Capítulo 319
Capítulo 319 – El Archivo
Cora
N?velDrama.Org copyrighted ? content.
Esa noche, nuestro coche avanza ruidosamente por carretera hacia el archivo, con Roger firme al
vnte. Otro coche con dos guardias nos sigue detrás, atentos a cualquier cosa extra?a. Suspiro, ya
agotada, a pesar de que anoche dormí más que E, Roger o Sinir. Aun así, no fue exactamente un
sue?o tranquilo, y hoy, con el dibujante…
Miro fijamente una copia del boceto en mi regazo, el rostro del hombre que no sabía que había estado
atormentando mis sue?os. Poder verlo smado en papel de esta manera… es… eso mirar al
fantasma que no sabías que te estaba persiguiendo. Un peque?o escalofrío me recorre y doblo
cuidadosamente página, colocánd en el portavasos a mido, ya no quiero en mis manos.
“?Estás bien?” Pregunta Roger, mirándome.
“Sí”, digo, suspirando de nuevo, con los ojos en carretera. “?Cuánto falta para que lleguemos allí?”
“Unas dos horas más ” , responde tranqumente, se?ndo con cabeza el sistema GPS que se
ejecuta en su teléfono. “Tenemos suerte de que permanezcan abiertos hasta tarde para nosotros”.
“No tenemos suerte ” , murmuro, inclinándome para tirar de parte inferior de los jeans que E me
prestó y que,o era de esperar, son demasiado cortos. “Sinir es rico. Cualquiera permanecerá
abierto hasta tan tarde a cambio de una donación increíble”.
Roger sonríe y me mira, pero no responde. Porque sabe que tengo razón.
Entonces siento que mi teléfono vibra, metido debajo de mi muslo, y lo saco, lo abro y miro el
Nuevo mensaje en mi panta.
Hank: Está bien , lo entiendo totalmente. Me alegro que el bebé esté bien. No te preocupes por
clínica: puedo mantene presionada todo el tiempo que necesites. ?Divertirse? ?Es ese el
sentimiento correcto para un viaje a un oscuro archivo de cambiaformas?
Sonrío, riéndome un poco por dentro de su broma. No , diversión tampoco era precisamente pbra
que elegiría, no para este viaje. Sin embargo, mi sonrisa se desvanece cuando aparece otro mensaje
en panta.
hank: te extra?o.
Aparto mirada,miendo misbios torpemente y volviendo a colocar el teléfono debajo de mi
pierna. Miro hacia el parabrisas y me doy cuenta de que Roger me está mirando por el rabillo del ojo.
“?Quien era ese?” pregunta, engreído. Sé, al instante , que él ya lo sabe.
“Nadie ” , murmuro, alejándome.
“?Fue E ? —bromea , pinchándome.
Me giro paranzarle una peque?a mirada fulminante. “No fue E”.
“Oh”, dice, sonriendo ahora. Pero lo deja pasar. Supongo que a él le basta con hacerme saber que lo
sabe. Suspiro, cierro los ojos y dejo que mi cabeza descanse contra mi asiento, con cara alejada de
Roger , queriendo una peque?a siesta pero sabiendo que no voy a conseguir .
En cambio, mi mente vaga hacia Hank y pienso en él atendiendo a pacientes solos en nuestra
peque?a clínica todo el tiempo.
noche … Dios, ?fue sólo anoche? – cuando lo llevé medio vestido a mi habitación, jadeando por él, y
lo dejé quitarme ropa del cuerpo antes…
Bien. Antes de que sucedieran cosas.
Buen material. Cosas geniales , incluso.
Entonces, ?por qué no puedo responderle un mensaje de texto y decirle que yo también lo extra?o ?
Suspiro , alejando mi mente de eso y giránd hacia otras cosas. Escucho el constante zumbido del
coche, el muy , muy débil sonido de respiración de Roger a mido. Pero no tomo mi teléfono. De
alguna manera, simplemente no quiero.
Y mientras me quedo dormido, me pregunto si eso me hace simplemente… increíblemente cruel.
Suspiro, odiándome a mí mismo en este momento, pero sin saber qué hacer al respecto.
Dos horas más tarde, doy un salto ante el suave toque de una mano en mi hombro. Jadeo, me doy
vuelta y veo a Roger mirándome con curiosidad.
“Ojo por ojo”, dice, dándome una peque?a y cálida sonrisa. “Así eso me despertaste esta
ma?ana. Con una sacudida”.
“Lo siento”, murmuro , frotándome los ojos adormdo y mirando a mi alrededor en oscuridad.
“?Estamos aquí?” El coche está aparcado pero sigue funcionando, los limpiaparabrisas se mueven
lentamente contra una ligera lluvia. Lo miro con curiosidad, sorprendida. El pronóstico no decía nada
sobre lluvia esta noche.
“Sí”, dice Roger. “?Estás listo para entrar? ?Necesitas un minuto?
Me estiro en mi asiento, con los ojos cerrados, y hago un inventario mental de mí mismo. ?Cuerpo?
Rígido , pero está bien. ?Mente? Completamente sacudido. ?Corazón?
…es mejor no investigarlo, por el momento.
” Sí ” , digo , dirigiendo una alegre sonrisa hacia Roger. Parpadea un poco, tal vez sorprendido al verlo.
?Escuchaste algo de E y Sinir? ”
Roger niega con cabeza , apaga el coche y se desabrocha el cinturón de seguridad. “Escuché de
ellos”, dice , “ pero nada destacable. Todo está bien en casa. Si tenemos suerte , podremos investigar
aquí esta noche y estar en casa al amanecer.
Ambos salimos del auto y le fruncí el ce?o por encima del techo. “Pero entonces no habrás dormido
nada durante veinticuatro horas ” , digo.
Roger me gui?a un ojo rápidamente y se estira después dergas horas al vnte. “No te preocupes
por mí, cari?o”, dice. “ Tengo resistencia”. Y luego se dirige a entrada del ornamentado edificio frente
a nosotros, subiendos escaleras corriendo sin mí.
Cuando me giro para seguirlo, el último pensamiento que resuena en mi mente es… Apuesto a que sí,
Roger.
En el interior, nos recibe un bibliotecario amable y entusiasta. Mientras nos sonríe ampliamente y nos
lleva a una bonita s de lectura, débilmente iluminada por apliques dorados en pared , me
recuerdo a mí mismo que en realidad no está emocionada de vernos. Está entusiasmada con
gigantesca donación que Sinir debe haber hecho para conseguirlo. nosotros aquí durante noche.
“Hemos puntuado algunos libros que usamos “, dice yo , haciendo un gesto hacia una p de tal vez
ciento veinte tomos de cuero viejos apdos ens mesas frente a nosotros. Mis ojos se abreno
tos, observando su extensión. “ Lo que sí sabemos es que el Culto de Diosa adoptó túnica que
ahora consideramos tradicional hace unos quinientos a?os. Suponiendo que el culto que estás
buscando imita de alguna manera esa tradición, pudimos reducir selión a los últimos quinientos
a?os”.
“?Este? —digo , se?ndo los libros cons cejas arqueadas. “?Esta es selión reducida?”
La bibliotecaria me saluda con cabeza y nos da a ambos una sonrisa ansiosa.
“Gracias”, dice Roger, sonriéndole cálidamente.
“Estaré aquí si me necesitas”, dice el bibliotecario, se?ndo el escritorio en cabecera de s.
“Pero, por favor, siénteteo en casa. Sólo…” e duda, mirándonos entre nosotros. “Por favor, no…
comida ni bebida… alrededor de los libros”.
“Lo prometemos”, dice Roger, dándole sonrisa más encantadora que jamás haya visto en él.
“Protegeremos los libros a toda costa. Aquí no hay dedos pegajosos”. El bibliotecario se sonroja, luego
se ríe y se aleja corriendo.
“Wow”, digo, acercándome aldo de Roger. “Tuviste… bastante efecto en e”, le susurro, miránd
irse. “Los bibliotecarios me aman”, dice Roger, encogiéndose un poco de hombros. “No sé por qué.
?Siempre ha existido! “?Estás seguro de que no te gustan los bibliotecarios?” Pregunto, sonriendo y
levantando una ceja en su dirión. Roger me mira pensativamente y levanto mano a undo de mi
cara, pretendiendo bajar un par de anteojos con montura de cuerno a lorgo de mi nariz, mirándolo
seductoramente por encima del borde. “Oh, se?or Sinir, por favor, déjeme contarle todo sobre el
Sistema decimal Dewey —bromeo, mi voz entrecortada y sensual.
Roger me sonríe y se acerca un paso más. ” Cuídate con eso”, murmura, mirándome con un poco de
calor fingido detrás de sus ojos. Al menos… creo que es fingido. “Si no tienes cuidado, te llevaré
detrás des estanterías y te viré. No podré detenerme”.
–
Entonces, de repente, me río por sorpresa, por el hecho de que Roger me esté haciendo una
broma, para empezar, y luego una divertida, además. El sonido es demasiado fuerte en este espacio
tranquilo. Me tapo boca con una mano, todavía riendo, y miro a peque?a bibliotecaria, que nos
mira, un poco sorprendida. Roger también se ríe, su sonido es mucho más apropiado para una
biblioteca, contenido y medido. “Vamos”, asintió hacia p. “Empecemos.”
Sonriendo, obedezco, me siento a mesa y acerco el primer libro hacia mí.
dice,