distancia entre ellos y
apretando sus manos en su camisao si nunca fuera a dejarlo ir.
Entonces me giro hacia E, parada a unos metros de mí, esperando el mismo tipo deunicación
honesta, pero cuando me encuentro con sus ojos todavía son de acero.
“Oh, no, no lo haces”, dice, se?ndo con un dedo mi cara y apretando mandíb. “El hecho de
que Cora esté llorando y vaya a dejar que Roger convenza no significa que yo lo haré”.
Cora jadea y se vuelve hacia e: “No lo soy.
“Sí, lo eres”, espeta E,nzando a Cora una peque?a mirada fulminante. “él te andó a todos con
una disculpa y ahora estás en sus manos”.
Cora jadea de nuevo, esta vez traicionada en lugar de sorprendida, y se aleja de Roger y se acerca a
E”. ?E está en lo correcto!” Cora llora. “?Me andaste!”
Roger y yo suspiramos profundamente por nariz, girándonos para mirarnos, frustrados, y él me
encoge un poco de hombros que ramente dice: bueno, valió pena intentarlo. Asiento
pensativamente, dándole crédito por intentarlo. Luego, me vuelvo hacia E y pruebo otra táctica: una
honestidad brutal.
“E”, digo, deslizando mis manos en mis bolsillos y encontrando su mirada enojada. Esto está
ocurriendo. No hay otra manera. No vamos a enviar a nuestros hombres sin nosotros; Roger y yo
somos cada uno más fuertes que cuatro de ellos juntos, está en nuestro linaje. Esto es parte de
nuestro trabajo, por eso estamos a cargo. No hay otra opción.”
Entonces su rostro decae un poco y puedo ver que le estoy haciendo entender. Entonces doy un paso
hacia e, y mi corazón se rompe al ve tan molesta, tan preocupada. Pero era verdad: tenemos
que irnos. Nos necesitan.
“?No puedes?”, dice, sus ojos se mueven un poco mientras piensa, “?no puedes simplemente retrasar,
uno o dos días, hasta que obtengas más información?”
“Perderemos oportunidad”, respondo, acercándome un paso más y extendiendo una mano hacia
e, rogándole que vea verdad. Y luego, mientras miro el rostro de mi querida pareja, veo que su
labioienza a temr cuando llega aprender. Y lentamente, levanta su mano y toma mía, y
luego, en un instante, se presiona contra mí, con su brazo libre alrededor de mi cintura, y yo envuelvo
el mío alrededor de sus hombros, queriendo apreta fuerte contra mí pero, por supuesto, no.
queriendo astar al bebé entre nosotros.
“No quiero que te vayas”, murmura, y puedo escuchar un peque?o nudo en su garganta. “No puedo
perderte. Tenemos tanto… acabamos de estar a salvo…”
“No me perderás”, murmuro, inclinándome para besar parte superior de su cabeza, sintiendo cada
pbra. “Lo prometo, E. Prometo.”
“Yo también”, dice Roger, volviéndose hacia Cora, y me giro un poco para mirarlos y lo veo avanzar
hacia e también.
Pero Cora me sorprende al dar un paso atrás. “Oh, no necesito tu promesa”, dice, levantando una
mano entre ellos. “Porque voy contigo”.